Capítulo 8: Risas que duelen

El aire en la habitación se tornó espeso después de la confesión de Kagome. Inuyasha la miraba fijamente, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Sus ojos dorados reflejaban sorpresa, duda… y algo más que ella no supo descifrar.

Kagome, sintiendo el peso de su propia declaración, se removió nerviosa en su lugar.

Kagome (titubeando):"¿Inuyasha…?"

De repente, una carcajada retumbó en la sala. Inuyasha echó la cabeza hacia atrás y comenzó a reír con fuerza.

Inuyasha (riendo):"¡Ja! ¡Qué buena broma, Kagome! Por un momento casi me lo creo."

Kagome parpadeó confundida, sintiendo cómo el calor subía a su rostro. No podía creer lo que acababa de escuchar.

Kagome (tartamudeando):"Yo… sí… claro… era una broma."

Kagome también forzó una risa, aunque sonaba vacía y carente de emoción. Su corazón latía descontrolado, no por amor esta vez, sino por la vergüenza que la consumía.

Inuyasha (cruzando los brazos con una sonrisa burlona):"Si puedes inventar historias tan rápido, ¿por qué no haces lo mismo en tu trabajo? Te la pasas perdiendo el tiempo en la computadora y no veo nada claro. No sé cómo Koga te contrató si eres tan tonta."

Kagome sintió como si la hubieran abofeteado. Su risa murió en el acto. Sus puños se cerraron con fuerza y sintió un nudo en la garganta. Tragó saliva, tratando de contener las lágrimas de humillación.

Kagome (con voz temblorosa, apretando los dientes):"De verdad… debo estar loca."

Sin darle oportunidad de responder, giró sobre sus talones y se marchó rápidamente a su habitación, cerrando la puerta con un golpe seco.

Inuyasha dejó de sonreír. Algo en el tono de Kagome y la forma en la que se marchó le dejó una sensación incómoda en el pecho. Se pasó la mano por el cabello, soltando un suspiro pesado.

¿Por qué se sintió tan mal cuando la vio irse así?

Kagome cerró la puerta de su habitación de un golpe, se dejó caer sobre la cama y cubrió su rostro con ambas manos.

Kagome (para sí misma):"Tal vez fue un golpe de calor… sí, eso debe ser. No hay otra explicación."

Se sentó de golpe y se abrazó las rodillas.

Kagome:"¿Cómo podría estar enamorada de alguien que me trata así? Debo estar loca. ¡Sí, eso es! ¡Estoy completamente loca!"

Pero por más que intentaba convencerse de lo contrario, su corazón latía con fuerza al recordar a Inuyasha.

Mientras tanto, en la sala, Inuyasha se quedó sentado, sosteniendo una cerveza fría. Le dio un trago largo y suspiró, su mente divagando.

No podía dejar de pensar en el beso que Kikyo le había dado esa tarde en el parque.

Inuyasha (para sí mismo):"¿Por qué sigo recordándolo…?"

Suspiró y tomó otro trago.

A la mañana siguiente el sol entraba por la ventana cuando Kagome ya estaba sentada en su escritorio, concentrada en su trabajo. El sonido de los pasos de Inuyasha bajando las escaleras interrumpió su concentración.

Inuyasha (casual):"Voy a salir."

Kagome siguió escribiendo sin prestarle atención.

Inuyasha (con una sonrisa burlona):"Te quiero mucho… del cielo a la tierra."

Kagome levantó la vista lentamente, mirándolo con puro odio.

Se estaba burlando de lo que ella le había dicho en su confesión.

Kagome (pensando, apretando los dientes):"¡Maldito! ¿Cómo puede ser tan cruel?"

Pero no respondió. Simplemente volvió la vista a su pantalla, ignorándolo por completo. Inuyasha soltó una risa baja y salió de la casa.

Inuyasha entró a la boutique de Kikyo y no pudo evitar sentirse más ligero al verla. Kikyo se probaba varios atuendos frente a un espejo, girando sobre sí misma con gracia.

Kikyo (sonriendo):"¿Qué te parece este?"

Inuyasha la observó por un momento antes de responder.

Inuyasha:"Te ves bien."

Kikyo sonrió, satisfecha, y regresó al probador.

Kikyo:"Tengo varias entrevistas pronto, necesito verme impecable."

Inuyasha asintió y se dejó caer en una silla mientras ella seguía eligiendo ropa.

Kikyo:"¿Quieres cenar conmigo esta noche?"

Inuyasha (sin dudar):"Sí, me parece bien."

Kikyo le dedicó una sonrisa antes de volver a probarse otro atuendo.

Más tarde, en la oficina de Inuyasha, Una entrevista sobre su nueva película estaba en curso. El reportero hacía preguntas sobre la producción, su papel y las expectativas para el estreno.

Para cerrar, el reportero tomó un tono más curioso.

Reportero:"Inuyasha, sabemos que Kikyo ha sido tu estilista en varias ocasiones, ¿es cierto?"

Inuyasha:"Sí, así es."

Reportero:"Se les ha visto juntos en varias ocasiones, solos. Y bueno… aunque estás casado, hay rumores sobre tu cercanía con ella."

Inuyasha mantuvo la calma y respondió sin titubear.

Inuyasha:"Kikyo y yo somos amigos de la infancia, nada más."

El reportero no pareció completamente convencido, pero dejó el tema ahí.

Después de la entrevista, Kaede lo llamó a su oficina.

Kaede (seria):"Inuyasha, tienes que tener más cuidado con tu imagen."

Inuyasha frunció el ceño.

Inuyasha:"¿A qué te refieres?"

Kaede:"No puedes estar viéndote con Kikyo a solas cada vez que quieras. Eres una figura pública y la gente habla. No podemos permitirnos escándalos."

Inuyasha suspiró, cruzando los brazos.

Kaede:"Para limpiar cualquier duda, organicé una entrevista y un reportaje en tu casa."

Inuyasha:"¿Qué? ¿En mi casa?"

Kaede (asintiendo):"Así es. La prensa necesita ver que tu matrimonio con Kagome es real. Mostrarán cómo es tu vida de casado."

Inuyasha se pasó la mano por el cabello, sintiendo un leve dolor de cabeza.

Inuyasha (pensando):"Genial… justo lo que necesitaba."

Lo que menos quería era pasar más tiempo con Kagome después de lo que había pasado la noche anterior. Pero no tenía opción.

Kikyo seguía probándose ropa frente al espejo cuando la campanilla de la tienda sonó, anunciando la llegada de un nuevo cliente.

Miroku:"Buenas tardes, Señorita."

Ella giró con una sonrisa, pero su expresión cambió al ver las bolsas que Miroku llevaba en las manos.

Kikyo:"¿Qué traes ahí?"

