El retorno del viaje se produjo unos días después de la muerte de Kikyo. Kagome estaba rezagada al final del grupo, después de la batalla con Naraku, se sintió mal, tanto anímica como esencialmente. Había intentado ocultar que se había enfermado porque no quería retrasar el viaje, más ahora que el medio demonio estaba impaciente por encontrar a Naraku.
La exterminadora de demonios fue la única que escuchó la tos provenientes de la joven sacerdotisa que iba detrás de ella. Se detuvo y esperó a que llegara a su altura.
–Kagome ¿estás bien? —interrogó Sango mirando a su amiga
–Sí, todo está bien—respondió quitándole importancia, no quería que el grupo se detuviera por ella, por más mal que se sintiera
–¿Segura? No tienes buena cara—se acercó a ella y puso una de sus manos en el frente de la sacerdotisa—¡Estás ardiendo en fiebre!
–Shhh—cubrió la boca de su amiga—No digas nada por favor—pidió en un susurro
–Pero Kagome…
–Inuyasha está ansioso por tener noticias de Naraku, sobre todo después de lo de Kikyo, no quiero intervenir—interrumpió, volvió a toser, su pecho ardía
–Kagome, estás pálida y tú respiración es difícil, es obvio que estás enferma.
–Estaré bien, tome algunas de mis medicinas—comentó la sacerdotisa quitándole importancia—Sigamos caminando—dio unos pasos más, cuando sintió una presencia—Algo se acerca—murmuró
–¿Qué? —Sango miro en todas las direcciones, pero el camino por donde iban era un bosque y no se veía mucho alrededor
–¡Inuyasha! —llamó Kagome, su garganta se resintió
–¿Qué pasa? —interrogó el medio demonio deteniéndose para mirarlas
–Algo se acerca—respondió la sacerdotisa
Todos se reunieron para mirar en todas direcciones. Una espesa neblina empezó a rodearlos.
–Tengan cuidado, se siente una presencia maligna—habló Miroku mirando hacia el bosque
–Esta estúpida niebla no me deja ver nada—gruñó Inuyasha desenvainando su espada, iba a disipar esa niebla con el viento cortante
–Espera Inuyasha—ordenó Kagome al levantar la mirada—¿No ves las telas de araña? —preguntó al ver como se acercaban a ellos
–¿Telas de araña? —todos comenzarona mirar, pero ninguno era capaz de verlas
–No veo nada—murmuró Sango
–Si no son capaces de verlas, entonces es Naraku quien está detrás de esto—pensó la sacerdotisa—Las mismas que habían en el monte y que atraparon a Kikyo—apretó con fuerza el arco—Ahora quiere encargarse de mí, sabe que la única que puede purificar los fragmentos ahora soy yo—preparó una de sus flechas y disparó hacia las telarañas más próximas
El suelo comenzó a temblar y antes de que pudieran reaccionar, una de las telarañas tomó a Kagome y la arrastró hacia el interior del bosque.
–¡Kagome! —gritó Inuyasha tratando de alcanzarla
–¡Inuyasha! —estiró su mano para tratar de alcanzarlo, solo un poco más y tomaría la mano de Inuyasha, pero sintió una voz en su cabeza
–Si ellos entran aquí, van a morir…¿segura que eso quieres?
Kagome se sorprendió y bajó su brazo.
–¡Kagome! ¡¿Qué haces?! —espetó el medio demonio al ver como la chica baja su mano
–¡No vengas! —gritó, sorprendiendolos—¡Ninguno entre aquí! —y fue absorbida por el bosque
–¡Kagome! —Inuyasha se acercó, pero había un campo de energía—¡Maldita sea, no estorbes!—gritó apuntando con colmillo de acero, que tomó de inmediato el color rojo, pero nada pasó—Pero ¿qué?
–Colmillo de acero no pudo destruir la barrera—murmuró Sango
–¿Qué haremos? Kagome está ahí adentro—dijo Shippo asustado
–Maldición—murmuró Inuyasha golpeando el campo con el puño—¡Kagome!
Kagome abrió los ojos y se incorporó, mirando todo a su alrededor. Estaba en el bosque, rodeada de esas telas de arañas. Afirmó su arco con fuerza y cargó una de sus flechas, tenía que estar alerta, más ahora que sabía que era una nueva trampa de Naraku.
–¡¿Por qué no sales Naraku?! —desafió la sacerdotisa
–No será conmigo con quien vas a pelear Kagome, tengo una pequeña sorpresa para ti—respondió Naraku desde algún lugar. Kagome comenzó a mirar en todas direcciones, pero era obvio que él no estaba ahí—Y al fin me desharé de ti y la perla me entregará todo el su poder.
–No funcionará Naraku—aclaró Kagome—La luz que Kikyo dejó ahí, no va a desaparecer, aunque me mates—Kagome lanzó una de sus flechas en donde sintió la presencia de Naraku, aunque fuera solo una marioneta, se encargaría de él—Inuyasha se encargará de ti—dijo al ver como la marioneta desaparecía
–Muy lista Kagome—se rió Naraku—Veremos si esa luz permanece después de que se contamine tú corazón—la voz desapareció junto con la marioneta
Kagome suspiró y comenzó a toser. Se había olvidado por completo de lo mal que se sentía.
–Debo salir de aquí—murmuró presionando un poco su pecho
Se puso de pie y comenzó a eliminar las telas de arañas para correr, pero cada vez aparecían más y solo le quedaban tres flechas. El resfriado que tenía tampoco la estaba ayudando, se sentía muy cansada. Las telarañas comenzaron a rodearla, por lo que puso el arco frente a ella, generando un pequeño campo de energía, aunque dudaba que fuera a durar mucho tiempo, sentía cada vez más cansada.
–¿Qué haré? —pensó Kagome al ver que algunas telarañas ya comenzaban a debilitar el campo—Inuyasha…—fue su último pensamiento antes de desmayarse
Mientras tanto, el grupo seguía intentando entrar al campo de energía que tenía prisionera a Kagome.
–¡Maldición! —gritó desesperado Inuyasha al ver que nada funcionaba
–Inuyasha calma…la señorita Kagome debe estar bien—trató de tranquilizar el monje
–¿Cómo quieres que me calme Miroku? —gruñó el medio demonio molesto
–Pero excelencia…Kagome estaba con fiebre—habló la exterminadora sin darse cuenta de lo que decía
–¿Qué? —el rostro de Inuyasha se desfiguró—¿Cómo que tenía fiebre? Habla ya Sango—exigió acercándose a la exterminadora
–Mientras caminábamos, la escuché toser, toque su frente y era obvio que estaba con fiebre.
