El Sunny se deslizaba sobre el mar tranquilo, mecido por la brisa que anunciaba su entrada al Nuevo Mundo. La emoción del viaje seguía en el aire, pero Luffy no podía ignorar la sensación persistente que lo incomodaba desde su estancia en la isla Gyojin.
No era la primera vez que Nami lo evitaba. Antes ya había hecho lo mismo, yendo de un lugar a otro del barco, buscando pretextos para no quedarse a solas con él. Pero esta vez no era igual. Antes parecía querer esconderse como si compartir espacio fuera demasiado para ella, pero ahora parecía debatirse entre querer decirle algo mientras que al mismo tiempo actuaba como si tenerlo cerca la irritara. Y eso era raro.
A lo largo del día, sin pensarlo demasiado, había buscado su compañía. Se acercaba a donde ella estaba, pero ella encontraba una excusa para moverse. Si se sentaba cerca, se levantaba con la excusa de buscar algo. Si entraba en la cocina, ella salía. No le gustaba.
En algún momento, su mente lo llevó a recordar algo.
El recuerdo fue tan nítido que casi podía sentir el aroma del té entre ellos. Había sido poco después de llegar a la isla Gyojin. Cuando llevó a Shirahoshi al bosque marino, Nami sostenía su taza bastante absorta conversando con Jimbe. Sin dudarlo, Luffy había tomado la taza de sus manos y bebido un gran sorbo. Ella no se inmutó. Solo lo dejó hacer, sin quejas, sin miradas de fastidio. En aquel momento no pensó mucho en ello. Pero tenía bastante claro que él era el único al que Nami permitía tomarse tales libertades. Por ello, se fastidió más aun notando que ahora ni siquiera le dirigía la mirada.
Ahora, en la cubierta del barco, Luffy ladeó la cabeza. Algo en su interior le decía que la forma en que lo evitaba ahora tenía que ver con ese tipo de momentos. Con cosas pequeñas que en su momento no le había dado importancia, pero que ahora parecían parte de un rompecabezas que aún no sabía cómo armar.
Brook comenzó a tocar su violín, llenando la cubierta de melodías relajantes. Usopp y Chopper discutían sobre qué clase de monstruos marinos podrían encontrar en su próxima travesía. Sanji preparaba algo en la cocina, y Zoro dormitaba recargado contra la baranda.
Pero Luffy apenas registraba el bullicio habitual de su tripulación. Sus pensamientos seguían volviendo a lo mismo. A Nami. A la tensión que no entendía. A la incomodidad que sentía cuando ella se alejaba.
No le gustaba pensar demasiado en las cosas, pero esta vez era imposible ignorarlo. Frunció el ceño, sentado en el mascarón del Sunny con los brazos cruzados.
Desde ahí podía sentir la presencia de Nami, que se había refugiado en el cuarto de navegación. Aunque no necesitaba haki para saberlo. Ella siempre hacía lo mismo, excusándose en su trabajo cada vez que intentaba ignorarlo a él.
Luffy soltó un bufido.
No entendía qué estaba pasando, pero tampoco tenía la paciencia para quedarse sentado y esperar a que las cosas se arreglaran solas.
Con un movimiento ágil, se puso de pie y caminó con paso decidido hacia la biblioteca. No tocó. Simplemente la abrió de golpe, como hacía siempre.
—¡Nami!
Ella se sobresaltó, girando rápidamente en su silla.
—¡Luffy! —exclamó, con evidente irritación—. ¡Toca antes de entrar!
Luffy no hizo caso.
Se quedó en el umbral, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—Oi, ¿por qué me evitas?
El ambiente cambió de inmediato.
Nami parpadeó, y por un segundo su expresión mostró una mezcla de sorpresa y nerviosismo. Pero solo duró un instante antes de que arrugara el ceño y volviera la vista a sus mapas.
—No sé de qué hablas —murmuró, fingiendo indiferencia—. Estoy ocupada.
Luffy no se movió.
—Siempre dices eso cuando no quieres hablar conmigo.
—Porque es verdad.
—Mientes.
Nami apretó la mandíbula.
—Luffy, en serio, estoy trabajando.
—No me importa.
Se acercó más, apoyando ambas manos sobre la mesa y mirándola fijamente.
—Si estás enojada conmigo, dímelo.
Nami exhaló un suspiro, aún sin mirarlo.
—No estoy enojada contigo.
—Entonces, ¿por qué no me miras?
El silencio que siguió fue pesado.
Luffy no quitó su mirada de ella, esperando una respuesta. Pero Nami solo mantuvo la vista clavada en su mapa, como si realmente intentara convencerse de que él no estaba ahí.
Él no entendía de muchas cosas. No se detenía a pensar por qué los demás hacían lo que hacían. Pero esto… esto lo estaba irritando.