Miroku dejó las bolsas sobre el mostrador con tranquilidad.

Miroku:"Es la ropa que ya usó Inuyasha. Me pidió que la trajera para que la devolvieras a la boutique."

Kikyo levantó una ceja, cruzando los brazos.

Kikyo:"¿Por qué no vino él?"

Miroku la miró con una expresión seria, sin su usual aire relajado.

Miroku:"Porque no podrá cenar contigo."

Kikyo frunció el ceño, confundida.

Kikyo:"¿No podrá? ¿Por qué no me lo dijo él?"

Miroku suspiró y apoyó los codos en el mostrador, mirándola fijamente.

Miroku:"Me enviaron a decirte que Inuyasha estará muy ocupado para verte de ahora en adelante."

Kikyo sintió un pequeño nudo en el estómago, pero mantuvo su expresión neutral.

Kikyo:"¿Me estás diciendo que no quiere verme?"

Miroku:"No es eso… pero la verdad es que ya no es conveniente."

Kikyo entrecerró los ojos.

Kikyo:"¿Y quién decidió eso? ¿Inuyasha o tú?"

Miroku:"Kaede, principalmente. Pero Inuyasha tampoco lo negó."

Kikyo miró hacia otro lado, reprimiendo su molestia.

Miroku:"Además, Kikyo…"

Ella volvió a verlo, esperando su siguiente frase.

Miroku:"Kagome es mi amiga. No quiero que te metas entre Inuyasha y ella."

Kikyo se quedó en silencio por un momento antes de soltar una risa seca.

Kikyo:"¿Entre ellos? No hay un 'ellos'. No me hagas reír"

Miroku (serio):"Tal vez no ahora. Pero Kagome es su esposa, y no está bien que la gente siga especulando sobre ti e Inuyasha."

Kikyo apretó los labios, sintiendo una extraña mezcla de enojo y tristeza.

Kikyo:"Entiendo… así que me están alejando."

Miroku:"Solo por ahora. Es lo mejor para todos."

Kikyo se quedó pensativa mientras Miroku tomaba las bolsas vacías y se despedía con una leve inclinación de cabeza.

Cuando él salió de la tienda, Kikyo se quedó mirando su reflejo en el espejo.

Kikyo (pensando):"¿Por ahora? No estoy tan segura de eso…"

Suspiró y se quitó la chaqueta que estaba probándose, sintiendo que la cena que había planeado se desmoronaba como arena entre sus dedos.

El sonido de los cubiertos chocando contra los platos llenaba el comedor mientras Kagome e Inuyasha comían como de costumbre. Aunque peleaban casi a diario, en momentos como ese parecían llevarse bien, incluso si el ambiente a veces se tornaba tenso.

Inuyasha:"Mañana vendrán a hacer una entrevista en casa."

Kagome lo miró con curiosidad mientras cortaba un trozo de su comida.

Kagome:"¿Tan de repente? ¿Desde cuándo hacen entrevistas de último minuto?"

Inuyasha apartó la mirada, sin querer decirle la verdadera razón detrás de la entrevista.

Inuyasha:"Pasa todo el tiempo. Es normal."

Kagome sintió que algo no cuadraba, pero no insistió. En cambio, giró los ojos y suspiró.

Kagome:"¿Tendré que ir con un estilista para que me maquillen y me peinen?"

Inuyasha, con su típica actitud burlona, dejó escapar una carcajada.

Inuyasha:"¿Para qué? Los pollos no se maquillan."

Kagome lo fulminó con la mirada y le lanzó una servilleta a la cara.

Kagome:"Lo decía por ti, no quiero que piensen que tienes una esposa fea. Si tu carrera se va a la ruina, ¿quién me va a pagar por limpiar la casa?"

Inuyasha le devolvió la servilleta con una sonrisa divertida.

Inuyasha:"Vaya, qué generosa. Debería sentirme afortunado."

A pesar de las burlas, la conversación fluyó con ligereza, permitiéndoles disfrutar la cena sin mayores problemas.

Mas tarde Kagome subió a su habitación y se dejó caer sobre la cama, disfrutando de un momento de tranquilidad. Sin embargo, su celular sonó, interrumpiendo su descanso.

Kagome:"¿Sango?"

Al contestar, escuchó la voz de su amiga al otro lado de la línea.

Sango:"¡Kagome! Te llamo porque hay algo que debes saber."

Kagome frunció el ceño, percibiendo la seriedad en su tono.

Kagome:"¿Qué pasa?"

Sango:"Se dice que la entrevista en tu casa no es cualquier entrevista. La están haciendo porque hay rumores de que Inuyasha te está engañando con Kikyo."

El corazón de Kagome dio un vuelco.

Kagome:"¿Rumores?"

Sango:"Sí. Han salido fotos de ellos juntos, y la gente está empezando a hablar. Quieren limpiar la imagen de Inuyasha mostrándolo como un esposo ejemplar."

Kagome apretó el teléfono con fuerza. Lo que Sango decía tenía sentido… así que por eso Kaede había organizado la entrevista.

Sango:"Kagome, me parece injusto. Él puede verse con quien quiera mientras tú solo estás esperando que el contrato termine para poder salir con Koga. ¿No te molesta?"

Kagome mordió su labio inferior, sintiendo un pequeño nudo en la garganta.

Kagome:"Inuyasha y Kikyo solo son amigos. No hay nada de qué preocuparse."

Sango:"¿Estás segura?"

Kagome:"Sí… lo estoy."

Intentó sonar convencida, pero apenas colgó la llamada, la tristeza la invadió. Podía mentirle a Sango, pero no a sí misma. El mundo entero veía a Inuyasha como un hombre infiel… y, aunque ella no quisiera admitirlo, en el fondo, la idea de que él pasara tiempo con Kikyo dolía más de lo que le gustaría aceptar.

El sonido de las olas rompiendo en la playa cercana llenaba el aire mientras el fotógrafo organizaba la siguiente toma. El sol iluminaba suavemente la casa, dándole un brillo especial, casi mágico. Kagome e Inuyasha se miraban con una mezcla de nerviosismo y curiosidad. La sesión fotográfica había sido más intensa de lo que esperaban. Cada pose, cada acercamiento, los había llevado a un punto en el que ambos podían sentir que algo había cambiado.

—Para la portada… —dijo el fotógrafo, acomodando su cámara— ¿Podrían compartir un beso?

Kagome sintió cómo su corazón se detenía por un segundo. Sabía que no era la primera vez, pero algo en la petición la ponía tensa.

Inuyasha, sin decir palabra, giró suavemente hacia ella y la tomó con firmeza. Su mano izquierda rodeó su nuca con naturalidad, mientras su pulgar acariciaba su mejilla. Kagome trató de relajarse, pero no podía. Porque este beso venía a solidificar lo que ella ya sabía en lo más profundo de su corazón.

