Sailor Moon no me pertenece. Todos los derechos pertenecen a Naoko Takeuchi.
Matrimonio
Si había algo de lo que Minako recordaba querer desde su niñez era el hecho de que un día pudiera usar un hermoso vestido de novia y, caminar por el gran pasillo de una iglesia, directo al lado de la persona de sus sueños.
Para ella, el pensar en el día de su boda, era algo que la enloquecía y la emocionaba. Siempre decía que no había algo más importante en la vida de una mujer, que el organizar el más perfecto día de boda.
Matrimonio
Sin embargo, también tenía otros sueños que deseaba cumplir. Habiendo crecido observando miles de películas, Minako anhelaba convertirse en una gran actriz o en una increíble idol que brillase más fuerte que cualquier otra estrella.
Pero, también había crecido observando canales de deportes. Siempre recordaría con nostalgia las largas tardes en las que ella y su padre se sentaban frente al televisor y observaban animados los canales de deportes. Minako gozaba de observarlos todos, pero el voleibol la había conquistado desde el primer momento que lo vio.
Impulsada con el apoyo de su padre, Minako asistió desde pequeña a cursos y practicaba arduamente. En cada escuela, ella era la primera en alistarse al equipo de voleibol y siempre se convertía en la jugadora estrella.
Sí, Minako siempre soñaba con el día de su boda, pero desde su niñez también soñaba ser una famosa idol o ser una jugadora de voleibol que participase en los Juegos Olímpicos.
Familia
Por supuesto, con el sueño del matrimonio de ensueño, venia también el sueño de formar una gran familia. Aunque superficialmente Minako deseaba formar una familia con muchos niños, por dentro aquel simple pensamiento le aterraba por completo.
Minako no soportaba a los niños. No podía soportar escuchar el llanto de un bebé por más de diez segundos, sin querer arrancarse las orejas. Ella no detestaba a los niños, al contrario, ella siempre velaba prioritariamente por la seguridad de los niños, pero sabía de sobra que ella jamás lograría ser una figura ejemplar para un menor.
Y, eso le entristecía, cuando al pasar por el centro de juegos observaba a niños admirando el poster de su nuevo videojuego y a las niñas aclamando lo genial que lucía y que aspiraban a ser como ella.
Familia
Aun siendo prisionera de los brazos de Morfeo, giro su cuerpo y extendió su brazo izquierdo a la parte que se encontraba vacía de la cama. La ausencia de un cuerpo en esa parte de la cama, hizo que Minako se despertara completamente, mientras que con su mano recorrió la silueta que se encontraba débilmente marcada.
Sin dudarlo, se levantó de aquella enorme cama matrimonial y, colocándose sus pantuflas, salió de su habitación y caminó instintivamente hacia una habitación en particular de su casa.
Y, durante la corta distancia que recorrió, un pinchazo golpeó su corazón. De manera indeseable, el sentimiento de soledad comenzó a invadir todo su cuerpo.
Soledad
Minako Aino odiaba la soledad. Pero, ¿Cómo podía controlar el no sentir aquel sentimiento, cuando la gente que la ha rodeado durante toda su vida, no podrían jamás comprender su situación?
Aun se sentía mal por nunca haber podido revelar a sus propios padres que era una guerrera, protegida por el planeta Venus y guiada por el amor, que defendía a todo habitante del planeta tierra. Jamás podría contarles las veces en las que había sido asesinada ni las múltiples veces en las que tuvo que recurrir a la ayuda de Amy para curar sus heridas más graves.
Sí, se sentía mal, pero aquello era algo que estaba fuera de su control. Artemis, desde el momento en que sus caminos habían vuelto a coincidir, le había impuesto una enorme carga sobre sus hombros.
Una carga que en sus inicios no había comprendido como sobrellevar y, el hecho de tener que hacerlo en soledad, lo empeoraba.
Minako Aino no odiaba solamente la soledad. Minako Aino odiaba sentirse rodeada de gente y saber que jamás iba a ser sincera con alguien.
Luz
–Mina- P. – una dulce voz, pronunciando aquel adorable sobrenombre suyo, la recibió apenas entro en la habitación. –Lo siento, no quería despertarte.
–Descuida. – respondió, adentrándose a la habitación y acercándose a la dueña de aquella voz. – Me preocupe al no sentirte en la cama, y quise venir para asegurarme de que todo estuviera bien. –le tranquilizó, mientras le dedicaba una cansada sonrisa.
–Lo lamento. – se disculpó la dueña de aquella voz. Minako detectó al instante que el tono en aquella voz tenía una mezcla de culpa y de preocupación. –Es solo que escuché a 'Kari tosiendo, a través del monitor de bebés, y solo venía a revisar que ella estuviera bien.
