No hay plazo que no se cumpla ni fecha que no se llegue, por fin estoy aquí para traerles el final.

Quiero aclarar que está escrito desde hace tiempo, solo que valga la redundancia no había tenido tiempo de subirlo, sé que muchas comprenderán mis motivos y otras no tanto, pero de todas formas quiero decirles que está escrito con mucho cariño para todas ustedes, recuerden que es sin fines de lucro.

DESTINO

CAPÍTULO 52

La mirada de Candy estaba puesta en Alexander, sus ojos brillaban con intensidad y con todo el amor que sentía por él, pero había algo más que se escondía en aquella mirada verdosa que se perdía en la azulada de su primogénito, algo que no escapaba a la vista perceptiva de Alexander y que lo hacía tener esa complicidad que habían desarrollado a través del tiempo.

-Mamá, ya es suficiente. – Decía Alexander al constante acomodo que su madre daba a los rizos dorados que adornaban su cabeza, los cuales seguían igual de rebeldes como cuando era un bebé.

-Alexander, por favor no te muevas. – Decía Candy acomodando los ensortijados cabellos de su hijo. Alexander giró los ojos ante el reclamo de su madre, miró a su padre quien se encontraba detrás de ella y aceptó hacer caso a sus palabras quedándose quieto para que ella terminara de arreglar su cabello y lo engomara como lo hacía cuando era un bebé.

Candy lo miró a los ojos una vez más y se perdió de nuevo en su mirada, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras contemplaba sus hermosos ojos azules y sus tiernas pecas, las cuales se movían ante la caricia hecha por la también pecosa.

-Mamá no llores… - Dijo Alexander tomando entre sus manos el rostro de su madre. – No quiero verte triste… - Le dijo besando su frente mientras la abrazaba con ternura.

-No estoy triste… - Dijo Candy intentando sonreír nuevamente. Candy sonrió y el rostro de su pequeño Alexander se reflejó en sus pupilas. – Al contrario… estoy muy feliz por ti… por ustedes… - Dijo pasando saliva con dificultad, pero la verdad era que la pecosa no sabía mentir, era doloroso para ella y al mismo tiempo estallaba de alegría. Alexander sonrió una vez más con ternura.

-Siempre serás nuestra reina… - Dijo una vez más el pequeño ciclón de la hermosa ex enfermera. Candy sonrió ante las palabras de su hijo.

-No… - Dijo con cierta amargura, una que nacía desde lo más profundo de su corazón aunque se resistiera a sentirla. – Ella será de ahora en adelante tu reina, ella es la mujer que has elegido como compañera de vida y yo solo soy tú madre… - Le dijo besando con delicadeza su frente, mientras con ese mismo amor de madre rogaba por su felicidad. Alexander la observó con admiración, con la misma admiración que aprendió a sentir por ella desde que era tan solo un bebé.

Alexander se inclinó para que su madre pudiera alcanzarlo sin dificultad. Era ahora un hombre, un chico de diecinueve años, tan alto y tan guapo como su padre, tenía su misma sonrisa, sus mismos ojos y sobre todo su carisma, había heredado las pecas y el cabello de su madre, así como su bondad y su buen corazón.

-Te amo tanto mi pequeño ciclón… - Le dijo Candy sin poder evitar que una lágrima recorriera sus ojos. Alexander se sintió morir al ver llorar a su madre.

-Mamá… - Le dijo con un nudo en la garganta, comprendiendo en ese preciso momento que todo había cambiado para ellos.

-Tranquilo… - Le dijo Candy sin soltar el bello rostro de su hijo. – Estoy bien, pero no puedo evitar sentirme un tanto melancólica. – Le dijo con ternura. Alexander besó sus manos con respeto y devoción.

-Gracias mamá… gracias por todo… - Dijo Alexander mirándola a los ojos, en ellos podía ver todo el amor que su madre tenía para él. – Gracias por luchar con todo para mantenerme a tu lado… - Dijo para sorpresa de Candy, quien lo miró intrigada porque no sabía que su hijo estaba enterado de lo que había sucedido en los años que había nacido. – Mi abuelita Elroy me lo dijo hace muchos años. – Dijo Alexander con amor. Candy lo miró sorprendida y después miró a Anthony, quien se acercó a ella para abrazarla y poder así reconfortarla.

-Te amo… - Le dijo Candy con una sonrisa para después darle su bendición. – Los amo… - Dijo una vez más girando su rostro para ver a su esposo y a sus otros hijos, quienes respetaban en silencio el dolor que sentía su madre al desprenderse del mayor de sus hijos.

-También te amamos… - Dijo Anthony besando su mejilla con ternura. Candy sonrió y Alexander los abrazó a ambos con fuerza.

-Vamos, porque se hace tarde. – Dijo Candy intentando imprimir un poco de ánimo y evitar así llorar nuevamente.

-Tranquila mamá… - Dijo Andrew quien se acercó a ella para darle un beso, mientras Adrián tomaba su mano para esperar su turno.

Candy había tenido un par de gemelos hacía 14 años, Andrew y Adrián habían sido nombrados, ambos chicos eran rubios de ojos verdes, habían heredado el rostro de su madre pero sin las pecas, el cabello de su padre aunque rizado, así como su temperamento valiente y decidido. Ambos chicos caminaban junto a sus progenitores, ellos también enfrentaban la próxima boda de hermano mayor, con el cual habían compartido toda su vida y representaba una figura de respeto para ellos.

-¿Estás bien? – Preguntó Anthony una vez que Alexander estaba un poco más retirado. Candy sonrió con nostalgia, sería la primera vez que se alejaría de su hijo después de haberlo tenido a su lado todos esos años, no los suficientes para una madre. Anthony no había querido que estudiara en el San Pablo como lo había hecho él y sus primos.

-Voy a extrañarlo mucho. – Dijo Candy intentando ser fuerte, porque sabía que la futura esposa de su hijo era como una hija para ella y eso le daba el valor necesario para enfrentar aquella separación.

-Todos lo extrañaremos. – Dijo Anthony con la misma nostalgia, sin embargo sabía que debía darle ánimo a su esposa y ser ese pilar fuerte en el que ella se apoyara siempre, porque la decisión de Alexander de quedarse a vivir en Inglaterra era algo que debían aprender a sobrellevar.

-Podremos visitarlo cuando regrese de luna de miel. – Dijo Andrew con emoción, porque él al igual que Adrián extrañaría mucho a su hermano mayor.

-¡Es verdad mamá! – Dijo Adrián con emoción, intentando entre los tres caballeros que la rodeaban dar el ánimo suficiente para levantar un poco su ánimo.

-Lo bueno que los tengo a ti… a ustedes… - Dijo Candy abrazando a sus dos hijos y a su esposo, quien los envolvió en sus brazos.

Los gemelos aún eran muy jóvenes a pesar de su alta estatura, eran esbeltos, con una figura atlética en desarrollo producto de la equitación y esgrima, además de muy bien parecidos, sin embargo ellos aún estaban estudiando y se preparaban para ser todos unos hombres de negocios o tal vez unos jardineros elegantes, porque habían heredado el amor por las rosas de su padre y la comprensión de su madre para estudiar lo que ellos decidieran estudiar.

El camino hasta la iglesia fue duro para Candy, porque cada metro que avanzaban significaba el comienzo de la nueva vida de Alexander lejos de ella y a pesar del amor que ella tenía por Julieta y ésta por ella, no podía dejar de sentir que había perdido una parte del amor de su hijo, sobre todo por la distancia que los separaría a partir de ese día.

-Estará bien… - Dijo Anthony a su esposa, mientras la abrazaba a su pecho. Candy lo miró igual de enamorada, sabía que su esposo intentaba darle ánimo.

-Lo sé… - Dijo Candy con una gran sonrisa llena de nostalgia, pero ver el rostro iluminado de felicidad de Alexander le hacía saber que todo estaría bien a pesar de que ya no lo vería a diario y de que tal vez pasarían meses o tal vez años antes de volver a verlo.

Los recuerdos de Candy viajaron a través del recorrido que había tenido junto a su hijo desde el momento mismo que se había enterado de su espera, recordó lo difícil que había sido su embarazo y los obstáculos que habían enfrentado solo ellos. Alexander había sido además de un gran maestro en su vida, su compañero desde el día que nació, a pesar de tener de cerca siempre la presencia de Annie y de Tom, eran ellos dos contra el mundo, sin la presencia de Anthony los primeros cinco años de la vida de Alexander, habían logrado forjar un vínculo muy especial entre ellos, en los que el pequeño se sentía con la responsabilidad de cuidar de su madre, no fue hasta el regreso de Anthony que se permitió ser un niño otra vez.

