Asalto 9.

Lloriqueos de un perdedor.

(…)

— Cómo es posible…

Camelia extendió una prenda de calidad, que resaltaba una blanda suavidad de peluche.

Piel semi-humana.

Etanol dejó a un lado su taza, mirando espantado la ropa. Su relajada postura de hace un rato se

encontró interrumpida, enderezando su columna con una frialdad incómoda.

Retraído, tocó la piel de la tela. Se horrorizó de saber que esto era hecho con la piel de alguien, y

apartó la mano y desvió la mirada.

— Guárdala de inmediato.

— Entendido.

El elfo exprimió frialdad en su tono de voz, ordenando la envoltura de la evidencia.

Camelia dobló rápidamente el abrigo, sintiéndose asqueada.

— ¿Qué hacemos de ahora en adelante, Etanol-Sama?

— Guarden silencio total. No mencionen el incidente, ni la piel semi-humana. No quisiera que mi

familia se involucrara de alguna manera… — Echándose hacia atrás, recargó su cabeza en el espaldar

– Y ahora que todo iba bien…

— Nuestro voto de guardar silencio ¿incluye a los miembros oficiales de los Clover?

— Sí.

— Entendido. No diré una palabra de esto a sus hijos y esposa.

No es que eso fuera una preocupación muy necesaria.

Camelia y Darkness desquitaron una mirada a su jefe, apremiados por terminar esta reunión lo antes

posible para ir a cumplir sus labores.

(…)

— ¡Increíble! Darkness-San, ¿Cómo aprendiste a doblar la ropa así?

Involucrando emoción en cada sílaba, el joven descuidó su trabajo por unos segundos para ponerse

a mirar a su compañero que doblaba la ropa con maestría y eficiencia.

— Difícilmente encuentro eso como un halago.

Si esperara un halago, sería por asesinar y no de doblar la ropa de alguien más. No mentía al decir

que no lo encontraba halagador. Por lo menos, sentía una especie de burla intangible que se colaba

en sus oídos.

— Incluso le costó a Camelia-San unos meses para acostumbrarse al trabajo de sirviente, según me

dijo Jeremy-San. Solo has estado trabajando por menos de un mes y ya conoces todo lo que un

sirviente necesita saber.

Esta persona que no paraba de adularlo y seguirlo.

Era molesto.

Darkness no era experto en labores domésticas, pero sabía la importancia del aprendizaje, por ello,

volcó el resto de su tiempo y esfuerzo en aprender todo lo posible de las labores de un mayordomo.

Como limpiar, ordenar, cocinar, servicio.

Sylph lo contrató para protegerlo, pero hasta ahora no estuvo en situaciones peligrosas que pusieran

en riesgo su vida. Se preguntaba si era necesario para esta labor de protegerlo.

Si esto transcurría así por los años consiguientes, seguiría como un mayordomo toda su vida.

—…

Pero… vivir pacíficamente, sin preocupación de refugio, alimento, y dinero, no era una mala forma

de vivir. Era lo más deseable para todo trabajador soñador.

Sin embargo, sin importar cuánto tiempo transcurriera desde que abandonó su vida de mercenario,

la vida que veía todos los días parecía un cuento ajeno, lejos de la realidad, parecida a un sueño muy

largo que se desvanecería una vez despertara.

— Ah, ¿Darkness-San, a dónde vas? ¿Necesitas hacer algo? ¿Ayudar en la cocina? ¿Trabajo de

oficina? ¿Quieres que te ayude? Puedo hacerlo si eso quieres. Definitivamente iré contigo.

— Iré a mi habitación a descansar.

No soportaba un segundo más este mocoso. Al menos Link tenía algo de gracia.

(…)

— Nunca creí que el amor sería algo tan doloroso.

—…

— En estos días no he hablado con Asura-Kun, al principio solo fue un día, pero luego dos, tres…

Cuando ya me di cuenta, ya era una semana.

— Eh, ¿por qué hablas conmigo de esto? Ni siquiera me interesa...

La chica omitió el comentario.

— Ahora no sé cómo hablar con él sin que las cosas se sientan incómodas. ¿Qué crees que debería

hacer para abordarlo de manera natural?

—…

—Sylph, ¿qué debería hacer?

— Lamento destruir tus esperanzas, pero no tengo la experiencia necesaria para asesorarte,

Hermana. – Se disculpó, tomando otro dulce de la mesa.

— Ciertamente fue un error pedirle ayuda a un virgen como tú.

— No te desahogues conmigo.

— Asura-Kun ha tenido mucho trabajo estos días.

— Creo que es normal, es el mayordomo rango en jefe, y hay días que tiene un montón de trabajo.

Darkness también se ha visto ocupado estos días, y no he podido reunirme tanto con él.

— ¿A quién le importa tu sirviente de segunda? Estamos hablando de mí.

— Creo que Darkness es un buen partido.

— ¡Para mí no hay nadie mejor que Asura-Kun!

— Será difícil que a estas alturas logres que se interese en ti. Mírate, eres como una niña a sus ojos.

— ¡Ja, disparates! No hay mujer más bella y atractiva que yo.

— ¿Entonces qué deseas hacer?

— Pensé que era obvio. ¡Debo acorralarlo de alguna forma!

— Si ya sabes lo que vas a hacer, ¿para qué viniste a preguntarme?

— Si las cosas salen mal, puedo culparte de ello.

— Oye...

— Me gustaría ayudar con las labores, por lo que empecé a estudiar algo de administración.

— Uh... Darkness también ha empezado a ayudar en tareas administrativas. Rápidamente está

consiguiendo méritos.

— Aunque no parece disfrutarlo.

— ¿Uh?

Sylph dejó de comer.

— ¿A qué te refieres?

— ¿No te es obvio? Se ve algo... ¿decaído? ¿Aburrido? No sé. No parece disfrutar su trabajo de

mayordomo.

Incluso si estaba siendo reconocido.

— Ah...

Sylph volvió su vista a las galletas. Ya no tenía apetito.

Se veía aburrido...

Tragó saliva.

Su conocimiento de su sirviente era superficial.

Pensar que no logró notarlo antes.

(…)

Asura asintió a su petición. Su mano paró de escribir y apartó la pluma al otro lado de su escritorio.

— No hay problema. Es tu día libre, puedes hacer lo que quieras en él.

— Gracias.

— Ya que vas a visitar a tu madre, puedes tomar algunos de los dulces de José para llevarle.

Señalando arbitrariamente el pasillo que daría a la cocina, Asura encontró en su vista unos

mechones de cabello sobresalientes de la puerta.

Asura, recompuso su semblante, sonriendo servicialmente.

— ¿En qué puedo ayudarla, Lady Xión?

— ¡Eek!

Xión huyó de la escena como un espectro, dejándolo estupefacto.

— Huyó de mí. ¿Acaso hice algo que la incomodó?

— Creo que es todo lo contrario.

(…)

Una brisa helada acarició sus mejillas y cabello al salir de la seguridad de la mansión.

El aire frío no lo estimulaba. No sentía mucha diferencia.

Avanzando por el camino a paso constante, una sombra silenciosa llegó detrás de él con naturalidad

aterradora.

— Oí que irás a visitar a Yiresia, Darkness.

— Sí. Hace tiempo que planeaba hacerlo, y pensé que sería bueno hacerlo hoy que no tengo trabajo.

Le llegaban las noticias rápido.

Darkness inquirió con el levantamiento de su ceja.

— ¿Qué quieres, Link?

— Quisiera ir contigo, Dark.

Lo sabía. Sería difícil negarlo una vez lo aclaró con voz ancha.

La sonrisa relajada que le disponía el asesino era fina como el hilo de araña.

— Tienes trabajo. – Insistió.

— Hoy es mi día libre…

—…

¿Casualidad o destino? ¿Era la razón del buen humor de Link?

— Haz lo que quieras.

— ¿Eso es un sí?

— Tómalo como desees.

Link sonrió, caminando con él.

— Hace tiempo que no vas a verla. Recuerdo que ibas cada semana.

— La distancia es un problema, supongo.

— Otro es ese molesto elfo que no se despega.

La animosidad de Link por Sylph era tan alta como siempre.

— Link.

La muda ira que se filtraba de los poros de Link se suavizó fríamente. No tardó en poner una sonrisa

juguetona.

— Ya sé, ya se. No puedo ponerle un dedo encima. Me irrita, pero dado que no quieres que lo

lastime, me mantendré al margen. Y con el trabajo de cochero no me daría tiempo… A veces me la

paso todo el día afuera, y hay días en los que no hago nada. Uh, aunque la paga es buena, sigo

pensando que ser mercenario trae más libertad.

— Aunque estoy de acuerdo en esa parte, no apruebo más quejas. Si quieres renunciar, no te

detendré.

— Si te quedas aquí, ¿Cuál es el punto? Si deseas ser panadero, felizmente me aliaré contigo

horneando pan el resto de mis días.

Sonaba a broma, pero Link hablaba enserio.

(…)

— ¿Qué es esto?

— ¿Qué pasa?

Link, dirigiendo el caballo, se viró hacia su compañero por encima de su hombro.

Darkness vio una tela gruesa que cubría la parte interna del asiento.

Se veía anormal.

Tirando de su brazo, levantó la tela y se preparó para encarar el objeto que yacía escondido bajo la

tela.

Un rostro risueño, orejas de punta refinada, y grandes ojos rubíes le sonrieron efusivamente.

— Hola.

Regresó la tela a su lugar, tapando el rostro de ojos rubíes. Fue un error levantar la tela.

— No es nada, Link. Solo una rata.

— ¿¡...!? ¿No es demasiado llamarme rata?

Sylph tiró a un lado la tela, frunciendo el ceño.

Link, exaltó el tamaño de sus ojos y apretó las riendas con fuerza.

— ¿¡Tú que haces aquí!?

Exprimió todo su descontento y rabia en esa pregunta, mirando furiosamente al chico colado al

carruaje.

Sylph sonrió ameno, ignorando la animosidad del asesino.

— Oí que ibas a visitar a tu madre.

— ¡Maldito! – Link chirrió los dientes.

— Esa no es la forma correcta de dirigirse al Joven Sylph.

— ¿Eh?

De la sábana, que no se aplanaba aun cuando Sylph salió de su escondite, salió otra persona, que

controló su respiración y movimientos al mínimo. La tela resbaló desde su cabello rojo.

Camelia Garzuoka se presentó, dando un corto asentimiento.

— Hola.

Darkness se sintió cansado.

— ¿Qué haces aquí?

— ¿Crees que lo dejaré ir solo con gente tan peligrosa? Es mi deber cuidarlo.

Dado que alguien anteriormente lo secuestró y quiso matarlo. ¿Cómo podría dejarlo viajar con

semejante persona?

—...

Darkness masajeó sus sienes.

No tendría problemas en lanzarla fuera del carruaje en movimiento, pero dudaba que Sylph se lo

permitiera.

— ¿Qué es eso?

Señaló una caja en manos de Sylph.

— ¿Esto? Un regalo. No puedo ir a conocer a tu madre con las manos vacías, ¿verdad?

Sonrió, tirándose sobre flojamente sobre el asiento. Entonces…

— Uhhhhh….

—…

—…

—…

Sylph se puso de pie, viendo que el asiento debajo de él se movía.

El asiento se movió como una compuerta, y dejó salir un par de orejas de conejo.

— Eh, jaja... H-Hola.

—...

¿Quién era ella?

Link estaba a punto de tener una recaída. ¿Por qué se sumaba más gente?

Camelia boqueó.

—Ah, eres Alexis Round. Cuidas el jardín, si no me equivoco.

— S-Sí... Eso hago...

Link no podía hacer nada más que tensar los dientes. Su viaje a solas con Darkness se vino abajo,

todo por culpa de estas molestas cucarachas.

Alexi, notando su intención asesina, se excusó.

—A-Ah, bueno, yo... T-Tengo cosas que hacer en la capital. Recientemente, las flores del jardín no se

están sintiendo bien, así que pensé en buscar un fertilizante que mejore su crecimiento. No quería

colarme, pero… Tuve miedo de preguntar si podía acompañarlos, y terminé subiéndome a

escondidas… Lo siento mucho.

—...

— Uh, no creo que Alexis esté aquí sea algo malo. Podemos dejarla estar. Tampoco es que haga

daño. – Dijo Sylph.

— Eh, trataré de no molestar...

Darkness retiró su mirada, cansado de este acto sin sentido.

