Capítulo 11: Linaje en Peligro
La sala principal de los territorios Takamachi estaba impregnada de un aire solemne, una mezcla de tradición y autoridad. Los delicados biombos pintados a mano y las lámparas de papel proyectaban sombras suaves en las paredes, mientras que el suelo de madera pulida reflejaba el ambiente cálido de la estancia. Xiaomao, con su porte regio, permanecía inmóvil en el centro, rodeada por su séquito de seguridad personal. Su vestido, decorado con intrincados bordados dorados y rojos que simbolizaban poder y prosperidad, parecía captar la luz de una manera casi sobrenatural, realzando su aura de autoridad.
Los guardias chinos se mantenían firmes, con posturas rígidas que delataban su entrenamiento militar, mientras que los soldados Takamachi no cedían terreno, aunque había una tensión visible en sus rostros. Signum, siempre alerta, apretaba con fuerza su AR-15, sus ojos fijados en el líder de la escolta china. Había algo en la forma en que este hombre se movía y hablaba que la hacía sentir incómoda, aunque no entendía una palabra de lo que decía.
Shiro Takamachi observaba todo desde su asiento en la mesa baja de madera, sus ojos estudiando cada detalle. Aunque su rostro mantenía una calma calculada, internamente se sentía como un volcán a punto de erupcionar. No era solo la presencia de Xiaomao lo que lo inquietaba, sino el hecho de que hubiera llegado sin previo aviso, algo que nunca ocurría en el círculo interno. La princesa china no era conocida por hacer movimientos impulsivos. Todo lo que hacía estaba planeado meticulosamente, cada paso tenía un propósito. Y ahora estaba aquí, en sus tierras, exigiendo una audiencia.
Un juego de té perfectamente dispuesto descansaba sobre la mesa entre ellos. En un gesto de cortesía y diplomacia, Shiro tomó primero su taza y dio un sorbo, indicando que no había peligro en el contenido. Sin embargo, uno de los guardias de Xiaomao avanzó con un movimiento firme pero respetuoso, tomó la taza destinada a su princesa y la examinó. Tras un breve sorbo, asintió con un leve movimiento de cabeza. Solo entonces Xiaomao tomó su taza, sosteniéndola con la gracia de alguien acostumbrado a ser el centro de atención.
Probó el té y, tras unos segundos, murmuró en chino:
—"很美味。"
(Está delicioso.)
Lin Mei, siempre a su lado, tradujo al japonés con suavidad, aunque Shiro notó que el tono parecía aún más delicado que el original. Xiaomao dejó la taza sobre la mesa con un movimiento medido y levantó la mirada, encontrándose con los ojos de Shiro. La intensidad de su mirada era como una daga, penetrante y calculadora.
—Princesa Xiaomao, ¿podría decirme cuál es el motivo de su honorable visita? —preguntó Shiro, rompiendo el silencio con un tono que mezclaba cortesía y cautela.
Lin Mei tradujo al chino, y Xiaomao sonrió levemente antes de responder:
—"内圈是一个在我们祖先的时代创建的协会,其唯一的目的就是创造一个平衡的世界。你应该知道这个,对吗,拓麻智?"
(El círculo interno es una asociación creada en tiempos de nuestros ancestros con el único propósito de crear un mundo equilibrado. Eso lo sabes, ¿verdad, Shiro Takamachi?)
Lin Mei tradujo, suavizando el tono de las palabras, pero la carga de autoridad en la voz de Xiaomao no podía ser ignorada. Shiro asintió lentamente, manteniendo su mirada fija en la princesa.
—Por supuesto, estoy al tanto. El equilibrio es la base de nuestra existencia en el círculo.
Xiaomao inclinó ligeramente la cabeza, como si aceptara su respuesta, pero su expresión no mostraba satisfacción. Había algo más que quería decir, algo que sabía que no sería fácil de escuchar.
—"然而,所谓的平衡只是表面上的,因为没有真正的平衡。甚至在日本,精英家族之间也存在着等级差异。赤妻家和山内家同等重要吗?或者拓麻智家比山本家有更多影响力?"
(Sin embargo, ese supuesto equilibrio es superficial, porque no existe un equilibrio real. Incluso en Japón, las familias élite tienen diferencias de jerarquía. ¿Son los Akatsuma tan importantes como los Yamauchi? ¿O los Takamachi tienen menos influencia que los Yanamoto?)
El delicado equilibrio de cortesía que hasta entonces había sostenido el encuentro comenzaba a tambalearse bajo el peso de las palabras de Xiaomao. Con cada frase que pronunciaba, parecía arrancar un poco más de control a Shiro, dejándolo atrapado entre la diplomacia y su orgullo herido.
Xiaomao tomó otro sorbo de té antes de hablar de nuevo, su tono calmado, pero cargado de intención.
—"你们之间有等级和阶级,而在中国则不存在这种情况。中国的精英家族之间只有一个区别,那就是在它们之上只有一个领导者,那就是我,唯一的公主。其他家族,地位平等。"
(Entre ustedes existen rangos y clases. Eso en China no existe. La única diferencia entre los clanes de élite en mi país es que hay uno por encima de todos, y esa soy yo, la única princesa heredera. Todos los demás clanes están por igual debajo de mí.)
Lin Mei tradujo, como siempre, con un tono más suave, pero no había forma de maquillar el significado detrás de esas palabras. Shiro apretó los puños bajo la mesa, esforzándose por mantener la calma.
Xiaomao continuó, su mirada fija en él, como si estuviera desafiándolo a contradecirla:
—"这就是平衡,只有一个头,然后是精英,接着是人民。而你们日本人呢?你们活着是为了互相砍掉彼此的头,看谁能统治所有人。现在是山内家族,但之后呢?是你们拓麻智家族发动攻击把他们拉下来,还是欧洲人,比如哈洛恩家族?"
(Eso es equilibrio. Existe solo una cabeza, luego la élite, y seguida del pueblo. ¿Y ustedes, los japoneses? Viven solo para intentar cortarse las cabezas entre ustedes y ver quién gobernará a todos. Ahora son los Yamauchi, pero después, ¿quién dará el golpe para sacarlos? ¿Serán los Takamachi? ¿O serán los europeos, como los Harlaown?)
Lin Mei tradujo, y esta vez Shiro no pudo contener una leve contracción en su mandíbula. Xiaomao lo estaba arrinconando, pero sabía que cualquier respuesta apresurada solo lo pondría en una posición más vulnerable. Aun así, decidió hablar.
—Los Yamauchi lideran en este momento, pero los Takamachi no buscan socavar a nadie. Y los Harlaown... ellos están fuera de nuestras disputas. Son aliados importantes para Japón.
Xiaomao dejó escapar una risa suave, cargada de una mezcla de desdén y diversión.
—"对日本重要的盟友?还是对你们?哈洛恩家族是西欧的强国,而加利亚的狮子几乎征服了整个西欧。东欧仍然被俄罗斯人、斯拉夫人和其他人争夺,而对他们来说,投资亚洲比与斯堪的纳维亚人和俄罗斯人合作更有利,不是吗?"
(¿Aliados importantes para Japón? ¿O para ustedes? La casa Harlaown es una potencia en Europa Occidental, y la Leona de Galia ha conquistado casi toda esa región. Europa del Este sigue disputada entre rusos, eslavos y otros. Para ellos, invertir en Asia es más rentable que aliarse con escandinavos y rusos, ¿o me equivoco?)
Lin Mei tradujo con cuidado, pero la sonrisa de Xiaomao no necesitaba interpretación. Shiro, una vez más, sintió que su posición se debilitaba con cada palabra de la princesa.
—Los Harlaown son aliados porque comparten nuestros intereses. No hay nada más que eso —respondió Shiro con firmeza, aunque su tono delataba cierta frustración.
—"他们是盟友,因为对他们有利。他们来这里是为了达成协议,而你们拓麻智家族帮助促成了这些协议。你们寻找强大的盟友,是为了达到顶点并砍下蛇的头。在中国,这样的行为会受到惩罚,整个家族都会被灭族。"
(Son aliados porque les conviene. Están aquí para cerrar acuerdos, y los Takamachi facilitaron esos acuerdos. Buscan aliados poderosos para llegar a la cima y decapitar a la serpiente. En China, esa conducta sería castigada con la eliminación total del clan.)
