Lo que pensábamos que era para siempre, fue momentáneo
Jujutsu Kaisen © Gege Akutami
Sinopsis: Su historia quedó reducida a pequeños fragmentos, porque el destino había elegido un lugar tan lejano que resultaba inconveniente para ambos, y no había nada que pudieran hacer para cambiarlo.
Lo que pensábamos que era para siempre, fue momentáneo
El sol atravesó las ventanas de la Escuela Secundaria de Jujutsu de Kioto cuando Utahime Iori soltó un suspiro, revisando las tareas de sus estudiantes. Siempre le preocupaba el desempeño académico, pero no pudo evitar preguntarse si, en ese momento, corregir trabajos era realmente su prioridad.
Y, como un castigo inmediato por permitir que ese pensamiento tomara forma en su cabeza, la voz de Satoru Gojo irrumpió en el silencio.
—¿Qué haces tan sola en este rincón del mundo, Utahime? —preguntó con su tono habitual, apoyándose en el escritorio.
—Trabajando, a diferencia de otros que solo saben molestar.
—Me duele que pienses así de mí. Solo quería disfrutar de tu grata compañía.
Ella suspiró con fastidio, pero su gesto se suavizó al notar que la expresión de Satoru Gojo se volvió inexpresiva. Desde siempre, él había sido caótico, impredecible. Al principio, lo veía como alguien arrogante, con una necesidad constante de fastidiarla. Pero con los años, había aprendido a notar los detalles: la forma en que su postura cambiaba cuando pensaba que nadie lo observaba, la manera en que protegía a sus alumnos y la tristeza que escondía.
No necesitó recordar todos los eventos que lo habían llevado a encerrarse en sí mismo.
—Si solo has venido a molestar, mejor vete —murmuró, regresando a sus papeles.
Gojo no respondió. Simplemente, acercó una de las sillas disponibles al escritorio y se sentó a su lado. Por una vez, estuvo en silencio. Utahime sintió su presencia y, de algún modo, aquello le brindó calma.
—He repasado todas las instrucciones que el viejo y tú me dieron para prepararme, pero no es suficiente —dijo de repente—. Necesito que practiques conmigo.
—¿A qué te refieres?
—Quizás podríamos perfeccionar mi reacción a tu técnica. Si practicamos el ritual juntos, podría ser útil.
Una punzada de tensión recorrió a Utahime. Sabía que él no hablaba con la intención de molestarla. A veces, entre los insultos y las bromas, se filtraba algo de seriedad, una preocupación relacionada con el mundo de la hechicería.
Sin embargo, lo que iba a ocurrir el 24 de diciembre en Shinjuku no era una simple preocupación. El hecho de que Satoru Gojo, entre todos los hechiceros, trajera una petición de ese calibre hizo que Utahime considerara una posibilidad que nunca se había permitido explorar.
—No es común verte sin una sonrisa.
—Es porque he estado pensando.
—¿En qué?
—Ese día, mis alumnos me estarán mirando mientras golpeo a uno de los suyos, poseído por Sukuna. Y esperan que lo traiga de vuelta a casa.
—Volverás —afirmó Utahime con convicción—. Siempre lo haces.
Gojo la observó sin decir nada. Luego, con un movimiento sencillo, se inclinó hasta que sus hombros se rozaron. Fue un gesto inesperado, y como no parecía una provocación, Utahime no se apartó.
—Si no lo hago… asegúrate de regañarme en el más allá.
—Idiota. No digas esas cosas.
El hechicero dejó escapar una risa baja, pero en su mirada había algo más que su característico Seis Ojos. Algo que quedó sin decir. Utahime lo notó… y decidió no preguntar por mucho que quisiera.
—Bueno, de todas formas, ¡volvamos a lo importante! —dijo Gojo, rompiendo el silencio de manera casual, como si hablara de algo sin importancia—. ¿Qué necesitamos para practicar?
Utahime no respondió de inmediato. Cerró los ojos, buscando cómo reaccionar sin que su inquietud fuera demasiado clara. Tras un suspiro, volvió a abrir los ojos y giró su rostro para mirarlo.
—Nada demasiado complicado, pero sí espero compromiso y seriedad de tu parte, Gojo —indicó Utahime, sintiendo por un momento que ponía a prueba a un estudiante en lugar del hechicero más fuerte—. ¿Harás todo lo que te pida?
—¿De qué hablas? —preguntó Gojo, sin esperar una respuesta clara—. No te fallaré en esto.
Llegó el turno de Utahime de inclinarse, rozando sus hombros mientras sonreía con una mezcla de melancolía y aceptación.
—Sí… pero debemos empezar de inmediato. Podemos definir algunos detalles básicos ahora mismo si tienes tiempo.
Gojo la contempló callado antes de corresponder con una sonrisa cómplice.