Quería lanzarla fuera del carruaje, junto con esa molestia sirvienta pelirroja. Solo que no podía. Su

empleador estaba allí mismo.

Parece que tendré que acostumbrarme a los polisones.

(…)

El viaje corrió con normalidad, y en una hora y media, llegaron aproximadamente a la capital del

reino, Redricks.

Allí aparcaron el carruaje en un sitio visible, y separaron sus caminos de la joven semi-humana.

Desde aquí, Darkness tomaría la posición de guía, ya que solo él y Link conocían la ubicación de la

morada de Yiresia en esa espaciosa y bulliciosa ciudad.

Es por eso que…

— Darkness,

— ¿Sí?

— ¿De verdad tu madre vive aquí?

Darkness levantó una ceja.

— No veo señales de que se haya mudado.

La madera de la puerta principal era oscura y parecía polvorienta. El aura alrededor segregaba

oscuridad y señales de peligro. Ni los niños más osados se aventurarían a sus entrañas.

El césped de la parte delantera era de un verde agrio, pútrido, que no mostraba vida ni verdura. Las

rejas que rodeaban la mansión tenían pinceladas de negro, y cuervos vigilantes que giraban sus

cabezas hacia ellos.

—…

Camelia tenía una mirada vacía. Ella no sabía qué mirar.

— ¿Qué están haciendo…? ¿Piensan entrar o quedarse allí parados?

— ¿Eh?

— ¿Uh?

Volviendo a mirar la puerta de madera siniestra, Link tenía la mano sobre la puerta.

Chistando la lengua por el retraso del elfo y la sirvienta, Link tocó a la puerta con el dorso de la

mano.

Se abrió con suma facilidad. Darkness no se inmutó, y tranquilamente se sumó a él, subiendo por las

escaleras que daban a la entrada.

¿Esto era normal?

Tragándose la vacilación inicial, los siguieron.

— ¿...?

Darkness, retiró el primer paso que iba a dar. Link hizo lo mismo.

Link y Camelia se asomaron, preguntándose por qué se detuvieron.

Vieron apostado en la sala, un joven de traje acomodado.

Su cabello era marrón parduzco y de puntas largas. Sus ojos, aceitunados sin perder la sensación de

juventud de alguien menor de veinte años.

— ¿Quién eres tú? – Dijo Darkness, tragándose su desconcierto.

¿Su madre realmente se mudó? ¿Sin avisarle? Bueno, ciertamente sería algo que haría.

— Usted debe ser Darkness-Sama, ¿verdad?

— Lo soy.

— Mi nombre es Phineas. Comencé a trabajar aquí hace poco.

¿Trabajar…? ¿Aquí? ¿Este lugar acepta sirvientes?

El interior de la mansión fue puro negro.

Sylph no era un elfo oscuro, capaz de ver en la oscuridad. Como no podía ver nada, se sujetó al brazo

de Darkness.

Su otro brazo también fue atrapado.

Camelia tampoco podía ver en la oscuridad.

— Préstame tu brazo.

— No.

— No tienes voz ni voto en esto.

¿Entonces para qué preguntaba?

El pasillo que no debería ser largo, fue un camino eterno y cargado de obstáculos para las personas

incapaces de guiarse en la oscuridad.

La llegada a una sala espaciosa fue un calmante para Sylph y Camelia. En medio, un solo candil daba

luz a todo el lugar, y allí sentada a la mesa, una mujer balanceaba el contenido de su taza de

porcelana.

— Bienvenidos, Darkness, Link… Hace mucho que nos lo veo.

La belleza de blanca seda, les dio una calurosa bienvenida. Los contornos de su boca subieron al

ponerse su sonrisa. Sus ojos lavanda como las llamas del infierno divagaron de su hijo y compañero,

hasta la sirvienta y el elfo.

Un escalofrío corrió por la espalda de Sylph.

Ningún gramo de ella despedía la imagen de madre. Se veía lozana como una chica de academia.

El aire que la rodeaba era gélido y siniestro. La luz de la lámpara no reflejaba color en su piel blanca.

Tiró de la ropa de Darkness.

— Ey, ¿es tu hermana?

— ¿Qué?

— Es demasiado joven para ser tu madre, por lo que —

— Eh, no, realmente es mi madre.

— ¿Eh?

— Lo es.

— Ya deja de bromear.

— No estoy bromeando.

—…

¿Eh?

¡No puede ser!

¿¡Puede una mujer así de joven tener un hijo de 16 años como Darkness!? ¿¡Por donde está el paso

de los años!?

Hundido en sus caóticos pensamientos, Yiresia juntó sus palmas, ladeando la cabeza de manera

coqueta.

— ¿No deberías presentarme las visitas, Darkness? Es descortés no dar las presentaciones cuando se

presentan caras nuevas ¿no es así? Tengo muchas ganas de conocerlos. Pueden tomar asiento,

adelante.

Los invitó a que tomaran asiento en un sillón de media luna.

(…)

Phineas le entregó a cada uno su taza de café aromático.

Sylph recibió rígidamente su taza.

Darkness analizó al sirviente. Al igual que su madre, no causaba ruido al moverse, y tenía

movimientos mínimos.

A su lado, se escuchó una mueca amarga. Debió ser Sylph probando el café.

Sentada en el otro extremo, Yiresia les sonrió a sus invitados no invitados.

Sylph seguía teniendo sus dudas. ¿Esta mujer de aspecto joven era la madre de dos hijos?

¿O era el único que lo pensaba? Camelia no mostró gran reacción antes.

Darkness habló por iniciativa, viendo que nadie más se atrevía a decir algo.

Ojeó al chico peli-marrón por un instante.

— Me alegra verte con buena salud, madre. Lamento la ausencia de mis visitas. El nuevo trabajo que

tengo no me permite salir todas las semanas.

— No te preocupes por eso. Siempre eres bienvenido, sea hoy, mañana, o cien años después.

Extendió su taza vacía a Phineas. Su nuevo sirviente le sirvió más café.

— ¿A qué se debe la cara nueva? En el pasado nunca tuviste necesidad de sirvientes.

— Ah, bueno, si tuviera que responder, diría que lo recogí de la calle.

— ¿De la calle?

Darkness torció la boca. Era de esperar. El chico no parecía un mendigo o algo parecido. Que Yiresia

usara ese término era extraño.

— Luego te daré los detalles. Por ahora… Darkness…

Los ojos de la dama se fijaron en los personajes que no conocía.

— ¿Quién es este jovencito?

— Sylph, mi contratista. – Lo picoteó con el codo. — Vamos, di hola.

Viendo como el aire se congelaba, Sylph inclinó la cabeza en signo de respeto.

— U-Un placer conocerla, me llamo Sylph Clover. Es un placer conocerla en persona, Yiresia-San.

— Hmm…

Inclinándose hacia adelante, escrutó su rostro. Una gota de sudor bajó de su mentón cuando ella

ladeó la cabeza, analizando cada aspecto de él.

Instintivamente quiso retroceder, pero se forzó a quedarse donde estaba.

— Tienes un rostro tan inocente, Trébol-Kun.

Detuve mi respiración para contestar.

— G-Gracias. Es muy amable.

— Yo no dije que fuera un halago.

Rodeó mi rostro con sus manos blancas. Sintió frialdad a través de sus manos.

No sintió ningún tipo de calidez. Solo la silenciosa intención de matar. A diferencia de Link, escondía

bien sus intenciones detrás de una sonrisa refinada.

El miedo provocó que no pudiera moverse.

Detesto las personas con ojos inocentes. Cuando miro tus ojos llenos de honestidad… no sé -

reclinó el rostro, entrecerrando sus ojos. -, siento muchas ganas de arrancarlos...

Los extremos afilados de sus dedos presionaron sobre mi suave piel.

— ¡UAH!

Sylph fue tirado del cuello de su ropa, saliendo de las manos de Yiresia. Darkness levantó una ceja

hacia su madre, dejando ir a su contratista.

— Madre, ¿Tienes alguna objeción con que Sylph sea mi contratista?

Inclinando la cabeza con seguridad, Darkness preguntó.

—...

Sus manos, vacías, se cerraron. Yiresia regresó a su asiento, cambiando su mirada helada a una

amorosa dirigida a su hijo.

—E n absoluto. Solo quería probar su dureza, nada más.

— ¿Segura? Parecías dispuesta a aplastarle la cabeza.

— Jo, Darkness… Eres malo. ¿Realmente crees que haría una barbaridad como esa? Sabes que odio

la suciedad...

— Por supuesto.

— Sylph me contrató como su guardaespaldas. Mi trabajo es protegerlo de quién intente hacerle

daño, incluyéndote.

— ¿Incluso si tuvieras que oponerte a mí?

— Sí.

— Vaya, sin dudarlo. Justo lo que esperaba de mi hijo.

Mientras ella se relajaba, Darkness apretó con fuerza el brazo de Camelia. Antes, estuvo a punto de

saltar sobre su madre en un intento de salvar a Sylph de sus garras. Tuvo que detenerla.

Ya está bien...

Malhumorada, frunció el ceño, intuyendo lo que decía a través de la mirada.

— Ah, cierto. Le trajimos algunos obsequios, Yiresia-San.

Declarando como si nada, Link sacó unas cajas de dulces. Entre ellos destacó el café molido.

— ¡...!

El aire gélido alrededor de Yiresia se volvió cálido.

— Ah, no tenías que hacerlo...

— Como si pudiera venir con las manos vacías...

Ella aceptó alegremente los regalos, entre ellos también estaba el pastel de chocolate que trajo

Sylph.

— Los atesoraré. Me encanta este tipo de café… Incluso trajeron pastel...

—...

Nadie le diría que el pastel provenía de Sylph.

— Me comenzaba a sentir algo sola, Darkness. Trata de no dejar tanto espacio entre las visitas, ¿ok?

— No es que pueda evitarse. Tengo mucho trabajo, pero lo intentaré.

— Ya veo. No se puede hacer nada. Supongo que entre los regalos, trajiste algo de dinero.

— Claro.

(…)

— Darkness, tengo un favor que pedirte antes de que regreses.

Después de degustar algunos bocadillos y de hablar de algunas cosas sin importancia, procedieron

con la despedida.

Sylph pensó que manteniendo lo más quieto posible podría escapar de la mirada de Yiresia, pasando

todo el rato como una estatua.

Saliendo del salón, Yiresia dijo un pedido de último minuto.

— ¿Favor? ¿Qué tipo de favor?

Yiresia avistó la cabeza de Sylph por unos instantes, pero luego lo ignoró y continuó su charla.

— Hay un paquete que me gustaría que recojas. Como detesto el sol, preferiría que tú lo buscaras

por mí.

— ¿Un paquete?

Phineas, detrás de la silla de su señora, fue indicado por Link.

— ¿No puedes enviar tu sirviente? No es necesario que Darkness vaya expresamente.

—…

Yiresia avistó a su sirviente por encima de su hombro. Las manos del chico peli-marrón se apretaron

entre sí, como una medida para calmarse.

— Lastimosamente, no puedo hacer uso de ellos para labores fuera de la mansión. Pueden hacer lo

que sea, mientras estén dentro de este lugar.

— ¿...? ¿A qué te refieres?

¿No podían salir? Si habló en plural, ¿no era solo un sirviente?

— Si salieran ahora, solo traerían problemas. Quisiera que pasaran desapercibidos por ahora. Por

eso, necesito que me hagas este favor.

— Ya veo. Sobre tu petición, está bien. Nos queda tiempo de sobra para regresar, de todos modos.

Agitando su mano, Darkness dio su visto bueno.

— Gracias, Dark. Hace mucho que no nos vemos. Deberíamos invitar un día de estos a Orochi para

estar los tres juntos en familia.

—…

Camelia guardó silencio durante ese lapso de tiempo.

A causa de circunstancias especiales, Camelia conoció en persona al hermano de Darkness.

Si Darkness tenía un muro, esa persona tenía una fortaleza que no dejaba acercarse a nadie. Al

menos así lo vio.

Aunque...

(...)

Dos personas cayeron en medio del salón, dejando en shock a los presentes.

— ¡Darkness!

— ¿Lo lograste?

— ¿O-Oro-Kun está bien?

El grupo cayó sobre ambos pelinegros, quienes se veían heridos aquí y allá.

Darkness masajeó su cabeza, desordenando su cabello.

— Hagan silencio, ¿quieren? Me duele la cabeza.

— Ah, claro.

