"ACCIDENTALLY IN LAW"

Por Light of Moon


NOTA DE LA AUTORA: Apuesto que esto no se lo esperaban, y no lo culpo, porque yo tampoco jajaja. Amo el caos, el drama y la destrucción y cuando yo prometo algo, tengo palabra. Me emocioné mucho escribiendo el cierre de la historia y el gran recibimiento por parte de ustedes a pesar de todos estos años y me motivó bastante a continuar con este penúltimo episodio de este largo fic, que ustedes han acogido con tanto cariño. Tomen esta pronta actualización como compensación por toda la paciencia que me han tenido en este tiempo y también porque se quedó bueno y se pondrá mejor jaja.

En fin, no les voy a spoilear nada, prefiero que lo descubran por ustedes mismos. No olviden dejar algún comentario para conocer su opinión de este cuento, me motiva bastante saber lo que piensan.

Espero que disfruten tanto de leer esta historia como yo lo hice de escribirla.


RESPUESTA A REVIEWS:

Esmeralda Miller: Hey! Muchas gracias por tu comentario y qué gusto que leas de nuevo esta historia y que la disfrutes tanto. Muchas gracias por todo el cariño y espero disfrutes la actualización.

Jacksmara: Muchas gracias por tu comentario, me alegra mucho que disfruten la historia y que en cierta forma, me conozcan un poco a mí también. Y respecto de la banda, claro que conozco a Epica, en mi adolescencia era gran seguidora de Simone Simmons, es una banda fabulosa. Espero que disfrutes el capítulo.

Claugzb: Muchas gracias por hacerte presente en esta actualización y siempre apoyar mis historias y a mí como escritoria, realmente su apoyo y cariño es mi mayor motivación para continuar en esto y es algo que siempre voy a valorar. Espero que disfrutes mucho este nuevo episodio.


CAPÍTULO 31: 00:00

Ya era bastante tarde cuando ingresó a su casa; estaba oscuro y su pretensión era no ser visto por absolutamente nadie, ya que además de que no tenía ánimos de hablar, tampoco tenía el valor de mirar a nadie, particularmente a sus padres.

Sin hacer ruido, entró a su habitación y antes de que encendiera las luces, alguien encendió la lámpara de la mesita de noche primero, haciéndolo retroceder desprevenido.

—¿Qué pasa, hijo?

—Me asustaste, mamá.

Meryl que permanecía de pie, se sentó a un lado de la cama de su hijo.

—No veo por qué, yo vivo aquí y tú también, aunque no has venido en dos días, sabía que ibas a regresar. —Comentó.

Joey caminó directamente al armario y sacó de allí un par de maletas grandes, en donde empezó a empacar sus trajes, camisas y muchas otras de sus pertenencias.

—¿Qué estás haciendo?

—Me voy, mamá.

Durante toda su vida, Meryl había sabido guardar la compostura y hoy, aunque estuviera destrozada por dentro, no iba a ser la primera vez que perdiera la cordura frente a su hijo.

—¿Te vas? ¿Y a dónde? Si se puede saber.

—Me voy a Alemania, a mi apartamento de estudiante. Es claro que no puedo seguir aquí. —Dijo sin mirarla, continuando con su faena.

—¿Y qué hay de tu trabajo? Eres el representante legal de la Compañía.

—Ya renuncié, mamá. Le presenté mi renuncia irrevocable a Leon y él aceptó.

La mujer asintió.

—¿Y pensabas irte así? ¿Huyendo y sin despedirte de tu madre, como si fueras un vulgar delincuente?

David Joseph se encogió de hombros y su progenitora lo invitó a sentarse a su lado a lo que él accedió sin decir nada.

—Hace mucho que no hablamos, hijo. —Comentó, totalmente ajena a la conversación.

—Sí, hace mucho.

—No veo por qué no lo hacemos con más frecuencia; cuando eras niño, eras un loro parlanchín que siempre iba tras de mí contándome todo su día. —Dijo con comicidad. —Me contabas cómo te había ido en la escuela, las peleas con tu hermana, tus juegos con Leon...

Esto último le dolió.

—Eso ya no existe más, mamá. Y no creo que esos recuerdos, puedan volver a repetirse. —Lamentó. —Entiendo que todo ha sido mi culpa. —Expresó lleno de dolor, gesto del que su madre se dio cuenta y lo abrazó por los hombros.

—No fue tu culpa, hijo.

—Sí lo fue.

—No, hijo. Aquí todos nos equivocamos de alguna manera. —Dijo acariciando su mejilla. —Pero nuestros errores, tienen un precio.

—Lo sé, mamá. Es por eso que me estoy yendo. —Explicó con los ojos a punto de las lágrimas. —No puedo seguir aquí porque no me atrevo a verte a ti y a mi padre a los ojos después de esto. Les fallé a todos.

—Hijo, te prometo que lo vamos a resolver. —Aseguró limpiándole una lágrima que resbaló por su mejilla.

—Pero yo no puedo, mamá. No puedo. —Insistió para posteriormente dejarse caer en las piernas de su madre, como un niño pequeño que se esconde para llorar en su regazo. —No debí haberme enamorado de Claire.

David Joseph, finalmente abatido, rompió a llorar en compañía de su madre, sintiendo pésimo debido a la culpa de haberlo arruinado todo, por haberse fijado en quien no debía, sabiendo que al final nunca tuvo oportunidad, ya que Claire siempre había estado enamorada de Leon desde un principio, aunque no quisiera admitirlo. Y gracias a su necedad, a su terquedad, había sido cómplice involuntario de su hermana y de Stacy para perjudicar a su hermano mayor y ahora su familia estaba en crisis. Y tenía muchas dudas de que esos problemas tuvieran arreglo.

