El resto del día vio como en otra parte de la casa, Krueger y su equipo efectivamente comenzaban a sacar todos sus "instrumentos" de trabajo.

-Parece que van de caza –dijo Charlie viendo como los hombres comenzaban a trasladar todo a la parte de la casa donde estaba la habitación de Draco.

-Por eso Draco tiene tanto miedo de Krueger –dijo Candance, pues Harry ya se había encargado de ponerlos al tanto de su conversación- él no lo recuerda, pero su cuerpo sí.

- ¿Listos? –preguntó Baxter, el hombre encargado de dirigir el valle de los dragones de la familia Malfoy y jefe de los domadores de la casa.

- ¿Cuál es el procedimiento? –preguntó Harry mientras se ponía sus guantes y cazadora de piel de dragón.

-Bueno… -respondió el hombre mientras limpiaba su escoba en la que volaría próximamente- el chico comenzara a transformarse apenas salga la luna y Krueger y su gente intentarán domarlo.

-No se ve muy feliz.

Baxter sonrió irónico mientras limpiaba el mango de su escoba con un aceite especial.

-Ni yo ni mi gente podemos intervenir, son instrucciones del señor Malfoy.

- ¿Desde cuándo trabaja aquí? –pregunto Candance.

-Mi familia ha cuidado este lugar desde hace generaciones, somos empleados de la familia desde hace muchos años, aunque este es el primer dragón que me toca recibir.

-Dicen que hay dos actualmente.

-Sí, William y Jonathan… nos encargamos de alimentarlos y vigilarlos, ya son viejos y dentro de lo que cabe ya los conocemos.

- ¿Cómo los alimentan?

-Criamos ovejas y corderos, tenemos pastores que se ocupan de los rebaños, toda la gente está entrenada para cuidarlos.

- ¿Qué pasa cuando no logran domarlo? Lo cual hasta ahora es más que obvio –preguntó Charlie refiriéndose a Draco.

-Escapa –respondió alzándose de hombros mientras ponía su escoba en horizontal y la soltaba revisando su trabajo- pero como es de noche no lo perseguimos, sería muy arriesgado, es hasta el día siguiente que vamos a buscarlo, procuramos que no se cruce con los otros dos, sería un desastre.

Los tres chicos ya no dijeron nada, el ambiente era tenso y lúgubre de alguna forma.

En su habitación, Draco caminaba de un lado a otro mientras se estrujaba las manos, su corazón latía acelerado mientas veía como la luz del día iba dando paso al anochecer; había puesto un hechizo silenciador en la puerta de la terraza para no oír el revuelo de afuera, le crispaba los nervios el tan solo saber que ya lo estaban esperando… quería gritar, quería llorar y al mismo tiempo estaba furioso, deseaba romper todo pero ya solo estaba su cama y un armario, antes salía a la terraza a gritarle a la gente pero ahora no quería ni asomar la nariz.

Miró sus manos y vio que temblaban, la visibilidad era cada vez menos en su habitación, pero no quería encender ninguna luz, solo quería jalar sus cabellos y gritar, pero solo se contuvo hasta caer de rodillas mientras sentía que su cuerpo comenzaba a hormiguear.

-No por favor… -musitó sabiendo lo que seguía.

Apretó los dientes mientras un dolor quemante comenzaba a recorrer su cuerpo, especialmente en sus articulaciones y un calor abrazador le hacía rasgar su camiseta.

- ¡Ah! –gimió agachado en el suelo, jadeando mientras pegaba su frente al piso.

Pronto el dolor se hizo insoportable y el zumbido en su cabeza parecía querer enloquecerlo, necesitaba aire, necesitaba algo fresco que aliviara ese dolor insoportable que parecía querer romper su cuerpo; vio sus manos y la blanca piel que ahí había, ya no estaba, había escamas que le hicieron lanzar un grito lo más fuerte que pudo.

Afuera, Harry dio un respingo al oír el grito de Draco, la luna ya estaba en todo lo alto y una docena de antorchas rodeaba la zona llena de gente, entre la cual se encontraban la de Krueger, la de Baxter y ellos.

