Capítulo 13: El Ritual de los Sellos y las Esferas Oscuras

Antes de que el grupo de la familia Heeler intentara purificar la esfera del dragón, en un lugar lejano, Towa estaba organizando a los hechiceros, preparándolos para la activación de los sellos.

Frente a cada uno de los cinco hechiceros, Towa abrió un portal y con voz firme les advirtió:

"Recuerden, estos sellos requieren un sacrificio."

Los hechiceros asintieron con seriedad. Pero antes de que se marcharan, Towa añadió una última advertencia:

"Cuando el sello reclame a su sacrificio, aléjense de inmediato o terminarán marcados. Si hay dos personas en el área y ninguna acepta ser sacrificada, el sello creará una cúpula que los encerrará a ambos. Solo podrá romperse cuando uno de los dos muera."

Uno de los hechiceros respondió con frialdad:
"No hay problema. Si ocurre eso, mataremos de inmediato a la persona que se nos oponga."

Desde un lado, Mira, quien había estado observando la escena con desdén, intervino con una sonrisa burlona.

"Les daré un consejo: eviten pelear innecesariamente. Estoy seguro de que si llegan a enfrentarse con esos inútiles que están reuniendo las esferas, no lo contarán."

Los hechiceros se miraron entre sí con confianza, sintiéndose impulsados por sus palabras.

"No se preocupe, señor Mira," dijo uno de ellos. "Esos insectos morirán, y volveremos con éxito."

Sin perder tiempo, los hechiceros cruzaron los portales que Towa había preparado para ellos, dirigiéndose a los sitios donde debían colocar los sellos.

Mira los observó desaparecer con una expresión de desprecio.

"Realmente creen que me preocupo por ellos…" murmuró con arrogancia.

Dirigiéndose a Towa, añadió con indiferencia:
"Dalos por muertos. Estoy seguro de que ninguno regresará."

Towa, en cambio, sonrió con confianza.

"Tranquilo, Mira. Cumplirán con su misión, es algo sencillo para ellos."

Luego, con un movimiento de su mano, abrió un mapa flotante, en el cual observó cómo todos los hechiceros ya habían colocado los sellos en sus respectivas ubicaciones. Solo faltaba activarlos con un sacrificio.

Towa se sintió satisfecha, pero de repente…

Un poder extraño recorrió cada uno de los sellos, amplificándolos de manera inesperada.

Towa frunció el ceño.

"¿Qué es esto?" murmuró, notando que la energía le resultaba familiar.

A su lado, Mira notó su reacción y preguntó con interés:

"¿Ocurre algo?"

Towa entrecerró los ojos, analizando las marcas de los sellos. Finalmente, con tono dudoso, respondió:

"Esto es raro… Apareció una energía en los sellos que se parece a la mía… y a la de las esferas del dragón que intenté corromper."

Mira se cruzó de brazos.

"Eso sí que es extraño. ¿Será que intentaron purificar una esfera y algo salió mal?"

Towa asintió lentamente, aún sin apartar la vista del mapa.

"Probablemente… Parece que la energía de la maldición se sintió atraída hacia una magia similar, lo que amplificó los sellos en lugar de debilitarlos."

Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.

"Esto nos favorece aún más. Ahora, los sellos son incluso más fuertes de lo que planeábamos."

De repente, Towa comenzó a reír, sintiendo que su victoria estaba cada vez más cerca.

En otro lugar, Bluey, Bingo, Timmy, Shin y Cuatro Estrellas escucharon la voz de Chronoa dándoles instrucciones a través de la conexión telepática.

"A partir de aquí, deben separarse y dirigirse a las ubicaciones que les indiqué."

Chronoa hizo una pausa y luego añadió con seriedad:

"Shin, entrégale el radar a Bingo. Fue la única que no pudo orientarse bien con la ubicación de su esfera."

Shin asintió y le pasó el radar a Bingo, quien lo tomó sin dudar.

Cada uno de ellos se separó, y comenzaron la búsqueda de las esferas oscuras.

Shin aterriza en la estatua del Gran Mani y observa la zona.

"Qué suerte que no hay nadie aquí, hubiera sido un problema explicar cómo llegué volando."

Intenta comunicarse con los demás para asegurarse de que todos llegaron a sus destinos.

Cuando Bluey reporta que llegó a su destino, de repente se escucha un golpe.

Timmy pregunta qué pasó.

Bluey responde con molestia:
"No es nada, tranquilos… unos niños casi me golpean con una pelota."

Chronoa, con un tono impaciente, interrumpe la conversación:

"¡Concéntrense en la misión! No tenemos tiempo para distracciones."

Shin avanzó unos metros más, observando el monumento del Gran Mani.
"Qué gracioso es esto…" murmuró con una leve sonrisa.

Pero entonces, se percató de algo inquietante: junto a la esfera oscura, un sello estaba grabado en el suelo.

Un hechicero con una capa negra apareció de la nada, de pie sobre el sello.

Antes de que Shin pudiera reaccionar, el sello se activó repentinamente, liberando una energía oscura a su alrededor.

En ese instante, Shin perdió la conexión con Chronoa. Lo último que alcanzó a decir fue:
"Encontré un sello… y un hechicero…"

Y luego, la señal se cortó. Al igual que con los demás.

Si Xing Long en la Playa

Si Xing Long aterrizó en la playa con discreción, ocultando su presencia.

La voz de Chronoa sonó en su mente:
"Ve hacia el este. A unos cuantos metros de donde estás, encontrarás la esfera oscura."

Siguiendo la indicación, Si Xing Long comenzó a avanzar…

Pero entonces, se topó con una familia de turistas.

Para evitar sospechas, rápidamente se puso su disfraz, adoptando la apariencia de un perro rojo.

En ese momento, un cachorro pelirrojo jugaba con una paleta y una bola, rebotándola sin dejar que cayera.

"Rusty, ten cuidado, no te tropieces" le advirtió su hermana.

Rusty, distraído con su juego, no vio por dónde caminaba y chocó directamente contra Si Xing Long.

El dragón reaccionó rápido, sosteniéndolo antes de que cayera.