Meryl, sintiéndose destrozada, se contuvo lo más que pudo para no llorar junto con él, en estos momentos, sus hijos la necesitaban fuerte.

—Corazón, uno no elige de quien enamorarse, pero amar y no ser correspondido es algo que nos pasa a todos. —Dijo tratando de consolarlo.

—No debí intentar pelear una batalla que estaba perdida desde un inicio.

—Ya no vale la pena lamentar nuestros errores. —Mencionó. —Lo importante es aceptarlos y encontrar una manera de solucionarlos.

—Por eso me voy, mamá. —Determinó. —Y quiero pedirte que no trates de impedirlo, ni tampoco le pidas a papá o a alguno de mis hermanos que intente persuadirme. Necesito irme y aclarar mi mente.

—Está bien, hijo, se hará como tú digas. —Aceptó sin rebatir más, intentando ahora ser más respetuosa en las decisiones de su hijo, aunque le estaba costando en demasía. —Pero sólo si prometes que vas a volver, en cuanto estés mejor.

—Considéralo un hecho.

.

.

.

Permaneció tomando su mano en ese cuarto de hospital, sentado en una posición incómoda, vigilando su sueño mientras ella estaba en observación, pendiente de que despertara. Se había arrepentido tanto de hacerla enfadar, de contrariarla. En cuanto se desmayó, rápidamente la sostuvo para que no se golpeara contra el suelo y la llevó en brazos hasta que le dieron primeros auxilios en el hospital, en donde posteriormente, la trasladaron a esa clínica, en donde la habían estabilizado y ahora estaba dormida, esperando los resultados de sus análisis.

"Dios si ella y mi hijo están bien, prometo que haré todo lo que ella diga, no insistiré más en nada, respetaré sus decisiones y si me quiere fuera de su vida, me iré." Suplicó mirando hacia el cielo y a los primeros rayos del sol por la ventana, ya que si por su causa, algo le pasaba a su aún esposa y al hijo que esperaban, él no podría perdonarse jamás.

Lentamente, Claire abrió los ojos y descubrió que se encontraba en la cama de un hospital, inquietándose inmediatamente. Leon por otro lado, agradeció a su fuero interno que ella despertara.

—Gracias al cielo, ya despertaste.

—¿Dónde estamos? ¿Qué hago aquí? —Cuestionó visiblemente alterada.

—Tranquila, tuviste un desmayo, pero enseguida llamo al doctor. —Dijo tocando un timbre que estaba junto a la cama y enseguida apareció el médico a cargo, un hombre mayor de cabello cano, que vestía una bata de hospital.

—Buenos días, señora Kennedy. —Saludó el hombre, quien se acercaba cargando entre sus manos unos análisis de laboratorio.

—¿Qué me pasó? ¿Mi hijo está bien?

—Tranquila, señora, todo está muy bien con su embarazo, así que no hay de qué preocuparse.

Los futuros padres, suspiraron aliviados al unísono.

—Sólo tuvo un pequeño desmayo, muy común en estas circunstancias; los cambios hormonales son brutales durante los primeros tres meses, por lo que yo le aconsejo que se mantenga tranquila y en paz. Si bien, en esta ocasión no ha pasado nada grave, es importante cuidarse lo suficiente para evitar una posible amenaza de aborto. —Indicó. —De hecho, ya tiene más de ocho semanas, me gustaría realizar una ecografía para verificar el estado del bebé.

Ambos accedieron y se trasladaron hacia otra habitación que era en donde estaban los aparatos de doppler para realizar las ecografías, en donde el médico colocó todo lo necesario para el procedimiento y comenzó a mirar imágenes por la pantalla. Leon, estando completamente nervioso, tomó la mano de su esposa y ambos miraron cómo apareció en la imagen a blanco y negro una figura dimunta como si se tratara de un pequeño frijol.

—Ese pequeñito es su hijo. Todavía es muy chiquito pero va creciendo a pasos agigantados. Apenas tiene el tamaño de una semilla de manzana.

En este momento, Claire ya tenía los ojos llenos de lágrimas y Leon continuaba hipnotizado, mirando lo que estaba en la pantalla.

De repente, escucharon un sonido muy tenue pero rápido, que ante los sentidos agudizados del ex policía, se adelantó a preguntar.

—¿Qué es ese sonido, doctor? —Preguntó alarmado.

El médico sonrió amablemente, empatizando totalmente con el padre primerizo.

—No se alarme, señor Kennedy. Son los latidos del corazón de su hija o hijo.

Una lágrima se resbaló por su mejilla y sonrió de felicidad, mirando a Claire que también estaba en llanto, profundamente conmovida por el momento que estaban viviendo. A pesar de todo lo que había sucedido y lo que había vivido, pensó que todos estos instantes, incluso los peores, habían valido cada segundo, a cambio de poder vivir esta experiencia. Lo mejor de él y de Claire ahora estaba viviendo en un pequeño ser, ajeno totalmente a todo, únicamente existiendo, siendo perfecto.

Por otro lado, la pelirroja miraba maravillada cómo una vida independiente iba creciendo poco a poco dentro de ella; haciéndola sentir fuerte, poderosa y dispuesta a luchar contra el mundo.

