Notas Iniciales: Estaba teniendo problemas para encontrar el rumbo de esta actualización pero por fin me decidí acelerar las cosas.


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Evolución.

Tachibana Naoto reflexionó seriamente en lo que ha estado ocurriendo dentro de esa prisión de control. En sus ocho años de servicio, en lo más que había estado preocupado era en inmovilizar adolescentes antes de que fueran a cometer una barbaridad y enseguida dejarlos en manos de los expertos que los sedaban y medicaban de acuerdo a la situación. Si acaso, se aseguraba más en atender las llamadas de su hermana Hinata a los pocos segundos de haberlas recibido en su móvil porque su cuñado había cometido una estupidez y le tocaba reprenderlo antes de que el drama (regularmente causado por el propio Takemichi) creciera más de lo conveniente. Era soltero, así que tampoco tenía una vida personal muy complicada y apenas se aficionaba a los escándalos que tenían que ver con su trabajo, lo que incluían las noticias protagonizadas por personas con genes vampiros o licántropos que abundaban en la ciudad y más allá de Japón. Unas más impresionantes que otras pero con las mismas motivaciones de siempre.

Sin embargo, esta era la primera vez que se suscitaba un caso como el que poseían entre manos él y sus compañeros dentro de aquel edificio. Cuando entró a trabajar había escuchado historias sobre internos que habían muerto en medio de peleas, fugas y demasiados otros casos de violencia provocadas por los instintos territoriales. Casos que ayudaron a las instalaciones ser tan sofisticadas como eran hoy en día. La experiencia había traído desarrollo, un sistema de vigilancia apropiado y un monitoreo preciso sobre el comportamiento de los jóvenes, lo que no significaba que aquello fuera perfecto. Todo el personal estaba devastado porque se hubiese propiciado una muerte en su cargo.

Sus jefes les habían sugerido iniciar la búsqueda por alguien del gen vampírico que se hubiese colado entre ellos, pero hasta el momento no tenían nada.

Los papeles de ingreso aprobados por los familiares de los adolescentes estaban limpios, ni un solo sospechoso, exámenes médicos en orden. Se sabía que aquellos con gen vampiro eran peligrosos para los humanos más que aquellos con gen licántropo debido a sus dones oscuros, y no cabía la menor duda que el pillo se estaba aprovechando de eso para pasar desapercibido.

Sus superiores habían decidido enviar agentes con gen licántropo si no lograban obtener resultados en setenta y dos horas, así que el desorden causado por el interno Baji Keisuke sólo había complicado las cosas para ellos, aún cuando Naoto sospechaba que esto no estaba sucediendo al azar. Esos adolescentes tenían que saber algo que no les estaban compartiendo, seguramente con la idea de resolverlo a su manera, como si formaran parte de un mundo distinto al de los humanos. El guardia Tachibana se acostumbró tanto a escuchar la misma excusa entre portadores de dichos genes en entrevistas y artículos de distintos medios.

Incluso siendo menos que híbridos y más humanos que esos seres de la noche, la segregación era tan real que varias veces le resultó triste.

Como político que era, su cuñado Takemichi siempre estaba luchando porque ningún humano se sintiera desplazado por su condición, lo que casi siempre desencadenaba en burlas crueles por parte de las tres especies. Y véase que Naoto mismo las clasificaba por "especies" porque así como las personas comunes tenían sus dudas sobre una convivencia sana, los otros dos (vampiros y licántropos) preferían llamarse a sí mismo "monstruos" antes que aceptar las condolencias de las masas mayoritarias.

Naoto suspiró y se preguntó por enésima vez si alguna vez se establecería un equilibrio, uno que no estuviera tambaleándose constantemente desde que aparecieron los primeros híbridos. ¿Por qué esos seres de la noche habían plantado la semilla de la discordia y habían desaparecido entre las sombras? Esos niños que debían contener como animales sufrían más que ninguna persona porque necesitaban someterse a un sistema que no era para que lo habitaran ellos. Naoto sabía que de nada le servía pensar en ello, pero después de haber intercambiado palabras con Baji Kesiuke y ser testigo de cuan feroz podría verse alguien con esa condición, no podía evitar preguntarse: ¿Hasta cuándo se detendría toda esta locura? Entre más profundizaba en ello, más se convencía de que ellos, como raza dominante, seguían estando en medio de una despiadada guerra sin cuartel.

