Hiccup a pesar de las horas que habían pasado, seguía maldiciendo las ocurrencias de Mérida DunBroch, porque había sido lo necesario para que Elsa estuviera proponiendo por un largo tiempo las teorías más alocada sobre las palabras que le había dedicado con tanta amabilidad Bruno Madrigal.
Con toda la emoción del mundo, Elsa finalmente parece llegar a una que la convence por completo. —Tal vez significa que vamos a adoptar otro gato, pero que nos separaremos y yo me los termino quedando.
—¿Estás diciendo que Chimuelo es mi hijo? —le pregunta con una ceja alzada, intentando no reírse.
—Que tú mismo no lo veas de esa manera es una bandera roja del tamaño de una casa, Haddock.
Hiccup rueda los ojos. —Es mi amigo, es mi compañero, pero decir que es mi hijo me parece exagerar un poco —han tenido esta conversación varias veces, más que nada a modo de broma, surgía cuando Hiccup la acusaba de consentir demasiado a Chimuelo y ella insistía que era él quien no lo mimaba suficiente y ella tenía que compensar de alguna manera todos los años en los que a ese pobre niño le faltaron cuidados y atención—. Oye, un momento, ¿por qué estás hablando con tanta emoción de la idea dequitarmemi gato?
Elsa suelta una risa encantada, pero algo nerviosa. —Oh, vamos, no puedes culparme, sabes lo mucho que adoro a este niño —y justo mientras dice eso, Chimuelo corretea por diferentes muebles para estar justo al lado de Elsa y ella pueda cargarla en brazos—. Además que está claro que me prefiere a mí, porque yo sí lo trato como se debe.
Niega con la cabeza ante las palabras de su novia. —No te hagas tantas ilusiones, ese hombre no dice más que tonterías.
—Tú estás enfurruñado porque solo te ha dicho cosas malas —le dice con sorna, soltando una que otra risilla.
—Oh, ¿entonces crees son ciertas las cosas que ha dicho de mí y las cosas que supuestamente me pasarán?
Aunque en un inicio estaba más que nada bromeando, cuando ve la sonrisa culpable en el rostro de su novia, Hiccup llega a sentirse algo irritado.
—A ver, cariño, tienes que admitir que eres al menos un poco posesivo —señala lo evidente, no se equivoca en lo absoluto, pero la verdad es que Hiccup preferiría que no lo señalara precisamente para darle la razón a ese charlatán—. Todo el tema de "ser el único" es algo que tú mismo has dicho.
Por orgullo, resopla con sorna. —No creo que realmente yo...
Elsa se muestra realmente asombrada por la osadía de Hiccup de negar algo que ambos saben perfectamente que es cierto. —Cariño, haz memoria, ¿cuántas veces me has dicho "voy a follarte hasta que solo te acuerdes de mi nombre"? —sonríe en cuanto termina de hablar, sobre todo porque su novio desvía la mirada y se le tiñen las mejillas de rojos—. ¿Cuántas veces me has pedido que diga que soy solo tuya? ¿O cuántas veces...?
Hiccup resopla bruscamente para interrumpirla. —Eso es en el calor del momento, no creo yo que cuente...
—Hiccup, eres jodidamente posesivo. Y a mí en verdad eso no me importa mientras se quede en frasecillas que sueltas mientras estamos en la cama —para su molestia, su voz se pone más firme y su expresión es mucho más seria que hace unos segundos—. Sabes que mientras no me hagas un numerito por tus celos, a mí no me importa.
Aprieta los labios y se traga como puede el orgullo, porque sabe que si se pelea con ella por una tontería de ese calibre, terminará logrando que ella se acuerde de su pelea de esa noche.
—De todas formas creo que ese sujeto es un charlatán —masculla por lo bajo con molestia. Entre risillas, Elsa rueda los ojos con sorna antes de sentarse en el regazo de su novio para darle un intenso beso en los labios.
Cuando se aparta, Hiccup gruñe por lo bajo y ella vuelve a reírse. —Eres tan terco —se burla por lo bajo antes de soltar un respingo al sentir de un momento a otro algo vibrando contra su cuerpo. Hiccup se ríe un poco de ella mientras saca su teléfono de su bolsillo para ver quién lo estaba llamando.
