Asalto 12.
Crepúsculo.
(…)
— Sigue pálido…
— Sí.
Darkness sostuvo la punta de su lengua de decir más. Las preocupaciones de Etanol no eran menores.
Estiró una de sus manos al rostro de Sylph, tocando su piel.
Estaba frío. Demasiado frío…
Un toque a sus mejillas le dijo todo lo que necesitaba saber.
Su vida se agotaba a un ritmo alarmante, escurriéndose de sus dedos como fina arena.
Los hechos yacían sobre la mesa, pero igual no quería aceptarlos…
— Solo va de mal en peor... Ni siquiera ha pasado tanto tiempo...
Formulando un ruido bajo, Etanol se mordió el labio, masajeando la piel de su cuello. Algo que
usualmente hacía cuando estaba estresado.
Esto era una carrera contra reloj.
No era casualidad que empeorara más. Más que estar enfermo, moría lentamente. Su piel ceniza era
prueba de ello.
Algo lo estaba matando.
Etanol contorsionó el rostro de dolor, enterrando las uñas en su cuello.
Dolía demasiado pensar a futuro, deseando olvidarse de todas sus preocupaciones.
¿Qué estás pensando, Etanol? ¿Piensas huir?
No estaba bien tener estos pensamientos.
Tanto sus hijos, esposa, y sirvientes, esperaban que hiciera algo.
No podía dejar que las esperanzas murieran.
Tenía que hacer algo, y pronto.
No podía dudar ahora.
Si lo hacía, el tiempo se filtraría de sus dedos una vez más y perdería otra oportunidad de redención.
Miró el perfil tranquilo de Darkness. Realmente quería algo de esa calma.
Darkness pudo intuir con facilidad qué pensaba.
No creas…que de entre todas las personas, soy el que está menos calmado.
Por supuesto, nunca diría tal cosa en voz alta.
— Darkness.
— ¿Qué sucede?
— Iré a ver a mi vieja amiga…
Vieja amiga.
Recordó brevemente lo que le dijo Camelia hace poco tiempo.
¿Sería la misma persona que salvó la vida de Sylph cuando era un bebé?
Supongo que es la única opción que conoce...
Dado que la magia curativa era inútil.
Las heridas pudieron sanarse sin contratiempos, pero Sylph seguía muriendo, algo que nadie entendía.
La magia curativa no podía hacer nada contra ese hecho.
— Estaré afuera un tiempo. Por favor, protege a Sylph…
— Sí.
Removiéndose la sorpresa inicial, Darkness se asombró de lo rápido que aceptó el pedido de Etanol. Fue
tan espontáneo que su boca se movió antes de recibir la orden de su cabeza de hablar.
— Gracias…
Etanol sonrió ligeramente. Realmente no tranquilizaba tenerlo allí.
— No te preocupes por nada más que Sylph. No tienes que encargarte de nada más…
— Entiendo.
Fue relegado de sus labores de sirviente, para volverlo explícitamente guardián de Sylph.
Su seguridad era la prioridad entre prioridades, y Etanol prefería que no se distrajera con otras labores.
Un cambio asombrosamente fulminante.
— Le deseo suerte.
Mucha suerte.
— Solo espero que mi amiga esté de buen humor y no se haya olvidado de mí…
Él también lo esperaba...
Tock, tock, tock.
— Etanol-Sama, su desayuno está listo…
— ¿Camelia? Ahora mismo voy...
Cuando Etanol abrió la puerta, un par de ojos coloridos le dieron una fría mirada de hielo.
Yendo de arriba abajo…
Para finalmente decir…
— Parece un cadáver andante. Asegúrese de comer bien, amo.
— Jaja, está bien. Sé que me veo terrible.
Mientras empujaba a su señor como a un niño pequeño que debe ser encaminado a su hora del baño,
giró su cabeza, hablando por encima de su hombro, mirando a Darkness, quien no se había movido de
su lugar.
— Darkness… Traeré aquí tu desayuno. No necesitas venir al comedor de sirvientes.
— Ok…
Contestó en voz reducida, presionando su lengua tras sus dientes.
Camelia no se inmutó. Se llevó a Etanol con ella, cerrando la puerta.
(…)
— Tienes agallas para que en nuestro primer encuentro después de mucho tiempo lo primero que hagas
sea pedirme otro favor para salvar esa cosa, Eta-Kun…
— ¡-Hk! Lamento ir demasiado rápido con esto, pero...no tengo tiempo... Sylph empeora rápidamente...
Por favor-
— ¿"Compréndelo"?
— Guh…
Interrumpiendo sus palabras, la mujer se cruzó de brazos, rebatiendo tras una mirada penetrante la
petición.
— Eta-Kun… Antes de pedir favores, ¿no deberías hacer otra cosa con la persona que no has visto
durante años…?
—…Yo… Lo siento… Me apresuré demasiado…
Agachando la cabeza en rendición, Etanol se sintió avergonzado de estar vivo.
Ella no se sorprendió en absoluto cuando la visitó de repente, diciendo un cansino "¿Cómo te ha ido
estos últimos años?" como si la separación del tiempo solo fuera de unos días.
Tragando la saliva acumulada en su boca, Etanol respiró una y otra vez, diciéndose que apurarse no
mejoraría las cosas, y menudo intento tampoco funcionaría contra la as de los engaños.
— Ahora que estás más despejado, toma asiento… Sería una vergüenza para mí si mi invitado quedara
de pie…
—… Sí.
Debería ir a tomar uno de los bancos que estaban puestos a unos metros de ellos, pero no necesitó
mover un dedo.
Un taburete, más parecido a un banco acolchado, giró en sus cuatro patas.
Como un acto de magia bien practicado, el banco quedó justo debajo de él, esperando a que se
asentara.
Regresó su vista a la hermosa mujer detrás de una mesa redonda y mediana. Sus dedos dejaron de tirar
del hilo de araña.
— Tu magia no deja de sorprenderme… Es asombrosa.
— ¿Mn? Gracias… Me siento conmovida por tu asombro. No me importaría mostrarte más.
— Detente… Recuerda que tengo esposa…
Cuando el rostro de ella se deleitó con sus dulces palabras la detuvo con otras más duras.
Nunca olvidaría su papel como cabecilla de los Clover, y ante todo, como esposo de Sorey.
Pero a la mujer eso fue lo de menos.
— Ah, sí… ¿Hablas de esa mujer cuyo cerebro está licuado? Me preguntaba sobre eso, pero ¿realmente
sigues con ella?
— Por supuesto que sí… ¿Creíste que ya no estaríamos juntos?
— Creí que con el nacimiento de esa cosilla te dejaría claro que no era adecuada para ti, pero tal vez me
aventuré demasiado… Sonaba conveniente en mi cabeza…
Sirviéndole una taza humeante de buen aroma, la mujer, iluminada por la única vela en toda la sala que
fungía de recepción, sonrió con intenciones ocultas y malignas, que salieron a flote por la mención de
esa persona.
— No es que lo estuviera dudando, pero realmente odias a Sorey…
Señaló remangado, sin amedrentarse.
— ¿No era obvio ya? Cada aspecto de esa cosa me disgusta… No es necesario decir más ¿verdad?
— No, no lo es… Así que por favor, limita tus insultos sobre Sorey… Incluso si la odias, sigue siendo mi
esposa… Y eso no cambiará…
Afirmándolo severamente, tomó la taza servida solamente para él y bebió un sorbo. Como siempre, en
vez del habitual "té", sintió el sabor de la cafeína colándose a sus papilas gustativas.
La mujer entrelazó las manos bajo su barbilla perfilada, prensando esos pozos sin fondo.
— No estés tan seguro… Creí que no podría amar otro hombre además de ti, pero mírame ahora…
— ¿Qué? ¡-Geho!
En total sorpresa, la fluida bebida se cortó a la mitad.
— ¿A qué te refieres, Yir?
— Tal como lo oíste… Luego de separarnos, me enamoré de un hombre…
— No lo hagas sonar como si fuéramos amantes… Eso es algo…chocante, por lo menos.
— ¿Creíste que me moriría en la soledad por mi afecto por ti? Es cierto que no me importaría regresar
contigo si me lo pides ahora, pero mi corazón no es tan pequeño…
— Ignoraré la segunda parte… No, ignoraré todas las partes que dijiste y preguntaré… ¿enserio te
enamoraste de alguien? ¿Y fue consensuado?
— Totalmente… bueno, tuve que insistir un poco, pero al final funcionó…
— ¿E-Entonces…?
— Después, boom, embarazada.
— Creo que nos saltamos muchas partes del cuento, pero no lo señalaré. Eso significa que tienes un hijo
con él, ¿cierto?
— Dos.
— Oh, dos. Entonces no escapó con el primero.
— Habríamos tenido más, pero ahora mismo no tengo idea de dónde está. A fin de cuentas, éramos
muy apasionados…
— ¡No, espera! ¡No digas más! ¡No quiero saberlo! ¿¡Vale!?
— Aunque pensaba contártelo todo con muchos detalles.
— Todo menos eso.
Eso lo traumaría de por vida.
Tomó asiento otra vez.
— Yir, necesito tu ayuda…
—…
— Sylph está… muriendo, y no sé por qué… Por eso, te necesito. De todas las personas, eres la única que
conozco que puede ayudarme… Así que por favor, préstame una vez más tu ayuda…
Inclinando la cabeza sobre la mesa, Etanol rogó una vez más.
Le rogó a su vieja amiga por su ayuda.
Con el orgullo siendo barrido en tierra, Etanol se humilló una segunda vez… No… ¿Cuántas veces lo
había hecho ya en el pasado, donde no tuvo a quién recurrir más que a ella? En ese sentido, ambos
tenían una larga historia.
Y estaba seguro, que si no hubiera conocido a Sorey, habrían sido algo más…
— Mh… Que hombre más egoísta. Pidiéndome un favor luego de tanto tiempo sin vernos…
Alisándose un mechón claro de su cabello leche, la mujer actuó como una doncella abochornada.
— Lo sé, y lo entiendo… Comprendo que soy una basura egoísta, pero… por favor…
Con los ojos picándole, y la garganta reseca, cerró ambas manos con temor de una negación. Si no podía
obtener su ayuda, se quedaría sin opciones viables.
Obtuvo un inmutable silencio que se extendió durante unos minutos.
No recordaba cuántas veces tragó saliva, apesadumbrado hasta pensar que le saldrían canas.
Tenía miedo, mucho miedo de no lograr nada. Si eso sucediera, ¿qué haría?
Mientras se comía los sesos por la misma inquietud que lo impulsaba más lejos, esos labios seductores
se abrieron y dieron paso a una voz.
— Eres molesto...
— ¡...!
— Aunque… tampoco es que odie ese lado tuyo…
"Sin embargo, no puedo ayudarte esta vez…"
— ¿¡...!?
El alivio y la esperanza se desbordaron dentro de Etanol como una nueva luz, un nuevo socorro, pero
todo se vino abajo igual de rápido.
Un modo cruel de hacerlo ver la puerta abrirse para luego cerrársela en la cara.
Un movimiento muy compatible con ella, de hecho.
—… ¿P-Por qué…no?
Indispuesto de golpe, quedó desnudo de sus ropas dignas, quedando al descubierto su verdadera
naturaleza, ansiosa e impaciente.
— ¿Es por qué no nos hemos visto hace años? ¿O por venir de repente a pedirte un favor enorme como
este? ¿S-Sigues enojada por haber elegido a Sorey? ¿P-Por qué…? ¿¡Por qué no…—¡?
Perdido dentro de la desesperación, sintió las yemas de unos blancos dedos acariciar sus mejillas rígidas,
enviando una descarga sedante a su cerebro. No era la primera vez que sentía lo mismo…
— Cálmate…
—…Guh…
Aullando como un bebé al ser regañado, presionó sus ojos rojo oscuro, con sus labios temblorosos y la
vacilación agolpándose en su pecho.
