*Kinmokusei: (Osmanthus fragrans var. Aurantiacus) también se le conoce como olivo dulce, es un árbol con flores miniatura de color anaranjado, o el no tan común blanco, que despiden un olor delicioso durante el otoño.
*Buzón de bebés: un buzón en el hospital de Jikei en Kumamoto donde se abandona a los bebés no deseados.
Octubre llegó con los árboles kinmokusei* en flor inundando el aire con una deliciosa fragancia. Alguna vez Sesshoumaru le preguntó a Rin que cuál era su estación del año favorita, pero ella no pudo decidir, la verdad es que le fascinaban las coloridas flores en primavera, le encantaba escuchar a las cigarras higurashi en el verano, disfrutaba muchísimo de los colores ocres y el olor del kinmokusei en el otoño y suspiraba cuando las casas y los autos se convertían en barquillos gigantes de nieve en el invierno.
Justo por eso estaban hoy en el jardín de la biblioteca, sentados frente a una hilera de esos olorosos árboles, aunque Sesshoumaru no parecía disfrutar de los olores tan fuertes, se aguantaba con tal de verla a ella feliz. Ese día, después de su tradicional faje matutino en el pasillo de filosofía y estudiar 5 horas inglés, salieron a las 5 de la tarde a ver el atardecer y disfrutar del otoño para finalizar un día perfecto… hasta que el celular de Sesshoumaru vibró, él lo ignoró, pero volvió a vibrar incesantemente, hasta que Rin le dijo que contestara.
—¡Qué quieres idiota!
Rin no alcanzó a escuchar que decía la otra persona, aunque asumió que era Inuyasha.
—Vámonos, tu tonta amiga y el pendejo de mi hermano necesitan ayuda.
—¿Están bien? ¿Sucedió algo?
—Mejor que ellos te cuenten la estupidez que cometieron.
Salieron volando de ahí rumbo a la casa de Kagome donde vivía con sus papás y su hermano menor, la cochera estaba vacía por lo que supusieron que no había adultos. Tocaron a la puerta y les abrió un muy asustado Inuyasha, pasaron a la sala y se encontraron a Kagome llorando desesperadamente.
—¡Kagome! ¿Estás bien? ¿Qué pasó?
—Ándale idiota, dile lo que hiciste —Sesshoumaru le exigió a su hermano quien se sentó en el sillón todavía blanco del susto y mordiendo sus garras hasta desparecerlas.
—Pues es que Kagome me dijo que desde hoy en la mañana sus papás y su hermano se fueron rumbo a Tokio a visitar a su abuelo al templo Higurashi, me dijo que ella les había mentido diciendo que tenía que quedarse a estudiar para un examen. Yo llegué y desde que me acerqué a la casa, olía bien, muy bien, demasiado bien, pero en cuanto Kagome abrió la puerta, fue como si hubiera inhalado éxtasis o alguna droga, porque me volví loco, apenas estaba consciente… todavía me siento mareado, pero con el susto se me bajó un poco…
—¡Qué le hiciste a Kagome! —Rin estaba furiosa imaginándose algo horrible, pero su amiga la tomó de la mano para calmarla.
—También fue mi culpa, yo no quise detenerlo… —confesó entre sollozos.
—Pues... lo hicimos, —Inuyasha agachó la cabeza incapaz de ver a nadie a los ojos y continuó revelando lo que pasó —y una vez que el frenesí acabó Kagome me preguntó por el condón… obviamente no tenía ninguno, yo quise calmarla diciéndole que no pasaría nada porque no estaba sangrando, pero ella me gritó, que qué tenía que ver el sangrado con esto.
—Inuyasha tiene razón, si no estás en celo, no pasará nada —Sesshoumaru le dio la razón a su hermano.
—¿De qué están hablando? —Rin interrumpió —La menstruación indica que no hay embarazo, no que se está en celo.
—Cuando comienza el sangrado es cuando las hembras entran al inicio del celo —Sesshoumaru ahora discutía con ella.
—¡Eso no funciona así con las hembras humanas! —replicó Rin, ¿pues qué nadie estudiaba en este país? …Aunque ahora que lo analizaba bien, en todo lo que iba del año, nunca habían tenido una clase de sexualidad; ni para youkais ni para humanos, de las etapas del feto en diferentes especies sí, pero no de cómo llegó el espermatozoide al óvulo…
—¿Y cómo funciona? —Preguntó Kagome sinceramente.
—Dioses del olimpo... —Rin se llevó la mano a la cabeza jalando un poco su cabellera, presentía que estaban en serios problemas —las humanas son fértiles más o menos, una semana después del último día de menstruación. ¿Hace cuándo fue tu último día de sangrado?
Kagome comenzó a contar con los dedos —Hace como diez días… ¿entonces estoy a salvo?
—Hum... no lo creo... pero bueno, no importa, podemos ir por una pastilla del día siguiente a la farmacia, ¿no?
—¿Una qué? —Contestaron los tres al mismo tiempo, entonces Rin supo que estaban en graves problemas.