–¡¿Y por qué no dijo nada?! —exclamó Inuyasha enojado
–No quería detener el viaje ni preocuparte—respondió ella
–¡Pero qué tontería! —dijo exaltado—Debió decirme que se sentía mal—frustrado golpeó el campo de energía
–Como si fuera tan fácil hablar contigo—murmuró Sango molesta
–¿Qué has dicho? —interrogó Inuyasha volteando a verla
–Que no es nada fácil hablar contigo—respondió casi escupiendo las palabras—Después de la muerte de Kikyo, Kagome se acercó a ti para darte consuelo y no hiciste más que ignorarla—espetó molesta—Como si de alguna forma la estuvieras culpando por algo…
–Que tontería ¿por qué la culparía? fue Naraku quien…—Inuyasha aun no era capaz de terminar la frase, aun le dolía la muerte de la sacerdotisa, detestaba no haber podido salvarla nuevamente, pero entendía que ahora el alma de Kikyo al fin podría descansar
–¿No? entonces explicame porque ni siquiera la miraste después de eso, pasaste junto a ella y solo le dijiste que querías estar solo ¿cómo crees que ella se lo tomó?
Inuyasha se sorprendió y dio un paso hacia atrás ante la recriminación de su amiga.
–Entendemos que sea doloroso para ti el haber perdido a la señorita Kikyo, Inuyasha—interrumpió Miroku—Pero no te detuviste a pensar en lo que podría estar sintiendo la señorita Kagome. Hizo todo lo que le pidieron para salvarla, porque sabía lo importante que era para ti y aun así no lo consiguió—suspiró
–Esa jamás fue mi intención—susurró Inuyasha avergonzado
–No, por supuesto que no, jamás es tu intención—murmuró Sango, seguía muy molesta—Pero sé que notaste el cambio en el ánimo de Kagome, es imposible que seas así de idiota, pero como siempre, esperas que Kagome se siga acercando a ti, como si nada pasara, te cuide y sea quien te aguante.
–Te estás pasando Sango—murmura Inuyasha molesto
–¿Eso crees? ¡Ja! por favor—todos la miran asombrados, nunca habían visto tan molesta a la exterminadora—Estoy harta, harta de ver a mi amiga sufrir por ti—lo apunta indignada
–Chicos por favor—trata de conciliar el monje interponiéndose entre ambos
–Yo no le pedí nada a Kagome—espetó Inuyasha frunciendo el ceño, quedando frente a frente con Sango
–No por supuesto que no, fue ella la que tomó la decisión de quedarse a pesar de todo, porque te quiere ¡Idiota! y ¿qué haces tú? simplemente la hacías a un lado cuando Kikyo aparecía y ahora que ella no está, la sigues haciendo a un lado.
Inuyasha da un paso atrás y aprieta fuertemente las manos en puño.
–Tú no entiendes…—murmura el medio demonio
–No, claramente no entiendo—la exterminadora se voltea porque está a punto de llorar de impotencia y preocupación—Lamento mucho que hayas perdido a Kikyo, pero eso no te da derecho a lastimar a Kagome. Sino sientes nada por ella, entonces díselo y déjala en paz—concluye cruzándose de brazos
Todos se quedaron en un silencio bastante incómodo. Era obvio que estaban preocupados por Kagome y se sentían atados de manos al no poder atravesar ese campo de energía. El pequeño demonio zorro se acercó también al campo, lágrimas se aglomeraron en sus ojos, pero se negó a soltarlas y en silencio pidió que Kagome estuviera bien.
–¿Estás listo Inuyasha? —habló la voz de Naraku, haciéndolos reaccionar a todos
–¡Naraku! —gritó Inuyasha furioso mirando hacia todos lados—¡Deja de esconderte cobarde!
–Inuyasha…espero que te guste la sorpresa que te tengo—se burló y de pronto el campo de energía dejó ver el interior del bosque—Estoy seguro de que te encantará lo que está a punto de pesar—y la voz desapareció
Todos fijaron su vista en el bosque, fijándose que la sacerdotisa era prisionera de unas telas de araña.
–¡Kagome! —llamó Inuyasha golpeando el campo—¡Kagome, despierta! —gritó alterado
–No puede oirnos—comentó Miroku
–Ese maldito solo quiere que miremos—habló Sango preocupada
Kagome se removió incómoda ¿dónde estaba? se preguntó al no poder moverse con libertad. Le dolía mucho la cabeza. Abrió los ojos de a poco y al principio no recordó dónde estaba, hasta que notó que estaba aprisionada por las telas de araña. Sintió una presencia cerca de ella y fijó su mirada hacia unos árboles.
–¿Quién está ahí? —trató de moverse para posicionarse con su arco.. Notó como una figura comenzaba a acercarse hasta donde ella estaba, creyó que su mente le estaba jugando una mala broma, cuando distinguió el traje rojo característico—¿Inu…Inuyasha? —interrogó preocupada—¡Te dije que no entraras! ¡No te acerques, las telas de araña te atraparan! —gritó asustada, más las telas de araña no se acercaban a él
–Que tonta eres…—murmuró el medio demonio sonriente
–¿Qué…? —sintió el primer impacto de las garras de de Inuyasha en su piel, dejándola pasmada, sin siquiera poder gritar. Parte de su uniforme se rasgó y pronto comenzó a teñirse de rojo—¿Qué está ocurriendo? —miró en todas direcciones, pensando que Inuyasha podría estar siendo controlado
–¿Qué está ocurriendo? te diré lo que está ocurriendo Kagome—se acercó a ella y tomó fuertemente su rostro, enterrando una de sus garras en su mejilla—Por tú culpa Kikyo está muerta—murmuró, la chica trató de soltarse de su agarre
–Me estas lastimando—susurró ella, esto no podía estar pasando, no veía nada conectado con Inuyasha, pero no podía descartar por completo que lo estuvieran controlando—¿Qué te hizo Naraku? —interrogó
–¿Naraku? él ni siquiera está aquí—la soltó y dio un paso atrás—Eres tú quien me lastimó Kagome—ella lo miró pasmada—Dime la verdad, no querías salvar a Kikyo ¿verdad?
