KIBA: Reinicio

Capítulo 5: Reflejos distorsionados.

Bajo la luz de la Luna llena que entraba por el tragaluz, Zed se encontraba en el centro de aquel cuarto lleno de espejos, los cuales reflejaban su imagen de manera distorsionada, algunas versiones de sí mismo parecían más jóvenes, otras más cansadas, algunas ni siquiera tenían rostro. Pero todas compartían algo en común: lo miraban fijamente.

Cada reflejo parecía susurrarle algo, pero voceslejanas y distorsionadas que no podía entender.

Los espejos daban la sensación de ser infinitos por lo que la sensación de vértigo se hacía más presente. El sonido de las voces empezó a ser cada más fuerte, ya no susurraban, empezaban a gritar.

" No puedes escapar de mí" "tú y yo somos uno Zed"decían entre gritos, una y otra y otra vez aquellos reflejos haciendo que Zed se desesperara -Maldita sea, ¡Cállense! -gritó el chico.

Los reflejos comenzaron a moverse por su cuenta mientras gritaban una y otra vez, retorciéndose como si fueran entidades vivas dentro del cristal. Sus propios ojos lo observaban desde cada rincón, llenos de algo desconocido.

Tapándose los oídos para ahogar las voces inquietantes que resonaban a su alrededor, Zed miró hacia el tragaluz donde la luna llena brillaba intensamente buscando un poco de coherencia entre lo que vivía en ese momento, pero en un instante, la luna pareció transformarse en un gigantesco ojo abierto directamente hacia él, observándolo con una penetrante y perturbadora presencia. Zed sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Una oleada de terror lo golpeó con fuerza, su cuerpo paralizado por la visión. El ojo comenzó a acercarse, su pupila expandiéndose, devorándolo todo...

Y entonces... despertó. Su respiración era errática, su pecho subía y bajaba con violencia. El sudor frío empapaba su frente.

Se sentó de golpe, tratando de calmar su agitada mente. Por un momento, no supo dónde estaba.

- ¿Qué diablos fue eso? - se decía con la respiración aún acelerada, luego levantó su mirada y se dio cuenta que estaba enuna habitación que no reconocía.

Las paredes estaban pintadas en colores cálidos, creando un ambiente acogedor y relajante. Se encontraba sobre una cama grande con sábanas de seda que acariciaban su piel, y vestía pijamas limpios que no recordaba haberse puesto.

-Pero ¿cómo llegue aquí? -se decía a si mismo cuando de repente flashbacks de lo sucedido la "noche anterior" empezaron a inundar su cabeza provocando que la cabeza le doliera.

- Es cierto, madre... - dijo el chico al recordar que lo último que vió fue a Sara (o al menos la copia de esta), se mantuvo así por unos momentos hasta que recordó en qué situación se encontraba, por lo que empezó a escanear la habitación con la mirada, notando que había una ventana, este se dirigió a ella para tratar de salir por ahí, pero para su desgracia notó que se encontraba en un lugar muy alto, no solo eso... si no que la ciudad no se parecía en nada a Calm. Había un cielo bañado en un naranja por el atardecer, plantas con hojas verdes...

-¿En dónde diablos estoy? -se dijo mientras llevaba sus manos a la cabeza y retrocedía dos pasos -Esto está mal -decía mientras se dejaba caer sobre sus rodillas.

-Vaya que si estás mal -dijo alguien por detrás atrayendo la atención de Zed -¿Cómo es posible que veas por la ventana y no reconozcas dónde estás? Según yo ya tendrías que haber recuperado tus recuerdos.

-¿Y tú quién eres? - dijo Zed exaltado ante la presencia de aquel hombre - ¿En dónde diablos estoy? ¿por qué me trajeron aquí? ¿Qué diablos quieren de mí? -inundó Zed a aquel chico con tantas preguntas, se sentía confundido, a decir verdad.

-Ya bájale tantito ¿no? -dijo aquel pelirrojo y luego suspiró-Me llamo Damián y soy parte de la guardia real de Templar, el país donde te encuentras en este momento, y aunque no me creas ya has estado aquí-dijo con una sonrisa.

-¿A qué te refieres con eso? yo no recuerdo haber estado aquí, es más "Templar" como tú dices... ¿si quiera eso existe? -dijo Zed mientras se levantaba del suelo.