El cuerpo de Minako se tensó automáticamente tras escuchar aquella declaración. Sus más puros instintos de protección se despertaron y su mente se enfocó solamente en el bebé que descansaba dentro de la cuna que había en aquella habitación.
– ¿Tiene fiebre? – una de sus manos tocó con la mayor delicadeza el suave rostro de aquel bebé, tratando de buscar la más mínima anomalía.
–No. –Río la dueña de aquella voz – Su rostro y su frente están frescos.
Minako asintió, una vez que comprobó que aquello era verdad. Solo entonces, se permitió soltar el aire que había contenido durante esos segundos.
–Deberíamos llevar mañana a 'Kari con Amy.
–Mina- P.
–No está de más que prevengamos una fiebre. –continuó, mientras su mente pensaba mil maneras de cómo evitar que aquel bebé no sufriera de una horrible fiebre.
–Mina- P.
–Sería buena idea que hiciéramos… – un par de manos, que se colocaron en sus mejillas, no dejaron que terminara aquella frase. Siendo guiada por esas manos, Minako observó a la mujer que le obligaba a verla. De estatura un poco más baja que ella, de larga y rubia cabellera, similar a la suya, y de ojos de un precioso azul, en los cuales juraba poder observar el cielo mismo.
Para Minako, era la mujer más hermosa que había visto en su vida.
– ¿Usagi…?
– 'Kari está bien. –Le sonrió aquella mujer – No creo que sea necesario que la llevemos mañana con Amy. Ella nos ha dicho que 'Kari es una niña bastante sana.
Luz
Separando, con delicadeza, las manos de Usagi de sus mejillas, no pudo evitar hacer un leve puchero. La sonrisa que Usagi le dio, fue suficiente para que su corazón se tranquilizara un poco.
Oh, ¡como amaba a Usagi!
Su corazón siempre latía con locura con tan solo recibir la más adorable de sus sonrisas. Su mundo se sentía completo con tan solo tenerla a su lado. Con tan solo tenerla a su lado aquel sentimiento de soledad, que apretaba su pecho, desaparecía por completo.
Para ella, Usagi Tsukino era su preciada luz.
Soledad
Minako Aino había aprendido a trabajar en soledad.
Odiaba la soledad, pero había aprendido a adaptarse a ella. Sin nada más que la ayuda de Artemis, había aprendido a combatir a múltiples villanos y salir victoriosa de sus batallas.
Sin nada más que sus puros instintos, ella había aprendido a luchar cuerpo a cuerpo. Siempre agradeció la condición que había obtenido gracias a las prácticas y a los partidos de voleibol en los que había sido participe.
Sin ninguna ayuda, Minako Aino había aprendido a sobrellevar la carga que llevaba en sus hombros. Sin ninguna ayuda, Minako Aino había aprendido a cumplir cabalmente con su misión.
Al menos, hasta que la conoció a ella.
Ella
Usagi depositó un suave beso en sus labios y, sonriéndole, la guío hacia la salida de la habitación del bebé. Mirando por última vez, durante esa noche, a la cuna, se dejó guiar por su amada y juntas recorrieron el camino de regreso hacia su habitación.
Aquella ocasión en la que sus miradas se habían topado por primera vez, era algo que Minako tenía grabado con fuego en su cerebro. Aunque ahora le avergonzaba admitirlo, no podría jamás ocultar que se atrevió a comparar a Usagi con Serenity y, oh, siempre le decepcionaba de ver cuán diferentes eran.
Serenity era delicada y serena. Usagi era tosca e inquieta.
Serenity era organizada y cuidadosa. Usagi era desorganizada y torpe.
Sin embargo, Serenity le había creado una enorme carga en sus hombros. Usagi, en cambio, le enseño a confiar en las personas que la rodeaban.
Usagi le enseño que nunca tendría que volver a cargar con su responsabilidad en soledad. Usagi le había enseñado el significado de tener grandes amistades en las que podía confiar y trabajar mano a mano.
Gracias a Usagi, por primera vez pudo rodearse de gente que podría comprenderla y apoyarla.
Ella
Sus ojos se cerraron instintivamente al sentir el suave toque de la mano de Usagi, que acariciaba su mejilla. El aroma a lavanda, tan familiar para ella, lograba relajarla bastante.
Y le gustaba.
Le gustaba estar, justo como ahora, abrazada a Usagi. Le gustaba sentir el calor de su cuerpo, el sentir sus caricias y escuchar el suave sonido de su respiración, mezclado con el leve sonido de su corazón.
