Elsa pasa las puntas de sus dedos por el oro, el tacto más que extremadamente frío es en verdad refrescante. Había pensado en buscar uno hecho de plata, porque se había fijado que Hiccup no usaba ningún tipo de joyería o adorno de oro, sus cadenas, sus anillos, sus pulseras, eran plateadas o teñidas de negro, no usaba nada dorado. Por eso busca algo de oro blanco, es ese el motivo por el que le convenció esa cadena resplandeciente que estaba en uno de los más grandes aparadores.

Se lo puede imaginar perfectamente con ella, levemente oculta debajo de esas camisas elegantes que siempre usaba, sobre su torso levemente descubierto cuando se ponía en casa una de esas camisetas sin manga que le parecían tan cómodas, colgando de su cuello, chocando contra su cuerpo desnudo y cubierto por una capa de sudor mientras estaba encima de ella.

Niega con la cabeza y se esconde tras sus manos mientras las mejillas le arden con fuerza. Lleva todo este tiempo burlándose de su novio, pero lo cierto es que también estaba ansiosa por volver a verle, por volver a estar con él en la cama. Definitivamente no estaba tan ansiosa como él, pero que el muy descarado hubiera estado llamando casi todos los días para describirle con lujo de detalles las cosas que le haría cuando volvieran a estar juntos no le había ayudado en lo absoluto a mantener sus ganas bien controladas.

Justo cuando termina de empacar, su hermana llega dando una portazo a su habitación.

—¡Creo que es evidente que yo he ganado esta competencia! —viene cargando una enorme mochila beige, apenas puede mantenerla lejos del suelo, pero la sonrisa gigantesca no le vacila ni un solo segundo—. Todo esto son regalos para mi preciosa novia, ¿tú que tienes?

—¿De qué te sirve comprarle todo eso a tu novia si no va a aceptarte nada? —le pregunta con sorna, con un gesto victorioso en el rostro al que su hermana menor responde con un pesado y largo bufido.

—Esas son las palabras de una mala perdedora.

—La mitad de esas cosas son cosas para sus pinturas, no debería de contar —intenta defenderse de cualquiera manera porque era plenamente consciente de que había perdido de la peor manera posible aquella tonta competición que había comenzado con su hermana.

Anna deja pesadamente la mochila sobre la cama de su hermana, consiguiendo que Elsa se ría un poco. —Una vez más, esas son las palabras de una mala perdedora.

Su hermana mayor rueda los ojos y niega juguetonamente con la cabeza. —Está bien, está bien —suspira con una tristeza que en verdad no sentía—. He sido completamente derrotada, la victoria es completamente tuya, hermanita.

Anna se ríe con ganas mientras empieza a improvisar un discurso de agradecimientos, saluda como suelen hacerlo las mujeres que participan en el Miss Universo y le dedica inclinaciones muy marcadas a su público imaginario mientras que Elsa aplaude exageradamente y se apresura a poner "We are the champions" para que suene de fondo entre las tonterías de la menor. Las dos hermanas Queens se carcajean con ganas una vez la canción termina y se recuestan como pueden sobre la cama de Elsa.

—Tengo ganas de volver a casa —suspira Anna con una sonrisa—, extraño a mi novia —lloriquea descaradamente—. Hemos estado hablando todo lo posible, pero tiene mucho trabajo y apenas ha tenido tiempo para mí.

Elsa está a punto de comentar algo, pero su hermana le da un manotazo de momento a otro y la mira ofendida.

—Tú no digas nada, sé perfectamente que habéis estado haciendo en esas llamadas todas estas noches.

Las mejillas de la mayor se vuelven completamente rojas. —¡No hemos hecho nada de eso!

—Y yo soy hetero, no te jode.

—Bueno —acepta pesadamente y desviando la mirada—, una que otra noche sí que pasó —murmura por lo bajo, jugando con su cabello—, pero también hablábamos de otras cosas.

—Vosotros dos sois como conejos, mira que hacer esas cosas en la casa familiar, bajo el mismo techo que el abuelo y nuestros padres.

—Tú no habrás hecho nada si estás juzgándome tanto —le suelta bruscamente, dándole en la cara con una de las almohadas de su cama. Anna suelta una risilla nerviosa, y deja muy en claro que algo habían llegado a mancillar la línea telefónica.