-Bien, el gatito no tarda en salir –exclamó Krueger en voz alta y con mucha suficiencia mientras se levantaba y le hacía una seña a su gente.

Y efectivamente, la puerta de madera y cristal se abrió de pronto dejando salir a Draco, quien con las manos en la cabeza gritaba y daba tumbos, todos pudieron observar cómo su piel cambiaba de color y su cuerpo comenzaba a transformarse… pronto comenzó a cambiar de tamaño y la piel de su espalda comenzó a romperse para comenzar a brotas alas.

- ¡Rápido idiotas, las picas! –Gritó Krueger comenzando a rodearlo- ¡Joseph clávalo, clávalo! –gritó a un hombre mientras señalaba sus alas.

Y pronto, Harry y sus dos amigos tuvieron ante si a un enorme y flamante dragón de color blanco, aunque no estaban seguros pues la luz de las antorchas y la luna le daba a su piel un toque plateado, como una armadura metálica; sus ojos color ámbar con pupilas elípticas los miraban con un claro deseo de destruirlos.

- ¡Abajo maldita bestia, abajo! –gritaba Krueger mientras gruesas cadenas flotaban a su alrededor como serpientes encantadas, con un aro metálico en un extremo que tenía la obvia intención de ponérselo en el cuello.

Y lo logró, por lo que sonrió triunfante mientras le aplicaba hechizos cortantes que, aunque no lograban traspasar la gruesa piel a la primera, después de una lluvia de ellos por parte del equipo del Krueger, lograron hacerlo sangrar; entonces el furioso dragón lanzó un bramido para luego sacudir la cabeza y echarla hacia atrás, evidente señal de que lanzaría una ráfaga de fuego, por lo que todos activaron hechizos protectores al tiempo que se cubrían detrás de grandes rocas.

- ¡Sométete a tu amo, bestia estúpida! –gritó Krueger dando la indicación de levitar una enorme pica entre otros dos domadores ante el horror de Harry y sus amigos.

- ¿¡Pero que hace?! –gritó Candance.

- ¡Ríndete dragón estúpido, bestia inmunda! ¡Soy tu amo! –gritó mientras blandía su varita, de la cual salía una especie de luz en forma de látigo haciéndolo chasquear ante un dragón cada vez más enloquecido.

Gotas de sangre salpicaron el rostro de Harry mientras veía impactado la violencia de Krueger.

- ¡Ráfaga de fuego! –gritó un domador mientras Draco hacia la cabeza hacia atrás, pero no todos los domadores fueron tan rápidos para ocultarse, pues dos de los trabajadores de Krueger fueron alcanzados por las llamas convirtiéndolos en antorchas humanas que gritaban y se retorcían en el suelo mientras eran retirados rápidamente por sus compañeros.

- ¡La pica, panda de estúpidos, suéltenla ya!

La enorme pica que sostenían dos de los domadores, fue liberada con un gran impulso gracias a las varitas de esos dos magos, yéndose a clavar en una de las alas que atravesó la fina membrana.

- ¡Oh malditos bastardos! –gimió Candance ocultando su rostro entre sus manos.

- ¡Cállate ya bestia, cállate ya! –gritó Krueger sin dejar de lanzarle hechizos cortantes.

Harry miró a Baxter y lo vio apretando los labios y los puños mientras su gente miraba la escena con una actitud igual a la de su jefe, por desgracia no podían intervenir.

Pero el dragón estaba imparable, no dejaba de sacudirse, lanzar bramidos y fuego; tanto así que los hombres aun no podían fijar la cadena que le habían atado al cuello y la pica que sujetaba su ala al suelo no sirvió de mucho cuando el dragón terminó por atravesar su ala el mismo para liberarla.

- ¡Se está soltando!

El dragón plateado lanzó por los aires a los hombres que sujetaban su cadena y batiendo sus alas hizo que todos se escondieran al lanzar más fuego a todo su alrededor, como si quisiera desatar el mismísimo infierno.

Harry permanecía sentado detrás de una roca, con su espalda pegada a ella mientras veía el fuego pasar a su lado.

-Nunca había visto algo así –pensó mientras su frente escurría sudor por el tremendo calor.

