Fragilidad
Capítulo 14
Más que solo cenizas
Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, esta historia es de mi total autoría no está permitida su publicación en otros sitios sin previa autorización. -Azulen-
Summary: ¿Amor? – bufó sarcásticamente- Lo que quiero es que te largues y me dejes en paz… -siseó con rabia contenida - ¿Es… realmente eso lo que deseas? ¿Serás feliz ahora Sasuke? ¿Dejarás que el odio te envenene el corazón?
•••
Pensé que te había matado…no vuelvas a hacer una tontería como esa… Sakura… no vuelvas a hacerme algo así…
-¿En qué piensas tanto?
La voz de Naoki fue un murmullo que flotó en el aire, cálido y adormilado, pero la caricia de su palma contra su mejilla la hizo estremecer, devolviéndola a la realidad.
Parpadeó despacio, distrayéndose de los pensamientos que habían estado enredándose en su mente, sus dedos finos seguían deslizándose entre los sedosos mechones platinados de él, peinándolos con la misma suavidad con la que alguien juega con un reflejo en el agua y por un momento su mente traicionera deseó que aquellos hilos de plata se volvieran azabaches, había creído que estaba dormido, su respiración tranquila descansando sobre su regazo le había dado esa impresión, pero debería haberlo sabido mejor.
Naoki no baja la guardia cuando ella estaba cerca, no de esa manera…
Siempre estaba atento.
Siempre analizándola.
Y esa constante vigilancia, esa forma en que parecía percibir incluso la más mínima alteración en su estado de ánimo, la exasperaba, sentía que penetraba en su cabeza más allá de lo que ella misma podía reconocer de sí misma.
-¿Lees mentes?- preguntó, con una sonrisa ligera que intentaba disfrazar el peso de su propia confusión.
Él sonrió sin abrir los ojos, dejando que su pulgar delineara su mejilla con la misma paciencia con la que ella jugaba con su cabello.
-Digamos que los Hatake tenemos buen olfato…
La calidez de su palma contra su piel fue reconfortante, sin pensarlo demasiado, Sakura dejó caer el peso de su rostro sobre su mano, apoyándose en ella como si fuera un refugio y entrecerrando sus ojos jade relajadamente, como si la calidez de su tacto pudiera disipar la neblina que oscurecía sus pensamientos.
Naoki abrió los ojos, dos profundos pozos ámbar que la observaron con una intensidad paciente y complacida.
Ella lo miró también, casi sin darse cuenta.
No era incómodo.
Y sin embargo, esa sensación la inquietó.
-Eso es una manera elegante de decir que son todos unos perros- bromeó, más ácida de lo que había querido.
Naoki arqueó una ceja antes de soltar una carcajada ligera y melodiosa, pero su mano cayó de su mejilla cuando se incorporó apenas, separándose un poco de ella.
-Uhh… eso fue rudo, Sakura-chan- rio, pero su voz se sintió más distante de repente- Soy una mala influencia para ti, solo aprendes las cosas malas.
Sakura sintió el cambio.
Sutil.
Como si el aire entre ellos se hubiera espesado de golpe, como si algo invisible se hubiera interpuesto en el espacio que compartían mientras apoyaba la espalda aparentemente relajada contra el reposabrazos del sofá recogiendo las rodillas contra su pecho.
Un muro.
Ella apartó la mirada y Naoki no dijo nada por un momento, solo la observó.
Y ella sintió esa mirada ambarina clavándose en ella.
-¿Vas a decirme qué tienes?- preguntó al fin, con esa mezcla de curiosidad y perspicacia que tanto la irritaba- Has estado diferente desde que apaleaste a Sasuke hace días, no me digas que te sientes mal porque nosotros aprobamos y él no.
Sakura suspiró.
