8. Cartas
A la mañana siguiente, sorprendentemente, es Crowley el primero en bajar a desayunar, se toma un café con seis cargas, sin salsa picante, pero con ginebra, mientras espera a que baje Aziraphale. Fumándose un cigarro y contando su dinero.
A las once de la mañana está un poco… nervioso. No se habrá ido el señoritingo porque él ha bajado tarde, ¿no? O sea… venga, han sido como dos minutos, Fell, no seas exagerado.
Se va al establo a ver si aún está el caballo de todos modos, pero bueno, ayer pelearon, más o menos, no está del todo seguro.
Quizás debería pedir desayuno para él y subir a despertarlo. Se muerde un poco el labio porque esa no es la manera en la que uno actúa con un patrón, pero a estas alturas quién sabe lo que quiere este hombre.
Tal vez debería hacerlo igual y esperar a que le eche, si es lo que quiere… Que seguramente es lo que va a pasar.
Así que va a pedir unos creps y un chocolate caliente y a subir con el plato en las manos.
Golpea la puerta un par de veces incluso usando la misma tonadilla.
—¡Servicio de habitaciones!
—¿Qué? —abre la puerta el rubio todo despeinado y frotándose un ojo, con su camisa de dormir blanca hasta los pies.
—¿Qué traes puesto? —pregunta el caza-recompensas.
—¡Crowley! —nota quien es levantando las cejas y abriéndole la puerta para que entre—. ¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es?
—Traigo desayuno —le muestra el plato, sonriendo y entra yendo a dejarlo en el pequeño escritorio de la pared.
—Pero… —cierra la puerta a su espalda—. ¿No habíamos quedado a las nueve? ¿Qué hora es?
—Las once y pico, parece que a alguien se le han pegado las sábanas —explica el pelirrojo yendo a sentarse en la cama mientras el rubio se acerca al desayuno siguiendo el olorcito como si fuera un personaje de dibujos animados.
—¿L-Las once? —vacila, porque no se ha dado cuenta que se le ha pasado la hora, estaba muy cansado ayer. Empieza a comer de todos modos, mirándole de reojo.
—Pensaba que te habías ido —admite Crowley—. A lo mejor me hubiera quedado yo durmiendo un rato más —protesta.
—¿Qué…? ¿Irme a dónde?
—No sé, al banco o algo así. ¿Cuál es tu plan ahora?
—Tal vez deberíamos irnos de aquí… —valora sacando su mapa para mirarlo—. A Strawberry o a Valentine. Sandalphon no tardará en encontrarnos si nos quedamos.
—Uhm… yo no puedo acompañarte a Valentine —explica Crowley, vacilando.
—¿Qué? ¿Por qué no?
—Valentine es New Hannover.
—¿Y eso qué?
—Mi cabeza tiene precio si vuelvo a pisar el estado, lo mismo con Lemoyne —confiesa.
—¿Cómo? —levanta las cejas y el pelirrojo le mira con cara de circunstancias—. Espera… ¡Nunca cumpliste condena! —cae en la cuenta.
—Nunca cumplí condena —repite y hace un gesto con las manos. Aziraphale se cubre la boca con las suyas con esa revelación.
—Por eso estabas en New Austin —entiende también.
—Por eso estaba en New Austin —repite el pelirrojo asintiendo de nuevo.
—No puedo creer que seas… —empieza, mirándole.
—¿Qué?
—¡Un proscrito!
—¿Qué soy qué? —frunce el ceño sin entender esa palabra.
—¡Cielos! Eso significa que si yo te llevo a una comisaría… —levanta las cejas pensando en esto.
—No me quedará más opción que ser menos amable —acaba la frase y le fulmina con esa idea.
—Igualmente, no pasa nada si no te reconocen, ¿no?
—Créeme que hay algunos Sheriff que parecen tener un escalofrío en cuanto uno de los nuestros cruza la frontera.
—¿Y no hay una fianza que puedas pagar o algo así? —le mira y Crowley le mira con cara de circunstancias—. Vale, vale… pero eso va a ser un problema, porque voy a necesitar ir a presentar las pruebas a los juzgados de Lemoyne.
—¿Qué pruebas? Si ni siquiera tienes nada.
—No es como que no tenga nada —Aziraphale le fulmina con eso.
—Tal vez sería un buen momento para que repasemos lo que tenemos y hagamos un poco de estrategia sobre qué hacer a continuación.
—A lo mejor podrías dejar que me lave un poco y me vista y ahora lo repasamos —el rubio se limpia un poco la boca con la servilleta.
Crowley le mira fijamente unos instantes sin contestar. Aziraphale le sostiene la mirada.
El pelirrojo se sonroja porque por un momento se ha imaginado que no se fuera y quedara aquí a verle hacer eso, pero no hay un solo motivo para ello, así que se levanta y se va para la puerta.
El rubio le mira hacer, de reojo, porque se ha sentido un poco desnudo debajo de su camisón con esa mirada. Que… bueno, en realidad lo está, pero no era CONSCIENTE de ello hasta ahora.
Crowley vuelve a bajarse al bar y se va a conseguir una baraja de cartas para jugar un par de solitarios en una mesa de un rincón mientras le espera.
Tras un rato es que baja Aziraphale y se sienta frente a él en la mesa, ajustándose su corbata de bolo.
—¿Te gustan las cartas? —sonríe al ver lo que hace.
—Claro —el pelirrojo le mira.
—Se me dan bastante bien, una vez me regalaron un libro de trucos de cartas en mi cumpleaños y eran bastante impresionantes —asegura.
—Oh, trucos. Ya. Yo me sé unos cuantos también —explica mientras la recoge y las baraja con cierta gracia.
—¿De verdad? —tan ilusionado—. A lo mejor podrías enseñarme los que tú sabes y yo a ti los míos.
—Mmmm… Bueno, ¿porque no? —se encoge de hombros y sonríe.
—Pero no ahora, ahora hay que ver esto —suspira sacando sus papeles de la bolsa sobre la mesa.
—Veamos, dijiste que tu esposa había muerto a manos de tu tío, aparentemente envenenada.
—Sí, tengo aquí la historia clínica que se inventaron para justificar la enfermedad en la que se especifican una serie de síntomas que no son reales —se la pasa.