Lin Mei tradujo, y Shiro sintió como si el aire se volviera más pesado. Por un momento, no pudo responder. Xiaomao estaba dejando claro que veía a Japón y a su casa como jugadores en un juego peligroso.
Tras un largo silencio, Xiaomao se inclinó ligeramente hacia adelante, dejando su taza de té sobre la mesa con una delicadeza calculada.
—"我在这里是因为中国希望与日本达成一项良好的协议。因此,中国想知道你们是否会把我们视为盟友,或者你们是否会采取更多行动,破坏秩序,使天平倾向于你们。"
(Estoy aquí porque China desea un buen trato con Japón. Y por eso China quiere saber si nos tomarán como aliados, o si harán más jugadas para desbalancear el orden de las cosas y así inclinar la balanza a su favor.)
Lin Mei tradujo, y Shiro finalmente encontró su voz.
—Los Takamachi están interesados en fortalecer las relaciones con China, siempre que sean para el beneficio mutuo y el equilibrio global.
Xiaomao sonrió, pero esta vez, su expresión tenía un filo peligroso.
—"我来这里不是为了与你谈判,而是为了与你的继承人谈判。我想见见奈叶拓麻智。"
(No estoy aquí para negociar contigo, Shiro. Estoy aquí para analizar si formar una alianza con los Takamachi. Pero no contigo. Lo haré con la futura y pronta heredera de los Takamachi, con Nanoha Takamachi. No contigo. Tú eres una manzana podrida, y quiero saber si el fruto que has dejado está igual de podrido que tú, o si tiene alguna esperanza.)
Lin Mei tradujo, y las palabras cayeron como un martillo sobre Shiro. Por un momento, su rostro quedó congelado, incapaz de ocultar la conmoción que sentía.
—¿Nanoha? —murmuró, más para sí mismo que para nadie más.
Xiaomao asintió con calma, su mirada perforando el alma de Shiro.
—"我想见见奈叶拓麻智。"
(Quiero conocer a Nanoha Takamachi.)
Lin Mei tradujo, y Shiro sintió que su control sobre la situación se había desmoronado por completo. Xiaomao no solo lo había dejado sin palabras, sino que había tomado la iniciativa, colocando a su hija en el centro de un juego que él apenas comenzaba a comprender.
Nanoha conducía con rapidez pero sin descuidar el control del volante. La llamada de su padre había sido breve y directa:"Te necesito ahora en casa y lo más pronto posible."No había dado más detalles, pero el tono de su voz indicaba urgencia, algo poco común en Shiro Takamachi. A su lado, Fate, siempre serena, observaba el camino y ocasionalmente miraba a su esposa con una mezcla de apoyo y curiosidad. Detrás, en el asiento trasero, Ruby, la pequeña cuñada de Nanoha, jugaba con su cabello mientras su maid, Ririka, revisaba con meticulosidad su bolso, asegurándose de que todo estuviera en orden.
—Lo siento mucho, Ruby —dijo Nanoha, rompiendo el silencio del auto—. Mi padre tiene una urgencia, así que primero debo ir a la mansión Takamachi. Le pediré a Evelyn que las regrese a todas ni bien alcancemos la entrada principal de la mansión, lo siento.
Ruby negó con la cabeza y le dedicó una tierna sonrisa.—No te preocupes, Nanoha. De todas formas, quiero pasar a saludar a mi hermana Alicia y a Miyuki. No hay problema.
Nanoha asintió mientras aceleraba ligeramente, agradeciendo la comprensión de Ruby. Fate, que había permanecido en silencio, le dio un suave apretón en el hombro a su esposa, un gesto que Nanoha agradeció sin apartar los ojos del camino.
Mientras tanto, detrás del lujoso Lexus de Nanoha, un Mercedes negro avanzaba en caravana. Evelyn, la conductora, mantenía una expresión seria mientras observaba el camino y a los autos que los rodeaban. A su lado, en el asiento del copiloto, estaba Reiko, completamente incómoda. Había deseado viajar con Ruby en el auto de Nanoha, pero Evelyn había sido clara: no permitiría que estuviera tan cerca de su princesa sin supervisión. Reiko suspiró, resignada, mientras miraba por la ventana. Aunque no estaba donde quería, al menos esos minutos adicionales en la caravana le daban la oportunidad de sentirse cerca de Ruby, aunque fuera desde otro vehículo.
Cuando llegaron a la entrada de la mansión Takamachi, Nanoha estacionó el Lexus y, al descender del auto, se encontró con un escenario inesperado. Un batallón de maids japonesas esperaba en formación impecable. Antes de que pudiera reaccionar, un grupo de ellas avanzó con precisión, rodeándola a ella y a Fate.
—¿Qué está pasando? —preguntó Nanoha, confusa, mientras las sirvientas la escoltaban hacia el interior de la mansión.
—No lo sé, pero creo que nos están preparando para algo importante —respondió Fate, mirando con curiosidad el impecable atuendo y la disciplina del personal.
En el estacionamiento, Ruby observaba cómo Nanoha y Fate eran escoltadas hacia el interior con una mezcla de asombro y diversión. Cerca de ella, apareció Vita, quien reemplazaba temporalmente a Signum como encargada de la seguridad. La pequeña pelirroja, con su característico desdén, miró al grupo que acompañaba a Ruby.
—Bienvenidas a los territorios Takamachi y bla, bla, bla —dijo Vita, rodando los ojos con impaciencia—. Ya saben el resto.
Sus ojos se posaron en Evelyn, y su tono se endureció.—Tienes un pase especial para portar armas aquí, pero no puedes moverte con libertad. Irás a donde tu ama vaya como un fiel perro. Si te mueves sin permiso... te conviertes en un perro callejero. Y aquí, a los callejeros... —Vita deslizó su dedo pulgar por el cuello, dejando claro el mensaje.
Evelyn, sin inmutarse, respondió con profesionalismo.—Ha quedado claro como el agua.
—Perfecto —dijo Vita, asintiendo con aprobación—. Adelante. Las seguiré por detrás por si deciden extraviarse.
Mientras avanzaban hacia la entrada principal, Reiko aprovechó la oportunidad para caminar al costado de Ruby. La joven princesa notó el movimiento y, al darse cuenta de las intenciones de Reiko, soltó una risa baja que hizo que la otra se sonrojara levemente. Con algo de nerviosismo, Reiko le susurró:—Creo que sería mejor que nos tomemos de las manos... no queremos perdernos en este lugar tan grande.
Antes de que Ruby pudiera responder, Ririka intervino con rapidez.—Absolutamente no. Ni lo pienses.
Reiko suspiró, resignada, pero continuó caminando junto a Ruby, feliz de al menos estar a su lado.
Dentro de la mansión, Nanoha no entendía cómo había terminado vestida y arreglada con tanta rapidez. El vestido formal que llevaba era elegante, las joyas brillaban bajo la tenue luz, y el maquillaje resaltaba sus delicados rasgos. Fate, por su parte, lucía como una reina, con un vestido que acentuaba su porte majestuoso y joyas que cualquier mujer envidiaría.
En el pasillo que conducía a la sala de reuniones principal, Shiro Takamachi las esperaba. Su expresión era una mezcla de preocupación, consternación y agotamiento. Al verlo, Nanoha se acercó de inmediato.
—Papá, ¿qué sucede? —preguntó, ansiosa.
Shiro suspiró profundamente, como si buscara las palabras adecuadas.—Los chinos están aquí —respondió secamente.
Nanoha arqueó una ceja, algo desconcertada.—Está bien, no es la primera vez que atendemos a gente del extranjero. ¿Hay algún problema?
Shiro negó con la cabeza, pero su expresión permaneció tensa.—No es cualquier chino, Nanoha. La Princesa Xiaomao está aquí, en este momento, en nuestra casa, en la sala de reuniones principal... y quiere verte a ti. Exclusivamente a ti.
Nanoha se quedó petrificada. ¿Había escuchado bien? La princesa de China quería verla. A ella.—¿Estás seguro? ¿A mí? ¿Por qué...?
La mirada de Nanoha reflejaba una confusión creciente. Shiro, con el semblante grave, colocó una mano en su hombro.—No lo sé, hija, pero lo averiguaremos ahora.
Nanoha asintió lentamente, sintiendo el peso de lo que estaba por venir.