-Oye, él aún está en el hospital- lo pateó suavemente con la punta del pie juguetona, una media sonrisa en sus labios- Iré a verlo luego… no había ido porque… en el fondo temo que esté enfadado o algo así, creo que necesitaba ascender a chunin por algo importante y ahora Tsunade-sama se niega a aprobarlo por haber cerrado los ojos en último momento ¿sabes? Me siento culpable por eso… él… -suspiró pesadamente sin completar lo que iba a decir.
Él estaba temblando de miedo al pensar que me había matado…
-Pues te acompaño- dijo de inmediato.
Sakura lo miró con los ojos entrecerrados, sospechando de su repentina iniciativa.
-¿Ahora te preocupas por él?
Naoki desvió la vista hacia la televisión con un encogimiento de hombros casual, pero ella notó cómo su mandíbula se tensaba apenas.
-Es nuestro compañero, sería de mal gusto no visitarlo ¿no crees?- se excusó con indiferencia, aunque sus ojos no tardaron en regresar a ella- y tú estás preocupada por él.
Sakura sintió un nudo formarse en su garganta.
-Lo estoy- admitió, casi sin querer. La sensación de culpa la inundó al instante- Pensé que esquivaría eso último, supongo que me dejé llevar… no controlé mi…
-No me refiero a eso- la interrumpió Naoki, su voz perdiendo todo rastro de ligereza.
Su mirada miel se clavó en ella, expectante.
Exigente.
Como si estuviera esperando a que ella admitiera algo que ni siquiera estaba lista para enfrentar pero que él conocía muy bien.
Sakura sintió el peso de su escrutinio, como si cada facción de su rostro estuviera siendo diseccionada por esos ojos que la leían con tanta facilidad.
-No puedo creer que lo hayas dejado una semana en el hospital… -murmuró él, con una risa maliciosa que suavizó la tensión por un instante rindiéndose finalmente a lo que sea que le hubiese cruzado el pensamiento- Para ser honesto, se lo merecía, pero eres demasiado piadosa para aceptar que en el fondo… querías darle ese puñetazo.
Sakura apartó la mirada, incómoda.
-Te cae muy mal ¿verdad?
Naoki sonrió de lado, con un aire de falsa inocencia.
-Oh, para nada, podríamos ser mejores amigos- exclamó con su voz teñida de sarcasmo.
Ella rodó los ojos exasperada, pero no pudo evitar sonreír un poco.
Naoki era… complicado.
Un equilibrio extraño entre lo cálido y lo peligroso, un contraste que la confundía.
Era dulce, era un bromista.
Era un caballero y al mismo tiempo… podía ser tan cruel, sus comentarios sin filtros y su carencia de vergüenza que le daban un toque rebelde mantenía sus ojos en él, absorbente.
A veces creía que esa contradicción era lo que la atraía tanto.
Pero otras…
Otras veces, sentía que solo lo estaba usando como una distracción para no enfrentarse a lo que realmente la consumía, porque Naoki era todo lo que Sasuke no era, porque Naoki era abierto y extrovertido, extremadamente seguro de sus sentimientos y con una consciencia emocional que la superaba, amable con quienes le rodeaban, rápidamente se había vuelto muy popular, cautivador y romántico sin llegar a ser un vulgar mujeriego, respetuoso con sus tiempos y sus emociones, sin ningún temor a mostrarse orgulloso de estar a su lado y casi presumir de que estaban saliendo con suaves sonrojos en sus mejillas cuando le sonreía, genuinamente feliz de hacerla sentir tan especial para él… estaba desde luego muy lejos de la hermética personalidad de Sasuke, tan frío… tan distante.
Pero en el fondo la abrumaba… la abrumaba tanta perfecta imperfección…
•••
No me subestimes.
Cuarenta.
¿Por qué nunca compartes nada conmigo?
Cuarenta y tres.
Te amo…
Cincuenta y siete.
La vida shinobi no exime a nadie de sentir amor…
Detuvo la cuenta en la sexagésima hoja seca que golpeaba la ventana con el vaivén del viento, una tras otra, con la misma monotonía con la que los recuerdos lo asaltaban, insaciables, crueles, imposibles de sofocar.
