Buenas aquí les dejo una adaptación de un libro que me gusto, los personajes de inuyasha no me pertenecen si no a "Rumiko" ni la historia ni los personajes del libro sino a "Shelby" espero que les guste

Asesino de brujas

Libro 1

La bruja blanca

(poco a poco, el pájaro construye su nido)

Cap. 21

Hora De Seguir Adelante

Inu

-Vayamos a alguna parte -menciono Kag.

Alce la vista de mi Biblia. Ella había vuelto a visitar la enfermería esa mañana. Desde su regreso de aquel lugar repugnante, no había hecho más que sentarse en la cama y mirar el vacío. Pero sus ojos no estaban en blanco. Iban de un lado a otro como si observara algo, moviendo los labios de modo imperceptible. Sacudiendo los dedos.

Aunque no dije nada, temía que los pacientes comenzaran a afectarla. Había uno en particular, Monsieur Bernard, que me preocupaba. Días atrás, el padre Orville me había apartado para informarme de que el hombre estaba constante sedado y encadenado para evitar suicidio. El padre Orville pensaba que Kag quedaría conmocionada cuando ocurriera lo inevitable.

Quizás salir un poco nos sentaría bien a los dos.

Apoye a un lado mi Biblia.

- ¿Dónde quieres ir?

-Quiero un pastel glaseado. ¿Recuerdas la Patisserie en la que nos conocimos? ¿La que está en el East End? Solía ir allí antes de, bueno…todo. -sacudió una mano entre los dos.

La mire con cautela.

- ¿Prometes que te comportaras?

-Claro que no. Arruinaría la diversión. -Bajo de un salto de la cama. Tomo su capa del perchero-. ¿Vienes o no?

En sus ojos apareció una chispa que no había visto desde el teatro. Desde antes de la quema. Desde antes de, bueno… todo. La mire con desconfianza, buscando cualquier rastro de la mujer que había conocido esa última semana. Aunque su fiebre había sucumbido rápido, su espíritu no. Había sido como si ella hubiera estado manteniendo el equilibrio en la punta de un cuchillo: un movimiento en falso y atravesaría alguien. Probablemente a mí.

O a sí misma.

Pero parecía distinta. Quizás había cambiado.

- ¿Te… encuentras mejor? -pregunte, vacilante.

Ella se quedó paralizada bajo su capa.

-Quizás.

Contra mi buen juicio, asentí y busqué mi propia chaqueta…

Solo para que ella la apartara de mi mano.

-No. -sacudió un dedo frente a mi nariz-. Me gustaría pasar el día con Inuyasha, no con el Chasseur.

Inuyasha.

Aun no me había acostumbrado a que ella dijera mi nombre.

Cada vez que lo hacía, un entusiasmo leve y absurdo recorría mi cuerpo. Esta vez no fue distinto. Carraspee y me cruce de brazos, intentando en vano permanecer imperturbable.

-Son la misma persona.

Ella hizo una mueca y abrió la puerta para mí.

-Ya lo veremos. ¿Vamos?

Era un día ventoso. Despiadado. Los retos de la última nevada se aferraban al borde de las calles, donde las pisadas habían dejado la nieve café a medio derretir. Metí las manos en los bolsillos de mi pantalón. Parpadee molesto por la luz brillante del sol de la tarde.

-Está helado aquí afuera.

Kag giro el rostro hacia el viento con una sonrisa. Cerro los ojos y extendió los brazos, ya tenía roja la punta de la nariz.

-El frio suprime el hedor a pescado. Es maravilloso.

-Es fácil para ti decirlo. Tu llevas una capa puesta.

Se giro hacia mí y amplio la sonrisa. Unos mechones que habían escapado de su capucha bailaban alrededor de su rostro.

-puedo conseguirte una, si quieres. Hay un sastre junto a la Patisserie…

-Ni siquiera lo pienses.

-De acuerdo. -se hundió más entre los pliegues de su capa.

Carbón. Manchada. Con el dobladillo deshilachado-. Como quieras.

Frunciendo el ceño, la seguí por la calle. Cada musculo de mi cuerpo se tensó ante el frio, pero me prohibí temblar. Me prohibí darle a la kag la satisfacción de…

-Oh, Dios santo -dijo ella, riendo-. Duele verte, ven.

