Asalto 11.
Objeciones ignoradas.
(…)
― Enserio… No puedo creerlo, Sylph…
Una poderosa pesadumbre abatía el rostro de Sylph, quien acentuaba sus cejas inclinadas y los ojos fijos
al suelo.
Ahora mismo, estaba dentro de la alcoba de sus padres. ¿Para qué? Eso fue bastante obvio.
Su padre no paró de hablar desde que tomó asiento. Le costaba seguirle el ritmo.
Al menos su madre no estaba a la ofensiva, simplemente sentada a la orilla de la cama, comiendo unas
golosinas de chocolate. Su melena dorada reposaba en la cama como una cascada soleada, y sus ojazos
azulinos no miraban nada en específico.
¿Debería estar feliz o triste de que no pareciera interesada en su caso? No lo sabía.
Lo único que sabía, era que su padre bastaba por mucho.
―… Sylph, ¿me estás escuchando?
Cierto, estaba en medio de algo.
Asintió sin ganas.
― Primero que nada, ¿tienes idea de lo peligroso que fue irte sin nuestro permiso?
No realmente. ¿Por qué no me lo explicas?
Incluso si no lo decía en voz alta, su padre lo haría de todos modos.
― El exterior no es cómo te imaginas, bonito y fácil de lidiar. Es cruel e injusto. En ese lugar no durarías
un día sin apoyo y guía. Es fácil para ti desestimar esto como los delirios de un hombre viejo, pero es la
verdad. Puede que ahora no lo entiendas, pero quiero que al menos tengas más conciencia de tu
seguridad… No solo eres tú, también piensa un poco en tus hermanos y nosotros. Todos nos
preocupamos cuando no te encontramos por ningún lado de la mansión… Cuando supimos que fuiste
con Jeremy y los demás, creí que me daría un infarto… ¿No crees que ya estás grande como para
matarme de un susto? Incluso yo tengo mis límites. Ahora no pasó nada, pero quién sabe qué ocurrirá si
esto se repite… Tengo conciencia de que eres un adolescente que cree que el mundo está en la palma
de su mano, pero las cosas no son tan fáciles. Si fuera una travesura aquí en la mansión no me
importaría, pero temo que algo pueda pasarte si sales… Ya ves qué le pasó a Alexis-Chan, eso
definitivamente es desafortunado, y no deseo verte en su lugar… por eso…
La interminable diatriba agarró potencia, haciendo que su mente divagara en valles verdes y cielos
azules, pero el flujo interminable de regaños se quebró al final.
― Yo...simplemente no quiero que algo malo te pase...
Ugh.
Golpe bajo.
No podía refutar eso último.
Todo lo demás podía pasarlo por alto por su mente inmadura y egocéntrica, pero las últimas palabras
abrieron las heridas de su conciencia que hasta ahora permanecieron cerradas.
― Lo siento…
―…
En medio de las tormentosas y contradictorios afanes de seguir callado o ceder, eligió disculparse con su
padre.
Inclinó su cabeza, rodando su cabello verde por su frente.
― Lo siento, padre…
―…
Debió preocuparlos muchísimo. No pensó bien las cosas, causando que llegaran a esto.
― Fui imprudente, lo siento.
―…
Le costó toda su fuerza mental y física para formular tan sencillas palabras.
― ¿Por qué fuiste?
Oyó atentamente su pregunta. Era de esperar que quisiera saberlo.
― Porque quería vengarme en nombre de Alexis-Chan.
―…
Desatando un abrupto silencio, Sylph presionó sus labios, reprimiendo una mueca de ira.
― Quería hacerlo pagar, supongo.
―…
Oyó un fuerte suspiró proveniente de su padre. Lo vio frotarse el cabello furiosamente.
Sus ojos cobraron más ternura, derritiéndose en ellos una fragancia más apacible.
― Supongo que debí suponerlo... También pasé por momentos así.
― ¿Enserio?
― ¿Crees que nací ya sabiéndolo todo? Fui joven y estúpido, cometí un montón de tonterías. Algunas
más razonables que otras.
Si hubiera hablado adecuadamente con él, esto…no habría pasado.
Ahhh… Esto es mi culpa…
Quiso alejarlo del peligro, pero eso irónicamente lo atrajo más.
Fue estúpido pensar que alejar a Sylph funcionaría, más, tomando en cuenta, su relación directa con
Alexis.
Tuvo relación desde el principio. Negarle cualquier participación fue menos que eficiente.
Le quitó incluso la participación en la reunión, alimentando su imprudencia.
Hablar mejora relaciones, así como las empeora.
Si hubiera hablado con Sylph, esos sentimientos negativos no hubieran aflorado a ese nivel. Hubiera
podido controlarlo, y evitar que actuara imprudentemente…
Pero ni siquiera se dignó a verlo una vez acabó la reunión.
No le pareció importante.
Pensé que seguiría su vida cotidiana sin darle mucha importancia al asunto...
Que pensamiento más ingenuo.
Antes que nada, Sylph era su hijo. Una parte nacida de él y Sorey.
Y en personalidad, era bastante parecidos.
Sylph, cuando formaba un vínculo con una persona, sufría por él. Él no era diferente.
No por nada la mansión tenía tantas personas desechadas por el mundo.
Debería haberle hablado, preguntarle si estaba bien, qué pensaba, cómo se sentía…
Pero no hice nada de eso…
― ¿Padre…?
―… Uh... ¿Qué?
― ¿Estás bien?
― ¿Por qué lo preguntas?
― No te has movido durante diez minutos. Casi parecías una estatua.
― Ah... Ya no te preocupes por eso. Puedes irte.
― ¿...? ¿Ya?
― ¿Qué esperabas?
― Algún castigo físico bastante doloroso, si soy sincero.
― ¿Realmente esperabas algo así?
― No sé. Parecías bastante enojado antes...
― Tonterías. Ya vete. Tienes prohibido salir de la mansión durante un mes, ¿entendido?
― Uh, ok. ¿Nada más?
― ¿Estás ansioso por más castigos o qué?
― Bueno...nunca antes te he hecho enojar, así que...
― Solo vete.
― Ok.
Lo vio irse prontamente. Tragó saliva. ¿En qué momento su garganta acabó tan seca?
Oyó otro sonido. La cabeza de Sylph se asomó.
― ¿Realmente no me impondrás nada más?
― ¡Ya vete!
― ¡Ok!
La puerta se cerró, esta vez de manera definitiva. Ojalá no volviera. No era normal pedir más sanciones.
― Ahhh...
A Etanol se le escapo un balbuceo incoherente, algo más parecido a un ruego corto.
Caminó a la cama, tomando asiento junto a la figura inamovible de su esposa.
Recargó su cabeza sobre su regazo. Sintió dedos gentiles acariciar su cabello.
― Es más similar a mí de lo que tenía previsto.
Y eso no le gustaba.
¿O tal vez sí?
― Lo malo de serlo, es que será imprudente y muy emocional... Hubiera prefería que saliera más a ti,
Sorey.
―…
― Bueno, no tan parecido, pero entiendes mi punto. Necesita límites que lo mantengan a salvo.
―...
― Bien, sé que apenas está explorando el mundo, y que es bueno que explore esa parte de sí, pero este
momento actual no me parece el indicado. Las cosas se están tornando peligrosas.
―...
― No tienes que decírmelo. Sé que soy demasiado sobreprotector, pero no puedo evitarlo...
Más después de arruinar la infancia de Reishell al exponerlo al peligro.
Las caricias amasaron su cabello.
― Bien, dejaré de ser pesimista. Aun no es tarde. Puedo hacerlo bien.
―…
Sorey no se movió de su lugar inicial, sonriendo a través de esos zafiros y pestañas de oro.
― Sí.
Una sonrisa llena de ternura, llena de amor sincero y sin mácula. Sin intereses enfermos o
desconfianzas. Solo amor puro.
(...)
― Odio decirlo, pero ese asesino es un as del escape. Con todo lo que sufrió, pudo huir de la escena aun
teniendo todas sus vías de escape interceptadas.
― No sé si alabar su pericia o maldecirla.
― A fin de cuentas, por culpa de su conveniente hechizo de niebla roja o lo que sea, fallamos en la
misión. ¿Qué deberías hacer la próxima vez que lo veamos?
― Creo que lo más efectivo sería decapitarlo inmediatamente si eso sucede... Si revive de eso, no es una
persona, es un demonio.
― Aun cuando fue golpeado por Jeremy-San siguió perfectamente vivo... Si eso no es signo de
inmortalidad, no sé qué es.
Haciendo una secuencia de comentarios de ida y vuelta, la sirvienta de pelo rojo, y el asesino de pelo
morado, suspiraron al son de su abatida alma.
Ambos soltaban chispas cuando chocaban entre sí, pero en este momento, estaban de bajón después de
fallar en matar esa cucaracha.
― ¿Quizás tenga algún tipo de bendición?
― ¿Ese criminal infame?
― Existen muchos tipos de incoherencias. Un criminal bendecido por una deidad no sería tan raro.
― Eso sería problemático...
El té negro fluyó por sus gargantas resecas. Fue bueno que estuviera fuerte, pues sus almas pedían algo
de consuelo.
Pensando en cómo fallaron, sus expresiones pasaron a ser más oscuras y abatidas.
― Comprendo que están impotentes por fallar la misión y quieran dar rienda suelta a su frustración,
pero, ¿por qué en mi habitación?
Dijo Darkness, nada contento.
Ahora mismo vestía ropa de dormir, a diferencia de su habitual traje negro.
Veía al dúo beber té desde su cama, recostado y apoyando su mejilla.
El dúo de sirvienta y ex asesino parpadeó.
― Para cuando me di cuenta, ya estaba aquí…
― ¿No es natural venir aquí?
―...
Voy a matarlos...
No sacó sus pensamientos fuera de sus labios.
Miró a Camelia.
En vez de vestir su traje de mucama, optó por un vestido albino y de tiras negras.
Bajo su mirada directa, ella consintió un aspaviento.
― Huelo tu apetito sexual desde aquí, hazme el favor de apartar tu sucia mirada, ¿sí?…
― Te das cuentas que estás dentro de mi habitación, ¿verdad? Es raro verte sin tu típica ropa de
sirvienta...
― ¿Lo es?
― Pensé que tendrías tu armario lleno del mismo uniforme, dado que no tienes vida social.
―...
Ella hizo un ademán para ponerse de pie.
― Al menos parece decente.
― No quiero tus halagos.
― Nunca dije que fueran halagos. ¿Cuándo piensas irte?
Moriría antes de decirle uno.
Camelia retiró un mechón de su frente y resopló.
― Después de hablar lo suficiente, supongo. Tengo muchas preocupaciones.
De tanta gente en la mansión con quienes podía hablar de ellas, ¿tenía que elegirlos a ellos?
― ¿Y no creíste que sería un problema venir a una habitación de un hombre en medio de la noche?
― ¿A qué sucia conclusión quieres llegar? Si intentaran algo, me defendería, naturalmente.
Darkness sonrió mordaz.
―Tienes una gran imagen de ti misma. ¿Tienes la confianza para decir que podrías con ambos?
― Como mínimo, podría cortárselos si juego bien mis cartas... De no lograrlo, me suicidaría.
― Realmente eres molesto, ¿sabías?
― Solo estás celoso de lo segura que soy.
Ella sonrió, tocando el borde del escritorio de caoba.
― Además… No es tan tarde como dices…
Afuera estaba oscuro. ¿Qué consideraba ella "temprano"?
Pensó en preguntar, pero un impetuoso caminar acelerado apagaron su intención original.
¿Alguien venía?
De la puerta vio a Sylph entrar.
Camelia tomó lo primero que tuvo a la mano para cubrirse. ¿Ahora le daba vergüenza?
― Oe…
Eso es mío.
Sylph tomó asiento, como si fuera normal hacerlo.
El humor de Link se volvió agrio. La cara del elfo bastaba para arruinarle el ánimo.
― ¿Qué haces aquí?
― ¿Pasar el rato?
― ¿Por qué aquí? Podrías ir a tu habitación.
― No veo que Link-Kun y Camelia estén en su habitación.
―…
― ¿Qué castigo le impuso Etanol-Sama, joven Sylph?
― Un mes sin salir de casa…
― Hmm. No parece difícil de sobrellevar.
― A decir verdad, esperaba más. No sé, un castigo físico terrible que me dejara cicatrices.
― ¿Por qué diablos esperarías eso?
― No me importaría ayudarte a tener la experiencia.
Ignoraron el murmullo sombrío del ex asesino.
Camelia no se preocupó. Su amo no gozaba de la vida social propia de un noble. Un hecho bastante
extraño, si era sincera.
Su amo transitó efímeramente por sus pensamientos.
No, mejor no pensaba en eso.
― Ey, espera, ¿qué estás haciendo?
Sylph tiró de la sábana de Darkness.
― ¿No puedo dormir aquí?
― No.
― ¿Eso no es muy frío?
― Creo lo contrario. Tienes tu cama, úsala.
― Pero es solitario estar solo.
― Busca a Camelia si quieres compañía nocturna. Quizás pueda meterle algo de calidez.
Oyó un crujido cercano. ¿Acaso ella...?
― Dormir con un cubo de hielo me daría más calidez, así que paso.
―...
Oyó otro crujido. Oe... Eso no lo dije yo.
― Joven Sylph, si se siente solo, puede hablar con nosotros hasta que se sienta mejor.
― Y si sigues sintiéndote mal, puedo partirte una escoba por la espalda para que tengas dulces sueños.
Siempre funciona como medicina para el insomnio.
Una vez más el ex asesino fue ignorado.
(...)
Sylph se relajó, suspirando.
― Bueno...
Tomó la taza que la sirvienta sirvió para él. Darkness se sintió agotado al verlo acomodarse con el resto.
¿Cuándo pensaba marcharse?
