Sesshoumaru llegó al palacio nórdico de madera y piedra de su madre, un museo más que un hogar. Izayoi ya no estaba ahí, por fin se había regresado a Japón al lado de su padre.
—Madre.
—Hijo.
Fueron los parcos saludos que se dieron para luego sentarse a platicar sobre los descubrimientos que él hizo.
—Hum... pues muy interesante, no leí tu investigación la verdad, pero leí lo principal que sacaban en los periódicos y se menciona a una chica que te ayudó a resolver todo, es la famosa Rin, ¿verdad? —Su mamá preguntaba mostrando más interés en el esmalte de sus uñas que en él.
—Para haberte divorciado de mi padre, siguen teniendo demasiada comunicación…
—Solo lo concerniente a mi querido hijito, —hizo una mueca fingida de madre preocupada —me sorprende que de la noche a la mañana tú y Kagura dieron vuelta a la página después de 6 años, bueno al menos no estaban casados ni tenían hijos, en eso superaste un poquito a tu padre, yo creo que…
—Ya me voy a descansar —Sesshoumaru se levantó de la mesa dejando el té a medio beber.
—¡Oye no huyas! ¿Cuándo me vas a presentar a tu nueva novia?
A la mañana siguiente a las 8 am en punto marcó al celular de Rin, pero la llamada no entraba. Estando tan lejos no podía hacer nada, trató de tranquilizarse y plantearse escenarios catastróficos; ¿qué es lo peor que podría pasar? Que los papás se la llevaran a Canadá a la fuerza, pero él era el mejor detective de todo Japón, estaba seguro de que podía encontrarla en un país de primer mundo como ese. A lo mejor por eso ya no entraban las llamadas.
Los días siguientes dio algunas entrevistas en Suecia y se encontró con amigos y familiares.
El 9 de julio dio una conferencia pública, donde, para sorpresa suya y la de su madre, Kagura se acercó al final de ésta, llevando en brazos a un bebé, atrás de ella caminaba un hombre sueco.
—Como siempre, un trabajo excepcional, Sesshoumaru. Lamento no haberte avisado de mi repentina desaparición, solo vine a devolverte esto… —extendió la mano y Sesshoumaru lo recibió, era el pesado y frío anillo de compromiso —Quiero que sepas, que no eres el genio que crees ser, tu teoría del amor es la cosa más estúpida y absurda que escuchado en toda mi vida, pero gracias a dios, encontré un hombre que me abrió los ojos y por fin estoy plenamente disfrutando mi vida, espero que algún día te des cuenta de tu error y vivas libre de prejuicios. —Kagura dio media vuelta y antes de que pudiera alejarse por completo, su madre habló.
—¡Vaya, a mí no me va a regresar mis peines de plata, la osadía! —Kagura ni se inmutó y continuó caminando hacia la salida del recinto.
La semana siguiente dio un recorrido por otros países europeos, el público fue completamente diferente al japonés a pesar de haber diferencias específicas en cada país. En España lo interrumpían a media explicación preguntando y dando opiniones en un inglés marcado, en Alemania se esperaban a que acabara de hablar para cuestionarlo y dar sus fuertes opiniones. En Francia se acercaban a él a darle la mano y a invitarlo a beber vino y a diferentes eventos en el futuro. El día 14 estaba por dar una plática en Finlandia, cuando se le ocurrió una idea.
—Inuyasha, necesito un favor.
—¿Está bien Rin? —Consternado ante la llamada, su hermano preguntó.
—¿Cómo sabes que es sobre Rin?
—¡Solo me pides favores cuando se trata de ella!
No tenía como negar eso —Te voy a mandar el nombre de sus padres, necesito que me averigües si ella y los padres salieron del país.
—¡No sabes dónde está Rin! —gritó Inuyasha, obligándolo a alejar el celular de su oído y colgar. Lo último que necesitaba era el reproche de su hermano.
A la mañana siguiente recibió la llamada del inútil —Los padres salieron del país, pero no hay registros de que Rin haya dejado Japón.
