Capítulo 37

* * * P.V.A * * *

No se me ocurre peor día para estar en un burdel que la noche del 14 de febrero, observando lo corrupto y vicioso que es el género humano. El amor no importa una mierda, sólo el dinero y el placer, y verlo es totalmente deprimente. Ojalá hubieran cerrado de verdad esto por una redada, pero obviamente era una triste mentira para salir del paso. La policía está sobornada para mirar a otro lado, y los que no, son buenos clientes de estos antros en muchas ocasiones.

Aún puedo escuchar dentro de mi cabeza las palabras que me gritó mi hermano hace un par de días, torturándome minuto a minuto y haciéndome sentir fatal. Tiene razón, me he convertido en una puta y quizás no sirva para nada. Aunque trate de mentirme a mí misma y a los demás, sé que esto irá a peor, ya me quedó claro desde el primer día en el cual tuve que soportar vejaciones.

No puedo evitar recordar aquella discusión con mi padre, las palabras que me dijo, y siento que mis ojos se humedecen cuando pienso que tenía razón. Joder, si me viera ahora sería el golpe más duro que jamás habría asimilado. Ver la decepción profunda en sus ojos, casi como en los de Tamao la otra noche.

¡No, no no! Deja de pensar eso, joder. No puedes ponerte a llorar aquí ni ahora mismo, Airi.

Inspiro profundamente y trato de relajarme, observando que Kuroki se aproxima a la barra tras colgar su móvil. En cuanto su mirada se encuentra con la mía y lo veo venir en mi dirección, me echo a temblar sabiendo qué se avecina.

-Airi, voy a necesitar un poco de tu ayuda esta noche. –Me dice con una leve sonrisa mientras se apoya en la barra. -Ya sabes que Yu está enferma y nadie ha ocupado su lugar hoy, pero resulta que un buen socio con el que he cerrado un trato viene a que lo celebremos. Encárgate de él, cielo. Quizás venga un poco borracho, pero no te asustes, es muy cariñoso.

Ni me esfuerzo en sonreír y fingir, pero Kuroki pasa de ello y se marcha cuando le llaman, dejándome con mi taquicardia por los nervios y el miedo. Otra vez no, por favor.

-¡Airi! –Me llama Kuroki con la mano para que me acerque cuando entra un hombre que debe ser el tipo del que me ha hablado. Veo que se saludan con un apretón de manos y se callan cuando llego.

Me sorprende ver que es un tipo joven, quizá en la treintena, de media melena negra engominada hacia atrás. Es atractivo, pero tiene una mirada que no me gusta, altiva y chulesca. Pronto me doy cuenta de que lleva dos tíos enormes detrás que son sus guardaespaldas. Debe ser importante, o tener muchos enemigos.

-Esta es Airi, Sano; Es un poco tímida, pero seguro que podéis entenderos. Por lo menos te dará la mejor conversación de todas ellas. –Se burla Kuroki, haciendo que él sonría y se fije en mí por primera vez, evaluándome sin discreción ninguna.

-Servirá, Kuroki. Está muy buena, suficiente. –Agrega riendo levemente, demostrando con su tono que ciertamente va algo bebido.

-Perfecto, métete en uno de los reservados y ahora irá con unas copas, ¿eh?

Kuroki me hace un gesto con la cabeza, y el tal Sano acepta encantando, alejándose tras darme una palmada en el trasero. Empezamos bien.

Me meto tras la barra y pongo dos whiskys dobles, aunque el mío lo sirvo tras beberme uno previamente, y me encamino despacio hasta el reservado donde se ha metido, sintiendo que el nudo de mi garganta se hace enorme.

Entro y lo veo terminar una conversación de móvil, con lo que callada dejo las copas en la mesa y me siento, poniendo distancia entre ambos y evitando mirarlo, pero en cuanto cuelga se acerca a mí con una sonrisa.

-Me ponen más las que van de estrechas; Kuroki está en todo.

Yo no tengo tiempo ni de maldecir mi suerte cuando el tío se abalanza sobre mí y comienza a besar con lascivia mi cuello, llevando su mano diestra a mi pecho, y cuando intenta besarme en la boca empiezo a esquivarlo, rehuyendo de él hasta que me tira del pelo y me da una bofetada.

