CAPÍTULO 04
El sitio que la Dra. Manx eligió para su cena de trabajo no estaba muy lejos de la base, así que pudieron hacer una caminata tranquila hasta el sitio. Era un tanto diferente a lo que Anubis se había imaginado. Se trataba de una cafetería, un local más en una plaza comercial, de colores cálidos, con tres mesas en la parte de exterior, y unas más en el interior. El nombre del lugar se veía en letras grandes sobre la puerta principal:
Aiyon's Cafe
Acompañado del rostro sonriente de un chico con dos antenas que sobresalían de su frente hacia atrás, que Anubis reconoció de inmediato como un rafkoniano. De hecho, el nombre "Aiyon" igualmente le resultó familiar.
La Dra. Manx eligió una de las mesas de la parte de afuera, y sin oponer mucha objeción Anubis se sentó en el asiento del lado contrario al suyo. El espacio era un poco reducido para el tamaño de su cuerpo, pero no creía tener problema para comer con comodidad.
Sólo pasaron unos cuantos segundos, antes de que una mesera joven de delantal anaranjado se les aproximara. De su frente se asomaba también un par de antenas rafkonianas que se alargaban hacia atrás.
—Bienvenidos al Aiyon's Cafe, Sucursal Newtech —les saludó la jovencita con una amplia sonrisa amistosa—. ¿Qué les puedo servir esta noche?
—Danos la carta de las comidas, por favor —pidió la Dra. Manx—. El Comandante Anubis Cruger de la S.P.D. necesita cenar.
La mención directa del puesto del Siriano pareció ciertamente sorprender un poco a la mesera, que por mero reflejo se giró a mirar a Anubis más directamente, y de seguro apreciar con más detalle su uniforme.
—Comandante, es un gusto tenerlo aquí —comentó con renovado entusiasmo. Les pasó entonces un menú físico a cada uno, con un diseño un tanto clásico—. Tenemos una gran variedad de platillos y bebidas rafkonianas para su elección. O, si lo prefieren, también tenemos platillos terrícolas más convencionales. Como crepas, sándwiches o ensaladas.
Anubis y su acompañante echaron un vistazo rápido al menú. Por lo menos él no recordaba haber probado comida rafkoniana antes, pero esa noche no se sentía lo suficientemente abierto a aventurarse a cosas nuevas.
—Creo que estaré bien con una simple ensalada de pollo —informó el Comandante con voz solemne.
—A mí tráeme un emparedado Zaytonico, por favor —pidió la Dra. Manx con mayor seguridad—. Y un cappuccino moka. Ah, ¿y te puedo encargar de postre una rebanada de pastel Flargon para compartir?
«¿Pastel?» pensó Anubis, un tanto destanteado por esa última petición.
—Entendido —respondió la mesera sin vacilación, y recogió de nuevo los menús—. Enseguida les traigo su orden.
Anubis y Kat permanecieron en silencio mientras la mesera se retiraba. Una vez que la perdieron de vista dentro del local de la cafetería, Anubis se atrevió a hablar, aunque lo hizo en voz baja.
—No creo que un pastel sea apropiado para cenar.
La Dra. Manx soltó una discreta risilla divertida.
—Es sólo para que lo pruebe, comandante. Es un postre rafkoniano interesante, que tiene la peculiaridad de encantarle a algunos, y a otros parecerle asqueroso. Tengo curiosidad de saber cuál grupo será usted.
—Me alegrará serle de entretenimiento entonces, Dra. Manx —suspiró Anubis, definitivamente no muy convencido con la explicación. Kat se limitó a volver reír.
En lo que esperaban su comida, sería mejor que comenzaran con su charla de trabajo, que era después de todo el motivo principal por el que estaban ahí. Con eso en mente, la Dra. Manx extrajo de su maletín su tableta electrónica. Desbloqueó el dispositivo, y abrió rápidamente el archivo que contenía la información completa de los candidatos.
—Bien, con respecto a la búsqueda de aspirantes para el Escuadrón B… le tengo buenas y malas noticias sobre ese tema. La buena es que encontré a tres candidatos ideales.
—¿Tres? —inquirió Cruger, desconcertado.
—Sí, esa es la mala —suspiró Kat con pesar—. Nos siguen faltando dos más. Pero estos tres jóvenes van con mi total recomendación. Y con la del anterior Comandante Collins, de paso.
Kat le pasó la tableta electrónica para el comandante pudiera echarle un vistazo al archivo él mismo. Cruger aceptó el dispositivo, y comenzó a leer por encima el perfil de los tres.