Nanoha caminaba por el largo pasillo que conducía a la sala de reuniones principal. Cada paso parecía pesar más que el anterior, y aunque mantenía una expresión estoica, sus ojos delataban los nervios que sentía. A su lado, Fate sostenía con firmeza su mano, como si quisiera transmitirle calma. Sin embargo, la propia Fate no podía evitar sentirse inquieta; sus dedos tamborileaban ligeramente sobre el dorso de la mano de Nanoha. Después de todo, la Princesa Xiaomao no era simplemente una visitante cualquiera; representaba a un país entero y, con ello, un nivel de influencia que intimidaría a cualquiera.
Shiro lideraba el camino, caminando con una postura rígida y una mirada seria que Nanoha rara vez veía en él. Su padre siempre había sido un hombre de convicciones firmes, pero aquella expresión era inusual incluso para él. El aire estaba cargado de una tensión palpable que hacía eco en las paredes silenciosas. Nanoha rompió el silencio con un tono suave pero preocupado:
—Papá, ¿todo está bien?
Shiro se detuvo un instante y giró la cabeza hacia ella. Su mirada era penetrante, como si buscara transmitir un mensaje más allá de las palabras. Finalmente, habló: —La Princesa Xiaomao es muy astuta. No te dejes engañar.
La respuesta dejó a Nanoha más confundida que tranquila, pero decidió no insistir. Shiro reanudó la marcha, y antes de llegar a las imponentes puertas de la sala, se detuvo nuevamente. Colocó una mano firme sobre el hombro de Nanoha, mirándola directamente a los ojos.
—Lo que pase ahí dentro determinará el destino de los Takamachi con el clan Tang y con China. No puedes fallar.
Nanoha sintió la presión sobre sus hombros aumentar, pero asintió en silencio, tragándose el nerviosismo. Fate, que había observado todo desde un lado, apretó su mano con más fuerza, como un recordatorio de que estaba allí para apoyarla. Las puertas se abrieron lentamente, revelando la solemne sala de reuniones.
El ambiente dentro de la sala de reuniones era solemne. Xiaomao estaba sentada con una gracia impecable, acompañada de su mano derecha, Lin Mei, quien se mantenía de pie junto a ella. Ambas detuvieron su conversación al notar la llegada de los Takamachi. La mirada de Xiaomao, fría pero llena de autoridad, se posó sobre ellos. El silencio en la sala era casi tangible, solo roto por el sonido de las respiraciones contenidas.
En un tono calmado pero autoritario, Xiaomao habló en chino: —"只需要南小春留在房间里。如果她愿意,她的妻子可以留下。至于你,四郎,可以在外面等着。" (Solo necesito que Nanoha se quede en la sala. Si su esposa lo desea, puede quedarse. Tú, Shiro, puedes esperar afuera.)
Lin Mei, como siempre, suavizó el mensaje al traducirlo al japonés: —La Princesa desea que Nanoha permanezca en la sala. Su esposa puede quedarse si así lo desea, pero usted, Shiro, debe esperar fuera.
El rostro de Shiro se tensó al escuchar la traducción. Apretó los dientes con evidente frustración, pero mantuvo la compostura. Antes de salir, se inclinó hacia su hija y le susurró: —Te lo encargo.
Con un suspiro profundo, Shiro abandonó la sala, cerrando las puertas detrás de él. Nanoha sintió el peso de la situación caer completamente sobre ella. Xiaomao la observó con atención y luego habló en chino: —"冷静点,展现出你是谁。" (Cálmate y demuestra quién eres.)
Lin Mei tradujo las palabras de la princesa, y Nanoha respiró hondo antes de inclinarse ligeramente en señal de respeto. —Es un honor conocerla, Princesa Xiaomao —dijo, manteniendo su tono firme pero respetuoso. Luego, señaló a Fate—. Ella es mi esposa, Fate Testarossa-Takamachi.
Fate también se inclinó educadamente, siguiendo el ejemplo de Nanoha. Lin Mei tradujo la presentación, y Xiaomao esbozó una sonrisa sutil.
—"别紧张,领导人不能在任何情况下表现出软弱。你需要记住这一点。" (No estés tensa. Un líder no puede mostrar debilidad en ninguna circunstancia. Necesitas recordar eso.)
Lin Mei tradujo fielmente, y Nanoha cerró los ojos un momento antes de soltar un largo suspiro. —Tiene razón —respondió Nanoha, abriendo los ojos con determinación—. No sé cuáles son sus planes, pero haré todo lo que esté en mi alcance, y más, para que mi casa y mi apellido sigan alcanzando lo alto.
Lin Mei tradujo, y Xiaomao soltó una leve risa antes de tomar un sorbo de té. Tras una breve pausa, continuó: —"这正是任何领导者所期望的。然而,真正定义领导者的是他们愿意走多远。领导者是一个灵感来源,是一个带领他人走向成功的人。你是一个领导者,还是一个跳着别人指挥的木偶?" (Eso es lo que se espera de cualquier líder. Sin embargo, lo que realmente define a un líder es hasta dónde está dispuesto a llegar. Un líder es una fuente de inspiración, alguien que guía a otros hacia el éxito. ¿Eres una líder, o solo eres una marioneta que baila al son de las órdenes de alguien más?)
La pregunta golpeó a Nanoha como un martillo. Sin dudarlo, negó con la cabeza y respondió: —No soy una marioneta. Nadie me controla. Sé bien cuáles son mis obligaciones, y las cumpliré. Además, lo que sé, lo compartiré con las personas que me siguen.
Lin Mei tradujo con precisión, y Xiaomao, aparentemente satisfecha, dejó su taza de té en la mesa y susurró algo a Lin Mei. Nanoha y Fate no lograron captar las palabras, pero Lin Mei asintió profundamente antes de hacer una reverencia.
Xiaomao volvió a dirigir su atención a Nanoha y lanzó una nueva pregunta: —"你知道内圈是什么吗?" (¿Sabes qué es el círculo interno?)
Nanoha se tomó un momento antes de responder. —Sé que es una organización interna de todas las familias para discutir temas importantes, pero mi padre aún no me ha invitado.
Xiaomao soltó una risa suave y luego respondió en chino: —"她真是一个天真的小羊羔,无知又可怜。" (Eres un corderito inocente e ignorante, ignorante de lo que realmente es el círculo interno.)
Lin Mei tradujo el mensaje suavizado, pero el tono en las palabras de Xiaomao era claro. La princesa se puso de pie, mirando fijamente a Nanoha. —Llévame a conocer los alrededores —ordenó en chino.
Lin Mei tradujo con neutralidad, y Nanoha, aunque nerviosa, se puso de pie, extendiendo una mano hacia Fate. Xiaomao se volvió hacia Lin Mei y, en un tono casi juguetón, dijo: —"她真是一个天真的小兔子。" (Es un conejito inocente.)
Lin Mei reprimió una risa baja mientras seguía a Xiaomao, lista para continuar con el recorrido.
Nanoha salió de la sala de reuniones acompañada de Fate, Xiaomao y Lin Mei, notando la ausencia de su padre, quien solía ser una figura constante en situaciones tan tensas. Esto la desconcertó aún más. Los pensamientos sobre el motivo detrás de la visita de la princesa y el cambio en el comportamiento de su padre la llenaron de preguntas, pero no encontraba respuestas claras. Deteniéndose por un momento, intentó organizar su mente, solo para ser interrumpida por la mirada curiosa de Xiaomao, quien sonreía con un aire sereno y confiado.
Decidida a no mostrarse débil, Nanoha negó con la cabeza y avanzó. El recorrido por los territorios Takamachi, diseñados para emular la majestuosidad de una antigua Kyoto, era una experiencia que transportaba a otro tiempo.
El sendero principal estaba adornado con piedras cuidadosamente colocadas, bordeadas por sogas de cáñamo sujetas a postes de madera oscura. A ambos lados, arces en pleno otoño derramaban hojas rojas, naranjas y doradas, formando un tapiz que cubría tanto el suelo como las copas de los árboles. La brisa llevaba consigo el sonido del suave crujir de las hojas bajo los pies y el aroma terroso que evocaba una sensación de nostalgia y tranquilidad.
Nanoha caminaba al frente junto a Fate, quien caminaba segura al lado de su esposa. Xiaomao y Lin Mei las seguían de cerca. El contraste entre el solemne silencio de las princesas y la calidez del entorno generaba una atmósfera única, casi mágica.