Le gustaba demasiado sentir que, por tan solo unos minutos, el mundo parecía pertenecerle solo a ellas. Amaba sentirla suya, así como también amaba sentirse completamente de ella.
–Hay que casarnos.
Amor
Minako Aino siempre había anhelado enamorarse. Habiendo visto en su niñez y adolescencia muchas películas románticas, Minako siempre había crecido con el anhelo de poder experimentar algún día un amor como el que era exhibido en aquellas películas.
Siempre soñaba con mil y un escenarios en donde coincidía con el amor de su vida. Aquella persona que le diera el más puro amor. Aquella persona que le mostraría sensaciones nuevas cada día.
Y, en muchas ocasiones, su maldición le había demostrado que aún no había coincidido con la persona con la que estaba destinada a compartir su vida.
– ¿Qué dijiste? – el no seguir sintiendo el suave tacto de Usagi sobre su mejilla, la hizo abrir sus ojos. Sin ningún atisbo de duda, Minako levanto su cabeza y miró los preciosos ojos de Usagi. Con todo su amor, desbordando por los poros de su piel, y en un tono claro, volvió a repetir sus palabras:
– Hay que casarnos.
Amor
Minako Aino siempre había anhelado enamorarse, sin embargo, siempre terminaba decepcionada al creer que finalmente había encontrado al amor de su vida.
Hasta que llegó Usagi.
No le bastaban los de sus manos ni los de sus pies para lograr enumerar todo lo que Usagi había hecho por ella. No existía pizarrón ni libreta lo suficientemente largo en el que pudiera detallar cuanto amaba a Usagi.
Usagi se había convertido en su mundo, en su razón de ser.
–Mina- P…
– ¿Me concederías ese honor? – entrelazo sus manos, sin apartar su mirada de aquellos preciosos ojos azules. Usagi la miraba sorprendida y podía sentir como sus ojos comenzaban a arder, una señal de que las lágrimas amenazaban con aparecer.
Por primera vez, en mucho tiempo, Usagi se permitió el no contener las lágrimas. En muchas ocasiones, el tema del matrimonio había sido generador de muchas discusiones entre ella y Minako, y eso era algo que le disgustaba.
Odiaba estar molesta con ella. Odiaba cuando Minako la miraba con enojo y cuando no compartían la cama a la hora de dormir.
Odiaba sentir que presionaba a Minako. Odiaba saber que tenía el poder para hacerla ceder a alguna petición suya.
– ¿Estás segura, Mina- P? – la penetrante mirada de Minako hacía que su corazón latiera a mil por hora. Podía notar en aquellos ojos azules, con un leve tinte lila, un amor desbordante que hacía que Usagi se sintiese flotando.
Minako simplemente sonrió. Soltando la mano de Usagi, se dedicó a limpiar las lágrimas que aun corrían por las mejillas de su amada.
–Usagi. –Inicio, acercando sus frentes para que ella pudiera observarla a la perfección y hacerle notar que estaba siendo completamente honesta con ella – no hay nadie más con quien desee pasar lo que me resta de vida. Tú me has dado todo lo bueno que poseo ahora. Tú me has enseñado cosas realmente importantes y ya no podría imaginar un futuro en el que no te tenga ni a ti ni a 'Kari.
Y estaba siendo realmente honesta.
Minako nunca se habría creído capaz de criar a un niño. Aunque siempre proclamaba que anhelaba ser madre, la verdad es que aquello era algo que le aterraba. Ella jamás se habría creído capaz de traer al mundo a una criatura indefensa que dependiera completamente de ella.
Sin embargo, Usagi le había mostrado lo contrario y el resultado de aquello era su pequeña de tan solo un año. ¡Seguía sin creer que ella había sido capaz de crear a su pequeña princesa!
Era su hija. Suya y de Usagi.
Su pequeña princesa, su niña linda. Su más radiante y hermosa luz.
Su adorada Hikari.
–Lo voy a repetir una vez más. –anunció, mientras sonreía y acariciaba la mejilla derecha de su querida Usagi –Usagi Tsukino, ¿me concederías el honor de ser mi esposa?
Las lágrimas volvieron a resbalar por las mejillas de Usagi y, por esta vez, Minako era capaz de soportar viéndola así. Sin dudarlo un segundo más, ambas mujeres se fundieron en un cálido y tierno beso.
A veces, solo a veces, las palabras eran innecesarias.
A veces, solo a veces, las acciones podían expresar con totalidad lo que el corazón gritaba con desesperación.
THE END
Mucho ha pasado. Muchas gracias por leer hasta aquí.
Nos volvemos a ver dentro de otros años (?) joking, maybe actualice mis demas historias