Porque nunca antes Nami había evitado su mirada.
Y eso sí que le molestaba.
El silencio se alargó.
Luffy esperó, sin moverse, mientras Nami mantenía la vista fija en su mapa. No parecía estar realmente viéndolo, sino más bien acomodando sus pensamientos.
Cuando al fin habló, su voz sonó sorprendentemente calmada, medida, como si cada palabra estuviera colocada con precisión en su lugar.
—No te estoy evitando.
Hizo una pausa, como si probara el peso de sus propias palabras antes de continuar.
—Solo… quiero espacio.
Luffy no reaccionó, pero Nami sabía que la estaba escuchando con más atención de la que parecía.
Ella tomó aire, como si aquello que estaba a punto de decir hubiera estado en su cabeza por demasiado tiempo.
—En dos años pueden pasar muchas cosas, Luffy.
Habló despacio, sin titubeos.
—Nos reencontramos como si nada hubiera cambiado, pero la verdad es que… sí cambiaron cosas.
Finalmente, levantó la vista para verlo.
—Necesito olvidar lo que pasó antes de separarnos.
Luffy parpadeó.
Su primera reacción fue una leve confusión, como si no terminara de entender. Pero al mismo tiempo, sintió que esas palabras no le gustaban.
—¿Olvidar qué? —preguntó, sin rodeos.
Nami desvió la mirada.
—No importa.
Luffy frunció el ceño.
—Sí importa.
Ella apretó los labios con frustración.
—Luffy, ya te dije que quiero espacio.
Luffy la miró, asimilando lo que acababa de escuchar.
Espacio.
Espacio lejos de él.
El pensamiento le cayó de golpe, como si hasta ese momento no hubiera entendido realmente lo que significaba.
Y entonces, algo en su cabeza encajó con precisión.
Si quería alejarse de él, si quería olvidar…
Su expresión cambió, los ojos oscuros brillando con algo distinto.
—¿Quieres olvidar que nos besamos?
El aire en el cuarto de navegación pareció estancarse.
Nami sintió que algo en su interior se encogía con violencia.
No quería hablar de eso.
No quería escucharlo en voz alta.
Porque si Luffy lo recordaba… si lo decía así de simple, de directo… significaba que para él tampoco había pasado desapercibido.
—Eso… —empezó, con la voz apenas audible.
Pero Luffy no la dejó esquivar el tema.
—¿Por qué?
El peso de la pregunta la golpeó más de lo que esperaba.
"¿Por qué?"
Porque no quería enfrentarlo. Porque no tenía una respuesta clara.
Porque cuando volvieron a verse, después de esos dos años, comenzó a preguntarse si solo había sido algo insignificante.
Si para él había sido tan importante como lo había sido para ella.
Cuando lo escuchó hablar de su viaje.
Una isla llena de mujeres y una emperatriz de belleza arrolladora, con la misma simpleza que usaba para hablar de ella.
Cargando una enorme mochila llena de cartas de amor.
Y de repente, lo que había llevado consigo durante tanto tiempo—ese recuerdo, esa sensación, esa incertidumbre—parecía más pequeño, más lejano.
Tal vez nunca había sido la gran cosa.
Tal vez solo había sido ella.
Tal vez nunca significó lo mismo para él.
Nami tragó en seco, sintiendo una presión extraña en el pecho.
No podía seguir pensando en eso. No podía dejar que Luffy lo notara.
Así que hizo lo único que podía hacer.
Lo enterró.
Levantó la mirada y sostuvo la de Luffy con firmeza.
—Porque fue un error.
Luffy no respondió enseguida.
No parecía enojado ni confundido.
Pero algo en su expresión se apagó.
Nami sostuvo la respiración sin darse cuenta.
—En algún momento… pensé que sentíamos lo mismo —dijo, con voz más baja. Como si las palabras fueran más para ella que para él—. Pero estaba equivocada.
No se atrevió a mirarlo.
No vio cómo Luffy parpadeó, como si intentara procesar lo que acababa de escuchar.
Como si, por primera vez, se diera cuenta de que algo estaba mal.
El aire se sentía denso entre ellos, cargado de algo que ninguno de los dos entendía del todo.
Pero antes de que él pudiera decir algo, antes de que pudiera preguntar o intentar entender… Nami se apartó.
—Lo mejor es dejarlo así —murmuró.
Y esta vez, Luffy no la detuvo.
Solo la observó alejarse, con una extraña sensación en el pecho.
Una sensación que no tenía nombre.
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Hola a todos, sé que en esta ocasión el capítulo es más cortito, pero lo compenso con un poquito de drama así que espero lo hayan disfrutado.
Les envío un enorme abrazo a los que leyeron hasta aquí.
