11. Caravana
Aziraphale va al fuego a poner a calentar agua y a preparar el material que van a necesitar mientras Crowley ayuda a Asmodeo a quitarse los pantalones y a subirse a la mesa.
El de blanco se les acerca con el agua y un trapo, tendiéndoselo al pelirrojo, que le mira sin poder creer que de verdad vaya a hacerle hacer esto a él.
Le acaricia la mano al darle las cosas, sonrojándose un poquito, mirándole intensamente, el otro le sostiene la mirada notando eso.
Asmodeo piensa que mejor se consigan un cuarto. Carraspea porque… este no es el momento de la tensión sexual no resuelta, joder, que le duele mucho.
Crowley traga saliva y aparta la cara el primero con el carraspeo, metiendo el trapo en el agua para limpiarle la sangre al otro.
—Creo que deberíamos ir a Strawberry —comenta Aziraphale volviéndose al fuego.
—Vamos a tener el mismo problema ahí, si te están buscando —replica Crowley.
—Sí, excepto porque conozco a alguien ahí que podría cobijarnos.
—¿Conoces a alguien en Strawberry? —levanta las cejas.
—¿Recuerdas que te conté que mi tío tiene una casa de campo junto a unas plantaciones de café? —le mira por encima del hombro.
—¿En Strawberry?
—En Strawberry —sonríe Aziraphale.
—De todos modos, hay que remontar el Montana y eso solo ya son un par de días a caballo —sigue Crowley, concentrado en la pierna.
—Podríais bajar a Thieves Landing y tomar el tren —propone Asmodeo.
Aziraphale mira a Crowley porque no hay nadie más fan del tren que él en esta historia.
—Sí, claro, y darnos un tiro en el pie, ya de paso —replica sarcásticamente—. No. Nada de tren.
—Ugh —protesta Aziraphale porque la verdad, eso significa que van a ir súper lento.
—Además, hay que ver qué hacemos con este —sigue Crowley.
—Pues llevarlo con nosotros, ¿Qué vamos a hacer? —responde el de blanco.
—¿Qué? —de nuevo responden ambos a la vez.
—No, no, no… Chicos, gracias por el ofrecimiento, pero yo no puedo ir a Strawberry —asegura Asmodeo.
—¿Qué quieres hacer si no? —pregunta Aziraphale a Crowley, ignorando las quejas—. No quieres hacer lo que he dicho antes y si le dejamos irse pues va a avisar a todo el mundo, tú mismo lo has dicho.
—Pero llevárnoslo, Fell… Es una pésima idea. Nos va a retrasar con su herida y, además, ¿qué vas a hacer con él una vez estemos ahí?
—Mis amigas se ocuparán —sonríe de manera dulce y el fuego se refleja en sus ojos de manera intimidante, haciendo que los otros dos traguen saliva.
Crowley mira a Asmodeo de reojo, que niega con la cabeza suplicando piedad con los ojos. El pelirrojo sigue pensando que no le ha visto con la cucharita de madera aún.
—Solo digo que, si lo dejamos aquí atado, va a tardar unos días en encontrarle alguien y para entonces ya estaremos lo bastante lejos —explica Crowley.
—No podemos arriesgarnos a que mande un telegrama al Sheriff de Valentine.
—¿Y sí podemos arriesgarnos a que nos mate en la montaña? —replica.
—Vamos a llevarlo atado y no va a hacer eso si no quiere que le disparemos de nuevo —Aziraphale se encoge de hombros.
Crowley mira a Asmodeo con cara de… "yo lo he intentado" y Asmodeo frunce el ceño haciendo un gesto y sonido de látigo.
—Es una pena que se nos haya acabado el éter —replica Crowley a eso para joderle.
—En eso tienes razón —asiente Aziraphale.
El pelirrojo parpadea porque iba de farol, o sea… no esperará que le cosa estando consciente… ¿no? O-O sea, venga. Tampoco hay que ser cruel.
—¿Q-Qué? —pregunta Asmodeo en pánico.
—Ehm… F-Fell… ¿Es en serio? —pregunta Crowley.
El de blanco mira al pelirrojo con cierta carita y este aprieta los ojos, pidiéndole un momento a Asmodeo para volver a salir a hablar con él… aunque esta vez sí le ata primero las manos a las patas de la mesa.
—Uhm, ¿de qué va todo esto? —pregunta el pelirrojo una vez fuera.
—¿Me estoy pasando? No quiero que piense que soy un blando y puede hacer conmigo lo que quiera —explica Aziraphale, nervioso.
—Uhm… N-No es exactamente… O sea, es que sí me parece que no quiero coserle sin éter —se rasca la cabeza, cambiando el peso de pie porque tampoco quiere él parecer un blando ahora, pero es que…
—Vale, vale. Le diremos que hemos encontrado un remanente, es solo… estoy nervioso y me he asustado un poco —admite y se pasa las manos por el pelo.
Crowley se humedece los labios con eso, un poco incómodo por lo sincero de la reflexión, pensando que debería decir algo. Algo inteligente y sereno que ayude a calmarse. No tiene ni idea de qué.
—Ehm… Es…
Aziraphale le mira a los ojos esperando que le diga algo agudo y con seguridad como siempre hace que le ayude a sentirse mejor.
La verdad, esa mirada no le ayuda en lo más mínimo.
—Todo va a… ser una mierda —asegura y sonríe un poco al final, nerviosamente.
El de blanco suspira y se vuelve dentro porque esperaba que le dijera que él no es tan blando, pero por lo visto sí que lo es.
Crowley aprieta los ojos y bufa siguiéndole porque ¿qué asco de frase es "Todo va a ser una mierda"? pareces imbécil.
Igualmente, ahí se va a por el éter y hace dormir a Asmodeo sin siquiera decirle nada de que lo han encontrado, este cae inconsciente a los pocos segundos mientras los otros dos se sumen en un silencio incómodo en lo que Crowley se encarga de buscar la aguja y el hilo.
—Supongo que no hay otra, no importa lo que haga, soy un blando y no se puede hacer nada.
—La verdad, creo que, si no eres un poco blando en este lugar, no sobrevives —responde este sin mirarle por estar enhebrando la aguja, con la lengüita un poco de fuera, tras unos instantes.
—¿A qué te refieres? —le mira.