Antes de que Anna pudiera encontrar una excusa decente, la madre de ambas empieza a llamarlas mientras camina hacia la habitación.

—Espero que ya tengáis todo empacado, niñas —les dice mientras el sonido de sus pasos resuena por el extenso pasillo—, e id a dormir de una vez, sabéis que saldremos temprano, vuestro padre tiene una reunión al día siguiente y necesita que lleguemos cuanto antes a Estados Unidos para descansar bien.

Elsa no puede evitar seguir haciendo bromas. —Hay que ver lo poco que cambian las cosas, tantos años y sigues mandándonos a dormir temprano.

Su hermana menor se ríe con ganas por su comentario, pero la única respuesta de su madre es rodar los ojos y apagar de momento a otro la luz de la habitación.

—A dormir de una vez —dice con mucha más seriedad de lo necesario, decidiendo seguir con la broma de que habían vuelto a esos años en los que Iduna tenía que revisar cada tantas horas la habitación de sus niñas para asegurarse de que no intentaban quedarse trasnochando por cualquier motivo infantil.

Las escucha seguir riendo como si en verdad no fueran otra cosa que inocentes niñitas que querían jugarle una broma algo pesada a su madre. Con los minutos, Anna se acerca a ella cargando con una pesada mochila, le da un cariñoso y sonoro beso en la mejilla para después desearle buenas noches. Escucha algo de movimiento en la habitación antes de que Elsa salga para hacer lo mismo, añadiendo un rápido abrazo al que su madre responde con ganas.

Cuando la puerta se cierra y tiene claro que Anna ya no está cerca, Iduna no puede contener mucho más el pesado suspiro que llevaba encerrando en su interior por demasiado tiempo.

¿Cómo... cómo era posible que sus bellas niñas estuvieran envueltas en tantos problemas? Se quedó espantada por todo lo que le contó Runeard y, al igual que Agnarr, tenía más que claro que estaba dispuesta a hacer lo que sea para sus hijas estuvieran a salvo.


Quería reírse un poco del comportamiento nervioso de Rapunzel, pero la verdad era el cansancio de todo su cuerpo lo único que lo mantenía quieto y lejos de estar en el mismo estado que la rubia de su lado. Rapunzel va cambiando el peso de su cuerpo de un pie a otro, dando un leve saltito por cada movimiento que hacía, estiraba el cuello e intentaba ver lo más lejos posible para tener la más mínima oportunidad de divisar de lo lejos a su pareja al mismo tiempo que lo haría Hiccup.

Tres semanas y media se repite Hiccup con cansancio, con un pesado suspiro escapándose de sus labios. El cuerpo entero le cosquillea y se sorprende a sí mismo al darse cuenta de que en esos precisos momentos estaba más desesperado por volver a abrazar y acurrucarse con su angelito antes de que cualquier otra cosa más subida de tono. Ha tenido relaciones largas antes, ha llegado a conocer a chicas que le removían tanto la mente como Elsa, pero a ninguna de ellas las había querido tanto como para que el sexo pudiera quedarse en segundo plano.

Dioses de Asgard... estaba completamente perdido por culpa de esa maravillosa mujer.

Sigue buscando por la pequeña multitud de gente con maletas hasta que finalmente la encuentra. Su cuerpo da un respingo emocionado en cuanto se cruzan miradas y ella le dedica la sonrisa más preciosa del mundo entero.

Está a punto de voltearse a Rapunzel para indicarle por donde mirar para que sepa que ya están ahí, pero lo primero que ve es Anna corriendo a toda velocidad para atrapar a su novia en el abrazo más brusco que ha visto en toda su vida.

Se le escapa una carcajada mientras que Rapunzel se queja del dolor entre risas, se contiene todo lo que puede mientras les da algo de espacio para ir a recibir a su precioso angelito, que también está dejando una que otra risilla escaparse de entre sus labios mientras se acerca a él.