Chasquea con molestia la lengua en cuanto ve el nombre de Viggo mostrándose en su pantalla. No quería lidiar con ese imbécil, era completamente consciente de que sí accedía a reunirse con él le ganaría la rabia y terminaría dándole otra paliza, esta vez sin un buen motivo, esta vez logrando meterse en problemas con la familia Grimborn. Cuelga la llamada, dejará que alguien más lidie con ese tema.
—Cambiando un poco el tema —comienza Elsa mientras deja ir a Chimuelo, aprovechando que parece que Hiccup no le daría más importancia a aquella llamada—. Ya llevábamos como tres meses saliendo —le comenta algo que él ya sabe a la perfección. Quiere hacerle un broma de que sabe perfectamente cuánto llevan juntos, pero se mantiene callado ante los mimos que recibe en el cabello—. ¿De verdad no me vas a presentar a algún amigo tuyo?
Hiccup vuelve a bufar con molestia. —Son unos imbéciles, no merecen tu tiempo.
—¿Entonces por qué son tus amigos? —suelta la misma pregunta de todas las veces que han tocado aquel tema.
—Son más compañeros de trabajo que amigos —aquella vez es un poco más honesto que las anteriores—. No tengo la misma relación con ellos que tú tienes con tu grupo, no les tengo tanta estima y ellos a mí tampoco —ante la expresión incrédula y enfurruñada de Elsa, Hiccup decide explicarse aún más—. A ver, a Eret, el tío que viste aquella noche, no le conozco tanto, trabaja para mis padres, sé que liga mucho, no conozco más de él —además de que es un inútil, comenta para sí mismo, se siente tentada, pero al final no lo dice en voz alta—. Heather, mi prima, y Snotlout son idiotas, seguramente se pasarían el día entero haciéndote insinuaciones y coqueteando contigo para tocarme las narices, comprenderás que prefiero no lidiar con eso. Los gemelos Ruffnut y Tuffnut son como críos, harían bromas pesadas y luego se aburrirían y buscarían que otra cosa hacer. Fishlegs es un antisocial de primera, ni siquiera se presentaría, y Astrid —tiene que pensarse un largo rato los motivos de por qué no presentarle a Astrid, al darse cuenta de que no se le ocurre nada, se hunde de hombros con simpleza—. Bueno, tal vez sí que te lleves bien con ella, así que si quieres quedar únicamente con ella.
Elsa es ahora quien suspirada pesadamente mientras rueda los ojos y se recuesta mejor contra el cuerpo de Hiccup. —No me creo que vaya a salir tan mal, además incluso si no nos hacemos amigos tampoco sería un desastre, tú no te llevas bien con mi grupo y no pasa nada.
—Ya, pero tú por lo menos creías que las cosas saldrían bien, imagina qué tan mal acabaría todo si yo ya tengo una perspectiva de que pasarás un mal rato... Además que tu hermana y Rapunzel me caen muy bien, y creo que me estoy empezando a entender con Mérida e Isabela. Mi problema es contra Hamada, ¿qué diantres tiene en mi contra?
—Dice que le das malas vibras —responde con simpleza, confundiéndolo—. Es que se siente tan raro que no conozca a nadie de tu círculo cercano.
Ignorando la "explicación" sobre la actitud de ese sujeto molesto. Hiccup comenta con un poco más de calma. —Creo que el problema aquí es que asumes que yo tengo un grupo de amigos del mismo nivel de cercanía que el tuyo. Pero soy un tío más solitario, princesa, si esos sujetos los considero mis amigos es más que nada porque convivo con ellos y de vez en cuando tomamos algo juntos, pero yo no saldría de fiesta con ellos, y mucho menos nos reunimos tantas veces como vosotros.
Elsa rueda los ojos con una mueca en el rostro. —Aburrido —murmura por lo bajo, a lo que Hiccup decide contestar con una falsa indignación.
—A ti te vendría bien disfrutar de la vida casera de vez en cuando —sonriente, sabiendo que daba contra su punto débil, Hiccup señala con la cabeza a la enorme estantería del apartamento de su novia—. Tienes una buena cantidad de libros esperando a que los leas.
Las mejillas de ella se encienden de rojo de inmediato. —No es que lea poco —insiste como todas esas veces que alguien o él mismo tocaban ese tema—, es que compro demasiado rápido.
—Excusas.
