Capítulo 15

La alegría casi desbordante de los cuatro que habían ido al centro comercial se hizo patente en cuanto entraron por la puerta. Las chicas venían hablando animadamente con bolsas en las manos, mientras que él lo único que llevaba de la mano era a Kazuha, que aún no podía creerse cómo habían avanzado las cosas en cuestión de horas.

Al oír tanto revuelo, Shinichi y Kaito se asomaron a la puerta de la cocina para ver qué pasaba, momento exacto en el que Heiji le soltaba la mano a la enfermera para que ella fuera con sus amigas a que le enseñaran lo que habían comprado. Los otros dos se miraron con una media sonrisa mientras él se acercaba a la cocina buscando una manzana o algo para comer. Por supuesto, sus amigos fueron detrás, aunque extrañamente en silencio.

Hattori cogió una manzana y se sentó en un taburete en la isleta de la cocina, dándole la espalda deliberadamente a Kuroba y a Kudo, quienes mantenían esa cara pícara que le hacía saber que habían visto cosas.

—¿Qué cojones os pasa? —dijo enfrentándolos directamente.

—¿Necesitas… reponer fuerzas? —Kudo haciendo un chiste con doble sentido era algo típico de su amistad de la adolescencia.

—¿Qué dices, idiota?

Kaito y Shinichi procedieron a hacer comentarios sobre Kazuha y él, y aunque estaba intentando no caer en sus juegos, se estaban poniendo demasiado pesados.

—¡Bah! ¡Me voy! ¡Sois un coñazo!

—Va, Hattori, cuéntanos qué ha pasado, anda.

—¡No ha pasado nada!

—Ya… ¿Y por qué veníais de la manita, eh!

—¡No veníamos de la manita, imbécil!

—¿Ah, no? ¡Oye, Kudo, ponle el video a Hattori!

—¿Qué video?

—Hemos instalado cámaras de vigilancia que cubren todas las estancias. Así estaremos más seguros —le informó Kudo a Hattori, retomando la compostura.

—¿Qué? ¿Todas las estancias? ¿Y quién las va a vigilar?

—No te preocupes, en los baños no hay cámaras, puedes llevarte a Kazuha ahí si quieres.

—¡No lo decía por eso, patán! ¡Y tú no te rías! —dijo señalando primero a Kudo y luego a Kuroba.

—Era solo un consejo, no te enfades.

—¿Y cómo no se lo habéis dicho, animales?

—No me ha dado tiempo, han subido directamente.

—¡Eso no es excusa! ¡Iré a decírselo ahora mismo!

Hattori echó a correr dando las gracias Dios por haber tenido una excusa para irse y evitar las bromas.

—¡Va, pon la camara!

—¿Qué?

—Probablemente sea nuestra única oportunidad —le dijo con cara pícara mientras de acercaba al dispositivo.

—Las cámaras no son para eso.

—¡Eres muy aburrido!

—Y tú eres un cerdo.

—Vale, lo que tú digas, voy a darme un baño en la piscina —dijo llevándose consigo una cerveza y poniéndole otra a su amigo al lado. —Que disfrutes del espectáculo.

—¿Qué dices, gilipollas? ¡Yo no soy como tú!

—No, claro que no, seguro que ni siquiera te imaginaste poniéndole las esposas a tu chica en la cama mientras..

—Ni me he imaginado nada de eso ni ella es nada mío —interrumpió sabiendo que ambas eran un poco mentira.

—Claro que no.

Kaito se fue canturreando una canción para molestar a Shinichi, y lo consiguió.

—Será imbécil… Yo no haría algo así.

Se giró hacía la pantalla de la tablet y sintió curiosidad por si las chicas ya sabían si las estaban vigilando o no, y abrió el programa mientras le daba un trago a la cerveza.

Vio que Kazuha estaba hablando con Heiji en la puerta de la habitación de Aoko, por lo que se imaginó que ya lo sabrían, pero se dio cuenta de que Ran no estaba en la habitación con ellas.

