Umi gimió mientras se sentaba sobre el pequeño y cómodo futón, todo su cuerpo parecía gemir con ella. Un dolor sordo provenía de cada nervio. Estaba oscuro, demasiado oscuro para ver frente a ella, y su mente somnolienta todavía se estaba reiniciando. Volteó la cabeza lentamente hacia la única fuente de luz disponible, el resplandor verde de un despertador, ahora ligeramente inquietante a esta hora, que según el reloj era alrededor de las 2 a.m. La peliazul continuó mirando el reloj, tratando de ignorar el dolor de las picaduras y rasguños en su piel mientras trataba de recordar dónde estaba.

En eso se oyó un resoplido a lo que Umi dio un pequeño jadeo de sorpresa, habiéndose asustado y también despertado por el fuerte ruido. Venía de justo al lado de ella, pero la peliazul apenas podía distinguir nada en la oscuridad. Todo lo que sabía era que estaba desnuda y había un brazo descansando sobre su regazo, y alguien roncando muy fuerte a su lado. Su corazón comenzó a latir más rápido cuando levantó el brazo bastante musculoso de ella y se movió para presionarse contra la pared.

Fue entonces cuando rozó una especie de tela suave y suelta. Cortinas. Y cortinas significa ventanas… Umi apartó la cortina, permitiendo que la tenue luz de la luna entrara a raudales en la habitación, tiñendo todo de un azul suave. Incluida la dueña del brazo y la fuente de los ronquidos.

Honoka. La pelijenjibre estaba acostada en el mismo futón que ella y al igual estaba posiblemente sin ropa, aunque lo particular de ella estaba roncando con un charco de baba formándose en su almohada mientras dormía. Umi dejó escapar un largo suspiro, finalmente relajándose mientras todas las piezas encajaban en su cabeza.

Así es, Honoka había venido a visitar a Umi ya que la peliazul estaba sola en casa ya que sus padres estaban en Kioto visitando a sus abuelos. La peliazul invitó a su amiga desde tierna infancia, la peliazul aceptó y le preparó la cena, todo salió bien, y luego en algún momento habían subido a la habitación de Umi y… Una vez más hicieron el amor.

El lugar entre las piernas de Umi comenzó a palpitar de dolor, como para recordarle lo que había ocurrido la noche anterior. Retiró la manta, lo único que protegía su modestia, para ver sus dos muslos cubiertos de chupetones. Parecían más concentrados en la parte interna, pero había algunos sueltos hasta su cadera. Continuaban hacia arriba desde allí, sobre su estómago, y de allí a su pecho, que estaba tan cubierto de ellos como sus muslos. No podía ver su cuello y hombros, pero imaginó que se veían muy parecidos.

La peliazul lentamente comenzaba a recordar la noche anterior, era cierto, Honoka y ella consumaron su amor y alma y en medio de eso, Honoka la trató con cariño y ternura, la hizo sentir muy especial como algo muy hermoso. Todas esas muestras sobre su cuerpo no quería realmente cubrirlos. Se los dio Honoka. Kousaka Honoka, la excéntrica pero carismática líder de μ's. Llevaban de pareja hace menos de un año.

El corazón de Umi comenzó a latir un poco más rápido de nuevo. ¿Cuándo se había enamorado de Honoka? No estaba segura, pero probablemente fue hace algún tiempo. Solo hubo un día en el que descubrió que mirar a su mejor amiga la hacía sentir burbujeante y flotante y su corazón comenzaba a acelerarse. Se sentía rara, había pasado días evitando la práctica solo para no tener que lidiar con eso, luego las dudas, la confesión y ahora estaba ahí con Honoka.

Umi se masajeó el cuello dolorido, haciendo una mueca de dolor mientras presionaba contra los innumerables moretones que lo cubrían. Miró a Honoka, observando su rostro sereno e iluminado por la luna. Parecía un ángel en ese momento, tan hermosa y pacífica, que la peliazul sentía que su corazón se derretía de ternura. La peliazul decidió acostarse sobre la cama ya que de alguna manera sentía que sus fuerzas iban a flaquearse por el sueño.

La peliazul lentamente extendió un brazo hacia Honoka. Con dedos temblorosos apartó un mechón de cabello suave. Continuó acariciando el cabello de Honoka, todo mientras miraba esos labios entreabiertos. La peliazul tenía un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas que amenazaban con estallar de sus ojos. Suavemente presionó sus labios en la frente de Honoka, la piel ardiendo bajo su toque. La piel de Honoka era tan suave pero no conforme con eso, la peliazul le besó la mejilla y los labios.

Luego de eso, hundió su rostro en el pecho ajeno mientras que unas manos se colocaban sobre su cabello mientras unos labios besaban su frente. Por segundos, Umi quedó en shock mientras su estómago se puso flotante y lleno de mariposas. Una vez más, Honoka la trataba como lo más dulce, la peliazul cerraba los ojos mientras no podía contener las lágrimas.

Parecía un sueño hecho realidad, estaba con Honoka, entre sus brazos...