—Aja, pero no podemos demostrar que esos síntomas no existieron —la mira por encima, leyéndola en diagonal.
—Pues… podemos demostrarlo más o menos, con la gente del servicio y conmigo, todos vimos que ella estaba bien.
—¿Y tiene alguna… amiga u otra persona que puedan considerar como testigo imparcial?
—Sí, más o menos… o sea, si tenía amigas, pero no las veía lo bastante a menudo. La mayoría dijeron que eran temas íntimos que las señoritas no comparten —explica suspirando porque eso ya lo intentó.
—¿Y sus padres o hermanos?
—Lamentablemente tampoco, ellos llevan meses de viaje a ultramar. Yo mismo les mandé una misiva… Supongo que estarán viajando de vuelta.
Chasquea la lengua con eso mirando los papeles y levanta las cejas.
—Oh, tío… ¿El Doctor Heaven? —señala el nombre del médico en el informe.
—Sí, es un viejo amigo de la familia. Estoy seguro de que estaba incluido en la red de estafas que Muriel destapó… —suspira—. Mi tío pretendía que yo fuera a hacer de aprendiz a su consulta, pero nunca sucedió.
—Me suena —lo valora Crowley.
—¿Qué te suena? —parpadea.
—El nombre. Pensaba que era un nombre falso —explica mirando al rubio.
—¿Cómo te va a sonar? ¿De qué?
—Pues verás, cuando eres un fugitivo en un par de estados, no es tan sencillo ir y plantarte en un hospital si acaso te han herido en un tiroteo o tienes cálculos renales.
—¿Y entonces? —levanta las cejas.
—Pues depende de lo que sea… la mayoría muere de las heridas, o a veces hay alguien que les puede hacer un trabajito con un cuchillo y un poco de aguja e hilo en el cuarto de atrás de la herrería.
—¿De la herrería?
—O hasta el veterinario.
Aziraphale arruga la nariz con eso.
—El lugar no es lo importante, el asunto es que es eso o dejarte atrapar. También conozco casos —sigue Crowley.
—Pero ¿qué tiene que ver el Doctor Heaven en esto?
—Pues que, si estás lo bastante alto en la cadena de mando, hay algunos médicos que están metidos en las tramas corruptas y se dedican a atender a personas que se mueven al margen de la ley y que les convienen más vivos que muertos.
—Oh… ¿Crees que el Doctor Heaven es uno de los que trataba a los forajidos?
—Estoy seguro de ello. Yo mismo he llevado a algunas personas a esa consulta.
—¿Y tienes alguna forma de demostrarlo?
—La verdad, no es como que nos hicieran documentos o recetas médicas.
—Pero podrías testificar.
—Ya te lo dije el otro día en el tren y te lo he dicho hace un rato: Yo no puedo ir a Lemoyne ni a New Hannover.
Aziraphale se muerde el labio con eso.
—Pero podríamos pagar tu fianza.
—¿Q-Qué? —Crowley vacila con eso.
—O sea, podríamos… pagar la multa para que te retiren los cargos y así puedas testificar.
El pelirrojo le mira con la boca abierta, porque… la verdad, eso sería un MUY buen pago por esto y le simplificaría bastante la vida.
—No es solo una cuestión de dinero, Fell…
—Pero mi familia tiene contactos. Raguel, el esposo de Miguel es juez. Tal vez habría una forma de que se indultara tu condena...
—¿No te parece que eso te haría a ti igual de corrupto que tu tío? —pregunta, apretando los dientes porque… joder con sus principios—. De todos modos, no sé qué credibilidad tendría un testimonio como el mío.
Aziraphale suspira porque, de hecho, tiene razón en ese asunto.
—Uhm. Bueno, discutiremos esto más tarde. ¿Qué más tienes ahí?
—Tengo… Los contratos abusivos de todos los ranchos que hemos visto.
—Que no constituyen una prueba porque, aunque son abusivos, no son ilegales, como ya te dijeron.
—Sí… Oye, ¿crees que podríamos hablar con alguno de tus antiguos compañeros? —pregunta de repente.
—¿Qué?
—Quiero decir… a lo mejor tu testimonio sólido no es válido, pero quizás si consiguiéramos… que alguno más quisiera hablar.
—¿Y qué vas a prometerles a cambio? ¿Indultos gratuitos?
Aziraphale aprieta los ojos con eso, porque una cosa es Crowley que es obvio que es una buena persona y otra… es a un forajido cualquiera.
—Quizás alguno querría hacerlo por moral —propone a sabiendas de que eso suena absurdo.
—¿Entregarse? Pfff, sí, claro —se ríe.
—Bueno, entonces a lo mejor no como testimonio, pero podrían contarnos mejor cómo funciona el contacto de la organización con ellos. Estamos a unos pocos kilómetros de Tall Trees, deben estar por aquí en algún sitio, tú dijiste que vivían por la ciudad.
—Pero ¿y qué hay de las pruebas que consiguió Muriel? ¿No hay nada de eso que te sirva? —pregunta, porque le parece una idea loca como pocas ir a intentar cazar bandidos—. O sea, no creo que tu tío decidiera matar a la hija de uno de sus socios y… prácticamente su nuera si no hubiera conseguido ella algo muy jugoso.
—Las destruyeron —Aziraphale niega con la cabeza—. Entraron en casa una noche y lo quemaron todo, de poco no queman la casa y nos matan a ambos en el incendio.
—Suena como a Hastur —se muerde el labio.
—Podría haberlo sido—se encoge de hombros.
—Espera, ¿qué hay de tu biblioteca? —recuerda de repente con eso.
—No, no, la biblioteca no estaba en los planos, así que no saben que existe. Ni siquiera se acercaron a ella —sonríe.
—Pero Muriel sí lo sabía, ¿no?
—Bueno, sí, claro. Ella vivía en la casa.
—O sea, lo que digo es que ella sabía que era un lugar secreto del que tu tío no sabía nada, un buen escondite —le mira de manera intensa y Aziraphale abre la boca.
—¿Insinúas que ella podría haber escondido ahí las pruebas que encontró?
—¿Podría? —le pregunta sin dejar de mirarle y el rubio vacila, valorándolo, porque no lo había pensado.