Cuando Elsa lo ve, solo puede pensar que el pobre se ve como una mascota que ha estado todo el día por su dueño para que vuelva del trabajo o algo por el estilo. Ese pensamiento incluso lleva a que no pueda evitar acariciarle el cabello nada más lo tiene a su alcance, Hiccup evidentemente no reconoce a qué venía esa caricia, por lo que se limita a rodearle la cintura en un intenso abrazo.

Elsa no para de repetirle lo mucho que lo ha extrañado y lo contenta que está de volver a verlo mientras el se derrite con tanto gusto bajo las caricias que recibe en la cabeza y el dulce aroma que envuelve a su precioso angelito. Oculta el rostro en su cuello y aprieta tanto como puede su cuerpo contra el suyo, Todavía no puede creerse lo mucho que necesitaba volver a tenerla consigo, entre sus brazos.

—Me iba a volver loco sin ti, amor —le susurra contra el oído, apretando más el abrazo pero siendo incapaz de detenerla cuando ella se aleja para encararlo. Elsa le dedica una sonrisa que le deja las piernas temblando antes de acunar su rostro y besar sus labios con todo el cariño y el cuidado del mundo.

Loco, estaba completamente loco por esa maravillosa mujer.

—Que parejas más tiernas —tanto Rapunzel como Hiccup pegan un respingo al oír aquella voz de momento a otro, sus novias, por otro lado, contienen suspiros pesados y leves quejidos. Runeard Queens se ve impecable a pesar de que acaba de llegar de un vuelo de casi nueve horas. Con un traje verde agua hecho a su medida y contrastando perfectamente con su pálida piel y su cabellejo anaranjado lleno de brillantes canas. Al de aquel imponente hombre de anchos hombros, su hijo se ve más bien delicado y cauteloso. Agnarr Queens era el más alto de aquella pequeña familia, pero sus sonrisas eran tan tiernas y sus gestos tan disimulados y cuidadosos que no llegaba a imponer tanto como lo llegaba a hacer su padre.

Iduna Queens era más bien una combinación entre esos dos, era tremendamente elegante, Hiccup al ver a su suegra se acuerda de inmediato de las pocas veces que su madre había formado parte de una de esas excéntricas fiestas que la familia Rosas llevaba a cabo.

Las hermanas Queens se ven tan inocentes y despreocupadas al lado de una familia tan recta. Esos tres, aunque desprendían diferentes sensaciones, tenían la misma mirada firme e intensa, como si estuvieran dejándote en claro que te tenían en la palma de su mano, como si quisieran dejarte en claro que no eras más que su pequeño e insignificante medio de entretenimiento momentáneo.

—Justo a las personas que queríamos ver —comenta Iduna con una enorme sonrisa mientras se encamina hacia las parejas de sus hijas—. Es un placer finalmente conoceros a los dos, Rapunzel e Hiccup, ¿verdad?

—Así es.

—Sí, señora.

Iduna no contiene la risa ante el evidente nerviosismo de ambos, aunque Hiccup hace un gran esfuerzo para disimularlo, es tan evidente como el de Rapunzel, que parece estar a punto de desmayarse por el estrés.

—Que precioso detalle que hayáis venido —comenta Agnarr con una inocencia y dulzura que sus hijas reconocen de inmediato como falsas, pero lo cierto es que a Hiccup le cuesta identificar lo que en verdad hay detrás de ese tono tan bien cuidado—, este sería un momento idóneo para conocernos mejor, pero la verdad es que tenemos algo de prisa por volver a la casa familiar.

—No se preocupe, señor Queens —comienza de inmediato Hiccup, intentando sonar lo más elegante y amable posible—, comprendemos perfectamente, nosotros veíamos para recoger...

—Creo que no me has entendido, muchacho —lo corta bruscamente, con una sonrisa más cruel en su rostro—. Toda la familia Queens tiene que ir a la casa familiar, pero no os preocupéis, podéis acompañarnos en el viaje. Hay mucho de lo que tenemos que hablar, después de todo.

Rapunzel mira angustiada a Anna, luego a Elsa y finalmente ruega por algo de ayuda a Hiccup, pero las hermanas Queens solo son capaces de dedicarles sonrisas nerviosas y arrepentidas a sus parejas antes de indicarles por donde tenían que ir.