No podía permanecer calmado, menos ahora que se le negó ayuda, pero esos dedos y esa voz supieron
contenerlo en su impaciencia.
Salió a flote el verdadero Etanol, un hombre deleznable y parecido a un niño.
— Comprendo tu desesperación… Al menos, creo que es algo normal viniendo de ti…
Separando los dedos de su rostro, la mujer que tenía al frente se incitó de hombros, hablando
sarcásticamente.
Pero ese modo de tratarlo, incitó una ola tranquilizadora a sus latidos erráticos, aclarando su visión
borrosa.
Volvió a pensar como un ser racional, todo gracias a ella y sus gestos tan propios que la hacían un ser
enigmático.
Paseándose por la sala, ella revoloteó los bordes de su vestido ceñido al cuerpo, sonriendo
traviesamente. Seriamente, ella tenía un encanto que no moría con los años, al cual podría haber caído
si Sorey no hubiera entrado a su vida.
— Pero nunca dije que no quisiera ayudarte. Si me lo pides adecuadamente, con gusto haré todo en mí
poder para ayudarte, pero en esta ocasión hay algo diferente…
— ¿Qué…cosa?
— La diferencia es que no puedo serte útil. Si mis conjeturas son correctas, entonces mi magia no te
servirá de nada…
—…
— Por eso me negué. Es fácil de entender ¿no?
— ¿Esperas que lo acepte y vuelva a casa como sí nada…? Eso es imposible. Ellos esperan que yo…
— Shh, escucha con atención…
—…
— Lo sé, tienes una posición donde muchos dependen de ti y esperan cosas, pero dejemos eso de lado y
dime lo que deseas… No como conde, sino como persona.
Quería que fuera sincero. Que se despejara de todos sus títulos.
—… Quiero…salvar a Sylph.
Yir ladeó la cabeza.
— ¿Por qué?
— Porque es mi hijo.
— ¿Muh? Hay muchos hombres allá fuera que tienen hijos de sangre, e igual no se involucran con ellos…
— Quiero salvarlo porque lo quiero… No quiero que muera…
Ella sonrió complacida, balanceando su gentil cabello de seda.
— Mucho mejor, Eta-Kun. Haces que le tenga envidia a ese hijo tuyo si puede monopolizar tu amor con
solo unas heridas…
—…
— Luego podré martillarte todo lo que quiera… Por ahora, hay que continuar con el tema en cuestión…
—…
— Cuando una puerta se cierra, otra se abre… Es lo que siempre te he dicho ¿no?
—… Sí.
Lo hacía a menudo, alegando que la vida consta de oportunidades. No le faltaba un día que no lo
mencionara al menos una vez.
Yir dio giros a su dedo índice, pidiendo que oyera atentamente y con intenciones de participar.
— Entonces ejercita esa memoria tuya. Dije que yo no podía ayudarte, pero puedes hacer algo además
de venir a mí por la condición de tu hijo…
— ¿Qué cosa?
— Solo digo que cambies tu modo de pensar, esa perspectiva cerrada que tienes…
— Cambiarla, dices… ¿Dices que no estoy tomando la postura correcta?
— Exacto. Piensa de otro modo. Cuando digo que no te puedo ayudar no es por simple capricho…
— Te estoy pidiendo que lo cures… Si eso no es correcto, entonces…
— Lo que debes hacer, no es buscar una cura, porque no existe… Su cuerpo está contaminado. Nada
puede deshacer eso.
—...
— En vez de buscar curarlo, tienes que encontrar el modo en que pueda sobrevivir.
—…
¿Las cosas estaban así de graves?
— ¿Realmente no se puede curar?
— Su sangre está contaminada. ¿Realmente crees que vivirá si se la drenas toda?
—… Entonces… ¿qué hago? ¿Cómo puedo garantizar que sobreviva?
— La cuestión para hacerlo vivir es que pueda enfrentarse por su cuenta a ese agente nocivo… Si no
puede hacer eso, entonces morirá tarde o temprano, aunque lo curen todo el tiempo…
—…
— Es por eso que necesita un fortalecimiento permanente.
— Un fortalecimiento permanente… ¿Dónde puedo conseguir eso…?
Sabía que dar preguntas al aire no resolvería su intricada odisea, pero igual las formuló con la angustia
agolpándose caudalmente.
— Simple… Encuentra un Ojo de lobo.
— ¿Ojo…de lobo?
— Exacto.
Saliendo en la búsqueda de un libro, lo abre pacientemente mientras busca entre las páginas algo
dobladas, enseñándole la evidencia de lo que decía no era un cuento de hadas.
— Mira… Aquí está plasmado… Provienen del Lobo boscoso. Deberías haberlo visto antes…
En la ilustración tosca del libro, que abarcaba toda una página, se plasmaba una esfera reluciente con
tres colores entremezclados. Más que un ojo, parecía una piedra preciosa.
Etanol estiró el cuello, tomando en cuenta este dibujo medio borroso en algunos trazos.
— Lobo boscoso… ¿Te refieres a esa criatura?
— Sí. Esa misma…
— Uwah… Eso…no es algo fácil de obtener… Solo imaginarlo ya me da terror.
Experiencias de ser mangoneado como un trapo viejo, la dificultad de correr, ser acorralado, mordido
hasta desear morir...
Las recordaba todas, ninguna agradable.
—¿...? Si te pusieras serio ningún enemigo quedaría en pie, Eta-Kun.
— Me agrada que me tengas tanta estima, pero eso no sucederá. Al menos no ahora…
— En ese caso, debes ir a "ese lugar"… Ya lo conoces bastante bien… Si tienes suerte, podrías conseguir
uno sin la necesidad de ir a obtenerlo.
Llegó rápidamente a concluir lo que quería expresar, dando una visión amarga de su semblante abatido.
— Ugh… Pensar que regresaría a eso… Me siento como un perdedor…
— ¿Tu orgullo es más importante que tu hijo? No te culparía si fuera el caso… Vivir en base a sus
creencias es algo natural para algunas personas…
— El orgullo no sirve de nada. Gracias por la información.
— De nada. Espero que me lo remuneres en un futuro próximo.
— Claro. Lo que sea, mientras no sea separarme de Sorey.
— Conque sabías que pediría eso.
— Eres fácil de leer.
Su sonrisa dio algo de miedo.
(…)
— ¿¡Qué!? ¿¡No hay ninguno!? ¿¡Seguro!?
Le exclamó a un vendedor de una tienda de mala muerte y oculta en un callejón sombrío.
Sobre sus hombros imponía una capa con capucha, algo degastada pero bien cuidada con el pasar de los
años.
Esta misma prenda evitaba que su identidad se filtrara.
El lugar donde posaba, era uno de muchos sobre el barrio oscuro que yacía bajo la sombra de la
ilegalidad.
El mercado negro.
Ahora mismo, estaba buscando el dichoso Ojo de lobo en el mercado negro, donde se vendían las
peores y mejores mercancías para aquellos que no querían llamar la atención de los poderes
gubernamentales. Aquí se reunían todo tipo de gente malvada y perversa, personas que no desearía
conocer.
En realidad, fue una completa derrota tener que regresar a estos barrios oscuros, ocultos del ojo
público, pero no tuvo de otra que venir a por ese órgano que necesitaba desesperadamente para su
hijo.
El hombre que lo atendía tras un mostrador huraño – un individuo pequeño y algo ancho – negó una y
otra vez con su mentón.
— No tiene que gritar, estimado cliente… Durante este tiempo los Lobos boscosos están en época de
reproducción, donde se vuelven más agresivos y se esconden en lo profundo del bosque, haciendo
prácticamente imposible encontrar un Ojo de lobo…
— P-Pero… De verdad necesito uno… Con uno basta… Pagaré lo que sea por ello.
Volcó las manos sobre el mostrador, presionando el lado codicioso de este vendedor a ver si la suerte le
sonreía.
Pero esta suerte nunca le tuvo aprecio, para empezar.
El vendedor no se inmutó con su arrebato, disculpándose por no poder ayudarlo.
— Lo siento, pero si no hay, no hay… Por supuesto, no nos faltan expertos que puedan extraer el Ojo de
lobo, pero eso solo funciona si están con un lobo boscoso, y esas personas son como tú y yo, sin
posibilidades de sobrevivir en una lucha o pelear por su cuenta…
—… N-No puede ser…
Con sus rodillas cediendo ante su despecho, Etanol se inclinó sobre la mesa de madera vieja, hundiendo
su cabeza entre sus brazos.
El enano enarcó una ceja por la angustia de este cliente en particular… parecía especialmente
desalentado.
¿Tanto lo necesitaba?
"Ejem", tiró un carraspeo ronco.
Logró llamar su atención.
— Si realmente deseas un Ojo de lobo, tu única alternativa sería contratar mercenarios lo
suficientemente locos por dinero para adentrarse en su territorio en medio en su época reproductiva,
además de tener a la mano un experto para la extracción, claro. Otras personas que no hayan estudiado
no podrán hacerlo… Si puedes traer aquí un grupo decente, te alquilaré un experto, pero solo si tienes
un grupo con posibilidades de abrirse por el bosque y los lobos…
—… Ugh…
La ofertaba no estaba mal. ¡El problema era el poco tiempo que tenía! ¡No lo tenía, para nada!
Pero, era lo mejor que podía hacer. No tenía más cartas a la mano.
— E-Entiendo… Lo intentaré… No… Debo hacerlo. ¡Lo haré, viejo!
— ¡Apenas tengo 38 años para me andes diciendo viejo! ¡Más respeto!
(…)
— ¿Eh? ¿En esta época del año? Ni loco… Esas bestias se vuelven el doble de violentas… Un amigo mío
intentó conseguir un Ojo de lobo durante este tiempo, y perdió un brazo. No quiero acabar como él, así
que me niego…
— ¿¡...!?
— No quiero morir, así que no.
— ¡...!
— Amo el dinero, pero no las lesiones ni la muerte. Dentro de dos meses podría ayudarte...
— ¡-Hk!
— ¿Ahora…? Amigo, ¿estás seguro? Si me pidieras que le robara al gobernador su fortuna, lo haría con
gusto, pero enfrentarse a unas bestias salvajes en medio de un bosque profundo no suena muy
inteligente que digamos.
—…
Cayendo de cara en una mesa, Etanol se entregó a la decepción.
Sin resultados.
La taberna prorrumpía con los sonidos de las personas bebiendo cerveza, riendo o gritando. No le
importó. Funcionaba bien para amortiguar su propia frustración.
Como los bares tenían un montón de gente codiciosa, probó suerte allí. No logró absolutamente nada.
Aunque muchos vieron con avaricia su bolsa repleta de monedas, y la mención de un pago doble si se
ofrecían, nadie cayó en la trampa.
Todo porque los Lobos boscosos no eran fáciles de encontrar, y actuaban en manadas de 20 o más
individuos. Ir con un grupo grande solo para un mero ojo sería una locura, y no todos tenían un grupo
numeroso. Otros actuaban solos, y como lo veían en las últimas, no atendían su llamado por miedo a ser
los únicos que deberían enfrentarse a los Lobos boscosos.
Incluso hubo quienes quisieron robarle el dinero.
Si fuera otro tipo de persona, como Brooke, hace rato habría pedido un trago. No obstante, no tenía
tiempo para embriagarse.
Con cada minuto que perdía ahogándose en su impotencia, Sylph moría lentamente. No podía regresar
con las manos vacías. Debía encontrar una manera de salvarlo…
— ¿Eh? ¿Clover-San?
—¿...? ¿Quién…? ¡...! Tú…
No creyó verlo ahora mismo…
La persona, respaldada de otras dos, lo observó desde la entrada a la taberna, donde se pronunciaba la
mesa del elfo por ser la más cercana.