― Ya que estás aquí, tengo una pregunta relacionada con tu gente...
― ¿Sobre qué?
― Durante todo el tiempo que hemos estado aquí, no he visto a tu familia usar ropa negra, ¿por qué?
― Ah, sobre eso-
Intervino Camelia.
― El color negro es repudiado por los elfos de luz. Literalmente prefieren usar ropas claras por la
creencia de que las prendas negras traen infortunio.
El ex asesino y el ex mercenario inclinaron la cabeza. ¿Realmente tenían esa tonta creencia?
Sylph sumó:
― Por supuesto, eso solo afecta a los elfos. Los demás sirvientes no tienen por qué seguir ese
reglamento.
― Que creencia más ridícula.
― ¡Link!
― Jaja, bueno pienso lo mismo.
¿Pensaba lo mismo?
― ¿Aun siendo un elfo?
― Bueno, nunca le vi mucho sentido. Por supuesto, respeto las creencias de mis padres. Son libres de
creer en lo que quieran...
Esa era su postura. No la entendía del todo, pero la aceptaba como parte de su vida.
Darkness movió la cabeza.
― Para los elfos oscuros es lo contrario, entonces.
Link elevó una ceja.
― ¿Lo es?
― ¿Lo olvidaste?
― ¿Olvidar qué?
― De Nulka y su grupo...
―…
Ok, ¿de qué se perdía aquí? Esos nombres no le sonaban de nada.
― ¿Enserio no te acuerdas…?
Procediendo con suma cautela y vergüenza, el asesino a sueldo se inclinó desde su silla, bajando la
cabeza.
―… Lo siento.
―…
Darkness suspiró. Que memoria más mala.
― Eran un grupo de mercenarios conformado expresamente por elfos oscuros. Tuvimos un serio
conflicto, ¿recuerdas?
―…
― Le cortaste las manos a uno de ellos…
―…
― Ese que se jactaba de ser el maestro de los cuchillos y es as de la velocidad… Algo así…
― ¡Oh!
Resolviendo un chasquido de manos, Link mostró por fin algo de entendimiento de lo que decía
Darkness.
― ¿Hablas de ese molesto grupo?
― Parece que te acordaste…
― Claro que sí. ¿Cómo no podría hacerlo?
― Hace un segundo no tenías idea de quiénes hablaba.
― Eso es el pasado, esto es ahora…
Sonriendo confiado como si el mundo estuviera a sus pies, se terminó su bebida ya tibia.
― Esos tipos vinieron e intentaron quitarnos un trabajo, alegando tonterías sobre que seríamos
incapaces de llevarlo a cabo. Fue tan fácil deshacerse de ellos que casi dio lástima.
― Creo que solo quedó vivo Nulka…
― Cómo me habría gustado cortarle esos brazos musculosos de los que estaba tan orgulloso.
―…Cómo me encargué de él, eso no fue necesario.
― Sí... ¿Uh?
― Ey… ¿Por qué están allá escondidos…?
Sylph y Camelia ahora estaban en una esquina de la habitación, mirándolos como seres peligrosos.
― Ustedes…no es que lo estuviera dudando, pero verdaderamente eran mercenarios malvados.
Dijo Camelia recelosa.
― Me parece bastante normal. Conseguir trabajo no siempre es fácil.
― Mejor cambiemos de tema. No quiero seguir hablando de esto.
Camelia prefirió optar por hablar de algo más, perturbada por todo lo dicho.
Darkness alzó los hombros, desprestigiando su preocupación.
El encuentro con ese grupo no duró mucho tiempo, y ahora eran historia, con nada más que un líder
herido y humillado.
Existían dos opciones para él; abandonar o comenzar desde cero.
Si elegía la segunda, los vituperios no pararían durante un tiempo mientras siguiera en el fondo del
pozo.
(…)
Para simplificar los hechos, la noche concluyó con todos siendo expulsados de la habitación ocupada.
Camelia al marcharse, resopló por la nariz.
En sus manos le entregó su chaleco negro de mayordomo.
― Tómalo de vuelta. No me agradó llevarlo encima todo este tiempo…
―…Sí, sí.
Al menos podía agradecerle por dejarla usarlo.
Mejor dicho, mejor que no lo hiciera. Prefería que su relación continuara sin cambios. Sin empeorar, ni
tampoco mejorar.
Al tener de regreso su prenda en las manos, doblada minuciosamente a manos de la pelirroja, percibió
calidez en la ropa.
Frunció el ceño notablemente.
― ¿Qué? ¿Te molesta que lo haya usado?
― Ya vete. Quiero irme a dormir.
― Hmm.
Ella subió las esquinas de su boca. Darkness adivinó que diría algo ofensivo.
― Puedes abrazar el chaleco que usé. Quizás te ayude a dormir...
― Podría intentarlo.
― ¿Ah?
Originalmente Camelia pensaba burlarse, pero la respuesta que obtuvo, remota a la que esperaba, la
dejó con la mente en blanco.
Su cara imitó el color de su cabello, resaltando la intensidad del rubor que se propagaba por sus mejillas.
― ¿Qué tonterías andas diciendo…? Si hicieras eso te demandaría por acoso sexual…
― Este chaleco es mío, y quién decidió usarlo fuiste tú…
― Hk…
Ladeando sus labios, Darkness la miró desde su lugar.
Ella extendió las manos hacia él.
― Olvídalo… Mejor dámelo… Lo lavaré y secaré para mañana…
― ¿Hm? ¿A esta hora?
¿Con lo tarde que era?
― No me importa. Mi magia ayudará...
― Pareces ser muy seria con esto...
― Por supuesto. No puedo ignorar lo que dijiste…
Si solo era una broma...
― Eso no es necesario… No tengo pensado dormir con el chaleco.
― No puedo creerte.
― ¿Y si lo prometo?
― ¿Qué validez tiene la promesa de un criminal?
― Hah…
Tratar con mujeres, no… tratar con Camelia era un dolor de cabeza.
― Entonces puedes comenzar a confiar más en mí. No has visto que rompa una promesa.
― Nunca te he visto hacer una.
― Entonces no tienes prueba de que sea un mentiroso.
― Hm…
Lo que decía tenía lógica. Ir más en contra solo sería obstinación, y aunque no le molestaría enfrentarlo
y quitarle el chaleco a la fuerza, indudablemente despertaría a los demás sirvientes con el ruido.
Teniendo su mano cerrada sobre su boca, asintió desganada.
― Ok, entonces haré la prueba. Ni se te ocurra olisquear, abrazar, dormir ni usar el chaleco.
― ¿Cómo rayos trabajaré entonces?
― No puedes hacer nada de eso hasta mañana que vayas a trabajar.
― Ok… Tiene sentido. Eres muy obstinada, sabes…
― Lo sé…
― No lo digas con orgullo...
― Hmm… ― Resopló, llevando una mano a uno de los bolsillos escondidos de su vestido. – Por cierto,
traje esto…
― ¿Eh?
Además de su chaleco, Darkness recibió ahora otra prenda; una capa negra de fondo azul marino.
La parte externa fue conformaba de escamas lisas y pequeñas, mientras que la parte interior era lisa y
suave. Una prenda de primera calidad.
― ¿Por qué te ves tan sorprendido? Es el manto que me prestaste ayer… Pensé en devolverlo ahora que
tenía tiempo…
― Ya veo… Me había olvidado de él.
― Que irresponsable.
― Siendo sincero, creí que lo quemarías en cuanto dejaras de usarlo.
― ¿Me crees un monstruo? Sea robado o no, sigue siendo tuyo.
― De todas formas, gracias por devolverlo…
― De nada…
―…
―… Hm…
― ¿Hm?
Con el regreso de sus prendas de vuelva a sus manos, la presencia de Camelia allí no debería alargarse
más, pero no mostró signos de moverse de su sitio, mirándolo enteramente con fijación.
Y el sonido que emergió de su garganta le indicó que faltaba algo más por decir.
― ¿Qué pasa?
― Bueno… No sé si sea correcto preguntarlo…
― Es gracioso que digas eso a estas alturas que no quieres ofenderme…
―… Bueno, si lo dices así… Entonces…
El tono de voz fue disminuyendo en volumen, cayendo más bajo de lo que podía oír normalmente.
― Tú… pues… ¿por qué estás aquí…?
―¿...? Estoy aquí porque existo…
― Eso no fue lo que quise decir…
Profundizando el disgusto de sus ojos, rectificó su postura y palabras.
― Quiero decir, pues… que… ¿Por qué aceptaste trabajar aquí?
―…
¿Qué?
― Como mercenario, dudo que te fuera mal dada tus habilidades, por lo que, no comprendo porque
aceptaste trabajar aquí por petición del Joven Sylph… Simplemente, es algo que no tengo muy claro…
―…
― Al principio...creí que a los pocos días demostrarías tus verdaderos colores, pero… hasta ahora, no
has hecho nada nocivo para la mansión ni su personal…
La llama contenciosa de sus ojos fue aplastada por nuevas emociones. La inocencia indagó a fondo sus
intenciones que hace tiempo tenía en duda. En estos momentos cortos, era que Camelia parecía una
chica normal.
Darkness no respondió.
No podría hacerlo.
Porque… tampoco sabía de la fuerza que lo mantenía enlazado a ese lugar.
Acceder a la petición de Sylph era alocado, pero permanecer más de unas semanas en el mismo lugar
rebasaba todas las experiencias que había tenido previamente.
―…
― Ah, de todos modos, no importa…
Desinflando su pecho, Camelia respiró con más calma. Provino la resignación de cualquier respuesta a
sus interrogantes, que no buscó que fueran respondidas.
― No parece que le tengas mala voluntad al Joven Sylph. Por ese lado, puedo estar tranquila…
― ¿Qué es esto? Hoy estás muy sincera…
Divagó poniendo un pie detrás de él, en caso de que ella arremetiera con un ataque sorpresa, pero
Camelia se rio levemente.
― No creas. Solo digo que estaré tranquila cuando se trate del Joven Sylph. Por todo lo demás, estaré
pendiente… En todo caso…
…Buenas noches…
Anunciando una retraída despedida, la sirvienta lo abandonó a la puerta de su habitación, dando trotes
ligeros a su alcoba que se distanciaba a varios metros de lejanía.
Allí solo quedó él, hundido en sus pensamientos sobre las razones que ella le pidió declarar.
¿Por qué estaba trabajando allí? ¿Por qué no tenía mala voluntad con ellos? ¿Por qué dejó su vida de
mercenario para estar allí?
Si tuviera que contestar el por qué, sería por Sylph.
Pero su relación no era tan profunda para admitir que lo hiciera por sentimiento.
Ahora que lo pensaba, no esperaba durar tanto tiempo al servicio de Sylph, que ahora subía en la
pirámide de sus contratistas que duró más tiempo con un contrato.
― Debería pensar más hondo en ello…
Dejar su vida de mercenario para siempre era impensable. No solo eso. Link no estaba hecho para
espacios calmados como estos. Su lugar era el campo de batalla, con el olor de la sangre rondando el
aire.
Él también. No se imaginaba teniendo una vida tan pacífica.
No podía continuar aquí…
Ya debería ir pensando cómo cancelar el contrato con Sylph… De todos modos, no le era necesario un
guardaespaldas, por las pocas oportunidades de peligro que se presentaban. Y de todas formas, tenía a
Camelia con él, una chica capaz de protegerlo.
― Hk…
Articuló un grave gemido sin aire, encogiendo sus pestañas negras.
Divagar sobre el contenido de la conversación que tendría con Sylph constriñó sus deseos de continuar
con ese camino. Malezas amargas de ajenjo repudiaban su serenidad.
La sensación de no sentirse bien lo atacó al profundizar más las posibles escenas que tendrían lugar
mañana, aunque no quisiera.
― ¿Acaso me encariñé con este lugar…?
Hace unas semanas, esa posibilidad no existía dentro de sus expectativas, pero ahora no estaba tan
seguro de afirmar que no fuera real.
Aunque sea, tenía algo de apego con Sylph, su contratista.
Además de Orochi y Link, no entabló relaciones con personas de su edad que fueran sanas en ese
sentido.
Podría confesar que extrañaría esos momentos simples y cotidianos.
Pero no podía seguir aquí.
De todos modos, ya creía que Sylph luchaba contra unos sentimientos negativos sobre él. Su
desaparición de su vida atraería algo de calma para que pensara con mejor semblante.
― Para evitarle suposiciones pesimistas, debería mencionar alguna excusa para irme…
Ocuparía esta noche para pensarlo.
Mañana mismo le hablaría sobre el tema, aunque no fuera algo agradable para ambos.
Sonrió amargamente.
― Y pensar que tampoco sería agradable para mí…
Desdeñoso consigo mismo, entró a su habitación, cerrando la puerta con llave, declarando el verdadero
comienzo de la noche.
Una noche, que se haría larga y tediosa para él.
(…)
― Me alegra verte bien, Etanol. Tu cara aburrida sigue siendo refrescante de alguna manera.
― Lo mismo digo. Tener una cara aburrida y a la vez una esposa maravillosamente hermosa es todo un
logro. Me siento todo un ganador.
― Tus parloteos son extenuantes. Mejor bebe algo de vino.
― Mis disculpas, pero prefiero no beber mucho cuando está Sorey conmigo.
― Qué hombre más aburrido.
― Trabajar hasta el cansancio es uno de las pocas virtudes que tengo, ¿no es verdad, Camelia-Chan?
― No creo que la almohada dentro del cajón sea para meditar, Etanol-Sama. Y suele fastidiarse luego de
veinte minutos de trabajo en serio.
― Fingiré que no escuché nada de eso.
Brooke y Vivian sonrieron al unísono, pero con distintas retoques. Etanol fingió no verlos.
Su mano acabó entrelazada bajo unos delgados dedos blancos.