—Ya sabes… Los tipos duros, que los hay, tienden a meterse en todos los líos y a acabar mal —le mira de reojo—. Como en un tiroteo. Son los que están por ahí con los revólveres… Bang, bang —hace gesto de disparar—. En cambio, los blandos son los que se esconden tras los muebles y acaban sobreviviendo.
—¿Lo que dices es que ser blando no está tan mal? —Aziraphale parpadea con eso, porque no lo había visto así en realidad, pensándoselo un poco.
Crowley se encoge de hombros y se sonroja un poco porque él mismo es a veces de los que se esconden tras los muebles… o sale por la ventana, si acaso le es posible, la verdad y quizás eso ha matado su honor alguna vez, pero no lo ha matado a él, así que solo es un pequeño sacrificio en su opinión.
—Creo que tendríamos que irnos mañana… Podemos drogarlo en el camino y así nos aseguraremos de que no se escapará o nos hará daño mientras dormimos —propone el rubio mirando un poco lo que hace con la aguja.
—¿Drogarlo? —pregunta Crowley mirándole un instante porque eso no se le había ocurrido.
—Con el éter. O quedan algunos opiáceos de los que te dieron a ti —explica—. Intenta hacer que las puntadas sean iguales.
—Son iguales —se defiende igualmente—. Eso… eso podría funcionar —admite al asunto de las drogas—. ¿Cómo lo harás?
—Ah, eso es muy fácil. Le pondré la dosis adecuada en el agua como hacía contigo —se encoge de hombros—. No las hagas tan grandes.
—No las puedo hacer más pequeñas —responde, igual tragando saliva con eso, porque se acaba de dar cuenta de lo mucho que ha confiado en que este tipo tan raro al que apenas conoce no iba a matarlo.
—Sí que puedes, espera —protesta.
Crowley pone los ojos en blanco, pero se detiene y ahí va Aziraphale a por una vela que había en un cajón, acercándosela para iluminarle.
El pelirrojo sonríe un poco agradecido con eso y la verdad es que ahora acaba por salirle mejor el cosido. Probablemente Asmodeo se queje amargamente por horas por que le va a quedar una cicatriz más fea de lo que él hubiera querido, pero definitivamente eso iba a pasar, aunque el mejor cirujano de West Elizabeth hubiera sido el que estuviera aquí.
—¿Vas a contarme ahora sobre lo de las empresas MorningStar? —pregunta el rubio cuando el otro termina.
—No hay mucho que sepa, la verdad —admite limpiándose un poco las manos.
—Algo debes saber, se lo estabas contando antes a él —señala a Asmodeo.
—O sea, es que… Es algo que he deducido ahora cuando… Hablando contigo —explica.
—¿Qué quieres decir?
—La verdad, se hablaba de cosas entre los muertos de hambre, pero nadie sabe nada seguro. Se dice que hay un cabecilla que se dedica a hablar con la gente poderosa que necesita de la clase de servicios que ofrece una institución como esta.
—Institución —Aziraphale pone los ojos en blanco.
—Llámalo como quieras —se encoge de hombros.
—Y que es un hombre de negocios como cualquier otro, que la gente como tu tío le paga en dinero negro y que se les blanquea ofreciendo servicios de limpieza o recogida de basura o quién sabe de qué.
—O sea, ¿las empresas MorningStar son un servicio de basureros?
—¿Oficialmente? No tengo ni idea. Pero por lo visto son los que se encargan de gestionar los golpes. No creerás que la gente como tu tío va a contratar a los mercenarios directamente.
—No, eso lo entiendo —suspira—. Solo pensaba que todo esto estaba mucho menos organizado, parece una mafia.
—La parte buena es que si encontramos esta empresa es fácil que puedas unir una cosa con la otra —intenta animarle un poco.
—¿Crees que quieran cooperar los del despacho de abogados?
—No —sentencia sin rodeos para su frustración aún más evidente.
—Cada vez esto parece peor.
—La verdad, yo que tú iría a pedir ayuda de manera un poco… Ya sabes, poco honrada. Ahora que te están buscando tienes la excusa perfecta para eso.
—¿Poco honrada?
—Como si tú mismo fueras el hombre poderoso que quiere contratar a los chavales. Hacer lo que haría tu tío para ver cómo se desenvuelve todo frente a ti.
—Pero eso… eso es… —vacila—. ¿En qué me convertiría eso a mí si hago exactamente lo que quiero intentar parar?
—La pregunta aquí, Aziraphale, es si lo que quieres es… detener a tu tío por venganza o detener toda una red de crimen organizado por principios.
El rubio baja la cabeza, pensándoselo porque todo esto había empezado solo como justicia para Muriel, pero cada vez parecía algo más grande y sentía que se le iba a salir de las manos, pero ¿quién era si solo le daba la espalda a todo ese desastre y trataba de seguir su vida como si nada?
—De todos modos, no es como que tengas muchas opciones si ahora te están buscando por asesinato —comenta sacando de nuevo el cartel de se busca y mirándolo.
—Creo que necesito dormir un poco —replica él con esto, sintiéndose de repente súper cansado.
Crowley asiente a eso dejándole ir porque sí, él debería dormir un poco también, pero se queda mirando el dibujo del cartel de Se busca que les ha dado Asmodeo en sus manos mientras el rubio se acuesta en el rincón en el que tiene organizadas sus mantas.
Pasa un dedo acariciando los rasgos del dibujo a la luz de la vela preguntándose qué puede atraerle tanto de esta persona, no es más que un hombre de mediana edad y ni siquiera se ve tan guapo. O sea, sí tiene unos bonitos ojos azules, pero… mira que rara es su nariz. Y sus labios tan pequeñitos.
Solo se queda un rato mirando la imagen y acaba por soltar un suspiro que le hace sonrojarse a sí mismo terriblemente y decidir que ya hay SUFICIENTE de esto por hoy. HORA DE DORMIR. AHORA.
A la mañana siguiente, se despiertan bastante temprano todos a pesar de Crowley y consiguen desayunar y recoger para una hora decente.
Asmodeo sigue quejándose de todo e insistiendo en que él no puede ir a Strawberry y al final Crowley acaba por atarlo a la silla del caballo marrón en el que llegó a pesar de las protestas, poniéndose en camino hacia el norte.