(…)
— Sales de viaje a tu tierra natal y vuelves con un bebé… Hm… ¿Qué esperas que piense de ello?
Expresó un semi-humano que a duras penas llegaba a la mitad de la altura de la persona que oía sus
quejas.
De su cabeza figuraban orejas puntiagudas de conejo blanco, rosadas en la parte carnosa del interior. Su
cabello, como pelaje blanco de roedor, yacía ocultando parte de sus abultadas mejillas de infante, y su
vestidura a la par de los peluches lo hacían ver adorable.
Y en ese rostro aniñado, sus ojos fucsia fulminaban rencorosamente al adulto con quien hablaba.
King Zelote rio secamente. Ojalá Felina lo ayudara un poco.
— Nunca dije que fuera mío.
— Cualquiera pensaría que es el caso viéndote llegar con él.
— ¿Acaso no ves que es mitad-perro? ¿Cómo podría ser mío?
El chico se alzó de hombros.
— Quién sabe. Podrías haberte enamorado de una mujer perro...
— Eso es imposible. No me gustan los perros…
— Ejem, recuerda que su tutor eres tú. Sería bueno si dejaras de decir eso en frente de él, Zelote.
—…
El niño conejo miró a Felina.
— Nee-Chan, no me digas que te encariñaste con él.
— Si lo hiciera, ¿habría algún problema?
— No, es que se vería extraño que una mujer joven como tú lo cuidara...
Podría dar lugar a rumores.
— No pienso dar marcha atrás. Este niño no tiene a dónde ir. Es nuestro deber cuidar de él.
— ¿Y por qué debo ser yo?
El gran deseo de Zelote era lanzar al niño en manos de alguna familia al azar.
No obstante, su mayor obstáculo era Felina, su subordinada más fiel.
(…)
Como siempre, el papeleo era una tortura para toda clase de líder.
Debería invertir varias noches si quería terminar esto pronto. Adiós, sueño saludable.
Zelote observó la pila de papeles con asuntos importantes que debía tratar, y que, dependiendo de las
condiciones que ofrezcan, darles el visto bueno o no.
Algunas eran de comerciantes que deseaban venderles mercancías, como pociones de curación,
recuperación de maná, fortalecimiento del cuerpo… O herreros que deseaban entablar un contrato a
largo plazo con su grupo Los Zelote para venderles armamento y herramientas de su marca.
Sería un dolor de cabeza tener que revisar cada propuesta y carta, y tener que dar una respuesta
concreta que dejara en claro su dictamen…
Pero ante todo, le tenía cohibido la necesidad de escribir una carta.
Una carta a la familia de Neithan…
—…
El profuso papeleo no sería nada si lo comparaba con tener que escribir esa carta de duelo.
Por supuesto, le daría una buena suma de dinero a su familia por el servicio y sacrificio de Neithan.
Por supuesto, nada puede pagar la pérdida.
Por mucho dinero que entregue, él no volvería.
— Guh… ¡Uu!
—…
Anunciando su estadía de pocas horas, el pequeño bebé recostado en la cama se meció en el colchón,
haciendo ese sonido que lo caracterizaba.
Zelote se giró, con las cejas cansadas de fruncirse.
Debilitado para hacer insultos o proferir molestia por la interrupción del niño, preguntó:
— ¿Qué pasa? ¿Acaso tienes hambre?
Aunque no era el deber ser, Felina le encargó cuidar al niño, diciendo que si lo cuidaba ella solo una
noche, él se lo impondría el resto de los días por la conveniencia de ello. No negó que fuera cierto,
pero…
Ahora mismo, todo el grupo de los Zelote se hospedaba en una posada de la capital Redricks, con el
objetivo de reposar a la pérdida que tuvieron de uno de sus hombres y el largo viaje a la tierra natal de
Zelote.
Y aquí, en su habitación, también estaba el niño.
El niño se meció más fuerte, sin parar de mirarlo con esos ojazos llenos de vida pese a no tener vista.
— ¿Qué quieres? Estoy ocupado con la carta para los padres de Neithan…
—… ¿Hm?
— No lo entenderías aunque te lo explicara. De hecho, dudo que entiendas algo…
—…Mn…
— Eres... ¡...!
La carta, la familia de Neithan, sus rostros llenos de dolor por la mala noticia, o las preocupaciones que
tendría que llevar desde ahora, todas esas cosas volaron lejos de su mente con un movimiento extra del
niño.
La mecida intensa que hacía lo sacó finalmente del espacio acolchado de la cama, haciendo que desfilara
limpiamente por la orilla.
— ¡CUIDADO!
Tirando la torre de papeles con un manotazo, Zelote se lanzó sobre el suelo de madera.
Estirando ambas manos, cogió el pequeño cuerpo del niño entre sus dedos, sintiendo la dureza del piso
sobre su barbilla.
— Uh, guh, gk…
— ¡Uu! ¡Uu!
— B-Bastardo, mira lo que hiciste…
Se aseguró de que estuviera bien y la caída no lo hubiera lastimado. Respiró mejor al notarlo bien y
sano.
Aunque no paraba de punzarle la barbilla y dolerle el torso, al menos no tendría que presentarse a
Felina con el niño con un chichón.
— ¿Acaso querías darme un ataque cardiaco…?
— Mh…
— ¿Qué? No, espera…no tienes que…
El pequeño niño haciendo oídos sordos a lo que decía, se arremangó en su pecho, hundiendo la cabeza y
oyendo dócilmente sus latidos como si abrazara su madre o padre.
Zelote se encogió, dubitativo por su acción.
— ¿P-Por qué eres tan molesto…?
Musitó en voz baja.
— No te entiendo…
— ¿Hm?
Removiendo sus pestañas oscuras, el niño sonrió y estiró sus pequeñas manitas, buscando tocarle el
rostro, una manía que desarrolló a la temprana edad de conocerlo.
—…
Antes de que llegara a rozarlo, sostuvo sus manitos en el aire, mirándolas por un extenso tramo de
tiempo por la pequeñez de su tamaño.
Tocando esos delgados deditos que no llegaban a la mitad de sus manos, se enfrascó en analizar el
rostro del pequeño.
— Neithan también tenía esa cara de ingenuo…
—…
— Supongo que como nombre, debería sentarse bien…
Susurrando en un hilo delgado de tormento, retiró unos cabellos revueltos de la frente del niño, que
durante la caída se desordenaron de forma graciosa.
— ¿Amu…?
— Supongo que ya está decidido…
Esto podría ser causado por los recuerdos que iban y venían. Al cristalizarse en la pantalla de su mente,
lo martillaban de culpabilidad como lo harían con un asesino.
Por el pecado de no poder haber hecho nada. De ser impotente y ni siquiera estar presente cuando
Neithan falleció, todo se agolpaba y multiplicaba por diez su arrepentimiento.
En ese aspecto, quería al menos conservar su nombre.
—…
— Escucha atentamente, desde ahora te llamarás Neithan, supongo que no hay objeciones, ¿verdad?
— ¡Guh, woo!
El niño – bautizado como Neithan – reventó de alegría, subiendo y bajando sus delgados brazos. El
nombre le gustó más de lo que especuló dentro de los posibles escenarios.
— Conque te gustó… Eso es bueno, porque no pensaba cambiarlo incluso si era lo contrario...
— ¿Uh?
— Shh, haz silencio, que debo escribir una carta importante para la familia del donante de tu nombre…
Mañana luego podrás alegrarte todo lo que quieras…
También tendría que darle el anuncio a Felina sobre que por fin una de sus muchas preocupaciones
estaba resuelta, el nombre del niño.
Seguro se alegraría.
Ya se imaginaba su sonrisa tonta y feliz…
— Me pregunto si Neithan estaría feliz…
— ¿...?
Conteniendo el agua salina que anhelaba brotar de sus ojos, Zelote apretó el agarre sobre la espalda de
Neithan, hundiendo su mirada en el anhelo de esa persona.
(…)
Así llegué hasta aquí.
Terminó de pensar Zelote, mirando una vez al conde elfo decaído sobre su mesa de la taberna. Lugar
donde pensaba desayunar junto a su gente.
— Es un placer volver a verlo, Clover-Kun…
— Lo mismo digo, King-San… No creí verlo tan pronto.
— Debo decir que han pasado muchas cosas, pero aprovecharé para agradecerle por la ayuda de su hijo,
Sylph-Chan.
Las mejillas de Etanol acabaron rígidas.
— Ah... Gracias. Estará feliz de saber que fue útil.
— ¿...? ¿Pasó algo…?
Zelote no era tonto. Pudo percibir en Etanol el olor de la tristeza y la aflicción, un olor que él mismo
desprendía durante momentos importantes de su vida.
Y no solo eso; grabado en su rostro corriente, surcos oscuros y opacos inferían bajo sus ojos de vino, y su
cabello no portaba el brillo de siempre, presentándose como hebras melancólicas.
Tenía muchos aspectos que señalar, pero decidió no hacerlo.
Antes de eso…
— Cantinero, sírvanos unos panqueques de avena con miel, por favor…
Le habló al cantinero detrás de la barra, que limpiaba unos vasos recién limpiados.
— A la orden… ¿Pedirá cerveza?
— No, prefiero no beber a esta hora del día.
— Entendido…
— ¿Eh? ¿Qué haces, King-San?
— Invitando a un amigo a desayunar…
— Discúlpame, pero ya comí…
— Los panqueques de avena de este lugar son tan deliciosos que olvidarás si estás lleno. Vamos, dale al
menos una probada…
—… Ok, si tanto insistes…
— Además, estoy dispuesto a oírte… Dime que te aqueja.
—…
(…)
— Oh, Dios, eso está muy, muy mal… ¡...!
Zelote respingó al sentir su pie ser pisado con fuerza bajo la mesa. Debió ser Felina.
Neithan jugaba con el salero, mientras Slayer tenía una mirada pensativa sobre todo lo dicho.
Etanol devoraba los panqueques recién servidos.
Con Zelote, Felina y Slayer (Y un niño en el regazo de la chica) con el oído puesto para él, Etanol no
soportó un segundo más y volcó todo lo ocurrido en menos de tres días a su familia y a Sylph. Cuando
por fin terminó su relato con la voz fallándole, Zelote dio un comentario salido de tono, y la chica a su
lado lo regañó a base de un pisotón.
Felina se disculpó.
— Discúlpelo, por favor, no sabe controlar su lengua.
— No… Incluso yo estoy consciente de lo mala que es mi situación…
—…
— Es por eso que estabas aquí de esa forma… No es de extrañar…
Dijo el chico conejo, que hace mucho tiempo que devoró su porción de comida.
— Eso explica muchas cosas… Debiste pasarla muy mal, Clover-San…
— Es tal como dices.
— Y necesitas un grupo de guerreros que puedan ayudarte para conseguir ese susodicho Ojo de lobo…
Zelote, que hasta el momento se quedó en silencio (Y sobándose la punta de los dedos del pie) lo miró
intensamente.
— ¿Q-Qué?
— Clover-San, ¿le importaría cobrar el favor que le debemos a tu hijo?
— ¿Eh? ¿Favor?
— Le debemos un favor a su hijo por ayudarnos…y creo que este es un buen momento para cobrarlo…
— E-Estás diciendo que…
— Sí.
Abrió los brazos, puesto de pie.
El 80% de los ocupantes de la taberna se pusieron de pie, todos semi-humanos.
Todos pertenecientes a Los Zelote.
Etanol encogió los ojos, ante la vista.
— Yo, King Zelote, y todo mi grupo, nos ofrecemos para ayudarte con tu misión, Etanol Clover-San…
(…)
¿Qué hago aquí?
Sonata arrastró sus ojos violetas al cielo.
Este cielo se desplegaba como una pintura depresiva y de color ceniza, evocando aires fúnebres y con
olor a muerte. No era la escena más pintoresca para ver, siendo sincero.
