Nota: Este capítulo está ligeramente basado en lo que me contó una conocida japonesa que estuvo encerrada en un hospital psiquiátrico por 3 meses, debido a un brote psicótico. También me base en los comentarios de hospital Sawa… que sí existe, no recomiendo leerlos la verdad. La realidad es muchísimo peor que lo que describí aquí.
*Ijime: bullying japonés, donde un estudiante pone a la clase entera contra un solo individuo, como en Japón nadie quiere sobresalir del resto, el grupo acepta hacer bullying o simplemente no interferir contra el abuso hacia un solo individuo.
El viernes 23 de julio Sesshoumaru estaba sentado en la sala de "Llegadas" esperando el arribo de su futuro suegro en el aeropuerto de Narita. Muchísima gente pasaba al lado de él viéndolo con asombro, algunos hasta se atrevían a tomar videos de él discretamente. Pero Sesshoumaru internamente estaba librando una batalla contra sus inmensas ganas de asesinar, se repetía una y otra vez, que se trataba del padre de Rin y debía ser lo más ecuánime posible, sobre todo si quería recuperarla sana y salva.
El padre le mandó un mensaje de que había pasado migración, así que fue a su encuentro. Se topó con un hombre alto, calvo y de mirada cansada que le saludaba con una reverencia. Su porte en general era de sumisión.
Todavía faltaban unas horas para el siguiente vuelo rumbo a Osaka, así que no le quedó de otra que tomar un café con su futuro suegro.
—¿Porque odian tanto a su hija? —Fue lo primero que le soltó una vez que les sirvieron el café.
—Yo no la odio, es solo que… son cosas de familia.
—Pues comience a hablar, porque una vez que recupere a Rin, vamos a ser familia. Además, soy el mejor investigador del país, le estoy dando chance de que usted me cuente su versión, antes de que averigüe todo por mi cuenta.
El hombre abrió los ojos asombrado, para después bajar la mirada y exhalar pesadamente. De un solo trago se tomó la mitad del café —Rin no es mi hija.
Bueno, eso sí que no se lo esperaba, aunque ahora tiene más sentido por qué no la trataban con cariño —¿Es adoptada? —preguntó.
—No realmente, es hija de mi esposa Kumiko, ella me fue infiel con un compañero de trabajo, el ginecólogo Nakata Bankotsu. Al principio creí que era mi hija, pero luego rumores de infidelidad circularon por el hospital, con todo y fotografías… confronté a Bankotsu y él me confirmó ser el verdadero padre de Rin. Entonces le exigí a mi esposa la verdad y ella confesó que amaba a Bankotsu pero que él la dejó en canto supo del embarazo. Le pedí el divorcio y bueno pasamos por unos años horribles de peleas constantes, hasta que mis hijos comenzaron a hacer ijime* a otros compañeros de la escuela, por lo que nos habló el director y nos pidió que mejoráramos la situación en casa, así que decidí perdonarla, pero ya no viviríamos como pareja, o sea yo también tendría amantes y solo viviríamos juntos por nuestros hijos.
Sesshoumaru se quedó callado, era de lo más común escuchar este tipo de historias en Japón donde las definiciones de infidelidad y amor eran demasiado ambiguas.
—Rin siempre fue una niña muy dulce conmigo —continuó el padre —y no entiendo por qué, pero Kumiko la odiaba, quizás la veía con celos porque creía que yo le prestaba más atención a Rin que a ella, o quizá porque por culpa del nacimiento de Rin, la reputación de mi esposa se había ido al caño junto con nuestro matrimonio. O quizás porque Bankotsu no dejó a su esposa por Kumiko. No lo sé, pero Kumiko la golpeaba constantemente, aunque a veces se arrepentía y de vez en cuando le regalaba algún dulce, quizás para redimirse.
—Y a usted le daba lástima y por eso pagaba todo lo que Rin pidiera.
—Pues sí, Rin me prestaba más atención que mis propios hijos, hasta sentí envidia de no ser su verdadero padre.
Sesshoumaru suspiró, a veces deseaba que la enfermedad de los Genin se originara por la idiotez humana, así se sentiría bien de matarlos a todos. Al poco rato anunciaron su vuelo y ellos abordaron el avión.
Una vez pasado el despegue él continuó el interrogatorio —¿Qué pasó cuando regresaron a Osaka el mes pasado?