—Entendido. —Sesshoumaru colgó sin dar más explicación, su mente repasaba todas las posibilidades de por qué Rin seguía en Japón sin contestar el celular. Cambió su vuelo de regreso para llegar directamente al aeropuerto de Osaka. El 17 de julio salió del aeropuerto e Inuyasha ya estaba afuera esperando por él en su patrulla.
Manejaron a casa de Rin; él en un silencio sepulcral y su hermano dándole incesantes palabras de aliento.
Llegaron a Kitasenri y se bajaron a inspeccionar la casa. Estaba vacía.
Sesshoumaru respiraba hondo tratando de oxigenar su cerebro como si esto fuera una investigación normal de trabajo y evitar que sus sentimientos nublaran su mente. Se dirigió a la puerta del vecino y tocó el timbre.
—Sí diga.
—Policía, me gustaría hacerle unas preguntas —habló seriamente. El vecino salió de inmediato al tratarse de una figura de autoridad —¿Vio algún movimiento extraño por parte de sus vecinos los Noto, recientemente?
Inuyasha llegó atrás de él y se dispuso a tomar nota.
—Oiga, ¿que no es usted el nuevo comandante perro, Takahashi Sesshoumaru? —El vecino señalo su cabello platinado.
—¿Puede contestar la pregunta por favor? —Insistió él.
—Ahm sí, perdón, pues... no recuerdo las fechas, pero llegaron de la nada los vecinos y comenzaron a sacar un montón de muebles y cosas, estuvieron haciendo eso como una semana…. A y también tenían dos perros atados en el jardín. Hum… y luego, creo que el mes pasado o principios de éste hubo un día muy ajetreado, primero escuché muchos gritos de una mujer, me asomé para ver el alboroto y llegó una camioneta que se llevó a los perros, luego vino una ambulancia que se llevó a la hija menor, la sacaron ya inconsciente.
—Sesshoumaru... —susurró Inuyasha atrás de él.
Él estaba en pánico, sin decir nada más se subió al carro. Su hermano agradeció al vecino y también subió, pero esta vez de copiloto. —Oye, yo sé que te está llevando la chingada, pero cálmate, primero hay…
—¡Cállate Inuyasha! ¡No puedo escuchar mis propios pensamientos por tu culpa! —Inuyasha cerró la boca y Sesshoumaru prendió el auto —Busca los refugios de animales más cercanos.
Los ojos de su hermano se abrieron como platos, seguro iba a protestar que porqué primero no buscaba a Rin, pero él sabía que Rin nunca le perdonaría si algo le pasaba a Ah-Un, tenía que recuperarlos antes de que alguien los adoptara o les aplicaran eutanasia. Por primera vez agradeció al cielo que los índices de adopción de mascotas fueran extremadamente bajos en Japón, estaba seguro de que nadie iba a adoptar a ese par de perros enormes.
En el segundo refugio de animales que visitaron encontraron a Ah-Un. Como los chips de los perros estaban a nombre de Noto Rin, Sesshoumaru los tuvo que adoptar ahora bajo su propio apellido, así que técnicamente ahora Takahashi Ah y Takahashi Un eran su responsabilidad. Después manejó a casa de Kagome para dejar ahí a los perros.
—Oye, pero yo no sé si en el departamento acepten perros… —Inuyasha protestó en voz baja.
—Ah y Un no ladran a menos que se les ordene, nadie se dará cuenta.
—Bueno y ¿ahora? Obviamente no nos van a dar información en los hospitales por la política de privacidad.
—Llama a Kagome, que averigüe en dónde trabajaban los padres de Rin o los hermanos.
—Pero ella está trabajando —Se quejó Inuyasha, pero al ver la cara de asesino de Sesshoumaru, le habló a su novia —dijo que cuando acabe de atender a los bebés de cuidados especiales se pone a averiguar.
Esa noche él se quedó en el departamento de su hermano esperando a que Kagome regresara.
Estaba sentado en el sillón acariciando la cabeza de Un, quien dormía plácidamente—¿Y no te piensas casar con Kagome? ¿Piensan pagar renta por siempre? —Sesshoumaru preguntó de la nada, como si su mente tratara de obligarlo a pensar en otra cosa que no fuera quemar todos los hospitales de la prefectura.
