Capitulo 11: Una Nueva Amiga


Un nuevo día llegó, y era sábado. Hideki había decidido salir a dar un paseo matutino para despejarse un poco y disfrutar del aire fresco. A pesar de que seguía herido por una intensa pelea contra un demonio renegado, la magia de Rias y las habilidades de Kaori habían acelerado significativamente su recuperación, aunque aún no era completa. Su cuerpo estaba cubierto de vendajes que atenúan el dolor de las heridas aún sanando.

Mientras caminaba por una calle tranquila cerca de una tienda algo alejada del restaurante, Hideki se distrajo observando la calma del lugar. Fue en ese momento cuando notó a una joven desconocida caer al suelo de forma algo accidentada. La caída dejó su trasero expuesto, y su vestido revelaba claramente sus bragas blancas.

La joven se recompuso, sentándose en el suelo mientras su ropa se esparcía a su alrededor. Hideki se detuvo, observándola con una mezcla de fascinación y preocupación, no solo por su apariencia, sino también porque parecía completamente perdida.

—"¿Estás bien?" —preguntó Hideki, acercándose para ofrecerle una mano.

—"Muchas gracias," —dijo la chica, tomando la mano de Hideki para levantarse. Un fuerte viento sopló en ese momento, levantando el velo que cubría su rostro. Hideki quedó maravillado al ver su rostro: tenía un hermoso cabello rubio y unos ojos verdes que reflejaban una mirada inocente.

Hideki quedó maravillado al ver su rostro: tenía un hermoso cabello rubio y unos ojos verdes que reflejaban una mirada inocente

*¡Badum!*

Su corazón latió de una manera como nunca antes lo había hecho.

No, no en un sentido romántico; Asia era linda, sí, pero eso no era lo que lo conmovía. De repente, el mundo a su alrededor cambió: los rastros de manchas borrosas en su visión se disiparon, y todo a su alrededor volvió a ser claro y vibrante.

Había algo en su presencia que calmaba su alma profundamente. El leve dolor de cabeza que llevaba días sintiendo, causado por dudas, debilidades y otras preocupaciones, desapareció de golpe.

Sus ojos verdes eran tan hermosos que parecía que lo hipnotizaban. Por un momento, Hideki la miró en silencio, intentando desentrañar la causa de esa increíble sensación que nacía en su interior.

—"¿U-Umm... pasa algo malo?" —preguntó la monja, mirándolo directamente con una expresión preocupada.

—"¡Ah! No, no es nada... simplemente me tomaste por sorpresa," —respondió Hideki, aún desconcertado por el efecto que aquella hermosa chica tenía en él.

Parecía una monja normal de la iglesia. Antes de darle más vueltas, Hideki recogió el velo que, por suerte, había caído cerca.

—"Por favor, ¿podrías decirme tu nombre? Si no es molestia," —pidió Asia con un toque de timidez, aunque claramente preocupada por el estado de Hideki.

—"Mi nombre es Hideki Saito, pero todos me llaman Hideki," —se presentó, rascándose la nuca con una sonrisa amable—. "¿Y tú cómo te llamas?"

—"Asia Argento, e... ese es mi nombre," —respondió tímidamente—. "Un gusto conocerte, Saito-san." La chica hizo una pequeña reverencia.

—"No me llames Saito-san, llámame Hideki, solo Hideki," —pidió él, sonriente.

—"¿Huh? Pero... solo los amigos pueden llamarte así," —dijo Asia, mirándolo con curiosidad.

—"¿No quieres ser mi amiga?" —preguntó Hideki sin darse cuenta de lo que esas palabras significaban para ella.

—"¿T... tu amiga?" —Asia lo miró sorprendida, con una mezcla de emoción y timidez en su expresión.

—"Claro, si quieres, podemos ser amigos. ¿O te incomoda?" —preguntó él, de manera casual.

—"¡Sí, quiero ser tu amiga, Hideki-san! Eres mi primer amigo," —dijo Asia con una sonrisa encantadora. Hideki le devolvió la sonrisa.

—"Me alegra escucharlo, jeje. ¿A dónde tienes que ir?" —preguntó Hideki, tomando nuevamente sus compras.

—"Um, estoy un poco perdida y... necesito ayuda," —confesó ella con un sonrojo, juntando los dedos de forma tímida, lo que la hacía aún más adorable.

Hideki la ayudó a recoger sus pertenencias, y ambos emprendieron el camino. Sentía una paz inexplicable a su lado, una tranquilidad que no podía ignorar, especialmente después de todo lo que había pasado.


Vivir en los tiempos modernos permitía a la mayoría de las personas estar conectadas con casi todo y con todos en el mundo. Las noticias se propagaban en un instante, los mensajes se difundían a la velocidad de la luz, y casi cualquiera podía mantenerse al tanto de las últimas tendencias.