Colocó un lateral de su capa sobre mí. A duras penas cubría mis hombros, pero no me quejé… en especial, cuando ella se acomodó debajo de mi brazo y tenso la tela sobre los dos. Rodeé sus hombros, sorprendido. Ella se rio más.

-Estamos ridículos.

Nos miré, curvando los labios. Era cierto. Yo era demasiado grande para la tela y estábamos obligados a movernos con incomodidad para permanecer cubiertos. Intentamos sincronizar los pasos, pero pronto pisé mal y terminamos enredados en una pila sobre la nieve. Un espectáculo. Los transeúntes nos miraban con desaprobación, pero por primera vez en una eternidad, no me importo.

Yo también me reí.

Cuando entramos a la Patisserie, teníamos las mejillas y la nariz rojas. Nos dolía la garganta de la risa. La mire mientras ella retiraba la capa de mis hombros. Sonreía con todo su rostro. Nunca había visto semejante trasformación. Era… contagiosa.

- ¡Pan! -kag abrió los brazos. Seguí su mirada hacia el hombre de aspecto familiar detrás del mostrador. Bajo. Robusto. Alegre, con ojos negros que se iluminaron con entusiasmo al ver a Kag.

- ¡Escargot! Mi querida niña, ¿Dónde has estado? -Rodeo el mostrador lo más rápido que le permitieron sus piernas-. ¡Comenzaba a pensar que habías olvidado a tu amigo Pan! -Abrió los ojos de modo cómico y su voz se volvió un susurro -. ¿Qué le has hecho a tu pelo?

La sonrisa de Kag vacilo y alzo una mano hacia su cabello. Sin notarlo, pan la alzo en brazos y la abrazo un segundo más de lo apropiado. Kag rio a regañadientes.

-Necesitaba… un cambio. Algo más oscuro para el invierno.

¿Te gusta?

-Claro, claro. Pero está demasiado delgada, niña, demasiado. Ven, vamos a engordarte con un pastel. -Fue hacia el mostrador pero se detuvo cuando noto mi presencia. Alzo la cejas-. ¿Y quién es este?

Kag sonrió, traviesa. Me preparé para lo que fuera que hubiera planeado… suplicando que no fuera algo ilegal. Sabiendo que probablemente lo era.

-Pan. -Tomo mi brazo y tiro de mi para que avanzara-. Me gustaría presentarte a… Koga.

¿Koga? La mire sorprendido.

- ¿Ese Koga? -Los ojos de pan por poco se salieron de sus orbitas.

Ella me guiño un ojo.

-El mismo.

Pan frunció el ceño. Luego se puso de puntillas y empujo mi pecho con un dedo. Fruncí el ceño, desconcertado, y retrocedí, pero el hombre me siguió. Todo el tiempo empujándome con el dedo.

-Ahora, escúchame, jovencito, ¡lo he oído todo sobre ti! No sabes lo afortunado que eres de tener a esta cherie de tu brazo. Ella es una perla y la trataras como tal de ahora en adelante, ¿entiendes? Si me entero de lo contrario, responderás ante mí y no quieres tener a pan de enemigo, ¡oh, no!

Fulmine a Kag con la mirada, indignado, pero ella temblaba con su risa silenciosa. Retrocedí un paso.

-Yo… sí, señor.

-Muy bien. -El aún me miraba con astucia mientras sacaba dos pasteles glaseados que estaban detrás del mostrador. Después de entregarle uno a Kag, me lanzo el otro. Me apresure a atraparlo evitando que manchara mi camisa-. Aquí tienes, querida. Tú tienes que pagar -añadió, fulminándome con la mirada.

Me limpie el glaseado de la nariz con incredulidad. Ese hombre estaba loco. Al igual que mi esposa.

Cuando pan volvió detrás del mostrador, me gire hacia ella.

- ¿Quién es Escargot?, ¿y por qué le has dicho que mi nombre es… ese?

Tardo varios segundos en responder, en terminar de masticar el bocado enorme de pastel glaseado que tenía en la boca. Tenía las mejillas hinchadas por la comida, pero logro mantener la boca cerrada. Yo también. Al final trago. Se lamió los dedos con una veneración digna de misa. No: con una veneración que sin duda no era digna de misa. Mire a cualquier parte para no ver su lengua.

