Disclaimer: Todo Dragon Ball pertenece al legendario Akira Toriyama (Q.E.P.D.). Claro que, si yo pudiera hacer algún cambio, lo primero que haría es eliminar la shipp nefasta de Mai y Trunks, que no sé qué tenía Toyotaro en la cabeza cuando se le ocurrió XD
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Capítulo 3 Recuérdame (no era el sol, era una despedida)
Eclesiastés 3:1:
«Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo de los cielos tiene su hora».
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La brisa cálida de aquella futurista ciudad acarició el rostro de Kioran mientras observaba el inmenso paisaje tecnológico que la rodeaba. Torres vestidas de cristal se alzaban hacia el cielo, mientras vehículos flotantes zumbaban por encima de sus cabezas, moviéndose en patrones que parecían imposibles. La cantidad de luces, pantallas y dispositivos la dejó atónita. Aunque había pasado por planetas con tecnología muy avanzada, ahora parecía encontrarse en un delicado equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo.
—¿Y todo esto qué diablos es? —preguntó, sin poder disimular el asombro en su voz.
—Estamos en ciudad Conton, donde se encuentra la base de los Patrulleros del Tiempo. Y, por si te lo preguntas, es el año 852 —respondió Trunks, con un ligero entusiasmo.
Kioran lo miró incrédula. ¿De verdad con tan solo atravesar un simple portal había llegado a poco más de noventa años en el futuro? ¿Cómo era posible que todo aquello fuera real?
—Dentro del entrenamiento de los Patrulleros, aprendemos a movernos a través de distintas líneas temporales sin sufrir consecuencias psicológicas —añadió Trunks, adivinando su desconcierto—, así que no te agobies.
Pero las palabras de Trunks no hacían más que aumentar su confusión. Todo esto era demasiado extraño, incluso para alguien como ella, que había visto de todo en su corta vida. Para Kioran, las líneas del tiempo y los saltos temporales eran conceptos que apenas podía más o menos comprender. Lo único que entendía con certeza era que se encontraba en un lugar completamente desconocido, en un año que tampoco le pertenecía. Se sintió fuera de lugar, como si el suelo bajo sus pies no fuera más que una ilusión.
Miró a su alrededor, más abrumada que antes. La ciudad era una mezcla imposible de estructuras radiantes y tecnología que parecía desafiar todas las leyes que conocía. Todo a su alrededor brillaba con una intensidad que casi la cegaba. Entonces, supo que no era exactamente esa relativa modernidad lo que la hacía desconfiar y sentirse como un añadido de última hora que no pegaba en la historia, sino que tanta brillantez, alegría y despreocupación hacían un enorme contraste con el enorme vacío que habitaba su interior.
—Esto parece que vuelva loco a cualquiera —murmuró, hablando consigo misma.
—Los saltos en el tiempo siempre son confusos, lo sé. Llevamos años perfeccionando nuestra técnica y equipamiento —respondió él, con un atisbo de sonrisa en el rostro—. No es algo que puedas aprender de la noche a la mañana, pero tendrás el entrenamiento adecuado, te lo aseguro.
Kioran resopló. «Entrenamiento», pensó, con cierto desdén. El concepto no le era ajeno; después de todo, había pasado toda su vida entrenando para ser más fuerte, más rápida, más letal. Pero algo en esa ciudad la hacía sentir insignificante, como si todos los años que había pasado refinando sus habilidades no fueran más que una fracción de lo que allí se consideraba normal.
Trunks la guio hacia un enorme arco redondeado que separaba la urbanidad del área en que se vigilaban las líneas temporales. Justo al ingresar, podía apreciarse una enorme estructura con incontables pisos. Él le explicó que llamaban al edificio «Torre de Control»; un lugar lleno de operarios que trabajaban sin descanso turnándose para cumplir con su deber de preservar la integridad de cada línea temporal existente. Apenas detectaban una irregularidad, en los pergaminos, ubicados en la Bóveda del Tiempo, la comunicaban inmediatamente a la base de los Patrulleros.
