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Shisui conocía a Itachi desde que era un niño solitario que entrenaba por su cuenta en el bosque cerca del complejo del Clan. Incluso entonces había sido considerado por todos como un genio, un prodigio, un shinobi que nace una vez cada diez generaciones.

Y Shisui veía todo eso. También, veía al futuro de su clan en él.

―¿Terminaste el libro Icha Icha que te presté? ―le preguntó de lo más casual.

Para Shisui, Itachi no era sólo este shinobi perfecto que todos deseaban utilizar de alguna manera, sino, alguien que debía guiar, proteger, querer y enseñar.

Sobre todo enseñar.

―¿Podrías no decirlo tan alto? ―le pidió Itachi mientras entraban a la tienda de dangos―. Sí, lo leí. Creo que Sasuke lo tiene ahora.

―¿Eh?

Y no era como si tuviese que enseñarle todos y cada uno de los jutsus que ya sabía, o más acerca de cómo emplear su sharingan. Itachi era lo suficientemente inteligente para averiguar ese tipo de cosas por su cuenta. Aunque, obviamente, le gustaba enseñarle y ver la admiración en sus ojos cuando lo escuchaba.

No obstante, lo que le importaba enseñarle a Itachi era cómo se sentía tener un hermano mayor. Para Shisui, Itachi era como un hermano pequeño que debía cuidar. Él ya no contaba con sus padres en ese mundo e Itachi era todo lo que tenía. Quizás por eso lo conocía tanto. Había un lazo muy especial entre ellos que iba más allá de la simple amistad.

Shisui amaba a Itachi.

Itachi amaba a Shisui.

Es por ello que lo miraba con una sonrisa mientras pagaba la porción de dangos que le acababa de invitar.

¿Desde cuando no salían a comer dangos? ¿Desde los diez años? Itachi era tan obsesivo con entrenar y las misiones de ANBU que incluso le habían forzado en alguna ocasión tener que tomar vacaciones. Que estuviese allí comprando dulces para caminar y charlar tranquilamente se le hacía sospechoso.

Se le hacía como que Itachi deseaba conversar algo importante que primero necesitaba de una especie de compensación para él.

―Toma ―le dijo pasándole la bolsita con tres palitos de dangos tricolor en su interior.

―Huelen bien ―dijo Shisui sonriendo, esperando lo que se imaginaba iba a venir.

Ambos comenzaron a caminar por la calle, uno al lado del otro. Usualmente Itachi se concentraba más de la cuenta cuando comía Dangos, pues era su comida favorita, pero incluso en ese momento parecía un tanto nervioso o incómodo. Lo notaba por la forma en que sus hombros se mantenían erguidos.

―¿Qué tal va todo Tachi?

―Bien. ¿Tú?

―Todo bien, todo bien.

―Eso es bueno.

―¿Oh? ―sus párpados cayeron levemente mientras avanzaban por las calzadas de la aldea―. ¿Entonces me imagino que no estás a punto de pedirme algo, verdad?

―¿Pedirte? ―Itachi lo miró con seriedad―. ¿Qué podría querer pedirte?

―No lo sé. Esperaba que tú me lo dijeras ―doblaron en dirección al barrio del clan Uchiha―. No es como si me compraras dangos todos los días. Y cuando quieres conversar conmigo de esta forma generalmente es para pedirme algo. ¿Tienes que matar a alguien y necesitas mi ayuda?

―No. No es una misión esta vez.

Mientras Itachi pasaba por debajo del arco de madera, entre sus altas puertas con el emblema del abanico blanco y rojo, su rostro lucía perplejo, casi perdido en sus propios pensamientos. Shisui lo miró aún más suspicaz ante su silencio.

―¿Cómo van las cosas en ANBU? ―le preguntó casualmente, dándole un mordisco a su dango verde.

―Las cosas... ―Itachi meditó un momento, Shisui frunció las cejas mirándolo―. Bien.

―¿Ah? ¿De verdad? ―le sonrió con burla.

―Sí. No han habido misiones demasiado difíciles hace días.

