*Omosubi: sinónimo de onigiri, bolitas de arroz con furikake o algo adentro

*Mugicha: té de cebada, se bebe mucho en verano.


Sesshoumaru se puso lentes obscuros para pasar como cualquier otro gaijin de Tokyo y caminaron de la mano hasta la estación de tren más cercana.

Salieron del tren y en unas cuadras adelante, entraron a un rascacielos. A él no le agradaba para nada pasar sus fines de semana en la ciudad, pero tenía que hablar con el antiguo rival de Inuyasha en el amor, Koga, ahora abogado y amigo de confianza de toda la familia Takahashi, Sesshoumaru quería sopesar la posibilidad de demandar al hospital Sawa. Rin no quería saber nada del tema, pero él se quedó con sed de venganza, sin embargo, Koga no le dio buenas noticias.

—Estuve investigando, al hospital desde que me mandaste la información por Line y de hecho tienen muchísimas demandas encima, tristemente no han perdido ninguna ya que, al tratarse de pacientes con enfermedades mentales, no se les toma enserio ni a ellos ni a sus familiares. Por si fuera poco —Koga le señaló en los papeles del hospital que Sesshoumaru recibió del padre de Rin —a los pacientes y familiares se les obliga a firmar un documento en el que se declara que no se revelará lo sucedido ahí y que no llevará los resultados del examen médico a los tribunales entre otras cosas.

—Malditas escorias —siseó.

—De todos modos, podemos demandar, alegar que ni el paciente ni el familiar eran conscientes de las condiciones del lugar… quién sabe, igual algún día se juntan las demandas suficientes para que el gobierno por fin haga algo. Solo quiero que estés bien consciente que en más de 10 años ninguna demanda ha avanzado.

Sesshoumaru se quedó en silencio por un momento, no valía la pena perder tiempo y dinero en algo que no se iba a solucionar, pero tampoco quería dejar la batalla sin haber asestado un golpe —Demanda.

Rin negó con la cabeza y se distrajo un buen rato jugando con unas pelotitas de metal en el escritorio de Koga.

Horas después salieron de la oficina.

—Aunque nunca he tenido novio, estoy segura de que esta ha sido la peor primera cita de toda la historia de Japón.

Él sonrió muy ligeramente —No tengo pruebas, pero tampoco dudas. ¿A dónde quieres ir ahora?

—No conozco el palacio imperial…

—Está cerca.

Nunca imaginó que un simple paseo por los jardines del palacio imperial fuera tan placentero al lado de Rin, ni siquiera había podido besarla, soló la tomó de la mano y con eso se sentía en completa paz.

Como se supone que iban a ser novios de manera tradicional, le pidió a Jaken una lista de lo que se debe hacer en un noviazgo normal y esa noche se abstuvo de cucharearla, se conformó con poder entrelazar sus manos bajó el resguardo las sábanas.

El lunes en el trabajo a la hora de la comida Jaken le entregó la lista y lo sermoneó —Leí que no se debe tener sexo antes de la tercera cita, que a las chicas les gusta que les compren flores, las tomen de la mano y no las manoseen a cada rato, en especial en el cine…

Él alzó una ceja, no dijo nada y comenzó a hacer anotaciones en la lista.

1. Ir al parque ✓ El jardín del palacio imperial ya contaba como parque, ¿cierto?

2. Ir a un museo

3. Tomar en un bar ✘… Mala idea, pierdo el control con el alcohol

4. Ir de compras ✘ ¿Podría haber algo mas aburrido?

5. Drive ✓ Ya casi recorren todo Japón en carro... suficiente.

6. Hospedarse en algún lugar lejano

7. Ir al cine

8. Ir al acuario o zoológico

9. Tener una cita doble ✓ Ya habían convivido mucho con su hermano y Kagome.

10. Subir una montaña

Le quedaban solo 5 citas, sacó su agenda y anotó una para cada sábado:

13 de agosto, museo de arte. 20 de agosto, ir al acuario. 27 de agosto, subir una montaña. 3 de septiembre, ir al cine (no manosear).

Hospedarse en algún lugar lejano… era demasiada tentación, quería hacerlo, llevarla a los onsen privados de Arashiyama, pero tenía que esperar a que ella estuviera lista… quizá en octubre. Además, no era como si los Genin hubieran desaparecido por completo, todavía salía uno que otro por las noches, de esas personas solitarias que no tenían familia que los encerraran en un manicomio.


De lunes a viernes Rin tenía 4 horas de clases de inglés y 4 horas de clases de sueco. Esa semana comprendió que cuando Sesshoumaru se proponía algo, no se andaba con medias tintas.