—Schuyler Tate, Sydney Drew y Bridge Carson —comentó la Dra. Manx, haciendo eco de los nombres en el archivo—. Los tres son cadetes sobresalientes de la Academia, con excelentes calificaciones. Bueno, algunos más sobresalientes en algunas áreas que en otras.
—Interesante —murmuró Cruger en voz baja, aunque sonó más como un comentario para sí mismo.
Guardó silencio el siguiente par de minutos, mientras seguía repasando la información en la tableta. Era bastante, así que era poco probable que pudiera digerirla toda en ese momento. Pero deseaba al menos identificar los puntos más importantes que necesitara tocar con la Dra. Manx en ese momento.
—Los padres de los tres fueron parte de la Guardia de Plata —indicó tras un rato, en cuanto se percató de ese punto en común entre los tres perfiles—. Fue la organización terrícola que precedió a la S.P.D. en este planeta, ¿no es cierto?
—Así es —respondió Kat, asintiendo—. Conocí a sus padres personalmente. Hace años fueron parte de mi equipo científico, que me apoyó en mis múltiples investigaciones con la Red de Morfosis.
—Y sus hallazgos fueron lo que posteriormente ayudaron a la creación de la Grid Battleforce —complementó Cruger, tomando un poco por sorpresa a su acompañante.
—Veo que sabe al respecto. También me ayudaron a mí, y al Comandante Collins, a crear las bases de lo que ahora es la S.P.D. terrestre, y la tecnología que es usada por incluso otros equipos Ranger en otras partes del universo.
Anubis asintió. En efecto había leído algunos artículos e informes con respecto a cómo se había llevado a cabo el establecimiento de la S.P.D. en la Tierra, y nombres como Guardia de Plata, Wes Collins, y la Grid Battleforce solían repetirse seguido en cada uno de esos textos. Y claro, también el de la Dra. Katherine Manx, científica de renombre de la casi extinta raza Felisiana, que había trabajado desde hace más de veinte años con las fuerzas del orden de la Tierra en mucha de la tecnología Ranger existente hasta la fecha. Y en muchos de esos proyectos, en especial en sus primeros años, había sido acompañada y apoyada por un grupo de técnicos humanos cuyos nombres, lamentablemente, no habían trascendido tanto como el de su líder.
Bueno, salvo quizás uno.
Al repasar el archivo del cadete Schuyler Tate, alias Sky, el nombre de su padre saltó a la vista para Cruger.
—Derek Tate —leyó en voz baja, reflexivo—. Conozco ese nombre. Fue un condecorado Red Ranger de la Guardia de Plata, caído en combate hace once años durante la invasión del Emperador Mavro.
Aquella mención causó una reacción en la Dra. Manx. Su expresión se volvió más apagada, y agachó un poco la mirada hacia la mesa.
—Sí, así es —suspiró Kat por lo bajo—. Derek fue un amigo cercano. Era un buen hombre, y un gran Ranger.
—Eso he escuchado —indicó Cruger con solemnidad—. Lamento mucho lo ocurrido. Siempre es una desgracia la pérdida de un compañero.
—Sí, lo es —susurró Kat despacio.
—Supongo que el hijo desea seguir los pasos de su padre.
Una pequeña risilla surgió de los labios de la Dra. Manx, aunque claro mucho más sosegada que las anteriores.
—Créame, es lo que él desea más que otra cosa.
—Respeto eso —declaró Cruger con convicción.
El comandante siguió revisando el archivo los siguientes minutos, y Kat se limitó a sólo darle tiempo, y si acaso responderle un par de preguntas sueltas que llegó a tener. Su lectura, sin embargo, tuvo que ser interrumpida cuando la mesera se aproximó cargando en una bandeja sus comidas y bebidas, excepto el pastel.
—Aquí tienen sus platillos —informó la jovencita con alegría, colocando delante de cada uno su respectivo plato, y el café moka de Kat—. En un momento más les traigo su postre.
Anubis le agradeció con un asentimiento de su cabeza y la joven se alejó con su bandeja de nuevo al interior de la cafetería. Sin mucha espera, el comandante dejó la tableta a un lado, y tomó su tenedor para comenzar a picar su ensalada de pollo.
—Reconozco que las credenciales de los padres de los cadetes Tate, Drew y Carson son admirables —comentó—. Lamentablemente, no son sus padres los que formarán nuestro Escuadrón B.
Aquello tomó un poco por sorpresa a Kat, que acababa de dar la primera mordida de su emparedado.