Es más, no podía creer que llegara a estos extremos...de seguir el consejo de ese ser extraño.
Además de los susurros acres del viento, solo llegaba a sus oídos los "Crack" de sus pisadas sobre la
tierra amontonada del camino que transitaba. No podía oír nada más, incitando sobre él una ascendente
ansiedad por los silbidos perezosos que viajaban junto con el aire inmutable.
— Debería estar por aquí…
Susurró apático, viendo lo que le restaba de camino, aunque no estaba muy seguro de cuánta exactitud
podría esperar de "esa" persona.
El Bosque de la melancolía portaba a la mano un ecosistema deprimente y gris.
Era arduo para transitar, y tardó bastante tiempo en recorrer varios kilómetros hasta aquí.
Su caballo al llegar disminuyó la velocidad, finalmente sucumbiendo y dejando de querer moverse,
haciendo que no le quedara de otra más que moverse a pie.
Por el sendero con un cielo ceniza, caminaba con la espada ceñida a su cintura y el uniforme de los
Caballeros Dorados, insigne a más no poder.
Aunque claro, en este ambiente tétrico resaltaba como un pulgar adolorido. Probablemente traer ropa
tan colorida no haya sido tan buena idea.
Creyó que sería un impedimento, y que debería estar al pendiente de las bestias acechantes, pero fue
una preocupación infundada.
Encontró en su camino un oso de dos metros, que lo miró directamente a los ojos. Cuando creyó que
debería enfrentarlo, y se llegó al mango de su espada, encontró que el animal en cuestión no le repartió
una segunda mirada y se marchó a paso de tortuga. Observó su espalda marcharse, pensando que sería
una ventajosa oportunidad para herirlo mientras tenía su punto ciego descubierto.
Pero quedó más asombrado por la apatía propia del animal, que no mostró agresividad propia de su
comportamiento.
Caminando al mismo ritmo lo alcanzaría sin la necesidad de correr y podría matarlo, pero solo dejó que
el tiempo pasara y desapareciera entre los troncos.
Ahora se encontraba relajado en su ida por el bosque melancólico que arrullaba su cuerpo con melodías
funestas.
O debería decir que demasiado relajado…
— Uh…
Musitando en voz baja, estrujó sus aciagos párpados, obligando a su vista a seguir activa durante su
marcha sin descansos.
Debería admitir que le dolían los pies, pero para un caballero, una pequeña marcha como esta no sería
nada…
Aunque se sintiera cansado de caminar…
Sonata no sabía por qué estaba aquí, lejos del amparo de su mansión y la compañía de su familia.
Después de oír la información de ese ser terrorífico, vino a este lugar sin pensarlo dos veces.
Esa cosa le dijo una dirección.
— Ugh…
Bostezando con unas lágrimas formándose en la comisura de sus ojos, Sonata aplacó medianamente la
velocidad de sus pisadas.
Sus párpados importunaban demasiado para asimilarlos como el cansancio del momento… ¿No durmió
lo suficiente?
Pero estos días no me desvelado...
A una sola voz con el ritmo que flaqueaba con cada paso, sus ojos mostraban una cortina sombría por el
alud de sus pestañas.
Empezaba a sentir desmotivación para caminar.
Y sumándose como una maldición, sus pensamientos se hacían más simples con el pasar del tiempo,
haciendo que no duraran mucho tiempo o se desvanecieran en el espacio negro de su memoria.
Ahora ni siquiera podía recordar sobre qué estaba pensando, o por qué seguía caminando.
¿Por qué estaba aquí? ¿Por qué caminaba? Aunque se hiciera estas preguntas y buscara la respuesta a
ellas, se olvidaba a los segundos, cumpliendo un círculo vicioso que no se detenía y solo se hacía más
confuso.
No importaba si sus pies se arrastraban por la tierra, o su inclinaba el cuello por aflojar la rigidez de su
postura.
Ahh…era tan aburrido…
Caminar era aburrido…
Pensar era aburrido…
Mirar era aburrido…
Oír era aburrido…
Sentir era aburrido…
Respirar…era aburrido…
—…
¡...! ¡Aguarda allí...!
Deteniéndose en seco, sacudió a derecha e izquierda su cabeza, arruinando su peinado noble y sus
fachas de casa pudiente.
Jadeó por aire, forzándose a entrar en razón.
¿Qué demonios me pasó?
Abofeteándose las mejillas, Sonata requirió una cantidad titánica de concentración para rememorar qué
le había pasado.
Antes que nada, volvió a inhalar y exhalar.
En en algún punto incluso se olvidó de su nombre empezó a vagar por inercia.
Incluso llegó a pensar que respirar no era necesario, y que suponía un esfuerzo molesto…
¿Enserio pensó algo como eso?
—… Eso explica porque nadie vive aquí, y porqué hay tan pocos animales…
Se dijo, mirando adelante.
Alguien normal habría seguido así hasta dejar de respirar y morir por su propia pereza.
La influencia del bosque no era pequeña.
Una Influencia aterradora.
Pensó que exageraban de más los hechos históricos sobre que grupos viajeros y caravanas que querían
ahorrarse kilómetros de viaje terminaron encontrando su fin por este bosque en menos de un día de
entrar.
Ahora comprendía que nada era mentira. Estuvo a punto de querer desistir ante la pereza.
—… Si es así, no debería vivir por aquí…
Y la información que recibió sería mentira…
—…
No… no puedo rendirme tan pronto. Intentemos un poco más...
Palmando con fuerza los costado de su cara, y apretando los dientes por el ardor que eso atrajo, se
encaminó con mayor ímpetu a la búsqueda de "esa" persona.
Esa persona que quería conocer a fondo.
Aunque no tuviera clara sus propias razones.
O podría conocerlas, pero no querer asimilarlas como tal.
— El bosque se hace más espeso…
Echando a un lado unas ramas secas sin el acompañamiento de hojas, denotó con preocupación por el
pasaje que se hacía más empinado, resbaladizo y lleno de obstáculos.
Bajo sus pies preveía la tierra oscura y algo húmeda, así que no sería recomendable correr o pisar sin
estar seguro de la base. Aunque no tenía que lidiar con animales salvajes, si se relajaba demasiado
acabaría olvidando respirar como hace unos minutos atrás. Además, no quería demorar demasiado para
que no viniera sobre él la noche…
Y debería cuidarse de las raíces que sobresalían de la tierra negra.
— No creí que fuera tan difícil…
"Ese lugar desprende un sentimiento de dejadez, que hace que las personas y animales dejen de querer
vivir. Pocos seres vivos viven allí, te recomendaría que estés siempre con la guardia alta y no te relajes…"
Si no fuera por el consejo de ese hombre, habría sucumbido ante la Influencia del bosque. No confiaba
totalmente en todo lo que dijo, pero al menos podría agradecer por ese detalle que dijo antes de
marcharse.
Mi hermano no tendría problema con esto…
No fue el mejor pensamiento que pudo producir, siendo sincero.
Ahora no podía escapar de la acidez que subía de su estómago a su pecho.
— Debería estar por aquí…
Se dijo, pero ¿dónde?
Avistando algunas señales de vida en el ambiente que lo rodeaba, miró el panorama entretejido con
ramas secas y troncos sumergidos.
Se le presentó una bifurcación en dos direcciones opuestas.
El primero, era fácil de transitar, y sería sencillo deducir que por él podría haber señales de vida
humana.
Existía un camino fácil y otro difícil.
El fácil podría ser tomado sin problema.
El difícil tenía áreas que serían difíciles de traspasar, podía entrever espinos como redes esperando por
él.
También podría haber hoyos ocultos de agua. Si no pisaba cuidadosamente, acabaría hundido hasta el
cuello…
Lo normal sería elegir el camino fácil, pero algo no terminaba de cuadrarle.
¿Sería la decisión correcta? ¿O solo era paranoico?
—…
Cogiendo aire dentro de su pecho, Sonata se adentró en el camino entreverado con enredaderas
espinosas.
Decidió apostar por lo impensable…
— Si estoy equivocado, tendré un camino lleno de obstáculos para nada… Espero estar en lo correcto…
Frunció el ceño.
Espinas arañaron su muñeca, desgarrando algo de la ropa.
Su hermano habría acabado horrorizado por dicho detalle, pero a él no le importó.
—…Como si me importara algo tan tonto…
Masticando el desagrado que producía recordarlo, Sonata sacudió la cabeza y continuó. Aunque se
rasgara su ropa con las espinas, o resbalara de vez en cuando por culpa del lodo, no pararía de caminar.
— ¡...!
Lo encontró, como una caballa fácil de encontrar, puesta en medio de un claro donde la vegetación no
irrumpía, un círculo cabal que hacía al bosque retroceder. La vegetación tampoco la escondía
expresamente, y no debería ser inaccesible de percibir por el tamaño considerable que tenía.
— ¿Cómo no la vi antes…?
Debería revisarse la vista si no pudo siquiera ver los tablones de esta caballa.
Y no podía decir que estaba escondida. Era de un tamaño que podría avistar a muchos metros, aunque
sea un poco, pero no supo de su existencia hasta que la tuvo al frente.
— ¿Alguna magia de confusión…?
También podría alegarlo por la zona que no era cubierta por la grama ni la vegetación putrefacta,
manteniendo la cabaña en buenas condiciones, sin tener ramas o árboles creciendo cerca de ella.
Podía ver que la edificación tenía indicios de vejez, pero no tanto como para caer sobre sus cuatro
paredes.
— La encontré…
No podía contener la alegría de ver sus esfuerzos recompensados, desplegándose fuera de él como una
sonrisa con un sentimiento de logro.
— Debería entrar por la puerta…
Su hermano siempre le decía que debía ser educado.
Frunció el ceño.
No debería pensar en él. Este asunto era meramente personal y no tenía nada que ver con su oficio de
caballero.
— Aunque me traje precisamente el uniforme… ¿Qué tan estúpido soy?
Cerciorándose de que al menos su peinado estuviera puesto como debería, se encaminó prestamente a
la puerta puesta en todo el medio de la edificación. Pensaba que si la jalaba demasiado acabaría
separándose de sus bisagras, así que tocaría suavemente para no causar agravio.
Su corazón latía como caballo desbocado cuando estaba a un metro de la puerta, acortando la distancia.
—… Ugh… ¿Qué…?
Frotándose los ojos, sostuvo la mirada sobre la manija, tropezando antes de llegar.
Su cabeza cabeceó por el sueño repentino.
— Esto…no es bueno…
¿He sido envenenado? ¿Cuándo?
No comprendía como había entrado en su organismo dicho veneno.
Al menos, no hasta oler el dulce aroma de las flores.
Estas se movían silenciosamente desde su ubicación, justo al lado de la puerta.
¿Usaron el aroma de las flores…?
Cerró los ojos, dejándose llevar por el sueño.
(…)
Antes de que lo supiera, se encontraba nadando en un mar oscuro. Solo era puro negro.
Negro a la izquierda, negro a la derecha, negro arriba y negro abajo. En todas las direcciones se
dispensaba el color negro como una noche sin estrellas.
No podía ver, no podía moverse, no podía hablar… ¿Siquiera existía?
Este mundo negro se abrió ante una luz. Una luz que separó en dos la oscuridad.
¿U-Uh? ¿Dónde…?
La negrura se deshizo, dándole claridad a sus ojos.
Al otro lado lo esperaban tres personajes.
Uno de cabello rosado y ojos finos de amatista, encogida y confundida.
Otro de cabello un poco largo y rubio pálido, con expresión perturbada.
Y el último, con un cabello más negro que la noche y dos orbes rojos como la sangre centelleando en sus
escleróticas. No era necesario acotar que tenía la expresión más severa del trío.
Sonata comprendió a los segundos de haber despertado que había sido tomado prisionero.
