Asalto 10.

Enigmas enmascarados.

(…)

Las copas afloradas de hojas verdes silbaban bajo las discontinuadas sacudidas del viento.

Una caravana no tan grande estaba detenida en medio del pasaje, con gente reunida a su alrededor

como hormigas amontonadas. Cajas de provisiones, armaduras, armas y artefactos mágicos iban y

venían tras los hombres que las apilaban dentro de los compartimientos del carruaje

correspondiente.

Unos poseían características poco usuales; como orejas caninas, colas, o grandes cuerpos mullidos

de pelaje. Del más grande, hasta el más pequeño, tenía al menos uno que otro rasgo animal.

Variaban de especies y subespecies; caninos, gatunos, roedores… Existía una gran variedad.

Dentro de un carruaje de mayor elegancia, estaba el líder de este numeroso grupo de semi-

humanos.

Su flequillo parecía estorbar la línea de sus ojos, pero no era un detalle que lo molestara

necesariamente.

¿Por qué? ¿Por qué...

— ¿Por qué debo ser yo quien alimente esta cosa?

En sus manos sostenía un frasco de frutas hechas puré.

Y allí estaba él, ignorante del infierno que lo hacía pasar.

Sentado en un moisés lleno de mantas cálidas, un bebé ciego de orejas perrunas agitaba sus brazos

regordetes.

— Gu… ¡Guu!

— Cállate. No pregunté tu opinión.

Zelote reclamó, deseando encargarle este trabajo a alguien más.

— Hazme el favor de guardar silencio, ¿quieres?

— Por el cielo, Zelote, ¿se puede saber qué estás diciéndole a un niño pequeño? Sé más consciente

de lo malvado que te ves.

Dentro del espacioso carruaje, una tercera voz repicó.

Subiendo por las escaleras tendidas, una fémina ingresó, llevando consigo una expresión de

reprimenda.

El naranja sonrosado de su corto cabello rebotaba con la coleta alta que no llegaba siquiera a los

hombros, y ubicados en medio de su impecable semblante, destellaron sus ojos de esmalte zafiro.

Su pequeña figura, no más alta que el del hombre dentro del carruaje, imponía intimidante su

presencia.

Ella posó una mano en su cintura, poniendo la boca en "U" invertida.

Su ropa de blanco y fucsia no la infundía de más gentileza, aunque los colores eran festivos y

bonitos.

Ante la vista de la nueva invitada, Zelote demostró mayor amargura, conociendo lo que venía luego

de su intrépida entrada.

— ¿Qué quieres, Felina?

— ¿Y tienes qué preguntarlo? No puedo creer que a estas alturas continúes actuando como un niño.

¿Olvidas que edad tienes? ¿Cómo puedes pagar tu odio con un niño inocente?

— Ugh...

Aquí estaba él, un Caballero astral, siendo regañado por una jovencita de pueblo.

—… ¿Y bien? ¿Tienes algo que decir en tu defensa? Sabes bien qué estas actuando como un crío, ¿no

es así?

—…

— ¿Acaso no dirás nada?

— No quiero…

— ¿Eh?

— No quiero…tratarlo bien. Lo odio.

— ¿¡Eres un niño pequeño!? ¡Ya madura!

— ¡No quiero! Perros, chihuahuas, pastores alemanes, lobos, perros siberianos, los odio a todos. No

entiendo por qué yo debo cuidar uno de su especie.

¡Habría sido mejor dejárselo a alguien más!

— Para mí, la especie da igual. Solo veo un bebé necesitado de amor y atención.

— Incluso si dices eso, este mocoso es la encarnación de lo que odio. ¿No es egoísta pedirme un

cambio de actitud a estas alturas?

— Eso era porque tu aversión se limitaba a los perros normales. Pero este no es un animal, sino un

niño que merece todo el cariño del mundo.

— Si tanto lo quieres, puedes quedártelo.

— Ah, ¿tú crees? ¿No me vería muy rara cuidando un bebé…? Aunque no me importaría hacerlo…

La imagen flotando en su mente la hizo bajar la guardia.

No era una experta, pero la experiencia de vivir con 3 hermanos más jóvenes la entrenó en la

disciplina de cría de niños. Sabía que le faltaba mucho para ser una niñera completa, pero confiaba

en sus habilidades de controlar niños revoltosos.

Por andar cavilando ensimismada, Felina no percibió la desdicha que cruzaba por el rostro de Zelote.

Sin querer, y apuñalándose a sí mismo, emergió en su imaginación una pintura de Felina cuidando al

niño; cargándolo, alimentándolo, bañándolo, dándole cariño, todos los cuidados que un bebé

necesitaba. Sus conocidos acabarían concluyendo que se convirtió en una madre joven.

Y si buscaban al candidato más próximo a ser el padre…

…Lo señalarían a él.

— ¿Sabes qué? Olvídalo. Te prohíbo adoptarlo.

— ¿Eh? ¿¡Por qué!?

Ya dentro de su imaginación el niño tenía tres años, ¿y ahora le decía que se olvidara?

¿A qué se debía el sorpresivo cambio de opinión?

— Lo pensé mejor, y creo que cuidar a un niño a tu edad solo dificultará la búsqueda de un esposo.

No quieres que eso hunda tus posibilidades ¿cierto?

— Guh…

Ella no podría quejarse si su futuro estaba en juego.

Aunque a él no le importaría salir con ella aunque tuviera hijos.

— Dejando ese tema por ahora, hablemos sobre otro problema.

— ¿Ahora de qué estás hablando?

Felina señaló con el índice al muchacho que tomó solo su puré de manzana cuando nadie lo veía.

— ¿No crees que ya deberías darle un nombre?

— ¿Un…nombre?

— ¿Por qué haces esa cara de "no entiendo"? Es más que obvio que debería ya tener un nombre.

— ¿Es necesario darle un nombre?

— ¿¡Qué clase de pregunta es esa!? ¡Claro que sí!

Ella resopló, molesta por su falta de cooperación.

— Zelote, al menos ten la decencia de ponerle un nombre. ¡No es agradable llamarlo todo el tiempo

"niño" y "mocoso"!

A Zelote no le importaba si lo terminaba llamando de esa forma el resto de su vida. Era corto y fácil

de recordar.

— Como sea, dale un nombre. Uno bonito de ser posible.

— Creo que Engendro o Bastardo le vendría bien, ¿qué te parece?

— Fuera bromas. Me gustaría un nombre compuesto como Fezelo.

— Ignorando qué nombres usaste para crear ese extraño nombre, quisiera recalcar una duda que

me nació cuándo mencionaste que debería darle un nombre.

— Procede…

— Entonces dime, ¿por qué debo ser yo quién le dé un nombre? Estoy seguro que hay muchas

personas capaces de hacer ese trabajo.

Ante su obstinación, Felina estrujó el centro de sus cejas.

— Eso es algo obvio.

— ¿...?

¿Algo obvio?

Inclinando su cabeza, y tragándolo con sus ojos azules, declaró firme.

— Por qué el tutor de ese niño, eres tú.

— ¿¡Hah!?

Zelote no recordaba plasmar en un documento su responsabilidad como tutor del mocoso.

— ¿Me equivoco?

— ¡Sí, te equivocas! Nunca acepté ser el guardián de este niño. ¡Ni una vez!

— ¿Uh, enserio? Estaba segura de que era el caso. ¿O es que piensas abandonarlo como lo hicieron

sus padres?

— Dejando de lado su linaje canino, no soy tan malvado como para dejarlo por el camino. Le

conseguiré una familia que lo cuide. Eso debería bastar ¿no?

— No estoy segura. Creo que sería mucho más feliz si te conviertes en su familia.

— Has andado diciendo cosas raras desde el principio, pero mi postura sobre los caninos no

cambiará.

— ¡Uh, idiota!

Felina abandonó la tarea de convencerlo. Tomó al niño con ella, meciéndolo en sus brazos.

— Olvídate de él. No te merece. ¿Eh? ¿Qué dices? ¿No quieres abandonarlo…? ¿Por qué? Se mire

por donde se mire es un idiota ¿no es así? ¿Eh? ¿Qué aun así lo amas? Qué remedio… Debo alabar tu

voluntad de hierro. Te apoyaré desde la retaguardia.

— ¿Qué haces?

— ¿Hablando con el niño?

— Solo estoy viendo una mujer perdiendo la cabeza.

— Si perder la cabeza es tener sentido común, seré la chica con la cabeza más perdida del universo.

— ¿Eso tuvo algún sentido?

A este ritmo, perdería la cabeza de verdad.

Felina enderezó la postura.

— Vamos… Acéptalo de una vez.

— Aleja esa cosa de mí.

Ella acercó el bebé hacia él, para su total horror. Este extendió los brazos, riendo.

¿De qué te ríes, engendro? Borra esa sonrisa.

— ¡Ah, King-Sama! Los preparativos están—

El carruaje dio paso a una nueva persona, un semi-humano de cabello claro, y rasgos infantiles.

—…

—…

Vio a su líder acorralado en una esquina del carruaje, con Felina y un bebé liderando el ataque.

— N-Neithan…

Zelote vio su salvador.

El chico de aspecto juvenil, deslizó una sonrisa amigable de sus facciones, y prosiguió con lo que

decía antes.

— Ya tenemos todo listo para partir. Estamos esperando que nos dé su visto bueno, King-Sama.

— ¿Te importaría ayudarme con esta situación?

— Supongo que no hay problema si partimos ahora. ¡Oigan…! ¡Ya podemos irnos!

— ¡Sí! — Respondieron unas voces vigorizantes de la parte exterior del carruaje.

— ¡E-Espera, no me dejes!

— Con su permiso.

Saliendo del carruaje de un salto, Neithan abandonó el carruaje.

No creas que no puedo recortar tu sueldo, traidor.

Al final, Felina lo obligó a alimentar ese engendro. No tuvo más opción que obedecer.

El viaje transcurrió durante un tiempo, dejando que el paisaje fluyera a través de la ventana en tonos

verdes, marrones y azules.

Conversó con Felina un buen rato, dejando correr el tiempo sin preocupación.

Se recargó sobre la ventana.

Viendo cómo iban las cosas, llegarían a su destino sin mayores contratiempos.

—O quizás no.

Crueeeen.

Se destrabó el ruido crudo de la tierra golpeando las ruedas.

— ¿¡...!?

Ante el frenazo repentino, tanto Felina como Zelote cambiaron de lugares.

Dentro del carruaje se reprodujeron golpes secos, como sacos tocando el suelo.

No hubo daños que merecieran mención, además de unos golpes en brazos y piernas.

— ¿¡Pero qué acaba de ocurrir!?

— Ugh.

Para su mala suerte, terminó cayendo debajo de Felina.

— ¡Ah, Zelote!, ¿estás bien? ¿No estás lastimado, verdad?

—… Felina.

— ¿S-Sí?

— Quítate. Pesas demasiado.

—…

— ¿No te vas a quitar?

—...

Ella se puso de pie, aun en silencio. ¿Parecía enojada?

Aunque no dijo nada que no fuera verdad...

Primero que nada, necesitaban saber qué ocurrió.

Apenas llevaban un tiempo de camino. No debería ser hora de parar

— ¿Qué pasó con Neithan…?

Frunció el ceño, peinándose el cabello.

Apartó la puerta de una patada. Dejó al niño con Felina – Ahora que lo pensaba, no se movió de su

moisés aun cuando el carruaje se detuvo repentinamente -, ella lo siguió por detrás.

Necesitaba comprobar qué pasó exactamente. ¿Por qué Neithan se detuvo sin previo aviso?

— ¡Hey, Neithan! ¿Qué fue eso? ¿Por qué detuviste el carruaje?

La luz del sol lo encegueció momentáneamente.

— ¿Entonces? ¿Qué respondes? ¿Algo se metió en medio de la carretera o algo?

No captó alguna respuesta del chico. ¿No oyó cuando lo llamó, o simplemente lo estaba ignorando?

Que descortés. Sabía que era un novato de solo tres meses, pero al menos debería respetarlo como

era debido… ¿O ya la imagen de líder competente se perdió con el tiempo, y ahora no tenía razones

para respetarlo?

— ¡Neithan! ¡Responde, por amor de Dios!

Llegó a tener una vista amplia del perfil izquierdo del conductor.

Molesto, llevó una mano al borde del asiento para subirse y regalarle un auténtico regaño.

...pero una apreciación fresca entre sus dedos, y un singular olor metálico impregnó sus fosas

nasales.

— ¿...?

La punta de sus dedos tocó un líquido viscoso y algo resbaladizo. Fue paralizado de golpe.

Ocupado de incógnitas, reposó su examen visual sobre su mano, olvidándose de todo lo demás,

como el ruido detrás de él, y el sonido del viento que silbaba reciamente en sus tímpanos.

Era rojo.

Su mano, posada sobre la esquina del asiento, demostraba un estado similar a la superficie teñida

del vívido color rojo sangre. Sus dedos eran iguales, cubiertos de ese misterioso líquido de olor

metálico.

—… ¿Qué?

Estirando las sílabas atoradas en su garganta, su vista se nubló frugalmente, plantando un

hormigueo por sus extremidades.

¿Qué era todo esto?... Esto… ¿era sangre?

Las alarmas resonaron a todo volumen.

Su voz falló cuando subió su nerviosa mirada al asiento del conductor, donde debería estar Neithan.

Allí lo encontró, en una pieza.

Todo pensamiento lógico regresó con naturalidad. La visión delante de sus ojos regresó a Zelote de

su estado estancado, vertiéndole agua fría a la cabeza, y complementando su capacidad de razonar.

Era extraño. Por supuesto que lo era.

Porque Neithan…

Allí, tendido en uno de sus costados, yacía su subordinado, inmóvil.

Sus ojos no miraban nada en particular.

Su cuerpo no desprendía calor, su cabello reposaba flojamente sobre su rostro. De su embocadura

emanaba sangre, manchando el lugar donde estaba.

Una revisión más detallada no reveló heridas visibles, como cortes o golpes.

¿Por qué estoy tan calmado?

No, no lo estaba.

Su cuerpo ardía, como si tizones al fuego vivo rozaran su pecho.

Aun con todo ese calor subiendo por su garganta, seguía calmado.

¿No era extraño?

Apareció a tiempo alguien con quien comparar.

— ¿Eh, Nei…?—¡_!

La apacible calma de Felina acabó en unos instantes con una mirada superficial al cuerpo de uno de

sus compañeros.

Sus rodillas desearon fallarle, pero el shock ni siquiera le permitía el privilegio de desmayarse.

— ¿¡N-NEITHAN!? ¿¡Qué…qué!? ¿¡Qué pasó aquí!? ¿Cómo pudo...? ¿Por qué...?

La misma persona con la que habló hace menos de cuarenta minutos… Ahora no emitía ninguna

señal de movimiento, igual a un muñeco.

Sus ojos vacilaron de lo que veían, pero su cerebro captó la realidad mucho más rápido de lo que

podía procesar.

Apretó sin querer la pequeño que sostenía, que gimió bajo la presión, pero ella no estaba en la

mejor situación emocional para responderle con consideración.

Indispuesta para formular preguntas cuerdas, las lágrimas mojaron sus mejillas.

— ¿Qué pasó aquí? ¿Por qué nos detuvimos? Seguimos lejos de la siguiente parada.

— ¡Jefe! ¿Qué pasó?

— ¿Pasó algo malo?

Algunos semi-humanos salieron de los carruajes, confundidos y llenos de interrogantes.

Zelote giró la cabeza hacia el grupo que venía...

Debería...debería calmarlos. Sería malo si cundiera el pánico...

A fin de cuentas, era el líder. No podía perder la calma. Necesitaba ser responsable.

En algún momento, Felina le había dejado al pequeño bebé, buscando señales vitales en el cuerpo

inerte del joven.

Dolía ver sus ojos húmedos de dolor, mientras mordía su labio de impotencia.

¡...!

Algo se acercó.

Una sombra siniestra apareció al costado de Felina, rápida y silenciosa.

— ¡FELINA!

— ¿Eh? ¡Ah!

Una mano se adelantó hacia el pecho de Felina.

Un vendaval instantáneo apareció en la mano de Zelote, golpeando la sombra de lleno.

Afortunadamente, logró alejarla de Felina.

El cuerpo corrió sobre la tierra. El camino que dejó fue sinuoso.

— Ah…

Zelote respiró adecuadamente, ordenándole a sus latidos que dejaran de correr.

Comprobó con una mirada furtiva que Felina estaba bien.

No tenía palabras que expresaran el alivio de verla a salvo.

— ¡Felina, ven aquí!

— ¡S-Sí!

Lamentándose por ser una carga, corrió a tomar un lugar que fuera seguro, y para Felina no había

mayor lugar seguro que detrás de Zelote.

Sus anchos hombros y espalda recta la colmaban de seguridad como ninguna otra cosa. Solo podía

compararlo a la figura impresa de su padre, que siempre velaba por ella cuando tenía problemas.

Al posicionarse detrás de Zelote, las preocupaciones de sus hombres cayeron una tras otra.

— ¡Anee-San! ¿¡Se encuentra bien!?

— ¿No está herida?

— Por ahora quédese por aquí. Si quiere, puede utilizarnos de muro de carne.

— Chicos…

Al verlos preocupados, recordó el rostro sonriente de cierto chico.

...el mismo que yacía inmóvil sobre el asiento del conductor.

Reprimió un gemido.

Neithan…

— Gracias…

Eran buenos chicos. Todos merecían ser felices, tener familias, y envejecer pacíficamente.

Neithan también merecía todo eso, pero ya no lo tendría.

Enterró aquellos pensamientos.

Primero tenía que sobrevivir, para luego endechar a los muertos.

— Oh, Anee-San se puso seria…

Felina avistó el cuerpo que el hechizo de Zelote lanzó lejos de ellos.

Sus ojos irradiaron fuertes deseos asesinos, que encubrió bajo una cara fría.

— Uah… Eso no me lo esperaba… Se supone que los ataques sorpresa son llamados así porque

sorprenden… ¿Qué salió mal en mis cálculos?

Desquitándose con la tierra y entregándole manotazos frustrados, la persona hundida en la solitaria

carretera encontró la mirada de la multitud de semi-humanos.

Todos comprendieron que él era un enemigo, y cambiaron sus caras de simples compañeros en

medio de una charla amena a hombres sedientos de sangre.

Al joven le quedó claro que no era bienvenido allí.

En estos momentos extrañaba a su compañero que hacía preguntas tontas. Incluso algo como eso lo

había perdido hace poco a manos de un asesino psicópata de las calles. ¿No era demasiado injusto?

Lo era, ¿verdad?

Esta vez, no podía volver con las manos vacías.