Por mucho que intentara distraerse, por mucho que forzara su mente a vagar por otros pensamientos, siempre terminaba regresando a ella.
Bajó la mirada hacia su torso, consciente del vendaje que cubría sus lastimadas entrañas, aún podía sentir la fractura bajo la piel, la cicatriz latente de un golpe que no solo había destrozado sus huesos, sino que también había desgarrado lo poco que le quedaba del alma.
Tsunade había luchado por mantenerlo entero, de un humor sádicamente bueno, orgullosa de los logros de su estudiante mientras el chakra curativo se expandía en su interior como si su cuerpo valiera la pena ser restaurado, pero ni siquiera eso parecía importarle ya.
Había sobrevivido milagrosamente.
Y sin embargo… no podía decidir si era una bendición o un castigo.
El hecho de que ella seguía por allí, en algún rincón de la aldea, caminando entre los vivos, riendo a carcajadas, contagiando su natural animosidad e irradiando la misma luz que una vez había iluminado sus días.
Ella seguía adelante.
Sin él.
Cinco días, había contado.
Cinco días y ni una sola visita, ni siquiera una sombra de su silueta dudosa y apenada en el umbral de su puerta debatiéndose por entrar, cinco días en los que la certeza había comenzado a hundirse en su pecho como una daga, consciente de que finalmente ella también le había abandonado y aquel golpe no solo lo había sepultado en la tierra, sino que había sido su sentencia final, una implacable manera de finalmente dejarle ir, enterrando el amor que tanto le había profesado y que tanto daño le había causado.
Una ironía despiadada.
Había pasado media vida fingiendo indiferencia, afilando su espíritu contra la soledad para no volver a sentir el tortuoso vacío de la pérdida, se había convencido de que no necesitaría a nadie en su vida, que su corazón no dolería nunca más como lo hizo el día que, siendo un niño, vio cómo todo cuanto amaba se desmoronaba en cenizas y se había jurado a si mismo no volver a sentir amor, ni apego, ni siquiera agrado por ningún otro ser humano, viviría por él, para él, para la venganza y moriría con el honor de su clan restaurado.
Pero la vida, cruel y caprichosa, como siempre… se reía de él.
Porque ahora, como una maldición a su boca justo cuando su cuerpo clamaba por su calidez, cuando su alma se aferraba desesperada a aquel cariño que una vez le fue ofrecido sin reservas, ahora… era cuando sentía se le era negado, arrebatado de sus manos por un forastero hacia el cual él mismo la había empujado con su cobardía, con su frialdad… con su indecisión.
Cerró los ojos con amargura.
Quería volver a sentir la presión de sus dedos entrelazados con los suyos como cada vez que había buscado apoyo en ella, el roce de su palma sobre su piel febril cuando caía herido, anhelaba el refugio de su regazo en las tardes durante los entrenamientos y los momentos de descanso a la sombra de las copas de los árboles, y sus delicados dedos paseándose entre sus cabellos cuando le creía dormido, incluso sentía extrañar el latido sereno de su corazón arrullándolo en medio de su tormento porque deseaba perderse en sus brazos una vez más, en la dulzura inquebrantable de su voz que siempre lo llamaba de vuelta, que le recordaba, sin palabras, que aún era humano, que aún podía ser amado.
Él, que había deseado la soledad para no volver a sentir dolor, ahora se ahogaba en ella.
-¡Vaya vaya!- exclamó Naoki asomando su cabeza por la puerta sin tocar- pensé que te encontraría en medio de algo inapropiado con alguna joven enfermera- sonrió ladinamente ingresando a la habitación sujetando la delicada mano del objeto de sus pensamientos caminando tras él en silencio con sus ojos jade viajando hacia su faz envueltos en una fina capa de preocupación y un brillo herido, ignoró por completo la existencia de Naoki cuando sus ojos pudieron finalmente prendarse de los suyos una vez más.