"Cuidado, pequeño." le dijo con calma.

Rusty, sorprendido, le sonrió agradecido.
"¡Gracias, señor!"

Si Xing Long le devolvió la sonrisa y le palmeó la cabeza.
"No hay de qué, pero creo que deberías concentrarte más en el suelo que en la pelota."

Antes de que pudiera responder, una cachorra más pequeña llegó corriendo.

"Rusty, tienes que estar más pendiente." le regañó suavemente

Un momento después, un perro que se parecía Rusty solo un poco más grande.

"Rusty, ven. Nuestros padres encontraron una pintura rara."

Esto captó la atención de Si Xing Long.

"¿Pinturas? ¿Aquí en la playa?" preguntó con curiosidad.

Digger, el hermano mayor de Rusty, asintió.

"Sí, un turista la descubrió y le avisó a nuestros padres. Está en esa dirección." señaló hacia el este.

Si Xing Long pensó por un momento.

"Las esferas oscuras estaban cerca… ¿Podría esa pintura estar relacionada?"

Decidió aprovechar la oportunidad.

"¿Puedo acompañarlos?" preguntó con tono amable. "Voy justo en la misma dirección."

Digger frunció el ceño con sospecha.

Si Xing Long notó la desconfianza y levantó las manos en un gesto de calma.

"No malinterpretes. Si quieres, caminaré a una distancia prudente. No quiero causar problemas."

Digger lo miró por unos segundos y luego asintió lentamente.
"Está bien… Pero si intentas algo raro, te estaré vigilando."

Si Xing Long sonrió internamente.

Los niños corrieron a reunirse con sus padres, mientras que, Si Xing Long los siguió desde una distancia prudente, sin llamar demasiado la atención.

Cuando llegaron con sus padres, estos notaron la presencia del desconocido y preguntaron con curiosidad:
"¿Y quién es este tipo?"

Rusty, respondió de inmediato:
"Un señor que quiere ver la pintura."

Su madre, confundida, miró a Digger y preguntó con el ceño fruncido:
"¿Y por qué los sigue?"

Digger cruzó los brazos y explicó:
"Rusty se tropezó con él, pero lo ayudó a no caerse. Después, mencionamos lo de la pintura y pareció interesarle. Perdón, fue culpa mía que nos siguiera."

El padre de Rusty asintió comprensivo y se acercó al perro rojo con una sonrisa.
"Ya veo… Muchas gracias por ayudar a mi hijo."

Si Xing Long negó con calma.
"No tienes que agradecerme. Además, me llamó la atención lo que dijo su hijo."

Con todo aclarado, decidieron ir en grupo hacia la pintura.

Al llegar, el padre de Rusty observaba atentamente la pintura en la arena.

"Así que esto es lo que nos dijeron que viéramos…"

Si Xing Long se adelantó un poco, analizando la imagen con atención.

Pero entonces, algo lo puso en alerta.

Antes de que el padre de Rusty pudiera tocar la pintura, Si Xing Long lo detuvo repentinamente, sosteniendo su brazo.

"¡Espere!" dijo con seriedad.

En ese instante, una energía oscura comenzó a emanar del suelo.

Y entonces… el hechicero apareció.

El hechicero levantó una mano y con una sonrisa maliciosa exclamó:

"¡Actívate, sello maldito!"

Si Xing Long abrió los ojos con sorpresa, sintiendo el cambio en la energía del área.

"¿Un sello? ¿Y qué hace un hechicero aquí?"

Antes de que pudiera reaccionar, su conexión con Chronoa se cortó de inmediato.

Pero no iba a quedarse de brazos cruzados.

Antes de que el hechicero pudiera alejarse, el dragón liberó su ki y lo bloqueó, evitando que escapara.

Sin embargo, el sello respondió a la activación, y en cuestión de segundos, una cúpula oscura emergió del suelo, sellando la zona por completo.

Cuando el domo terminó de formarse, Si Xing Long se encontró atrapado dentro… junto a la familia de Rusty y el hechicero.

El dragón apretó los dientes.

"Esto se acaba de complicar."

Bluey en el Parque

Al ver la cantidad de personas en el parque, Bluey decidió aterrizar en un lugar discreto, ocultándose entre los árboles antes de salir a la vista.

Justo cuando estaba respondiendo a Chronoa para confirmar que había llegado a su destino, un balón salió disparado directo hacia su cara.

Gracias a sus reflejos, logró atraparlo en el aire antes de que la golpeara.

Inmediatamente, un par de niños corrieron hacia ella, pidiendo disculpas.

"¡Lo siento, señorita!" dijo uno de ellos. "¡No queríamos pegarle!"

Bluey les echó un vistazo de reojo, con el balón aún en sus manos.

"Tengan más cuidado."

Pero entonces, se quedó congelada al reconocer a los niños.

Eran Mackenzie y Coco.

Ambos la miraban fijamente, confundidos.

"Señorita, se parece mucho a alguien que conocemos."

Antes de que Bluey pudiera responder, dos mujeres se acercaron apresuradamente.

Las madres de Mackenzie y Coco.

Al verlas llegar, Bluey intentó mantenerse calmada.

"¿Se encuentra bien?" preguntó la madre de Mackenzie, notando que su hijo casi había golpeado a alguien con la pelota.

La madre de Coco también la observó con curiosidad.

"Oye… ahora que lo pienso, ¿no te pareces a alguien? ¿Eres pariente de Bailey?"

Bluey sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

"¿Bailey?" preguntó, fingiendo confusión.

"No, no sé quién es esa mujer."

Soltó una risa nerviosa, intentando actuar natural, pero sus orejas traicionaron su intento de disimulo al moverse ligeramente hacia atrás.

Las madres intercambiaron miradas, como si no estuvieran del todo convencidas.

La situación se había vuelto incómoda… demasiado incómoda. Bluey sabía que tenía que desviar la conversación antes de que empezaran a hacer más preguntas.

Aprovechando un momento de silencio, cambió rápidamente de tema.

"Oigan, por cierto… ¿han visto una esfera de color negro por aquí?"

Las madres intercambiaron miradas, pensativas por un instante, antes de negar con la cabeza.