—Este momento, siempre es de los más especiales para los padres que están esperando a su hijo. Vivanlo al máximo. —Sugirió el profesional de la salud, mientras terminaba el procedimiento para retirarse lo antes posible con el objetivo de darle más privacidad a la pareja y que Claire pudiera vestirse.

Un poco más calmada, fue la Redfield quien tomó la palabra una vez que ya no llevaba puesta la bata de hospital.

—Creo que debemos hablar.

—Estoy de acuerdo.

—Leon, yo...

—Por favor, esta vez déjame hablar a mí primero. —Solicitó con voz calmada. —Antes que nada quiero pedirte perdón por haberte hecho enfadar con mi impertinencia, estoy sumamente arrepentido. —Se disculpó sinceramente. —No sé qué hubiera hecho si algo malo te hubiera pasado, a ti o a nuestro hijo y, es por ello que ahora estoy dispuesto a escucharte y a respetar en todo tus deseos. Ahora se hará lo que tu digas, no voy a interferir.

Al escuchar estas palabras y esta actitud tan diferente por parte de su marido, comprendió que ahora ella tenía las riendas de la situación y haría todo lo que estuviera en sus manos para salvaguardar la integridad de su bebé.

—De acuerdo, esto es lo que vamos a hacer.

.

.

.

Durante el desayuno, la familia Kennedy se encontraba reunida en el comedor como usualmente sucedía a diario; sin embargo, en esta ocasión sólo estaba Julia y sus padres.

—¿Dónde están Joey y Leon? —Preguntó la más joven a sus progenitores.

—Leon fue a ver a Claire ayer por la tarde y no ha vuelto desde entonces. —Informó el padre de familia. —Y Joey...

—Joey se fue de la casa. —Informó Meryl con naturalidad.

—¿¡Cómo?! —Replicó la rubia.

—Tu hermano habló conmigo anoche y me dijo que necesitaba irse para aclarar sus ideas.

—¿Pero qué hay de la empresa? —Cuestionó. —Joey es el representante legal, es la mano derecha de la Compañía, ¡No puede dejarlo todo botado de un día para otro!

—David Joseph necesitaba espacio y estamos respetando su decisión. —Informó el padre de familia.

Julia, aún muy confundida decidió interpelar a su madre.

—¡Pero, mamá! ¿Cómo lo permitieron? Joey no debió irse.

Meryl, quien ya estaba comenzando a molestarse por los caprichos de su hija, le contestó esta vez con voz firme y autoritaria:

—Tu hermano necesita privacidad y es una decisión inapelable; lo que suceda con la empresa, ya tu padre se hará cargo y Leon también.

Julia se sorprendió ante la actitud tajante de su mamá y su padre agregó:

—El despacho jurídico que apoya a la empresa en periodos de vacaciones se hará cargo de lo que hacía Joey, en tanto no contratemos un nuevo abogado.

La hija menor de los Kennedy se hallaba totalmente incrédula y sorprendida; no daba crédito a que su hermano se hubiera marchado ni a dónde, dejando todo de lado a causa de los últimos acontecimientos. Este suceso le afectó, independientemente del equilibrio en Chámbery Inc., nunca pensó que todo esto le afectara a ese punto. Ahora sí que podía dimensionar el daño que su familia había sufrido.

Y no podía evitar sentirse más culpable.

.

.

.

Esperaban juntos en el aeropuerto hasta que el altavoz llamó a los pasajeros a ingresar a la sala de abordaje.

—Creo que debo irme. —Mencionó la Redfield, mientras sostenía en una de sus manos la maleta y en la otra la cartera.

—Por favor, avísame en cuanto llegues a Chicago. —Dijo Leon con voz suplicante.

—Lo haré. —Aseguró.

—Cuídate mucho y cuida mucho a nuestro bebé.

—Te mantendré informado de todo.

Diciendo esto, Leon la abrazó por sorpresa y le dio un beso amoroso en la frente.

—Por favor, reconsidera todo; yo te amo y voy a esperarte el tiempo que necesites. —Susurró.

Claire, sintiendo que estas palabras de Leon, estaban mermando su voluntad, se separó de él amablemente y le respondió con un beso en la mejilla.

—Nos vemos.

Con decisión, tomó su maleta y se marchó a la sala de abordaje, mientras su todavía esposo la veía alejarse, soportando con todas sus fuerzas el impulso por retenerla.

Una vez en el avión, la Redfield tenía mucho qué pensar.

Después de haber sido dada de alta en el hospital, Leon la acompañó de regreso al hotel, en donde desayunaron juntos y hablaron acerca del futuro que ahora les esperaba. A pesar de la insistencia de su marido por seguir con su matrimonio, ella entendió después de su desmayo que, como estaban las cosas, no había manera de que continuaran juntos y que ella consiguiera paz en el proceso, con el objeto de llevar un embarazo tranquilo. Ella quería volver a su hogar y él quería que se quedase a su lado, no obstante, ninguna de las dos opciones era viable.