—Sí, es verdad, pero… —intentó defenderse, pero tuvo que parar su argumento para terminar de masticar y tragar su bocado.
Cruger aprovechó esa pequeña pausa para hacer una pregunta que consideró más que pertinente.
—¿Puedo confiar en su objetividad con respecto a la selección de estos tres candidatos, Dra. Manx?
Kat volteó a verlo fijamente, con sus ojos verdes muy, muy abiertos y azorados.
—¿Mi objetividad? —masculló tras lograr tragar por completo el bocado de emparedado—. ¿Piensa que les estoy dando preferencia porque conocí a sus padres? No me conoce lo suficiente si en verdad piensa eso.
Su actitud al decir aquello era claramente defensiva, y eso inevitablemente destanteó un poco al propio Cruger.
—No fue mi intención ofenderla —se disculpó el comandante con voz calmada.
El rostro de Kat se suavizó un poco, dejando quizás ir un poco su repentina molestia.
—No, descuide. Disculpe usted mi exabrupto.
Kat suspiró y se tomó un momento, quizás buscando tranquilizarse. Se talló sus ojos con los dedos, y cuando se sintió más lista volvió a alzar su mirada con mayor decisión, encarando directamente al comandante.
—Escuche, no le mentiré. Sí, es cierto que por mi relación con sus padres les he tenido el ojo puesto desde que entraron a la Academia, y he estado al pendiente de su progreso. Pero, como usted mismo podrá ver en sus expedientes, los tres han sabido sobresalir a su manera única.
—Por decirlo de alguna forma —musitó Cruger, carente casi por completo de emoción al decirlo—. Tras lo que pude leer, de manera general se ve que no son malos cadetes, y cada uno tiene sus áreas fuertes. Sin embargo, me apena decir que los resultados de sus pruebas de rendimiento son, en el mejor de los casos, apenas aceptables. Muy lejos de la casi excelencia que caracteriza al Escuadrón A.
—Lo sé, pero… —comenzó a pronunciar Kat, un tanto exasperada, pero se contuvo y guardó silencio un instante más.
Cruger la observó, confundido. Era difícil descifrar qué era lo que la Dra. Manx sentía o pensaba en esos momentos. Parecía frustrada, aunque él no lograba identificar por qué en realidad.
Mientras le daba forma a las ideas en su cabeza, Kat se tomó un momento para tomar otro bocado de su emparedado, y otra probada más de su café. Cruger aguardó paciente, dando igualmente algunas probadas de su ensalada de pollo.
—Admito que a simple vista estos tres candidatos no parecen gran cosa —musitó Kat tras un rato, jalando de nuevo la atención de Cruger hacia ella—. Pero debe saber que llevo mucho tiempo aquí en la Tierra, y he podido ver de primera mano a muchos diferentes equipos Ranger. Y le aseguro que estos tres tienen algo más allá de las habilidades físicas, la disciplina o los conocimientos. Algo que todo Power Ranger debería tener: corazón.
Cruger la miró, bastante intrigado por aquella insólita declaración.
—El corazón de un verdadero héroe —recalcó Kat con voz reflexiva—. Algo que lamentablemente algunos Rangers simplemente pasan por alto. Incluidos, me temo, los miembros de nuestro Escuadrón A.
—¿Qué quiere decir con eso? —inquirió Cruger, confundido.
Kat negó lentamente con la cabeza.
—No quisiera hablar de eso, en especial sabiendo los cambios que vendrán pronto.
—Si tiene alguna queja sobre algún miembro del Escuadrón A, le pido siéntase libre de compartirla. Su opinión es muy importante para mí, en especial si considera que hay algo en lo que la oficial Grayson y su equipo deben mejorar.
Kat no respondió de inmediato. Desvió su mirada hacia un lado, apreciando de manera distraída las luces mercuriales que alumbraban la calle, los vehículos que pasaban de vez en cuando, las personas paseando por la acera, y las luces de los edificios pintando entre todas el óleo de la ciudad. Se respiraba un aire tan tranquilo, y a la vez animado. Muy alejado de la inminente guerra que se cernía sobre sus cabezas, cada vez más cerca.
Miró de nuevo hacia el frente. Cruger la observaba, paciente pero también expectante. Kat dejó escapar un largo suspiro, quizás de resignación, y entonces habló de nuevo.
—Sólo puedo decir que la formación de la Súper Patrulla Delta como una fuerza organizada y unida de Power Rangers, trajo consigo muchas cosas beneficiosas para la paz del universo. Pero, al mismo tiempo, siento que se perdió algo importante en el proceso.