Definitivamente sería un buen escondite y eso explicaría porque habían acabado decidiendo quemarlo todo si acaso se habían colado en la casa y no habían encontrado nada.
—No lo sé —sigue valorándolo—. De todos modos, creo que prefiero intentar primero conseguir a un bandido en Tall Trees, por si acaso llegamos ahí y no hay nada.
Crowley aprieta los ojos con eso.
—¿Por qué no vas a la… comisaría del pueblo y yo voy a ver si hay alguien por ahí y nos vemos para cenar?
Aziraphale le mira y suspira porque por lo menos… bueno, eso suena sensato, así que asiente volviendo a guardar los papeles en su bolsa.
—¿Nos vemos aquí sobre las siete? —propone.
—Pero a la siete, ¿eh? No como las nueve de hoy que han sido las once y media—Crowley sonríe y asiente.
—Ay, venga ya —protesta con eso haciendo los ojos en blanco—. Como si tú no hubieras hecho lo mismo ayer.
Crowley se encoge de hombros y se levanta para irse, sonriendo de ladito igualmente. Cuando sale por la puerta toma aire profundamente porque ¿Dónde demonios va a encontrar ahora a alguien que no quiera matarle por haberse largado y traicionado a todos, que no quiera matarle por haber apresado en serio a todos los que ha apresado o que no quiera matarle en general por insoportable? Casi que prefería colarse en Lemoyne.
Aziraphale suspira recogiéndolo todo y subiendo de nuevo a dejar los papeles en su cuarto, para luego dirigirse hacia la comisaría. La verdad, él mismo se siente un poco desanimado con esto. No está seguro de que realmente vayan a conseguir a alguien que quieran ayudarles.
¿Y cómo es posible que Crowley aun sea un criminal buscado en dos estados? Esto iba a tener que resolverlo también. Quizás escribiendo una carta a Raguel… aunque ya se imaginaba que este iba a hablarle a su tío y contarle lo que estaba haciendo. Ya había sido bastante malo que Sandalphon le hubiera visto.
Aunque, por otro lado, pues seguro Sandalphon ya le había dicho, no sería nada nuevo y quizás podía conseguir algo para Crowley… Así que de camino a la comisaría decide ir primero a correos y telégrafos a escribirle al juez.
Se va a comer algo ligerito y luego con el Sheriff, que le muestra los libros de nombres de las personas que están en búsqueda y captura. Aziraphale le pide un escritorio donde poder tomar notas de los nombres y las recompensas, asumiendo que a mayor la recompensa más alto el cargo en la organización.
Cuando regresa al burdel está un poco más alicaído, porque no hay forma de saber quién forma parte de la banda de los Diablos y quién no. Además, parecen ser bastante más nombres de lo que se imaginaba en un principio.
Ya empieza a ser hora de que se acerquen las chicas en busca de clientela y aunque el rubio no parece ser el hombre más guapo o amable del lugar, si parece ser uno de los que tienen un buen dinero y pagan por adelantado.
Así que ahí se acercan un par de pechos en un corsé rojo, detrás de ellos tienen una chica con una peluca rubia de pelo rizado y maquillaje que probablemente es venenoso en la cara.
Aziraphale ni siquiera levanta la cara de sus papeles ni cuando ella apoya un pie sobre la silla frente a él y se levanta la falda para mostrarle la pantorrilla.
—No —susurra el rubio sin hacerle caso.
Ella deja de sonreír u suspira bajando la pierna y sentándose frente a él con aire agotado. El rubio la mira por encima de las gafas con eso.
—Mira, Daniel ya me ha dicho que no íbamos a tener ninguna opción contigo —asegura señalando hacia la recepción, el rubio se humedece los labios con eso.
—¿Qué haces aquí entonces? —se vuelve a sus papeles como si nada.
—Tenemos a Martha —explica ella—. Es bastante joven, aun no se desarrolla del todo y es pelirroja, tal vez con la luz adecuada y unas gafas oscuras…
Aziraphale se queda congelado con eso porque… ¿Qué leches?
—Ah, Jackpot! —sonríe ella al notar la expresión del rubio.
—Disculpe, señorita… ¿De qué está hablando? —le mira todo tenso.
—No tiene que preocuparse de nada, esto es un negocio—explica ella guiñándole un ojo.
—Ya le he dicho que no ¡Y no sé qué es lo que insinúa! —se sonroja un poco porque bien que sabe lo que insinúa.
—Daniel nos ha contado sus preferencias y sobre el caballero que le acompaña… Y aunque ella parece inexperta no tiene que preocuparse de nada —se encoge de hombros la chica mientras él la mira con la boca abierta—. Se la presentaré —decide, levantándose.
Aziraphale boquea un par de veces cuando Crowley entra en la cantina justo pasando a su lado de camino a la mesa del rubio.
—Hey! —sonríe sentándose donde hace un momento estaba sentada ella, el rubio se sonroja aún más al verle pensando que como le traigan esta chica a la mesa ahora y Crowley la vea, esto va a ser bastante embarazoso y OBVIO.
Boquea un par de veces, en pánico, sin que ni siquiera le salgan las palabras. El caza-recompensas inclina la cabeza con eso.
—¿Estás bien? —le pregunta entrecerrando los ojos.
—Y-yo…
—¿Qué? ¿Ha pasado algo? —Crowley mira alrededor y ahí se acercan las dos chicas. Azirphale se tapa la cara con las manos.
—Ah, mire, míster. Esta es Martha —le presenta la chica rubia a una muchacha que no tendrá más de catorce años, tal como le ha prometido, pelirroja y delgadita.
—Oh —Crowley levanta una ceja y mira a Aziraphale de reojo sin pensar que Martha se parezca a él en lo absoluto, pero un poco sorprendido de que pretendiera contratar a una chica.
—V-Váyase, por favor… —consigue susurrar el rubio aun con la cara entre las manos.
La chica vacila un poco con eso y se vuelve a Crowley. Este la mira y le sonríe de manera falsa y exagerada. Ella frunce el ceño, pero se lleva a la otra de ahí, en lo que el pelirrojo se vuelve a su acompañante.
—¿Te he estropeado el plan? —sonríe, tirado en la silla.
—¡No seas ridículo! —protesta frunciendo el ceño, sin poder apenas mirarle, aun sonrojado.
