CAPÍTULO 12
Kat y Boom llevaron las piezas de los Krybots al laboratorio, y se las repartieron para revisarlas, y catalogarlas, e indicar cualquier detalle que pudiera darles alguna pista de cómo fue que más de veinte de estos robots Troobianos habían burlado sus defensas. Y, quizás, alguna forma de descubrir cuántos más podrían ya estar en la Tierra.
Cada uno se puso en su respectiva mesa de trabajo, desmantelando y revisando cada parte; desde la más grande, hasta el tornillo más pequeño. La S.P.D. ya había combatido con Krybots en el pasado, como en la invasión a Sirius, y más recientemente en la caída Merlandia. En la base de datos del Comando Central contaban con informes detallados de los Krybots de esas y otras más invasiones, que les servían para comparar y confirmar que en efecto se trataba del mismo tipo de robots. Y, al menos de momento, parecían serlo… pero también había algunos pequeños detalles que no concordaban del todo.
Aunque intentaba enfocarse lo más posible en su labor actual, la verdad era que Kat se sentía un poco dispersa. Siempre había tenido facilidad para enfocarse, incluso en situación de alto peligro y estrés. Y ojalá lo que la distraía fuera alguna de esas dos cosas, pero en realidad se trataba de algo distinto: sus dos prisioneros recién llegados.
Intentó mantenerse objetiva con el asunto, pero la verdad es que sí que se sentía responsable por esos dos, justo como el Comandate había insinuado en más de una ocasión. En especial, por Jack, considerando lo que había ocurrido con sus padres… Si hubiera estado para él cuando necesitaba a alguien, quizás no habría terminado en ese estilo de vida. Quizás hubiera podido tomar otro rumbo, quizás incluso hubiera podido ir ahí a la Academia, ser un cadete como Sky y los otros. Pero ya no valía la pena romperse la cabeza con eso; lo pasado ya estaba hecho. Ahora sólo podía, como bien el Comandante había dicho, permitirles tomar esa importante decisión por su cuenta.
—Oye, Kat —escuchó como Boom pronunciaba a sus espaldas de pronto, sacándola apenas un ápice de sus pensamientos—. Algo no está bien.
—Nada de esto está bien, Boom —le respondió Kat con voz ausente.
—Sí, pero me refiero a esto. Mira.
Kat respiró profundo por su nariz, apartó su mirada de la pieza que examinaba en esos momentos, y se giró hacia su asistente. Boom tenía una pequeña pieza entre sus dedos, y la sostenía a lado de su monitor. Kat hizo rodar su silla hacia él para ponerse a su lado y poder ver lo que intentaba mostrarle.
—He estado comparando las piezas de los Krybots recuperados contra la base de datos que tiene la S.P.D. de los Krybots Troobianos, justo como me lo pediste. Pero… bueno, hay piezas que no concuerdan. Como ésta —recalcó extendiéndole la pieza que sostenía: una pieza metálica de acabado color cobre en forma de "L". Es una cuña que va en la articulación del antebrazo. Pero mira la de la base de datos.
Colocó de nuevo la pieza a lado del monitor, para compararla con una imagen en grande extraída de la base de datos. Kat se inclinó hacia adelante, inspeccionando rápidamente ambas piezas con su mirada. Tardó un poco, pero logró notar lo que Boom intentaba decirle.
—Son parecidas, cumplen el mismo propósito —indicó Boom, apremiante—. Pero…
—Pero su diseño es diferente —concluyó Kat, concluyendo justo lo mismo que su asistente intentaba decirle. Las diferencias eran pequeñas, pero estaban presentes. No había forma de que fueran del mismo fabricante, o siquiera del mismo material—. ¿Cómo lo notaste? —preguntó Kat, curiosa.
—Lo identifiqué porque reemplacé una igual la última vez que le di mantenimiento a R.I.C.
—¿Usaste una igual a ésta? —cuestionó Kat, incrédula.