―Eso es bueno. Aunque, me preocupas.

―¿Yo te preocupe? ¿Por qué?

―Verás...me han dicho que te has vuelto un capitán de escuadrón muy severo últimamente.

―¿Quién te dijo eso? ―Itachi se detuvo frunciendo el ceño.

―No puedo revelar mis fuentes, pequeño primo.

Tsk.Gruñó Itachi mientras mordía su dango revelando esa pequeñísima arruga entre sus cejas que aparecía ahí cada vez que algo lo molestaba.

―Aunque descuida, todos piensan que te la agarraste con la pobre chica Hyūga porque la estás entrenando cuando todos se van. Piensan que es incompetente y no se merece tus atenciones. Quizás algunas personas de tu escuadrón y el escuadrón de decodificación, están un tanto celosas.

―Sospeché que algo así podría ocurrir.

―¿Realmente está tan mal en comparación al resto?

Itachi bajó el rostro y permaneció en silencio. Shisui sabía que había mucho más de lo que su mejor amigo estaba diciendo, pero no quiso presionar el tema. Cuando esa expresión aparecía en su rostro, era difícil sacarle algo.

―Shisui, necesito preguntarte algo bastante serio. Y espero que no me mientas ―Shisui se detuvo mientras veía a Itachi caminar hacia el muelle, cerca de la laguna―. ¿Tú me pusiste bajo algún tipo de genjutsu?

―¿Ah? Claro que no ―Shisui subió una ceja―. ¿Por qué pensarías algo así?

―He presentado signos de estar en un genjutsu ―los ojos de Itachi lucían concentrados, meditando en lo que decía mientras se sentaba en la orilla del muello―. Pero mi chakra no está alterado. Es extraño.

―Un genjutsu de ese nivel sería algo bastante difícil para mí de realizar en ti sin el Kotoamatsukami ―Shisui se lo tomó en serio. Si Itachi creía que estaba siento afectado por un jutsu, era de hecho bastante peligroso que no lo trataran juntos―. ¿Qué has notado extraño en ti para creer que podrías estar bajo algún genjutsu?

―Estos días he estado tomando decisiones basadas en factores que no tienen que ver con el razonamiento o la lógica. Me siento enfermo, he perdido el apetito y el sueño. Mis días se plagan en pensamientos enfocados en sólo un asunto ―Itachi estaba siendo vago, pero Shisui intentó seguir lo que decía―. Estoy actuando instintivamente más que lógicamente, y no siempre porque sea la mejor forma de actuar. Es como si fuera un niño y tomara las peores decisiones todo el tiempo. Y... mi estómago se contrae y hormiguea en algunas ocasiones. Mi pecho se siente pesado, acelerado. Me cuesta respirar. Siento nervios... ―Shisui subió una ceja―. He analizado todas mis conductas, mis actos y palabras... y sólo se me ha ocurrido que quizás... es genjutsu.

―¿Y todas estas cosas que te suceden...cuando se gatillan? ―preguntó Shisui intentando ocultar la sonrisa que aparecía en sus labios, queriendo tomar el asunto con la misma gravedad con la que lo estaba diciendo Itachi.

―Cuando estoy cerca de Hinata Hyūga-san ―Shisui se mordió el interior de su mejilla para no burlarse de inmediato de él. Necesitaba seguir escuchando un poco más antes de largarse a reir―. Pero la distancia tampoco ayuda. Lo he intentado.

―Vaya, suena muy grave ―dijo con seriedad―. Quizás ella es quien te puso en un genjutsu... algo con el byakugan.

―¿Eso crees? ―preguntó con seriedad.

―Claro que no, idiota ―Shisui rodó los ojos comiendo su dango rosa―. Es bastante claro lo que te sucede.

―¿Qué es?

―Estás enamorado.

―Sí... supongo que eso tiene sentido ―Itachi suspiró, luciendo cabizbajo.

―¿Y por qué pones esa cara? ―le preguntó frunciendo el ceño―. Has estado saliendo con Hinata-san y parece que a ella le agradas. ¿No? Bueno, al menos lo que vi el otro día cuando te llevé el mensaje del Sandaime...