Una enorme camioneta negra —blindada, reconoce Hiccup de inmediato— los espera en una zona más apartada del estacionamiento del aeropuerto. Un hombre alto, de espesa barba y ojos oscuros los espera al lado de esta, a Hiccup no le da buena espina esa mirada tan afilada que le dedica y le pone incluso más nervioso notar que ambas hermanas están sorprendidas de verlo.

—Mattias, viejo amigo —saluda Runeard, dándose un fuerte apretón de manos con el hombre que le dedica una sonrisa algo cansada—, me alegro de que hayas podido venir a por nosotros.

—¡Oficial Mattias! —Anna corretea para abrazarlo con fuerza y el sujeto responde con mucho gusto al cariñoso gesto, incluso le da un tierno beso en la cabeza a Anna.

Elsa se inclina hacia su novio y su cuñada para explicar. —El señor Mattias solía trabajar como guardaespaldas de mi abuelo cuando mi padre todavía era un crío, pero hace ya varios años se volvió oficial de policía. No teníamos ni idea de que vendría, hace mucho que nuestro abuelo y él no se hablan por una pelea que tuvieron, me alegra que hayan arreglado las cosas.

Hiccup se remueve más frustrado que otra cosa. Otro jodido policía, ya se estaba cansando. Se queda quieto al lado de Rapunzel mientras que toda la familia Queens se tomaba su tiempo para saludar a ese hombre tan intimidante. El oficial Mattias les dedica una sonrisa muy forzada, pero es tremendamente formal al saludarlos, como si no los estuviera maldiciendo con la mirada.

Agnarr y Mattias dejan las maletas en el enorme espacio de atrás de la camioneta negra, Agnarr comenta algo de estar agotado y Mattias le da unas palmadas en la espalda entre risas mientras se dirige al puesto de piloto e Iduna Queens se queda con el otro asiento delantero.

Elsa frunce el ceño cuando su padre le hace una ceña para que entre en la tercera línea de asientos, le pregunta con la mirada por qué debería de ponerse allí, pero no recibe respuesta alguna, solo insistencia. Se queda con el lado de la ventana, ve a su padre entrando y tirando levemente de Anna para que estuviera al otro lado.

Tarde se da cuenta de la intención de su familia.

Hiccup y Rapunzel se miran incómodos al darse cuenta de que todo el espacio que queda significaba que estarían en la misma línea que Runeard Queens.

La rubia intenta comentar algo con su novia, pero Runeard le ofrece una mano y la guía para sentarse en el lado de la ventana, Hiccup intenta ser el siguiente en pasar, pero el señor Queens lo detiene bruscamente, con una sonrisa que se permite a sí misma ser mucho más cruel.

Lo estaban metiendo de cabeza en una trampa de la que no estaba del todo seguro si podría llegar a escaparse. Aún así entra en aquel vehículo, apartado de su novia, con aquel maldito paranoico desquiciado en medio de él y de la pobre Rapunzel, atrapado entre la familia Queens.

El silencio no dura ni un solo segundo.

—Sabéis que os he estado investigado —el coche no termina de arrancar para cuando Runeard Queens dice aquello, Rapunzel pega un leve respingo y las hermanas se quejan por lo bajo por la actitud de su abuelo—. He visto vuestro expediente, tengo tantísimas preguntas que haceros, muchísimas. Mi querido hijo y mi encantadora nuera también tienen una que otra cosa que les gustaría comentaros.

—Tranquilo, padre —le dice Agnarr con calma, recostándose contra el cómodo respaldar de su asiento—, sabes que tienes todo el permiso necesario para hablar por nosotros.

—Ah, qué amable, hijo mío —le agradece, como si no supiera ya que él llevaría toda la conversación. Antes de que sus nietas pudieran decir nada, Runeard se dirige a Mattias—. Mattias, viejo amigo mío, ¿tienes lo que te he pedido?

Mattias asiente. —Iduna, querida, ¿serías tan amable de pasarle a Runeard la carpeta blanca que está en el compartimiento que tienes delante?

Iduna no responde en voz alta, solo le pasa todos esos papeles a Runeard, que los recibe con una sonrisa inmensa e impaciente. Se lo agradece apresuradamente mientras remoja sus dedos con saliva rápidamente para empezar a pasar las hojas.