La etapa que iniciaron una vez que Anthony había regresado, recorrió sus recuerdos como si fueran un rápido relámpago, sintiendo que todos esos años se habían ido rápidamente. Anthony lo había enseñado a montar, a conducir, a podar sus rosas, pero sobre todo, lo había enseñado a ser ese joven responsable y respetable que ahora era, un caballero que amaba y respetaba a su madre y que se había convertido en un ejemplo para el par de gemelos que lo veían con gran admiración y respeto, algo así como él había un día aprendido a admirar a su padre. Había aprendido a ser un hombre que tomaba las decisiones de su vida y el casarse con Julieta y quedarse a vivir en Inglaterra eran decisiones que habían cimbrado la emoción y estabilidad de la familia Brower.

Anthony la besó con dulzura, habían llegado a la iglesia y la pecosa seguía sentada en la parte trasera de la limusina, haciendo un recuento de su vida desde que Alexander había llegado a ella.

-Pecosa… - Dijo Anthony con ternura para regresarla de sus recuerdos. Candy lo miró a los ojos y se perdió en ellos, encontrando la misma nostalgia que sentía su esposo. Ella le sonrió y él comprendió lo que sentía en su corazón, pero el recuerdo de ese grande amor que nació por una visita en el hospital inyectó en su corazón un poco de ánimo.

Candy extendió la mano hacia su esposo y después bajaron los gemelos quienes caminaban detrás de sus padres. Alexander iba al frente, pero se detuvo frente a la puerta de la hermosa parroquia para esperar a sus padres, les sonrió feliz y extendió sus brazos para que lo acompañaran hasta el altar, donde esperaría con ansias a su Lady, hija del Duque y la Duquesa Grandchester.

Andrew y Andrés entraron detrás de su hermano y sus padres, quienes caminaban uno a cada lado de Alexander, dispuestos a llevarlo hasta el altar donde él recibiría a su próxima esposa.

-¿Nervioso? – Preguntó Anthony a su hijo. Alexander lo miró con ese brillo intenso que iluminaba sus ojos desde que se dio cuenta que estaba enamorado de Julieta.

-Para nada… - Dijo con la misma seguridad que un día había mostrado su padre cuando se casó con su madre. – Solo ansioso… - Dijo impaciente, quería ya estar unido a la mujer de su vida, porque eso representaba Julieta para él. Había existido un momento en el que pensó que estaba fuera de su alcance, cuando su padre tomó el título de Duque y ella se convertía en la señorita Lady Julieta Grandchester, pero gracias al amor que se tenían habían vencido los obstáculos que ponía la nobleza y los que obviamente había puesto en nuevo Duque de Grandchester.

El matrimonio Brower dejó frente al altar a su primogénito para después tomar lugar en el lado derecho de la iglesia, lugar donde estaban ya los gemelos esperando, ahí se encontraban Stear y Patty junto a sus tres hijos, Alan, Ángel y Gema quien era un año mayor que los gemelos de Candy y Anthony. Gema era una niña de cabellos largos y de color castaño oscuro, con los ojos negros y una sonrisa tímida y cautivadora, a pesar de su corta edad podía cortar la respiración de los chicos a su alrededor.

Muy cerca de ellos se encontraba Archie y Annie, quienes tenían dos hijos, Alexis de doce años y Matthew de diez, ambos chicos con ojos azules y cabellos castaños como los de su padre, los dos chicos tenían la hiperactividad de su padre y al mismo tiempo la ternura de su madre, quien a veces se las veía en problemas para poder controlarlos, sin embargo gracias a su padre estos eran unos chicos bien portados, justo como a la tía abuela le gustaba que fuesen los niños.

Albert estaba junto a la doctora Kelly, ellos tenían tres hijas, todas rubias de ojos azules, sus rostros eran hermosos y la elegancia que habían adquirido de su padre las hacía ser las perfectas señoritas, dignas de la nobleza. Abril de trece años, Elena de doce y Hanna de once, todas ellas muy propias y educadas observaban con una gran sonrisa a su sobrino próximo a casarse. El porte de las tres hermanas Ardlay era innegable que venía de sus genes paternos, "unas dignas representantes de la familia Ardlay" hubiese dicho Elroy si las hubiese conocido.

Tom y Elisa estaban también del lado de los invitados por parte del novio, su hija Melissa que era la mayor se encontraba junto a ellos. La joven era una muchachita de catorce años de edad, cabello largo y rojizo, ojos ámbar como los de su padre, sus labios rojos sin necesidad de estar pintados y su aparente altivez lograba también despertar admiración por los chicos de su edad, principalmente de Andrew, quien de vez en cuando giraba su rostro para verla disimuladamente. Melissa sonreía en su interior, mientras con aparente indiferencia correspondía a aquellas miradas furtivas. Danissa era la segunda hija del matrimonio Stevens, y al igual que su hermana tenía el cabello rojizo pero de un tono más brillante e intenso, sus grandes ojos grises anunciaban que sería una mujer muy bella cuando alcanzara la madurez. Danissa tenía la misma edad que Alexis, el hijo de Archie. Por último habían tenido un niño, Steve, llamado así en honor al padre de Tom, quien había fallecido el mismo año que había nacido el pequeño diez años atrás, el pequeño Steve era un niño con los cabellos castaños como su padre y los ojos ámbar como los de su madre, su apariencia campirana anunciaba que era el vivo retrato de su padre, amaba el campo y los caballos salvajes, era tan inquieto y travieso como lo había sido Tom en su infancia, y eso era algo en lo que Candy podía dar fe.

Terry se encontraba junto a Julieta, quien nerviosa estaba en la entrada de la iglesia esperando la hora de entrada. La nobleza formaba ahora parte de su familia, todo aquello que él había despreciado en los años de colegio ahora lo representaba y con ello el peso de ser un digno representante del ducado de Inglaterra. Las canas sobre sus sienes habían salido de manera prematura, provocadas según Cassie por los desvelos que provocaban lo asuntos de la nobleza.

La familia Britter estaba junto a Cassie esperando la entrada triunfal de la novia, todos vestidos con elegancia y distinción, justo como lo hacían desde que Terry había heredado el título de Duque cinco años atrás, momento en el que Alexander y Julieta se habían separado por que la pequeña se había ido a vivir a Inglaterra junto a sus padres.

Además de Julieta los Grandchester habían tenido una niña más de nombre Cordelia, la cual tenía tan solo trece años, pero a pesar de su corta edad era una niña hermosa de alegres y coquetos ojos azules, cabellos largos y rubios y mirada penetrante como la de su padre, a diferencia de Julieta que era alegre y traviesa, Cordelia era reservada como su padre, estudiaba a las personas a su alrededor y entre sus intereses estaba el gemelo de Anthony y Candy, Adrián, quien no era ajeno a las miradas que le dedicaba la pequeña cuñada de su hermano mayor. Terry era el que más sufría con aquella historia ya que su primogénita Julieta, desde muy pequeña había estado enamorada de Alexander y no veía muy lejos que su hija menor estuviera también enamorada de uno de los gemelos de Anthony, bufaba tan solo de pensar que pudiera ser consuegro doble de aquel que había considerado tanto tiempo su enemigo, al verlo cualquiera diría que sus canas eran producto de esa preocupación.

William era el hijo más pequeño de Cassie y Terry, quien era el vivo retrato de su padre, pero a pesar de su apariencia fría y desinteresada era una chispa viviente igual que su madre, su personalidad no tenía nada que ver con la mirada fría y seria que a veces mostraba cuando sentía que no le era interesante lo que escuchaba, por el contrario una vez en confianza era el alma de la fiesta en el lugar que se encontrara, aquella misma chispa y su sonrisa deslumbrante había sido captada por la pequeña Danissa Stevens, quien se ponía de todos colores al ver la llegada del pequeño noble William Grandchester.

Para nadie era un secreto que Terry había elegido los nombres de sus hijos, siendo un ferviente admirador de Shakespeare, había elegido que sus hijos llevaran el nombre de dos de los personajes de sus novelas favoritas, Julieta por Romeo y Julieta, Cordelia por la hija del Rey Lear, obra en la que participó por primera vez y William por el mismo autor Shakespeare, aunque Albert lo molestaba diciéndole que era en honor a él ya que ahora era un actor retirado, gracias a los múltiples compromisos que debía atender en la nobleza.

-Lo que me faltaba. – Dijo Terry con cierta incomodidad, al comprobar una vez más sus sospechas.

-¿Qué sucede? – Preguntó Julieta preocupada al escuchar la queja de su padre.

-Solo falta que Cordelia se enamore del otro hijo de Anthony… - Dijo mirando de reojo al gemelo que de vez en cuando giraba su rostro para ver a su hija. Julieta sonrió con travesura al ver que su padre estaba una vez más celoso de su pequeña.