"No hemos visto ninguna esfera, señorita pero…" dijo la madre de Mackenzie. "Hoy apareció una pintura de la nada. Es muy extraña."

Bluey frunció el ceño, intrigada.

"¿Una pintura que apareció sola?"

Las madres asintieron con un aire de curiosidad.

"Sí, nos pareció raro. De hecho, íbamos a verla porque está llamando mucho la atención."

Un ligero escalofrío recorrió la espalda de Bluey.

"¿Podría estar relacionado con las esferas?"

Sin dudarlo, miró a las madres y preguntó con interés genuino:

"¿Puedo acompañarlas? Me gustaría verla también."

Las madres se miraron entre sí, como evaluando la petición, antes de asentir.

"Por supuesto. Señorita, síguenos."

Sin darse cuenta, Bluey estaba caminando directo hacia la trampa del hechicero…

Timmy en el Lago

Siguiendo las indicaciones de Chronoa, Timmy llegó a la casa de Morgan (antes Mort).

"Sigue el camino hasta el lago," le había dicho Chronoa. "Posiblemente te encuentres con el amigo de Morgan, Maynard, y él podrá guiarte hasta la esfera."

Sin perder tiempo, Timmy comenzó su camino hacia el lago.

En el trayecto, escuchó la voz de Bluey quejándose de algo a través de la comunicación telepática.

Por impulso, preguntó rápidamente:
"Oye, ¿estás bien?"

Bluey respondió con un tono algo molesto:
"Sí, solo eran unos niños jugando."

Timmy sintió curiosidad, pero decidió no insistir y continuar su camino.

Al llegar al lago, se sorprendió al ver que todo parecía en calma.

"Vaya… ni parece que hubo una pelea aquí."

Sin distraerse demasiado, siguió avanzando en busca del amigo de Morgan.

Cerca de una pequeña cabaña, vio a un hombre dormido con una caña de pescar en la mano.

Timmy se acercó y lo saludó.

"¡Buenos días, señor!"

El hombre se despertó de golpe, asustado por la voz repentina.

Cuando se recompuso, parpadeó al ver a Timmy y murmuró:
"Oye… ¿tú no eres el chico que trajo Morgan?"

"Entonces, usted es el señor Meinar, ¿verdad?" preguntó Timmy con una sonrisa.

"Entonces, usted es el señor Maynard, ¿verdad?" preguntó Timmy con una sonrisa.

El anciano asintió y bostezó.
"Sí, ese soy yo. Dime, ¿qué necesitas?"

"Bueno, verá…" Timmy empezó a explicarle. "Ayer en la noche, cuando llegamos a la casa de la abuela Morgan, vimos algo caer por el lado del lago. Quería investigar, pero la abuela me dijo que era muy tarde y que usted podría ayudarme hoy a averiguar qué fue lo que pasó."

Maynard se rascó la barbilla, pensativo.

"Esa dulce y bella ancianita… siempre confiando en mí," dijo con un tono coqueto.

Timmy tuvo que contener la risa al escuchar eso.

"Si le dijera esto a Mort, seguro que me pide que lo entierre vivo," pensó, divertido.

Maynard siguió meditando por un momento.

"Muchacho, anoche no vi nada caer del cielo…"

Timmy se puso nervioso al darse cuenta de que la historia que inventó podría venirse abajo.

"Oh… debí haber visto mal, bueno señor, yo…"

Antes de que pudiera terminar la frase, Maynard lo interrumpió.

"Aunque ahora que lo mencionas, sí apareció una pintura extraña de la nada, justo por aquí cerca."

Timmy se quedó en silencio por un segundo.

"¿Una pintura…? ¿Será cosa de la esfera?"

Sin perder la oportunidad, miró a Maynard con entusiasmo.

"Señor Maynard, ¿podría llevarme a verla? Tal vez esté relacionada con lo que vi."

El anciano hizo una mueca y buscó excusas para no moverse.

"Ay, chico, estoy cansado. Además, mi pierna no es la de antes…"

Timmy rodó los ojos y soltó en tono de broma:

"Vamos, abuelo, si me llevas, le diré a la abuela que te dé un besito de agradecimiento."

Y se rió de su propia ocurrencia.

Pero Maynard, al escuchar eso, se puso completamente serio.

"¿¡QUÉ!? ¿¡Dijiste un beso de Morgan!?"

Timmy no esperaba esa reacción tan exagerada.

"Oh, no…" pensó, dándose cuenta de que acababa de meter la pata.

Maynard se levantó de inmediato.

"¡Muy bien, vamos! ¡Te mostrare el camino!"

Timmy se quedó en shock.

"Si Maynard cree que Morgan tiene que darle un beso como recompensa, el viejo Mort se va a querer morir del coraje."

Antes de que pudiera aclarar el malentendido, Maynard ya estaba caminando apresurado.

"¡Vamos, muchacho! Es por aquí. Sígueme rápido."

Timmy suspiró y se llevó una mano a la cara.

"Ay, carajo… ¿en qué problema me metí ahora?"

Sin más opción, lo siguió rumbo a la pintura.

Después de un rato caminando con Maynard, Timmy notó que había varios ancianos paseando por la zona.

Uno de ellos, al ver a Maynard, dijo:

"¡Maynard! Apareció el misterioso pintor."

Al escuchar eso, Maynard y Timmy se quedaron perplejos.

"¿Misterioso pintor?" preguntó Timmy.

"Debe ser el tipo que dejó la pintura." dijo Maynard, empezando a correr.

"¡Vamos, muchacho! Tenemos que ver esto."

Timmy corrió tras él, sin poder evitar reírse internamente.

"Si supiera que solo lo convencí de venir con la promesa del besito de Morgan…"

Pero antes de que pudieran seguir avanzando, Timmy intentó aclarar el malentendido.

"Oiga, señor Maynard, sobre lo del besito…"

Maynard se giró con una gran sonrisa.

"¡No te preocupes, muchacho! Después de esto, Morgan me agradecerá con un beso seguro."

Timmy sintió una gota de sudor recorrer su frente.

"No… no está entendiendo…"

Intentó explicarse de nuevo.