–¿Qué? ¡Por supuesto que quería salvarla! —aclaró tratando de soltarse de las telas de araña—Hice todo lo que estuvo en mis manos para salvarla—murmuró mientras sus ojos se llenaban de lágrimas
–No es cierto—gruñó el medio demonio—Tú deseabas que Kikyo no fuera un estorbo entre nosotros—ella comenzó a negar con la cabeza—Pero te digo algo Kagome—volvió acercar su rostro al de la sacerdotisa—Aunque ella no esté ¡Jamás estaría con alguien como tú! —lanzó nuevamente sus garras contra el cuerpo de la chica y esta vez, ella no pudo evitar gritar de dolor—Tú jamás serás ella—la sonrisa que él le dio, le erizó la piel, ese no podía ser el hombre del que estaba enamorada—Debiste ser tú quien muriera y no Kikyo—eso golpeó fuertemente el corazón de la sacerdotisa, porque ella también lo había pensado
Intentó no llorar, porque estaba segura de que ese no era Inuyasha.
–No…—susurró Sango ante la imagen que estaban viendo
–¡Maldita sea, Kagome! —gritó Inuyasha golpeando el campo—No puede ser…—murmuró sintiendo la rabia correr por sus venas. Su cuerpo comenzó a latir, alterando a los otros
–No puedes perder el control ahora Inuyasha—dijo Miroku mirando al medio demonio y después fijándose nuevamente en su amiga—Kagome aún está consciente—dijo al ver que se movía
–Puede ser…que Inuyasha no quiera estar conmigo—habló ella aguantándose el dolor que sentía en el cuerpo—Porque puede que él no sienta lo mismo que yo, pero no serás tú quien me diga algo así—miró fijamente al medio demonio—Puede que no sea una buena sacerdotisa, puede que jamás iguale o supere el poder de Kikyo…pero yo confío en Inuyasha incondicionalmente—murmuró
Eso impactó a Inuyasha ¿cómo podía ser posible que esa chica confiara tanto en él?
–¿Qué tanto estás murmurando? ¿No te basta con esto? —apuntó su cuerpo herido—Puedo terminar con tu agonía de inmediato—hizo crujir sus dedos, sonriendo
–Sé que no eres Inuyasha—la sonrisa se borró del rostro de él y todos miraron sorprendidos al oirla—Inuyasha puede estar muy molesto conmigo, incluso podría dejar de hablarme—poder espiritual comenzó a rodear el cuerpo de Kagome—Pero él jamás me haría daño—logró soltar sus brazos de la telaraña y apuntarlo con su arco—No voy a permitir…¡Que trates de ensuciar la imagen de Inuyasha! —gritó lanzando la flecha cargada de energía espiritual
–No podrás—murmuró el demonio, pero vió sorprendido como la flecha lo comenzaba a purificar—¿Qué está pasando? —su cuerpo empezó a desaparecer—¡Maldita! —gritó antes de evaporarse por completo
–Lo logró—susurró Shippo
En cuanto el demonio desapareció, las telarañas también, por lo que Kagome cayó al suelo. Intentó incorporarse, pero su cuerpo no le respondía, se sentía agotada y no dejaba de sangrar.
–Vaya Kagome…me sorprendes—habló la voz de Naraku
–Sigues subestimandome Naraku…—murmuró mirando en la dirección donde sabía que el medio demonio estaba
–Supongo que mi pequeña sorpresa no te gustó—se burló apareciendo frente a la sacerdotisa
–No voy a caer en tus trampas Naraku, menos si involucras a Inuyasha—con mucho esfuerzo se puso de pie, su vista estaba algo borrosa, pero la adrenalina que corría por su cuerpo, le ayudaba a no sentir dolor
–Ya veo que confías mucho en Inuyasha, aunque no puedes negar que las palabras de ese demonio te afectaron—sonrió y Kagome apretó fuertemente el arco—Porque aunque no quieras admitirlo Kagome…Inuyasha siempre va a preferir a Kikyo, independiente de que ella no esté.
Inuyasha apretó fuertemente sus puños al escuchar lo que Naraku le decía a Kagome. Ese malnacido solo quería lastimar a Kagome, contaminar su corazón, pero no lo lograría.
–Estoy harta de ti—apuntó hacia Naraku, pero en última instancia, desvió la flecha hacia el campo de concentración, eliminándolo por completo—No te burles de mí Naraku—volvió a cargar una flecha—¡Te detesto! —gritó antes de soltar una flecha cargada de energía espiritual hacia el medio demonio
La flecha atravesó el campo de concentración que envolvía a Naraku, destrozando su hombro.
–Maldita mujer—murmuró Naraku sorprendido de que hubiera logrado atravesar su campo de energía—¡Voy a matarte!
–¡No te atrevas a tocarla! ¡Viento cortante! —gritó Inuyasha de inmediato al ver las intenciones de Naraku
Naraku alcanzó a moverse antes de que el ataque impactara contra su cuerpo y gruñó.
–Inuyasha…—susurró Kagome al verlo, se fijó en sus amigos y sonrió—No les pasó nada, qué alivio—pensó antes de que caer al suelo desmayada
–¡Kagome! —gritó Inuyasha corriendo hacia la sacerdotisa—Kagome abre los ojos—la tomó en sus brazos—Bastardo ¿cómo te atreviste? —gruñó Inuyasha mirando a Naraku
–Deberías cuidarla más Inuyasha—se burló Naraku alejándose, rodeado de humo venenoso—La próxima vez, Kagome no tendrá tanta suerte—y desapareció
–Bastardo…—gruñó Inuyasha furioso
–Inuyasha—la exterminadora vio el cuerpo de Kagome—Debemos curar esas heridas—mencionó mirando el herido cuerpo de su amiga
Inuyasha asintió mirando a Kagome preocupado.
–Busquemos alguna cabaña, lo más probable es que haya una tormenta—mencionó Miroku mirando el cielo, el cual estaba comenzando a cubrir de unas nubes negras
–Démonos prisa—murmuró Inuyasha acomodando a Kagome para luego salir corriendo, seguido de sus amigos que montaron a Kirara—Aguanta Kagome…—susurró preocupado al notar la respiración agitada de la sacerdotisa
Pronto encontraron una pequeña choza en el bosque, se notaba que estaba abandonada hace tiempo, pero les serviría para resguardarse y poder curar a Kagome.
Inuyasha y Sango notaron que había un viejo futón, por lo que la exterminadora sacó una manta que Kagome siempre llevaba en su mochila y la acomodó sobre el futón.
–Listo, déjala ahí—indicó Sango. El medio demonio dejó con mucho cuidado a Kagome sobre la manta, más no se movió de su lado—Inuyasha, debo revisar las heridas—mencionó, dado que tendría que sacarle la parte de arriba del uniforme a la chica
–Hazlo…—murmuró Inuyasha sin dejar de mirar el rostro de Kagome
Sango entendió que nada ni nadie movería a Inuyasha de ahí, era obvio que estaba muy preocupado por Kagome. Asintió con la cabeza y sacó el botiquín donde la sacerdotisa tenía de todo para cuando alguno salía lastimado.
