La línea que separa el bien y al mal es muy delgada, y una vez que la cruzamos, no hay vuelta atrás.

(Friedrich Nietzsche)

Debí detenerlo antes de que llegara tan lejos.

Desde el primer momento en que la vi, supe que era diferente. No por su fuerza, ni por su destreza, sino por la forma en que me miraba… como si viera en mí algo más que el Santo de Libra, como si pudiera atravesar los años que me pesan y encontrar al hombre que hay detrás de la armadura.

No sé en qué momento permití que todo se volviera tan confuso. Tal vez cuando escuché su voz pronunciando mi nombre con esa mezcla de desafío y vulnerabilidad. O cuando me descubrí buscándola sin darme cuenta, reconociendo su presencia antes que la de cualquier otro. He pasado años convenciéndome de que los sentimientos no deben gobernarnos, que el deber está por encima de cualquier deseo personal. Pero con ella… con ella todo lo que creía inquebrantable se tambalea.

Porque cuando la veo, dejo de ser Dohko de Libra. Y me convierto en un hombre que anhela lo que no puede tener.

Pensé que era un capricho de mi mente desgastada, un eco de los años de soledad que he cargado sobre mis hombros. Y aunque mi cuerpo desafíe al tiempo, mi alma y mi mente han sentido cada uno de los siglos que he vivido. He visto demasiadas noches, demasiados amaneceres, y me obligué a no desear, a no anhelar, porque en mi destino nunca hubo espacio para el amor. Amar significaba ver morir, y yo, condenado a la eternidad, no podía permitirme ese dolor.

Pero con ella… olvidé mis propias reglas.

Me dejé llevar por su mirada de osadía, por el peligro de su sonrisa, por esa energía que me hacía sentir vivo después de tanto tiempo en las sombras. La dejé acercarse más de lo que debí permitir, rompí las normas que juré respetar cuando respondí a sus besos, cuando me quedé en su cama. Y ella… ella me mintió.

Lo supe desde el principio. En su torpeza no había malicia, solo incertidumbre. No era alguien que fingía experiencia; era alguien que no la tenía. Y aun así, no la detuve. Tal vez quiso engañarme porque pensó que era la única forma de alcanzarme. Tal vez lo sabía, pero no le importó. Pero yo… yo sí lo supe. Y aun así, seguí adelante.

No detenerme cuando aún podía fue mi mayor error. Cada instante, cada encuentro, cada palabra no dicha nos arrastró a un abismo del que ahora no sé cómo salir. Por un momento quise sentirme vivo, abrazar el calor de su carne, arder en su interior, pero en mi egoísmo no vi lo que estaba creando. Porque ahora, cuando la miro, sus ojos ya no reflejan solo deseo. Piden amor. Y yo… no sé si puedo dárselo.

Debí detenerlo antes de que llegara tan lejos. Fui el adulto en esta historia, el hombre con más experiencia, el Santo de mayor rango. Fui quien debió poner límites, y no lo hice. Ahora que esas palabras salieron de su boca, tan claras, tan seguras, me doy cuenta de que crucé una línea que no debía.

Ella me ama.

Pero lo que yo siento por ella… no tiene la misma fuerza. No quiero lastimarla. No quiero ser el error en su historia, el peso que la marque para siempre. Y, sin embargo, temo que ya lo soy.

Continuará…

.


Amatizta: Hola. Sí, la plataforma anda algo rara últimamente. Como poseída, insinuó una amiga por aquí. Ojalá se estabilice pronto porque si es algo frustrante. Y sobre Kiki… ¡qué decir! Bien podrías tener razón, ese niño es un caso y definitivamente no se queda de brazos cruzados. Aunque, quién sabe, tal vez hay más en juego de lo que parece. Me encanta que te interese ver más de su dinámica en misiones, así que lo tendré en cuenta. No prometo nada, pero no tendré presente ¡Gracias por tu entusiasmo y por seguir aquí!

El próximo capítulo estará disponible el 14 de febrero.

Nos estamos leyendo.