Habían tenido una tarde maravillosa, de verdad que sí. No tenía otra forma que definir todo aquello como el día perfecto, pero lo cierto es que cuando Rapunzel quedó tumbada con algo de brusquedad en la cama solo fue capaz de dedicarle una sonrisa algo nerviosa a su novia mientras sus mejillas empezaban a arder fuertemente. Pega un respingo cuando Anna separa sus piernas y empieza a desabotonar sus pantalones.

—Anna, cariño, cuando te dije que me lo tendrías que recompensar por todo el tema del viaje me refería a otra cosa —se apresura en explicarle, no logra mucho con su apresurada excusa, porque Anna se limita a sonreír pícaramente mientras empieza a bajar las prendas de la rubia lentamente.

Se permite soltar una risilla burlona mientras alza una ceja. —Eso no es lo que parecía ayer —le contesta juguetona, y lo peor es que tiene razón. Anoche le abrumó demasiado la idea de estar tres semanas sin ella por lo que, ahora mismo no sabía por qué, se tomó muy en serio la meta de no dejarle dormir en lo absoluto, de exigir todo tipo de caricias y mimos. La emoción de Anna para cumplir todos sus caprichos también la motivaron a seguir presionando para ver qué tan lejos podría llevarla—. Además —su novia sigue hablando mientras roza muy delicadamente su piel con las yemas de sus dedos, comenzando un lento viaje desde su vientre hasta llegar al punto más delicado de su entrepierna—, no es como si realmente me dejarás consentirte de otra forma. Ni comprándote cosas bonitas —a Rapunzel se le escapa un agudo gemido cuando siente uno de los dedos de su novia entrando en ella—, ni ocupándome de cosas en la casa —Rapunzel aprieta con fuerza los dientes para no gemir porque se da cuenta que la muy desgraciada está enumerando con los dedos que está penetrándola.

—¡Anna! —intenta que suene como un regaño, pero todo lo que logra sacar es un gemido. Ve una sonrisa victoriosa en el rostro pecoso de su novia y antes de que Anna pudiera inclinarse para besarla, Rapunzel la toma de los hombros para tirarla a la cama y lograr marcar distancia—. No necesito que lo hagas, de verdad que no hace falta —se apresura en intentar salir de la cama, pero el resoplido de su novia llama su atención.

—No puedo comprarte ni un solo regalo por mínimo que sea porque no te gusta que gastemidinero en ti, no puedo cocinarte, o limpiar tus instrumentos de pintura o ayudarte en absolutamente nada porque no te gusta que "me tome esa gran molestia", y ahora aparentemente no puedo ni hacerte el amor porque... ¿por qué?

Lo cierto es que Rapunzel se descoloca un poco lo verdaderamente desesperada y cansada que Anna se ve. Incluso parece que estar a punto de estallar de alguna manera, pero termina inhalando lentamente y suspirando antes de continuar.

—Yo es que... —intenta empezar a hablar, a pronunciar alguna excusa, lo que sea, solo quiere decir lo que sea para detener esa complicada conversación—. No tienes que... no hace falta que... no quiero que te tomes todas esas molestias, de verdad que no es necesario...

Decide que ya puede cerrar la boca cuando su novia suspira pesadamente y tira la cabeza un poco hacia atrás antes de enderezarse y mirarla fijamente a los ojos.

—Cariño, solecito, ¿cuándo vas a entender que quiero hacer todas esas cosas porque te amo? Me nace ser así de cariñosa contigo, de facilitarte la vida o de darte cosas que creo que te harían feliz —su mirada azul es tan intensa que la muchacha rubia se remueve un poco incómoda antes de desviar la mirada—. Punzie, ¿qué pasa? ¿estoy haciendo algo mal? ¿estoy haciendo algo que te incomoda? A veces todo va bien y de forma natural y a veces siento que estoy caminando sobre hielo por solo hacer lo que una pareja normal haría.