En este contexto, algunas personas juzgaban a otras por no saber nada de una película popular o una canción de éxito reciente. Bromeaban, preguntando si esas personas habían estado viviendo bajo una piedra todo ese tiempo. Era una broma inofensiva, una especie de chiste privado entre dos.

Sin embargo, allí estaba Hideki, sentado en un restaurante de comida rápida local, con un vaso de jugo en la mano. Observaba con fascinación e incredulidad a una joven adolescente que, como si acabara de llegar de otro mundo, parecía estar lidiando con el misterio de cómo sostener una hamburguesa.

Para él, se sentía como estar en un circo, observando cómo alguien miraba a una criatura exótica.

"¿Acaso ha estado encerrada en una habitación toda su vida?", pensó, viendo cómo ella observaba la hamburguesa con asombro, al igual que la calle, los edificios cercanos y hasta su propio smartphone, como si todo fuera una novedad impresionante. Parecía una niña explorando el mundo exterior por primera vez.

—"¡Oh, no, lo rompí!" —dijo ella, sosteniendo mal la hamburguesa y derramando todo en el plato. Alarmada, intentó rearmarla, pero fracasó miserablemente; en su nerviosismo, comenzó a agregarle papas fritas sin darse cuenta.

—"¡L-lo siento mucho! ¡Arruiné el plato del chef!" —exclamó con una expresión de pánico, mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas que amenazaban con caer en cualquier momento. Las personas alrededor los miraron a ambos, juzgándolo en silencio como si él fuera el responsable de que la joven estuviera al borde del llanto—. "¡Por favor, perdóname, señor, por haber desperdiciado comida tan buena!"

Y ahora estaba... orando.

Ocultando su pánico, Hideki decidió intervenir antes de que la situación empeorara.

—"Está bien, está bien, no llores, Asia-san. Toma mi hamburguesa, yo te ayudaré a arreglar la tuya." —cambió los platos y le mostró cómo sostenerla correctamente.

Asia lo observó con fascinación, como si Hideki estuviera realizando un truco de magia.

—"¡Muuuuu!" —exclamó ella cuando le dio el primer mordisco, y sus ojos brillaron con una alegría desbordante. Era como si una luz radiante la rodeara, resaltando su inocencia. Con un toque de salsa en los labios, masticaba con alegría, tarareando suavemente con cada bocado.

—"¡Esto es delicioso! ¡Nunca pensé que existiera algo tan increíble!" —proclamó emocionada, casi como si la alegría pudiera hacerla estallar—. "¡Gracias, Hideki-san! ¡Gracias a Dios que me dio la fortuna de conocer a alguien tan bondadoso!"

Hideki la miró con una sonrisa, contento de verla disfrutar, pero con una pregunta en mente que ya parecía evidente, aunque prefería confirmarlo.

—"Supongo que nunca habías comido una hamburguesa antes, ¿verdad?"

Ella negó con la cabeza.

—"No, no lo he hecho. Solo comía sopa y pan todos los días. En ocasiones especiales comíamos pasta y algunas verduras. ¡La hermana Bianca siempre hacía los espaguetis Alfredo más deliciosos de la ciudad para mi cumpleaños!" —comentó Asia, sonriendo con dulzura al recordar a la hermana Bianca.

Empezó a comer sus papas fritas una por una, mientras Hideki le pasaba un poco de ketchup. Su entusiasmo se encendió al probarlo.

—"Ustedes dos deben ser muy cercanas," —comentó él, pero al instante su sonrisa vaciló, como si hubiera tocado un tema delicado.

—"Sí... lo éramos..." —murmuró, la tristeza velando su voz.

"Mierda, ¡tengo que cambiar de tema rápidamente!"

—"Umm, ¿qué hay de la pizza? Sé que Italia es famosa por ella, seguro que has estado en lugares increíbles," —dijo, tratando de redirigir la conversación hacia algo más ligero.

—"No, siempre viví en la iglesia y rara vez salía. Nunca podría dejar esperando a alguien que necesita sanación solo porque quiera divertirme un poco."—

Eso es muy amable. No mucha gente está dispuesta a renunciar a su libertad por ayudar a los demás. Quizá esto sea lo que se espera de una monja. Hideki comenzó a admirar a Asia por ello. Al igual que él, ella había elegido un camino para ayudar a otros, aunque por medios diferentes. Pensó que si Asia estuviera en su mundo, sería una gran heroína, como Recovery Girl.

Después de su pequeño accidente en el parque, la chica le había contado que era monja de Italia y le había preguntado por direcciones para llegar a la iglesia local.