Al no verlos juntos, seguramente la prensa volvería a acosarla en su antiguo empleo y en su hogar en California; además de que, no querían poner en sobreaviso a ninguna de las familias, particularmente a Chris, hasta que no tomaran una decisión definitiva respecto a su futuro. Claire quería despejarse, pensar bien las cosas y decidir cuál era el rumbo que quería en su vida y en su relación junto al hijo de ambos así que, por lo pronto, los planes seguirían conforme a lo establecido; continuarían casados hasta que se cumpliera el año que les faltaba para completar el plazo y cambiar los estatutos de la empresa, luego entonces Julia tomaría el cargo y ellos dos, se separarían, tal y como era el plan inicial, todo esto a beneficio de su hijo, para que no tuviera que hacerse cargo también del futuro de la empresa familiar. Después de ello, lejos de Canadá y la familia, decidirían cuál sería el futuro de lo que tenían, pero ya en el plano real y por supuesto, compartiendo la crianza del bebé que venía en camino, situación que mantendrían en secreto hasta que Claire volviera a Canadá a firmar el trámite de divorcio. No obstante, Leon impuso una cláusula a este nuevo pacto; le hizo prometer que pensaría el darle otra oportunidad a lo suyo y posponer el divorcio, pero a cambio ella le exigió contacto cero. Durante los dos meses que faltaban para que se cumpliera ese plazo, Claire le pidió que no hablaran, que no le llamara, ni la buscara, a menos que fuera algo importante relacionado con su salud o del bebé, que por lo demás se comunicarían a través de Rebecca, quien amablemente le había ofrecido vivir con ella y monitorear su embarazo en este tiempo de ausencia. Imponer esa barrera con su esposo realmente le dolía y pensaba que posiblemente, esa distancia le dolería más a ella que a él; no obstante, lo creía necesario, porque quería comprobar si los sentimientos de Leon devenían únicamente por la convivencia diaria o la costumbre, o si realmente, él sentía algo duradero por ella, no impuesto por un contrato falso, o a fuerza de verse a diario.

Con tantas cosas en la cabeza, las cuatro horas y fracción que duraba el vuelo le parecieron cortas; empero, ya el avión había aterrizado y seguramente, ya la esperaban.

Sentada en una de las bancas del aeropuerto, divisó la figura pequeña de Rebecca Chambers, quien le hizo señas para que se acercara.

Ambas amigas se saludaron con un abrazo y caminaron juntas hasta el estacionamiento, donde estaba el auto de Rebecca.

—¿Ahora sí vas a contarme todo lo que pasó? —Cuestionó una vez que las dos estuvieron en el vehículo.

—El camino a tu casa es largo, así que supongo que me dará tiempo.

Desde los tiempos de S.T.A.R.S., Rebecca y Claire habían sido muy amigas, debido a que, al ser tan cercanas de edad —la pelirroja era mayor que la médico sólo por un par de meses —, resultaron ser muy afines, consiguiendo hacerse amigas muy rápido, aunque, después de Raccoon, la convivencia se había vuelto menos frecuente, pero pese a ello, su vínculo no se había debilitado.

La Redfield le contó todo a su médico, quien escuchaba con atención y de vez en cuando hacía una que otra pregunta pero de manera bastante oportuna para no perder el ritmo de la conversación. Por su parte, para Claire fue liberador por fin contarle a alguien de todo esto, sintiendo que se quitaba un gran peso de encima, además de que podría recibir un consejo de una buena amiga.

Una vez en casa de la ex S.T.A.R.S., la médico le mostró su habitación a la activista y le ayudó a instalarse.

—Pero entonces, ¿tú no amabas a Leon cuando contrajeron matrimonio? —Preguntó la castaña, mientras ayudaba a colgar una chaqueta en el perchero.

Claire se encogió de hombros.

—Sería mentirosa si te dijera que para cuando nos casamos no lo amaba. Con el trato, con la convivencia, comenzaron a surgir sentimientos que en un inicio no identifiqué, pero para cuando llegamos al altar, estaba segura de lo que sentía por él. —Afirmó a la vez que acomodaba ropa en los ganchos del armario.

—¿Entonces ya estabas enamorada de Leon desde Raccoon City?

La aludida se sentó en la cama, sintiendo que necesitaba un descanso después de todo el agotador día y meditó su respuesta antes de responder.

—No exactamente; quiero decir, no te voy a negar que Leon es bastante apuesto y que obviamente me gustó cuando lo conocí. Pero, él siempre había sido tan hermético, tan reservado para algunos asuntos… A pesar de creer que éramos amigos cercanos, había muchas cosas que evidentemente, yo no conocía sobre él.

—¿Y qué me dices de su hermano?

Claire esbozó una sonrisa triste.

—Realmente, me siento mal de haberlo lastimado. —Se lamentó. —Él es muy buena persona; es amable, carismático, muy apuesto.

—¿Crees que de no haber tenido nada con Leon, te hubieras enamorado de él?

—No. —Aseguró. —Nunca me había enamorado así. —Reflexionó. —Y francamente, dudo que vuelva a pasarme.

Rebecca hizo una mueca.

—Claire, si realmente amas a Leon, no veo por qué lo de ustedes deba terminar. —Se atrevió a comentar la más joven.

—Becky, tenemos todo en contra; su familia me odia, su ex novia y accionista no va a dejar de fastidiarnos, además de que… —Suspiró. —Tengo miedo de que él no me ame lo suficiente.

—¿Qué quieres decir?

—Temo que él esté confundido; ya sabes, por el trato, la convivencia diaria, el tener que actuar como una pareja, es posible que se haya acostumbrado a mí, más no es lo mismo a que él está enamorado de mí. —Explicó y se puso de pie, para mirar hacia la ventana, desviando la vista de su interlocutora. —Muchas mujeres han pasado por su vida y ninguna ha logrado ser importante para él, claro, yo voy a darle un hijo y soy su esposa por accidente… Pero eso no me da seguridad de nada.