–Shippo y yo iremos por agua—habló el monje saliendo con el pequeño, quien estaba a punto de llorar al ver la condición de su amiga
–Miroku…¿Kagome estará bien? —interrogó con lágrimas en sus ojos
–Sí, la señorita Kagome es muy fuerte, debemos confiar en ella—respondió sonriéndole con cariño—Iremos por agua para ayudar a Sango ¿si?
–Si…—asintió el demonio zorro, secándose las lágrimas y siguiendo al monje
Sango decidió cortar la tela del uniforme de Kagome, era mucho más sencillo que mover a la chica, que a pesar de estar inconsciente se quejaba y era obvio que seguía teniendo fiebre.
Los ojos de la exterminadora se llenaron de lágrimas al ver las heridas en el cuerpo de Kagome, tenía varios cortes en todo su cuerpo.
–Maldito…—susurró Sango al pensar en el daño que le había hecho Naraku a su amiga—Voy a matarlo…—comenzó a desinfectar las heridas—¿Cómo pudo hacerle esto?
–Es un engendro…—murmuró Inuyasha, quien seguía con sus ojos fijos en el rostro de Kagome, puso su dedo en la pequeña herida que tenía en la mejilla, era como si él la hubiera atacado. Solo había visto de reojo el resto de las heridas, porque la ira que estaba sintiendo en ese momento, podía ocasionar que su sangre demoníaca tomara el control otra vez.
–Ese bastardo la atacó—habló una voz en la cabeza de Inuyasha, quedó impactado, jamás había escuchado a su parte demoníaca tan furiosa—Tiene que morir.
Sango notó que los ojos de Inuyasha se tornaban levemente rojos, el medio demonio estaba furioso, pero sabía que no podía perder el control ahora. Ella siguió con su labor de desinfectar las heridas, pronto aplicó una crema que utilizaba Kagome en ellos y luego comenzó a vendar sus brazos.
–Necesito levantarla un poco para poner la venda en su abdomen y pecho—murmuró la exterminadora
Inuyasha volvió en sí y asintió, con sumo cuidado levantó un poco a Kagome para facilitarle el trabajo a Sango, quien rápidamente cubrió con vendajes el torso de la sacerdotisa. Cuando terminó, sacó de la mochila de Kagome, la parte de arriba de su pijama que tenía botones y se lo puso para cubrirla.
Inuyasha volvió a acomodarla y Sango continuó con las piernas de la sacerdotisa, repitiendo la misma acción con las heridas.
–Es como si de verdad hubiera sido yo quien la atacara—habló Inuyasha mirando de reojo las heridas
–No digas eso, no fuiste tú quien hirió a Kagome—aclaró vendando los muslos de Kagome—Deberíamos cubrirla con algo—miró dentro de la mochila de la chica, pero no había nada más que sirviera
Inuyasha se quitó rápidamente la parte de arriba de su traje y con él cubrió a Kagome.
–Encontramos agua y madera—comentó Miroku entrando con algunas botellas y algunos palos, seguido de Shippo
–Y cazamos algunos pescados—dijo Shippo mostrando sus manos
–Bien, podemos cocinarlos—comentó Sango
Comenzaron a prender el fuego en la pequeña hoguera que había dentro de la choza y a preparar los pescados. Inuyasha se quedó junto a Kagome, quien respiraba con dificultad.
–Ten Inuyasha—dijo Shippo entregándole un paño mojado. El medio demonio asintió y puso el paño sobre la frente de Kagome—Confiamos en ti Kagome—murmuró Shippo tocando la mano de su amiga
Inuyasha tragó el nudo que se le estaba formando en la garganta, le dolía verla así, lastimada y tan vulnerable. Si algo le sucedía a Kagome, no sabía que sería de él, porque ya no veía su vida sin esa chiquilla.
No sabe bien cuánto tiempo estuvo en la misma posición junto a Kagome, pero se sobresaltó un poco cuando Sango puso una de sus manos en su hombro.
–Come algo Inuyasha—dijo entregándole uno de los pescados
–No tengo hambre—negó sin moverse
–No seas cabezotas—la exterminadora tomó la mano del medio demonio para dejar el pescado en ella—Kagome no estará feliz si sabe que no te cuidamos—él la miró sorprendido—Lamento lo que dije antes, sé que Kagome te importa…es solo que estaba tan asustada—murmuró mirando a su amiga—Creo que aún lo estoy.
–Está bien Sango…me merecía todo lo que me dijiste—hizo una mueca de tristeza—Sé que he lastimado muchas veces a Kagome—admitió acongojado—Pero si ella desaparece, yo no tendría nada por lo que estar aquí—susurró
Sango se asombró, el medio demonio nunca había hablado sobre sus sentimientos con ellos, en general con la única que era completamente sincero era con Kagome, porque además, la chica era quien más lo conocía.
–Kagome estará bien, pronto estará riendo con nosotros—susurró Sango apretando un poco su hombro para darle fuerzas—Ella jamás te abandonaría.
Él solo asintió con la cabeza.
La exterminadora volvió a acercarse a Miroku y Shippo, quienes se estaban acomodando para poder descansar un poco. Al cabo de unos minutos, los tres dormían junto con Kirara.
Inuyasha acarició la cabeza de Kagome y una solitaria lágrima bajó por su mejilla.
–Lo lamento tanto…—susurró. La chica comenzó a temblar, porque a pesar del fuego, hacia algo de frío debido a que había comenzado a llover, por lo que se acomodó de lado, cerca del cuerpo de Kagome, para darle algo de calor
–Inu…Inuyasha—susurró Kagome frunciendo el ceño—Lo siento…lo siento—murmuraba removiéndose intranquila
–Tranquila Kagome, aquí estoy—dijo cerca del oído de la sacerdotisa, notó que unas lágrimas salían de los ojos cerrados de la sacerdotisa—No llores…todo estará bien—la atrajo hacia su pecho con cuidado de no lastimarla ni pasar a llevar sus heridas
Notó como Kagome apoyaba su cabeza en su pecho y respiraba un poco más tranquila, logrando relajarlo también.
No tiene muy claro cuánto fue lo que durmió, pero las voces de sus amigos lo despertaron. Abrió los ojos y lo primero que vió fue a Kagome, quien seguía durmiendo, tocó su frente y suspiró un poco más tranquilo al notar que había bajado un poco la fiebre.
–Buenos días Inuyasha—saludó Shippo sonriéndole pícaramente—Nos da gusto que hayas podido dormir tan cómodamente.