Ya no podía lamentarse por asesinar al conductor. Tenía que detenerlo de alguna manera, y la única

idea que pensó factible fue asesinarlo.

Como tenía un montón de aberturas, no notó hasta que estuvo a un paso de él, y su mano tocó su

pecho.

El corazón del chico acabó hecho añicos en segundos, un trabajo realmente fácil.

Quiso hacer lo mismo con la chica esa, pero ese semi-humano lo tiró lejos como un trapo viejo.

Debido a eso, alejó sus manos de la chica de piel lozana.

Aun cuando pensaba llevarla como disculpa por el fracaso de su misión.

Aunque...el otro tampoco se veía mal. Parecía lleno de energía.

Al momento de recibir el golpe de viento, terminó mareado y confundido. El regreso abrupto a tierra

firme le regresó la confianza, aunque el choque no fuera nada placentero.

Se encontró rodeado de enemigos.

¿Debería retirarme por ahora…?

Me pregunto qué dirá Towin-Sama cuando sepa de mi fracaso.

"¿Uh? ¿Fracasaste? No te preocupes por eso. Son cosas que suelen pasar... No esperaba mucho, de

todos modos."

Ah...

Dejó de respirar.

Puso imaginar el desinterés que presentaría al oír su informe, esa sonrisa condescendiente…

burlándose de él sin descanso...

A este paso, lo terminaría desechando.

Towin-Sama desecha lo que no le sirve, humanos, animales y objetos, todos tratados de igual forma.

Si no muestran el mínimo de resultados que favorezcan sus avances científicos, no duda en

eliminarlos o abandonarlos a su suerte.

Él no sería la excepción.

Tengo que enmendar el fracaso en la capital.

— ¡Tch, coman tierra, sucios semi-humanos!

Su palma destrabó un golpe sobre la superficie que tenía al alcance, desatando un rompiente

destructivo. La tierra de desquebrajó, y se alzó en sí misma, subiendo por un camino recto directo al

semi-humano.

¡Necesito, necesito, necesito, necesito traer resultados…!

— ¡Terrarius, Uil!

Y para conseguirlos, necesitaba matarlos.

— ¡...!

Oyendo el tumulto de la destrucción avecinándose, les gritó a sus hombres que se apartaran de él.

No hubo quién llevara la contraria, y todos se dispersaron, abandonando su líder en medio del punto

de encuentro con del ataque.

— ¡Whirlwind-Fel!

Torbellinos cortantes barrieron todo a su paso, destronando la llegada de los picos de tierra.

— ¿¡...!? ¿¡Qué diablos!?

El joven acabó estupefacto.

Su ataque fue derribado así sin más.

¿Quién era este tipo?

Quil no entendía que estaba en medio de un enfrentamiento con un Caballero astral, una mala

elección para trazar enemistad.

La cúpula tormentosa que protegía a Zelote era un escudo infranqueable. Cualquier que intentara

meter la mano, sería hecho pedazos.

Este escudo no dejaba puntos ciegos.

Quil se sintió mareado.

No solo era un usuario de viento, era uno muy bueno.

— Ey...

— ¡...!

Los ojos afilados del semi-humano se fijaron en él.

— Responde mi pregunta.

—...

¿Ese sucio y vulgar semi-humano quería hacerle una pregunta?

— ¿Quién eres?

Oh, esa pregunta...

...lo hacía ver realmente importante, como un jefe final.

Se sintió bien ser reconocido.

— Mi nombre es Quil. Un placer…

Sonrió, puesto de pie. Esto le alegró el día, aunque sea un poco.

— ¿Sin apellido?

— ¿Uh? Sí, sin apellido.

— Uh, ya veo. Bueno...

"Supongo entonces que solo pondré 'Quil' en tu lápida."

Dijo con una sonrisa venenosa.

…Le dará más satisfacción al matarlo.

O bien podría dejarlo en medio de la carretera, a esperar que las aves se dieran un festín con su

cuerpo.

Las uñas de sus manos se alargaron, convirtiéndose en garras cortantes. El dorado brilló de sus ojos.

Pero antes tenía que despejar el campo.

— Felina, llévate esta cosa y aléjate.

— ¡...!

Felina estiró los brazos, tomando al niño. Zelote lo lanzó como si nada.

Durante todo este rato, atacó y se defendió con esa cosa en brazos. Nadie se fijó en ese detalle hasta

ahora.

— ¿¡Estás loco o qué!? ¡No puedes lazar niños como si fueran objetos! ¡Ten algo de sentido común!

¿¡Qué hubiera pasado si no lo hubiera tomado!?

La ignoró de buena gana.

Ella, molesta, se llevó al niño con ella a la parte trasera. Sería horrible si terminara lastimándose.

— Vamos, chicos. El jefe quiere pelear solo.

Los hombres asintieron, siguiéndola sin pensarlo dos veces.

Zelote suspiró.

Era egoísta, y lo sabía. Podría haberle pedido ayuda a Felina o al resto de sus hombres.

Pero no lo hizo porque quería matar personalmente a este bastardo.

— ¿Uh? ¿Por qué se van todos? ¿No van a venir contra mí?

¿No era la norma buscar ventaja a través de los números?

— Cállate.

— ¿Eh?

— ¡VETE AL INFIERNO, BASTARDO!

Otra razón para alejar a sus hombres, era que no vieran su lado colérico.

En el infierno de su cabeza, solo el odio y la ira.

Dos emociones, que juntas, se volvían explosivas.

Enterrando los talones en tierra, hizo dos cráteres bajo sus pies. Salió disparado como un resorte

templado al máximo.

Detrás saltó una nube de polvo.

— ¡WUOAH!

Zelote no dudó en acometer con todas sus fuerzas.

¡TE MATARÉÉÉÉ!

— ¡...!

Quil era un veterano escapando de la muerte. Múltiples personas intentaron asesinarlo de sorpresa

o cuando parecía indefenso, pero ninguno de ellos logró cumplir su tarea.

Él los mató a todos, sin importar cuan desventajoso fuera para él.

Pero este semi-humano era...un monstruo.

— ¡Diablos!

Concluyó que recibir la arremetida del semi-humano acabaría con él hecho pedazos.

Por ello, optó por bloquearlo, levantando un muro sólido de tierra.

— ¡GAAAARRH!

— ¡...! ¿¡Es eso posible!?

Pensó que el muro lo retendría, oero sus garras cercenaron como mantequilla su primera defensa.

— ¡Ven aquí!

— ¡IAAAH!

Esquivó un zarpazo dirigido a su estómago. Esas garras rebanaron los troncos que quedaron dentro

de su camino.

— ¿¡Acaso eres un monstruo!? ¡Esto es ridículo!

Los árboles que las garras de Zelote golpeaban, sucumbía sin dilaciones.

Quil los usaba para cubrirse, pero Zelote lo perseguía fieramente, sin dejarle tiempo de pensar en su

próxima estrategia.

¿Cómo podía ser tan fuerte?

— ¡...! ¡—GRK!

Descargó un grito gutural.

En uno de sus escapes, no logró moverse a tiempo, dejando que Zelote hundiera sus dientes sobre

su pierna.

La hilera de dientes tocó sus huesos, desgarrando la carne de su pierna.

— ¡—Hk! ¡Trunks, Uil!

Chirriando sus molares, detonó otro hechizo.

— ¿¡Mhm!?

Los troncos más cercanos se levantaron de sus hogares, precipitándose fuera de todo orden natural

hacia Zelote.

Sus raíces, dotadas de vida por Quil, arrastrando sus afilados extremos sobre Zelote.

Atravesaron su espalda, haciendo que éste soltara la pierna de Quil.

— Ngh...

Saltó hacia atrás para recuperarse del shock.

Su muslo derramaba grandes cantidades de sangre, bañando su pantalón roto.

Desencajó la mejor sonrisa que podía ofrecer.

Colocó sus ojos sobre el inmovilizado semi-humano.

Si atacaba ahora, podría matarlo. Solo necesitaba dar un golpe.

Tiró su mano abajo, asimilando la autoridad de la caída inconsciente de una guillotina.

Pero las cosas no fueron como previó dentro de su imaginación.

— ¡...! ¿¡Qué!?

Zelote arrancó de sí las raíces, rompiéndolas con la fuerza bruta de sus manos. Antes lo tomó por

sorpresa, pero no eran impedimentos serios para él.

Quisieron atraparlo otra vez, pero él, abriendo sus fauces, desmenuzó las raíces cercanas.

Mordió, rasgó, rompió y desmenuzó. Continuó este proceso hasta que ellas se rindieron.

— E-Eh, n-no…

Balbuceó Quil, como un idiota.

Quería creer que esto no estaba pasando.

Zelote, tronándose el cuello, sonrió maniáticamente.

— Ve pensando en qué será lo primero que te arranque, si los ojos o una extremidad. Te daré la

libertad de elegir.

— ¡Gkh! ¡Pedazo de subnormal! ¿¡Tu cuerpo está hecho de hierro o qué!?

— ¡Gracias por el halago!

— ¡Eres un monstruo!

Era irónico que se lo dijera él.

(…)

— Ok, deberías estar bien aquí.

— Guh,

—Zelote está luchando, así que debemos mantener la calma. Todo...todo estará bien.

Cargando protectoramente al bebé, que en el momento le servía de consuelo, vio el interior del

carruaje.

Necesitaba calmarse.

Se inclinó sobre el asiento, pensando en reposar su mente y corazón.

Pero entonces…

— ¡ANEE-SAN!

— ¿¡EH!?

— ¡SALGA DE AHÍ AHORA!

La necesidad de transmitir urgencia la confundió.

Pero no dudó.

Sin soltar al niño, salió a toda prisa del carruaje.

Un segundo después de desató la destrucción.

Las ventanas crujieron, las paredes se desmenuzaron, el techo colapsó, los caballos fueron

asesinados. Esta imagen la sobrecogió de terror.

— ¡GRUAAAAAH! ¡—¡

Lanzando un rugido gutural, la silueta cuadrúpeda destrozó de un golpe la totalidad del carruaje.

Todas las defensas que tenía como placas de metal no sirvieron contra ella.

Sus curvos cuernos atravesaron y rompieron los cojines, y sus pezuñas hicieron polvo los vestigios

que dejaron su torbellino caótico.

Multiplicando la dantesca escena con la sangre de los animales, la bestia anunció su llegada sin

invitación.

— ¡GRAAAAAAH!

— ¿¡Qué hace eso aquí!?

— ¡Anee-San!

— ¿Estás bien?

— Chicos…

Otro rugido. La bestia no se detuvo aun cuando no quedara mucho que destruir. Eso le regresó la

vida al rostro de Felina, recordando que estaban todos en peligro.

Además de su característica forma cuadrúpeda y velluda de pelaje negro, las flamas danzaban del

pelaje recubierto de sus pezuñas, emitiendo una onda de calor amenazadora a todo aquel que se

acercara.

Si los cuernos bajo su nariz no eran lo suficientemente malos, el fuego y el tamaño de su figura era el

detonante de cualquier esperanza rota.

— U-Un jabalí de fuego…

— Anee-San…

— ¿Qué hace un jabalí de fuego aquí?

Más que estar dirigida esta pregunta al chico, era dirigida a ella.

Por lo que sabía, el bosque que rodeaba la carretera pertenecía a su territorio hasta la mitad de

camino a la capital, pero si sus fuentes de información no se equivocaban, no eran especialmente

agresivos con las personas, y vivían pacíficamente dentro de su territorio.

A menos que violaran la seguridad de su hogar y los hicieran molestar, no irían activamente a atacar.

— ¿Por qué…?

No recordaba hacer algo que los molestara. Incluso si el ruido de antes era muy fuerte, ¿bastaba

para que viniera con ese ímpetu?

— ¿¡...!?

— ¿Qué hacemos, Anee-San?

— ¡Pónganse en formación! Hay que defendernos del jabalí.

— ¡Sí!

Rápidamente saltó a ordenarles ponerse en fila. Todos ellos corrieron a toda prisa.

Ah...

El calor desprendido del niño que cargaba le regresó la comprensión de que no estaba sola.

No podía luchar cargando al niño.

Buscó con los ojos a otra mujer.

— ¡Olga!

Ella, una preciosa niña que aparentaba estar en sus primeros años adolescentes, en realidad tenía

alrededor de 25 años.

Felina ofreció al niño.

— Por favor, llévalo lejos de aquí—

— ¡GRUAAAAAARH!

El jabalí, rompiendo los tímpanos de un rugido airado, azotó furiosamente sus pezuñas delanteras. El

azote dibujó un cráter, atrapando dentro al grupo de semi-humanos a media preparación para la

batalla.

— ¡AAHH!

No estaban listos.

Algunos no se pudieron sostener mucho tiempo, mientras otros pudieron quedar de pie.

— ¡CUIDADO!

Felina oyó una voz, no supo de donde, si de su costado izquierdo, o el derecho.

Pero su falta de equilibrio no le permitió moverse, a nadie se lo permitió…

El jabalí los embistió…

La inteligencia que mostró era digna de alabanza.

Sabiendo que se agruparían para atacarlo, provocó el cráter, y, subiendo a toda velocidad, los golpeó

con todas sus fuerzas reunidas.

— ¡ANEE-SAN!

— ¡CUIDADO!

Los escasos hombres más contiguos a su posición, subieron a protegerla del asalto salvaje.

Cumplieron el papel de muro de carne que mencionaron antes.

— ¡Chicos!

La fuerza que exprimió en el golpe los hizo navegar por los aires, proyectando líneas en diferentes

direcciones.

— ¡UAH!

Abrazando protectoramente el delgado cuerpo, subió sus rodillas hasta tenerlo en el centro, el lugar

más seguro que podía brindarle.

El contacto con la superficie llegó de súbito, raspando sus hombros y piernas conforme rodaba por la

áspera carretera.

Pero pronto debería detenerse…

— ¡AAAAARH!

— ¡Anee-San!

La bestia la golpeó de nuevo, pero otra tanda de hombres corrió a su socorro. Su sacrificio era

enternecedor, capaz de hacer llorar corazones sensibles.

— ¡NO!

Pero su pánico dejó de ser promovido por sus compañeros…

En un segundo de afloje, soltó al niño.

Lo soltó.

¡Oh, Dios, lo soltó!

¡No, no, no, no, no, no! ¡NO!

Flotando por el cielo, sin sitio donde posar su centro de gravedad, el niño permaneció calmado como

un estanque.

Llorar no resolvería nada, y solo empeoraría la angustia de la chica amable que lo miraba con pánico.

Pero si tocaba el suelo ¿no sería malo?

Cuando pensaba en las consecuencias de precipitarse de cabeza, un par de manos blancas se

expandieron dentro de su visión.

— ¡Te tengo!

— ¿¡...!?

Felina abrió sus ojos de golpe.

Su cabello verde albino se agitó al son del aire, dejando ver orejas pintiagudas.

¿Quién era esa persona?

— ¡Ha!

Llegando a tiempo por poco, Sylph abrazó al niño en medio del aire.

Antes de lastimarse con el choque que tendría lugar más abajo, una segunda persona detuvo su

acometida, ahorrándole daños innecesarios.

— U-Uah… D-Darkness…

El pelinegro sostuvo sus hombros. Un poco más, y ahora Sylph estaría saboreando la tierra.

— Piensa antes de saltar, idiota.

— Lo siento…

Esto no estaba dentro de sus planes.

Pero cuando vio la diminuta figura a punto de caer, salió de su escondite, olvidándose de la

reprimenda que luego recibiría de su padre.

— ¡...!

Un grito sordo.

Felina corrió torpemente a ellos, venía a ellos con los brazos abiertos.

— ¡Oh, muchas gracias, gracias!

— A-Ah, de nada.

Buscó entrégalo de inmediato, pero ella ignoró su muestra de devolverlo y saltó a besar la frente del

pequeño, colmándolo de amorosos besos.

— E-Eh…

— ¡Ah, cierto! ¡El jabalí…!

— ¡Enclosure, Wal!

Al mismo timbre que la voz de Felina entró en sus oídos, Camelia cantó.

En sucesión, emergieron altos e imponentes pilares de agua, cercando un espacio limitado

exclusivamente para el jabalí.

Cuando el jabalí golpeaba uno, las corrientes sucesivas de agua lo impelían al centro, evitando que

los atravesara.

Al menos así, podrían mantenerlo cercado.

— Es mi primera vez enfrentando un jabalí tan grande.

Usando la ventaja de que los pilares de agua no cubrían el cielo, Link se adentró a la jaula con el

jabalí, alargando su mano en posesión de su daga favorita.

Descendiendo como un bumerán, el filo traspasó uno de los colmillos del animal, y la pieza

puntiaguda, separada de su anfitrión, cayó con un sonido seco.

— ¡UAAAAARH!

— ¡Vamos, vamos, vamos!

Divirtiéndose con su sufrimiento, Link pasó a la ofensiva.

El jabalí cargó sus pezuñas a abatir su diminuta cabeza, pero no previó que Link rodaría, y,

incrustando uno de sus talones en tierra, se impulsaría para tajar otro corte al colmillo restante.

— ¡GUAAAAARH!

Batió su magno hocico para golpearlo. Link, tomando como base el hueso que sobresalía de la parte

baja de su nariz, se envió a su espalda no sin antes girar por los aires como un acróbata de circo.

Su daga atravesó su piel, cortando los músculos de su lomo recubierto de pelo negro. Felizmente

corrió hasta el brote de la cola, perfilando un surco carmín que solo causó angustia en el jabalí.

Regresó a tierra firme, deleitándose de cómo el jabalí gemía por los cortes profundos en su lomo,

lugar al cual no podía llegar ni curar.

Ahora no tenía que preocuparse de los peligrosos colmillos.

— I-Increíble…

Felina dio sus sinceros pensamientos sobre el peli-morado, tenía algunas pintas de psicópata, pero

que parecía estar de su lado.

Como un rayo repentino, sus brazos y piernas latieron con apremio.

Se acordó de sí misma, y se hizo un examen físico; raspones sangrantes, y rasguños que se veían a

través de los rasgones de su atuendo.

Pero heridas graves, ninguna.

La mujer de cabello corto y carmesí, invaluable como los rubís pulidos, corrió con ella con un deje de

preocupación.

Se guardó la desconfianza y aparentó ingenuidad.

— Camelia…

— Sí.

Sin decir más palabras, ambos – Darkness y Camelia — se entendieron mejor que el trabajo en

equipo de los engranajes de un reloj.

Ella se arrodilló, y examinó a Felina.

Abriendo su mano, murmuró un corto "Restoration, Wal", y una luz gentil recubrió sus raspones y

rasgaduras.

