Capítulo 14
—¿A dónde estamos yendo?
Heiji miró a Kazuha por el retrovisor central un momento y luego volvió a fijar sus ojos en la carretera. Kaito sacó un cigarro, lo encendió y bajó un poco el cristal de la ventana para que el humo tuviera salida.
—¡Eh! ¡He hecho una pregunta! —Ran estaba empezando a enfadarse por el hecho de que todos en esa minivan parecían ignorarla.
—Pudiste haber renunciado a la custodia de la policía y no lo has hecho —le dijo Shinichi cansado de tener que discutir con ella una vez más.
Efectivamente, tras la charla con Heiji, Ran había aceptado que fueran ellos quienes las protegieran, aunque con ciertas condiciones que Shinichi le había dicho que no iba a respetar.
—Nos quedan aún dos horas más y ya está resultando insufrible contigo chillando cada dos minutos.
—¡Serás! ¡No tendría que haber venido!
—Hattori, para el coche.
—¿Qué? ¿Aquí?
—La señorita Mouri se ha arrepentido de su decisión y desea volver a casa.
—¡Por fin!
—Pero no tenemos tiempo de llevarla a Tokio, evidentemente. La dejaremos aquí y avisaremos a los familiares para que vengan a buscarla.
Ran lo miró con los ojos muy abiertos. ¿De verdad iba a dejarla sola en el costado de una carretera por la que no pasaba nadie a las cuatro de la madrugada?
—Esas son las condiciones. Tú decides.
—Eres un psicópata…
Kaito le ofreció el cigarrillo a la chica. Ella lo aceptó y él se encendió otro. La tensión podía cortarse con un cuchillo dentro de esa minivan.
—¿Por qué no intentas dormirte? —le preguntó Kuroba a la chica, señalándole con la cabeza para que viera que sus otras dos amigas ya estaban dormidas profundamente. —Debes de estar agotada.
—Ya dormiré cuando lleguemos a donde sea que nos estéis llevando.
Ran estaba comenzando a quedarse dormida justo cuando Hattori aparcó en las afueras de una casa de campo. Había pasado mucho más de dos horas, de hecho, el sol ya estaba completamente fuera. Kazuha se abrazó a su amiga mientras escondía la cara de la luz y le preguntaba que dónde estaban.
—Chicas, ya estamos aquí, despertad —dijo zarandeándolas suavemente y con voz dulce.
—¿Dónde estamos?
—Ya hemos llegado.
—¿Qué hora es? —preguntó Aoko molesta, echándose sobre el regazo de la otra de Tokio.
—Las 9 —rió ella mientras le acariciaba el pelo con cariño. —Venga, chicas, vamos a ver la casa.
—Ains…
Kudo tosió para poner un poco de seriedad a todo aquel asunto, haciendo que la espalda de Ran se tensara. Aoko suspiró con pesadez y abrió la puerta del coche.
A las chicas se les pasó la molestia en cuanto vieron la casa: tres plantas, una piscina, un jacuzzi, un jardín con hamacas… Era una casa de ensueño.
—¿Pero qué…? —Las chicas se quedaron boquiabiertas al ver la casa por fuera.
—¡Vamos a elegir habitaciones! —exclamó Kazuha echando a correr hacia el interior.
—¡Espéranos! ¡Kazuha! —dijo echando a correr detrás de ella intentando alcanzarla. —¡Ran, date prisa!
—¿Quién tiene las llaves?
—Estará abierto.
Shinichi suspiró y le tiró las llaves a Kaito para que se adelantara y dejara a las chicas elegir cuarto. Hattori cerró el maletero y estiró la espalda. Su mejor amigo parecía estar escribiéndole un mensaje a alguien, gesto que le dio el tiempo suficiente para echar un vistazo al exterior.
—¡Cómo se lo montan los del FBI!
—¿Eh? Ah, no es del FBI, es una mansión propiedad de mi familia. Jodie-san nos está preparando otro sitio, pero no era seguro quedarse allí —dijo antes de echar a andar en dirección a la entrada.
—¿Cuánto dinero tiene tu familia?