Rapunzel abraza sus piernas antes de soltar un pesado suspiro y recostar su frente contra sus rodillas. —Vale, tienes razón —asiente finalmente en voz baja—... es solo que... últimamente tengo tantas cosas en la cabeza, están pasando tantas cosas y... y a veces todo esto me abruma, ¿sabes? Me asusta un poco.

Aunque cree tener una de a qué se está refiriendo su novia, Anna decide intentar aliviar un poco el pesado ambiente con una broma.

—¿Te da miedo que te compre cosas o que cocine para ti? —intenta reírse un poco, pero Rapunzel le da un suave empujón en el hombro como reprimenda por sus tontos comentarios—. Es broma, es broma. Dime, ¿qué te tiene tan preocupada?

Rapunzel suspira pesadamente mientras reposa su frente contra el hombro de Anna. —Es mi autosabotaje actuando una vez, estoy segura, o al menos que sea eso y no sea que estoy volviendo a desarrollar ansiedad crónica —mientras Anna acaricia el dorado cabello de su novia, la siente desinflarse y recostarse poco a poco contra su cuerpo—. Siento que si te pido demasiado, si dejo que hagas demasiadas cosas por mí, terminaré estresándote, terminarás dándote cuenta de lo insoportable que soy y te—. ¡Ah! ¡Oye! —Rapunzel se aparta bruscamente en cuanto recibe ese brusco golpe en la cabeza. Al alzar el rostro, se da cuenta de la expresión molesta en el rostro de Anna.

—No eres insoportable —la corrige duramente, como si la hubiera ofendido a ella—, eres encantadora, divertida, cariñosa, y maravillosa en todas las maneras posibles, Rapunzel —se acerca más, al punto de que sus frentes terminan pegadas—. Eres lo mejor que me pudo haber pasado nunca, mi vida es mucho mejor porque te tengo a mi lado.

Todo lo que puede ver en el rostro de su novia es un intenso sonrojo y una vergüenza absoluta, Anna le da un corto beso en los labios lleno de ternura mientras Rapunzel intenta esconder su rostro.

A pesar de que Anna puede respirar con un poco más de tranquilidad, confiada en que finalmente ha podido dejarle en claro todo eso a su preciosa novia, lo cierto es que Rapunzel solo tiene la mente en poder se capaz de al menos ser un poco más honesta, poder dar finalmente un paso hacia quitarse ese horrible peso de encima.

—Oye... sobre lo que investigó tu abuelo —empieza a decir con dificultad, y siente como el cuerpo de Anna se pone rígido de momento a eso. Empieza a decirle que no se preocupe, que no tiene que decirle nada que no quiera, pero Rapunzel termina ignorando eso—. Sobre lo de... el programa de protección de testigos.

—Punzie, de verdad que...

—Quiero hablar de eso —le deja en claro, intenta sonar firme, pero le tiembla la voz—, bueno, tal vez no de todo lo que hay... no es que no confíe en ti, Anna, no es que quiera guardar secretos... es que —le toma mucho decir aquello, más que nada porque recuerda las palabras del tío de Mirabel y le irrita tener que darle la razón a ese lunático, pero no hay mejor manera de describir todo eso—. Es solo que estoy harta de que lo que pasó marque tanto la manera en la que los demás me tratan. Me gusta cómo funciona todo esto, me gusta que cuando me miras solo me ves a mí y no todo lo que me pasó... por eso no te lo quiero contar todo, por lo menos no por el momento... pero entiendo que tengas curiosidad, que tengas derecho a saber al menos un poco para que no estés perdida.

Anna está completamente seria por las palabras de su novia, pero puede ver la gran duda en su mirada. Suspira pesadamente antes de tomar la mano de su novia. —Lo que sea que vayas a contarme, Punzie, hazlo solo porque quieras hacerlo. No me debes nada, no tienes por qué explicarme nada que no quieras. No pienso exigirte nada, no pienso pedirte nada más de lo que estés dispuesta a contarme... pero te aseguro que voy a estar aquí para cualquier cosa que necesites decirme.

Le dedica una débil sonrisa y Rapunzel deja un beso en su mejilla a forma de agradecimiento.

