¡Después de un largo tiempo, aquí me presento con un nuevo capítulo!
Bueno, ahora toca dar inicio a este último arco, y, probablemente, el más largo de todos. Habrá varias cosas interesantes para tratar, de todos modos no creo que esta historia llegue a más de 35 capítulos.
Espero que disfruten este capítulo, pero antes de comenzar responderé una review:
Wild Caedus: Me alegro mucho que lo estés disfrutando, y sí, yo también opino que es medio triste que el fandom de este anime/serie esté medio muerto (por lo menos a lo que escribir Fanfics se refiere). Espero que la continuación siga cumpliendo con tus expectativas.
Ya no los molesto más, aquí les dejo el capítulo.
¡Disfruta!
—¿Rika-chan?
Rika observó a Hirano, en un principio se vio algo sorprendida, pero no tardó nada en arrojar su arma al suelo.
—¡HIRA-KUN! —Rika se colgó de la reja tras gritar su nombre.
La alegría en la mujer contagió a Hirano, quien pronto se acercó con una amplía sonrisa en su rostro.
—De todas las personas, ella es la última que esperaba encontrar en este lugar. —Comentó Takshi, el parpadeo continuo de sus ojos dejaba en claro su asombro.
—¿La conoces? —Preguntó un Hisashi bastante curioso.
—Se podría decir que sí, aunque es una historia bastante complicada. —Takashi no pudo evitar tener un leve escalofrío tras recordar ese "pequeño" incidente.
La reacción de Takashi tan solo se ganó aún más curiosidad de sus amigos, quienes solo se limitaron a ver cómo Hirano hablaba alegremente con la mujer.
—¡No sabes cuánto me alegro de verte! —Exclamó Rika con una sonrisa dentuda, lo gracioso es que seguía colgada en la reja.
—¿Quién eres? ¿Dónde conseguiste esa arma? ¿Por qué estás en mi casa? ¿Dónde está mi madre? —Saya no tardó en bombardearla con preguntas.
—¡Vamos, déjame abrazarte! ¡Solo un poquito! —Rika pasó sus dedos entre las rejas mientras hacía unos gestos bastante graciosos, cómo si tratara de abrazar un oso de peluche.
Había muchas cosas que molestaban a Saya, pero ninguna era peor que ignorarla o intentar algo extraño con lo que es suyo por derecho. Eso se dio a notar cuando una gran cantidad de venas se marcaron en su sien.
Por eso es que la reacción fue inevitable.
—¡Oye! —Saya la tomó de la camisa y la jaló con fuerza, haciendo que Hirano se pusiera más rojo que un tomate al ver cómo el escote de Rika se hizo más prominente tras presionarse contra el alambre.
—Tu madre me dijo que eras algo impaciente, pero no esperaba algo cómo esto. —Comentó Rika con su típica simpatía que siempre estaba con ella.
—No te atrevas a tocar a Hirano-kun.
Una frase.
Fue una simple frase.
Pero esas palabras tuvieron el suficiente poder para hacer que la fresca alegría habitual en Rika se desvaneciera a una velocidad alarmante.
—¿Disculpa? —La sonrisa en Rika había desaparecido, sus ojos transmitían una sensación tan helada y mortal que sería capaz de desmayar hasta al más fuerte.
Pero, increíblemente, la mirada de Saya estaba a su mismo nivel.
—Yo, eh... —Hirano se quedó sin habla al sentir cómo el aire helado que irradiaban sus dos cortejantes era capaz de estrangularlo.
—¿Qué carajo? —Rei no encontró otra manera de explicar lo que estaba aconteciendo, y todos los demás estuvieron de acuerdo.
—Ve y diles algo. —Saeko golpeó el codo de Takashi.
—¿Eh? —Su amante la miró sin expresión.
—Es peligroso quedarnos aquí por mucho tiempo. —Saeko dio su punto, a lo que Takashi no pudo hacer otra cosa más que poner los ojos en blanco.
—¿Pero por qué tengo que ser yo? —El castaño fue salvado cuando las rejas comenzaron a abrirse.
Saya no tuvo más alternativa que soltar a la mujer, para luego enfocar su mirada gélida en Hirano, quien se exaltó bastante.
—Tienes muchas cosas que contar, ¿verdad?
—Uh... creo que hay algún tipo de malentendido...
Rika observó la conversación de ambos en silencio, sus ojos reflejaban una determinación más férrea que el hierro.
—¿Esa científica también está aquí? —Takashi notó como cierta mujer de cabello rubio los estaba mirando desde una ventana del segundo piso.
—¿Científica? —Saeko pensó con ligera sorpresa.