— G-Gracias…

Que muestra de amabilidad. Si sonriera gentilmente, podría mejorar aún más la imagen que tenía de

ella.

Pero no debía olvidarse de la importancia de estar pendiente de la figura cuadrúpeda.

— ¿Los pilares no perderán efecto?

Si por estar vertiendo su maná en magia curativa, los pilares perdieron su sustento y decayeran, el

jabalí podría escapar del chico peli-morado que lo tenía al margen.

Pero Camelia sonrió sutilmente.

— No hay que preocuparse por eso. Mantener dos hechizos no es problema para mí. – Espetó

subiendo su mano a las otras heridas.

Q-Q… ¡Qué confiable!

— Bien… Ya estás lista.

— Gracias. S-Soy Felina.

— Yo Camelia.

— Darkness.

— ¡Y Sylph!

Todos dieron cortas presentaciones. Si salían de esto, podrían ahondar más en ellas, pero ahora no

era el momento de dar largas explicaciones.

Camelia, reintegrándose, avistó unos segundos a su joven amo, reteniendo deseos represivos.

Sylph, el blanco de esos deseos, se encogió tímidamente, temeroso del futuro que le aguardaba.

— ¡Ah, cierto, los otros…!

Felina, con nuevas fuerzas gracias al maná curativo de Camelia, saltó, poniéndose de pie. No se

tambaleó ni nada, sino que corrió hacia los hombres caídos en el campo desolado, sus amigos.

— ¡Chicos…! ¿Están bien?

Camelia presionó sus párpados, viéndose incapaz de continuar hablando. Su flequillo ocultó parte de

sus ojos, como un medio inconsciente de negar su desaliento.

— Lamento tener que decírtelo, pero con un golpe como ese, ellos…

Comprendiendo lo que significaba la mirada decaída de Camelia, Sylph aguantó su consternación,

impregnando sus pupilas rojizas de solitaria debilidad.

— ¿¡Están bien!? – Felina aparentemente no comprendía que tan grave era la situación,

preguntando por su respuesta.

— Felina-Sama, ellos ya…

— ¡Uaaah! ¡Estoy vivo!

— ¡Creí que moriría!

— ¡Eso dolió, demonios!

— ¿¡...!?

Los hombres que deberían estar muertos, abrieron sus ojos vigorizados.

Para estar con heridas dolorosas, ni uno de ellos quedó tendido inmóvil, sino que todos abrieron los

ojos y respiraron aire fresco de alivio.

Solo uno quedó lloriqueando que tenía la rodilla dislocada, pero un cruel golpe de un amigo suyo,

regresó su articulación al lugar original, aunque doliera horrores.

Gritaron Sylph y Camelia, urgiendo desconcierto de cada mínima muestra expresiva.

— Que sorpresa. – Siseó Darkness sosteniendo a un desconcertado Sylph.

— ¿Pero…cómo?

Camelia no tenía palabras para explicar lo que ocurría.

¿Cómo ellos podían seguir vivos? En el mejor de los casos quedarían un buen número de

sobrevivientes, pero los que recibieron de lleno el ataque del jabalí deberían estar muertos sin

excepción.

La fuerza del golpe era suficiente para romper huesos. Pero ellos, además de tener fuetes

contusiones, moretones, raspones, y sangre por todos lados, se levantaron sin problemas, dándoles

sus preocupaciones a Felina.

— M-Menos mal… — Felina habló a punto de llorar, pero contuvo sus lágrimas, mirando a sus

amigos. – Creí que los perdía.

— ¡No hay nada por qué preocuparse, Anee-San!

— Claro que sí, miren lo heridos que están. ¡Deben tener tratamiento pronto!

— Eh, bueno, admito que me duelen las costillas.

— Y yo siento como algo se derrama dentro de mí. ¿Será una hemorragia? Haha…

— Perdí un diente… ¿Cómo conseguiré novia ahora?

— No te preocupes, con diente o sin diente, una novia es un sueño imposible para ti.

— ¡Cierto, hyahahaha!

— ¡Eso no es gracioso! – Gritó Felina golpeando el hombro de quien lloraba y reía al mismo tiempo.

Obviemos el crujido que salió resultado de ello. — ¡Onee-Chan!

Camelia respingó. Felina jaló su atención con una señal precisa. ¿La llamaba a ella?

— Por favor, ¿podrías curarlos? No tiene que ser una curación total, con que puedas aliviar a los de

peor estado…

— E-Eh, c-claro.

Desconocía la razón de su mote poco familiar, pero corrió a la escena cuando oyó sobre sanar a los

heridos.

— D-Darkness…

— ¿Qué?

— ¿Por qué están bien? Un golpe como ese debería haberlos matado ¿Todos los semi-humanos son

tan resistentes?

— No creas, estos parecen ser mucho más resistentes que los semi-humanos que he conocido hasta

ahora.

— Wow.

— Ey, ahora que caigo en cuenta, aquí hay unas personas que no conozco de nada. No tenemos

ninguna pelirroja ni una dulce elfa con nosotros. ¿Quiénes son ellos, Anee-San?

Preguntó uno de los hombres que ya se formaba junto a sus compañeros.

— Ah, ellos son aliados.

Dijo Felina sin un ápice de duda. Trasladó su mano cerrada a excepción del dedo índice comenzando

desde Darknes.

— Él es Dark-Kun, Sylph-Chan, y Camelia-Onee-Chan. Llévense bien con ellos.

—Ah, ya veo. ¡Un placer, soy Tomas!

Sylph no comprendía cómo podían estar tan relajados con esas lesiones emanantes de sangre, pero

aceptó el apretón de manos de un hombre bestia treintañero y de sombrero vaquero.

Un segundo… Esperen un segundo…

Cuándo mencionaron "dulce elfa", ¿se referían a mí?

¿¡AH!?

— ¡Uh, espera, soy un chi—

— ¡Gracias por rescatar al mocoso! ¡Pídeme lo que sea, preciosa!

— ¡Eh, no, lo que quería decir es—!

— ¡Tomas, ve a ayudar a los demás a agruparse!

— ¿¡Eh!? ¿¡Sabes las escasas oportunidades que existen de relacionarse con una hermosa elfa!?

¡Son como piedras preciosas…!

— ¿Me llevas la contraria? Si es un sí, olvídate incluso de tener descendencia.

— ¡Sí, Anee-San! ¡Cómo podría desobedecerla!

— ¡Ok, así me gusta! ¡Y los otros, dejen de tener en la mira a Sylph-Chan y Camelia-San! Al que

intente coquetearles, ¡lo golpearé hasta que se le salgan los sesos de las orejas!

— ¡Uwah, qué miedo!

Sylph perdió su oportunidad de aclarar el tema de su género, pues Felina envió como apoyo a Tomas

con los hombres en peor estado que también deseaban entablar contacto con él.

Tomas corrió con los más heridos, ayudándolos a caminar a la fila de sanación.

— ¡Ni se te ocurra manosear a las chicas!

— ¡Wah! ¿¡Cómo supo!?

Darkness parpadeó múltiples veces, impresionado con el limpio trabajo en equipo del grupo de

semi-humanos.

Sylph y Darkness observaron a Camelia recibir algo aturdida la columna recta de personas que

esperaban su tratamiento, como si fuera un servicio de alimentación luego de un desastre natural.

Darkness sonrió, inconsciente de la mueca que llevaba a cabo.

La Camelia atolondrada era más bienvenida en lugar de la Camelia orgullosa y obstinada.

— ¡Oh, sonreíste!

Su sonrisa no duró mucho. La voz conmocionada por debajo de su cabeza regresó su boca a la

posición recta y rígida.

— ¿Qué significa eso?

— Es la primera vez que te veo sonreír tan abiertamente.

— No lo hagas sonar como si fuera alguien sin emociones...

— ¿Es no era el caso-¡hk!

Entrechocó la punta de su dedo contra su pálida frente.

Los choques de cuchillos y los bramidos feroces repicaban desde el otro lado, pero todos estaban

calmados por la asistencia del peli-morado que hacía acrobacias como si estuviera dentro de un

espectáculo.

Los que estaban en mejores condiciones vigilaban como halcones los movimientos del jabalí.

En el improbable caso de que pudiera escapar, les avisarían a sus aliados que se pusieran a salvo de

inmediato.

— ¡Oh!

Entre la multitud, una larga ovación reverberó tras una luz blanca y cristalina.

— ¡La magia curativa de Onee-Chan es increíble!

— ¡Es alucinante!

Al mismo tiempo, los hombres puestos en fila vitorearon en voz alta la magia de Camelia. Todos se

agolparon para tener una mejor vista.

— Gracias. –El hombre que estaba curando, le agradeció sinceramente, mirando como su brazo se

sentía ligero y restaurado.

Camelia no contestó a él, sino a las hostigadoras sombras que le tapaban la luz del sol.

— Procuren no rodearme, usar mucha magia me consume el aire, necesito oxígeno…

— ¡Sí, Onee-Chan!

— ¡No la estorbaremos más!

— ¿Onee…Chan?

¿Por qué la comenzaron a llamar así?

— Me llamo Camelia.

— ¡Sí, Camelia-Onee-Chan!

Estos tipos no tenían salvación.

Algo molesta, comenzó a curar el primero de la fila lo más rápido que podía.

Confiaba en las destrezas asesinas de Link, pero tenía entendido que la piel de los jabalíes de fuego

era muy dura, y le costaría cortarlo profundamente y darle un golpe de gracia.

— Ah, también debería ayudar…

Los esfuerzos titánicos de Camelia por atender a cada paciente, y a la vez mantener el cerco

restrictivo, le llegaron como un mudo pedido de ayuda.

Impulsado por el deseo de ayudar en la sanación de los heridos, Sylph retiró al niño de sus brazos y

salió en ayuda de Camelia… O eso pensó hacer, cuando las diminutas manos se aferraron

tercamente a su camisa.

— ¿Uh?

—…

— Ey, espera…

—…

Tirando de él, no lograba deshacerse su fuerte agarre a sus ropas. ¿Qué tanta fuerza tenía este niño?

Ah, era un semi-humano como ellos, ¿tenía alguna relación?

— D-Darkness, ayuda...

Darkness no sabía qué comentario hacer, que fuera acorde a lo que veía.

— ¿Qué pasa?

— ¿¡Tienes que preguntarlo!? ¡Este niño no me deja ir…!

— Solo quítalo a la fuerza.

— ¡No puedo!

Que Sylph no pudiera ir contra la fuerza de un niño que ni llegaba a los cinco años era una muestra

indudable de su pobre condición física.

— ¿Qué pasa contigo? No deberías molestar a Sylph-Chan…

Felina, sumándose como la héroe del día, palmó la espalda del niño.

— Felina-San…

Ella seguramente podría sacarlo del apuro.

Cuando pensó que ya estaba liberado de él, Felina tiró un gemido seco.

— ¿Are?

Otro tirón.

Nada pasó.

—…

Felina sonrió tímidamente, poniendo su mano sobre su cabeza.

— Cómo decirlo, parece que le agradas.

—...

No me digas eso.

Al parecer, tendría que ayudar a Camelia mientras cargaba al niño.

Cavilando en las cuencas mudas de su mente, avistó a la figura de Link brincar ágilmente por encima

de la cabeza del jabalí que corrió a atropellarlo.

Sus patas no lo detuvieron de golpear los pilares, que lo golpearon y enviaron al centro de la jaula.

Pisoteó y bramó enojado, resoplando de sus fosas nasales.

Por los libros, conocía que la piel de los Jabalíes de fuego era dura de cortar. Su dureza no era

bienvenida para la elaboración de vestiduras o armas, pues al morir el animal, se petrificaba hasta el

punto de no servir para nada.

— ¡GRUAAAARH!

La bestia bramó adolorida. Los tendones de su pata derecha quedaron inutilizables, y pasó a ser

nada más que peso muerto.

Link limpió la sangre de su daga con un ademán, sonriendo divertidamente. Es como si retuviera

toda la diversión del universo para él solo, en ese espacio congelado que solo existía para él y su

presa.

Pero incluso con esas heridas punzantes, el jabalí se negó a retroceder, bufando por la revancha.

Esa terquedad en no rendirse deleitaba más a Link, que apreciaba que su diversión durara todo lo

posible.

— Ese Onii-San da miedo, pero es bueno peleando.

— A lo mejor nos enseña un truco o dos.

— Parece confiable. Mira cómo sonríe.

— Cierren la boca, perdedores.

— ¡P-Perdón, entrenadora!

La loli del grupo los censuró duramente.

Desligándose de todos ellos, dirigió su atención a Sylph.

Tenía al niño en sus brazos, cuyos bracitos se negaban a soltarlo, ¿era por supervivencia o simple

gusto?

— Sylph…

— ¿Hm?... Ah, vale.

Cuando su nombre fue llamado con naturalidad, no pudo evitar contestar como lo haría en un día

normal, pero al toparse sus ojos carmesís con esos pozos esmeraldas sintió su cuerpo temblar bajo la

presión de su silenciosa reprimenda.

No tenía que decir nada más.

Comprendía a qué se refería.

Nunca habría imaginado en sus locas pretensiones futuristas, que la invectiva de Darkness pesaría

más que la de sus padres y Camelia.

Era extraño…

Sabía que había hecho mal.

— Lo…siento, Darkness.

Con su cabeza gacha, y una mirada arrepentida, rogó por su perdón. El indiferente silencio opresor

de su guardaespaldas plantó en sus huesos más pesar.

Era de esperar. Era su guardaespaldas, y acaba de darle más trabajo del que debería.

Porqué, no se suponía que estuviera allí.

(...)

Hace más o menos unas horas, se llevó a cabo una rápida reunión entre los implicados del incidente

en la capital y el cabecilla. La oficina tenía una fina línea tensa que no se movía bajo las miradas

serias de cada uno.

El cabecilla, entrelazando sus manos por debajo de su barbilla, no miraba a nadie en particular, en

total silencio.

Los que estaban presentes eran Darkness, Camelia, Link, y Jeremy.

Asura, el mayordomo rango en jefe, atendía la parálisis que mantenía el cuerpo entumecido de

Alexis, contiguo en otra habitación.

Sylph, otro implicado directamente, tampoco se encontraba presente.

Esto no se debía a que no deseara formar parte, sino a los propios deseos de su padre que lo

despidió sin darle espacio para quejas.

No quería que se viera envuelto.

En medio del inmutable silencio, abrió sus labios para proseguir con el resumen de todo lo dicho.

— Si resumimos todo junto, mientras regresaban al carruaje para retornar aquí, percibieron que

Alexis estaba en peligro. Al encontrarla, la vieron paralizada e incapacitada para moverse. Los

responsables eran unos hombres misteriosos, quienes no dieron sus nombres. ¿Es exacto hasta este

punto?

— Completamente, Etanol-Sama. — Camelia dócilmente asintió a sus palabras.

Cada uno de ellos aportó algo de información para completar lo importante; que Alexis fue atacada

por entes hostiles, cuyas intenciones no eran claras.

O tal vez no, si lo pensaba detenidamente, tendrían una ligera pista.

En la mesa, reposaba una piel semi-humana, la misma que Camelia y Darkness trajeron hace unos

días.

Si tomaban en cuenta lo dicho antes, podían haber asesinado con mucha facilidad a Alexis, pero sin

embargo, solo la paralizaron, lo que hacía dudas de sus intenciones. Sin embargo, tenían una pista

gracias a esta piel y cómo hablaba el hombre que salió con vida.

Tomando en cuenta todo lo que dijo, parecía ser uno de los que estaba dentro del negocio ilegal de

la venta de partes semi-humanas.

Si su objetivo era tomar la piel de Alexis, era entendible que evitaran todo el daño posible a su piel.

Pero, quedaba otra incógnita.

No todos los semi-humanos tenían transformación en bestia.

En el caso de Alexis, podía aprovechar su agilidad y gran capacidad de salto gracias a su herencia

semi-humana, pero no podía transformarse su cuerpo de otra manera, sus rasgos animales se

limitaban a sus orejas y cola.

Si ese era el caso, era extraño que la tomaran como objetivo. Para que esto ocurriera de todos

modos, o ese tipo era muy estúpido que no sabía elegir sus presas, o…

— Tenía una forma de revertir esa dificultad.

Si tuviera una manera de forzar una transformación en los semi-humanos, podría quedarse con sus

pieles sin tener que ser quisquilloso con quien eligiera.

Le dieron náuseas, pero las disimuló bien.

Mantuvo el porte firme frente a sus sirvientes, quienes esperaban instrucciones claras.

— Darkness, ¿qué opinas?

Buscó la opinión personal de uno de sus sirvientes más recientes, el chico de cabello oscuro y mirada

esmeralda. Él no se movió de su lugar y solo caviló por unos segundos.

— Si tuviera que decir algo… esa persona no trabajaba únicamente con su compañero. Por lo que oí,

solo era un subordinado, y hay una persona, sino más de una, por encima de él. No parece algo tan

simple como un criminal actuando por cuenta propia.

— Ya veo. Ciertamente. No parece ser autónomo…

— Supongo que no sería erróneo relacionarlo con las ventas ilegales de partes semi-humanas a lo

largo de Eclipse. Si esto es un convenio criminal, es más de lo que podemos socavar.

— Por la Luna, ¿Qué está ocurriendo en el reino?

Sonsacando de sí ese murmullo abatido, Etanol cerró ambos ojos con pesar. Antes ese asunto solo

le atañía a la distancia, y necesariamente no tenía relación directa con él, pero ahora sacó sus garras

y lo mordió por donde más le dolía; su gente.

No sabía cómo lidiar con esto.

A menos…

— De todas formas, gracias a ustedes, Alexis-Chan se salvó. Les estoy eternamente agradecido.

Y más que palabras, un aumento al sueldo les vendría bien, o más autoridad, aunque en el caso de

Camelia solo Asura y Jeremy la superaban.

Camelia, una de las incluidas en el rescate de Alexis de las garras de los vendedores ilegales, negó

con su cabeza.

— No, Etanol-Sama. No me creo digna de su agradecimiento. Quién lo notó no fue nadie más que

Darkness y Link. Yo no tuve idea de nada hasta que me lo dijeron.

— Soy sensible al olor de la sangre, y como reconocí el aroma particular de Alex, pensé en decirle a

Darkness.

Dijo Link sin darse aires. No es que fuera humilde, sino que esto difícilmente le entraba en la cabeza

como algo por lo cual debería ser elogiado.

Etanol quedó pensativo, echando su cabeza hacia atrás. Le dolía la cabeza y el cuello. El entrecejo le

molestaba por mantenerlo rígido como cemento, y la pesadumbre de su estado mental tampoco

mejoraba su cúmulo de preocupaciones.