A cada paso que daba, Kioran sentía cómo su cuerpo se tensaba más y más. No encajaba allí, ni su forma de vestir, ni su crianza, ni sus costumbres; nada, nada de ella encajaba en ese mundo.
—Esto es demasiado para mí —admitió finalmente, deteniéndose en seco. Su tono estaba cargado de una mezcla de frustración y confusión, y su cola de saiyajin reforzó esos sentimientos abandonando la seguridad de su cintura para agitarse con vehemencia—. No entiendo… esto no va conmigo.
Trunks se volvió hacia ella sin darle mayor importancia a sus palabras. Era la reacción habitual de los elegidos luego de ser arrancados de sus respectivas líneas temporales y puestos allí, en esa metrópoli tan ajena.
—No espero que lo entiendas de inmediato —afirmó, todo su ademán impregnado de comprensión—, solo… escucha lo que tengo que contarte, te aseguro que tendrá sentido.
Kioran lo observó por un momento, desconfiada. La oferta seguía siendo un enigma, algo que no lograba descifrar del todo. Pero había algo en sus palabras, una promesa de respuestas que la mantenía aferrada a la posibilidad de descubrir la verdad sobre su pasado.
—¿Y para qué rayos me trajiste aquí? —preguntó, mirando a su alrededor una vez más—. Si solo vas a decirme qué pasó con mi mamá es cosa de que abras la boca y ya. ¿Qué se supone que tiene que ver esto conmigo? —Abrió los brazos, abarcando el enorme espacio con su gesticulación.
El joven sonrió ligeramente, como si supiera que esa era la verdadera pregunta.
—Tiene que ver todo —respondió—. Aquí es donde puedo darte las respuestas que buscas.
La elasticidad en la paciencia de Kioran era muy limitada, y en ese momento, sentía cómo cada segundo en ese lugar la tensaba más. El hecho de que Trunks siguiera dándose vueltas y vueltas en lo mismo, sin entrar de una vez en el terreno de las explicaciones que había prometido, la irritaba profundamente. Nunca había sido el tipo de hembra que dejaba cosas sin resolver, pues buscaba casi con afán obsesivo darle un cierre a todo aquello que podía ser motivo de incordio para ella.
—Escucha —comenzó en tono cortante, mientras sus ojos oscuros se clavaban en los de él—, no estoy aquí para ser parte de una organización que ni siquiera entiendo así como así, de gratis. Me importa una mierda que jueguen con las «líneas del tiempo» o con lo que sea que hagan; si quieres que me quede, vas a darme la información que prometiste ahora mismo.
Trunks guardó silencio por un momento, evaluando la intensidad en su mirada. Como buena saiyajin, no se destacaba precisamente por su tolerancia, cosa que él sabía de antemano. Pero, además, podía comprender la ansiedad que debía estar experimentando de saber por fin qué había ocurrido con su progenitora cuando era una niña muy pequeña.
Por alguna razón, se sintió un poco cruel al no poder ofrecerle toda la información en ese preciso instante, así que recurrió nuevamente a la persuasión.
—Voy a cumplir, sin ninguna duda —insistió, muy calmado, sin alterar su compostura—. Pero, primero, necesitas entender que lo que te voy a mostrar no es tan fácil de asimilar…
—¡Deja de tratarme como a una cría! —rugió, interrumpiéndolo con un gesto de impaciencia—. Quiero que me digas qué mierda pasó con mi madre. No me quedaré aquí haciendo lo que me pidas sin que cumplas tu maldita palabra.
Su irritación crecía con cada palabra que salía de esa boca. Sentía cómo la piel se le erizaba de la rabia contenida. No era solo la desconfianza hacia ese desconocido lo que la motivaba, sino un vacío que la había acompañado toda su vida, un agujero que, en ese minuto, en esa ciudad, solo podía llenar con la verdad. Y no iba a esperar más tiempo del necesario para conseguirla.