—Hoy estás muy cruel conmigo —le dice juguetonamente mientras le da un manotazo suave en el pecho. Se levanta bruscamente de su regazo para irse a otra habitación mientras llama a su mascota—. Ven, pequeño, alejémonos de este sujeto cruel —Chimuelo maúlla encantado y salta sin problema hacia los brazos de Elsa, quien se burla de Hiccup en cuanto vuelven a cruzar miradas.
—Oh, venga ya —se ríe mientras se levanta con algo de pereza—. ¿De verdad vas a huir de mí? ¿De verdad te vas a llevar a mi muchacho?
—No te lo mereces —le dice con falsa seriedad, sacándole la lengua de forma infantil. Hiccup los sigue a tan solo un paso de diferencia y pronto se da cuenta de que su novia no está yendo a un lugar en específico, que solo está huyendo de él de manera infantil. Está a punto de tomarla de la cintura para cuando ella se detiene bruscamente para darse la vuelta. Chimuelo se remueve más contra su cuerpo y maúlla a modo de queja por los movimientos bruscos—. Casi me olvidó de comentarte algo —le dice con una mueca que se ve tremendamente nerviosa.
Hiccup frunce un poco el ceño por la confusión. —¿Qué ocurre?
No le gusta en lo absoluto como su novia parece estar más nerviosa al paso de cada segundo. Nota que paso sus manos por el cuerpo de Chimuelo de una forma algo torpe, como si estuviera usando a su gato para relajarse un poco.
—Es algo que salió un poco de momento a otro —le empieza a explicar, negándose a mirarlo a los ojos—, y el abuelo ha insisto bastante... no me he podido negar...
Dioses benditos, ¿no será que Runeard Queens quiere conocerlo ya? ¿Estaba preparado para eso? ¿Tenía suficientes excusas en mente para explicar su extenso historial criminal? ¿Tenía la situación lo suficiente bajo control como para estar cara a cara con ese hombre?
—Y bueno, a Anna también le gustaba la idea, por lo que comprenderás que me sentí un poco presionada —alza finalmente la mirada para verlo, Hiccup agradece haber aprendido a manejar sus expresiones gracias a los negocios de su familia... y a las esporádicas partidas de póker a las que tendían a invitarlo. Solo le hace una ceña para que continúe, por lo que Elsa suelta un suspiro y se deja de rodeos—. Vamos a tener un viaje en familia en unas semanas...
Espera...
Espera, ¿¡qué!?
Intenta componer la compostura tanto como puede. —¿Un viaje en familia? ¿Cómo unas vacaciones?
—¿Qué? No —por el temblor de su voz y la manera en la que estira las palabras, sabe que Elsa no solo le está mintiendo a él, sino que también a sí misma—. Bueno, puede, es un tema de trabajo, que tal vez estemos aprovechando para viajar juntos —se queda callada bruscamente al verlo alzando una ceja—. Venga vale, sí que son como una vacaciones. Pero tampoco es la gran cosa, vamos a la casa familiar que tenemos en Bergen, visitaremos a miembros lejanos de la familia y...
Vuelve a quedarse callada ante su incrédula mirada, y lo peor de todo es que no llega a entender del todo qué era lo que había provocado aquella reacción, por lo que prueba suerte.
El problema es que Elsa Queens no tiene suerte.
—Ah... Bergen es una ciudad costera de Noruega...
—Sé dónde queda Bergen, cariño. Lo que me sorprende es que tengáis una casa familiar, que asumo que será otra imponente mansión, en Bergen. Estoy más seguro de que la tenéis abandonada.
Elsa aprieta los labios con molestia. —No es para tanto, suelen familiares lejanos, o la alquilamos a diferentes organizaciones que dan albergue, además no es una mansión ni es la más grande.
—¿La más grande? —repite con una risilla—. ¿La más grande de qué?
Ella se siente como idiota mientras niega con la cabeza, dándole una idea de qué era lo que estaba omitiendo.
—Elsa, princesa...
—¿Sí? —murmura con la cabeza agachada.
Se inclina hacia ella mientras pregunta con sorna. —¿Cuántas casas tenéis?
—Siguiente pregunta.
—De acuerdo, ¿dónde más tenéis casas?
Su novia resopla con exagerada molestia mientras tira la cabeza hacia atrás. —Ya entendí, ya entendí, somos asquerosos burgueses, lo sé y lo siento. ¿Podemos pasar a otro tema?
Luego de una buena sesión de risas a costa de su preciosa novia que volvía a murmurar algo con respecto a que le terminaría quitando a Chimuelo porque él y su actitud infantilmente cruel no se lo merecían, Hiccup decide preguntarle otra cosa.