INICIO DEL ÚLTIMO ARCO
19
¡EL ORIGEN DEL VIRUS!
—¡Sa-chan! —Yuriko corrió desde la entrada, y su hija respondió de la misma manera cuando cruzó la reja.
—¡Mamá! —Saya abrazó a su madre cómo si su vida dependiera de ello.
Tanto ella cómo su madre no pudieron evitar derramar un par de lágrimas mientras eran observadas por todos.
—No hay nada más bello que el reencuentro entre una madre e hija. —Aclaró Rika cuando se acercó al Yuunvee, en donde estaban todos los demás.
Hirano se vio algo decaído tras esa declaración, cosa que Rika no pasó por alto. Lo que más le llamó la atención fue cómo Takashi colocó una mano sobre su hombro, cómo si lo estuviera consolando por algo.
—¿Quién diría que un par de mocosos podrían sobrevivir? Esto es inaudito... —La palabrería de Ai se detuvo al ver cómo Hisashi bajaba del Yuunvee con la ayuda de Rei, un tenue rubor se pintó en sus mejillas.
—¿Donde está el idiota de Souichiro? —Saya comenzó a quitarse las lágrimas para intentar que su temple volviera a ella.
—Vamos, no le digas así a tu padre. Desafortunadamente no se encuentra en casa, pero seguramente vendrá dentro de poco con algunos suministros. —Aclaró Yuriko mientras acariciaba la cabeza de su tan amada hija.
—Lo entiendo, ¿ahora podríamos entrar para comer y descansar un poco? Tuvimos un viaje realmente apocalíptico allí en la ciudad. —Comentó Saya con una sonrisa sin romper el abrazo en ningún momento.
—¡Tenemos chocolate caliente y galletas de sobra! —Exclamó Rika con una sonrisa dentuda.
—¿En serio? —Preguntó un Hirano algo sorprendido, quien nunca vio venir lo siguiente.
—¡Por supuesto, déjame guiarte! —Rika lo abrazó cómo un peluche y lo alzó intencionalmente para que su rostro se hundiera en su escote.
—¡Oye...! ¡Mamá, quiero que estas mujeres se vayan de mi casa ahora mismo! —Saya se despegó de un salto tras notar cómo Rika corrió dentro de la mansión para asegurarse de que ella no pudiera hacer nada al respecto.
—¿Ehhh? ¿Puede ser que mi hija esté celosa? —Una mirada socarrona apareció en Yuriko, a lo que Saya solo pudo sonrojarse cómo un tomate.
—¡Ni-ni en mil vidas, estupida vieja!
—Lo secuestró... —Pensó Alice con bastante sorpresa por cómo se habían llevado al pobre de Hirano.
—Dejame darte una mano. —Ai se acercó a Hisashi, quien se sorprendió por la belleza de la mujer.
—Oh, claro. Muchas gracias. —El albino le sonrió con condescendencia, una sonrisa que Rei no hubiera pasado por alto si no estuviera tan centrada en los cerca que se encontraba la "zorra" de Takashi.
Hablando del protagonista, él se encontraba en su propio mundo.
—No sé por qué, pero siento que estamos olvidando algo... —Los pensamientos de Takashi se vieron reflejados en el Huunvee, ya que Shizuka aparentemente se encontraba teniendo el sueño más dulce de su vida.
Shizuka dio un lindo bostezo antes de llevarse el chocolate a la boca. Fue algo adorable; más no por su acto, sino por el hecho de que la pequeña Alice; quien se encontraba sentada en su regazo, la imitó a la perfección. Ninguna de las dos se dio cuenta cómo la mirada de todos se enfocaban en ellas, la expresión en sus rostros decía todo.
—Puedo entenderlo de la mocosa que no tiene idea de nada, ¿pero por qué diablos Shizuka piensa que está en una especie de camping? —Ai se hizo la pregunta que todos tenían en mente, aunque unos se veían más sorprendidos que otros.
—Bueno, ya sabes... —Rika sonrió antes de probar unas galletas—. Shizuka ha sido así desde la preparatoria, no tiene remedio.
—No creo que tu seas la más indicada para hablar de eso, Rika. —Yuriko respondió con su clásica sonrisa maternal, a lo que Rika respondió de una forma bastante singular cuando se ahogó.
—Ella tiene razón... Oye, ¿me estás escuchando? —Una vena apareció en la frente de Ai al presenciar cómo unos pequeños corazoncitos aparecían alrededor de su amiga mientras dejaba que Hirano limpiara su barbilla.
Obviamente, a cierta enana que se encontraba sentada al lado del dúo no le gustó ni un poco lo que estaba aconteciendo.