—Sí, mira…
Boom se puso de pie y se encaminó hacia uno de los estantes del taller, del cual tomó una caja repleta de piezas sueltas. Rebuscó en ella un rato, hasta sacar lo que buscaba: otra cuña, a simple vista de la misma forma y color que la otra. Boom le acercó ambas piezas, y Kat las observó una a lado de la otra. Se dio cuenta de que no eran sólo parecidas…
—Son la misma pieza —señaló en alto, sorprendida—. ¿Cuándo fue que adquiriste ésta? —preguntó apremiante, extendiendo la que Boom había sacado de la caja. Éste pensó un poco, moviendo sus dedos nerviosos entre sí mientras intentaba recordar.
—¿Hace como… dos semanas?
Kat miró de nuevo las dos piezas en sus manos. Su entrecejo se arrugó, mientras intentaba darle un sentido a lo que veía. Se suponía que esos Krybots debían venir desde algún sitio muy lejano de fuera de la Galaxia; quizás incluso podrían haber sido parte de la fuerza invasora de Merlandia. ¿Cómo era posible que uno de ellos tuviera en él el mismo tipo de pieza que Boom había adquirido ahí en la Tierra hace dos semanas?
¿Al menos qué…?
Una idea comenzaba a cocinarse en la mente de Kat, pero necesitaba más elementos para terminar de formarse.
—Ahora que lo dices, también noté algo sospechoso que me llamó la atención —indicó Kat, un tanto alterada. Se paró en ese momento de su silla y volvió a su mesa de trabajo. Dejó de momento las dos cuñas a un lado, y tomó la pieza que inspeccionaba antes de que Boom le hablara. Era una caja rectangular pequeña de un material inoxidable, del que salían unos cables de la parte superior—. Mira esto —le indicó a su asistente, extendiéndole el dispositivo.
Boom se aproximó, y sólo tuvo que observarlo unos segundo para identificarlo.
—¿Un regulador de potencia múltiple?
—Eso parece —indicó Kat, asintiendo—. Pero mira esto.
Señaló entonces hacia la parte lateral del dispositivo. Boom se inclinó a ver. Sobre la superficie lisa y metálica, había una larga franja oscura; una quemadura echa sobre la superficie con algún tipo de soplete o rayo de alta temperatura para fundir el metal. No era la primera vez que alguno de los dos veía algo así.
—Le borraron el modelo y número de serie —indicó Boom, sorprendido.
—Así es —confirmó Kat, asintiendo—. Además, siento que de hecho vi uno justo como éste hace poco en otro sitio, pero no logro recordar dónde.
—¡Oh! —exclamó Boom, de golpe, emocionado—. ¡Yo sé! ¡Yo sé!
Boom prácticamente corrió de nuevo a su computadora, y comenzó a teclear en ésta con rapidez. Kat lo siguió de cerca, un tanto más cuidadosa, aunque expectante de qué había causado esa reacción en él.
—¿Recuerdas el robot que atacó en Kamchatka? —comentó Boom mientras seguía tecleando—. ¿El que derrotó el Escuadrón A?
—El que intentaba hace que todos los volcanes de círculo volcánico hicieran erupción a la vez, claro —respondió Kat, asintiendo. La recordaba, además de por lo cardiaca que había sido, porque fue la misión justo antes de que el Comandante Supremo les dijera que tenían que formar su Escuadrón B.
Boom prosiguió explicando lo que intentaba decir.
—Entre las piezas que recuperamos de ese robot, iba un regulador de potencia múltiple muy parecido a ese, mira —abrió en grande una de las fotografías del expediente de dicha misión, en la que justo se veía una cuadrado metálico bastante parecido al que estaba en sus manos en ese momento—. Aunque claro, más grande, para un robot mucho más grande. Pero creo que el modelo puede ser el mismo o similar.