—Uff... pues... —el padre se removió incómodo en su asiento —llegamos el 14 de junio a la casa y lo primero que Kumiko le dijo a Rin, o más bien le gritó, fue que qué hacían un par de asquerosos perros en la casa. Rin dijo que eran de ella y que de hecho nos tenía algo importante que comunicarnos, "No me iré a Canadá, viviré aquí en Japón por mi cuenta" dijo firmemente y Kumiko puso los ojos en blanco, le dijo que era una inútil y que acabaría de prostituta porque no sabía hacer nada, pero que hiciera lo que quisiera y que mejor así, una boca menos que alimentar. Seguido de eso sacó a los perros al jardín y los amarró en un árbol. Rin me devolvió mi tarjeta ese día y me pidió perdón por usar tanto dinero… sinceramente no fue mucho. Los siguientes días estuvimos haciendo trámites, cerrando cuentas de banco, vendiendo cosas…
Sesshoumaru sabía qué había sucedido en cada uno de esos días, porque Rin se lo reportaba por mensaje, aunque omitía la parte de los abusos por parte de su madre. Escuchó toda la letanía del señor sin prestar mucha atención hasta que llegó al día 29, cuando Rin envió los dibujos a su departamento.
—...estaba casi vacía, llevamos a Rin a que enviara una enorme caja de libros y dibujos por correo, pero entonces, su madre vio el destinatario e inmediatamente en frente de todos agarró el brazo de Rin enterrándole las uñas y le increpó sobre su relación con usted. Por si no lo sabe, su cara ya es conocida hasta en Canadá, ni que se diga de su nombre, me da vergüenza admitirlo, pero hasta mis hijos leyeron su tesis y se han declarado sus fanáticos.
Nunca imaginó el infierno que se desataría por su culpa, de haber sabido le hubiera pedido a Rin que enviara las cajas al departamento de Kagome —¿Qué sucedió después? —lo apuró a continuar.
—Cuando regresamos a la casa, Kumiko perdió la cabeza, me quitó mi cinturón y comenzó a golpear a Rin llamándola puta, yo la detuve y le pedí que le diera chance a Rin de explicar qué relación tenía con usted… ella dijo llorando que solo eran amigos; ahora veo que mintió —por primera vez el padre lo miró a los ojos con un deje de reproche.
—No mintió, solo somos amigos, pero justo cuando pretendía cambiar eso, me doy cuenta que ustedes desaparecieron a Rin —replicó. Estaba pensando seriamente en volar a Canadá y darle de cinturonazos a su suegra.
—Hum… bueno como sea, Kumiko no le creyó, dijo que era imposible que un hombre tan distinguido como usted se fijara en una inútil como Rin, que le dijera la verdad de cómo se conocieron y de qué modo le estaba sirviendo a usted, volviendo a llamarla puta una y otra vez. Finalmente, Rin se quebró y le gritó a Kumiko que desgraciadamente nunca se había acostado con usted, que la única razón por la que ella estaba a su lado era porque ella se convertía en Genin y podía retornar y que fue gracias a su caso y al de otro hombre que Takahashi Sesshoumaru había logrado descifrar el misterio. Entonces Kumiko, alarmada, encerró a Rin en su habitación. Habló al refugio animal, pidiendo que se llevaran a los perros y les aplicaran eutanasia por ser agresivos, Rin gritaba y lloraba desesperadamente tratando de abrir la puerta, para evitar que los perros fueran sacrificados. Luego Kumiko llamó una ambulancia y solicitó un traslado a un hospital psiquiátrico, reportando que teníamos a un humano que previamente se había transformado en Genin en casa…
El padre se espantó al ver su mirada llena de ira —¿Por qué usted no intervino, por qué usted se esfuerza tanto por fallarle a Rin si es la que más lo quiere? —Sesshoumaru le reprochó, estaba seguro de que si no se calmaba iba a arrancar el reposabrazos del avión.
—Yo... tuve miedo, tenía miedo de que Rin se transformara en un monstruo y me matara, creí que estábamos haciendo lo mejor para ella —el padre viró la cabeza hacia la derecha incapaz de seguir viéndolo a la cara.
Sesshoumaru llamó a la azafata y pidió un vaso de vino, al diablo, necesitaba alcohol —¡Qué pasó después! —exigió, la poca paciencia que tenía se había agotado.
—Pues llegaron los paramédicos, Kumiko abrió la puerta y antes de que Rin pudiera decir algo, le inyectaron un tranquilizante, durmiéndola al instante. Fuimos siguiendo a la ambulancia hasta el hospital Sawa. En cuanto la entregamos ahí, la amarraron y le pusieron un pañal…
Sesshoumaru se levantó de su asiento, no podía más, estaba a nade golpear a ese hombre, se encerró en el baño, no quería ni mirarse en el espejo, las manos le temblaban y la vista se le nublaba por las lágrimas.
En cuanto el avión aterrizó, le marcó a Inuyasha resumiéndole lo más importante en lo que salía el equipaje. Al salir del aeropuerto de Itami, su hermano ya estaba ahí en su patrulla esperándolos. Inuyasha le lanzó una mirada de enojo al padre de Rin, pero no dijo nada y subieron al auto. —Al hospital Sawa —dijo Sesshoumaru con voz rasposa.