—Hay una pregunta mucho más importante... —Saya sintió como su ceja comenzó a temblar con una velocidad preocupantemente alta—. ¿Hace cuánto conoces a estas mujeres, vieja?
—¿Está en su fase rebelde o algo así? —Rika aprovechó el momento para burlarse de ella, haciendo que una gran cantidad de venas aparecieran en la frente de Saya.
—¡¿Qué mierda...?!
—Las conozco hace más de 10 años. —La respuesta de su madre hizo que Saya la mirara en un corto silencio.
—¿Qué son para ti? —Saya volvió a preguntar.
—Ellas son mis mejores amigas. —Yuriko respondió con su misma aura casual.
—¡¿Entonces por qué nunca supe nada de ninguna de ellas, estupida vieja?! —La calma de Saya explotó en mil pedazos con esa simple pregunta.
Aunque, sin duda su enojo llegó a niveles astronómicos tras escuchar la siguiente respuesta:
—Se me olvidó. —Yuriko golpeó su mano sobre su cabeza en un gesto bastante infantil, haciendo que las venas de Saya se multiplicaran notoriamente, hasta el punto que parecía tener un tumor en la frente.
—Se ve que ella es igual a su padre... —Respondió Ai con algo de desinterés, pero rápidamente se arrepintió al ver cómo una mirada siniestra emergió en Saya.
—No me compares con ese imbécil. —El ambiente cómico cambió radicalmente tras esa frase.
La extrema incomodidad tejió un silencio mortal entre los presentes, quienes solo se podían mirar entre unos y otros, o en algunos casos, evadir dichas miradas.
Ese momento fue roto cuando Saya aclaró su garganta, ganándo la atención de todos.
—Da igual, este no es el tema de conversación principal. —Aclaró la enana con seriedad.
—Hablando de eso, no creo que sea correcto... —Takashi irrumpió por primera vez en la conversación, a lo que Saya no pudo evitar alzar una ceja.
—¿Por qué dices eso? —Takashi observó a Ai y de repente se puso a sudar frío, algo que nadie pasó por alto.
—No importa, muchacho. En primer lugar, ya no pertenecemos a la armada, y en segundo lugar... ¿realmente a quien le importa un secreto militar en nuestras circunstancias actuales? —Respondió la científica con simpleza, algo que tranquilizó al castaño notoriamente.
—¡Espera, espera! ¿Qué es eso de secreto militar? —Rei fue quien saltó a la conversación en esta ocasión, y su novio se notaba igual de interesado.
Hirano miró a Rika y Ai un momento, y ambas chicas asintieron de acuerdo.
—Fue durante el Evento de Otoño. Para lograr pasar toda la noche sin ser encontrados nos ocultamos en las alcantarillas, pero sin querer descubrimos un laboratorio gubernamental oculto. Y bueno... Ai nos hubiera matado si no fuera por Rika. —Takashi se colocó la mano sobre su cuello de manera inconsciente una vez que su amigo terminó la explicación.
—Justo estabamos desmantelando el laboratorio, por lo que eramos solo nosotras dos, de lo contrario hubiera sido más difícil. —Aclaró Rika con calma, aunque su expresión lucía bastante más seria de lo normal—. Desafortunadamente, no fuimos lo suficientemente inteligentes cómo para destruir todas las muestras en ese mismo instante.
—¿Te refieres a esas vacunas extrañas? —Takashi preguntó con suma curiosidad.
—Lo sabía... —Todos miraron a Saya con gran confusión.
—Cómo sospecha su amiga, esas vacunas extrañas eran el portador de lo que convirtió a todos en un ser irreconocible. Su nombre es Rhabdovi Orhotoxia, o si quieres un nombre menos científico, puedes llamarlo "Síndrome Sangriento". —El silencio volvió a instalarse tras la aclaración de Ai, aunque en esta ocasión se sentía increíblemente frío y hostigante.
—¡¿Cómo es posible que el gobierno haya hecho una estupidez cómo esta?! ¡¿Acaso no les da vergüenza haber sido partícipe de esto?! ¡Todo Japón está hecho un desastre por culpa de ustedes!—Rei se puso de pie y chilló solo cómo ella sabe hacer, haciendo que las dos mujeres se sintieran un poco mal.
—Rei, cierra la boca. —Saeko la fulminó con la mirada, a lo que ella solo se sentó con suma indignación—. Antes dijeron que querían eliminar las muestras, ¿por qué no lo hicieron?
—Nos dieron la orden de amontonarlas para su extracción. Nunca sospechamos que cierto idiota hambriento de poder lo utilizaria para sus propios beneficios. —Aclaró Ai con clara molestia en su tono.