—Tienes razón, Boom —concluyó Kat, maravillada, comparando ambos dispositivos. Las especificaciones parecían las mismas; incluso en la fotografía también tenían borrado sus identificadores en un costado—. Es el mismo dispositivo. De seguro son del mismo fabricante. Pero…
Guardó silencio unos momentos, mientras las últimas piezas terminaban de encajar en su cabeza.
—Ambos son claramente de elaboración terrícola… ¡Boom! —pronunció de golpe en voz alta, haciendo que el técnico saltara sorprendido—. ¿Sabes lo que esto significa? —le preguntó, sonando extrañamente emocionada al hacerlo.
—¡Sí! —pronunció en alto, de cierta forma imitando su misma emoción. Aunque luego pareció vacilar un momento y pensarlo mejor—. Bueno, ¿más… o menos?
Kat se disponía al instante a explicárselo, pero en ese momento las puertas del laboratorio se abrieron, y por encima de los monitores de Boom logró ver a la persona que ingresaba: un hombre alienígena de bata verde, con un rostro de marcados rasgos felinos, y de pelaje anaranjado.
—Buenas tardes, Dra. Manx —le saludó el recién llegado con gentileza, avanzando hacia ellos con paso tranquilo, con sus manos en los bolsillos de su bata.
—Dr. Félix, ¿qué lo trae a mi laboratorio? —preguntó Kat, curiosa. Su visitante era el jefe del área médica de la base; o, en otras palabras, el encargado de que todos los oficiales, cadetes y personal de apoyo estuvieran sanos, y de preferencia vivos también.
—Lamento interrumpir así —se disculpó—. Pero venía a buscar a Boom. Teníamos una cita esta mañana para retirarle el yeso, pero no se presentó.
—Boom, ¿tenías cita con el Dr. Félix? —le cuestionó Kat a su asistente con dejo de regaño—. ¿Por qué no me dijiste?
El técnico de ruborizó, apenado.
—Creo que lo olvidé —respondió con voz risueña—. Es que con todo el trabajo, los Morphers del Escuadrón B, y luego los Krybots…
—Nada de eso es excusa para descuidar tu salud —le reprendió el Dr. Félix con severidad.
—Estoy de acuerdo —secundó Kat, tajante—. Ve, anda. Yo termino de revisar esto.
—Está bien… —masculló Boom, inseguro—. Pero, ¿no me ibas a decir lo que esto significa?
—Te lo diré cuando vuelvas. Anda, ve.
Resignado, Boom se apartó de su área de trabajo y se encaminó siguiendo al Dr. Félix en dirección a la puerta. Ambos salieron, dejando la Dra. Manx sola en su laboratorio.
Kat aproximó de nuevo su silla a su área de trabajo, y se sentó ante el resto de piezas que faltaban por revisar y catalogar. Soltó un largo suspiro de cansancio, y se talló un poco su rostro. La teoría que acababa de formular parecía bastante posible, pero necesitaba un poco más de pruebas para poder sustentarla antes de compartirla con el Comandante. Así que tendría que seguir revisando, a ver si encontraba alguna otra pieza que resaltara como las dos que ya habían identificado.
Pero una vez que estuvo sola y el furor del descubrimiento se esfumó, su mente volvió a dirigirse hacia los pensamientos que la agobiaban hasta hace poco. Se giró entonces hacia el monitor apagado de su mesa de trabajo. Contempló la pantalla negra varios segundos, antes de decidirse a hacer lo que había pensado desde hace rato, y que ahora el estar sola le daba la oportunidad.
—Computadora, muéstrame la cámara de la Celda 2 del Bloque 44 —pronunció en alto, y la computadora atendió a su comando de voz. El monitor se encendió, mostrando en éste justo lo que esperaba ver: el interior de la Celda 2.