—Eso suena como un trato. Pero no te acostumbres.
Utahime se alivió ante el comentario y no pudo evitar reír. Dejó de lado su trabajo y comenzó a explicarle a Gojo los detalles del ritual que utilizaba para amplificar su técnica. Él la escuchó con atención y, en ese instante, ella sintió que estaban en sintonía.
Pero esa fue la última vez que compartieron un momento de tranquilidad.
Los días posteriores estuvieron llenos de tensión. El enfrentamiento contra Sukuna se acercaba, y Gojo, a pesar de su supuesta despreocupación, estaba más centrado que nunca. En una de esas noches de preparación, Utahime lo encontró en un salón de entrenamiento, solo, con la mirada clavada en el suelo, pero él no quiso hablar con ella.
Después de ese encuentro, Utahime retrocedió, entendiendo que el Gojo que había estado en su oficina días antes ya no existía. Solo quedaba el hechicero más fuerte. Ella lo sabía, siempre lo había sabido. El peso de ser el más fuerte, la constante carga de esa responsabilidad. Todo eso había estado siempre allí.
El problema era que, aparte de todo lo que era incuestionable acerca de Satoru Gojo y su poder, había algo que había estado impidiendo cualquier posibilidad de algo más entre ellos.
Algo que, de manera inesperada, Gojo decidió tocar justo el día del combate, mientras se alistaban para subir a un rascacielos.
—Las cosas no son tan simples, Utahime —comenzó Gojo—. Pero… me gustaría hablar cuando todo esto termine.
—¿Estás seguro?
—¿De hablar contigo? Siempre. Eres muy buena para escuchar, Utahime.
—Ya veo —concluyó ella con tono calmado—. Me pregunto de qué querrás hablar.
—Eh… —exclamó Gojo, como si estuviera reflexionando—. De muchas cosas y, claro, tú también puedes preguntarme lo que desees.
—¿De verdad? —respondió Utahime con tono retador—. Pues me gustaría hablar para, al menos, entender por qué no puedes dejar de hacer tonterías todo el tiempo —añadió y se quedó en silencio, sintiendo que acababa de confesar algo que no había planeado.
Gojo la examinó con una expresión tranquila, pero había un toque de intensidad que jamás le había mostrado.
—Bueno, supongo que tendrás que regañarme.
Utahime estuvo a punto de preguntar a qué se refería, pero antes de que pudiera, Ijichi apareció y llamó a Gojo. Él apenas se giró para mirarla, y se dirigió directamente hacia el subdirector de la sede de Tokio, dejándola atrás.
No era necesario que le dijera lo que debía hacer a continuación. Utahime ya lo sabía.
Sobre el rascacielos, repasó los movimientos del ritual con la música del director Gakuganji hasta que Gojo los llamó. Ijichi activó su barrera y el ritual comenzó. La potencia de su técnica aumentó en un ciento veinte por ciento, lo que, como consecuencia, incrementó la eficacia de Gojo en un doscientos por ciento.
Ninguno de ellos omitió ningún paso o detalle, y el resultado fue el esperado: un ataque de tal magnitud que, protegido por la barrera, resultó imposible de interpretar para Sukuna, logrando así dar un primer golpe determinante.
Por primera vez en mucho tiempo, Utahime dejó escapar una sonrisa en medio del caos de la batalla. Observó a Gojo alejarse y sumergirse en la lucha, y, de repente, la ansiedad que la agobiaba se desvaneció. A pesar de todo, aún conservaba la esperanza.
Pero la balanza se inclinó a favor de Sukuna, y Utahime sintió cómo, en un instante, la energía de Satoru Gojo se apagó.
Sin darles tiempo a reaccionar, los planes cambiaron, y ella, junto con el director Gakuganji, tuvo que retirarse a otro sitio. Nadie se atrevió a hablar de la terrible pérdida ni de su significado. La prioridad seguía siendo derrotar a Sukuna.
Fue entonces cuando Utahime lo comprendió: Gojo siempre supo lo que estaba pasando. Sin embargo, como ella, no dijo nada hasta que ya fue demasiado tarde, porque estaba claro que nunca tuvieron la oportunidad de llegar a donde deseaban.
Todo porque ese lugar nunca estuvo a su alcance.
Nota de la autora: ¡Hola, fandom de Jujutsu Kaisen! Aquí les dejo mi primer aporte con algo Gojohime, recordando el capítulo 236, que ya casi cumple dos años.
Tengo sentimientos encontrados con este escrito, no solo porque es el primero que hago de este manga/anime, sino porque no estoy segura de haber captado bien a los personajes. Espero haberlo logrado, ya que amo a Gojo y Utahime.
Quiero darle un especial agradecimiento a CyraAngie por ayudarme con el título.
Sus comentarios son bienvenidos, y nos vemos en próximas historias.
Ciao.