—Tengo buenas noticias —cambia de tema con eso, apoyándose con los codos en la mesa.
—¿Las tienes? Menos mal, debes ser el único —carraspea aun un poco.
—¿Tan mal te ha ido en la comisaría?
—Bastante, hay… una lista infinita de maleantes variados —suspira.
—Yo he encontrado a un tío. Alguien retirado —explica.
—¿Retirado? —le mira.
—Oh, sí… Esto te va a encantar. Ve a ponerte ropa elegante. Hoy salimos —sonríe y hace un gesto señalando la escalera.
Aziraphale levanta las cejas con eso y Crowley se encoje de hombros. El rubio sonríe y se levanta, yéndose casi corriendo hacia el cuarto.
El pelirrojo parpadea un poco porque estaba vacilándole, pero… Vale, vale. No le va a detener. Cuando se le acerca una chica a él es que ni la mira, levantándose para irse fuera a fumar y a ver el atardecer mientras le espera.
Tras unos instantes, el rubio aparece por la puerta con ropa limpia y una corbata de bolo diferente, poniéndose su sombrero y sonriendo.
Crowley le mira, le mira de arriba abajo y le sonríe aprobatoriamente.
—¿A dónde vamos, entonces? —pregunta sonrojándose un poquito con esa mirada.
—Dijiste que sabías algunos trucos de cartas, ¿no? —pregunta de vuelta empezando a caminar.
—¡Oh! —exclama ilusionándose con eso—. Oh, ¡Crowley! ¡Sí! No puedo creer que hayas encontrado… —se muerde el labio sin acabar la frase, pensando en un espectáculo de magia.
Crowley le mira de reojo no muy seguro de en qué está pensando, pero bueno.
—Te será fácil impresionarles, supongo —comenta.
—Ah, sí, claro… ¿Quién dices que es este hombre? —pregunta por un momento pensando en tomarle del brazo y reprimiéndose de hacerlo, tomándose las manos a la espalda, caminando a su lado.
—Su nombre es Aamón —explica—. O ese era su nombre antes… era uno de los cabecillas cuando yo empecé, pero se retiró pronto.
—Entiendo, menos mal que algunos si tienen principios.
—Bueno, algunos deben tenerlos, pero este no es el caso.
—¿No? ¿Por qué se retiró?
—Abrió su propio negocio y empezó a serle más lucrativo que el crimen.
—¿De veras? —levanta las cejas—. ¿Qué clase de negocio puede ser más lucrativo que el crimen?
—Eh… bueno, ahora verás —le mira de reojo y le hace pasar al interior de un local que parece un bar de copas en el que hay música en un pianoforte y la luz está baja.
Aziraphale mira alrededor con curiosidad, siguiendo a Crowley hasta la barra, donde este asegura que vienen por… el otro local.
La camarera los mira y le hace un gesto a un hombre de color, alto y fuerte que les guía detrás de unas cortinas en la parte de atrás y a Aziraphale se le abre la boca como un pez al notar que esto es un…
—¿Casino clandestino? —le susurra a Crowley viendo las ruletas y las mesas de cartas.
El pelirrojo le hace un gesto llevándose un dedo a los labios para que no grite y menos esas cosas.
—Ven, ven, vamos —hace un gesto para que le siga con las manos y ahí se va el rubio tras él, aun nerviosito y con la boca un poco abierta porque nunca había estado en un lugar como este, cielos.
Crowley pide un par de bebidas de las fuertes y guía a Aziraphale hasta una mesa de cartas.
—Estamos buscando a un tipo mayor, ¿vale? Con el pelo canoso y alborotado y barba —le explica mientras se sienta en una mesa en la que hay dos puntos vacíos.
—Pelo canoso, vale —asiente sentándose con él, a su lado.
—Ahora saca la guita y vamos a jugar.
—¿Qué? ¡No! —exclama con eso.
—¿Cómo qué no? —Crowley saca él un par de billetes para pagar el punto.
—¡Esto son apuestas! ¡Y además son ilegales! —protesta, escandalizado.
—¿Puedes dejar de chillar eso? —protesta y el croupier los mira porque… ¿van a jugar o no? Crowley saca un par de billetes más para el punto de Aziraphale, así que este casi se atraganta y el Croupier hace el "no va más" —. Además, dijiste que sabías algunos trucos, ¿no?
—¡No de esta clase! —protesta el rubio mientras les reparten las cartas—. ¡Me refería a trucos de magia! ¡Ni siquiera sé lo que tengo que hacer!
—¿Nunca has jugado póker hold'em? —Crowley le mira de reojo tomando él sus cartas y mirándolas.
—Claro que no, eso son juegos de azar —replica mirando sus cartas como si fuera una araña peluda gigante.
—¿Y? ¿A qué jugabas con tus primos? —le mira de reojo.
—A disparar a los esclavos—responde llanamente haciendo que Crowley palidezca—. ¡Es broma! obviamente —protesta cuando le ve poner esa cara.
—Obviamente —responde volviéndose a las cartas y haciendo una cara de que no es para nada obvio.
Aziraphale pone los ojos en blanco.
Crowley pide un descarte y luego el croupier mira a Aziraphale, que al principio no nota que están esperándole a él. Cuando por fin se da cuenta mira al croupier y luego a Crowley un poco en pánico porque no sabe lo que tiene que hacer.
—Mira tus cartas y dile al Croupier si quieres unas distintas —le explica Crowley.
—¿Y cómo sé si quiero unas? —vacila tomando sus cartas para mirarlas.
—Si ves encima de la mesa alguna del mismo número que tienes en la mano, no quieres nada —le explica.
—Ah —se vuelve a sus cartas y luego al Croupier—. No quiero nada —asegura.
El croupier se encoge de hombros y luego se vuelve al siguiente punto. Crowley se incorpora un poco para ver qué cartas tiene el rubio y nota que si ha hecho un trío ni sabe cómo.
—Suerte del principiante.
—¿Esto significa que voy a ganar?
—Es posible —asiente y efectivamente ahí es que el croupier empieza a abrir las manos de todos los participantes y a pagar a los ganadores.
—Esto es divertido —sonríe Aziraphale con sus nuevas fichas de cerámica en las manos, haciendo a Crowley poner los ojos en blanco.
—No te acostumbres —responde el pelirrojo tomando la copa que le han traído y pasándole al rubio la suya.