— Lo sentimos. – Se disculpó Urano.

Darkness miró abajo, donde sostenía el cuerpo de su hermano. Estaba de vuelta, sin signos de

ninguna transformación extraña.

De alguna manera, parecía dormir plácidamente contra su pecho.

— L-Lamentamos ser una molestia... Pero...gracias por ayudarnos... Nunca lo habrías logrado sin tu

ayuda. – Dijo Mistic.

— Agradecimientos no son necesarios...

Dijo, tirando del cabello revuelto del más joven.

— No necesito las gracias por algo tan sencillo como esto.

(...)

Lo declaró como algo sencillo, cubierto de heridas profundas y el olor a sangre fresca. No sabía qué

pensar.

— ¿Alguna queja, Camelia?

— ¿Uh? ¿Sobre qué?

— Sobre tomar un desvío.

— Ah...

Se distrajo hace un momento.

Bufó. — Un ligero desvío no será problema. De todos modos, el Joven Sylph insistirá en ir con usted.

Darkness asintió.

— Entonces está decidido.

Ella sonrió complacida.

— Gracias, Dark. Espero que no se te presenten inconvenientes en la recolecta del paquete.

— Espero que no.

No quería más problemas.

(…)

— ¿Seguro que esta es la ubicación correcta, Darkness? Llevamos un rato esperando.

Luego de cinco minutos sin resultados, Camelia vaciló por tercera vez.

Llegaron al lugar y se apostaron, esperando el susodicho paquete.

— No me equivoqué de lugar. Es aquí.

— ¿O llegamos demasiado temprano? — Dijo, Link, mirando alrededor.

A esta hora del día hacía mucho calor. A menos que la persona tuviera negocios importantes, no

saldrían a esta hora del día.

Yiresia les djo que debían recoger un paquete de un hombre de tez morena, señalando que traería

una cinta blanda en la cabeza.

Sonaba extraño, pero de todos modos aceptaron sin hacer preguntas.

— Oye, Darkness… ¿Por qué tu madre se ve tan joven? Casi parece tener la edad de Camelia.

— Sobre eso... Creo que tiene algo que ver con su magia. No estoy seguro.

— ¿Entonces es algo así como inmortal? – Dijo Camelia interesada.

— No. Morirá como cualquier otro... Al menos eso creo.

— ¿Ahora tienes dudas?

— Incluso siendo su hijo, hay cosas que no sé de ella.

— Hay cosas que los padres prefieren no decirle a sus hijos, pero en tu caso creo que hay demasiado

misterio de por medio.

— Y ahora que lo pienso, ¿dónde estaba tu padre? No lo vi por ningún lado.

Abordó Sylph la duda que Camelia también tenía en mente.

Encontró raro no ver ningún hombre en la mansión con ese papel.

Darkness parpadeó. Cierto, esa pregunta...

— Respecto a mi padre… No hay mucha que sepa de él. Nunca lo he conocido, así que...

— ¿¡Nunca lo has conocido!?

— No.

— Que triste. – Dijo Sylph.

— No necesariamente. Si es igual de raro que mi madre, creo que no podría soportarlo.

Sería demasiado para él.

— Aparte de saber que tengo un padre, no sé nada más, así que olvídense de preguntar por un

nombre y un rostro.

¿Ni siquiera sabía su nombre?

— ¿A-Acaso pasó algo grave en tu familia que terminara en la separación de tus padres? – Sylph

saltó a conclusiones.

—No. Desde que tengo memoria siempre ha sido así. Mamá habla casualmente de él, pero no revela

nada en concreto. A los 10 años decidí rendirme en obtener alguna información de él.

— Uh... ¿Entonces solo viviste con tu hermano y madre?

— Sí.

— ¿En esa casa tan oscura?

— Sí.

— ¿Cómo diablos no te rompiste la cabeza al caerte de las escaleras?

—...

De hecho, pasó algo similar...

Solo que no fue su cabeza, sino la de Orochi, que terminó rota.

— Espera, ¿algo así pasó de verdad?

La dejó hablando sola.

Sylph apartó la mirada, delineando el suelo de piedra. Su vivacidad se marchitó ligeramente bajo la

sombra de sus ojos.

Me siento patético.

Irónicamente, su deseo de conocer más sobre Darkness le jugó una amarga experiencia.

Con cada nueva cosa que conocía, un sentimiento pesado de patetismo lo embargaba. Lo frustraba

no conocer la razón en específico.

Sus vidas diferían en gran manera una de la otra, pareciendo tan diferentes como el día de la noche.

¿Por qué se enfrascaba en hacer comparaciones?

Un chasquido resonó fuera de la boca del asesino.

— ¿Hasta cuándo estaremos esperando ese maldito paquete? ¿Piensa venir o no?

Sylph y Camelia no contestaron. El primero no quería hablar, y la segunda ignoraba la existencia del

peli-morado.

— Link….

— ¿Qué, Dark?

Unas monedas acabaron en sus manos.

— Dado que estamos en la capital, será una lástima si no comemos algo. Ve y compra algo de comer.

El asesino recibió un recado.

Pero no se encontró molestia en su rostro. De hecho, se veía tremendamente feliz.

— Entendido.

Guardando las monedas, se aventuró a la otra calle de la capital, dejando atrás del grupo de tres

personas que seguían a la espera del paquete. Su espalda dejó de verse, suponiendo un poco de

alivio a la pelirroja.

— Ahora que el loco asesino no está aquí, puedo estar más tranquila…

Su comentario no ofendió a nadie, pues la persona no estaba allí para objetar.

Darkness, apoyado sobre su mano, y apoyado en la pared, no dijo nada.

Ciertamente traía zozobra, pues no se sabía cuándo podría terminar explotando contra ellos.

Tampoco es que quisiera hacerlo. Siempre existía la posibilidad de que se dejara llevar por odio a

Sylph.

Bueno, no es que importara.

Como su guardaespaldas, lo cuidaría, así tuviera que matar a Link.

— ¿Orochi visita a Yiresia-San?

Preguntó Sylph, cambiando de tema.

— No tanto como yo. Aunque parece un niño de mamá, es bastante desapegado.

— Entonces el niño de mamá resultaste ser tú.

— ¿De dónde sacaste esa conclusión?

— Eres el más la visita.

— Eso no necesariamente me hace un niño de mamá.

— No es que sea malo serlo. Yo amo a mi madre y no me avergüenza decirlo.

— ¿Entonces también tienes hermanos, Camelia?

— Eh, no, no tengo hermanos. Al menos eso creo.

— ¿...?

— A decir verdad, tampoco sé quién es mi padre, así que...quién sabe, tal vez tenga un montón de

hermanos rondando por allí.

—...

¿Estaba de moda no conocer a tu padre biológico?

— No sé qué decir a eso.

— No se preocupe. No es algo que me moleste. Es preferible no conocerlos, a tener una relación

negativa con ellos.

— ¿Cómo Darkness con su hermano?

— Exacto.

—...

¿Era necesario mencionarlo?

(...)

Los libros empolvados y antiguos repiquetearon al caer al suelo. El polvo que llevaban sobre su

superficie se sacudió, elevando una nube que irritó la respiración.

— ¿…Orochi?

Darkness, de 7 años, miró el tumulto de libros polvorientos.

Se oyó la voz de Orochi tosiendo, de 6 años.

Apartó los libros con su mano libre, saliendo a la vista de su hermano.

— P-Perdón… No pensé que todo se caería encima...

— ¿No te lastimaste?

Para haber presenciado a su hermano enterrado en libros, permaneció calmado, y procedió a

sacudir las partículas de polvo que se fijaron al cabello de su hermano. La nube de partículas se

desprendió de su cabello, poniéndolo de nuevo en negro tinta.

— N-No, estoy bien, Hermano.

Estrechando sus ojos, portó una sonrisa tímida.

— ¿De qué es el libro?

— De magia. ¿Me ayudas a leerlo? Aun no leo muy bien.

— Entonces deberías usarlo para practicar.

— Uh...

Los ojos de Orochi se entristecieron. Darkness frunció el ceño. Golpeó su frente con un dedo.

— Bueno, solo por esta vez...

— ¡...! ¡Gracias, hermano!

— Sí, sí. Será mejor que practiques bien a partir de ahora, pues no estaré toda la vida leyéndote

libros.

— ¡Sí!

(…)

— Hmm…

Yiresia encontró con sus ojos el libro que Darkness sostenía bajo su brazo.

— ¿Tan jóvenes, y ya quieren aprender magia?

— No hay mucho que hacer en esta casa. Aprender magia es un buen modo de pasar el rato.

— Supongo que tienes razón. Aunque creo que es algo temprano para ustedes... ¿No quieren que

adopte una mascota, en su lugar? Podrán distraerse al jugar con él.

— No soporto los animales. — Dijo Darkness, cortante.

— ¿Ninguno?

— Si es por tener una mascota, Orochi me basta.

Por alguna razón Orochi infló el pecho de orgullo.

Yiresia dejó caer sus hombros.

— Esperaba que dijeras que sí.

— Incluso si quiera uno, dudo que pueda soportar vivir en esta casa durante una semana.

Estaba llena de trampas, las cuales debían cuidarse de no activar.

— Ok, ¿qué tengo qué hacer? – Dijo, embargaba de una curiosidad casi insana.

— ¿No lo sabes ya…?

— Puede que haya vivido mucho, pero no soy capaz de saberlo todo. En la magia, fui autodidactica.

Darkness obedientemente le cedió el libro. Ella sonriente como un zorro, ojeó las páginas.

— Uh, ya veo. – Pasó a la siguiente. – Parece más simple de lo que parecía… Pero como no conté con

ayuda de nadie, supongo que era de esperarse que tuviera tantos problemas.

— ¿Fue difícil?

— Mucho. Llegué a lesionarme tanto que se hizo un hábito.

Dijo, obviando lo escalofriante que sonaba.

Cerró el libro de un desaire.

— El primer paso es conocer su afinidad mágica. Al menos eso dice el libro.

— Escribe que se necesita una muestra de sangre.

— Afortunadamente, no parece ser una gran muestra.

— Entiendo.

— Entrégame tu mano, por favor.

— Sí.

Darkness no dudó de hacerlo, y le entregó su mano.

La pequeña mano entró adorablemente dentro de la mano más grande y pálida. Yiresia se rio con

por los recuerdos de hace años, cuando Darkness y Orochi eran bebés.

Rodando la navaja con la hoja hacia abajo, infligió un corte superficial sobre su piel.

— ¿Dolió?

— No mucho.

— Eres libre de llorar si así lo quieres. No seas tímido. Llora todo lo que quieras. Estoy aquí para

consolarte.

— Deja de bromear, por favor.

— Que niño más frío.

...Tal como su padre.

La ranura sobre su piel dejó brotar sangre.

Yiresia colocó su mano suspendida sobre el corte de Darkness.

Su mano se iluminó de una luz misteriosa y blanca.

— ¡Oh, mira…! ¡La sangre está…!

Quien saltó de emoción, fue Orochi, que mirando de cerca, ovacionó a lo alto, poniendo su boca

como una "O".

La sangre de Darkness se coloreó de tinta negra por unos instantes. Luego de parpadear, la

coloración regresó a su estado natural.

— ¡Oh! ¡Lo sabía! Tu afinidad es Oscuridad. Como tu nombre… Sí, sí, sabía que era buena idea

ponerte ese nombre… ¡Mamá siempre tiene razón!

Contenta consigo misma, Yiresia abandonó su mano y sonrió, hinchando el pecho.

— ¿Trae alguna ventaja en particular?

— No sabría decirte. Común no es, ciertamente. Puede llegar a ser muy poderosa si se desarrolla

bien. En el pasado, las personas que tuvieron esa Afinidad, causaron estragos a lo largo de la historia

de Eclipse, o dejaron una fuerte impresión de calamidad que solo ellos podían llevar a cabo. Si fueras

un niño que deseara convertirse en caballero o soldado, no te convendría este poder…

— Antes de nacer, nunca he sido un niño normal… ¿Tendría sentido querer serlo ahora?

— Cierto. Ahora procedamos con Orochi, aunque sospecho que también eres Afiliado a la

Oscuridad, al igual que tu hermano.

— ¡S-Sí!

Hinchado emoción, Orochi fue con su madre.

— ¡Ay!

— Oh, vamos, Orochi. Solo fue un cortesito.

— ¡Puedo ver que lo estás disfrutando!

Hubo un silencio con la luz blanca que emitió Yiresia.