Llegaron a un pequeño puente de madera que cruzaba un arroyo cristalino. El agua, reflejando los colores del otoño, corría suavemente entre las piedras, creando un sonido relajante. A lo lejos, una pequeña casa de té tradicional se asomaba, con el techo cubierto de musgo y las paredes de madera cuidadosamente mantenidas. Nanoha señaló el lugar mientras explicaba:
—Este es uno de los rincones más antiguos de nuestros territorios. La casa de té ha estado aquí por generaciones y es usada para recibir a invitados importantes.
Xiaomao observó el lugar con interés antes de responder en chino:
—"古老的地方往往隐藏着重要的秘密。你应该珍惜这些遗产,它们是你身份的一部分。"
(Los lugares antiguos suelen ocultar secretos importantes. Deberías atesorar este legado; es parte de tu identidad.)
Lin Mei tradujo las palabras de Xiaomao con suavidad, aunque omitió el tono ligeramente autoritario de la princesa. Nanoha asintió, agradeciendo el comentario mientras continuaban.
Más adelante, el grupo pasó por un santuario sintoísta. Las puertas torii rojas se alzaban imponentes, contrastando con el follaje otoñal. En el altar, ofrendas de sake, frutas y dulces se presentaban en cuidadosa armonía. Lin Mei, comento a Nanoha:
—Es impresionante cómo cada rincón aquí parece contar una historia.
Nanoha sonrió débilmente, aún cargando la tensión de la reunión, pero respondió:
—En nuestro hogar. Cada detalle fue diseñado para preservar nuestras tradiciones y raíces.
Mientras seguían avanzando, un pabellón cubierto se desplegó ante ellas. Las columnas de madera oscura sostenían un techo curvado, decorado con intrincados grabados de dragones y flores de cerezo. Dentro, un estanque reflejaba el cielo y los árboles circundantes. Carpas koi nadaban tranquilamente en el agua, sus movimientos creando ondas suaves que rompían la perfección del reflejo.
Xiaomao se detuvo junto al estanque y observó a los peces con atención. Después de un momento, habló en chino:
—"这些鱼就像你的人民。它们在你的庇护下平静地生活,但如果水变得浑浊,它们就会迷失方向。"
(Estos peces son como tu gente. Viven tranquilamente bajo tu protección, pero si el agua se enturbia, perderán su camino.)
Lin Mei tradujo sus palabras, dejando que el mensaje calara en Nanoha. La joven Takamachi entendió la metáfora, pero no pudo evitar sentir el peso de las expectativas que Xiaomao parecía depositar en ella.
Continuaron su camino hasta llegar a un jardín zen, donde las piedras perfectamente rastrilladas formaban patrones armoniosos. Nanoha explicó con orgullo:
—Aquí es donde mis padres vienen a reflexionar y encontrar claridad en momentos difíciles.
Xiaomao asintió ligeramente, como si entendiera el simbolismo del lugar, antes de agregar:
—"找到平静是重要的,但一个真正的领导者必须能够在混乱中找到秩序。"
(Encontrar calma es importante, pero un verdadero líder debe ser capaz de encontrar orden en el caos.)
El recorrido finalmente los llevó a un pequeño pabellón con una vista panorámica de los territorios. Desde allí, podían ver la magnitud del lugar: los templos, las casas tradicionales, los jardines y los senderos serpenteantes que unían todo en una sinfonía visual. Xiaomao observó en silencio, como si evaluara cada detalle.
Nanoha, aún sintiendo la presión, preguntó:
—¿Es lo que esperabas?
Xiaomao la miró fijamente antes de responder con una leve sonrisa:
—"比我预想的要好。"
(Mejor de lo que esperaba.)
Lin Mei tradujo, y aunque la respuesta era simple, Nanoha sintió que había superado una prueba silenciosa. Sin embargo, el verdadero desafío aún estaba por llegar.
Alicia estaba en su habitación, rodeada de un grupo peculiar que claramente no estaba en armonía. Ruby estaba tumbada boca abajo sobre la cama de su hermana mayor, abrazando una almohada mientras balanceaba las piernas alegremente. Su voz era dulce y melodiosa mientras relataba con entusiasmo los eventos del día: la visita al centro comercial, los regalos, la comida. Sus piernas se movían de manera despreocupada, pero con cada movimiento la falda se levantaba cada vez más alto, revelando la ropa interior color rosa.
Reiko, sentada cerca, luchaba por mantener la compostura. En su mente, repetía como un mantra:"Tiene solo 14 años, tiene solo 14 años". Cerraba los ojos con fuerza y desviaba la mirada hacia cualquier rincón de la habitación, pero su incomodidad era evidente. Alicia, que no se perdía ningún detalle, se dio cuenta rápidamente de la actitud de Reiko. Con un tono áspero y autoritario, rompió el momento:
—¿Qué haces aquí? —preguntó, su mirada fija en Reiko como si estuviera examinándola.
Reiko despertó al instante, enderezándose y tartamudeando ligeramente:
—Eh… bueno, yo… hoy pedí permiso para salir con Ruby.
Ruby, al escuchar su nombre, volteó la mirada hacia Reiko con esos ojitos tiernos que parecían brillar, y le dedicó una pequeña sonrisa. Alicia, sin embargo, no estaba impresionada.
—Eso ya lo sé —replicó con firmeza—. Pero esa no fue mi pregunta. ¿Qué hacesaquí? Pudiste haberte ido cuando terminamos de comer. No tenías que seguirla —dijo, señalando a Ruby con la barbilla.
Ruby infló las mejillas con un puchero adorable y le dijo en un tono casi infantil:
—¡Ali-nee, no seas así!
Alicia levantó una ceja, claramente no convencida. Su mirada seguía clavada en Reiko, esperando una respuesta más convincente. Reiko, incómoda pero decidida a justificar su presencia, tartamudeó:
—Yo… quería pasar más tiempo con Ruby antes de Navidad.
Alicia la observó detenidamente, como si evaluara cada palabra. Su expresión se volvió más defensiva mientras preguntaba:
—¿Y por qué?
Reiko tragó saliva y sintió cómo las miradas de las demás en la habitación se enfocaban en ella. Con los nervios a flor de piel, murmuró:
—Me… me agrada su compañía.
Alicia, claramente desconfiada, replicó de inmediato:
—Bueno, a mí no me agrada la tuya. Así que ¿por qué no te vas?
—¡Ali-nee! —protestó Ruby en un tono dulce, visiblemente molesta con la actitud de su hermana.
—No confío en ti —dijo Alicia directamente, sin perder su firmeza. Sus palabras eran como una sentencia.
Reiko, sintiendo que la situación se le escapaba de las manos, apretó los puños y, en un arrebato de valentía (o quizás de desesperación), levantó la voz:
—¡Me gusta tu hermana, Alicia!
El cuarto quedó en completo silencio. Parecía que incluso el aire había dejado de circular. La confesión resonó en el ambiente, y el impacto fue inmediato. Alicia tenía una expresión de absoluta incredulidad, sus ojos abiertos como platos. Ruby, por su parte, se puso tan roja como un tomate. Miró a Reiko con los ojos abiertos y, en cuestión de segundos, escondió su rostro en la almohada, completamente avergonzada. Evelyn, siempre estoica, mantenía su rostro serio, aunque sus ojos parecían evaluar la situación con rapidez. Por otro lado, Ririka miraba a Reiko con una mezcla de molestia y desconfianza, como si evaluara si esta confesión era digna de su aprobación o simplemente ridícula.
Reiko, al darse cuenta de lo que acababa de decir, se quedó congelada, con el rostro sonrojado y una expresión de absoluto pánico. No podía creer que sus sentimientos, cuidadosamente reprimidos, hubieran salido de esa manera. Sus labios temblaban mientras trataba de procesar lo que acababa de hacer.
Alicia, finalmente recuperando el control de la situación, se levantó de su silla con una calma inquietante. Su voz fue baja pero cargada de autoridad:
—Tú y yo. Afuera. Solas. —Dijo, refiriéndose claramente a que Evelyn y Ririka no debían seguirlas.
Ruby, alarmada, sacó su rostro de la almohada y protestó:
—¡Ali-nee, noooo!
Alicia no respondió. Ya había abierto la puerta y esperaba a que Reiko saliera. Sus ojos no dejaban lugar a dudas: no había opción de negarse. Reiko, todavía paralizada, supo en ese momento que estaba completamente perdida. Con pasos lentos y pesados, se levantó, consciente de que estaba a punto de enfrentar un juicio ineludible.