—He vuelto, Tachibana-san. —La voz de su compañero de guardia lo sacó de sus pensamientos, apartando los dedos del puente de la nariz en cuanto percibió el aroma a café; Kisaki le había traído una tasa concentrada y la había dejado sobre su mesa frente a los monitores, cuyo calor se extendía hasta alcanzarle la piel del brazo.

—Gracias.

—Lo necesitará, nos espera un largo día.

—Aunque los chicos estén inactivos las próximas horas, nosotros aún tenemos que investigar. ¿No le parece eso un poco mezquino?

—Depende —dijo Kisaki con frialdad, algo que volvió a irritar a Naoto.

—En verdad usted no tiene escrúpulos cuando se trata de ellos, ¿cierto?

—Me gustaría simpatizar más con sus realidades pero creo fervientemente que algunas cosas como la sana convivencia entre nosotros y los frutos de esas criaturas nocturnas no será posible hoy, y probablemente tampoco en varias décadas más. —El guardia Kisaki le dedicó una mirada desdeñosa a las pantallas que capturaban la imagen de la celda donde yacía Baji Keisuke desde tres ángulos distintos, y cuyo ocupante se encontraba recargado contra los barrotes con evidente fatiga, o quizás sólo estuviera recuperando voluntad para lo que sea que estuviese planeando llevar a cabo—. ¿Sigue inquieto? —cuestionó.

—Ya no. Trató de doblar las barras un tiempo pero parece haberse rendido. Si me lo pregunta, creo que el sueño tiene algo que ver. Aunque no puedan ver los rayos del sol directamente, sus cuerpos siguen percibiendo su calor y eso los hace buscar acurrucarse. ¿Qué hay de los dos que tenemos en la enfermería?

—Continúan durmiendo. Hanma Shouji mostró signos de despertar pero volvió a caer dormido en cuanto el enfermero comenzó hacerle preguntas.

—No me sorprende, parece que no podremos interrogarlos a tiempo.

—Eso de mandar agentes con el gen licántropo hasta aquí, ¿va enserio? —Kisaki no estaba complacido con la idea, Naoto podía decirlo. Debía aborrecerlos, lo cual era irónico teniendo en cuenta su empleo, más no sería ese día que Tachibana se atreviera a preguntarle el porqué.

—No son afectados por el don oscuro, si son ciertas las sospechas de que esa sea la razón de que no hallemos nada. Los de arriba saben lo que hacen.

—Deberíamos ser capaces de hacer esto por nosotros mismos.

—Si no fuera porque los hombres con gen licántropo suelen ser reclutados por la delincuencia en la mayoría de los casos, hace tiempo que estas prisiones serían administradas por ellos como ocurre en las prisiones de control dedicados a los tipos con gen vampiro.

Un bufido emergió de Kisaki mientras se empujaba los anteojos con gesto irritado, revisando con la misma expresión apática todas las pantallas que tenía enfrente. Recortó con la mirada a cada una de las figuras que descansaban en sus camas, fijándola en la silueta de cierto interno de cabellos rubios que merodeaba la habitación con balanceos juguetones mientras su compañero de habitación se ponía cómodo en su cama. Con una mueca, Kisaki decidió que había tenido suficiente, por lo que enfiló fuera del cuarto, no sin anunciarle a Tachibana que daría una patrulla. Naoto lo siguió con la vista hasta que se perdió tras la puerta, entonces volvió a beber de su café, sufriendo un mareo repentino que lo dejó confundido.

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La sensación de seguridad que había obtenido con el despertar de su gen, duró poco. Luego de la paliza que le había dado a sus agresores en la escuela y de que dejara de ser blanco de burlas, Kazutora creyó que estaría a salvo. Por fin un poco de respeto por parte de aquellos niños humanos. Nunca fue su intención sentirse más que otros, todo lo que había querido era un poco de tranquilidad. Qué importaba si no conseguía formar amigos mientras fuera capaz de caminar a casa sin heridas o sin una humillación gratuita entre los de su clase; estaba viviendo su mejor época escolar. Pasó sexto año sin conflictos serios y estaba a un paso de entrar en secundaria para comenzar de nuevo.