-Mmm… que territorial, Chass.

- ¿y bien? -preguntes, incapaz de ocultar mis celos-. ¿Por qué le has dicho que soy el ladrón?

Ella me sonrió y continúo lambiéndose el pulgar.

-Si quieres saberlo, lo uso para que pan siente la culpa y me de dulces. El mes pasado, el malvado, malvado Koga me engañó para que aceptara fugarme, solo para abandonarme en el muelle. Pan medio pasteles gratis durante una semana.

Me obligué a mirarla a los ojos.

-Eres deplorable.

Sus ojos brillaban. Sabían exactamente lo que hacia

-Si, lo soy. ¿Vas a comerte eso? -Señalo mi plato. Lo empujé hacia ella y mordió mi bollo con un suspiro suave-. Como maná del Cielo. La sorpresa sacudió mi cuerpo.

-No sabía que estuvieras familiarizada con la Biblia.

-Es probable que no notes muchas cosas sore mí, Chass. -Se encogió de hombros y se metió medio pastel en la boca-. Además, es el único libro en toda la torre con excepción de la Vie Ephemere, El pastor y Doce ensayos sobre exterminación de lo oculto que, por cierto, es una basura. No lo recomiendo.

A duras penas Oi una palabra.

-No me llames así. Mi nombre es Inuyasha.

Ella alzo una ceja.

-Creía que erais la misma persona.

Recline la espalda y la observe mientras terminaba de comerse mi pastel. Un poco de glaseado cubría su labio. Aún tenía la nariz roja por el frio y el cabello alborotado por el viento. Mi pequeña pagana.

-No te gustan los Chasseurs.

Clavo en mí una mirada afilada.

-Me he esforzado mucho por ocultarlo.

La ignore.

- ¿Por qué?

-Creo que no estas listo para oír esa respuesta, Chass.

-Bien. ¿Por qué querías salir hoy?

-porque era hora.

Reprimí un suspiro de frustración.

- ¿Lo que significa que…?

-Hay un momento para el duelo y un momento para seguir adelante.

Siempre era igual con ella. Siempre era evasiva. Como si percibiera mis pensamientos, cruzo los brazos y se apoyó sobre la mesa. Con expresión indescifrable.

-Bueno. Tal vez estas listo para oír algunas repuestas. Convirtámoslo en un juego, ¿quieres? Un juego de preguntas para conocernos.

Yo también incline el cuerpo hacia adelante. Respondiendo al desafío.

-Hagámoslo.

-Bien. ¿Cuál es tu color favorito?

-Azul.

Puso los ojos en blanco.

-Qué aburrido. El mío es el dorado, o el turquesa. O el verde esmeralda.

- ¿Por qué no me sorprende?

-Porque no eres tan estúpido como pareces. -No sabía si sentirme insultado o halagado. No me dio tiempo a decidir-. ¿Qué es lo más vergonzoso que has hecho?

-He… -La sangre subió por mi garganta ante el recuerdo. Tosí y miré mi plato vacío-. Una vez el arzobispo me descubrió en una… situación comprometedora. Con una chica.

- ¡Dios mío! -Golpeo la mesa con las palmas y abrió los ojos de par en par-. ¿Te descubrieron acostándote con Kikyo?

Las personas de la mesa contigua nos miraron. Incline la cabeza, agradecido, por primera vez en la vida, de no llevar puesto mi uniforme. La fulmine con la mirada.

- ¡Shhh! Claro que no. Ella me beso, ¿Sí? ¡Fue solo un beso!

Kag frunció el ceño.

- ¿Solo un beso? Eso no es divertido. No es algo por lo que avergonzarte.

Pero había sido una situación vergonzosa. La mirada en el rostro del arzobispo… Aparte el recuerdo a la fuerza velozmente.

- ¿Y tú? ¿Te has desnudado y has bailado el bourrée? Resoplo.

-Ya quisieras. No: canté en un festival cuando era niña. Fallé todas las notas. Todos se rieron. Soy una cantante de mierda.

Nuestros vecinos chasquearon la lengua con desaprobación. Hice una mueca.

-Si, lo sé.

