El amor no reclama posesiones, sino que da libertad.
(Rabindranath Tagore)
A veces me pregunto si el destino se burla de mí.
Ángel mío,
Hoy fue uno de esos días en los que me encuentro dividido entre el deber y el deseo. Salí con algunos de mis compañeros, un intento torpe por ser sociable, como si las sombras que me persiguen pudieran disiparse con risas ajenas. Fue entonces cuando, entre una conversación trivial y otra, Milo habló de ti.
No sé si fue el vino o la confianza que se ha formado entre nosotros, pero Milo te describió con una devoción que me desgarró por dentro. Hablaba de tu fuerza, de tu risa, de cómo iluminabas cada día con solo existir. Era tan sincero que no pude evitar sentir un filo helado atravesándome el corazón. Porque cada palabra suya era un eco de lo que yo siempre he pensado de ti.
Mientras lo escuchaba, me pregunté si él conoce una versión de ti que yo no he llegado a comprender. Una parte de mí, tan mezquina como esperable, quiso minimizar sus sentimientos, convencerme de que nadie podría amarte como yo lo hago. Pero otra parte, la que aún alberga algo de nobleza, me dijo que quizá él puede darte lo que yo nunca podré: una vida sin las cadenas de mis pecados.
Mi ángel, sé que nunca he tenido el valor de decirte lo que siento, ni siquiera de entregarte estas cartas que llevo escribiendo como un cobarde. Pero no puedo evitar imaginar cómo sería nuestra vida juntos, cómo sería compartir no solo las batallas, sino también los silencios, las noches estrelladas, los días más simples. Pero, ¿es esto justo para ti? ¿Es justo para Milo, si él puede darte la felicidad que yo, con mi caótica esencia, podría arrebatarte?
Hoy, más que nunca, siento que debo dar un paso atrás, aunque mi corazón se niegue. Me aterra la idea de perderte, de renunciar a esta esperanza que me mantiene a flote. Pero lo que más temo, más que mi propia soledad, es interferir en tu felicidad. Porque, si algo he aprendido de ti, es que mereces lo mejor, y dudo que yo pueda serlo.
Y aun así, cada noche regreso a este papel, escribiendo palabras que nunca te llegarán, con la esperanza de que el simple acto de confesarlas alivie la carga que llevo. Pero, ¿y si no lo hace? ¿Y si, al verte de nuevo, esta herida abierta solo se agranda? Solo quiero que sepas que todo lo que hago, incluso esta decisión de permanecer en silencio, es por ti. Si eres feliz con Milo, o con cualquier otro que merezca tu amor, me mantendré al margen. Pero si alguna vez necesitas un confidente, alguien que te admire en silencio y te ame con una devoción que roza la locura, estaré aquí, siempre a tu lado.
Por siempre tuyo, aunque nunca lo sepas,
Saga
Continuará…
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