-Y solo falta que William se enamore de Danissa… - Dijo Julieta con travesura, pero contrario a lo que esperaba la joven que su padre dijera, una sonrisa surcó el rostro de Terry, una sonrisa que fue de orgullo y alegría. - ¡No es justo papá! – Dijo Julieta mientras caminaba hasta el altar del brazo del antiguo rebelde, ahora Duque de Grandchester. – Cordelia y yo hemos padecido tus celos, en cambio William que es más pequeño no te provoca molestia que ande levantando pasiones con las niñas de su alrededor. – Dijo con diversión. Terry comenzó a reír con discreción mostrando el orgullo de hombre.

-Que te digo… es lo que provocamos los Grandchester. – Dijo con diversión y arrogancia, seguro de que su vástago levantaría las mismas miradas que había levantado él en el pasado y que digamos de paso seguía cautivando.

No muy lejos de ahí, justo frente al altar un joven de rizos rubios y pecas bailarinas miraba asombrado la belleza de su futura esposa, quien ajena a la mirada de su aún prometido reía divertida por la plática que sostenía junto a su padre.

Los recuerdos de Alexander viajaron en el momento en que ella le había dicho que se iría a vivir a Inglaterra, aún recordaba el dolor que sintió en su pecho al saberla tan lejos, porque a pesar de que él vivía en Lakewood y ella en Nueva York, la distancia no era mucha para verse de vez en cuando, y aunque en ese momento aún no se había dado cuenta de que estaba enamorado, sintió que su corazón se iba quebrando poco a poco conforme pasaban el tiempo y la sabía lejos.

Alexander siempre había convivido con Julieta, habían crecido juntos y a pesar de que siempre la buscaba en los bailes o cuando quería robarle una sonrisa, sentía que el cariño que tenía por ella era normal entre dos niños que se conocían de toda la vida, no fue hasta que la supo del otro lado del océano y a días de distancia que sintió la necesidad que tenía de verla aunque fuera una vez al mes.

-¡No sé si podré estar tan lejos de ella! – Había dicho llorando en los brazos de sus padres, quienes con todo el amor y el cariño que tenían por él lo habían consolado y animado a descubrir sus verdaderos sentimientos, cuando por primera vez sintió su corazón roto.

-Por supuesto que podrás… - Le dijo su padre con seguridad, mirándolo a los ojos para que comprendiera que era normal el dolor pero también que necesitaba dejar que ella volara con sus propias alas. – Y si realmente la amas y ella te ama a ti, no habrá fuerza alguna que logre separarlos… - Dijo una vez más el rubio con ternura, mirando los ojos de su hijo llenos de lágrimas, él y su esposa eran la prueba viviente de que eso era posible.

-Si ustedes están destinados a estar juntos, no permitas que la distancia los separe. – Le dijo Candy limpiando sus lágrimas con ternura. Alexander observaba a sus padres y el dolor que sentía en su pecho no mitigaba, sin embargo las palabras de aliento que tenía de ellos le daban el valor para soportar aquella separación que amenazaba con ser duradera, y al mismo tiempo a luchar con todas sus fuerzas para lograr estar juntos.

-Tienes razón mamá, si alguna vez ustedes a pesar de la distancia pudieron estar juntos, Julieta y yo también lo lograremos. – Dijo con el ánimo en su voz, pero a pesar de ello su corazón dolía, sobre todo porque creía que el estatus social que ahora ella portaba se alejaba mucho de su condición.

Alexander sonrió una vez más cuando tuvo cerca a Julieta y a su padre, quien con la misma mirada intensa que le dirigía desde que supo de su relación lo miró fijamente. Alexander mantuvo su mirada firme, observando a su futuro suegro con seguridad y aplomo, sabía que era un buen hombre, pero sabía también que buscaba en él esa certeza de que cuidaría bien de su hija, su mirada fría escondía en el fondo la preocupación de todo padre por su pequeña.

-Espero que la hagas feliz. – Dijo Terry con seriedad, su mirada fija en Alexander hizo que Anthony apretara un tanto la mandíbula, le molestaba que el ex actor intentara intimidar a su hijo. Candy tomó su mano para que se calmara, sabía que Alexander sabía manejarlo, no en vano lo había tolerado cinco años de relación.

-Ya soy feliz papá… - Le dijo Julieta a su padre. La joven sorpresivamente había respondido a su padre para que se tranquilizara, después de todo Alexander era un joven que conocía de toda la vida y era un excelente muchacho. Alexander sonrió feliz por la respuesta de su novia. – Y solo espero que él sea tan feliz como lo soy yo… - Dijo mirando a los hermosos ojos azules de su novio. Alexander volvió a sonreír enamorado, mientras sus pecas resaltaban en su lindo sonrojo.

-Soy el más feliz de todos. – Dijo Alexander con seguridad, para después ver a su suegro fijamente. – No tiene qué preocuparse por nada, nos amamos y seremos muy felices. – Dijo seguro y firme. Terry sonrió de lado y se dirigió hasta el lado de su esposa, por lo menos Julieta viviría más cerca de él de lo que Alexander viviría de Anthony y Candy.

Anthony miró a Terry y este le sonrió de lado, sabía que lo había molestado y eso lo hacía sentir bien ya que a veces extrañaba poder discutir con tan buen contrincante, era como si extrañara aquellos años de Colegio en los que se habían enfrentado en más de una ocasión llegando a los golpes, a veces la vida de la monarquía era tan aburrida y él tan impulsivo.

La ceremonia comenzó y entre las lágrimas de Candy y Cassie, los juramentos de amor fueron expuestos ante todos, los novios decían sus votos y las miradas de amor entre los enamorados no podían pasar desapercibidas para el resto de los invitados, quienes enternecidos escuchaban con atención el sagrado sacramento que se realizaba ante Dios.

-Los declaro marido y mujer. – Fueron las últimas palabras del párroco, quien después de anunciar a la joven pareja y dar su bendición permitió que salieran para iniciar su vida ya con la bendición de Dios.

-¡Qué vivan los novios! – Gritaron los gemelos de Stear, seguidos por Andrew y Adrián, quienes junto a los hijos de Archie vitoreaban alegres al despedir de su soltería al capitán de travesuras.

Las felicitaciones llegaron y tanto Candy como Cassie se dedicaron a abrazar con fervor a sus hijos dedicándoles palabras de amor y consejos para llevar una buena relación, palabras que los recién casados agradecían y se miraban entre sí con timidez.

-Cuídala mucho… - Dijo Terry con seriedad, algo que tomó Anthony escuchó desde su lugar.

-Cuídense mucho. – Dijo Anthony como corrigiendo lo que había dicho el Duque. – Ámense y sean felices. - Dijo mirando a ambos muchachos, porque para él era tan importante la felicidad de Julieta como lo era la de su hijo.

-Gracias señor Brower. – Dijo Julieta con una linda sonrisa para después abrazar a Anthony con el cariño y el respeto que siempre había mostrado por él. Anthony le sonrió y miró a su hijo para después abrazarlo con orgullo.

-Te quiero hijo. – Le dijo con todo el amor que solo Anthony podía mostrar por sus hijos. Terry lo observó con cierta burla en su voz, como inglés era incapaz de mostrar sus sentimientos porque eso para él era solo para los débiles.

Candy y Cassie se dirigieron por sus esposos, sabían que ese par aunque cortés no estaban del todo amigados a pesar del tiempo, para Terry, Anthony siempre sería el que le provocó dolores de cabeza y para Anthony, Terry siempre sería el que anduvo detrás de su esposa.

-Es hora de la recepción. – Dijo Candy con una sonrisa a su esposo. Anthony se tranquilizó al sentir el cálido abrazo de su esposa. Terry lo miró con socarronería y se enfocó en Cassie, quien lo miraba con cierto reproche porque sabía que su intención era molestar a Anthony.

El baile de los recién casados inició en el suntuoso castillo que pertenecía a los Grandchester, castillo que Terry había heredado al ser el primogénito y que a pesar del pleito que había armado su madrastra no había podido ganar en su contra.

-Es un hermoso lugar. – Dijo Candy observando la elegancia y opulencia del lugar donde vivía Cassie.

-Es enorme… - Dijo Andrew observando con detenimiento el interior del gran salón donde se realizaba la fiesta.

-Pensé que solo mi tío Archie y mi tía Annie daban esas fiestas tan elegantes y ostentosas. – Dijo Adrián con travesura.

-Mi abuela insistió en ello. – Dijo de pronto Julieta, quien escuchaba a sus dos cuñados hablar sobre la fiesta, tanto Andrew como Adrián se mostraron apenados por haber sido escuchados.

-Disculpa Julieta. – Dijo Andrew apenado en verdad. Julieta sonrió ante lo dicho por su cuñado.

-Te perdono con la condición de que bailes con Cordelia. – Dijo Julieta ante el asombro de Adrián, quien era el que estaba interesado en la hermana menor de su cuñada.

-No hay problema. – Dijo Andrew con travesura, Julieta jamás había logrado identificarlos y mucho menos vestidos de la misma forma, así que mirando a su hermano gemelo le guiñó un ojo indicándole que debía bailar con la pequeña Lady, Cordelia.