Antes de que Hideki pudiera responder, su estómago rugió como una bestia hambrienta. La pobre chica se sintió tan avergonzada que casi se desmaya de hambre y vergüenza.

Honestamente, esta chica es demasiado adorable para su propio bien.

Decidió llevarla a su restaurante local favorito, el "Restaurante Yukihira", un nuevo lugar que había abierto hacía aproximadamente un año y que poco a poco había ganado popularidad por su increíble comida. Todo estaría bien, siempre y cuando Kaori y Takeshi no se enteraran de que había ido justo al territorio de su mayor competencia.

Continuaron comiendo, y Hideki disfrutaba de la atmósfera pacífica, algo que no había podido hacer en los últimos meses. Su mente solía estar llena de preocupaciones, especialmente ahora que comenzaba a involucrarse en el mundo sobrenatural.

Estar cerca de Asia hizo que esos sentimientos se desvanecieran, al menos por un momento. Ya no sentía esos oscuros pensamientos que lo consumían a diario.

Simplemente se sentía... en paz.

"¡Awoo!" Sus pensamientos se interrumpieron cuando sintió que algo rozaba su notó la sorpresa en Hideki, y ambos miraron hacia abajo y notaron-

"¡Un perrito!"

Sí, debajo de la mesa había un perrito, claramente callejero, pues no tenía collar y su pelaje estaba algo descuidado. Meneaba la cola con entusiasmo hacia Asia, mirándola con ojos brillantes. Como era de esperar de alguien tan bondadosa, la monja no dudó en compartir algunas de sus papas fritas con él.

Al ver su generosidad, Hideki, preocupado de que Asia se quedara con hambre, también decidió darle parte de su comida al perrito.

—"¡Que el Señor te bendiga, Hideki-san, por compartir tu comida con este adorable perrito!" —dijo ella, dedicándole una sonrisa deslumbrante.

Mientras el perrito disfrutaba su comida, Asia notó una pequeña herida en la parte trasera de su cabeza y en las orejas.

—"¡Oh, no! ¡Está herido!" —exclamó preocupada.

Efectivamente, el perrito tenía algunas manchas de sangre en el pelaje, probablemente resultado de enfrentamientos con otros animales.

—"Ven, déjame ayudarte" —dijo Asia mientras se arrodillaba y acercaba al perro con cuidado. Este, confiando en su ternura, se acurrucó bajo su mano. Entonces, un suave halo verde comenzó a irradiar de su mano sobre la herida del animal. Con dos anillos luminosos formándose alrededor de sus dedos, la energía verde curó rápidamente las heridas del perrito en cuestión de segundos.

Hideki observó impresionado. Aunque aún no comprendía del todo este mundo, en el suyo, las habilidades de sanación eran extremadamente raras. Recordó que Rias le había mencionado sobre ciertos humanos con "Sacred Gears", bendiciones especiales creadas por el Dios de la Biblia.

—"Listo, ya estás sanito" —murmuró Asia, frotando la cabeza del perrito, que en agradecimiento le dio un par de lengüetazos y luego salió corriendo.

—"¡Espera!" —intentó detenerlo Asia, pero fue demasiado tarde; el perrito se llevó las papas fritas que le quedaban antes de desaparecer entre los arbustos.

—"Eso fue increíble, Asia. ¿Cómo hiciste eso?" —preguntó Hideki con genuina curiosidad.

Pero en cuanto mencionó su poder, el brillo en los ojos de Asia se apagó un poco.

—"Es... es el poder de curar. Un don maravilloso que Dios me dio" dijo con una sonrisa falsa; no podía ocultar su tristeza de Hideki, no después de que esa emoción lo persiguiera constantemente desde que llego aquí.

Hideki notó ese deje de melancolía y decidió no presionar más. No quería hacerla sentir peor, así que dejó el tema allí.


Después del almuerzo, Hideki decidió guiar a Asia por Kuoh para que conociera mejor el lugar. Tal como esperaba, Asia se maravillaba con las cosas más cotidianas: los puestos de comida ambulantes, las máquinas expendedoras, el parque, e incluso los niños jugando en el salón de juegos recreativos.

Cuando entraron al centro de juegos, se animaron a probar los simuladores de carrera, aunque Asia parecía tomárselo como una experiencia real de conducción.

"¡Ah, no! ¡Voy demasiado rápido, esto excede el límite de velocidad!"

"¡Perdón, perdón, no quise golpearte!"

"¡Ahhh! ¡Estoy yendo muy rápido, Hideki-san!"

"¡Señor, perdóname por mi conducción imprudente!"

"Huuuu... Hideki-san, ayúdame..."