"No, lo que quiero decir es que Morgan en realidad no—"

Pero Maynard lo ignoró por completo y siguió corriendo.

"¡Vamos, chico! No te quedes atrás."

Timmy se agarró la cabeza y resopló.

"Ay, carajo… esto va a ser un problema después."

Con un suspiro de resignación, lo siguió hasta la pintura.

Al llegar, Timmy sintió un escalofrío al ver la pintura en la arena.

No era una simple imagen… era la esfera oscura.

"Esto no es una pintura…" murmuró para sí mismo.

Cerca de la esfera, un hombre que parecía un artista callejero sonreía ante un grupo de ancianos.

"¡Vamos, acérquense! ¡Toquen la pintura y recibirán una marca especial!"

Timmy se estremeció.

Su instinto le gritaba que esa cosa era peligrosa.

"¡Abuelo! ¡No dejen que nadie la toque!" exclamó Timmy. "No sé por qué, pero tengo un mal presentimiento."

Maynard frunció el ceño, recordando lo que vio de Timmy hace días.

"Este chico puede lanzar fuego con las manos… no hablaría sin razón."

Sin perder más tiempo, se separaron para evitar que alguien tocara la pintura.

Maynard gritó con fuerza:

"¡No toquen esa cosa!"

Timmy, por su parte, corrió directo hacia el "artista".

Con un rápido movimiento, lo sujetó del brazo.

El hombre intentó zafarse, pero al verse atrapado, chasqueó la lengua con frustración.

"¡Maldita sea, no escapé a tiempo!"

En ese instante, una barrera oscura surgió del suelo, atrapando a todos dentro.

Timmy, Maynard, los ancianos y el supuesto artista quedaron encerrados dentro del domo.

Timmy intentó contactar a Chronoa, pero la comunicación estaba cortada.

Antes de que pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, una voz familiar resonó dentro del sello.

"¿Deseas dar tu vida para activarme?"

Timmy no necesitó pensarlo dos veces.

"¡No!"

El supuesto artista gritó la misma respuesta al mismo tiempo.

El sello reaccionó de inmediato.

De repente, unas marcas brillantes aparecieron en los cuerpos de Timmy y el "artista".

"Se ha activado el duelo a muerte."

"Las personas que porten la marca decidirán el destino de los que no."

Timmy abrió los ojos con sorpresa.

"¿¡Una batalla a muerte!?"

Bingo en South Bank

Mientras Bingo se dirigía al sur, escuchó la voz de Chronoa dándole instrucciones a través de la conexión telepática.

"Mira el radar que tienes. Si lo configuras bien, te será más fácil encontrar la esfera, ¿entiendes?"

Bingo activó el radar y notó que se estaba acercando a una esfera oscura.

Sin embargo, antes de llegar, buscó un lugar discreto para aterrizar, asegurándose de que nadie la viera llegar volando.

Justo en ese momento, escuchó la voz de Bluey quejándose de algo.

Bingo entendió de inmediato que todas habían llegado a sus respectivos destinos.

Al salir de su escondite, se quedó maravillada por el paisaje.

"Este lugar es hermoso…" pensó por un momento.

No pudo evitar preguntar a Bluey de manera telepática:

"¿Por qué nunca habíamos venido aquí antes?"

Bluey, quien estaba teniendo problemas con las madres de Coco y Mackenzie, respondió distraídamente:

"Sí hemos venido… Solo que eras demasiado joven para recordarlo."

Bingo suspiró y murmuró para sí misma:

"Vaya, qué mala suerte."

En ese instante, Chronoa la contactó de nuevo, con un tono impaciente.

"Bingo, concéntrate y encuentra la esfera rápido."

Bingo obedeció, pero no pudo evitar seguir maravillándose del lugar mientras avanzaba.

De repente, tropezó con alguien.

"¡Oh, disculpe! No la vi."

Frente a ella, una Golden Retriever de apariencia elegante le sonrió con amabilidad.

"Tranquila, joven. ¿Eres extranjera? Nunca te había visto por aquí."

Bingo sintió que conocía a esta persona, pero no podía recordar de dónde.

Decidió responder con calma.

"No soy extranjera, pero nunca había venido a este lugar."

"Oh, ya veo." La Golden Retriever asintió. "Este sitio tiene muchas cosas que hacer y ver."

"¿En serio?" preguntó Bingo con interés.

Pero antes de que pudiera continuar la conversación, Chronoa volvió a interrumpirla con su tono de advertencia.

"¡Bingo, concéntrate!"

"¡Ah, cierto! Tengo que encontrar la esfera."

Bingo pensó para sí misma y se preparó para despedirse de la mujer.

Pero entonces, una voz infantil irrumpió en la conversación.

"¡Señorita Retriever!"

Bingo se giró y vio a una cachorra corriendo hacia ellas.

Era Lila.

Detrás de la pequeña, su madre la seguía, claramente molesta.

"Lila, te dije que no corrieras así."

Lila se disculpó con su madre y luego saludó alegremente a la Sra. Retriever.

Después, miró a Bingo con curiosidad.

"Tú me recuerdas a alguien…"

Bingo se quedó inmóvil por un momento.

Reconoció de inmediato a Lila y, gracias a la presentación que hizo la pequeña, finalmente recordó a su antigua profesora.

Ahora no sabía qué hacer ni cómo reaccionar.

La señora Retriever observó mejor a Bingo y, tras unos segundos, comentó:
"Lila, tienes razón… Su rostro me recuerda a alguien."

Bingo, sintiéndose nerviosa ante el comentario, intentó despedirse apresuradamente y salió corriendo en dirección opuesta a la esfera. La madre de Lila y la Retriever intercambiaron miradas antes de comentar:
"Tal vez la pusimos nerviosa... No parece alguien muy sociable."

La señorita Retriever, tras ver a Bingo alejarse, se dirigió a la madre de Lila con curiosidad:
"¿Y ustedes qué hacen por aquí?"

"Íbamos de camino a ver una pintura que hizo un artista en esta zona," respondió la madre de Lila. "Dicen que está firmando autógrafos o algo así."