Después de cabalgar por dos días con este par de imbéciles a través de las praderas salpicadas de flores y los bosques frondosos de intenso verde, Asmodeo había llegado a unas cuantas conclusiones:
La primera era que no sabía cuál de ambos era más idiota y hasta vergüenza le daba que dos personas así de inútiles hubieran logrado hacerle todo lo que le habían hecho.
Llevaban una hora discutiendo sobre si un puto ciervo era un ciervo o un animal que por lo visto Aziraphale se había inventado llamado Guapití o algo parecido. ¡Por todos los infiernos, solo disparadle y coméoslo! No hay que estarle pidiendo la documentación.
También había concluido que les gustaba discutir porque Aziraphale no paraba de decir "Lamento llevarte la contraria, querido" con su tonito remilgado a cada cosa que el pelirrojo decía y Crowley no paraba de contestarle "Como si no fuera esa tu actividad favorita en el mundo."
Luego había concluido que esa parecía ser la forma en la que coqueteaban o algo parecido, porque cualquier persona cuerda se hubiera preguntado qué porque no simplemente caminaban en silencio… o mejor, caminaban por caminos separados.
Pero cuando Asmodeo había tenido el arrojo de proponerlo, los otros dos habían pasado automáticamente a formar un equipo completamente unido para discutir contra él como en realidad para nada estaban discutiendo todo el tiempo ni mucho menos hasta que casi tuvo que pedir clemencia por atreverse a sugerir semejante estupidez.
Y treinta segundos más tarde habían empezado a discutir de nuevo uno con el otro, esta vez sobre plantas. O las nubes. O quién sabe qué, ni siquiera parecía tener sentido.
La siguiente conclusión a la que había llegado es que, si pretendía escapar en algún punto, lo que tenía que lograr era distraerlos lo bastante, cosa que en realidad no parecía muy difícil porque todo el tiempo estaban enfrascados en sus mierdas de discusiones como si no hubiera nadie más.
Otra conclusión era que aún no se habían acostado. Y la verdad, de esta aun dudaba un poco porque parecía puto evidente que los dos querían, pero por algún motivo, probablemente ligado a la inutilidad de ambos, parecía que aún no lo lograban.
Tal vez si conseguía convencerlos de que lo hicieran podía aprovechar el momento para largarse.
Había decidido que intentaría hablar a cada uno por separado para ello y estaba esperando el momento de ello poniendo más y más los ojos en blanco a cada interacción entre ambos.
Cuando estaban sentados alrededor del fuego dispuestos a cenar y Aziraphale se había abalanzado sobre Crowley, había logrado pararles el corazón a todos.
Al final resultaba qué solo quería quien sabe qué mierda de salchicha que tenía el pelirrojo al su lado, pero Asmodeo podía oír el corazón de Crowley bombeando como si fuera a salírsele del pecho mientras el rubio de sentaba de nuevo en su sitio a comer de esa manera tan obscena, ajeno a ello.
Crowley decidió huir por su vida durante un rato a calmarse y probablemente a hacerse una paja, Asmodeo no dudaba de ello, así que aprovechó ese momento para acercarse más a Aziraphale y sentarse a su lado.
No estaba seguro de que fuera con él con quien quería hablar primero, pero tampoco había pensado en hacerlo al revés así que daba un poco lo mismo.
—Hola… —le sonríe para hacer conversación.
—Howdy! —saluda Aziraphale de vuelta, con su habitual tono jovial—. ¿Cómo se siente?
—Ah. Bien, Bien —le quita importancia—. ¿No te parece raro que Crowley se haya ido?
Aziraphale mira a donde la figura delgada ha desaparecido con su caminar todo raro y luego se vuelve al otro.
—No, lo hace a menudo. Supongo que querrá un poco de intimidad —se encoge de hombros.
—¿Intimidad?
—Pues para hacer sus deposiciones o algo parecido —le mira con cara de circunstancias.
—¿Y no te… gustaría ayudarle? —propone porque seguro eso debe querer decir lo que Asmodeo está pensando.
—¿A hacer sus deposiciones? —arruga la nariz.
—Bueno, no literalmente —decide porque por lo visto no, no significa lo que pensaba.
—No sé qué es lo que insinúa, señor Asmodeo, pero me parece completamente fuera de lugar —replica levantando la nariz, estirado.
—¿Cómo sabes que está fuera de lugar si no sabes qué es lo que insinúo? —inclina la cabeza con cierta sonrisita.
Aziraphale le mira con la boca un poco abierta.
—Touché —sonríe el diablo.
El de blanco le fulmina, volviéndose a comer dando esta conversación por terminada.
—Supongo que es mejor así, no creo que seas su tipo siquiera —comenta Asmodeo.
Aziraphale levanta una ceja sin mirarle porque la verdad, no está de acuerdo con eso, pero no va a discutir esto con él.
Asmodeo le mira de reojo porque ni siquiera está protestando o algo… joder. Ojos en blanco con la absoluta sequedad de todo esto y se vuelve a su cena ahora de mal humor.
Aziraphale mira al diablo, pensando… porque no tan a menudo está junto a un excompañero de trabajo de Crowley. De hecho, más bien nunca lo está.
—Entonces… ¿Le conoce hace mucho? ¿Dieron muchos… "golpes" juntos? —pregunta de la nada.
Asmodeo deja de masticar un instante y le mira.
—O-O sea… Dijo que se conocían, ¿no? Quiero decir, que habían "trabajado" juntos a menudo —sigue, un poco nervioso haciendo comillas con las manos haciendo que el otro parpadee. Tiene que estar preguntándole por el sexo con tantas comillas.
—Lo… hicimos, algunas veces, sí —admite solo para ver qué es lo que responde.
—Oh. Ehm… ¿Y cómo es? —le mira de reojito.
Asmodeo le mira y se pasa el pulgar por el labio de abajo, limpiándose algo de lo que estaba comiendo y luego se lo mete en la boca.
Aziraphale le mira de vuelta hacer eso y sonríe nerviosamente sin entender del todo el movimiento.
—Tal como te lo imaginas —decide finalmente el diablo.
—Oh. Oh… Bueno, yo… puedo imaginar muchas cosas, ¿sabe?