— Desde ahora prohibiré las salidas solitarias a la capital o cualquier otro lado fuera de la Mansión.

Si Alexis-Chan hubiera ido sola, ahora mismo sería otro producto de venta, tal como este. En vista de

esto, no puedo permitir que ataquen a más de mis sirvientes.

Declaró fuertemente, despojándose de la vacilación. Camelia, Link y Darkness asintieron con

diferencias propias, con veneración, pereza o indiferencia.

— Jeremy, ¿estás de acuerdo?

El anciano de canas peinadas hacia atrás, que no tuvo participación hasta ahora que se le daba la

oportunidad, asintió silenciosamente.

— Es como usted dice, Etanol-Sama. La situación, aunque puede parecer dada por casualidad, es

sumamente peligrosa y volátil. Nada nos garantiza que no haya otra víctima de aquí en adelante. Y

dado que muchos de los nuestros son semi-humanos, no sería sabio salir desprovisto de compañía.

— Gracias.

Cuando terminó el intercambio, la puerta de la otra habitación adyacente se abrió y dejó entrar a un

joven apuesto y de aspecto confiable.

Entrando, hizo una reverencia corta.

— Etanol-Sama, me reporto luego de completar el tratamiento de Alexis.

— Gracias por tu duro trabajo, ¿quieres sentarte? Hay dulces y té si deseas servirte.

La tensión que Etanol debería llevar en todo momento desapareció sin que él se diera cuenta.

— Tendré que negarme, no me creo digno para estar sentado mientras todos los demás están de

pie.

Camelia miró al mayordomo parado a un lado de la puerta.

— Asura-Sama, ¿Cómo se encuentra Alexis-San? ¿Cuánto tiempo le queda?

— Eso es brutal. Ya tienes la certeza de que morirá. – Expresó Darkness.

— En el peor de los casos, es necesario una preparación mental para lo que viene. Solo hice eso.

— Alexis tiene una contextura nada fuera de lo normal, pero respondió bien al tratamiento de

purificación. Sin embargo, solo puede mover la parte superior del cuerpo. En la noche volveré a

darle el tratamiento para que recupere la movilidad de la parte de abajo, pero por ahora está

dormida a causa del cansancio y el shock que recibió.

Asura entregó su reporte cuando Camelia y Darkness hablaron entre sí. Era bien sabido que se

llevaban mal, pero irónicamente se complementaban de maravilla.

— Ya…veo. Esperaba malas noticias, como que no volvería a moverse nunca más. Es un alivio que no

haya sido nada permanente,

— Gracias a Camelia, el corte en su espalda sanó sin dejar cicatrices. Pronto debería estar activa en

sus labores domésticas.

— Gracias, Asura-Kun.

— No es nada. – Sus cejas se fruncieron ligeramente, desviando su mirada. Solía ser flemático, pero

ahora tenía una emoción dentro de los ojos que era debido a lo siguiente. – Pero lo que es

verdaderamente preocupante, son las heridas mentales que quedan como secuelas del ataque. Por

lo que pude notar, ahora les tiene miedo, sino terror a los hombres.

—… Ah.

Etanol exhaló esa sílaba que traía la expectación de un mal escenario.

— Por supuesto, no es lo suficientemente malo como para que me impida acercarme, pero tampoco

tiene total confianza como antes. Ya no puede permanecer tranquila con mi presencia, o de

cualquier hombre.

— Alexis-San siempre fue una chica tímida y cariñosa. Ahora con esto pasará un tiempo para que

pueda volver a relacionarse como antes. – Dijo Camelia, lamentándose. — Y no tenemos muchas

pistas de su atacante.

Etanol masajeó su frente.

— Personalmente, me gustaría vengarme de quienes posaron sus sucias manos en una de mis

sirvientas, pero tampoco puedo ser precipitado. Antes que nada, no tenemos una sola pista de su

paradero, nombre y antecedentes. Lo único con lo que contamos es con la identificación de su

rostro.

— A mí, expresamente, no me importaría apoyar la causa. Me resultaría gratificante rebanar ese

bastardo que me desagrada tanto.

— Camelia-Chan, que una dama bonita como tú diga esas cosas da miedo en más de un sentido.

— A mí también me gustaría unirme a la búsqueda de ese criminal, si fuera posible.

Dijo el anciano levantando una mano, bebiendo su segunda taza de té marrón. Como todos

hablaban solo de pieles y esas cosas, pensó que sería un desperdicio no probar al menos algo de lo

servido en la mesa.

— No sabemos qué tan grande sea la organización, pero en casos como estos, tratan a los

trabajadores como peones desechables, a fin de resguardar el círculo más íntimo de la organización.

Ese tipo debería estar en una posición algo elevada, si era quién daba las órdenes al hombre más

grande. — Dijo Darkness.

— Y también es bueno escapando.

— Justo cuando lo teníamos, escapó bajo nuestras narices. Parece tener mucha experiencia en ello.

— Sí.

— Qué problema. Ojalá se presentara ese bastardo para hacernos las cosas más fáciles.

Etanol no quería rendirse y hacer que no ocurrió nada, pero no contaba con los medios para hacer

un frente que buscara activamente el castigo del criminal.

— Qué bien que hayan llegado hasta este punto. Creí que nunca lo harían.

— ¿Eh?

Todos se viraron hacia el locutor que contenía cierta burla en su voz, el peli-morado de ojos felinos.

El, con una mano en su tronco, y teniendo el mentón ladeado, sonrió con su blanca sonrisa. Poseía la

imagen de nobleza que de alguna forma combinaba activamente con su rostro principesco, pero que

no terminaba de encajar con la oscuridad de sus ojos.

— La primera razón para buscar al criminal es válida.

— ¿A qué te refieres, Link-Kun?

— No me llames así, no suena bien… — Torció la boca como una V invertida, y procedió a continuar.

— Es posible encontrar esa persona. Gracias a mis esfuerzos durante la batalla.

— ¿¡Es posible!?

— ¿Tienes una forma de encontrarlo? ¿Cómo?

— Todo se remonta a mi sangre. Simplemente introduje algo de mi sangre en él cuando lo apuñalé.

A diferencia de un hechizo, que puede desvanecerse o ser detectado y destruido, mi sangre

permanecerá oculta en su organismo sin hacer acto de presencia. Y con mi olfato potenciado, puedo

ubicar a ese hombre incluso si toma un viaje a otro continente.

— E-Eso es… asombroso.

— No sabía que existía tal habilidad. Ni los sabuesos tienen tan buen olfato. – Dijo Jeremy

anonadado.

— Es una estrategia que solo puede ser usada por Link por ser quién es.

Link sonrió orgullosamente con la acotación de su compañero, pero había uno de los que estaban allí

que no se encontraba satisfecha.

— No lo entiendo. Si tenías una forma para rastrearlo ¿por qué no lo mencionaste antes?

Link bostezó, aburrido con esa pregunta que esperaba de ella. Camelia frunció las cejas y miró

reprobatoriamente el peli-morado.

— Sabía que dirías eso. Si Etanol no hubiera mencionado su deseo de buscar a ese tipo, no tendría

sentido que hubiera dicho algo. Lo hice cuando dejó en claro que quería encontrarlo, eso es todo.

— Eres…

— Tranquilos, que estamos en medio de una reunión.

Aplaudió el elfo, nervioso por los roces notables de la pelirroja y el de ojos azules. Con Darkness era

una rencilla silenciosa, pero con Link las chispas saltaban y quemaban todo a su alrededor.

Temía que terminaran olvidando sus ocupaciones y decidieran enfrentarse allí mismo.

— Link-Kun, puedes rastrear a esa persona ¿sin importar la distancia?

Link, que fulminaba con ojos asesinos a la chica de ojos bicolor, demostró sus dientes de colmillos

ligeramente afilados, y entrecerró las rendijas de sus ojos. Atrajo un aire misterioso y colmado de

seguridad.

—… Podría rastrearlo incluso si fuera al otro lado del mundo, de eso no cabe duda.

— Ya veo.

Los ojos de Etanol cambiaron, y se hicieron afilados bajo los mechones de su cabello verde.

— En ese caso, no debería haber problema si lo buscamos…

El veredicto cayó sobre los presentes, y nadie se atrevió, o deseó, dar un rechazo a él.

(...)

La reunión se llevaba a cabo con soltura, todos los sirvientes secundarios fueron barridos de la

oficina de su padre, y nadie más que los implicados en el incidente estaban adentro hablando con él.

La condición de Alexis al menos era mejor que cuando la encontraron, y no luchaba por su vida ni

nada por el estilo, pero no cabía duda de que fue un gran shock para ella, y ahora pagaba por ello.

Formando un cubo mágico, la barrera – alzada por Darkness – evitaba que cualquier sonido o

palabra se distribuyera negligentemente al exterior, para evitarse fugas informáticas.

—Pero no era perfecta.

— ¿Cómo pudieron sacarme cómo si no valiera nada…? Yo también estuve ahí. Merezco estar

presente ¿no?

Diciéndose eso a sí mismo con retazos de rencor, un chico de altura promedio y hermoso semblante,

oía atentamente cada palabra que sobresalía de las personas en la sala. Tenía ambos ojos cerrados,

y su mano tocaba una de las cuatro paredes.

A primera vista, parecía estar oyendo a hurtadillas los secretos y chismes de alguien, pero la

habitación en la cual quería estar no estaba en la habitación adyacente, sino a otras tres de

distancia, y sería imposible obtener cualquier sonido, a menos que tuviera un poder auditivo más

allá de la humanidad, pero los elfos no se destacaban por tener una gran audición.

Entonces, ¿qué hacía Sylph?

Incluso si estuviera frente a la puerta, y tuviera la oreja pegada a la puerta, no oiría nada gracias a la

barrera repelente de sonido que Darkness levantó.

Tampoco si las puertas estuvieran abiertas a par, no oiría nada de nada.

Pero Sylph podía oír, como si estuviera presente en esa habitación.

Nadie sabía que, tenía su sentido de la audición entrelazado con el de alguien más.

Tenía el defecto de aislarlo del sonido que sus oídos propios captaban, dejándolo indefenso y sin

idea de su alrededor.

Ninguno, siquiera Etanol, tenía idea de que su hijo menor oía cada palabra a través de los oídos de la

chica pelirroja, cuyo conocimiento tampoco tenía en cuenta que el elfo la marcó hace mucho tiempo

con un Vínculo para futuras reuniones en las que estuviera interesado.

Dentro de la sala…

Los ojos esmeraldas barrieron el aire, parando sobre el lozano rostro de ángel de la sirvienta.

Darkness miró fijamente a Camelia, olvidándose de todos los demás.

Camelia tardó en notar su mirada. Su mal humor causado por el asesino entorpeció un poco su

respuesta.

— Aguarda un segundo...

—… ¿¡...Hm!?

Los músculos se congelaron bajo el toque a parte de sus mejillas y oídos.

Darkness, tocándole el rostro, ladeaba la cabeza, como si tuviera dudas.

— ¿Q-Qué crees que haces…?

Las manos que tomaron su rostro se alejaron tan rápido como se acercaron. Darkness regresó sus

brazos a su posición original, no viéndose satisfecho.

Seguía mirando a Camelia con ojos irresolutos.

— Tal vez me equivoqué…

— ¿Eh?

Zanjando a cuenta suya, Darkness miró al frente e ignoró todo lo demás referido con Camelia. Su

frialdad merecía un elogio al olvidarse de la existencia de Camelia.

— Espera, ¿qué fue eso? Responde ahora mismo.

— Prosigamos con lo que estaba diciendo, Etanol.

— Ah, sí.

Aunque estaba confundido, Etanol prosiguió.

...

Sylph estaba al borde de un ataque al corazón, pero se calmó cuando todo prosiguió sin problema.

Por un momento, dejó de oír lo que su padre decía, y pensó que habían descubierto el Vínculo que

guardaba con Camelia.

Pensó que Darkness, alguien muy sensible, lo habría descubierto.

Pero todo fue un susto del momento. Luego volvió a oír con normalidad.

(...)

Los elegidos para la operación, fueron Darkness, Camelia Link y Jeremy – el que tendría el papel de

líder y supervisor por igual —.

— ¿Estás segura, Camelia-Chan? No es necesario que vayas, no me gustaría ponerte en peligro

siendo una chica.

Dijo Etanol, con una mano sobre su hombro.

— Su preocupación es innecesaria. Soy perfectamente capaz de defenderme sola.

Alegó, agitando su mano.

— Pero eres una chica… — Volvió a tomarla del hombro.

— No entiendo que tiene que ver eso con que sea incapaz de defenderme. – Volvió a sacarlo.

— Las chicas con frágiles. Me gustaría que estuvieras segura en la seguridad de la mansión. – Iba a

volver a tomarla, pero Camelia se movió de su lugar y escapó, usando a Darkness se muro protector.

— Quiero ir, no me retenga más, por favor.

— Camelia-Chan…

Los gimoteos patéticos de su amo aplastaron la anterior resolución que tenía en la sala de su oficina,

pareciendo una persona diferente.

— Aunque comprendo su preocupación – La cual es infundada – tengo experiencia en

enfrentamientos de cuerpo a cuerpo o dependientes de la magia.

— ¿Dices que no existe problema con que vayas?

— Absolutamente. Aunque no estoy a la altura de Jeremy-Sama, tengo confianza en mis

habilidades…

Darkness, Link y Jeremy vieron de cerca las insistencias molestas de su señor, quien retardaba su

partida.

— Etanol, el tiempo es oro...

— ¡Ah, lo siento mucho! Me quedé hablando sin querer… Pero…

Palpando el hombro del pelinegro, le guiñó un ojo.

— Cuida de Camelia, ¿ok?

— No quiero.

—… Respondiste rápido.

— Ella es perfectamente capaz de cuidarse sola.

— Eso bastante frío. ¿No son cercanos?

— En absoluto.

¿Y por qué todo el mundo decía eso?

(...)

Para resumir las cuentas, Sylph se fugó de casa y siguió al grupo que seguía las indicaciones de Link.

Su olfato no falló en ningún momento, y con total seguridad rastreó el camino que tomó el criminal,

guiando eficientemente al grupo. Jeremy alabó su gran habilidad de gran uso, alimentando su

gigante ego.

No necesitaron encontrar pistas referentes a esa persona, y tomando el carruaje, ahorraron mucho

tiempo que habrían perdido en una búsqueda desesperada.

Sylph tomó un caballo, y a lo lejos, los siguió. La baja vigilancia que le daban era porque no parecía

ser del tipo rebelde, y era cierto.

Normalmente no se lo pensaría dos veces para desobedecer, pero una furia inmensa lo consumía a

causa de que lastimaron a una de sus conocidas.

Cuando Link dijo que el criminal estaba cerca, aparcaron el carruaje a un lado del camino del espeso

bosque, y fueron a pie. Sylph también se bajó del caballo.

Todo iba normal, y el grupo habló de cómo emboscarlo para abrir la posibilidad de un interrogatorio

sobre sus superiores, pero un escándalo prominente más adelante desechó todas sus

planificaciones.

Se apuraron a acercarse al origen del tumulto, que sonaba a mucha gente reunida. Un mal

presentimiento pasó por cada uno, haciendo que aceleraran los pies.

Y así, llegaron a cómo estaban actualmente.

Sylph lo presintió, pero lo ignoró adrede. Que Darkness sabía de su Vínculo con Camelia e iría con

ellos a escondidas.

— Si sabías del Vínculo, ¿entonces por qué no hiciste nada?

Los pestañeos que siguieron a esa pregunta amargada fueron tranquilos.

— ¿Por qué debería?

— ¿Ah?

¿Decía que no era necesario?

— ¿Por qué necesitarías mi consentimiento? Mi trabajo no consiste en eso… A diferencia de Etanol,

no tengo razones para impedirte venir.

Sylph era su contratista.

— ¿O querías que te detuviera?

Dijo, casi divertido.

— Eh, claro que no. Gracias por no hacerlo.

¿Cómo podría?

Aunque Camelia y Jeremy tendrían dudas sobre su estadía allí, y el lío de armaría después...

Y hablando de eso...

¿Dónde está Jeremy-San?

Que supiera, el anciano vino con ellos.

Darkness, intuyó por su mirada vaga, que se preguntaba sobre el anciano.

— Sobre Jeremy, en realidad, él…

— ¡AH!

Durante esos segundos que centró sus oídos en Darkness, llegó un momento donde sintió la

ausencia del peso del infante.

Envuelto en pánico, divisó la silueta del niño siendo tirada de un hilo delgado enrollado alrededor de

su tronco.

Sus manos se lanzaron más allá, reteniendo la esperanza de rescatarlo.

Solo rozó sus cabellos, para su horror.

Él fue tirado como un péndulo por una fuerza misteriosa que lo llevó lejos de ellos.

Darkness estiró su mano, pero como estaba previsto, ni siquiera rozó su vestidura. Chistó la lengua.

Sylph corrió inmediatamente detrás del niño.

Darkness, incapaz de dejarlo solo, le dio una mirada a Link. Encárgate rápido de ese jabalí. Mientras

tanto, iré con Sylph, ¿ok?

Link entendió perfectamente, dejando de juguetear.

— ¿¡Joven Sylph!? – Gritó Camelia, viendo cómo se marchaba.

¡Debería acompañarlo...!

¡...!

Regresó su visión al paciente que atendía, y entregó una mirada más detallada del fondo… Le

faltaban al menos diez personas más para culminar.

No podía abandonar estas personas.

T-Tendré que confiar en él…

Continuando con su tratamiento, dejó su voluntad a la persona que odiaba con todo su ser.

Ese molesto pelinegro.

(...)

Del espacio que usaban Zelote y Quil como campo de batalla, rugidos y sonidos de destrucción

emergían incesantemente.

Zelote estalló a toda velocidad hacia la figura de Quil, el cual se espantó de lo veloz que fue.

— ¡Maldito monstruo!

Quil traspuso un muro de piedra, reforzado con las raíces de los árboles.

Pero Zelote no se detuvo.

Impulsándose de vuelta, saltó el muro que levantó y cayó sobre Quil.

— ¿¡Qué!?

Quil rebotó de asombro.

Ahora que tenía un muro adelante, y una hilera acanalada detrás, no tenía mucho espacio para

escapar.

— ¡...Hk!

Antepuso los brazos.

La sangre salpicó sus ropas, tiñéndose su visión de dolor.

Cinco tajos perfilados surcaron sus brazos, dibujando una bella pintura de rojo.

— ¡—Grk!

Zelote sonrió, embriagándose con la imagen del asesino pidiendo clemencia.

— ¡...! ¡Guh!

Un puño compuesto de raíces enroscadas golpeó su cabeza, dejándolo ver estrellas.