Las mejillas del medio demonio se sonrojaron y sin soltar a Kagome, golpeó la cabeza del demonio zorro.
–Cállate Shippo—exigió
–La fiebre bajó—habló Sango—Casi no ha tosido y creo que ha podido dormir mejor.
–Sí, tuvo una pesadilla y después de eso pudo dormir—acotó Inuyasha
–Quizás deberíamos volver a la aldea de la anciana Kaede—intervino Miroku—Podríamos estar más seguros—el medio demonio asintió, durante la madrugada había pensado lo mismo
Se levantó con cuidado de no despertarla, la cubrió bien con su traje y se estiró. Debía reconocer que había descansado junto a la sacerdotisa.
–Voy a revisar sus heridas—mencionó Sango
–Iremos a ver si encontramos algo para comer—dijo el medio demonio empujando al monje al exterior
–¿Por qué vamos a salir? Ayer ni siquiera pensaste en eso cuando Sango curaba a Kagome—dijo para molestar a su amigo
–Tú también cállate Miroku y camina—lo empujó con más fuerza, haciendo reír a Sango y a Shippo
–Gracias al cielo que la fiebre bajó—murmuró Sango mientras revisaba las heridas de su amiga, algunas habían sangrado un poco, por lo que comenzó a cambiar los vendajes
–Kagome es muy fuerte—habló Shippo ayudando a la exterminadora—¿Crees que despierte pronto?
–No lo sé, pero debe estar exhausta, así que debemos dejarla descansar lo que necesite.
Shippo asintió y ambos se relajaron al verla mejor.
Pronto Inuyasha y Miroku regresaron con unos peces, que pusieron a asar, para posteriormente comer. Kagome seguía sin despertar, aun cuando ya estaba empezando a anochecer.
–¿Qué haremos? —consultó Sango al ver que la chica seguía sin despertar
–No debemos estar tan lejos de la aldea de la anciana Kaede—comenta Miroku—¿Tendrás problemas para llevarla Inuyasha? —preguntó mirando a Kagome
–No, no habrá problema—respondió acercándose a la sacerdotisa—Partiremos mañana temprano—todos asintieron y comenzaron a preparar las cosas para dormir temprano
El medio demonio volvió a recostarse junto a la sacerdotisa. Se veía mucho mejor, pero aún tenía algo de tos y a ratos se quejaba.
–Inuyasha…—susurró la chica moviéndose, como si lo estuviera buscando
–Aquí estoy Kagome—susurró él tomando su mano, ella suspiró, al parecer más tranquila y volvió a caer en un sueño profundo—Estoy esperándote…—susurró apretando un poco su mano y nuevamente con cuidado, la atrajo hacia su cuerpo
El resto del grupo estaba pendiente de lo que Inuyasha hacía, era obvio que estaba preocupado por la sacerdotisa, pero les sorprendía que se mostrara tan cariñoso con ella.
Cuando el sol comenzó a aparecer, el grupo salió de la choza. Inuyasha acomodó bien a Kagome en su espalda, cubriendola con su traje, aunque la fiebre había bajado, seguía enferma, así que necesitaba mantenerla resguardada del frío y el viento. Además, no podían ir tan rápido, no quería lastimar más el cuerpo de Kagome.
–¿Listos? —consultó mirando a sus amigos que ya estaban montados en la espalda de Kirara
–Listos—respondieron, Inuyasha asintió y comenzaron el viaje
–Inu…yasha…—susurró Kagome en su oído, moviéndose un poco
–Tranquila Kagome, pronto llegaremos a la aldea—murmuró Inuyasha mientras corría
–Duele…—se quejó pero seguía sin despertar
–Maldición, el movimiento genera que sus heridas le duelan—pensó el medio demonio frustrado—Aguanta un poco ¿si? —rogó tratando de correr sin moverla tanto
–Si…—suspiró y volvió a quedarse profundamente dormida
Estuvieron todo el día viajando, pararon en algunos momentos para revisar que Kagome estuviera bien, pero después de haberse quejado, no volvió a decir ni una palabra, lo que los tenía preocupados. A esas alturas, Kagome debería haber despertado.
–Me preocupa que no ha comido nada en dos días—comentó Sango cambiando algunos de sus vendajes, algunas heridas habían vuelto a sangrar
–¿Y si intentamos despertarla? —interrogó Shippo
–No sé si sea lo más apropiado—comentó Miroku—Su energía espiritual está débil aún, debe ser por eso que aún no despierta.
–Debemos seguir—dijo Inuyasha al ver que Sango terminaba de vendar los brazos de Kagome—¿Cómo siguen? —preguntó a la exterminadora
–Aún es muy pronto para que cierren, dañó mucho su cuerpo—él asintió preocupado
–Vamos, no debe faltar tanto para llegar.
–Si comienza a anochecer deberemos parar Inuyasha—dijo Miroku—Sería arriesgarnos el seguir viajando, estando la señorita Kagome así—el medio demonio asintió y volvió a subir a Kagome a su espalda y los demás montaron a Kirara
Gracias al cielo, antes de que anocheciera por completo localizaron la entrada de la aldea.
–¡Es la aldea! —grito Shippo feliz
–Menos mal—pensó Inuyasha
–¡Anciana Kaede! —llamó Shippo cuando ya estaban cerca
–Muchachos—saludó la anciana asomándose—Que bueno saber que están bien—los miró con una sonrisa, hasta que notó a Kagome en la espalda de Inuyasha—¿Qué le ocurrió a Kagome? —interrogó dejándolos pasar
–Naraku le tendió una trampa—respondió el monje, el medio demonio la dejó sobre el futón de la anciana
–¿Qué? —se acercó a ella y se sorprendió de ver su cuerpo tan herida—¿Qué le hizo ese demonio? —murmuró preocupada
–Bueno…—la exterminadora miró a Inuyasha, no sabía muy bien que decir—La encerró en un campo de energía que ni siquiera colmillo de acero pudo destruir.
Inuyasha se sentó junto a Kagome y frunció el ceño, la ira volvió a correr por sus venas al recordar la escena de su imagen lastimando a la sacerdotisa.
–Así que ni siquiera colmillo pudo destruirlo—la anciana puso un paño húmedo en la frente de la chica—Su poder espiritual está débil—susurro acariciando la mejilla de Kagome
–Por eso preferimos venir aquí—habló Miroku
–Aunque aún no despierta—comentó Shippo preocupado—Lleva dos días sin despertar.
–Estando así de débil, es normal que no despierte—aclaró la anciana Kaede—No tengo hierbas suficientes para ella—comentó—Deberíamos ir por algunas a la aldea de Jinenji.