-Pues que acabas de ver Zed -dijo Damián apuntando a la ventana - ¿qué acabas de ver? Eso de ahí es Templar.

-Pues no me importa si es real o no, regrésame a mi casa -dijo Zed bajando la mirada- Necesito ir con mis padres -decía mientras tenía flashbacks de su mamá-mi madre estaba ahí, había vuelto a la normalidad y seguramente debe de estar en...

-Lo siento Zed, pero no puedo dejarte ir -interrumpió el pelirrojo con un tono más serio -Creas o no, eres muy importante para los Templar.

-¿Que dices? -dijo el chico levantando la mirada - ¿a qué te refieres con eso? notengo nada que ver con lo que sean los Templar.

- ¡Ay pequeño! No sabes de lo que te espera, bueno, lo sabrías si no hubieras sido tan idiota como para caer en el hechizo que tienes sobre ti.

- ¿Hechizo? – preguntó Zed desconcertado- ¿a qué hechizo te refieres?

- Al hechizo del Bakú shard, claro está - dijo Damián – te secuestraron por mucho tiempo, te encerraron en un Bakú shard el cual hechiza la mente, te hace vivir en un mundo que no es real y consume tu verdadero" yo" con el propósito de convertirte en recipiente para una nueva alma que tomará tu cuerpo y tu "yo" dejará de existir.

- Ja! - dijo Zed con sarcasmo- si eso fuera, así como tú dices ¿por qué no soy un recipiente vacío? Según tu historia, llevo bastante tiempo secuestrado ¿no?

- Simple – Se acercó mientras ponía su dedo índice en la frente del chico- Porque eres un testarudo, tu "yo" interno sabía pelear. Por un año trató de sobrevivir, y mírate, de cierta manera aquí estás.

- ¿Hace un año dices? – dijo mirando el suelo por un momento, era el mismo tiempo que pasó desde su ataque.

En fin – dijo el pelirrojo – lo bueno es que lograste despertarte, ya llevabas como dos días dormido, hasta creí que si te habías convertido en un recipiente.

- Cuanto tiempo dijiste? – dijo Zed un poco asustado.

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Dos malditos días desde que el espejo desapareció y no sabemos nada – dijo Roya preocupada- Dos días… pudo haber pasado algo y como siempre el consejo lo quiere ocultar.

No ganaremos algo sino mantenemos la calma- decía Mikki mientras le entregaba un té de manzanilla con durazno- ellos han de tener la situación bajo control.

No me interesa eso – dijo la chica – me interesa que Zed esté a salvo y ahora no lo podemos saber debido a que no nos dicen nada. Si nos quedamos así y le pasa algo, no me lo perdonaría.

Yo también estoy preocupado por él, Roya – comentó Mikki – Pero créeme que a Zed no le sirve de nada que nos preocupemos, sé que regresará sano y salvo, debemos de ser pacientes.

¿Paciencia? ¡Ja! – entonó la chica en tono sarcástico – paciencia no me queda, ya no puedo quedarme sentada, Zed realmente necesita nuestra ayuda, si fuera al revés, Zed ya se hubiera lanzado a lo desconocido con tal de ayudarnos ¿No es cierto Noah?

Es verdad, ya lo hubiera hecho – dijo Noah con un tono suave – Pero recuerda que de cierta forma Zed tenía al Amir Gaul consigo, él cual siempre lo protegía de una manera u otra, y nosotros no. Sé que Amir Gaul encontrará la forma de ayudarlo, como siempre lo ha hecho.

¿Y no fue él quien se lo llevó en primer lugar? – respingó la chica – Si no se lo hubiera llevado de este mundo hubiese estado a salvo.

¿Y cómo aseguras eso? – dijo Noah – Si esto estaba escrito en el destino de Zed, hubiese pasado de todas formas, hubiese estado en Templar o no.

Al diablo el destino – dijo Roya – si no quieren ayudarme, entonces yo solo lo haré – se levantó de golpe y empezó a correr hacia la salida, Mikki y Noah se vieron mutuamente, suspirando al unísono y luego saliendo tras ella, quien se dirigía al gran castillo de los templar.