-¿Cómo estás Sasuke-kun?- soltó la mano de Naoki sin percatarse de la tensión que llegó a reflejarse en su sonrisa fugazmente justo antes de verla sentarse junto a la camilla sin poder reprimir una mueca de incomodidad al verle acudir a él tan solícita- ¿Tus costillas están bien? Siento muchísimo…
-No importa, Sakura, estoy bien- sonrió con suavidad- pensé que no vendrías… - desvió la mirada hacia la ventana con aparente desinterés, apenado de que su melancolía aún pudiera sentirse en el ambiente, los ojos mieles de Naoki le escrutaron y volteó hacia él sosteniéndole la mirada con firmeza en una silenciosa batalla hasta que el peliplata bufó suavemente una risa relajada acercándose a la camilla.
-Me costaba verte después de lo que te hice- sonrió nerviosa jugueteando con sus manos cabizbaja.
-Kakashi-jiisan nos dijo que Sakura casi te mata ¿Sabes? Todos están cuestionando la efectividad del entrenamiento ANBU de Konoha por tu culpa- rio.
-…
-Déjalo Naoki-kun, no es momento para bromear con esas cosas- Sakura infló las mejillas graciosamente, molesta, arrancándole una sonrisa pequeña por verla ser ella misma a su alrededor otra vez.
Por fin ella parecía… haber vuelto a la normalidad, ya no era ese pequeño fantasma inseguro y melancólico flotando por todas partes aparentando estar bien y una espina de dolor se clavó en su pecho al pensar que quizás la razón de que ella hubiese recuperado su luz era precisamente aquel idiota que tanto le fastidiaba, harto de su propia codicia al pensar en ella como una parte de si, la coraza que lo había protegido toda su vida se alzó nuevamente espantando sus intenciones de tomar la mano de la joven pelirosa que reposaba cerca del borde de la camilla casi como si su cuerpo le demandara reafirmarse a si mismo que aunque estuviera con alguien más, su corazón aún le pertenecía.
-Te traje algunas frutas- sonrió ella con dulzura, dejando el canasto sobre la mesita junto a la cama- Son un buen regalo, ¿sabes? Debes comértelas, son muy caras en invierno y te harán sentir mejor- rió suavemente, con ese tono cálido y ligero que solía usar cuando intentaba aligerar cualquier ambiente- ¿Quieres que te corte alguna?
Sasuke apenas desvió la mirada hacia el canasto, su estómago estaba revuelto y la idea de comer le resultaba indiferente, lo único que realmente ocupaba su mente en ese momento era la presencia de ella, su voz, el leve perfume a flores que siempre la envolvía y que ahora parecía inundar la habitación, pero, en lugar de retenerla, su orgullo se aferró a la distancia que firmemente había impuesto entre ellos desde el momento en el que la vio tomar su decisión.
-Estoy bien, no hace falta, gracias, Sakura- su voz salió más áspera de lo que pretendía, más fría de lo que deseaba, se pasó una mano por el vendaje de su torso, como si eso pudiera disimular el verdadero dolor que le oprimía- Si no les importa… quiero descansar- masculló, mirando hacia otro lado.
El comentario se sintió como una pared erigiéndose entre ellos.
-Pero acabamos de llegar…
-Ya lo oíste, linda, el chico rudo necesita descansar- bromeó Naoki con una media sonrisa, sus ojos brillando con una chispa de diversión mientras le daba un leve tirón amistoso a Sakura, alejándola sutilmente de la cama, su humor resplandecía con una facilidad desconcertante, como si disfrutara de la incomodidad de Sasuke- Mejórate pronto.
Sakura, sin embargo, no rió.
Se quedó quieta por un instante, sus jades fijos en él, rebuscando algo en su expresión, alguna pequeña señal que pudiera explicarle lo que él no decía con palabras, pero Sasuke no se lo permitió, mantuvo su mirada vacía, impasible, como si su propia alma no estuviera gritando por retenerla.
-Naoki-kun… -su voz era suave, pero firme- Estás incomodándolo, ve a dar una vuelta y déjame acompañarlo un momento ¿sí?