En la imagen, vio a Elizabeth recostada en la dura camilla, con los brazos tras su cabeza como almohada, en una pose supuestamente cómoda e indiferente, aunque su situación ciertamente no se prestaba para ello. Por su padre, Jack estaba de cuclillas a un lado de los barrotes de la celda, al parecer intentando de alguna forma alterar el cerrojo electrónico para intentar abrirlos.
En lugar de molestarse por aquello, Kat sonrió, quizás un poco más divertida de lo que debería. El chico tenía un espíritu difícil de doblegar, eso lo podía ver. Igual a como era su padre. Bien encaminado, quizás sí que habría oportunidad de que se convirtiera a un extraordinario Power Ranger, del tipo que le hacía falta a su nuevo Escuadrón B. Pero también cabía la posibilidad de que su presencia trajera más problemas que soluciones, dado por lo que estaba a punto de pasar.
Pero para cualquiera de las dos posibilidades, sólo el tiempo mostraría la verdad.
De pronto, notó como los barrotes se abrieron, y Kat se sobresaltó un poco al creer por un momento que Jack había tenido éxito. Sin embargo, esa idea se esfumó cuando vio la figura alta y fornida que entró por la puerta de la celda, haciendo al instante que Jack retrocediera, y Elizabeth se sentara presurosa en la camilla. Claramente ninguno de ellos lo reconoció, pero Kat por supuesto que sí.
Pensó por un momento en apagar el monitor para dejar de ver, pero la curiosidad pudo más.
—Computadora, activa el audio.
Jack retrocedió rápidamente, y alzó sus puños en alto, mirando de forma férrea a aquel ser alto e imponente que había ingresado a la celda. Por reflejo Z se paró también a su lado, aunque con actitud menos beligerante que la de su amigo.
—¿Y tú quién eres? —cuestionó Jack con severidad.
Aquel ser se detuvo unos pasos delante de la reja de la celda, que se cerró detrás de él en cuanto ingresó. Se paró con su espalda recta, y sus manos juntas detrás en una perfecta pose marcial.
—El mejor amigo que tienen en este sitio —le respondió con una voz gruesa pero serena—. Así que te recomiendo bajes esos puños, jovencito.
—Mejor no.
—Jack —masculló Z entre dientes—. Mejor hazle caso.
El chico dudó unos segundos, pero luego bajó sus puños lentamente. Ya no estaba en posición de ataque, pero su postura seguía siendo agresiva y en alerta.
—Mucho mejor —indicó aquel ser de piel azul, con una cabeza con la forma bastante similar a la de un gran perro—. Soy el Comandante Anubis Cruger, jefe la S.P.D. en la Tierra.
Aquella información los relajó un poco, aunque también les trajo otro tipo de preocupación.
—Ah, entonces eres el gran jefe aquí, ¿eh? —masculló Jack—. Muy bien, porque quiero mi llamada.
—No somos la policía terrestre —le respondió el Comandante con seriedad—. Eso significa que no nos regimos por los mismos lineamientos.
Jack bufó, incrédulo.
—Vaya excusa para pisotear los derechos civiles.
—Jack, ¿quieres callarte? —le reprendió Z, un tanto exasperada.
—No, por favor —intervino Cruger, alzando una mano—. Si hay algo que siempre he admirado del espíritu humano, es como tiende a enardecer ante la injusticia.
—Pues qué bien que lo mencione —replicó Jack—, porque esto —alzó en ese momento sus brazos hacia la celda en la que se encontraban—, todo esto, sí que es una injusticia. Todo el mundo dice que la S.P.D. se encarga de combatir criminales y terroristas que amenazan la paz del mundo entero. Pero mírelos ahora, persiguiendo y encerrando a dos simples delincuentes que lo único que hacían era robar un poco de comida y ropa para los pobres.
—Como ustedes saben mejor que yo, la policía terrestre fue incapaz de apresarlos dadas sus habilidades únicas —explicó el Comandante—. Es por eso que el caso fue dirigido a nosotros, dada nuestra mayor experiencia en lidiar con este tipo de situaciones.