—¿Dónde está?

Negó con la cabeza suponiendo que estaría en su cuarto cambiándose de ropa u ordenándola. Estaba a punto de cerrar cuando las dudas asaltaron su cabeza: ¿y si la habían atacado sin que se hubieran dado cuenta? ¿Hasta qué punto era profesional no comprobarlo? Claro que podía subir las escaleras y llamar a la puerta, pero comprobarlo de esa forma era más rápido. Dio otro sorbo a la cerveza antes de buscar la cámara de la habitación de Ran.

La encontró allí, con un montón de prendas sobre su cama. Llevaba una bata de seda con estampado colorido y unos tacones altos.

—¿Qué hace así vestida?

La chica parecía estar intentando decidir sobre algo. Shinichi amplió la imagen y vio ropa interior fina, con transparencias y detalles muy sensuales. Por un momento, la visualizó encima de él, una de las pocas noches que Ran había pasado en su casa antes de que lo dejara. Sus gemidos pidiendo más, el agua que le caía del pelo por la espalda, el tacto suave de su piel.

—Vale, vale, ya está —dijo intentando salir de sus pensamientos y volver a la realidad.

Estiró la espalda y se sentó correctamente, decidido a cerrarlo todo e intentar apartar las imágenes de ella de sus pensamientos.

Justo en ese momento, Ran se recogió el pelo rubio recién teñido con una pinza ancha y se dirigió al espejo. Shinichi se decía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero no podía apartar los ojos de la tablet. No se dio cuenta ni siquiera de que acababa de desabrocharse los pantalones.

La chica se giró una vez más para coger uno de los conjuntos que se había comprado para probárselo. Sus manos fueron hacia el nudo que cerraba las dos partes de la bata para desabrocharlo.

El contacto de su mano con otra parte de su cuerpo devolvió a Shinichi a la realidad en un segundo, cerrando a tiempo la ventana y concentrándose en mirar hacia el techo para que se le pasara, aunque sin poder evitar percibir el bombeo de sangre que trataba de ignorar con todas sus fuerzas.

—Esto va a ser una tortura.

Las chicas no se tomaron demasiado bien la noticia, siendo Ran la que decidió bajar con ganas de pelea en busca de Shinichi, aunque se encontró con que no había nadie en la cocina, pero sí estaba la tablet.

—¿Qué pasa?

Kaito apareció con el pelo mojado y la piel aún fría. La temperatura del agua era perfecta para refrescarlo sin que fuera desagradable meterse. Se sentía muy relajado, aunque no parecía que sus compañeras estuvieran de acuerdo.

—¿Ha sido idea tuya, no? —le gritó Aoko.

—¡No podéis dejarnos sin intimidad en nuestra propia casa! —la apoyó Kazuha. —¡Esto es una locura!

—A ver, ¿qué os preocupa exactamente?

—¿Que qué nos preocupa? ¡Hay cámaras grabándonos en cada puto sitio al que vamos! ¡Incluso en las habitaciones!

—¡Ni siquiera vamos a poder ducharnos sin que nos vigiléis! —continuó Aoko.

—¡Es una locura se mire desde donde se mire!

—No hay cámaras en los baños, chicas —intentando explicarse él.

—¿Y qué?

—Vais a tener acceso incluso a nuestras conversaciones privadas. Esto es humillante.

—Dejadme que os explique. No, no vamos a escuchar vuestras conversaciones, no nos interesa. Las cámaras no tienen audio, es solo para saber si estáis bien —se explicó Kaito intentando no decir nada que diera pie a un nuevo estallido de rabia. Vio que Ran abría la boca para decir algo. —En cuanto al tema de habitaciones, ni Hattori ni yo tenemos acceso. Necesitaríamos la contraseña, y solo Kudo la sabe, así que…

—Bueno, eso me tranquiliza.

—¡Kazuha!

—Kudo puede ser muchas cosas, pero no se aprovecharía así de nosotras.