El fuego cesó, pero los gritos y el aleteo les hicieron salir de su refugio y asomarse para ver al dragón batir nuevamente las alas y comenzar a elevarse ante los gritos de Krueger.

- ¡Se escapa, deténganlo idiotas!

Pero todo movimiento fue inútil, el dragón levantó el vuelo y se alejó perdiéndose en la noche hasta donde la luna llena fue capaz de iluminar.

-Maldito infeliz… pero mañana lo intentaremos de nuevo.

-No si la vida del chico corre peligro –dijo Baxter dando unos pasos adelante.

-Tú no puedes interferir en mi trabajo –respondió Krueger barriéndolo con la mirada- tengo la autorización para proceder según mi criterio.

-Y yo la tengo para preservar la vida del chico, si está muy mal herido no puede proceder.

-Pero…

-Cada dragón en este valle es mi responsabilidad –cortó con voz firme.

-Vale, te daré chance por hoy, estoy cansado –dijo con sorna mientras se alejaba para luego dar órdenes a su equipo.

-Ese tipo es una mierda –exclamo Candance acercándose junto con Harry y Charlie.

- ¿Qué hay de mañana? –preguntó Harry limpiando su rostro de la sangre salpicada.

-Salen cuadrillas para buscarlo, cuando es ubicado solo se observa, aunque ha habido veces que este tipo intenta domarlo de nuevo y provoca un nuevo infierno; hasta la fecha seis de su equipo han muerto, pero parece que no le importa.

- ¿A qué hora salimos?

-Antes de salir el sol.

Cuando Harry llegó a su habitación, pateó una silla mandándola a volar y le dio un manotazo a un florero rompiéndolo en pedazos; Candance y Charlie no estaban de mejor humor.

- ¡Maldito bastardo, hijo de puta! –gritó Candance con las manos en la cabeza.

Harry permaneció de pie en medio de su cuarto, con las manos en las caderas y la cabeza inclinada intentando calmar su respiración y deseos de matar a alguien, especialmente a ese tipo que se hacía llamar domador.

-Esto no puede repetirse –dijo Charlie con rostro sombrío.

-Claro que no –respondió Harry revolviendo su cabellera y desplomándose en la cama, a un lado de Candance.

Tardaron un rato más en tranquilizarse, luego tomaron una taza de té para calmar más sus ánimos.

-Fuera de todo lo horrible de la situación –dijo Candance tomando su cuaderno- ¿vieron que bonito es?... parece una mezcla de Longhorn rumano y Opaleye de las antípodas, de hecho, es una especia nueva; como los cinco que ha habido aquí no provienen de un dragón ordinario, por eso tienen características propias… pero quitando lo trágico del asunto, es hermoso.

-Sí –respondió Charlie sonriendo- y es enorme… incluso un poco más que un colacuerno húngaro, nunca iban a poder someterlo con todas esas cosas que traen, es muy grande y demasiado salvaje… de hecho parecía enloquecido.

-Sí –convino Harry- demasiado incluso para un dragón.

Al día siguiente, se reunieron con la gente de Baxter y Krueger antes de la salida del sol.

- ¿Ya lo localizaron? –preguntó Harry.

-Sí, está a treinta millas al norte –respondió Baxter montando su escoba, siendo imitado por su gente- nos vamos.

Harry notó que llevaba un intercomunicador en la oreja, algo nuevo incluso para él pues los aparatos muggles no funcionaban en medio de tanta magia, aunque al parecer ahí sí.

-Ok –respondió Baxter mientras miraba hacia adelante, evidentemente recibiendo información por el aparatito encantado- está muy cerca del nido de William –dijo en voz alta- pero está quieto y al parecer dormido, esperemos que cuando despierte, tome el rumbo contrario antes de que William perciba la presencia de otro dragón macho.

- ¿Cómo le hacen con el otro dragón?

-El nido de Jonathan está en el otro extremo del valle, hay encantamientos que intentan mantenerlos alejados, pero no siempre funcionan, de los seis dragones, dos se han matado entre sí, los otros dos de viejos.

- ¿Qué edad tienen?