Naoki frunció el ceño, visiblemente desconfiado de la idea de dejarlos a solas, miró a Sakura, luego a Sasuke, la tensión era casi palpable, pero tras unos segundos, suspiró y levantó las manos en señal de rendición.
-Está bien, entiendo…- aceptó, dándole una última mirada al Uchiha antes de girarse para salir de la habitación a paso perezoso.
El silencio que quedó entre ellos fue inmediato, denso.
-No tienes que quedarte- dijo él al cabo de un momento, sin atreverse a mirarla.
-Quiero hacerlo- la tensión en su voz con su mirada verduzca redirigida hacia sus zapatos no hizo más que incrementar la incomodidad sofocante del momento.
Sasuke cerró los ojos por un instante.
¿Por qué? ¿Por qué seguía volviendo, aún después de todo? ¿No se había conformado ya con Naoki? ¿No había renunciado ya a sus sentimientos por él? ¿Por qué forzaba su presencia en su vida de ese modo?
Los dedos de Sakura rozaron el canasto de frutas con nerviosismo, como si buscara algo en qué ocuparlas.
-Tendrán cosas que hacer- añadió él con voz serena y un manto de desinterés.
-No importa, solo quiero… disculparme por lastimarte y… porque Tsunade te haya reprobado.
-No es culpa tuya, cerré los ojos durante una batalla… es un error inadmisible- la miró con dureza- diste lo mejor de ti, me equivoqué al subestimarte por creerte indefensa.
-No sabías que había entrenado para eso… y yo conocía tus técnicas… tuve ventaja.
-En un enfrentamiento shinobi muy pocas veces conocerás las técnicas de tu oponente, la mayoría de las batallas son a ciegas, Sakura.
-Tú… no habrías bajado la guardia si no se hubiese tratado de mi… te contuviste…
Sasuke no pudo reprimir un bufido similar a una risa exhalada.
-Es cierto, resultaste ser una oponente formidable- sonrió ladinamente con cansancio- gracias, Sakura.
-Te dije que no volvieras a darme las gracias…
-No puedo evitarlo- tiró de las mantas hacia él- si no tienes nada más que decir yo realmente quisiera descansar.
Sakura asintió en silencio exhalando un suspiro apesadumbrado.
-Descansa entonces…- susurró antes de cerrar la puerta tras ella con un sonido suave.
-¿Y bien?- la mano de Naoki se extendió hacia ella y con la mente completamente en blanco solo la tomó como un reflejo.
Intentaba protegerse.
-Está cansado…
•••
-Estamos cortos de personal, como comprenderás… -Tsunade bufó, rodando los ojos con fastidio antes de deslizar sobre la mesa una hoja de tono beige con un gran sello rojo estampado en su superficie- Pedí algunas referencias y tomé mi decisión con sabiduría.
Sasuke bajó la mirada al documento con una mezcla de impaciencia y expectación contenida sabiendo de sobras que "Las referencias" eran Kakashi, Shizune y quizás Sakura.
Después de aquella visita bastaron dos sesiones de restauración de tejidos para que su cuerpo volviera a estar como nuevo, ni rastro del impactante puñetazo de Sakura, ni un moretón que diera fe de la batalla que había librado contra ella.
Sin embargo, esa mañana, al abrir los ojos tras semanas de recuperación y entrenamiento exhaustivo y solitario, la luz del sol filtrándose por la ventana le pareció más brillante que de costumbre, como si algo dentro de él se hubiese despejado, un presentimiento, una corazonada de que ese día traería consigo algo distinto.
Y no se equivocaba.
El sello dorado en la tarjeta negra del ANBU resplandecía entre los dedos de Tsunade, reluciente como una promesa largamente esperada, su estómago se tensó de anticipación, finalmente, lo había conseguido.
-Felicidades por convertirte en chunin, Sasuke Uchiha- anunció la Hokage con tono desinteresado- Puedes continuar con tu entrenamiento en las salas del ANBU.