—No, no lo haría —le apoyó Heiji, confiando a pies juntillas en su amigo de Tokio. —Ran, tú lo conoces. Sabes que no haría eso.

Ella se calló, haciendo ver que estaba de acuerdo en que esa sería una línea que él nunca traspasaría. Después de quejarse un poco más, Ran salió de la sala acompañada de sus amigas en dirección a la piscina.

—¿Es cierto lo de la contraseña?

—Claro.

Hattori se dio la vuelta dispuesto a cambiarse para meterse él también en la piscina. Kaito dejó escapar el aire contenido de un golpe, aliviado por haber sido capaz de librarse de algo tan complicado. Era cierto que había mentido en algunas cosas, pero había una cosa que su curiosidad no podía dejar sin resolver.

Con cuidado, separó el taburete procurando no hacer ruido y se sentó en él. Abrió la tablet, introdujo la contraseña que había jurado desconocer, y vio que la cámara de la habitación de Ran estaba en pantalla completa.

—Hijo de puta… —dijo cambiándola a la imagen del salón principal y explicándose por qué su primo había tenido tanta prisa para meterse en la piscina.

Shinichi iba por la tercera cerveza cuando las chicas salieron al patio. Se sintió un viejo verde cuando se dio cuenta de que las estaba observando de más; pensó que necesitaría un baño de agua con hielo para que se le bajara. Tenía que centrarse en otra cosa, aunque se le estaba haciendo difícil al ver que la moda del momento se centraba en los bikinis con poca tela y muy ajustados. Esos dos meses que llevaba sin sexo estaban siendo demasiado injustos con él. Apuró la cerveza y metió la cabeza en el agua fría una vez más antes de salirse de la piscina.

Las tres chicas habían estado ignorando a Shinichi desde que llegaron, pero cuando lo vieron salir, perdieron el habla, signo que él interpretó como que no querían hablar nada con él delante.

—No os preocupéis por mi, yo ya me voy.

—Va-vale…

—Puedes quedarte un poco más si quieres, Kudo —le dijo Kazuha, ganándose un codazo por parte de Aoko mientras reprimía una risilla.

Él no entendió el comentario, pero le sonrió y les hizo a las chicas una pequeña reverencia y se fue mientras Aoko y Kazuha se reían y se susurraban algo. Ran se deslizó por la tumbona, ignorándolo aún más y cruzando las piernas, señal de que estaba incómoda.

La imagen del joven policía saliendo de la piscina había cortado de raíz la conversación entre ellas, como si hubieran olvidado todas las palabras. Un único pensamiento resonó en las tres cabezas al mismo tiempo aunque ninguna dijo nada.

El chico las miró y dijo que ya se iba.

—Va-vale —fue lo único que pudo responder Aoko, impresionada por el cambio del cuerpo de Conan a Shinichi, a quien ella nunca antes había visto.

—Puedes quedarte un poco más si quieres, Kudo —dijo Kazuha divertida y sin poder apartar la mirada de su cuerpo trabajado en el gimnasio.

—¡Kazuha! —exclamó Aoko en un susurro que solo escucharon ellas tres.

Shinichi hizo una reverencia.

—Míralo, pobrecito, lo hemos intimidado.

—Yo le dejaría que me intimidara un poquito.

—¡Kazuha!

—¡No te escandalices que tú estás pensando lo mismo!

—¡Yo no!

—Está buenísimo.

—Sí, está para no dejar ni las migas.

Ran se tumbó completamente y cruzó las piernas. Sus amigas pensaron que era porque le habían molestado esos comentarios, así que se disculparon ampliamente, aunque ella sólo podía pensar que había sido una idea terrible el haber elegido un color que hacía evidente las zonas mojadas. Nunca lo admitiría, pero llevaba pensando en él y su cuerpo desde que se había dado cuenta de que estaba ahí.

