Día 1

Se podría decir que tiene una personalidad electrificante

¿Alguien vio aquella película de acción real donde Ryan Reynolds le prestaba su voz a un Pikachu que se quedaba el personaje del actor Justice Smith? Bueno, lo que tenía frente a mí era algo muy parecido a ese Pikachu, con la diferencia de que éste para nada se notaba que se tratara de una animación de CGI. Era tan real como podía serlo cualquier otro animal, uno que me hacía preguntarme cómo podría existir para empezar. En efecto parecía un conejo de pelaje amarillo corto y esponjado, pero con la cara de una ardilla y los brazos de un ratón; su lomo era atravesado por unas gruesas líneas cafés; su larga y rígida cola proyectada en alto tenía una curiosa forma segmentada; sus orejas eran un poquito largas y angostas, las puntas las tenía negras; sus ojos eran dos brillantes globos cafés enormes y sus mejillas tenían como ya se imaginarán, unos círculos tenuemente rojos.

"Pikáchu." —Exclamó con una vocecilla chillona sorprendiéndome.

—Es… increíble…

—Sí, por supuesto.

El Pikachu ladeó la cabeza mirándome con curiosidad. Sonriendo, en mi sitio también lo miré maravillado por tener frente a mí lo que era claramente un ser vivo tangible, e inconscientemente me puse a imitar los movimientos y los gestos increíblemente expresivos que éste hacía. El profesor Oak pareció impacientarse.

—¿No piensas tomarlo, Ash?

Tragué saliva. Por muy bonito y adorable que fuese aquel animal completamente desconocido para mí, más allá del modo en que lo llegué a mirar con el paso de los años por medio de una pantalla como un dibujo animado, era consciente de lo peligroso que podría ser. Antes, lo primero que hice fue intentar hablarle.

—Hola… ah… Pikachu —supuse que se vería mal ponerle un nombre propio como solía dárselos a mis Pokémons en los videojuegos—. Yo soy… —a tiempo conseguí frenarme, pues estuve por decirle mi nombre verdadero, el que tenía antes de renacer en este mundo— Ash. Mi nombre es Ash Ketchum, y a partir de ahora me gustaría ser tu amigo y tu entrenador. Prometo cuidarte y entrenarte para que te vuelvas… para que juntos nos volvamos más fuertes, por supuesto, si me lo permites.

Esta vez Pikachu no emitió ningún sonido. Parpadeó un poco y luego alternó su mirada del profesor hacia mí con aire inseguro. En la serie tanto Pikachu como todos los Pokémon en general, siempre dieron la impresión de poder comprender el lenguaje humano, independientemente que, con pocas excepciones como el Meowth del equipo Rocket, no pudieran reproducirlo verbalmente. ¿Eso sería exclusivo del anime y sería que estos seres en la vida real no podrían entenderlo como la inmensa mayoría de los animales de mi mundo original? El Pikachu no parecía hostil, continuó mirándome sólo con curiosidad. Con la vista pude sentir como el profesor Oak me apuraba para ya recogerlo. Me resultó algo molesta la presión que pareció ejercerme.

Mi mente trabajó a toda velocidad y recordó algo que vi en posteriores episodios del anime. ¿Podría dar el mismo resultado aquí? Con cautela acerqué mi temblorosa mano hacia Pikachu. El Pokémon erizó su pelaje y entrecerró los ojos, más que suficiente para que detuviese mi avance a medio camino. Tomando aire y tras pensármelo unos segundos, proseguí dispuesto a apartarla lo más rápido que pudiese si me la mordía, o peor aún, intentara electrocutarme. Aunque manteniendo cautela, Pikachu al final no hizo nada de esto, y de pronto mis dedos ya estaban tocando sus rojizas mejillas. El tacto de su pelaje era bastante áspero, sus pelos se me figuraron pequeños pinchos. El Pikachu bajando sus defensas comenzó a relajarse, cerró los ojos y pareció disfrutar de las caricias que le hacía. Con más confianza acerqué mi otra mano y le froté la otra mejilla. Me pareció que el animalito soltó un suspiro de satisfacción. Oak con seriedad asintió.