—Pero no se pueden hacer trucos con esto —hace un mohín.
—No, claro, solo juego limpio aquí… —replica sarcástico, tomando un trago.
—¿¡Insinúas que haces trampas!? —pregunta y le hace atragantarse con su bebida de nuevo.
—Fell! ¡Deja de gritar esas cosas! ¡Claro que no! —replica y hace un gesto para toda la mesa y que todos se calmen, con una sonrisa falsa.
—¿Haces trampas y aun así pierdes? —pregunta el rubio en un susurro, sonriendo de lado mientras pone una de las fichas que le han dado en el punto para que vuelvan a repartirle cartas.
Crowley le fulmina pagando también por su punto de nuevo.
—Hay muchas cosas que se pueden hacer en el póker. Parejas, tríos, dobles parejas, full, póker y repóker —decide cambiar de tema.
—O sea, ¿es combinar los números iguales? —Aziraphale le mira de reojo. Crowley asiente mientras el croupier vuelve a hacer el "no va más" y a repartir de nuevo—. ¿Cómo es un repóquer? ¿y un full?
—Cuatro cartas iguales es póker, si además tienes un comodín, repóquer y si tienes un trío y una pareja: Full —le explica sin prestar mucha atención, mirando sus cartas.
—Oh… creo que eso lo leí en un libro. Y hay también puentes y escaleras —explica sacando sus gafitas de leer y poniéndoselas con cuidado, antes de tomar sus cartas para mirarlas.
—¿Qué? —le mira de reojo, por el amor de Dios, ¿qué hace con esas gafas? Parece que sea una abuelita que vaya a tejer un jersey.
—Ya sabes, cuando los números son consecutivos —explica viendo sus cartas, luego a la mesa y luego sonriéndole al croupier como si fuera Papá Noel, tendiéndole una carta para que se la cambie.
—Ah, hum, sí, bueno… —vacila Crowley—. Pero es difícil conseguir una de esas.
—No tanto, mira —le muestra sus cartas una vez el croupier la ha cambiado y el pelirrojo parpadea.
—¿Qué coño…?
—Las palabrotas, querido —le riñe, sonriendo amablemente.
—No tenías… ¿cómo…? ¿qué has…? —Crowley sigue parpadeando sin entender lo que ha pasado.
—Supongo que sí es la suerte del principiante —se encoge de hombros y el crupier empieza a abrir las manos de todos para pagar a lo que hayan ganado, incluido a Aziraphale, otra vez.
El pelirrojo le mira entrecerrando los ojos.
—¿No estábamos buscando a alguien? —pregunta el rubio cambiando de tema.
—Eh… sí. Ehm… —Crowley mira alrededor.
—Tal vez sería mejor que nos moviéramos si pretendemos encontrarle —propone.
—Vale… vale —se levanta, aun mirándole no muy seguro pensando que algo ha hecho sin estar seguro de qué.
Aziraphale se levanta con él, tan tranquilo, llevando su vaso con él.
—Algo… Algo hiciste, ¿no es así? —insiste Crowley.
—¿Hacer qué? —le mira, tan inocente.
—Algo… no lo sé.
—Tonterías, querido —hace un gesto para quitarle importancia—. Solo fue suerte.
El pelirrojo le mira con los ojos entrecerrados, pero él solo sigue sonriendo tan tranquilo.
—¿Vamos a otra mesa? —propone el caza-recompensas.
—¿No estábamos buscando a este hombre?
—Demos una vuelta a ver si está por aquí —suspira y ahí van a caminar entre las mesas y la gente.
—Uf… ¿Cómo alguien monta una cosa como esta? —pregunta Aziraphale, caminando a su lado.
—Pues no creo que sea muy difícil, pones un bar y empieza a venir gente a jugar… y en vez de echarlos montas un espacio para ello.
—Pero ¿Cómo haces que las autoridades no lo sepan? No sabes si alguien podría ir y denunciarlo.
—¿En eso estás pensando? ¿En denunciarlo? —le mira de reojo.
—No, no, esto no es de mi incumbencia… Aunque tal vez sería lo moralmente correcto.
—¿No te parece que ya tienes suficientes enemigos, Fell?
—Lo que digo es que alguien un poco… la gente aquí pierde mucho dinero y si les parece que no es justo podrían querer fastidiar al local o cosas así.
—Se lo puedes preguntar a él —se encoge de hombros.
—¿Le has encontrado?
—No… Quizás haya que montar un poco de revuelo —sonríe.
—¿A qué te refieres? —le mira de reojo y de repente se le ocurre que le besara aquí en medio… eso definitivamente causaría revuelo. Se sonroja un poco.
—Uhm… pues… —le mira de reojo también, él pensando en que revienten el casino con esos trucos secretos que Aziraphale no le está contando. Seguro eso haría salir al dueño, la verdad—. Ya sabes, con uno de esos… truquitos.
—¿T-Truquitos? —hasta se humedece los labios pensando en algún truquito de lengua.
—Ya sabes, esos movimientos —hace un gesto con las manos y por algún motivo con eso llega a la conclusión de que pretende meterle mano también, así que se sonroja un poco más y frunce el ceño.
—Pero ¿¡qué te has creído!? —protesta dándole un manotazo.
—¿Eh? ¿Qué? —protesta—. ¡No puedes enfadarte por esto! Tú eras el que estaba ahí haciendo…
—¿Haciendo qué? ¡Yo no te he tocado! —le chilla de vuelta.
—¿T-Tocarme? —se paraliza sin entender nada.
—Vamos —bufa, yendo a una de las mesas.
Crowley se queda tras él unos instantes porque nadie estaba hablando de tocar a nadie. ¿O sí? Ahora siente que se acaba de perder de algo importante, mirando hacia donde estaban cuando estaban hablando de esto e intentando entender.
Aziraphale camina hacia ningún lado concreto, nervioso con este asunto porque ni siquiera entiende que le pasa. Él no quiere un beso. Ni tendría por qué quererlo ¿No? O… ¿Tal vez sí que lo quiere? En cualquier caso, una cosa es un beso y otra que lo desnude y lo toquetee aquí frente a todo el mundo haciéndole gemir incómodamente.