—¿Y cuánto tiempo vais a estar fuera?
No le gusta el nerviosismo que vuelve a ver en el rostro de su angelito. —Tres semanas y media... —le responde con un hilillo de voz.
—¿Qué? —suelta con mucha más brusquedad de la que pretendía. Alarma a su gato, que le sisea enojado antes de volver a ocultarse contra el cuello de Elsa—. ¿Tres semanas y media? —repite, bajando un poco su voz, sintiéndose abrumado ante la mirada culpable de Elsa, sintiéndose terriblemente decaído al verla asentir un par de veces. Hiccup resopla con molesta y lloriquea un poco mientras recuesta su frente contra el hombro de su novia—. Eso es casi un mes entero, ¿por qué os vais tanto tiempo?
—Hay mucha familia que visitar —es todo lo que contesta mientras alza una mano para empezar a acariciarlo a él también. Chimuelo, indignado por no ser el único en recibir mimos, salta lejos de los brazos de Elsa, no sin antes darle unos duros golpes con su pata a Hiccup en la mejilla—. Venga, no te pongas así, ya verás como se te pasa el tiempo volando.
—Y una mierda.
—Ya, la verdad es que dudo mucho que para cuando vuelva te encuentre con vida —sabe que está bromeando, pero Hiccup ve aquella posibilidad completamente factible.
—¿Qué se supone que haré todo ese tiempo sin ti?
Elsa suelta una risilla. —Cariño, solo serán tres semanas y media, y aun quedan dos semanas antes de que me vaya.
—¿¡Solo dos semanas!? —pregunta con espanto, apartándose bruscamente de ella—. ¿Por qué me haces esto? ¿Qué voy a hacer sin ti?
—Vale, ahora sí que estás exagerando un poco.
—Me voy a morir, Elsa, si te vas por tanto tiempo me voy a morir.
—Voy a llamarte todos los días, haremos videollamadas cada noche, estarás bien.
Hiccup lloriquea mientras retoma su sitio en el hombro de su novia. —Vas a matarme.
—Vas a sobrevivir.
—Ve pidiendo las flores y el ataúd para mi funeral.
—Hiccup, amor mío, no te vas a morir, solo haz lo que hacías antes de salir conmigo.
Con eso logra sacarle una risilla burlona. —¿Tú estás segura de eso, princesa?
Elsa resopla. —No me puedo creer que toda tu vida se resuma a trabajar y follar, Hiccup, debes de tener algún pasatiempo o algo.
Sí, sí que lo tenía, pero involucraba demasiada violencia y gente muerta como para que se lo pudiera comentar tan tranquilamente de un momento para otro.
Aunque, la verdad, seguramente terminaría tomando esa opción para desestresarse un poco, para tan siquiera pasar el rato mientras su precioso angelito lo dejaba abandonado por tanto tiempo.
Empieza a dejarle besos en el cuello mientras sus manos se deslizan desde su cintura hasta la zona donde la espalda perdía su nombre y sus dedos aprietan con fuerza. La escucha contener los gemidos así que tira de ella para pegar sus cuerpos.
—Me lo vas a tener que compensar —masculla contra su piel—. Porque sabes que me voy a volver a loco sin tocarte por tanto maldito tiempo.
Elsa rueda los ojos. —Ya, ya me lo imaginaba, cielo —asiente con gracia.
—Me lo vas a tener que compensar desde ahora —deja en claro, empezando a empujarle contra una pared cualquiera, tomando sus muslos para levantarla del suelo y hacerse un buen espacio en sus piernas.
Le molestia un poco el resoplido juguetón que ella suelta.
—Hiccup Haddock, eres un hombre tremendamente predecible —está bromeando, le está dedicando una sonrisa burlona, pero sus manos acarician su cabello y pasan lentamente por su cuello, haciendo que un escalofrío le recorriera todo el cuerpo y un gruñido se escapara de sus labios—. Y tan, pero tan fácil de satisfacer.
Ella aprieta con fuerza sus piernas alrededor de su torso, acentuando la cercanía de sus cuerpos, y tira con algo de fuerza de su cabello, logrando que Hiccup soltara un jadeo.
Él le dedica una sonrisa ladina. —Solo soy así para ti —le asegura, con la respiración alterada y sus manos apretando con fuerza su fina cintura—. Solo tú me pones así.