— ¡Oh!

Su voz, alegre y rebosante de vida, llegó a Darkness, que se centró en oír las noticias.

— ¿Cuál es?

— ¡Mira, Hermano! ¡También tengo afinidad Oscuridad! ¿No es genial?

—...

— ¿No es genial? ¡Tenemos la misma afinidad!

—...

— ¿Hermano?

— Sí... Es bueno...

— ¡Ahora podemos entrenar juntos!

Que molesto.

Pensó, inexpresivo.

(...)

Aun cuando se convirtió en mercenario, Orochi quiso seguirlo.

Hermano, voy contigo. Estoy seguro de que puedo ser útil.

¿Por qué no puedo ir?

Darán ventaja más compañeros ¿no? Déjame ir contigo.

¿Eh? ¿Por qué...? Te llevaras a ese asesino de pelo morado, ¿por qué yo no?

P-Por favor... Llévame contigo. Trataré de no ser una molestia.

Por favor...

Hermano...

— Darkness…

Separando los párpados, se fijó en la persona a su lado, el chico elfo de grandes ojos carmesís.

— ¿Estás bien?

— ¿Por qué preguntas?

— Tu maná se descontroló un poco…

— Será tu imaginación.

Contestando aquello, Sylph no se vio conforme y sus cejas levemente se fruncieron por encima de

sus pestañas oscuras.

¿Mi maná se descontroló…?

¿Por un recuerdo del pasado?

— Darkness.

Esta vez, no fue un llamado proveniente de Sylph, sino de Camelia. Ella, indicándole con un gesto de

su mentón, señaló un grupo adelante.

Darkness, con una visión a distancia de la escena, vio una carreta.

— ¿Qué pasa con esa carreta?

Estacionada cuidadosamente a un lado del camino de piedra, la carreta era administrada por un

hombre de cuarenta años, barbudo y de expresión apacible.

A esa distancia podían verse la mercancía apilada en su interior; partes de monstruos o quimeras,

todo dirigido a la venta. El dueño de la carreta negociaba el precio de su mercancía con otro

comerciante. La conversación parecía animada, pero además de eso, Sylph no encontró algo que

mereciera su atención.

— Esto es raro…

— ¿Exactamente qué?

Impaciente, Sylph buscó una respuesta clara de la pelirroja, pero fue Darkness quien contestó en su

lugar.

— Esos comerciantes han estado hablando más de una hora…

Como si eso fuera un asunto grave, inclinó la cabeza. Sylph no podía seguirle el juego.

— ¿Y eso es necesariamente malo?

— Las negociaciones tienden a alargarse, son cosas que pasan, y es normal que a veces tarden más

de lo previsto. Pero...

—…en medio de su conversación han estado enviando miradas hacia aquí.

— ¿Miradas?

¿Por qué?

— Eso nos gustaría saber.

— ¿Quizás estén haciendo algo malo?

— Es posible...

Contando a la persona a bordo de la carreta, serían tres en total. Cada uno de ellos, tomando como

referencia dos minutos de espacio, volteaban a mirarlos por unos segundos, como cerciorándose de

que seguían allí.

¿Nuestra presencia no es bienvenida…?

La manera más rápida sería ir a preguntar, pero dudaba que salieran a responderle con la verdad.

Y esa persona que entregaría el paquete no se veía por ningún lado. ¿Qué pasaba aquí? Incluso él

comenzaba a vacilar de la dirección que le entregó su madre.

Pero ninguno de los lados se movió fuera de su zona. Cada uno permaneció inmóvil durante unos

diez minutos de charlas entre ellos.

Rompiendo el protocolo, uno de los comerciantes, precisando el que estaba en la carreta, se tiró de

su asiento, y dando un aire casual a sus pasos, se acercó al trío de amo y sirvientes. A primera vista

se veía un joven que podría derribar con un golpe, con ropas comunes y algo viejas.

El joven habló con ellos en cuanto estuvo a una distancia cercana.

Sylph se contuvo de estar nervioso, comprendía que eso solo empeoraría la situación, pero los

espasmos en sus facciones eran notables para cualquiera.

— Ey, ¿qué tal?

— Ah... H-Hola…

Contestó Sylph, el más afable del grupo.

— Hace rato que los veo esperando... ¿están esperando a alguien?

Que pregunta más directa... ¿Qué debería responder?

— Hm, no diría eso exactamente…

Darkness se sumó.

— Simplemente estamos esperando la entrega de algo. Debería llegar en un rato.

— Ya veo.

Constreñido de diversas emociones complicadas, el muchacho relajó su rostro endurecido.

— Soy Jil, ¿Cómo te llamas?

— Sylph, Sylph Clover.

— ¿Clover, eh? ¿No es el apellido de una familia de condes?

— Ah, sí.

— Oh, increíble. ¿Eso que esperan tiene algo que ver con tu familia? ¿Cómo algunos artilugios caros?

— No, no, no tiene nada que ver con eso. Es más un encargo sin importancia.

El muchacho entregó una corta mirada a Darkness, regresando al chico en cuestión.

— Las calles se han vuelto más peligrosas estos días. Haces bien en traer sirvientes que te cuiden.

— Gracias. Son gente confiable.

Solo Camelia entregó una reverencia corta, sin inclinarse completamente. El chico se avergonzó.

No era normal tener una sirvienta así de hermosa. Su cuerpo, tonificado y con curvas que resaltaban

el negro y el blanco de su ropa de mucama, solo perdía contra su rostro de porcelana, de mejillas

ligeramente ruborizadas por un rasgo regular.

Abrumó por completo al chico, haciendo que entorpeciera su hablar.

— E-Eres bastante afortunado. No muchos tienen el placer de tener una sirvienta bonita

sirviéndoles...

—Eh, gracias. Es casi como si fuera un ángel, ¿verdad?

Darkness no estuvo de acuerdo con eso. Su personalidad no tenía nada de angelical.

La chica en cuestión no reaccionó. Era como si el asunto no se tratara de ella.

El chico prosiguió haciendo otra pregunta.

—… ¿Están seguros que es aquí donde deben obtenerlo? El lugar parece desierto.

Sylph no tardó en asentir, viéndose seguro.

— Sí. No hay ninguna duda. La dirección es esta.

Aunque hace un rato dudó de que ese fuera el caso.

¿Podían culparlo? ¡Pasaron más de una hora sin resultados! ¡Por supuesto que dudaría de esa

mujer! Probablemente ni siquiera existía ese paquete.

— ¿Eres un comerciante?

El chico entreabrió los ojos cafés. Sylph no empleó un tono malicioso, solo preguntaba por simple

curiosidad.

El chico – Jil – dudó en responder, pero se rindió y sonrió.

— Sí. Estoy de viaje con mi padre para negociar unas partes de animales y Quimeras que

conseguimos en el bosque Neverfrez.

En ese lugar se podía encontrar cualquier clase de mineral, animal, monstruo, o Quimera. Por lo

tanto, era un sitio atiborrado de peligros desconocidos, haciendo que los que entraban en él

dependieran de la suerte para decidir si salían con vida o nunca volvían. Era un matorral de misterios

sin resolver, tragando y desapareciendo a los que intentaron una vez llegar a lo más profundo de él.

Era bien conocido por aceptar a aventureros con sueños y fantasías de encontrar mercancías para

vender y hacerse ricos.

Sylph echó un vistazo a los comerciantes que seguían hablando. ¿No les dolía estar de pie tanto

tiempo?

— Ya veo. Supongo que tu padre es el hombre de bandana marrón.

— Sí, ese mismo. Pudiste reconocerlo a la primera…

— Supongo que es gracias al parecido…

Sylph disminuyó el volumen de su voz, susurrando:

— Uh, no sé si sea correcto mencionarlo… Pero ¿se está haciendo difícil negociar la mercancía?

— ¿Eh?

Esos instantes de duda fueron usados por Sylph para desarrollar el tema.

—Tu padre y ese otro hombre han estado hablando por más de treinta minutos, pero se ven

inquietos. Las cosas no van bien, según veo.

— J-Jajaja, que ojos tienes. Podría decirse que es cierto que el negocio no está yendo como lo

planeado.

Lo que el chico no previó en medio de su risa desganada, era que las figuras de los sirvientes se

movían encubiertamente a la cercanía de su amo, tomando posesión de los francos abiertos. Cada

uno se posicionó como una torre de vigilancia, aumentando la guardia.

Mofándose Jil de su propia desgracia, rascó detrás de su nuca, avergonzado de ser descubierto.

Seguidamente, y llevando una sonrisa trasparente, encaró al trío una vez más...

Fácilmente pronunció las siguientes palabras, dando la efímera sensación de hablar sobre el viento.

— Entonces…

"¿Cuándo se van a ir?"

Su voz cambió totalmente, rebosando una frialdad que envió escalofríos a su espalda.

Sus ojos perdieron cualquier luz de razón, tornándose opacos y vacíos. Era un reto creer que eran los

mismos ojos del joven con quien había estado hablando.

Las alarmas de su cabeza repicaron a todo volumen.

El tiempo, prosiguió transcurriendo remisamente cuando el chico llevó su mano al interior de su

abrigo.

Extrayendo un objeto de sus ropas, el brillo de una hoja plateada tintineó bajo la luz del sol.

Se trazó un corte directo al cuello de Sylph.

Descargando un flash blanco, la emisión brillante parpadeó y se apagó casi al instante.

La hoja afilada de la daga se separó del mango, emitiendo un sonido tajante. Perdiendo su apoyo, se

derrumbó sin más a los pies de Sylph, repicando al toparse con las piedras.

Cada acción que Sylph llevó a cabo, fue hecha por puro instinto. No tuvo tiempo de pensar en nada.

Fue impresionante… Él mismo lo admitía.

— ¡...!

El muchacho no esperaba que su ataque terminara en fracaso. El elfo era noble. Normalmente ellos

no tenían un entrenamiento que fuera capaz de evadir ataques a quemarropa. ¿Cometió algún

error?

Se apartó de un salto, poniendo un rostro inexpresivo.

— ¡...! ¡Guh!

Por segunda vez fue tomado por sorpresa. Antes de poder reagruparse con Tomy y Red, un crujido

áspero de su costado asaltó sus oídos. No pasaron muchos segundos, cuando un dolor alarmante

envolvió su brazo entero.

La embestida lo envió al suelo. Al dar una mejor mirada de la situación, encontró a unos metros

donde antes había estado al hombre de cabello oscuro.

Devolviendo su mirada a su propio cuerpo, se mordió el labio al encontrarse con la vista de su brazo

torcido bizarramente. La sangre se derramaba de los extremos punzantes de los huesos que

atravesaron su carne.

Pero este dolor no era nada si podía cumplir su objetivo.

Sonriendo temerariamente, se puso de pie, sin preocuparse por su brazo herido.

Camelia atacó los esfuerzos del joven. Una cuchilla salió disparada a sus piernas.

No logró cortarlas, pero sí lisiarlas.

Esa chica…

Siseando venenosamente, clavó sus ojos en ella.

Camelia asintió para sí misma, sabiendo que el chico no podría moverse a partir de ahora. Quedaba

tratar con el resto.

— ¿¡...!?

Un vendaval ardiente golpeó su espalda, haciendo que se inclinara hacia adelante.

— ¡Camelia!

Oyó la voz de Sylph, ¿se veía muy mal?

Una nube de vapor reinaba sobre su espalda quemada. La hermosa piel rosácea y llena de vitalidad

ahora mostraba feas quemaduras que desplegaban parte de su carne chamuscada.

Las lágrimas que desearon salir de sus ojos fueron absorbidos de vuelta por pura fuerza de voluntad.

La seguridad del Joven Sylph era primero.

No podía desmayarse.

— ¡AAAAHHHHHHR!

Quizás sorprendida por ese grito, la expresión de Camelia se suavizó levemente. Viendo por encima

de su hombro, encontró que la persona que la atacó antse, ahora tenía su brazo roto.

Darkness le devolvió la mirada.

— ¿Darkness…?

— Debieron haberse ido cuando tenía oportunidad... Ahora nadie se irá hasta que respondan

nuestras preguntas...

Primero, debía evitar que corriera.

Crack.

Sonaba como galletas quebrándose a la mitad. El muchacho no aguantó el dolor de sus huesos rotos

y se desmayó.

— Camelia… Mira al frente.

— ¡Ah, sí!

En eso, alguien saltó sobre ella con un cuchillo en mano.