Estaba dispuesto aplicarse en el estudio, hacer sentir orgullosos a sus padres. Nunca tomó en cuenta lo peligroso que comenzó a sentirse el barrio, demasiado ocupado como estaba en su propia vida para prestarle atención a los chismes. Sin embargo, se llegó el momento en que lo vio, a ese raro chico en su salón. Al principio no le tomó importancia ya que parecía el tipo de individuo que ya conocía a varios alumnos desde antes que dieran inicio las clases.

No sería raro considerando lo frecuente del fenómeno entre los estudiantes de escuelas humildes, además que parecía poseer un carisma elevado que encantaba incluso a los de grados superiores.

Pero entonces se percató de que no sólo eran unos cuantos los que lo servían incondicionalmente, sino que incluso los profesores actuaban sospechosamente complacientes con él cada vez que estaba cerca. Varias veces este chico se había acercado a él y le había ordenado realizar actividades que Kazutora rechazó porque estaba ocupado o simplemente no le interesaba formar una amistad con él, lo que siempre pareció sorprenderle cada vez a dicho muchacho. Y no sólo eso, si no que pronto nadie en el instituto se atrevía a contradecirlo por más humillantes que fueran sus peticiones.

Ahí fue cuando Kazutora se enteró de lo que realmente sucedía. Sobre el gen vampiro y del don oscuro que este poseía, el cual usaba para mantener dominada toda la escuela, aunque debido a su condición no se podía permitir asistir a menos que el día estuviera pronosticado como nublado, lo que aparentemente provocó que al poco tiempo fuera transferido a una escuela nocturna.

Hanemiya dejó de preocuparse por el misterio de aquel tipo hasta que poco a poco notó las calles de su barrio frías, solitarias como nunca antes, carentes de los usuales vecinos ruidosos pasando el rato en las puertas de sus casas. Aquel lugar siempre había sido tranquilo porque los niños de los matrimonios asentados ahí, decían que sus hijos poseían una enfermedad degenerativa, a pesar de que Kazutora había escuchado mucho escándalo por parte de cientos de mocosos durante la noche desde que tenía memoria. Resultaba que no era que los chicos poseyeran una enfermedad de tal índole, si no que habían heredado el gen vampírico y ahora que eran adolescentes habían decidido formar pandillas, echando a los ancianos de sus lugares seguros.

Y darse cuenta de la realidad lo impactó demasiado.

Hanemiya fue espectador de cómo aquellos vampiros convertían el barrio donde vivía en una zona de guerra, mientras él empezaba a sufrir cambios más marcados en su propio cuerpo.

Los adultos comenzaron asegurarse de llegar a sus casas antes de que cayera el atardecer o entrar con sigilo a sus colonias si sus horarios llegaban a ser muy tardíos. Kazutora empezó a temer salir de casa durante los días nublados después de que en una ocasión se cruzara con alguno de estos grupos y les ofendiera su condición licántropo. Aguda fue su impotencia cuando ni con toda la fuerza de la que había estado orgulloso fue suficiente para hacerle frente a tantos, pues a pesar de no afectarle el don oscuro que poseyeran comandantes o capitanes, daba igual cuando era el saco de boxeo favorito por ser enemigo prometido de sus antepasados vampiros.

Kazutora resistió humillaciones, sosteniéndose de su instinto protector para plantarse frente a esas pandillas con el fin de que sus padres humanos no se vieran involucrados en alguna riña, prefería dejarlos hacer con él lo que les placiera en lugar de ver correr la sangre de inocentes que siempre le estaban agradeciendo porque los hubiera protegido cuando una de esas forzadas interacciones se saliera de control.

Se había sometido por voluntad propia a esta vida, que era peor a la de su niñez, al menos hasta que sus padres le anunciaron que se mudarían como habían comenzado hacer aquellos sin ningún lazo con los chicos vampíricos, sólo tenía que resistir no meterse en problemas una semana más y tendría de vuelta su libertad. Un día que jamás llegó. No porque su propio gen estaba cada vez más exaltado por el aroma de la sangre que aquellos diablos con piel humana derramaban constantemente, no porque sus batallas entre pandillas se habían tornado tan violentas que un solo humano caminando entre medio se convertía automáticamente en una víctima que protagonizaría la portada del periódico al día siguiente.

Kazutora se vio encarcelado al querer proteger a su madre y porque algún chico vampírico con el don oscuro de control mental, manipuló a un policía para que lo arrestara y llevara a encerrar en una prisión para chicos con su condición. Desde entonces Hanemiya no podría confiar en individuos de esa naturaleza ni aunque fuera su última opción, era por ello que todavía le costaba creer en la palabra de Mikey, así que se había decidido mantenerlo vigilado mientras jugaban a ser buenos amigos.