Hattori se integró perfectamente entre las chicas en el mismo momento en el que puso un pie en la zona de la piscina ataviado con una camisa blanca y un bañador de patitos de goma con el que fue la sensación del día. En nada de tiempo, Hattori comenzó a correr detrás de Kazuha y de Aoko. Las chicas gritaban y soltaban carcajadas, cosa que hacía que ambos, los de dentro, se molestaran un poco. Shinichi abrió la cuarta lata de cerveza.

—¿No se supone que estamos de servicio?

—¿Crees que un poco de cerveza va a emborracharme?

—¿Por qué te has salido de la piscina tan rápido?

—Ellas querían usarla. Yo tengo otras cosas en las que pensar.

—Ya, claro, por ejemplo, en el cuerpo de tu novia.

—¿Quieres parar de una vez con eso? No es gracioso.

—No, claro que no… —le dijo deslizándole la tablet— la próxima vez, intenta no dejar pruebas.

Kaito se fue después de mirarlo a los ojos y echarle una sonrisa de medio lado. Shinichi estaba cambiando muy rápido.

Kaito había salido a fumar, esperando estar solo y tranquilo, pero se encontró a Ran en la tumbona. No parecía contenta, pero tampoco estaba enfadada.

—¿No te bañas? El agua está muy buena.

—No, no me apetece.

Él le ofreció un cigarrillo; ella se incorporó y lo aceptó. El agente Kuroba se sentó en la tumbona que había al lado de ella, justo enfrente de su cara.

—¿Una cerveza?

—No, gracias.

—¿Vas a decir a todo que no?

—Solo si haces las preguntas equivocadas.

—Ah, ya veo… En ese caso… —Kaito se puso el cigarrillo en la boca y levantó a Ran para colocársela en el hombro sin que ella de diera cuenta.

—¿Qué haces? ¡No! ¡Bájame!

—Pregunta incorrecta, Ran —dijo llevándola hasta el borde. —Vamos a intentarlo de nuevo. ¿Quieres que te tire a piscina?

—¡No! ¡No lo hagas!

—¿Qué dice el público?

—¡Tirala! —gritó Hattori divertido.

—¡Sí! ¡Al agua!

—¡Kazuha!

—El pueblo ha hablado.

—No, espera…

Sin permitirle decir nada más, Kaito lanzó por los aires a la chica en dirección a la piscina mientras todos se reían. Ran salió a la superficie gritando que estaba muy fría y se dirigió hacia él para tirarlo.

—¿Vienes a por más?

La falta de práctica con el kárate y la fuerza imposible de cuestionar de él terminaron con Ran de nuevo en el agua. La chica fue una tercera vez, aunque esa vez con Aoko y Kazuha. Hattori miraba divertido cómo Kaito luchaba contra las tres, cediendo finalmente cuando todas estaban agarrándolo y tirándolas a las tres con él.

Kazuha fue nadando hasta Heiji para que las ayudara a "vengarse".

—¿Pero tú en qué bando estás?

—En el que esté en tu contra —respondió el moreno empujándolo bajo el agua.

Ahí, ante la atenta mirada de Shinichi, comenzó un enfrentamiento que terminó como una guerra campal por todo el jardín y que incluyó pistolas de agua. Él sonrió con tristeza sabiendo que le habían adjudicado un rol que lo excluía de las cosas divertidas. No se quejaría.

Un par de horas después, los cinco estaban mucho más tranquilos. Aoko y Ran estaban tomando el sol; Heiji le hacía una masaje a Kazuha en la piscina y Kaito dormitaba apoyado en los escalones. Kudo los miró. Era un buen momento.

Él salió en dirección a la zona de la piscina. Los pantalones negros ajustados y la camisa blanca tan fina que dejaba intuir su piel puso a Ran en alerta.

—¿Podéis entrar todos un momento? Hay algo que quiero hablar con vosotros.

Por supuesto, todos entraron en silencio casi al instante, como si fuera él el profesor y ellos los alumnos de primaria. Kazuha y Heiji aún estaban de enrollados en la toalla y sintieron el frío del aire acondicionado dentro.