Tiene que admitir que esa sonrisa presumida en el rostro de su precioso angelito hace que se derrita.
—Lo sé, amor, lo sé perfectamente.
Elsa tiene que contener una carcajada en cuanto ve a su hermana.
—Lindos chupetones —bromea mientras una que otra risilla poco disimulada se le escapa. Su hermana se voltea bruscamente en su dirección una las mejillas rojas y una expresión de rabia a la par que deja con algo de brusquedad su taza de té de regreso a la mesa del comedor de la oficina.
—Mira quién habla, ¿qué tienes tú debajo de ese cuello alto?
Muchos chupetones y mordeduras, también algo de maquillaje porque la tela no llega a cubrirlo todo. Esa sería la respuesta honesta, pero Elsa limita a pasarse una mano por el cuello y resoplar con algo de molestia.
—Al menos yo los cubro —comenta por lo bajo, ocultando su rostro tras su taza—. ¿Por qué no te has puesto nada para taparlos?
Anna reniega por lo bajo. —Anoche no dormí nada, tenía pensado maquillarme un poco para tan siquiera disimularlos, pero me desperté tarde y no me dio tiempo ni para pillar la base y hacerlo aquí.
Elsa le ofrecería el maquillaje que ella sí que había traído por si acaso, pero no creía que su hermana quisiera llevar el cuello básicamente blanco.
—Entonces Rapunzel tampoco se tomó bien lo del viaje de más de tres semanas.
Su hermana menor vuelve a soltar un quejido infantil. —Me puso una cara... como si le hubiera dicho que me iba por un año. Pero no eso fue lo peor, hubiera preferido que me pidiera que me quedara o que intentara hacerme chantaje emocional. Pero no, que va, Rapunzel Corona es demasiado buena como para hacer eso, prefiere desearme un feliz viaje y unas buenas vacaciones mientras parece que está al borde de las lágrimas. Y me paso todo el día consintiéndola con lo que ella quiera para que mejorarle el humor, pero luego en la noche va y me empieza a decir lo mucho que me va a extrañar, y lo sola que va a estar...
Elsa suelta una carcajada en cuanto ve a su hermana recostarse un poco contra la mesa en la que estaban. Anna luego de unos segundos alza muy levemente la cabeza y con la mirada le pregunta cómo le había ido a ella. La mayor de las hermanas Queens se hunde en hombros antes de contestarle con una sonrisa. —Hiccup es un poco más directo, empezó a lloriquear en cuanto se lo dije y exigió... ser recompensado.
De pronto una risilla algo burlona se le escapa a Anna. —Deberíamos dejarlos en una guardería, así al menos se hacen compañía —comenta a modo de broma, logrando sacarle una buena risa a su hermana mayor—. ¿Vas a pedirle a Hiccup que te lleve al aeropuerto?
—Depende de él —logra decir aún entre risas—, no sé si se siente cómodo para presentarse al resto de la familia de una vez, sobre todo porque le ha cogido manía al abuelo.
—Bueno, tampoco hace falta que los conozca, dijimos de reunirnos en la sala de espera, puede dejarte a la entrada del aeropuerto.
Al ver la extraña expresión de su hermana menor, Elsa alza una ceja. —¿Y a ti por qué te interesa que mi novio me deje en el aeropuerto?
Anna bufa cansada. —Porque quiero que Rapunzel me acompañé, y si Don Gato también va seguramente va a estar más cómoda y dirá que sí.
—¿Sabes? Todavía me sorprende que sean esos dos los que precisamente los que se lleven bien, realmente creía que Hiccup se entendería mejor con Mérida o tal vez con Kristoff.
Una mueca se le forma en el rostro a Anna. —¿Tú crees que en verdad se llevan bien?
—¿Tú no?
—Pensaba que era más que nada la broma de que al ser los nuevos en el grupo tenían que estar unidos, pero en verdad no veo que podrían tener en común esos dos.
—No hace falta que tengan cosas en común, se llevan bien y ya está. Entiendo lo que dices de que empezó por ese tema, pero por lo menos juraría que estuvieron un buen rato charlando la vez que salimos de fiesta, y realmente parece que Rapunzel es la única que le cae bien de todo el grupo.
—Sí, bueno, eso tampoco es decir mucho que digamos... ¿Tadashi sigue con todo el tema de que le da mala espina? —Elsa asiente con cansancio—. ¿Y te ha dicho ya por qué? Algún motivo en particular tendrá.