—¿Saben quién estuvo detrás de esto? —Takashi preguntó al instante.
—Oooh, por supuesto que sí. Ustedes conocen a su hijo muy bien. —Aclaró la científica con claro veneno en su voz.
—¡¿Estás hablando del imbécil de Shido?! —Rei prácticamente saltó de su asiento para insultar a su profesor.
—Por lo visto, no le tienen muy buena estima... —Aclaró Rika con una leve sonrisa—. Cómo saben; su padre, Ichiro Shido es el Ministro de Tokonasu, y también candidato a Primer Ministro. Digamos que las próximas votaciones aseguraban una clara desfavorabilidad en su contra, por lo que usó el proyecto desechado y sobornó a una gran cantidad de soldados para que entregaran "suministros" o "pruebas" a las demás instituciones gubernamentales. Evidentemente, su plan no funcionó debido a circunstancias desconocidas y el virus se regó cómo pólvora en todo el país. En pleno brote pandémico hubo una gran guerra entre las fuerzas restantes del país contra los corruptos. Ambos bandos terminaron devastados en tan solo una noche, pero Ichiro salió vencedor.
—Tengo dos preguntas: ¿Cómo sabes todo eso, y por qué no hubo una noticia acerca de ello? —Comentó Saya con varias dudas.
—La segunda respuesta es más que obvia. Y en cuanto a la primera... —Ai se quitó una parte de su bata y expuso su hombro vendado—. Nosotras luchamos contra los corruptos hasta el final.
—Sobre el final solo quedaban unas pocas fuerzas políticas. Todos intentaron escapar por aviones, pero la oposición se encargó de derribar a todos... —Rika iba a seguir hablando, pero se detuvo al instante tras notar la mirada trastornada de su amor secreto.
—Ellos... ¿qué? —Los puños de Hirano se apretaron con tanta fuerza hasta el punto de hacerse daño, algo que preocupó mucho a las dos chicas que lo rodeaban.
—¿Qué sucede, Hira-kun? —Rika acarició su cabeza con amor para intentar calmarlo.
—Su familia estaba en uno de esos aviones. —En esta ocasión, Saya pasó por alto el gesto de su rival de amor y se centró únicamente en consolar a su pareja.
—Oh, por Dios... —Yuriko no pudo hacer otra cosa que cubrirse la boca con gran angustia.
—Quizás no sirva de mucho, pero nos aseguramos de derribar a todos, uno por uno. —Rika declaró con sumo pesar.
—Ichiro... ¿Aún sigue vivo? —Hirano fijó su mirada en Rika, y la soldado no tuvo otra opción más que sorprenderse al ver cómo la furia y el odio aparecían en su rostro por primera vez.
—Desafortunadamente, fue uno de los pocos que logró escapar. —Aclaró Rika con claro fastidio en su rostro al no haber sido capaz de neutralizarlo.
—Entonces, aún no están todos. —Declaró Hirano con una expresión sombría.
—Déjame darte un consejo: está bien que quieras vengarte, pero no dejes que ese sentimiento te controle o terminarás perjudicando a todos. —Ai afirmó sin rodeos, ya que entregar condolencias no era lo suyo.
—Lo tendré en cuenta. —El rostro de Hirano se suavizó notoriamente tras esas palabras, aunque claramente se lo veía muy triste, por más que intentara ocultarlo.
Algo como eso era imposible ocultar.
—¿Hay algún otro superviviente a parte de ustedes dos en esta ciudad? —La pregunta de Saeko hizo que todos volvieran al tema principal.
—Lamentablemente no, pero podemos asegurar que ellos también quedaron extremadamente limitados en cuestión de fuerzas. Ichiro está aislado y lo más seguro es que sus fuerzas restantes aún siguen luchando a lo largo del país contra la resistencia, por lo que es imposible que reúna sus fuerzas en un corto plazo suponiendo todas las trabas que eso conlleva. —Ai fue quien aclaró el asunto, ya que Rika se encontraba muy centrada en consolar a Hirano.
—¿Entonces eso quiere decir que en estos momentos es completamente vulnerable? —Se preguntó Takashi mientras se frotaba el mentón.
—Lo mejor sería que no lo subestimaras. —Ai respondió con ojos entrecerrados—. Es cierto que es un gordo cobarde y un idiota, pero por algo llegó a ser MInistro de Tokonosu. Lo que tiene de cobarde lo compensa con su astucia retorcida, y lo que tiene de idiota queda camuflado por su labía venenosa.
—Hum, Oni-sama... —Alice se mostró algo tímida tras la interrupción, a lo que todos la miraron—. No es que quiera ser quisquillosa ni nada, pero ya terminé de comer. Me gustaría salir a jugar en el patio, ¿puedes acompañarme?