La mano de su esposa lo reconfortó.
―…
La carencia de palabras no lo molestó. Es más, le resultaba agradable.
Xión se llevó un trozo de filete jugoso a la boca. Ella susurró a su hermano.
― Ey, Rei-Nii... Enderézate...
― ¡Ah, sí! Perdón.
Respaldándose entre sí, los hermanos siguieron comiendo de su almuerzo surtido de delicias.
De igual forma, los sirvientes respaldaban a sus amos desde los reveses de sus sillas. A veces sobresalían
algunas palabritas entre ellos sin que molestaran las conversaciones de sus amos.
― Y aunque sea un poco tarde para preguntar, ¿dónde está Sylph? No lo he visto venir.
―…
Esa pregunta arruinó el buen ánimo de la familia Clover. Todos coincidieron en expresiones cohibidas y
de sabor agrio.
A Brooke le extrañó que toda la familia estuviera a una sola mente, con la totalidad de sus rostros
lamentables y encogidos.
― ¿Ok?... ¿Qué pasó? ¿Hay algo con malo con Sylph? ¿Algo tan malo como para que no esté aquí?
Viendo a su mejor amigo elfo, objetó por recibir algo de esclarecimiento. Etanol se inclinó de hombros,
rascándose una mejilla.
― Bueno, verás… Está castigado…
― ¿Ah?
Jadeó sin aire.
―Espera, espera, espera…
Presionó entre sus dedos el entrecejo. – Estamos hablando de Sylph, ¿verdad?
― Sí.
― Y ese mismo Sylph está castigado, y por eso no está aquí.
― Sí…
― ¿Me tomas el pelo? Ese niño es muy obediente…
― Ciertamente… Pero algo se presentó y actuó imprudentemente… Por eso no está aquí…
― V-Vale… Esto es toda una sorpresa, que Sylph muestre un lado rebelde… Pero bueno…ya iba siendo
hora de que mostrara algo de rebeldía. Y bien, ¿qué hizo?
― Salió de casa sin permiso.
― ¿Solo eso? …Creí que sería algo más grave, algo que merezca un buen castigo… Si solo fue eso…
―…a cazar un asesino…
Un momento de silencio.
― ¿Seguro que estamos hablando de Sylph?
― Sí… Aunque también es en parte mi culpa.
― ¿...?
― No, nada… Como sea, tiene prohibido salir un mes de la mansión.
― Ya veo...
Sylph quedó castigado, y por lo tanto, su participación en la visita a los Knight también fue denegada.
Era una pena, pero Etanol no quería pasarle por alto el castigo solo por ser un momento especial,
aunque le doliera excluirlo.
Luego de esto, debería hablar un poco más con él.
No tanto para reprenderlo, sino para hablar como padre e hijo, o incluso como amigos.
Las acciones de Sylph fueron la obvia consecuencia de ignorar sus sentimientos hasta que fuera tarde.
― ¿Q-Qué pasa, Papá? ¿Hice algo malo?
―… Eh, no… Solo quería verte un poco…
Desvió la mirada de la figura de su primer hijo. Siempre que lo miraba recordaba las malas decisiones
que tomó durante aquellos tiempos.
―Qué lástima que Sylph no esté aquí…
― Sí.
No podía estar más de acuerdo.
El rumbo que tomaría de ahora en adelante con sus hijos le atrajo de vuelta algunos recuerdos amargos.
Aunque intentara enterrar esos sentimientos, su propia voluntad se negaba a olvidarlas.
― Oye, Sil, no has dicho nada durante toda la comida, ¿sucede algo?
En el otro lado, Xión le preguntó preocupada al galante caballero sobre su silencio durante todo ese
rato.
Durante la comida no tocó mucho su plato.
A fin de cuentas…
― Solo pensaba que se siente algo solitario sin la compañía de Sylph.
―…
―…
A eso, los hermanos bajaron la cabeza, apenados por distintas razones.
― Discúlpalo, por favor. Ya entró en la etapa de rebeldía de todos los jóvenes…
― ¿No es muy tarde para eso?
― Como no la tuvo, no creo… Solo esperemos a que pase el mes de castigo y pueda volver a salir de
casa. Para ese momento ya debería tener bien claro el no volver a desobedecer a papá…
― Eso creo… Aunque sabiendo su personalidad, no sabría qué pensar…
― S-Siendo Sylph, no cometerá el mismo error dos veces.
Silver y Xión asintieron al enunciado del hermano mayor.
(…)
Y en otro lugar…
Esto es tan injusto.
Estaba castigado.
Y no podía hacer nada para remediarlo.
Su familia estaba comiendo alegremente con los Knight, ignorando su existencia al punto de no
reconocerlo como parte de la familia.
Posiblemente no le traerían nada de la comida…
― Uhhhhhh….
Rojo por diversas razones como la envidia y la rabia, tiró su hermosa cara sobre su almohada ya hundida
de los golpes que le hizo comer hace unos minutos.
Su humor era de perros, arrastrando una ira silenciosa.
Tenía celos, muchos celos.
De sus hermanos que estarían divirtiéndose, de sus padres que estarían felices por su ausencia, y de
Darkness que pudo ir con la familia cuando él, su contratista, no tenía otra opción más que quedarse en
la mansión.
― Seguro ni le importe…
Se dijo desabridamente, respirando pesadamente y con la depresión apareciendo como sombras bajo
sus ojos rubíes.
Tenía celos, envidia, enojo… pero sobre todo, sentía soledad.
― Siquiera Asura-Kun se quedó… ¿Ahora qué hago aquí?
Otro día iría inmediatamente con la abuela, pero ella dijo que este día lo usaría para hacerse unos
tratamientos de belleza. Molestarla no era una opción.
Y ante todo, ahora que tenía un guardaespaldas, en el momento que se sentía aburrido o falto de
compañía, recurría a él.
― Darkness…
No había notado esto antes…
Que parte de su día se amoldaba al pelinegro.
Si tenía una duda, si no le salía un hechizo, si necesitaba ayuda con algo, iba directo a su sirviente y
nadie más que a él…
Más que en Jeremy, en su padre, en Asura, o sus hermanos, depositaba mayor confianza en Darkness.
Debía ser en parte por admirarlo.
Quería ser como él… Que nada lo perturbara, tener ese genial porte… Esa compostura… Quería tener
todo eso…
De verdad… quería ser como él…
Pero era algo imposible.
Lo supo, que no tenía talento, y tampoco tenía una personalidad que le facilitara imitar a Darkness.
Aunque al menos le gustaría tener algo de su temple.
―… Al menos me bastaría con manejar mejor mi maná…
Su maná solía descontrolarse en los momentos de asombro y peligro, haciéndose peligroso para él y sus
aliados. El control en sus reservas también era precario, y en una batalla de desgaste, no duraría mucho.
Pero Darkness no tenía esos problemas.
No usaba maná de más, y manejaba la situación con premura y compostura. No había visto más de tres
tipos de expresiones en él.
De todas las personas que conoció hasta este día, Darkness superaba a todas en las mejores
impresiones.
― Debía ser por eso que quise contratarlo…
Pero…
Él no pertenece aquí.
Lo supo desde el primer momento en que lo vio con su traje negro de sirviente.
Darkness era como un animal salvaje que no tenía que estar enjaulado. Brillaría más siendo un asesino o
un mercenario que siendo un mayordomo al servicio de un noble, aunque no le agradara la idea.
Claro que lo sabía pese a ser muy denso, pero… pero…
No quería desprenderse de él…
Se negaba a soltarlo. Quería seguir dependiendo de él un poco más. Un tiempo indefinido al cual no
quería ponerle tiempo límite.
Soy tan egoísta…
Rodando por su hombro, acabó boca arriba sobre su cama acolchada, teniendo una amplia vista del
dosel de cortinas violetas misceláneas con magenta. El rectángulo de caoba se llevó toda su atención,
excluyendo cualquier otra cosa que no estuviera incluida en ese reducido espacio.
Vaho frio surgió de su boca.
―…
Quería olvidarlo todo. Si no supiera nada, tampoco sentiría nada.
Era un pensamiento que iba y venía ahora que se encontraba solo.
La idea de todo congelándose.
La idea de todo rompiéndose.
La idea de todo desapareciendo.
Personalmente, todas esas opciones sonaban fabulosas…
¿Podría hacerlo…?
Totalmente metido en sus pensamientos, no notó la escharcha que, a paso continuo, recubrió las
sábanas, las cortinas, el techo…
No paró de proseguir, robando el calor del aire, el cual se volvía glacial.
La capa de escarcha engullía con glotona avaricia cada objeto dentro de la habitación, dejando un
camino blanco y frío.
La escharcha engrosaba, generalizándose como torrentes de hielo sólido.
Pero…
Tock, tock, tock…
― ¿¡...!?
― Joven Sylph, supuse que se sentiría algo solo por ser excluido de la visita a los Knight… Por lo tanto,
preparé algo de flan… ¿le gustaría comerlo?
Esa voz de hombre en sus veintitantos, de un hombre algo degastado por los años, pero llena de pasión
por la cocina, arrancó de los brazos del letargo a Sylph, regresándolo a sus vivos cabales.
― ¿E-Eh…?
Sosteniéndose la frente pálida y fría cómo de cadáver, se encontró de cara a un mundo de escarcha, casi
cubierto de hielo y nada más que hielo.
Su aliento se graficó como vapor blanco, surgiendo con cada respiro.
― ¿Q-Qué…?
―¿...? ¿Joven Sylph…? ¿Pasa algo?
Sylph parafraseó algunas respuestas en su cabeza, procediendo a contestar desde de la cama.
― A-Ah, sí. Iré en unos minutos.
― Está bien.
― Gracias…
Con José tranquilo y a la espera de él, se bajó de la cama de sábanas cubiertas de escharcha.
Habló a volumen solo audible para sí, mirando su entorno nevado.
― ¿Qué demonios es esto…?
¿Y cómo lo hizo?
― No recuerdo tener gran afinidad para el hielo…
Su afinidad principal era la Luz, y la secundaria el agua.
Pero la segunda no la usaba mucho, por temor a tener a Camelia encima por su mal uso del mismo.
No recordaba tener Afinidad con el hielo… Cuya aparición hasta ahora fue como un balde frío de agua.
Se rascó el cabello verde claro, saliendo a tocar un poco de la escharcha que cubría unas flores.
― Tal vez solo es superficial… ¡Iah!
Crack.
Anunció el crujir de la flor que rozó con un dedo, desprendiéndose en seco del tallo que la tenía en alto.
Sylph quedó en blanco, extendiendo la mano que no tocó nada.
La flor blanca al tocar la mesa igual de albina, deshizo su forma en pedazos diminutos, haciéndose más
pequeños, incluso más de lo que eran… hasta que solo se hicieron uno con el aire.
― Ah…
No parecía ser solo superficial.
El efecto heló incluso las células más ínfimas de la flor, haciéndola inservible y nada más que hielo frágil.
― E-Entonces todo esto…
No, no, no, no, no…
Instigando por el descorazonador final de la flor, Sylph se giró en sus talones, influyendo abatimiento en
sus preciosas facciones aniñadas.
Miró toda la habitación, desde el objeto más pequeño como decoraciones a posesiones de valor como
jarrones y vestidos de gala.
― D-Debo arreglarlo…
Su habitación resguardaba un buen número de tesoros valiosos que no costaban una nimiedad de
monedas de oro.
No podía dejar las cosas así… Pero tampoco tenía idea de cómo revertir su propia magia…
― Es más, ni siquiera sé cómo lo hice…
No quería esto, quería que todo este hielo desapareciera…
Y oyendo el ruego constipado de su precursor, abandonó su existencia a la nada.
― ¿E-Eh…?
La escharcha… no estaba.
¿Cómo? ¿Cómo ocurrió esto?
Sylph, volviéndose de golpe al jarrón que hace un momento examinó, encontró una vez más a las
preciosas flores que Yuria eligió específicamente para él.
Sus pétalos blancos florecían bajo el aroma grato de su polen, ponderando algo de ternura a la
habitación de Sylph.
―…
Y, tocando otra flor con algo de miedo, sintió la suavidad lisa de sus pétalos. No sentía nada de frialdad
provenir de ella, solo la calidez propia de una flor recién cortada del campo.
Y no solo era ella.
Nada en la habitación emanaba frigidez. Todo se sentía como hace unos minutos que esta escharcha no
existía.
Tampoco encontró la aparición de agua o goteo.
― Entonces no fue descongelamiento…
Entonces, ¿fue a causa de él?
Quiso que desapareciera, pero esto era… impresionante…
Ni siquiera dejó rastró de haber estado allí…
Quedó unos segundos ensimismado con su propia obra mágica, pensando en qué hacer para repetirlo o
probar algún hechizo que fuera interesante.
Su lado infantil deseó tomar el control, llenando su cabeza de ideas irresponsables de congelar algo y
luego romperlo por puro placer.
― ¿Joven Sylph? Ya pasaron los cinco minutos… ¿Aún no está listo?
― Ah…
José estaba afuera, esperándolo.
Con todo este asunto de la escharcha se había olvidado de él. Que irresponsable.
― Discúlpame. Ya salgo…
Salió con su energía renovada.
― Lamento la tardanza. ¿Cuánto flan dijiste que hiciste? Más vale que sea bastante, pues estoy con
muchas ganas de comer algo dulce.
Declaró, esperando algo que le alegrara el día.
(…)
―… Y por eso, es que mi hipótesis de la Corrupción mágica es plausible mientras se cumplan las
condiciones óptimas…
― Gracias por la información inútil, supongo.
― ¿No te agradó mi charla?
― Al principio era emocionante, pero luego de una hora perdí el interés, creo.
― Que hija más fría.
Riéndose entre dientes, el hombre de espaldas a una pantalla blanca y llena de garabatos negros y
azules, sacudió su cabello cuyo color no era visible por la escasa luz de la encerrada habitación de
piedra.