Retrayendo el cuello, evitó por un pelo el peligroso filo del arma. Algunos de sus cabellos fueron

cortados, bailando en el aire como mariposas.

Sin perder el tiempo, giró por encima de uno de sus pies, que haciendo un arco limpio. Su pierna

hizo contacto por las costillas del hombre.

Camelia lo envió de un golpe al suelo.

Solo quedaba uno. Una vez lo inmovilizaran, tendrían ganada la batalla.

— ¡MALDICIÓN! ¡LOS HARÉ VOLAR EN PEDAZOS A TODOS USTEDES, BASTARDOS!

Gritando cargado de odio, el hombre restante, el chico llamado Jil, movió su brazo furiosamente a su

pecho.

Camelia se congeló.

¡Ese movimiento…! ¿¡Explotará como ese chico!?

Teniendo la certeza de que era el caso, Camelia corrió para interceptarlo, pero la distancia de cinco

metros fue su mayor derrota. Darkness tampoco no podía, era inhumano en muchos sentidos, pero

no podría moverse a su lado en un instante.

La explosión podría lastimar al Joven Sylph. Tenía que evitarlo de alguna manera.

¡Si pudiera moverme más rápido…!

Sylph entraba en el área de la explosión. Si no hacía algo pronto...

Ah…

Darkness, moviéndose en un instante, al ser el más cercano a Sylph, corrió a cubrirlo del daño.

Odio admitirlo, pero es el más confiable en situaciones como esta…

Incluso si lo odiaba, con cada experiencia que vivía aprendía a depositar su confianza en él. Enserio

era desagradable.

De todos modos, ahora no era el Joven Sylph quien estaba en problemas, sino ella.

De todas las personas, soy la más cercana. Si la explosión me llega… Incluso con un muro de agua no

acabaré ilesa…

Pero lo primero era el Joven Sylph, y su seguridad estaba garantizada gracias a Darkness. Por ese

lado, no tenía arrepentimientos.

Preparando ambas manos, se mentalizó para levantar un muro de agua que redujera

considerablemente el daño que recibiría de la detonación.

— No sé qué pretendes, pero es evidente que es algo peligroso…

— ¿Eh?

Apareciendo como un caballero salido de los libros para niños, ondeó el reverso de su espada.

La nuca del terrorista recibió un embate severo.

Sus ojos perdieron enfoque, girándose hasta ocultarse detrás de sus párpados entreabiertos. Su

mano perdió fuerza y se derrumbó, al igual que él.

Tildado de elegante, el hombre que dio su aparición una vez el criminal cayó al suelo, fue un

hermoso hombre que tenía grabada la palabra "genial" en su frente… Al menos figurativamente.

Él era Silver Knight, hijo de una familia de caballeros muy famosa.

Sus ojos, de violeta y dorado, se ladearon aliviados al verlos a todos bien, pero se fruncieron en

preocupación una vez vieron el estado de Camelia.

— Lamento llegar tarde. – Se acercó a ella — ¿Camelia-San, estás bien?

— Ah, más o menos.

La explosión no ocurrió. No podía estar más desbordada de consuelo. Su cuerpo se derrumbó de

rodillas, y la quemazón le regresó a la cruel realidad de sus heridas. Pero la salud del Joven Sylph le

regresó algo de calma.

— ¡Ah, Camelia! ¡Tenemos que tratarte cuanto antes...!

Hondamente preocupado, Sylph corrió a su lado, abriendo sus manos detrás de ella.

— N-No puedo hacer mucho, pero trataré de aliviar el dolor…

Aunque no era un mago curativo capaz de regenerar partes perdidas del cuerpo, podía ayudarla a

sanar poco a poco.

— G-Gracias, Joven Sylph… Lamento las molestias.

— Deja de hablar como si fueras una carga.

—...

Sylph giró hacia al apuesto caballero. Pero no alcanzó a decir algo.

— ¿Qué haces aquí, Silver?

Darkness se encontró cara a cara nuevamente con el apuesto hombre, a quien tenía en un puesto

más arriba de personas que no quería ver. Incluso Camelia era más soportable que él. Algo en él le

molestaba. ¿Sería que brillaba sin importar dónde estaba?

Pisadas se oyeron a un lado del grupo conglomerado. Su cabello violeta no era fácil de confundir, al

igual que esos ojos llenos de malicia. En sus manos traía una bolsa llena de pinchos de carne.

— Eh… — Vio al elfo que tanto odiaba tratar a una herida Camelia, al caballero galante que era

detestado, y a su compañero viendo resentidamente al tercero. Todo junto a un caos considerable—

¿Qué pasó aquí?

(…)

Teniendo al cuarteto reunido en un solo sitio, el buen caballero les habló avergonzado.

— Hubiera preferido verlos en mejores condiciones, pero… Sé que deben estar confundidos, así que

pueden preguntar todo lo que quieran. Responderé lo mejor que pueda.

— Gracias, Sil. Encima nos trajiste aquí…

De las cuatro personas sentadas, solo Sylph estuvo dispuesto a entablar una conversación. El resto –

Camelia, Link, y Darkness – no tuvieron la motivación para hablar con el hombre.

A fin de cuentas, se reunieron en una tienda de comida, con el objetivo de desglosar los

acontecimientos ocurridos hace poco. Mientras esperaban la comida, devoraban su entremés en

silencio a fin de aplacar la ansiedad por el repentino ataque al grupo.

— Me siento culpable por llegar tarde. Camelia-San resultó herida—

— Mi salud no es algo por lo que deba preocuparse, Silver-Sama. – Camelia adjuntó su voz mecánica,

cortando la disculpa reflexiva — Por culpa de mi descuido, terminé lastimada, no es algo por lo que

deba hacerse responsable.

— Solo acepta la disculpa, o nunca llegaremos a ningún lado.

— Entiendo… Lo siento por molestarlos. Quiero decir... gracias.

— No hay de qué.

— Sil, estoy confundido respecto a lo que acaba de ocurrir. Primero esos comerciantes se veían

inquietos por nuestra presencia, y luego nos atacaron sin previo aviso… Y entonces apareciste…

Silver sonrió dolorosamente.

— Debió ser horrible atravesar eso… Supongo que comenzaré por el principio.

Darkness, desde su asiento, no movió su cabeza ni su cuello, pero dirigió sus verdes pupilas hacia el

chico que comenzaba a hablar.

— Recientemente, durante estas semanas, la orden de caballeros ha recibido informes de una serie

de negocios ilegales.

Expectación afloró de los ojos rubís de Sylph, que no tenía idea de las dificultades del bajo mundo.

— Estos negocios ilegales comenzaron de poco a poco, hasta que estuvimos conscientes de que se

trataba de algo grave. Incluso ahora, hay personas que no ven esto como algo que deba tomarse

enserio. Por culpa de estos negocios, hemos aumentado la seguridad de los puntos de control en las

entradas de la ciudad, buscando las mercancías ilegales que se han estado expandiendo por Eclipse.

Los intercambios se han hecho tanto fuera, como dentro de la ciudad. Cada uno de ellos tiene

coartadas sólidas y no es fácil investigarlos. Por esa razón, he estado siguiendo específicamente a

una carreta comerciante, una de las primeras en ser sospechosas de ventas ilícitas. Para pasar

desapercibido, investigué con bajo perfil. Hoy los estaba siguiendo, pero me topé con un intento de

homicidio en plena calle, y tuve que inmiscuirme. Para cuando terminé con el maleante, no encontré

la carreta, como si se hubiera esfumado.

— Y-Ya veo. – Hubo un término que le llamó la atención a Sylph. — ¿A qué te refieres con ventas

ilegales?

— Hm, eso…

No era algo que pudiera decir a la ligera, menos a una persona como Sylph.

— Son partes semi-humanas ¿Cierto?

— ¡...!

Silver sintió como el corazón se le detenía de golpe. Su visión automáticamente se encontró posada

sobre Darkness, el que profesó lo que ni él mismo se aventuraba a decir. Él tenía una sonrisa ladina,

que apenas era visible para alguien que no lo conociera.

— ¿Partes…semi-humanas?

Sylph repitió aquellas palabras como una maldición venidera, analizando lo que significaban y el

fondo de su gravedad.

— D-Darkness…

Gimiendo su nombre repleta de objeciones, Camelia no encontró satisfactorio que expusiera ese

detalle que solo ellos y Etanol deberían saber.

— ¿Hay algún problema? Solo dije una posibilidad…

Silver se encontró contra la espada y la pared, atrapado en las redes maliciosas de Darkness. Era

astuto como un zorro, o sería mejor decir como una víbora.

Demonios. Debo cambiar el tema.

— E-Entonces, prosiguiendo con lo que hablaba... Estuve investigando ese comerciante de nombre

Tomy con los otros vendedores ambulantes, pero ninguno me dio información concisa de él. Era

como un fantasma para ellos, y afirmaban no conocer nada de su vida o persona. Es cuando me

interesé por él. Sus intercambios comerciales no eran hechos en lugares públicos, sino en donde

nadie los viera. Me tomó tiempo localizarlo, y cuando llegué, ya estaban ustedes allí…

— ¿Eh? ¿Pero, y…? – Sylph, aturdido por el cambio repentino, buscó regresar con voz torpe.

—Eso explica por qué llegaste tarde. Irónicamente, llegaste en el momento correcto. – Camelia

mantuvo el flujo de la conversación, opacando al elfo que vacilaba.

¿Partes semi-humanas? ¿Qué era eso? ¿Acaso Silver evitó el tema a propósito, o lo hizo sin darse

cuenta?

No puedo seguirlos. Al menos hagan una pausa.

— A-Ah, cierto… Muchas gracias por ayudarnos cuando estábamos en apuros. No entiendo qué

intentaba ese hombre, pero…

— Yo tampoco, pero seguro era algo peligroso. Prioricé detenerlo antes de que fuera tarde.

Pero, no era toda la razón por la cual lo detuvo con apremio. Pudo ver la llama de sus ojos, un fuego

ardiente de mártir que estaba a punto de entregar su vida. En cuanto lo vio, tuvo una corazonada.

Sobre que pensaba suicidarse.

Matarlo habría sido sencillo, pero existía la posibilidad de que al morir detonara algún mecanismo

igual de peligroso, por lo que optó por inmovilizarlo.

— De todas formas, muchas gracias por salvar a Camelia. Enserio te lo agradezco. Pero… me gustaría

saber qué harán con esas personas…

La mano del caballero se acopló sobre su mentón.

— Eso es fácil. Las retendremos en celdas separadas, y veremos cuánta información podremos sacar

de ellos. Aunque no parecen que vayan a cooperar mucho…

Los mártires entregarían sus vidas por un ideal. Ese tipo de personas no hablarían aunque los

torturaran día y noche. Eran un problema serio para las interrogaciones.

— Gracias por la larga espera…

La chica mucama trajo en una bandeja la comida de cada uno, posando los boles de sopa y platos de

pan horneado frente a cada uno. Le echó una mirada sutil al guapo hombre rubio, saliendo

despavorida cuando él le agradeció por su amable servicio.

— Ese otro chico también era un caballero, ¿verdad? ¿Era amigo tuyo? – Preguntó Link atrayendo el

plato de sopa hacia él. Si fuera por él, ignoraría completamente al caballero que agriaba su alimento,

pero tenía cierto interés por la persona que apareció cuando todo hubo terminado y se llevó a los

criminales.

Su cabello era un naranja encendido, inconfundible con cualquier otra cosa. De forma similar a

Silver, de buen parecer y una mirada suave, pero que bajo una mirada más cercana, era intensa

como fuego apasionado.

La seriedad que Silver llevó perfectamente durante el principio de las explicaciones encontró su final

en poco tiempo, instalándose una estupenda sonrisa despreocupada sobre él.

Camelia tuvo la decencia ahorrarle palabras al caballero.

— Supongo que no lo sabes porque no asistió esa vez pasada en la visita de los Knight. Esa persona

es el hermano menor de Silver-Sama, su nombre es Sonata-Sama. Y al igual que Silver-Sama, es un

caballero.

— ¿Eh?

Darkness recibió otra mala noticia. El caballero tenía un hermano. No había peor noticia.

De todas las cosas…

— Silver… — Sylph aprovechó esa abertura. Había esperado por una oportunidad como esta. –

Fueron arrestados por ser sospechosos, pero ¿qué tipos de negocios ilegales llevaban a cabo? Al

final, sigo sin saberlo.

