Capítulo 34

* * * P.V.G * * *

Llaman a la puerta de mi casa, y tras darle la última calada al cigarro lo aplasto en el cenicero y apago la tele, levantándome para abrir, aunque no tengo muchas ganas de visitas.

-Ken. –Hablo sorprendido al verlo frente a mí con una leve sonrisa. –Te dije que me avisaras cuando quisieras quedar y yo iría a verte a ti. Hace una semana que saliste del hospital, aún no estás para muchos trotes.

-Tranquilo, me encuentro mucho mejor, Genji.

Lo dejo pasar y le digo que se siente, yendo a la cocina a por unas cervezas. Él se ríe en cuanto ve que la que le doy no tiene alcohol.

-¿En serio crees que soy tan blando?

-Eh, el médico te dijo que nada de alcohol con tu medicación. Sólo quiero asegurarme de que sobrevive tu hígado hasta que podamos darte la bienvenida como te mereces.

-Gracias yo también lo espero. –Responde con una sonrisa, alzando la cerveza para que brindemos. Cuando dejamos las latas sobre la mesa, Ken habla cambiando de tema, tornando todo más serio.

-Oye, ¿cómo estás? Ruka me ha contado todo lo que me he perdido.

Vuelvo a beber mientras pienso en todo lo sucedido estos días, y tras suspirar con discreción, le respondo tratando de no reflejar lo jodido que me siento.

-Lo de Theia se acabó. No dejaré que vuelva a pasar nada, es lo mejor.

-Sí, eso creo, Genji. Te sentirás mejor tú también. Veo la culpabilidad en tu cara.

-Honestamente, me importa una mierda sentirme mejor, Ken. Lo único que quiero es que Airi lo haga. La he cagado mucho dejando que viera todo eso. Escuché lo que te dijo ese día en el hospital. Cree que la engañé con Theia.

-No, eso sólo fue por el calentón del momento. Ella sabe lo que en realidad sientes, aunque ahora no pueda verlo. ¿Qué hay del asunto de Kuroki? –Añade tras un silencio incómodo, cambiando de tema.

-Es extraño, desde lo del disparo no han vuelto a molestar, y ha pasado bastante tiempo. Deben estar planeando algo gordo, o no lo entiendo.

Ken arruga el entrecejo y reflexiona durante unos segundos muy concentrado, susurrando después como si hablara con él mismo.

-Esto no me da buena espina.

-¿Qué pasa? Está claro que no se han rendido, eso lo sabemos todos.

-Sí, pero estoy pensando algo y no es nada bueno...

-Ken, ¿quieres soltarlo ya? –Digo con exasperación, mirándolo fijamente. Se lo piensa un segundo y habla como con miedo.

-Hace como tres días volvía del trabajo y pasé cerca del trabajo de Airi. Como era su hora de salida pensé en saludarla y esas cosas, pero vi como un tío raro estaba esperándola a la salida. Se metió en su coche sin decirle nada.

-¿Y qué pasa con eso? –Pregunto mientras trato de calmar mis repentinos celos, fingiendo normalidad. Ken pone cara seria y habla con lentitud.

-Conozco a ese tipo. Es del sindicato Yashaki.

-¿Qué coño significa eso? ¿Crees que ha hecho algún trato con ellos para que me dejen? –Pregunto de inmediato, maldiciendo por dentro cuando Ken asiente. Joder.

-Ruka dice que está muy rara y evita a todos, y he podido darme cuenta yo mismo. Estoy tratando de averiguar más para sacarla de ahí antes de que sea tarde.

-Ese hijo de puta de Kuroki va a enterarse.

Con enfado me levanto del sofá pensando sólo en reventarlo a puñetazos por haberse atrevido a ir a por Airi, pero pronto Ken me sigue y me sujeta para detenerme, hablando rápido.

-¡Genji, Genji! ¡Escúchame! Tenemos que ser inteligentes y muy cuidadosos, o podrían hacerle daño. Deja que yo me encargue de esto y averigüe qué está pasado, ¿vale? Sé que es difícil lo que te estoy pidiendo, pero es necesario. No hagas nada, por favor.

Suspiro tras un instante al saber que tiene razón, y cuando me suelta le doy una patada al paragüero de la entrada para desestresarme, derribándolo con un golpe sordo mientras Ken guarda silencio. Cuando me siento algo más tranquilo me giro para mirarlo, hablando seriamente.

-Quiero que me digas lo que sepas si descubres algo. Esto está pasando por mi culpa y yo soy quien debe arreglarlo.

Él asiente tras un instante, y yo me llevo la mano al pelo mientras mi cabeza va enfriándose y pensando todo lo que esto significa, y enseguida me entra el miedo. Si le pasa algo a Airi no podré perdonármelo.