Rebecca se acercó a su amiga para consolar a su amiga.

—Pero tú, no eres ellas, Claire. —Afirmó Rebecca.

—Exacto y no estoy segura de que tan bueno sea eso. —Mencionó.

—¿Y tú lo amas?

Claire inhaló, realmente no había caso en seguirse engañando y suspiró derrotada.

—Más que a nadie en el mundo.

.

.

.

Los dos meses restantes, pasaron de una manera en la cual los días eran monótonos sin casi ninguna novedad; Leon asistía a trabajar junto con su padre, quien lo ayudaba a supervisar todo junto con el área jurídica en ausencia de Joey, Stacy al darse cuenta que Leon y Claire no estaban juntos y pese a ello, él no quería tener ningún tipo de trato con ella, sumado a su mal humor, cada vez acudía con menos frecuencia a las instalaciones de la empresa y Julia se la pasaba encerrada en su oficina, pidiendo no ser molestada y tratando casi todos sus asuntos a través de Ben, su asistente.

Julia se encontraba terminando el informe financiero relativo al cierre del año fiscal cuando de repente, alguien tocó su puerta.

—Ben, dije que no quiero interrupciones. —Señaló la rubia sin despegar la vista de su computadora.

—No te enfades con Ben, soy yo.

Diciendo esto, Leon entró en la oficina de su hermana y la saludó con un gesto de manos.

—Espero no interrumpir demasiado.

—No te preocupes, estoy terminando. —Informó poniendo en pausa su trabajo y prestando atención para atender a su hermano. —¿Qué necesitas?

Leon se sentó en la silla frente al escritorio y le mostró unos documentos que llevaba en las manos.

—Sólo vine a traerte el borrador de los nuevos estatutos respecto a la toma de la Presidencia de la Compañía. —Indicó mientras la chica observaba el testimonio y el apéndice del instrumento notarial. —Como puedes ver, la modificación radica en que cada Presidente podrá elegir a un candidato como su sucesor y la junta directiva votará para aprobar o denegar la propuesta. —Detalló. —Ya no se tomará más en cuenta la creencia absurda de que el hijo primogénito varón es el más indicado para el puesto y en la asamblea de mañana, te nombraré como mi candidata para ocupar mi puesto. No creo que nadie vaya a oponerse, así que a partir de la siguiente semana, tú serás la nueva presidenta.

—Vaya, suena todo muy fácil. —Comentó.

—Siempre debió ser así, Jules. —Afirmó el ex policía. —Ahora que ya todo se sabe, tengo la libertad de decirte que jamás quise ocupar este puesto, de hecho yo le insistí a papá que la persona idónea para ocupar este cargo eras tú.

Julia, a sabiendas de todo lo que había hecho para sabotear a su hermano mayor y a Claire, sumado al remordimiento que ya tenía por todo lo que había pasado con sus dos hermanos, comenzó a sentirse sumamente incómoda con estos halagos por parte de Leon.

—Y si te soy franco, quiero que sepas que a título personal, me da gusto que seas tú la que se quede al frente de esto. —Sonrió. —Siempre fuiste más inteligente, más prudente y más hábil que Joey y que yo; y a pesar de que sólo estuve un año en el cargo, me encariñé con todo esto y con la gente que trabaja aquí. Sé que no estarán en mejores manos.

—Gracias. —Dijo bajando la mirada y esbozando una sonrisa triste.

—Bueno, dije que no te quitaría mucho tiempo así que me retiro. —Anunció poniéndose de pie y acercándose a ella para despedirse con un abrazo.

—Creo que casi nunca te lo he dicho, pero siempre he estado muy orgulloso de ti. —Dijo dándole un abrazo fuerte y un beso en la frente. —Te quiero mucho, hermanita. Siempre podrás contar conmigo.

Estas palabras y el afecto de su hermano mayor le estaban quemando como el infierno.

—Sí, yo también te quiero, Leon.

Diciendo esto, su hermano se marchó a su oficina, dejando a Jules sintiéndose peor de lo que estaba.

.

.

.

Arrastraba su maleta por el aeropuerto, trayendo con ella sólo lo necesario para estar allí un par de días y su pequeño bolso,

Por un instante, había olvidado el frío de Vancouver y se colocó su bufanda y la boina, no quería pescar un resfriado; su abrigo de invierno comenzaba a apretarle y decidió llevarlo sin abrochar, producto de que ya tenía un poco más de cuatro meses de gestación y una pequeña pancita en su siempre esbelta figura, se asomaba bajo su camisa desajustada.

—Creo que necesitamos dar una vuelta al centro comercial. —Dijo en voz baja, hablando en plural y llevándose una mano al estómago.

Realmente necesitaba un nuevo abrigo con urgencia, a pesar de la época del año, el clima de ese país muchas veces era impredecible y necesitaba buscar al menos un suéter a su medida para evitar alguna complicación respiratoria. Se encontraba caminando y mirando distraídamente los escaparates de las boutiques del aeropuerto, cuando sin quererlo, chocó contra la espalda de un hombre que se encontraba hablando por teléfono y casi tira el móvil debido a su distracción.

—Lo siento, ha sido mi culpa. —Mencionó apenada mirando al hombre que terminaba la llamada y guardaba el celular en el bolsillo de su saco.

—¿Claire? —Dijo al reconocer la voz de la mujer a sus espaldas.

Cuando lo tuvo frente a frente, pudo reconocer al desconocido.