Me enamoré de Inuyasha.

Por su parte,Inuyasha sintió una sensación extraña llenarlo desde el pecho hasta la punta de los dedos. Kagome tenía un aroma dulce, y la calidez de su piel bajo su tacto le resultaba inquietante.

¿Por qué se siente tan bien?

Pero no podía permitírselo.

No cuando le había prometido a Kikyo estar a su lado.

El fotógrafo aclaró la garganta, sacándolos abruptamente del momento.

—Perfecto, ya tengo la toma.

Kagome se separó rápidamente, desviando la mirada mientras sentía su rostro arder. Inuyasha suspiró y se pasó la mano por la nuca, tratando de recuperar la compostura.

Ya dentro de la casa, la entrevista comenzó en la sala.

—Tienen una casa hermosa —comentó el reportero, revisando sus notas.

InuyashayKagomeasintieron al unísono.

Kagome: Mi papá la diseñó y construyó cuando yo era una bebé.

El reportero pareció interesado.

Reportero: ¿Vivías aquí antes de casarte?

Kagome: Sí, siempre he vivido aquí. Las flores y los árboles los plantó mi mamá. Todo lo que hay aquí representa una memoria de mi vida. No es solo una casa, es parte de quien soy.

Inuyashala miró de reojo y, sin darse cuenta, agregó con suavidad:

Inuyasha: Incluso tiene nombre.Full House.

Kagome giró rápidamente hacia él, sorprendida.

Inuyasha: Así le puso mi suegro fallecido —continuó, mirándola de una forma que la dejó sin aliento—. Porque representaba un hogar lleno de amor.

Kagome no pudo evitar sonreír. Él recuerda…

El reportero, satisfecho con la historia, decidió cambiar de tema.

Reportero: Díganme, ¿Inuyasha ayuda en las labores del hogar?

Inuyashasonrió con arrogancia antes de responder:

Inuyasha: Ojalá pudiera, pero soy una persona muy ocupada.

Kagome: No es cierto —interrumpió con una sonrisa traviesa—. Hoy limpió toda la casa para que estuviera presentable.

Inuyasha soltó una risa nasal y miró hacia otro lado, fingiendo no darle importancia.

Pero la siguiente pregunta del reportero lo hizo ponerse alerta.

Reportero: Kagome, ¿conoces a Kikyo?

Un silencio incómodo se instaló por un segundo.

Inuyasha se tensó, preguntándose cómo Kagome respondería.

Sin embargo,Kagomese adelantó con una soltura impresionante:

Kagome: Sí, claro. Es amiga de Inuyasha desde que tienen nueve años. Además, es su estilista.

El reportero alzó una ceja.

Reportero: Se dice que son muy cercanos…

Kagome: —Lo son —afirmó con naturalidad—. Son mejores amigos, se ayudan y se aconsejan. Me parece muy bien que Inuyasha tenga a alguien así en su vida.

Inuyasha la observó con atención. Kagome… ¿realmente cree eso?

No supo por qué, pero su respuesta lo hizo sentir incómodo. Como si algo no encajara del todo.

La puerta se cerró con un sonido seco cuando la última persona salió de la casa. El eco del silencio los envolvió de inmediato.

Kagome suspiró y se dirigió a la cocina, buscando un vaso de agua. Sentía la garganta seca, pero no estaba segura si era por la entrevista o por todo lo que había sentido durante ella.

Las risas compartidas, la cercanía, la calidez de los labios de Inuyasha sobre los suyos… Todo seguía vibrando en su piel, en su pecho, en cada latido acelerado de su corazón. Pero también estaba la realidad innegable que la golpeaba sin piedad: ante el mundo, ella era la esposa engañada.

Inuyashala siguió con las manos en los bolsillos, apoyándose despreocupadamente contra la encimera. Sus ojos dorados la observaban con una intensidad a la que Kagome intentaba no sucumbir.

Inuyasha: —Oye… ¿por qué dijiste eso de Kikyo en la entrevista? Dijiste que no te caía bien.

Kagome se detuvo con el vaso a medio camino de sus labios. Claro que no le caía bien. La sola idea de Kikyo lo hacía todo más complicado, más doloroso.

Kagome: —Porque ni ella ni tú me caen bien, pero no podía decir eso frente a las cámaras.

Inuyasha frunció el ceño. Sabía que ella estaba esquivando algo, pero no insistió en ello de inmediato.

Inuyasha: —¿Qué dijiste de mí?

Kagome tomó un sorbo de agua y, fingiendo desinterés, desvió la mirada.

Kagome: —Si vas a seguir saliendo con Kikyo, al menos podrías ser discreto. No me gusta que la gente sienta lástima por mí.

Inuyasha la miró fijamente. Esa palabra no le gustó en absoluto.

Inuyasha: —¿Lástima? ¿Por qué sentirían lástima?

Kagome dejó el vaso en la mesa con más fuerza de la necesaria.

Kagome: —Porque a los ojos del mundo estás siendo infiel. Sé que no somos esposos de verdad, pero aun así me molesta lo que la gente piensa.

Inuyasha apretó los labios, como si su orgullo le impidiera darle la razón. Pero en su interior, no podía ignorar la punzada de culpa que lo atravesó.

Inuyasha: —¿Infiel? Solo salí con mi amiga. ¿Entonces qué dirían de ti cuando sales con Koga?

La mención de Koga solo avivó el malestar en Kagome.

Kagome: —No es lo mismo. Koga y yo nos reunimos por cosas de trabajo.

Inuyasha bufó con molestia, pero no respondió. Kagome cruzó los brazos, sintiendo que la conversación estaba tomando un rumbo que no le gustaba. No quería pelear, no después de la conexión que habían sentido ese día.

Kagome: —En todo caso, por favor, sé más discreto. La próxima vez no te voy a cubrir con entrevistas.

Inuyasha: —¿Ah, no?

Kagome alzó la barbilla, desafiante.

Kagome: —No. Y si sigues así, tampoco te haré comida.

Inuyasha arqueó una ceja con diversión, como si no tomara en serio su amenaza, pero en el fondo, la idea de perder sus comidas caseras lo inquietó más de lo que admitiría.

Kagome: —Es triste que solo pueda amenazarte con eso…

El silencio se hizo pesado entre ellos por un momento. Inuyasha la observó con detenimiento, como si estuviera debatiéndose entre decir algo o no. Finalmente, habló con un tono más bajo, más sincero.

Inuyasha: —También podrías amenazarme con irte de la casa. Ya lo has hecho antes.

Kagome sintió que su corazón se apretaba en su pecho. Había algo en su voz, en la manera en que lo dijo, que la hizo contener la respiración.

Kagome: —¿Te importa que me vaya?

