Ladies and Gentlemen!

Lo que es estar enamorado de este anime, provoca que muchas ideas tan tiernas y hermosas se junten en nuestras cabecitas hermosas y no dejemos de pensar en las mismas. Eso es lo que me pasa en estos momentos que quiero escribir mientras más veo, mientras más leo. Quiero verlos crecer, quiero ver sus tiernos sentimientos, su grande amor.

It's time to read!

It's showtime!


Aclaración: Watashi no Shiawase na Kekkon (My Happy Marriage) no me pertenece. Es propiedad de Agitogi, Akumi. Yo solamente pido prestado sus personajes para poder escribir mis historias que se podrán leer a continuación.

Aclaración: Con estas historias no estoy cobrando por ninguna ganancia o regalía. Solo escribo para el entretenimiento de todo público pidiendo permisos al autor. Cualquier aclaración, pueden escribir en los comentarios su opinión al respecto.

Aclaración: Recuerden que esta historia es un fanfic, historias ficticias escritas de fans para fans, algunas cosas pueden cambiar y otras más se pueden agregar. No siempre los personajes contienen las mismas personalidades. Por favor, si no les gusta, abstenerse de comentarios ofensivos y/o negativos.


Saimori Miyo era capaz de jurar que su querido prometido, Kiyoka Kudo, es una persona que no deja ver sus sentimientos con facilidad. No solo ella lo decía, todos sus amigos como la familia del mismo estaban de acuerdo con ello.

Muy pocas veces es capaz de ver aquella pequeña sonrisa de su rostro que es capaz de hacer enloquecer a su corazón. Aunque si puede decir que aquellos ojos que a veces suelen mirar con frialdad a las personas, en realidad siempre la miraban a ella con cierta calidez que ella tenía que desviar la mirada un poco avergonzada por los pensamientos que era capaz de tener.

No podía dejar de pensar que se veía demasiado atractivo como pensar lo molesta que estaría si muchas chicas ven aquello que ella únicamente ve.

Claro, no podía evitar llamar la atención de su querido prometido que solo soltaba una pequeña risita. Como si aquello lo hubiera hecho intencionalmente o como si hubiera sido capaz de leer su mente.

Pero en la mayoría del tiempo, era difícil saber qué tipo de pensamientos era capaz de tener.

Justo como cuando compartieron su primer y segundo beso. Un suave toque a sus labios, varios minutos en silencio y separarse tan despacio que ver aquella sonrisa, después de abrir los ojos, era imposible no querer volver a pegar sus labios y quedarse así por mucho más tiempo. Ansiosa por saber qué es lo que continuaría después, era imposible controlar sus manos.

Fueron momentos realmente vergonzosos para ella, pues era capaz de sentir un increíble calor que pintaba sus mejillas de rojo y provocaba que su corazón golpeará con fuerza su pecho. Era imposible poner su cabeza en orden cuando ni siquiera era capaz de pensar en otra cosa que no fueran los cálidos labios de Kiyoka Kudo sobre los suyos como aquellas tiernas manos que tomaban su cuerpo con ternura y la cobijaban para hacerla sentir segura.

Pero, al mismo tiempo que sentía que iba a explotar de la alegría, no podía evitar sentirse un poco triste.

De alguna manera creí que su querido prometido iba a reaccionar de la misma manera que ella, pero en realidad, no fue así. Se comportaba igual que siempre, con aquella radiante sonrisa y con aquellos ojos que la miraban con ternura.

¿Acaso era porque ella era una inexperta?

¿Acaso su querido prometido había besado ya a muchas chicas en el pasado?

Se sentía triste al mismo que se sentía molesta al pensar de ese modo. Sabía que no tenia de que preocuparse, no tenía por qué dudar de él, lo amaba a él y eso era lo único que le importaba. Con el tiempo, aprendería muchas cosas.

Claro, siempre que se mantuviera al lado de Kiyoka Kudo.

Era una total desgracia que no sea capaz de saber qué es lo que piensa su amado prometido.

Claro, estos solo eran los pensamientos de Saimori Miyo.

Porque si se hubiera dado cuenta en ese momento, hubiera visto un rostro de Kiyoka Kudo que nadie ha sido capaz de ver. Un lado que hasta él mismo desconocía y que se le hacía tan extraño que no podía evitar pensar que se encontraba bajo un fuerte hechizo del que sería imposible salir vivo de ahí.

Pues que sus mejillas se encontraran rojas cual carmín como que su tonto corazón no era capaz de quedarse quieto al sentir a Miyo tan cerca de él, que los recuerdos regresaban a él y sus manos querían moverse por sí solas para tomar la mano de su querida prometida y atraerla a su cuerpo con tanta desesperación que realmente se desconocía al tener en mente tales pensamientos.