— Así que ya despertó. Ya me estaba preocupando de que el hechizo de Mistic hubiera sido demasiado
fuerte…
Saltando adelante con su acotación, la mujer acarició su pecho en alivio.
— No fue nada fácil ponerlo a dormir. Se resistió bastante bien.
—…
— Eh... ¿Podrías decirnos tu nombre…?
— No es necesario, Urano…
— ¿Uh? ¡-Kya!
Sonata vio a la chica siendo apartada por la mano del pelinegro del grupo, que tomaba el papel de líder.
Se colocó cerca de él. Sus ojos despedían llamas hostiles, todas dirigidas a él.
¿Y podía ver algo de odio en ellas…?
Tragó saliva automáticamente con la cercanía amenazante de esa persona, notando además, una
sensación cálida y suave bajo su espalda y su cabeza.
¿Es una cama…? ¿Estoy en una cama?
Efectivamente, estaba recostado en una mullida cama.
Sabiendo esto, entregó una mirada rápida de sus alrededores. El interior del edificio era muy diferente a
cómo lo imaginaba… Lo pronosticaba como viejo y desecho, a punto de caerse a pedazos, pero aquí
todo estaba bien conservado y restringido del polvo del pasar del tiempo. Era difícil pensarlo como el
interior de esa vieja cabaña que vino a sus recuerdos.
¿No estaría en otro lugar?
— Ni se te ocurra ignorarme…
Girando su visión hacia el frente otra vez, se encontró cara a cara con el asesino de cabello negro, con
un ceño muy fruncido por la molestia de encararlo. La saliva del interior de su boca se secó
inmediatamente, quedando absortó dentro de esas pupilas rubíes.
La persona por la que inició este viaje estaba allí mismo, mirándolo a los ojos.
¿Podría tener una oportunidad tan buena como esta?
— Eh…
—…
Dada su garganta reseca y el nerviosismo que sentiría al conocer a una celebridad, Sonata no pudo
hablar a la primera, soltando sonidos cortos y silabeos.
Orochi frunció la boca, sin ignorar ninguna de sus muecas y dificultades para hablar con él.
— Eres bastante estúpido si creíste que podrías venir a emboscarnos. Desde el segundo en que posaste
un pie en el bosque, sabíamos que estabas aquí.
— Hmm.
Así que tenían un sistema tan sólido...
— Quien se encargó de recibirte fue Mistic. Dale las gracias.
Debía referirse al rubio detrás de él.
Reconocía a la chica peli-rosa por su corta charla en la Provincia de Zazaphe. Su cabello sedoso y de
color pastel la destacada entre las demás mujeres.
No tenía idea de qué tipo de relación unía al trío que lo tenía cautivo.
¿Serían compañeros? ¿Sirvientes? ¿Trabajadores? ¿Mercenarios? ¿Familia?
No sabía cómo catalogarlos, y solo le quedaba ponerlos en el mismo saco como aliados.
Le entró algo de envidia.
Orochi, presionando agujas sobre sus ojos y volviendo aún más intimidante su mirada encaró a Sonata,
diciendo "Entonces…".
— Deshagámonos de las formalidades de explicar todo desde el principio y vayamos al grano… ¿Cómo
supiste que estábamos aquí?
—…
Echando un balde de agua fría a los intercambios, Orochi fulminó con su helada mirada al apuesto
caballero de cabellera naranja como el atardecer, mezclando animosidad y rencilla dentro del interior de
sus pupilas rasgadas.
— Yo…
— No creo que sea necesario decir que no aceptaremos mentiras… No he olvidado lo molesto que fuiste
en la Provincia de Zazaphe…
— ¡...!
— ¿...?
Cualquier emoción o agitación fue menguada cuando Orochi lo reconoció. Sonata sintió extraño alivio y
asombro.
Pensar que se acordaría de él.
— Honestamente, no sé nada de la persona que me dijo sobre este lugar. Ni siquiera sé si era humano...
No, probablemente no lo era.
— ¿Por qué no es eres más vago…?
Orochi estaba a punto de sucumbir al pánico. Podía verse intimidante, pero en realidad estaba muy
nervioso.
Por lo tanto, tenía que saber de quién sacó dicha información.
De otro modo no podría matarlo.
— Habla más específicamente…
— Lamento decirte eso, pero...esa es toda la información que tengo.
— ¿Qué?
— Era alguien muy misterioso. Nunca me dijo quién era.
— ¿Realmente esperas que crea eso?
— Una vez me dijo su ubicación, se marchó tan rápido como vino. No tengo más información.
—…
— Orochi-San, no está mintiendo…
—… Demonios…
Mordiéndose la lengua, Orochi retrajo las acusaciones que estuvo por verter por su boca.
El peli-naranja movió una ceja, claramente confundido.
Era un alivio que le creyeran, pero…
— ¿Cómo saben que no estoy mintiendo?
Orochi resopló, peinando su cabello de molestia. Debido a ello, Sonata notó algunas diferencias, como
sus uñas algo largas y su cabello más largo.
— Mistic, explícale a este idiota cómo funciona. Tal vez así sepa la gravedad de su situación.
Mistic hizo una mueca poco propia de él. Tiró un codazo a su compañera.
— Hazlo tú, por favor.
¿¡...!?
Urano ensanchó los ojos, sin entender. ¿No le dijeron a él que lo hiciera?
Mistic se escondió detrás de ella, empujándola adelante.
Orochi acabó confundido. ¿Qué demonios? ¿Por qué hizo eso?
Siendo quien era, habría seguido la orden sin pensarlo mucho.
Urano carraspeó, molesta.
— Bueno... Mistic te colocó una cláusula, la cual, si rompes, terminará haciendo pedazos tu corazón.
— Uh, veo.
¿No estás demasiado tranquilo?
Es decir, estaba a su entera merced. Podían matarlo cuando quisieran.
Sin embargo, el caballero delante de ellos no se mostraba nervioso ni angustiado.
Daba algo de miedo.
— ¿Eso significa que no puedo moverme?
— ¿Uh? No necesariamente. Mientras no rompas la cláusula, puedes hacer casi cualquier cosa.
Mientras no desobedeciera la cláusula, no tenía límites a lo que podía hacer.
—…
Sonata se hundió en sus pensamientos, pensando en lo bien que se usaría ese poder para extorsionar.
No había terminado de pensar cuando Orochi continuó con la charla:
— Y para, rematar, puedes hacer todo tipo de cosas mientras no violes la cláusula. Mientras no seas
hostil con nosotros, puedes romper la casa, escapar o decirles a las autoridades sobre nosotros. Todo
eso sin ninguna consecuencia.
—…
Se quedó en blanco.
El nivel de irritación demostraba que no hablaba mentiras.
Pero si era así…
—… ¿No es eso…muy malo para ustedes?
— Posiblemente… si pensáramos dejarte vivo.
—…
No requirió ninguna prueba para darle veracidad a esas palabras dichas con voz plana. Si tuviera que
pedir una, sería suficiente con presenciar los ojos oscuros y sin brillo del pelinegro, que predecían su
final a manos suyas.
Sin burlas, ni oraciones evasivas, Sonata comprendió que iba a ser asesinado.
Pero, contrario a todas las expectativas que tenía…
Yendo contra la naturaleza humana…
Y evadiendo el miedo con absoluto control…
— Eso no suena mal...
—...
—...
—...
El trío se apartó del caballero.
— ¿¡Qué rayos!? ¿¡Qué pasa contigo!?
Orochi se horrorizó, retrocediendo.
— ¿¡Está bien para ti ser asesinado!?
— Realmente no esperaba esa reacción.
—... Ugh.
El grupo no pudo evitar mirarlo con ojos extraños. ¿Qué pasaba con ellos?
— No. Esto no puede acabar así de fácil. Tienes camaradas esperando afuera del bosque para
emboscarnos, ¿verdad?
¿...?
— No, no traje a nadie conmigo.
— Entonces dime, gran caballero…
— ¿Uh? ¡-Kh!
Un golpe al lado izquierdo de la cama lo sorprendió. Un poco más a la derecha, y el golpe habría
conectado con su rostro.
Ojos rojos lo miraron fijamente, lo suficientemente cerca para darle escalofríos.
—… ¿Por qué viniste aquí? Eso deberías poder responderlo, ¿no?
—…
— ¿Y bien?
En blanco. Sonata descubrió su mente barriéndose y quedando en blanco.
— Bueno...
El resto del equipo miró más cerca, ante la posible respuesta.
Sonata sonrió.
— ¿Quería hacerme tu amigo...?
—...
La grima atacó cada célula de Orochi, quien se apartó.
— ¿¡Qué diablos!? ¡Estás loco!
Frotó sus brazos, sintiendo sus viseras saltar de disgusto.
La cara del caballero se colocó. Decirlo en voz alta no sonó nada buen.
— ¡A ver! ¡Dime la verdad! ¿¡Donde está tu gente!? ¿Afuera del bosque? ¿A punto de llegar? ¿Dónde
está?
— Eh, Orochi-San... Espera...
Orochi sucumbió ante la ira y agitó el cuello del caballero. No tenía la calma suficiente para actuar
razonable.
—…
— ¿Orochi-San?
Orochi dejó de mover a Sonata, dejando extrañados a sus compañeros.
Sonata frunció el ceño.
La expresión de Orochi cambió por completo a los 30 segundos de estar cerca de él.
Por su rostro se espació el terror.
Su nariz captó un olor... Un olor extrañamente familiar... Un miasma espeso y nocivo.
Sus instintos más básicos gritaron para que se apartara. Que se alejara.
Sobre el rostro de Sonata, encontró otra cara.
Un rostro pálido, con ojos esmeraldas y cabello negro.
El rostro de su hermano.
— Pareces gozar de buena salud, Orochi... ¿Es divertido jugar al villano?
Su hermano sonrió, mostrando sus dientes blancos ligeramente afilados. Sus tóxicos ojos esmeraldas lo
tragaron por completo.
Podía sentir su respiración a esta distancia. Su mirada sobre él...
A pocos centímetros de distancia...
Era peligroso, demasiado peligroso…
Lo soltó, apartándose lo antes posible.
— ¡-Hk!
— ¿Oro-Kun?
— ¿Qué pasa, Orochi-San?
Desde el punto de vista de Urano y Mistic, estaba quejándose con el caballero, hasta que de un
momento a otro lo tiró lejos de él lleno de terror.
No obstante, no sintieron ningún movimiento hostil del caballero. ¿Por qué Orochi actuó así?
Orochi partió fuera de la habitación. Sus compañeros salieron detrás de él.
— ¿Eh? ¿A dónde vas, Oro-Kun? ¿Qué pasó?
— ¿Orochi-San? ¿Qué pasa?
Sonata estaba tan confundido como ellos.
Mistic también, pero de una manera diferente.
Porque extrañamente, sintió los hombros menos tensos después que Orochi desistiera del caballero.
Afuera, Orochi ignoró las preguntas de Urano y Mistic. No tenía ganas de hablar.
Instintivamente tocó su cuello cubierto por la bufanda oliva, adentrando los dedos levemente, rozó las
cicatrices marcadas en su cuello. Una amargura recorrió su lengua, sintiendo pánico por unos segundos.
— No puede ser…
¿Seguía sin superarlo…?
(…)
12 del mediodía. Una hora que usualmente utilizaban las personas para almorzar, dependiendo de los
hábitos de su casa.
El grupo de asesinos Blackguarly no era la excepción a esa regla.
La comida se componía simplemente de puré de patatas, un poco de pan horneado untado de
mantequilla, y unas chuletas de cerdo fritas.
Un almuerzo, que en otro momento no sería servido bajo su nariz de un noble ni de chiste.
Habiendo probado nada más que delicias y platos de chefs reconocidos, Sonata estaba anonadado de
que el olor incitara su hambre pese a la simpleza del platillo.