-Jonathan es el más viejo, tiene doscientos treinta y ocho años y William tiene ciento ochenta.

- ¿Le tocó tratar con más dragones que los dos que hay ahora? –preguntó Candance acercándose a él.

-No, fue a mi bisabuelo quien le tocó lidiar con los dos dragones que se mataron entre sí.

- ¿Qué pasa cuando alguno muere?

-Se incinera, se le hace un servicio fúnebre y sus cenizas se resguardan aquí, en el fondo no eran dragones, sino personas.

- ¿Los tratamientos para intentar humanizarlo de nuevo siempre han sido así de violentos?

-De hecho, no, pero ahora no me vienen a la cabeza, todo está en los registros.

- ¿Hay registros de todo eso? –preguntó emocionada.

-Por supuesto, si quieres cuando regresemos, te los muestro.

- ¡Claro que sí!

-Llegamos –dijo entonces comenzando a disminuir la velocidad hasta detenerse a una distancia prudente en donde pudieron ver al gran dragón tendido en el valle dando la impresión de estar desmayado- Tom, estate atento a William, manda a un equipo a aplicar hechizos desvanecedores de olor.

Harry pudo notar, ahora a la luz del día, que las escamas del dragón, si eran plateadas dándole un toque metálico… muy imponente en realidad.

-Por ahora todo está estable, duerme en su nido –respondió el hombre por su intercomunicador.

- ¡Muy bien gente! –Gritó Krueger bajando de su escoba y comenzando a reunir a su equipo- vamos a rodearlo y atacar al mismo tiempo aprovechando que está dormido.

-Usted no va a hacer nada –dijo Baxter recargado en su escoba.

-Tú no eres nadie para interferir en mi trabajo, tengo la total autorización del señor Malfoy.

-Ya se lo dije, yo soy el responsable de cada dragón en este santuario, incluido Draco y tengo la libertad de prohibir cada intervención si ponen en peligro su vida, tal como ahora parece ser; si usted lo ataca y atrae a William, provocará el enfrentamiento que estamos intentando evitar a toda costa, ya lo ha hecho en otra ocasión y fue muy difícil contener al otro dragón.

Los dos hombres se miraron por unos segundos, entonces Krueger montó su escoba diciendo:

-Ok, esperaré hasta que se mueva y cambie de ubicación, así que esto eso no significa que me retito.

Y sin más levanto el vuelo, pero dejando a su gente ahí; cuando el hombre se fue, los hombres de Baxter rodearon a Draco sin acercarse.

- ¿Qué haremos ahora? –preguntó Harry.

-Esperaremos, no se puede hacer otra cosa.

-Probablemente duerma todo el día y la noche –dijo Charlie- mañana será el día movido.

-Así es –convino Baxter.

- ¿Cómo han evolucionado sus transformaciones? –preguntó Harry.

-Cuando se mudaron aquí recién cumplió los veinticuatro, la primera luna llena fue la más traumática, pues fue su primera transformación; pasaba todo un día como dragón, fue así las tres primeras lunas, luego fueron tres días, nunca fue exacto.

- ¿Cuánto duró la última vez?

-Dos semanas… si completa un ciclo lunar, ya no podrá regresar.

Después de eso ya no dijeron nada, el ambiente pareció ensombrecerse, así que simplemente se acomodaron por ahí para observarlo.

El dragón plateado resoplaba en medio de su sueño, evidentemente adolorido, pero no se movía, solo volutas de humo llegaban a escapar de su nariz; ahí comieron y pasaron toda la noche, alrededor de una fogata y compartiendo experiencias tanto de un lado como de otro, solo la gente de Krueger se mantenía apartada.

Al día siguiente, a medio día, fue cuando Draco abrió los ojos haciendo que todos se pusieran en guardia y manteniéndose ocultos; se levantó y sacudió la cabeza e intentó estirar las alas, pero lanzó un bramido de dolor cuando movió el ala herida. Sin embargo, eso no fue impedimento para que comenzara a caminar y a tratar de volar.

-Malas noticias jefe, William está despertando –dijo Tom por el intercomunicador.

-Mierda… ojalá no perciba a Draco.