―Shisui. Te haré una pregunta ―Shisui asintió esperando lo que su primo le iba a cuestionar―. ¿Por qué no invitaste a salir a Hinata-san antes que yo? ―Shisui subió una ceja y un puchero apareció en sus labios―. Lo pregunto en serio. Dijiste que estuviste mirándola por semanas. Eso es un claro signo de que la crees lo suficientemente atractiva para...

―Porque es una Hyūga ―respondió como si aquello fuese muy obvio―. La hija mayor de Hiashi Hyūga. La próxima líder del clan más poderoso de Konoha.

―Porque es una Hyūga ―repitió Itachi, dándole su respuesta―. Por eso todo esto es un problema, Shisui. Porque ella es una Hyūga.

―Oye, oye. No es como si no lo hubiese pensado. Tengo esa imagen de ella en los baños termales quemada en mi retina ―Itachi lo miró frunciendo el ceño como si estuviese cercano a golpearlo―. Pero, de forma respetuosa, claro ―Itachi miró en frente, serio―. Simplemente me habría parecido una estupidez salir con ella considerando la situación que tenemos con la Aldea. Danzo podría pensar que estaba intentando alguna maniobra para aumentar la influencia de... ―y entonces Shisui lo comprendió―. Oh... Es eso. Ahora entiendo.

―Si Danzo pensara que el hijo de Fugaku Uchiha está cortejando a la hija de Hiashi Hyūga, podría pensar que el próximo movimiento del clan es aliarnos con ellos, unir nuestras familias. O que eso es lo que planea mi padre. Los Hyūga no están muy felices con la Aldea desde lo ocurrido con Hizashi Hyūga ―Shisui notó como aquellas palabras sonaban melancólicas en los labios de su primo. Quiso poner una mano en su hombro, pero Itachi no era muy propenso a mostrar sus sentimientos. Siempre los había visto como una debilidad―. Nos costó demasiado tiempo y esfuerzo hacer que dejara de mirar hacia el clan como para provocar su mirada sobre nosotros una vez más. Por otro lado, no quiero que de pronto Hinata sufra un accidente que nadie pueda explicar.

―La tienes difícil. Pero... Hinata trabaja directamente bajo las órdenes del Hokage al ser parte de ANBU. Ni si quiera Danzo se atrevería. Además es la heredera de su clan.

―No puedo tomar el riesgo de cualquier forma.

―Cierto, porque estás enamorado―dijo poniendo las manos en su pecho y lanzándole besos con los labios.

―Ya basta ―se quejó Itachi comiendo su dango con molestia.

―¿Qué harás entonces?

―Acordamos vernos... en privado ―la admisión de aquella información le había costado tanto a su primo como activar el sharingan por primera vez. Era gracioso ver como luchaba para hablar de ese tipo de cosas.

Shisui sonrió lentamente, subiendo sus cejas de forma sugestiva. No necesitaba decir nada para que Itachi entendiera lo que estaba queriendo decirle.

―Verse a escondidas, que adolescente de tu parte ―rio suave para volver su mirada hacia la laguna―. Eres una de las personas más famosas de la Aldea. ¿Realmente crees que puedas mantenerlo en secreto?

―Tengo que poder hacerlo ―suspiró―. O renunciar a ella.

―Opciones muy extremas, como siempre ―Shisui se rascó el puente de la nariz―. No te preocupes Tachi. Yo sé que encontraras la manera.

―Ya la encontré ―Shisui subió las cejas―. ¿Podría verla en tu departamento cuando no estés?

―Con que era eso ―Shisui suspiró mirando a su primo de reojo. Itachi hizo un esfuerzo por no mirarlo. Podía ver su vergüenza asomándose suavemente en los gestos de su rostro―. ¿Tantas vueltas diste para pedírmelo?

Shisui sonrió en su dirección, lanzándole las llave que tenía escondida entre sus dedos desde mucho antes que entraran a la tienda de dangos.