Él se encogió de hombros. —El suficiente para permitirse algún que otro capricho.
—¿Capricho? —preguntó enarcando una ceja. —¡Eh! ¿No vas a ayudarme a sacar las maletas?
—Tengo cosas que organizar.
—¿Quéééé?
Las chicas estaban contentas. Había más de siete habitaciones, tres de ellas con baños completos privados, un gimnasio, una sala de recreo y una de las cocinas más grandes y mejor equipadas que hubieran visto nunca.
Decidieron quedarse cada una con una habitación con servicio, aunque no eran contiguas.
—¡Las camas son comodísimas! —exclamó Aoko dejándose caer en la de Ran, que estaba registrando los armarios, aunque todos estaban vacíos.
—¿Qué es este casoplón?
—¿Casoplón? ¡Esto es un palacio en toda regla! —exclamó Kazuha corriendo a tirarse en la cama junto a su amiga. —Me pregunto de quién será esta casa.
—Ni idea…
—¿No os parece raro? —preguntó Ran. —No hay nada en ningún sitio. Es como si acabaran de terminar de construirla.
—Tienes razón…
—Bah, ¿a quién le importa? —dijo Kaito desde el marco de la puerta, sin atreverse a invadir el sitio seguro de las chicas. —Lo importante es que aquí estaremos todos a salvo.
—Sí, supongo.
Kazuha vio cómo Aoko contenía la respiración. Sabía que esos dos se habían encontrado en el pasillo porque Ran y ella los habían escuchado intercambiar algunas palabras; habían deducido que algo malo había ocurrido entre ellos porque la hija del inspector Nakamori no había vuelto a entrar en la habitación.
Vio que su amiga jugueteaba con sus manos mientras evitaba mirar al agente Kuroba. "Kaito, eres monísimo", pensó con una sonrisa en su rostro, aunque no le duró mucho. Su rostro se ensombreció cuando miró al frente. Kazuha la imitó y se sorprendió muchísimo.
Ran y Kaito hablaban animadamente, incluso podrían decir que estaban coqueteando, aunque fuera sutilmente. El cuerpo de ella le daba el espacio necesario a Kaito para que se acercara; la postura relajada de él, que estaba apoyado con un brazo en el armario, reflejaba comodidad.
—¿Qué significa esto? —susurró Aoko sin saber si lo había dicho en voz alta o solo en su cabeza.
—¡Ran! —la llamó Kazuha demasiado alto, interrumpiendo la conversación abruptamente y ganándose la mirada sorprendida de ambos. —¿Te importaría ayudarme con la maleta?
—¿Eh?
—Es que no puedes moverte, así que, he pensado que sería divertido si me ayudaras a guardar mi ropa y luego yo te ayudo a guardar la tuya.
—Ah… Sí, claro, ¿cómo no?
Kaito la miró mientras ella se iba, pareciéndole a Aoko que le estaba mirando el culo descaradamente. Él suspiró, incómodo por verse de nuevo a solas con ella.
—Bueno, yo… Creo que mejor voy yo también a deshacer mi maleta.
—¿Ahora te gusta Ran?
La voz era de enfado contenido, Kaito lo sabía. Le parecía increíble que ni siquiera eso hubiera cambiado en ella. La miró a los ojos y decidió ver hasta dónde podía llegar.
—¿Y qué si me gusta, qué?
—Entonces, te gusta.
—No creo que deba darte explicaciones de nada, Aoko.
—¿Explicaciones? ¡Já! ¡Esto es el colmo!
—¿Qué dices?
—¿Quién te está pidiendo explicaciones?
—¿Estás celosa?
—¿Qué?
—¿Estás celosa?
—¡No! ¿Celosa? ¿Por qué?
—Entonces, te da igual si lo intento con ella, ¿no?
Aoko estaba luchando con todo lo que tenía para que Kaito no leyera sus sentimientos, pero él era un maestro en eso, así que no pudo lograrlo. Por supuesto que estaba celosa, ¡a ella ni siquiera la miraba!