Su cerebro fue sacudido, dejándolo a punto del desmayo.

— U-Uh…

Mallugado por el puñetazo, resbaló del respaldo astillado de un árbol, terminando boca abajo

cuando tocó sus raíces.

No consiguió un segundo de descanso, puesto que al caer, sintió la necesidad de toser

desesperadamente.

— ¡Cofcofcofcof!

Una mano se apoyó en tierra, la otra buscó su garganta, apretándola por los pinchazos que

palpitaban dentro de ella.

¿Q-Qué…? ¿P-Por qué?

No comprendía la sequedad repentina que le arrebataba la humedad de la lengua, ni los latidos

calientes que sacudían su cuello.

Esto ya pasaba más allá de solo tragar un poco de polvo…

— ¿Q-Qué…?

Este era el momento perfecto para acabarlo, pero Quil tampoco estaba en mejores condiciones.

Sus brazos pendían inútiles de sus hombros, sangrantes y rojos por las gruesas líneas escarlatas que

drenaban su vida.

Jadeaba, apoyándose de un tronco viviente que le permitía seguir de pie.

Zelote separó los párpados, aclarando su visión nublada.

Ambos terminaron en malas condiciones, pero el primero que se recuperara acabaría por ganar la

batalla.

¿Qué debería…hacer?

Dejándose llevar por las punzadas que aturdían su puente racional, apretó los puños, tosiendo unas

veces más antes de tomar una exhalación larga.

Iba a ponerse de pie aunque deseara lo contrario…

— ¿...?

Un estruendo se llevó el protagonismo. Parecía venir del área donde estaba la caravana.

Trozos de madera, asientos desgarrados, ruedas desechas y equipajes se dispersaron por encima del

rugido de la bestia enfurecida.

¿Qué pasó?

Viendo la carretera a lo lejos, habló entrecortado.

— ¿A-Ahora qué...hiciste…?

Quil, frunciendo el ceño, socorrió su patética apariencia con una sacudida de cabeza.

— Eh, antes de que saltes a alocadas conclusiones, esto no tiene nada que ver conmigo. No soy del

tipo domador de bestias como Trainer, es más, las odio…

Si mentía, entonces era muy bueno fingiendo aversión en su voz.

Por otro lado, si lo que decía era verdad, Felina y los otros se enfrentaban a otro enemigo que no

tenía relación con él.

Pero… ¿Justo ahora?

Sin importar por donde lo viera, era demasiado sospechoso que dos enemigos diferentes los

rodearan casi al mismo tiempo. ¿Verdaderamente no existía relación entre ellos?

Pero, fuera que lo pensara detenidamente, o lo ignorara adrede, confiaba en sus hombres. Felina y

Olga también estaba con ellos, equilibrando la balanza de poder aun con la ausencia de Slayer.

¡No, no, no! ¡No debo distraerme ahora…! ¡Tengo que matar a ese maldit—!

Bajo su nariz, un montón de tierra estalló, bloqueando su visión.

Ramificaciones móviles se atravesaron sus manos, envolviéndose alrededor de sus brazos.

— ¡Kgh!

— ¡Hahahahaha! ¿¡Qué te parece, bastardo!? ¡Por fin encuentro una oportunidad de aplastarte!

Dime, ¿cómo se siente estar desprotegido cuando tienes tu enemigo, es decir, a mí, delante de ti?

Quil destrabó aplausos consecutivos, sonriente consigo mismo.

Se veía como que rompería a bailar en cualquier momento, solo retenido por la obligación de acabar

con su contrincante.

— ¡Ah, pero no puedo hacerte esperar…! ¡Sigo teniendo cosas que hacer! Una vez que termine

contigo, debería ir por los que se fueran allá atrás. Debería comenzar por la chica. Seguro será un

buen abrigo, tan suave como la seda… Ah, cierto… a ella le haría una excepción por Towin-Sama.

— ¿Q-Qué?

¿De qué estaba hablando?

Inclusive el adormecimiento penetrante de sus manos empaladas reprimió su desenfreno conforme

su mente luchaba por aclararse.

¿Cuál era el significado…? ¿A qué se refería exactamente?

Una amarga suposición destrabó una sequedad hirviente dentro de su boca.

Cayéndole el indicio como un relámpago tormentoso, se repitió solo el mensaje que dijo su

subordinado antes de despedirlos de la capital.

"Actualmente, una serie de rumores se han difundo entre las filas de caballeros. El contenido

principal trata de una red de ventas ilícitas, con mercancías como pieles, ojos, orejas, pociones y

prendas de vestir, todas usando semi-humanos de materia prima..."

Prosiguió con una lista de medidas de seguridad que enumeró detalladamente, tratándolo como un

niño que iba a jugar con sus amigos. Recordaba que en ese momento se molestó por sus

redundantes preocupaciones.

— Es una lástima que estés tan dañado para ser una alfombra decente. Bueno, quién sabe, hay

algunos fanáticos que adoran las pieles de gente poderosa, por muy maltratada que esté...

Quil arraigó sus dedos por el mango de un cuchillo.

Si el cuello de ese tipo era tan fuerte para evitar cualquier ruptura, iría por el lugar más blando de su

cuerpo.

Y ese lugar, estaba ubicado en medio de su rostro, oculto bajo unas pestañas oscuras.

Sus ojos no podían ser hechos de hierro. Su arma debería poder atravesarlos.

Afloró una sonrisa de lo más alegre.

— ¡Adiós...!

Dibujó un hermoso arco. El destino: uno de los ojos del semi-humano.

En un parpadeo, el gorgoteo hurtó toda privación de sonido durante los momentos siguientes.

Burbujeó y goteó, desfilando gruesos torrentes ambarinos.

— ¿E-Eh?

La sangre salpicando por todos lados, los alaridos de dolor y la sensación del calor abandonando el

cuerpo que esperó apreciar, no sucedieron.

Solo oía el ruido de algo cocinándose, crepitando bañado de una luz cegadora.

Tanto el humo, como el sonido de goteo no vinieron de otro lugar que de la hoja del cuchillo que

manejaba.

Plock, plock.

El metal se fundió, convirtiéndose en nada más que un líquido ámbar.

El césped de radiante verdor se quemó bajo las gotas ardientes.

La envoltura de lenguas ardientes lamió su mano de manera cálida. Su piel burbujeó al exponerse al

calor intenso.

— ¡—Kgh! ¡UAAAAAAAARRH!

Este dolor no podía exponerlo en palabras.

Apartado por un tronco, pudo ver finalmente qué sucedió.

— ¡...!

Allí vio...una cúpula de fuego.

Todo alrededor fue reducido a cenizas.

No quedó nada que soportara las violentas llamas.

En medio del remolino sedicioso, la silueta de Zelote gruñía de ira.

— ¿¡Q-Qué demonios!?

¡No sabía qué pudiera hacer esto…!

Zelote lentamente se colocó de pie, rodeado de las lenguas ardientes hasta donde llegaba la vista. Su

figura enlazada con las llamas no echaba humo ni se quemada, actuando en perfecta armonía.

Quil negó una y otra vez, sin entender qué sucedía.

— ¿¡No se suponía que tu afinidad era aire!?

— Nunca dije nada sobre que solo controlara el aire.

Alegó, sin emociones.

Ok, eso fue bajo.

Chasqueando sus dedos, el aire comprimido desató una ola de llamas, arrasando la frescura del aire,

consumiendo cada partícula de oxígeno.

Los troncos, la tierra, las plantas, las flores, todo lo que encontró lo incendió, entregándose al placer

de calcinar toda cosa viviente… Su alma no se conformó hasta que el resultado fueran las livianas

cenizas.

Algo de emoción apareció en los ojos de Zelote, expresando a voz clara lo que ya era incuestionable.

—… Controlo el fuego, como puedes ver.

— ¡NO ES JUUUUUSTO! ¡PUEDES CONTROLAR DOS ATRIBUTOS!

Zelote torció el labio inferior, rebuscando el origen de las demandas estúpidas del peli-rosa.

— ¿Justo? ¿Acaso luchaste con justamente cuando asesinaste a Neithan? ¿¡Vienes a hablar de

justicia cuando eres el sinónimo del engaño, desgraciado!?

Alimentadas de la furia de su espíritu, las llamas acrecentaron su tamaño, buscando más presas que

consumir. Esto llegaba al punto de parecer incontrolable, pero a Zelote no le importaba si todo el

bosque acabara hecho ruinas.

Lo único que debía importarle, era ese hombre parado allí, merecedor de su furor.

Lo quemaría sin parar, consumiendo su carne, su cabello, sus ojos, su molesto rostro, su piel, e

incluso cuando no quedara nada más que un cuerpo chamuscado, buscaría la manera de deshonrar

su cadáver hasta que el ardor que abatía su alma dejara de quemarlo.

A estas alturas, ¿qué más podía afectarle?

Incluso si existiera otra manera de sobrellevar la situación, no quería seguirla. No tenía otra manera

de expresar todo el fervor que se condensaba dentro de él, aumentando el calor de la ira que

humeaba como un incendio incontrolable.

Uh, menos mal, ya creía que tendría que esperar durante unos 100 años más.

— ¿¡_!?

¿¡Eh!?

¿De dónde provenía esa voz?

Zelote encaró un miedo y aversión que revolvió su estómago.

Sintió náuseas.

¿Qué sucede?

Ejem... ¡Felicidades! ¡Desde ahora, serás Ira, espero que nos llevemos bien, Zelo-Kun!

Ah...

CRACK.

Sintió un eco agudo expandirse dentro de su cabeza. Algo insoportable y de naturaleza agresiva e

inoportuna.

Originada de un mismo centro, el eco expandió su tropel dentro de las murallas cerradas de la

cabeza hirviente de ira.

Avanzó sin intenciones de detenerse, hundiendo su mente dentro del límite de la locura.

Crick.

Esta vez, su cerebro no solo abrió los brazos de bienvenida al ruido retumbante, algo lo acompañó.

Y esto era…

— ¡Kgh! ¡...!

...Un dolor en extremo insoportable.

Sus ojos dejaron de ver el paisaje.

Nada de eso permaneció intacto en su visión, acogiendo una cortina negra, larga e interminable

como la expansión del cielo nocturno.

La sensación que vino de invitada con el ruido de quebrantamiento, solo era puro dolor, un

sufrimiento más allá de lo que había imaginado.

Si en las más locas de sus pesadillas, estacas se hincaran en derredor de su cráneo, tendría plena

seguridad de que lo soportaría mejor que esto.

No podía describirlo claramente con la conciencia turbia, que debatía entre permanecer despierto o

entregarse al desmayo para evitar perder la razón.

Pero no pudo desmayarse.

La agonía continuó con pies plantados en la semi-consciencia, obligándolo a atravesar esa

experiencia una y otra vez hasta que perdiera la cuenta.

Finalmente, el dolor pasó el límite, donde las cuerdas vocales no soportarían más presión para soltar

un alarido gutural.

— ¡Hk...!

— ¡...!

El moribundo peli-rosa saltó, poniéndose en guardia. El grito de ahora lo dejó confundido.

Pero Zelote ignoró su presencia y tomó uno los árboles más cercanos. Las llamas que tenía de

revestimiento regresaron a su núcleo antes de que lo supiera.

Plack, plack, plack.

Los golpes resonaron.

En Quil afloró el desconcierto, buscando respuestas que le dieran razón.

Golpe, golpe, golpe, golpe, golpe…

— Ha, ha, ha, ha… Hk...

Entre los rastrojos dolorosos, la calidez de la sangre calmó sus pensamientos.

Lentamente, paró de apretar el tronco entre sus manos, parando su cabeza de ir y venir.

Jadeando ruidosamente, Zelote inclinó su frente sobre el suelo, el cual absorbió la sangre goteante

de su cabeza sin oportunidad de quejarse.

¿Q-Qué…? ¿Qué había…?

Pensó en qué causó este dolor, pero...

Su mente...no lo recordaba.

Estaba en blanco...

Era extraño.

Sabía que algo pasó, pero no tenía idea de qué.

¿Por qué no podía recordarlo? Nunca tuvo mala memoria.

Solo tenía una idea vaga de alguien, o algo, hablándole.

Pero ahora…

Transmitiendo vacilación, Quil levantó los brazos, confuso por la extraña escena de Zelote mirándolo

con calma. Tenía dudas del destino final de la ira que hace poco tenía encendida como una fogata.

— ¿Q-Qué pasó? ¿No dijiste que podías controlar el fuego? ¿Golpear tu cabeza contra árboles es

parte de tu ritual de batalla o es solo una manía enferma? ¿Es para verte genial? ¿Por qué un héroe

malherido que sale con la victoria es mejor visto que uno ileso? ¿Acaso quieres usarme de catapulta

para mejorar tu reputación? Te aclaro que tengo mis propios problemas como para concederte tal

favor… ¿Por qué el silencio? Me estás haciendo hablar conmigo mismo. ¿Eso no es cruel? Creo que

lo es. Vamos, di algo. Me estoy cansando de hablar solo.

Zelote hace un momento no habría dudado en callarlo a golpes o gritarle que cerrara la boca, pero

ahora solo permanecía estático, inseguro de qué hacer a continuación.

— Esto…creo que debo matarte, ¿no es así?

— ¿...?

Muy diferente del tono de voz que usó con él, este era dubitativo. Daba la impresión de un anciano

que olvidó donde dejó una de sus pertenencias y hablaba consigo para buscar alguna pista que

removiera el polvo de su memoria.

— Sé que debo matarte, pero olvidé por qué… Ah, no, no lo olvidé… Hiciste algo malo, algo

imperdonable. Eso lo recuerdo. Sé que era algo que me lastimó e hizo enojar, pero cuando trato de

recordar los sentimientos que conlleva esos recuerdos, no encuentro nada.

—…

— ¿Por qué no puedo recordarlo? Hace poco parecía tan sencillo como respirar. No lo entiendo.

—…

— Pero, estoy seguro de que debo matarte, por el bien de no volver a sentirlo. Tengo dudas al

respecto, peo creo que debo hacerlo. Es lo que me dice mi anterior resolución, aunque ahora me

parezca vacía.

—… ¿Ok? Esto es algo confuso para mí. Creo que tienes algo parecido al complejo de identidad, pero

no es mi problema.

— No quiero oír eso de ti.

Incluso esa oración de fin despectivo, sonaba vacía de todo origen hostil.

— En fin, hazme esto más fácil, ¿me harías el favor de dejarte dar el golpe de gracia?

— Lejos de querer ahondar en tus presunciones, ¿creíste en serio que haría eso?

— Dentro de mis pensamientos sonaba factible, pero ahora que lo dices, no parece sonar del todo

bien. Me disculpo. Ahora, mi me permites…

Empleando un léxico educado, Zelote avanzó una pisada, desfilando sus garras.

Nadie notaba que sus heridas sanaron hace mucho, borrando los vestigios que en un futuro

producirían cicatrices.

Quil respingó, sacando una mano al frente.

— ¡Ah, quieto ahí, grandulón!

— ¿...?

Zelote levantó una ceja, preguntando mudamente por qué lo detenía.

Quil sonrió con sudor en su cuello.

— ¡Lamento tener que detener tus intentos de acabar con esto de manera concisa! ¡Pero no tengo

permitido perder aquí…! ¡Por eso, haré uso de mi plan de contingencia!

— ¿Plan de contingencia?

Quil chasqueó los pulgares, retozando en medio de su sonrisa.

— ¡Eso es! Me alegra ver que eres más receptivo que antes. Espero que me comprendas, pero mi

jefe no se alegrará si caigo bajo las garras de un simple caballero…

— Ah, no, no te preocupes. Lo comprendo perfectamente. Cuando era un caballero común, tenía

que producir resultados para tener orgullosos a mis superiores.

Quil aplaudió una vez, ampliando su sonrisa.

— ¡Oh, veo que me comprendes! ¡Eso es bueno! Muchas gracias…

Zelote bajó sus hombros, deprimido por tener que menoscabar su alivio.

— Pero, Quil, necesito acabarte, o siento que estaré evadiendo una de mis más importantes

responsabilidades…

Quil recibió un shock casi cómico, quedando de piedra, pero recuperó la movilidad al bajar la cabeza.

— Oh, ya veo, ya veo. – Asintió con una mano en su barbilla, en forma de "V" abierta – En ese caso,

supongo que no hay de otra. Tampoco puedo abusar de nuestra relación para forzarte a dejarme ir,

por lo que… tengo que hacerlo de otra manera…

—…

— Entonces… Ruego que me perdones por traer a una persona ajena a esto.

Subiendo la mano, evocó una oración traviesa.

— Ven un momento y haznos compañía, pequeño…

Shiiiii. Se reprodujo un sonido de tirar.

No lo entendió, solo vio un hilo delgado retraerse de su muñeca.

¿Tiraba de algo? Si era así, ¿de qué?

— ¡...!

Cuando una pequeña figura cayó en brazos del asesino, entendió a qué estaba atado el otro

extremo.

— ¿Qué tal una adivinanza de último minuto? ¿Qué tiene pelo de extraños colores, ceguera y una

cara adorable de cachorro?

—…

— ¡Respuesta! ¡Este niño…! ¡Démosle la bienvenida al pequeñín que nos bendijo con su llegada!

¡Aplausos!

Se rio, acunando al niño dálmata.

Aunque estaba en brazos de alguien extraño que nunca antes conoció, y que obviamente era

malvado, el niño no alzó su voz en llanto.

Quil, tenía al niño.

Zelote retrocedió.

No era consumido por la ira, sino por la ansiedad.

Pero no la sentía natural, como si le faltara el factor sustancial que la complementaba, retratando

una emoción incompleta.

Quil balanceó al niño como el trofeo de su vida.

— ¡La vida de este pequeño descansa en mis manos! ¿No te parece una buena ventaja? ¿Eh, eh?

—…

— ¡Oh, no me mires así! ¡En estos casos no puedes culparme por buscar tener una ventaja! ¡Es lo

primordial de las peleas a muerte! Permíteme expresar mi arrepentimiento por usar de estas tretas,

pero aguárdame paciencia ¿sí?

—…

— ¡Oh, tu silencio lastima mi alma! Claro, que tengo un trato favorable para ambos bandos…

—…

— ¡Déjame matarte, como a diez de tu grupo, y dejo al niño y al resto vivos! ¿Qué te parece?

—…

— ¿¡Es demasiado bueno que no puedes hablar!? No te preocupes, te dejaré pensarlo.

Irresoluto por su silencio, Quil procedió a darle tiempo de cavilar cómo llegaron las cosas a este

punto.

Su cabeza rebosaba de un cientos de preguntas.

¿Acaso no le cedió a Felina el niño para que lo resguardara?