Ciertamente la visión carmín de Baji no se equivocaba al ponerlo en un eje importante del desastre. Por eso cuando volvió a la consciencia, su primer pensamiento fue que debía detener al vampiro que había asesinado a uno de su especie, más inmediatamente el hormigueo en todo su cuerpo hizo que se retorciera para sufrir nuevos malestares. Recordó haber caído dormido pero la incógnita de cuánto tiempo estuvo fuera lo hacía temer de todo lo que pudo perderse.

—Baji… —musitó, lo que lo inspiró removerse con apuro.

Con todo lo que abordó su mente (y el dolor causado por el entumecimiento corporal), él era quien más le preocupaba en toda esta situación. Estaba seguro que el personal de la prisión no sería generoso con él, así que debía moverse antes de que fuera demasiado tarde, si algo le hicieran a Baji jamás se lo perdonaría. Pero fue una voz a su costado la que lo detuvo.

—Por fin despiertas, comenzaba a sentirme aburrido aquí. Entretenme antes de que los doctores se den cuenta de que ya pueden darte de alta.

Kazutora dejó de prestarle atención a la poca movilidad de su cuerpo para ocuparse en girar la cabeza y así ser capaz de ver a quien le dirigía la palabra. Se sorprendió un poco al ver a Hanma Shouji, cuyo aspecto era deplorable, por lo tanto resultaba sorprendente que pudiera hablar con relativa normalidad aún cuando seguramente había perdido un par de dientes. La protuberancia de su ojo morado no era tan marcada, casi como si hubiesen pasado días de sanación. ¿Realmente fue así? Pero se recordó que su sistema inmunológico era mucho más eficiente, por lo que tardaba menos en reparar heridas de lo que tardaría un cuerpo humano común.

— ¿Tienes huesos rotos?

—Que pregunta tan grosera. En su lugar deberías disculparte ahora mismo, ¿sabes?

—No fui yo quien te golpeó.

—Pero no hiciste nada para ayudarme, lo que te hace igual de culpable.

—Habría recibido la misma paliza, así que no gracias, estoy agradecido de mantenerme al margen.

—Je, dudo que tu amigo te hubiese hecho algo. Fue por ti que perdió los estribos.

—Sí, hablando de eso, ¿cómo lo sabes?

— ¿Cómo sé qué?

—A nadie más que a Baji le he contado sobre mi pasado, sobre mi conexión con los tipos vampíricos. Nadie de los demás internos tendría que saberlo… a menos que puedan disponer de los registros policiales. —Hanma se limitó a reír por la acusación en lugar de responder, lo que irritó a Kazutora—. Respóndeme.

— ¿Qué harás con esa información?

— ¿Preocupado de que te delate?

—Mi amigo se aseguraría de que tus palabras no sirvan de nada.

— ¿Eso quiere decir que confiesas tu crimen?

—De todo lo que sería culpable ahora mismo es de ser amigo de un vampiro al igual que tú.

Kazutora gruñó e intentó erguirse de nuevo, o al menos separar la nuca de la almohada, sin éxito. El efecto de los sedantes no había desaparecido del todo, continuaba sin sentir los brazos o las piernas, en su pecho nacía aquel desagradable hormigueo. El que pudiera hablar sin morderse la lengua era un milagro. Seguro que una dosis más lo habría dejado como un retrasado mental.

—Nuestro vampiro no le ha hecho daño a nadie, a diferencia del tuyo. No somos iguales.

—No cambia el hecho de que encubres un fraude. ¿Qué? ¿Te lo pidió tu noviecito?

—Mi lobo alfa —espetó con agresivo orgullo—, para tu información.

— ¿Lobo Alfa? Aw, que dulce —escupió Hanma con la lengua envenenada de sarcasmo—. ¿Te cansaste de jugar a ser sumiso de vampiros y decidiste que era mejor ser sumiso de un tipo violento como Baji? Si fuera tú no me entusiasmaría tanto, un cariño nacido de la soledad está destinado a morir joven.

—No me cuentes tu vida —gruñó Kazutora, sin obtener la reacción que esperaba ya que Shouji volvió a reírse.