A quién le decía esta charla científica, balanceaba ambas piernas bajo la silla como un péndulo, mirando
al frente y directo a la pantalla blanca que no era nada común para una presentación, pero que
demostró ser útil para crear ilustraciones a tiempo real.
No tenía idea de dónde sacaba esas ideas. Aun siendo su hija, no sabía nada de su plano de
pensamiento.
Eso levantaba una sima que no podía desvanecer, aunque le doliera saberlo.
Acarició la punta de su trenza rosada.
― Entonces…
― ¿Pasa algo, Lucy?
―… Si te tomaste el tiempo de hablarme de esto, ¿es que tienes algo en mente?
― Oh, oh… Como se esperaba de mi Lucy. ¿Cómo supiste?
― Tienes la manía de hablar de tus ideas antes de llevarlas a cabo, papi. Solo concluí que este no era un
caso distinto.
― Oh, bien, bien… Por tu buena participación, te daré un caramelo.
― S-Sobornarme con chucherías no funcionará…
― Entonces que sean cinco, ¿no te gustan los de café…?
― Dado que insistes tanto en dármelos, los aceptaré con mi buen corazón.
― Gracias…
Aceptó los caramelos.
― Entonces, papi… ¿Qué planes piensas llevar a cabo?
― Ah, eso… Ya hice de todo, y nada funcionó…
― ¿Eh?
Con un caramelo deshaciéndose dentro de su boca, la niña levantó la mirada cian hacia su padre,
plenamente anonadada por su confesión.
― ¿Qué significa eso?
― Como escuchas… Intenté de todo un poco, sin lograr demostrar esta hipótesis, creo…
― Espero que sea una broma… Si antes dijiste que era una hipótesis plausible.
― Y lo es, pero no he logrado cumplir las condiciones que requiere demostrarla.
― Si es tan difícil, ¿por qué no te rindes con ella?
― Lucy…
― Ah…
Llamándola, Towin congeló su sonrisa, escarbando en los miedos más profundos de la niña.
El aire se hizo pesado para entrar por sus pulmones, llevando amargura a la saliva que tragaba. Sus
piernas se congelaron, rígidas como un tronco viejo.
Sudor goteó de sus ruborizadas mejillas de muñeca.
Cometió un error como este… que idiota era.
― P-Perdón… Solo me preocupaba de que descuidaras tus horas de sueño por este experimento… A fin
de cuentas, solo te detienes hasta que todo está comprobado…
― Oh…
El aire que la aplastaba en su asiento, se relajó con otra sonrisa mezquina libre de tensión en la boca de
su padre.
― Así que era eso… Solo estabas preocupada por tu papi… Eres tan linda, Lucy…
― Hehehe, lo sé muy bien. No hay mayor lindura que yo, creo.
Ella misma se asombraba de los rápidos saltos de ambiente que su padre podía hacer con un gesto.
Ahora mismo su padre la mimaba con palmaditas en su cabeza, gentiles y cálidas como las caricias que
daría un peluche. Ella se dejó llevar por la buena sensación de ser felicitada, sonriendo bajo el destacado
rubor de sus mejillas orondas de las cuales estaba orgullosa.
― Entonces, te diré que no te preocupes por mí… Trataré de dormir todo lo posible de día, para que en
la noche esté con las pilas recargadas, y al tope de mi capacidad.
― Aunque no comprendo muy bien que significa "pilas", confiaré en tu palabra, papi… No te la pases en
vela demasiado ¿sí? Si quedas con ojeras, Serafito-San podría enojarse ¿sabes?
― Cierto, cierto. Ahora mismo ha estado trabajando como loco, pero no hay de qué preocuparte. Si
pasa lo peor, puedo usar mis increíbles encantos de estafador para hacer que me perdone.
― Dudo si tomar esa confianza…
― Oh, vamos. ¿Cuándo te he mentido?
― Una vez―…
― ¡Bien! Es hora de que los niños se vayan a dormir.
― ¿Eh? Pero si es apenas es medio día…
―Toma una siesta, mi pequeña. Eso conservará tu lindura. ¿O no te agrada la idea de ser linda por
siempre?
― Tomaré una siesta ahora mismo. Mi lindura es la única razón por la que papi me quiere.
― Tengo más razones profundas que solo tu aspecto, pero charlaré de eso luego. Por ahora ve a dormir.
― No hagas ninguna locura ¿sí?
― Sí. ¿Cómo podría decepcionar a mi linda hija?
― Hehehe… Sé que soy linda, así que no tienes que decirlo a cada momento…
― ¿Aun cuando te ves tan feliz cada vez que lo menciono?
― ¡E-Eso no es verdad!
― Sí, sí… Ya vete a la cama, mi preciosa. Papi tiene trabajo que hacer…
― Sí. No vemos en un rato, entonces…
Y haciendo ruido de beso, Towin acató los mansos labios de su hijita en su mejilla derecha, culminando
la hora de juegos.
― Adiós, papi…
Sonriendo tímidamente y haciendo una reverencia muy noble de princesa, Lucy esquivó la silla en la que
durante toda la hora y media estuvo sentada, y encontró la puerta al otro lado del cuarto de piedra lisa.
Rechinando las bisagras, Towin concluyó que ya estaba solo en la sala de conferencias.
Le decía sala de conferencias, pero en realidad solo había unas sillas y una pizarra blanca.
― Entonces…
Arrojándose su cabello desordenado a un lado, y cambiando su expresión facial, sonrió a toda la
capacidad que daban sus músculos faciales. Creyó oír sus mejillas tensarse por la rigidez que las hacía
sufrir, pero aquello no le importó.
― Ya terminó la hora con Lucy. Ahora es tiempo de trabajar…
Más que trabajo, esto era su hobby. Una afición enferma que no podía dejar de hacer por mucho tiempo
que pasara.
Miró una segunda vez la pizarra con garabatos. Los significados grabados en ellos solo los comprendía él
y nadie más.
Incluso Lucy, con toda la buena comprensión sobre lo caótico de su cabeza, no llegaba a calzarle los
zapatos.
Si tuviera que enunciar a alguien, sería a su buen amigo Serafito, que prácticamente tenía un estudio
bien extenso sobre su mentalidad.
Pero tampoco era perfecto.
Sonrió, sonrió hasta que no pudiera hacerlo más.
― Ahora comienza la hora de juegos…
Ni el credo, ni el destino, ni la moral restringían sus acciones que solo buscaban rellenar los huecos de su
corta comprensión del universo. Su lealtad estaba consigo mismo y a sus ideales, a nadie más que eso.
― Ahora a probar el intento Nº 97.
Esta sería una variante de sus anteriores experimentos.
No salieron nada bien, si se preguntaba.
Los resultados fueron… bueno… desastrosos. Sobre todo en el ámbito de la limpieza que se llevó a cabo.
No tenía idea de que los seres humanos pudieran soltar tanto líquido…
― Pero bueno, una falla hoy me dirigirá al éxito de mañana…
Y ese mañana, podría ser hoy.
Sonrió una vez más.
(…)
― El flan de José-San es imposible de superar... Casi logra que olvide mi castigo.
― Habría sido pedir demasiado.
― Me pregunto si Darkness y Camelia estarán peleando... ¿Quién los detendrá cuando suceda?
― Existen muchas personas capaces de separarlos, si eso preguntas.
Stone, carente de delicadeza, dijo esto sin pensar. José golpeó su espinilla bajo la mesa.
Un quejido salió a flote. Sylph fingió no notarlo.
― Bueno, es un hecho que a ambos les parece difícil llevarse bien. No existe nadie que piense lo
contrario.
― Sí...
― Aunque de lejos, ustedes tres parecen buenos amigos...
Sylph paró de comer.
Amigos.
Esa modesta palabra rebotó dentro de su cráneo múltiples veces.
Su garganta se cerró, y su pecho dio un vuelco.
José los miraba como si fueran amigos, y en cierta manera, le agradaba la idea más de lo que pensaba.
Amigos. Buenos amigos…
Además de Sil, no tenía a alguien más de su edad que pudiera llamar amigo.
No parecía mala idea. Convertirse en amigos…
Pero, claro que no era posible.
Darkness no estaría mucho tiempo aquí.
Lo sentía, aunque no le dijeran directamente, lo sabía en el fondo.
Darkness pronto se marcharía, y junto con él se iría Link.
¿Cómo quedaría luego de eso?
Seguramente con muchos baches en su horario.
Se preguntaba qué sentiría cuando se marchara su guardaespaldas. ¿Se sentiría solo? ¿Desanimado?
¿Tal vez no le importaría? ¿Un poco mal pero luego bien?
Pero, independientemente de todo lo que pensara, tenía la certeza de que…
Se sentiría solo.
Bastante solo.
― ¡Estuvo buenísimo! Gracias, José-San.
Dando gracias por la comida, Sylph se puso de pie.
―… ¿Ya te vas?
― Sí. Nos vemos luego…
No tenía el ánimo suficiente para dar sonrisas extras. Apenas dio su adiós, se fue de allí, para extrañeza
de ambos sirvientes.
(…)
― Darkness…
―…
Deteniendo al pelinegro al llamarlo, el apuesto caballero en ropa galante sonrió amigablemente.
Su rostro era el pináculo de la perfección, sin mancha alguna que arruinara su divinidad masculina.
Tanto su expresión noble, sus ojos de eminente voluntad y su cabello despejado inferían el porte
perfecto de un caballero.
No había nada en él que no se amoldara a su papel, combinándose con su nombre y apellido como la
uña y la carne.
Parecía ser perfecto.
Molesto.
Desde la punta de sus pies, al último de sus cabellos rubios.
― Veo una terrible expresión en tu rostro.
― La culpa recae directamente en la persona que me llamó.
― Ah, veo…
¿Iba a ignorarlo así como así?
― ¿Entonces…? – Suspiró cansado, regresando sus ojos verdes al chico más alto. ― ¿Qué quieres? Para
algo debiste llamarme…
Si se trataba sobre el trasfondo del castigo de Sylph, tendría que negarse. Tenía prohibido filtrar
información sobre los asuntos familiares de la familia Clover y todo lo que tuviera que ver con la
gerencia.
― Veo que no confías en mí, eh…
Sonriendo dolorosamente, el caballero inclinó la cabeza.
― No te preocupes, Darkness. Comprendo que hay cosas que no pueden hablarse con extraños… No
tenía tal intención…
―…
― Aunque no miento que tengo curiosidad, pero ese es otro asunto.
― Si no deseas preguntar sobre aquello, ¿qué es lo que quieres?
― Ah, no sabría decirlo en palabras claras… Supongo que solo quería hablar…
Darkness, no cayendo en la terminología a la que quería llegar, inclinó una ceja, mostrando algo de
humanidad en sus rasgos inertes.
― ¿A dónde quieres llegar?
― Supongo que no es fácil entenderlo si no lo pongo claro. Solo que quiero conversar un rato.
―…
"¿Qué planeas…?"
Quiso pronunciar, pero la venida de un tercer individuo que nadie invitó provino a su derecha.
― ¿De qué están hablando?
No requirió dar una segunda mirada a la persona entrometida para descubrir su identidad.
Sin la necesidad de una invitación, Camelia apareció con sus ojos acechando heladamente a Darkness.
― No me digas que ya descubriste todo los secretos de la familia… Pedazo de basura, confíe en ti…
― No digas cosas que no piensas… Y no he hecho nada de eso… ¿Cierto, Silver?
Silver debería poder apoyarlo al menos en esto.
El rubio platinado sonrió con una media sonrisa. Sus hombros subieron y bajaron.
― Camelia-Sam, no te enojes con Darkness… Recuerda que sigue siendo un novato en cuestiones como
estas…
―…
La mirada de Camelia se hizo más gélida, helando sus huesos ya tiesos.
Definitivamente…mataría a ese tipo.
No se dejaría engañar por esa sonrisa blanca una vez más.
― Lo sabía. Tendremos que regresar al entrenamiento básico otra vez…
― No es necesario. Ya he aprendido de mi error.
En no confiar en caballeros de ojos bicolores.
Camelia rechistó su lengua, viéndose rígida de mejillas.
― Te dejo unos minutos solo y esto sucede…
― Dado que no nos soportamos, creí que andar por caminos separados era normal…
― No si eso causa problemas a futuro. Desde ahora no me despegaré de ti.
― No suena nada agradable si lo dices tú…
Toda frase que soltaba sonaba a un veredicto de ejecución. Darkness no quería imaginar estar más
tiempo del que tenía con Camelia y vivir enjaulado con esa víbora escarlata que solo sabía criticar.
― He…
― Veo que te diviertes…
― Ah, mil perdones…
Silver no reparó en la carcajada seca y algo encogida que tiró de sus cuerdas vocales. Se corrigió, pero la
gracia de su sonrisa no desapareció.
― Es solo que…bueno…nunca había visto a Camelia ser tan condescendiente con alguien…
― ¿Ah?
Ambos, Camelia y Darkness, emitieron un maullido escéptico.
― ¿En qué es condescendiente, si puedo saber? Que yo sepa, ella no conoce la palabra consideración…
― No estoy de acuerdo con ello. No recuerdo ser amable con este criminal una sola vez en mi vida… SI
lo hiciera, mi moralidad caería en picada y ya no sería la mujer modelo…
― ¿Eres una mujer modelo?
― Cierra la boca…
― He…
― ¿Qué es tan gracioso?
El rubio se convirtió en un blanco una vez más.
― Ciertamente se llevan bien.
― Me gustaría preguntar cuál es su base…
Demandó Camelia. Silver le contestó.
― Es la primera vez que te veo expresarte sinceramente sin ninguna etiqueta… Por eso concluí que eran
cercanos…
―…
―…
― ¿Camelia-San?