—¿Y el señor Jaken? —preguntó de la nada Rin mientras caminaban por el parque Ueno rumbo a uno de los cuatro museos de arte que había en el área. Hacía un calor endemoniado, tanto que Sesshoumaru traía bermudas y playera, era extraño verlo tan relajado y con ropa informal, lo peor de todo es que él se veía fresco como lechuga y ella se sentía como puerquito marinándose en sudor. Se había puesto un tank dress de algodón esperando sentirse fresca, pero el maldito vestido se le pagaba a la piel.

—En su casa —contestó Sesshoumaru muy interesado en el paisaje de alrededor.

—Ho, quizá debimos invitarlo…

—Quieres que invite a Jaken a nuestras citas? —Ahora sí se giró para verla a la cara.

—Bueno, no a todas... es solo que desque de vinimos a Tokyo ya casi no lo veo y estuve pensando en que si nos mudamos a Suecia lo veré menos y eso me pone muy triste.

—Vendrá con nosotros, pero todavía le falta un año para jubilarse.

—¿De verdad? ¡Qué genial, no puedo creerlo! —Rin dio varios saltitos, incapaz de contener su alegría y después lo abrazó, pero sintió que Sesshoumaru se tensaba así que lo soltó de inmediato. Ella creyó ilusamente que, al ser novios, esa extraña distancia que existía entre ellos desaparecería como por arte de magia, pero pareciera haberse hecho más fuerte.

Entraron a dos museos, uno de arte occidental y uno de arte contemporáneo, para su pesar, Sesshoumaru pareció más interesado en las obras abstractas, cuadros donde un solo elemento en la esquina era el foco y en el resto del cuadro se podía respirar. Como estudiante de arte entendía perfectamente porque le atraía a Sesshoumaru la composición de Fibonacci, pero a ella le gustaba el ruido, el barroco, formas orgánicas y figurativas ejecutadas exquisitamente con técnicas tradicionales.

La cita en el acuario fue extraña, como si ella hubiera ido sola al lugar. En innumerables veces intentó tomar su mano, pero él parecía más interesado en la gente a su alrededor que en ella. Hubo solo un momento en que se recargó en el barandal para ver a los tiburones y él la abrazó de la cintura pegando ese musculoso torso a su espalda y haciendo que sus pechos descansaran en el delicioso antebrazo de Sesshoumaru. Inmediatamente su cuerpo subió de temperatura y tuvo que morderse los labios para no gemir.


Tener citas con Rin era la cosa más tortuosa del mundo, en especial con ese vestidito miniatura que parecía una camiseta larga pegada a su cuerpo por el calor de verano. Todo se había vuelto más difícil desde que habían decidido que ya no serían amigos, pero tampoco prometidos; serían novios.

Como amigos le era un poco más fácil contenerse, podía abrazarla por las noches, pero en su mente siempre estaba ese freno de no tener el permiso de Rin para tocarla de otra forma. Hasta había dejado de tomar para no volver a perder el control. Pero ahora que eran novios, conceptualmente ya tenía permiso de besarla y de otras cosas… pero ella quería experimentar un noviazgo normal y a juzgar por la relación de su hermano, él nunca tuvo un noviazgo normal, por lo que no conocía los pasos a seguir.

Recordó cuando llegó a la salida de la secundaria de Inuyasha a ver quién era la mentada bruja. "La gordita gótica de ahí" susurró su hermano señalando a una chica tímida apartada del resto con la falda más larga de toda la escuela y la blusa más holgada. Antes de que su cerebro lo procesara, su miembro supo al instante que esa chica de gordita no tenía nada.

Sin decirle nada a Inuyasha, él caminó con determinación hacía la chica, no tuvo que decir una sola palabra, Sara hizo todo; lo saludó, se presentó y lo invitó a la biblioteca el sábado. Los gustos literarios de Sara eran buenos, pero no tan buenos como sus enormes pechos que le ofreció degustar pasadas 3 horas de leer Otelo. A partir de ahí sus citas consistían en verse en lugares donde tuviera fácil acceso a su cuerpo y ya.

En cuanto entró a la universidad y se dio cuenta que había mucho de dónde elegir, se deshizo de Sara y estuvo dos años pasándola bien sin nada serio, hasta que conoció a Kagura. Con ella todo fue diferente. Un día de invierno que se paseaba por la facultad de comunicación en busca de carne nueva, se topó con un par de ojos candentes, ella sonrió y él la siguió.