Hideki no pudo evitar reírse a carcajadas. Era difícil creer que alguien tan inocente y pura existiera en el mundo. ¡Era absolutamente adorable! Incluso cuando jugaban a Road Fighter, Asia se disculpaba por cada golpe. La gente a su alrededor los miraba con curiosidad; ver a un chico jugando con una monja arrepentida era, cuanto menos, una imagen peculiar.

Al regresar de cambiar más monedas, Hideki notó que Asia ya no estaba en el último lugar donde la había dejado. La buscó un poco y la encontró parada frente a una máquina de garra llena de peluches.

"¿Hay algo que te guste?" preguntó, mostrándole la bolsa llena de monedas.

"¡Hau! N-No... no es nada," intentó negar Asia, desviando la mirada. "Ya has hecho mucho, Hideki-san. No quiero desperdiciar más dinero, y te prometo que te lo devolveré."

Hideki se rió para sus adentros. "Asia, si alguna vez le pidiera dinero a alguien como tú, me daría un puñetazo en la cara hasta dejarme inconsciente," pensó.

Cuando Hideki miró dentro del juego de la garra, notó una pila de dos muñecos diferentes: uno que se parecía mucho a Riolu, aunque en este mundo tenía un nombre distinto que él no conocía, y otro llamado "Rache-kun". Este último era una simpática mascota con aspecto de ratón. Si recordaba bien, este personaje provenía de Japón, pero su popularidad se extendía por todo el mundo.

-"¿Te gusta Rache-kun, Asia?"- le preguntó.

-"¿Eh? N-No... e-eso no es..."- Asia se ruborizó y bajó la cabeza tímidamente. "Quiero a Rilu-kun..."

"—¡Está bien! ¡Te lo conseguiré!"— Hideki, por primera vez en su vida, agradecía todas esas salidas al arcade con Kaminari. Su amigo, con el increíble quirk de generar electricidad, le había enseñado un truco infalible para ganar en estos juegos. Sonrió con nostalgia al recordar los intentos de Kaminari por impresionarlos a todos en el salón de juegos. Inspirado, Hideki metió la moneda y se concentró en el peluche que Asia tanto quería.

Con calma, ajustó la garra sobre Rilu-kun, asegurándose de que estuviera en la posición perfecta. Los ojos de Asia brillaban mientras veía cómo Hideki movía los controles con precisión. Cuando la garra bajó, atrapó al peluche con seguridad y comenzó a subirlo lentamente.

"¡Espera, espera, no se suelte...!" murmuró para sí mismo, apretando los dientes mientras la garra traía el peluche hacia la salida. Justo en el último segundo, Rilu-kun se deslizó de la garra y cayó con un suave "plop" en el compartimento de premios.

"¡Lo tienes, Hideki-san!" exclamó Asia, radiante de felicidad, tomando el peluche con cuidado y sujetándolo entre sus manos como si fuera algo muy valioso.

"Vaya, parece que Rilu-kun encontró a su dueña," bromeó Hideki, satisfecho al ver la expresión alegre de Asia.

Asia abrazó el peluche con una sonrisa llena de gratitud. "Gracias, Hideki-san... Realmente me recuerda a ti. Es... pequeño, pero fuerte y valiente," dijo, mirándolo con dulzura.

Hideki se quedó en silencio por un segundo, un leve rubor cruzando su rostro. "¿De verdad? ¿Yo, valiente? Bueno, no esperaba escuchar eso," pensó con algo de sorpresa. Tratando de suavizar el ambiente, respondió:

"¡Entonces será Rilu-kun el guardián de Asia-san!" Añadió bromeando, "Te cuidará igual que yo."

Los dos intercambiaron una mirada, riendo, mientras los sonidos del arcade llenaban el ambiente. Y aunque el ruido continuaba alrededor, en ese momento Hideki sintió que todo se detenía: había algo especial en la forma en que Asia lo miraba, un tipo de paz y gratitud que no experimentaba a menudo.


"¿Ya es de noche? ¡Hemos estado jugando en el centro durante horas!", dijo Asia sorprendida mientras salían del lugar.

"¡Ja! Seguiste regalando las monedas que nos quedaban a esos niños, es tu culpa que todos nos invitaran a jugar con ellos". Además de ser un ángel de corazón puro, Asia también tenia un corazón blando. Por cada premio que ganaba, se lo regalaba a un niño pequeño que no lo había ganado.

Ella regaló todo excepto su peluche de Rilu-kun que todavía agarraba con fuerza.

"Es mi deber como monja ayudar a los jóvenes en todo lo que pueda", dijo con una sonrisa sincera, como si fuera algo natural para ella hacer esto.

Hideki volteo a mirar a Asia y la vio empezar a llorar. Las lágrimas le caían por el rostro mientras sus hombros seguían temblando.

—"¡Asia, ¿qué pasa?!" —Hideki la llamo alarmado, no entendía porque tan repentinamente empezo a llorar —". ¿Por qué lloras?"

