Después de todo lo ocurrido en los pisos superiores y de que el cirujano haya podido ayudarte, decides tomarte un descanso, quedandote en la ciudad del cirujano.

Habías tomado un lugar cómodo en aquella ciudad, en dónde esos experimentos mal agradecidos te menos precian, sin embargo durante tu estadías, tus viejos amigos, más bien, aquellos conocidos monstruos, te visitan, muchos de estos te defienden.

— No sabes la angustia que nos haces pasar ahora que no vas a las clases.

Banbaleena hablo, incluso cruzo sus brazos realmente irritada con aquella idea, en cambio el protagonista solo se encoge de hombros para soltar un suspiro.

— Debes entenderme. Estoy aquí buscando a mi hijo.

— Eso no es excusa jovencito.

— Tranquila Banbaleena. Recuerda que solo está de paso.

— Stinger deja de defenderlo. Si retomará sus clases él pudiera llegar más rápido a su hijo.

Mientras ambos discutían, el protagonista solo se dejó caer sobre la mesa, en el lugar había unas cuantas frutas, seguido de su control y en la mesita de noche se encontraba el dron, era evidente que le había llevado tiempo encontrado a su hijo, pues aún no sabía nada de él, ni siquiera pistas, era cierto que esa medusa ocultaba cosas, muchas notas de otros niños mencionaban a dicha medusa, Pero eso quedó a otro plano, cuando la puerta principal de aquel diminuto departamento se abrió.

Banban ese hombre de cabellera pelirroja y piel blanca, había aparecido, en un inicio pensó que solo tendría algún tipo de reclamo, después de todo tenía a menos unos días sin verlo.

— ¿Banban? ¿Que haces aquí?

La chica pregunto confundida, ya que sabía que el pelirrojo no era de estar en esos pisos inferiores, por el cirujano.

— Lo mismo pienso de ustedes, que no se supone que deberían cuidar la zona de los pisos superiores.

Su voz monótona fue sería, incluso paso de largo sin detenerse en ellos hasta quedar a lado del protagonista quien se mantenía aun sentando, Pero está vez obteniendo la mirada del más bajo.

— Visitamos al humano, incluso le hemos traído alimento. ¿Has hecho lo mismo acaso?

Aquella medusa retomo una apariencia humana, la larga cabellera naranja logro cubrir uno de los ojos de éste, solo para reprenderlo, Banbaleena no mencionó nada, no era la primera vez que le reclamaba a Banban, sin embargo en esos momentos no quería discutir con él temia que si hacia eso podría causar problemas al humano.

— Stinger vámonos, recuerda que tenemos cosas que hacer.

La albina camino con cuidado hasta la puerta principal, incluso el naranja miro de reojo a la chica y paso su mirada al pelirrojo quien le daba la espalda, posiblemente esperando que ambos se fueran, la medusa no menciono nada y solo se fue.

Ya una vez solo, el protagonista regreso su vista hacia la nada, sus manos sobre la mesa y enfrente un frutero, obviamente con fruta, sin embargo su apetito se había ido, desde el primer momento que se enteró que su hijo había desaparecido.

— Deberías comer algo, he visto atraves de las cámaras e incluso de mis compañeros que no has probado nada en todo este tiempo.

El protagonista no menciono nada, se mantuvo en silencio, su cabeza le estaba jugando feo al hacerle imaginar cientos y cientos de escenarios en donde su hijo puede estar, incluso temiendo por la vida de su hijo.

— Porque no me respondes, no he dicho nada malo o hecho algo malo.

— ¿"No has hecho nada malo"? ¿Quieres que te recuerde todo lo que has hecho desde que puse un pie aquí?

El más alto lo miro con sorpresa y aunque noto que el humano parecía llorar, era evidente que la irá inundaba ese pequeño cuerpo. Estiró su mano con la intención de llegar hasta la mejilla contraria, pero un golpe me hizo reaccionar, de nuevo la mirada desafiante y llena de lágrimas fue visible en su rostro.

— No me toques.

Con aquella frase el humano se levantó de su lugar, había querido empujarlo, pero debido al tamaño y peso le fue imposible, rodeo al sujeto de cabellera roja, con el control de su dron en mano avanzo hacia la salida.

BanBan estaba sorprendido, la actitud del humano había sido tan llamativa que no podía creer tal atrevimiento, en sus años de vida ni siquiera un científico le había hablado así, dejando todas esas ideas tontas siguió al contrario. Saliendo del pequeño departamento y viendo el entorno demacrado y tétrico del entorno.

— ¡Hey espera!

BanBan lo llamo, más no tenía una respuesta de parte del humano, incluso lo seguía por todo ese camino, encontrándose con aquel paisaje oscuro y abandonado, a comparación del protagonista quien solo buscaba una salida de ahí.

— ¡Vamos hombre! No fue nada malo, incluso te he ayudado.

Volvía a decir el de cabellos rojos, mientras seguía al más bajo, en comparación del protagonista quien intentaba alejarse de este.

— Aparte, ¿no tienes curiosidad por algunas cosas?

— No me interesa nada.

— ¿No por lo que pasó con Adam?

El protagonista se detuvo, saber que le pasó al director de todo ese lugar le era algo curioso, ya que muchos padres de familia incluso la prensa había confirmado la muerte, pero si ese pelirrojo estaba ahí, diciendo que él se llama Adam Uthman, ¿eso daba a entender que él siguiera vivo?

No se atrevió a girarse, incluso se mantuvo en silencio, pensando, con su vista baja, solo para que el pelirrojo quedará a su lado.

— Yo se quien eres, no por nada te he ayudado y protegido. Te conozco mejor que nadie gracias a Adam.