Lo condujo hasta un aula obscura donde parecía que veían películas porque al fondo estaba una pantalla. Lo sentó en la silla del profesor que estaba en una esquina, se le montó y tomó todo lo que quiso de él. Cuando terminaron, salieron del aula y Sesshoumaru esperó a que ella le pidiera su número ya que estaba buscando algo en su bolso, pero para su sorpresa, Kagura sacó un cigarro, "gracias, adiós" le dijo y desapareció por el pasillo exhalando el humo.

Por primera vez se sintió usado, por primera vez alguien no le pedía amor, ni siquiera le pidió verse de nuevo. Eso le intrigó sobre manera así que a la semana regresó a buscarla. Kagura era perfecta, nunca se enojaba si él no podía verla, no lo celaba ni le mandaba mensajes incesantes. Por si fuera poco, aceptaba hacer cualquier clase de cochinada que se le ocurriera; desde amarrarla, hasta tríos.

Tenían citas, pero normalmente eran eventos familiares o de amistades, nunca para conocerla de otra manera, ni siquiera sabía cuál era su color favorito, nunca le importó. Cuando le comunicó sus intenciones de casarse con ella, Kagura lo miró triunfante "¿por fin te enamoraste?" le preguntó, él se rio y contestó "no digas estupideces, bien sabes que el amor no existe".

Y ahora… ahora estaba perdido. Ahora era él quien quería escuchar a Rin decirle que lo amaba, ahora era él quien la metía en problemas con su maestra de inglés por estar mandándole mensajes a toda hora. Ahora era él quien se derretía con un inocente abrazo, quien babeaba al verla en pijama. Después de la cita en el museo, hasta se compró un libro de historia del arte barroco porque pareció ser el estilo favorito de Rin y él quería saber todo sobre ella.

La cita en el acuario fue peor, había visto esos obscenos micro shorts de cuadritos morados incontables veces, pero nunca había compartido esa vista con tantísima gente. En lugar de ver a los peces, se la pasó bloqueando la vista del montón de hombres que se atrevían a mirar a su novia.

Lo peor fue cuando llegaron al tanque de los tiburones, Rin se recargó en el barandal haciendo que ese hermoso trasero se levantara invitándolo a tomarla en su posición favorita, y al ver que no era el único salivando, la abrazó por detrás tratando de cubrir todo el diminuto cuerpo con el suyo.

Nunca le había importado que Sara se vistiera como hechicera o que Kagura pareciera una hostess, pero ver las miradas del resto de los hombres saborear los muslos de su Rin, lo había puesto de muy mal humor, tanto que el domingo la llevó a comprar ropa nueva, elegida y aprobada por él.

No entendía por qué en la lista de citas figuraba una subida a la montaña, pero en pleno agosto le pareció peligroso, no quería que Rin sufriera un golpe de calor, así que se la llevó a Nagano a caminar por el bosque en busca de las cascadas Shiraito. Rin se veía divina, con sus botitas de montaña, su sobrero y la cantimplora en forma de perrito.

Esta vez no fueron solos, ya que Rin insistió en llevar a Ah-Un, lo bueno es que no había nadie paseando por ahí, la gente todavía estaba renuente a viajar así que tenían el bosque solo para ellos.

La voz incesante de Rin lo guio durante todo el camino, que si tal polilla, que si los escarabajos, que esas flores amarillas. Hasta que llegaron a las cascadas, Rin tomó algunas fotos y se sentaron en unas piedras a comer omusubi* de camarón con mayonesa, entonces ella siguió hablando de que quería vivir en el bosque, al lado de un río o un lago donde pudiera ser arrullada por la música de los bichos nocturnos.

Él solo quería vivir cerca de esta boquita que no paraba de parlotear. No quería callarla, quería seguir escuchándola, pero también tenía sed, quería probarla otra vez, ahora con sabor a mugicha*. La besó cuando hablaba sobre pintar la puerta de su fututa casa de color azul marino. Ella soltó un respingo ante el repentino contacto, pero se dejó llevar y él más, tanto que ya la había acostado sobre la piedra acunando la cabeza en su brazo izquierdo mientras la mano derecha se aventuraba por debajo de la playera, cuando un "Uf" de Un los alertó.

Abrió los ojos y a su derecha estaba una pareja de viejitos viéndolos con la boca abierta. Rin lo empujó incorporándose de inmediato y disculpándose con la pareja de ancianos. Él, molesto por la interrupción, fue por el sombrero de Rin que había salido volando en algún momento del beso y miró con fastidio a los señores, quienes apenados desviaron la mirada hacía la cascada.

Rin salió con Ah-Un disparada del lugar y Sesshoumaru caminó tras ella con el sombrero en mano.