Sasuke alargó la mano, casi ansioso por tomar la tarjeta, pero justo cuando sus dedos estaban a punto de cerrarse sobre ella…
-Con una condición.
Por supuesto.
Demasiado bueno para ser verdad.
Resopló con exasperación, dejando caer la mano antes de cruzarse de brazos con visible irritación, sus ojos clavándose helados sobre el gesto autosuficiente de la alcohólica ludópata que tenían por Hokage.
-¿Ahora qué?
Tsunade se tomó el tiempo de disfrutar su malhumorada e infantil reacción para su entretenimiento, se encogió de hombros con una sonrisa satisfecha, la expresión de quien sabe que tiene el control absoluto de la situación.
-Solo podrás realizar entrenamientos supervisados.
-¿¡Qué!?- El ceño de Sasuke se frunció en una línea profunda mientras la incredulidad se abría paso en su voz- ¡Pero Kakashi casi nunca está en la aldea!
-Oh, qué lástima- se mofó Tsunade, ladeando la cabeza con fingida compasión- Pero Kakashi no es el único que puede entrenarte.
La mirada de Sasuke se tornó aún más escéptica.
-Podrías aprender ninjutsu médico conmigo- añadió, divertida, como si pudiera imaginar la cara de absoluto disgusto que pondría con solo escuchar la sugerencia- o usar una de esas mallas horrendas de Gai.
Y no se equivocó.
Sasuke frunció aún más el ceño, su mandíbula apretándose en desaprobación inmediata.
-Olvídalo- sentenció Tsunade antes de que pudiera abrir la boca para rechazar la idea- No tienes ningún talento para algo tan complejo, pero quizás Gai si te acepte.
El desdén en su voz era absoluto y Sasuke sintió un pequeño escalofrío de irritación recorriéndole la columna, pero se forzó a ignorarlo, sabía que, aunque la Hokage se burlara de él con total descaro, su decisión estaba tomada y no había nada que pudiera hacer para cambiarla.
-Ve a celebrar con tus compañeros un rato- agregó Tsunade con un gesto vago de la mano, su atención ya desviada hacia los documentos sobre su escritorio- Se un chico de catorce años, Sasuke.
Finalmente, le extendió la tarjeta sin mirarle.
Sasuke la arrancó de sus manos con un irritado chasquido de lengua, sus ojos oscuros destellando un ápice de desafío.
Tsunade rió entre dientes, sacudiendo la cabeza con resignación.
-Tch- gruñó Sasuke, metiendo la tarjeta en su bolsillo antes de salir de la oficina a punto de morder a alguien.
Estaba un paso más cerca de su meta.
Y aun así… por alguna razón, no se sentía del todo satisfecho.
•••
-¿Tienes la cint—¡Ah!
No tuvo tiempo de reaccionar, en un instante su cuerpo perdió el equilibrio y la caída parecía inevitable, antes de que pudiera tocar el suelo, unas manos firmes la sujetaron por la cintura con una facilidad abrumadora, inmovilizándola contra un pecho cálido y firme.
-Ten cuidado, cielo… -La voz de Naoki descendió en un susurro grave, casi como un reproche cariñoso.
Sakura sintió su corazón tamborilear descontrolado y se llevó una mano al pecho intentando calmar el súbito vértigo, mientras con la otra apartaba la tira de serpentinas enredada en sus tobillos.
-G-gracias… Estas cosas… se enredaron en mis pies- rió nerviosa, pero su voz tembló por algo más que la caída.
La cercanía de Naoki la envolvía por completo, su aliento tibio rozaba su mejilla, y su respiración acompasada era un eco sobre su propia piel, podía sentir el latido de su corazón resonando contra su espalda, tan intenso como el suyo propio, se giró, intentando crear un poco de espacio entre ambos, pero apenas pudo erguirse cuando él acortó la distancia de nuevo.