—Bien. Parece que has estado haciendo tus deberes. En efecto a los Pikachus les gusta que les froten las mejillas donde concentran su energía antes que cualquier otra parte del cuerpo. Muy inteligente de tu parte.

—Gracias. Creo que leí en algún lado que a los Pikachus les gusta precisamente esto.

—Impresionante.

Continúe haciéndole mimos a Pikachu, además de tranquilizarme por no ser atacado por el Pokémon, me sentí muy halagado por las palabras del profesor. No podía recordar la última vez que una figura de mayor autoridad a la mía me hubiese llamado inteligente, o que me mostrara respeto por alguna cosa que hubiese hecho bien, ya no digamos de cuando fui un niño y no eran precisamente halagos lo que recibía de mis maestros.

Oak se dirigió hacia uno de sus escritorios donde de un cajón sacó algo. Volvió conmigo y me ofreció un pequeño estuche rojo junto con cinco diminutas esferas.

—Y ahora toma esto. Tu Dexter y tus pokebolas.

Dejé de acariciar a Pikachu para tomar las cosas y guardarlas en uno de los bolsillos del pantaloncillo de mi pijama. Miré al profesor y a "mi Pokémon". Hasta el momento no había pasado ningún incidente que lamentar, algo que esperaba así se mantuviera, pero ahora venía mi prueba de fuego. Tomé la pokebola con el rayo amarillo. Pikachu pareció erguirse, dio un paso hacia atrás y emitió un gruñido, entonces reduje la pokebola y me la guardé en el bolsillo contrario antes de dirigirme hacia él otra vez.

—Sabes, no creo que sea correcto llevarte ahí dentro. Me gustaría conocerte mejor para que podamos ser muy buenos amigos. ¿Qué te parece? ¿No preferirías subir a mi hombro en lugar de quedarte dentro de una pokebola?

Con más confianza le acerqué mi mano. Pikachu pareció tan sorprendido como el profesor Oak por mi actuar conforme alternaba su vista de mi rostro al profesor y mi mano. No hubo presión. Pasó medio minuto antes de que Pikachu se decidiera y por mi mano trepara sobre mi brazo hasta detenerse en mi hombro, entonces hizo algo que me tomó por sorpresa, acercó su carita hacia mi rostro dándome un pequeño lametazo por encima de mi mejilla con su diminuta lengua apenas húmeda.

—Parece que no te costó mucho hacer que te tomara confianza, Ash.

—Nada que no pudiera hacerse con tan sólo ser claro y sincero con él desde el principio. ¿Verdad, amigo?

Pikachu asintió sin sonreír, como si más que sinceramente confiar en mí, se limitara a darme el beneficio de la duda. Estaba agradecido por lo inteligente que era y su comprensión. Tal vez aún no me lo ganara del todo, pero con esto me bastaba por el momento. Lo importante para mí era que no me soltara una descarga eléctrica.

No voy a mentirles, aunque podía cargar de esta manera a Pikachu, no era tan sencillo como el anime lo hacía ver. Era pesado, y no lo decía sólo desde la perspectiva de un niño de diez años. Saqué la Pokédex, o el "Dexter", el cuál apenas abrí y me acerqué al pecho, al instante por sí sólo se activó y reprodujo con voz robótica la información del que ahora era mi Pokémon. No dijo nada que no supiera ya gracias al anime y los videojuegos: "Ratón eléctrico, electricidad, hábitat", nada que a estas alturas me resultara interesante acerca de los Pikachus que…

"...tienen un peso promedio de seis kilos, así como una altura aproximada de cuarenta centímetros. Su alimentación…"

¿En serio pretendía cargar durante un largo viaje seis kilos sobre uno de mis hombros? Incluso con mi cuerpo adulto aquello me hubiera parecido demasiado, pero bueno, ya me acostumbraré… o eso esperaba. Supongo que era preferible a ser electrocutado. Me dirigí hacia el profesor con una sonrisa.

—Muchas gracias, profesor Oak. A usted también le prometo dar lo mejor de mí.

Todo lo que hizo fue asentir en apariencia complacido. En ese momento fue que lo decidí, no le revelaría nada acerca de quién fui. Para él y para todos, yo era Ash Ketchum, y nadie necesitaba saber nada más allá de eso.