—¿Con qué tipo de situaciones? ¿Con fenómenos? —inquirió Z, incapaz de ocultar la ligera acidez en su tono.
—Pues como sea, para mí fue un atropello —añadió Jack, manteniéndose firme en su postura.
—Sin importar los motivos, robar es un crimen —indicó Cruger—. Y ustedes cometieron varios de ellos.
—Escuche —pronunció Z con un tono mucho más reconciliador, dando un paso firme hacia él—, sabemos que lo que hicimos estuvo mal, pero no lo hacíamos por ambición o malicia. En verdad nuestro único fin era ayudar a las personas. No sé si lo sepa, pero las calles están repletas de personas sin hogar, incluidos alienígenas refugiados que no cuentan con el apoyo de nadie en este planeta.
—Entiendo más de lo que creen sus motivaciones —confesó Cruger—. Y no sólo eso, incluso podría llegar a aplaudirlas. Pero esa no era la manera correcta de ayudar a esas personas. Y como dije, robar sigue siendo un crimen, sin importar por qué se haga. Han ido por el mal camino por mucho tiempo, y eso tarde o temprano sólo los podía llevar a un sitio: aquí.
Alzó sus brazos, señalando con ellos también hacia la misma celda en la que se encontraban.
Los dos prisioneros guardaron silencio. Se miraron de reojo el uno al otro, como si esperaran que alguno se animara a dar algún contraargumento, pero ninguno se atrevió.
—Bien, correcto —pronunció Jack, como un largo suspiro de resignación—. Nos atraparon. ¿Qué sigue entonces?
—Eso dependerá de ustedes.
—¿Cómo dice? —preguntó Z, confundida.
—Si deciden que quieren seguir por el camino del crimen, el papeleo está casi listo para que sean transferidos a la jefatura de la policía terrestre, y de ahí a los calabozos de ésta en espera de su juicio, y posteriormente a la cárcel.
—¿Por robar un poco de comida y ropa? —exclamó Jack, incluso riendo un poco con actitud divertida—. Por favor, a lo mucho nos darán servicio comunitario.
Cruger negó lentamente con la cabeza.
—Me temo que no son conscientes de la magnitud de los problemas en los que se han metido. La suma total de todo lo que han robado en los últimos cinco años, asciende a un aproximado de cinco millones de dólares.
—¡¿Qué cosa?! —exclamaron Jack y Z al unísono con abrumador espanto.
—Bajo la leyes terrícolas, tengo entendido se les acusaría de hurto mayor —añadió Cruger—. Esos son varios años en prisión, si no me equivoco.
—Hey, un momento —espetó Jack con actitud defensiva—. Eso no puede ser cierto. De ninguna forma esas cosas valían todo eso. Esas empresas deben estar inflando las pérdidas para estafar al seguro.
—Es una posibilidad, pero difícil de probar. Y no quita el hecho de que sí robaron todos esos artículos.
—No queremos ir a la cárcel —se lamentó Z, para ese momento genuinamente preocupada—. Por favor, nunca lastimamos a nadie.
—Dado el panorama actual, es lo más probable que suceda. Pero puede que haya otra alternativa; una forma diferente de pagar su deuda con la sociedad.
Jack y Z se miraron entre ellos, intrigados y confundidos por ese comentario tan repentino.
—¿De qué está hablando? —cuestionó Jack con cautela.
—Cómo bien dijeron, nuestro propósito aquí en la S.P.D. es defender la Tierra de cualquier amenaza; pequeña o grande, externa o interna, que atente contra la paz y la integridad del planeta y su gente. Aquí en estas instalaciones se entrena a los agentes que se encargarán justo de dicha tarea. Y siempre hay espacio para aquellos con el potencial suficiente. Y es mi opinión que ustedes tienen ese potencial.
—Espere, ¿qué? —exclamó Z, bastante liada—. ¿Acaso nos está pidiendo volvernos policías?