—…

Por más que esperó, no oyó ninguna palabra. Fuera mercancía robada, armas, o productos nocivos,

de la boca de Silver no salieron ninguna de esas razones. Sus labios quedaron sellados, y la mirada

que mantuvo en calma se deslizó fuera de su visión.

—… Perdón, Sylph. Dije que respondería todas tus preguntas, pero esta no puedo responderla.

— ¿Eh?

Intuyendo una carga pesada en cada sílaba, emitió un sonido ahogado de su garganta. Le costó

cogerle el sentido a lo que dijo Silver, ladeando sus ojos teñidos de rojo.

Tenía una profunda confusión que era difícil de quitar.

Por sobre todas las cosas, y por encima de todo, depositaba una ciega confianza en la franqueza de

Silver. Al crecer y conocerlo durante todos estos años, lo llegó a considerar un hermano más.

Cualquier cosa que le preguntara, le era respondida independientemente del tema.

¿Por qué…?

— ¿Por qué…no puedes? – La voz tuvo dificultad para salir completa, y se fragmentó durante la

mitad.

SIlver no hizo nada para encubrir su arrepentimiento. Mechones sedosos de su cabello resbalaron

por encima de sus ojos, bajando una pared semi-transparente.

Es mejor que Sylph no lo sepa. Prefería tenerlo aparte de ese mundo, el cual no trazaba una línea

clara del bien y el mal. Era mejor si Sylph no se enteraba de la verdadera mercancía.

Se horrorizó al saberlo. Las grandes cantidades de pieles, accesorios y partes semi-humanas eran

transportadas por el comerciante. Todo era real, cada cosa. Tuvo náuseas al comprobar la veracidad

de cada producto.

Un dardo venenoso pinchó su corazón cuando oyó a Darkness mencionar las partes semi-humanas.

Sobrehumanamente controló el pánico y la sorpresa. Y Camelia… Ella mostró entendimiento de lo

que Darkness mencionó… ¿Cómo sabían de ello? ¿Se enteraron por otros medios?

Sylph no debía saberlo.

— Esa información es insignificante, así que no te preocupes por esos detalles.

A través de sus tenues gestos, atenuó la importancia de lo que quería saber. Repitiéndose a sí mismo

que era mejor si no lo sabía, dibujó sobre su cara una sonrisa relajada. Un sutil malestar lo atravesó

al tener que ocultarle cosas a su amigo.

—…

Sylph, recibió de frente aquella suave sonrisa que emitía un aura tranquilizadora. Una voz dentro de

su cabeza le dijo que no había nada por qué preocuparse. Si Silver decía que los detalles no eran

importantes, debía ser así.

Cierto, no es importante…

Pero… ¿Por qué no dejaba de estar inquieto? Esta sensación era la misma durante sus malas

premoniciones. Su nuca ardía, no tanto para quemarlo como fuego, pero un malestar yacía allí,

como un brasa que no se apagaba.

— Entiendo.

Emanaba impotencia. Darkness y Camelia parecían saberlo. Link no lo parecía, pero su intuición

probablemente acertaría, o en otro caso, le preguntaría a Darkness directamente.

¿Por qué era el único que no sabía nada?

No se sentía nada bien ser excluido.

(…)

La despedida de Silver provocó escozor en la herida de Sylph, quien no se podía controlar por querer

el conocimiento que los demás alejaban de él. ¿Qué podría ser tan malo para que lo ignoraran?

Al final, al volver con Yiresia y platicarle del barullo que se armó mientras esperaban el paquete, ella

sonrió traviesa como una niña que hizo una travesura a sus padres.

— Vaya, que experiencia… Por cierto, sobre el paquete, no se preocupen. La persona que iba a

entregarlo no pudo ir, así que no se sientan mal.

¿¡HAH!?

¡Prácticamente perdieron el día para nada!

Sylph y Camelia tardaron en aceptarlo, pero Darkness y Link supieron de inmediato que ella mintió

sobre la entrega del paquete, o de su misma existencia.

¿Por qué quería que fueran allí? ¿Acaso conocía a esos hombres y los envió a atacarlos? No, eso no

era posible. No tenía razones para hacer algo como eso. A menos…

Podría querer deshacerse de Sylph…

Negó fervientemente.

Si eso quisiera, habría puesto más empeño en ello y no hubiera mandado personas como esas para

el trabajo. Y en todo caso, él no permitiría que Sylph muriera, incluso si era su madre la atacante.

Le preguntaré otro día.

Avisándole por una mirada, le prometió regresar a obtener respuestas. Ella asintió, agradeciendo

una vez más por los regalos.

Junto con Link arrastraron a las dos personas que tenían deseos fervientes de quejarse con la mujer

peli-blanca.

— Tu madre es un caso excepcional.

No lo decía positivamente.

Una vez fuera de la tenebrosa mansión de paredes negras, Darkness fue honesto.

— Te lo dije ¿no?

— No recuerdo que mencionaras que era una mujer joven con odio hacia los elfos.

— Te equivocas en ambas cosas. No es una mujer joven, solo lo parece. Y, no es que odie

específicamente a los elfos. Solo te odia a ti.

—…

Quizás estuvo malo decirlo directamente… O mejor no. Mientras más tuviera presente que Yiresia lo

detestaba, tendría cuidado de ella, lo que era una ganancia.

— Estoy de acuerdo con Darkness, Joven Sylph. Mejor mantenga su distancia de esa mujer. Se ve

peligrosa.

— S-Solo por esta vez estaré de acuerdo con ustedes.

Sylph y Camelia eran los únicos hablantes del cuarteto, puesto que ni Darkness ni Link eran personas

que amaban hablar. Link iba en la cola del grupo, mirando desinteresadamente sus alrededores

vacíos de gente.

Snif, snif, snif.

Darkness viró su cabeza por encima de su hombro, poniendo el ojo sobre Link, que movía la punta

de su nariz hacia una dirección.

Tomando parte de su ejemplo, olisqueó el aire sin alertar a Sylph o Camelia, quienes no preveían su

comportamiento cortante.

Este olor es… sangre.

Entreabrió los ojos, aguzando sus sentidos.

Usualmente, los robos y consecuentemente homicidios eran bien conocidos para las personas

desafortunadas que se metían en callejones oscuros o borrachos que salían tarde en la noche. Ellos

eran los primeros objetivos para el robo de sus pertenencias, y, dependiendo de la persona, podía

matarlos si así quisiera. Si uno de esos escenarios se diera, explicaría el olor a sangre.

— Hmm…

Su ceño que solo se fruncía cuando el elfo le hablaba, se vino a poner surcado de arrugas poco

profundas.

Sus ojos buscaron inmediatamente a Darkness.

— Darkness.

— ¿Qué ocurre?

Conocía a Link. A él no le interesaba ayudar a las personas o ser defensor de la justicia. Menos

siendo un asesino a sangre fría que era buscado por la ley.

Si mencionaba el tema, debía ser por algo.

— Huelo sangre proveniente de uno de los callejones, no mucha cantidad, de hecho, pero… —

Dudando si hablar o no, por tener diferentes prioridades, encaró a Darkness que se había detenido a

verlo. — Creo… que le pertenece a la coneja...

(…)

Duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele…

Jadear no mejoraba sus intentos por obtener aire, pero el intenso dolor dentro de su omoplato

izquierdo la forzaba a buscar aire para mantenerse consciente. El dolor era causado por el agudo filo

del arma blanca que yacía enterrado dentro de su carne, quedando incrustado y empeorando su

malestar. Evitaba que la sangre saliera a su antojo, pero a la vez causaba más dolor por la

irregularidad de su respiración.

El piso de piedra enviaba una fría sensación a su mejilla y manos tendidas.

¿P-Por qué…?

Tap, tap, tap, tap.

No, no, no, no vengas.

El corazón, encogido de terror se comprimía al dar latidos erráticos. La inmovilidad de sus músculos

empeoraba conforme lo oír acercarse a paso ligero.

Quería gritarle que se alejara, que se fuera de allí, pero incluso sus cuerdas vocales fueron

arrebatadas por el miedo. ¿Por qué no podía moverse?

Ardía en deseo por correr de él, huir y ponerse a salvo.

Incesantemente repetía "Asura-Sama, por favor, ayúdeme" presa del terror de la muerte. El llanto,

el único aspecto que no era contenido, se desbordaba de sus agitados ojos coloridos.

— ¡Wein, idiota! ¿¡Qué parte no entendiste de no lastimar su piel!? ¡Esto devaluará su valor,

imbécil!

— L-Lo lamento, Quil-Sama. Cuando comenzó a correr, temí que escapara y entonces…

— Los semi-humanos tipo conejo son rápidos, te lo concedo, pero eso no sería suficiente para

escapar de mí. Hubiera sido mejor suministrarle el tranquilizante por vía oral…

— Enserio lo siento.

— Aww…

¿Qué voces eran esas?

Cierto, en su regreso a la calle principal, se topó con dos hombres. Uno era bajo y de cara zorruna, y

el otro grande, y temible en todo aspecto visible. Su mala sospecha fue certera.

Sus instintos animales le avisaron a buen tiempo que lo abandonara todo y huyera, comenzando su

vuelta para alejarse de aquellos hombres.

En línea recta, corrió hacia otra calle, pero antes de tomarla, un fortuito aleteo filoso vino por su

espalda, el filo se incrustó en su hombro, arrancándole un grito y parando su carrera.

No comprendía cómo no había nadie allí, pero supo que estaba sola en ese lugar, mientras un

entumecimiento severo adormecía su cuerpo y su cuerpo dejaba de responderle.

Estoy acabada. Estoy acabada. Si bien ya podía ser cierto, su deseo de vivir no disminuía y

aumentaba con cada paso de las personas detrás de ella.

— Y justo cuando encontraba una chica linda…

La persona que lentamente daba pasos a la chica boca abajo, se detuvo al estar a menos de un

metro. De su mano sostenía un cuchillo de un filo, poniendo su dedo índice sobre la parte superior

de él.

Desde su sitio, Alexis avistó por completo el filo del arma, que en la oscuridad del callejón tenía un

aire peligroso.

¿¡Qué va a hacer!?

— Entonces… Mejor hagámoslo rápido antes de que intervenga alguien. Es difícil deshacerse de

ellos…

Balanceando el cuchillo como un malabarista jugando con pelotas, se inclinó sobre la chica conejo.

Sus piernas se flexionaron, colocándolos en cuchillas.

Ruurr. El bizarro espectáculo del cual Alexis esperaba ser la víctima, no ocurrió, y sintió menos peso

sobre su piel. Oleada de brisa seca acarició su piel desnuda.

¿Eh? ¿Acaso él…?

Cortando desde los bordes, la ropa negra y blanca de sirvienta de Alexis fue desgarrada y echada a

un lado como tela vieja. Manejaba el cuchillo de forma que no cortara su lechosa piel, extrayéndole

la ropa con sumo cuidado.

¿¡Qué!? ¿¡Qué pretende!?

Gracias a su maestría con el cuchillo – Quil – concluyó parte de su labor, enrollando los retazos de

ropa y arrojándolos a su espalda. Ahora la muchacha conejo estaba indefensa, tal como vino al

mundo. Su piel era nívea y hermosa. Si su objetivo fuera satisfacer su deseo sexual entonces la

tocaría sin dudarlo.

La herida de Alexis escoció más al no sentir las manos del chico sobre ella, internándola en otro tipo

de temor.

Si no buscaba su cuerpo, ¿qué…?

— Menos mal, no tiene cicatrices. Estamos de suerte, Wein.

— Sí, Quil-Sama.

— ¿Acaso solo sabes decir "Quil-Sama"? Haz silencio por un momento, si no, no podré

concentrarme.

Por un momento, bajó el cuchillo al suelo. El Clink metalizado devolvió algo de color a sus labios

pálidos. Pero fue colmada de una inmensa inquietud al ver el otro objeto que traía en la mano.

¿P-Para qué quiere una jeringuilla?

Presa del pánico, intentó moverse, pero su cuerpo no respondía. No podía mover siquiera los dedos

de sus manos y pies, ni uno solo. Se remordía por ser tan incompetente e inútil incluso para su

propia seguridad.

Cualquier cosa que tramara el chico, no era nada bueno. Sus ojos no brillaban de lujuria ni ambición.

Estaban vacíos y opacos como ciénagas. Sus dedos se ajustaban confiados de la jeringuilla. El metal

de la aguja era una delgada línea blanca que se anteponía al acercamiento a sus de los brazos.