—Eres más interesante de lo que pensaba. Es una pena que nuestro plan inicial no haya surtido efecto, habríamos creado una obra de arte con ustedes dos en escena. Puedo imaginarlos siguiendo sus instintos en una épica batalla que concluiría en tragedia.

Kazutora se estremeció ante la sola idea. Era una fortuna enorme que Baji poseyera sueños rojos, de lo contrario nadie hubiese anticipado lo que sea que Hanma y su amigo vampiro querían hacer con aquella prisión de control. Pensarlo hizo a Kazutora considerar lo peor.

— ¿Cuál es su objetivo?

— ¿Objetivo?

— ¿De qué se trata todo esto? Dudo que hayan decidido colarse aquí y atacar a los internos sólo porque sí. Si el odio de tu amigo hacia nuestra especie fuera tan grande, no se habría involucrado contigo para empezar.

— ¿Piensas que te lo diré sólo porque me lo preguntaste? No seas idiota.

—Supongo que no. En ese caso… —Luchando contra su entumecimiento, Kazutora se las arregló para levantarse del lecho hasta conseguir quedar sentado sobre la cama sin tambalearse demasiado—, te obligaré hablar.

—Eso no sería muy beneficioso para ti. Gracias a la influencia de mi amigo, yo seré tratado como víctima mientras tú y tu Lobo Alfa se convierten en los lunáticos que deben pasar el resto de su vida de prisión en prisión.

—Sería mucho más humillante fallar en nuestra venganza.

—Con que "venganza"… —Hanma volvió a reír pero esta vez no pesaba la burla o sorna en su tono, al menos no por completo, de hecho parecía bastante más complacido que nada por la respuesta que Kazutora le había ofrecido—. Me gusta tu modo de pensar.

—No necesito tus elogios.

Hanemiya trató ponerse de pie pero sus rodillas temblaron, las plantas de sus pies siendo incapaces de sostener tanto peso. Volvió a intentarlo, pero a pesar de haber conseguido separar el trasero de la cama, cayó de nuevo. Los efectos secundarios continuaban gobernándolo, así que no conseguiría cumplir su amenaza, algo que le arrancó una risa divertida a Hanma.

—Oye, no te sobre esfuerces. No es como si eso fuera a cambiar algo.

—Este fue el lugar de nuestro encuentro. Aquí encontramos un refugio… —Hanemiya arrugó la tela del pantalón al empuñar sus manos sobre las rodillas—. No puedo permitir que lo arruinen.

— ¿Oh?

—Vamos a desenmascararlos como sea, ¿me oíste? Los expulsaremos de aquí y todo volverá a la normalidad.

— ¿Y qué si esto puede beneficiarnos?

—No seas ridículo. ¿Beneficiarnos? ¿De qué forma? Ha ocurrido una muerte.

—La muerte es muy común en nuestro camino, ¿no crees? En especial para aquellos con gen vampírico. —La sonrisa de Hanma pareció suavizarse, más Kazutora no estaba seguro—. Nosotros podemos mantenernos sanos a base de carne animal pero ellos… ellos de una forma u otra tienen que asesinar humanos para permanecer con vida. Incluso tu amigo Mikey ha debido asesinar a muchos para saciar su sed, ¿no es así? ¿Qué hay de malo en que se equilibren un poco las cosas entre nosotros? Matar a individuos como nosotros, mantendría a los humanos fuera. Como siempre ha sido.

— ¿…Me estás diciendo que tu amigo detesta la idea de alimentarse de humanos?

—Digamos que mi amigo tomó una decisión. Seguir la tradición de nuestros antepasados, hasta que ellos decidan aparecer frente a nosotros y nos revelen de una vez su verdadero objetivo. Si, podrías llamarlo "mártir".

— ¿Y ese mártir es tan malo cazando que necesitaba llevarlo a cabo precisamente aquí?

—Se ve que no sabes nada de estrategias de guerra. Para aplastar al enemigo, es necesario comenzar contaminando a la juventud, así no quedarán herederos que se interpongan cuando el momento de la verdad llegue. Aunque podría estar diciendo tonterías para pasar el rato porque estoy alucinando por los golpes de tu novio. —Hanemiya chasqueó la lengua e intentó levantarse de nuevo, luchando contra la debilidad y los efectos secundarios que lo azotaron una vez pudo sostenerse de pie. Shouji se burló de nuevo—. Oye, ¿cuál es la prisa? Ha pasado ya un tiempo, aunque vayas advertir al personal sobre esto, caerás dormido en cualquier momento.