Pocas veces Sesshoumaru había experimentado la humillación de no saber algo, de qué le servía leer tanto y pasar tanto tiempo en la biblioteca si no podía ni siquiera proteger a su novia de él mismo. Jamás se le pasó por la mente que las hembras humanas pudieran tener un celo diferente al de las perras. Sabía que sangraban cada mes, pero nunca se le ocurrió cuestionarse si el sangrado significaba lo mismo que con las hembras de su especie.
Por primera vez estaba agradecido de tener a un hermano menor que la cagara primero y así no cometer el mismo error. Se felicitó mentalmente por querer esperar hasta tener 18 para tener sexo y no haber estado a solas con Rin en su periodo fértil porque si no, quién sabe si él se hubiera podido controlar. Aunque ahora sospechaba que esa vez en la playa que se sintió intoxicado con el aroma de Rin y tuvo que huir, probablemente Rin estaba en celo porque ese olor delicioso que emanaba le provocó una dolorosa erección que no podía calmarse con nada, hasta que se exilió en la montaña y pudo recobrar la cordura.
Ahora Rin salía con otra cosa desconocida, "pastilla del día siguiente" jamás había escuchado sobre ese medicamento, rápidamente sacó su celular para investigar.
—Les tengo malas noticias, la dichosa pastilla se comenzó a distribuir bajo prescripción médica en noviembre del 2023 y solo en 145 farmacias en todo el país. No es de venta libre, se puede comprar por internet, pero solo por mayores de edad, se llena un formulario y el pago es con tarjeta, cuesta casi 10000 yenes. Si se trata de un menor de edad, tiene que sacar una cita con el ginecólogo e ir con un familiar adulto para que se le entregue la pastilla…. se tiene que tomar dentro de las primeras 72 horas.
—¡Es una estupidez! La mayoría de las citas con los doctores las dan de una a dos semanas después de solicitarla, ¡no tiene sentido que se llame "pastilla del día siguiente" si es tan difícil de conseguir! —Se quejó Rin visiblemente enojada.
—Mis papás están en Tokio, ¡los doctores abren hasta el lunes, ni aunque le confesara a mi mamá ahorita lo lograría a tiempo! —Kagome se soltó a llorar de nuevo.
—Solo hay una solución. Inuyasha, vas a tener que pedirle ayuda a Izayoi —concluyó Sesshoumaru.
—¡Qué! ¡Estás loco! —Su hermano se levantó del sofá y comenzó a dar vueltas por la sala como león enjaulado —¡Mi papá va a matarme!
—Es eso o Kagome tendrá que pedir unos días de vacaciones en la escuela y viajar a una clínica para abortar, porque el aborto sí es legal. Otra opción es esconder el embarazo, esperar a que nazca el bebé y entregarlo en el buzón de bebés*. Cómo última opción está esperar a que nuestros padres los descubran y probablemente los padres de Kagome o los nuestros se harán cargo del bebé.
Todos en la sala se quedaron callados, era obvio que la única solución era pedirle ayuda a Izayoi. Así que, sin perder más tiempo, Kagome montó a Inuyasha y Sesshoumaru salió volando con Rin en brazos rumbo a la mansión Taisho.
Él y Rin llegaron primero, saludando a los adultos quienes estaban en la cocina comiendo galletas con café.
—¿Qué hiciste? —Lo cuestionó su padre de inmediato, rápidamente leyendo entre líneas que algo malo ocurría.
—Yo nada. Solo vine a disfrutar del show en primera fila.
—¡Sesshoumaru! —Rin lo regañó, pero no explicó nada más, justo cuando su padre estuvo a punto de exigirle una respuesta, llegó Inuyasha con su novia. La culpa podía percibirse a kilómetros de distancia. Sesshoumaru sintió unas inmensas ganas de reírse, pero se contuvo al saber perfectamente que, de no haber tenido un hermano tan descuidado, probablemente él hubiera cometido el mismo error, así que guardó silencio y observó la escena.
—¿Mi amor? —Izayoi si acercó a su cachorro acunando las rojas mejillas en las pequeñas manos, completamente ajena al problemón que traía su hijito.
—¡Qué hiciste, estúpido! —Su padre pareció comprenderlo todo al olerlos de cerca.
—¡Fue sin querer! Bueno no, o sea, ¡no pude detenerme, me sentía como drogado! —Inuyasha gritó excusándose antes de explicar exactamente lo que sucedía, pero al parecer no fue necesario porque Izayoi se tapó la boca y negó con la cabeza.
—¡Qué hiciste mocoso baboso! —Todos los halagos que normalmente Izayoi tenía para su querido cachorro se esfumaron. Y Kagome se soltó a llorar de nuevo.
Sesshoumaru decidió que era momento de intervenir para no seguir perdiendo el tiempo en reproches y mejor pasar a solucionar el problema —Izayoi, Inuyasha necesita que pidas una "pastilla del día siguiente" por internet.
—¿Una qué?