Inuyasha bajó la mirada por un instante, como si no quisiera responder. Cuando lo hizo, su voz sonó más suave, más cruda.

Inuyasha: —…La casa se siente muy sola cuando no estás.

Kagome sintió un nudo en la garganta. Su corazón latía con fuerza. No era solo lo que él decía, era la forma en que lo decía. Como si cada palabra pesara más de lo que debía.

Inuyasha: —Todo se siente oscuro y vacío.

Por un momento, solo hubo silencio. Un silencio cargado de sentimientos que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Pero entonces, Inuyasha pareció darse cuenta de lo vulnerable que sonaba. Carraspeó y desvió la mirada.

Inuyasha: —Digo… se siente oscuro porque no estás aquí para prender las luces.

Kagome sonrió con ternura, queriendo aligerar la situación sin perder la calidez que se había formado entre ellos.

Kagome: —¿O es por el fantasma del que me hablaste?

Inuyashala fulminó con la mirada, su gesto tierno transformándose en fastidio en un segundo.*

Inuyasha: —Contigo no se puede hablar.

Sin más, salió de la cocina, dejándola sola. Pero Kagome no se movió. Se quedó ahí, con una sonrisa pequeña y el corazón latiendo con fuerza.

Sabía lo que Inuyasha quería decirle.

Sabía que lo que ella sentía… él también lo estaba experimentando.

Inuyasha se encontraba en su habitación cuando el sonido de su teléfono vibrando interrumpió el silencio.

Al ver el nombre en la pantalla, su corazón se aceleró.

Kikyo.

Por un instante, dudó. No sabía si responder o no. Últimamente, todo con ella se sentía más pesado, más incómodo. Pero al final, su pulgar se deslizó sobre la pantalla, aceptando la llamada.

Kikyo: ¡Inuyasha! ¡Por fin contestas! Pensé que estabas evitando mis llamadas.

Inuyasha cerró los ojos un momento, apoyándose contra la pared.

Inuyasha: No es eso… solo he estado ocupado.

Kikyo: Bueno, entonces ven a verme hoy.

Su tono era efusivo, como si fuera lo más natural del mundo. Como si no hubiera pasado semanas sin verlo en persona.

Inuyasha: No puedo.

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea. Entonces, Kikyo insistió con la misma naturalidad.

Kikyo: Entonces mañana.

Inuyasha: Mañana también estaré ocupado. Tengo una sesión de fotos. Mandaré a alguien a recoger la ropa que voy a usar.

Kikyo chasqueó la lengua, claramente molesta.

Kikyo: ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué ya no quieres verme? ¿Kagome te ha dicho algo?

Inuyasha frunció el ceño. La mención de Kagome le revolvió el pecho, pero no dejó que su voz lo delatara.

Inuyasha: No tiene nada que ver con ella. Solo estoy ocupado.

Kikyo dejó escapar un suspiro frustrado, y su tono se volvió más frío, más demandante.

Kikyo: No digas tonterías, Inuyasha. Sé que me estás evitando. Te veré en el bar de siempre. Ahora mismo.

Antes de que pudiera responder, la llamada terminó.

Inuyasha apretó el teléfono en su mano y dejó escapar un gruñido bajo. Sentía una mezcla de molestia y cansancio, pero algo en su interior lo empujaba a salir de la casa.

Kagome estaba en la cocina, revisando la cena que ya casi estaba lista. Movía la cuchara distraídamente, sin poder borrar la sensación extraña que había quedado después de la entrevista. A pesar de que habían tenido un momento de cercanía, algo en Inuyasha seguía distante. Algo que no terminaba de entender.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó pasos bajando las escaleras. Giró la cabeza y vio a Inuyasha dirigiéndose a la puerta, sin siquiera mirarla mucho.

Kagome: ¿Vas a salir?

Inuyasha se detuvo por un segundo, como si dudara, pero luego asintió sin mirarla directamente.

Inuyasha: Sí.

Kagome frunció el ceño, sintiendo un malestar inexplicable en su pecho.

Kagome: ¿Por cuánto tiempo? La cena ya casi está lista.

Por alguna razón, esperaba que él reconsiderara, que se quedara. Pero en lugar de eso, Inuyasha solo respondió con voz seca.

Inuyasha: No me esperes. Tomará mucho tiempo.

Kagome sintió un nudo en la garganta. No le gustaba la forma en que él la estaba tratando, como si fuera una simple conocida y no su esposa… incluso si su matrimonio era una farsa.

Sin poder evitarlo, preguntó lo que más le dolía saber.

Kagome: ¿A dónde vas?

Inuyasha no respondió. Solo giró la perilla y salió por la puerta sin siquiera mirarla una última vez. Kagome se quedó ahí, inmóvil, con la cuchara en la mano y la cena humeando en la estufa. Pero ya no tenía hambre. Solo sentía un vacío extraño, un peso sobre su pecho que no podía ignorar. Sabía perfectamente a dónde había ido. Y con quién.

El ambiente en el bar estaba cargado de murmullos y risas, pero en la cabina donde Kikyo e Inuyasha estaban sentados, la tensión era palpable. La luz tenue iluminaba sus rostros, resaltando la incomodidad en sus expresiones. Frente a ellos, dos vasos con whisky permanecían casi intactos.

Kikyo fue la primera en romper el silencio, con una mirada inquisitiva sobre Inuyasha.

Kikyo: No entiendo por qué me estás alejando. Este no es el primer escándalo en el que te meten. Ya deberías estar acostumbrado. Y tú mejor que nadie sabes que no es verdad que eres un esposo infiel.

Inuyasha bajó la mirada, apretando los puños sobre la mesa. Su mandíbula se tensó antes de responder.

Inuyasha: No quiero que hablen de ti. Quiero protegerte.

Kikyo parpadeó, sorprendida por la seriedad de su voz. Inuyasha levantó la mirada y, por primera vez en mucho tiempo, la vio directamente a los ojos. Su expresión era pura honestidad, algo que la hizo removerse en su asiento.

Inuyasha: No quiero que estés triste… porque eso me pone triste a mí.

Kikyo sintió un nudo en la garganta. Nunca antes lo había escuchado hablar así. Sabía que Inuyasha se preocupaba por ella, pero ahora, por primera vez, lo veía con una claridad inquietante.

¿Qué significaba eso para él? ¿Y qué significaba para ella?

Un silencio incómodo se extendió entre ambos, sintiéndose como horas. Ninguno de los dos sabía qué decir, hasta que Kikyo finalmente decidió retomar la conversación.

Kikyo: Koga nunca olvida enviarme un regalo en mi cumpleaños. Incluso cuando estaba en Nueva York, siempre llegaba algo de su parte.

Inuyasha frunció el ceño, sin entender por qué mencionaba a Koga de repente.