No recibió la reacción que esperaba.
Ella… solo giró hacia otro lado.
― Tonterías…
Farfulló en voz baja.
Darkness enarcó una ceja, avistando desde su lugar a la pelirroja.
Plasmado en sus suaves mejillas, el rubor acaparó todo el espacio debajo de sus ojos bicolores.
¿Ese caballero logró dejarla sin palabras?
¿Eso era posible?
A menos que... a ella le gustara Silver.
Si fuera así, que se avergonzara tenía sentido.
― Deja de pensar tonterías. No es nada de eso.
― ¿Segura?
― Muy segura.
― Me parece increíble que puedan comunicarse sin decir muchas palabras.
― ¿Podríamos dejar este tema de lado, Silver-Sama?
― Sería fantástico que nosotros tres pudiéramos llegar a ese nivel de compresión.
Sus tripas se volcaron, equilibrando por toda su boca un veraz sabor a vinagre.
― Ah, y Camelia, Darkness no dijo nada respecto a específico del asunto que envuelve a Sylph. Solo era
una broma mía.
― Ah. Entiendo.
― A todas estas, si hay algo que me preocupa, es su conocimiento de las ventas ilegales de partes semi-
humanas. Su aparente caza de brujas estuvo relacionado con eso, ¿verdad?
Camelia enjauló sus largas pestañas oscuras, retirando su palabra del asunto. No poseía las fuerzas para
rebatirse contra el caballero noble, y menos para salir victoriosa.
― Entonces acerté...
El de ojos bicolores estrechó sus refinados ojos.
― Supongo que no le agradó mucho lo ocurrido con su compañera.
― ¿Cómo-
― Las noticias viajan rápido. Como mínimo, sé que alguien de su grupo salió herida...
― Si tanto querías preguntar por ello, deberías haberlo dicho directamente…
Y no revolotear por las ramas como había hecho, hablando de que quería entablar una conversación
amistosa, cuando en realidad solo deseaba obtener información.
Pero la expresión grave del rubio se atenuó bajo una asombrada objeción.
― Lamento si te hice pensar de esa manera, pero no tenía la intención en específico de preguntar sobre
este tema. La intervención de Camelia me lo trajo de vuelta a la mente, y creí que al tenerlos a ambos
reunidos en un solo espacio, podría despejar algunas dudas, eso es todo.
―…
No sintió engaño alguno proviniendo de él, solo la pura verdad.
― ¿Darkness? ¿Sucede algo? Si te molesté de alguna manera-
― Solo...solo cállate, ¿quieres? Eres molesto.
No quería oír nada más. Le dolía la cabeza.
― Y antes que nada…
Señaló el rostro perfecto de SIlver.
― Si deseas seguir relacionándote con nosotros a futuro, deshazte de ese molesto modo de hablar.
― ¿...?
― Hablando así solo logras sacarme de los nervios. Haz algo al respecto.
Ignoró la expresión ofendida de Camelia, que tomaba estas palabras de lo más ofensivas contra un
noble como Silver.
Una parte de él se preguntaba si finalmente lograría molestarlo.
Ah.
Una sonrisa cruzó su rostro. Solo una plana sonrisa de un adolescente feliz.
― ¡Eso suena estupendo! ¡Es justo lo que hacen los amigos!
―...
Sus cálculos salieron mal. Demonios.
― No, yo-
― De todos modos, muchas gracias por iluminarme, Dark…
― ¡...!
Sintió sus huesos golpear sus músculos en un arrebato salvaje. Todo en él brinco de un absoluto
desagrado.
― Lamento portarme tan distante. Desde ahora te llamaré Dark, tal como hace Link…
― ¿Q-Qué estás…?
― Y a Camelia también… La llamaré solo por el nombre, o mejor…
"Melia"
Acortando a un cuarto el nombre de la pelirroja, Silver sonrió de oreja a oreja, deslumbrante como un
sol.
No, era el sol mismo…
― Pueden llamarme Sil, como hace Sylph… Aunque la pronunciación es algo parecida…
―…
Camelia y Darkness coincidieron que…esto no era normal.
― Nunca antes he llamado a nadie por un apodo, pero daré mi mejor esfuerzo…
―…
― Espero que nos llevemos bien, Dark…
―…
No podía…contra esto.
Darkness, a sus 16 años, encontró un muro imposible de derribar. Uno alto como las nubes, que se reía
en su cara de la poca experiencia tratando con personas de la cual padecía.
Una enfermedad desastrosa.
Una enfermedad vergonzosa.
Una que no podía revertir a menos que tratara con personas.
Una cosa que no quería hacer aunque su vida dependiera de ello.
―…Ah…
― ¿Dark?
Si hubiera estallado en ira, habría mucho mejor.
Se alegraba de no tener a Sylph al lado. Él seguramente diría contento que ahora eran cuatro amigos
cercanos. Eso no lo soportaría.
― Hablemos sobre lo que estabas preguntando…
Si no podía hundirlo, al menos encaminaría su atención a la otra parte.
Y el rubio cogió el anzuelo.
― Ah, claro, Dark. Podemos hablarlo en otro lado que esté más distanciado de la sala. Aquí no es buen
lugar para hablar de un tema como ese.
― Sí.
(…)
Sonata, a medio beber su jugo de naranja, avistó las tres figura marcharse en otra dirección a la sala.
Su hermano se aventuró a hablar de algunos contenidos de los que no tenía conocimiento. Su buen oído
en este caso no le sirvió de mucho, y se sentía como un criminal.
Sobre todo, porque espiaba la conversación.
Mientras que ellos estaban a unos 8 metros, y la distancia ciertamente no era la adecuada para oír a
escondidas, Sonata podía oírlos muy bien.
Sorbió otro trago de su jugo, cuyo sabor nunca paraba de agradarle.
Tendré que preguntar luego sobre esas ventas ilegales…
Si deseo de investigar no se acentuaba en ese tema en específico. Tampoco tenía que ver con su
hermano. Menos con la chica pelirroja.
...solo con el hombre de cabello negro.
Lo conoció hace poco, en un furtivo encuentro de la capital. No podría llamarlo un encuentro que
produjera una chocante impresión.
Su interés se debía al gran parecido a alguien que conocía.
Orochi.
Lo conoció hace menos de una semana, en la provincia de Zazaphe.
Y quería volver a verlo.
¿Por qué? Se preguntaba él mismo.
No podía responderse.
¿Curiosidad, quizás? ¿Intenciones de ajusticiarlo por su crimen?
Acabó su jugo, dejando el vaso al centro de la mesa de un deslizamiento tenue.
Aunque no estuviera seguro de muchas cosas, podía acertar en que sus intenciones no se basaban en la
justicia.
Castigar al malo por sus crímenes y encerrarlo tras las rejas…su vida no se guiaba por esa filosofía tan
conveniente.
No decía que fue indolente de las injusticias, y que no deseara corregir a los criminales.
Pero no era su pasión.
A veces se preguntaba si era que era realista, o que solo estaba errado.
Admiraba sinceramente a las personas que vivían por la justicia, y que deseaban crear un mundo mejor.
Pero no le interesaba desperdiciar esfuerzo en algo que parecía tan vasto e imposible.
Y Orochi…sin importar si lo imaginaba, no podía concebirlo todo derrotado y tras barras de hierro.
Y tampoco le gustaría tal situación.
Debo tener algo roto, si no deseo que un asesino esté condenado.
Desentrañó una áspera risa que solo fue oída por él.
Para ser un caballero, no tenía nada de discreción…y menos de ese altruismo en abundancia del que su
hermano pregonaba.
A veces se preguntaba si de verdad debía ser un caballero.
Pero inmediatamente una visión unilateral de su padre acallaba cualquier medida que pudiera formular.
Su padre esperaba grandes cosas de él.
Odiaba a los desobedientes.
Detestaba los hijos inútiles.
Por eso quería que fueran hijos modelos, no solo en oficio, sino también en comportamiento intachable.
Ni una vez vaciló si era algo posible… Porque tenía que hacerlo posible, junto con su hermano.
Aunque con su hermano, no veía esfuerzo provenir de su parte.
Su personalidad era acorde a las expectativas de su padre, encajando como un engranaje más. Mientras
que él, tenía que enterrar sus propios deseos por enlistarse como una persona ilustre.
― Supongo que lo que siento es envidia…
― ¿Eh? ¿Dijiste algo, Sonata?
― No, nada, padre. Solo hablaba conmigo mismo…
Sonata respiró en tenor de la taciturna soledad que se imponía.
(…)
―…Ya veo. Eso explica muchas cosas, sobre todo, como conocieron el mundo oscuro de las ventas
ilegales…
Asintió el galante chico con una mano cubriendo su boca. Era demasiado hermoso para no mirarlo
directamente.
Por esto, Darkness ponía su vista en un ornamento vegetal con arreglos florales y coloridos. Demasiados
conflictos internos destrozaron su desgastada alma, haciendo que solo quisiera terminar esta
conversación lo más pronto posible con el caballero.
Podía reafirmar, que no le agradaba. Todo lo contrario a agradar. Lo odiaba.
― Es tal como enunció Darkness. Fue así cómo supimos de esas ventas...
―… Hmm…
― ¿Pasa algo?
El rubio guardó algo de silencio, motivando la indagación de la pelirroja.
― No…
Negando su creciente ansiedad, encorvó la comisura de su boca.
― Solo pensaba en que realmente son cercanos…
―…
― Quisiera saber por qué… No, pensándolo mejor, no diga nada más…
― Que ambos se cuiden mutualmente demuestra que de verdad se llevan bien. Es admirable su
fantástico trabajo en equipo…
― S-Solo fue algo de colaboración por el bien de los Clover…
― No creo… Y no creo que sea malo tener una relación cercana.
― N-No… Silver-Sama… eso es…
"Incorrecto". Murmuró a voz muerta, ya sin los medios necesarios para contradecir lo que afirmaba.
Aunque era divertido verla arrinconada, a Darkness no le encantaba la aseveración de tener una relación
íntima con ella. Tenía una larga lista de razones que los pondrían de enemigos mortales… Si no tuvieran
el mismo señor, ahora mismo ni se hablarían.
― No me importa si te haces amigo de Camelia, pero no me metan en esto…
― ¿Qué dices? Ahora los tres somos amigos…
―… ¿Dónde, cómo, y por qué razonaste eso?
― ¿No siempre andan juntos? Ah… Cierto… Con Sylph seríamos cuatro, y si sumo a Sonata, seríamos
cinco… No suena nada mal… Ah, no, espera… sería egoísta aislar a Xión…
―…
―…
Ni Camelia ni Darkness podía interrumpirlo de sus ensueños amistosos.
― No creo que sea adecuado que una sirvienta se haga su amiga, Silver-Sama. Menos este criminal…
― No creo que nuestras posiciones sean un impedimento.
― ¿N-No podemos seguir hablando sobre las ventas ilegales…?
Si podían distraerlo un poco…
―Ah, ya estoy satisfecho con lo que oí. No necesito escarbar más de eso. Lamento grandemente que
esta red criminal les haya causado problemas, pero es un alivio que pudieran superarla solos. Como
caballero, y sobre todo, como amigo, daré mi mayor esfuerzo para contribuir a la destrucción de esa
red…
Esa sonrisa deslumbraba. No pudieron llevarle la contraria o decirlo que tal cosa no era necesaria.
(…)
Como tenía mucho que hacer, y no hacer nada lo deprimía, decidió darse un buen baño para alegrarse el
ánimo.
Desabrochó los primeros botones de la camisa que tenía.
― Me pregunto cuándo volverán... Han tardado bastante...
Disponible a posibles sorpresas, presintió una sombra advenir del reverso de sus pies. Una sombra que
no destacaba en tamaño, muy pequeña para ser de un humano.
Se preguntó quién sería de semejante tamaño… No había niños en la mansión, que supiera…
― ¿Uh…? ¿Quién―
La pregunta no logró completarse. Su costado derecho fue estrechado por una fuerza superior.
― ¡Ghk, guh…!
Con ambos pies sacados a la fuerza de su lugar de apoyo, su figura se abatió y encogió como un feto. El
impulso y el dolor evitaron que diera resistencia al golpe salido de la nada.
― ¡-hk!
Con una pared absorbiendo su espalda y un golpe de recibimiento a sus omoplatos, Sylph se encogió
aún más de lo que estaba, expulsando todo el aire que mantenía reservado, sintiendo en carne propia la
falta de oxígeno dentro de sus pulmones y un dolor desgarrador que palpitaba bajo su brazo…no… ¿Bajo
sus costillas?
― ¿Q-Qué…?
Pidiendo una explicación a lo que fuera que le había ocurrido tan de repente, presionó de escasas
fuerzas su costado derecho. Entre sus dedos presintió un tipo de humedad considerablemente espesa.
El aroma del metal prendió a todo volumen sus alarmas de peligro.
Trayendo de regreso su mano temblorosa, y aguantando tirar más gemidos, encontró una visión
matizada de la sangre carmesí.
― Ghk…
Al mismo son de su lamentable lamento entrecortado, emanó más cantidad de sangre del penetrante
corte en su costado, tiñendo la tela de colores y variantes claros que conformaban su ropa.
Esta era mucha sangre. No debía ser bueno seguir perdiendo más de ella…
Sylph abrazó su propio cuerpo, y a duras penas logró ponerse de pie.
― ¡Bkh…!
Su garganta se obstruyó con un líquido burbujeante y áspero. Al saber que lo rojo que escupía era su
sangre, reforzó su apremio por buscar tratamiento lo antes posible.
La gravosa herida en su costado fue ejecutada por algo punzante, quizás un arma blanca.
Aunque parecía ser algo irregular, con más de una incisión…
Sylph no tenía idea de por qué sucedía esto.
¿Quién lo atacó? ¿Por qué lo atacó? ¿Con qué objetivo? ¿Cómo logró colarse a la mansión…?