La acerco con suavidad y la abrazo con fuerza tratando de calmarla. La llevo a un banco cercano y se calmó después de sus esfuerzos por consolarla.

"¿Merezco tanta felicidad?" Preguntó, con la voz todavía entrecortada por el llanto.

—"Claro que sí, ¿por qué me preguntas algo tan ridículo?" —le pregunto, mientras le secaba las lágrimas con un pañuelo.

Después de un momento de silencio, le contó una historia sobre la niña que una vez fue llamada la "Santa Doncella".

Asia se dispuso a explicarle todo acerca de su vida; que ella había sido abandonada de bebé pero fue encontrada en una iglesia donde ella fue recogida y educada para que siguiera la fe de Dios, pero un día ella había encontrado a un perro que estaba gravemente herido, y lo único que pudo hacer fue rezar y por alguna extraña razón ese perro se curó, como si fuese un milagro, desde entonces los de la iglesia la consideraron una santa.

No se sentía insatisfecha con el trato que recibía. La gente de la Iglesia era amable y no odiaba curar a la gente. Ella encontraba felicidad al curar a otros.

Ella estaba agradecida por el poder que le había otorgado Dios. Pero ella estaba un poco sola.

Ella no tenía amigos con quienes poder abrirse, su título la colocaba en un pedestal. Todos la trataban bien y eran amables con ella, pero no había nadie dispuesto a ser su amigo. Incluso la hermana Bianca la trataba con respeto, pero nunca como amiga.

Ella comprendió por qué. Sabía que consideraban su poder como algo irregular.

No la veían como un ser humano, sino como una criatura que podía curar a los humanos.

Pero un día todo cambió. Por casualidad, había un demonio cerca que estaba terriblemente herido.

La chica no pudo ignorarlo y curó al demonio. Pensó que incluso si era un demonio, tenía que curarlo si estaba herido. Las personas son personas al fin y al cabo, sin importar su raza, ella siempre las ayudaría.

Fue su bondad la que la impulsó a tomar tal acción.

Pero eso cambió su vida para siempre. Una de las personas de la Iglesia vio ese incidente y notificó a otros miembros de la Iglesia.

Los ministros de la Iglesia quedaron conmocionados por ello.

"¡Un poder que puede curar demonios!"

"¡Algo tan absurdo no puede suceder!"

"¡El poder de curar sólo puede curar a los seguidores de Dios!"

Sí, había varias personas que tenían el poder de curar. Pero el poder de curar a un demonio estaba fuera de cuestión. La gente de la Iglesia pensaba que era de sentido común que el poder de curación no funcionaba con los ángeles caídos y los demonios.

El poder de curar a los ángeles caídos y a los demonios que no estaban protegidos por Dios, pero que se temía que fuera el poder de una "bruja".

Entonces la gente la vio como una hereje.

"¡Maldita bruja puede curar demonios!"

La muchacha que era respetada como una Santa Doncella fue luego temida como una "Bruja" y la Iglesia Católica la abandonó.

Ella no tenía a dónde ir y la organización "Exorcistas Callejeros" la recogió.

Pero la chica nunca se olvidó de orar a Dios. Tampoco se olvidó de darle gracias. Aun así, ella fue abandonada.

Dios no la salvó.

Lo que más la sorprendió fue que no había ni una sola persona en la Iglesia que estuviera dispuesta a defenderla. No había nadie que se preocupara por ella.

"... Es porque no oré lo suficiente. Es porque soy torpe".

-"Soy una mala persona"

.

.

.

.

"¡Los voy a matar a todos!" Un pensamiento inusual atravesó su mente. La chica frente a él era tan bondadosa, humilde y llena de gracia que, al escuchar su historia, Hideki no pudo evitar sentir una profunda ira al pensar en la traición que ella había sufrido por parte de aquellos que decían admirarla.

Lo más sorprendente era que ella no les guardaba rencor. Asia ya había perdonado a todos los que le habían dado la espalda.

Justo cuando sentía que su ira alcanzaba el límite, percibió una mano suave sobre su hombro.

En un instante, su furia se desvaneció como una llama bajo la nieve, dejándolo en una paz inesperada. Fue como si lo hubieran sacado de un océano helado para recibir el calor del sol.

—"No tienes que enojarte por mí, Hideki-san"—dijo Asia con dulzura, notando su rabia contenida—. "No merezco que te sientas así por alguien como yo."

"Te equivocas, Asia-san. Te mereces mucho más de lo que piensas," pensó Hideki, conmovido.

—"Soy una bruja... cometí un pecado tan grave que hasta el Señor me ha abandonado"—susurró ella, con una tristeza que Hideki no soportaba ver en sus ojos.

