Zuko observó a Toph, quien se encontraba de pie frente a él con los brazos cruzados y una expresión de franca molestia en su rostro. Podía sentir la frustración irradiando de ella mientras clavaba su mirada ciega directamente hacia él.
—¡Ya pasaron años, Chispitas! ¿Cuándo rayos piensas darme ese viaje que cambia vidas? —exclamó Toph, su voz teñida de exasperación.
Zuko se acercó a ella, titubeando por un momento antes de comprender a lo que se refería. Toph se cruzó de brazos aún más, su ceño fruncido profundamente.
—¡Todos los demás ya tuvieron su viaje especial que los transformó! —objetó—. ¿Cuándo es mi turno? ¡Ya pasó más de una década!
Zuko no pudo evitar soltar una breve carcajada, ganándose una resoplido de parte de Toph.
—No veo lo gracioso, Chispitas —espetó ella en frustración—. ¡Literalmente!
Zuko se acerco más a ella, llevó su mano hacia su terso rostro y lo acaricio.
—¿Aún sigues esperando ese viaje que cambiaría tu vida, Toph? —preguntó, su voz un susurro lleno de calidez.
Toph se mantuvo a la defensiva, pero Zuko podía sentir cómo su postura se relajaba ante su tacto.
—¡Pues claro que sí, Chispitas! Todos los demás recibieron su viaje especial. ¿Y que hay del mio? — respondió, aunque su tono ya no era tan amenazante—. ¡Debería recibir ese viaje!
Zuko sonrió, acariciando las hebras que contorneaban su rostro.
—Sabes... esos viajes que hice en el pasado eran para cambiar la forma negativa en que los demás pensaban de mi. Pero contigo, Toph, nunca hubo nada que cambiar —Sus ojos dorados brillaban con sinceridad y la maestra tierra y de metal control podía sentirlo bajo sus pies que lo que decía lo consideraba la verdad—. Tú desde el inicio confiaste en mí, siempre me has querido tal y como soy, incluso a pesar de que te queme los pies.
Toph sintió cómo su corazón se aceleraba ante el contacto y las palabras sinceras de Zuko.
—Aún ahora, me quieres como soy —continuó Zuko, su voz llena de ternura—. Quizás el viaje cambia vida, ya se hizo.
—¿Que quieres decir? —preguntó Toph. Zuko se sonrojo, sintiendo la timidez y la verguenza apoderarse de su ser.
—Toph, durante estos años juntos, siento que tú has ido cambiando mi vida. Y sé que también la tuya ha cambiado por nuestra cercanía —hizo una pausa, sus ojos dorados reflejando la profundidad de sus sentimientos—. Yo te amo, Toph. Y sé que tú también me amas.
Toph se tensó visiblemente. Sabía que su afecto por él había crecido con los años, pero no era algo que conmumente lo expresara abiertamente, aunque por su parte las acciones hablaban más que las palabras.
—No entiendo por qué estás mezclando todo esto ahora —farfullo con sus mejillas coloradas—. ¿Qué tiene que ver mi viaje con... con lo que dices?
Zuko dio un paso más cerca de ella, su voz cálida y suave.
—Creo que tal vez ese viaje transformador que buscas ya lo hemos vivido, Toph. Juntos —Los ojos dorados de Zuko observaron los perlados de Toph—. Nuestros años de amistad, de entendimiento mutuo, incluso lo que tenemos ahora, ¿no crees que eso ya ha sido un viaje que ha cambiado nuestras vidas?
Él pudo sentir cómo se relajaba ligeramente bajo su tacto. Sin poder contenerse más, bajo la mirada a sus suaves labios y sin esperar más, se inclinó lentamente y unió sus labios a los de ella en un beso suave y cálido.
Toph correspondió el beso con la misma ternura, sus dedos aferrándose con suavidad a la túnica de Zuko, acercándolo más hacia ella. Años de mutuo afecto y entendimiento se fundían en aquel contacto, expresando sin palabras todo lo que sus corazones sentían.
Cuando finalmente se separaron, Toph tenía el rostro rojo y, con un rápido movimiento, le dio un golpe en el brazo a Zuko.
—No seas tan empalagoso, Chispitas —gruñó, aunque su tono carecía de la usual aspereza. Zuko sonrió, complacido de ver esa reacción tan característica de ella y que demostraba afecto.
—Auch tus golpes son cada vez más fuertes —respondió, palmeando suavemente ese sector disfrutando de eso.
El sonrojo de Toph se intensificó aún más, dejando en evidencia lo mucho que las palabras y el contacto de Zuko la habían afectado. Aparentando molestia, volvió a optar la postura de cruzar los brazos, pero Zuko pudo ver la suave sonrisa que luchaba por asomarse en sus labios.
—O tu eres más débil —expresó avergonzada por verse tan al descubierto con su gesto de "afecto"—. En fin ¡Digas lo que digas, no creas que te liberas! —empezó tozudamente—. ¡No me harás olvidar que me debes un viaje cambia vidas! —espetó Toph, señalándolo con un dedo acusador antes de darse la vuelta y salir por la puerta.
Zuko soltó una carcajada cuando Toph se alejó, sabiendo que no se daría por vencida tan fácilmente. Aunque Toph seguía buscando ese viaje transformador, Zuko sabía que cada momento a su lado ya era una aventura que le había cambiado la vida. Y estaba más que dispuesto a seguir creando nuevos recuerdos y experiencias que los unirían aún más.