Si el niño estaba aquí, ¿Felina sabría de su desaparición, o no tenía idea?

¿Cómo podía resguardar la seguridad del mocoso ahora que estaba en manos del enemigo?

¿Debería sacrificarlo?

Algo dentro de él le dijo que era una mala idea. Estaba en contra de sus principios dejar un niño

morir.

Pero en ese caso, ¿debería ceder ante sus demandas?

Hm, podría, pero tenía la sensación de que no era lo correcto, tanto para él, como para sus hombres.

Y si moría, no podría asegurarse de que Quil cumpliera su palabra.

¿O debería hacer un contrato por escrito?

No, no sonaba viable.

Dios mío, ¿por qué era tan difícil decidir? Si tardaba mucho tiempo, el niño sería…

— ¡Ok, esto está tardando demasiado! Tendré que demostrar mi control sobre su vida, para acelerar

las cosas…

— ¡...!

— Ok, ok, supongo que comenzaré arrancándole un bracito. Eso debería bastar para forzarte a

decidir. No me tengas rencor ¿ok?

— ¡Espera…!

— ¡Entonces

~

…!

Su mente corrió a pensar lo más rápido que pudo, todo con el objetivo de recuperar al niño. Lástima

que cualquier acción descuidada acabaría mal.

Quil entraba fácilmente en pánico. Si lo asustaba, podría recurrir a peores ideas.

¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Me abalanzo sobre él…? No, eso no servirá… Necesito algo que me

entregue una posibilidad, un rayo de luz. Necesito recuperarlo. ¡Pero no se me ocurre nada! ¿Qué

haría Felina ahora? ¡Seguro que Slayer devoraría toda cosa que lo limitara y correría a derrotar a su

enemigo a sangre fría, pero no puedo hacer lo mismo que él!

Despellejándose la mente por nuevas ideas que lo sacaran de este aprieto, un olor ajeno se deslizó

bajo su nariz.

¿Eh? ¿Esto es…?

El rayo de esperanza, realmente vino.

Junto con ese claro pensamiento, una calma apacible despojó su corazón de todo miedo. Su

voluntad de luchar regresó casi al mismo nivel que tenía al inicio del enfrentamiento.

Una sonrisa, que bajo una mejor contemplación, solo podía describirse como malvada.

Quil pestañeó, confundido.

— ¿Eh? ¿Por qué sonríes…? No soy un experto, pero no creo que esto parezca divertido ¿o sí?

— ¡HYAAAA!

— ¿¡PERO QUÉ!? ¡KUH!

Quil gritó al tener una sombra en su espalda expuesta.

Vaciando sus pulmones de un potente rugido de guerra, movió su cuerpo a una velocidad

aterradora, y abriendo su mano, entabló contacto con la espalda expuesta de Quil.

El contacto no duró mucho tiempo, pero el daño fue grande.

Una onda expansiva atravesó su columna, propagándose como ondas de agua a todo su cuerpo, la

energía azulada arrancó sus pies de la tierra.

Los huesos dieron un ruido quebradizo. El golpe, que fue hecho con extremo cuidado y sigilo, no fue

detectado hasta que fue llevado a cabo.

El niño abandonó los brazos inseguros del asesino, sobrevolando el aire como ave liberada de su

jaula.

Siempre gobernado por la calma, no lloró ni pataleó por la falta de aguante, y solo se acurrucó como

un ovillo que surcaba los cielos.

— ¡...!

De pies ligeros, Zelote saltó y aseguró al niño, abrigando la calidez de su pequeña figura, y buscó

prontamente muestras de heridas o magulladuras.

La ansiedad vagó lejanamente de su mente, que fue conquistada por la emoción de tenerlo a salvo.

El polvo ponderó el barrido impulsivo de Quil, dibujando un camino notable para todo el que lo

viera.

De pie sobre la carretera distorsionada, reposaba una persona en total templanza, poseyendo un

aura saturada de voluntad férrea, que dejaría en ridículo a los más honrados caballeros.

En la barbilla rectangular, la barba recortada en candado reafirmaba su imagen de anciano viril,

condensado en sus ojos dormía la valentía de una bestia sedienta de justicia.

Su cabello blanco estaba peinado para transmitir la imagen de una persona competente.

La ferocidad de su aura apartaría a cualquier no estuviera preparado mentalmente para enfrentarlo.

Ni más ni menos, respondía como el autor del ataque a quemarropa que derribó a Quil.

Encubrió a la perfección sus avances en la retaguardia, y alcanzó un punto ciego cuando el hombre

llegó el punto de mayor negligencia durante su monólogo.

— No hay peor error que confiarse en el campo de batalla.

Y, otorgando el golpe de gracia con esa expresión contundente, se bajó el chaleco de mayordomo.

¿¡Qué tan genial podía ser un anciano como él!?

Zelote acabó maravillado.

Quiso ser como él, un hombre genial y respetado.

Jeremy agitó su chaleco, desplegando su mirada sobre el chico que lo observaba con ojos brillantes.

— Disculpo la interrupción grosera, pero percibí el peligro inminente y procedí a intervenir por el

bien del niño.

— E-Eh, no, no hay problema.

Dios, ¿cómo hablaba con un tipo genial como él?

Primero debería saber su nombre. Sí, podría continuar a partir de eso.

— ¿Me dirías tu nombre?

— ¿Mi nombre? Oh, por supuesto. Sería descortés no hacerlo cuando he interrumpido la pelea entre

usted y el hombre de allí. – Inclinándose solemne con una mano en el pecho, dijo – Mi nombre es

Jeremy, un humilde servidor de Etanol Clover-Sama, mi señor.

— Ah...

Con él investigó la desaparición de la aldea.

— Así es. Ese día estuve presente.

— ¿¡Lo estuviste!? P-Pero no recuerdo…

— Es de esperar...

Perdió su hogar sin ninguna explicación. No estaba en su mejor momento para conocer a otras

personas.

— Mis disculpas... No estaba del todo bien ese día.

— Es entendible.

No lo comprendía del todo, pero entendía que el anciano estaba de su lado.

Menos mal, si Jeremy quisiera noquearlo, con su cansancio mental no podría defenderse.

— Eso fue impresionante, como derribaste a Quil.

Jeremy alisó su cabello, negando con dejes de vergüenza.

— Me sobrevalora, Zelote-Sama. Eso no fue más que una pobre técnica.

¿Una técnica pobre enviaría a volar a su oponente?

— De todas formas, gracias… Me encontraba dentro de un dilema.

— No hay de qué. Detesto a las personas que emplean dichos métodos despreciables. Solo respondí

naturalmente.

¿Respondió naturalmente? Eso daba miedo. Mejor hacía una nota mental de no molestar al viejo o

acabaría con unos huesos rotos.

Luego de que el peligro a su vida se resolviera sin daños a su persona, el niño perro hizo un sonido.

El aroma habitual de Zelote cosquilleó en su nariz, y fue que mostró un tipo de emoción diferente a

la indiferencia con la que se caracterizaba.

Amorosamente se apegó a sus ropas, frotando su mejilla con él.

— ¿Pero qué…? ¿Por qué estás…?

— Debo halagar al pequeño infante. Guardó la calma durante todo el oprobio. De mayor será un

estupendo líder…

— ¿Eso crees?

— Por supuesto.

— O-Ok…

No sabía qué pensar sobre el niño, el cual siquiera tenía un nombre.

— Gk… Mhg… Ah…

Quil, sofocado, y arrastrando silabeos de gemidos sofocados, procedió a incorporarse. Nada de él

despedía firmeza. Sus rodillas crepitaban al golpearse entre sí, y sus manos apenas contaban como

apoyo.

— D-Duele… ¡Khg!

Ronco de voz, tosió el polvo que se adentró sin permiso bajo su lengua. Tenía vestigios de sangre.

Esto no estaba bien.

¿Qué pasó…?

— ¿Oh? Veo que sigues consiente, es toda una sorpresa.

— ¿Uh? ¿¡Pero qué…!? ¿¡Sigues vivo, Quil!?

El anciano asintió con una mano acariciando su barba canosa, mientras que Zelote brincó con las

señales de vida de Quil.

— Sigo…vivo…

Su voz no daba para dar mayores discursos, una verdadera lástima para alguien hablador como él.

— Esto está más allá de mis expectativas…

Jeremy resopló con la fuerza de un caballo preparado para la guerra.

—Estaba seguro de haberte roto la espina dorsal. Incluso si continuaras consciente, no podrías

moverte más.

El modesto anciano que se consideraba huesos viejos no percibió el caos mental del semi-humano a

su lado.

¿No dijiste que esa técnica era pobre? Con eso claro, tengo que preguntar ¿¡cuál es tu definición de

pobre!?

—…Tienes una vitalidad fuera de lo común. No estoy en buenos términos contigo, pero alabaré eso.

— Lo que está fuera de lo común es tu fuerza, abuelo.

— ¿Eso crees? Yo creo que es bastante débil en comparación con mi señor.

— Mi imaginación comienza a especular qué tipo de monstruo es tu amo.

— Uno honrado y respetable.

— No me refería a eso.

Hablar con Jeremy no era un asunto sencillo.

Comenzaba a salirse del tema.

Miró a Quil, levantándose a duras penas.

— Ya ríndete, Quil. Me sentiré mal si opones más resistencia a estas alturas.

— P-Perdón…pero no puedo rendirme ahora… No puedo hacerlo…

— Ya veo. Lamento presionarte más de la cuenta.

Jeremy bajó una ceja, ojeando superficialmente el intercambio casi coloquial.

¿Se conocían de algo? Pero no parecía ser el caso.

— En fin… — Jeremy regresó al aura de combatiente diestro —Zelote-Sama, colaboremos para

vencerlo de manera definitiva.

— ¿Eh? ¿A qué te refieres?

— Pues verá, el ataque de antes, tenía el objetivo de detener su corazón y acabar con la batalla de

un solo golpe.

— ¿¡EH!?

Guiadas por la sorpresa de Zelote, las orejas de cono se giraron al cielo.

— ¿Detener su corazón?

— Exacto. Pensaba detener su corazón con ondas eléctricas, pero como puede ver, no funcionó… Es

una verdadera lástima que mis habilidades sean por debajo del promedio. Mis más sinceras

disculpas…

— No… Gracias por tu esfuerzo…

¿Entonces el objetivo de ese ataque no era lastimarlo? ¿Y aun así le rompió la espalda? ¡Eso es

increíble…y da miedo!

— Por mi corto intercambio entre él y yo, pude percibir que su cuerpo, no, que una fuerza individual

en su alma, desvía los ataques mortales.

— Creo que sentí algo parecido.

— Entonces pensamos en lo mismo, propio de alguien valiente como usted.

— No… No creo que tenga algo que ver.

Es más, a mí me costó unos cuantos minutos batallando para caer en cuenta, pero él pudo percibirlo

con darle un golpe…

Zelote suspiró en una mezcla de frustración y resignación.

— A-Ah, ah… Esto, es…trampa…

Dijo Quil, entre jadeos.

— Como entró alguien ajeno a...esto, no tengo más opción que acabar con el niño.

— ¿Eh?

¿De qué estaba hablando? Estaba moribundo, ¿cómo lograría matar al niño si los separaba una

distancia de ocho metros?

No podía correr por sus heridas, y ahora tenía de su lado al asombroso anciano. Prácticamente era

invencible.

Pero la confianza de Quil engatusó la curiosidad, propia de los felinos.

Y esa mano que extendía, debía tener un significado detrás…

Un significado… Una mano extendida…

— ¡...!

¡Oh, demonios!

¡Lo recordaba…! ¡Cuando atrajo al niño de rehén, extendió la mano y el vino tirado de algo…! ¡Si era

cierto que ese hilo blanco era parte de su poder, entonces…!

El niño seguía con ese hilo atado a él.

— ¡No puede ser!

Jeremy encontró extraño el pánico súbito de Zelote, pero no encontró problema con buscar el

origen de su desespero, causado por el peli-rosa que tenía una ligera sonrisa.

Zelote buscó cortar el filo, pero era tan fino, que no podía verlo. Era como si no estuviera allí.

— ¡No, no, no, no, NO!

— Y ahora…

Zrin.

Tirando de su mano, la figura de cabellos blancos y negros acabó fragmentada en dos partes,

dejando solo su parte superior e inferior intacta…

Zelote gritó cuando avistó esa escena clavándose en lo profundo de su memoria…

O no…

El llamado de la muerte no privó al niño del aliento de la vida. Él continuaba mirando al vacío,

preocupado por las constantes vibraciones de quien lo sostenía.

— ¿E-Eh?

¿No estaba muerto?

Pero, el siguiente ruido que emanó en el entorno nublado de emociones fuertes, fue el alarido

compuesto de confusión y expectación de Quil.

El ruido de antes, no fue de haber cortado en dos al muchacho.

…Ssino de algo tocando el suelo, rodando hasta caer un poco lejos de él.

Su propia mano.

Destrabó otro grito.

Duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele. ¡Cómo duele!

Su otra mano apretó atrás de su muñeca. La sangre no paraba de brotar aunque presionara con

todas sus fuerzas.

¿Qué había…pasado?

— ¿No has tenido suficiente?

Adosado al campo teñido de sangre, Sylph le entregó una fría mirada a Quil.

El arma que utilizó para amputar su mano fue un látigo e luz.

Dentro de él, quedó impregnado el regusto áspero por la visión de la sangre, pero la aparentó bien.

— ¡T—Tú…DESGRACIAAAAADOOOOO!

Con ojos inyectados en sangre, Quil le entregó un grito contundente.

Sylph deslizó una chispa de turbación dentro de sus ojos rubíes, pero la desechó rápidamente.

Aunque no le gustaba la idea de matar a alguien, con Quil no existía ese problema.

Contemporáneo a Sylph, un torrente de temores aplastaban a Quil.

¿Voy a morir?

¿Aquí? ¿Completamente solo?

¿Por qué? No hice nada malo.

Bueno, sí lo hice, ¡pero todos hacen cosas malas! ¿Por qué debo morir yo precisamente?

Si muero aquí, Towin-Sama se burlará...

Fusionándose las voces alternas, su mente acabó volviéndose un vórtice sin final de galimatías

desordenados.

Sus ojos buscaban salvación, algo que le regresara la esperanza.

Su pecho se apretó e hizo crujidos de piezas rotas.

Ah, ¿el golpe del anciano le rompió algo más?...

No, no, no, no, no, no, no.

Perdiéndose a sí mismo en la locura, no percibió un cambio no en el entorno, sino dentro de él.

— ¿¡Q-Qué es eso!?

Zelote se puso en guardia.

Jeremy estrujo sus cejas, abandonando su confusión inicial al ver a su joven amo allí.

Sylph entreabrió la boca, en shock.

El área del pecho de Quil – precisando en la zona del corazón – comenzó una emisión de calor,

refulgiendo a través de su piel.

— Esto no parece ser bueno. – Dijo Jeremy.

— ¡Oe, oe, oe! ¿¡No me digas que tienes una bomba implantada o algo así, Quil!?

— ¿¡No puedes simplemente rendirte!? – Dijo Sylph alejándose lo más posible del peligro inminente.

¿¡Si no ganaba, tenía que llevarse a todos consigo!? ¡Qué broma de mal gusto!

Acelerando la apremiante detonación del corazón de Quil, se tensaron los hilos que sostenían la

triada de personajes dentro del apuro de mal agüero.

Todos concluyeron que escapar de la zona de explosión era la única forma de salir de esta. Lo malo

era el escaso tiempo que tenían...

— ¡WRUAAAARH!

— ¿...?

— ¿¡Q-Qué hace aquí!?

La detonación acabó cortada por el embate poderoso del jabalí.

Teniendo el lienzo garzo desplegándose ante su visión panorámica, Quil tardó en comprender por

qué ahora no sentía las plantas de los pies posadas en tierra. Tanto el dolor como la agonía pararon

de atormentarlo, presentándole una nueva incógnita.

¿Estaba volando?

Ah, fue abatido...

El jabalí aplastó sus pezuñas con estupenda virtud, resoplando por las fosas nasales.

Quil casi se rio.

El destino debía odiarlo.

Ya no tenía el privilegio de sentir dolor. O podría verlo como algo bueno, tener insensibilidad. Su

cuerpo estaba en el punto que era un desastre irreconocible de ser humano.

Que siguiera vivo era todo un milagro, o una maldición si lo miraba desde otra perspectiva más

realista.

— ¿¡Un jabalí de fuego!?

— Oh…

— ¿Cómo que "Oh"? ¡No es momento para tener admiración por él, abuelo!

— No, mis disculpas. Es la primera vez que veo uno de estos. Son magníficos ¿no cree?

— ¡Incluso si me lo dices…! Ah, bueno, supongo que es un poco fenomenal… ¡No, espera! ¡No es

momento para esto!

Sylph no entendía qué hacía ese jabalí allí, ni tampoco por qué marchó directamente hacia Quil.

¿Link perdió?

Ah.

Acabando su festejo, el jabalí terminó su ovación...

…Y, despojada de sus fuerzas, sucumbió bajo su mismo peso.

— ¿Eh?

— ¿Q-Qué pasó ahora?

Gruñendo cansamente, sus grandes ojos pestañearon lentamente.

— Ah…

Sylph supo por qué el jabalí estaba jadeando adolorido.

Un despiadado corte se desplazaba a través del cuello de la bestia, culminando su trayecto en el

espacio de su estómago.

No lo habría notado de no ser por la sangre que circulaba fluidamente por el corte.

Concluyó que la vida del jabalí ya era insalvable.

En medio de eso, percibió otro detalle que ignoró en el momento.

— Era una hembra…

Aunque seguía teniendo dudas, descubrió que era una hembra.

Agitada, exhalaba y buscaba oxígeno como medio para permanecer despierta, comprendiendo el

poco tiempo que le restaba.

Aunque nadie sabía, una explícita satisfacción colmaba su conciencia animal guiada por los instintos.

No tenía arrepentimientos, y logró vengarse del tipo ese.

— ¿Q-Qué…? ¿Qué pasó?

Quil sacudió la cabeza, el único lugar de él que seguía apuntando al lado correcto. Toda persona se

horrorizaría y acabaría desmayado si viera su cuerpo en tremendo estado de ruina.

Irónicamente, su vida acabó salvada. Ya la detonación paró el conteo regresivo.

Pero, ¿por qué estaba un jabalí de fuego aquí?

De tanta gente allí presente, ¿tuvo que venir a golpearlo a él? ¿Acaso tenía un blanco pintado en su

espalda?

No, esperen… Algo no encajaba.

— Oh, ya veo...

Esa cría de antes era suya...