"Vaya, qué coincidencia," dijo la Retriever con una leve sonrisa. "A mí también me llegó esa noticia. La verdad, también quiero ir a verla."

Mientras tanto, Bingo, que había seguido corriendo sin un rumbo fijo, terminó llegando a una playa. Sin perder tiempo, sacó el radar para volver a localizar la esfera y se dio cuenta de que se había alejado en la dirección opuesta a donde realmente debía ir.

"¡Ah, genial! Corrí en el sentido equivocado," murmuró con frustración.

Sin perder más tiempo, volvió a salir corriendo. La gente que la veía pasar a toda velocidad murmuraba entre sí:
"¿Estará perdida?"

Finalmente, Bingo llegó al lugar indicado por el radar y se encontró en un área cubierta por enredaderas y flores que se entrelazaban con el follaje. Se detuvo por un momento para admirar el paisaje.

"Vaya, esto es hermoso," dijo, maravillada.

Mientras exploraba el lugar, notó unas marcas extrañas en el suelo y sintió una presencia oscura que le provocó escalofríos. Su instinto le advirtió que algo no estaba bien.

"¿Será obra de la esfera?" pensó, preocupada.

Revisó rápidamente el radar y, para su sorpresa, el dispositivo indicaba que la esfera estaba justo en el mismo sitio donde se encontraban aquellas marcas. Siguiendo la señal, se acercó con cautela y, al llegar al punto exacto, se llevó una gran sorpresa: su antigua maestra, la madre de Lila y la misma Lila estaban allí.

La pequeña Lila la miró con curiosidad y le sonrió tímidamente. "Hola de nuevo, señorita," dijo, escondiéndose detrás de su madre.

La señora Retriever la miró con interés y comentó:
"Así que tú también viniste a ver la nueva pintura."

"¿La nueva pintura?" preguntó Bingo, confundida.

"Sí," respondió la madre de Lila. "El artista la terminó esta misma mañana. Supuestamente empezó a las seis y trabajó muy rápido, ¿no crees?"

Bingo asintió, aún sin comprender del todo la situación. "¿Y saben dónde está ese artista?"

"Sí, íbamos a verlo justo ahora," respondió la señora Retriever.

Los cuatro comenzaron a caminar juntos hasta que llegaron al lugar donde el artista había reunido a una gran cantidad de gente. Con gran entusiasmo, los invitaba a tocar la pintura, diciendo que era una experiencia única.

Bingo sintió un escalofrío en la espalda. De inmediato, detectó una energía maligna emanando de la marca en el suelo y decidió actuar antes de que fuera demasiado tarde. Sin que nadie la viera, activó su magia de tierra y creó un muro alrededor de la pintura para evitar que tocaran la supuesta pintura.

El artista, al notar que alguien estaba interfiriendo con su plan, reaccionó de inmediato y salió corriendo entre la multitud. Bingo, por reflejo, se movió rápidamente y logró detenerlo.

"¡Suéltame ahora!" exigió el artista con tono agresivo.

Justo en ese instante, el sello en el suelo se activó. Una luz brillante rodeó a todos los que observaban la pintura, encerrándolos dentro de un círculo mágico junto con Bingo y el artista. Una Una voz resonó desde el sello:
"El precio por activar el sello será una vida."

Bingo abrió los ojos con horror. "¿Qué...?"

El artista, al escuchar esas palabras, palideció y comenzó a retroceder con nerviosismo. "¡No, no, no! ¡Eso no estaba en el trato! ¡Yo no iba a ser el sacrificio!" exclamó desesperado.

Bingo, aún en shock, reaccionó de inmediato. "¡¿Sacrificio?! ¡Esto es una locura! ¡Nadie tiene que morir!"

El artista, aterrorizado, intentó razonar con el sello. "¡Espera! ¡Yo solo lo activé! ¡No debería afectarme a mí!"

Pero la energía oscura del sello se intensificó de repente, envolviendo tanto a Bingo como al artista en una presión sofocante. Ambos sintieron un ardor intenso recorriéndoles la piel, y al mirar sus brazos, vieron que una extraña marca había aparecido en ellos.

La voz del sello volvió a resonar, esta vez con un tono inquebrantable:
"El sello ha sido activado. Un duelo a muerte ha comenzado. El ganador tendrá derecho a decidir qué sucederá con las vidas de aquellos que no poseen una marca."

Bingo sintió que la sangre se le helaba. Miró a su alrededor, viendo a todas las personas atrapadas dentro del sello.

"No... esto no puede estar pasando," murmuró, paralizada.

El artista, por su parte, temblaba de miedo, mirando su marca como si fuera una condena. "¡No! ¡Esto no es justo! ¡No iba a ser yo! ¡Ella debería ser el sacrificio, no yo!" gritó señalando a Bingo, tratando desesperadamente de salvarse.

Bingo lo miró con incredulidad y enojo. "¡¿Así que activaste este sello sabiendo lo que haría?!"

Pero antes de que el artista pudiera responder, la energía del sello comenzó a intensificarse, dejando claro que no había escapatoria. Ambos estaban atrapados en un duelo a muerte, quisieran o no.

De regreso con Bluey

Bluey caminaba junto a los niños y sus madres, dejándose guiar hacia la pintura misteriosa. Sin embargo, su mente estaba ocupada en otra cosa. De repente, la voz de Chronoa resonó en su cabeza.

"Bluey, tenemos un problema. Perdí la comunicación con los demás."

Bluey frunció el ceño, sintiendo un mal presentimiento. "¿Cómo que la perdiste? ¿Qué está pasando?"

Chronoa hizo una breve pausa antes de responder.
"Las últimas palabras de Shin y el Dragón de Cuatro Estrellas fueron que habían encontrado un sello… y un hechicero estaba con ellos."

El corazón de Bluey se aceleró. Algo no estaba bien. Inmediatamente preguntó por su hermana. "¿Bingo está bien? ¿Y Timmy?"

"Ellos dijeron algo parecido. Mencionaron que encontraron una pintura… y a un supuesto artista."

Bluey se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron con sorpresa. "¿Una pintura que apareció de la nada?"

"Sí… ¿Cómo lo supiste?"