Sin previo aviso, se inclinó sobre su rostro, su nariz rozando la suya en un contacto efímero que la hizo contener el aliento.
-¿Con quién voy a bailar esta noche si mi Sakura-chan se lastima?- murmuró con un deje de picardía mientras sus manos aún descansaban en su cintura.
El gesto debería haberla hecho sonreír, quizás hasta ruborizarse, pero en lugar de eso, su cuerpo se tensó.
Sin querer que él lo notara, pero fallando en el intento, se apartó sutilmente.
-Sakura…- Naoki pronunció su nombre con una seriedad inesperada- Llevamos un mes saliendo y pienso que las cosas van bien ¿Tú no?
Su tono profundo y pausado la envolvió en una inquietud que no supo manejar.
-S-sí… estamos bien- respondió, pero la inseguridad tiñó cada palabra, traicionándola.
Naoki la observó en silencio, como si estuviera analizando cada microscópico gesto de su rostro, luego, como si no quisiera que nadie más escuchara lo que estaba a punto de decir, tomó su mano y la guió hacia la parte trasera de la casa.
El aire fresco de la tarde la envolvió al salir. El sol se reflejaba en la superficie cristalina del lago, forzándola a entrecerrar los ojos ante la luz cegadora.
Naoki se apoyó contra la baranda del pequeño muelle, cruzando los brazos sobre su pecho, su expresión se había tornado seria, casi sombría.
-Sakura…- pronunció su nombre con un peso que le puso un nudo en la garganta- ¿Sientes algo por mí?
El aire pareció estancarse en sus pulmones.
-C-claro que sí… -intentó responder, con la voz apenas un hilo- Me gustas… -susurró al final, con la misma inseguridad que llevaba oprimiéndole el pecho desde hace semanas.
-¿Solo eso?
-Aún es muy pronto…- dijo con torpeza, incapaz de sostenerle la mirada- y-yo… no sé…
Naoki exhaló despacio.
-No para mí… -admitió con una honestidad que la dejó paralizada- Estoy seguro de lo que siento y quiero… ser más para ti, Sakura.
Su confesión la golpeó como un vendaval.
-Naoki-kun…
-Quiero poder llamarte mi novia sin sentir que me estoy mintiendo a mí mismo- su voz era un murmullo lleno de vulnerabilidad- Sin sentir que sigues atrapada en el pasado, acaso ¿Crees que no me doy cuenta de que le buscas con la mirada?
Sakura sintió el pecho oprimirse con una angustia asfixiante.
-Yo… necesito pensarlo, Naoki-kun… n-no me siento lista para dar ese paso… es muy pronto…
Pero él ya conocía la verdad.
No era que fuera muy pronto.
Era que ella aún no lo había dejado ir.
-¿Es por él?- preguntó con una tristeza resignada.
El silencio fue su respuesta.
La mirada herida de Naoki la atravesó como un cuchillo y antes de que pudiera decir algo más, sintió su mano aferrarse a su cadera, tirando de ella con un arrebato desesperado, su aliento cálido volvió a invadir su espacio, su sombra cubrió la suya y el roce de su respiración sobre sus labios la hizo contener el aliento.
-A ver si sigues pensando lo mismo después de esto… -murmuró, inclinándose aún más.
El mundo pareció reducirse al instante en el que él estaba a punto de besarla.
Cerró los ojos con fuerza, su cuerpo tensándose como la cuerda de una guitarra.
¡Sakura!
La voz de Ino, resonando desde la casa, la hizo dar un brinco.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente, apartándose de Naoki en un instante.
Él iba a besarla.
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Notas de la autora:
¿Naoki tiene alguna fan por aquí? Puff esta semana creo que actualizaré a diario esta historia quiero llegar al capitulo 15 para leerlo yo misma xD Dejen sus lindos reviews para saber que les parece la historia! Me animan a seguir escribiendo, aunque igual pronto habrá un bajón y desaparecida, se me está llenando la agenda T_T
¡Gracias por Leer!
Azulen.