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La mirada de Zed se posó en la ventana. Afuera, el mundo parecía diferente: el cielo mostraba un azul intenso, sin la melancolía gris que posaba sobre su ciudad natal, y la ciudad que se desplegaba en la distancia no se parecía en nada a Calm. Todo allí parecía vibrar con vida, con colores que le resultaban extraños. Por un momento, la imagen de una casa familiar y el rostro de su madre se asomaron en su mente, pero fueron rápidamente reemplazados por la confusión del lugar en el que se encontraba.

Esto no puede ser real – dio dos pasos hacia atrás, alejándose de la ventana – es imposible que mi vida haya sido una mentira, debo de regresar a casa, mi madre y padre me esperan, no me puedo quedar más tiempo aquí.

Miró la cama por un momento, quería asegurarse que Damián yacía ahí dormido, luego empezó a escanear la habitación y vio sus zapatos en una esquina, se acercó lentamente a ellos y los calzó, luego caminó lentamente hacia la puerta y la abrió, volvió su mirada hacia Damián (quien roncaba cual motor) y salió de la habitación, caminó lentamente en el pasillo de la pequeña suite del castillo donde se encontraba, era un poco larga, pero había una puerta más al frente y se escuchaba el murmullo de dos personas, iba a continuar su camino pero la puerta estaba entreabierto por lo que alcanzó a escuchar…

No debemos de decirle toda la verdad de golpe, Khan – decía aquel señor que aunque para Zed era desconocido, él parecía conocer al chico – Si le decimos todo de golpe es muy probable que no nos crea, o peor algún, que tenga un colapso mental o algo.

Por eso quiero que Zed vuelva a ser protegido tuyo, Sebastián – Dijo Khan con su voz serena – Necesito que te vuelvas a ganar la confianza del chico y lo prepares lentamente, debemos de dejarle en claro a todo aquel que lo conozca para que siga las indicaciones al pie de la letra, no debemos dejar que se sepa todo de una vez.

¿A qué se refieren con eso? – dijo Zed abriendo la puerta de golpe impulsivamente haciendo que Damián se despertara en la otra habitación.

Zed, ¿hace cuanto despertaste? – dijo Sebastián sorprendido – No deberías estar de pie, deberías estar descansando.

¿Quiénes son ustedes y como es que me conocen? – preguntó Zed con un poco de nerviosismo a la vez que escuchamos a Damián salir de la habitación, haciendo caer en cuenta a Zed que había cometido un error al enfrentar a esos dos tipos.

Se echó a correr por el lugar hasta la puerta principal para finalmente salir a unos de los pasillos del castillo, volteó a ver a ambos lados y decidió irse por la derecha, - Maldita sea, ¿en dónde estoy realmente? ¿Hacia dónde debo ir?

¡Oye Zed! No te vayas así – dijo Damián al salir al pasillo igual y ver que el chico iba adelante, por lo que empezó a correr igual – ¡Estoy muy cansado para estas cosas, tuve que vigilarte día y noche durante los últimos dos días!

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¿Cómo… es que… puedes subir… - decía Mikki sin aliento – estas escaleras… tan rápido, Roya? – Se detiene por un momento - ¿Por qué… - toma aire – no usamos… los elevadores del… castillo?

¿Quién te manda a dejar tu entrenamiento como shard caster? – replicó la chica – ya no estás en forma, además no debieron seguirme hasta aquí.

Si te dejamos sola serías capaz de cometer una locura – dijo Noah – Es mejor prevenir a que lamentar ¿no es así?

Mientras tanto vemos a Zed acceder a otro pasillo aún más largo mientras trataba de huir de Damián – Demonios, ¿hacia dónde debo ir? Que debo de hacer para regresar a casa.

Mientras corría, Zed no podía evitar recordar fragmentos de su vida en Calm: la urgencia de romper puertas, la sensación de un horizonte sin límites, y la imagen borrosa de su madre, cuya presencia ahora se mezclaba con el dolor de un pasado olvidado.

La mente de Zed se inundaba de dudas. ¿Era Templar real? ¿O todo esto era una ilusión de aquel monstruo? Sin embargo, el miedo a quedarse atrapado lo impulsaba a seguir corriendo, a buscar una salida a ese laberinto que parecía no tener fin.