Desconocía los efectos que tendría sobre ella una vez le fuera inyectado.

¡No, no, aléjate! ¡No te acerques! ¡NO!

— ¡ALÉJATE! ¡...!

— ¿¡...!? ¿¡Qué demonios!?

El chillido que emergió de lo profundo de su garganta conmovió los cimientos del callejón,

propagándose en ondas vibrantes que desquebrajaron el vidrio de la jeringuilla. Se desplegaron los

trozos afilados por las piedras apiladas, y una solución blanca dejó una mancha elíptica.

Las ondas sonoras le tendieron una extrema dolencia al hombre más cercano. Sangre brotó de sus

oídos, y sus manos tiraron la herramienta para ir a tapárselos y evitarse más daño. Bajó la guardia…

Lo sabía, pero ¿cómo pudo la chica conejo poder gritar así? Explotó sus tímpanos aun estando

paralizada.

Wein se tapó los oídos, pero incluso él se vio afectado por el ruido, desplomando su concentración.

Esto era un gran fallo del que ni ellos podían burlarse. Pero tenían seguridad del que el veneno era

efectivo, y no podría moverse.

— ¡M-Maldita…!

Con sangre goteando de sus oídos, desplegó su pie a las costillas de Alexis. Su cuerpo, envuelto en

parálisis, no pudo moverse y terminó golpeando una de las paredes. La patada retiró el cuchillo de

su cuerpo, pero el aire que saciaba sus pulmones salió disparado, empeorando por culpa del dolor

de su costado.

— ¡Guh, cof, cof!

Es inútil… N-No puedo moverme…

El grito de antes podía atañerlo a una medida defensiva. Como su cuerpo no podía moverse, recurrió

a imponer un ruido que aturdiría a sus atacantes. Si tuviera alguien que la ayudara, bien podría

haber sido efectivo, pero estaba allí, sola.

No quiero morir…

— ¡Ahora mira lo que me hiciste hacer, maldita! ¡Se supone que no puedo lastimarte la piel, y aun

así, aun así…! Ah... ¡Towin-Sama se enojará de nuevo…! ¿¡Cómo esperas que logre explicarle una

infracción como esta!? ¿¡Estarás allí para decirle que fue tu culpa!? ¿Lo estarás?

Su rostro se torció de ira, mostrando la oscuridad que guardaba. Se tomó su tiempo repartiendo una

serie de insultos insulsos hacia ella, agitando el cuchillo de un lado a otro. De su incompetencia por

no quedarse quieta y esperar su final, llegó a quejarse por los problemas personales que tenía. Su

diatriba perdió sentido desde los primeros segundos, vagando en insustanciales réplicas que no le

atañían.

— ¡Y encima no puedo lastimarte más…! ¡Que frustrante! ¡Maldición…!

Estiró su mano hacia atrás, a su subordinado. Era tan enorme que no sería un error catalogarlo de

monstruo de dos metros. Ancho como una montaña y oscuro de piel.

— Dame la otra jeringuilla, Wein.

El gigante bajó la cabeza, tardando en darle lo que pedía.

— Lo lamento, pero el grito de antes rompió la de repuesto.

— ¿¡Qué!? ¿¡Esa también!?... ¡Oh, maldición! ¡No podemos matarla así…!

Pataleó y se quejó en voz alta, olvidándose de ella por un momento.

Al menos… me hubiera gusta un final más silencioso.

— ¡Olvídalo! – Rascándose la cabeza, la miró rabioso. – Habrá que llevarla… Wein, encárgate.

— Entendido.

El hombre imponente y de oscura tez extendió sus manos hacia Alexis. Ella deseó encogerse de

miedo, pero desafortunadamente no podía mover un mísero dedo. Solo sus lágrimas tenían la

libertad para caer de sus mejillas.

Es el fin.

Una vez se la llevaran, ya todo estaría…

— Si me disculpan…

— ¡W-WRUAAAAH!

Alexis despertó de su corto sueño de auto-lástima, avistando la espalda de alguien. En ambas manos

traía un cuchillo de dos filos, de color plata.

Del reverso de su cabeza sobresalía cabello violeta, sedoso y esponjoso.

En el suelo chapotearon dos muñones. Tenían cinco dedos cada una, y la parte que continuaría la

muñeca no estaba conectada a ellas. El corte fue hecho limpiamente, desbordando cantidades

generosas de sangre de las venas abiertas del brazo.

Las manos terminaron tiradas por allí, como objetos sin valor.

¿Eh…? ¿Ese es…?

— Aunque no es lo mío defender una chica que no me importa, si una sirvienta desaparece podría

convertirse en un problema.

Aunque sus palabras eran punzantes, su sonrisa no vaciló en desplegarse abiertamente. Sus ojos

azulinos, claros como el mar, tenían en la mira su presa; el gran hombre negro que se retiró a causa

de sus manos cortadas.

¿¡Link-Kun!?

— ¿¡Quién eres tú, maldito!? ¡Le cortaste las manos a Wein…! ¡Ahora me es inútil…!

— ¡Grum…gup! Q-Quil-Sama, quédese atrás.

— Me encantan cuando se defienden. Eso lo hace más divertido.

Gozando el olor de la sangre después de tanto tiempo, Link saltó hacia el cielo.

— ¿¡Arriba!?

— Incorrecto. Reprobado.

En el cielo no había nadie. Cuando Wein inclinó su mentón hacia abajo, el filo de la navaja entró

hasta lo hondo de su garganta, destruyendo todo a su paso y dando lugar al desborde de la sangre.

— ¡Grhgshhrcofcof! – La espuma roja selló su boca, saliendo aun cuando no lo quería. La fuerza de

sus fornidas piernas se derrumbó junto con su cuerpo de espaldas al suelo, dibujando un chorro de

sangre que adornaba el lugar con una dantesca pintura de asesinato.

— ¡Wein! ¿¡Cómo no pudiste esquivar eso!? ¿¡Es por las manos!? ¡Es por las manos! ¿Verdad?

¡Sabía que las manos eran importantes, maldición!

Wein, su compañero, dio su último suspiro en medio de la sangre y la falta de aire, oscureciendo el

brillo de sus ojos lívidos. No podía resistirse ante el llamado de la muerte.

Link paró de moverse, ojeando por encima el cadáver. Se veía sinceramente desconcertado.

— Esa fue una muerte rápida. Parecías ser más resistente, o mi percepción de resistencia se ha

deteriorado al conocer a Stone-Kun.

El chico más resistente que el acero, y de personalidad problemática que no pudo asesinar, constaba

uno de sus metas por cortar en pedacitos. Algún día lo lograría.

Ladino perfiló su cabeza, buscando en qué se equivocó. Creyó que ese ataque no penetraría su piel,

pero lo cortó limpiamente y acabó con su vida en menos de lo que canta un gallo. Eso no estaba

bien. Le gustaba que durara todo lo posible…

Alexis estaba aterrada. No del hombre oscuro, ni del chico de la jeringuilla, sino de su compañero de

trabajo, Link. Lo pensó como un chofer de mal genio que tenía en un pedestal a Darkness y que lo

admiraba por su talento en el trabajo, pero…

— ¡A-Ah, eso no está bien! ¿No lo está? ¡Claro que no está bien! ¡Se suponía que la chica era fácil,

pero luego hizo eso, y ahora Wein dejó de moverse…! ¡No está bien!

Su pánico era extraño. Se quejaba y lloraba, pero no retrocedía frente a las ansias asesinas de Link,

quien sostenía el cuchillo bañado en la sangre de su camarada.

Las gotas pintaban soles por donde caminaba, desfilando de la hoja carmesí.

Link, haciendo un puchero poco conveniente en un campo de batalla, levantó su cuchillo y lo miró.

— Ah, diablos… Se manchó la ropa… La sangre es difícil de quitar… Ahora no tengo mi abrigo…

Link también se puso a quejarse de cosas triviales, viendo que su pecho tenía grandes manchas

rojas.

— Aunque sinceramente creo que me veo mejor así… Uh, pero Asura no lo aceptará… Demonios…

Girándose a medias, miró a Alexis tendida con su cuerpo al descubierto. Su desinterés al ver una

mujer completamente desnuda era incluso hiriente.

— Oye, Alex, ¿Puedes moverte ya?

—…

Intentó hablar, fuera al menos un grito o un ruego, pero solo salió un gemido silencioso.

Con ello, Link tuvo una buena idea de lo que sucedió. Sonrió como si descubriera algo divertido.

— Ya veo. Veneno, ¿cierto? Si no te puedes mover, debió ser uno paralizante… Pero pudiste gritar…

Bien hecho, quizás en un futuro tengas resistencia a los venenos. Tienes potencial…

¿De qué está hablando este tipo? Resistencia al veneno no es algo que quisiera conseguir.

A diferencia de sus días usuales de trabajo, el Link de hoy estaba radiante y vivaz. Incluso se acordó

de su nombre. Marcaba un contraste notable con su yo normal.

O este era su "yo" usual.

Cuando comenzaba a hundirse en divagaciones sobre el peli-morado, la suspensión de sus piernas la

levantó de su letargo momentáneo.

¿Eh? ¿Qué es esto?

Link sonrió oscuramente, albergando un temperamento delicado.

Su visión subió desde el suelo a una altura similar al pecho de una persona. El contacto frío bajo sus

rodillas y tras su espalda le confirmó que era la piel de una persona, pero una rígida calma la

envolvió cuando supo de quién se trataba.

Arribando con suma calma, Darkness ajustó la firmeza de su agarre para sostener a Alexis. Aun con

sus intentos de ser suave, la herida debería dolerle horrores. Bajo sus costillas, un moretón

comenzaba a formarse.

¿Le habría roto una costilla?

No sintió resistencia. Estaría paralizada por alguna droga o veneno.

— Link, encárgate de él.

— Vale

~

.

— ¡Ah, espera! ¡Esa es mi presa! ¡La necesito! ¡No te la lleves! ¡Es importante, eh, eh!

Haciendo caso omiso del chico lunático y experto en hacer quejas, salió disparado del callejón oscuro

a la claridad. La luz no se sintió bien para él, pero deslumbró los párpados de la chica de cabello

oscuro. El aire limpió sus fosas nasales y relajó su tenso cuerpo.

— ¡Alexis!

—…

Agitando su corto cabello rojizo, Camelia apareció con el Joven Sylph a su espalda. Pero se giró a

último minuto a taparle la vista al inocente chico.

— ¡Wuah! ¿¡Qué pasa, Camelia!?

— Debo pedirle que se voltee hasta que le diga.

— ¿¡Por qué!?

— ¡Sólo hágalo!

— ¡Eres irrazonable!

Camelia encaró a Alexis, quien no podía moverse un centímetro, y, quitándose la parte exterior de

su ropa, la vistió por encima, al menos ocultando las partes importantes.

Ella quedó en ropas menores, galanteando una ropa compuesta de sus medias blancas que se

conjuntaba con su sujetador y corsé que alternaban en colores claros.

Un puñetazo resonó. De la profundidad del callejón un cuerpo fue echado al otro lado, con

numerosos cortes en su pecho y brazos. Aun de espaldas, maniobró para no caer y lastimarse más

de la cuenta. Del pasillo a oscuras salió Link, sonriente y aliviado.

— Un poco más y qué sería de Alex. Lamento si fui grosero por intervenir…

Sus disculpas sonaron vacías, pero el hombre que cayó de pie, se levantó.

— ¡Claro que lo fuiste! ¡Ahora seré regañado de nuevo por Towin-Sama…! ¡Será la cuarta vez este

mes! ¡No quiero! ¡Towin-Sama da miedo!

— ¿Towin-Sama?

Sylph, que pudo reunirse con Camelia y Darkness, ojeó por encima al hombre del cual brotaba

sangre de las heridas. No intuía a profundidad la capacidad del peli-morado, pero daba veracidad de

su talento para matar.

La primera vez que conoció a Link, fue cuando intentó matarlo. No eran buenos recuerdos. Esta sería

la segunda vez que lo vería en su modo asesino.

Por lo que analizó de la situación apresurada, Alexis fue atacada por ese hombre que yacía allí. Ella al

parecer no podía moverse, y no llevaba ninguna prenda encima, a excepción de la que Camelia le

colocó, quedando un poco indefensa por la reducida ropa. Estaba semi-consciente, dando gemidos

por un corte profundo en su espalda.

¿Por qué atacaron a Alexis-Chan? ¿Qué intentaban hacer…?