Bluey tragó saliva. "Porque yo voy camino a una que tampoco sabemos de dónde salió."

Chronoa no tardó en responder con un tono serio.
"Bluey, ten mucho cuidado. Apenas puedas, comunícate con tu familia. Me preocupa haber perdido la conexión con los demás."

Sin darse cuenta, Bluey murmuró en voz alta:
"Estaré bien, no te preocupes."

Las madres de Mackenzie y Coco la miraron con curiosidad.

"¿Te sucede algo, jovencita?" preguntó una de ellas.

Bluey, avergonzada por haber hablado en voz alta, se puso roja y agitó las manos rápidamente.

"¡No, no, estoy bien! Sigamos adelante."

En la casa de los Heeler

Mientras tanto, Chronoa había logrado comunicarse con la familia Heeler y les informó que Bluey aún estaba en contacto con ella.

"Parece que la falta de comunicación con los demás es porque están atrapados en una especie de duelo."

Bailey, preocupada, inmediatamente se puso de pie.
"Entonces iremos a donde están para ayudarlos."

Pero antes de que pudieran reaccionar, Chronoa los interrumpió con un tono más severo.
"¿Para qué? Ustedes no son lo suficientemente fuertes, y sus enemigos son extremadamente peligrosos. Lo mejor que pueden hacer es quedarse en casa y esperar su regreso. Sé que es difícil, pero no tienen otra opción."

Los presentes intercambiaron miradas tensas, sabiendo que Chronoa tenía razón. Sentían impotencia por no poder hacer nada, pero apresurarse al peligro solo los pondría en riesgo.

De regreso con Bluey

El grupo finalmente llegó al sitio donde se encontraba la supuesta pintura.

Tan pronto como la vio, Bluey sintió una energía oscura emanando de ella. Fey, que hasta ahora había permanecido en silencio, se tensó de inmediato.

"Señorita Bluey… esta cosa es peligrosa. Tenemos que sacar a toda esta gente de aquí inmediatamente."

Bluey asintió, preparándose para advertir a las madres de Coco y Mackenzie que se alejaran lo más rápido posible. Pero antes de que pudiera decir algo, notó que algunos jóvenes estaban a punto de tocar la pintura.

"¡No!" pensó alarmada.

En ese mismo instante, también vio una figura sospechosa alejándose del sello.

Actuando por instinto, Bluey creó una barrera de hielo para asustar a los curiosos y detener al sospechoso antes de que pudiera escapar.

El sujeto forcejeó e intentó liberarse, gruñendo con frustración.

"¡Suéltame, maldita!"

Pero en el momento en que gritó, el sello reaccionó.

Un destello oscuro cubrió el área y, en cuestión de segundos, una barrera mágica emergió, encerrando a todos los que estaban cerca.

Las madres de Coco y Mackenzie, junto con sus hijos, Bluey y el sospechoso, quedaron atrapados dentro del sello.

Bluey se quedó paralizada por un momento.
"No… no puede ser."

Ahora ella también estaba dentro de la trampa.

Bluey intentó comunicarse con Chronoa, pero no obtuvo respuesta. Un escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de que estaba completamente aislada.

Antes de que pudiera pensar en un plan, el sello se activó completamente. Una voz profunda resonó en el área:

"La activación de este sello requiere un sacrificio."

Bluey y el sospechoso reaccionaron al instante, negándose con firmeza.

"¡No pienso sacrificarme!" exclamó el sospechoso.

"¡Yo tampoco!" añadió Bluey, sintiendo que algo estaba por suceder.

De inmediato, una marca oscura apareció en los brazos de ambos, y la voz del sello habló nuevamente:

"Aquellos que no tengan la marca deben obedecer al ganador de este duelo a muerte."

Los ojos de Bluey se abrieron de par en par. "¿¡Un duelo a muerte!?"

Antes de que pudiera decir otra palabra, su oponente ya se había lanzado contra ella con un puñetazo.

Pero el sello reaccionó antes de que el golpe conectara. Una fuerza invisible detuvo el ataque en seco, y la voz del sello resonó con un tono más severo:

"Antes de pelear, deben presentarse. Si alguno miente sobre su nombre, perderá la mitad de su vida."

Bluey y el hechicero se quedaron impresionados por lo que acababan de escuchar.

Las madres de Coco y Mackenzie se acercaron a Bluey, preocupadas.

"Jovencita, ¿qué está pasando aquí?" preguntó una de ellas, alarmada por la situación.

Bluey, sin apartar la vista de su oponente, respondió con voz firme:

"Por favor, quédense atrás. Yo me encargo de esto."

Su anillo en su dedo brilló, y de él emergió una lanza, lo que dejó a los niños y a las madres completamente atónitos.

Bluey tomó su postura de combate y respiró hondo. Sabía que al presentarse, se expondría ante sus conocidos, pero no tenía opción.

"Mi nombre es…" hizo una breve pausa y declaró con firmeza:
"Bluey Christine Heeler."

Hubo un silencio absoluto.

Las madres de Coco y Mackenzie se quedaron mudas, completamente desconcertadas.

"¡Espera! ¿Se llama igual que Bluey?" exclamaron Mackenzie y Coco al mismo tiempo.

El hechicero, tras ver que Bluey se había preparado para la batalla, adoptó su propia postura y se presentó con voz profunda:

"Soy Mentaris."

El sello brilló intensamente, aceptando ambas presentaciones.

Salto a los otros combates

En el monumento del Gran Mani, Shin examinó su entorno con el ceño fruncido. Estaba atrapado dentro del sello.

Frente a él, un hechicero de túnica roja, con cortes en sus propios brazos y una sonrisa torcida, lamió la sangre de su mano con deleite.

"Me llamo Sanguinus," dijo en un tono calmado pero siniestro. "Y hoy, beberé la sangre de un dios."

Shin suspiró con cansancio y se cruzó de brazos. "Necesito acabar con esto rápido."

Pero antes de que pudiera moverse, la voz del sello resonó con autoridad en el aire:

"El combate no dará inicio hasta que ambos se presenten.
Quien omita información sobre su identidad… morirá inmediatamente."