–Yo iré—el medio demonio se puso de pie
–Es mejor que nosotros vayamos—habló Sango—Cuando ella despierte lo más probable es que quiera verte.
Inuyasha desvió la mirada, sentía que en cualquier momento perdería la cordura, no soportaba ver a Kagome así y menos al recordar que fue un demonio con su apariencia quien lo había hecho aquello.
–Yo tardaré menos—comenzó a caminar hacia la salida—Por favor cuídenla, en seguida vuelvo—susurró antes de salir
–Kirara, ve con él por favor—pidió Sango, la pequeña demonio gata asintió y siguió al medio demonio
–¿Qué ocurrió? —interrogó la anciana Kaede
–Naraku se ensañó con Kagome—murmuró Sango acercándose a ella y volvió a mojar el paño de su frente—Y utilizó a un demonio con la apariencia de Inuyasha—la anciana sacerdotisa se sorprendió—Y nos hizo verlo desde fuera del campo.
–Naraku sabe que la única capaz de purificar la perla de Shikon es la señorita Kagome y por ende, lo que lo separa de cubrir por completo la perla de su energía maligna—habló el monje—Cree que contaminado su corazón, logrará que la luz que dejó la señorita Kikyo desaparecerá.
–Fue todo muy cruel…—susurró Shippo recostandose junto a Kagome
–Kagome no cayó en su juego, supo de inmediato que no era Inuyasha quien la atacaba—la exterminadora miró a su amiga, admiraba su valor
–Kagome confía ciegamente en Inuyasha—asintió Kaede—Por más que Naraku quiera jugar con su alma y repetir lo que pasó hace 50 años, no entiende que Kagome no es mi hermana Kikyo.
Inuyasha volvió junto con Kirara casi al amanecer. Todos seguían durmiendo cuando entraron a la cabaña, por lo que Kirara se acomodó junto a la exterminadora e Inuyasha se acercó a Kagome para recostarse junto a ella. A pesar de lo furioso y avergonzado que se sentía, tenía la necesidad de estar cerca de la sacerdotisa.
Tuvieron que pasar dos días más para que Kagome comenzara a reaccionar. La fiebre ya había pasado y aunque sus heridas aun no cicatrizaban por completo, iban mejorando.
Era de noche cuando comenzó a removerse incómoda y abrió los ojos de golpe.
–¡Inuyasha! —gritó asustada y sentándose—Ay…—se quejó al sentir el tirón de las heridas en todo su cuerpo—¿Dónde…dónde estoy?—-miró alrededor, todo estaba en silencio, se escuchaba sólo el crepitar del fuego—Es la cabaña de la anciana Kaede—notó que tenía el traje de Inuyasha sobre ella, esperaba que él y los chicos estuvieran bien. Trató de incorporarse y ahí fue que notó todas las vendas en su cuerpo—Creo que las heridas fueron más graves de lo que pensé—susurró—Es cierto, los chicos—trató nuevamente de pararse, pero las heridas de las piernas le dolían—Maldición—notó como una comenzó a teñirse de rojo
El tori de la entrada se movió rápidamente e Inuyasha entró preocupado, había sentido el olor de la sangre de Kagome.
–Kagome…—susurró al verla sentada sobre el futón
–Inuyasha…—lo miró de arriba abajo y suspiró más tranquila al ver que no estaba herido—Gracias al cielo que estás bien—le sonrió. Notó que Inuyasha no se movía y que no dejaba de mirarla—¿Estás bien? —interrogó al ver que no reaccionaba, intentó ponerse de pie, pero le era imposible
–¡¿Qué haces tonta?! —le reclamó al ver sus intenciones—Tus heridas aun no sanan—vio que las vendas estaban manchadas—¡Lo ves! se abrieron, vuelve a acostarte—la movió rápidamente y la chica ni siquiera se percató cuando él estaba quitando las vendas de sus piernas
–Inuyasha…puedo hacerlo yo…—comentó ruborizándose un poco, el medio demonio se detuvo al ver lo que estaba haciendo y soltando las vendas, dio un paso atrás y volteo el rostro
–Lo lamento…—susurró con las mejillas sonrojadas
Kagome sonrió enternecida y comenzó a quitar las vendas. Se sorprendió al ver las heridas en su pierna, ese demonio de verdad pudo haberla matado.
–Vaya…no pensé que se vería tan mal—lágrimas se aglomeraron en sus ojos
–Kagome…no llores—murmuró Inuyasha al sentir el olor característico de las lágrimas de la sacerdotisa—Lo siento tanto—se disculpó arrodillándose frente a ella y entregando unas gasas
–No es tú culpa Inuyasha—aclaró tomando las gasas para comenzar a limpiar las heridas
–Claro que es mi culpa, no te protegí—apretó fuertemente sus puños—¿Por qué no entiendes que pudiste morir por mi culpa? —pensó frustrado
–¿Cómo podrías haber sabido lo que iba a ocurrir? —interrogó tratando de quitarle importancia—Es Naraku el único culpable—mencionó frunciendo el ceño
–Lo sé…pero…—no sabía cómo decirle que lo habían visto todo
–Estoy bien Inuyasha, no te preocupes—interrumpió vendado su pierna—Tengo algo de hambre—susurró avergonzada
Inuyasha parpadeó y no pudo evitar formar una pequeña sonrisa, Kagome nunca dejaba de sorprenderlo.
–Llevas 4 días sin comer, es normal que tengas hambre—se acercó al fuego, donde aún quedaba algo de estofado que había hecho la anciana Kaede. Le sirvió un poco y se sentó junto a ella—Cuidado, está algo caliente—le entregó el cuenco
–Gracias—inspiró—Huele delicioso—y comenzó a comer, el medio demonio solo la miraba, se sentía tan aliviado de que ella hubiera despertado—¿Dijiste…4 días? —interrogó al caer en la cuenta de lo que él había dicho
–Sí, Miroku y la anciana Kaede dijeron que tu poder espiritual estaba muy débil—respondió él mirándola—Además de las heridas y que estabas enferma—ella asintió, era claro porque se sentía tan cansada—¿Por qué no me dijiste que te enfermaste Kagome? —le recriminó
–Porque no era nada importante—respondió terminando la sopa
–¡¿Cómo que no?! eso te dejó aún más vulnerable—reprendió elevando un poco más la voz
–No me grites—siseó Kagome mirándolo molesta e Inuyasha tragó pesado, suponía que ella lo mandaría al suelo, pero solo suspiro y miró el cuenco vacío—No quería preocuparte, estabas empecinado en buscar a Naraku después de lo que pasó—la imagen de Kikyo llegó a la mente de ambos
–Kagome…lo lamento tanto—bajó la mirada avergonzado y con algo de tristeza—No pensé en lo que tú estabas sintiendo.