—¿A mí? ¡Exactamente igual! —le dijo intentando no sonar demasiado exagerada, haciendo que Kaito tuviera que esforzarse para no reírse. —¡Puedes follártela si quieres!
—Genial.
Aoko se levantó de la cama y pasó por su lado dándole con el hombro. Kaito sonrió mientras miraba cómo el vestido se le había enganchado en la ropa interior hasta prácticamente mostrársela. El orgullo le llenaba el pecho tanto que andaba incluso pavoneándose. Por un momento, la montaña rusa de su relación tenía sentido para él, aunque solo duró un instante. Al salir, se encontró frente por frente con Hattori, que lo miraba fijamente.
—¿Qué?
—Como Kudo se entere de lo que has dicho, te mata.
—No tiene por qué. Yo respeto a las novias de mis amigos como si fueran mis hermanas.
—¿No decías que lo mejor era no buscarlas? ¿Has cambiado de opinión?
—Para nada, eso… eso solo ha sido un juego.
—Ya… "Un juego".
—Eh, Hattori, pensaba que te había dicho que buscaras a Kuroba —Shinichi estaba subiendo las escaleras cuando los vio a los dos juntos. —¿Qué hacéis ahí pasmados? Vamos a la biblioteca.
Ran salió de la habitación y le lanzó una mirada fría a Kaito, golpeándolo cuando pasó por su lado como si fuera una regañina. Aoko la siguió e hizo exactamente lo mismo, ante la mirada desconcertada de Shinichi y la divertida de Heiji.
—¿Y eso a qué ha venido?
—Es una historia larga.
—Perdonad… —los tres agentes se giraron para mirar a la única que colaboraba activamente con ellos.
—¿Necesita algo, Kazuha-san? —le dijo Shinichi.
—No es necesario que seas tan formal, Kudo-kun… Veréis, quería preguntar si podemos salir.
—Oh, ¿salir? ¿Dónde quieres ir?
—No necesitamos vuestro permiso, siendo sinceras. Vamos a salir —Ran miraba a los chicos de forma desafiante.
—¿Por qué te empeñas en hacer las cosas difíciles, Ran?
—Mouri-san, para ti.
Shinichi resopló. No quería llegar a los extremos de la última vez pero sabía perfectamente que ella estaba probando su paciencia.
—¿A dónde queréis ir, Kazuha? —preguntó dándole la espalda a su ex.
—Pues necesitamos bikinis y algo más de…
No hizo falta que la chica terminara la frase, de hecho, no pudo hacerlo, ya que Shinichi habló, un poco sonrojado, haciéndole saber que ya lo había deducido.
—Hattori, acompáñalas, por favor.
—¿Eh?
—Tienen que estar vigiladas en todo momento.
Hattori lo miró con el ceño fruncido. ¿De verdad Kudo lo iba a mandar a un centro comercial con tres mujeres para que compraran lencería y ropa de baño después de toda la noche sin dormir?
—Estoy cansado, ¿no puede ir Kaito en mi lugar?
—Necesito a Kuroba en casa.
Por un momento, el aludido dio las gracias a Dios por haberse librado de algo así en un momento tan delicado. Hattori resopló y fue a buscar las llaves de la minivan mientras las chicas hablaban animadamente.
Shinichi y Kaito esperaron a que el grupo saliera por la puerta para ir a la biblioteca para hablar. Kuroba miró a su primo sabiendo que le iba a pedir algo muy importante debido a que estaba demasiado callado.
—¿Y bien?
—Quiero que me ayudes a esconder cámaras en todas las instancias de la casa.
—Un momento, ¿qué?
Llevaban apenas veinte minutos en el centro comercial y Heiji ya había maldecido a su amigo unas cuarenta veces. ¿Qué era lo que Kaito sabía hacer que él no? Para colmo, la única cosa que le había alegrado un poco era el saber que iba a ver qué tipo de ropa interior cogía Kazuha y los bikinis que se probaba, pero ni siquiera se había acercado a ninguna prenda. Él suspiró al ver cómo las otras chicas soltaban una risilla al verlo en un banco rodeado de bolsas de ropa interior.
—Siento que hayas tenido que venir con nosotras.