Shin entrecerró los ojos con fastidio. "¿En serio? Qué molesto…"

Respiró hondo y, con voz firme, se presentó:

"Soy el Kaio-shin del Universo 7. Mi nombre es Nahare."

Al escuchar su título, Sanguinus entrecerró los ojos con sorpresa, pero pronto su sonrisa regresó.

"Un dios, ¿eh? Esto será más interesante de lo que imaginé."

Ambos adoptaron sus posturas de combate.

La energía a su alrededor se volvió tensa.

El enfrentamiento estaba a punto de comenzar.

De regreso con Si Xing Long

El sello se activó repentinamente, irradiando una energía oscura mientras una voz profunda resonaba en el aire:

"Para desatar mi verdadero poder, deben entregarme un sacrificio."

El hechicero y el perro rojo reaccionaron al instante, negándose en voz alta.

"¡No pienso sacrificarme!" exclamó el hechicero con frialdad.

"Ni en un millón de años." respondió el perro rojo con firmeza.

En el mismo instante, marcas oscuras aparecieron en sus cuerpos, y la voz del sello volvió a hablar:

"Aquellos que no tengan una marca deberán obedecer al ganador de este duelo a muerte."

El hechicero miró a su alrededor y esbozó una sonrisa perversa al ver a la familia de Rusty.

"Si en lugar de pelear entre nosotros sacrificamos a esta familia, el sello se romperá." sugirió con tono cruel.

El padre de Rusty, al escuchar esas palabras, se enfureció de inmediato y, sin pensarlo dos veces, se lanzó contra el hechicero con la intención de golpearlo.

Pero antes de que pudiera hacerlo, el perro rojo lo detuvo con una sola mano, manteniéndolo en su lugar con facilidad.

"Quédate atrás." dijo con voz firme. "Yo me encargaré de esto."

El hechicero lo miró con interés.

"Vaya, vaya… Parece que te preocupas demasiado por esta gente."

El perro rojo mantuvo su agarre firme sobre el padre de Rusty, sin apartar la vista del hechicero.

"No me importa quién seas… y créeme, tampoco me interesa saberlo." dijo con una expresión seria. "Pero esta familia está bajo mi protección."

De inmediato, el sello reaccionó a sus palabras.

"Para que el duelo a muerte comience, ambos deben presentarse.
No deben ocultar ningún detalle sobre su identidad."

El perro rojo frunció el ceño al escuchar esto, pero antes de que pudiera responder, su cuerpo comenzó a brillar intensamente.

De repente, llamas ardientes envolvieron su cuerpo, consumiendo el disfraz que lo cubría.

En cuestión de segundos, su verdadera forma quedó expuesta.

Un majestuoso dragón de color escarlata con escamas brillantes y ojos dorados emergió ante los atónitos ojos de la familia de Rusty.

El padre de Rusty, su esposa y sus hijos se quedaron boquiabiertos, sin poder creer lo que estaban viendo.

"¡¿Un… dragón?!" murmuró la madre de Rusty con incredulidad.

El dragón de cuatro estrellas resopló con fastidio y los ignoró por completo.

Ahora mismo, su única prioridad era esta batalla.

"Con que a esto te referías…" murmuró para sí mismo, mirando el sello con una mezcla de comprensión y molestia.

Finalmente, suspiró y levantó la mirada hacia su oponente, quien flotaba en el aire con una brisa sutil girando a su alrededor.

"Ya que no tengo disfraz, no tiene sentido ocultarlo más." declaró con voz profunda.

"Soy Si Xing Long, el Dragón de Cuatro Estrellas."

El hechicero observó con calma, sin inmutarse ante la revelación. Un viento cortante comenzó a rodearlo, elevando su túnica como si estuviera en el ojo de un huracán.

"Soy Eolos," declaró el hechicero con voz serena. "Y hoy, el viento borrará tu existencia."

Si Xing Long chasqueó la lengua con molestia y sonrió con arrogancia.

"Vaya, no me gustan los que hablan bonito."

Los vientos se intensificaron.

Las llamas rugieron.

De regreso con Timmy

Timmy observó a su alrededor. Todos estaban encerrados dentro del sello.

Frente a él, su oponente lo miraba con una sonrisa ladina, claramente disfrutando la situación.

El sello se activó, y una voz profunda resonó en el aire:

"Antes de iniciar el duelo, deben presentarse. Quien oculte información sobre su identidad… morirá inmediatamente."

El supuesto artista callejero dejó escapar una carcajada, deslizando su disfraz para revelar su verdadera apariencia.

Con una expresión burlona, dio un paso adelante y dijo con confianza:

"Parece que estás atrapado conmigo."

Timmy flexionó los brazos, estirando el cuello despreocupadamente, y dejó escapar una sonrisa confiada.

"Meh, me vendrá bien calentar antes de pelear contra los fuertes."

El hechicero entrecerró los ojos con molestia y, con voz profunda, declaró:

"Mi nombre es Abysson. Y tú, niño… te ahogarás con mi poder."

Timmy dejó escapar una leve risa mientras comenzaba a hacer algunos movimientos de calentamiento.

"Vaya, esto podría ser interesante. Tal vez, por fin, un reto que valga la pena."

Abysson frunció el ceño. "¿Te atreves a tomarme a la ligera?"

Antes de responder, Timmy miró a Maynard, quien estaba observando todo con los brazos cruzados.

"Abuelo, lleve a todas las personas a un lugar seguro mientras yo me encargo de este tipo."

Maynard resopló y comenzó a alejarse con los demás, pero antes de irse, miró a Timmy con una sonrisa maliciosa y dijo:

"De acuerdo, muchacho… pero recuerda que Morgana me debe dos besos por todo esto."

Timmy sintió un escalofrío recorrer su espalda.

"Si sobrevivo a esto… Mort me matará."

Pero enseguida sacudió la cabeza y sonrió con determinación.

"Bueno… no puedo perder aquí."

Finalmente, terminó su calentamiento y se colocó en posición de combate.

"Me llamo Timmy, y soy un Saiyajin al que le encanta pelear contra personas fuertes."

Sus ojos brillaron con emoción.