"Entonces lo haré reconocerte de nuevo, y le exigiré que se disculpe," prometió para sí mismo, con una determinación férrea.

—"Soy una mala persona,"—murmuró ella, casi como una sentencia, mientras Hideki solo podía pensar que no había en el mundo alguien con un alma tan noble como la suya.

Hideki sintió una punzada en el pecho al escucharla. ¿Cómo era posible que alguien tan noble y sacrificada se viera a sí misma como una pecadora? Aquello solo incrementaba su deseo de protegerla.

—"Asia-san..."—murmuró, con un tono suave pero firme—. "No puedo cambiar lo que te ha pasado, pero quiero que sepas que cualquiera que te conozca de verdad vería lo increíble que eres. Las personas que te abandonaron solo revelaron su falta de fe. Pero tú..."—hizo una pausa, buscando su mirada—, "tú tienes más valor y bondad en un solo gesto que muchos en toda una vida."

Asia bajó la cabeza, un leve rubor cubriendo sus mejillas. Antes de que pudiera hablar, Hideki continuó, intentando poner sus pensamientos en palabras.

—"Sé que no soy ningún experto en religión, Asia, y menos en el cristianismo. Pero creo que lo que hiciste... es algo realmente especial. Si lo piensas, ¿no es el propósito más profundo de la fe amar y ayudar a los demás, sin importar quiénes sean? El Dios en el que crees no haría distinciones como las que hicieron contigo."

Hideki hizo una pausa, eligiendo sus palabras con cuidado, mientras trataba de encontrar la mirada de Asia.

—"¿No es eso lo que enseñan? Amar al prójimo, consolar a los que sufren, perdonar sin reservas. Si Dios es misericordioso, ¿por qué debería importar si ayudas a un demonio o a un humano? En el fondo, creo que todos merecemos una oportunidad para redimirnos. Lo que tú hiciste, Asia, fue puro. Y eso es lo más cercano a la verdadera fe que existe."

Asia se mordió el labio, aún insegura. —"Pero... ellos dijeron que los demonios son enemigos de Dios. Que lo que hice fue un pecado..."

Hideki negó suavemente, tomando un instante antes de hablar.

—"¿Desde cuándo es un pecado tener compasión por alguien que sufre? Si tu poder viene de Dios y lo usaste para ayudar a otro... ¿cómo podría estar mal? No importa si era un demonio o un ángel; lo que importa es que actuaste con el corazón, porque pensaste que era lo correcto. Eso es lo que realmente cuenta."

Asia lo miró, conmovida, sus ojos brillando con emoción.

Hideki le sonrió levemente, con una calidez genuina. —"Si me preguntas, lo que hiciste demuestra que tienes un corazón increíblemente puro. No dejes que otros te hagan dudar de eso. Si alguien no ve el valor en lo que hiciste... entonces, creo que son ellos quienes no lo entienden. No tú."

Asia, sorprendida por la honestidad en sus palabras, lo miró con los ojos muy abiertos, llenos lagrimas por las palabras de Hideki, como si no pudiera creer lo que escuchaba.

—"¿De... de verdad piensas eso, Hideki-san?" —preguntó en un susurro, con la incredulidad y esperanza mezcladas en su mirada.

Hideki asintió suavemente, sonriendo con ternura mientras limpiaba las lágrimas que caían por las mejillas de Asia con sus dedos.

—"Claro que lo pienso. Y sobre tu poder... deberías sentirte agradecida por el don que Dios te concedió. Eres una chica muy especial, Asia. Después de todo, Dios te dio el mejor regalo para ayudar a las personas."

Las palabras de Hideki resonaron profundamente en el corazón de Asia. Jamás alguien le había hablado con tanta calidez y sinceridad. En su interior, comenzó a surgir una nueva esperanza. ¿Podría ser que, después de todo, había encontrado a alguien que la comprendía?

Antes de que pudiera detenerse, Asia se arrojó hacia él y lo abrazó con fuerza, sintiendo el latido cálido del corazón de Hideki contra su pecho.

—"¡Gracias, muchas gracias, Hideki-san! Eres una gran persona y un gran amigo," —dijo Asia entre sollozos, esta vez de felicidad, con lágrimas renovadas pero llenas de alivio.

—"No hay de qué, Asia," —respondió Hideki, correspondiendo el abrazo con suavidad mientras sonreía. La conexión que había formado con ella en tan poco tiempo le llenaba de paz.

Mientras se acercaban a la iglesia, Asia mostró una gran emoción al verla por primera vez. Sin embargo, Hideki sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sentía un energía negativa, aunque la energía negativa proveniente de la iglesia no era la misma que la de los demonios, era ominosa y perversa. Sin dudarlo, Hideki decidió acompañar a Asia hasta la iglesia, preocupado por la fuente de esa energía.