Reiko seguía a Alicia por el interminable pasillo, sus pasos resonaban en el suelo como un eco constante que hacía que su ansiedad aumentara con cada paso. El silencio entre ambas era tenso, y la única compañía parecía ser la sombra de la amenaza que Alicia proyectaba con cada movimiento firme. Reiko intentaba controlar su respiración, pero el nudo en su estómago parecía crecer con cada metro que avanzaban.
Alicia rompió el silencio, sin girarse para mirarla:
—¿Sabes por qué soy más pequeña que Fate, a pesar de ser mayor que ella?
Reiko, nerviosa, no respondió. Sentía que cualquier palabra que dijera podría ser usada en su contra. Alicia, sin esperar una respuesta, continuó con voz firme:
—Es porque levanto pesas. Trabajar con maquinaria es pesado, ¿sabes? Necesitas un cuerpo fuerte. Una viga regular de hierro puede pesar entre 40 y 50 kilos. Adivina quién puede levantarla.
El tono no dejaba lugar a dudas: era una amenaza. Reiko tragó saliva. Su mirada bajó instintivamente hacia los brazos de Alicia, que aunque cubiertos por ropa holgada, dejaban entrever sus bíceps definidos cuando cruzaba los brazos. Alicia estaba claramente trabajada físicamente, y Reiko, que apenas podía subir unas escaleras sin quedarse sin aliento, sabía que no tenía ninguna oportunidad contra ella.
Finalmente, llegaron a una puerta. Alicia la abrió con un movimiento firme, revelando lo que parecía ser un dojo de entrenamiento. Dentro, había un grupo de personas entrenando. Algunos practicaban combate cuerpo a cuerpo, otros levantaban pesas o practicaban técnicas de defensa personal. En el centro, liderando las instrucciones, estaba Zafira, imponente como siempre, observando y corrigiendo las posturas del personal de seguridad. El ambiente olía a sudor y esfuerzo, y los sonidos de golpes y gritos de combate llenaban el lugar.
Reiko tragó saliva al entrar. Miró alrededor y supo que estaba perdida. Su delgado cuerpo y su aversión al ejercicio no iban a ayudarla en lo más mínimo. Alicia entró con paso firme, sus brazos relajados pero tensos, como un felino acechando a su presa.
—Zafira-aniki, buenas tardes —dijo Alicia con un tono respetuoso, pero no sin la firmeza característica en su voz.
Zafira, distraído momentáneamente por las instrucciones que daba, volteó a mirar. Sus ojos se clavaron primero en Alicia y luego en Reiko, sorprendido de verla allí. La reconoció al instante: era la hija de los Yamauchi.
—Ali-ojou, ¿qué hace aquí? No la esperábamos —respondió, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto.
Alicia suspiró profundamente, como si estuviera cansada de algo que le habían repetido muchas veces.
—Ya te dije que dejes de decirmeOjou. No soy una princesa, y mucho menos me parezco a una —dijo, flexionando su brazo y mostrando sus bíceps con una sonrisa irónica, como si estuviera marcando territorio.
Zafira soltó una carcajada.
—De acuerdo, Ali… —respondió, pero no pudo evitar la risa ante la actitud de Alicia—. ¿Y a qué se debe su visita?
Alicia giró la mirada hacia Reiko, que estaba visiblemente pálida, y señaló con un movimiento de cabeza hacia la chica.
—Esta flacucha quiere salir con mi hermanita. Quiero probar si es digna de protegerla o no.
Reiko sintió que la sangre se le helaba. La mirada de Alicia era implacable, y estaba claro que no iba a permitir que Reiko saliera ilesa de esto, al menos no emocionalmente. El corazón de Reiko latía con fuerza, y aunque intentó reunir valor para responder, sus piernas temblaban de manera traicionera.
Zafira arqueó una ceja, sorprendido por la declaración, y luego miró a Reiko, que parecía a punto de desmayarse.
—¿Van a pelear aquí? —preguntó, mientras echaba un vistazo al dojo lleno de gente—. Entonces, traigo dos trajes de entrenamiento.
Alicia asintió con la cabeza, sin dudar ni un segundo. Zafira volvió a mirar a Reiko, esta vez con una mezcla de compasión y preocupación.
—¿Estás segura de esto, Alicia? —preguntó en un intento de razonar con ella.
—Más que segura —respondió Alicia con firmeza, cruzándose de brazos.
Zafira negó con la cabeza, visiblemente resignado. Sabía que Alicia no iba a cambiar de opinión, pero también sabía que Reiko no tenía ninguna posibilidad. Mientras se dirigía a buscar los trajes, murmuró por lo bajo:
—Esta chica no tiene idea de lo que le espera...
Reiko, incapaz de moverse, miraba a su alrededor. Las personas en el dojo ahora la miraban, algunos con curiosidad y otros con una leve sonrisa burlona, como si estuvieran ansiosos por ver lo que estaba a punto de suceder. Sus piernas temblaban más que nunca, y su mente repetía una sola frase:Estoy perdida.
Reiko respiraba con dificultad mientras ajustaba el traje de entrenamiento que le quedaba ligeramente suelto. Su madre había sido clara:Un Yamauchi no huye. No importa si estás frente a un abismo, lo encaras con la cabeza en alto.Reiko sabía que no podía simplemente darse la vuelta y correr, aunque todo en su cuerpo le rogaba que lo hiciera. Su mente repetía la misma frase como un mantra:No puedo fallar. No puedo fallar frente a los Takamachi. No puedo fallar frente a Ruby.
Entró al centro de entrenamiento con pasos pesados, sintiendo cada mirada clavarse en ella como dagas. El murmullo de las personas alrededor era ensordecedor, y las apuestas, claramente, no estaban a su favor. Había un aire de expectación mezclado con burla, como si todos estuvieran allí solo para ver cuán rápido caería. Frente a ella, Alicia ya estaba lista, con el traje de entrenamiento ajustado que dejaba ver aún más su cuerpo trabajado. Cada músculo parecía tallado en piedra, y su postura era firme, segura, intimidante.
Alicia sonrió con una mezcla de diversión y desafío.
—Te felicito por no haber huido hasta ahora —dijo con un tono que solo aumentaba la tensión en el aire.
Reiko no respondió. Su boca estaba seca, y sus manos temblaban ligeramente. Observó cómo Alicia levantaba una mano, haciéndole una seña para que atacara primero. El corazón de Reiko latía con tanta fuerza que parecía que iba a salirse de su pecho. Cerró los ojos por un breve segundo, inhaló profundamente y, con un grito que intentó ser de valentía pero sonó más como desesperación, se abalanzó hacia Alicia.
El siguiente segundo fue un borrón. Su cuerpo giró en el aire, y de repente estaba mirando al techo del dojo. El golpe contra el suelo fue brutal, y Reiko sintió como si sus pulmones hubieran explotado. El aire había abandonado su cuerpo, y por un momento, solo podía quedarse allí, jadeando y luchando por respirar. Sobre ella, Alicia la miraba con una expresión de superioridad.
—Con mi hermana no se juega, Yamauchi —dijo Alicia, su tono firme y lleno de advertencia.
Reiko apretó los dientes.No estoy jugando,pensó mientras reunía fuerzas de algún lugar profundo de su ser. Con un esfuerzo titánico, se puso de pie, tambaleándose, sus piernas apenas capaces de sostenerla. Adoptó lo que intentó ser una postura de batalla, aunque se veía tan mal trabajada que arrancó algunas risas de los espectadores.
—Yo... no... estoy... jugando —dijo con la voz entrecortada por la falta de aire—. Me... gusta Ruby.
Alicia endureció la mirada. Sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa, y antes de que Reiko pudiera prepararse, Alicia se movió. El golpe llegó tan rápido como un relámpago. Un puño bien dirigido al estómago de Reiko seguido de un juego de piernas que la tumbó nuevamente al suelo. Esta vez, el golpe fue peor. Reiko sintió que todo el aire se le escapaba otra vez, y la sensación de náuseas la invadió mientras trataba de controlar la respiración entrecortada. Tosió, escupió y luchó contra las ganas de vomitar.
—Ríndete, y esto acaba aquí y ahora —dijo Alicia, mirándola desde arriba como si fuera una presa herida—. Pero si lo haces, no volverás a acercarte a mi hermana nunca más.