—Vale —suelta finalmente con un suspiro pesado—. No sé cómo explicártelo y evitarme al mismo tiempo contarte todo lo que pasó, así que es muy posible que te quedes perdida por completo... podría empezar diciéndote que, aunque me irrite, el señor Madrigal, de una forma que todavía no entiendo, realmente atinó en... absolutamente todo.

Por los nervios, Anna no puede evitar soltar unas risillas. —Nunca le cuentes eso a Mirabel, jamás se callará con respecto a que su tío tiene un don innegable.

Ambas se permiten reír un poco ante la tonta broma de Anna, pero la verdad es que las risas no duran demasiado.

—¿Recuerdas que te dije que mi madre tenía un problema con las apuestas? —pregunta finalmente para empezar la conversación, Anna solo asiente con la cabeza con toda la seriedad posible—. Bueno, la llamé madre en ese momento porque no tenía una forma más rápida de explicarlo... pero esa mujer no era mi madre, no lo era en ningún sentido de la palabra, pero era la madre de mi hermana mayor, Cassandra.

Anna pega un leve respingo. Lo cierto es que le llama mucho más la atención y está mucho más confundida por todo el tema que ha mencionado de su "no madre", pero sabe perfectamente que pedirle hablar de eso sería pedir mucho. —Espera, ¿qué? —suelta bruscamente alzando las manos para pedir un segundo—. ¿Tienes una hermana mayor?

Rapunzel asiente con una sonrisa nerviosa. —De la edad de Elsa.

—Tengo muchas preguntas, como, por ejemplo, ¿por qué no podrías contarme algo como eso?

—Porque hablar de Cassandra era hablar de todo lo que ha pasado conmigo, y en su momento obviamente no me sentía preparada... y luego porque era algo que había terminado convirtiendo por accidente en un secreto y no se me ocurría forma de contártelo con normalidad... además que le caes mal.

—¿¡Le caigo mal!? —Rapunzel se ríe, porque eso parece ser lo único capaz de generar una mala reacción de Anna—. ¡No me conoce! ¿¡Cómo puedo caerle mal!?

Rapunzel se hunde en hombros. —A Cassandra le cae mal todo el mundo, espera lo peor de la gente, dice que es una forma de mantenerte a salvo. Si no esperas nada de nadie, si estás preparada para que te lastimen, entonces cuando lleguen a hacerlo no te dolerá tanto... Cassandra y yo hemos pasado por muchas cosas, comprendo perfectamente que piense así, la comprendo a la perfección, y la verdad es que una que otra vez su manera de ver las cosas fue precisamente lo que me salvó de varias situaciones complicadas... Cassandra y yo tenemos una relación... compleja, no tanto como mi relación con nuestros padres, pero definitivamente es bastante compleja.

Mientras que su novia suspira pesadamente para intentar calmar un poco su cabeza que intenta decidir lo más rápido posible cómo seguir hablando de todo eso, Anna se queda jugueteando con sus dedos mientras se enfoca en buscar las preguntas adecuadas, en identificar todo lo que Rapunzel preferiría no comentar demasiado.

—Creo que tienes derecho a saber más de esto, porque después de todo soy consciente de que, en cierto punto, sigo dentro de este programa de protección de testigos —Rapunzel la mira fijamente por unos segundos, esperando algún tipo de reacción negativa, al no encontrar nada decide extenderse un poco más—. El caso de lo que pasó realmente nunca se cerró del todo, la investigación se dejó abandonada hace mucho, pero fue más que nada porque lo dejaron estar... por lo que no tengo otra opción que estar atenta, preparada para que el momento en el que tenga que volver a ocultarme, dejarlo todo atrás...

Al ver la expresión enojada en el rostro de Anna, Rapunzel entra en pánico.

—Debí de habértelo dicho hace mucho, lo sé, de verdad que lo sé y lo siento, soy completamente consciente de lo estresante que es vivir sabiendo eso, y soy incluso más consciente de lo injusto que es que no te hubiera avisado de este tema mucho antes de que tomáramos decisiones importantes para futuro. Anna, yo de verdad...