Nadie sabe de dónde saca que eso es lo que iba a pasar, pero pues ha sido bastante claro con ese movimiento que ha hecho con las manos.
—¿De dónde sacas…? —pregunta Crowley siguiéndole cuando consigue recuperar la mandíbula que aún tenía en el suelo.
—¿Cómo has dicho que se llama este hombre? —cambia de tema, sin mirarle.
—Uhm… L-Lo llaman Aamón —vacila.
—Bien —se gira a uno de los croupier o un camarero o alguien que parezca que trabaja por ahí y pregunta por él.
El personal se encarga de señalarle un lugar en un rincón de la sala, así que ahí se va con determinación.
Crowley hace un gesto de saludo con el sombrero al chico que le ha dado la indicación y luego se va detrás del rubio corriendo un poco para que no le deje ahí sin poder creer que de verdad haya resuelto esto solo preguntando a alguien.
En la mesa de ese rincón hay un hombre con un puro gordo en la boca, una barba corta y el pelo alborotado, blanco con algún resquicio de lo que en otro momento fue castaño.
—¿Señor Aamón? —pregunta Aziraphale tendiéndole la mano y Crowley hace facepalm detrás de él, avergonzado como un adolescente que acompaña a su madre mientras esta se encuentra a su profesor en el mercado.
El hombre canoso le mira levantando una ceja.
—Mi nombre es Aziraphale Fell y estaba buscándole —sigue el rubio quitando la mano incómodamente, ya que no se la ha dado, sentándose con él en la mesa.
—¿Por qué no juegas una mano, hijo? —le invita el hombre mayor.
—Ah… ah, sí, claro —mira a Crowley de reojo para ver si se sienta con ellos y este lo hace haciéndole un gesto de saludo al otro hombre.
—¿Te conozco? —pregunta el hombre del casino a Crowley al verle ahí.
—Hum… Puede que le suene de haber hecho algún trabajo en el pasado —comenta el pelirrojo, incomodo.
—Dales cartas a los chavales, Chester —pide Aamón al croupier—. ¿Qué es lo que os trae por aquí?
—¿Conoce la empresa Inversiones Archangel? —pregunta Aziraphale mientras les reparten las cartas.
—Directo al grano —susurra Crowley para sí mismo sin mirarle y se lleva una patada por debajo de la mesa.
—¿Hay alguien en Estados Unidos que no? —pregunta Aamón tomando sus cartas para verlas.
—El señor Metatrón Archangel está presentándose como senador en el estado de Lemoyne —sigue Aziraphale.
—Pues tenemos suerte de vivir en West Elizabeth, diría yo.
—Aun así, quiero que no sea elegido —asegura el rubio tomando sus cartas.
—¿Acaso eres demócrata?
—No, es que mató a mi esposa y no creo que vaya a pagar por eso —explica mirando las cartas y luego niega para el croupier para que no le dé más.
Aamón se detiene de lo que estaba haciendo para mirarle y Crowley aprieta los ojos mirando sus cartas también rezando para que no le cuente su parentesco.
—Está haciendo un montón de cosas extrañas, fastidiando a personas inocentes y hay indicios de que tiene tratos con organizaciones criminales —sigue como si estuviera contándole que ayer fueron a cenar ostras.
Crowley se atraganta con eso un poco con su propia saliva pidiéndole descarte al croupier.
—Pues sí, muchacho, así funcionan los negocios —Aamón se encoge de hombros—. ¿O creías que lo de "salvaje" era por los nativos fumahierbas y follaovejas que viven en los bosques?
Aziraphale se queda un poco con la boca abierta con esa manera cruda de ponerlo mientras el Croupier abre las cartas de todos y este vuelve a ser el único que ha ganado. Aamón frunce un poco el ceño con eso.
—Hum... Bueno, no. Lo que pasa es que estoy intentando demostrar esa conexión —explica Aziraphale mientras vuelven a darles cartas.
—¿Para qué? —pregunta Aamón mirándole de reojo.
—Sí lo logro, creo que podría hundir su imagen de altruista y caritativo para que haya al menos un poco de justicia —explica tomando sus cartas y haciéndoles como un veinte por ciento de caso.
—Entonces sí eres demócrata. Buena suerte encontrando un partido que no tenga esas conexiones de las que hablas, hijo —se burla un poco el hombre, él sí mirando las suyas.
—B-Bueno, supongo que... es que venimos recorriendo todo New Austin. ¿Sabe la cantidad de ranchos que están siendo fruto de la especulación?
—Así que has descubierto que el Señor Archangel tiene un negocio en la compraventa de terrenos. Muy agudo, muchacho.
—Sí, pero ese no es el punto —explica Aziraphale mientras el Croupier vuelve a abrir todas las cartas y este es el que vuelve a ganar.
Aamón frunce más el ceño con eso y le pide al croupier que haga el favor de barajar mejor las cartas.
—Córtate un poco con los truquitos, Fell, a este tipo no le gusta perder —le susurra Crowley al rubio.
—No estoy haciendo ningún truquito —insiste él de vuelta.
—Mira, entiendo que estés muy afectado por la muerte de tu chica, seguro era preciosa y tenía un polvazo —suelta Aamón mientras les reparten cartas por tercera vez.
Aziraphale abre la boca, indignado con esa forma de hablar tan soez.
Crowley le da una patadita por debajo de la mesa y le hace un gesto con la mano en el cuello para que no diga nada sobre eso, porque ya le conoce.
—Ella no tenía... —empieza, pero se corta, solo por el gesto del pelirrojo—. Ella era... encantadora —admite mirando sus cartas.
—Sí, todas lo son. Al principio —sigue el anciano, descartándose de lo que considera.
Aziraphale se descarta también, intentando perder esta vez, pero las cartas siguientes parecen aún mejores que las anteriores.
—¿Significa esto que no va a ayudarme? —pregunta el rubio.
—Aun no sé qué tiene que ver todo esto conmigo, hijo.
—P-Pues... Había llegado a mis oídos que usted... Bueno, que... S-sabe... —vacila sin saber cómo decirlo y Crowley parece sordomudo con la cantidad de gestos que le está haciendo para que no vaya por ahí.
—¿Yo? —Aamón frunce más el ceño y la verdad, Aziraphale vuelve a ganar por tercera vez haciendo esto aún peor.