Reiko cerró los ojos con fuerza. Sabía que no tenía ninguna posibilidad. Su cuerpo estaba al límite, y el dolor era casi insoportable. Pero rendirse significaba renunciar a Ruby, y eso era algo que no podía hacer. Ni siquiera sabía si Ruby sentía lo mismo por ella, pero esa posibilidad, ese leve destello de esperanza, era suficiente para mantenerla en pie.
—¡NUNCA! —gritó con toda la fuerza que le quedaba, mientras se levantaba tambaleándose.
Reiko lanzó un puñetazo. Era débil, mal ejecutado y carente de técnica. Alicia lo vio venir desde kilómetros de distancia, pero no lo esquivó. El puño impactó en su abdomen, un golpe más simbólico que efectivo. Alicia apenas se movió. Miró a Reiko con una mezcla de sorpresa y diversión, y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.
—Aún no estás 100% aprobada, flacucha —dijo con un tono que casi parecía respetuoso.
Antes de que Reiko pudiera reaccionar, Alicia lanzó un último golpe directo a su rostro. Reiko no tuvo tiempo de procesarlo. Su mundo se volvió negro, y lo último que escuchó antes de perder la conciencia fueron los murmullos de los espectadores y las risas contenidas de algunos.
En el silencio de su mente, mientras caía en la oscuridad, solo una frase resonaba:Lo intenté.
Reiko permanecía inconsciente en el suelo del dojo, con su respiración pesada y un rostro que denotaba las duras consecuencias de su osado enfrentamiento. Unos aplausos calmados resonaron desde la entrada del lugar, rompiendo el silencio incómodo que se había instalado tras la pelea. Los presentes en el dojo hicieron espacio, moviéndose como una ola para revelar a las figuras que acababan de llegar.
En la entrada estaba Xiaomao, la princesa del clan Tang, aplaudiendo con elegancia. A su lado, Lin Mei, siempre atenta, y del otro lado, Nanoha y Fate, ambas con expresiones de completa sorpresa y desconcierto. Sus miradas iban de Reiko, tirada en el suelo, a Alicia, de pie junto a ella, con su traje de entrenamiento, luciendo tranquila pero aún con un aire desafiante. Fate frunció el ceño, claramente desaprobando lo que había sucedido.
Xiaomao, sin dejar de aplaudir, comentó en chino con una voz clara y llena de admiración:
—"优秀的战斗,虽然山内家的人没有机会,但她从未放弃,这值得钦佩。"
(Una excelente batalla por parte de un Yamauchi. Nunca tuvo oportunidad, pero nunca se rindió. Eso es digno de admiración.)
Lin Mei, como siempre, tradujo el comentario al japonés con una sonrisa. Alicia, al escuchar las palabras, levantó una ceja y, con un tono seco, preguntó mientras miraba a Nanoha y a Fate:
—¿Quién es esta china?
El dojo quedó en completo silencio. El rostro de Nanoha se llenó de pánico, y Fate se llevó una mano a la frente, claramente sintiendo el peso de la situación. Incluso los presentes, incluido Zafira, parecían congelados, como si el aire se hubiera vuelto más pesado. Fate, desesperada, se apresuró hacia su hermana mayor, le jaló la oreja con fuerza y, con una mezcla de nerviosismo y autoridad, le dijo:
—¡Discúlpate ahora mismo, Alicia!
Sin esperar una respuesta, Fate inclinó la cabeza hacia Xiaomao como señal de respeto. Xiaomao, observando la escena, estalló en una carcajada que resonó por todo el dojo. Su risa era sincera, casi contagiosa, mientras veía la interacción entre las hermanas.
—"这对双胞胎在身体上完全相同,但在精神上却截然相反,我喜欢她们。"
(Estas gemelas son idénticas físicamente, pero completamente opuestas mentalmente. Me agradan.)
Lin Mei tradujo las palabras de Xiaomao con un tono amable. Nanoha aprovechó para disculparse:
—Lamento mucho este espectáculo, Princesa Xiaomao. Esto... no es algo que planeamos. —Luego, girándose hacia Zafira, añadió— Por favor, lleva a Reiko con Shamal para que la examine.
Zafira se cuadró con un gesto de respeto.
—A la orden, mi señora.
Se acercó al cuerpo inconsciente de Reiko, la levantó con cuidado y salió del dojo acompañado de un par de asistentes. Alicia observó a Zafira irse, pero su mirada se desvió al escuchar pasos apresurados acercándose. Ruby había llegado corriendo, visiblemente alterada y con una expresión mezcla de preocupación y enojo.
—¡Eres una tonta, Ali-nee! —gritó Ruby mientras golpeaba repetidamente el pecho de su hermana mayor con sus pequeños puños—. ¿Por qué le hiciste eso a Reiko? ¡¿Qué te pasa?!
Alicia levantó las manos intentando calmarla.
—Ruby, para. No es lo que crees...
Pero Ruby no dejó de golpearla, su enojo evidente. Xiaomao observaba la escena con interés, notando por primera vez a la pequeña de cabello dorado y ojos rojos. Su apariencia distinguida y su manera de actuar llamaron la atención de la princesa china.
—"你是谁,美丽的公主?"
(¿Quién eres, hermosa princesa?)
Lin Mei tradujo al japonés, haciendo que Ruby detuviera sus golpes y volteara hacia la persona que acababa de hablar en un idioma desconocido para ella. Ruby observó a Xiaomao con curiosidad y un ligero nerviosismo. Se alisó su vestido instintivamente y, recordando las lecciones de etiqueta que le había enseñado Alexandria, hizo una reverencia elegante.
—Soy Ruby Harlaown. Un placer conocerla, Milady.
Xiaomao sonrió, murmuró algo a Lin Mei y luego habló en chino:
—"我是唐家公主萧茂,是唐家继承人,唐家之首。我是中国本身,而你呢 金发公主"
(Soy la princesa Xiaomao Tang, del clan Tang y heredera del mismo. Soy la cabeza de todos los clanes en China y represento al país en sí. Estás frente a China misma, princesita de oro.)
Lin Mei tradujo al japonés, y Ruby se sintió nerviosa, claramente abrumada por la presencia de Xiaomao. Miró rápidamente a Nanoha y Fate, buscando apoyo o una excusa para salir de esa situación. Nanoha suspiró, entendiendo la incomodidad de su pequeña cuñada, y decidió intervenir.
—Ah... bueno, Princesa Xiaomao —dijo Nanoha con una sonrisa algo forzada—, Ruby... tiene que ir a ver cómo está Reiko. Es... su novia.
Lo dijo en un tono vacilante, claramente mintiendo para salvar a Ruby. La pequeña Harlaown se sonrojó intensamente al escuchar las palabras de Nanoha, pero decidió seguirle el juego.
—Sí... así es. Perdóneme, Princesa Xiaomao. —Hizo una reverencia apresurada antes de salir del dojo rápidamente, seguida de Evelyn y Ririka.
Xiaomao observó cómo la pequeña se marchaba, aún sonriendo. Murmuró en chino:
—"她真漂亮,哈罗温家有一位隐藏的公主,而山内家正好利用这一点来扩张。"
(Sí que es bonita. Los Harlaown tienen a una princesa escondida, y los Yamauchi no han perdido la oportunidad.)
Lin Mei no tradujo esta vez, limitándose a sonreír mientras Xiaomao continuaba observando con interés. Nanoha, por su parte, se llevó una mano a la frente, tratando de comprender en qué lío se habían metido ahora.
Ruby estaba de camino hacia la enfermería, siguiendo los pasos firmes y seguros de Zafira. Aunque el gran guardián había sido asignado para guiarla, ya que los extensos terrenos Takamachi aún eran desconocidos para ella, Ruby caminaba en silencio, perdida en sus pensamientos. Evelyn y Ririka la seguían unos pasos más atrás, observando con atención a su joven señorita. El rostro de Ruby seguía enrojecido de vergüenza, claramente afectada por lo que había ocurrido en el dojo. La confesión de Nanoha ante la Princesa Xiaomao, diciendo que ella estaba comprometida con Reiko, había sido una mentira estratégica, pero eso no quitaba el hecho de que Ruby misma la había afirmado frente a todos. "¿Por qué lo hice?", se preguntaba mientras apretaba las manos con fuerza. La incomodidad de todo el asunto seguía atormentándola.