Tenía vagas memorias de que camino aquí, una cría de jabalí, más amistosa de lo que debería ser,

acabó siguiéndolo por mera curiosidad.

Su frustración por el fracaso en la capital, y los rostros de quienes interfirieron con su trabajo,

acabaron haciendo que filtrara su ira sobre el pequeño jabalí inocente de toda culpa.

Lo asesinó por placer personal, nada más.

Abandonó el cadáver de la cría, esperando que alguna bestia lo encontrara como aperitivo.

Pero ahora…

Si ella era su madre… se explicaba por sí sólo porque vino a golpearlo.

Debió dejar indicios de su aroma en la cría, cuya evidencia sirvió para que su madre supiera

rastrearlo hasta aquí.

— ¿E-Enserio? No fastidies… Algo como eso…no tiene sentido.

Ella no contestó nada más, cerrando sus ojos ocultos bajo pestañas pobladas. Al tener su venganza

completa, ya no necesitaba aferrarse más a la vida.

Su corazón calmó las rápidas palpitaciones, y el calor lentamente la abandonó.

Estaba complacida con su final. No podía pedir nada más.

Entregando el último aliento, falleció.

No, no, no, no, no hagas eso. Te mueres complacida con tu patético final, no puedo aceptar eso… No

es posible acabar sin arrepentimientos. ¿Por qué pareces tan llena…? ¿Por qué…? ¡...!

Crack.

— ¡B-Blueeeeeh!

Sangre chapoteó bajo el charco que derivó de su vómito.

Amenazaba por la visión oscureciéndose, comprendió que no estaba lejos de acabar como el jabalí.

Ahh… perdí demasiada sangre. ¿Qué se rompió dentro de mí? Oh, no, a este paso, moriré… No quiero

morir.

No quería retirarse sin resultados, pero, sería peor si moría ahora como un perro.

Oh, Dios… ¿¡Por qué tenía que marcharse…!?

Lleno de impotencia, le entregó una última mirada al elfo.

— ¿...?

Sylph tensó los músculos al estar dentro de su mira. Pero Quil se limitó a hablarle.

— Recordaré esto… Definitivamente…te mataré.

— ¿Qu—? ¿¡...!?

Apareciendo de un chasquido, la nueva forma de Quil, captada como una nube nebulosa carmesí, se

propagó en el lugar donde había estado, tal como una enfermedad viral.

— ¿¡Se esfumó!? – Exclamó Zelote, alerta a nuevos ataques.

Jeremy desaprobó todo movimiento impulsivo, y mantuvo la calma. No conocía a nadie con una

técnica así de conveniente.

Camelia y Darkness tenían razón respecto al modo de escape del criminal.

Cuando ya el daño era irreparable, y no se asomaba ninguna mínima oportunidad de voltear las

cosas, la utilizaba para retirarse.

— ¡Tks!

— Nos despedimos ahora. Es una lástima que no pueda continuar mi encuentro con el gatito de allá,

pero les prometo que no será la última vez que nos veamos…

— ¡Espera!

— Adiós.

La sustancia intocable se arrastró por el aire, dejando atrás una sensación de escalofríos y náuseas

inmediatas. Llevaba el olor de la misma muerte, imponiendo una desagradable sensación de

repulsión.

Su mano estirada no alcanzó nada. Quil escapó, sin que nadie pudiera retenerlo.

— ¡Diablos!

Sylph no encubrió las ganas de patear la tierra, sacudiéndose el cabello.

— ¿Estás bien?

— Ah... D-Darkness.

El pelinegro, que nadie previó cuando llegó, revisó si Sylph estaba bien. El elfo asintió con su mirada

tornándose sombría.

— S-Sí.

— Ah, esto no me lo esperaba. ¿Quién diría que existiría una forma de huir como esa? Estoy

asombrado, enserio.

Zelote respiró nuevamente con mejor semblante, pidiendo distraídamente la opinión del abuelo.

— Ciertamente es algo inesperado. Nunca he oído de alguien que pueda escapar transformándose

en una nube roja. Mi falta de cultura debe estar pasando factura.

— No creo que tenga que ver con eso...

— Guh...

— ¿...?

Mirando abajo, encontró la tierna mirada inocente del bebé. Sus ojos resplandecían con la claridad,

con un vacío hermoso de esos pozos grises. Sus cálidas manitas le transmitieron calidez.

—…

La impotencia mezclada con inquietud, todo se drenó de su sistema con una sola contemplación a

esos pozos de candidez.

Dio paso a la serenidad.

— Ahhh…

Exhalando largamente, apartó las manitos del niño, regresando al usual King Zelote.

Y justo en ese momento…

— ¡ZELOTEEEEE! ¡El niño está...!

Tomándolo por sorpresa, Felina destrozó la quietud de las aguas con su agudo alarido.

— ¿Eh?

El niño, por el cual soltaba alaridos angustiados, se encontraba en la seguridad de los brazos de

Zelote.

Y en derredor no detectada al criminal que los atacó.

— Eh… No comprendo todo completamente, pero...ya se terminó ¿verdad?

Zelote asintió mecánicamente.

— Ah, ya veo.

Esto estaba más allá de sus expectativas. Cuando vio al niño siendo arrastrado por una fuerza que

desconocía, pensó en el peor de los casos, y se apresuró a correr a la escena.

Pero no veía rastros de peligro en el escenario afónico, y encontró la estancia de alguien anexado,

un anciano de semblante enérgico. Muy apuesto para verse como su abuelo.

No, no era momento de pensar en cosas como esa.

No desperdició tiempo en ponerse al lado de Zelote.

— ¡Zelote! ¿Estás bien? ¿Qué pasó con ese tipo? ¿Pudiste matarlo? ¿Qué ocurrió con el niño? ¡No te

quedes callado, responde!

— Calma, Felina. Si sigues preguntando así, no me dará tiempo de responder…

— ¿E-Entonces…? ¿Qué pasó?

— Eso lo explicaré más detalladamente a su tiempo, pero por ahora resumiré que el tipo escapó con

una técnica o hechizo trampa, y el niño está bien, aunque fue gracias al abuelo que no salió con

daños al estar tomado de rehén…

— ¿"Abuelo"?

— Lo más importante, ¿todos los demás está bien?

— Ah, sí. Ese jabalí… wow, ¿qué le pasó? ¿Ya se murió?… ah, bueno, como puedes imaginar, nos

atacó en medio de nuestra negligencia, pero gracias a la ayuda de estas personas, salimos del apuro

sin mayores pérdidas.

— Vi un carruaje en pedazos.

— Salimos sin mayores pérdidas a excepción del carruaje de Jimmy.

— Ok. Luego pediré un informe detallado.

— Entendido… Ahora…

Relegó en segundo plano sus obligaciones de subordinada, suavizando los contornos de sus ojos

húmedos.

— ¿Hm? ¿Falta algo más—? ¡...¡

Batiendo su cabello anaranjado, Felina abrió a par sus brazos, deslizando sus extremidades a través

de su cuello y hombros.

El gesto templado de calidez afectuosa, dejó atónito al peli-crema.

No podía moverse.

— Menos mal que están bien... Estaba muy preocupada.

— Sí... Lo siento.

No esperaba que lo abrazara así de la nada. Debió preocuparse bastante por su bienestar.

Sonrió bajo el abrazo, sintiéndose a gusto después de tanto dolor.

— Oh... Que bonito que muestran su amor. No se preocupen por mí, una solterona que está

marchando por el sendero eterno de la soltería, donde nadie piensa en mí como una posible pareja.

Ah, llegó Olga.

Ella odiaba toda expresión de amor o afecto entre personas del sexo opuesto.

— ¿Para cuándo la boda?

— Fiu, fiu...

— ¿Cuándo van a besarse?

— ¡Ustedes...!

Sí, era imposible estar en paz con un grupo entero de semi-humano espiando.

Mataba el ambiente, por más bonito que estuviera.

(…)

— Un placer conocerlos a todos. Me llamo King Zelote, un caballero astral.

Dijo Zelote, siendo tratado por Camelia.

Cabe salir a declarar que Felina lo obligó a recostarse, alegando que estaba muy golpeado.

— U-Un placer, mi nombre es Sylph Clover.

— Clover, hm… Eres hijo de Etanol-San, entonces...

Entró Jeremy.

— Es el tercero.

— Hmm.

— Es como Jeremy-San dijo. Soy el tercero de tres hijos.

— El ripio, ¿eh?

Una patada a su pie le provocó una oleada de dolor inmediato. Lanzó un grito ahogado.

— Perdone la rudeza de Zelote, por favor. Tiene la mala costumbre de soltar términos nada fiables

— Se inclinó profundamente la chica de coleta, inclinando las orejas gatunas.

— Ah, no importa.

Sylph mostró el gesto de sacudir la mano.

— Ahora, lo importante… — Murmuró Zelote aclarándose la garganta. El pie seguía doliéndole –

Antes de preguntar sus razones para cruzarse con nosotros, les debo eternas gracias por darnos su

apoyo durante la batalla. Tengo entendido que ayudaron a mis hombres y a Felina, definitivamente

les regresaré el favor.

— Eh, no importa. De todas formas, vinimos aquí por una razón de peso.

— ¿Razón? ¿Tiene algo que ver con nosotros?

— No, es sobre ese hombre que los atacó. En realidad, lo estábamos buscando para ajusticiarlo.

Hace poco, intentó secuestrar a una de nuestras aliadas, y dado que teníamos su rastro,

aprovechamos para seguirlo y emboscarlo, pero ya estaba metido en nuevos problemas antes de

encontrarlo.

— Ya veo. Entonces ese tipo ya ha hecho de las suyas… — Neithan transcurrió fugazmente dentro de

sus memorias enjauladas, pero faltó el sentimiento de pérdida.

Zelote sonrió, rascándose la nuca.

— En fin, sigamos hablando…

Justo cuando dijo eso, Camelia terminó de curarlo. Su magia se disipó y le dio paso a levantarse.

— Gracias, Onee-Chan pelirroja. Tu magia es asombrosa.

— No es nada, y no me llames así.

A Camelia no le agradaba ese apodo.

El Rey de los felinos se puso de pie, sacudiendo sus ropas que tenían rasgones y lugares

desacomodados.

— Pero como sea, una ayuda es una ayuda. Pueden pedirme lo que sea, mientras esté dentro de mis

posibilidades.

— Eh, no—

— Pídanme lo que sea.

Su referencia pasó de ser "Mientras este dentro de…" a "Lo que sea". ¿A qué se debía la intensidad?

Tomó de los hombros a Sylph. Sus grandes manos ocuparon sus delgados hombros que solo podían

ser comparados con los de una chica.

— Vamos, pide algo. Te lo daré.

— ¿Eh? Pero yo no creo que deba.

— Pídelo. Los Zelote tomamos enserio los favores. Vamos, di algo.

— ¿E-Eh? ¡N-No puedo pensar en nada si me presionas!

— No es tan difícil. ¿Quieres dinero? Ah, pero...eres de una familia noble, el dinero no debería ser

problema. ¿Qué tal artefactos súper raros…? No, no pareces un coleccionista que sepa apreciarlos…

¿Qué tal una novia? Olga está disponible.

Una cabeza se giró automáticamente al hombre, irradiando un aura peligrosa y distorsionada.

Gulp.

Tragó saliva.

Si le presentaba a Olga, ella sin duda haría todo en su poder para no dejarlo ir.

Mejor desistía.

— Ahora mismo no estoy buscando pareja, así que...

— Veo... También tengo semi-humanos guapos, ¿sabes?

— ¡No me refería a eso!

— Eres difícil... Pero bueno, tampoco puedo forzarte si no tienes idea de qué pedir. Ven a mí cuando

sepas qué favor quieres solicitar. Ya que ayudaste a mis hombres cuando estaban en apuros, podría

hacer lo mismo por ti si la oportunidad se presenta.

Jeremy le asintió a la distancia. Tener el favor de los Zelote, un grupo liderado por un Caballero

astral, era una buena oportunidad de ejercer algo de presencia en la familia, aunque el viaje no fue

hecho con ese propósito.

— Gracias por tu amabilidad, lo tomaré en cuenta.

— Ok, con eso estamos saldados.

— Por cierto, y entrando más dentro del tema, ¿cómo te topaste con ese hombre…? ¿Qué lado

comenzó la pelea?

— El de él. Asesinó a uno de nosotros, y todo comenzó con eso.

— Es comprensible.

Asintió Link.

Sylph ubicó al peli-morado retirado del cúmulo de gente semi-humana, limpiaba la sangre de su

cuchillo con un pañuelo.

Entraba como una voz efímera, que se retiraba cuando le entraba la gana.

Su afán por permanecer lejos del grupo era visible para cualquiera, sobre todo para él.

Y junto a él, Darkness balanceaba uno de sus cuchillos, rodándolo como un vórtice plateado. Todo

por aburrimiento.

Camelia podría estar en el mismo bote de los desadaptados sociales, pero ella tenía la obligación,

como Jeremy, de acompañarlo por su deber de sirvientes.

Sylph recordó que antes, cuando cruzaron miradas, algo pasó por su mente.

— Oye Link-Kun.

—…

— ¿Link-Kun?

— Link… — Murmuró Darkness, para amargura del peli-morado.

Ajustó sus ojos azules en Sylph, diciendo a través de ellos "¿Qué cosas deseas preguntarme, bendito

elfo?".

Sylph tragó saliva.

— Eh, bueno, verás…

— Ya dilo, ¿qué quieres?

— Ya que lo dices… Cuando estábamos enfrentando a Quil, el jabalí cargó hasta ese lugar. Si no

recuerdo mal, ¿no estabas a cargo del jabalí?

— Ah, eso… — Chistó la lengua bajo una mirada austera.

Sylph presentía que cada vez le agradaba menos.

Bajo su expectante enfoque rubí, Link contestó flojamente:

— Respecto a eso… ya la había derribado, y esperaba para darle el golpe de gracia. Camelia ya había

desecho los pilares, pues era obvio que ya no podía moverse. Entonces cuando por fin iba a matarlo,

avistamos al mocoso volando por encima de nuestras cabezas. Ese segundo en que me distraje, fue

suficiente para que el jabalí saliera furioso detrás de él. Como sabía que moriría de todos modos por

la pérdida de sangre, no salí a buscarlo… Fin de la historia.

Se alzó de hombros, sin querer saber la verdad detrás del comportamiento de ese animal.

— Ya veo.

Era extraño que a estas alturas se sintiera mal con la muerte del jabalí, pero no podía hacer nada con

eso.

— Parecía resentida con ese tipo.

— Creo que todo organismo estaría resentido con ese tipo. Su cara de villano era excepcional. —

Alegó Zelote.

— No eres quien para decirlo, Zelote. – Farfulló Felina.

— ¡Exacto! Cuando entré al grupo, te veías como todo un tirano.

— ¡Uno muy patético a la hora de beber licor!

— ¡Ya paren de atosigarme!, ¡¿quieren!?

Las risas corrieron.

Zelote resopló, mirando a Sylph.

— Vengan cuando tengas algo pensado ¿sí?

— De acuerdo, Zelote-San.

— Prefiero Zelote. Ahora somos amigos ¿no?

— Ah... Bien...

Se dieron la mano, asintiendo entre sí.

— Gracias, Sylph.

— Sí, Zelote.

— Lamento que no hayan podido matar a ese canalla. Pero habrá una próxima, seguro.

— Eso espero.

— Estamos de acuerdo. La misión de hoy acabó infructuosamente, pero siento que tenemos muchas

posibilidades de encontrarlo otra vez.

— Por cierto, abuelo… ¿Qué técnica fue esa? Fue asombrosa.

— Ah, nada importante. Solo una vieja enseñanza de mi antiguo maestro, aunque él seguramente la

habría ejecutado con mejor rendimiento que el mío.

— Siento que no estamos hablando en la misma liga.

¿Era posible que pensara que era una técnica defectuosa? No veía nada que mejorar en ella.

— De todas formas, me conmovió su preocupación por su hijo. – Acarició su barba de candado — No

pude quedarme quieto cuando veía frente a mis ojos una escena tan indignante como esa.

Felina respingó, meneando la punta de su cola, y aguzando los ojos de gato.

Escuchó algo interesante.

Zelote cambió el color de piel, agitando una mano.

— Agradezco la ayuda, abuelo, pero te equivocas en algo… ese crío no es mío.

— ¿Enserio? Creo que se parecen mucho. – Dijo Sylph inocentemente.

— ¡Claro que no!

Felina les sonrió amigablemente.

—No se preocupen, solo es tímido.

— ¡Esto no tiene nada que ver con ser tímido! ¡Esa cosa no es mía!

— Ya acéptalo.

— ¡Que no es mío!

(…)

Fluyendo a través de los pilares metálicos de abundante óxido, el humo carmín se fundió con la

oscuridad que parecía extenderse hasta las profundidades del infierno.

Adentrándose en total silencio a la cueva gobernada por un denso miasma nauseabundo, el ser

carente de forma física llegó a posarse en todo el medio de la "sala" de piedra.

Tanto las paredes, como el techo y el piso, eran elaborados de piedra sólida, formando una sala con

poca iluminación a excepción de un artefacto situado en medio de la sala.

Ovalado, y de naturaleza desconocida, el artefacto del tamaño de un puño cerrado, iluminaba

escasamente los vastos espacios de la sala de piedra.

Pero esta sala se singularizaba por las carencias de objetos e mobiliarios que le entregaran un toque

más acogedor.

Ni sillas, ni mesas, siquiera algo lo definía como una sala, solo la puerta de caoba que desprestigiaba

las pintas tétricas del espacio aislado.

Solo una cosa ocupaba un espacio predeterminado. Aquello era dueño del sentido de la existencia

misma de esta cámara.

Con ondas estremeciendo sus aguas, una piscina permanecía ubicada en el punto central de la

habitación. Además del brillo de la luz que emitía el artefacto redondo, las aguas eran bautizabas por

una genuina luminiscencia esmeralda.

El humo, que olisqueó de vuelta el olor del miasma nocivo y reconfortante, se arrastró por el aire.

Por fin, llegando a tocar el agua, el humo se disolvió conforme iba mezclándose bajo el agua

movediza.

En menos de tres minutos, su entidad etérea ya no era notoria, oculta bajo el agua radiante.

Algo burbujeo bajo la superficie del agua.

Dedos humedecidos atravesaron el líquido esmeralda.

El contorno de la mano acabó completo, nadando por el agua hasta rozar el borde de la piscina.

Desfilando primeramente la curvatura de la nariz, un rostro apareció tras el movimiento del agua.

Líneas separaban su nariz de sus ojos, e igualmente definía sus labios, y aspectos esenciales de una

cara humana, sin otro tipo de adornos.