—C-Cállate.

—Escuché antes que tu novio se encontraba en aislamiento, no podrás verlo aunque lo intentes. Regresa a descansar, ¿quieres?

Ignorándolo, Kazutora se animó a dar un paso hacia la salida, luego otro, antes de que trastabillara y cayera de bruces sobre la cama, provocando que Hanma se riera por su patética actuación. Ciertamente, el chico con tatuaje de tigre se percibía a sí mismo como un cervatillo recién nacido en esos momentos. Sus músculos no respondían y su vista se tornaba borrosa debido al esfuerzo. Era humillante pero debía admitir que no conseguiría hacer nada en su estado, debía esperar a que su cuerpo respondiera apropiadamente.

—Maldición… —masculló soltando un débil puñetazo contra el colchón—. ¿Dónde están los enfermeros? ¿No deberían estar pendientes de revisarnos? ¿Qué no hay cámaras de vigilancia?

—Ellos vinieron a vernos hace quince minutos, así que no vendrán en un rato. Con suerte, conocerás a mi amigo en su lugar. —Kazutora se estremeció ante la posibilidad que Hanma mencionaba, a la vez que su sonrisa se ensombrecía de forma siniestra—. Acabo de abrir la boca después de todo, no podemos permitir que poseas información sobre nosotros, por muy insignificante que sea.

—Si está amaneciendo… no hay manera de que él…

—Bueno, él tiene sus métodos para moverse bajo los rayos de luz.

Kazutora entró en pánico, por ello se agitó un poco más para obligar a su cuerpo conservar el equilibro a medida que volvía alzarse sobre las sábanas arrugadas. Debía apresurarse en encontrar un sitio seguro, algo, lo que sea. La imagen de Baji apareció en su cabeza y sintió que lagrimas se formaban bajo sus párpados inferiores; sus esfuerzos habrían sido en vano si permitía que esos dos lo acorralaran así. Pero apenas lo pensó cuando el peso de Shouji sobre su cuerpo lo devolvió a su posición inicial y este sonreía con malicia mientras lo inmovilizaba bajo su cuerpo. Kazutora gruñó. Esto no podía estarle pasando a él.

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Los pasillos se encontraban en silencio, tan denso que la inquietud superaba la calma con la que hubiese podido ser relacionado. El avanzar de sus pasos causaba eco, así que se obligó a encontrar una manera de cambiarlo mientras seguía avanzando hasta que el sonido de otros pasos extras lo obligó detenerse y buscar un espacio donde ocultarse. El guardia Kisaki se detuvo un momento de su caminata para comprobar si lo que acababa de oír no eran imaginaciones suyas. Y al no encontrar a nadie en el entorno, continuó caminando. Ese instante Pah lo tomó como oportunidad de moverse más libremente en dirección a las celdas de aislamiento. Miró una de las cámaras que tenía a la vista, resultándole extraño que estas no hayan llamado la atención de nadie y que su extraño comportamiento a plena mañana significase tan poco para quien quiera que estuviera monitoreando en esos instantes.

Mejor para mí, pensó apresurándose al estrecho pasaje que figuraba como su destino.

Baji estaba dormitando cuando un aroma conocido llegó a sus fosas nasales, cuando abrió los ojos se dio cuenta que había estado de pie, recargado en los barrotes de su celda. No eran zapatos con tacón como el caso de las botas que portaba el personal de la prisión, así que escuchar esa voz del otro lado de la puerta de entrada reanimó cada uno de sus sentidos entumecidos.

—Baji. Hey, rabioso. ¿Puedes oírme?

— ¿Pah? —Keisuke estaba sorprendido. Escuchó cómo su amigo trataba de forzar la cerradura pero fue un trabajo inútil, no venía preparado y no cabía la menor duda que hacer demasiado ruido arruinaría su improvisada infiltración.

—Lo siento, no tengo idea de lo que estoy haciendo. Sólo sé que estaba demasiado intranquilo para dormir y el ambiente ahora mismo se siente extraño, me lo dice mi gen. Pero, ¿qué hay de ti, hermano? ¿Te encuentras bien? Encontré ese polvo de las pastillas en tu habitación y lo tiré.