—¿Y no sería mejor dejar de imaginar? —levanta una ceja.
—Bueno, disfruto mucho con mi imaginación —frunce un poco el ceño.
—Lo que digo es que hay algunas cosas que hay que vivirlas para realmente disfrutarlas —explica.
—No estoy seguro de que yo fuera a disfrutar de vivir esas cosas —valora, pensando obviamente en una vida de crimen y fechorías.
—¿Por qué no?
—No parece un estilo de vida para mí —se mira las manos—. Además, no es lo que Dios aprueba.
Asmodeo parpadea un poco con eso sin entender. ¿Acaso pretende hacerse el heterosexual este hombre ahora? Ugh, los homofóbicos de closet son los peores.
—¿Así que estamos todos condenados al infierno?
—Bueno, no si se arrepienten —vosotros, no yo que soy puro y casto.
—Pues muy fácil, haz lo que quieras ahora y arrepiéntete cuando seas viejo.
—¡No es así como funciona! —exclama mirándole un poco escandalizado.
—No veo porque no…—el diablo se encoge de hombros.
Aziraphale suspira con eso porque no tiene ganas de tener esta discusión, solo quería sabes algunas historias de Crowley, ¿tanto era pedir eso?
—Haga lo que considere —responde al fin el señoritingo de ciudad.
—¿Y qué consideras tú?
—¿De qué? —le mira.
—Pues ya sabes… —señala con la cabeza hacia donde Crowley se ha ido y Aziraphale suspira de nuevo.
—No entiendo qué necesidad tiene de insistir con eso si no piensas contarme nada igualmente —protesta y Asmodeo se queda en silencio unos segundos.
—Yo… no sé tanto de él, ¿vale? Nadie habla tanto de nadie en este negocio. Habíamos coincidido en algunos trabajos, sobre todo cuando se hacían golpes grandes como parar un tren de dinero y se requerían muchos efectivos… Sé que algunos se acostaban entre ellos y a veces secuestraban chicas para violarlas… también se dice que algunos se casaron y se largaron del grupo o siguen participando de manera intermitente.
—¿P-Por? —vacila el de blanco porque no esperaba que fuera a contarle de la vida amorosa de los bandidos.
—La mayoría de los que se van acaban por matarlos al poco tiempo por evitar que canten o los atrapa la justicia, así que muchos "trabajan" aunque sea para intentar comprar su libertad, pero muy pocos lo consiguen.
—Pues Crowley lo logró.
—Crowley que además se hizo caza-recompensas, es como ser un madero —explica y nota la cara de no entender de Aziraphale—. Un poli. Créeme que si hay alguien a quien le tengan poca estima…
—Pero eso significa que una vez se es forajido, uno no deja de serlo nunca.
—Un poco, sí. Las primeras víctimas de las bandas suelen ser los propios integrantes de las bandas. Aunque cuando te metes a ellas normalmente eres demasiado imbécil para darte cuenta —suspira.
—Crowley dice algo parecido a eso —asiente.
—Pues no me extraña. La gente acaba trabajando en cosas relacionadas con el negocio, aunque sean menos obvias, como el viejo y su casino en Blackwater.
—Entonces ¿usted querría dejar la banda?
—Pfff —intenta fingir una risa, nervioso, porque sí en parte y se pregunta cómo ha acabado confesando todo esto a este hombre. ¡Menudo peligro! —. No. Más bien deberías estar pensando más en tirarte a Crowley y menos en los criminales.
—¡¿En qué?! —chilla sonrojándose, tomado completamente por sorpresa y más aún cuando Crowley elige ese momento para regresar.
—Este parece ser un buen momento —asegura Asmodeo.
—¿Buen momento para qué? —pregunta Crowley haciendo que Aziraphale se sonroje aún más.
—No sé tío, ¿qué tal un trío? —se encoge de hombros Asmodeo.
—Claro, ¿por qué no? Yo en el medio —responde Crowley sarcásticamente a eso y Aziraphale frunce el ceño porque no le parece que, si eso fuera a pasar, Crowley fuera a ser el que tendría que ir en medio.
—¡Yo no quiero tener nada que ver en esto! —protesta el de blanco, levantándose, dolido y Crowley suspira por paciencia porque si se lo toma todo así de literal… pues… joder.
Asmodeo mira a Crowley y se señala a sí mismo y luego a él un par de veces, inclinando la cabeza. A lo que el pelirrojo le pone los ojos en blanco pensando que necesita alcohol para lidiar con todo esto y que mejor se va a dormir.
Asmodeo se encoge de hombros porque si son así de frígidos los dos, pues ni gracia tiene esto, ¿qué se le va a hacer?
A la mañana siguiente es que cruzan el río y no tarda Asmodeo en notar como robarle a Crowley la atención de Aziraphale es una tarea medianamente compleja, pero robarle a Aziraphale la atención de Crowley parece ser algo titánico.
De veras, cálmate, Aziraphale, lo de ayer de tirárselo iba en broma. A menos qué…
¡Que no!
Exacto. Eso, ¡en broma! No hay que ser tan celoso.
Consigue un minuto cuando después de comer Aziraphale cae dormido mientras asegura estar leyendo un pasaje muy interesante, enfrascadísimo.
—Pst! —le tira una piedrecita a Crowley para que le haga caso sin despertar al del blanco.
Este levanta la cabeza para mirarle, quitándose el sombrero de la cara.
—¿De qué va esto? —señala a Aziraphale que está ahí con los ojos cerrados, sus gafitas medio caídas y la boca un poco abierta. Crowley le mira de reojo y sonríe un poco.
—¿No has oído hablar de las siestas? —sonríe más, burlón. Asmodeo le fulmina.
—No me refiero a eso. Hablo de… —lo señala a él con el índice, luego a Aziraphale con el corazón y luego los junta.
Crowley traga saliva con eso y se sonroja un poco.
—No sé de qué me hablas —se pone el sombrero sobre la cara de nuevo a ver si pilla la indirecta de fin de la conversación.
—¿A ti qué te parece qué te hablo? —pregunta porque no, no pretende soltarle así de fácil.
El pelirrojo se encoge de hombros.
—Hablo de cuando piensas tirártelo —insiste Asmodeo y el pelirrojo casi se atraganta con su propia saliva, tosiendo.