Trunks no pudo evitar poner los ojos en blanco. Le estaba resultando algo difícil no irritarse también.
—No puedo simplemente llegar y mostrarte algo que no entenderás. Estamos caminando hacia el lugar de las respuestas, pero para que las comprendas, primero necesito explicártelo, ¿de acuerdo? Yo siempre cumplo mi palabra —aseguró, esta vez en un tono que no daba espacio a las réplicas.
Kioran entrecerró los ojos. Ese joven se había conducido todo el tiempo como alguien muy paciente, pero lo cierto era que tenía carácter, se le notaba. Y aunque trataba de que no fuera así, muy a pesar suyo estaba empezando a creer en su promesa, porque esa vehemencia no podía alimentarse únicamente de falacias. Hizo un vago gesto de aprobación con la cabeza, volvió a ponerse en marcha y él continuó guiándola. Aunque el concepto de los Patrulleros del Tiempo no le interesaba en lo más mínimo, el anhelo de respuestas sobre su origen era algo que no podía ignorar.
Trunks la condujo a través de un largo pasillo hasta una puerta de cristal que se abrió automáticamente a su llegada. Al cruzarla, Kioran vio una sala inmensa, llena de personas trabajando frente a monitores que parecían proyectar imágenes de otros mundos. Los trabajadores, vestidos con trajes muy modernos (algo que hizo sentir a Kioran todavía más fuera de lugar, con su armadura de modelo antiguo), estaban inmersos en sus tareas, revisando cada posible cambio o corrupción que podía atacar las líneas temporales.
—Este es el centro de operaciones —explicó Trunks, señalando el entorno con un gesto amplio de su brazo—, en donde se monitorean los pergaminos del tiempo. Cuando algo cambia, los Patrulleros nos aseguramos de corregirlo. Aquí hay un cubículo vacío… Siéntate, por favor —señaló una silla frente a tres pantallas curvas, una grande principal y dos pequeñas de tipo satélite—. Lo que vas a ver no es fácil.
Trunks activó la cabina apenas ella obedeció, introdujo unos códigos en el extraño teclado y, de repente, las pantallas comenzaron a proyectar imágenes.
—Ella es tu madre, se llamaba Kondai —dijo Trunks, mientras las imágenes comenzaban a formarse ante los ojos de Kioran—. Y este fue su destino.
Ella se tensó de inmediato al ver las primeras escenas formarse ante sus ojos. El sonido del viento sobre el planeta Vegeta llenaba la sala, y de repente, todo el mundo tecnológico y futurista de Conton desapareció. En su lugar, un paisaje árido y vasto apareció ante ella, con el crepúsculo tiñendo el cielo de tonos anaranjados. Kioran sintió enseguida el llamado ancestral de aquel lugar, a pesar de que nunca lo había visto con sus propios ojos: el planeta Vegeta, el hogar perdido de su raza.
La figura de una hembra ocupaba el centro de la escena. Era de estatura muy pequeña —rasgo que ella heredó—, piel naturalmente pálida bronceada por el sol, y aunque su vientre no mostraba signos de embarazo, la forma en que se acariciaba el área del estómago, con una ternura infinita, lo evidenciaba. Kioran sintió cómo su corazón se aceleraba: era la mujer que sonreía en sus sueños. ¡Era ella, siempre estuvo en lo cierto… era su mamá!
Kondai escuchaba a escondidas a otro guerrero de aspecto brutal con una cicatriz en la cara. Alguien le llamó «Bardock». Y Kioran recordó que ese era el nombre del progenitor de Raditz.
—¡Freezer nos va a traicionar! —gritaba Bardock, herido y desesperado, moviéndose penosamente—. ¡Tenemos que unir fuerzas y enfrentarlo o va a aniquilarnos a todos!
Kondai se encogió. Otra vez llevó una mano a su vientre. Se podía percibir el pánico en su rostro.