-Cierto. ¿Mayor aversión?

-Los insultos.

-Los aguafiestas. -Ella sonrió-. ¿Comida favorita?

-El venado.

Señalo el plato vacío.

-Los pasteles glaseados. ¿Mejor amigo?

-Bankotsu. ¿tu?

- ¿En serio? -Su sonrisa desapareció y me miro con algo similar a… la lastima. Pero no podía ser-. Que… desgracia. La mía Brie.

Ignorando la punzante mirada, la interrumpí antes de que hiciera otra pregunta.

- ¿Tu peor defecto?

Vacilo y bajo la vista hacia la mesa. Deslizo el dedo por un nudo en la madera.

-El egoísmo.

-El mío la ira. ¿Tu mayor miedo?

Esta vez, no vacilo.

-La muerte.

Fruncí el ceño y extendí la mano sobre la mesa para tomar la suya.

-No hay nada que temerle a la muerte, Kag.

Ella me miro, con sus ojos marrones indescifrables.

- ¿No?

-No. No si sabes a donde irás.

Ella emitió una risa lúgubre y soltó mi mano.

-Ese es el problema, ¿Verdad?

-Kag…

Se puso de pie y colocó un dedo sobre mi boca para silenciarme.

Parpadeé con rapidez, intentando no centrar la atención en la dulzura de su piel.

-No hablemos más de eso. -Dejó caer su dedo-. Vayamos a ver el árbol de Yule. He visto que lo estaban preparando.

-El árbol de navidad – la corregí automáticamente.

Ella continuo como si no me hubiera oído.

-Aunque primero, sim duda debemos conseguirte un abrigo.

¿Estás seguro de que no quieres que robe uno? Sería fácil. Incluso permitiré que escojas el color.

-No dejare que robes nada. Compraré un abrigo. -Acepté la porción de capa que me ofreció y nos cubrí con la tela-. También puedo comprarte una capa nueva.

- ¡Koga me compró esta!

-Exacto. -Enfilamos la calle camino a la tienda del sastre-. Un motivo más para lanzarla a la basura a la que pertenecía.

Una hora después, salimos de la tienda con nuestras prendas nuevas. Un abrigo de lana azul oscuro con broches plateados para mí. Una capa blanca de terciopelo para Kag. Ella había protestado al ver el precio, pero yo había insistido. El blanco quedaba despampanante en contraste con su piel tono claro y por primera vez, no se había puesto la capucha. Su cabello negro azabache flotaba suelto en la brisa.

Preciosa. Aunque evité mencionarlo.

Una paloma arrulló mientras avanzábamos hacia el centro del pueblo y los copos de nieve caían espesos. Cubrieron el cabello de kag y sus pestañas. Ella me guiño un ojo y atrapó un copo con la lengua. Luego otro. Y otro. Pronto, estaba dando vueltas en círculos intentando capturarlos todos a la vez. Las personas la miraban, pero a ella no le importaba. La observe con diversión reciente.

- ¡Vamos, Chass!¡Saboréalos!¡Son divino!

Sacudí la cabeza, una sonrisa tiraba de mis labios. Cuantas más personas susurraban a nuestro alrededor, más fuerte era su voz.

Más salvajes eran sus movimientos. Más amplia era su sonrisa. Ella disfrutaba de su desaprobación.

Sacudí la cabeza y mi sonrisa desapareció.

-No puedo.

Se giró hacia mí y sujeto mis manos. Sus dedos estaban helados, parecían diez carámbanos diminutos.

-No te matará vivir un poco.

-Soy un Chasseur, kag. -Me alejé con una punzada de arrepentimiento-. Nosotros no… jugamos.

Ni siquiera si deseamos hacerlo.

- ¿Alguna vez lo has intentado?

-Claro que no.

-Tal vez deberías.

-Se hace tarde. ¿Quieres ver el árbol de Navidad o no?

Me saco la lengua.

-No eres divertido, Chass. Jugar en la nieve es lo que tú y el resto de Chasseurs necesitáis. sería una buena manera de quitaros el palo de vuestros culos.

Mire alrededor con nerviosismo. Dos transeúntes me apuñalaron con miradas de desaprobación. Tome la mano de kag mientras ella giraba de nuevo hacia mí.