—Si es que lo tiene, no me lo ha dicho aún —ante el silencio que se forma por unos largos segundos, Elsa decide sacar el tema que ambas han estado evitado—. Oye, sabes que en cuanto volvamos del viaje van a querer que los presentemos formalmente, ¿verdad? Por lo menos te lo van a exigir a ti, que pronto haréis un año.
Anna, aunque por un momento parece querer angustiarse, termina dibujando una inmensa sonrisa en su rostro. —Buah... un año ya, todavía no me creo la suerte que tuve de conocerla —murmura en verdad para sí misma, con la mirada algo perdida en una esquina cualquiera y con la mente llena de todos los bellos momentos que había tenido con su novia—. Sé que ella aún tiene uno que otro miedo sobre conocer a la familia, pero no creo que se niegue por completo... mientras no involucremos a la familia de ella...
Elsa frunce el ceño por confusión. —¿Y eso?
—Te voy a ser honesta, hermana, y decirte que en verdad ni yo misma sé cuál es el problema. Sé que no tiene una relación muy buena con sus padres, pero la verdad es que no sé por qué. Y ahora con lo que le dijo Bruno la verdad es que no sé si estaría bien preguntarle nada, no quiero que vuelva a pasar lo de la otra vez...
—¿Lo de la otra vez? —repite de inmediato, alzando una ceja e instando a su hermana para explicarle de qué estaba hablando, sobre todo al ver su expresión de sorpresa.
—¡Cierto! Se me olvidó comentarte lo que pasó cuando le dije que el abuelo había estado investigándola. Y se me olvidó preguntarte, ¿cómo se lo tomó Hiccup?
Ante la expresión preocupada de su hermana, Elsa se hunde de hombros y le deja muy en claro que no entiende por qué estaba tan seria. —Hombre, no le gustó, pero tampoco le afectó mucho que digamos, se olvidó del tema bastante rápido. Dijo que eran cosas que había hecho como un adolescente idiota y que no le gustaba mucho hablar del tema, nada más.
—Ya, algo así me imaginaba... Rapunzel se lo tomó fatal, ni siquiera le importó tanto todo el tema de las fotos y la investigación, por eso se lo pudo comentar como broma a Hiccup, porque realmente eso no le molestaba... pero cuando le pregunté por el tema de protección de testigos se puso de una manera...
Elsa se endereza bruscamente por la sorpresa. —¿Se enfadó contigo?
—¿Qué? No, no. Más bien me pareció que se había asustado muchísimo, empezó a llorar y a balbucear, en algún punto empezó a hiperventilarse y se pasó toda la noche con pesadillas y llorando mientras dormía... Buah, todavía me siento fatal con solo recordarlo.
Su hermana mayor resopla mientras deja su taza olvidada en la mesa. —¿Y no habéis vuelto a tocar el tema?
—No me he atrevido, me repitió varias veces que no sabía ni cómo explicármelo, la verdad es que ni siquiera me importa si me lo explica en un futuro o no, odiaría hacer que se vuelva a poner así.
Elsa intenta forzar una sonrisa comprensiva, pero le cuesta muchísimo. —Pero conociéndote... te debes estar muriendo de curiosidad.
—¡Sí! —admite Anna apresuradamente, pero avergonzada—. Sí, gracias por decirlo. Tienes toda la razón, me muero de ganas por saber qué demonios le pasó, y eso hace que me sienta super culpable porque no quiero presionarla para que me diga, pero el hecho de que no pueda decírmelo me está matando, Elsa, te juro que me voy a morir.
Anna cierra los ojos y respira profundamente cuando su hermana mayor empieza a acariciar su cabello con ternura, imitando los gestos que su madre hacía para calmarla cuando era una niña.
—No te comas la cabeza, es normal que quieras saber, la curiosidad es normal. Ya te lo contará cuando esté preparada, creo que es más que evidente que te adora tanto o más de lo que tú la adoras a ella.
La escucha suspirar pesadamente. —Lo sé, lo sé, pero necesitaba escucharlo —asiente mientras se endereza luego de que Elsa dejara de acariciarle la cabeza—. Realmente quiero que todo salga bien, sobre todo que el abuelo deje todo el bendito tema de sus investigaciones.
—Sí, eso principalmente sería maravilloso —comenta con una risilla que logra contagiar a su hermana.