Asmodeo se espera pacientemente a que acabe de hacer eso, mirándole con una ceja levantada.
—No sé porque piensas que eso es lo que debería pasar.
—Oh, por favor…
—Olvídalo —pone los ojos en blanco.
—Tampoco entiendo porque ambos parecéis tan interesados en ello y tan poco interesados a la vez —Asmodeo se encoge de hombros.
—¿Quién dice que estamos interesados? —Crowley le mira de reojo.
—Por lo visto tú has estado en otro viaje…
—¿Y a ti qué te importa?, de todos modos.
—Bueno… no mucho, en realidad, pero es algo que veo y me pregunto.
—Está claro que estás viendo cosas que no son —el pelirrojo se cruza de brazos, sin mirarle.
—Si tú lo dices… Ayer le hice esta misma pregunta a él —se detiene ahí y le mira de reojo.
Crowley se mantiene muy quieto con eso para no… dar a mostrar nada específico, pero queriendo saber cómo sigue esa historia.
—Pensé que te interesaría saberlo —continúa.
El pelirrojo carraspea porque claro que le interesa.
—Supongo que me equivoco —añade el rubio, haciéndose el interesante.
—Solo por curiosidad… —levanta un poco el sombrero, sonrojado y Asmodeo sonríe de lado con eso, porque… ya, claro, viendo mal ¡y una mierda!
—¿Aja?
—¿Q-Qué…? —vacila.
—Nada. No dijo nada porque justo llegaste tú de vuelta —admite finalmente y hace bufar al otro.
—Más vale que olvides eso —insiste Crowley, bufando nervioso—. No tienes ni idea de quién es ni de que…
—¿Qué?
—Oye —cambia de tema el pelirrojo—. ¿Tú conocías a Lucifer en persona?
—Pues depende de para qué —Asmodeo le mira.
—¿Tú te enteraste de la historia de que dejó embarazada a la hija de alguien? —se levanta el sombrero de nuevo.
—¿Eso era en serio o solo fue un rumor?
—Eso es lo que no sé, siempre pensé que alguien se lo había inventado —admite Crowley.
—¿Y eso qué? ¿Te la encontraste o qué?
—No, creo que no, pero… sabes eso de que durante un tiempo se dijo que era un tío, el hijo de alguien y luego acabó embarazada…
—No prestes atención a esas cosas, de verdad, siempre es alguien que no ha oído bien la historia de un borracho.
—Mmm… Quizás.
—De todos modos, nunca nadie supo quién era él. O ella. O lo que sea. Recuerdo que decían que era alguien de Braithwaite, ¿te acuerdas?
—Sí… y recuerdo que dijeron que había desaparecido y que querían pagarnos por encontrarle, pero nadie podía encontrarle porque nadie sabía a quién coño buscábamos. Eso fue siempre tan absurdo.
—Rara vez algo de todo esto tiene algún sentido —admite Asmodeo—. Recuerdo que la recompensa incluía el indulto…
—Sí —Crowley le mira y suspira un poco porque justo eso era lo que la hacía tan atractiva para todo el mundo.
—Tío… te voy a ser sincero —cambia de tema Asmodeo—. No puedo ir a Strawberry.
—Me chupan un huevo tus problemas.
—No, escucha… Yo… Salí huyendo después de dar un golpe ahí. Por eso estaba en Tall trees. Si me pillan, soy hombre muerto.
—¿Y te parece que eso no es algo que nos convenga porque…?
—No querrás quedar mal con tu noviecito y que alguien más haga el trabajo sucio, ¿no?
—Primero… Joder, no le llames así, bastante ridículo es todo ya. Y segundo, si no te hemos matado ya es porque yo… —vacila y luego carraspea—. E-él ha insistido. A mí me la pela quien te mate mientras no me jodas.
—Pues por eso, él ha insistido en que no me maten. Quiere que me vuelva al camino de la redención o algo así.
—Pero eso es porque quiere que testifiques en contra de la banda.
—¿Qué testifique?
—Quiere que des fe de que las familias poderosas de Lemoyne están teniendo contactos con bandas criminales para hacer negocios.
—Pero eso es un suicidio, ¡no va a encontrar a nadie dispuesto a ello! —protesta.
—A no ser que ya seas un hombre muerto. Quiero decir… si te ofrecieras como testigo contarías con la protección que te da el ser alguien valioso hasta ese momento al menos —se encoge de hombros.
Asmodeo se queda pensando en eso, porque además no parece haber mucho más camino para él. En Strawberry no iban a titubear en dispararle, pero Crowley tenía razón, si era alguien valioso para Aziraphale, a este le interesaría protegerle.
Entendía porque Crowley no quería hacerlo, aunque él ya era de los peores traidores al haberse vuelto caza-recompensas, si se filtraba su nombre en la banda como el que les había jodido frente a las autoridades no iba a ser solo la justicia quienes lo iban a estar persiguiendo.
Iba a tener que hablar con él y tal vez ofrecerse por ahora a esto, aunque luego acabara por huir y traicionarle sin más consideración.
Por ahora, le convenía que pensar que sí estaba dispuesto, aunque luego no lo hiciera.
Esa misma noche, habían encontrado un grupo de caravanas nómada, que iban en dirección a Strawberry con ellos a montar un mercado, así que decidieron unirse a ellos.
Al principio, Aziraphale había estado un poco paranoico con el tema de si acaso alguien iba a reconocerle, pero los otros dos consiguieron calmarlo diciendo que salían carteles de esos todos los días y que probablemente nadie se fijaba tanto ya en ellos a no ser que fueran caza-recompensas.
Efectivamente, notaron que nadie hacía mucho caso de ellos, pero aun así a Asmodeo le costó un buen rato conseguir hablar con Aziraphale a solas de nuevo.
—Uhm… Ángel… —hace avanzar a su caballo hasta ponerse a la altura del de blanco, aprovechando que Crowley se ha quedad ahí atrás hablando con alguien más de la caravana.
—Ya le he dicho que no me llame así —responde este, tirante, moviéndose con el caballo.
—Es que no recuerdo tu nombre, para ser honestos. ¿Prefieres Serpiente? —pregunta de manera pacífica, sin deje de burla.
—Tal vez sí —se sonroja un poco igual.
—Ehm… Bueno, quería hablar contigo —empieza.