Crowley piensa que por qué no se da un puto tiro en el pie directamente, pero por suerte para todos alguien se les acerca.
—Señor Divine —les interrumpe y Aamón se gira al recién llegado, que es uno de los camareros—. Está aquí el pendenciero de Julius, ¿qué quiere que hagamos con él?
—Dadme un minuto —les pide a los otros dos dejando su puro en el cenicero y yéndose tras el camarero.
—¡¿Pero en qué demonios estás pensando, Fell?! —empieza a reñirle Crowley nada más se ha ido.
—No, no... —le toma la mano sin pensar para calmarlo y la verdad, lo logra en como un ochenta por ciento—. ¿Has oído como le ha llamado? No se llama Aamón.
—¿Y-Y eso qué?
—Divine. Es el apellido de Miguel.
—¿La marimacho? ¿No se llama Archangel?
—Sí —aprieta los ojos y niega con la cabeza—. Su apellido de casada. O sea, Raguel... es el juez Divine.
—¿Crees que estén emparentados? —Crowley mira de reojo hacia donde se ha ido Aamón.
—No tengo ni idea. Sería raro ¿No? quiero decir, no es un apellido tan común, pero igualmente...
—De todos modos... —Crowley sacude la cabeza porque él le estaba diciendo algo importante y lo distrae con estas cosas—. ¿Qué estás haciendo? No puedes seguir ganando y decirle que te han dicho que él tiene contactos con la mafia... ¡y que quieres destapar toda la organización!
—Pero es lo que tú me has dicho, ¡que él sabe quiénes son porque tiene contactos con ellos! —se defiende.
—¡Aun así! Es obvio que no va a confesar para que lo denuncies a él también. Tienes que ser más taimado.
—¡No le voy a decir que yo quiero hacer un desfalco! —protesta, indignado.
—¡No le puedes decir que vas a llevarlos a la justicia! —le replica y Aziraphale aprieta los ojos porque sabe que en el fondo tiene razón—. E insisto, córtate con las trampas.
—Ya te he dicho antes que no estoy haciendo nada —insiste, con la boca pequeña.
—Algo tienes que estar haciendo, venga hombre, por favor, ¡nadie gana cinco rondas seguidas solo por la suerte del principiante! —sigue protestando Crowley y ahí regresa Aamón cortándole la réplica a Aziraphale.
—Disculpad. Tenemos temas pendientes con algunos tipos indeseables que no entienden que esto, al fin y al cabo, es un negocio —explica el anciano sentándose.
—Ahm... —Aziraphale vacila, girándose de nuevo a él y éste toma su puro y hace un gesto para que el croupier vuelva a repartir.
—Me decías, muchacho...
—¿Por casualidad conoce usted al Juez Divine? —pregunta el rubio decidiendo cambiar de estrategia.
Aamón le mira intensamente por unos laaargos segundos que hacen al rubio tragar saliva y a Crowley palmearse la cara con desesperación porque parece que no dan pie con bola, maldita sea.
—L-Lo digo por... su apellido. Me parece que es poco común —sigue explicando Aziraphale.
—Éramos... amigos de la infancia —replica este incómodo, sin mirarle, jugando con las cartas en su mano.
—Oh. ¿Y se apellidan igual? Qué curioso, ¿no? —mira a Crowley de reojo.
—Yo era hijo de una de las sirvientas de su casa de niño —explica fulminándole un poco.
—¡Ah! ¿Entonces se llevan bien? Es que necesito a un juez que indulte los cargos de... un amigo —empieza—. O-O sea, no es que yo sea amigo de criminales, es más bien un conocido —carraspea—. El caso es que en realidad es culpable, pero es una buena persona y no creo que merezca que la ley sea tan dura con él porque ya ha aprendido su lección y...
—Hace unos treinta años que no nos hablamos —Aamón le corta, sin mirarle, soltando el humo por la boca lentamente.
Crowley aprieta los ojos con toda esa explicación de Aziraphale igual sonrojándose un poco porque bien que sabe que habla de él.
—A-Ah —Aziraphale vacila y se corta, mirando sus cartas. Aprieta los ojos al notar que vuelve a tener una buena mano. Tal vez debería fingir que se le cae una carta o algo así.
—¿De qué lo conoces tú?
—Es un... viejo amigo de la familia —explica el rubio sin pensar, por estar concentrado en el truco de cartas, haciendo un movimiento bastante torpe y obvio para que se le caiga una.
Crowley se palmea la cara otra vez.
Aamón frunce el ceño con ello y saca su revolver apuntando a la cabeza a Aziraphale cuando esté está por levantarse con su carta... se queda pálido al ver la pistola.
—No estarás haciéndome... trampas a mí —pregunta Aamón retóricamente sin bajar el arma ni un poquito. El rubio traga saliva.
—N-No... —asegura con las manos en alto y la carta entre los dedos.
—Vamos a ver. Chester, abre su mano —pide el anciano al croupier señalando las cartas en la mesa con la punta del arma y la verdad, Aziraphale suda frío esperando que haya ocurrido un milagro.
El chico lo hace con cuidado, una a una levanta las cartas de su juego mientras Aziraphale aprieta los ojos y Aamón no quita su revolver... y no tiene nada en la mano, porque ha sido Crowley el que se ha encargado de cambiárselas en un movimiento rapidísimo en mitad de la confusión, para que pierda.
Aamón se relaja un poco con eso y vuelve a guardar la pistola. Aziraphale vuelve a respirar con ello, rezando un poco a Dios y se sienta de nuevo porque las piernas no le sostienen del susto.
—Si es amigo de tu familia ¿porque no se lo pides tú mismo? —pregunta el anciano un poco de mejor humor, llamando a un camarero y pidiendo otra ronda para los tres para deshacer la tensión.
—Ah... Uhm. Temo que me diga que no —explica Aziraphale consiguiendo poner su corazón en marcha de nuevo.
—Se ha casado hace poco, con una chica joven y tiene un hijo —explica Crowley para cambiar un poco de tema.
—Pues qué bien por él —refunfuña Aamón mientras vuelven a darles cartas y les traen las bebidas.
—Eh... Sí. De hecho, es la hija mayor del señor Archangel —añade Aziraphale a eso—. Viven en una casita en los suburbios de Saint Denis.