-Andrew… - Dijo Adrián con discreción, mientras Candy y Anthony se habían dado cuenta de la intención del gemelo mayor. Andrew hizo una seña para que su hermano guardara silencio.

Alexander sonrió y guiñó un ojo a sus hermanos, indicando que estaba de acuerdo con lo que Andrew intentaba hacer. Anthony sonrió por la complicidad entre sus hijos, una que le recordaba a la que tenía con sus primos y su tío.

El baile principal daba inicio, mientras los novios bailaban al centro de la pista alrededor del salón se encontraban los padres de ellos, los hermanos, tíos, primos y demás invitados, todos observando la elegancia con la que los novios ejecutaban su primer baile como marido y mujer.

Andrew estaba junto a Adrián, quien se ponía cada vez más nervioso al recordar que su gemelo había hecho la promesa en su nombre de bailar con Cordelia, más no estaba seguro de que la joven tuviera la intención de bailar con él.

-Anda… - Decía Andrew con emoción, instando a su gemelo que se atreviera a invitar a bailar a la hermana menor de Julieta.

-¿Estás loco? – Preguntó Adrián con nerviosismo.

-Lo prometiste… - Dijo Andrew con travesura.

-¡Tú lo prometiste! – Dijo Adrián con discreción.

-Julieta no lo piensa así. – Dijo Andrew con tranquilidad, sabía que su cuñada no los había distinguido y en el momento que había hecho la petición lo había confundido con Adrián.

Julieta desde el lugar en el que bailaba miraba a ambos gemelos como pidiendo a cualquiera que le hubiera pedido que invitara a bailar a su hermana lo hiciera de una vez.

-Anda hijo. – Dijo Anthony animando a su vástago.

-Pero papá… fue Andrew…

-Lo sé… - Dijo Anthony antes de que el menor de sus hijos se disculpara. – Pero Julieta no los distingue del todo. – Dijo el rubio con una sonrisa. – Y tú eres un caballero. – Dijo de nuevo animando a su hijo a cumplir la promesa que era para él. Adrián sonrió con nerviosismo al mirar la fría elegancia que tenía la hija menor de los Grandchester.

-Y si ella no acepta… - Habló Adrián con cierta melancolía, no había nada en la actitud de Cordelia que lo animara a invitarla a bailar. Anthony sonrió con ternura.

-No pasará nada… - Dijo Anthony con amor. – Si ella no acepta besarás su mano y agradecerás su atención. – Dijo de nuevo el rubio, indicando que no era importante si era rechazado.

Adrián asintió con determinación, sabía que podía ser rechazado por Cordelia, su mirada era fría e indiferente y aunque alguna vez había creído que lo observaba con interés, no podía confirmarlo, pero ese mismo aire de misterio e indiferencia era lo que lo atraía de la pequeña.

Anthony y Candy observaban junto con Andrew, el valor que había adquirido Adrián de un momento a otro, todos estaban al pendiente del gemelo quien con disimulado nerviosismo se acercó a Cordelia ante el asombro de Terry, quien solo observó cómo el hijo menor de Anthony se acercaba a su hija menor y haciendo un elegante reverencia la invitaba a bailar.

El corazón de Cordelia se aceleró ante la invitación que recibía, su corazón latía con fuerza, pero sus ojos azules miraban a Adrián con coqueta indiferencia, por un momento Adrián sintió que deseaba salir corriendo de ahí, pero al ver la sonrisa que iluminó el rostro de la joven su corazón bailó de gozo.

-Se los dije. – Dijo Andrew con seguridad, él sabía bien que su hermano estaba enamorado de Cordelia y sabía bien que aquella chica aunque indiferente y hasta algunas veces rebelde tenía interés en su hermano.

-Yo lo que quiero saber es si te atreverás a bailar con Melissa… - Dijo Candy con travesura al gemelo que estaba junto a ella. Andrew carraspeó un poco y giró su rostro con discreción hacia donde una Melissa con los ojos bien abiertos veía bailar a su hermano gemelo.

-Tal vez ella no quiere bailar conmigo… - Dijo Andrew con nerviosismo, ahora era su turno de dudar. Anthony sonrió con travesura.

-Tal vez porque cree que estás bailando con Cordelia. – Dijo Anthony mirando hacia donde la pequeña Stevens volteaba.

Andrew caminó hasta donde estaba Melissa, quien se tronaba los dedos mientras veía sonreír a Adrián mientras bailaba con Cordelia Grandchester.

-Melissa… - Dijo Andrew con timidez. La joven pelirroja sintió un vuelco en el estómago al ver al chico que le robaba el sueño por las noches.

-¿Andrew? – Preguntó la pequeña con el aliento contenido, deseando que el gemelo Brower fuese aquel que ella amaba. Andrew sonrió confirmando a Melissa que era él. – Creí que…

-No… - Dijo Andrew para confirmar que no era su hermano.

-Ahora lo sé… - Dijo Melissa con una sonrisa de lado, sonrisa que cubría de nuevo con su falso orgullo. Andrew sonrió, sabía que ella lo conocía perfectamente y había bastado tan solo una mirada para que lo reconociera.

-Tus hijos son unos rompecorazones. – Dijo Candy con verdadera nostalgia, le dolía reconocer que algún día sus gemelos también tendrían que irse.

-Creo que sacan a su mamá… - Dijo Anthony con dulzura, hablando al oído de su dama quien con ritmo sincronizado bailaba junto a su esposo al ritmo del vals.

-Estoy más convencida que sacan a su papá… - Dijo Candy con travesura.

-¿En serio? – Preguntó Anthony con la misma travesura que su esposa. – Terry… Archie… Neal… - Mencionó a los chicos que se habían enamorado de su esposa.

-Eso quedó en el pasado… - Dijo Candy abrazando a su esposo con más fuerza. – Además yo también podría mencionar a varias… - Dijo Candy con falsa indignación, mientras sus ojos se fijaban en algunas de las invitadas que no dejaban de mirar a su esposo. Anthony le sonrió con amor.

-No existe nadie más para mí… - Le dijo girando con ella entre sus brazos, perdiéndose en sus ojos una vez más mientras los novios bailaban a su lado.

-El amor de tus padres es maravilloso. – Dijo Julieta admirada de la forma en la que a pesar de los años Anthony y Candy seguían estando enamorados.

-Sí… - Dijo Alexander con orgullo, observando también a sus padres bailar como si no existiera nadie más a su alrededor. – La verdad es que jamás he visto a una pareja más enamorada que a mis padres… - Dijo el rubio sin dejar de sonreír.

-Mis padres se aman… - Dijo Julieta convencida de ello. – Pero el amor de tus padres es diferente… - Dijo la joven observando a la pareja bailar felices.

-Tal vez porque sobrevivió a una dolorosa separación. – Dijo Alexander recordando la historia de la vida de sus padres.

Julieta sonrió a su ahora esposo y continuó con su baile, sumida en su propios pensamientos, porque ella también conocía la historia de amor de sus suegros, así como conocía la historia de amor de sus padres, la cual estaba un poco maquillada porque jamás habían mencionado que había sido Cassie la primera en enamorarse, mucho menos habían mencionado que el ahora Duque había pretendido por mucho tiempo a la mamá de Alexander.

La boda terminó y fue el turno para los invitados el despedirse, Alexander y Julieta saldrían de luna de miel a partir del siguiente día, mientras Anthony y toda la familia Ardlay se retiraba hasta la mansión que pertenecía a su familia, donde permanecerían unos días antes de emprender su regreso a América.

-¿Cómo te sientes? – Preguntó Stear a su primo, sabía que Anthony estaba muy apegado a Alexander.

-Bien… - Respondió el rubio con un profundo suspiro, sabía que su esposa era quien más lo sentiría. Candy le sonrió desde lejos. – Será difícil, pero es la ley de la vida. – Agregó una vez más con una sonrisa melancólica, convencido que así debían ser las cosas y estaba bien.

-No te puedes quejar… aún tienes dos más… - Dijo Archie quien lo miraba comprensivo.

-Lo sé… - Dijo Anthony mirando a sus gemelos, quienes reían junto a sus primos. – Aún falta tiempo para que formen su propia vida. – Dijo con tranquilidad, seguro que pasarían algunos años antes de que se fueran de su lado, sin embargo era evidente que Andrew estaba interesado en Melissa Stevens.

-Tú preocupado y yo pienso que ni Alan ni Ángel están interesados en casarse aún. – Dijo Stear quien deseaba también que sus hijos pronto formaran su propia vida.

-Tranquilo hermano, ellos son igual que tú, lo único que les importa es la ciencia. – Dijo Archie palmeando el hombro de su hermano.

-¡Patricia y yo nos comprometimos muy jóvenes! – Dijo Stear casi de inmediato, demostrando que estaba deseoso de casar a alguno de sus hijos.

