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―¿Por qué hueles a bayas rojas, naranjas sanguinas y ―Hanabi olfateó el aire―...manzanas frescas? ―le preguntó mientras Hinata pasaba a su lado mirándola suspicaz―. Un shinobi no debería perfumarse nee-san. Pueden detectarte cuando intentes esconderte con ese aroma.

―N-no es nada Hanabi-san. Sólo mi perfume nuevo ―estiró levemente los labios inflando una mejilla mientras se miraba en el espejo asegurándose de que lucía bonita―. ¿No te gusta? ―le preguntó con un suave sonrojo.

―Huele bien. Es frutal, dulce, pero también cítrico. Como un postre delicioso ―su hermana pequeña le sonrió―. ¿Por fin Naruto-kun te invitó en una cita? ―su sonrisa escondía cierta burla. Después de todo, Hinata tenía dieciocho años, y por lo que Hanabi sabía, nunca le había dicho sobre sus sentimientos a Naruto Uzumaki.

Por su parte Hinata pensó...¿Quién es Naruto?

Ah sí.

Naruto.

El chico con quien había sido compañera en la Academia cuando era una niña tímida, pequeña y asustadiza. Eso parecía tan lejano ahora.

―N-no. No digas eso ―resopló saliendo rápidamente del vestíbulo, lugar desde el cual su hermana la observó con una sonrisa cómplice―. ¡Y no le digas nada a Neji nii-san! Ni a Otou-sama. S-sólo me voy a juntar con las chicas.

―Espero que a Naruto-kun le guste tu nuevo perfume ―se burló Hanabi.

Hinata salió de la mansión Hyūga cuando los tonos violetas y dorados empezaron a adornar el cielo de Konoha en el horizonte. Nadie se lo impidió. En su hogar no parecían si quiera notar cuando iba y venía, asumiendo que seguramente tenía alguna misión que realizar. Desde que se había unido a ANBU su padre se había vuelto menos estricto con ese tipo de cosas y hubiese continuado así, si tan sólo Neji no la hubiese ido a delatar con la cita que había tenido con el capitán de su escuadrón.

Cuando estuvo lo suficientemente lejos y el cielo comenzó a llenarse de estrellas activó su byakugan, sólo para asegurarse de que nadie pudiese ver lo que estaba a punto de hacer.

―No tengas nervio, lo practicaste...

Estaba sola en el Parque Senju. Respiró profundo. Era el único plan que había ideado para llegar hasta el departamento de Shisui Uchiha en donde la esperaba Itachi, sin que nadie se percatara de ella dentro del Distrito en donde sólo habitan los miembros del clan Uchiha. No iba a infiltrarse en ese lugar y luego generar rumores de que estaba viendo al primo de Itachi a solas en la noche en su propio departamento, eso simplemente habría sido horrible.

Henge.

Aquella técnica que tantas veces había tenido que emplear en la división de espionaje durante el último mes, que había utilizado para recopilar información y espiar, ahora le estaba sirviendo para otro propósito.

Suspiró nerviosa, sabiendo que había memorizado hasta el último detalle de cómo debía lucir Shisui Uchiha. Sólo esperaba poder actuar como él también.

―Bien... ―susurró―. Aquí voy.

Quizás todo ese secretismo era un tanto ridículo a los ojos de otras personas, sobre todo considerando que ella era mayor de edad e Itachi estaba por sus veintitrés años. Incluso dos compañeros de equipo podían salir, enamorarse, casarse. La propia Kurenai había quedado embarazada de Asuma y tenían una adorable hija juntos. Para ser sinceros, a menos que estuviesen en servicio activo, nadie respetaba mucho la regla sobre involucrarse sentimentalmente con sus camaradas.

No obstante, nadie estaba en la misma posición que Itachi y ella, siendo los respectivos herederos de sus clanes. Debían evitar que su incipiente relación fuese vista como algo más que dos jóvenes que se gustaban y les agradaba pasar tiempo juntos. Que los dos herederos de los clanes más fuertes de Konoha estuviesen saliendo podía poner en alerta a muchas personas que habían hablado fuertemente en contra del Clan Uchiha, así como también, despertar recuerdos sobre el descontento de los Hyūga con la muerte de Hizashi Hyūga. Después de todo, el Hokage los había castigado pidiéndoles la muerte del líder del clan en vez de defenderlos en contra de la nación que intentó secuestrarla cuando tenía apenas tres años.

Intentó no pensar en ello mientras avanzaba por las calles de la aldea, manifestando su lado masculino, caminando con el rostro en alto y confiado.

―¡Shisui-chan! ―paró en seco cuando escuchó la voz de Ino Yamanaka que lo llamaba―. Espera.

―Ino-san ―respondió, pero inmediatamente se golpeó mentalmente por su formalidad. Había un cierto nombre que Shisui utilizaba con Ino, ¿cómo era que la llamaba? ―. ¿Cómo estás...bombón? ―sintió que se moría de vergüenza por hablarle así.

―¿Me invitas una malteada? ―le preguntó Ino con ojos grandes.

―Uhm.. ¿Ahora? ―Hinata pensó fuertemente cómo evitarla―. ¿Podría ser después? Estoy un tanto apurado. Cosas oficiales. Tengo que verme con alguien.