Kikyo: Después me enteré de que era su secretaria quien se encargaba de los regalos.

Dejó escapar una risa vacía y bebió un sorbo de su whisky antes de continuar.

Kikyo: Aun así, me sentía bien… Estaba enamorada de un hombre cuya secretaria me enviaba regalos. Un hombre que todas deseaban, pero que solo me prestaba atención a mí.

Sus dedos juguetearon con el borde del vaso mientras hablaba, perdida en sus pensamientos.

Kikyo: ¿Seré una tonta por amarlo por esas cosas?

Inuyasha sintió un peso en el pecho. La forma en que Kikyo hablaba de Koga, con esa mezcla de nostalgia y resignación, le hacía preguntarse si ella misma estaba empezando a aceptar lo inevitable.

Kikyo soltó un suspiro y apoyó el codo sobre la mesa, descansando su barbilla en su mano.

Kikyo: Tal vez sea hora de dejarlo ir.

Las palabras golpearon a Inuyasha como una ola inesperada. Kikyo apartando a Koga de su vida… significaba que ella podría finalmente abrirse a él. A su promesa. A lo que habían construido juntos durante años.

Kikyo levantó la mirada y lo observó con una pequeña sonrisa.

Kikyo: Y si lo dejo ir… tú podrías estar conmigo.

Los ojos de Inuyasha se abrieron de par en par. Su corazón latió con fuerza en su pecho. No estaba seguro de si había escuchado bien, pero antes de que pudiera decir algo, Kikyo rió suavemente y agitó una mano en el aire.

Kikyo: Tranquilo, era una broma. No tienes que asustarte así.

Pero la sonrisa de Kikyo no le llegó a los ojos. Algo en su voz, en su forma de decirlo, le decía que no era una broma del todo.

Kikyo: Lo único que sí es cierto es que debes cumplir tu promesa, Inuyasha. No me dejes ir hasta que yo te lo pida.

Inuyasha sintió su pecho apretarse. Su mente era un caos. Kikyo aún no estaba lista para dejar a Koga, pero tampoco quería que él la soltara. Y él… él no podía rechazarla. No después de todo lo que le había prometido.

Pero entonces, su mente lo traicionó.

La imagen de Kagome apareció de golpe.

Su risa cuando cocinaban juntos, la forma en que lo molestaba con tonterías, su sonrisa cuando hablaba de su casa con tanto amor.

La casa se sentía vacía sin ti…

Kagome.

¿Dónde quedaba ella en todo esto?

A la tarde siguiente Kagome estaba sentada en la lujosa oficina de Koga, con una taza de café humeante entre sus manos. Frente a ella, Koga leía con atención la sinopsis que le había entregado, sus ojos recorriendo cada línea con interés. Kagome esperaba ansiosa su reacción, mordiendo el borde de su labio sin darse cuenta.

Koga: Hmm… veo que estás mejorando.

Kagome contuvo la respiración mientras Koga levantaba la vista y le sonreía con aprobación.

Koga: Tienes un gran potencial.

Los ojos de Kagome brillaron de emoción. Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro.

Kagome: ¡Eso me pone muy feliz!

Koga sintió una calidez inesperada en el pecho al verla sonreír así. Le gustaba la energía que Kagome desprendía, la forma en que sus ojos se iluminaban cuando hablaba de lo que le apasionaba. Sin darse cuenta, se quedó mirándola por unos segundos más de lo necesario.

Koga: Por cierto, ¿qué te pareció la nueva película de Inuyasha?

Kagome parpadeó y desvió la mirada.

Kagome: No la he podido ver aún. Surgió algo ayer, pero pensaba ir hoy.

Koga inclinó la cabeza ligeramente y, sin pensarlo demasiado, le propuso:

Koga: ¿Quieres verla conmigo?

Kagome lo miró con sorpresa.

Kagome: ¿No la has visto todavía?

Koga se encogió de hombros con una leve sonrisa.

Koga: La vi en el estreno, pero me gustaría verla de nuevo.

Kagome dudó por un momento, pero finalmente asintió. No tenía razones para rechazarlo.

El cine estaba más lleno de lo habitual. Había una función especial donde regalaban fotos autografiadas de Inuyasha en la entrada, y el encargado de entregarlas era nada más y nada menos que Miroku. A su lado, Sango lo acompañaba, asegurándose de que no coqueteara con ninguna fan emocionada.

Cuando Sango vio a Kagome entrar con Koga, sus ojos se iluminaron y les saludó efusivamente.

Sango: ¡Kagome! ¡Koga! ¡Qué sorpresa verlos aquí juntos!

Kagome se acercó a ellos, sonriendo con cierta incomodidad.

Kagome: ¿Qué hacen aquí?

Sango entrelazó su brazo con el de Miroku y sonrió con picardía.

Sango: Estoy aquí acompañando a Miroku. No quería que se sintiera solo repartiendo fotos de su amigo famoso.

Kagome rio suavemente y luego presentó a sus amigos con Koga. Tras unos minutos de conversación, Kagome y Koga se despidieron y comenzaron a caminar hacia la sala de cine. Sin embargo, Kagome se detuvo de golpe y giró sobre sus talones, regresando hacia Sango.

Kagome: ¡No te hagas ideas!

Sango se cubrió la boca para disimular una risa divertida, pero no dijo nada más. Kagome regresó junto a Koga, sintiéndose un poco avergonzada por la reacción de su amiga.

Kagome se removió ligeramente en su asiento. A pesar de que trataba de ignorarlo, el comentario de Sango le había dejado un extraño sentimiento. Koga, que no dejó pasar su incomodidad, la observó con atención antes de preguntar con tono casual:

Koga: ¿Te incomoda que tus amigos nos vean juntos?

Kagome se giró hacia él rápidamente.

Kagome: ¡No, claro que no! Es solo que… Sango siempre me molesta con que tú… bueno…

Koga arqueó una ceja, curioso.

Koga: ¿Con que yo qué?

Kagome suspiró y bajó un poco la voz, sin mirarlo directamente.

Kagome: Con que estás interesado en mí.

Koga la observó por un segundo y luego, con la mayor naturalidad del mundo, le dijo:

Koga: Pero es cierto, si estoy interesado en ti.

Kagome se giró completamente hacia él, sorprendida. No había esperado esa respuesta tan directa.

Kagome: ¿Qué…?

Koga sonrió levemente, pero sus ojos reflejaban total sinceridad.

Koga: Tal vez no te hayas dado cuenta, pero soy un hombre muy ocupado… y sin embargo, siempre hago tiempo para ti.

Kagome se quedó sin palabras. Sintió su corazón latir más rápido, y por primera vez, miró a Koga de una manera diferente. No era solo un amigo amable o un compañero de trabajo. Él realmente la veía de una manera especial.