Su hermano no dijo nada sobre su aspecto, aunque lo miró con preocupación —Kagome ya habló con su amigo psiquiatra y va a estar en el depa en unas horas para ayudarnos, no lo conoces, pero de hecho es el esposo de Sango, tiene poco que se casaron, es un doctor alegre y ha ayudado a muchas personas a salir adelante, así que Rin estará en buenas manos —Inuyasha le explicó para tranquilizarlo.
—Hm. —Asintió él y lo que quedaba de camino al hospital fue en completo silencio.
Cuando entraron a la recepción Sesshoumaru se quería morir, aquel lugar parecía una cárcel en lugar de un hospital. Además, estaba atiborrado de gente en estado zoombie. —¡Qué espera, saque a Rin de aquí ahora! —le gritó a su futuro suegro. El hombre asustadísimo solicitó la liberación de Rin. El papeleo estaba tardando horas, y ya no aguantó más, se adentró en el hospital, algunas enfermeras intentaron detenerlo, pero al reconocer su cara se echaron para atrás.
Caminando por los pasillos repletos de gente, se percató de que había varios pacientes encerrados en celdas diminutas, definitivamente una cárcel era más humana que este cuchitril, ya hasta estaba considerando meterles una demanda. Cuando entro al área B3 se topó con que la mayoría de los pacientes estaban hacinados en el piso atados de pies y manos, completamente drogados y traían pañal; el lugar olía a rayos. Se notaba que las personas no estaban bañadas en por lo menos una semana y entonces en una esquina la vio, con la mirada completamente perdida el pelo enmarañado y rastros de lágrimas y rasguños en sus mejillas sucias. Se acercó a ella sigilosamente tratando de no asustarla, pero Rin no reaccionó ni al verlo a los ojos.
La cargó y caminó hacia la salida. Un sequito de enfermeras le gritaban que se detuviera, una de ellas se atrevió a tocarlo y una sola mirada de él fue suficiente para que la maldita enfermera callera de nalgas completamente aterrada.
Cuando estuvo a punto de cruzar la puerta un hombre en bata le exigió que se detuviera —Oiga ese paciente es del ala B3, es un Genin que puede retornar, ¡sacarla de aquí pone en peligro a la población!
Antes de que él pudiera matarlo, Inuyasha intervino —El padre acaba de firmar la salida de la paciente así que no obstruya nuestro trabajo o lo voy a arrestar.
El médico al ver el uniforme de Inuyasha se echó para atrás y los dejó salir. Sesshoumaru acostó a Rin en el asiento trasero y cerró la puerta.
—Entrégueme todos los papeles de Rin y la bolsa con sus pertenencias —le exigió al padre extendiendo su mano. El padre entregó una carpeta, más el folder del hospital y la bolsa con ropa y celular de Rin que le habían quitado en el hospital —El boleto de regreso a Canadá sale en dos días, usted ya lo tiene en su correo, ¿cierto?
—Sí, así es.
—Bien, ¿necesita que también le pague el taxi al hotel donde se quedará hoy? —preguntó de forma irónica, ya nada más eso le faltaba.
—N...no, no, pero... me preguntaba si podría ver a Rin antes de irme a Canadá.
—No creo que su hija vaya a querer verlo después de lo cobarde que ha sido.
—Sí, tiene razón —el hombre bajó la cabeza sumisamente —Si algún día Rin logra perdonarme… bueno, usted sabe dónde vivimos, los gemelos la extrañan, a ellos no les dijimos en dónde encerramos a Rin, ellos creen que Rin está muy ocupada buscando trabajo y que por eso no les manda mensajes y…
—Me voy. —cortó la conversación del hombre, no entendía cómo es que se hacía la víctima, cuando nunca tuvo el valor para defender a Rin y ahora hasta se creía merecedor de su perdón…
—Sí, discúlpeme, por favor, cuide de Rin como yo nunca pude hacerlo.
—Como usted nunca quiso hacerlo —finalizó Sesshoumaru, subió de copiloto y cerró la puerta. Inuyasha también subió y arrancó el carro.
—Oye, ¿estas bien? —Su hermano lo miró de reojo mientras conducía rumbo al departamento, al no obtener respuesta, cambió de pregunta —¿Cómo era el hospital por dentro?
—Un campo de concentración —no había otra manera de describirlo, ni siquiera las cárceles eran tan inhumanas.
—No entiendo cómo un padre que es médico estaría de acuerdo en dejar a su hija en un lugar así —comentó incrédulo Inuyasha.
—Rin no es su hija biológica —Sesshoumaru le hizo un resumen de todo lo que el padre le contó.