Sólo me detengo un segundo en mi mejilla dolorida cuando contemplo con horror como desgarra el escote de mi vestido negro y deja mi sujetador del mismo color al aire, yendo directo a desabrocharse el pantalón. El pánico empieza a entrarme al ver que aquello supera lo de las otras veces.

El tío se pone encima de mí y trata de remangarme el vestido, aunque no tiene que esforzarse mucho por lo corto que es, y yo pronto empiezo a suplicar que pare, y a revolverme para evitar que me quite la ropa interior, a la vez que las lágrimas se agolpan en mis ojos.

-¡Estate quieta! –Me grita tras volver a abofetearme con fuerza-. No me obligues a pegarte de verdad, que eres muy guapa para que te joda la cara.

En cuanto siento su erección rozarme grito con aprensión y le golpeo con la rodilla en los testículos, aprovechando su dolor para ponerme en pie y salir corriendo del reservado, directa hacia la salida del bar lo más rápido que puedo con los tacones.

Con la adrenalina a tope ni siquiera siento el frío, aunque voy medio desnuda, y sigo corriendo con ganas por las callejuelas entre los bares de mala muerte, aterrándome en cuanto oigo pasos igual de rápidos tras de mí, y una voz que me llama puta y me dice que me pare.

En un descuido me caigo al suelo, y aunque el tobillo me duele un montón, me levanto rápido con la ansiedad apretándome el pecho al escucharlos más cerca, cogiendo grandes bocanadas de aire para no ahogarme entre la fatiga y el llanto, y sigo corriendo con todas mis fuerzas sin mirar atrás, rezando como nunca antes.

Termino un largo callejón, y cuando doblo la esquina y entro en el nuevo, enseguida choco contra alguien mientras miro hacia atrás. Inmediatamente me caigo al suelo y me incorporo rápido, con alivio por encontrar a alguien, suplicando entre sollozos histéricos.

-¡Ayúdeme, por favor! ¡Ayúdeme! Me persiguen y...

Me callo súbitamente cuando veo a Genji mirarme fijamente con un rostro muy serio. ¡Qué coño hace aquí!

-¿Qué ha pasado, Airi? ¿Qué haces así vestida? ¿Quién te persigue?

No puedo contestar, sólo mirarlo fijamente con miedo sabiendo que de esta no puedo huir. Él, enfadado, vuelve a preguntarme qué coño pasa, sin dejar de fijarse en las pintas que llevo. Al instante empiezo a sentir una gran opresión en el pecho que literalmente no me deja respirar, y no hace sino aumentar cuando veo a los dos guardaespaldas entrar en la calle y gritarme.

Genji me agarra del brazo para que lo mire y pase de ellos, hablándome con esa mirada que tanto me asusta.

-Trabajas para Kuroki todavía y esa gente ha intentado violarte, ¿verdad? ¡Voy a matarlos a todos!

Él me suelta y va a por ellos con rabia, pero antes de que pueda gritarle e ir a pararlo, siento que mis pulmones se vacían completamente, y aunque jadeo tratando de coger aire, es inútil, porque un fuerte dolor en el pecho me corta la respiración y me ahogo, cayendo al suelo poco después.

-¡Airi, Airi qué pasa! ¡Háblame!

Genji grita mientras corre rápido hasta mí, arrodillándose para sujetarme, y en cuanto saca el móvil y se pone a llamar a una ambulancia los tipos desaparecen veloces por donde llegaron, a la par que yo trato de respirar sin éxito, sin dejar de derramar lágrimas ante el terror que me invade al sentir que voy a morirme asfixiada. En cuanto Genji cuelga vuelve a centrarse en mí, y veo el terror en sus ojos como nunca antes.

-¡Tranquila, Airi! ¡Vas a ponerte bien! ¡Dime algo, joder! –Grita con exasperación, y yo trato de responder con gran dificultad, notando que ni mi cerebro es capaz de hacer que mis músculos se muevan, aunque por fin consigo murmurar unas palabras.

-No puedo respirar.

Él entonces eleva mi cabeza más del suelo y la coloca en su regazo, sujetándome una mano mientras no deja de susurrarme que me tranquilice y estaré bien, pero yo sólo escucho aquello como un eco lejano, puesto que las palpitaciones que produce mi corazón desenfrenado inundan mis oídos.