—Korah Lane, Maury Owens, Aiden Manuel, Cole Hayden, Zacharias Smith, Conli Rehn —enlista otros varios nombres de una docena de hombres y mujeres hasta finalmente preguntar— ¿de qué os suenan estos nombres a vosotros?

Hiccup niega la cabeza. —De nada —miente.

Son los jodidos oficiales del caso Bertrand-Corona.

Rapunzel frunce el ceño levemente, intentando comprender qué era lo que estaba ocurriendo, incluso llega a mirar hacia atrás para preguntarle a Anna de qué iba todo esto, pero todo lo que ve es la incomodidad y desesperación en el rostro de ambas hermanas Queens y el gesto enojado de Agnarr Queens.

—¿Ninguno tiene nada que decir sobre estos nombres? —insiste en preguntar Runeard, dejándole en claro a Rapunzel que estaba esperando por su respuesta, la muchacha niega la cabeza lentamente y se acomoda para volver a mirar al frente. El patriarca de la familia suspira pesadamente y suelta una maldición en noruego que solo Hiccup es capaz de entender del todo—. De acuerdo, pequeños descarados, hagamos esto por las malas si tanto insistís.

—¿Disculpe? —se permite sonar intimidante, se permite mirarlo con asco y chasquear la lengua con molestia por su comportamiento. Debería aprovechar, debería aprovechar que evidentemente su atención y preocupación estaba enfocada en Rapunzel, debería dejar que esa chiquilla lidiara con todo... pero lo cierto es que le enfurecía que quisiera tratarla de esa manera.

Runeard lo ignora completamente. —Toda esta gente que os he nombrado está muerta.

—Abuelo, ¿de qué va esto? —pregunta bruscamente Anna intentando inclinarse hacia adelante, pero su padre la toma con fuerza del hombro y la regresa a su asiento bruscamente.

—Y toda esta gente trabajó en un caso muy interesante —los ojos gélidos de Runeard Queens se enfocan en Rapunzel y la pobre muchacha para comprender finalmente, Hiccup la ve poniéndose pálida y Anna tiene que ponerse a discutir con su padre mientras Elsa se está muriendo de la vergüenza y anotando mentalmente que jamás iba a permitir que su familia se volviera acercar a ninguna de sus parejas—. ¿Ya comprendes mejor para dónde voy, muchacha? —Rapunzel es incapaz de responderle, solo mantiene la mirada en el respaldar del asiento de Mattias, intentando contener las lágrimas—. ¿Qué tanto sabe mi nieta de este pasado tan desastroso tuyo? ¿Has tenido la amabilidad de explicarle que tienes a una de las familias más peligrosas de esta puñetera ciudad a tus espaldas? Todo aquel que ha intentado protegerte ahora mismo está muerto, ¿eres consciente de eso? De que toda esta gente está muerta por ti.

—¡ABUELO! —Anna finalmente se quita de encima a su padre y se apresura a colocarse justo al lado de Runeard—. ¿¡Qué demonios te pasa!? ¡Déjala en paz!

Mientras nieta y abuelo comienzan una intensa discusión, Rapunzel, temblorosa, llorando y con la respiración descontrolada, intenta bajar la ventana para conseguir algo de aire fresco, pelea para encontrar el botón y termina dándole un puñetazo lleno de frustración a la ventana.

—Son blindadas, niñas —le avisa Mattias con obviedad—. No se pueden bajar y no las puedes romper.

Runeard puede volver a inclinarse contra Rapunzel cuando Agnarr logra mantener quietas a sus dos hijas. —¿Sabes qué es lo que esto me parece a mí, Raquel Bertrand?

Solo ese nombre logra que Rapunzel suelte un chillido. Hiccup pega un brinco cuando la ve haciéndose una bola en su asiento, con el torso apretado contra sus piernas y las manos apretando furiosa y temblorosamente su cabello.

Cambiaría las órdenes de Astrid, quería descubrir quién coño dentro de su familia había dejado de esa manera a esa pobre chiquilla.