La inocencia de la niña hizo que una sonrisa apareciera en todos.
—Puedes ir, de todas formas no hay ningún otro dato relevante de qué hablar. —Aclaró Rika con algo de felicidad al ver que Hirano se encontraba un poco mejor gracias al comentario de la niña.
—Vamos, Alice. —Takashi se puso de pie y Alice saltó del regazo de Shizuka con Zeke entre sus manos.
—¡¿Oíste eso, Zeke?! ¡Podremos correr en un lugar libre de monstruos! —Exclamó la niña con suma felicidad, y el perro le respondió con un ladrido feliz.
Todos se rieron ante tal acto, a excepción de dos personas: la primera era Saya, quien ahora sí lucía notoriamente molesta por el acercamiento excesivo de Rika hacia su novio, y la otra era Ai, aunque sus motivos eran muy diferentes.
La mirada analítica de la científica recayó sobre los vendajes del canino, a lo que no pudo evitar alzar una ceja.
Takashi se encontraba jugando con Alice al tenis en el patiotrasero, aunque no había una cancha cómo tal. De todas formas, eso estaba lejos de ser una limitación, ya que el sector era bastante amplio, realmente grande, jodidamente largo... ¿Ya dije amplio?
Mientras tanto, Yuriko y Rei estaban hablando en la mesa exterior que posaba debajo del tinglado que conducía al comedor; sus miradas ocasionales recaían sobre la niña y el adolescente.
Shizuka se encontraba en una de las tantas habitaciones haciendo lo suyo, dándole unos cuidados más profesionales a Hisashi ahora que tenía la oportunidad y, sobre todo, el tiempo suficiente.
Saya se encontraba en el último piso de su espaciosa mansión, el ángulo que proporcionaba la ventana le permitía ver con claridad no solo cómo Alice y Takashi se divertían, sino también cómo Saeko entrenaba desde el segundo piso del gimnasio personalizado, que era una construcción aparte.
—Todavía me resulta increíble que tengan un laboratorio personal tan elaborado. Supongo que fue idea tuya, ya que tus padres no eran muy aficionados a la química. —Aclaró Ai, quien se encontraba en el centro de la habitación en frente de una larga mesa que tenía una gran cantidad de componentes científicos.
Saya no dijo nada al respecto en un inicio, solo atinó a observarla con cierto detenimiento.
—¿No te duele? —La pregunta finalmente llegó, y en un principio Ai se vio algo sorprendida, pero rápidamente se dio cuenta de que su bata estaba algo ensangrentada en el sector de su hombro.
—Los analgésicos hacen un gran trabajo, no te preocupes. —Ai se cubrió el sector de manera inconciente, balsueando ciertas cosas de ser un idiota por no dejar que Rika la ayudara a saturar.
—¿Cómo lograron escapar? Por lo que tenía entendido, el aeropuerto estaba lleno de militares. —Preguntó Saya, acercándose a ella.
—Rika puede ser una jodida descerebrada, pero tiene una puntería asquerosamente precisa. Gracias a ella es que no necesitamos acercarnos mucho al aeropuerto. Pero ellos no dejaban de ser militares, solo era cuestión de tiempo para que supieran de dónde venían los tiros. —Explicó la científica mientras acariciaba amistosamente a Zeke, quien parecía bastante feliz después de recibir varios sedantes que neutralizaban su dolor.
—¿Los animales...?
—Dependen de la especie. —Ai contestó la pregunta de Saya antes de que siquiera pudiera formularla—. Hicimos muchas pruebas con animales, todos fracasaron. Todos, hasta que probamos con un gorila...
El silencio posterior de Ai dejó muy en claro que los recuerdos siguientes no eran muy agradables.
—¿Por qué hicieron algo así? —Saya desvió un poco el tema por respeto mientras acariciaba las orejas de Zeke.
—Buscábamos crear "Superhombres": alguien que sea inmune al dolor y al cansancio. Utilizamos diferentes tipos de enfermedades para mutarlas, en especial las de origen infecto-contagioso. Desafortunadamente, los diferentes accidentes en los laboratorios hizo que el gobierno dejara de patrocinar el proyecto, por lo que el resultado final es lo que estás viendo: un nuevo virus artificial creado desde los componentes más tóxicos de varias enfermedades biológicas, en especial la rabia.
—Eso significa que mis sospechas no estaban muy erradas después de todo... —Pensó Saya en un pequeño susurro.