El protagonista se giro a verlo, viendo la sutil sonrisa normal de este, era extraño que esté tuviera su típica lengua de afuera a comparación de Banbaleena.

— ¿Adam está vivo?

Pregunto, para BanBan eso era algo nuevo, más el interés por la cual buscaba a ese sujeto el cuestionó si era realmente necesario eso. Incluso sintiendo algo de celos en el procesos.

— Podría decirse que si, digo, tal vez no esté vivo o...

El protagonista mantuvo el silencio, hasta que noto como este quería cambiar todo lo anterior. Estaba vez ignorando de nuevo y siguiendo el camino hasta el teatro, agradecía mentalmente a Stinger flynn, así que avanzo con calma adónde el boleto al desquiciado sujeto de la entrada y caminar al interior, solo para obtener la mirada de unos cuantos.

BanBan lo seguía, de nuevo se había quedado mudo tras la actitud de este y que más podría decirle. Aunque antes de que pudiera seguir al protagonista por el pasillo del teatro fue sacado y obligado a comprar un boleto, cosas que me tomo tiempo.

El protagonista se mantuvo en silencio, incluso el sheriff apareció de la nada, tomando asiento en aquel desolado lugar.

— Compañero me da gusto verte de nuevo.

Hablo por lo bajo, su mirada se mantenía hacia enfrente junto al protagonista, observando las malas actuaciones de los actores sobre el escenario.

— Ya tengo más pistas, ¿quieres continuar con tu misión?

— Si me llevará hacia mi hijo, lo haré.

— Estoy seguro que lo hará, de encuentra en el piso inferior, habrá alguien que te ayudará allá abajo.

— Entonces llévame.

— Bien.

Ambos se levantaron de la sala, avanzaron hasta la salida, de no ser que en la puerta principal de encontraba aquel hombre de cabellos rojos.

— ¿Se ha acabado el show? ¿Tan tarde llegué?

— Eres tú, no pensé encontrarte por aquí, BanBan.

El sheriff no parecía muy contento, más no molesto, era como una emoción neutral, incluso avanzo una vez que el rojo le dejo el paso libre, el protagonista tomo ventaja pasando.

— ¿A dónde van?

— Iremos a ver al cirujano.

— ¿Que? ¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo? ¿Que me hicistes sheriff?

Mientras el rojo buscaba alguna herida en el más bajo, la rana le miro con una ceja levantada, las sutiles señales del protagonista de que se mantuviera callado le hizo confundir.

— Tranquilo. Podría arrestarte por molestar a un héroe.

La rana intento ayudar, sin embargo la mirada molesta del rojo llamo su atención, incluso mostró molestia, dejando al más bajo para darle toda la atención al contrario.

— ¿Debería preocuparme por eso? ¿Acaso no sabes la tontería que dices?

— Yo soy el sheriff...

— Crees que eso me importa, no estamos en el reino si eso quieres saber, aquí eres más que un delicuente y si yo quiero...

La charla que ellos tenían comenzaba a ser un toque de guerra, cosas que el protagonista se apresuró y tomando la mano del sheriff se lo llevo. Nuestro protagonista sabia de las consecuencias si dejaba que Banban se molestaba, no era la primera vez que lo veía así, incluso Nabnab había sido la victima de ese repentino cambio maligno de ese tipo.

— No te preocupes BanBan, ya luego hablaremos.

Durante el camino ambos habían dado un suspiro de alivio, el protagonista avanzo con calma mientras detrás de él iba el sheriff.

— Debiste dejármelo en mis manos, él no tendría nada de ventaja.

— No me quiero arriesgar. Por cierto, quien sería mi aliado en el siguiente piso.

— ¡Oh cierto! Bueno, se llama Flumbo. Él conoce perfectamente los pisos inferiores, pero lo único que pide es de que solo tú vayas a verlo.

— ¿Solo yo?

— Si, tal parece que no confía mucho en nosotros.

— Está bien, supongo. Dime por dónde ir.

— En el edificio del cirujanos un piso abajo encontrarás el elevador que te llevará a los pisos inferiores.

— Entiendo, ¿puedes distraer a BanBan?

— ¿Por qué?

— Ese sujeto no me ha dejado avanzar, siento que sus indicaciones solo hacen que regrese al punto de inicio, Banbaleena menciono que es alguien que no se debe de confiar.

El sheriff lo miro, solo para afirmar y finalmente idear un plan.

Protagonista pov.

Tenía muchas cosas en mi cabeza, pero la prioridad era mi hijo, con ayuda del sheriff sería más sencillo avanzar, admitía que BanBan si me había ayudado en ese tiempo, pero desde la vez pasada, sus ideas de "ayuda" siempre me llevaban al inicio o a la nada, ocasionando que sea una rutina algo tonta.

Banbaleena una vez había mencionado, que algunos científicos la había creado para ser la pareja de este, sin embargo su gustos por dar clases a los infantes hizo que su misión principal de fuera por un tubo, haciendo que los científicos dejarán de idear una futura pareja, ya que tampoco BanBan mostraba interés, esto último lo había descubierto gracias a unas notas del mismo experimento.

Camine hasta el edificio del cirujanos, sabía que me metería en problemas, pero que más daba, tenía una misión.

Mi hijo.

Finalmente llegué al elevador, active los interruptores de aquella pequeña habitación, el elevador descendió y las puertas de abrieron, antes de que pudiera hacer o decir algo, unos golpes se escucharon a la distancia, parecían golpes de desesperación. Esto era fácil de deducir.

BanBan se enteró.

Por fortuna, el elevador descendió una vez que subí, para cuando banban llegará hasta el elevador, yo posiblemente ya haya avanzado en el piso inferior. Ya que los constantes golpes daban a entender que las compuertas eran bastantes resistentes.