Se detiene por un momento para poder descansar un poco, de repente vienen flashbacks de lo que sucedió la última vez de cerrar sus ojos, de cómo Amir Gaul había roto aquel espejo de donde salió.

¡Maldición! – se dijo a la vez que se tapó su rostro con sus manos mientras se deslizaba por la pared, sentía que todo le daba vueltas – ¿Ahora que es lo que debo hacer?

Zed, ¿de verdad eres tú? – se escuchó una voz femenina la cual era familiar para Zed, pero que a la vez no podía reconocer – De verdad eres tú… - el chico levantó la mirada para ver quien le hablaba…

Mikki, Noah, y Roya se encontraban frente a él, con la respiración entre cortada por haber subido escaleras corriendo, obviamente él no los reconocía… - Finalmente, Zed has regresado – dijo Roya balanceándose sobre él, pero antes que lo pudiera abrazar, el peliblanco la esquivó y se levantó inmediatamente en forma de rechazo sorprendiendo al trio de amigos.

¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo saben mi nombre? – dijo Zed con desconcierto – Ustedes trabajan para ese pelirrojo también? – continuó preguntando, sorprendiendo al resto, los cuales se vieron entre ellos preocupados.

¿A qué te refieres con eso? – replicó Noah con preocupación – Somos tus amigos, Mikki, Roya y yo, Noah – llevó su mano al pecho – somos tus viejos amigos, ¿No nos… recuerdas?

Imposible, yo solo tenía un amigo y se llamaba Kisai – dijo Zed con firmeza – ustedes han de trabajar con ellos, ¿verdad?, pero no, no me van a engañar, no caeré en este estúpido engaño – dio dos pasos hacia atrás – regresaré a mi hogar cueste lo que cueste.

¡Con que aquí estás! – Apareció Damián por detrás de Zed haciendo que este se volteará inmediatamente – finalmente te encon… - dejó de hablar y puso un rostro de molestia al ver al grupo de amigos reunido – ¿De verdad tenían que aparecer ustedes? – suspiró con molestia – lo que me faltaba, que ustedes se entrometieran.

¿Qué fue lo que le hicieron? - dijo Roya en un tono de molestia mientras daba un paso al frente de Zed, mientras que Mikki tomaba por los hombros al chico y lo arrastraba hacia atrás.

Lo salvamos Roya, es todo lo que importa por los momentos – dijo Damián mientras empezaba a caminar hacia ellos – ahora si me lo permiten, me llevaré al chico conmigo, una vez rehabilitado podrá encontrarse con ustedes nuevamente – dijo con una sonrisa – ahora, quítense de mi camino y cooperen ¿quieren?

Estas loco – dijo Roya con molestia – si el consejo está involucrado es por que algo le hicieron a Zed.

¡Ay por favor! – Dijo Damián llevando sus manos al cielo – Créeme, al consejo no le conviene tener a alguien que no sabe siquiera donde está parado, estas son consecuencias de haber estado bajo el Baku Shard. No sabe distinguir la realidad de la ficción.

Zed retrocedía sin comprender del todo, la confusión mezclada con un creciente sentimiento de rechazo a la vez que flashbacks llegaban a su cabeza haciendo que se perdiera en sus pensamientos mientras la pelea de Noah y Damián se dispersaba en el fondo. Imágenes difusas de Calm; puertas rotas, Noah tratando de hablar con él. Pero también se cruzaban imágenes de otra persona: Kisai, a quien juró haber tenido como único amigo.

La cabeza le empezaba a doler mientras se perdía entre estos recuerdos, ¿Cuál era cuál? No lo comprendía, disponía a llevarse las manos a su cabeza en señal de frustración cuando de repente un – Ustedes dos, cállense ya – lo devolvió en sí.

Se encontró sentado en el suelo mientras Noah tenía sus manos en los hombros de él – Solo lo están confundiendo, no logran nada peleando entre ustedes – Se volteó a Zed con una cálida sonrisa – ¿Te encuentras bien? Perdiste el balance y te caíste, deberías de descansar.

¡No! – dijo Zed levantándose rápidamente – Yo necesito irme a mi casa, ¿no lo entienden? Mi madre y mi padre están ahí, están en peligro por mi culpa.