―Oh, que malo eres Shisui-chan ―suchansonó melodioso, coqueto. Hinata ni si quiera sabía cómo poder seguir manteniendo la mirada de su amiga―. Y yo que te tenía que contar algo muy interesante.

―¿Interesante? ―Hinata puso cara de perpleja reflejada en el rostro de Shisui. Ino le tomó el brazo y comenzó a caminar a su lado.

Cuando notó que intencionalmente Ino apretaba su busto contra su brazo empezó a ver todo borroso, como si en cualquier momento fuese a liberar el henge sólo por lo incómodo que se le hacía esta interacción.

―¿Sabes con quien me crucé en Momo café? ―Ino sonrió coquetamente―. Itachi-san y Hinata, comiendo rollos de canela. Y cuando pasaron frente a la florería iban tomados de la mano. ¡De la mano!

―Quizás estás confundiéndote ―dijo rápidamente intentando cubrir la fuente de los rumores que últimamente circulaban la aldea―. Itachi y Hinata no... No creo que sea nada fuera de lo normal. Nada serio. Sólo una salida de dos amigos. Itachi definitivamente no saldría con alguien como Hinata. No, claro que no. No podría ―rio sintiendo que el corazón le latía muy rápido.

Ino la observó perspicaz.

―¿Por qué estás tan nervioso, Shisui-chan? ―bajó levemente los párpados―. ¡No me digas! ¿Estás celoso?

―¿Celoso?

―Oh, Shisui-chan... ―dijo Ino con una sonrisa pícara―. No me digas que algo pasa entre ellos y tú...

―¿Eh?

―¿Te gustaba Hinata?

―¿Hinata? Claro que no. Ya basta, bombón ―se soltó del brazo de Ino―. No hay nada entre Itachi y Hinata. No te hagas ideas. Es sólo un rumor sin fundamento. D-debo irme.

Caminó rápidamente intentando que Ino no la siguiera. Su corazón estaba latiendo fuerte. ¿Con que todos en la Aldea seguían comentando ese asunto? Si hubiesen sido más cuidadosos nada de aquello hubiese ocurrido. Era por eso que ahora debía tener más precauciones, intentar que el asunto fuese olvidado y así no tener que estarse explicando más de la cuenta.

Mientras caminaba por la aldea no pudo evitar notar lo mucho que la miraban las jóvenes de su edad. Bajó la mirada, nerviosa. Sabía lo popular que era Shisui Uchiha pero no había caminado ni cinco cuadras y ya le habían hablado una docena de jovencitas para saludarla, ofrecerte algo de comer, darle su número de teléfono e invitarla a beber algo.

Cuando finalmente llegó a la entrada del Barrio de los Uchiha se paró frente a sus grandes puertas y trató de recordar las instrucciones que Itachi le había dado. Avanzar dos cuadras hasta Uchiha Senbei, luego doblar a la izquierda por la Avenida Naka, el edificio de cuatro andares hecho de ladrillos con dos grandes abedules en la entrada. Departamento 302.

Puso sus manos en el bolsillo intentando recordar cómo era que Shisui se movía, mirando en frente, caminando sin cruzar la mirada con nadie en específico. No había avanzado ni media cuadra y ya una media docena de personas la habían intentado detener para saludarla, hablarle novedades, preguntarle cosas, saber si estaba ocupado o no para ir a beber algo.

Hinata realmente tuvo que recordar cada uno de los detalles practicados para que nadie notara que no se trataba de Shisui Uchiha, pero sinceramente su corazón latía tan rápido ante la idea de ser descubierta que fácilmente pudo haber echado a perder el jutsu.

―Shisui-san, ¿Has visto a Itachi? ―la voz desde su retaguardia la hizo encresparse.

―¿Itachi-san? ―preguntó volteándose―. No, no lo vi. Lo lamento, Sasuke.

―Dijo que se verían ―Sasuke la miró sospechosamente―. Salió temprano. Dijo que tenía algo que hacer contigo.

―¿Eso dijo? Ah. Claro. Nos vimos hace poco, pero ya no. Ya no nos vimos. Tuvo que marcharse.

―¿Y sabes dónde fue?

―No. N-no lo sé.

―Pero si acabas de estar con él.

―S-sí, pero no me dijo a donde i-iba...exactamente. Algo sobre estar ocupado. Sí, eso.

―Estás actuando extraño ―Sasuke subió una ceja―. ¿Estuviste bebiendo?

―N-no, claro que no ―respondió rápidamente.

―Olvídalo. Cuando lo veas, dile que Sakura pasó a dejar los informes médicos de todo el Escuadrón Ro.

―Sí, se lo haré saber.

―Shisui-san ―Hinata esperó con el corazón en vilo cuando Sasuke la miró con los párpados caídos―. No sé quien es la chica con la que sales pero... tienes su perfume encima.

―Oh, claro. Porque la tenía muy cerca y... y su perfume debió adherirse en mi ropa. Que descuidado.

Con una última mirada inquisitiva Sasuke desapareció de su vista y Hinata dejó escapar un suspiro de alivio. Estaba temblando, sin poder creer que había logrado salir de esa situación.

¿Por qué las cosas tienen que ser tan complicadas?―Pensó mientras se llevaba una mano al rostro y doblaba por la avenida Naka.