Dejé que nos dirigiera de vuelta hacia la entrada, dándonos la cortesía de acompañarnos fuera de su propiedad, donde apenas comenzamos a bajar por la blanca escalera sobre la loma, no solo escuchamos, sino también distinguimos a una nueva congregación de personas al otro lado del cerco de ladrillos, una no tan numerosa como la que se había reunido para ovacionar a Gary, ni tampoco tan llamativa.

La mayoría también eran adultos de sonrisas bondadosas. Apenas nos vieron acercándonos, comenzaron a corear de manera escandalosa un repetitivo: ""¡Vamos Ash, vamos! ¡Vamos Ash, vamos!" al mismo tiempo que alguien empezó a sonar una corneta, una pequeña niña un pandero, y alguien incluso comenzó a golpear una cubeta que llevaba para hacer más ruido. Dos personas sostenían una larga pancarta en la que estaba escrito justo lo que cantaban. Por supuesto, delante de todos encabezando el improvisado y vergonzoso evento se encontraba Delia Ketchum, mi "madre". Miré a Pikachu temiendo que el escándalo pudiera alterarlo, pero por el contrario, su muy expresivo rostro reflejaba que le divertía lo que miraba.

Tras ya haber bajado y cruzado la entrada, Delia, con una mochila verde entre sus manos y con los ojos humedecidos por las lágrimas, pero con una expresión llena de alegría y dicha, me habló a la vez que aquellas personas cesaban su cántico.

—Ash, estoy muy orgullosa de ti. Por fin vas a realizar tu sueño de hacer el entrenamiento Pokémon, ¿pero sabes mi amor? Voy a extrañarte mucho, mi pequeño hijo.

A pesar de lo bochornoso que todo esto me parecía, me sentí verdaderamente conmovido por sus atenciones tan sinceras. Por más que lo intenté, no pude recordar la última vez que mis padres me dijeron que se sentían orgullosos de mí, o que elogiaran alguno de mis escasos logros. Los pocos momentos cuando se ponían así de emotivos, siempre fue por algo que mis hermanos habían hecho. Así fue siempre, desde la primera vez que fui un niño y hasta los últimos instantes de mi posterior vida adulta.

—Gracias, mamá.

De pronto abrió la mochila y en mis manos puso cada uno de los artículos que llevaba adentro.

—Empaqué tus tennis, tus jeans y ropa interior limpia; tus galletas favoritas y chocolate por si quieres algo caliente, pero ten cuidado, no vayas a quemarte; y un par de guantes de hule para que laves tu ropa, y un lazo para que la cuelgues a secar, una bolsa de dormir, y por supuesto algo de dinero. Cuida muy bien lo que gastes para que te rinda. Y por favor no olvides cambiarte la ropa interior todos los días.

Por mucha vergüenza que me diera su actuar, y a diferencia de lo que había hecho su verdadero hijo, le permití continuar hasta que terminara, pues entendía lo importante que esto parecía ser para ella.

—Gracias, mamá. Te prometo que me cuidaré.

La mirada de Delia se dirigió hacia Pikachu, que en todo momento se mantuvo como un espectador bastante tranquilo y silencioso. Pareció sorprendida, quizá había esperado ver a uno de los tres iniciales originales.

—¿Ese es tu Pokémon?

—Sí, lo es. Me tocó un Pikachu. El mejor Pokémon de todos, mamá.

Más que pensarlo de verdad, dije eso queriendo mantener feliz y complacido a Pikachu, pues si bien empezamos con buen pie, aún temía por la posibilidad de que me ignorara cuando comenzara a usarlo como al inicio le ocurrió al verdadero Ash.

"Pika." Exclamó complacido.

Tras guardar de nuevo todas las cosas dentro de la mochila, la sujeté con una mano y la otra la pasé por encima de mi hombro, para tratar de acariciar nuevamente una de las mejillas de Pikachu. Erré y terminé por frotarle el costado, pero no pareció molestarle, dado que complacido cerró los ojos y suspiró satisfecho.

—Creí que los Pokémon siempre se quedaban dentro de sus pokebolas. ¿Por qué éste no?