* * * P.V.A * * *

Suspiro con una mezcla de alivio y cansancio cuando me siento en el cuarto donde nos cambiamos, y puedo quitarme los tacones después de seis horas de estar prácticamente de pie todo el rato. No sé cómo ellas pueden aguantar esto noche tras noche, y encima en peores condiciones que yo.

Enciendo un cigarro y fumo con ganas mientras pienso en todo esto. Llevo aquí lo que me parece una eternidad, aunque sólo hayan sido un par de semanas, y eso que gracias a una suerte que ni me creo aún, sólo he tenido que aguantar algún que otro acercamiento de más, y alguna mano rebasando límites permitidos. Por lo menos me consuelo sabiendo que nadie se ha enterado de lo que estoy haciendo, y han optado por no entrometerse de más.

Observo como se abre la puerta y aparece una de las chicas, quien tras saludarme se sienta frene al tocador y se pone a retocarse el maquillaje de los labios que ha traído totalmente difuminado, y me imagino con horror por qué. Unos instantes después me fijo en que tiene un moratón en un pómulo que no logra ocultar del todo con la base de maquillar. Recuerdo que Sakura me contó que un cliente se pasó con el sado hace unas noches.

Apago el cigarro tratando de no mirarla más, incapaz de dejar de pensar en el horror que me produce todo esto, pero lo consigo cuando se abre la puerta de nuevo y aparece Toru, dirigiéndose a mí.

-Aquí estás, preciosa. Ven conmigo. Necesitamos a otra chica. Deprisa, no hagas esperar al jefe.

Me pongo los tacones rápido y me siento muy nerviosa porque no sé qué pretenden que haga, y esa sensación sólo aumenta cuando salimos fuera y veo un grupo de unos 5 hombres más Kuroki, todos en la barra bebiendo mientras varias de las chicas están con ellos tonteando y Sakura sirviendo copas.

-Ven aquí, Airi. –Habla Kuroki cuando me ve, separándose el cigarro de los labios y dejándolo en el cenicero. –Ella es la nueva. Bonita, ¿eh?

Él me agarra de la cintura y acaricia mi mejilla mientras me exhibe ante un hombre de unos cincuenta, igualmente de traje y una cara de mafioso que no puede con ella. Me siento realmente incómoda al notar cómo me mira, sonriendo con picardía.

-Desde luego servirá. Me gusta.

-Airi –me dice Kuroki al ver mi cara, cogiéndome de la barbilla-. Este hombre es un buen amigo, así que haz que se sienta a gusto y se divierta, ¿sí?

Soy incapaz de decir nada por la sorpresa y la aprensión, viendo como él se marcha con algunos de esos desconocidos y las chicas. El hombre del que tengo que encargarme me dice que va a ir al lavabo y enseguida me ve, entonces aprovecho y me dirijo a Toru, quien esta bebiendo en la barra.

-Yo sólo iba a servir copas, no soy una prostituta; no puedo hacer esto.

-Tranquila, cielo. No tienes que follartelo ni nada de eso, ya lo sabe, sólo deja que te meta un poco de mano, hazle una paja… yo que sé, cariño. El jefe es el que manda, amor. Será mejor que no hagas lo que él quiere o ya sabes qué pasará.

Se toca la pistola que lleva en la cadera y yo trago saliva sintiendo que los ojos se me humedecen ante el miedo y la ansiedad, y un segundo después aparece el mafioso de nuevo y me dice que vayamos a beber algo y a conocernos un poco, yo asiento tratando de no llorar mientras él posa su mano en mi espalda para girarme a la barra, descendiendo lentamente su mano hasta llegar a mi trasero.

-Ponme dos whiskys, cariño. -Le dice a Sakura, quien sonríe y me mira con lástima después, pero pronto vuelve a sus quehaceres cuando el tío se fija en mí de nuevo, y tras beber me dice que le gusto mucho, llevando sus manos a mi cintura y su boca a mi cuello.

Cierro los ojos con fuerza y le dejo hacer, y soy incapaz de retener las lágrimas en mis ojos vidriosos mientras la lujuria de aquel hombre va aumentando y sus manos se aferran a mi cuerpo, creándome unas horribles ganas de salir corriendo al baño y vomitar.

No pensé sentirme tan mal conmigo misma nunca, pero me esfuerzo por penar que esto lo hago por un bien mayor, que lo hago por Genji. Genji... Me concentro en pensar en él, y doy gracias porque no pueda ver esto, aunque lloro con más ganas cuando me encuentro pensando con ganas en que ojalá entrara por esa puerta y me sacara de aquí, pero eso no ocurrirá, y este sólo es el principio de lo que espera en adelante.