Al llegar a la iglesia, Asia se volvió hacia Hideki, con una expresión agradecida pero también un poco nerviosa.

—"Gracias por acompañarme hasta aquí, Hideki," —dijo, haciendo una pequeña reverencia— "Sé que debes estar ocupado, pero realmente aprecié tu ayuda."

Hideki sonrió, intentando ignorar el extraño escalofrío que había sentido al acercarse al edificio.

—"No fue nada, Asia. Me alegra haberte ayudado. Aunque..." —hizo una pausa, observando el edificio con cierta desconfianza— "Este lugar tiene una sensación algo... extraña, ¿no crees?"

Asia, quien parecía no haber notado la incomodidad de Hideki, lo miró con curiosidad y preocupación.

—"¿Extraña? Yo... no siento nada raro," —respondió, inclinando ligeramente la cabeza— "Pero... si te sientes incómodo, tal vez deberíamos entrar y descansar un poco. Quizás pueda ofrecerte algo de té como agradecimiento."

—"¿Té?" —preguntó Hideki, con una sonrisa amable— "Eso suena bien. No te preocupes por mí, estoy bien... Solo algo cansado."

Asia asintió rápidamente, mostrándose aún más decidida.

—"Por favor, espera aquí. Iré a preparar un poco. No te tomará mucho tiempo," —dijo Asia mientras entraba rápidamente a la iglesia.

Hideki se quedó en la entrada, observando la estructura antigua. El ambiente dentro de la iglesia parecía distinto del que había percibido antes. Aunque seguía sintiendo una energía inquietante, decidió quedarse no quería dejar sola a Asia.

Pocos minutos después, Asia regresó con una pequeña bandeja. En ella, había una tetera de porcelana, dos tazas de té y algunos dulces simples.

—"Es todo lo que pude encontrar en la cocina," —dijo Asia, colocándose frente a Hideki mientras le ofrecía una taza— "Espero que te guste."

Hideki tomó la taza con gratitud y bebió un sorbo. El té tenía un sabor suave y reconfortante, algo que no había esperado, pero lo disfrutó.

—"Está muy bueno, Asia. Gracias," —dijo con una sonrisa, sintiendo que poco a poco su tensión disminuía.

Asia lo observó con una ligera preocupación mientras tomaba su propia taza.

—"Me alegra que te guste... pero sigo preocupada por tus heridas. Aún no estás completamente curado, Hideki-san," —comentó Asia con suavidad, sus ojos posándose en los vendajes que se asomaban bajo su ropa—. "Si quieres, puedo terminar de curarte." —añadió, insistiendo con una mezcla de ternura y determinación.

Hideki bajó la taza de té, observando los vendajes un momento antes de mirarla a ella. A pesar de todo el dolor y las heridas, su sonrisa apareció de forma natural, tranquila.

—"Estoy mejor de lo que piensas. Gracias a ti, me siento mucho mejor. No solo por las heridas, sino en general," —confesó, mientras una ligera sonrisa tímida se formaba en su rostro—. "A veces trato de hacer todo por mi cuenta y eso me mete en problemas. Pero, después de conocer a gente como tú, me doy cuenta de que no siempre tengo que cargar con todo solo."

Asia lo miró con ternura, sus ojos brillando con gratitud, pero también con una calidez que parecía envolverlo. Para Hideki, había algo en su presencia que le transmitía una sensación de paz, algo que no lograba entender del todo, pero que lo hacía sentir más liviano.

—"Eso es lo que hacen los amigos, Hideki-san. Se cuidan unos a otros," —respondió Asia con una sonrisa dulce.

Hideki asintió, tomando otro sorbo de té mientras esas palabras resonaban en su mente. Aunque aún llevaba consigo el peso de las batallas y las cicatrices de las heridas, sentía que algo en su interior se calmaba al estar con ella. No sabía por qué, pero la simple compañía de Asia parecía aliviar no solo su cuerpo, sino también su espíritu.

Después de un rato, Asia volvió a mirarlo, esta vez con una preocupación más evidente. Sus ojos se fijaron en los vendajes de sus brazos y costados. A pesar de que Hideki intentaba restarle importancia, ella no podía ignorar su estado.

—"Hideki-san," —dijo Asia, su voz suave pero con una firmeza inusual en ella—. "Déjame terminar de curarte." —insistió, intentando fruncir el ceño para parecer más seria, aunque solo consiguió verse más adorable a los ojos de Hideki.

Él no pudo evitar soltar una risa ligera ante su expresión, conmovido por el esfuerzo de Asia.

—"Está bien, está bien," —dijo, dejando la taza a un lado y sonriendo con resignación afectuosa—. "No puedo decir que no cuando me lo pides de esa forma."