—Como con Pikachu, no a todos les gusta estar ahí, mamá, y dado que somos amigos, no pienso obligarlo a entrar en una si él no quiere.

Sonriendo, Pikachu asintió mirándome. Se inclinó y restregó sus mejillas contra mi frente. Resistí el pequeño e inofensivo toque eléctrico que sentí apenas reaccionando. Mi madre y muchos que nos miraban se enternecieron.

Era increíble, pero en efecto parecía que a diferencia del verdadero Ash, había logrado ganarme al Pokémon sin muchas dificultades. Por primera vez y ya que terminé por aceptar la realidad en la que ahora vivía, me sentí muy entusiasta ante la ventana de posibilidades que la aventura que estaba por comenzar me ofrecía, sospechando que gracias a mi madurez adulta, no cometería los errores de ese niño tan torpe al inicio, por lo que terminaría yéndome muchísimo mejor que él.

Me sorprendieron mis pensamientos. No solo parecía ya haber aceptado que todo lo que me rodeaba era real, sino que también me había resignado a quedarme a vivir aquí, lo que de cierta manera tiene sentido, ¿después de todo cómo podría regresar a una realidad en la que aparentemente me morí? Además, con lo fanático que fui al inicio del anime al punto de ver varias veces muchos de sus episodios, tenía una gran ventaja al saber los acontecimientos futuros que me sucederían, por lo menos hasta que mi aventura llegara hasta la mitad de la liga Hoenn, pues posterior a eso mis conocimientos no eran muy exactos debido a que por ahí abandoné el anime siendo más un espectador ocasional, aunque…

¿En serio ésta era una nueva oportunidad para vivir, pero en una realidad alternativa? ¿No sería que de verdad estaría en coma? ¿Tal vez en efecto dentro de una especie de paraíso personal? Una vez más me cuestioné el por qué aquí. Era verdad que era un fanático de la franquicia como también de muchas otras. ¿Será porque de todas mis fantasías esta sería la más "sana" en comparación? Seguro Dios no permitiría que yo o cualquiera viviera en una fantasía o realidad "pecaminosa", siendo una mejor opción dejarnos en una más "familiar". No importaba, que aquí me estaba sintiendo muy cómodo. Tenía una gran salud, mi vista íntegra, cabello, había vuelto a ser delgado y muy joven, además que de seguro experimentaría acontecimientos maravillosos como lo podría ser el convivir con Pokémons reales. En serio no tenía nada de qué quejarme. Delia continuaba mirando extrañada a Pikachu.

—Pero… es un poco raro.

El comentario salido de la nada me tomó por sorpresa, lamentablemente también a Pikachu a quien escuché gruñir disgustado. Por una fracción de segundo y debido a los chispazos que de pronto aparecieron frente a mí, comprendí aterrado lo que estaba por ocurrir.

—¡Mier…!

No tuve tiempo para empujar a Pikachu al suelo y correr. No tuve tiempo para terminar de decir la grosería que se me estaba saliendo. No tuve tiempo de nada. De un momento a otro quedé paralizado ante la prolongada y poderosa descarga eléctrica que recorrió todo mi cuerpo, así como el de mi madre que como yo apretó los dientes apenas consiguiendo quejarse, del mismo modo que todos los presentes que chillaron de dolor sin poder evadir la energía contenida que Pikachu liberó de su ser por espacio de unos diez o quince segundos. El único que pareció salvarse fue el profesor Oak, que alejándose con tiempo y sujetándose del muro de la cerca de piedra para hacer tierra no resultó afectado.

—¡Esos guantes que tú mamá trajo serán útiles!

No tuve que preguntarle el por qué, era evidente que se refería al aislante del hule contra la electricidad

Cuando Pikachu se calmó y terminó de expulsar toda esa corriente eléctrica de su ser, inevitablemente caí al suelo con el cuerpo agarrotado, y conmigo además del resto de los presentes que fueron a vitorear el comienzo de mi travesía, también se cayó cualquier idea que me quedara acerca de que me encontraba en el paraíso o en coma. Estaba bastante vivo, y acababa de experimentar algo que me dolió mucho más que el infarto que me fulminó en mi vida anterior.