Pequeñas gotas recorrían los extremos de sus cabellos, regresando a su lugar de origen.

Este hombre abrió los ojos.

Apartando como primera imagen sensorial un techo sombrío, con nada más que un bombillo semi-

funcional que parpadeaba cada cinco segundos, se encontró cara a cara con nuevas sensaciones,

cuyas definiciones perdió hace ya un tiempo.

Retornaron a él como una esposa preocupada, abrazando sus nervios recién reconstruidos. Estas

terminaciones infundieron su cuerpo de la capacidad para sentir.

Dolor, placer, desagrado, e incomodidad; le entregaron nuevamente este repertorio de sus antiguas

percepciones.

Sintió cada una de ellas, enlazadas a su pobre estado mental luego de "regresar".

Dolor por las pasadas experiencias que transformaron su cuerpo en trozos irregulares de piel, carne

y sangre, placer por volver a estar completo y a salvo lejos del sufrimiento, desagrado por la entrega

de paz cuando su pecho revoloteaba de ira, e incomodidad por el agua que no era fría ni tibia.

Y en medio de nuevas sensaciones que pulsaban por intercalarse una encima de la otra, sus

pulmones enviaron una señal a su cerebro.

La necesidad de respirar.

— Haaa…

Exhalando hondamente, hasta que sus pulmones no dieron más, se llenó de aire fresco.

Como un pez que luego de tanto tiempo vuelve a su hábitat, respiró oxígeno con anhelo.

La normalidad perezosamente regresó a sus cabales, exponiéndole otra necesidad de terminar su

surgir de la piscina que tenía el resto de él bajo las aguas.

Sus pies tocaron la fría superficie de la piedra lisa, sus plantas respingaron al sentir el frío sacudiendo

sus nervios.

Empozando una charca bajo su silueta, Quil enredó los pies que intentó mover.

— Ya siendo cientos de veces, tardo en volver a moverme con normalidad…

Quejándose, arrastró los talones, moviéndose por la sala.

— Veo que ya regresaste, sinvergüenza.

— ¿...?

Una voz, comparable a la risa de una niña jovial, dispersó por la sala una intensa intención de burla.

Quil, aclarando su visión borrosa por el agua y las pestañas pesadas, encontró el comienzo de unos

pies resguardados tras zapatillas de azul claro.

Subiendo, encontró el panorama completo de la otra entidad que era lo más parecido a un familiar.

Bufando de total desagrado, ella entrecruzó los brazos en una reprimenda silenciosa.

— Ciertamente acabas perdido cada vez que reinicias por la Piscina Milagrosa. Si tanto problema es

hacerlo a cada rato, deberías tener mayor cuidado de ti mismo…

Diciendo esto con sus delgadas cejas fruncidas, la chica, o la niña menor a la mitad de su altura,

dispuso más quejas en voz alta.

Quil, aletargado un segundo por su presencia no bienvenida, acató enfado por su tono irrespetuoso

de voz.

— Veo que olvidaste quién es el mayor aquí. Tienes agallas si crees que puedes salirte con la tuya

hablándome así.

— Tengo dudas de tu cordura si crees que mi importancia es mínima para el credo. Papi me tiene en

mucha estima, si es que lo olvidaste…

— Tch…

Y lo volvía a mencionar.

Es por esta niña, que se esforzaba constantemente por agradarle a Towin-Sama.

Por esta niña, buscaba producir resultados todo el tiempo.

Por esta niña, odiaba los niños.

— Usando a Towin-Sama de escudo, ¿caso es lo único que puedes hacer?

En medio de su elegante y adorable carita de mofletes ruborizado, la niña elevó el mentón

sueltamente.

— No entiendo a qué te refieres. Resguardarme en la figura de mi Papi ¿no es algo normal?

—…

Como quería matarla.

Siempre mencionando descuidadamente a Towin-Sama, usándolo para sus propios medios y

beneficios. Pisoteando la importancia de ese nombre…

Y lo peor, es que ciertamente compartía una línea directa de sangre con la persona que admiraba.

La pequeña infante, no mayor a los 10 años, no esquivó una contundente emoción agitada de sus

ojazos verdes.

— Veo que no la pasaste bien…

— ¿A qué te refieres? ¿Solo por qué volví a la Piscina Milagrosa luego de un día…?

Aunque ciertamente no le fue de flores para negarlo, no consentiría una bandera de perdición frente

a ella y su despampanante ego.

Pero…

La niña solo suspiró, teniendo en la mira un punto específico, muy apartado de sus ojos.

Quil desconocía por qué guardaba tanto silencio, entregada a nada más que la desolación.

¿O era qué…?

¿Acaso mirarlo ya era doloroso y decepcionante? ¿Cómo mirar un caballo que había perdido su

utilidad y no le quedaba más que ser nutrientes para la tierra?

Filtrándose por sus poros, una ira oscura echó raíces.

— Detente, mocosa… No me importa si eres hija de Towin-Sama, no permitiré que me mires desde

arriba…

Aunque eso mismo era imposible por limitaciones físicas como la altura, lo acordó de todos modos.

No la dejaría quedarse con todo el afecto y la aceptación. Nunca lo haría.

—… Lo que haga no te incumbe. Incluso si eres su hija, quien estaba antes que tú era yo. Métete eso

dentro de ese diminuto cráneo tuyo...

La figura de ropa color pastel tembló bajo esa ola hostil, pero encontró paz al enterrar la debilidad

de su espíritu bajo una máscara fortuita de infravaloración.

Subiendo una sonrisa despectiva, dijo:

— ¿Mirarte desde arriba…? ¿Enserio crees que una niña linda como yo haría algo tan feo? Siquiera

estamos en posiciones tan cercanas para que puedas hacer algo como eso.

— ¡...!

— Como sea, hablar contigo ha gastado años de lindura que podría aprovechar durmiendo. Así que

permíteme retirarme…

— Eres una…

— Ah, ah, ah…

Chistando adorable, removió su dedo de un lado a otro, deteniéndolo.

— Nada de palabras sucias… Papi no quiere que oiga tales palabrotas… Lo dijo antes ¿no?

— Tch…

No podía negar algo que había oído bien.

Towin-Sama tenía valores morales extraños y distorsionados.

Así como podía diseccionar una criatura viva por el bien de satisfacer su ansia de conocimiento,

podía ordenarles a sus hombres que no dijeran palabrotas frente a su hija pequeña para no

contaminarla.

Era una regla a todo saber.

Cualquiera que la rompiera, sería despedido.

O en otras palabras, ejecutado.

Prácticamente, ella podía decirle a su Papi que cualquiera que no le agradara había roto el Tabú, y

desaparecerlo del mapa.

Pero increíblemente, o de mala suerte, ninguno de esos escenarios había ocurrido.

Utilizar desvergonzadamente su ventaja de hija única de sangre, para monopolizar las acciones de su

padre, no sería algo extraño viniendo de una criatura como ella.

Pero no hizo nada de ello.

Sus mayores deseos eran dormir bien y comer malvaviscos esponjosos.

Los anhelos de una niña simple.

Pero Quil no se dejaría engañar.

Esa imagen de niña buena e ingenua era solo una máscara, una pantalla falsa que ocultaba la

verdadera naturaleza nociva de esa criatura opresiva, en la piel de un infante de pelo rosado.

— Como sea, ya vete. Arruinaste de forma increíble mi día, que ya era malo en muchos sentidos…

Agitando su mano, la espantó de la sala, cuya intención de visitar no tenía claro.

Pero no quería preguntar por ello.

Evadiendo una mirada detallas a la mano desdeñosa que la despedía, la niña de trenza hizo caer sus

delgados hombros, sosteniendo su falda de plumas sedosas.

— Era algo que iba a hacer de todos modos… Pero como sea…

— ¿Qu—UH?

Sosteniendo una nueva sensación suave chocar a su cara, Quil recogió con una mano un pliegue de

material liviano y cómodo.

Al mirarlo a mayor detalle, supo nombrarlo con el nombre oficial que tenía.

— Una toalla…

Una simple, y suave toalla blanca yacía sostenida en su mano.

Avistó en sus ojos a la niña caminando a la puerta, decidida a abandonar la habitación de triste

decoración.

— ¿Te preguntas por qué traje una toalla…? Obviamente para ocultar tu vergüenza de cuerpo… Y

evitar que mojaras el piso como lo estás haciendo… Apúrate y úsala, o perderá sentido.

Dejando atrás esa serie de revelaciones tediosas, la niña abrió la puerta de caoba… luego de insistir

con brinquitos durante unos segundos hasta que giró el pomo.

—…

Quil, abandonado allí, usó de mala gana la toalla, primeramente en su cabello.

Estas acciones sin sentido que ella hacía lo sacaban de quicio. ¿Qué esperaba de él al hacer cosas

como esta? ¿Lástima, veneración, más odio…?

Aunque preguntara, ella no respondía a nada de eso.

Odiaría tenerla de hermana.

Quil, desprovisto de la sensibilidad necesaria para entenderla, encontró una carencia transcendente

en su muñeca.

— ¿E-Eh?

Una mano aplanó sus dedos sobre la toalla, removiendo su cabello y reduciendo la humedad… Pero

la otra, no tocó uniforme la tela, ni removió adecuadamente su cabello.

Algo faltaba.

No sentía la mano en perfectas condiciones como la otra.

El vacío lo conmovió de extrañeza.

¿Acaso su mano no había sanado bien…?

No, no, no… Eso no era posible.

Por qué, la Piscina milagrosa curaba todo tipo de heridas y lesiones.

Aun con el estado deplorable en el que quedó hace unas horas, ahora estaba reconstruido y como

nuevo. No podía ser una falla de la piscina por mal funcionamiento. Su tiempo usándola no era de

años, pero podía dar certero testimonio de que era el que la usaba con mayor frecuencia.

Entonces…

— A-Ah… N-No, no, no, no…

Devinieron gemidos lastimeros una tras otro.

Su mano…no estaba.

No estaba, no estaba, no estaba, no estaba, ¡No estaba! ¡NO ESTABA…!

— N-No, esto...no puedo ser…

La Piscina milagrosa lo curaba todo. Sabiendo esto, no se preocupó por lastimarse y acabar roto más

de una vez, sabiendo que mientras esta piscina existiera, su existencia y pronta recuperación

estarían aseguradas…

Pero ahora, no podía apartar los ojos de esta "lesión" que aun luego de estar bajo los efectos

milagrosos del agua, seguía sin regenerarse.

Era imposible…

Cerciorándose de lo innegable, miró su muñeca cercenada.

El corte ya no sangraba ni le escocía. La herida estaba cicatrizada, y solo faltaba la extremidad de

cinco dedos ensamblada con su muñeca. Daba la impresión de que con un reemplazo de juguete,

volvería a estar completo como antes.

Pero las cosas no podían ser tan convenientes.

— P-Por qué…

¿Por qué no se regeneró?

Esta mano… ah, lo recordaba… fue la mano que el elfo le cortó con el látigo…

Una conjetura sostendría que tal vez la Piscina milagrosa no regeneraría partes del cuerpo

amputadas, pero su experiencia derribaba esta posibilidad.

No era la primea amputación que sufría.

Mientras siguiera vivo, podría regresar y evocar la mejor curación que podía obtener.

Pero ya no gozaba de su mano, aludiendo el fantasma de su extremidad extraviada, que no volvería

a mover.

— Oh

~

… Conque no se te regeneró la mano incluso bajando a la Piscina milagrosa…

— ¡...Gh!

Brincando de asombro, Quil tragó la sorpresa de sus ojos tras un mejor vistazo a esos pozos de

inconmensurable curiosidad.

Rodeando su brazo, esa persona examinó mansamente su parte amputada, no guardándose ningún

detalle de la cicatriz que yacía en la punta de su muñeca.

Esta no era una persona extraña.

— T-Towin-Sama…

Musitó, encogido como un cachorro castigado, bajando cada vez más el volumen de voz.

Temía la reacción de su señor por el fracaso del cual tendría que entregarle un informe.

Tenía miedo, tenía mucho miedo.

¿Y si Towin-Sama pensaba en desecharlo…? Tantos fracasos podían haberlo llevado al límite.

— T-Towin-Sama…

Murmuró una segunda vez, bajando el semblante. Temblores dominaba cada fibra de él.

Enfrentar leones hambrientos sonaría bonito en comparación.

Sus pestañas temblaron.

— Y-Yo… Yo…

Quizás podría adornar las cosas con algunas de palabras más técnicas.

Pero…

— Fallaste, ¿no es así?

— ¿¡...!?

Lo que habló Towin-Sama lo dejó petrificado.

….

En el rostro de Towin-Sama no halló molestia, decepción o ira. Nada de eso salía a relucir de su

rostro joven, algo cubierto por su tupido cabello de colores.

—…

¿Q-Qué…?

Murmuró con la saliva interponiéndose.

Ya lo sabía, ¿por qué?

No podía percibir en su señor nada de molestia, solo…

…Solo una malicia bastante acentuada.

Una malicia que, lo aterraba desde el fondo de sus huesos, hiriéndolo de inmovilidad e inutilidad.

Pero antes de poder decir algo, Towin-Sama prosiguió con un "Te lo dije ¿no?".

— Nada de elegir objetivos al azar. Eso solo aumenta las posibilidades de encontrarse con las

autoridades. Si eliges a alguien problemático, luego habrá problemas por la influencia que pueda

tener su desaparición.

—…

— Por Dios… E incluso lograron herirte permanentemente. Espero que ahora lo comprendas mejor…

Palpando tres veces su cabeza de toques firmes, mostró una consideración casi preocupante por

Quil…

Pero la sonrisa plagada de malicia no desapareció.

Haciendo este gesto más atemorizante de lo que era.

— ¿Ya lo entendiste, Quil?

—…

— Dime, ¿Enserio ya lo comprendiste? Me gustaría de pararas de lanzarte al escenario sin tomar en

cuenta las probabilidades. Sé que tienes una abrumadora ventaja por tu habilidad Ignorante de la

fatalidad, pero si te encuentras con otra persona que pueda herirte como a tu mano, entonces ni

siquiera la piscina podrá salvarte….

—…

— ¿Entonces…?

— S-Sí. Lo comprendo.

— Ok, eso está bien. Algunas muestras de rebeldía son normales durante esta edad. No se puede

evitar algunos deslices…

— Si.

Towin-Sama era un misterio.

Por qué sonreía como si se divirtiera.

Como si todo fuera interesante, incluso las malas noticias.

Con esa misma sonrisa se deshacía de los inútiles.

Towin-Sama lo veía como un conejillo de indias, uno que, hiciera lo que hiciera, seguía aportando

datos valiosos para la investigación.

Así lo veía. Por eso no se enojaba por mucho que males hiciera.

Al mismo tiempo que temía ese lado de él, admiraba su frialdad para tratar con las personas.

— Mejor tómate un descanso de tu trabajo. Luego me cuentas los detalles. Las aguas están agitadas,

si vuelve,s probablemente termines muerto. La Piscina milagrosa hace milagros, pero no regresa el

alma al cuerpo. Ten eso en cuenta.

— S-Sí, Towin-Sama.

Asintió tímidamente.

— Buen chico… Creo que deberías vestirte pronto… No creo que sea adecuado para Lucy que andes

sin nada encima… La vi salir con la cara roja de aquí…

— ¿E-Enserio? Me disculpo…

Aunque lo notó.

Ella no lo miró de la cintura para abajo, y subía la mirada hasta sus ojos, evadiendo enfrentar sus

partes nobles de todo corazón y vergüenza.

A veces podía actuar como una niña normal.

Pero no lo engañaría.

Persistiendo en no verificar la verdadera personalidad de Lucy, se despidió con las mejillas rígidas,

buscando la puerta entre-abierta para su salida.

Pero al hacerlo, no percibió la sonrisa oscura del científico.

El científico tocó su sonrisa torcida.

— Magia que puede infligir heridas que ni la Piscina milagrosa puede curar… Me pregunto quién

puede hacer eso...

Tenía muuuucha curiosidad.

Su solitaria risa resonó por la sala vacía, espantando cualquier rastro de normalidad que podría

haber estado allí.

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Hola de nuevo, aquí Analyn.

¿Qué tal el maratón de capítulos?

Bueno, este fue especialmente largo. Antes de la edición, tenía 30 mil palabras, hasta que lo limité a

20 mil palabras.

Como dije antes, las batallas no son mi fuerte. A veces me dan ganas de hacer un "Le dio una patada

y ganó", pero eso no sería interesante. Pasé un buen rato preguntándome qué rayos hacía, o porque

tenía un monólogo tan largo dentro de su cabeza. Es decir, el tiempo no pasa tan lento, ¿o sí?

También vi un montón de descripciones innecesarias y molestas. Dije "¿¡Pero qué pasa conmigo, que

describo las mujeres con más de 6 párrafos!?"

Es decir, una cosa es decir que es bonita o tiene linda figura, pero me explayaba hasta hartarme a mí

misma. ¿Qué me importa si los colores de su falda son coherentes o no?

Irónicamente, no describo tanto a los hombres, aunque los prefiera por sobre las chicas.

En fin, ¿fue interesante? ¿O fue cansador de leer? Admito que la pelea estuvo larga, e incluso

tediosa. Trataré de no hacerla tan larga a la próxima.

Mientras editaba la lucha contra Quil, pensaba "Dios mío, ¿por qué no te mueres ya? ¿Acaso eres

inmortal?", supongo que su vitalidad de cucaracha me asombró incluso a mí.

También me di cuenta de un error tonto. ¿A qué me refiero?

Se suponía que Zelote, Etanol y Jeremy se conocían, al menos superficialmente. Quiero decir,

investigaron la desaparición de la aldea, así que al menos sabían sus nombres.

Pero aquí, los puse como desconocidos, como si nunca se hubieran visto o relacionado.

Fue en la edición que pensé "¿Eh? ¿No se vieron desde antes? ¿Por qué actúa como si fuera la

primera vez que ve a Jeremy?"

Arreglé eso. Dios, que horror. Que huevo tan loco.

Menos mal que me di cuenta a tiempo... Sería idiota cometer un error como ese.

Si alguien quiere, deje un comentario opinando algo (Preferiblemente bueno, o constructivo, al

menos).

Además, yo tengo unos dibujos originales de mis personajes, solo que no sé dónde ponerlos.

Ah, tal vez en mi TikTok... Mi nombre se usuario es @analyn8308. A partir de ahora, pondré mis

dibujos allí. Si alguien quiere ayudar a su imaginación a visualizar los personajes con más detalle,

puede ir a darle una vista rápida (Por fa, esperen una semana al menos, que aún no pongo los

dibujos...).

Con todo eso dicho, adiós a todos, si es que alguien lee esto.