Justo cuando Kagome abrió la boca para responder, las luces comenzaron a atenuarse y la película inició. Un pequeño respiro para ella, pero la sensación en su pecho no desapareció. No sabía qué decir ante la confesión de Koga… y lo peor era que tampoco sabía qué sentía al respecto.

En la compañía de Inuyasha

Inuyasha salió de la sala de reuniones con paso firme. Acababa de cerrar un trato importante para su próxima película, pero su mente estaba en otra parte. La imagen de Kikyo y sus palabras de la noche anterior seguían dando vueltas en su cabeza, dejándolo inquieto.

Al cruzar el pasillo, una figura familiar se le atravesó de repente.

Miroku: Inuyasha, tenemos que hablar.

Inuyasha frunció el ceño.

Inuyasha: Si es sobre trabajo, háblalo con mi agente.

Miroku: No es sobre trabajo.

Miroku le hizo una señal para que lo siguiera a una pequeña oficina vacía. Inuyasha suspiró con impaciencia, pero entró de todos modos. Apenas cerraron la puerta, Miroku fue directo al punto.

Miroku: Vi a Kagome con otro hombre.

El corazón de Inuyasha dio un pequeño salto, pero su rostro se mantuvo impasible.

Inuyasha: ¿Y qué con eso?

Miroku: Era alguien llamado Koga. El no dejaba de sonreírle, parecían bastante cercanos.

Inuyasha sintió un extraño ardor en el pecho, la idea de que estuviera cerca de Kagome le resultó desagradable.

Miroku: Fueron juntos al cine.

Eso fue la gota que derramó el vaso.

Inuyasha: ¿Qué?

Su voz fue más alta de lo que esperaba. Sus manos se cerraron en puños y su respiración se volvió más pesada.

Miroku: Mira, no te estoy diciendo esto para molestarte, pero… sé que te dolería perderla. Si realmente no te importa, entonces sigue así. Pero si te importa, más te vale ser bueno con ella mientras la tengas… porque si la pierdes, te arrepentirás.

Inuyasha sintió que algo dentro de él se retorcía. Su primer instinto fue negarlo todo.

Inuyasha: ¡No la necesito! No me importa con quién salga. ¡No vuelvas a decirme esas cosas!

Empujó la puerta con fuerza y salió de la oficina, su ceño fruncido y su corazón latiendo furioso. Estaba molesto, celoso… pero jamás lo aceptaría.

En el auto de Koga, Kagome iba en el asiento del copiloto, con la ventanilla medio abierta mientras hablaban de comida.

Koga: No entiendo por qué a la gente le gusta tanto la pizza con piña.

Kagome rio.

Kagome: Porque es deliciosa.

Koga: Es una aberración.

Kagome puso cara de indignación falsa, y Koga se rió. Era fácil hablar con ella, todo con Kagome se sentía ligero y natural.

De repente, el celular de Kagome comenzó a sonar. Miró la pantalla y su sonrisa desapareció. Era Inuyasha.

Dudó por un momento antes de contestar.

Kagome: ¿Hola?

Inuyasha: ¿Dónde estás?

Su voz sonaba extrañamente tensa. Kagome arqueó una ceja.

Kagome: Saliendo del cine. Estoy con Koga, vamos a comer pasta.

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea antes de que Inuyasha hablara de nuevo, esta vez con un tono más molesto.

Inuyasha: No. Yo te compraré pasta de un restaurante. Vuelve a casa.

Kagome frunció el ceño.

Kagome: ¿Qué? ¿Por qué?

Inuyasha: —La abuela está enferma. Preguntó por ti.

Kagome se enderezó en su asiento, preocupada.

Kagome: ¡¿Qué?! ¿Está muy grave?

Inuyasha: No lo sé. Ven al centro comercial donde te dejé la última vez, yo te recogeré y vamos juntos.

Kagome asintió, ya sin dudar. Miró a Koga con disculpa.

Kagome: Lo siento, Koga. No puedo ir a comer.

Koga, aunque algo decepcionado, asintió comprensivo y se dirigió al punto de encuentro.

Koga y Kagome bajaron del auto justo cuando el coche de Inuyasha apareció. El motor rugió cuando él se detuvo en seco, pero no hizo el intento de bajarse.

Koga entrecerró los ojos y se acercó a la ventanilla del conductor.

Koga: ¿Es grave lo de la abuela?

Inuyasha mantuvo la vista fija al frente, sin molestarse en mirarlo.

Inuyasha: Aún no sabemos.

Koga se quedó en silencio un momento, evaluándolo. Había algo en la forma en que Inuyasha se comportaba que le parecía… sospechoso.

Inuyasha se giró ligeramente hacia Kagome.

Inuyasha: Sube.

Kagome asintió, aún preocupada, y se despidió rápidamente de Koga antes de subir al auto. En cuanto cerró la puerta, Inuyasha aceleró bruscamente, dejando atrás a Koga sin darle oportunidad de decir nada más.

Mientras conducía, Inuyasha no pudo evitar que una pequeña sonrisa satisfecha se formara en sus labios.

Había ganado.

Kagome miraba por la ventanilla, aún preocupada. Había cancelado su salida con Koga sin pensarlo dos veces al saber que la abuela de Inuyasha estaba enferma. Pero ahora que estaba en el auto, algo no le cuadraba. Inuyasha no parecía tan preocupado como ella esperaba.

Él rompió el silencio.

Inuyasha: Entonces… ¿qué te pareció la película?

Kagome, aún distraída con sus pensamientos, respondió con sinceridad.

Kagome: Fue una película muy rara. No entendí casi nada.

Inuyasha bufó, casi divertido.

Inuyasha: Sí, cortaron muchas escenas. Por eso no tiene sentido.

Kagome parpadeó y lo miró con el ceño fruncido.

Kagome: Bueno, eso no es lo importante ahora. ¿Qué pasa con la abuela? ¿Está bien?

Inuyasha sacó su teléfono y fingió buscar un número. Luego, sin siquiera marcar, lo llevó a su oído y esperó un momento antes de hablar.

Inuyasha: Abuela, ¿cómo te sientes? Oh, ¿ya te sientes mejor? Ah, entonces no es necesario que vayamos. Está bien, cuídate. Kagome te manda saludos.

Hizo una pausa dramática antes de "colgar" y se encogió de hombros.

Inuyasha: —Ya está bien. No hay necesidad de ir.

Kagome lo miró fijamente, tratando de procesar lo que acababa de pasar. Algo estaba mal. Había algo en la manera en que Inuyasha había hablado, en su expresión, en su actitud en general...

"Esto no tiene sentido."

Se cruzó de brazos, sintiendo un extraño nudo en el estómago. ¿Había mentido?

"No... no puede ser."

Sacudió la cabeza. ¿Por qué Inuyasha haría algo así?