"Por favor, no me decepciones."

El rostro de Abysson se endureció. No solo se sintió insultado, sino que reconoció la palabra "Saiyajin" de viejas historias sobre guerreros imparables.

"Maldito mocoso… pagarás por tu arrogancia."

El agua a su alrededor comenzó a elevarse.

Timmy sonrió con emoción.

De regreso con Bingo

Al ver la gravedad de la situación, Bingo supo que tenía que actuar rápido.

Se giró hacia la profesora y la madre de Lila con una expresión firme.

"Busquen un lugar seguro. Yo me encargaré de esto."

Las dos mujeres la miraron confundidas.

"Jovencita, ¿qué está pasando aquí?" preguntó la madre de Lila con evidente preocupación.

Bingo apretó los puños y sacudió la cabeza. "Es difícil de explicar, pero no hay tiempo. ¡Váyanse!"

Justo en ese momento, el sello reaccionó, brillando con intensidad.

"Las personas marcadas deben presentarse para iniciar el duelo. No pueden ocultar su identidad."

Bingo sintió un escalofrío cuando el supuesto artista se quitó su disfraz. Ante sus ojos apareció una mujer de vestido negro con marcas de veneno recorriendo sus brazos.

Con cada paso que daba, flores extrañas florecían a su alrededor, exhalando un aroma dulce pero perturbador.

La mujer sonrió con malicia.

"Tienes suerte, niña," dijo con voz seductora. "Verás la belleza de mis flores antes de morir."

Bingo mantuvo la compostura y la observó con atención.

"Eres hermosa, lo admito…" dijo con una sonrisa confiada. "Pero estoy segura de que el verdadero peligro no son tus plantas, sino esas marcas en tu piel."

La hechicera rió suavemente. "Vaya, eres perspicaz. Pensé que cualquiera que me tocara moriría al instante, pero aquí estás, de pie."

Bingo sonrió con ironía. "Debo imaginar que tu veneno es tan letal como tu lengua."

La hechicera inclinó la cabeza con una expresión que parecía cálida y amable, pero sus ojos reflejaban otra cosa.

"Oh, mi niña… me daría mucha pena acabar contigo. Eres tan hermosa."

Se acercó unos pasos y agregó con dulzura inquietante:

"¿Qué te parece si te unes a mí? Sacrificamos a todos los demás y sobrevivimos juntas."

Bingo sintió un escalofrío de puro asco y repulsión.

"Ya decía yo que algo olía mal," dijo con una mueca de disgusto. "Puedes verte hermosa por fuera, pero estás podrida por dentro. Jamás sacrificaría a personas inocentes para salvar mi vida. Yo lucho por aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos."

La sonrisa de la hechicera se desvaneció lentamente, reemplazada por una expresión de fría crueldad.

"Oh, mi niña, eso suena tan hermoso…

Lástima que tendré que arrancarte de raíz."

Lila temblaba detrás de su madre, aterrada.

La profesora no sabía qué hacer ni cómo reaccionar ante la situación.

Bingo notó la angustia de la pequeña y se acercó con calma, y de su palma creció una flor.

"Lila, toma esto."

"Es una flor con tu nombre." explicó Bingo con una sonrisa suave. "Para que te calmes un poco. Yo me encargaré del resto."

Lila sostuvo la flor con ambas manos, pero su miedo no desapareció. "Señorita… ella parece muy mala… y muy fuerte…"

Bingo le guiñó un ojo. "Entonces, tendré que ser más fuerte que ella."

La hechicera sonrió con malicia y dio un paso adelante.

"Mi nombre es Belladona," declaró con voz elegante. "Y mi magia es la creación de plantas y venenos."

Bingo no se sorprendió.

"Vaya, me lo temía."

Respiró hondo y adoptó su postura de combate.

"Yo soy Bingo Heeler."

"Soy una maga de plantas… pero yo creo curas para los venenos."

Belladona rió con dulzura retorcida.

"Oh, mi niña… si nos hubiéramos conocido antes, seguro habríamos trabajado juntas."

Bingo negó con la cabeza, manteniendo su determinación.

"Jamás trabajaría con alguien que no respeta la vida."

En ese momento, la madre de Lila y la profesora quedaron completamente impresionadas.

El impacto fue aún mayor cuando escucharon su nombre.

"¿Bingo…?" susurró la madre de Lila.

Sus ojos se abrieron con incredulidad.

"¿Eres… la Bingo que conocemos?"

Lila se adelantó un poco, sujetando la flor con fuerza.

"¡Bingo, eres tú de verdad?"

Bingo se giró hacia ellas con una sonrisa confiada.

"No soy la Bingo que conocen, porque tengo 15 años."

"Pero sí soy su amiga… y les prometo que las protegeré a todas."

Su mirada se endureció al mirar a Belladona.

"Y a todos los que están atrapados en este domo."

El destino de Bluey, Shin, Si Xing Long, Timmy y Bingo estaba a punto de decidirse en duelos mortales contra los hechiceros.

Los sellos brillaban con intensidad, sellando el destino de cada combatiente.

Cada uno se encontraba frente a su oponente, sintiendo la tensión en el aire.

Bluey sostenía con firmeza su lanza de hielo, con la mirada fija en Mentaris, quien sonreía con confianza, listo para atacar su mente.

Shin se mantenía relajado, pero sus ojos no dejaban de analizar a Sanguinus, quien sonreía con una mirada siniestra.

Si Xing Long rugía con poder, su aura ardiente chocando contra los vientos afilados de Eolos, quien flotaba con calma en la tormenta que había desatado.

Timmy flexionó los brazos, sintiendo el agua elevarse a su alrededor mientras Abysson preparaba su primer ataque. Un combate que pondría a prueba su resistencia hasta el límite.

Bingo entrecerró los ojos mientras Belladona caminaba entre las flores venenosas con una sonrisa encantadora, pero mortal.

Las apuestas estaban claras.

Nadie podía perder.

El sello rugió con energía oscura y la voz que lo controlaba habló por última vez:

"¡QUE COMIENCEN LOS DUELOS A MUERTE!"

La batalla había comenzado.