-Fueron comprometidos por la tía abuela. – Dijo Archie con cierta burla en su voz. Stear infló la nariz en señal de inconformidad.

-¡Cómo hace falta la tía abuela! – Dijo Stear sin tener más remedio que reconocer que había sido gracias a la insistencia de la tía abuela, cómo él se había comprometido con Pattty cuando eran tan solo un par de adolescentes tímidos como eran sus hijos.

-Jamás pensé que lo diría… - Dijo Anthony pensativo, sabía que a pesar del dolor que había provocado la tía abuela en el pasado, también le debía mucho, porque gracias a ella Candy y los gemelos estaban con bien. – Pero tienes razón, Stear. – Dijo el rubio con un profundo suspiro.

Albert sonrió seguro de que todos extrañaban a la tía abuela a pesar de su intensa manera de ser, de sus excesivos protocolos y sus estrictas reglas de etiqueta.

-Tus hijos no necesitan de ayuda para conseguir novia. – Dijo Albert con una sonrisa traviesa, recordando que en el baile habían tenido interacción con familia de los Grandchester, primas de Julieta, quienes habían encontrado interesantes al par de jóvenes Cornwell que con su aire intelectual y distinguido habían provocado suspiros sin proponérselo.

-Eso es seguro. – Dijo Archie con una gran sonrisa, él sabía que sus sobrinos era muy atractivos.

La risa entre los Ardlay se escuchaba en el salón de la mansión de Inglaterra, donde todos comenzaban a despedirse para retirarse a descansar, era casi de mañana y todos se sentían cansados.

-¿Te encuentras bien? – Preguntó Anthony a su esposa, quien se mantenía en silencio desde que habían subido a su habitación.

-Extraño a Alexander… - Dijo Candy con una sonrisa que demostraba la tristeza que sentía en su corazón. Anthony se acercó a ella para consolarla.

-También yo… - Dijo Anthony sin temor a demostrar sus sentimientos.

Alexander era un joven que había sabido iluminar la vida de sus padres, tenía una chispa que brillaba tanto como la de su madre y a pesar de que los gemelos también irradiaban su propia luz, estaban acostumbrados a tener a los tres muy cerca de ellos, sobre todo por las noches cuando antes de dormir hacían la sobremesa, bromeando y jugando entre ellos.

-Alexander será tan feliz como lo somos nosotros. – Dijo Anthony seguro de que su hijo sabría llevar su matrimonio junto a la hermosa Julieta.

-Lo sé, ella es una buena chica. – Dijo Candy con cariño, amaba a Julieta a pesar de que representaba la mujer que se había llevado a su hijo. – No podría pedir a otra mujer para mi hijo, nadie se merece más a Alexander que Julieta. – Dijo la rubia mientras se recostaba en el pecho de su esposo.

-A pesar del padre que tiene… - Dijo Anthony con cierta travesura en su voz. Candy sonrió escuchando la queja de su esposo.

-La mansión no será la misma sin él. – Volvió a decir Candy, sabían que estaría una silla vacía en casa.

-Podemos tener otro hijo… - Dijo Anthony con cierta coquetería en su voz, mientras Candy lo veía asombrada por la propuesta que le hacía.

-¿Qué dices? – Preguntó con sorpresa, no porque no le gustara la idea de intentar tener otro hijo, sino porque sabía bien que su edad ya no era la de una jovencita. – Pero si ya tenemos un hijo casado, pronto tendremos nietos y yo ya no soy…

-Todavía somos jóvenes. – Dijo Anthony con un beso en los labios de su esposa.

Candy se dejó llevar por aquella caricia que le calentaba el cuerpo y el alma, mientras las manos de Anthony recorrían las aún firmes formas de su esposa.

-¿Estás seguro de empezar de nuevo? – Preguntó Candy con el rostro enrojecido por la pasión, sus pupilas dilatadas se fijaban en los ojos azules de su marido. Anthony sonrió al darse cuenta que lo estaba considerando.

-Por supuesto… - Dijo Anthony seguro de ello. – Siempre estaré dispuesto a empezar si tú estás a mi lado. – Le dijo besándola con ternura y pasión.

Candy estaba a punto de cumplir los treinta y siete años, Anthony acababa de cumplir los treinta y ocho, ambos todavía en edad fértil, el único inconveniente que encontraba Candy era el de qué iban a pensar sus familiares y amigos si se embarcaban de nuevo en la paternidad.

-Anthony… - Gimió Candy su nombre al sentir cómo el cuerpo de su esposo se fundía con el suyo, mientras sus piernas se separaban para darle mayor libertad.

-Pecosa… - Gemía Anthony en su rostro, mientras con sutileza y sumo cuidado le hacía el amor, su cuerpo entraba en ella en un lento y suave vaivén y sus ojos se fijaban enamorados y el llamado del clímax los envolvió logrando que sus cuerpos volvieran a saborear el anhelado encuentro que exigían cada noche.

-Te amo Candy… y si tú quieres yo también quiero… pero si no estás dispuesta yo sabré respetar tu decisión. – Dijo Anthony besando sus labios con ternura, mientras su cuerpo volvía a ponerse rígido dentro de ella una vez más.

Candy sonrió y giró su cuerpo para tomar el control de la situación y comenzar a dirigir el ritmo de sus movimientos. Anthony la miraba enamorado, le gustaba sentirse a veces dominado por la hermosa rubia que tenía sobre él mientras sus ojos se fijaban en suave vaivén de sus senos.

El nuevo encuentro derivó en una experiencia más en su vida, su unión a lo largo de los años se había fortalecido y ambos sabían lo que sentía el otro, pero en ese momento, al estar ahí los dos solos con la seguridad que su familia se había reducido a solo cuatro integrantes los hacía tener la propuesta de tener otro integrante más, pero al mismo tiempo sabían que tal vez pronto vendrían los nietos.

El regreso de los Brower a América se dio tres semanas después, semanas en las que habían pasado unos días maravillosos, paseando todos en familia mientras las noches se transformaban en noches de pasión, noches en las que Anthony y Candy tomaban para sí mismos, para amarse, para reinventarse solo ellos, sin niños, sin familia alrededor, siendo nuevamente ese par de novios y amantes que se habían conocido veinte años atrás.

-La casa se siente tan vacía… - Dijo Candy una vez que sus hijos se habían levantado de la mesa.

-Pero llena de alegría y felicidad. – Dijo Anthony con un tierno beso en su mejilla. Candy sonrió y se apretó en su pecho.

-Siempre he sido muy dichosa a tu lado. – Le dijo la rubia mirándolo fijamente a los ojos. Anthony la miró con la misma ternura con la que la había conocido y de la cual se había enamorado profundamente después de aquella cita no cita y una taza de chocolate caliente con bombones y canela.

-Y yo al tuyo… - Dijo Anthony besando su frente.

-¿Crees que Alexander es feliz al lado de Julieta? – Preguntó Candy con cierta nostalgia, temía en el fondo que su hijo no fuera del todo feliz.

-Estoy seguro que lo es… - Dijo Anthony con la confianza de que su hijo era lo suficientemente maduro para saber llevar un matrimonio sano.

Candy sonrió más tranquila de que así fuera, ella sabía que Alexander y Julieta eran felices, pero también estaba segura que su hijo extrañaba Lakewood, él amaba ese lugar y a pesar de la belleza de Inglaterra no tenía los colores o la calidez que tenía Lakewood.

-¡Mamá! – Se escuchó de pronto la voz de Andrew, quien corría con un sobre en sus manos, detrás de él Adrián lo seguía de cerca. La risa de los gemelos hacía ver al matrimonio que no eran malas noticias los que los hacía correr hacía ellos.

-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony al ver que sus hijos corrían con la respiración agitada.

-¡Un telegrama…! – Dijo Andrew intentando hablar con naturalidad.

-¡Es de Alexander! – Dijo Adrián, quien ayudaba a su hermano a comunicarse, la carrera los había dejado sin aliento, pero era más la felicidad por comunicar a sus padres lo que sucedía que esperar a tomar un poco de aliento y hablar.

Candy de inmediato tomó el sobre que Andrew le entregaba, el cual venía dirigido a su nombre, la impaciencia se veía reflejada en el temblor de sus manos, las cuales intentaban abrir sin éxito alguno aquel telegrama.

-Tranquila. – Le dijo Anthony con una sonrisa, presentía que lo que fuera que viniera escrito en aquel pedazo de papel era una buena noticia. Candy sonrió con nerviosismo logrando abrir por fin el telegrama. - ¿Qué dice? – Preguntó Anthony intentando sonar tranquilo, pero la impaciencia estaba ganándole al ver que su esposa no le decía nada.

Los ojos de Candy se abrieron de pronto ante la sorpresa de Anthony, quien no obtuvo respuesta a la pregunta que había formulado, por el contrario Candy le extendió el telegrama para que él mismo se enterara de lo que venía escrito en él. Andrew y Adrián esperaban que Candy les dijera qué estaba sucediendo.