Aamón le mira de reojo con eso.
—Tienes que buscar las empresas Morningstar —suelta de repente como quien no quiere la cosa, de nuevo viendo sus cartas.
—¿Q-Qué? —pregunta Aziraphale sin entender.
—Las empresas del grupo Morningstar. Ellos son los que se encargan de gestionar lo que estás buscando —insiste—. Por lo de tu esposa.
—¡Oh! —levanta las cejas porque no ha entendido porque se lo está contando, pero... mira que buen golpe de suerte. Sonríe tomando sus cartas y olvidando que debe perder—. ¿Sabe dónde está la sede?
—Probablemente en Saint Denis. Aunque puede que encuentres a gente que trabaja para ellos en Valentine —explica mientras Crowley acaba de hacer sus descartes—. ¿Quién es este hombre tan afortunado al que quieres que indulten?
—Ah... Es un amigo —explica Aziraphale y se sonroja un poco de nuevo—. Es decir... no que seamos taaan amigos, pero es una buena persona —insiste mirando a Crowley de reojo con ojitos de amor y le tomaría de la mano para acabar de hacer esto aún más obvio si es que acaso es posible, mientras el croupier vuelve a abrir las cartas y a mostrar como Aziraphale ha ganado de nuevo—. Es caza-recompensas.
La cara de Aamón es un poema. Y Aziraphale se daría cuenta si no siguiera mirando a Crowley de esa manera...
—¡Es de eso de lo que me suenas! —grita el anciano volviendo a sacar su revólver y a apuntarles.
Crowley se tensa con eso y Aziraphale se gira de nuevo a él volviendo a palidecer.
—Pero ¡¿qué te has creído?! —protesta Aamón y pega un tiro en el techo que hace que todo el local quede en silencio—. ¡Vienes a mi casa a hacer trampas! ¡Traes a un caza-recompensas! —le grita.
El pelirrojo toma al rubio del brazo y tira de él para sacarlo de ahí corriendo antes de que este tipo los maten. Siempre habían dicho que era sumamente irascible y de gatillo fácil.
Aziraphale sigue a Crowley lo mejor que puede y entre el caos de disparos que empieza a formarse ahí dentro.
Una bala perdida alcanza a Crowley en las costillas haciéndole soltar un grito de dolor y doblarse sobre sí mismo mientras están de camino a la salida, sin que Aziraphale lo note debido al griterío general.
—Aún tenía cosas que quería preguntarle —protesta este último mientras siguen corriendo como buenamente pueden una vez ya fuera.
—¿Es que acaso quieres volver? ¡Tenemos suerte de seguir vivos! —protesta Crowley enfadado, agarrándose el costado.
—Ya lo sé, pero ¡es que no sé porque todo el mundo se lo toma todo tan a pecho! —sigue protestando, igualmente agradeciendo que estén bajando la marcha al correr, porque apenas si podía respirar.
—Vamos, date prisa. Hay que ir por los caballos —le insta a apresurarse.
—¿Y has oído lo de Morningstar? He visto eso nombrado en varios sitios, creía que eran apuestas del hipódromo.
—¿Por? —le mira de reojo.
—Morningstar suena a nombre de caballo de carreras, ¿no te parece?
—No lo sé, Fell. Me da igual, ¡camina, joder! —protesta.
—Ugh, ya estoy caminando. No hace falta ser desagradable —protesta de nuevo apretando un poco el paso.
Crowley bufa porque le duele mucho el poco costado y siente que no para de salirle sangre, pero se esfuerza por caminar lo más rápido que puede apretando los dientes para reprimir el dolor.
—Además, si hasta voy más rápido que tú —nota el rubio unos pasos más adelante.
Crowley le fulmina, bufando porque no sabe si va a poder cabalgar. A lo mejor pueden pasar la noche en el burdel y marcharse mañana, no tenían por qué encontrarlos tan deprisa en una ciudad como esta.
Sería arriesgado, pero... joder, odiaba cuando pasaba esto. No hacía ni dos meses que cabalgaba con este imbécil y ya había estado en dos putos tiroteos. Ni cuando era un diablo esto le pasaba tan puto a menudo.
Y el problema está en que cuando llegan al burdel al fin, ahí están los putos hombres del puto Sandalphon.
—Oh, recórcholis —protesta Aziraphale al notarles, deteniéndose al otro lado de la calle
—¿Eh? ¿Qué? —pregunta Crowley que aún no los ha visto y cuando los nota—. Me cago en la...
—Crowley! —le interrumpe.
—Ugh. Vale. Vale. Ven, vamos a parar un momento —se echa para atrás para apoyarse en la pared, aun sujetándose el costado y respirando con dificultad—. Ve... ve por los caballos. ¿Vale? yo entraré a por las cosas y...
—¿Qué yo vaya por los caballos? ¡No! ¿Y si me ven? —protesta Aziraphale, mordiéndose el labio y mirando hacia la puerta del burdel, aun sin notar el estado de Crowley.
—Pues no es como que a mí no vayan a reconocerme también —replica el pelirrojo.
—Y-Ya, pero... —le mira, haciéndole ojitos de cachorro porque lo que tiene es miedo.
—En serio, solo los caballos, Fell. Das la vuelta por atrás y nos vemos en diez minutos. Ni siquiera van a verte.
—Pero ¿y si hay uno de ellos en los establos?
—Pues te ocupas de que no te vea —le mira por encima de las gafas.
Aziraphale vacila un instante notando toda su postura corporal y frunce el ceño.
—¿Estás bien?
—Eh... —Crowley vacila, porque debería decirle que no, pero no quiere que se preocupe y haga una estupidez. Aprieta los ojos y se incorpora lo mejor que puede—. Uhm. Sí. Vamos... yo voy por las cosas.
—No parece que estés bien —frunce más el ceño.
—Eso es porque en general soy un desastre ¿no es lo que dices todo el tiempo? —le sonríe.
Aziraphale parpadea y se sonroja un poco con eso. Aún no está muy convencido, pero vale. Ahí se va, apretando los ojos, hacia la calle de atrás.
Crowley echa la cabeza atrás y se mira la mano con la que se estaba sujetando el costado, llena de sangre. JODER. Intenta tomar aire profundamente y le duele al moverse. Su puta madre.