—Explíquese, por favor —instó Cruger a que continuara, y Kat así lo hizo.
—Cuando se formó el Escuadrón A, un poco antes de que usted tomara el mando, se priorizó en la selección de sus miembros justamente los mejores puntajes en las pruebas de rendimiento. Velocidad de reacción, fuerza física, agilidad mental, tolerancia a situaciones de estrés, trabajo en equipo, y ese tipo de cosas. En base a estos parámetros, elegimos a los mejores de los mejores. Y no se puede negar que el resultado fue satisfactorio. Ya escuchó al Comandante Supremo: tenemos uno de los mejores equipos Ranger del Universo. Quizás, incluso, el mejor: el más efectivo, el más rápido, el más fuerte… Pero por hacer eso mismo, quizás, sólo quizás, olvidamos enfocarnos en otros aspectos igual de importantes.
—¿Su corazón? —señaló Cruger, un tanto dubitativo, pero Kat le confirmó que tenía razón con un simple asentimiento afirmativo.
—Por años, los equipos de Power Rangers surgidos de la Tierra no fueron integrados por los guerreros más entrenados o preparados, sino por jóvenes comunes, pero valientes y nobles, dispuestos a arriesgar sus vidas para defender su planeta, y a aquellos a los que amaban. Y sólo eso les permitió enfrentarse a las mayores amenazas del universo. Desde Rita Repulsa y Lord Zedd, el Imperio de las Máquinas, y la Armada del Emperador Mavro. Fue incluso aquí mismo en donde el poderoso Dark Specter y su Alianza del Mal fueron derrotados. Por décadas los peores y más viles enemigos han intentado destruir este planeta, esclavizarlo o dominarlo. Y dónde otros mundos han caído, la Tierra ha prevalecido. ¿No le dice eso algo sobre el carácter de sus habitantes? ¿Sobre qué es lo verdaderamente importante?
Cruger guardó silencio, observando pensativo hacia su propia ensalada, pero con su mente repasando cada una de las palabras que la Dra. Manx acababa de compartirle. Era una serie de ideas que algunos considerarían interesantes, otros quizás ridículas. Pero en lo que Cruger ciertamente estaba seguro, era en que tenían bastante sentido; tanto que resultaba difícil que alguien más no lo hubiera notado, puesto de la forma en la que ella lo ponía.
Aunque la lógica te decía que priorizar el "corazón" sobre la habilidad de un soldado carecía de sentido, también era cierto que lo segundo podía adquirirse con esfuerzo y entrenamiento; lo primero, quizás resultaba algo mucho más difícil de conseguir.
—Usted cree que el Escuadrón A no tiene esto de lo que habla, ¿no es cierto? —concluyó Cruger con seriedad.
Kat vaciló un poco antes de atreverse a responder.
—En el campo de batalla son la mejor fuerza que tenemos. Pero fuera de él… Digamos que he visto cosas que no me gustan. Y no quisiera cometer el mismo error con el Escuadrón B.
Parecía querer decir algo más, pero se contuvo a último momento. Agitó la cabeza, espabilando sus ideas, y dibujó una sonrisa más despreocupada en sus labios.
—Disculpe, estoy divagando un poco.
—No, descuide —le respondió Cruger, alzando una mano apaciguadora—. Me complace que comparta este sentir conmigo. Y creo entender completamente a lo que se refiere.
—¿De verdad? —exclamó Kat, un tanto escéptica.
—Dígame sólo una cosa, doctora —masculló Cruger, tomando de nuevo la tableta electrónica con sus dos manos—. De todos los cadetes en activo con los que contamos en estos momentos, ¿está convencida de que estos tres son los que mejor cuentan con esas cualidades que menciona?
—Sí, señor —respondió Kat rápidamente sin dudar—. Aunque claro, igualmente habría que ponerlos a prueba; en todo aspecto, incluidas también las habilidades físicas y mentales, por su puesto. No es algo que de todas formas podamos pasar por alto.
—Me gustaría ver de primera mano su desempeño, entonces —concluyó el comandante con solemnidad, pasándole en ese momento la tableta. Kat la recibió con gusto de regreso.
—Prepararé una serie de pruebas si usted gusta.
—Se lo agradecería. Aunque no hay que olvidar que nos siguen faltando dos candidatos más.
—Sí, lo sé —suspiró Kat—. Pero aún tenemos tiempo.