Pero ahora tenía otro problema más serio del que encargarse.
— A ver, di "Ahh"…
—…
No poseía las palabras necesarias para describir cuan degradante era tener a esta mujer tratando de
alimentarlo.
La sala estaba en silencio, con los otros dos hombres comiendo lentamente con un ojo puesto sobre él, a
quién tuvieron que traer a la sala de estar.
Y fue cuando Urano se acercó al caballero, y, tomando naturalmente su plato y una cuchara, comenzó a
alimentarlo.
Orochi no lo podía creer…
Mistic carraspea, viendo el apuro del peli-naranja.
— Ejem… Urano…
— ¿Qué pasa, Mistic?
— Sonata-Kun no está paralizado. Puede comer por su cuenta.
— Pero podría atacarnos.
— ¿Qué parte no entendiste de la cláusula de no agresión? Si lo hace, morirá en un santiamén.
Dijo Orochi, impaciente.
Urano bajó la cabeza.
— Uh, ok. Lamento eso, Nata-kun. El hábito es difícil de quitar…
Urano se disculpó, ruborizada.
— ¿Tenías el hábito de alimentar a alguien, Urano-San?
Urano se encogió como un ovillo, pero demostrando una grata sonrisa grabada en su rostro. Solo
indicaba que no le era desagradable hablar sobre el tema, aunque tuviera a un prisionero con ella.
— Fue necesario hacerlo con Oro-Kun durante un corto tiempo, nada más ni nada menos…
Al mismo tiempo que Urano terminó de hablar, Sonata trasladó sus ojos violetas a la persona en
cuestión. Este evadió su mirada, comiendo con normalidad.
— ¿Algún problema con ello?
— No… No es nada. Solo estoy asombrado… Tienes una novia muy hermosa.
— Nadie ha dicho que sea mi novia… La situación ameritó la participación de Urano. De otra manera, no
habría dejado que ocurriera.
Y sería extraño tener a Mistic alimentándolo.
Urano rodó los ojos, refunfuñando por la carencia de afecto de su líder.
El caballero aceptó el plato dando un afable "gracias" con la retirada de la chica. Debía decir que ahora
se sentía mucho mejor ahora que podía comer por su propia cuenta.
—…
Orochi le dio una mirada de reojo.
Tocando la esquina de su bufanda oliva, tragó saliva, esperando que este sentimiento de ansiedad
pasara.
Estaba enojado consigo mismo por no controlar los espasmos de miedo que recorrían su garganta, pero
la ira no calmaba la inquietud que continuaba erosionando su mente.
— ¿Sucede algo conmigo?
— ¿Por qué preguntas?
— He notado que me miras...
— ¿Por qué estaría mirándote? Hazme el favor de callarte un rato… No quiero que también arruines mi
comida… Ya hiciste suficiente al venir sin avisar…
— ¿Debería entonces haber mandado una carta?
— ¿Quieres morir?
Sonata sonrió a modo de respuesta. No le preocupaba morir.
El asesino se crispó, volviendo a su comida.
No pasaron alrededor de cinco minutos en la comida cuando un tumultuoso golpe seco sacudió la
puerta, enviando un ruido atronador por la sala-comedor.
— ¿Qué es eso?
Orochi de inmediato miró recelosamente al caballero que comía en silencio.
— No recuerdo decirle a nadie a donde iba…
—…
Eso decía, pero Orochi pensaba que podría estar mintiendo. Podría fingir ser un prisionero para lograr
infiltrarse a su base y hacer que sus compañeros rodearan la cabaña. No era un plan alocado, y no
dudaba que tuviera los recursos para ellos, pero sabía bien que eso era imposible.
Los miembros de Blackguarly se pusieron alertas, dejando sus platos de comida a un lado en la mesa.
— Lastimosamente, Orochi-San, no puedo utilizar las flores del sueño. La cláusula de Sonata-San
demanda mucho maná.
Orochi asintió. Era de esperar.
— Yo iré…
Orochi, el defensor y cabecilla del grupo, dio un paso adelante.
Hasta ahora no oyeron nada más aparte del golpe inicial.
Urano vigiló al caballero, esperando que no intentara nada estúpido. No podía dañarlos, pero sí
obstruirlos.
Los extremos de su bufanda se volvieron afilados. Pensaba soltar un golpe en cuanto abriera la puerta.
Era algo inquietante no oír nada del otro lado.
Procediendo con cautela, procedió a empujar la puerta de una sola vez.
— ¡...! ¿...?
No encontró a nada ni a nadie.
¿Qué demonios? ¿Nadie?
— No veo a nadie…
Dijo plano.
— ¿Nadie?
— Ah... No, me equivoqué; sí hay alguien.
— ¿Eh?
Solo al bajar la mirada, fue que Orochi notó algo más.
Una respiración carrasposa.
Tirado sobre el porque de la puerta, estaba un hombre en lamentables condiciones.
No tenía pinta de guerrero o caballero.
Por toda su piel mostraba cortes de mediana profundidad y que manchaban su traje negro de sangre.
Sus pantalones blancos como la nieve ahora estaban manchados de barro y tierra seca. Su cabello
reposaba desordenado sobre su rostro, el cual no podía ver claramente.
Inspeccionando más de cerca, encontró en su hombro una grotesca hendidura con numerosos dientes
incrustados.
— ¿Quién es este tipo…?
Dijo Urano, desentendida de su identidad. El resto estaba igual.
No era parte de los caballeros. Su ropa se veía demasiado simple para ello.
Pero seguía teniendo sus dudas.
— ¿Quién es él?
Le preguntó a Sonata, quien en algún punto estaba asomándose como el resto.
— No sé. Nunca lo he visto en mi vida.
Arrugó la cara. Miró a Mistic. Él negó.
Tch. No mentía.
Se oyó un gemido ronco. Urano tiró de su brazo.
— ¡Ah! Oro-Kun, acaba de moverse. ¡Está vivo!
Entonces estaba vivo...
¿Qué deberían hacer con él?
Miró a Sonata.
Sacando su pie, pellizcó el costado del hombre caído, de quién no sabía nada de nada. Podía comprobar
la leve incomodidad que causaba por los roncos quejidos del hombre caído.
Miró a su equipo. Urano tenía ojos de lástima. Sonata también.
Literalmente le estaban pidiendo que lo ayudara.
—...
Sus miradas se intensificaron.
Demonios...
— Bien.
La chica levantó los brazos, alegre. Sonata suspiró, aliviado.
(…)
Trajeron al chico inconsciente al interior cálido de la cabaña, cerrando tras sí la puerta. Mistic le dio de
beber un brebaje que calmaría su dolencia y le dio primeros auxilios. De todos allí, era como el
curandero del grupo que los cuidaba cuando estaban enfermos.
Su poder de lucha no era necesariamente alto, pero su apoyo en las batallas era sin duda encomiable.
Orochi miró desde un lugar seguro como Mistic atendía al chico. Al limpiarle el rostro con un paño
húmedo para quitarle la tierra, jadeó sonoramente.
Porque este chico era indudablemente apuesto.
Tan apuesto que daba envidia.
Su cabello era de un apacible color salmón, que disponía de sí cuantiosos mechones desordenados. No
podía ver el color de sus ojos detrás de sus largas pestañas oscuras.
Si no fuera suficiente, su rostro perfilado estaba a la par con la divinidad de Sonata. Dormido no paraba
de parecer el ser más hermoso de la tierra, haciendo que su irritación creciera.
— Es guapo.
— Nada del otro mundo.
— Pareces creer lo contrario.
— ¿Quieres morir?
Orochi, irritado, chistó la lengua.
Desde ahora odiaría a todos los tipos guapos. Sin excepción.
— Ya terminé el tratamiento básico, creo que debería estar bien… Tiene una gran vitalidad, de otro
modo no seguiría vivo.
Limpiándose el sudor de la frente, Mistic retrocedió un paso, para entregarle al grupo una mejor vista
del paciente recostado en la misma cama que colocaron a Sonata antes.
Como la ropa estaba sucia, tuvieron que sacarla, al menos la parte superior. Por lo tanto, ahora estaba
sin camisa, con numerosos vendajes envueltos desde su pecho, torso y cuello. Con lo herido que estaba,
no hubo daño sufrido a su rostro.
— ¿Acaso este tipo cuidó que nada le sucediera a su cara?
— No tengo idea, pero me sorprendió ver que no tuviera nada allí.
— Que guapo…
— Urano.
— Estoy segura que todos aquí pensamos lo mismo.
Todos volvieron a mirar al hombre dormido. Era preocupante que no hiciera mucho ruido al respirar. El
movimiento ascendente de su pecho era señal de que seguía vivo.
Sonata observó detenidamente al chico, con una mano puesta pensativamente en su mentón. Repasó
cada aspecto de su rostro, intentando remover el polvo de sus recuerdos nublosos.
No me es totalmente ajeno, pero a la vez no recuerdo conocerlo… ¿O solo es mi imaginación que se ha
vuelto loca?
— Ah…
El chico...movió los labios. Sus parpadeos se movieron.
Todos tensaron los músculos.
—Gh… Hk...
Con unos mechones rozando sus párpados, los separó, avistando un mundo nuevo, con un techo de
madera oscura.
Todos vieron unos hermosos e invaluables orbes fucsias, tan insólitos como su cabello salmón.
Ellos se movieron confusamente por el lugar, el techo, la habitación, y las personas que lo rodeaban…
Ahora que tenía su visión liberada, su hermosura no conocía límites.
Urano abrió su boca como una "O", hipnotizada por conocer a un hombre tan apuesto…
Esto molestó en gran manera a Orochi, se la apartó a su espalda y se colocó al frente del trío silencioso,
poniendo su fulminante mirada sobre el hombre recostado. Ahora que lo tenía despierto, era hora de
hacer un interrogatorio.
Y partió con una pregunta sencilla y que cualquier persona podría responder.
— ¿Quién eres tú?
— ¿Yo?
— Voy a matarte.
— ¡Ah, no! ¡Espera…! ¡Estaba confundido…!
Con la respuesta confusa y vacilante, Orochi perdió los estribos y concluyó que sería inútil seguir
hablando.
A su ira en ascenso, el hombre alzó las manos y pidió tiempo fuera.
Orochi se calmó con un toque a su espalda de Urano, respirando nuevamente.
El hombre hermoso respiró mejor cuando vio que guardaba los extremos afilados de su bufanda.
— M-Mi nombre es… Alex…Gracia…
— No entiendo por qué muestras dudas al decir tu nombre… Es obvio que andas ocultándonos
información.
— ¡...!
— Será mejor que contestes con la verdad y solo la verdad, o tu cabeza saldrá volando…
—…
A las terroríficas amenazas danzantes de Orochi, el chico se encogió.
— Haa. Tú ganas… En realidad me llamo Alexander Istogracia…
— ¡...!
Antes de que Orochi o el grupo reaccionara ante el nombre, Sonata ensanchó sus ojos y entreabrió la
boca. Más que demostrar sorpresa, un fuego maravillado refulgió de sus ojos violetas.
Reconoció el nombre... ¿Cómo no podría hacerlo? Sería un grave insulto no reconocer el nombre y
apellido de tremenda leyenda.
Procediendo con apremio, se arrodillo con una mano en su pecho, hablando cortésmente.
— Mis disculpas por no darles mis debidos respetos, Alexander-Sama…
— ¿...?
— ¡...!
Orochi enarcó una ceja, y el hombre llamado Alexander hizo una mueca angustiada.
A Sonata no le importó ser discreto y prosiguió hablando.
— Mi nombre es Sonata Kn—¡Mh!
— ¿¡Qué parte no entiendes de no causarnos problemas…!?
Orochi corrió a callarlo con una mano puesta sobre su boca. Se giró aprensivo, al notar la mirada extraña
del hombre.