—No me interesa nada que pueda haber hablado con Crowley —levanta la nariz.
—No he dicho que quiera hablar sobre Crowley… —aclara y Aziraphale hace un mohín porque entonces sí que no le interesa de verdad—. A no ser que tú sí quieras hablar de ello.
—Ya le he dicho que no. Me parecen absolutamente incómodas y fuera de lugar todas las insinuaciones que está usted haciendo todo el tiempo y le voy a rogar que pare.
—Está bien, nada de insinuaciones —levanta las manos suspirando porque de verdad que viene en son de paz.
—Ni tampoco alusiones, albures o bromas de mal gusto… o de buen gusto de ninguna índole relacionada con… ningún asunto de los que… en u-un ámbito que definitivamente tiene que ver con… la relación… ehm…
—¿Estás intentando decir sexo? —pregunta inclinando la cabeza.
—¡Claro que no! —se sonroja de golpe y le mira escandalizado.
—Entonces ¿puedo hacer bromas sexuales? —sonríe un poquito sin poder evitarlo.
—¡Absolutamente no! —chilla y Asmodeo suspira un poco—. Ni siquiera… lo piense.
—De todos modos, no es eso lo que quería hablar —asegura.
—Mejor, porque no tenemos nadie porque lidiar con dichos asuntos —sigue Aziraphale, porque por lo visto sí quiere hablar de eso.
—No lo haremos, entonces.
—Bien —sentencia con la cabeza, mirando hacia el camino—. M-Me alegro —añade—. Esa es… una buena noticia, sin duda.
—Sin duda —repite Asmodeo, mirándole.
—Desde luego, no hay nada más indiscreto que sus preguntas y en lo absoluto me interesa si acaso se las ha hecho a Crowley también —insiste sin girarse a él.
—¿No? —levanta una ceja.
—¡Rotundamente no! —le mira de reojo con cara de "¿Por qué, ha dicho algo?"
—¿Ni siquiera si te digo que sí se las hice?
—¡No se me ocurre que pudiera usted haber tenido una peor idea! —le riñe.
—¿Por? No tiene nada de malo —se encoge de hombros.
—¡Tiene todo de malo que hayan estado hablando de mi a mis espaldas, Señor Asmodeo!
—¿Quién dice que hablábamos de ti? —pregunta entrecerrando los ojos y Aziraphale se sonroja hasta las orejas volviendo a apartar la mirada hacia sus manos en las riendas. Pillado.
—Bueno, pues aún menos interés entonces.
—¿Sabes? Podría preguntárselo si me lo pides —propone fingiendo desinterés.
—¡Definitivamente no! —levanta las cejas en una protesta de nuevo.
—Está bien, está bien —vuelve a levantar las manos.
—Ni siquiera sé que podría ocurrírsele a usted preguntarle —protesta volviendo al tema.
—Oh, bueno… ya sabes. Nada muy elaborado.
—Ningún asunto relacionado con todo esto es nada elevado ni elaborado, desde luego.
—No, no, claro…
—Todo es sumamente burdo y soez. Y se lo advierto, no apruebo ninguna de esas cosas —vuelve a levantar la nariz.
—Desde luego que no.
—¿Por qué sabe, Señor Asmodeo? Primero que todo, yo soy un caballero —asegura.
—¿Y los caballeros no…?
—¡Por supuesto que los caballeros no!
—Pues que dolor de huevos ser un caballero… —valora y Aziraphale le fulmina.
—Ese no es el asunto —protesta.
—¿Y cuál es entonces?
—Pues… ¡Crowley! Ha sido usted el que ha venido a intentar contarme un chisme que ya le he dicho que no me interesa —responde cínicamente.
Asmodeo le mira unos segundos y se ríe un poco porque él ni quería hablar de Crowley.
—Bueno, cambiemos de tema entonces —hace un como cuarto intento.
—Sí, será lo mejor, porque apuesto a que Crowley se ha mantenido discreto y esquivo también en este asunto ya que es una pregunta absolutamente absurda —recupera el tema Aziraphale otra vez.
—Discreto —lo valora—. No diría yo que ha sido discreto. Esquivo sí, mira tú. Pero la discreción no parece ser su fuerte —explica pensando en la forma en la que se ha sonrojado culpablemente.
—¿¡Cómo no va a haber sido discreto!? —exclama un poco escandalizado y pensando en qué podría ser lo que le ha contado que sea indiscreto, si no ha pasado nada… ¿O sí?
—Pues… —se encoge de hombros—. Justo, así como lo estás imaginando. Todo eso me lo ha contado, con detalles —va de farol.
A Aziraphale se le abre la boca como a un pez pensando en… ¿Debió contarle la cita-que-no-había-sido-una-cita-pero-que-sí-lo-había-sido-pero-al-final-no-pero-no-seas-ridículo-Crowley-claro-que-lo-había-sido-pero-no? O a lo mejor le había contado de la habitación con una sola cama en el burdel. O sobre esa mañana en la que despertaron abrazados en su primera noche en la montaña.
Asmodeo se humedece los labios porque pensaba que no había nada que contar con lo muy frustrado que parecía Crowley, pero a lo mejor había saltado a conclusiones erróneas antes de tiempo.
—¿De qué repámpanos es de lo que le ha hablado? —pregunta Aziraphale ahora ya directamente, un poco en pánico.
—De todo. ¿Quieres detalles de algo en concreto?
Boquea un poco porque sí quiere detalles de TODO, pero… gira la cara otra vez y se mira las manos.
—Podría decirte lo que piensa —añade el diablo.
—No creo que sea una buena idea, él mismo debería decirme cualquier cosa que considere que debo saber —responde Aziraphale resignándose un poco.
—Bueno, no hay nada de malo en ver las cartas de la mano del otro cuando se tiene la oportunidad. Ayuda a tomar mejores decisiones.
—¡Eso es trampa! —le riñe.
—En el amor y en la guerra no hay reglas…
—¿Por qué mejor no me habla de otra cosa? —protesta, apretando los ojos.
—¿Cómo por ejemplo de Crowley? —se burla un poco porque ya van como cinco veces que hace esto.
—¡NO! —protesta—. ¿Es que no sabe hablar de otra cosa?
—En realidad, quería decirte que creo que… podría querer testificar.