—No mucho, me temo.
—No se preocupe por eso, comandante. Seguiré buscando.
Cruger sonrió, quizás un poco contagiado por el optimismo de la Dra. Manx, y claro por su confianza. Si ella decía que no debía preocuparse, él se sentía totalmente convencido de que era cierto.
Kat le sonrió de regreso en ese momento, y el comandante no pudo evitar notar la hermosa y cálida que era su sonrisa. Ese pensamiento fugaz lo hizo estremecer un poco, pero lo disimuló, o al menos eso creyó él. Rehuyó un poco su mirada, y se centró de nuevo en su ensalada, que esperaba ser terminada. Kat hizo lo mismo poco después con su respectiva comida.
Se hizo un pequeño silencio entre ambos, pero no uno del todo incómodo. Cada quien se halló enfocado en sus propios pensamientos, adicionales a su cena. Y al mismo tiempo se hacían compañía el uno al otro.
«Podría acostumbrarme a esto» pensó cada uno por su lado, pero ninguno se atrevió a expresar dicha idea en voz alta.
Tras un rato, los platos se encontraban ya casi vacíos. Anubis se dio cuenta a la mitad que de hecho sí que tenía hambre, y esa ensalada de pollo no alcanzaría para apaciguarla por completo. Quizás el postre ayudaría.
Y justo cuando ya estaban terminando, la misma mesera de hace rato se acercó de nuevo a su mesa trayendo otra vez consigo una bandeja y sobre ésta sólo un plato.
—¿Disfrutaron su comida? —preguntó la joven rafkoniana con tono amistoso.
—Sí, estuvo muy bien. Gracias —le respondió Kat.
—Me alegra escuchar eso. Aquí les dejo su postre.
La mesera tomó el único plato que traía en su bandeja, que tenía en él una rebanada grande de un pastel bastante colorido de consistencia casi gelatinosa a simple vista, y lo colocó justo en el centro de la mesa.
—Gracias —pronunció Cruger con cautela, y luego recorrió su mirada por la mesa—. ¿Y los cubiertos?
Kat dejó escapar en ese momento una no muy disimulada risa burlona.
—Se me olvidó mencionar que este postre se come sin las manos —explicó—. Es su tradición.
Aquel pedazo de información tomó bastante por sorpresa al Comandante Cruger.
—¿Es decir…? ¿Directamente con la boca? —inquirió titubeante, pero de inmediato se forzó a recuperar la compostura. Se viró de nuevo hacia la mesera, y habló con su voz de negociación lo más firme que pudo—. No quiero ser descortés con una cultura ajena pero, ¿sería posible pedirte un cubierto? Ya es suficientemente complicado lograr que no me relacionen tan seguido con un perro terrícola, como para ahora parecer que como uno.
—Descuide, comandante —respondió la mesera, asistiendo—. Enseguida les traigo una cuchara a cada uno.
Por la forma en la que había reaccionado, Anubis concluyó que no era la primera vez que le pedían lo mismo, y eso lo hizo tranquilizarse un poco.
—Te lo agradezco.
La mesera se retiró entonces de nuevo hacia el interior.
—Lamento decepcionarla, si su plan era verme comer un pastel sin las manos —le comentó el Comandante a su acompañante una vez volvieron a estar solos.
—No esperé ni por un momento que lo hiciera, señor —confesó Kat, con una sonrisita divertida en los labios que Cruger no supo bien cómo interpretar.
La mesera volvió poco después con una cuchara para cada quien. Y ya con sus cubiertos en mano, ahora sí cada uno tomó un primer bocado del pastel Flargon. Cruger lo tuvo en su boca más segundos de los necesarios, antes de tragarlo.
—¿Qué tal? —preguntó Kat con curiosidad.
—Es muy dulce para mí —explicó el Comandante con voz serena—. Pero no demasiado.
Y, sorprendentemente, tomó otro bocado más al instante.
—Mejor de lo que esperaba, entonces —concluyó la Dra. Manx, satisfecha. Ella igualmente siguió tomando pequeños bocados con su respectiva cuchara—. Los rafkonianos fueron de las primeras razas en establecerse en la Tierra con estatus de refugiados. Y han sabido adaptarse bien a su situación.
—Si, algo leí al respecto —comentó Cruger—. La Red Ranger Amelia Jones es rafkoniana, ¿cierto?
Kat le respondió asintiendo.
—Después de ellos han llegado muchos más. Algunos gracias a los nuevos tratados comerciales y culturales, pero lamentablemente la mayoría lo han hecho huyendo de los conflictos más allá de la galaxia.