-Está saliendo del nido… se prepara a volar, pero aún no sé en qué dirección… ¡va para allá!

-Deja salir los rebaños y toca el cuerno –dijo montando su escoba, pero sin levantar el vuelo.

- ¿El cuerno? –dijo Candance.

-Sí, hemos logrado hacerlos relacionar el sonido del cuerno con la comida, así podemos hacer que vayan de un lado a otro según sea conveniente… ¿Tom, ¿cómo vamos?

-Funciona jefe, William giró el rumbo.

-Bien.

Pero no todo podía ir tan bien, pues de la nada, Draco lanzó un fuerte bramido haciendo cimbrar el valle.

- ¡Mierda, no!

- ¡Jéfe, William escuchó, va para allá!... ¡Soltamos más rebaños, pero no hace caso al cuerno!

Baxter miró al cielo, en espera del inevitable encuentro.

-Josh… aplica tantos hechizos silenciadores alrededor del nido de Jonathan… esperemos que el viejo prefiera dormir.

-Entendido jefe.

-Ocúltense bien y permanezcan alejados –dijo a Harry y a sus amigos- estos no son dragones normales, están llenos de ira y su salvajismo es extremo, no podremos intervenir.

Los jóvenes domadores asintieron en silencio sintiendo todo el pesar del mundo al comprender que probablemente solo un dragón saldría vivo.

Solo pasaron unos minutos antes de que una temida presencia se vislumbrara a lo lejos en el cielo, pronto pudieron ver al enorme dragón muy parecido a un colacuerno húngaro, pero de un color negro que brillaba con el sol; un digno banquete a la vista si no fuera por las circunstancias.

-Es tan hermoso… -susurró Charlie casi al borde de las lágrimas al ver que pronto esos dos magníficos dragones se destrozarían entre sí.

Y así fue, cuando ambos dragones se descubrieron, de inmediato se encresparon e iniciaron una palea; el contraste entre los dos hacía que de inmediato se notaran las heridas que se causaban, sobre todo en Draco pues su piel plateada lo hacía más que evidente.

Tuvieron que esquivar ráfagas de fuego y rocas que volaban por los aletazos y golpes, el valle entero pareció temblar mientras Harry miraba sintiendo un nudo en la garganta… Baxter tenía razón, nunca había visto un enfrentamiento de tal magnitud, ni siquiera en la reserva había ocurrido algo así… definitivamente esos dragones tenían alma humana.

-Intervenir sería un suicidio –pensó Harry activando un escudo protector mientras pasto, rocas y hierbas volaban por todos lados.

En un momento dado los dos levantaron el vuelo prendido el uno del otro, mordiéndose y rasgando sus pieles con sus garras, la sangre salpicaba por todos lados, no se veía ventaja de ninguno, pues, aunque uno era más viejo que el otro, el otro tenía menos experiencia siendo dragón.

Pero fue en un descuido del viejo William que Draco se le pescó al cuello desgarrándolo de un fuerte mordisco haciendo que la sangre brotara como fuente; William comenzó a caer mientras un bramido cimbraba el valle.

Cayó al suelo y en medio de estertores agónicos que estrujaban el alma, después de unos minutos ya no se movió, entonces Draco comenzó a alejarse, batiendo sus alas con dificultad; gente de Baxter y Krueger lo siguieron de lejos.

Baxter se acercó al gran dragón negro que había cuidado desde que tenía uso de razón volando a un lado de su padre, viéndolo a lo lejos y procurándole alimento… estiró la mano y tocó su enorme cabeza mientras las lágrimas inundaban sus ojos.

-Lo siento amigo… pero está bien, ya era hora de descansar… aunque hubiera preferido que te marcharas de otra manera, pero bueno, siempre fuiste muy caprichoso.

Harry, Charlie y Candance no habían seguido a Draco, habían preferido quedarse ahí para apoyar en lo que pudieran, pero al ver a Baxter, un hombre recio, fuerte y decidido llorar por ese dragón, supieron que ese era más que un simple trabajo para él.

-Lo siento mucho –dijo Charlie acercándose y acariciando la dura piel de la frente- era muy hermoso.