-Vamos a ser abuelos… - Dijo Candy con la voz emocionada y sus ojos verdes a punto de estallar en llanto por la emoción. Anthony abrazó a su esposa contagiado por la emoción y la felicidad que sentía en ese momento.

-Alexander y Julieta vendrán pronto… - Dijo Anthony completando lo que decía el telegrama. Andrew y Adrián se miraron felices y al mismo tiempo confundidos, porque no tenían ni cuatro meses que habían llegado de Inglaterra.

-¡Alexander volverá! – Gritaron los gemelos con emoción, ambos estaban felices por tener de vuelta a su hermano.

-¡Titán se pondrá feliz! – Dijo Andrew con emoción, el joven había pensado en el caballo de su hermano, el cual había quedado un tanto triste después de la partida de su dueño.

-¡Hay que decírselo! – Dijo Adrián comenzando a correr hasta las caballerizas, como si el caballo de su hermano comprendiera la noticia que querían compartirle.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó Candy al ver que su esposo se había quedado callado.

-No explica el motivo por el cual vienen cuando esperan a su primer bebé. – Reflexionó Anthony, seguro que conociendo a Alexander no se atrevería a poner en riesgo la salud de su esposa.

-Julieta está bien. – Dijo Candy segura de que su hijo era bastante maduro. – Además, sabes muy bien que no hace daño viajar embarazada. – Dijo recordando que ellos habían viajado en barco para su luna de miel cuando ella estaba embarazada de los gemelos.

-Tienes razón amor… - Dijo Anthony con una sonrisa, intentando que su esposa no se diera cuenta de su inquietud. Candy lo abrazó feliz por volver a ver a su hijo.

Las semanas pasaron rápido y Anthony y Candy estaban en Nueva York esperando a su hijo y su nuera, pronto la joven pareja se dejó observar por sus padres, quienes ansiosos esperaban su llegada.

-¡Alexander! – Gritó Candy con emoción, agitando su mano para que su hijo los notara. - ¡Julieta! – Gritó también para llamar la atención de su nuera. Alexander al mismo tiempo que su esposa se dieron cuenta de dónde provenía el grito de su madre.

-¡Mamá! ¡Papá! – Gritó Alexander emocionado al ver a sus padres, él sabía que ellos no perderían la oportunidad de ir a recogerlos, a pesar de que Lakewood quedaba a más de un día de camino.

Alexander corrió hasta Candy, abrazándola con fuerza, girando con ella con ese amor que la pecosa representaba para él. Candy lo vio correr hacia ella y en un segundo ya no era aquel muchacho alto y guapo que se había casado cinco meses atrás, sino que volvía a ser el pequeño escurridizo que se escapaba al centro para encontrarse con su padre.

-¡Alexander! – Dijo Candy sintiéndose completa cuando lo tuvo entre sus brazos. El llanto de la pecosa de acumuló en sus ojos, mientras su voz se ocultaba en su garganta.

-Mamá… - Dijo Alexander con ternura, sabía lo difícil que había sido para su madre separarse de él. – Papá… - Dijo el muchacho después de un buen rato, abrazando a su padre con el mismo amor y cariño que tenía por su madre.

Candy abrazó a Julieta y comenzó a llorar cuando se dio cuenta del estado de la joven, a pesar de saberla esperando a su primer nieto no lo sentía tan real como tenerla frente a ella y sentir su voluminoso vientre.

-¡Te ves hermosa! – Dijo Candy con una gran sonrisa, era verdad que Julieta se veía hermosa embarazada.

-¿Verdad que si? – Preguntó Alexander feliz una vez que su esposa estaba de nuevo a su lado. – Es la mujer más hermosa en este mundo. – Dijo mirándola muy enamorado. Julieta sonrió y sus ojos se iluminaron enamorados. Anthony y Candy intercambiaron miradas, les parecía estar viéndose a sí mismos reflejados en ese amor que aquel par de jóvenes transmitían entre sí.

-Me alegra velos tan felices. – Dijo Anthony con una sonrisa sincera a su hijo y su nuera

-Tuve los mejores maestros. – Dijo Alexander con una sonrisa llena de felicidad, mirando a sus padres, quienes al igual que ellos aún conservaban esa chispa de jóvenes enamorados.

Los cuatro rubios se dirigieron hasta la mansión Ardlay, la cual estaba habitada por Annie y por Archie, así como sus dos hijos, quienes habían recibido con gratitud a la familia de Anthony, otro día temprano partieron hasta Chicago, donde hicieron otra parada en la casa de Albert y su esposa.

-¿Qué sucede Alexander? – Preguntó Anthony por fin a su hijo. Habían quedado solos, las mujeres estaban emocionadas cocinando y era el momento perfecto para hablar de hombre a hombre.

-La verdad padre, es que no es fácil vivir al lado del Duque. – Dijo Alexander con un suspiro profundo. Anthony se enderezó en su asiento, jamás se imaginó que el motivo por el cual su hijo estaba de regreso era porque no era sencillo vivir al lado de Grandchester.

-¿Sucedió algo que te haya obligado a salir de ahí? – Preguntó Anthony con precaución, no quería inmiscuirse de más en la vida de su hijo, porque si estaba ahí era porque había puesto solución al problema.

-Nada grave, pero no estoy dispuesto que alguien más intente opinar en nuestra vida. – Dijo Alexander con madurez. Anthony lo observó orgulloso, sabía que su hijo era un joven maduro y que había tal vez decidido poner tierra de por medio antes de tener un problema con el padre de su esposa.

-Es por ello que te ofrecí quedarse en la mansión de Inglaterra, en lo que tú te hacías de tu propio hogar. – Dijo Anthony tranquilo, él sabía que el vivir en la casa de su suegro no había sido una buena elección, pero Alexander había querido intentar seguir las reglas que dictaban la nobleza londinense.

-Tenías razón papá, pero Julieta y yo decidimos que sería mejor vivir en Lakewood. – Dijo Alexander con una sonrisa, sabía que su padre se pondría feliz con aquella revelación.

-Sabes que tu madre y yo estaríamos encantados de que vivan cerca de nosotros. – Dijo Anthony con los ojos emocionados. Alexander sonrió, sabía que su padre jamás se negaría. – Puedo preguntarle a Albert si está dispuesto a prestarte la cabaña, creo que si le hacemos algunas remodelaciones quedará ideal para que vivan en ella mientras buscamos algo para cuando nazca el bebé. – Dijo mirando a los ojos a su hijo. Alexander sonrió radiante, padre e hijo tenían una comunicación envidiable.

-Te lo agradezco mucho papá. – Dijo Alexander con gratitud. – Pero quería saber si pudiéramos quedarnos con ustedes hasta el nacimiento de nuestro hijo. – Dijo con cierta pena. Anthony lo miró con ternura y comprendió que temían quedarse solos mientras esperaban la llegada de su hijo.

-Por supuesto, no hay problema. – Dijo con una sonrisa. Anthony sabía que a pesar de todo su hijo tan solo era un muchacho. – Tu mamá estará feliz. – Dijo una vez más.

Llegaron un día a media mañana, los gemelos salieron corriendo de la mansión para recibir y saludar a su hermano mayor.

-¡Alexander! – Gritaron sin importar que ya eran unos chicos grandes.

-¡Andrew! ¡Adrián! – Gritó Alexander, abriendo sus brazos para recibir al par de gemelos que habían nacido cuando él tenía tan solo un pequeño.

Los tres chicos se abrazaban y Julieta observaba feliz su esposo, un suspiro abandonó los labios de Julieta, un suspiro que esperaba fuera la solución a las discusiones que habían tenido los últimos meses.

Efectivamente, como Julieta lo había esperado los meses que había vivido en Lakewood eran muy diferentes a los que había vivido al lado de sus padres, ya que cuando había un desacuerdo entre ellos, su padre estaba cerca para hacerlo más grande, provocando una discusión entre ellos, en cambio desde que estaban junto a Candy y Anthony los pequeños desacuerdos, eran eso solo desacuerdos que resolvían rápidamente, tanto Candy como Anthony respetaban el punto de vista de ambos jóvenes y si pedían su opinión o consejo se los daban, pero dejaban que ellos resolvieran lo que estaba sucediendo, aquella libertad y confianza que el matrimonio depositaba en los más jóvenes había hecho que la convivencia entre ellos se fuese haciendo más y más fuerte.

El día del parto había llegado y por fin Alexander tomaba el lugar de su padre, ahora era él el que caminaba de un lado a otro afuera de la sala del hospital. Aún recordaba cuando estaban por nacer los gemelos y que él no comprendía el motivo por el cual su padre se paseaba tan nervioso frente a él.

Anthony lo veía moverse de un lado a otro, con una sonrisa, sabía que recordaban el mismo momento. Alexander sonrió al encontrarse con los ojos de su padre.