El camino hacia la enfermería fue lento, con los jardines Takamachi desplegando su majestuosidad en cada rincón. Finalmente, tras cruzar un puente de madera y un sendero de piedra decorado con faroles, llegaron a la entrada de la enfermería, un edificio pequeño pero perfectamente integrado con la estética de la antigua Kyoto que dominaba los terrenos.
Ruby entró, y lo primero que vio fue a Reiko. Estaba recostada en una de las camas, con un aspecto mucho más vulnerable de lo habitual. Shamal, la doctora de la familia, estaba revisando su estado con una calma profesional mientras ajustaba unas vendas en el torso de Reiko. Los golpes eran evidentes: el abdomen de Reiko estaba vendado, y la doctora había aplicado compresas frías para reducir la inflamación. También tenía un parche en la parte baja de la espalda y otro sobre el hombro derecho, ambos cubriendo hematomas que, aunque no graves, parecían bastante dolorosos. El cuello de Reiko estaba protegido por un collarín blando, como precaución debido al impacto que había sufrido al ser lanzada al suelo. Su rostro, sin embargo, estaba ileso, lo cual era un pequeño alivio para Ruby.
—Los golpes en el abdomen y la espalda son los más fuertes, aunque no hay fracturas ni daños internos —informó Shamal mientras finalizaba de ajustar las vendas—. Tendrá dolor por unos días, pero estará bien con descanso.
Ruby, escuchando el diagnóstico, asintió con un ligero suspiro de alivio. Se sentó junto a la cama de Reiko, en una silla de madera cuidadosamente tallada, y la miró en silencio. Su expresión era un reflejo de preocupación mezclada con culpa. Sabía que, aunque Reiko había actuado impulsivamente, lo había hecho por ella, y eso hacía que la sensación de incomodidad en su pecho fuera aún más difícil de ignorar.
—Vaya víspera de Navidad, ¿no crees? —preguntó Ruby, mirando de reojo a Ririka, quien estaba de pie a su lado con los brazos cruzados.
Ririka dejó escapar una risa baja y calmada.
—Las cosas definitivamente se han puesto más caóticas desde su llegada, milady. Aunque no me sorprende. Es tan linda que hace que todos pierdan la cabeza por usted.
Ruby frunció el ceño, claramente avergonzada por el comentario.
—¡Eso no es cierto! —respondió con un tono indignado, aunque su expresión rápidamente se suavizó en un puchero adorable que solo acentuaba lo que Ririka acababa de decir.
Ririka simplemente rió de nuevo, observando con un aire tranquilo cómo Ruby intentaba lucir molesta, sin éxito alguno.
Pasaron algunos minutos en silencio, con Ruby aún sentada junto a la cama de Reiko. Finalmente, la chica comenzó a moverse ligeramente, dando señales de que estaba despertando. Lentamente, Reiko abrió los ojos, parpadeando mientras su vista se acostumbraba a la luz de la habitación. Lo primero que vio fue el rostro de Ruby, quien la observaba con una mezcla de alivio y ternura.
—¿Ruby...? —susurró Reiko con la voz ronca, desviando rápidamente la mirada al darse cuenta de la cercanía entre ambas. Después de un momento de silencio, agregó con un tono lleno de culpa—: Lo siento...
Ruby negó con la cabeza de inmediato, con una mirada decidida.
—Hiciste un buen trabajo —respondió suavemente, pero con convicción.
Reiko volvió a mirarla, incrédula, y murmuró:
—Lo único que hice fue hacer el ridículo...
Ruby sonrió levemente, inclinándose un poco más hacia ella. Sus ojos brillaban con una calidez genuina mientras respondía:
—No hiciste el ridículo. Fuiste valiente. No te rendiste, incluso cuando sabías que no tenías oportunidad. Y eso... eso dice mucho de ti, Reiko.
La honestidad en las palabras de Ruby hizo que Reiko sintiera un nudo en la garganta. Cerró los ojos por un momento, luchando contra las emociones que empezaban a aflorar. Finalmente, con un suspiro, abrió los ojos y murmuró:
—Lo único que quería era... demostrar que yo no estaba jugando contigo.
Ruby sintió que su rostro volvía a enrojecer, pero esta vez no desvió la mirada. En cambio, tomó la mano de Reiko con cuidado, entrelazando sus dedos con los de ella y con una sonrisa tierna le dijo.
—Yo lo se.
Reiko no podía creer lo que estaba pasando. Ruby estaba tomando su mano y entrelazando sus dedos con los suyos. Para Reiko, ese gesto era más que suficiente para considerarlo su regalo de Navidad. Sin embargo, cuando intentó sentarse en la cama, el dolor punzante en su estómago y espalda, resultado del enfrentamiento con Alicia, traicionó su cuerpo y la obligó a detenerse.
—No te esfuerces, Reiko —dijo Ruby con suavidad mientras la ayudaba con habilidad a sentarse—. Déjame ayudarte.
Con movimientos cuidadosos pero firmes, Ruby logró acomodar a Reiko en la cama, asegurándose de que estuviera en una posición cómoda.
—Parece que sabes mucho de esto… —comentó Reiko con un esfuerzo evidente en su voz.
Ruby rió con un sonido dulce, mientras se acomodaba junto a ella.
—Digamos que mi mamá solía llegar a casa en un estado similar más veces de las que puedo contar.
Reiko, aún confusa, trató de procesar esa información. ¿Su mamá? ¿Cuál de las tres? Sabía que Lindy estaba casada con otras dos mujeres, así que Ruby debía de ser hija de alguna de ellas. Antes de que pudiera pensar más al respecto, la puerta de la habitación se abrió, y en el umbral apareció la persona que menos quería ver en ese momento: la verdugo de su sufrimiento, Alicia.
Los ojos de Reiko se abrieron de par en par mientras un escalofrío recorría su cuerpo. Solo podía mirarla con absoluto terror, recordando con demasiada claridad la paliza que había recibido hace poco. Alicia avanzó hacia ellas con paso firme y decidido, y Ruby, al notar la reacción de Reiko, se interpuso entre las dos, mirándola con una expresión desafiante. Aunque, para ser honesta, su intento de intimidación resultaba más tierno que amenazante.
Alicia soltó una risa ligera al ver la escena.
—Tranquila, hermanita, no vengo a hacer nada. Solo vine a disculparme.
Reiko continuaba mirándola con miedo, incapaz de creer sus palabras. Ruby, por su parte, seguía sin quitarle la mirada acusadora a su hermana mayor.
—Ali-nee, eres una tonta —espetó Ruby con una mezcla de reproche y ternura.
Alicia suspiró, cruzando los brazos con gesto resignado.
—Fate y Nanoha me obligaron a venir a disculparme, pero… —hizo una pausa y miró a Reiko directamente a los ojos—. En el fondo también lo siento.
Reiko solo pudo asentir con la cabeza, aún aterrada. Alicia soltó un bufido, claramente irritada por la reacción de Reiko, y agregó:
—Si sigues así, no vas a poder proteger a Ruby de nada.
Ruby frunció el ceño y reclamó con firmeza:
—¡No la molestes, Ali-nee!
Alicia simplemente rio ante la reacción de su hermana menor, alzó la mano en un gesto de despedida y salió de la habitación.
Reiko, sintiendo que finalmente podía respirar de nuevo, dejó escapar un profundo suspiro antes de voltear a mirar a Ruby.
—¿Por qué mejor no nos vamos ya?
Ruby, con su característica sonrisa cálida, le respondió:
—Está bien, pero no creo que puedas manejar tu motocicleta en este estado.
Fue entonces cuando Reiko recordó que su Harley Davidson seguía estacionada en la mansión de los Harlaown. Antes de que pudiera preocuparse más, Ruby, en un intento de animarla, le acarició suavemente la cabeza.
—No te preocupes, luego puedes ir a recogerla. Evelyn puede llevarte a casa por ahora, ¿verdad, Evelyn?
Ruby dirigió una mirada encantadora hacia Evelyn, quien, al encontrarse con esos ojos que parecían imposibles de negar, simplemente suspiró y asintió.
—Por supuesto, milady.
Ruby ayudó a Reiko a ponerse de pie con cuidado, asegurándose de que no hiciera movimientos bruscos. Una vez que estuvo lista, las cuatro —Reiko, Ruby, Ririka y Evelyn— comenzaron a salir de la habitación, dejando atrás el caos que había marcado el día, pero con una sensación de calma y esperanza que ahora llenaba el aire.