—¿El qué? —le mira de reojo.
—Pues sobre… el asunto este de los Diablos.
—¡Ah! Bueno, eso está bien —sonríe—. Supongo que no estaría mal que alguien corrobore la versión de Crowley.
—¿Corroborar? ¿Él va a hacer… esto también?
—Oh, bueno. Él aun no accede a ello, pero estoy seguro de que llegado el momento tomara la decisión correcta para seguir el camino del bien.
—Seguro… —Asmodeo responde un poco sarcásticamente y busca a Crowley de reojo por ahí atrás.
—Igual que confío en que habrá tomado la decisión correcta al hablar con usted —añade, volviendo al tema.
Asmodeo se lleva la mano a la cara con desesperación porque parece que no le va a dejar ese tema hasta que le cuente. Para no querer saberlo, joder como chinga.
—No me dijo nada —admite—. Pero sí se sonrojó y quiso saber qué habías dicho tú.
Aziraphale le mira un poco azorado, levantando las cejas.
—¿Y los detalles? —pregunta y Asmodeo se encoge de hombros como respuesta a eso pues porque se lo ha inventado.
El de blanco suspira y luego frunce el ceño porque eso no le ayuda apenas, ¡No le confirma ni le desmiente nada!
¡Ugh, Crowley! ¿Qué tan difícil era contarle a tu amigo tus estúpidos sentimientos para que pudiera ahora contárselos a él cómoda y fácilmente en vez de que tuviera que estar él mismo fastidiosamente intentando adivinar? No era tan difícil de admitir si acaso querías algo de interacción sexual o tal vez te estabas enamorando de él un poquito como él sentía que le pasaba a sí mismo.
Es decir… no era nada importante ni remarcable, solo se sentía un poco bien a su alrededor y ya está. Y estaba claro que era cosa de Crowley explicar esas cosas, por Dios, ¡él ni siquiera conocía de algo a este tipo como para abrirle su corazón!
Ugh. Es que no podía ser más frustrante este hombre… sigue protestando para sí mismo cínicamente.
—Uhm… Entonces, ¿el testimonio? —pregunta Asmodeo mirando a Aziraphale de reojo porque de repente ha dejado de hablarle para valorar no sé qué.
—¿Eh? ¿Qué? —sale de sus pensamientos mirando al Diablo.
—Pues no sé, estabas como traspuesto.
—Ah, no. Estaba pensando —le quita importancia—. ¿Qué decías?
—Pues ya sabes, e-el testimonio. ¿Qué querrías exactamente que explicara?
—Ah. No estoy del todo seguro. Es algo que planeaba preguntarle al abogado del que habló.
—¿De veras planeas ir a Valentine? No es que me importe, pero se te va a comer con patatas ese tipo.
—¿Por qué lo dice?
—Bueno, pareces del tipo… que cualquiera puede querer aprovecharse.
—Ah, pero para eso llevo a Crowley conmigo —sonríe con eso.
—De todos modos, yo requiero un poco de… protección. Un seguro, digamos.
—¿Usted? Pues no haber ido por el camino del crimen —frunce el ceño.
—No, me refiero… para poder testificar. Tú dijiste que creías en las segundas oportunidades.
—Ah, sí, claro.
—¿Tengo entonces tu palabra de que tú y Crowley vais a protegerme hasta que llegue el momento del testigo o lo que sea?
—Pues… ¡por supuesto que no vamos a dejar que le ocurra nada! ¿Qué es lo que iba a ocurrirle?
—Bueno… hay algunos asuntos recientes en Strawberry que podrían hacer que mi seguridad peligrara.
—¿Cómo cuáles?
—Es mejor que no lo sepas —asegura y sigue caminando con el caballo adelantándose para ir a hablar con una chica joven que va más adelante en la caravana.
Aziraphale frunce el ceño y luego suspira porque todo esto es un desastre.
Aún falta una noche para que lleguen a la ciudad, es un poco más agradable pasarla en compañía de los mercaderes porque encienden una buena fogata y alguien lleva una guitarra, así que hay música también.
Algunos de ellos bailan y hablan riéndose por ahí, los niños corren y juegan alrededor del fuego mientras Aziraphale los mira, sentado a un lado, comiendo algo que le han vendido pero que sabe definitivamente muy bien.
Asmodeo y la chica han desaparecido, así que imagina que estará por ahí atrás, acostándose con ella en alguna carreta y piensa en si será cierto que le preguntó eso a Crowley y lo que quiso saber es qué había dicho este cuando el susodicho se acerca para sentarse con él.
—Hey —saluda el pelirrojo dejándose caer desordenadamente a su lado.
—¿Dónde estabas? —pregunta, sonriéndole—. Pensé que ibas a cambiar de profesión a este paso.
—Nah, para nada —le sonríe de vuelta y se busca dentro del poncho—. Pero tengo algo bueno.
—¿El qué?
Saca una botella de un líquido naranja y le sonríe enseñando los dientes e inclinando la cabeza.
—Eso es…
—Alcohol. Del bueno. Me lo han vendido esos chavales de ahí —señala con la cabeza, busca el vaso de metal de Aziraphale, dándoselo para que lo sujete y saca uno que ha traído él.
—No deberíamos. Vamos a llegar a la ciudad mañana —Aziraphale le riñe sonriendo un poco y mirándole.
—¿No vas a acompañarme, entonces? —sirve en su vaso y luego le mira por encima de las gafas.
El rubio se humedece los labios y luego acerca su vaso. Crowley sonríe un poco más sirviéndole a él también un poco.
—Entonces… ¿Por Strawberry? —pregunta Aziraphale levantando el vaso hacia él.
—Ngk—arruga un poco la nariz como protesta, la verdad, solo por fastidiar.
—¿Por qué entonces?
—¿Qué tal por los defensores de las causas perdidas? —propone y sonríe de ladito.
Aziraphale pone un poco los ojos en blanco, pero choca el vaso con él. Crowley sonríe un poco bebiendo y el otro le imita.
—Mmm! —exclama mirando el vaso, sorprendido. El pelirrojo levanta las cejas porque esperaba que tosiera un poco con la bebida fuerte, pero este no lo hace, solo se relame porque sí sabe bien—. ¿Y dices que lo hacen esos chavales?