La escena cambió. El planeta Vegeta desapareció en un destello de luz mientras Kondai, en la nave que había conseguido para escapar, atravesaba el espacio. El corazón de Kioran latía con fuerza. Cada segundo la acercaba más a esa verdad que siempre había querido conocer.
Lo siguiente fue verse a ella misma como un bebé, luego como una pequeña niña, jugando en un planeta que no conseguía recordar. Su pequeña cola enroscándose sobre la rama de un árbol extraño de color lila. Kondai le sonreía.
Esa sonrisa…
Entonces, las imágenes volvieron a cambiar y Kioran supo por instinto que estaba a punto de presenciar el final de aquella historia. De la mujer que la había dado a luz.
Raditz y Nappa se materializaron en la pantalla principal, apeándose de sus respectivas naves, sus rostros endurecidos por la crueldad. La imagen de Kondai se volvió borrosa mientras luchaba por proteger a su hija, que se había quedado inmóvil observando todo con ojos muy grandes.
La vio empapada en sangre, con sus últimas fuerzas, acercándose a ella.
El recuerdo reprimido se desbloqueó en ese mismo instante, mientras observaba la escena en la pantalla. Fue como si su visión se dividiera en dos; veía la extraña película a través de sus ojos y, al mismo tiempo, su mente la proyectaba superponiéndola en su visión.
—Kioran, mira mi rostro —dijo la mujer luego de besar cariñosamente su frente, sin perder su enorme sonrisa—. Recuérdame, hijita. Recuérdame…
Y entonces una enorme bola de energía, que ella en sus sueños confundía con el sol, acabó con su vida.
Las pantallas se apagaron. Todo quedó en un silencio absoluto.
Confirmar lo que había sospechado no amortiguó el golpe de realidad. El doloroso recuerdo de cómo había sido arrancada de su madre, cómo Raditz la utilizó para sus propios fines, sin ningún tipo de afecto, la golpeó directo en el estómago con un vacío insoportable. Y Nappa… También fue partícipe de aquel crimen, ¡y ella estuvo a punto de…!
Su respiración era irregular, pero su rostro seguía siendo una máscara de indiferencia. No podía permitirse el lujo de mostrarse vulnerable ante nadie.
—¿Estás bien? —preguntó Trunks luego de mucho rato, dando un paso hacia ella. Había querido darle algo de espacio en esa pequeña cabina para que no se sintiera más agobiada de lo que debía en ese minuto.
Pero ella sacudió la cabeza y enarcó una ceja, observándolo con atención.
—Estoy exactamente igual que hace rato —respondió, por completo en control de sí misma—. Ahora sé lo que le ocurrió a mi madre, pero nada ha cambiado. Oh, bueno… cumpliste tu palabra, hubo un minuto en que no lo creí posible. Más te valía.
Trunks la observó entre curioso y preocupado. Había esperado alguna reacción más visceral, mal que mal, se trataba de una guerrera saiyajin... pero solo encontraba esa máscara fría que no dejaba entrever lo que realmente estaba ocurriendo en su interior.
—¿Quizás necesitas tiempo para procesarlo? —aventuró él, tratando de ofrecerle un respiro.
Kioran no respondió de inmediato. En su cabeza, las imágenes de su madre, de Raditz, de su propia vida desgarrada desde el inicio, giraban sin parar, golpeándola desde dentro. Era como si un tornado de emociones estuviera arrasando con todo a su paso, pero su exterior permanecía tan imperturbable como siempre.
—Lo que necesito es mear —dijo finalmente, su voz seca, como si las palabras apenas lograran salir—. Dime dónde están los baños.
Él, por inercia, señaló hacia un pasillo lejano. No alcanzó a verbalizar ninguna de las preguntas que se le atoraban, pues Kioran se levantó de la silla con un salto y salió a zancadas, su figura desapareciendo rápidamente en la dirección indicada.