—Incluyendo el avance del Imperio Troobiano —masculló Cruger con marcado pesar—. En ese sentido, se podría decir que yo también soy un refugiado… Pero no es su caso, ¿no es así, Dra. Manx? Usted vino a la Tierra mucho antes de que esto ocurriera.
—Mucho, mucho antes —musitó Kat, pensativa—. Pero considerando mi larga vida, ha sido sólo una fracción de eso; aunque no una fracción pequeña. Debe preguntarse por qué, de todos los sitios en el universo, elegí venir aquí, ¿cierto?
—Sí, pero creo que usted misma ya me resolvió esa duda con lo que dijo hace rato.
Kat alzó su mirada, un poco destanteada por lo que acababa de decirle.
Anubis desvió su atención hacia un lado, y Kat siguió la dirección de su mirada. Un grupo de tres niños corría por la acera cerca de ellos, los tres usando unos disfraces coloridos, un tanto sencillos: un niño de rojo, una niña de rosa, y otra más de azul. Traían además cada uno una pistola y una espada de juguete, y reían mientras corrían uno detrás del otro, agitando sus armas en el aire, y haciendo además sonidos de estás con sus bocas.
Tres niños jugando tranquilamente, a ni más ni menos que a los Power Rangers, a la luz de una noche tranquila y despejada.
—Y está en lo cierto —susurró Cruger despacio, mientras contemplaba aquella escena. Kat se giró instintivamente a mirarlo de nuevo—. En la historia reciente de la lucha de los Power Rangers contra las fuerzas del mal, la Tierra ha estado siempre en el centro. Es un sitio especial, al igual que su gente. Un símbolo de esperanza; uno que vale la pena proteger. No me sorprende que se haya convertido en un refugio para varios individuos de diferentes rincones del cosmos. En especial para aquellos sin un hogar al cual regresar.
Kat escuchó con mucha atención a su comandante mientras él pronunciaba aquellas bellas palabras. La sonrisa en su rostro se ensanchó aún más, y volvió a centrar su atención en el grupo de niños jugando, al que pronto se les sumaron dos más, el amarillo y el verde; y los cinco salieron corriendo en estampida hacia el parque cruzando la calle.
—En efecto, es un sitio especial —susurró Kat en voz baja.
Anubis se giró a mirarla, contemplando el perfil de su rostro, y el preciso patrón de las manchas felinas que adornaban su costado. Pero en especial, contempló su sonrisa; de nuevo esa radiante sonrisa que alumbraba su rostro mientras observaba a los niños a lo lejos.
Poco después, ambos continuaron comiendo su pastel, de nuevo sumidos en ese agradable silencio compartido.
Notas del Autor:
—Cuando vi el final de Dino Fury, con los rafkonianos quedándose en la Tierra de forma pública, y Aiyon incluso abriendo un café, de inmediato vino a mi mente el mundo que S.P.D. nos presentaba, y sentí que era su forma de preparar el terreno para ese futuro que no estaba del todo lejos para ese punto. Así que aquí quise retomar un poco aquello, con una pequeña aparición del Aiyon's Cafe (sucursal Newtech) y una mención a la llegada de esta raza a la Tierra.
—A pesar de que en la serie nos dicen que Kat trabajó de cerca con los padres de los Rangers, nunca profundizan más en la relación de ésta con ellos, por lo que aquí intenté plasmar un poco esa posible amistad que pudo haber habido entre ellos, y por qué justo tres de sus hijos fueron elegidos para el Escuadrón B. Igualmente intenté plasmar un poco las motivaciones para que Kat y Cruger terminaran eligiendo a nuestros cinco protagonistas, siendo tan distintos al Escuadrón A.
—Durante la serie no se revelan los nombres de los padres de los Rangers, ni siquiera el de Sky, así que igual que con el Escuadrón A, me tomaré la libertad de darles un nombre y personalidad (si se ocupa). Siendo en este caso Derek Tate el primero de ellos.
—Por último, en la serie se específica que Kat trabajó con los padres de los Rangers en el 2001 (en la época de Time Force, más o menos), lo cual es muy atrás para haber estado trabajando ya en la S.P.D. (al menos en esta línea temporal que me estoy inventando). Así que se tomará como que Kat trabajó con la Guardia de Plata durante esa época, y ahí conoció al Oficial Tate y los otros. ¿Tiene sentido?, tal vez sí, tal vez no. Pero a mí me sirve.