Inuyasha estaba tratando de recuperar su chancla de los colmillos de Ah —¡Ugggg maldito perro! Hum pues sí, pero justo cuando compré el anillo pasó todo esto de los Genin y ahora no sé si Osaka es un buen lugar para vivir… después de ver tu investigación, estaba pensando en mudarme a Tottori y ser policía de koban jajaja que bajo he caído… ¿y tú?
—Me voy a llevar a Rin a Suecia y trabajaré de investigador privado.
—¡Qué! ¿Vas a dejar el sueño de tu vida? Pero tú eres el policía número uno, creí que buscabas la supremacía…
—Me gusta investigar, no me importa si no es en Japón, quizás hasta pueda meterme a la policía sueca, son solo 2 años y medio de entrenamiento.
—Rayos, sí que te pegó duro el amor.
—Cierra el hocico.
A los pocos minutos llegó por fin Kagome. En lo que su hermano hacía la cena, Kagome le explicaba lo que encontró —Ellos trabajaban en este hospital —le entregó una hoja de papel con la información —y conseguí los teléfonos y correos para consulta, marqué, pero obviamente los del hospital me dijeron que esos médicos ya tenían más de un año que ya no trabajaban ahí, aunque quizás tengas suerte si mandas un e-mail a alguno de estos correos. También encontré el laboratorio donde trabajan los hermanos, pero déjame marcar mañana para ver si puedo conseguir información so pretexto de una investigación médica.
Sesshoumaru mandó correos, pero al cabo de 3 días, ninguno de los correos fue contestado, sin embargo, Kagome sí consiguió la extensión del área donde trabajaba específicamente uno de los hermanos, así que él lo llamó. —¿Buen día, es usted Noto Junichi? —habló en japonés para que el hermano se sintiera en confianza.
—Sí, él habla.
—Disculpe que me comunique con usted tan abruptamente, hablo del banco Mitsubishi, pero no encontramos el teléfono de su padre y en el número de contactos de emergencia encontramos este número —mintió, había visto incontables veces la tarjeta de crédito de Rin y recordaba que era del banco Mitsubishi.
—Ho entiendo, qué extraño que mi padre pusiera el número de mi trabajo, supongo que se confundió, ¿tiene dónde anotar? —El hermano le dictó el número de celular del padre, Sesshoumaru le agradeció y enseguida llamó al señor.
—Buen día, habla con Noto Yasunori.
—Señor Noto, ¿dónde está Rin? —La previa amable voz fingida de Sesshoumaru se transformó en su usual tono barítono amenazante.
—¡Quién es usted, de qué habla!
—No tengo idea de por qué usted y su esposa odian tanto a Rin, pero no permitiré que sigan abusando de ella, si no quiere que todo Canadá se entere que los doctores Noto son unos abusadores, le recomiendo que conteste mi pregunta.
—¡Está loco! Usted no tiene ningún derecho a meterse en nuestras vidas, llamaré a la policía si sigue acosando a mi familia.
—No tendré el derecho aún, pero soy Takahashi Sesshoumaru el nuevo Inu no Taisho y creo que usted conoce muy bien el alcance de mi poder —amenazó.
El hombre se quedó callado un momento y luego confesó —Está en un hospital psiquiátrico.
Sintió el impulso de lanzar el celular por la ventana, pero tomó aire —Seré breve. Usted va a tomar el siguiente vuelo a Japón que esté disponible y va a sacar a su hija de ahí.
—No sé realmente por qué un hombre como usted está interesado en algo como ella… pero creo que, si usted está dispuesto a hacerse cargo de Rin, entonces lo haré. Nada más que como se habrá dado cuenta, acabo de gastar mucho dinero para mudarme a Canadá, no tengo dinero para otro vuelo a Japón…
—Mándeme sus datos y yo le mandaré el boleto de avión.
Sesshoumaru se tranquilizó un poco al saber que al menos Rin se encontraba en algún hospital psiquiátrico de la ciudad, nunca había ido a uno, pero, aunque Japón en el ámbito psicológico estuvieran por los suelos, estaba seguro de que no sería un manicomio de 1800…