Sentirla tan pegada a él que era capaz de sentir los fuertes latidos de su corazón como provocar aquellos tiernos sonrojos de los que cada vez era más consciente que no podía ocultar la sonrisa de su rostro por lo que estaba causando en su amada prometida. Tomar su mentón entre sus manos para que sus ojos se encuentren, que sea consciente que no iba a mirar a alguien más que no sea él. Perderse entre aquella bonita mirada y sin querer esperar más, pegar sus labios en un pequeño beso que desde hace mucho tiempo había deseado ya.

Claro, no estando conforme con aquel segundo pequeño beso que se han dado después de haber confirmado su compromiso, Kiyoka Kudo quería más y lo quería con desesperación. Ansiaba más, ansiaba dejarse llevar por los sentimientos que estaba descubriendo en ese momento que realmente creía volverse loco, incluso creía estar soñando. Claro, el fuerte pellizco a sus brazos, era una clara señal de que se encontraba despierto y que lo bueno de ser discreto, es que nadie le prestaría atención a menos de que causara locura alguna.

Esa no era su forma de actuar, ese no era él, pero tampoco le incomodaba comportarse de esta manera cuando sabía que la única persona que lo hacía ser así, era su querida prometida Miyo.

Era imposible dejar sus manos quietas cuando ansiaban recorrer aquel pequeño cuerpo que cada vez le atraía más. Era imposible no querer profundizar aquel beso y perderse entre sus pensamientos, perderse en aquella burbuja creada únicamente para ellos. Entre aquello que se sentía tan condenadamente bien que no podía evitar que su cuerpo mismo se calentara, que su corazón golpeara con desesperación su pecho y que quisiera mandar todo al demonio en ese preciso momento.

Pero era por su dulce y tierna Miyo que prefería controlarse y separarse antes de perder el control de su propio cuerpo.

Lo que menos quería, es que escapará de él y que no lo pudiera perdonar por dejarse llevar.

Lo que menos quería, era lastimarla. Le dolía tanto ver lágrimas en su bello rostro que realmente se odiaría ser el causante de las mismas.

No tenía por qué forzarla a algo que no quería, no quería hacerla llorar y lamentarse por el resto de su vida por una tonta calentura.

Con estos pensamientos, era capaz de tomar una gran bocanada de aire y regresar a la normalidad.

Claro, sin grabar en su mente, aquella tierna imagen de Miyo con sus labios rojos y abriendo sus ojos tan despacio.

Hermosa, bella. Simplemente perfecta. Si fuera posible, le bajaría las estrellas en ese preciso momento para volver a ver esa cálida sonrisa como esos ojos brillar tan maravillosamente que querría volver a besar sus besos con ternura.

Realmente creía odiar a las mujeres por culpa de su madre.

Realmente creía que el mundo entero lo iba a tratar como una persona horrible por todo lo que inventaban de él.

Realmente creía que se iba a quedar solo hasta el final de sus tiempos.

Pero para su buena suerte.

Una dulce chica había llegado a su lado para quedarse.

La única que fue capaz de derretir su coraza de hielo por aquella ternura y dulzura que lo cautivaba cada vez más y que no quisiera que se alejara de él.

Odiaba vivir en la misma casa que ella por no poder mantenerse más tiempo a su lado. No importando que sus habitaciones se encuentren cerca, ansiaba dormir a su lado. Que su suave respiración sea una dulce nana para él.

Suspiró resignado cuando regreso a la casa de sus padres al saber que no iba a dormir junto con Miyo. Claro, no es como si él pudiera hacer algo, simplemente tenía que quedarse ahí a esperar el momento exacto en el que ella se sienta segura.

No tenía por qué apresurarla.

No tenía por qué pensar de ese modo.

No es como si Miyo fuera escapar.

Estaba más que seguro que al igual que él, ella desea estar a su lado.

-¿Querido prometido?

Kiyoka salió de sus pensamientos en cuanto Miyo le hablo. Tuvo que parpadear un par de veces para acordarse que se encontraban en casa y que estaban a punto de irse a dormir para el día de mañana, madrugar para ir al templo.

-¿Decías algo? -Dijo en un tono nervioso, creyendo que le había dicho algo, pero no había prestado atención.

-¿Se siente bien? -Pregunto Miyo con preocupación mientras se acercaba un poco a él y posaba con dulzura su mano a su frente.- Estaba muy distraído

¿Y de quien era la culpa?