— Alexis-Chan, ¿estás bien?

— J-Jov…en… Sylph…

Débil y entumecida, apenas logró pronunciar esas dos palabras en fragmentos separados. Sus ojos

encontraron una fuente de aliento, la fuente era su señor. Tenerlo allí mitigó un poco el dolor de su

espalda.

Camelia, asintiéndole a Darkness, le indicó que pusiera al aire su espalda. Al tener su piel expuesta,

Sylph extendió su palma sobre el corte.

Luz brotó de su mano.

La sangre que seguía goteando disminuyó un poco el ritmo, y el brillo blanco ayudó a su

recuperación.

Sylph se sintió mejor viendo cómo se volvía algo útil.

¡Klan!

El cuchillo voló por los aires dando giros, al tocar el suelo hizo un escándalo. Sylph se mostró

confundido.

Darkness frunció el ceño, preocupado por la buena puntería de ese ataque.

Un cuchillo que vino hacia Sylph, mientras estaba concentrado en curar a Alexis.

Le dio una mirada muda a Link, el cual asintió.

— Voy.

Link chocó su daga contra el cuchillo de Quil. El choque de fuerzas terminó con Link ganando y el

cuchillo cayendo lejos de su dueño.

— Ok, ¡esto no está bien! ¡Ah, Towin-Sama! ¿¡Qué hago!? ¿Debería irme…? ¡Uhhhh, no quiero!

Su mano sangraba por el choque de antes, pero se centró más en lamentarse.

— ¿¡Por qué se meten en mis asuntos!? ¿¡Sus padres nunca le sobre advirtieron no meter sus

narices en los problemas de los demás!? ¡Ahora estoy atrasado con la entrega!

— ¿D-De qué estás hablando? – Sylph no podía seguirle el ritmo. ¿De qué entrega estaba hablando?

— Comienzas a irritarme. Me gustan que lloriqueen, pero tú eres un caso extremo.

— ¡Esto está mal, está mal, muy mal, mal, mal, mal! ¿A-Ahora qué hago…? Necesito un reemplazo, o

algo que remunere la tardanza…. Ah…

Antes no le dio una segunda mirada a Sylph por estar en medio de su jerga para sí mismo, pero

ahora que lo veía mejor, encontró un rasgo que merecía su atención.

Sus ojos de pescado muerto cobraron vida.

— Ah… Cierto, las orejas de los elfos traen buena suerte, según dicen los rumores. Si sumo eso a una

piel de conejo, seguro que me perdona.

— ¡...!

Sonriente, aceleró los pasos hacia él.

Sudor frío bajó de su espalda, empañando su ropa. Conocía este tono de voz. Una repleto de

diversión por matar. Era la misma voz que usaba Link cuando tenía una presa.

— ¡Oh!

Sin estar a cinco metros del elfo, un latigazo más rápido que la luz acabó cerca de sus pies. La roca

sólida se derritió bajo el calor extremo del golpe, dejando una línea roja de roca derretida que

humeaba. Si la roca no pudo oponer resistencia, sus huesos menos lo harían.

El golpe evitó que continuara corriendo hacia Sylph, el mismo autor del ataque.

Link buscó golpear sus órganos vitales, pero Quil se lanzó a rodar como si lo hubieran lanzado. Más

la agilidad de Link lo superó y perfiló un tajo desde el inicio de su hombro hasta su codo.

Quil evitaba los golpes mortales que iban directo a su cuello, corazón y órganos, pero era superado

en agilidad por Link, llevándose cortes y heridas gracias a la lucha que se alargaba.

— ¡Si piensas que eso es suficiente para derribarme estás equivocado! ¡Yo soy…! ¡WUAH!

Un paredón de agua se cimentó a medio metro de su espalda, evitándole la evasión y ralentizando

su reacción unos segundos. Si bien el agua no era sólida por ley natural, su espalda chocó contra ella

como lo haría con una pared de roca. La misma agua lo empujaba fuera de sus dominios, sirviendo

de limitante para sus movimientos.

— ¿¡Eh!? ¿¡La chica también!? ¡No es justo! ¡Son dos contra uno! ¡Estoy en desventaja se mire como

se mire!

—Deja de parlotear tonterías. Te atreviste a atacar una de las sirvientas de la Familia Clover. No

saldrás indemne de esto.

— ¿Clover…? Como que me suena… Déjame buscar en mis recuerdos, creo que Towin-Sama lo

mencionó…

El tratamiento de Alexis estuvo listo hace poco. El veneno tendría que quedar en segundo plano. La

prioridad era matar ese tipo.

Otro latigazo quiso arrancarle las piernas. De no ser por sus reflejos sobrehumanos, ya no tendría ni

manos ni pies.

Sylph no logró reprimir el enojo por más tiempo. Lo que le hizo a Alexis era imperdonable. Su pecho

ardía de rabia por la irritante voz del chico, incitando su látigo a golpearlo.

— ¿¡A-Ahora tres!? ¡No importa cómo se mire, es juego sucio!

— ¡Cállate!

Tres ataques devinieron sobre el muchacho. Una cuchilla de agua, tajos filosos de las dagas y un

latigazo basado en magia de luz, todos dispuestos a arrebatarle la vida. Lo doblaban en número, y

todos pensaban matarlo.

Se encontraba rodeado y en una postura desfavorable.

— Ah… No puedo con tantos.

Fuz.

Nadie dudó en atacarlo, y fue por eso, que la siguiente transformación tuvo una severa confusión de

su lado. La totalidad su cuerpo se esfumó en una nube carmesí, dispersa y transparente. Camelia,

Sylph y Link terminaron estáticos, viendo el asombroso hecho como un acto de magia. Además del

humo rojo, no quedó nada del hombre llamado Quil.

¿Lo derrotaron…? No, no parecía ser el caso.

— ¿¡Qué ocurrió!?

— Desapareció…

— Tks, escapó…

El humo se despidió de ellos con una sonrisa victoriosa, desplegándose por toda el área y

desapareciendo de sus vistas. No pudieron hacer nada más que mirar cómo se marchaba.

— ¿Q-Qué fue eso?

— No tengo idea, pero es obvio que escapó…

Camelia no estaba conforme con este resultado. ¿Cómo lo estaría, si el criminal se escapó?

Se giró hacia Link, abriendo su mano.

— Link, dame tu chaleco.

— ¿Ah? ¿Por qué debería?

— ¿Qué te cuesta prestármelo un rato? Ya dámelo.

— Me niego.

—…

—…

El momento de relajación no duró ni cinco minutos, interrumpida por la marea chispeante de odio

mutuo proveniente de la sirvienta y el asesino.

— C-Chicos, no es tiempo de pelear…

Claro que nadie le hizo caso al joven Clover, el de mayor rango allí presente. Su nerviosismo llegó a

su límite al ver como el peli-morado y Camelia se preparaban para luchar, todo por un chaleco.

Darkness no intervino, y a su vez que los ignoraba, se dirigió al lugar donde Quil se desvaneció. Estiró

su mano a un objeto que no se marchó con su dueño.

Antes de que Sylph hiciera un movimiento para evitar la pelea, Camelia y Link salieron

desconcertados por la acción de Darkness.

Una chaqueta de color azul real acabó sobre sus hombros.

Camelia miró arriba.

— Con esto basta, ¿no?

—…

—…

Camelia fue la primera en recuperar el aplomo de su divinidad, mirando recelosamente la ropa que

llevaba puesta. No la recordaba entre las cosas que traía. ¿De dónde había salido?

— ¿De dónde sacaste esta ropa?

— No es robada. – Camelia esperó por la otra parte de la explicación. – Ese hombre la dejó tirada

cuando escapó, supongo que al ser una prenda especial, no pudo llevarla junto con las otras. Te

debería bastar hasta que volvamos.

— ¡Lo sabía! Lo robaste…

— No exactamente. Simplemente lo recogí del suelo. Como no lo reclamó (Y dudo que lo haga) no

cuenta como robo.

— ¿Crees que aceptaré una prenda de ese asesino?

— Eso depende de ti. Tampoco te detendré si quieres seguir semi-desnuda el resto del viaje a casa...

—…

Ella asió ambas manos sobre sus hombros, abrigándose con más vigor. Se colmó de alivio al no tener

que mostrarse más tiempo ante todos esos hombres.

Inclinando su volumen de voz casi a cero, inclinó su cabeza y dijo:

— Lo aceptaré por ahora, pero te lo regresaré. Tener cosas robadas da mala fortuna.

— Claro que no. Da buena fortuna porque es gratis.

— Link, permanece fuera de la conversación, por favor.

— Alexis-Chan, ¿puedes oírme?

Sylph, que no pudo esperar un momento más, enraizó su atención sobre la chica conejo a medio

cubrir. Ya no tenía la herida en su espalda. Pero el veneno era otra cosa.

— Camelia, ¿no puedes anular el veneno? Yo no puedo.

Ella negó silenciosamente, molesta consigo misma por no ser útil.

—L amento informarle, Joven Sylph, que este veneno es uno que no conozco. Lo normal sería que la

parálisis terminara en poco tiempo, pero esta ha durado bastante. Quizás fue una droga especial. La

buena noticia, es que no es un veneno que atente contra su vida.

— Entiendo… Tenemos que llevarla pronto a la mansión.

— Entendido, Joven Sylph. Me encargaré de informar a Etanol-Sama sobre todo lo sucedido hasta

ahora.

— No menciones mi mamá.

— No creo que haya necesidad.

Alexis, aletargada por el sueño que se guindaba de sus párpados, no soportó un segundo más y se

hundió en el mundo de los sueños. Su cabeza cayó sobre el pecho de Darkness, recargada y

transmitiendo su calor.

Al ver cómo se acurrucaba sobre Darkness, Link estiró los brazos.

— Puedo llevarla, Dark. Debe pesar mucho.

— Irónicamente, no pesa mucho. Mira…

Se la prestó.

— Ah... Es como una pluma. Increíble. Pensé que cómo se veía rolliza en las caderas, pesaría un

montón, pero veo que me equivoqué.

— Podrías incluso hacer malabares con ella.

— Cierto.

— ¡Oigan! Dejen de jugar con Alexis-San. Yo la llevaré.

Camelia no podía calmarse si dejaba a la chica en manos de otros hombres.

Link rio entre dientes.

— ¿No estás agotada por usar magia? Mejor no te fuerces a parecer fuerte. Yo soy más que

suficiente para llevarla.

—…

No podía negarlo. El estrés que su cuerpo acumuló era demasiado para forzarse a llevar a otra

persona, pero su orgullo no le permitía descanso.

— Aun así…

— Camelia, Link puede hacerlo.

Darkness no cedió un centímetro, dando su veredicto de piedra. Sus pies se dirigieron al camino

principal que llevaban antes, dando por terminada la lucha de poder.

No podía evitar esto.

Cerrando los ojos, y abrazando su prenda que cubría su figura, se encaminó al pelinegro para

reintegrarse al retorno al carruaje.

— No se puede evitar… Vamos, Joven Sylph. Tenemos que llegar pronto e informar a Etanol-Sama.

— ¡S-Sí!

— ¡Que día más movido! Pero fue divertido, más que simplemente conducir carruajes…

Bajo la luz intensa del sol, el cuarteto se dirigió a su vehículo, llevando en brazos la tierna e

indefensa muchacha conejo que estuvo a punto de convertirse en una prenda más.

Camelia endureció su rostro.

Meterse con la Familia Clover era un pecado. Incluso si ella no fuera sobresaliente, todos los

sirvientes, desde el más grande, hasta el más pequeño, eran considerados importante y necesarios.

Esa era la filosofía de Etanol Clover. Su trato con sus siervos era amable y gentil, ganando la

confianza y lealtad de sus sirvientes.

Él no era un hombre que se quedara quieto cuando tocaban uno de los suyos. Lo sabía.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Uff...

Ok, bien, debo admitirlo, ¡hacer escenas de acción es una lata!

Tenía tantos movimientos innecesarios y confusos que pensé "Diablos, ¿exactamente qué está

haciendo aquí? ¿Quién ataca? ¿Quién defiende?". Pasé un largo rato tratando de buscarle sentido a

los párrafos...

Tiendo a alargarme con escenas innecesarias y tontas. Eliminé algunas que no se acoplaban al ritmo

de la historia, con eso espero que avance con más holgura.

Ahora las cosas se están poniendo más serias. En el siguiente se desglosará que pasó después.