A paso lento y con la ayuda de Delia, que no es que estuviese en mejor estado que yo, pero a su vez con la ayuda de unas buenas personas que lamento decir a los pocos minutos olvidé sus nombres, fue que regresamos a casa. Durante todo el trayecto, Pikachu nos siguió a momentos dudando de hacerlo.

—Pi… Pikachu —lo llamaba con un horrendo gusto metálico en mi boca que no me podía quitar—. No te… no te alejes mucho… amigo.

"Chuuu…" Exclamó de manera lastimera.

Lo que le decía era contrario a lo que deseaba, pero no me atrevía a deshacerme de él, no todavía. Por mucho miedo que me diera, temía más a otra cosa, y no estoy seguro si sería a la reacción que tendría al rechazarlo repentinamente como mi acompañante tras supuestamente haberle asegurado que lo aceptaba, o al hecho que de renunciar a él, tendría que renunciar a toda la "aventura" que no estoy seguro del por qué, esperaba aún tener.

Tras haberme recostado en el cómodo sillón de la sala por espacio de media hora, donde al inicio Pikachu me miraba desde la entrada al comedor, hasta que poco a poco con el pasar de los minutos se acercó a mi lado, de modo que pude hacerle algunos mimos con mi mano sobre su cabeza, fue que ya más repuesta de lo ocurrido, Delia bajó de su habitación para ir a la cocina. Regresó y con un poco de duda miró a Pikachu, al que le sonrió dejándole, pero manteniendo una precavida distancia, la mitad de una manzana que peló sobre un platito en el suelo. Mi Pokémon visiblemente avergonzado, a pasos lentos fue a tomarla para mordisquearla, entonces Delia se dirigió hacia mí inclinándose y apoyando una de sus manos sobre mi frente.

—Creo que ya te ves mucho mejor, cariño.

Al mirarla de cerca aprecié mejor su hermoso rostro. Su mano era muy cálida y pude sentir el amor que buscaba transmitirme. Sentí que era un asco el haber reencarnado no como su esposo, sino como su hijo.

—Gracias, mamá. Sabes… ya no estoy muy convencido de esto.

Y lo decía muy en serio. ¿Cuántas veces Ash pasó por lo mismo a lo largo de todo el anime? ¿Es que lo de hace un momento se suponía que tendría que tolerarlo constantemente? Si no fuese porque ya había comprendido que todo esto era real, mi nueva teoría sería que estaba en una versión del infierno disfrazado de paraíso.

—Vamos, hijo. Anímate. Esto sólo fue un gaje del oficio. Lo mejor será que ya te cambies para que partas. Piensa que los otros chicos seguramente ya estarán muy adelante, y no querrás quedarte tan atrás de ellos.

No sería la primera vez que me cuestionaba la lógica de los juegos o del mismo anime, acerca de padres que mandan a sus hijos de escasos diez años a enfrentarse al mundo dejando su seguridad en manos de unos animalejos con superpoderes, que de entrada podrían ser los principales peligros a los que tendrían que enfrentarse. Entonces prefería no darle muchas vueltas al asunto para divertirme con los formatos al experimentarlos a través de una pantalla, pero… hacerlo en la vida real por otro lado…

—Mamá… ¿sería tan malo que me olvidara de lo de ser un entrenador y mejor me quedara aquí dedicándome a otra cosa?

En respuesta se exaltó.

—¡Ash, te prohíbo que hables así! Tienes que abrir tus alas y volar al firmamento como un Spearow.

¿Por qué me decía eso ahora? No se me escapó que sus palabras, aunque en distinto orden, venían de algunos de sus diálogos en el anime, unos que se supone no me diría sino hasta que llegando a Ciudad Verde, le hablara por teléfono para decirle dónde estaba. ¿Y si le decía que más bien me sentía como un Pidgey caído?

Hice más memoria. Después del incidente con el impactrueno afuera de la propiedad del profesor Oak, se suponía que la escena cambiaba a la de Ash ya vestido como de costumbre, empezando su aventura llevando a rastras a Pikachu con una cuerda mientras prevenido usaba los guantes de hule, no con él abatido tirado en el sillón de su casa. Por mucho que deseara quedarme más tiempo, prefiriendo evitar el continuar decepcionando a mi "madre", con esfuerzo me puse de pie, tomé la mochila que había dejado a un lado y subí a mi habitación.