Por cómo hablaba este hombre es un caballero. Demonios, ¿Ahora qué hago? Si reconoce a Sonata, esto
se convertirá en una guerra…
Antes de eso, debía matarlos a ambos en un soplido.
— Eh…
Alex se rascó el cabello claro y sonrió nerviosamente.
— Un placer conocerte, Sonata-Kun…
—…
— Por tu ropa deduzco que eres un caballero, un gusto cono…no, espera, ¿no dije eso ya?
—…
Sonata y Orochi no percibieron la incomodidad extrema del susodicho caballero.
— Por supuesto que no me conocería. Dada su alta posición como Caballero Astral—
— ¿Realmente tenías que decirlo?
— ¿...?
Por segunda vez, Sonata se preguntó qué estaba haciendo mal.
Pero Orochi ya no le importaba Sonata, ahora estaba más ansioso por la presunta identidad de este
hombre.
Él dijo "Caballero astral"… y ellos son…
Los caballeros astrales eran la élite de la élite. No había palabras para describir su importancia social,
política y militar. Tener uno solo como aliado haría una visible diferencia en el trato de los demás.
Y Sonata dijo que este hombre era uno.
No conocía todos los detalles sobre ellos. Algunos eran conocidos por todo el mundo, mientras que
otros apenas se mostraban al público. Al grupo de diez miembros los cubría un manto de misterio que
no podía desglosar fácilmente. Solo pocas personas además del rey los conocían a todos.
Si este hombre era uno…no imaginaba lo difícil que sería librar esta batalla.
Sonata solo necesitaba dar un pedido de ayuda al caballero.
Una gota de sudor goteó de su barbilla.
— Me gustaría obviar que soy un Caballero Astral… Si es posible…
— ¿Enserio?
— Sí. Aun no terminaste de presentarte…
— Ah, cierto… Soy Sonata Knight… Tal vez no me conozca personalmente, pero mi familia es
reconocida…
— Knight… ¿Esa familia de caballeros que comenzó hace poco?
— Sí, esa misma…
Este era el momento de la verdad.
Orochi se preparó para lo que vendría, una tremenda batalla de la que no sabría si saldría victoria. Antes
que nada debería matar rápidamente a Sonata y luego dejar de último al caballero astral. Era toda la
ventaja que podría tomar…
Aunque Sonata no pudiera herirlos directamente, seguía habiendo maneras de perjudicarlos… Eso era
seguro.
— Me gustaría saber qué acontecimientos desafortunados lo trajeron hasta aquí, de ser posible.
Sonata entró con preguntas que Orochi quería hacerle al caballero, haciendo que el grupo entero
ensanchara los ojos.
¿No tenía sus prioridades mal ubicadas?
— Eh, bueno…
Alexander desvió la mirada avergonzado.
— Eso…es complicado…
— Seguro debió ser difícil, pero no se preocupe… Ya atendimos la mayoría de sus heridas…
— Respecto a eso, gracias… Me sorprende no sentir nada de dolor…
Mistic se inclinó.
—Te di de beber un brebaje que remueve las dolencias por las heridas. Pero trata de no moverse
demasiado…
— Gracias.
Orochi se acercó sigilosamente a Sonata.
— ¿Qué intentas?
— No comprendo la pregunta.
— ¿Por qué no le pides ayuda?
— ¿Por qué debería pedirle ayuda?
— ¿Para salvarte?
— No me importa morir, si eso preguntas.
—...
Le dio grima.
— Tampoco me gustaría traerle problemas.
Le dio el doble de grima.
Orochi reprimió el grito que quiso emanar de su garganta.
No podía soportar a este hombre. O era un suicida que buscaba la muerte desesperadamente, o una
persona demasiado mansa.
Y cualquiera de los dos era insoportable.
— Pensar que terminaría conociendo a Alexander-Sama, que día más afortunado...
— ¿Este caballero astral es tan famoso?
— Sí… Es uno de los que tienen mayores logros y apariciones en público. No hay mucha gente que no
conozca su nombre…
— No tiene que ver con que es apuesto ¿verdad?
— ¿Qué?
— No, nada. Olvídalo.
— No entiendo cómo es que antes no noté que era Alexander-Sama. Su aura de guerrero
experimentado es difícil de obviar…
— ¿Aura…de guerrero?
Orochi miró al paciente en la cama, enarcando una ceja.
— ¿No es precipitado creer que es un farsante?
Aunque lo intentara, no podía ver en el caballero herido esa aura que rivalizara con el de un
comandante. Era adonis como una estatua cincelada por los dioses, pero además de eso, no se veía
como un guerrero experimentado.
— Es obvio que es el original.
— ¿Por qué estás tan seguro?
— Una mirada basta para reconocerlo.
¡Si dijo antes que no logró reconocerlo a la primera!
Orochi personalmente no conocía mucho de la sociedad y las figuras prominentes. La mayoría del
tiempo estaba viviendo pacíficamente con Urano y Mistic en esta cabaña y de vez en cuando aceptaba
un trabajo que tuviera buena paga.
— ¡O-Oh! Yo quiero oír alguna de tus anécdotas heroicas, Alex-Sama.
Otra pobre víctima fue Urano, que, juntando sus manos, se arrodilló frente a la cama y rogó por oír de
sus vivencias.
El caballero Alexander curveó sus cejas, preocupado por su emoción.
Y para empeorar…
— Ciertamente a mí también me gustaría oír de sus historias, si me permite.
Sonata se sumó con la mirada de un niño que oía las historias de su padre luego de un día de trabajo.
Ambos sonrieron a la espera del memorable relato de Alex.
—… Eh, pero yo…
—…
—…
—E-Entonces supongo que le contaré una…
Rendido por el par expectante, Alex suspiró sombríamente.
— ¿Será algún tipo de influencia mágica…?
— Tal vez.
— Pero estamos bien… Es mi caso, no siento nada más que lástima por el tipo… ¿Y en el tuyo?
— Algo similar. Aunque no sé muy bien por qué…
Y mientras hablaban, el pobre caballero se vio obligado a relatarles sus anécdotas al dúo insólito que
parecían hermanos, quienes se sentaron a oírle atentamente.
— Orochi-San.
Mistic, al lado de Orochi, formuló su nombre en voz baja, con una vacilación notable.
— ¿Qué…?
— Sonata-San… ¿Qué piensas hacer con él?
—…
Orochi pensó que era extraño que preguntara. Debería tenerlo claro.
— ¿Por qué vacilas, Mistic? Obviamente vamos a matarlo…
Dijo sin más. Sintió el espíritu de Mistic abatirse, quien lo disimuló con una sonrisa autocrítica.
— Sí... Solo quería comprobarlo.
— ¿...?
A decir verdad, Orochi comprendía la importancia de silenciar al apuesto caballero, pero cuando
pensaba en matarlo, un revoltijo de aversión y repugnancia invertían su estómago.
La sequedad asaltó su garganta, recordándole el dolor de la cicatriz que ya debería estar curada.
Tocó nerviosamente su bufanda, respirando más nerviosamente que al principio.
— ¿Crees que puedes matarme, Orochi?
La voz cansina y fría de su hermano sonó cercana a su oído. Sentía ese susurro real, mofándose de su
impotencia.
— Hk…
Jadeó, presintiendo la sombra de su hermano cernerse sobre su hombro, como su aliento cosquillear en
su mejilla.
El terror lo atacó inmediatamente, y sus pupilas se dilataron al sentir su corazón correr como loco.
— No puedo…
— ¿Eh?
Mistic, enarcó la ceja.
—…Ah…
Orochi regresó en sí, entreabriendo la boca. No notó que estaba sudando. No tardó en transformar su
boca en una sonrisa algo despreocupada.
— Creo que la comida me cayó mal. Me duele la cabeza.
Mistic asintió, algo escéptico con sus palabras.
— Supongo que fue algo demasiado pesado. Lamento eso.
— No, no es nada. Solo es una leve molestia.
Rascó de sí la voz de su hermano, esa voz perversa que clavaba temor dentro de su corazón.
Realmente lo odio…
— Entonces…
Volviendo al chico caballero… Él estaba con una mano tocando su frente, acentuando la hermosura con
la que nació gracias a sus padres, con el dúo de fanáticos ovacionando de alegría.
— ¡Increíble, Alexander-Sama! No podía esperar menos de sus grandes hazañas…
— ¡Tan propio de usted!
— Parece que nada mejoró realmente. Es más, empeoró….
Expuso Orochi asqueado y presagiando los problemas que tomaban mayor volumen.
— De todos modos…
Orochi apartó con sus manos al dúo que solo sabía decir "Increíble" y miró directamente al caballero
convaleciente, que se encogió bajo sus ojos carmesís.
— ¿S-Sucede algo?
— Nos gustaría saber cómo terminaste herido y tendido en nuestra puerta, dada la gran sorpresa que
nos llevamos.
— Ah, eso…
Desvió la mirada avergonzado.
Ya debería soltar la sopa si le preguntaban "amablemente" tal como Orochi sabía hacer. No le tenía el
apego suficiente como para tratarlo gentilmente, así que fue directo al punto que quería saber.
Alex se rascó la cabeza, diciendo melancólicamente.
— El pueblo donde me quedaba resultó ser gran fanática de mi persona, así que intenté escabullirme
por el bosque, pero no sabía que había una manada de Lobos boscosos y acabe siendo perseguido
durante treinta minutos, hasta que de alguna manera me deshice de algunos, pero me topé con una
cascada, y la tierra sucumbió bajo el peso mío y de los lobos. Cuando desperté intenté caminar pero solo
terminé arrastrándome… Supongo que fue así como llegué aquí…
—…
No necesitaba oír más. Orochi concluía que este tipo tenía mala suerte.
¿Y dónde estaba el recio guerrero que describió Sonata? Además de ser guapo no tenía nada más que lo
hiciera resaltar. Y no lo veía como un personaje que tuviera la capacidad de llevar a cabo hazañas
magnificas que fueran vitoreadas por la gente.
— Entonces así fue como terminaste muerto en la puerta…
— No digas cosas tan aterradoras, por favor.
Ya tenía suficiente con ese otro tipo, para tener que cuidar de otro.
Y para rematar, esos dos parecían hermanos por los colores similares de su cabello y ojos.
Le entraron ganas de tirarlos afuera y regresar a su pacífica vida.
— Si vas a darle gracias a alguien, que sea a Urano.
— Ciertamente. Pero también es un hecho que, de no permitirlo, yo no estaría aquí.
—…
Este tipo, aunque parecía idiota, tenía buen ojo.
— De todos modos…
Alexander respiró hondo, mirándolo a los ojos… o eso intentó durante los primeros segundos, pues
quedó tapiado bajo la dureza de su mirada, y desvió sus ojos a otro lado.
— Sería una vergüenza como caballero y como persona no regresarles el favor de atenderme cuando lo
necesitaba...
— Si no es problema, permítanme regresar al pueblo donde me hospedaba y traerles algo de dinero.
— Ah…
Orochi y Mistic se miraron el uno al otro.
Entró en la mesa el término "dinero", algo que ellos conocían bien y tenían en alta estima. De repente
sintió cómo le agradaba un poco más este chico. Solo un poco…
Pero sería algo peligroso…
Si este hombre descubría que eran criminales y que tenían capturado a un caballero no dudaría en
volverse en su contra.
Aunque…
Orochi, entreviendo por el rabillo del ojo, no encontró intenciones palpables o notables en Sonata de
pedir auxilio.
Y por la forma de actuar de Alexander, el chico no tenía idea de que estaba reposando en la morada de
inicuos asesinos a sueldo. Por supuesto, podría estar fingiendo.
Pero la oferta del dinero no podía pasarla.
Si podía conseguir más a cambio de sus esfuerzos, entonces saldría ganando.
Además que sería peligroso enfrentarlo sin saber de lo que era capaz.