—No policías cualquiera; oficiales de la Súper Patrulla Delta —recalcó Cruger con firmeza—. Y tampoco cualquier tipo de oficial. Supongo que ya conocieron a los cadetes Tate, Drew y Carson.
—¿Los tres estirados que nos arrestaron? —contestó Jack con tono burlón.
—Esos mismos. Los tres son parte del recién formado Escuadrón B de Power Rangers, la segunda línea de defensa de nuestro planeta. Y justamente les hacen falta dos miembros.
Jack y Z permanecieron en silencio unos momentos, mientras sus cabezas intentaban darle un sentido a lo que acababa de escuchar. Esperaron incluso que aquel individuo dijera algo más para explicarse mejor, pero no lo hizo. Lo que dijo, parecía ser justo lo que quería…
—¿Qué? —exclamaron los dos prisioneros al mismo tiempo, totalmente incrédulos.
—Aguarde un segundo ahí, por favor —masculló Z con vacilación—. Seamos claros. ¿Acaso nos está pidiendo que los dos nos convirtamos en… Power Rangers? ¿Nosotros?
—Despierta, Z —exclamó Jack con ironía—. Sólo está jugando con nosotros. A lo mejor ni es Comandante. Quizás sea un conserje que tomó prestado ese disfraz sólo para jugarnos una broma.
Más que molestarse, el ocurrente comentario pareció divertir a Cruger. Incluso una pequeña y sutil sonrisa se asomó en sus labios por un segundo.
—Les aseguro que este uniforme es muy real —le respondió—. Y no tengo tan buen sentido del humor como para hacer una broma de ese tipo.
Jack se cruzó de brazo, sin bajar ni un poco su barrera de escepticismo.
—¿Entonces en verdad quiere que creamos que le está proponiendo a dos ladrones callejeros como nosotros que nos convirtamos en Power Rangers?
—¿Y por qué no? —respondió Cruger con total naturalidad.
—¿Y por qué no? Vamos, hombre. Seamos serios. ¿No dijiste que aquí entrenaban a agentes para proteger el mundo? ¿Por qué nosotros y no cualquiera de ellos que obviamente están más preparados y con menos crímenes en su historial?
—El entrenamiento es importante, por supuesto —indicó el Comandante—. Pero éste se puede tomar en cualquier momento, y cualquiera puede ponerse al día con el debido esfuerzo y dedicación. Y hay cosas que el entrenamiento y la preparación no te dan.
Cruger guardó silencio un momento, y meditó un poco en sus siguientes palabras. Pero no tenía que pensarlo mucho, pues ya alguien le había dicho justo la idea que quería transmitirles; aquella noche, mientras cenaban y conversaban en aquel café.
—Mucho antes de que existiera siquiera la S.P.D. como tal, los equipos de Power Rangers surgidos de este planeta y otros tantos, no fueron integrados por los individuos más entrenados o preparados, sino por jóvenes comunes con vidas normales, pero que por dentro eran valientes, nobles y de gran fortaleza. Jóvenes que en cuanto se necesitó de alguien que hiciera frente al mal, estuvieron dispuestos a dar un paso adelante, y arriesgar sus vidas para defender su planeta, y a aquellos a los que amaban. Y sólo eso les bastó para poder derrotar a las peores amenazas que el Universo les lanzaba. Esa fortaleza, esa nobleza del corazón, no es algo que el entrenamiento pueda darte. Y en su caso, aunque las acciones de ambos estuvieron mal, eran motivadas por el deseo correcto de ayudar a las personas. Sin mencionar que a pesar de no contar con un entrenamiento formal, lograron darle lucha a tres de mis cadetes, y a un grupo de robots de combate desconocidos. Los dos tienen un gran potencial; uno que estaría encantado de encaminar por el buen camino.