—Así que te diste cuenta. Gracias, pensaba deshacerme de eso.

— ¿Por qué las trituraste?

—…No lo sé —admitió Baji con una sonrisa derrotada—. Supongo que me rendí de perseguir una cura. Se siente bien ser lo que soy, ya no quiero pretender ser un hombre normal.

—Baji…

—Pero dime algo, pulgoso. ¿Cómo está Kazutora?

—Mitsuya dijo que los enfermeros no creen que despierte pronto, pero además de eso todo está en orden con él. Pero lo que es preocupante es que se queda en la misma habitación que el tipo ese que golpeaste, aunque tal parece que tampoco despertará en un día.

Tal información tensó el cuerpo entero de Baji, activando un instinto protector que ya era familiar para él al tratarse de quien había escogido como su pareja, así que no se resistió a empuñar ambas manos, apretar los colmillos y sentir a sus pupilas encogerse por la adrenalina.

—Pah, ¿podrías ir a revisar por mí?

— ¿Cómo? La puerta seguramente esté sellada. Además, ya me estoy arriesgando por estar aquí contigo ahora.

—No quiero meterte en problemas pero no me gusta que dejen a mi compañero con esa rata. No sabemos la clase de luchador que es, probablemente sea de los que están acostumbrados a jugar sucio. Y si es de los que resisten el dolor, Kazutora podría estar en problemas con un adversario tan grande. No es que dude de sus capacidades, pero me gustaría mucho que alguien estuviera cerca para brindarle apoyo en caso de que los sedantes que recibió sean un problema.

—…Haré lo que pueda.

—Si te sientes inseguro de andar por ahí solo, ve por cualquiera de nuestros amigos. No se negarían acompañarte en una situación como esta.

—Sí, la verdad es que ahora mismo tengo un mal presentimiento —dijo Hayashida, cruzándose de brazos con incomodidad—. Ya me he escapado de mi habitación durante el día antes para robar un poco de agua de la cocina, y sé que siempre hay guardias patrullando por las habitaciones. Esta vez me encontré solamente con uno que no tenía aroma.

— ¿Qué quieres decir?

—Justo lo que estoy diciendo. Ese tipo… no tenía olor. De alguna manera me resultó intimidante.

Baji lo pensó con detenimiento, considerando el hecho de que había encontrado el perfume de Shouji en el cadáver del interno, no otro. Fue cuando se dio cuenta de algo perturbador. El tipo vampírico con el que se estaban enfrentando se encontraba entre los guardias, era un adulto. Por lo tanto podría ser mucho más astuto que cualquiera de ellos si su objetivo era alimentarse directamente de jóvenes con gen licántropo.

—Pah, será mejor que te reúnas con los demás ahora.

— ¿Eh? ¿A qué se debe el cambio de planes?

— ¡Podrías estar en peligro también! —casi ladró, apretando los barrotes entre sus manos—. En mi sueño rojo no estaban sonando las alarmas, había luz. ¡Podría ser este el momento clave y no quiero que te pase nada malo! ¡Debes reunirte con los demás ya!

Haruki se sobresaltó por aquellos gritos, asemejándole no sólo a alguien que había perdido los estribos, sino que su orden caló directo a su cerebro, como si acabara de ser reprendido por su jefe; cosa que le resultó irónica tomando en cuenta que eran iguales.

— ¡Esta bien! ¡De acuerdo! Me voy.

Baji no tardó en escuchar los pasos de Pah alejándose, por lo que fijo la vista en la cámara frontal. Todavía no había reacción. Volvió agitarse, tratando de destrozar las barras que impedían su acceso. Esta vez sí que se sentía atrapado y no le gustaba esa sensación, así que tomó el lavamanos que yacía instalado junto al inodoro. Si esto no hacía que los guardias vinieran por él, significaba que el vampiro había hecho su movimiento y les correspondía enfrentarse a él. Con un grito logró desprender la porcelana del muro, rompiendo el sistema de tuberías y logrando que los chorros de agua se precipitaran hacia enfrente. Luego Baji guio su nueva arma adquirida contra las rejas para hacerla añicos, preparándose para los fragmentos que desprendería. Con una sonrisa se cubrió el rostro sin importarle mucho el resto de heridas que se abrían en su piel o la manera en que sus ropas se rasgaban, pues el escandalo al menos debía alertar los oídos sensibles de todos los internos.