Pero ella alza una mano para detenerlo. —Punzie, basta, deja de disculparte. Lo entiendo perfectamente, no se puede ir por la vida contándole a cualquiera a la primera oportunidad tu situación, es demasiado complicado. Realmente te agradezco que me estés contando todo esto, te agradezco la confianza... la cara de asco es porque no entiendo todo eso de qué dejaron la investigación olvidada, ¿por qué?

Es con eso que finalmente se permite dedicarle una sonrisa juguetona, aunque tremendamente amarga, a su novia.

—¿Por qué crees, cielo? —le pregunta con una gracia un poco hosca—. Había gente con mucha pasta de por medio.

—Ah... eso tiene sentido.

—¿Verdad que sí? —se ríe un poco mientras se recuesta en la cama y tira de Anna para que queden abrazadas sobre el colchón—. No sé qué más contarte. Tengo una hermana que quiere que me aparte del mundo entero, unos padres que me sobreprotegen, un largo historial de malas decisiones tomadas por la necesidad de apartarme de mi familia... ¡Ah! Y una infancia de la que definitivamente no estoy preparada para hablar con nadie que no sea mi psicóloga, ¿alguna pregunta?

Anna le acuna el rostro con toda la delicadeza del mundo antes de tomar sus labios en un lento y cariñoso beso que deja a Rapunzel completamente sin aire.

—¿Cuándo voy a poder conocer a tu hermana? —pregunta con algo de gracia, recostándose mejor contra su novia. Rapunzel responde de inmediato con una carcajada.

—No, ni de broma. ¿Recuerdas como se puso todo el mundo al conocer a Hiccup? Pues Cassandra sería mil veces peor contigo, paso de que tengas que lidiar con mi hermana.

—¿Tan mal le voy a caer?

—Así es Cassandra, prefiere empezar a dar puñaladas antes de que a la otra persona siquiera se le ocurra pillar el cuchillo.

—Vale, segunda pregunta.

—Dispara —y de inmediato sabe que ha cometido un error porque su novia va directo a llenar su cuello con besos rápidos y húmedos—. ¡Anna! —intenta regañarla, pero sus caricias le causan cosquillas y no puede evitar soltar unas risillas.

—Luego de está importantísima conversación —Rapunzel en el fondo sabe que debería de por lo menos mosquearle un poco que Anna se lo tome todo con tanta sencillez, como si fuera un problema cualquier con solución fácil. Pero es precisamente aquella calma lo que más adora de su novia. Todo al lado de Anna se volvía tan increíblemente sencillo—. ¿Ya me vas a dejar consentirte todo lo posible?

—Eres de lo peor —se ríe con ganas para luego tomar su rostro con ambas manos y tirar de ella en un intenso beso—. Te amo tanto.

Anna le dedica una enorme sonrisa llena de alegría y amor. —Yo te amo más.


En cuanto los ve, Rapunzel decide que lo más divertido sería retomar su nivel exagerado de dramatismo. No espera ni un solo segundo, en cuanto Elsa e Hiccup se acercan para saludarlas, se cuelga del brazo del único chico y empieza a lloriquear.

—Hiccup, estas semanas más que nunca vamos a tener que apoyarnos —ni siquiera lo saluda, directamente empieza a fingir que lloraba contra su hombro—. Vamos a ser abandonados.

—Y de la forma más cruel —le encanta que él le siga el juego de inmediato, le reconforta saber que no es una molestia para él—. Encima se van a su mansión en Europa, son unas descaradas.

Rapunzel se aparta un poco con brusquedad. —¿¡Es una mansión!?

—¡No es una mansión! —responden las hermanas al mismo tiempo, rojas de la vergüenza.

—Cinco pisos he oído que tiene la "no mansión" —le dice inclinándose hacia su rostro, como si le estuviera contando un secreto, dedicándole incluso un guiño juguetón.

—Eso te lo estás inventando —acusa con un resoplido Elsa.