Jack y Z escucharon muy atentos las palabras de aquel hombre. Sus miradas resultaban un tanto indescifrables, pero era evidente que aquello no había caído en oídos sordos. Cada uno a su modo, parecía estar digiriendo aquello, intentando descifrar además cómo los hacía sentir. Y esto último parecía ser ciertamente una batalla interna bastante complicada.
—¿Esto es una propuesta real? —preguntó Z, notándose aún bastante insegura.
Cruger le respondió simplemente asintiendo lentamente con la cabeza. Era una propuesta real en todo sentido
—Pero al final, la decisión es suya —recalcó el Comandante.
—¿Lo es realmente? —inquirió Jack—. ¿O elegimos ser sus Power Rangers o vamos a la cárcel? No parece que tengamos muchas opciones en realidad, ¿o sí? ¿Al menos tiene la autoridad para impedir que vayamos a prisión si aceptamos su propuesta?
—Bajo los estatutos de la Alianza Galáctica, en tiempos de crisis que amenacen potencialmente la supervivencia del planeta, el Comandante en funciones de la S.P.D. tiene autoridad para imponer decisiones y sanciones por encima de la ley local. Siempre y cuando su acción sea a favor de la protección del planeta.
Los dos prisioneros se sobresaltaron al escucharlo decir eso, en especial por una parte en específica; la más preocupante.
—¿Acaso dijo… crisis que amenaza la supervivencia del planeta? —preguntó Z, dudosa.
—¿Qué crisis? —añadió Jack de una forma similar.
—Esa es información confidencial —respondió Cruger, sereno—. Pero estaré gustoso de compartirla en su momento con los miembros de mi Escuadrón B. Lo que sí puedo decirles, es que se vienen tiempos difíciles para este mundo. Tiempos que requerirán más que nunca de héroes que estén dispuestos a luchar. Lo que les propongo, no es sólo la posibilidad de salvarse de la prisión. Lo que les propongo, es la posibilidad de encaminar sus vidas por un mejor camino. De ser parte de algo más grande, de algo mucho mejor, para ayudar y proteger a las personas que tanto les interesan.
Esas últimas palabras habían dado justo en el blanco. El rostro de Z se iluminó al instante de emoción, mientras que el de Jack se cubrió de una nada disimulada dosis de fastidio.
—Tenía que decir "ser parte de algo más grande", ¿verdad? —le recriminó Jack con molestia.
Z se giró de inmediato a mirar a su compañero.
—Jack.
—No.
—¡Jack!
—¡No!
El chico alzó sus manos con un gesto de desdén, como queriendo deslindarse de todo el asunto en ese instante. Caminó presuroso hacia el banquillo de la celda, sentándose en éste con sus brazos cruzados y su mirada desviada hacia un lado.
Z suspiró, sonando de hecho algo exasperada.
—¿Nos permitiría hablarlo un minuto a solas? —solicitó con voz cauta, girándose de nuevo hacia el visitante de la celda.
Cruger los observó unos segundos, ponderando si era prudente o no. Su idea era exigirles una respuesta inmediata, pero pudo notar que había algo entre ellos que necesitaban discutir. Así que tras pensarlo un momento, concluyó que lo más prudente era acceder; por esta ocasión.
—Les daré un poco más que eso. Pero no se tomen demasiado tiempo en decidir. Esta oportunidad no se repetirá otra vez.
Dicho eso, se giró y volvió sobre sus pasos hacia los barrotes. Estos se abrieron ante él, y se cerraron detrás al salir.
Notas del Autor:
No mucho que decir en esta ocasión. Seguimos en los primeros episodios, pero ampliando y modificando algunas cosas. Ésta será la constante de aquí en adelante, así que bueno, al menos que surja algo que considere relevante señalar o comentar, creo que quizás ya no habrá tantas notas al final de los capítulos. Espero no las extrañen, pero sobre todo espero les guste el rumbo que tomarán las cosas, y la caracterización que le estoy dando a cada personaje. Pero bueno, seguiremos hablando en otra ocasión.