Presionando sus dedos sobre la herida para que parara la sangre, Sylph tragó el líquido de sabor
metálico que quería continuar emergiendo de su garganta, aunque fuera fatigoso.
Recordaba avistar una sombra a su espalda antes de sentir el golpe. Debía ser de su atacante, sin lugar a
dudas.
― ¿D-Donde…? ¿...?
Sylph buscó furiosamente ubicar a su agresor y cortarle los siguientes intentos malintencionados, pero
no presenció la forma de un humano o persona hostil…
Solo un mono mediano con extrañas características…
Unos cuernos puntiagudos que se veían peligrosos si su objetivo fuera dar un golpe. Cinco garras largas
en sus manos que no serían adecuadas para su especie. Una cola de serpiente que siseaba y daba
evidencias de vida propia.
Y un grueso pelaje negro que revestía su cuerpo, y ojos rojos tal como los ojos del infierno.
― ¿Q-Qué…es eso?
Nunca había oído de un mono como este.
No recordaba que las enciclopedias mencionaran cuernos y garras.
A menos…
― No puede ser… ¿Una quimera?
― ¡...!
― ¿¡Hk!?
El frugal momento de meditación terminó con la nueva embestida del mono negro, que no tuvo la
mínima consideración por Sylph.
―¡...¡
Pregonando un grito entre quejido y rugido, la pequeña, pero aberrante criatura abalanzó ambos brazos
hacia él, balanceándose como un animal salvaje.
― ¡Guh…!
Apretando los molares para mayor alivio a sus lesiones, Sylph apartó su mano ensangrentada y la
revistió de un fulgor frenético que abrasó un camino de luz, con él animal negro como blanco principal.
― ¡Griaaa!
― ¿¡...!?
Divulgó un alarido seco con la habilidad de su pequeño adversario, que se las arregló para que ni un pelo
de su pelaje se le quemara.
Tirándose y balanceando los brazos y pies, el mono perforó los ases de luz que sobrevinieron sobre él,
obteniendo la victoria por encima de los ataques furtivos.
Sylph jadeó. Además de la sorpresa de que pudiera esquivarlo todo, la sangre que perdía le cedía a la
fatiga.
― Ugh…
― ¡GRRRRRRIIII!
La quimera saltó sobre él con su boca abierta de par a par, mostrándole sus caninos enormes y
amenazantes.
Al paso que se aproximaba, sus dientes penetrarían su abdomen y desgarrarían la carne, permitiéndole
sentir un dolor peor a sus heridas actuales.
Pero no lo dejaría…
― ¡...!
Silbando al sesgar el viento, su mano trazó una línea limpia que conectó un golpe sobre su cuello.
El golpe conectó, destrozando todo a su paso.
Sus huesos resonaron, para su total desagrado.
― ¡...¡
¡Bien...!
Destrozado del cráneo y la quijada, el mono rodó múltiples instantes antes de encontrarse con un
estante que detuviera su alejamiento, derrochando sangre por todos lados…
Pero esa sangre…
― ¿Es…negra?
Permitiendo un segundo de fluctuación, Sylph frunció sus delgadas cejas.
― Al menos pensaba que las Quimeras tenían sangre roja…
Si su conocimiento aprendido con el Profesor Jeff no era incorrecto… Y dudaba que lo fuera… Esta
quimera no era del todo normal.
― ¿Qué rayos eres…? ¡Wow! ¿¡Sigues vivo!?
Oyó sus alaridos. ¿Cómo era posible? Tenía la mitad de su cabeza partida.
Gruñendo entre sus dientes astillados y sangre, probó moverse, pero no logró ponerse de pie.
Sylph no entendía cómo seguía vivo, pero eso no estaría así por mucho.
¿...?
Al acercarse con cuidado para darle el golpe de gracia, lo miró bien.
Y entonces…lo notó.
― ¿Dónde…
"…Está tu cola…?"
Sucedió muy rápido.
Bastante rápido, de hecho.
Cambiando su panorama visual de golpe, perdió los tiempos a una velocidad que le insertó una fresca
oleada de vértigo.
Su centro de masa se inclinó a uno de sus flancos, suspendido durante unos instantes.
― ¡-Nhg!
Al mismo tiempo que gemía por ayuda, una cuerda lisa cernió sobre sus tobillos.
― ¡-Guh…ah!
Caer de costado provocó que su cabeza golpeara contra el suelo de lleno. Su mundo se pintó de rojo.
La temible serpiente con cuernos gemelos soltó su lengua. Tenía sus tobillos ajustados.
Y ella era…
La segunda quimera…no…técnicamente, solo era contada con el mono dado que estaba unida a él.
En total, solo era una quimera…una que se podía separar en dos.
Un mono, y una serpiente.
¿Qué tipo de broma era esta?
No era gracioso.
― Ghu…
La serpiente apretó. Sus huesos gritaron de dolor.
Sylph, soportando el dolor, estiró su mano en línea recta a su cabeza.
― Ya…muérete…
Dibujando una línea lo más limpia y natural, un haz de luz refulgente decapitó el extremo maligno de la
serpiente negra, acabando con su vida en un solo intento.
La sangre invadió la pantalla grande, disgregando gotas negras a diestra y siniestra.
― Ugh…
Las gotas acabaron posadas sobre algunas partes de su cuerpo.
Nadie, ni siquiera Sylph, pudo contemplar la sangre adentrándose en sus heridas…
Como una esponja absorbiendo agua.
El comienzo de la caída.
― Gh… ¡...!
Dolor. Sintió dolor. Dolor acumulándose capa por capa en la boca de su estómago, dolor recorriendo la
punta de sus dedos a sus antebrazos, dolor martillando el interior de su cráneo, dolor quemando el
fondo de su garganta…
Sintió dolor por todos lados.
Un inaguantable, y cruel dolor…
― ¡H-Hhg-hk! ¿¡Q-Qué…!?
Los torrentes incontrolables de malestar tendieron su frágil cuerpo en un ovillo indefenso, presionando
sus manos sobre su costado ensangrentado.
Arde, duele, duele mucho. Como dueleeeee…
El dolor no paraba de torturarlo, haciéndolo creer que se volvería loco si esto continuaba así.
Se encogió hasta donde sus rodillas y espalda le permitían, aplastándose los molares y presionando los
párpados.
― N-No… Hh.
No pudo siquiera formular un lamento.
Coronando a una exuberante prontitud, una bola ardiente escaló por su sistema respiratorio, devorando
sus pobres intentos de hablar.
Vomitó sangre, sosteniendo su estómago con sus brazos delgados y débiles.
Respirar se convirtió en una tarea ardua, pareciendo ser la cosa más difícil de la tierra.
Antes de exhalar, tuvo que expulsar la sangre que tenía atorada en lo profundo de su cuello, tosiendo
manchas rojas y con lágrimas en la comisura de sus ojos sellados.
― U-Uh…
T-Tengo…frío…
Su mundo se volvió negro…
Negro como la noche, tan negro…
Como el cabello de Darkness.
― ¡...! ¡Joven Sylph!
Su mente ya no podía siquiera pensar más. Solo quería descansar.
― ¡Joven Sylph…! ¡…Tanta sangre…! ¡Ayúdenme a llevarlo! ¡Hay que tratarlo ya!
― ¡Santo…! ¿¡Qué demonios es esa cosa!?
― ¡Mátenlo!
(…)
―…De verdad…esto no es nada gracioso…
Emociones turbulentas amarraron su pecho con cadenas de culpabilidad notables a través de sus
palabras faltas de volumen suficiente para ser oídas por alguien que no fuera él.
Su pregunta no iba dirigida a nadie en particular.
Posiblemente estaba dirigida a sí mismo. Alguien incapaz de detener su racha de errores.
Errores que seguían apilándose uno tras otro, sumándole a su lista de pecados.
Pecados que deseaba olvidar.
Pecados que deseaba borrar.
Sus uñas presionaron sus filos sobre la piel de sus puños cerrados, palideciendo los nudillos hasta
ponerlos blancos.
A estas alturas, no podía hacer nada más que esto.
Quería castigarse. Pero ni siquiera el dolor de sus uñas hiriendo sus manos permitía un reposo a su alma
devorada de culpa.
Y tampoco podía ser comparado con el sufrimiento de Sylph…
Presionando los dientes, entregó otra mirada austera a la persona que reposaba en la cama que tenía al
frente.
Su pecho, cubierto por una frazada gruesa y cómoda, daba movimientos remisos y reducidos. Si no
ponía la atención exacta, no parecería estar respirando en absoluto.
Y no solo su respiración y semblante era preocupantes…su piel, también.
Empalidecida, propagaba la muerte a través de una tonalidad gris que sobresalía de cada centímetro.
Recostado e indefenso a las adversidades crueles de la vida, la sombra de la muerte se cernía
impiadosamente sobre su estado delicado y frágil.
Allí yacía su hijo, Sylph, inconsciente y atormentado por un dolor que no podían identificar.
La pena de perderlo lo movía a comprobar su respiración cada cinco minutos, angustiado por toparse
con la ausencia de su calidez.
Y con cada minuto, la culpa aumentaba la carga pesada de sus hombros.
― Enserio… ¿cuántos errores debo cometer para estar satisfecho?
Sonriendo con sus mejillas rígidas y temblorosas, Etanol presionó más sus dedos.
(...)
Sylph quedó con heridas graves y un estado de inconsciencia temporal.
Según el hilo natural de las cosas, el principal atacante respondía al mono quimera mezclado con
serpiente, una aberración que fue apagada incluso antes de que llegaran.
Se confirmó con los sirvientes que estaban de guardia que la quimera ya había sido herida de muerte, y
que solo bastó una escoba para darle el esperado golpe de gracia.
Al saber que hubo un intruso, lo primero que pensó fue en confirmar la salud de los sirvientes y las
personas.
Pero los sirvientes le desenfundaron sus precauciones sobre ellos, y dirigieron su atención a la
verdadera víctima.
El mono no atacó a nadie más que a Sylph.
Al oír su nombre, tardó un momento en recomponerse, saliendo rápido a preguntar por él.
Por supuesto, como oyó que el mono no era enorme, y que estaba herido de muerte, creyó que su hijo
como mínimo dio una buena pelea con la criatura y que vendría victorioso con él, pidiendo un recorte de
su castigo por encargarse del intruso.
Pero sus sirvientes le dijeron que Sylph acabó en mal estado, y que aún no despertaba.
A todo lo demás, hizo oídos sordos.
Solo la seguridad de Sylph le importaba en ese momento.
Y ni siquiera eso estaba bien.
Pidió inmediatamente que lo llevaran con él.
Al verlo, creyó ver su mundo romperse en pedazos, creyendo lo peor.
Su piel estaba tan pálida como la de un cadáver, y su respiración apenas se sentía, haciendo que creyera
que había llegado tarde y Sylph había dado su último respiro.
Pero sus sirvientes lo calmaron diciendo que seguía vivo. Sus signos vitales estaban débiles, debilitados
por razones que no tenían claras, pero tenían la certeza de que era culpa de la quimera.
Lo pusieron bajo tratamiento de inmediato, pero no dieron con la causa exacta de su aflicción, y el
estado de Sylph solo empeoraba. Al fin de cuentas, ni Asura, ni Jeremy, siquiera Camelia, estaban en ese
momento, acortando de un tajo sus opciones a tomar.
Resguardaron al Joven Sylph, y guardaron el cadáver de la quimera para futuras investigaciones,
esperando a que su señor regresara y les diera nuevas instrucciones.
Y así fue como llegó a este momento, contemplando el entrecejo tenso de su hijo más joven, sin el
privilegio de descansar siquiera en la laguna de la inconciencia.
― Sylph…
Moduló sus labios con su nombre, que sonaba como el canto de las hadas.
Era un nombre elegido de entre muchos otros, con la finalidad de entregarle un brillo propio que lo
hiciera diferente y a la vez especial a sus hermanos.
A cada uno le eligieron con mucho ahínco nombres que fueran acordes con ellos…
En el caso de Sylph, su gestación no duró los nueves meses normales que debería haber tenido, sino que
en el séptimo, se adelantó a todas las expectativas y nació entre mucha sorpresa y sopor. No era un
secreto que los bebés nacidos antes de tiempo morían por sus pulmones inmaduros.
Por lo mismo, ella le echó una mano con la maduración de sus pulmones.
Usó día y noche su magia en él, sin un segundo para descansar, hasta que sus pulmones estuvieran
preparados para funcionar correctamente.
Ella en particular mostró una cantidad exuberante de aversión por sus desesperados intentos de salvar a
Sylph.
"No tiene sentido ir en contra de la naturaleza. Sería mucho más sencillo dejarlo morir y esperar otro
hijo sano..."
Dijo a un padre afligido y a punto de gritar con las manos en la cabeza… Incluso pensó en rogarle y
ponerse postrado en tierra para apelar a su humanidad.
Humanidad de la cual no gozaba.
Ella era tan inhumana como los polluelos de águila que lanzaban del nido a sus hermanos para su
supervivencia.
Ella confiaba en la supremacía del fuerte y la caída del débil.
Con esas condiciones, pensó que tendría que recurrir a hacer una apuesta por su ayuda, pero
sorpresivamente ella dijo luego:
"…Sin embargo, la principal razón para negarse no sería esa… Me molesta que sea hijo de esa
mujer…Negarme por tales razones no sería justo de mi parte. Por los años que hemos pasado juntos, y
por mi afecto por ti, aceptaré ayudarte… Espero que lo aprecies, Eta-Kun".
Así consiguió su apoyo, y la futura salud restaurada de su pequeño.
Luego de eso, ella se confinó a vivir en la capital, alejándose de su familia con un aire de ermitaño.
No entablaron contacto desde ese momento en particular, aunado sobre todo, al odio de ella por su
esposa Sorey.