Mientras ella se acercaba para ayudarlo, Hideki volvió a sentir esa extraña serenidad. No sabía qué era exactamente, pero cada vez que Asia estaba cerca, sentía que, de alguna manera, todo estaría bien. Aunque las cicatrices aún dolían, tanto las visibles como las invisibles, la paz que ella le transmitía era algo que no había experimentado en mucho tiempo. Estar con Asia no solo calmaba su cuerpo herido, sino que le recordaba que, por primera vez en mucho tiempo, no estaba solo en su lucha.

Asia sonrió con alivio, su rostro se iluminó de inmediato. Rápidamente, colocó la taza de té a un lado y se arrodilló frente a Hideki. Su toque fue delicado mientras colocaba las manos sobre uno de los vendajes que cubría su costado, donde las heridas del demonio renegado habían dejado marcas profundas.

Un brillo suave y verde emanó de sus manos mientras su poder de sanación comenzaba a fluir. Hideki sintió una calidez envolvente, una sensación reconfortante que aliviaba el dolor persistente en su cuerpo. Aunque las heridas eran profundas, el poder de Asia comenzó a sellarlas poco a poco, y Hideki no pudo evitar relajarse bajo su toque.

—"Gracias... de verdad," —murmuró Hideki, cerrando los ojos por un momento mientras el dolor iba desapareciendo.

A medida que las heridas de Hideki continuaban curándose, él no pudo evitar sentir un alivio no solo físico, sino emocional. A pesar de haber perdido la pelea contra el demonio renegado, y de reflexionar sobre su tendencia a intentar enfrentarlo todo por su cuenta, se daba cuenta de que estaba mejor de lo que había estado antes de comenzar su entrenamiento con Kaori. Había recuperado parte de su alegría y amabilidad, las mismas que lo habían caracterizado antes de llegar a este nuevo mundo. No era tan serio como lo había sido en los últimos meses, y por primera vez en mucho tiempo, se sentía agradecido por las personas que lo rodeaban.

Cuando Asia terminó, retiró sus manos con cuidado, observando cómo las heridas habían desaparecido casi por completo, dejando solo unas leves marcas que con el tiempo se desvanecerían.

—"Listo," —dijo con una sonrisa dulce— "Ahora deberías sentirte mucho mejor."

Hideki abrió los ojos y le devolvió la sonrisa, sintiendo una ligereza que no había sentido en días.

—"Lo estoy. No sé cómo agradecerte, Asia."

—"No tienes que agradecerme," —respondió ella con un suave rubor en las mejillas— "Solo quiero que estés bien. Eso es lo importante."

Hideki se levantó, aún con una sonrisa, y se estiró un poco, notando cómo el dolor había prácticamente desaparecido.

—"Bueno, si alguna vez necesitas algo, no dudes en pedírmelo. Considera que te debo una," —dijo, dándole una amistosa palmada en el hombro.

Asia asintió tímidamente, su corazón latiendo con fuerza por la emoción de haber podido ayudar a su nuevo amigo.


Fin. Espero que les haya gustado.

Agradezco mucho su apoyo y lectura. Si tienen preguntas, dudas, sugerencias o críticas, no duden en hacérmelo saber. Estoy aquí para mejorar y valoraré cada comentario que compartan, ya sean positivos o constructivos, siempre con respeto.

La escena donde Asia conoce a Hideki, esta inspirada en como Hikigaya Hachiman conoce tambien a Asia en la historia de "My teenage highschool romance comedy can't be this perverted!" de NimtheWriter

Siento que La historia de Asia se me hace muy similar a una historia de la biblia, y aquí es también de donde saco la compasión que tendría Dios hacia un demonio. Esta historia está en Lucas capítulo 8 26-33 y dice así:

26 Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. 28 Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. 29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) 30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. 31 Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. 32 Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. 33 Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.

Hablando con mi madre sobre esta historia, reflexionamos sobre cómo Jesús mostró compasión incluso hacia los demonios. En lugar de enviarlos al infierno, que incluso para ellos parece ser la mayor de las torturas, ya que ellos ruegan que no los mande al abismo (infierno), Jesús les permite entrar en los cuerpos de los cerdos. Así, en vez de un castigo eterno, los demonios encuentran una salida temporal en este mundo, ya que morir en los cuerpos de los animales no implica su destrucción como espíritus.

Este acto de compasión me inspira a pensar que la misericordia de Dios abarca hasta a aquellos que, por sus acciones, podrían no merecerla. Y, al igual que Asia, quien por su amabilidad y compasión curo a un demonio, mostrando posiblemente como actuaria Jesús, incluso si lo mas probable es que ese ser siga cometiendo actos malvados.