Rapunzel vuelve a recostarse con el brazo —que sigue sorprendiéndola de lo ancho que es— de Hiccup para retomar sus fingidos lloros. —Se van y se lo llevan todo con ellas, ¿cómo pueden ser tan crueles?

—Esta se ha querido llevar a mi gato y todo, ¿te lo puedes creer?

—¡Me lo creo perfectamente! —asiente con firmeza mientras Anna se gira para preguntarle a su hermana si en verdad había intentado llevarse consigo a la mascota de su novio—. Estas burguesas egoístas no saben hacer otra cosa que quitárnoslo todo —antes de que Hiccup tuviera la oportunidad de recordarle que él en verdad también podría ser considerado burgués, Rapunzel cambia bruscamente de tema—. ¡Tenemos que quedar tú y yo! ¡Me voy a morir de aburrimiento si no salgo de casa para otra cosa que no sea trabajo! ¿Tengo tu número? Creo que no tengo tu número.

Hiccup suelta una carcajada. —Rapunzel Corona, ¿cómo puedes pedirme el número de teléfono de una forma tan descarada justo delante de mi novia?

—Ay, no te emociones, Haddock, sabes perfectamente que no eres mi tipo.

—Me rompes el corazón, Rapunzel, en miles de pedazos —se ríe mientras saca su teléfono y teclea unas pocas cosas antes de tendérselo a la rubia—. Apúntamelo, ya te llamaré para sacarte a pasear por ahí.

—Eh, que seguimos aquí —les recuerda Anna con una mueca infantil en su rostro—. Vale que estás obsesionado con mi hermana y que mi novia es lesbiana, pero preferirías que no le coquetearas... y que dejarais de estar tan pegaditos.

Ambos se ríen con mucho gusto al ver que ambas hermanas realmente parecen estar incómodas por la cercanía de los dos. No deciden presionar su suerte, Rapunzel se suelta el brazo y apunta en unos segundos su número para devolvérselo a Hiccup, que no puede contener en lo absoluto las risillas.

—¿Has oído las malas noticias? —le pregunta con una enorme sonrisa, ante esas palabras Elsa alza una ceja y su hermana menor suspira pesadamente.

Hiccup se voltea con el ceño levemente fruncido. —Venga ya, ¿hay más malas noticias?

—Pues depende de cómo lo veas, a mí me han estado advirtiendo de que luego de este viaje la familia va a querer conocernos a ambos oficialmente.

Por la cara que pone la muchacha rubia, Hiccup suelta una risilla algo burlona. —Doy por hecho de que necesitarás todo mi apoyo en ese momento también.

—¡Pues claro! ¡Esos tres van a devorarme viva!

—Ah, venga ya, se centrarán en mí y mi terrible historial de adolescente gilipollas.

Rapunzel rueda los ojos. —No te creas, yo no me quedo corta en malas decisiones pasadas. Al menos a ti no te van a acusar de estar con Elsa por su dinero.

—Ya te he dicho que nadie te va a acusar de eso, Rapunzel —le repite Anna, apoyándose en su hermana mayor al decidir que si sus parejas podían formar una alianza, lo lógico era que ellas también tuvieran derecho a hacer lo mismo.

—Bueno, para ser justos los Queens tienen mucho más dinero que mi familia, si tenemos en cuenta que Elsa nunca me deja pagar por nuestras cenas creo que podrían empezar a acusarme de ser un mantenido.

—Ay, mantenido suena fatal. Eres unsugarbabyen todo caso.

Hiccup incluso llega a doblarse un poco por las carcajadas que suelta por ese comentario, pronto Rapunzel se termina contagiando de las risas del castaño y en unos segundos esos dos no pueden parar de reírse por las tonterías que se les ocurren.

Y mientras sus parejas no pueden dejar de reír, las hermanas Queens dibujan muecas en sus rostros para evitar unirse a las risas.

—Se suponía que esto era para tener una emotiva despedida —comenta por lo bajo Elsa, para que solo Anna le escuche.

—Ya... hace unos minutos me estaba haciendo un drama de por qué me tenía que ir tanto tiempo y ahora se lo está pasando maravillosamente con tu novio.