"¿Celoso de Koga? No… eso no tiene sentido… ¿o sí?"

Kagome decidió dejarlo pasar por ahora, pero la incomodidad permaneció en su pecho mientras el auto avanzaba por las calles de Tokio.

Apenas llegaron a casa, Kagome entró con pasos firmes y sin dirigirle la palabra a Inuyasha. Se sentía molesta, confundida y… usada. Fue directo a su habitación y cerró la puerta con más fuerza de la necesaria.

Inuyasha, por su parte, se quedó en la cocina. Se apoyó contra la encimera, pasando una mano por su cabello plateado con frustración.

"¿Por qué demonios hice eso?"

Sabía la respuesta, pero no quería admitirla. No quería que Kagome estuviera con Koga. No quería verla sonriéndole a otro hombre, riéndose con él, dándole su atención. Solo pensar en ello le revolvía el estómago.

"Pero eso no significa que estoy celoso. ¿Verdad?"

Frunció el ceño y apretó los puños. Todo esto era un desastre… y él mismo lo había provocado.

Al día siguiente Inuyasha y Kagome estaban sentados en la mesa del comedor. Frente a Inuyasha, una enorme pila de fotografías esperaban ser firmadas. Era una rutina que él encontraba tediosa, pero necesaria para mantener contentas a sus admiradoras. Kagome, sin quejarse, le pasaba una por una las fotos, tratando de hacer el trabajo más rápido.

Kagome: Oye, ¿qué tal si te ayudo a firmar algunas? Podría hacer mi mejor intento con tu firma, nadie se daría cuenta.

Inuyasha levantó una ceja y negó con la cabeza.

Inuyasha: ¿Engañar a mis fans? Ni de broma.

Kagome rodó los ojos y justo en ese momento su teléfono sonó. Lo tomó sin dudar y al ver el nombre en la pantalla, contestó con una sonrisa.

Kagome: ¡Hola, Koga!

El simple nombre hizo que Inuyasha se tensara. Trató de actuar indiferente, manteniendo la mirada en la foto que estaba firmando, pero su mano apretaba el bolígrafo con más fuerza de la necesaria.

Koga(por teléfono): Kagome, ¿puedes darme un poco de tu tiempo hoy? Quiero hablar contigo. ¿Te gustaría salir a cenar?

Kagome: ¡Claro! Nos vemos más tarde.

Colgó la llamada y dejó el teléfono sobre la mesa como si nada hubiera pasado. Inuyasha, aún fingiendo desinterés, se aclaró la garganta antes de preguntar.

Inuyasha: ¿Qué quería Koga?

Kagome, sin notar su incomodidad, respondió tranquilamente.

Kagome: Quiere verme.

Inuyasha frunció el ceño y sin poder ocultar su mal humor, alzó la voz.

Inuyasha: ¡¿Para qué demonios quiere verte si ya te vio ayer?!

Kagome apenas levantó la mirada, ignorando su tono agresivo.

Kagome: No lo sé… Tal vez quiera despedirse.

La idea calmó un poco a Inuyasha, pero su incomodidad no desapareció. Miró a Kagome con una súplica disfrazada de sugerencia.

Inuyasha: ¿Y si mejor le dices que no puedes salir? Que te lo diga por teléfono.

Al darse cuenta de que sonaba demasiado celoso, rápidamente agregó otra excusa.

Inuyasha: Digo… hace mucho calor afuera, sería incómodo salir así.

Kagome negó con la cabeza.

Kagome: No puedo cancelar. Sé que Koga es alguien ocupado. Si me ha pedido verme, es porque es importante.

Inuyasha apretó los dientes. Se estaba quedando sin opciones.

Inuyasha: ¿Y a qué hora volverás?

Kagome: No lo sé, tal vez tarde. Me invitó a cenar.

Inuyasha volvió a alterarse.

Inuyasha: ¡¿Por qué demonios tiene que llevarte a cenar?!

Kagome: Es obvio. Para esa hora ambos tendremos hambre.

Inuyasha la miró con el ceño fruncido. Ella hablaba con tanta tranquilidad que lo sacaba de sus casillas. En un último intento desesperado, dejó caer los hombros y la miró con una expresión de cachorro abandonado.

Inuyasha: ¿Y yo qué? ¿Qué voy a cenar?

Kagome ni siquiera dudó en responder.

Kagome: Hay sobras en el refrigerador.

Dicho esto, se levantó de la mesa y se dirigió a su habitación sin darle más explicaciones.

Inuyasha se quedó en su asiento, sintiéndose derrotado. Pero entonces, una idea brillante cruzó por su mente. Si no podía convencerla de quedarse, la obligaría.

Se levantó de golpe y fue directo a la habitación de Kagome. Sin molestarse en tocar, abrió la puerta de par en par.

Kagome(molesta): ¿Qué haces aquí?

Inuyasha no respondió de inmediato. En su lugar, extendió una hoja de papel.

Kagome: ¿Qué es esto?

Inuyasha: Si quieres salir, primero tienes que hacer todo lo de la lista.

Kagome tomó el papel y, al leerlo, sintió que la sangre le hervía. La lista era interminable: lavar los platos, barrer y trapear, lavar la ropa, limpiar las ventanas... ¡Básicamente, toda la limpieza de la casa!

Inuyasha sonrió para sí mismo cuando Kagome, en lugar de protestar, simplemente se giró y salió de la habitación con el papel en la mano. Él se dejó caer en el sillón con un libro, sintiéndose victorioso. Pensaba que la había atrapado. No habría manera de que terminara todo a tiempo.

Sin embargo, después de un rato, Kagome apareció frente a él, sosteniendo la lista con todas las tareas tachadas. No solo había terminado, sino que ya estaba lista para salir.

Inuyasha la miró boquiabierto.

Kagome llevaba un vestido de verano floreado que resaltaba perfectamente su figura. La tela ligera flotaba alrededor de sus piernas, y el escote en la espalda dejaba ver su piel suave y luminosa. Inuyasha tragó saliva.

"¡No puede salir así! Si Koga la ve así, seguro se enamorará de ella."

Sin querer aceptarlo, rápidamente buscó otra excusa.

Inuyasha: No te vas hasta que revise todo.

Llevó a Kagome por cada rincón de la casa, encontrando fallas en todo lo que había hecho.

Inuyasha: —Esto está sucio. Tienes que volver a hacerlo.

Kagome respiró hondo para no gritarle. Sin decir nada, se dio la vuelta y regresó a su habitación. Minutos después, bajó con una canasta de ropa sucia.

Inuyasha sonrió con satisfacción. Lo había logrado. Había evitado que Kagome saliera con Koga.

Sin embargo, Kagome no era tonta. No iba a dejar que Inuyasha controlara su vida.