—¿Joey?

A pesar de que sólo habían pasado dos meses, el hijo más joven de los Kennedy se veía bastante cambiado; se había cortado el cabello y se había dejado crecer un rastro de barba incipiente en el rostro, lo cual le daba un aspecto más maduro aunque parecía una versión juvenil de su padre Richard Kennedy, enfatizando el gran parecido entre ambos. Le sentaba de maravilla su nuevo look.

—¡Casi no te reconozco! ¡Estás muy cambiado! —Expresó sorprendida la Redfield.

—He cambiado. —Afirmó. —Tú también te ves... Diferente. —Comentó mirándola de pies a cabeza, prestando particular atención en la barriga abultada de la mujer. —Te va bien la maternidad, te ves linda.

Claire se sonrojó ante el halago, pero deseaba cambiar de conversación.

—¿Qué te trae por aquí? ¿Te vas? —Preguntó al observar la maleta que llevaba en una de las manos.

—No, al contrario, vengo llegando de Alemania. He pasado un tiempo allá para, ya sabes, despejarme de todo. —Mencionó. —¿Tú te vas?

—No, también vengo llegando, estaba en Chicago. Aún debo arreglar un par de asuntos aquí.

—Yo también, hoy es la junta directiva en donde Leon le va a entregar la presidencia a Julia y ya sabes, los socios en pleno deben aprobar la elección de la nueva directiva.

Claire se sorprendió al escuchar esto; sabía que la dichosa junta se celebraría en estos días pero no pensó que fuera a ser mañana, un día antes de la audiencia de conciliación de su divorcio. Indudablemente, eran días pesados para su marido.

—Oh... Les deseo mucha suerte con ello. —Miró la hora en el reloj de pulsera y una alarma en su celular, indicando que su transporte ejecutivo había llegado para recogerla. —Creo que debo irme.

—Ya. Que tengas buen viaje, Claire. —Se despidió con una media sonrisa.

—Sí, tú también. —Terminó despidiéndose con la mano.

Ya había dado media vuelta para retirarse, cuando David Joseph la llamó de nuevo.

—Claire.

Al escuchar su nombre, ella se detuvo y se quedó mirando con atención al litigante quien se acercó con duda.

—Lo siento. —Se disculpó sinceramente. —Creo que no fui amable contigo la última vez que nos vimos y, te debo una larga explicación debido a todo lo que pasó. Lo arruiné y tengo una larga lista de personas con quien me debo disculpar y tú eres una de ellas; estaba confundido y creí cosas que...

La pelirroja puso una mano en alto.

—Joey, creo que este no es el lugar, ni el momento.

—Sí, tienes razón, soy un tonto.

—No, claro que no. —Repuso. —Es sólo que, creo que ambos cometimos errores y no es justo que cargues con toda la culpa. Espero que tengamos la oportunidad de poder aclarar esto y, al menos si no podemos ser amigos otra vez, tener una relación cordial.

—Ojalá podamos volver a ser amigos.

—Ojalá.

—Mi sobrino o sobrina, merece crecer en un ambiente familiar agradable.

Diciendo esto, Claire esbozó una sonrisa amable y se retiró; al menos Joey se veía notablemente mejor comparado con la última vez que se vieron y eso le brindaba cierto alivio. Quizás en algún futuro, podrían volver a ser amigos.

.

.

.

Julia permanecía en su oficina, mirando por última vez el espacio que le había pertenecido prácticamente desde que se había graduado de la universidad, mirando en las paredes los diversos reconocimientos con su nombre, pero sobretodo, enfocaba su vista en el portaretrato que descansaba en la credenza que estaba a sus espaldas, en donde se apreciaba la fotografía familiar en la cual aparecía con sus padres y sus dos hermanos.

Miró con nostalgia esa fotografía, sintiéndola lejana, como si esa unión familiar fuera ya únicamente un recuerdo difuso. Recordó brevemente su infancia, en donde la oficina de su padre que ahora sería suya, le parecía un espacio imponente y de respeto, soñando despierta que algún día podría ocupar su lugar y sería tan importante como Richard Kennedy y, su fotografía, estaría en la pared donde yacía el retrato de su padre y su abuelo, los Presidentes que habían dado trabajo y sustento a su familia y a muchas personas más. Luchó tanto y sacrificó aún más para llegar a este día, sólo un par de horas la separaban de su mayor sueño en la vida; no obstante, esto no se sentía como se suponía que debía ser.

Se sentía triste, decepcionada y vacía, esto no era para nada la expectativa que tenía para el que se supone, sería el mejor instante de su existencia.

—¿Despidiéndote de tu oficina? —Comentó enseguida una voz familiar. Julia salió de su trance; era Stacy.

—Oh, eres tú.

—¿Esperabas a alguien más? —Cuestionó. —No vi a tu asistente por ninguna parte, así que decidí entrar.

—Le pedí a Ben que preparara todo para la reunión, así que está bastante ocupado. —Comentó con desgane la rubia.

—¿Pero qué pasa? Esa no es la actitud que esperaba de alguien que hizo todo para poder conseguir lo que quería. —Dijo con malicia la castaña.

Jules puso los ojos en blanco.

—Pero tranquila, el objeto de mi visita es otro. —Mencionó mientras dulcificaba su tono de voz. —Tú y yo siempre hemos sido amigas desde niñas y aunque no lo creas, me ha dolido este distanciamiento.

—No te creo nada. —Contestó rápidamente.