Elsa resopla con falsa molestia. —No creo que se lo pasen tan mal sin nosotras, incluso podríamos extender nuestras vacaciones sin problema.

—¡De eso nada! —exclaman al perfecto unísono Hiccup y Rapunzel, causando que sus parejas peguen un leve brinco por el repentino cambio de actitud.

—Tres semanas y media, ese era el tiempo que dijisteis —señala de inmediato Rapunzel, mucho más indignada de lo que Anna se hubiera imaginado que podría llegar a estar.

—No pienso esperar ni un solo segundo más, como te quedes más tiempo puedes ir despidiéndote del gato, se lo quedarán mis padres por el tiempo de sobra que estés fuera.

Y entonces una buena cantidad de quejas empiezan a volcarse sin parar sobre las dos hermanas, que intentan como pueden calmar a sus indignadas parejas que no muestran interés alguno en calmarse o tan siquiera bajar la voz hasta que logran hacer que tanto Elsa como Anna prometan no extender en lo absoluto su estadía en Noruega.

—Y si podéis volver antes incluso mejor —añade Hiccup, con algo de esperanza.

—No te pases, cariño, ya hemos reducido el viaje todo lo que hemos podido —le asegura mientras le da un beso en la mejilla como despedida—. Cuídate, ¿vale? Te prometo que se te pasarán volando estas semanas.

—Lo dudo inmensamente —le susurra con una mueca infantil en el rostro.

Elsa rueda los ojos mientras niega con la cabeza. —Venga, te traeré unos lindos regalos para compensarte —le asegura con una sonrisa que le da algo de ilusión a Hiccup de que el tema de regalos tomaría unos toques coquetos de esos que él tanto disfrutaba. Antes de que pudiera emocionarse demasiado, Elsa se dirige a su cuñada—. ¿Te traigo algo a ti también, Rapunzel?

Anna suspira con pesadez. —No me acepta a mí los regalos, te los va a aceptar a ti.

—Dices eso pero aún así me vas a traer algo demasiado caro —señala Rapunzel con una mueca incómoda.

—Pues claro, es más, haré una competición con Elsa de quién trae más cosas o las cosas más caras.

Mientras el pánico se expande por el rostro de la rubia, la mayor de las hermanas Queens se lo piensa por un rato antes de sonreír inmensamente. —Me gusta la idea —asiente con un tono juguetón en sus palabras—. Quién más lleve cosas caras a su pareja gana.

Rapunzel intenta detener los planes de las hermanas, pero estas se despiden apresuradas asegurando que ya se tenían que ir, que sus familiares esperaban por ellas.

Realmente que lo intenta, pero Hiccup no puede evitar reírse de la expresión angustiada de Rapunzel.

—Tienes una cara... como si te hubieran dicho que iban a torturar por horas —antes de que ella pudiera responderle de ninguna manera, Hiccup le da un toque en el hombro—. ¿Has venido en coche? ¿Necesitas que te lleve?

—Ah, pues me vendría de perlas, hemos venido en taxi porque yo no tengo coche y el de Anna no sé cómo manejarlo.

—¿Y eso?

Rapunzel resopla. —Es uno de esos super modernos, yo apenas pasé mi examen práctico, no me la quería jugar a arruinarlo de ninguna manera.

—Pues eso, que te llevo y vemos que planeamos para estas tres semanas de completa soledad.

Se permite reír una última vez antes de empezar a seguir contenta los pasos de Hiccup hacia el lugar donde su coche estaba estacionado. Lo cierto es que Rapunzel siente un leve nerviosismo recorrerle todo el cuerpo.

¿Hace cuánto que no ha estado en el coche de un chico? ¿Hace cuánto que no está con un chico a solas?

Le cuesta mantener alejados los recuerdos de él en su mente, pero al final, felizmente, logra pensar solo en esos momentos en los que Eugene la sacaba a pasear por toda la ciudad, con la música a tope y las ventanas abajo para que el viento la despeinara por completo.

Le gusta pensar que podrá volver a esos momentos al estar cerca de Hiccup.