—Impresionante, ¿no?
—Tal vez les compre un par de cajas —asegura mirando el contenido.
—No creo que podamos llevárnoslas —le mira.
—Tal vez me las puedan hacer llegar a Saint Denis por un extra —se encoge de hombros.
Crowley inclina la cabeza porque… tal vez sí y luego se gira a ver el fuego y a la gente por ahí bailando, tomando otro trago.
—¿Has…? —empieza el de blanco.
—Te he… —empieza el otro a la vez y ambos se detienen y se sonríen.
Discuten un poco sobre quién debe hablar primero y el rubio acaba por ceder.
—No, solo decía que… te he visto hablando con nuestro prisionero —explica Crowley.
—Ah —se sonroja de golpe con eso—. Uhm, sí… me ha dicho que quiere testificar.
—¿En serio? —Crowley levanta las cejas, incrédulo.
—Algunas personas tienen sentido de la moral y la responsabilidad, Crowley.
—Seguro que sí. Aunque ninguna de ellas es Asmodeo.
—No te creas —Aziraphale admite, suspirando—. A mí también me sorprendió, no acabo de fiarme mucho de él.
—Haces bien.
—Si solo tuviera un mejor testigo… alguien más fiable y realmente con una moral más recta —se lamenta un poco el muy manipulador, mirándole de reojo. Crowley le mira con la boca abierta—. Esto sería más fácil y podría prescindir de él —sigue el rubio.
—¿Y no has hablado con él de nada más? —cambia de tema el pelirrojo, desviando la mirada.
—¿Cómo qué? —parpadea un poco.
—Ya sabes —se encoge de hombros y no le mira, las llamas del fuego se reflejan en sus gafas oscuras.
—¿Por? ¿Has hablado de algo tú con él? —pregunta tragando saliva, suponiendo que se refiere a la preguntita incomoda que Asmodeo les ha estado haciendo a ambos.
—Nah —arruga un poco la nariz el de negro—. Ya sabes… nada importante, solo cosas por aquí y por allá —bebe un poco más.
—Ah… Sí. Yo también —mira su vaso y juega con él en las manos—. Cosas sin importancia.
—Uhm… ¿Y…? —vacila y le mira de reojo—. ¿Qué opinas sobre… ello?
—¿Opinar? —le mira y bebe también.
—Supongo que alguna opinión tendrás, digo yo —le mira, sonrojándose un poco.
—¿Por? ¿Tú tienes alguna? —inclina la cabeza.
—Ah… Y-Yo… —vacila otra vez y luego aparta la cara—. Ngk!
—Agradecería que usaras palabras para expresarte, Anthony —se burla un poco Aziraphale y Crowley le fulmina.
—¡Lo dice el que no para de desviar todas las preguntas para no contestar a nada! —le acusa el pelirrojo de vuelta.
—A lo mejor si me preguntaras de manera directa lo que quieres saber… —propone poniendo los ojos en blanco, sarcásticamente.
—Ya sabes lo que te estoy preguntando, ¡no veo porque complicarlo todo! —protesta Crowley.
—No es como que tú estés contestando tampoco —frunce el ceño.
—Pues… ¡porque tú tampoco estás preguntando! —se devuelve.
Aziraphale se queda con la boca abierta ahora porque… obviamente es tarea de Crowley preguntarlo. O sea… ¿No? T-Tenía que serlo. Él no iba… no… no estaba bien que él fuera el que… Aunque, para ser honestos, no había un solo motivo por el que esto fuera tarea de Crowley. Aziraphale había asumido que lo era de manera natural, como el orden lógico de las cosas, pero puesto así, en realidad…
—¿Quieres…? —empieza el de blanco entonces, sonrojándose un poquito y dándole tres infartos al otro y haciéndole escupir la bebida porque no se esperaba ahora que realmente fuera a preguntarle.
—¿Q-Qué? —vacila, aun tosiendo un poco.
—¿Quieres o no? —protesta, frunciendo el ceño y mirándole fijamente. Azul contra Amarillo.
—¿Qué si quiero… qué? —pregunta, porque en su mente sigue rebotando la palabra sodomía de un lado a otro como una pelota de goma.
—Pues… ¡ya lo sabes! —sigue, indignado de que no le esté respondiendo tampoco a pesar de lo mucho que le ha costado preguntarle.
—Ah… no es tan fácil cuando esto es al revés, ¿verdad? —se burla el pelirrojo.
—¡Que si quieres preguntarme! —protesta finalmente el de blanco aclarando lo que quiere saber, apretando los ojos.
—¡No me jodas! ¡No es eso lo que me estabas preguntando! —protesta de vuelta el pelirrojo.
—Por supuesto que es eso lo que te estaba preguntando —se defiende.
—Quiero que me preguntes tú —decide Crowley, frunciendo el ceño.
—¡Yo ya te he preguntado! —exclama, defendiéndose de nuevo, súper nervioso.
Crowley bufa, volviéndose hacia el fuego y Aziraphale suspira, mirando su vasito… ambos permanecen en silencio unos segundos, pensando.
—Por qué no… —empieza Crowley, de repente—. ¿Por qué no vienes conmigo a algún lugar un poco más privado? O a donde tú quieras…
—¿P-privado? —repite Aziraphale mirándole y se humedece los labios, pensándoselo.
—Ya sabes… Solo por ahí atrás o… —señala hacia algún lugar poco concreto.
—Mejor no —decide Aziraphale suspirando y Crowley hace un mohín, un poco decepcionado—. No me mires así. Tal vez algún día, cuando todo esto acabe podríamos… ser amigos. Comer en algún restaurante bonito en Saint Denis o tener ese… rancho del que hablabas.
—De algún modo tiene que empezar… Vamos con Bentley un poco más allá y hablamos de esto con menos gente alrededor —señala a donde están los caballos amarrados.
—Creo que vas muy rápido para mí, Crowley —mira al caballo, luego a él y finalmente suspira, levantándose y yéndose hacia otro lado a preparar sus cosas para dormir.
Crowley vacila con eso y se queda ahí mirándole. Luego se sirve otro vaso de alcohol porque solo ha pensado que esto sería más fácil con un poco más de privacidad, pero… tal vez era cierto que estaba apresurándose mucho y llegando a conclusiones erróneas.