Al parecer él no era el único que desconocía de estas medicinas mágicas, probablemente la mayoría de los japoneses jamás habían oído hablar sobre estas pastillas y solo los jóvenes con redes sociales y al pendiente de noticias del extranjero se enteraban sobre estas cosas.
Después de leerles en voz alta lo que encontró en internet, Izayoi buscó una clínica en Hiroshima que las vendiera, llenó el formulario, pagó con tarjeta y le llegó la notificación que la medicina le llegaría mañana a primera hora. Al mismo tiempo su padre después de meterle un par de zapes a su hermano, habló ya más tranquilo con Inuyasha sobre usar condón y llevar en su celular una aplicación que calculaba los días fértiles de las hembras humanas, Sesshoumaru escuchaba atento los consejos de su padre, aunque tenía cerrados los ojos fingiendo indiferencia.
—Bueno Kagome, según lo que leí, aunque supuestamente a la mayoría de las mujeres no presentan síntomas, dice que puede haber malestar estomacal, náuseas y dolor de cabeza y… pues si te pasa algo, yo no puedo hacerme responsable completamente de todo, voy a tener que hablar con tu mami… —Izayoi comentó con su voz dulce y condescendiente de siempre. Obviamente Kagome se desmoronó en el piso pensando probablemente que esto era el fin del mundo, Rin se agachó a abrazarla y a darle palabras de aliento.
Izayoi también se hincó y trató de calmar a la chica —No llores por favor, tu mamá también fue joven, estoy segura de que comprenderá, déjame hablar con ella y trataré de convencerla para que tu padre no se entere de esto, ¿de acuerdo? —Kagome asintió y le compartió el número de celular de su mamá. Mientras ellos se fueron a sentar a la sala, su papá salió enfurecido de la casa e Izayoi se encerró en su cuarto para hablar con la mamá de Kagome.
—Rin, ya es tarde, tus abuelos se van a enojar —Sesshoumaru miró el reloj que marcaba las 8 de la noche, normalmente él la regresaba a casa a las 6 de la tarde.
—Ya les inventaré algo, eso les pasa por prohibirme tener celular, solo quiero esperar a que la señora Izayoi nos diga qué pasó —contestó Rin abrazando con fuerza a su amiga que tenía la mirada perdida y los ojos hinchados de tanto llorar.
En eso su padre regresó a la casa y les aventó a ellos unas bolsas negras. Logó pegarle a Inuyasha quien todavía estaba muy conmocionado con lo que pasó, pero Sesshoumaru la interceptó en el aire, la bolsa contenía cajas de condones Sagami de 0.01 milímetros de espesor.
—Úsenlos, par de pendejos —espetó su padre.
—Pagan justos por pecadores —se burló él.
—Ay por favor, Sesshoumaru, como si tú no hicieras lo mismo con Rin todos los sábados, ¡de verdad crees que no me doy cuenta!
—Pues para tu información, todavía no, pero ahora que ya me diste las herramientas…
—¡Sesshoumaru! —Rin lo miró mortificada, él no quería hacer sentir mal a Rin, pero odiaba cuando su padre lo subestimaba.
—Sesshoumaru… —su padre le gruñó de advertencia y justo en ese instante Izayoi salió de su cuarto y bajó a la sala.
—Todo estará bien Kagome, ya hablé con tu mamá y aunque estaba algo asustada, me prometió que no le diría nada a tu papá pero que mañana en la mañana le hablaras por teléfono después de tomar la pastilla, entendió que hoy estás muy contrariada y te dejaría descansar. También le dije que te quedarías a dormir aquí para que nosotros pudiéramos estar al pendiente de ti y que Inuyasha se quedaría a dormir en la sala.
—Muchas gracias señora, y discúlpenos por haber ocasionado este desastre, ¡le juro que no lo volveremos a hacer! —Kagome agradecida y con lágrimas en los ojos se levantó e hizo una reverencia.
—Oh querida, mejor prométanme que se van a cuidar, pero bueno ya pasó, todo estará bien, mejor ya vamos a cenar.
—Voy a dejar a Rin a su casa —Sesshoumaru se levantó y su papá lo desafió con la mirada.
—¿Qué? De verdad crees que voy a ir a tener sexo con ella en casa de sus abuelos, por favor. —Antes de que su papá le soltara un golpe, tomó a Rin y salió en una bola de luz por la puerta de la casa.
Llegaron a su destino y la depositó con cuidado en el suelo.
—¿Por qué eres así con tu papá? —Rin le preguntó con un dejo de tristeza en la voz —Él solo está preocupado por ustedes.
—Siempre me trata como a un imbécil, estoy harto.
Rin negó con la cabeza —Ya no te pelees con él por favor. Ya fue mucho con lo que pasó hoy, como para disgustarse más por algo que no tiene sentido.
Él asintió, no queriendo preocuparla más y le dio un beso fugaz en los labios para despedirse —Cuando estés en tu cuarto fuera de peligro, mándame por Line tu ciclo menstrual, no voy a permitir que pases por lo mismo que Kagome.
Rin asintió con la cara completamente roja, dio un brinquito para darle un beso y corrió para adentrarse en su casa.