-Ahora te comprendo. – Le dijo con una sonrisa. Anthony extendió su mano para acercarlo a él. Candy los observaba feliz y orgullosa del amor que Anthony había demostrado siempre por sus hijos.

Los gemelos llegaron a acompañar a su hermano, así como el resto de la familia Ardlay, incluso Annie y Archie habían viajado desde Nueva York a la espera del primer nieto de Anthony. Stear y Patty estaban también junto a ellos, así como Albert quien esperaba a su esposa, Kelly era la encargada del parto de Julieta.

-Alexander. – Dijo la doctora Kelly con seriedad, logrando que todo el clan Ardlay guardara silencio al escuchar el llamado de la matriarca.

Alexander se puso de pie y observó a su tía, quien con seriedad lo miraba. Los segundos en los que Kelly guardó silencio para el joven pecoso eran eternos, lo mismo que para Anthony y Candy, quienes estaban esperando la noticia del nacimiento de su nieto.

-Felicidades, ha sido una niña. – Dijo la doctora con una gran sonrisa, dejando atrás ese rostro de seriedad con el que había salido al principio. Alexander respiró feliz al escuchar las palabras de su tía y con un grito de felicidad giró su rostro para ver a su padre y a su madre, quienes esperaban abrazarlo con fuerza para felicitarlo.

-¡Papá! ¡Mamá! ¡Es una niña! – Dijo Alexander emocionado, corriendo hasta sus padres quienes felices lo abrazaron felicitándolo por convertirse en padre. - ¡Ha nacido Rosemary Brower! – Dijo ante el asombro de Anthony y Albert, quienes guardaron silencio emocionados por aquel anuncio.

-¿Rosemary? – Preguntó Anthony con la voz visiblemente emocionada. Alexander asintió para confirmar lo que había dicho.

-Julieta y yo habíamos hablado al respecto, si teníamos un niño se llamaría Mark… - Dijo con cierta picardía en su voz, porque evidenciaba el motivo por el cual había elegido ese nombre. – Y si teníamos una niña se llamaría Rosemary… como mi abuela… - Dijo una vez más conmovido. Alexander sabía que su padre le agradecería mucho ese gesto.

-Gracias hijo… - Dijo Anthony feliz de saberse abuelo de una niña y sobre todo saber que aquella pequeña llevaría el nombre que alguna vez portó su madre cuando se convirtió en esposa del Capitán Brower. – Ve con Julieta… - Dijo el rubio, sabía que su hijo se debatía entre ir a conocer a su pequeña o ver cómo se encontraba la mujer de su vida, para él era obvio lo que debía elegir. Alexander asintió observando cómo su madre se acercaba a su padre.

Candy se abrazó a Anthony una vez que Alexander fue dirigido hasta el cuarto de su esposa, el joven estaba impaciente por saber cómo estaba Julieta antes de ir a conocer a la pequeña Rosemary. Anthony y Candy por el contrario al igual que toda la demás familia estaban ansiosos por conocer a la pequeña Rosemary y todos se dirigieron hasta donde se encontraba la pequeña siendo valorada.

-Es hermosa… - Dijo Candy al ver a la pequeña Rosemary.

-Se parece a ti… - Dijo Anthony con los ojos llenos de alegría y emoción.

La pequeña Rosemary era el vivo retrato de su abuela, tenía los cabellos ensortijados y los labios finos y delgados, justo como Candy, sus mejillas a pesar de no tener aún las pecas que distinguían a la joven ex enfermera y a su padre, demostraban que era cuestión de tiempo que aparecieran.

-¡Es igualita a Candy! – Gritó Annie al ver a la pequeña, quien más que ella para reconocer el rostro de su hermana, quien mejor que Annie para confirmar que Candy había nacido de vuelta en la pequeña Rosemary.

-¡Está hermosa! – Decían todos los primos de Alexander, quienes se emocionaban de ver por primera vez a la pequeña rubia, quien comenzaba a llorar del otro lado del cristal. Candy se impacientaba al ver que su nieta pedía ser alimentada.

-Está llorando… - Decía la pecosa a las enfermeras encargadas, tocando el cristal para que la atendieran.

-Tranquila amor, ellas saben hacer su trabajo. – Dijo Anthony tranquilizando a su esposa, quien no se esperó a que las jóvenes que laboraban en el hospital se hicieran cargo, sino que se dirigió hasta la sala de los recién nacidos y lavándose perfectamente se vistió con los trajes que utilizaban las enfermeras y se adentró hasta donde estaba la pequeña Rosemary llorando. En el momento que la pequeña sintió los amorosos brazos de su abuela dejó de llorar y abrió perfectamente sus ojos, los cuales eran tan verdes como los de aquella que la cargaba.

El corazón de Anthony se detuvo emocionado al ver que su esposa cargaba a aquella bebé que era una extensión de ellos mismos.

-Igualitas. – Dijo Anthony con una sonrisa, mientras Candy se dedicaba a mecer a su nieta por primera vez.

Julieta salió a los días del hospital, Cassie y Terry ya habían llegado para conocer a su primera nieta y la espina que representaba Terry para Alexander se minimizó al ver que lo extrañaba era molestar a su padre y no a él.

-Ya basta Grandchester. – Dijo Anthony cansado de los comentarios mordaces del Duque.

-Soy el Duque para ti, Brower. – Dijo Terry con diversión. Anthony lo miró y comenzó a reír como burlándose de ello.

-El Duque era tú padre, tú eres Grandchester, el mismo mocoso rebelde y molesto del colegio San Pablo. – Le dijo Anthony con la misma diversión de Terry. Ambos rieron juntos y Alexander solo negaba al ver que el único que lo aguantaba verdaderamente era su suegra y su padre.

Candy y Anthony caminaban por el jardín de rosas con Rosemary en brazos. Anthony quería mostrar a su nieta el legado de su abuela, el legado de aquella persona que había hecho posible que ellos estuvieran ahí y que a pesar de su ausencia seguía estando presente en la vida de ellos.

-Mira amor… - Dijo Anthony a la pequeña Rosemary. – Aquí pronto podrás correr y recorrer estos caminos como lo hizo tu bisabuela, como lo hizo tu abuelo y como hizo tu padre… - Dijo Anthony feliz, mientras la pequeña se removía entre sus brazos como si comprendiera lo que decía.

-Ella será tan feliz como lo fue su abuelo en este hermoso lugar. – Dijo Candy observando el jardín de rosas. Anthony sonrió suspirando por sus recuerdos, recuerdos que vagaban por su mente y que lo hacían el hombre que era hoy.

-Tan feliz como lo ha sido su abuela… - Dijo Anthony mirando a Candy a los ojos con amor. Candy se sonrojó como lo había hecho por primera vez y la mirada de Anthony se encendió como siempre lo hacía. - ¿Quieres una taza de chocolate? – Preguntó la rubia al notar que comenzaba a refrescar y no era bueno para la pequeña Rosemary.

-¿Con malvaviscos? – Preguntó Anthony con travesura. El rostro de Candy se encendió una vez más y su respiración se detuvo por un instante al recordar la primera vez que había escuchado aquella pregunta de los labios de su amado esposo.

-Con malvaviscos. – Dijo Candy con una sonrisa que invitaba a su esposo a continuar amándola por toda la eternidad.

El matrimonio Brower caminó hasta la mansión de las rosas, donde en su interior las risas que brotaban desde dentro se mezclaban con la calidez del hogar que habían construido, al fondo se podían escuchar las quejas de Terry, las risas de Alexander y los gemelos, así como la discusión que Stear tenía con su hermano, todos haciendo de ese espacio un lugar maravilloso, un lugar en el que se había escrito desde tiempo atrás su propio Destino.

FIN


Hermosas hemos llegado al final de esta historia, espero que haya sido de su agrado, ha sido escrita con mucho cariño de principio a fin, los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sin embargo los personajes secundarios son de mi propiedad y han sido creados solo para esta historia.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

TeamColombia:

Hola hermosas, espero que estén muy bien, gracias por haber tenido paciencia, espero que sus uñas hayan soportado los días que estuve ausente, les juro que no fue por falta de ganas, pero me absorbió los deberes y quedaba exhausta para agradecer propiamente a cada una de ustedes la paciencia y la fidelidad con la que han comentado cada uno de los capítulos y cada una de mis historias, en verdad gracias a ustedes es que esto que hago es posible.

Sé que algunas de ustede no están de acuerdo con el final de Neal, pero creo que la muerte sería algo muy simple para él, el castigo que tendrá por haber sido tan nefasto será largo, creo que bien merecido lo tiene.

Quiero mandar un abrazo a cada una de ustedes, espero pronto poder coincidir.

Saludos hermosas!

ViriG:

Mi amiga hermosa! ¿Cómo estás? has estado muy callada, lo sé! siento no haberme puesto al corriente con tu historia, te juro que es la que sigue en mi lista! sabes una parte de lo que ha absorbido mi tiempo y energía, pero si te contara todo lo demás terminarías igual de cansada que yo y eso no es el objetivo.