—Por cierto, quiero pedirte perdón por compararte con tu padre. —Las disculpas sorpresivas hizo que Saya la mirara con ojos ensanchados—. Sé muy bien que Yuriko la pasó muy mal por sus constantes infidelidades, y teniendo en cuenta su papel cómo esposo estoy segura que tampoco fue muy buen padre.
—Bueno, no estás muy errada... —Comentó Saya con una ligera sonrisa—. ¿Sabes algo? No eres tan mala cómo pensaba.
Ai se vio en la necesidad de hacer un pequeño esfuerzo para no reírse.
—Me recuerdas mucho a mi cuando era más joven, salvo por la estatura y tus globos de grasa exageradamente grandes. —La científica se tocó los pechos sin ápices de vergüenza, haciendo que el rostro de Saya se prendiera en llamas por la vergüenza y el enfado.
—¡¿Có-cómo te atreves?! ¡Retiro lo que dije hace un segundo!
—También me gustaba un chico algo gordito, pero nunca hice nada con él. Hablando de eso, ¿en donde está Rika? —Ai dejó sus pensamientos a un lado tras notar que su mejor amiga había desaparecido.
—¿Qué tiene que ver esa mujer con-? —De repente, los ojos de Saya se ensancharon cómo nunca antes y salió disparada del laboratorio antes de que Ai siquiera pudiera reaccionar.
—Debería ser científicamente imposible que un individuo pueda moverse a esa velocidad con unas piernas que no miden más de 60 centímetros...— Se replanteó la científica mientras ajustaba sus lentes.
Después de lo que habían sido dos días totalmente cargados de adrenalina y una gran cantidad de sentimientos; tanto buenos como malos, esta noche se acentuó para marcar un merecido descanso para el grupo. Y cómo sucede siempre, los momentos tranquilos son los que pasan más rápido, por lo que muchos apenas se habían enterado del paso de las horas.
Ahora las únicas tres personas que aún se encontraban levantadas circulaban por el largo pasillo que conducía a diferentes dormitorios de invitados.
—Supongo que te acuerdas de esta habitación, ¿no es así? —Yuriko indagó con su habitual sonrisa mientras rememoraba viejos momentos.
—Por supuesto, aquí fue donde dormía cuando venía de visita. —Takashi respondió con una expresión similar a la mujer.
—Lastima que dejaste de venir después de los trece. —Aclaró Saya, una leve sonrisa se plantó en su rostro tras recordar cómo hacían guerras de almohadas, en aquella época donde Hisashi y Rei aún no habían sufrido ese cambio tan radical en su personalidad.
—Aún recuerdo cómo los cuatro corrían por los pasillos en las primeras horas de la mañana, ¡eran tan pequeños y adorables! Ojalá nunca hubieran crecido.—Yuriko comentó con una clara nostalgia en su voz.
—No. Yo no cambiaría este presente por nada del mundo.
Las dos damas observaron a Takashi con cierta incertidumbre tras su respuesta inmediata.
—¿Tierra llamando a Idiotakashi? ¿Ya te olvidaste que nuestro país está en la mierda? —Saya se reeplanteó si su amigo podía ser más idiota de lo que creía, algo que resultaba realmente improbable, ya que era dificil ser más idiota según su logica.
—¿Qué? No, espe-por supuesto que no me olvide de lo que está pasando, so-solo me refería ha...
—Olvidalo. Estos días han sido realmente largos y necesito por lo menos unas 12 buenas horas de sueño. —Saya se dio la media vuelta y se dirigió a su dormitorio sin mediar más palabras.
—Si vas a dormir con Hirano no hagas tanto ruido como la última vez. —El comentario de Takashi hizo que Saya se tropezara al mismo tiempo que su rostro explotaba de un color rojo, como si se tratara de un volcán en erupción.
—¡¿Nos-nos-nos escuchaste?! —Saya miró hacia atrás de una manera dramática, como si hubiera sido descubierta haciendo el mayor crimen del mundo.
—Antes de que se vayan a dormir, necesito hablar con ustedes acerca de algo importante. —El tono inusualmente serio de Yuriko hizo que los dos amigos la miraran con suma intriga—. En la mañana estuve hablando con Rei, me dijo que tuviera mucho cuidado con esa jovencita, ya saben, la hija de Busujima.
—¿Qué te dijo? —Ambos preguntaron al mismo tiempo, aunque el tono de Takashi se notaba más molesto que el de Saya.
—Dijo que en el exterior parece una persona tranquila y amable, pero en el fondo guarda una gran locura que en cualquier momento se disparará contra nosotros, en especial en mi hija. Insistió en remarcar que tiene una gran obsesión con Takashi y no dudará en matar a todas las mujeres que estén cerca de él cuando encuentre el momento justo para hacerlo. También dijo que es una sadica sin remedio, incluso rompió el brazo de un alumno de segundo grado sin mostrar piedad alguna. —Takashi y Saya se miraron entre sí tras escuchar semejante enjambre de sandeces.