–Tranquilo—apoyó una de sus manos en el brazo de Inuyasha—Solo estaba preocupada por ti—le sonrió levemente
Inuyasha no podía creer que después de todo lo que había ocurrido, era ella quien se preocupaba por él.
–Kagome…—le quitó el cuenco de la mano y la atrajo hacia su pecho, sorprendiendo a la sacerdotisa—Es cierto que me duele que Kikyo haya muerto, pero tengo claro que ella ya no pertenecía a este mundo. Solo que no quería que muriera otra vez en manos de Naraku—susurró acongojado
–Inuyasha…—susurró ella y sus ojos se llenaron de lágrimas—Lo lamento tanto…—y lo abrazó, apoyando su cara en su pecho
–No te disculpes, sé que hiciste todo por salvarla. No es tú culpa, lo sabes ¿verdad? —la sacerdotisa se quedó en silencio, no sabía que responder a eso—Kagome…—llamó y trató de mirar el rostro de la chica, pero ella se ocultó y comenzó a llorar
Inuyasha entendió que ella necesitaba llorar, por lo que con cuidado, la sentó en sus piernas y la abrazó, tratando de aplacar su tristeza.
Kagome no estaba segura de porqué lloraba, si por las palabras de ese demonio, por Kikyo e Inuyasha o por ella misma, lo único que sabía era que necesitaba liberar su tristeza de alguna forma.
–Lamento eso Inuyasha—habló la chica cuando al fin pudo detener el llanto
–No te disculpes—murmuró apoyando su mentón en la cabeza de la chica—No debiste pasar por nada de esto—la chica sonrió levemente ante eso
–Naraku envió un demonio con tú apariencia—dijo separándose levemente de Inuyasha
–Lo sé—la chica lo miró pasmada—Hizo que nosotros lo viéramos todo desde fuera—gruñó
–¿Qué…? O sea, ¿qué viste y escuchaste todo? —preguntó preocupada, él asintió. El rostro de Kagome palideció, ella no quería que Inuyasha se enterara de nada, ni siquiera estaba en sus planes contarle lo que había ocurrido dentro de ese bosque
–¿Qué sucede? —interrogó Inuyasha al ver su rostro—¿Te duele algo? —comenzó a observarla para ver si alguna herida había vuelto a sangrar
–No, no me duele nada—respondió en su susurro—No quería que vieras nada de eso.
–¿No pensabas contarme? —ella niega con la cabeza—¿Por qué? ¿No confías en mí acaso?
–¡Claro que confío en ti! —exclama ella molesta
–Entonces ¿por qué no querías contarme? Tú eres la que molesta tanto sobre qué debemos hablar sobre todo—se queja
–Eso es porque tú sueles guardarte todo—argumentó frunciendo el ceño—Además…no quería que revivieras eso otra vez—susurró
El medio demonio apartó la mirada de la de la chica y sintió nuevamente ese nudo en la garganta.
–En parte sí lo pensé al verte ahí—comentó él—Pero estaba más preocupado de que murieras y que pensaras que yo…—no pudo seguir hablando
Kagome lo miró y asintió comprensiva.
–Sabía que no eras tú Inuyasha. Sé que jamás me harías daño—comentó sonriéndole
–¿Por qué…por qué confías tanto en mí Kagome? No soy más que un medio…—la mano de la chica en su boca evitó que continuara
–No sigas, detesto que hagas eso—frunció el ceño—Te lo he dicho, me gustas tal cual eres Inuyasha. Lo que tú detestas tanto de ti, es lo que más te hace especial y único.
Inuyasha tomó su mano para quitarla de su boca y la llevarla a su pecho, poniendo nerviosa a Kagome, lo había vuelto a hacer, hablar de más ¿por qué no aprendía a quedarse callada?
–Kagome…
–Lo lamento, hable demás otra vez ¿verdad?—habló rápidamente, sonrojándose y soltándose de su agarre—No sé porque no puedo quedarme callada…supongo que no me gusta estar en silencio, pero a veces debo aprender a solo estarlo, sé que a veces incomodo y…—el medio demonio soltó una suave risa, lo que asombró a la chica y detuvo su verborrea
–Había extrañado escucharte—murmuró y la chica también sonrió, le gustaba verlo sonreír, aunque fuera para burlarse de ella—Eres única Kagome.
La sacerdotisa sintió que el corazón se le detuvo y volvió a latir de forma apresurada. Inuyasha nunca había dicho algo tan bonito. Al parecer él notó lo que dijo, porque abrió la boca y la volvió a cerrar, sonrojándose.
–Yo…—la chica no sabía qué decir después de eso
El medio demonio tomó valor y volvió a tomar la mano de Kagome, para atraerla más hacía él. Kagome no sabía qué hacer ante esa situación. No quería ilusionarse, no después de todo esto. Sabía que Inuyasha era impulsivo y que probablemente se había preocupado mucho por ella y que por eso estaba actuando así.
–Kagome—llamó él al ver que la chica no lo miraba—Mírame—pidió
–No es necesario que hagas esto—trató de soltarse para alejarse de él, pero ¿a dónde?, estaba sentada sobre él.
–¿De qué hablas? —interrogó él al ver el cambio de actitud de la sacerdotisa
–No quiero que digas algo de lo que después puedas arrepentirte—dijo mirándolo de reojo—No me ilusiones por favor…—pidió susurrando
Inuyasha la miró perplejo y las palabras de Sango le vinieron a la mente. "Si no sientes nada por ella, díselo y déjala en paz".
–Kagome no es lo que crees…
–No quiero que vayas a decir algo solamente por lo que ocurrió con Naraku—interrumpió ella, el medio demonio frunció el ceño—Yo estoy bien—quitó su mano de su agarré y trató de volver a sentarse en el futón.
–Eres una tonta—gruñó Inuyasha, desconcertandola
–¿Qué has dicho? —lo miró molesta
–Sé que piensas que hablo solo por lo que ocurrió, pero no es así—la sujetó para que no pudiera moverse y la abrazó—Tuve tanto miedo de perderte—susurró, Kagome trató de calmar el latido de su corazón—Sé que eres fuerte, porque confío en ti y en tú poder, pero el solo imaginarte en las garras de Naraku, me hierve la sangre—la chica notó como el corazón de Inuyasha latía más rápido y algo de energía demoníaca lo envolvía—No tiene derecho a tocarte—gruñó y Kagome notó que la voz de Inuyasha se agravó, como cuando su parte demonio tomaba el control
Ella sabía que él no la lastimaría, aun cuando se convirtiera, pero aún así, pasó sus brazos por su torso liberando algo de energía espiritual para calmarlo.