-Y enojón –completó Baxter sonriendo mientras se limpiaba las lágrimas y se recomponía- pero esto es así, ni siquiera es culpa de Draco… es esa maldición que pesa sobre esos chicos… bueno, hay mucho trabajo ¡Scott!

- ¡Sí, jefe! –respondió un domador acercándose presuroso.

-Prepara todo para su incineración, yo prepararé el servicio fúnebre.

-Lo haré.

Se enviaron informes a varios jefes de familia de los Malfoy y estos acudieron para presentar sus respetos, aunque el dragón en cuestión ya no tuviera parientes tan cercanos; acudieron unas veinte personas, matrimonios que en su momento vivieron la angustiante incertidumbre de vivir en carne propia la maldición en ellos o en algún hijo, muchos otros preferían obviar el asunto como si nunca hubiese existido y cuando todo terminó, dieron su apoyo a Lucius y Narcisa y se fueron de ahí.

Afortunadamente Draco no se acercó al nido de Jonathan, quien era guiado para no salir de su territorio; lo que si hizo, fue instalarse en el nido de William incendiando todo para borrar rastros de su aroma y luego entrando él a la gran cueva como nuevo dueño, ya ahí pudo dormir tranquilo después de comer para terminar de reponerse.

Desgraciadamente su descanso no duró mucho, pues Krueger fue a molestarlo con nuevos métodos para "domarlo", pero el dragón plateado no estaba para soportar y más tardó en entrar, que en salir volando casi con el trasero en llamas.

- ¡Por eso lo ideal es domarlo cuando se acaba de transformar!... ¡esta aturdido y es más torpe! –le gritó uno de sus trabajadores mientras regresaban a la casa.

Narcisa caminaba de un lado a otro en la sala mientras se estrujaba las manos y Lucius solo permanecía sentado mirando el fuego de la chimenea cuando Harry entró.

-Señor Malfoy ¿podemos hablar un momento?

-Claro –respondió poniéndose de pie y dirigiéndose a la oficina- sígueme.

Cuando entraron, el aroma a Lucius ya había impregnado el lugar… una combinación de madera, loción y tabaco… entonces se sentó tras el escritorio invitándolo a tomar asiento.

-Señor Malfoy, a pesar de estas dos semanas aquí, no estoy más cerca de ayudar a Draco, pero sí sé con certeza que es lo que lo está dañando –Lucius, quien lo miraba con los dedos recargados en sus labios, con aire pensativo, frunció el ceño- sé que usted acudió a Krueger por alguna razón y este hombre le ha dicho que logrará domar a Draco, pero está usando excesiva violencia con él.

-Sí, si… algo he sabido… pero él me dijo que esto es necesario, que de otra manera no podrá ayudarlo.

-Señor Malfoy, Draco no recuerda sus transformaciones, pero su cuerpo sí que lo hace… está aterrado de la luna llena no solo por la maldición, sino porque se tiene que enfrentar a Krueger, ese hombre lo aterra y solo lo lastima sin ningún beneficio evidente… señor Malfoy, su hijo le tiene miedo a ese hombre y con justa razón; yo ya conocía sus métodos crueles y en el ámbito de dragones, todos lo detestan… por favor, ya no deje que vuelva a intentar domar a Draco.

- ¿Me pides que deje de intentar ayudarlo? –Dijo con cierta angustia en la voz- entiendo lo que dices más de lo que tú crees, yo sufro al ver a mi hijo así, pero ¿entonces cómo se supone que debe ser domado?

- ¿Quiere ayudarlo? Pues ya no lo torture, ese hombre solo lo hace más violento, si por algo me llamó y cree que puedo hacer algo, entonces confíe en mi criterio, prohíbale a ese hombre volver a acercarse a Draco en la noche de su transformación.

Lucius cerró los ojos, estaba evidentemente agotado, no había dormido casi nada esperando al igual que su esposa a que Draco volviera a la normalidad.

-De acuerdo –dijo entonces haciendo a Harry sonreír- hoy mismo hablaré con él, no sé qué más hacer y hasta ahora nada ha funcionado… quizás tengas razón, no lo sé.

-Gracias.

Y salió de ahí.