—Mamá, no deberías creerle nada a partir de ahora. En especial si se trata de Saeko. —Saya comentó sin un ápice de duda.
—Entonces, ¿quiere decir que todo lo que me dijo es mentira? —Se preguntó una Yuriko bastante sorprendida mientras se posaba un dedo sobre sus labios.
—No del todo. Es cierto que rompió el brazo de uno de mis compañeros, pero si no lo hacía. lo más probable es que ese tipo me lo hubiera roto a mi. También tiene un temperamento bastante fuerte, pero solo lo demuestra si te metes mucho con ella. —Takashi explicó con lujo de detalles, recibiendo un leve asentimiento cómo respuesta.
—Ya veo... ¿qué le habrá pasado a Rei para convertirse en una señorita tan mentirosa y rencorosa? —Yuriko no pudo ocultar su tono cubierto de decepción.
—En parte fue a causa de este idiota. Pero bueno, hay una gran diferencia entre ser la causa y ser el culpable. —Aclaró Saya, por fin levantándose del suelo.
—¡Era solo un niño, no es mi culpa que tuviera vergüenza de pedirle a Rei que seamos novios! —Exclamó Takashi con un rostro cómico.
—Ara, ara... —Yuriko se rodeó de un aura que solo irradiaba misticismo—. ¿Rei no estaba con Hisashi?
—Si. —Saya respondió, y Takashi asintió.
—¿Entonces odia a esa linda jovencita por robarse su verdadero interés amoroso?
—Si. —Saya volvió a responder, y Takashi volvió a asentir.
—Exacto... ¡que no! —El rostro del castaño se volteó dramáticamente hacia la enana tras negar lo que era obvio.
—Takashi, alguno de ustedes dos podría morir mañana, ¿por qué mejor no aceptas que se te cae la baba por ella? Ya no eres un niño para poner excusas. —Aclaró Saya, alguien que, en realidad, no era la persona más correcta para decir eso.
—Mejor me voy a dormir. —Takashi la ignoró sin más.
—Si, porque te conviene... —Disparó Saya con ojos entrecerrados.
Cuando Takashi cerró la puerta, una pequeña sonrisa se disparó en su rostro.
—Lo siento, pero todavía no puedo decírtelo. —Dicho esto, Takashi se recostó sobre la puerta y esperó un par de minutos, hasta que finalmente se aseguró que no se escuchaban sonidos en el exterior.
Takashi abrió la puerta con el mayor sigilo posible y se desplazó en la oscuridad del pasillo sin hacer el mínimo ruido. Finalmente, su huida silenciosa se detuvo frente a una puerta que en un principio iba a golpear, pero después se replanteó si eso era lo mejor. Después recordó todo lo que hizo la noche anterior, por lo que realmente no importaba si veía algo de más.
Ni bien abrió la puerta pudo darse cuenta que lo estaban esperando, ya que la luz del pequeño y único mostrador que estaba junto a la cama matrimonial estaba encendida, y en ella se encontraba Saeko, quien lo esperaba sentada.
—¿No te acostaste todavía? —Preguntó Takashi en un susurro tras cerrar la puerta con cuidado, haciendo alusión a que aún traía su ropa puesta.
—Sabía que vendrías, por eso no lo hice. —Saeko palmeó a su lado en una invitación para que se sentara junto a ella.
—Sabes, tenemos que hablar de... —La voz de Takashi se apagó de inmediato al sentir como el rostro cálido y hermoso de la mujer que tanto amaba se recostaba contra su hombro con mucho cariño.
Después de admirarla por un par de segundos, Takashi finalmente reaccionó y comenzó a acariciar su cabello, lo que amplió la sonrisa de la mujer que estaba cautivada por él.
—¿De qué quieres hablar? —Saeko abrió uno de sus ojos, haciendo que Takashi se pusiera un poco serio, pero eso estaba lejos de hacer que su acción se detuviera.
—Rei está divulgando rumores malos sobre ti.
—Hum, ya veo... —Saeko comenzó a girar su dedo alrededor de sus pectorales—. ¿Quizás debería darle una lección?
—No es necesario, ya aclaramos todo con Saya. —Aclaró Takashi al instante.
—Bien, ¿entonces podemos ir directo al grano? —Una vez que ella dijo eso, Takashi sintió cómo su mano presionaba con aún más fuerza sobre su pecho hasta tirarlo sobre la cama.