—A mí me parece que una niñata con una madre deplorable se crio en un barrio peligroso y, por su insistencia de meterse en problemas, por su estupidez o sencillamente su mala suerte, terminó viendo algo que no debía, terminó escuchando algo que no debía, terminó tocándole las narices a la gente que no debía. Y siento pena por ti por ello, niña, no sé qué te ha ocurrido, no sé qué te ha pasado para que esos capullos estén detrás de ti, pero lo están, tienes su atención. El problema que tengo contigo, tu error y tu pecado es que has terminado metiendo a mi nieta en tus mierdas y eso no lo voy a consentir. Y tú.

Hiccup frunce el ceño cuando Runeard lo mira fijamente a él.

—Peleas, amenazas, acoso, extorsión, y una buena cantidad de crímenes más. También está todo lo que has hecho desde que conociste a mi nieta, dime, ¿cómo sigue el sujeto al que dejaste medio muerto en esa discoteca? ¿por qué una noche que ibas en el auto con mi nieta ella intentó salir? ¿Cómo puedo estar yo seguro de que no terminaras volcando toda esa violencia en mi familia?

La camioneta se para bruscamente, incluso logrando que Rapunzel estuviera a punto de golpearse la cabeza contra el asiento del oficial Mattias. Al otro lado del oscurecido cristal, Hiccup puede ver que, sin que se diera cuenta, aquel sujeto había aparcado en una esquina cualquiera, seguramente de camino a la mansión Queens.

—Fuera los dos. Ahora.

—¡A ti se te ha ido la cabeza! —Elsa logra inclinarse contra su abuelo, pero es su padre quien la regaña.

—¡Elsa Queens no le faltes el respeto a tu abuelo! —Agnarr toma los hombros de sus hijas para contenerlas lo mejor posible al ver que Anna quería aprovechar para acercarse a los asientos de delante.

—Ninguno de los dos es de confianza, tenéis demasiada mierda rodeando vuestras vidas y prefiero mil veces pegarme un tiro ahora mismo que permitir que termines poniendo en peligro a mi familia. Largo de esta camioneta, largo de la vida de mis nietas. Largo para siempre.

Rapunzel está demasiado perdida en su estrés y pánico para pelear, con la cara empapada por sus propias lágrimas, abre desesperadamente la puerta y ni siquiera llega a cerrarla antes de salir corriendo lejos de la familia Queens, Anna intenta seguirla pero su padre sigue reteniéndola.

Hiccup se queda unos segundos quieto, mirando fijamente a Runeard Queens quien, antes de poder repetirle la orden, se ve interrumpido por la risilla cruel del novio de su nieta.

—Me das tanta pena, Runeard, porque en gran medida te entiendo. Si yo tuviera tu dinero, tus conexiones y tu poder sería igual de paranoico con mi familia, pero creo que sería más listo. Los lindos muros con los que intentas mantener a todos a salvo son demasiado... pequeños, son asfixiantes y agobiantes, solo vas a conseguir que se aparten de ti —se inclina hacia él, tomando todo su espacio personal y dedicándole una sonrisa que Runeard solo es capaz de describir como macabra—. Tu preciosa nieta va a regresar corriendo conmigo en cuanto tenga oportunidad, y eso va a ser solo gracias a ti.

Se va solo después de dedicarle un juguetón guiño a Elsa, que está demasiado furiosa con su familia como para darse cuenta de que en verdad Hiccup se lo está pasando divinamente en estos momentos. Cierra con delicadeza la puerta y se va caminando tranquilamente, con la manos en los bolsillos.

Estaba tan tentado de dejarse ver por completo por Runeard Queens, estaba horriblemente tentado de mostrarle de todas las formas posibles que sí, que tenía toda la razón del mundo, que Hiccup Haddock era un capullo peligroso que iba a arruinar para siempre la vida de su preciosa nieta, que solo la llevaría a un mundo peligroso y complicado del que no podría escapar. Quería decirle que tenía razón, que Elsa no debería confiar en él, mucho menos amarle, pero que eso ya daba igual, porque el propio Runeard había espantado a su pobre nieta de la zona segura que con tanto esmero había construido.

Esos pobres desgraciado le acababan de entregar a su angelito en bandeja de plata. En el fondo, sentía que debía de volver para darles las gracias por su ayuda.