Fue lo que pensó Kiyoka pero no se atrevió a decir. En cambio, presto atención a ese dulce sonrojo que apareció en el rostro de Miyo al darse cuenta de lo cerca que se encontraban, la manera en que sus ojos brillaban de la preocupación. Lo linda que se veía de esa manera, provocaba que quisiera molestarla un poco. Por la paz, dejo aquellos planes a un lado, prefirió mostrarle la sonrisa más sincera que tenía mientras tomaba la mano de su frente con cariño y la apretaba con suavidad.

-Estoy bien, solo pensaba -Dijo Kiyoka con ternura.- Debemos irnos a dormir si mañana queremos salir temprano

Pero, en ese momento, Saimori Miyo tenía otros planes. No permitiendo que su querido prometido se levantará y se alejara de ella. Se acerco un poco más a él aun con sus manos unidas, con una mirada tímida, con unas mejillas rojas y tratando de contener la respiración. Fue que ella se armó de valentía tomando un poco de aire.

-¿Puedo quedarme un rato más a su lado?

Kiyoka abrió los ojos ante aquella tierna petición. Pero de igual manera, sonrió al ver que el coraje que había reunido, fue muy bien escuchado.

-No necesitas pedirme permiso -Dijo él con ternura.- Si quieres permanecer más tiempo a mi lado -Kiyoka abrió sus brazos en ese momento.- Entonces puedes hacerlo, pero no te vayas a quejar de no haber dormido más en la mañana, ¿Está bien?

-Está bien

Kiyoka carcajeo al escucharla responder de una manera tan directa que se sorprendió cuando Miyo se fue corriendo para apagar las luces de aquel cuarto y con mucho cuidado, se acercó para poder sentarse a su lado en aquella tranquila oscuridad. Tomo su mano cuando la sintió cerca de él, con mucho cuidado, la guio y la cobijo para evitar que sintiera frio.

Ambos soltaron una pequeña risita cuando se sintieron tan juntos que eran capaces de sentir sus corazones desesperados. Sonrieron con tranquilidad al solo escuchar a la noche misma y al imaginar todos aquellos copos de nieve que se acumularían en su jardín. Ansiaban ver aquel pasto cubierto de blanco. Claro, también deseaban que aquel momento nunca terminara, que fuera eterno por lo cálido e íntimo que se sentía al estar de esa manera.

Por primera vez, no deseaban que el mañana llegara rápido. Querían quedarse un momento más así. Solo ellos dos en aquella burbuja.

Kiyoka iba a decir algo más cuando escucho el suave respirar de Miyo a su lado como sentir que su cabeza se recargaba en su hombro. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, con sumo cuidado, quitaba aquellos traviesos cabellos de su bonito rostro. Soltó una suave risita al ver que, en ella, una sonrisa tranquila aparecía.

Rozando con ternura aquellas mejillas tersas mejillas, sintiendo aquella dulce fragancia de su cabello. Dejándose llevar por aquella suave respiración.

Kiyoka Kudo susurró en ese momento.

-Te quiero Miyo -Dijo por primera vez, se sentía nervioso porque creía que en ese momento ella iba a despertar, pero al asegurarse que ella se encontraba completamente dormida. Sonrió mientras se acercaba a besar sus cabellos.- Y me estoy volviendo loco, temo lastimarte, temo herirte por estos nuevos sentimientos -Se separó despacio de ella. Miro a la habitación oscura y soltó todo el aire que había estado guardando.- Pero no lo hare, todo a su tiempo, porque quiero pasar mi vida entera a tu lado, quiero demostrarte cuanto te amo, aún tenemos mucho tiempo por delante, algún día mi querida Miyo, algún día

Un sentimiento que crecía cada vez que la veía.

Un sentimiento que ya no podía evitar, mejor dicho, que ya no quería evitar.

Porque eso era lo que en realidad sentía por ella.

Por su dulce y tierna Miyo, Kiyoka Kudo era capaz de enloquecer y conocer un lado que desconocía. Un lado que solo le mostraría a su querida prometida.

Al tener aquel pensamiento en mente, sonrió. Bostezo un poco y cerro sus ojos. Unos minutos más a su lado, no haría daño a nadie, después la cargaría y la llevaría a su futón a descansar. Pero por ahora, planeaba disfrutar así todo el tiempo posible a su lado.

Como había dicho.

Todo a su tiempo. No llevaba prisa, cuando ella estuviera lista, cuando su corazón se encontrará listo.

Un bello amor florecerá.


¡Muchas gracias por leer!

Aun muchas cosas que me gustaría escribir. Aun hay muchas cosas que me gustaría ver, pero como he dicho, todo a su debido tiempo. ¡Muy pronto todas estas bellas serán mostradas a la luz! Y estoy más que segura, que les gustará demasiado.

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Atte.: AnZuZu Dragneel

Fecha: Viernes 21 de Febrero de 2025