–Tranquilo…—susurró ella, él se calmó y la abrazó un poco más, necesitaba sentirla y saber que estaba ahí con él
–No te haré promesas Kagome, porque no quiero fallarte—susurró él más calmado—Pero si salimos victoriosos de la batalla contra Naraku, quiero pasar mi vida contigo—eso sorprendió a la chica y sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas—Yo estaré esperándote, decidas lo que decidas—Kagome sonrió entremedio de sus lágrimas y solo movió su cabeza de forma afirmativa—Deberías descansar—susurró y se separaron, Inuyasha limpió las lágrimas de sus mejillas—No llores más por favor…odio verte llorar.
–Lo sé—le sonrió y él le devolvió la sonrisa. Inuyasha la acomodó nuevamente en el futón y la volvió a cubrir con su traje. Se estaba por levantar cuando sintió la mano de Kagome sujetándolo—No te vayas, acuéstate conmigo.
–¿Qué…? —preguntó nervioso—No puedo dormir ahí contigo Kagome, tú cuerpo está herido y además…—sus mejillas se sonrojaron y ella comenzó a reírse—No te burles de mí—se quejó cruzándose de brazos
–Puedes acostarte junto a mí—aclaró, ella se corrió un poco para dejar parte del futón disponible—Solo un momento, por favor—pidió
Las orejas de Inuyasha se movieron, estaba nervioso, es cierto que estos días había dormido abrazada a ella, pero ella estaba durmiendo.
–Kagome yo…
–Mientras estuve durmiendo, te sentí junto a mi y eso me permitió descansar—interrumpió e Inuyasha volvió a sonrojarse
–¿Me sentías? —ella asintió—Bien, pero si llegas a estar incómoda me iré.
Se recostó junto a la chica, mirando hacia el techo y tragó pesado, era imposible que pudiera descansar, tener a Kagome tan cerca y con su olor invadiendo sus sentidos era terrible. Se cruzó de brazos y cerró los ojos, sería una larga noche.
–Trata de descansar Inuyasha—susurró ella tomando una de sus manos, sobresaltándolo—¿Estás incómodo conmigo? —consultó al notar lo tenso que él estaba
–No, no—respondió rápidamente nervioso—Es solo que…—¿qué le iba a decir? sabía que no era la primera vez que dormían juntos, pero nunca así de cerca
Kagome entendía, ella también estaba nerviosa, pero le gustaba que Inuyasha estuviera allí, con ella. Dirigió la mano con la que había tomado su mano, hacia su cabello y comenzó a acariciarlo suavemente.
–Cierra los ojos—murmuró ella, él lo hizo de inmediato—No soy muy buena para esto, pero lo hacía cuando Sota era pequeño y no dejaba de llorar—y comenzó a cantar una canción de cuna
Inuyasha se sorprendió, pero guardó silencio y disfrutó de las caricias que le estaba dando la chica mientras ella murmuraba una canción. A pesar de la tensión que sentía, logró relajarse y pronto cayó en un sueño profundo.
Kagome sonrió cuando lo sintió roncar suavemente. Alejó su mano y se acomodó para poder dormir junto al medio demonio, mirándolo. Inuyasha suspiró y se volteo hacia su dirección y pasó un brazo por sobre la chica, sorprendiendola. Kagome se sonrojó, pero aprovechó el momento y apoyó su cabeza en el pecho del medio demonio y cerró los ojos, quedándose dormida de inmediato.
A la mañana siguiente, la primera en despertar fue Kagome, quien aún era abrazada por Inuyasha, por lo que no pudo evitar quedarse viéndolo detenidamente.
Inuyasha era muy guapo. Las mejillas de la chica se sonrojaron, pero sonrió. Tenía que aprovechar esos momentos, porque sabía que no serían eternos.
–¿Qué tanto me estás mirando? —murmuró el medio demonio sin abrir los ojos y sorprendiendo a Kagome
–¿Hace cuánto estás despierto? —preguntó nerviosa
–Hace un rato—respondió sonriendo, mostrando uno de sus colmillos—Te estás relacionando mucho con Miroku, Kagome. Eres toda una acosadora—murmuró aun sin abrir los ojos
–¡¿Qué?! ¡Pero si eres tú quien está despierto desde antes que yo! —recriminó sonrojándose aún más
–¡Khe! pero yo no estaba mirándote—sus mejillas también comenzaron a sonrojarse
–Pero eres tú quien se hace el dormido para seguir abrazándome ¿verdad?— la chica sintió cuando el medio demonio se tenso y eso la hizo sonreír
–Bueno…yo—tartamudeo haciendo reír a Kagome—Solo estás burlándote de mí—se quejó Inuyasha abriendo de a poco sus ojos y posando su mirada en los ojos de Kagome
–¿Qué…qué pasa? —tartamudeo ella al notar que el medio demonio no despegaba sus ojos de ella
–Estoy muy feliz de que estés despierta—susurró en respuesta y la atrajó un poco más hacia su cuerpo, pegando la cara de Kagome en su pecho—Temí que no despertaras Kagome.
–También temí no volver a verte—susurró ella abrazándolo—Pero estoy bien—se alejó un poco para mirarlo y sonreírle—Me da gusto que estés aquí.
Inuyasha le devolvió la sonrisa y sin siquiera pensarlo, besó su frente, dejando asombrada a Kagome. Él nunca había tenido ese gesto con ella.
–Buenos días chicos—saludó el monje Miroku, sorprendiéndolos, Inuyasha se puso rápidamente de pie—Nos da gusto que hayan descansado—sonrió pícaramente, haciendo sonrojar
–¡Kagome! —gritó Shippo corriendo hacia la sacerdotisa, quien se sentó sobre el futón—Me alegre tanto de que estés despierta—la abrazó y comenzó a llorar
–Tranquilo Shippo—susurró ella acariciando su cabeza—Lamento haberlos preocupado.
–Kagome…—murmuró Sango, también acercándose a ella—Que alegría—sus ojos se llenaron de lágrimas
–Sango…no llores—pidió la sacerdotisa—De verdad estoy bien—tomó su mano y la presionada con cariño—Muchas gracias por cuidar de mí—dijo sonriéndole a su amiga y luego miró al monje Miroku, quien inclinó levemente su cabeza y le sonó
–¿Quién tiene hambre? —interrogó Inuyasha sonriendo
Ahora se sentía mucho más tranquilo al ver que Kagome estaba bien y se juró además que él la protegería con su vida.