Trunks se quedó de pie en el mismo lugar. Era extraño. Había visto cómo otras personas reaccionaban cuando descubrían verdades tan crudas sobre su pasado, especialmente cuando esas verdades implicaban la pérdida de un ser querido. Lágrimas, rabia, gritos. Incluso los más fuertes entre los guerreros no podían evitar ser golpeados por el peso de las emociones. Pero Kioran… no había mostrado nada. Ni una sola grieta en su fachada de fortaleza.
Luego pensó en su padre, el único saiyajin de sangre pura que había tratado en sus anteriores viajes al pasado… En estricto rigor Goku también debía contar, pero por su carácter tan distraído y el golpe en la cabeza que borró todo su origen saiyajin, a Trunks le resultaba imposible juntarlo en la misma categoría de su progenitor.
Mordisqueándose los labios, recordó cuando entrenó junto a Vegeta en la Habitación del Tiempo y cómo este apenas le dirigió la palabra en un año. Todo lo que sentía lo llevaba por dentro, se guardaba cada pensamiento, cada frustración, y nunca llegó a compartir tiempo realmente con él. Luego, al enterarse de su reacción cuando Cell lo mató, pensó que ese tiempo en la Habitación sí que había sido provechoso. Conectaron de alguna manera, no sabía cómo ni cuándo, pero sucedió. Le halagaba que fuera de esa forma, y aprendió que no por ser un hombre frío carecía de emociones.
Tenía que haber similitudes entre el comportamiento de Vegeta y el de Kioran. Ambos eran saiyajines puros. El pensar eso le brindó una comprensión y tranquilidad diferentes.
«Todo lo que está sintiendo es por dentro, y no quiere mostrarlo porque… ¿sería exhibir debilidad?», reflexionó para sí mismo.
Entonces, tomó su decisión: iba a darle unas horas para asimilar lo que acababa de ver. Luego de eso, llegaría el momento de poner todas las cartas sobre la mesa y repetirle su ofrecimiento de integrarla definitivamente al equipo de los Patrulleros del Tiempo.
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N. de la A.: Sí, aquí estoy de nuevo. ¡Espero que hayan disfrutado este capítulo!
Creo que es la segunda vez en un fic que me tomo todo el tiempo del mundo para desarrollar la trama… el primero es uno que aún no publico de RDR2. Algún día llegará xD
De hecho, ni siquiera en Melodía (un fic tan largo) fui con tanta calma. Ya no me reconozco, debe ser la edad. La tía Stacy, en estricto rigor, ya está más cerca de los cuarentas que de los treintas XD (y sí, estoy hablando en tercera persona como los futbolistas ajajajajaj)
Quiero agradecer a todos quienes me han brindado su apoyo públicamente y por interno con esta historia, ¡muchas gracias, de verdad! A todos en Ao3, fanfiction, Wattpad; por sus kudos, estrellitas, mensajes, reviews, etc. ¡Me hacen muy feliz!
Hace poco, compartí la playlist de esta historia en mis stories de Instagram. Se lo comentaba a mi amiga personal Ary Lee, que nunca había armado algo tan poco consistente musicalmente hablando xD hay música en inglés, español y japonés, por dios santo. Pero cada una de las canciones calza a la perfección con la trama, o con algún personaje.
Stop Crying Your Heart Out de Oasis es, para mí, la canción de Gohan del futuro :') fue la que me acompañó cuando escribí los Astros, cuánta depresión tenía en ese momento, y qué bello quedó el resultado. Ese Gohan roto, no lo supero.
Brothers In Arms de Dire Straits, una canción que simboliza la unión que Trunks y Gohan compartieron en ese pasado-futuro distópico.
Nada de Juanes, representa mucho a Kioran en esta etapa de la historia. Es un temazo, hay que decirlo.
Por supuesto, la canción principal e insignia de esta historia es Unmei no Hi – Tamashii VS Tamashii.
El siguiente capítulo también saldrá muy pronto, viernes o sábado. Estaré publicando así, unos dos capis a la semana, hasta que la trama se ponga tan densa que solo aguante uno a la semana XD
¡Muchas gracias nuevamente por todo su apoyo!
Amor y felicidad para todos.
Stacy Adler.