—¿Qué es lo que vas a hacer, hijo?

—Cambiarme, mamá. Creo que ya es hora de que me vaya.

Al volverme hacia ella la noté sonreír complacida. ¿En serio le entusiasmaba tanto el deshacerse de su hijo? Tras tantos años de ser un fan de la franquicia de Pokémon, como me pesaba el cuestionarme a cada momento la lógica de esta realidad tan apegaba a ella. Me sobresalté cuando sentí algo en mi pierna, al girarme con brusquedad, Pikachu retrocedió sorprendido por mi reacción soltando un par de chispazos de su mejilla.

—Ah… lo siento, amigo. No te noté por estar distraído.

Con temor me incliné y le mostré mi mano. Pikachu se tomó su tiempo antes de animarse a restregar su cabeza contra ella.

Abrí la puerta de "mi habitación" y Pikachu se me adelantó corriendo comenzando a inspeccionarla olfateando y examinando cada rincón. El despertador roto en el suelo pareció captar su interés. Mientras tanto, me puse a abrir las cajoneras mirando entre las mudas de ropa, antes de que se me ocurriera abrir la mochila donde con agradable sorpresa encontré justo lo que buscaba.

Minutos después estaba abrazando a… mi madre y ella me correspondía sollozando.

—Voy a extrañarte mucho, mi niño.

—Y yo a ti, mamá —le mentí para hacerla sentir mejor, y es que difícilmente extrañaría a alguien que acababa de conocer, por mucho que me mentalizara que se trataba de quien a partir de ahora sería mi madre. Una nueva madre que no tendría la oportunidad de conocer bien por ahora.

Tras separarme de ella salí de la casa, y Pikachu tras dirigirle a Delia una mirada de disculpa, me siguió corriendo para alcanzarme, hasta que me detuve frente a la casa que observé con pesar. Realmente este sitio parecía un lugar muy confortable para vivir.

Froté las palmas desnudas de mis manos contra los costados de mis Jeans azules claro, y a pesar de haberme fajado la oscura playera verde de manga corta para parecerme más al Ash original, decidí sacarme del pantalón el borde por comodidad. Hacía algo de calor, pero aunque no le veía sentido el llevar puesta la chamarra azul de cortas mangas blancas, la conservé. Me ajusté la gorra roja con el frente blanco donde estaba grabado el curioso símbolo verde de la liga Pokémon, siendo para mí raro no el llevar una, ya que antes también solía usarlas mucho para que con el sol no se me quemara la calva, sino el sentir mi cabello contra esta. Los guantes verdes con los dedos descubiertos los tenía en la mochila, pues aunque me los había probado tras cambiarme, no terminaron por convencerme. Suspiré y me dirigí hacia mi Pokémon.

—Bien, Pikachu. Supongo que es hora de irnos.

Me incliné apoyando mi mano derecha sobre el suelo. En esta ocasión Pikachu no titubeó y al instante trepó por esta hacia mi hombro una vez más, en apariencia recuperado por la culpa de haberme lastimado junto a mi madre y al resto de nuestros vecinos.

Tras comprobar que la sencilla cartera que también saqué de la mochila continuaba en uno de mis bolsillos traseros, del otro bolsillo saqué un mapa que desdoblé. No era complicado de leer, a pesar de que con diferencia del mapa de los videojuegos de la región de Kanto, este tenía mucho más contenido señalándome que en realidad había cientos de rutas y caminos alternos a las distintas ciudades y pueblos, estos últimos resultando ser más numerosos que los mostrados en los juegos. Con un dedo examiné la ruta que me conduciría a Ciudad Verde, y tras comprobar mi ubicación, me puse en marcha dirigiéndome hacia un camino que dividía un campo abierto y no estaba tan alejado de la ruta por la que se encontraba el laboratorio del profesor Oak.

—En marcha, amigo.

"¡Piká!"


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Espero les haya gustado el capítulo ¿No? Probemos con el siguiente que será cuando nuestro protagonista comprenda lo que pasa cuando uno se sale de la trama, je. Saludos.