Ruby, Ririka, Evelyn y Reiko comenzaron a salir de la enfermería. Reiko, aún tambaleándose ligeramente, sentía el dolor latente en su cuerpo por los golpes que había recibido de Alicia. Sin embargo, el simple hecho de que Ruby estuviera a su lado la hacía olvidar parte de ese dolor. Ruby, con su característico tono animado, continuaba dándole palabras de aliento mientras la ayudaba a caminar.
—No te preocupes, Reiko —dijo Ruby con una sonrisa mientras la sostenía del brazo—. En unos días estarás como nueva. Y prometo que si Alicia vuelve a molestarte, yo misma me encargaré de ponerla en su lugar.
Reiko miró a Ruby con una mezcla de sorpresa y agradecimiento, pero también con algo de incredulidad.
—No quiero que te metas en problemas por mi culpa… ya bastante con que haya tenido que pasar por esto.
Ruby se detuvo un momento, girándose hacia ella con determinación, aunque su expresión seguía siendo tierna.
—Tú no eres un problema, Reiko. ¿ok? —dijo mientras volvía a acariciar suavemente la cabeza de Reiko, lo que hizo que esta se sonrojara profundamente.
Ririka observaba la interacción con una leve sonrisa, pero al mismo tiempo mantenía su habitual postura protectora, asegurándose de que no ocurriera nada fuera de lugar. Evelyn, por su parte, caminaba detrás de todas, siempre alerta, pero no podía evitar sentir una ligera admiración por la fuerza de voluntad que había mostrado Reiko, aunque no lo expresara abiertamente.
El grupo avanzó lentamente por los pasillos de la residencia Takamachi, en dirección a la salida. Los faroles comenzaban a encenderse a medida que el sol se ocultaba, iluminando los senderos con una luz cálida que contrastaba con el frío de la noche. Las hojas rojas y anaranjadas de los árboles se mecían suavemente con el viento, creando una atmósfera casi mágica.
—¿Te duele mucho? —preguntó Ruby mientras ajustaba su agarre en el brazo de Reiko, ayudándola a mantenerse estable.
—Un poco… pero puedo soportarlo —respondió Reiko con una sonrisa débil, aunque internamente estaba luchando por no demostrar cuánto le dolía en realidad.
Ruby, notando su esfuerzo, se inclinó ligeramente hacia ella y le susurró:
—Eres muy valiente, ¿sabes?
El rostro de Reiko se encendió aún más, y no supo cómo responder. Ririka, viendo la escena, decidió intervenir para aliviar un poco la tensión.
—Milady, creo que Reiko necesita más que palabras de aliento. Tal vez un buen descanso y algo de sopa caliente sean mejores remedios.
Ruby asintió rápidamente, tomando el comentario de Ririka como una orden.
—¡Es cierto! Evelyn, ¿puedes asegurarte de que Reiko llegue a casa sana y salva?
Evelyn, acostumbrada a las peticiones casi autoritarias de Ruby, suspiró y asintió.
—Por supuesto, milady. Me aseguraré de que llegue sin problemas.
Cuando finalmente llegaron a la salida de la residencia, el auto de Evelyn ya esperaba. Ririka abrió la puerta para que Reiko pudiera entrar cómodamente, mientras Ruby la ayudaba a acomodarse en el asiento trasero. Antes de cerrar la puerta, Ruby se inclinó un poco hacia ella y sonrió.
—Prometo que la próxima vez que nos veamos no será en una situación como esta.
Reiko asintió, aún sonrojada, y murmuró un suave:
—Gracias, Ruby.
La puerta se cerró, y mientras el auto se alejaba, Ruby observó desde la entrada, sintiendo una mezcla de emociones que no podía terminar de descifrar. Ririka, notando el cambio en su expresión, se acercó.
—Milady, parece que realmente te importa mucho esa chica.
Ruby miró a Ririka, intentando no demostrar demasiado, pero el leve sonrojo en sus mejillas la delató.
—Solo quiero que esté bien. Es lo mínimo que puedo hacer después de lo que pasó hoy.
Ririka sonrió y colocó una mano en el hombro de Ruby.
—Es una cualidad admirable, milady. Estoy segura de que Reiko lo aprecia más de lo que te imaginas.
Con esas palabras, ambas regresaron al interior de la residencia, dejando atrás un día caótico pero lleno de momentos que, sin duda, quedarán grabados en sus memorias.
Las reuniones finalmente habían concluido, y la Princesa Xiaomao, con su comitiva de seguridad, estaba dejando la residencia Takamachi con la misma elegancia con la que había llegado. Su porte regio y confiado dejaba un aire tenso a su paso, un recordatorio del impacto que su presencia había causado en todos los habitantes de la casa.
Mientras tanto, en el interior de la mansión, Shiro Takamachi estaba en su despacho, con la puerta cerrada y la expresión endurecida. La rabia y la frustración eran evidentes en su rostro. La visita de Xiaomao no había sido solo una simple reunión diplomática; había sido un despliegue estratégico de poder y manipulación, y él lo sabía mejor que nadie.
Xiaomao había llegado a su hogar, el corazón del legado Takamachi, y lo había humillado de manera casi deliberada. Cada palabra, cada gesto, estaba cuidadosamente calculado para subestimar su autoridad como líder actual del clan y enfocarse en Nanoha, su hija, su heredera. ¿Por qué? Shiro lo entendía perfectamente. Xiaomao no tenía interés en él; para ella, él no era más que un líder de una generación en declive. Su verdadera apuesta estaba en Nanoha, la próxima cabeza del clan.
Apoyó los codos en su escritorio, entrelazando los dedos mientras fijaba la mirada en la madera oscura del mueble. Los chinos querían manipular a Nanoha. Quería pensar que su hija era lo suficientemente fuerte como para resistir cualquier intento de control externo, pero las palabras de Xiaomao durante las reuniones seguían resonando en su mente: "Un líder debe ser firme, pero también inteligente. Nanoha, ¿eres una líder o solo una marioneta?
El había escuchado toda la reunión, tenia micrófonos especiales en la sala, que a simple vista no podían ser vistas, eran minúsculas.
Shiro apretó los dientes con fuerza. Sabía que Xiaomao había puesto a prueba a Nanoha, no solo para analizar su carácter, sino para sembrar dudas, para desestabilizarla. Esa mujer no era solo una líder; era una estratega astuta y peligrosa, y no se detendría hasta obtener lo que quería.
Pero si Xiaomao iba a hacer su jugada, él haría la suya.
Shiro se puso de pie de manera abrupta, su silla giratoria rechinando por el movimiento. Se acercó a una estantería de madera llena de libros y documentos antiguos, sacando un viejo cuaderno con el emblema Takamachi grabado en la portada. Era un libro que contenía las enseñanzas y tácticas del clan, transmitidas de generación en generación. Nanoha había sido entrenada en los valores y habilidades básicas del liderazgo, pero ahora necesitaba algo más. Si iba a ser la heredera de los Takamachi, tenía que estar preparada para enfrentarse no solo a aliados y enemigos, sino también a manipuladores como Xiaomao.
—Nanoha no es solo mi hija —murmuró Shiro para sí mismo mientras abría el cuaderno y comenzaba a revisar las páginas llenas de anotaciones escritas a mano—. Es la próxima líder de este clan. Si los chinos creen que pueden usarla para sus propios fines, están subestimando a los Takamachi.
Su mirada se endureció mientras leía. Había secretos y estrategias que Nanoha aún no conocía, tácticas que él mismo había aprendido de joven pero que nunca había considerado enseñarle. Ahora sabía que no tenía otra opción. Xiaomao había marcado el inicio de un juego peligroso, y Shiro estaba decidido a asegurarse de que Nanoha tuviera todas las herramientas necesarias para jugarlo… y ganarlo.
Tomó una decisión. A partir de ese momento, su prioridad sería preparar a su hija. Nanoha no solo sería la heredera del clan Takamachi; sería una líder que ni siquiera una estratega como Xiaomao podría doblegar. Si los chinos quieren jugar, que lo hagan. Pero no será a costa de mi hija ni de mi clan.
Shiro cerró el cuaderno con fuerza y lo colocó en su escritorio. Se sirvió un vaso de whisky, lo levantó hacia la luz de la lámpara y murmuró:
—Por el futuro de los Takamachi.
