El deseo intensifica la espera, y la espera alimenta el deseo.
(Publio Siro)
Estoy cansado de esperar.
He sido muchas cosas a lo largo de mi vida como el santo de Piscis: guerrero, estratega, protector de la belleza en su forma más pura, pero nunca he sido un hombre paciente. No me agrada esperar, mucho menos cuando lo que deseo está justo frente a mí, incapaz de verlo.
No sé cuántas veces la he observado perderse en pensamientos que no la llevan a ninguna parte. Sus ojos están llenos de anhelo, de algo que nunca podrá alcanzar, y aunque se esfuerce en ocultarlo, yo lo sé. Porque lo he visto antes. Porque, en cierta forma, lo comprendo.
Siempre la he visto luchar. No solo en combate, sino contra sí misma, contra su propio corazón. He sido testigo de su fuerza, de su fiereza, de su tenacidad sin límites. Y, sin embargo, en todo ese tiempo, nunca la he visto rendirse.
Hasta ahora.
No sé qué es diferente, pero hay algo en su mirada que no es el mismo fuego de antes. No es resignación, no es derrota… es algo que no sé nombrar, y eso me irrita más de lo que debería. Pero lo que más me frustra es que, incluso ahora, sigue sin mirarme. No importa cuántas veces esté cerca, no importa si soy yo quien la entiende mejor que nadie. Para ella, sigo siendo una sombra, un guerrero más, un compañero sin importancia.
Me gustaría decir que no me importa, que puedo soportarlo, pero sería una mentira.
Porque la verdad es que la deseo. No como un capricho pasajero, no como una simple distracción. La deseo con una certeza que no me había permitido admitir hasta ahora. Y me consume, me devora la paciencia saber que, para ella, yo no existo de la misma manera en que ella existe para mí.
Me pregunto, si Shaina, se da cuenta de lo cruel que es consigo misma. Si comprende que, por aferrarse a un sueño imposible, se ha vuelto ciega a todo lo demás. Siempre he despreciado la necedad del amor no correspondido. Pero esta vez, por primera vez, siento algo distinto. Una incomodidad extraña, una punzada de frustración que no sé cómo arrancarme.
Tal vez porque sé que ella merece algo más. Tal vez porque en el fondo, me gustaría ser yo quien le quite esa mirada perdida, quién la haga olvidar ese amor imposible. Tal vez porque… estoy cansado de esperar. Y tengo el anhelo de que tal vez algún día me vea. Tal vez algún día entienda lo que yo sé.
Pero hoy… hoy todavía no.
Continuará…
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Amatizta, como siempre me hiciste soltar una carcajada. Definitivamente, compartir lecho con un hombre de más de 200 años no es algo que se vea todos los días. Pero tienes razón, Geist necesita un amor que vaya a su ritmo, alguien que pueda seguirle el paso en su energía y pasión. Dohko, con toda su sabiduría y experiencia, tuvo su momento en su historia, pero no es el compañero ideal para esa alegría vibrante que ella merece. Aunque, quién sabe, en otra vida o en otro universo... tal vez ese encuentro haya sido más que interesante. Muchas gracias por tu apoyo.
Nos estamos leyendo.