Hemos terminado con esta historia, espero que te haya gustado el final, sé que no le dediqué mucho a Tom y Elisa en el final, pero sé que comprenderás que la historia no era de ellos, sino de los personajes principales Anthony y Candy, se coló Alexander y Julieta pero solo porque creo que era demasiado tierno el personaje de Alexander para dejarlo fuera de la ecuación.

Una vez más te digo que estaré pendiente de tus actualizaciones, porque me encantan los Anthony fic aunque no esté familiarizada con Star Wars jajaja.

Te mando un fuerte abrazo amiga, como siempre te reitero mi amistad y espero pronto volver a saber de ti.

Te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Rose1404:

Hola hermosa! Espero que estés muy bien amiga, tú y por supuesto tus lindos bebés, espero que estés muy bien y sobre todo que te haya gustado el final de la historia, muchas gracias por estar al pendiente de cada actualización, como siempre un placer leer tus comentarios, mil gracias por tus ánimos y por tus lindas palabras, gracias por estar siempre.

Espero volver a coincidir en un futuro, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Luna Andry:

Hola hermosa! Que alegría leer tu comentario! me alegra que hayas podido leer los capítulos espero que también puedas leer el final, la página había estado fallando pero creo que esto sucede año con año, aunque confieso que es la primera vez que se come los capítulos jijiji.

Definitivamente fueron muchas bodas y rematamos con una más jajaja, ahora le tocó a Alexander y los Brower se convirtieron en abuelos, creo que Anthony podrá consentir a su nieta como no lo hizo con un hija, creo que Candy perdió un poco de privilegios jajaja.

Muchas gracias por leer hermosa, espero pronto leer tu historia que te confieso me tiene en espera, aunque con todo lo que traigo encima no he podido leer, no me digas que ya actualizaste y no me he dado cuenta? Espero que no jajaja, y si sí, ya sabes por qué no he leído.

Te mando un fuerte abrazo amiga.

Saludos!

Julie-Andley-00:

Hola hermosa! ¿Cómo estás? Espero que muy bien y sobre todo espero que tengas el tiempo suficiente para leer el final, espero también que te guste.

Definitivamente se me complicó mucho el tiempo para publicar el final, pero en verdad no podía hacerlo no quería solo publicar y dejar en blanco los agradecimientos, sobre todo porque creo que cada una de ustedes se merece más allá de una mención.

Muchas gracias por estar aquí amiga, gracias por coincidir conmigo. Te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

María José M:

Mi hermoso diablo de hombro izquierdo, muchas gracias por tus palabras, gracias como siempre por leer y echarme ánimos y porras para continuar adelante y sobre todo gracias por no presionarme esta vez jajajaja.

Espero que este final sea de tú agrado, en verdad te digo que a pesar de estar escrito hace rato no podía dejar de pensar que tal vez faltaba algo, pero creo que centrarme en los personajes principales era lo ideal, todos tuvieron su familia feliz.

Amiga, te mando como siempre un fuerte abrazo y sobre todo quiero decirte que espero volver a coincidir más adelante, ojalá la vida lo permita.

Saludos!

Silandrew:

Hola hermosa! ¿Cómo sigues? En verdad siento mucho que hayas estado hospitalizada, espero de todo corazón que estés mucho mejor, desafortunadamente nuestro cuerpo pide descanso de las maneras menos deseadas, deseo de verdad que estés mucho mejor.

Hermosa sé que la pequeña tímida no es de tu agrado, no te preocupes ya no insistí en su relato jiijiji.

Espero que te haya gustado el final amiga, y sobre todo espero tu último comentario, ojalá que volvamos a coincidir más adelante, en verdad lo espero amiga.

Te mando un fuerte abrazo como siempre y mis mejores deseos para que tu salud siga mejorando.

Saludos!

Usagi de Andrómeda:

Hola hermosa! ¿Cómo estás? Espero que muy bien, ojalá que ya no tengas problemas con la página, parece que ya quedó arreglada, si es así espero pronto tener tú comentario.

Amiga, mil gracias por estar conmigo en este recorrido, gracias por acompañarme capítulo a capítulo y por dejarme tus impresiones, en verdad se alegra uno de tener personas tan especiales dispuestas a leer mis locuras.

Gracias por estar presente, espero volver a coincidir contigo más adelante.

Te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Mayely León:

Hola hermosa! Aunque no me apareció tu comentario en el capítulo 51 sé que detrás de las uñas acabadas por la curiosidad estás tú y no sabes cómo lo aprecio en verdad, gracias por preocuparte por mi salud (bendito Dios está bien) y por estar pendiente con las demás lectoras si estoy bien.

Hermosa espero que te haya gustado el capítulo, espero en verdad que haya valido la pena la espera porque quedó muy largo, ojalá tengas tiempo de leerlo lentamente y lo disfrutes porque en verdad lo hice pensando en cada una de ustedes.

Amiga, espero en un futuro volver a coincidir contigo, espero que cada historia que he terminado la puedas agregar en tu cuenta (que sigo esperando que recuperes).

Mayely, te mando un fuerte abrazo amiga, gracias por siempre estar en cada historia.

Te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Mía Brower Graham de Andrew:

Hola hermosa! Pero por supuesto que me acuerdo de ti! Espero que estés muy bien, muchas gracias por estar al pendiente de la historia, hace tiempo que había escrito el capítulo gracias a Dios no era por falta de inspiración mi falta de actualización.

Espero que estés muy bien y espero pronto coincidir contigo una vez más.

Saludos!

Cla1969:

Ciao stupendo! Spero che tu stia bene, non ho visto un tuo commento ultimamente, spero che tu stia bene e che tu abbia potuto leggere fino alla fine della storia, mi farebbe molto piacere sapere che sia così.

Amico, grazie mille per essere presente in questa storia e nelle altre, spero di incontrarti ancora in futuro. Ti mando un grande abbraccio. Saluti!


Muchas gracias a todas y cada una de las lectoras anónimas, gracias por permanecer al pendiente de cada actualización, siento mucho la demora espero que eso no haya provocado falta de interés por su parte en la lectura, espero que en el futuro pueda coincidir con ustedes. Les mando un fuerte abrazo a cada una y sobre todo mi más profundo agradecimiento por estar aquí. Dios las bendiga siempre.

Saludos!


Gracias a los seguidores de esta hisoria:

Carito Andrew: Gracias por darme una oportunidad de nuevo.

ElenaDes: Gracias por agregarla a tus favoritos.

Julie-Andley-00: Amiga, gracias por siempre agregar mis historias.

Mia Brower Graham de Andrew: Gracias por darme tu tiempo para leer.

Silandrew: Gracias por tú ánimo en cada una de mis historias.

Usagi de Andromeda: Gracias por darme la oportunidad amiga.

: Gracias por leer amiga, espero haya sido de tu agrado.

gabmfranco: Espero puedas leer las demás.

gidae2016: Hermosa, ojalá puedas llegar hasta el final, te mando un abrazo.

judithtorres: Siempre tan fiel en mis historias, saludos hermosa.

letifern1998: También has dado oportunidad a mis otras historias. Gracias.

marcita196677: Gracias por estar nuevamente aquí.

viriG: Hermosa, mil gracias por tus palabras y por tus ánimos tan sinceros.

Gracias a los que la agregaron a sus favoritos:

Carito Andrew: Hermosa una vez más gracias por agregarla a tus favoritas.

Cla1969: Grazie per averlo aggiunto ai tuoi preferiti amico, un abbraccio.

Julie-Andley-00: Amiga, siempre un honor que me haces.

Love-Fictions-49: Gracias por agregarla a tus favoritos, espero le des oportunidad a las demás.

Mia Brower Graham de Andrew: Gracias por estar aquí siempre amiga.

Silandrew: Hermosa, un placer estar aquí.

Usagi de Andromeda: Amiga linda, gracias por hacerme el honor.

: Gracias por hacerla tu favorita.

gidae2016: Hermosa, espero estés muy bien.

judithtorres: Gracias por hacerme parte de tu colección.

letifern1998: Gracias hermosa por permitirme formar parte de tus favoritos.

marcita196677: Gracias por agregarme a tus favoritos.

viriG: Gracias por seguirme y brindarme tu amistad.

yanicasti0206: Hermosa, mil gracias por formar parte de esta historia.

yanicasti0206: Gracias por estar aquí.

Esta vez quise agradecer así a cada una de ustedes porque me gusta hacer las cosas diferente, además no todas las que siguen la historia la agregan a sus favoritos es por ello que les agradezco haberlo hecho.

Les mando un saludo con mucho cariño a cada una de ustedes, gracias por formar parte de esta hermosa historia.

GEOMTZR

12/03/2025.

¿Hasta la próxima?