—Piensa lo que quieras, pero mi acercamiento es de buena fe. —Insistió la hija de los Watson. —Después de todo, gran parte del mérito para que tú estés aquí, también me lo debes a mí.

—¿Ah, sí? —Replicó la hija menor de los Kennedy.

—Sí, ya sabes, tú y yo hicimos lo que teníamos que hacer para conseguir lo que queríamos. —Explicó a la vez que jugueteaba con un mechón de su cabello. —Tú querías ocupar la presidencia de este negocio y yo quería quedarme con tu hermano. Pero en esta ecuación, sólo ganaste tú y no me parece justo.

—No voy a hacer nada en contra de mi familia. —Advirtió.

—Y no voy a pedírtelo, faltaba más. —Intervino. —No olvido nuestra amistad y en realidad mi petición es muy simple, sólo quiero que me ayudes a congraciarme nuevamente con Leon, después de todo, sólo tú y yo tenemos pruebas de lo que hicimos y él no tiene ningún dato duro que pueda comprobar que yo hice algo en su contra.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió.

—Oh, lo siento, no sabía que estabas acompañada. —Se disculpó David Joseph Kennedy, que aparecía en la escena.

—¡Joey! —Dijo Julia mostrando una sonrisa sincera.

—Vaya, qué gusto verte de nuevo, Joey. —Soltó en tono hipócrita la joven de apellido Watson y luego lo vio de pies a cabeza. —Te favorece ese cambio de look.

—Gracias. —Contestó a secas.

—¿Y qué dice Alemania? ¿Ya te "recuperaste" de todo? —Preguntó con malicia.

David Joseph ignoró los comentarios de Stacy que evidentemente, pretendían sacarlo de sus casillas.

—No quiero interrumpir, así que te veo después de la junta, Jules. —Mencionó dándose media vuelta.

—Oh, no hace falta. —Terminó la ex novia de Leon. —Yo ya me iba, dejo a los hermanos que hablen a solas. Nos vemos más tarde. —Se despidió. —Y, piensa en lo que te dije, Jules, sigo añorando nuestra amistad.

Una vez que Stacy se retiró, Joey tomó la palabra:

—¿Qué vino a hacer?

—Nada importante. —Finalizó Julia dejando el tema por la paz.

—Bueno, vine porque supe que querías hablar conmigo antes de la junta y aquí me tienes. —Mencionó extendiendo los brazos.

—Siéntate. —Invitó la hermana menor y ambos se sentaron en las sillas contiguas del escritorio.

—Primero que nada, ¿cómo estás? —Preguntó cordialmente.

—Bien. —Respondió en automático.

—No te creo.

—Entonces omitamos el preámbulo y dejemos esta charla de hermanos para otro día y procura invitarme un licor caro para entonces. —Bromeó.

Julia sonrió. Por un segundo, pudo vislumbrar un poco lo que restaba del risueño y encantador David Joseph Kennedy de antaño.

—Bueno, entonces al grano. —Resolvió la rubia. —Te cité aquí, porque como ya sabes, Leon me propuso como Presidenta y tomaré el cargo formalmente. Y quiero que te quedes, Joey, quiero que seas mi mano derecha en esto.

El semblante del mayor cambió y se puso de pie.

—Jules, yo no puedo aceptar eso.

—¿Por qué no? —Cuestionó. —Nadie conoce mejor que tú el área jurídica de esta empresa e incluso me atrevo a decir que podrías ser presidente sin mayor problema. Además, confío en ti.

El abogado sonrió de medio lado.

—¿Confías en mí porque no te delaté en todo lo que sucedió?

La rubia bajó la vista avergonzada.

—Si no te delaté ese día, fue porque quise rescatar lo que quedaba de mi dignidad y asumir mi responsabilidad de todo lo que hice. —Recalcó. —Y por otro lado, creo que confesar tu participación en el sabotaje contra Leon, no es algo que me toque a mí.

—¿Qué quieres decir?

—Creo que aún estás a tiempo de hacer lo correcto.

Jules se puso de pie y miró a su hermano con ojos suplicantes.

—Joey, no puedo, este ha sido mi sueño de toda la vida. —Comentó en afán de justificarse.

—Sí, es tu sueño, pero ¿a qué costo? —Objetó. —Además de todo lo que pasó con nuestra familia, ¿Sabías que Leon y Claire van a divorciarse por nuestra culpa?

—Pero eso no es nuestra culpa, ellos iban a hacerlo de todas maneras.

—Sí, ese era el plan inicial, pero se enamoraron en el trayecto, además… —Se interrumpió y guardó silencio.

—Además, ¿qué? —Demandó. —David Joseph si sabes algo más que yo no, te exijo que me lo digas.

Joey suspiró.

—Había prometido guardar el secreto, pero de todas maneras, esto va a saberse dentro de muy poco; Claire está embarazada. Ella y nuestro hermano mayor están esperando un hijo, una niña o niño que crecerá con sus padres separados por nuestra culpa. —Soltó amargamente. —Y Jules, yo no puedo con eso.

Julia retrocedió un paso por la sorpresa. Leon iba a ser padre y ahora ese bebé y Claire estaban separados de su familia por algo que indirectamente, Joey, Stacy y ella habían provocado. No había dimensionado el gran impacto que sus acciones habían tenido sobre la vida de tantas personas y ahora el peso de la culpa se había vuelto insoportable.

—Dios… —Murmuró. —¿Por qué Leon no nos había dicho nada?