Se preguntaba cómo estaría al margen de estos años…
Su tiempo de aventuras con ella, Broo, y Ed fueron cortos y movidos, pero los apreció por la sensación
de tener compañeros.
La recordaba bastante joven por esos años… ¿Estaría igual, o por fin le aparecerían algunas arrugas en
ese rostro de marfil?
Si lo oyera decir eso seguro que lo tomaría por el cuello…
― Necesito de Sorey…
Ella lo consolaba cuando estaba triste. La necesitaba a su lado para mejorar su estado de ánimo.
Necesitaba su sonrisa y afecto para removerse esta pesadez en el pecho y mirar hacia adelante.
Sí… debía encontrar a quienes les hicieron esto a Sylph… Encontrarlos y…
Matarlos…
Debía hacerlo…
Porque el papel de un padre, es proteger su familia.
(…)
Nauseabundo, asqueroso, aberrante, despreciable…
― De verdad es horrible…
― Y desagradable...
Con Asura y el anciano dando sus opiniones honestas sobre la apariencia externa de la criatura muerta,
Darkness chistó la punta de la lengua contra sus dientes, atrayendo su pie a la cabeza del animal inerte.
El talón de su zapato tocó el reverso de su cabeza, justo detrás de los cuernos de obsidiana que
descollaban de su cabeza. Ejerció presión…
Crack, Crick…
Lentamente, pero a paso seguro, aumentó el peso que ejercía sobre su pie, hundiendo más el abollado
cráneo de la quimera.
― Ah…
Asura, contorsionando sus cejas gruesas por su acción de profanación al cadáver, se humedeció la
lengua e intentó formular una objeción, pero una mano sobre su hombro detuvo sus intentos de
detener a Darkness, proveniente del anciano de barba rectangular, que negó con la cabeza.
―…
La lente de Darkness no se distrajo en ningún momento de aplastar el cráneo de esa criatura espantosa.
Si lo hiciera picadillo luego de pisotearlo hasta el cansancio, y lo hiciera cenizas con el fuego más vivo,
tampoco podría estar satisfecho.
En lo profundo de su semblante inerte de emociones volátiles, y sus ojos de frías esmeraldas, se
asomaba la sombra de un fuego negro que consumía su calma… Esa calma que siempre tenía presente…
Es por eso que estaba…
― Tch…
Presionando los colmillos, agregó más peso sobre su pie, oyendo más crujidos de la cabeza
hundiéndose…
Quería hacerlo trizas…
― Y pensar que esta cosa logró colarse a la mansión… Hay que mejorar la seguridad, o podría volver a
repetirse…
Sin intenciones de sermonear y mostrar burla por los esfuerzos de los sirvientes, Darkness señaló ese
detalle.
Hace más de un mes que junto con Link se infiltró en la mansión para robar una reliquia familiar,
logrando su cometido con cero bajas… Y ahora venía este caso, que aprovechando la estadía de
sirvientes en su mayoría corrientes, se coló a la vasta mansión e hirió a un miembro de la familia.
Que mal chiste.
De verdad era un mal chiste…
Sylph seguía inconsciente…
Y su salud no era buena…
Incluso podría no volver a despertar…
―…
Percibiendo una mayor oscuridad arrastrándose en los pilares que mantenían su razonamiento, prensó
los dientes y terminó de quebrar la cabeza del mono, oyendo el final de su profanación con un "CRACK"
audible.
La calma que lo hacía él no la tenía presente…
Hace mucho que se marchó con la noticia de que Sylph acabó con graves heridas y una condición
sospechosa y que iba en peor.
Por fuera, su rostro no cambiaba en rasgos notables, con las típicas cejas rectas, y ojos carentes de
afecto filial…
Pero si alguien viera su mundo interior, encontraría una masa negra de rencor y odio condensándose sin
interrupciones.
― Ok… Jeremy-San…
― ¿Qué ocurre, Dark-Kun?
― ¿Es mucho pedir guardia por esta semana, por lo menos?
― No, claro que no. De todos modos, Etanol-Sama configuró una estricta guardia para todos estos días…
Así que no tienes que preocuparte de negligencia de nuestro lado…
― Entiendo… Entonces… agreguen a Link a esas guardias…
― ¿...?
Hubo tres reacciones.
La del anciano Jeremy, que curvó una ceja. La del mayordomo joven de buen parecer, que entreabrió lo
boca por la duda, y el asombro visible del peli-morado que andaba por allí presente.
Desde el principio estuvo allí, en silencio, sin atreverse a interrumpir a Darkness.
Por qué solo él entendía cuánto enojo escondía Darkness.
― ¿Yo…?
― Sí. Dado tus talentos, eres bueno detectando la presencia de personas hostiles… Me sentiría más
tranquilo si estuvieras entre los que harán guardia…
―…
A esa tremenda y avasallante confianza que rara vez oía de boca de él, asintió tímidamente, sin saber
qué decir.
Se sentía bien tener en la mano la confianza de Darkness y que le hablara cándidamente, pero…
Todo esto, a fin de cuentas, era por ese elfo…
Reprimió una maldición, mordiéndose el labio sin que nadie lo viera.
― Está bien. No tengo problema. Si es Dark quien lo dice, con gusto haré guardia todos los días…
― Entendido… Espero que convenzas a Etanol, Jeremy-San…
― No… Es más, le aliviará saber que hay más voluntarios para resguardar la mansión…
Negó con una mano de guante blanco, inclinándose hacia Darkness.
― De todos modos, antes que estar aquí, creo que sería más adecuado para usted ir a donde está el
Joven Amo.
― ¿Ir…con Sylph?
Tartamudear no entraba en la listas de modulaciones que habitualmente haría, pero hoy había una
excepción a casi todo lo que llamaba natural.
Darkness buscó bien sus palabras, entrecerrando sus rendijas asesinas.
― ¿Dices que debería estar con él?
― Por supuesto. Creo que sería más feliz si al despertar lo encuentra a usted cuidándole la espalda, o
simplemente por estar a su lado…
―…
Este anciano… le ganó completamente.
A sabiendas del desorden que abarrotaba su mente, proveyó una efectiva proposición de que fuera a
visitar a su amo y le diera compañía.
Porque era su guardaespaldas…
Y tenía que protegerlo…
No…
A Sylph seguramente no le importaría tanto su papel como protector…
Con solo tenerlo presente, estaría contento…
―… Entiendo. Los dejo con la incineración de esta cosa…
― No se preocupe, Dark-kun. Nos encargaremos de que no quede nada.
― Bien. Link, lo dejo en tus manos.
― Sí.
Palmeando su hombro decaído, Darkness dejó atrás al trío de personas que rodeaban el cadáver de la
quimera.
Por supuesto, se pensó analizarlo y ver si podían abrazar una manera de mejorar a Sylph, pero esas
alegres posibilidades se hicieron trizas con la descomposición del entorno que rodeaba el mono.
Fuera el piso pulido, las paredes y objetos, todo se descomponía con su sola presencia.
Su materia se degradaba a pasos rápidos, descomponiéndose por la estadía cercana del mono.
Una criatura nociva, que traía el mal al entorno donde estuviera.
Por ello, Etanol no hizo más preámbulos y ordenó que lo incineraran.
Que no quedara una partícula de él.
― ¿Hago los honores, Jeremy-Sama?
― Claro, Asura-Kun. Le dejo la mejor parte…
― Como usted quiera…
Y con una flama hirviendo de la palma abierta del peli-azabache, y la aprobación del anciano con sus
manos detrás de él, y el chasquido prepotente de una bola de llamas, la criatura acabó cubierta de un
vórtice de fuego naranja…
Rápidamente, desapareciendo de este mundo.
(…)
Como mayordomo, no había mayor vergüenza que la incompetencia de no haber protegido a sus amos.
En esta oportunidad, la víctima fue el hijo menor de su señor, el último de tres hijos.
Había muchas cosas que desconocía, pero comprendía que el matiz era simple.
Alguien buscaba el mal para la familia Clover.
Frunció los labios, enfrascando sus ojos violetas en las flamas que consumían la silueta negra.
El olor que desprendía no era grato a la nariz humana, y la humareda enfatizaba una picazón cuando
respiraba.
Pero si con esto la bestia desaparecía de la faz de la tierra, con gusto lo quemaría mil veces más.
Por otro lado, Link seguía allí, en total silencia.
Sentía felicidad y una ira silenciosa.
Todo porque nunca antes lo había visto enojado por nadie.
Ni siquiera por él…
De todas formas, ahora ellos tres, estarían entre las guardias nocturnas que estarían protegiendo la
mansión. Darkness confió en su facilidad para detectar personas.
Quizás, si se hubiera quedado...
No… No tiene sentido pensar en ello.
Al menos podía decir que se encargó de problema del ave mensajera.
Hace unas horas.
¿Qué es eso…?
¿Es un ave?
Si lo era, que aberración de ave…
De cuatro alas de tamaños disconformes, que apenas sostenían su deformado cuerpo de plumaje negro
y gris. No tenía solo dos ojos, sino cinco, cuyo color resplandecía en granate intenso.
¿Qué tipo de criatura sería…?
¿Una quimera…?
No recordaba conocer una quimera como esa…
Y ese porte… era peligroso.
Y la dirección de la que venía volando insertó una mala espina.
Provenía de la mansión.
Solo saber eso era suficiente para tener una sospecha.
¡...!
Recogió el ave de un salto, todo sin alertar a nadie.
La aplastó en sus manos. Quemándola rápidamente con fuego.
― Ok… Ahora bien…
Atrajo calma a sus ojos azules, dejando caer las cenizas fuera de su mano.
(…)
Oyéndose nada más que sus pasos dentro del pasillo recto, respiró hondo.
― No debería estar pensando en esto…
No era un hombre cobarde, pero enfrentar a un dragón sonaba mejor que ir a visitar a Sylph.
Era algo que el mismo sabía que era contradictorio.
Quería verlo, pero a la vez no quería hacerlo.
― ¿Será por fallar el contrato…?
Meditó largamente, mirando los costados del camino y los objetos que pasaba.
Despreocupándose de los escenarios imaginarios que iba moviendo dentro de su cabeza, acató un
exiguo "Ah" antes de detenerse, con nada más que un metro de distancia para toparse con la puerta de
Sylph.
Y la razón estaba de pie a esa misma puerta.
Solitaria y hermosa.
― Camelia…
Mencionando su nombre con matices amargos, sintió algo más asomándose por su garganta.
Algo que no debería estar allí.
Algo…reconfortante.
Pero tal cosa era imposible.
― Ah… Darkness…
Finalmente, la mujer sirvienta que estuvo admirando estrictamente la puerta de caoba, cayó en que
alguien la miraba de su perfil, girándose en sus pies.
Su cabello rojizo se agitó en las patillas, ocultando medianamente sus ojazos azules y rosas. Aunque era
preciosa a la vista, eran visibles rasgos de fatiga mental.
― Conque también estás aquí…
― Lamento si mi presencia no es de tu agrado…
Regresando la pelota por puro hábito, se mordió la lengua por seguirle el juego, pero se rindió a mitad
de camino por comprender que ella tampoco daría un alto al fuego sin importar qué sucediera.
Pero…
― N-No… Nunca dije nada parecido…
― ¿...?
La agresiva y prepotente Camelia de siempre, la Camelia que no le importaba criticar severamente, esa
misma Camelia tenía una expresión abatida, con sus pestañas vibrantes de temor.
Darkness se acercó a la puerta, quedando más cerca de ella como bono secundario.
― Así que también viniste a verlo… Bueno, es natural…
― Jeremy-San dijo que se encargaría junto con Asura de quemar esa cosa… Así que vine ahora que
podía…
― Ya veo…
Aunque fue gracias al anciano que pensó en hacerlo…
Camelia y Darkness, mirando un mismo punto como una puerta al cielo y el infierno, quedaron callados.
― ¿Quién entrará primero?
― Supongo que deberías ser tú.
― ¿Yo?
― Sí. A quién quisiera ver más, sería a ti… Solo soy un agregado más…
― Qué opinión tan dura…
― Es lo que es…
Despojándose de su manto de orgullo, Camelia habló honestamente con el pelinegro, inclinando la
cabeza.
― Si tan solo…
―…
―… Te hubieras quedado… entonces el Joven Sylph…
―…
Sabía que quería decir…porque el mismo pensó en lo mismo.
En que si se hubiera quedado con Sylph, nada de esto hubiera pasado.
El elfo con demasiada energía, lo habría buscado para entrenar o estudiar algún libro interesante, y así
habrían pasado todo el día, sin dejar espacios libres para un ataque sorpresa.
Y el que más se lamentaba, era Darkness.
Aunque no lo decía en voz alta.
― Ya que es imposible conocer totalmente el corazón de una persona, entremos los dos…
― ¿Uh?
― A fin de cuentas, aun no despierta… Y si lo hiciera, preguntaría por ti, ¿no crees?
― ¿Q-Qué pasa contigo? Hoy estás hablando de más, y eres más amable…
― ¿Entonces prefieres quedarte afuera cuando despierte?
― C-Claro que no… Quiero estar ahí… Es solo que…
― ¿Qué pasa con ese débil espíritu? Actúa más prepotente como lo haces siempre.
― ¿P-Prepotente…? ¿Cuándo he…sido…prepotente?
― Todo el tiempo.
― Que maleducado…
Inflando sus ruborizadas mejillas como melocotones frescos, se le viró tozudamente, dejando que viera
su pulido y rojo cabello.
―Dado tanta insistencia… iré…
Debilitada en la última parte, Camelia asintió.
― Bien, entonces…
Abriendo la puerta, dieron paso a una nueva visión de…
(…)
― Ah…
―…
― ¡...!
De Camelia y Darkness disonó un gemido ronco, que se debía al panorama particular que se desglosaba
sobre el sillón a unos metros de la cama del paciente.
