Almohada Sasuke


Estaba tan cansado que los golpes ya aflojaban, pateaba torpemente. El muñeco de Sasuke se iba a quedar ahí, colgando del techo, bailoteando sobre la cama. Quería seguir practicando sus maniobras, pero el sueño persistía.

Su rival, bueno, su almohada disfrazada de su rival se burlaba en sus vaivenes. Realmente le estaba provocando. Ya qué, una vez más y a caer. Naruto envistió el muñeco, le arrancó de la cuerda que le sostenía y cayó de bruces abrazándole aún. Una promesa es una promesa, se dejó dormir reteniendo el muñeco en sus brazos sin percatarse de ello.

Fue una desvelada tal que la hora acordada de las 7.am se le pasó, y Kakashi no tuvo más remedio que mandar a Sasuke para buscarle en su casa. Tocó la puerta, le ignoraron, descubrió que la puerta estaba abierta y pasó entre ropa regada y embaces de ramen instantáneo.

—¿Pero qué dia...?

La cara de Sasuke se deformó en una mueca incómoda. No se atrevió a dar un paso más en la dirección de su compañero de equipo, quien plácidamente dormía con un Sasuke-almohada pegado a él.

Ni cien discursos de Naruto, ni cientos de horas explicándole, ni cientos de días convencieron al Uchiha. Entendió que fue un accidente, eso nunca lo dudó, pero el significado de sus acciones, fueran accidentales o no, eran inmutablemente las mismas:

Sasuke siempre estaba en la mente de Naruto, como rival o como... otra cosa.