—Querían manejarlo con muchísima discreción, así que te pido prudencia con lo que acabo de revelarte. —Solicitó el litigante y agregó: —Bueno, creo que debo irme a la sala de juntas antes de que empiece la reunión, me gustaría saludar a mamá antes. Como te dije, no voy a delatarte, pero insisto, aún estás a tiempo.

Diciendo esto, Joey se marchó dejando a Julia nuevamente a solas y más indecisa que nunca.

No podía creer lo que su hermano acababa de contarle y ahora el remordimiento no la iba a dejar tranquila; arruinar la vida de un inocente y encima, de un pequeño que llevaría su misma sangre, era algo que no tenía en el radar y ahora estaba mermando todos sus planes. Eso era ruín, despiadado. Había destruido la felicidad de su hermano para construir la propia y esa verdad la estaba matando. Y por otro lado, estaba Stacy. Sabía perfectamente que, su "amiga" no iba a parar hasta que consiguiera salirse con la suya, chantajeandola si era preciso y eso era algo que no estaba dispuesta a aceptar.

"Sí, es tu sueño, ¿pero a qué costo?", "aún estás a tiempo de hacer lo correcto". Reflexionó sobre las palabras de Joey.

Miró nuevamente el retrato con la fotografía de su familia y acarició la madera del recuadro.

Tomó la línea de su privado y llamó a su asistente.

—Ben, olvida lo que estás haciendo y ven de inmediato a mi oficina; rápido, no tenemos mucho tiempo.

.

.

.

En la sala de juntas, yacían los Merkel, los Watson, el viejo Johnson y, por supuesto, la familia Kennedy, conformada por Meryl y Richard, los patriarcas de la misma y sus dos hijos varones; David Joseph y Leon Scott, quienes a pesar de estar sentados uno de cada lado de sus padres, no habían cruzado palabra más que un saludo cordial a fines de no mortificar a sus padres.

La tensión de todos era palpable y sólo faltaba Julia Kennedy para que la junta diera inicio formalmente, no obstante, llevaban ya un retraso de quince minutos.

Leon, quien ya estaba impaciente por irse, se preguntaba el por qué del retraso; hoy se cumplía el plazo pactado por Claire y quería verificar si su esposa ya estaba en la ciudad o aún permanecía en Chicago; necesitaba llamar a Rebecca para saber si ya podía romper su promesa de contacto cero y está demora lo estaba sacando de quicio.

Veinte minutos después, apareció la hija menor de los Kennedy, quién seguida de su asistente, se disculpó por el retraso, argumentando que quería aprovechar la presencia de la junta en pleno para mostrar parte de su plan de negocios y todas las ideas nuevas que tenía, colocando todo para mostrar una presentación en el proyector de la sala.

Richard Kennedy dio la orden del día, mientras solicitaron la presencia de Irma, la longeva asistente de Leon para que tomara notas y estuviera al tanto de lo que pudiera ofrecerse.

Una vez que se agotaron todos los trámites administrativos, Leon tomó la palabra, atrayendo la atención de todos los presentes:

—Estimados miembros de la junta directiva. —Expresó solemnemente. —Antes que nada, quiero agradecer a todos el voto de confianza que han depositado en mí, al confiarme todo su futuro y patrimonio durante este tiempo; esperando haber hecho un buen trabajo y no haberlos decepcionado. —Comunicó volteando a mirar a todos. —Ciertamente, aunque tomar las riendas de esta empresa no estaba en mis planes, debo decir que le tomé un gran cariño a la compañía que ha dado sustento a nuestras familias durante tantos años y que ahora, nada me complace más que dejarla en manos más aptas que las mías y eso es a mi hermana menor, la experta en negocios y finanzas Julia Marie Kennedy.

Todos los presentes, aplaudieron al unísono ante el discurso del todavía Presidente de la empresa chocolatera para después posar sus miradas sobre la presidenta electa, quién luego de recibir los aplausos, tomó la palabra y comenzó a presidir la junta.

—Socios, familia, honorable junta directiva. —Habló atrayendo la atención de todos. —Debo decir que es un gran honor para mí el que me hayan elegido como sucesora para tomar las riendas de Chámbery Inc., luego de este cambio tan importante en los estatutos de la misma. Y aunque, está de más decir que este siempre ha sido el sueño de mi vida, no puedo aceptar el cargo.

Al terminar de decir la frase, todos se quedaron mirando entre sí y comenzaron a murmurar, sobretodo los padres de la más joven y Stacy, quienes no entendían el por qué de esta decisión tan repentina por parte de Julia; empero, ella ya estaba más que decidida a lo que iba a hacer.

—Y la razón por la que no puedo aceptarlo es, que durante la gestión presidencial de mi hermano Leon S. Kennedy, cometí actos de sabotaje en contra de su administración, en contubernio con la también socia y accionista de esta empresa, Stacy Watson.

.

.

.

NOTA DE LA AUTORA: Perdonenmen a todos, no acecto jajajajaja perdón tenía que decirlo. ¡Dios, cómo disfruté escribir este episodio! y me hace muy feliz anunciar que el siguiente capítulo será finalmente la conclusión de esta historia que nos ha acompañado por tantos años y que ustedes hicieron posible que fuera la más vista y querida de todos mis fics. Estén pendientes de la próxima actualización para conocer el desenlace de la historia de la familia Kennedy y nuestros tortolitos. ¡Muchas gracias a todos por su apoyo! ¡Nos leemos en la próxima.