— ¿¡Qué!? ¿¡Recibir dinero de usted!? ¡No podría…!
Urano levantó sus manos y negó con la cabeza en pánico.
— ¡S-Sería muy desvergonzado de mi parte pedirle dinero…! ¡Aunque, si eso es lo que usted quiere…!
¡Y-Yo…estaría encantada de tener su agradecimiento!
— Decídete si vas a rechazarlo o aceptarlo.
Farfulló Orochi entre dientes.
Miró a Mistic.
— Ve también, Mistic… Si va Urano, dudo que pueda mantener la cabeza fría así como está.
— Comprendido.
Aceptó Mistic sin más dilaciones.
Y ahora Orochi fulminó al caballero de cabello naranja, como una advertencia silenciosa.
Todo denunciaba que aunque Mistic estuviera lejos de la zona, la utilidad de la cláusula seguiría siendo
incuestionable. El peli-naranja debería saber esto mejor que nadie, y asentir a eso, pero…
— Hm…
— ¿Q-Qué?
Sonata, con cejas fruncidas y una expresión de puchero, estrujó los labios entre sí, sin parar de mirarlo
retraídamente.
— Me gustaría ir con Alexander-Sama…
— ¿¡Hah!? ¿¡En qué tipo de posición crees que estás!?
— Eso no evita que quiera ir. En la vida solo aparecen escasas oportunidades de conocer a una
celebridad. No quiero perderla.
— Incluso si dices eso…
"La Cláusula no te evitará intentar huir. Dejarte sin vigilancia sería una acción estúpida de nuestra
parte".
—…
La decepción de Sonata no encontró reposo dentro de sus bellas facciones, pues expuso abiertamente
su desánimo por tener que quedarse. ¿No era mayor que él?
Pero no podía permitir que saliera de aquí y tomara más riesgos. Mistic y Urano serían suficientes para
recolectar la recompensa del caballero astral…
No, espera….
Lo pensó mejor…
Si Mistic y Urrano se iban con Alexander al pueblo, él se quedaría "solo" con Sonata, la pseudo-
personificación de su hermano.
Se quedaría solo…
No sería un duro trabajo encerrarlo en una habitación, o tenerlo vigilado como lo tenían hasta ahora.
Pero...
La idea lo hacía sentir inquieto.
Y esta inquietud echaba raíces a una velocidad aterradora.
Quedarse a solas con Darkness no sería bueno… Temía lo que pudiera pasar…
Aunque estaba consciente de que Sonata y Darkness eran personas diferentes tanto en alma como
esencia, no podía separarlos uno del otro en cómo los percibía.
No… ¿Siquiera eran entes diferentes?
Ahora mismo, no podía diferenciarlos.
— En realidad…
— ¿...?
— Con Mistic será suficiente, así que Urano no tiene por qué ir…
— ¿¡Eh!? ¡Yo quiero ir…! ¡No me quiero quedar!
Claro que Urano no aceptaría mansamente la orden. Era su lado rebelde y mimado quién hablaba ahora.
Mistic levantó la mano para recibir el permiso de hablar, concedido por Orochi con un asentimiento
extrañado.
— En realidad…
"Ya va tocando ir por las provisiones de esta semana. Pensaba hacerlas una vez estuviera en el pueblo
de donde viene Istogracia-kun…"
—…
Por lo tanto, necesitaba que alguien llevara las compras.
Si no estuviera siendo fijamente observado por ellos, habría chistado la lengua de frustración por el fallo
de sus planes.
Pensó en otra cosa. Algo que no sonara raro…
— Urano puede hacerlo por ti.
— Dudo mucho que compre todo lo que necesitamos.
Además que seguro terminaría malgastando el dinero en cosas inútiles. Era una mujer, a fin de cuentas.
Orochi tragó saliva, humedeciendo sus labios.
— M-Mejor vamos todos.
No solo Mistic y Urano se asombraron, todos en la sala ensancharon los ojos por la sentencia final.
— ¿Y Nata-Kun?
Dijo Urano apropiándose de toda la lindura del mundo al jalar del brazo al caballero.
— Vendrá con nosotros…
— ¿¡EH!?
Incluso Sonata se maravilló, elevando su voz junto a la de los demás.
— ¿Por qué…?
— Prefiero evadir las preguntas por ahora. Que les conste que no cambiaré de opinión.
—….
Sus compañeros nunca antes vieron una voluntad de hierro como esa en su líder, que ahora se negaba a
darles explicaciones.
¿Qué cosa lo había hecho actuar así?
Eso, solo Orochi lo sabía.
(…)
— De todas maneras, este bosque es muy deprimente ¿no es así?
—…
Con ese comentario partiendo de la boca del galante caballero de pelo color salmón, el grupo de cinco
personas continuó caminando bajo las ramas secas de los árboles con rostros angustiados.
El silencio no fue placentero para Alexander, una persona que le gustaba los ambientes animados.
— ¿Cómos se siente, Alexander-Sama? ¿Puede caminar sin molestias…?
Preguntó el caballero que lo miraba con ojos de admiración, otra presión que debería soportar hasta
que se separaran.
Agachó la cabeza, plasmando una afable sonrisa.
— Uh, es un poco molesto por la herida en mi hombro, pero además de eso, estoy bien con caminar…
— Ya veo. Dígame si siente alguna molestia… Podría llevarlo sobre mi espalda si no puede más…
— ¡Eso sería muy vergonzoso, así que no gracias!
— ¿Podrían guardar silencio? Me está comenzando a doler la cabeza con sus tonterías…
Dijo Orochi masajeándose las sienes. Sus venas ya deberían haber explotado, pero hasta ahora seguía en
pie, tratando de soportar a estas personas.
— Mis disculpas, Orochi.
—…
Alexander lo llamó por su nombre apenas tuvo la oportunidad, algo a lo cual no pudo contestar
mordazmente. Saber su nombre sería un problema, pero afortunadamente el caballero no tenía idea de
quienes eran.
— Por cierto, Alex-Sama, ¿de dónde viene exactamente?
— Eso es obvio, Urano-San…
Sonata tomó el lugar de Alexander para responder con rostro de erudito dando una chara educativa.
— Alexander Istogracia-Sama nació en una pequeña aldea cercana a la frontera con Flyers, donde fue
reconocido por su gallardía y habilidad para resolver problemas sociales, y ser un experto capturando
maleantes. Al cabo de algunos años, a la edad de 13, el comandante Tesla lo reclutó dentro del cuerpo
del ejército por su incuestionable poder, para que al poco tiempo fuera nombrado caballero… Luego fue
reconocido por el rey, convirtiéndose finalmente en la élite de todos los caballeros del reino… Ahora
mismo la aldea donde nació en una ciudad prominente de fructífero comercio, gracias a la reputación de
Alexander-Sama.
— Ohh… Impresionante…
—…
Alexander quería exclamar que no fue algo tan fantástico como sonaba. Pasó por muchas penurias para
llegar a donde estaba, y se cansaba solo de oír las aclamaciones de las personas que lo admiraban.
De niño mostró entusiasmo, como cualquier otro, por los geniales caballeros que servían al reino. Pero
nunca esperó ser uno en persona. Era el tipo de devoción que funcionaba mientras estuviera ajeno a los
hechos.
Pero cuando se convirtió en uno de verdad, fue que comprendió que no era tan genial como sonaba.
Menos con su aplastante reputación, que rivalizaba con la del Primero Caballero Astral.
Por eso se ganó su refriega y casi lo mata una vez en un duelo. Esperaba no volverlo a ver en su vida.
Es por eso intentó tener bajo perfil, pero era imposible no reconocerlo a menos que la persona viviera
bajo una roca.
— ¿Puedo preguntar por qué se ve tan deprimido de repente, Alexander—Sama?
—No, no es nada.
— Esperen…
— ¿Eh?
Deteniendo al grupo, Orochi levantó su brazo horizontalmente, poniéndose como un impedimento para
que siguieran caminando de largo.
Mistic contrajo su semblante calmado, colocándose alerta al mirar los ojos de su líder.
— ¿Qué pasa, Orochi?
— Luego hablaré tendido sobre cómo me llamaste, pero por ahora…
Valiéndose Sonata de toda la libertad para llamarlo cansinamente por el nombre, recibió una queja
silenciosa.
Orchi dejó el asunto para más tarde, no sin antes decir sombríamente.
—… Un fuerte olor a sangre proviene del camino que seguimos…
—…
—… ¿Eh?
Sonata quedó sumido en el silencio, pero Alexander ensanchó sus ojos fucsias, comenzando a desplegar
una capa de sudor por su frente.
— ¿Olor a sangre? ¿Dices que viene de la aldea?
— Eso mismo. A menos que me digas que tenía programada una ejecución con guillotina…
—...
Todos sin excepción fueron a observar lo que verdaderamente ocurría. Al acercarse, oyeron algo más,
algo además de la respiración acelerada de Alexander.
Gritos furiosos y choques de armas, con una algarabía violenta desenvolviéndose.
Una caótica matanza imposible de imaginar.
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¡Analyn se reporta!
Dios, tuve que reescribir muchas escenas, cuya estructura estaba mal de principio a fin. No obstante,
como tenían detalles importantes, no podía borrarlas porque sí.
Que cansado.
Aparezco aquí pidiendo comentarios. No los va a matar poner uno.
Tengo curiosidad por saber qué personaje favorito tienen. Estoy atascada entre Darkness y Orochi.
Supongo que me gusta lo conflictivo XD.
De los personajes femeninos, mi favorita es Camelia.
Este capítulo tuvo tantos cambios que apenas se parece al original. Estuve toda la revisión pensando
"¿Qué me fumé cuando escribí esto? Ni siquiera tiene sentido." Supongo que por esos existen los
lectores beta, jaja.
Me pregunto si el capítulo tuvo sentido... Me preocupa si no fue demasiado caótico.
Muchos personajes aquí se sentían fuera de lugar, sin razones para sus acciones y procesos de
pensamientos pesados o muy superficiales, tanto que pensé "Wey, me puedes decir ¿por qué hiciste
eso?"
Tuve que entregarle sentido a cada acción y a cada diálogo. Me pregunto si cuando escribí este capítulo
estaba desanimada o algo, casi nada estaba bien.
Quien tuvo más correcciones fue Etanol y Sonata. Estos tíos estaban tan incoherentes que ya no
parecían personajes. Nadie habría estado contento con su pobre desglose. Solo espero que el siguiente
capítulo no esté tan raro y flojo.
Por cierto... ¡FELIZ AÑO 2025! ¡Espero que este año esté lleno de estrenos que estén a la altura de
nuestras expectativas, sea de anime, películas, manga o demás!
Ah, y aunque esto no tiene nada que ver, ¿¡realmente era necesario matar otra vez a Shadow en Sonic
3!? ¿Qué les costaba dejarlo vivo?
Ni siquiera necesitábamos que se uniera al grupo. Con que estuviera vivo, viviera en una montaña, y
Sonic le diera una que otra visita, ¡habría estado contenta!
Cuando aparecieran problemas, se sumaría a ayudarlos, ¡lo que habría sido genial!
Pero no, decidieron matarlo. Allí si siguen el canon, ¿eh? (Aunque solté lágrimas con la actuación estelar
de Jin Carrey como Eggman y los últimos momentos de Shadow, ¿qué les cuesta hacerlo feliz?)
Además que apareció Amy Rose, eso fue bajo. Yo en modo "Apareció Sakura, demonios. Hora de buscar
mi cruz mata vampiros." Pero bueno, ¿qué puedo hacer?
Con esto, Sonic Prime sigue siendo mi serie favorita, dado que Shadow trabaja codo a codo con Sonic y
no muere. Al menos tengo el consuelo de ese universo.
Bueno, ya hablé demasiado. Seguro nadie llegó al final de esto. ¡Analyn se despide! ¡Bye bye!