—Espe... —El castaño no pudo decir ni siquiera una palabra, ya que Saeko le había robado un beso.
Pero no era cualquier beso, ella estaba empecinada para que durara una eternidad. Así lo dio a entender cuando se sentó a horcajadas sobre su cintura sin tener la necesidad de separar sus labios sin importar todos los movimientos que estaba haciendo.
Sus labios por fin se apartaron con el sonido distintivo de un chupón, sus bocas aún estaban unidas por un pequeño hilo de saliva.
—¿Desde cuándo eres tan agresiva? —Takashi le preguntó con genuina confusión.
—Estoy segura que no es la primera vez que me haces esa pregunta, y también estoy segura que conoces muy bien la respuesta. —Saeko respondió con completa sinceridad, aunque dicha sinceridad tenía un ápice de picardía oculta.
—Pensé que solo eras insaciable cuando desenvainabas tu katana, pero veo que me equivoqué. —Comentó Takashi con cierta gracia, tomando la cadera de su mujer con ambas manos.
—Ni siquiera sabía que tenía este lado hasta que acepté mis sentimientos por ti. —La cintura de Saeko se deslizó hábilmente hasta la entrepierna de Takashi y acercó su rostro lo suficiente cómo para que sus labios entraran en un constante roce—. Eso quiere decir que este calor, y estos deseos que invaden todo mi cuerpo son culpa tuya, por lo que debes asumir la responsabilidad.
El tono de Saeko se deslizó sobre los labios de Takashi de una manera bastante lenta y mortalmente sensual.
Incluso Takashi se avergonzó un poco, porque acababa de descubrir que su amante podría ser tan candente como los rayos del sol si se lo proponía.
Si, ella estaba realmente caliente al tacto en estos momentos, y sabía que debía escoger sus siguientes palabras con cuidado para no ofenderla.
—Aunque me gustaría hacerlo, mañana tenemos que levantarnos temprano. —Takashi la apartó un poco, a lo que Saeko se desconcertó.
—¿Pero no podemos hacerlo ni siquiera una hora? —Los ojos de Saeko se iluminaron en busca de respuestas.
—¿Una hora le parece poco? Bueno, no me extraña después de lo que hicimos ayer...—Se planteó internamente, pero dejó esos pensamientos para después—. Ayer no dormimos toda la noche, prácticamente llevamos como 36 horas despiertos. Necesitamos descansar bien para mañana o vamos a estar muertos.
—Solo cinco minutos. —Saeko ahuecó su rostro sobre el hombro de Takashi tras la declaración.
—¿Cinco minutos? Mientras solo sea eso, está bien... —Takashi se mostró algo indeciso, pero al final decidió no decepcionar a su amada y respondió a su abrazo.
Una pequeña risa emergió de los labios de Saeko justo antes de que le entregara un corto beso, y entonces las siguientes palabras surgieron de sus dulces labios:
—Te amo.
¡FINAL DEL CAPÍTULO!
(O NO)
¡Espero que lo hayan disfrutado!
Antes de despedirme, quiero agradecer a Lucario por seguir siendo miembro a pesar de mi irregularidad bastante marcada en estos últimos meses. Gracias a él es que tendremos tres capítulos más de esta historia, y prometo que será cómo antes, así que la espera no se extenderá a más de tres días.
Lo más seguro es que el próximo capítulo también sea tranquilo, siempre y cuando no te moleste leer lemon. De lo contrario, solo será un capítulo más corto para ti. Y como siempre digo respecto a esos capítulos, habrá avisos para aquellos que no les guste la escena 18 puedan saltearla.
Sin nada más que agregar, me despido.
¡Nos vemos en tres días!
Los ojos muy cansados de Takashi se abrieron con una pesadez pocas veces vista en sus párpados. El castaño apenas encontró las fuerzas suficientes para dar un gran bostezo, y ese gesto hizo que algo a su lado se moviera.
Takashi bajó un poco su cabeza y allí se encontraba Saeko completamente desnuda, sus pechos estaban casi expuestos en su totalidad, pero el hecho de que tuviera su rostro recostado tan plácidamente sobre su pecho hizo que sus partes más privadas no fueran reflejadas por ese pequeño rayo de luz mañanero que se infiltró hábilmente entre la apertura de las dos cortinas.
Takashi no tuvo otra opción más que volver a colocar su mano sobre la cabeza de su amante, algo que se ganó una leve sonrisa de Saeko que aparentemente estaba teniendo buenos sueños.
Al final, un suspiro surgió de los labios de Takashi cuando sus ojos agotados volvieron a enfocarse en el techo.
—Sabía que no serían 5 minutos...