Etanol alzó la voz, encontrado en una situación desventajosa que lo haría querer morir de inmediato o
esconderse dentro de un hoyo profundo.
Momentos antes de que la puerta se abriera, su amable y fiel esposa, en vista de su estado decaído y la
pesadumbre que cargaba como si fuera obligatoria por la condición de su hijo, le prestó su regazo.
Por supuesto, no se pudo negar. Necesitaba consuelo urgente.
Pero nunca creyó que dos de sus sirvientes más cercanos a su hijo entrarían por la puerta tres segundos
después de haber puesto la cabeza.
―… Eh…
―...
―...
―...
El elfo no supo cómo ni cuándo se marchó fuera de la habitación. Solo que se marchó.
Realmente...quiso morir allí mismo.
Moraleja: si vas a ser mimado por tu mujer, hazlo dentro de tu alcoba.
(...)
― Me sorprende que solo tengan tres hijos...
― Lo cierto es que querían tener más, pero no se pudo.
― ¿No se pudo?
― Sí. Por lo que oí, la gestación del Joven Sylph fue lleno de problemas y dolencias para la madre,
convirtiéndose en una carga que drenaba su prana y la debilitaba.
― ¿Drenaba su prana?
― Sí. Según habló el médico, es una deficiencia poco común donde el feto en formación absorbe más
prana del que debería de la madre para aumentar así su propia vitalidad.
―… Vitalidad…
―Sí… Sin embargo… Esto sucede en ocasiones cuando el bebé es sumamente débil y tiene pocas
posibilidades de sobrevivir…
Eso…no lo sabía.
― En tanto, por su pronta muerte, se abastece del prana de su madre para sobrevivir… Sin embargo,
aunque drena gran cantidad de ella, su vitalidad apenas resiste para el nacimiento.
―L o que quiere decir…
― Cuando el Joven Sylph nació, ni siquiera pudo llorar del grave debilitamiento que tenía. Incluso nació
dos meses antes.
―…
― No solo tenía debilitamiento, sino que por palabras del médico, los bebés que nacían antes del
tiempo no tenían los pulmones desarrollados, y morirían pronto…
―…
A estas alturas no podía decir nada, completamente inmerso en la charla de Camelia.
― Con todo apuntando al fracaso, Etanol-Sama recurrió a una vieja amiga.
― ¿Vieje amiga?
―Sí. Una vieja amiga.
― ¿Y esa forma ambigua de decirlo?
― Es que no muchos conocen esa amiga. Etanol-Sama la trajo para madurar completamente tanto la
debilidad y los pulmones del Joven Sylph. Al parecer su magia era más allá de la magia curativa, y fue un
éxito la recuperación tanto de Sylph como de Sorey-Sama gracias a ella.
Interesante.
― Como usualmente los bebés con Debilitamiento mueren antes o poco después de nacer, Sylph fue un
gran caso que llamó la atención. Su absorción masiva de prana lo hizo un niño muy enérgico y difícil de
controlar, con una fuerte magia algo destructiva.
― ¿Destructiva?
― ¿No has notado que a veces saca fuerza hercúlea de la nada? Por lo que dijeron, Sylph no sabía
controlar muy bien su fuerza. Por ello le fue necesaria un guardián que lo mantuviera al margen.
― Que fue…
― Claro que Jeremy-Sama. No había nadie mejor que él para el trabajo, y además era bueno con los
niños…
― Ya veo.
Eso explicaba porque se quedó en tres hijos. Tener un cuarto daría lugar a muchos riesgos.
(…)
A Sonata le gustaba hablar. No obstante, su ocupación no le permitía soltar palabras sin pensar,
teniendo que controlar su lengua la mayor parte del tiempo.
No podía soltarse. Debía mantener el porte perfecto de un caballero, siempre decidiendo lo mejor.
Por supuesto, eso cansaba.
A veces solo quería hablar sin tener nada en cuenta.
Cuando llegaba a esos momentos, venía aquí, la parte trasera de la mansión donde vivía.
― Hola de nuevo.
Saludó a su acompañante, dando un ademán.
Aquí podía hablar tanto como quisiera. La otra parte aceptaría lo que fuera, nunca opinando nada,
mucho menos criticándolo.
Principalmente, porque no tenía la capacidad de hacerlo.
Es más, no podía hablar…
― Porque por mucho que hable, los árboles no hablarán…
El árbol de ancho tronco no tuvo cambios. Era de esperar.
Pasó buenos momentos bajo su sombra, jugando con su hermano, entrenando, descansando…
Además del rostro juvenil de su hermano, apareció otro reflejo.
Un reflejo sumergido, que repartía una sensación vaga y diferente del reflejo de su hermano.
Una gota que se diferenciaba del resto del contenido.
Y que repartía un sentimiento doloroso.
― Uh… Recordé algo que no quería recordar. Se supone que estoy aquí para animarme…
Se retiró el cabello.
― ¿Quizás debería dejar de venir? Sé que hablar con árboles no es normal...
Esperar una respuesta sería tonto, pero igual preguntó por simple hábito, cerrando los ojos.
Pero…
― Si quieres seguir viniendo, ¿por qué preguntas si deberías hacerlo?
― ¡...!
¡Oh, my god! ¡El árbol habló! ¡Contestó!
Abriendo los ojos de golpe, Sonata saltó, mirando el tronco con su corazón latiendo a mil.
Eso no era posible.
Los árboles no hablan. Están vivos, pero no tienen conciencia. Mucho menos una boca para hablar.
Pero esa voz fue real. No podría haberla imaginado con ese realismo.
―…
Pero no oyó una respuesta directa de boca del tronco marrón, viéndose como un lunático observando
con ojos vigilantes una planta inmóvil.
― Tal vez si deba ir buscar algo de ayuda...
Viró sobre sus talones, dispuesto a abandonar este lugar y al tronco que le causaba sospecha.
― Algo me dice que volverás en cuanto te sientas solo...
― ¿¡...!?
¡Otra vez!
Deteniéndose de golpe, giró y volvió a mirar.
Buscó la fuente de esa voz, barriendo su mirada por todos lados.
No descubrió nunca cara tallada en el tronco del árbol, pero sí una serpiente de ojos bicolores.
De escamas negras y brillantes.
Sobre su cabeza tenía cuernos curvos y ásperos.
Se deslizó lentamente del tronco, fluyendo por el césped hacia él.
― ¿Q-Qué…?
Sintiendo rechazo por el animal prefirió mantener la distancia.
Con un escalofrío escalando por su vértebra, mantuvo su espalda rígida, bajo una presión desconocida
que le indicaba que se apartara de "eso".
Una voz le decía sin descanso que esta serpiente no era normal.
Podía presentir algo más dentro de ella…
¿O sería mejor decir que era algo totalmente diferente?
Fuera como fuera, no quería permanecer un segundo más cerca de ella, preparado para huir o luchar si
se daban las condiciones.
Pero en vez de un ataque, recibió palabras.
Palabras bien definidas y claras como el agua.
― Me pregunto porque de repente actúas tan hostilmente. No hice nada para lastimarte, ¿o sí?
― Hk…
La serpiente, deslizándose al frente, subió su cabeza, agitando su extensa lengua. Sonata afianzó más
maná dentro de su palma.
Pero la serpiente no mostró animosidad por esa parte, empinando su cabeza, como asintiendo con
tristeza.
― Y yo que creí que tomando la forma de una serpiente lograría ser más de tu agrado... Supongo que a
nadie le gustan los reptiles...
―…
― ¿Sin respuesta? ¿No quieres oír la información que decidí traerte?
¿Información?
Frunció el ceño, sin entender.
La serpiente pareció ladear sus ojos, dado que no tenía cejas.
― ¿Estás interesado?
― Yo no-
― Es algo que definitivamente te gustará oír, créeme.
―…
¿Algo...que le gustaría oír?
La serpiente, viendo que no obtenía respuesta, removió su cabeza… No, estaba suspirando.
― Entiendo. Fue tonto venir así. Veo que no podemos comunicarnos como tenía pensado... ¿Entonces
Eva era una mujer extraña?
― ¿...?
¿Ahora de qué estaba hablando?
Pero, la serpiente atrapó su interés, y ya no podía dar marcha atrás o atacarla, a menos que fuera
estrictamente necesario.
― Entonces, permíteme presentarme con mi verdadera forma… Seguro será mejor recibida que esta…
―¿...? ¿A qué te refiere― ¡...!
Y entonces sucedió…
Avistó un cambio lleno de sorpresas, que hicieron su boca abrirse al límite y ensanchar las cuencas de
los ojos.
La magia ofensiva que se almacenaba en sus manos se deshizo en cuestión de segundos, dando paso a
algo más.
La serpiente creció…
No… Para exponerlo más claro, sería mejor decir que cambió de forma.
Su forma alargada se ensanchó de tamaño, como un plano que se extendía por la superficie de una
mesa, emergiendo de sus contornos otras protuberancias que igualmente se prolongaron, formando lo
que podría decir como "manos y pies".
Allí, acabó viendo una figura ominosa de sombras negras y cuernos curvos.
A sus pies tenía tinieblas estacionarias como la noche más oscura, permutando como la tinta que se
diluye en agua. Su cabello al mismo tiempo se fusionaba con el denso miasma que emanaba de sus
poros, permaneciendo suelto y figurado como un millón de hilos negros.
Una vista espantosa, y hermosa al mismo tiempo.
Bajo esa cortina de hebras hiladas por la noche, se asomaba una barbilla blanca como los huesos lisos y
secos, seguida de una boca entrecerrada, que llevaba presente el miedo que causaba pesadillas en los
niños.
En medio de las tinieblas con forma de hombre, cuernos descollaban de su cabecilla, enroscados como
de cabra, apuntando al frente.
― ¿Ahora podemos hablar…?
―… Que― ¡...! ¡Guh!
Silver se sostuvo el cuello, sintiendo su visión de la "persona" fallar con parpadeos intermitentes.
Inmediatamente notó su dificultad para respirar, exponiendo debilidad a través de sus rodillas
temblorosas.
Su garganta gimió por aire, estrechándose con el aire perjudicial que despedía el enigmático ser.
― Oh, parece que no podré hablar mucho tiempo, como era de esperar.
Hablando solo, la criatura se sostuvo los cuernos, hablando a una voz ominosa que sonaba como a miles
de personas hablando al mismo tiempo.
Como gritos provenientes del infierno.
―… ¡Kh…guh―¡
Cayendo de rodillas, Sonata se sostuvo los hombros, luchando por sobrevivir a esta experiencia que solo
podía describir como terrible.
No sabía que era posible sentirse morir en vida, presintiendo como se le escapaba el calor de sus manos.
No podría seguir sosteniéndose, si ya luchaba por solo respirar.
Y en medio de su lucha por vivir, la persona recorrió como una sombra por la grama…
― En ese caso, seré lo más breve posible…
La voz diabólica del ser caló dentro de sus oídos, clavándose en su cerebro, susurrando palabras suaves
y peligrosas.
Aunque deseara negarse a ellas, no podía moverse o esforzarse por taparse los oídos. Apenas podía
luchar por su vida, y la entidad se acercó lo suficiente para estar hablando a su oído.
Susurrando dócilmente…
― Eres libre de hacer con la información que te diré como bien te parezca, humano…
―… Ghg… ¡...!
Justo cuando creía que no podría aguantar más, un manso llamado a su tímpano repudió el agravio a sus
huesos. Una dulce llamada repleta de tentación, que eventualmente esfumó la nube ominosa que lo
rodeaba.
Se olvidó del crujir de sus huesos, de las señales de alarma que resonaban en su cabeza, del sudor que
goteaba de su frente y la respiración áspera.
Se olvidó de todo ello cuando captó la información a sus oídos.
La dirección que recibió del ente desconocido, dispuso de su entera atención.
Antes que nada, no creyó tener una respuesta tan deprisa.
Y no desaprovecharía esta oportunidad…
Incluso si viniera de un demonio…
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
¡Holis! ¡Analyn de vuelta!
Honestamente, no esperaba que este capítulo saliera tan rápido. La revisión que pensé que tardaría
años solo me tomó dos días.
Literalmente me la pasé borrando partes tontas o extendidas que cortaban la acción, recortando el
capítulo lo suficiente como para hacerme llorar.
Analyn pasada: ¡Hija de- ¿¡Te das cuenta del tiempo y esfuerzo que tuve que invertir en ese capítulo!?
Analyn actual: ¡Lo siento! ¡No había otra opción!
¿Qué puedo decir? Era necesario. De otro modo, habría quedado muy raro. Por revisiones como esta,
me alegro de no haber publicado antes estos capítulos. Habría sido muy vergonzoso vivir después de
eso, en serio.
¡Lamento la demora con esto! ¡Me emocioné mucho con mi otra historia, Cambiando tu destino!
¡Realmente quería terminarla! ¡Mis chicos son tan lindos!
A partir de ahora las cosas comenzarán a encaminarse, paciencia. Si me tardo en actualizar, no es
porque vaya a dejar la historia, sino porque estaré muy ocupada con los asuntos de la universidad. ¡Solo
Dios podrá ayudarme a no morir en el intento!
Sin embargo, les aseguro que realmente quiero terminar esto. ¡Realmente!
Hice un foro, el cual nadie visita. Alguien podría ir allí y decir una oración de tres palabras al menos. Eso
me haría muy feliz.
Digamos que necesito motivación, aparte de que la me doy yo misma.
Este capítulo no fue muy interesante, se los concedo. Es más de transición a algo más grave e
importante, espero que lo entiendan.
Con todo eso dicho, ¡Analyn se despide!
¡El siguiente capítulo será protagonizado por preguntas sin respuestas! Esos momentos donde uno se
pregunta qué diablos acababa de hacer.
¡Bye bye!