En lugar de quedarse a lavar la ropa, se metió al área de lavandería… y salió por la ventana sin que Inuyasha se diera cuenta.

Pasaron varios minutos y el silencio en la casa se hizo extraño. Inuyasha, confiado, se quedó en el sillón, pero después de un rato, algo le pareció sospechoso. Se levantó y fue al área de lavado.

La habitación estaba vacía. La ventana, abierta.

"No… No… No puede ser…"

Salió corriendo de la casa, su corazón latiendo con fuerza. Miró a su alrededor, tratando de encontrarla. Fue hasta la parada de autobuses… y justo cuando llegó, vio cómo el autobús arrancaba.

Kagome estaba en el último asiento, mirándolo por la ventana con una sonrisa triunfal.

Inuyasha apretó los dientes, sintiendo una mezcla de frustración y… admiración.

"Maldita sea… Esta mujer sí que sabe cómo escaparse."

El elegante restaurante estaba iluminado con luces tenues, creando un ambiente cálido y romántico. Kagome y Koga fueron guiados hasta una mesa apartada, cerca de una ventana que ofrecía una vista impresionante de la ciudad iluminada. Las velas en la mesa parpadeaban suavemente, reflejando sus luces en las copas de vino.

Kagome, ajena a la intención romántica del lugar, sonrió con naturalidad mientras hojeaba el menú. Koga, en cambio, no apartaba la mirada de ella, disfrutando de cada una de sus expresiones, desde la emoción al leer los platillos hasta el gesto adorable que hacía cuando intentaba decidirse.

Kagome:Creo que pediré pasta —dijo Kagome con una sonrisa. Luego, con un tono más serio, agregó—: Y hablando de pasta… aún te debo una.

Koga rió divertido y negó con la cabeza.

Koga:Más te vale pagar tu deuda, Kagome. No dejaré que te escapes de esta.

Ella se mordió el labio, sintiéndose un poco culpable.

Ambos ordenaron y la conversación fluyó fácilmente, entre risas y recuerdos compartidos. Kagome siempre se había sentido cómoda con Koga, pero aquella noche había algo distinto en él. Un aire más serio, una emoción contenida que no lograba descifrar del todo.

Kagome: Por cierto —dijo ella, curiosa—, ¿por qué querías verme hoy?

Koga dejó su copa sobre la mesa y la miró directamente a los ojos.

Koga:Es mi cumpleaños.

Kagome abrió los ojos sorprendida, llevándose las manos a la boca.

Kagome: ¡¿Qué?! ¡Koga, debiste decirme! ¡No vine preparada, no te traje nada!

Koga sonrió con ternura y negó con la cabeza.

Koga: Tú eres mi regalo.

Kagome parpadeó, sintiendo que su rostro se calentaba.

Kagome: ¿Qué…?

Koga: Pensé en comprarme algo —continuó Koga con voz sincera—, pero cuando realmente me puse a pensar en qué era lo que más quería… solo tú viniste a mi mente. Cuando estoy contigo, me siento feliz, Kagome.

Ella bajó la mirada, sintiéndose nerviosa ante la intensidad de su confesión. Buscó aligerar la situación y bromeó:

Kagome: Claro, porque siempre te hago reír.

Koga dejó escapar una suave risa.

Koga: Sí, pero no es solo eso. Es que… cuando estoy contigo, todo se siente más ligero.

Mientras tanto, en la casa, Inuyasha no podía encontrar paz. Se había sentado en el sofá, cambiado de canal una y otra vez sin poder concentrarse en nada. Luego fue a su habitación, pero tampoco logró quedarse quieto. Finalmente, salió al jardín, observando la calle como si con solo desearlo, Kagome fuera a aparecer.

Inuyasha: ¿Por qué está tardando tanto? —murmuró, inquieto.

Se imaginaba la escena: Koga sonriendo con esa actitud encantadora, Kagome riendo, mirándolo con dulzura. ¿Qué estarían haciendo ahora? ¿Y si Koga intentaba besarla?

Inuyasha: ¡Tch! —gruñó, pasando una mano por su cabello—. Como si a Kagome le gustara ese idiota…

Pero en el fondo, la duda lo carcomía.

Después de la cena, Koga y Kagome caminaron hasta un parque cercano. El césped fresco y el cielo estrellado creaban un escenario perfecto. Se sentaron sobre la hierba, dejando que la brisa nocturna los envolviera.

Kagome: ¿Por qué pasas tu cumpleaños solo? —preguntó Kagome, abrazando sus rodillas.

Koga: Mis padres están fuera del país —respondió Koga—. Mis hermanos ya están casados y demasiado ocupados con sus vidas.

Kagome: ¿Y amigos?

Koga la miró con una sonrisa suave.

Koga: Tú eres mi amiga.

Kagome sintió un leve rubor en sus mejillas y sonrió.

Kagome: Es cierto… Si hubiera sabido que era tu cumpleaños, habría traído a Inuyasha también. Ustedes son amigos desde la infancia, ¿no?

La expresión de Koga cambió sutilmente.

Koga: Para ser honesto, ayer me sentí peor de lo que hubiera querido cuando vi cómo Inuyasha se te llevaba…

Kagome bajó la mirada.

Kagome: Lo siento…te compensaré con un regalo, que te parece? Mientras no sea nada muy caro te compraré lo que tu quieras.

Koga: se puede comprar un corazón humano?

Kagome: ¿Eh?

Koga: Kagome —dijo su nombre en un tono más bajo, más íntimo—. Siempre he sido popular con las mujeres. No lo digo con arrogancia, pero… ¿por qué tú no te fijas en mí?

Kagome sintió su rostro arder.

Kagome: Koga, yo…

Koga: Soy guapo, competente, encantador… —bromeó él con una sonrisa torcida.

Kagome soltó una risa nerviosa.

Kagome: También eres un poco narcisista…

Él rió con ella, pero luego la miró con seriedad.

Koga: No estoy bromeando, Kagome.

El aire entre ambos se volvió espeso, cargado de algo que ella no quería definir.

Koga: Por favor… ámame.

Kagome sintió su pecho oprimirse. Se quedó en silencio, intentando buscar las palabras adecuadas. Finalmente, con un intento de sonrisa, respondió en tono ligero:

Kagome: No puedo… ya estoy casada.

Quiso sonar bromista, pero su voz tembló al final.

Koga no sonrió.

Koga: Por eso he estado contemplando quitarte de Inuyasha.

Kagome lo miró con sorpresa.

Koga: No creo que él sepa lo que vales.

Koga se inclinó un poco más hacia ella, su mirada fija en la suya.

Koga: Kagome… ¿podrías llegar a amarme?

Ella se quedó congelada. El sonido del viento entre los árboles fue lo único que rompió el silencio.

Continuará…