—Bien, tenemos que organizarnos respecto a cómo vamos a llevar a cabo la custodia nocturna. He pensado que…

—Espera, ¿qué? ¿Qué coño significa "custodia nocturna"?

Shinichi suspiró. Estaba claro que cualquier cosa que él dijera no le parecía bien a su exnovia, quien parecía estar siempre lista para enfrentarlo con todo lo que tenía.

—Esperaba que estuvieras más tranquila después de haberte pasado el día jugando en la piscina, Ran.

Aquel comentario había sido disparado como un dardo envenenado, pese a que él ahora disimulaba. Ella se quedó un par de segundos intentando digerirlo pero, sin saber ni siquiera por qué actuaba así, estalló de nuevo en rabia.

—Lo primero, Mouri-san para ti. Lo segundo, ¿quién te has creído para…?

—No creo haberle preguntado su opinión respecto a este tema, Mouri-san —le dijo sin molestarse en girarse para mirarla. Si ella quería jugar a ese juego, iban a jugar.

—No puedes hacer esto.

—Pensaba que ahora no nos tuteábamos.

—No juegues conmigo, Shinichi.

Él suspiró y se apoyó en la mesa con esa sonrisa de medio lado que le quitaba el aliento y la miró directamente a los ojos. De nuevo, ese aura poderosa, llena de seguridad en sí mismo y acostumbrada a tratar con mujeres, la cautivó lo suficiente como para dispararle las pulsaciones, aunque nunca lo admitiría.

—Agente Kudo para usted —le dijo en un tono casi seductor. Ran miró a sus amigas para comprobar que ellas estaban viendo lo que ella, y las encontró embobadas mirándolo. Shinichi se dio cuenta, pero fingió no hacerlo y seguir mirándola con una postura corporal de superioridad. —En segundo lugar,...

Ella se negó a dejarlo terminar. En su lugar, emitió un gruñido lleno de fastidio. Salió de la estancia sin mirar a ninguno y se fue de nuevo a la piscina. Las chicas se miraron. Nunca la habían visto actuar así, mucho menos por un chico; fue ese el momento en el que ambas descubrieron que Ran seguía sintiendo muchísimo por Shinichi, y lo que estaba haciendo era intentar ocultarlo con todas sus fuerzas. Heiji también lo dedujo al ver las cara de Aoko y Kazuha, pero cuando fue a mirarlo para mandarle una sonrisa, se encontró con un gesto duro. El de Osaka siguió la trayectoria y se dio cuenta de que estaba mirando a Kaito. ¿Qué coño pasaba entre esos dos?

Ran estaba tumbada en la hamaca sola, algo que le parecía extrañísimo. Se había acostumbrado a estar siempre acompañada de alguna de sus amigas o de algún noviete que tuviera. Nunca nada serio, pero nunca sola. Se incorporó sintiéndose muy triste de pronto, siendo consciente por primera vez que todos esos chicos solo habían servido como tirita de una herida emocional que le había partido el alma en dos. Por primera vez en muchísimo tiempo, Ran se permitió a sí misma llorar. Lloraba porque se sentía tonta, lloraba porque sabía que no estaba actuando bien, pero, por encima de todas las cosas, lloraba porque se estaba volviendo a enamorar de él. Quizás no dejó de estarlo nunca, ni siquiera cuando aseguraba a todo el mundo que lo odiaba. El sonido del teléfono hizo que suprimiera el llanto, aunque las lágrimas seguían fluyendo libremente, una habilidad que había desarrollado con años de arduo trabajo.

—Mouri.

—¡RAN! ¿DÓNDE ESTÁS? ¡TE NECESITO URGENTEMENTE! —los gritos de Sonoko la hicieron caer en la cuenta de que ella se iba a casar en quince días y aún quedaban cosas que hacer.

—Mierda… —ahora Ran tendría que convencer a alguno de los tres de que la acompañara a Tokio para seguir con el proyecto laboral más grande de su carrera.