¿Tu padre y tu madre? – dijo Mikki atónito, a la vez que volteaba ver a Roya y Noah, quienes se encontraban igual de sorprendidos. Roya dirigió su mirada a Noah quien también la volteó a ver, ambos asintiendo en decir la cruda verdad.

Zed… - murmuró Roya con un tono de preocupación – tu padre falleció antes de que nacieras, en Calm – dijo haciendo que Zed pusiera una expresión de shock e incredulidad.

No, claro que no – dijo Zed con un poco de nerviosismo – eso es imposible, yo lo veía todos los días, es algo estricto, pero nos protege a mi y a mi madre, estás confundida.

Me temo que es cierto Zed – dijo Damián entrometiéndose en la conversación - tu padre fue un producto del hechizo, al igual que tu madre.

¡Ja! Si claro – murmuró Zed con incredulidad y nerviosismo – Si este fuese el mundo real, entonces ¿En donde está mi madre? Ella tiene que estar por algún lugar ¿no?

Tu madre… - dijo Noah con tristeza en su voz – Tu madre falleció cuando tenías 15 años Zed.

No, eso no es cierto – Dijo con su voz quebrada a la vez que sentía que algo dentro de él se estremeció – Mi madre no puede estar muerta, no les creo – decía con tristeza en su voz, es como si algo le dijera que era cierto, pero se negaba a aceptarlo – No sé que quieren lograr con esto, pero no les creeré.

Roya, Noah & Mikki lo veían con empatía, lo cual Zed lograba percibir, lo cual le hacía frustrarse más.

Zed apretó los puños con fuerza. Su respiración se volvió errática, y su mirada se perdió en el suelo, como si buscara una salida a aquella cruel verdad.

¡Están mintiendo! —exclamó, retrocediendo un paso. Sus ojos de alguna manera mostraban la lucha interna que tenía en su interior - ¡No pueden estar muertos!

Roya dió un paso al frente con cuidado, con la intención de calmarlo - Zed… lo siento, pero realmente esa es la verdad, no es justo para ti que creas en algo que no es real.

¡Cállate! —Zed la interrumpió, sintiendo un nudo en la garganta. Sabía que había verdad en sus palabras, pero no quería aceptarlo, miró a todos, sintiendo cómo su frustración aumentaba. Se giró rápidamente y comenzó a correr, alejándose de ellos - ¡Déjenme en paz! —gritó antes de desaparecer en la oscuridad.

Roya, Mikki y Noah se quedaron en silencio – Vaya que ustedes saben manejar las cosas de manera asertiva – dijo Damián rompiendo el silencio en tono burlón - no se molesten en ir por él…

Zed corría por el pasillo, su cabeza estaba llena de pensamientos caóticos, estaba muy confundido y herido, no había posibilidades de que su madre estuviera muerta ¿o si?. Hubo un punto que se canso de correr, parando enfrente de una salida a un pequeño patio en ese nivel en el cual había una pequeña fuente de agua.

Instintivamente el chico se acercó al lugar, buscando su imagen en el reflejo del agua, como si buscara algún tipo de respuesta en ella, notó que su respiración estaba agitada, su rostro pálido, su mirada desencajada, a la vez que se sentía un poco débil y desorientado.

¿Qué es toda esta locura? – se preguntó así mismo cuando de repente un escalofrío recorrió su espalda al notar una sombra erguir detrás de él, se giró de golpe para ver quien estaba detrás de él.

Pero si tu eres… - murmuró el chico a la vez que caía de espaldas al suelo debido al asombro, era Amir Gaul quien le observaba en ese lugar, quien medía no más de dos metros de altura, que, aunque Zed no lo sabía, era muy extraño para ese espíritu.

¡Tú! – dijo Zed con la voz aún temblorosa, pero tratando de ganar valentía - ¿Por qué? ¿Por qué me trajiste a este lugar? – pero no conseguía respuesta alguna, aquel espíritu solo le veía con la mirada fija haciendo que su presencia se sintiera… sofocante.

¿Por qué? ¿Por qué no me respon… - No logró terminar la frase. Antes de que Zed pudiera reaccionar, el espíritu se inclinó rápidamente hacia él, extendiendo su brazo, y con solo un roce de sus dedos en la frente de Zed hizo que un escalofrío recorriera a la vez que su visión se nublara.

El mundo se desvaneció.