—Kazuha… No, no, no pasa nada, no te preocupes.
—Pensaba que íbamos a poder ir solas.
—Te digo que no es nada, mujer.
La conversación no daba para mucho más, pero Heiji no quería que eso terminara ahí. Por otra parte, Kazuha se estaba armando de valor para decirle lo que tenía en mente.
—Oye… —dijeron los dos al mismo tiempo, provocando una sonrisa en sus caras.
—Perdón, te he cortado.
—No, no, tú primero —dijo ella mirándole a los ojos directamente.
De nuevo, la cara de Kazuha mirándolo con atención lo cautivó de sobremanera, tanto que se arrepintió de no haberla buscado antes y de no poder decirle que seguía enamorado profundamente de ella.
—Yo… Verás…
—¿Sí?
—He… he notado que no has comprado nada. ¿No hay nada que te guste?
Heiji se sintió estúpido por haber dicho semejante tontería en lugar de hablarle con el corazón pero, por algún motivo, ella no parecía decepcionada.
—Yo tengo todo lo que necesito. He venido solo a acompañarlas a ellas.
—Ah…
—Bueno, si te digo toda la verdad, también quería buscar un momento en el que estuviéramos los dos solos.
—¿Los dos solos? ¿Tú y yo? —ella asintió. —¿Por qué?
—Quería pedirte perdón por todo —comenzó. —Aquel día cometí un error del que me arrepiento de corazón. No debí dudar de ti nunca, Heiji… A decir verdad, yo correspondía completamente a tus sentimientos.
—¿Entonces por qué…?
—Creo que fue la rabia —suspiró ella, sentándose a su lado. —No sé decir exactamente el qué, pero hubo algo que no…
Kazuha se calló de repente. Estaba haciendo mal las cosas; no podía llegar después de años sin verse y soltarle todo eso. No era justo para él. No después de todo lo que había pasado. —Lo siento… Yo no debería haber…
—¡Lo entiendo, Kazuha! —le dijo él cogiéndola por las muñecas y agachándose delante de ella para encontrar sus ojos. —Lo entiendo todo. No tienes que decirme nada, yo también te pido perdón por haberte hecho daño.
A la chica se le escapó una lágrima que él limpió suavemente con sus manos. El roce de su piel en la suya la hizo sentir que todo lo que habían pasado, juntos y separados, había tenido sentido porque estaban en el momento y en el lugar en el que deberían. A ella se le escapó otra lágrima.
—No llores, tonta —le dijo apoyándose en sus rodillas y dirigiéndole una sonrisa llena de amor.
—No estoy llorando, idiota —dijo entre risas, aprovechando para evitar una mirada que la estaba poniendo demasiado nerviosa.
Notaba que Heiji había tenido muchísimo más contacto con mujeres que cuando era un crío. Se notaba en su tono, en la forma que modulaba su voz y cómo cuidaba mucho más la selección de palabras. En cambio, ella se sentía tan torpe en el amor en su presencia que casi se percibía como su aprendiz.
—Oye… Hay algo que tengo que contarte.
—¿Sobre qué?
—Sobre mi pasado.
—Kazuha, no te ofendas, pero no me importa tu pasado. Me importa tu ahora. Quiero que me des una oportunidad para redimirme.
—¡Pero!
—¿No puede esperar ni siquiera a que decidamos qué hacer?
Aquella pregunta implicaba muchísimas cosas, tantas que Kazuha no sabía muy bien a qué se refería. Pero no quería romper el ambiente. Al menos, por el momento. Estaba a punto de decir algo, pero fueron sorprendidos por los brazos de las dos chicas. Aoko abrazaba a Kazuha, mientras que Ran, para la sorpresa de la pareja, abrazaba por la espalda a Heiji.
—¡Chicas! —gritó Kazuha con la cara roja por la vergüenza, sabiendo que los habían estado mirando.
—¡Qué bien que os hayáis entendido! —exclamó la de Tokio con cara de felicidad genuina. Heiji sonrió y se dijo a sí mismo que tendría que intentar hablar con Ran alguna vez.