-por favor, compórtate.

-Está bien. -Alzó la mano para quitar los copos de nieve de mi cabello y suavice la arruga de mi ceño mientras lo hacía-. Intentaré no utilizar la palabra culo. ¿Contento?

- ¡Kag!

Ella se rio y sonrió al mirarme.

-Es usted demasiado fácil, señor. Vayamos a ver el árbol de Yule.

-El árbol de Navidad.

-Nimiedades. ¿Vamos? -Aunque ya no compartimos la capa, rodeó mi cintura con sus brazos. Acercándola a mí mientras sacudía exasperado la cabeza, no puede evitar una sonrisa.

-:-

Mademoiselle Perrot nos dio la bienvenida en el vestíbulo de la iglesia esa noche, con el rostro contraído. Preocupada. Me ignoró como siempre y caminó directa hacia kag.

- ¿Qué ocurre? -Kag frunció el ceño y sujetó las manos enguantadas de la chica-. ¿Qué ha pasado?

-Es Bernie -dijo mademoiselle Perrot en voz baja. El ceño fruncido de kag se hizo más profundo mientras observaba el rostro de la muchacha.

Sujeté el hombro de Kag.

- ¿Quién es Bernie?

Mademoiselle Perrot ni siquiera me miró. Pero kag lo hizo.

-Monsieur Bernard. -Ah. El paciente suicida. Ella centró de nuevo la atención en mademoiselle Perrot-. ¿Está…? ¿Ha muerto?

Los ojos de mademoiselle Perrot-. Brillaron demasiado bajo la luz de las velas del vestíbulo. Húmedos. Llenos de lágrimas sin derramar. Me preparé para lo inevitable.

-No lo sabemos. Ha desaparecido.

Aquello llamo mi atención. Di un paso al frente.

- ¿A qué se refiere con que ha desaparecido?

Ella exhaló bruscamente por la nariz y al fin se dignó a mirarme.

-A que ha desaparecido, capitán Diggory. La cama está vacía.

Las cadenas están rotas. No hay rastro del cuerpo.

- ¿No hay rastro del cuerpo? -Kag abrió los ojos en par en par-. Entonces… ¡eso significa que no ha muerto por suicidio! Mademoiselle Perrot sacudió la cabeza de un lado a otro. Sombría.

-No significa nada. Podría haberse arrastrado a alguna parte y haberse suicidado. Hasta que no encontremos el cuerpo, no lo sabremos. Tuve que coincidir con ella.

- ¿Habéis avisado a mis compañeros?

Ella frunció los labios.

-SI. Ahora buscan en la iglesia y la Torre. También han enviado a una tropa a buscar en la ciudad.

Bien. Lo último que necesitábamos era que alguien se topara con un cuerpo acribillado por la magia. Las personas se asustarían. Asentí y le di un apretón al hombro de kag.

-Lo encontraran, kag. De un modo u otro. No debes preocuparte.

Su rostro permaneció rígido.

-Pero ¿y si está muerto?

La hice girarse para que me mirara… para irritación de mademoiselle Perrot.

-Entonces, ya no sufrirá más. -Me acerque a su oído, lejos de los ojos curiosos de mademoiselle Perrot. Su cabello rozo mis labios-. Él sabía a done iba, Kag. No tenía nada que temer.

Ella retrocedió para mirarme.

-Creía que el suicidio era un pecado mortal.

Extendí la mano y coloqué un mechón de cabello suelto detrás se su oreja.

-Solo Dios puede juzgarnos. Solo Dios puede leer en las profundidades del alma. Y creo que él comprende el poder de las circunstancias… del miedo. -Dejé caer la mano y me aclaré la garganta. Hice que las palabras salieran antes de cambiar de opinión-. Hay pocas verdades absolutas en este mundo. Qué la iglesia crea que Monsieur Bernard sufrirá eternamente por su enfermedad mental… no significa que vayas a suceder.

Algo apareció en los ojos de kag ante mis palabras. Al principio, no lo reconocí. No lo identifiqué hasta varias horas más tarde, cuando estaba a punto de quedarme dormido en el suelo de mi habitación.

Esperanza. Había sido esperanza.

Continuara…

Pd: gracias por sus comentarios xD

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