Capítulo 17 Nuevos Propósitos
Los sucesos de la noche anterior habían dejado una huella profunda en los miembros de Night Raid. Una misión que debía ser rutinaria. Eliminar a un funcionario corrupto o un político que hubiera cometido atrocidades contra inocentes, terminó convirtiéndose en una serie de eventos inesperados que sacudieron al grupo.
"¿Justicia?". La palabra resonaba entre los miembros de Night Raid con un dejo de ironía amarga. Para ellos, esa palabra carecía de significado en la capital. Era solo una herramienta utilizada por los altos mandos del Imperio para encubrir sus crímenes, una excusa para justificar actos impensables. Cualquiera que proclamara justicia desde su posición de poder en realidad perpetraba todo lo contrario.
Esa misma palabra, la habían escuchado salir de la boca de Seryu Ubiquitous, una guardia imperial cuya devoción al Imperio era tan fanática como inquietante. Esa misma noche, Seryu casi había terminado con las vidas de dos miembros de Night Raid. Mine y Sheele. Su determinación de eliminarlas, guiada por su distorsionada visión de justicia, estuvo a punto de convertirse en tragedia. Pero no lo logró. Fue detenida, justo a tiempo por, Tatsumi.
El joven, portador de Onyx, había intervenido para salvar a sus compañeras. Aunque su llegada fue providencial. Y había provocado algunos "daños colaterales" en su intervención, tanto en la capital, como en el grupo. Esa noche no solo marcó un cambio en la dinámica de Night Raid, sino también un punto de quiebre en la visión de Tatsumi sobre lo que significaba luchar por el bien.
Base de Night Raid - 9:56 pm (Cocina de Night Raid)
Tatsumi estaba en la cocina, vestido con su habitual delantal blanco. Mientras removía la sopa que preparaba, su mente no podía evitar volver a los eventos de la noche anterior. Los gritos, los golpes, la expresión de locura en el rostro de Seryu mientras casi terminaba con Sheele... .Todo se repetía en su memoria como un eco persistente.
"¡Haremos justicia juntos!". Esa frase había salido de los labios de Seryu con un entusiasmo que ahora le resultaba perturbador. Tatsumi suspiró y se llevó una mano a la frente, tratando de sacudirse esa imagen de la mente. Había esperado encontrar en Seryu un alma afín, alguien con quien compartir un ideal puro de justicia. Pero lo que vio en sus ojos aquella noche fue algo muy distinto. Sadismo, Fanatismo y una Insana Determinación por Destruir a quienes consideraba Enemigos.
"Soy un tonto". Dijo para sí mismo mientras servía la sopa en un tazón.
Con la sopa lista, se dirigió al comedor, donde Mine y Akame estaban sentadas. Mine tenía el brazo derecho enyesado y colgado con vendajes. Aunque sus heridas no eran graves, el dolor dificultaba incluso las tareas más simples, como comer. La francotiradora intentó llevar una cucharada de comida a su boca, pero un espasmo de dolor la obligó a soltar la cuchara.
"¡Maldición!". Exclamó con frustración.
Akame, sentada a su lado, tomó la cuchara y la acercó a los labios de Mine con calma.
"Come". Dijo con su tono autónomo habitual.
"Puedo hacerlo yo sola". Respondió Mine, desviando la mirada.
Akame no se dejó engañar e insistió. "Se te va a enfriar. Vamos, Mine".
Mine dió un suspiró. "Está bien... Gracias". Dijo antes de aceptar la comida.
En ese momento, Tatsumi entró con el tazón de sopa.
"Toma, Mine. Quizá esto sea más fácil de comer". Ofreció con una sonrisa tímida.
Mine lo miró brevemente antes de murmurar un tímido "gracias". Pero su tono, más que gratitud, transmitía incomodidad. Tatsumi lo notó y se sintió herido. A pesar de haberlas salvado, sabía que la confianza en él estaba en duda. Al igual que el resto del equipo le mostraba a él.
Después de dejar la sopa, Tatsumi se giró hacia la cocina. "Bueno, voy a llevarle algo de comer a Sheele".
Mine al escuchar éso, intentó detenerlo, pero Akame la interrumpió. "Está bien, Tatsumi. Estamos de acuerdo".
Tatsumi asintió y entró a la cocina. Cuando el ya no estaba Mine miró a Akame con el ceño fruncido.
"¿Por qué dejaste que él fuera?".
"Sheele también necesita comer. Todos están ocupados con sus misiones, y yo estoy aquí ayudándote. Tatsumi puede encargarse de ella". Respondió ella.
Mine apretó los dientes. "No necesitamos su ayuda. Yo puedo hacerlo".
Ella intentó levantarse, pero el dolor la obligó a volver a sentarse. Akame la miró y le acercó otro bocado.
"Estás herida, Mine. Deja que él lo haga".
"Pero...". Intentó objetar la francotiradora, pero Akame la interrumpió.
"Tatsumi no le hará daño. Él las salvó anoche, a ti y a Sheele. Eso debería ser suficiente para confiar en él".
Mine bajó la mirada, avergonzada. Sabía que Akame tenía razón. Tatsumi había arriesgado su vida por ellas. Sin embargo, las preguntas sobre, ¿Cómo había llegado a tiempo?. Seguían atormentándola. Pero no solo a ella, sino también, a todo el equipo.
"Está bien". Dijo Mine, rindiéndose a la lógica e insistencia de Akame. Pero no pudo evitar preguntar en voz baja. "¿Cómo supo que estábamos en peligro?".
Akame se quedó en silencio. Esa misma pregunta rondaba en su mente, y seguramente en la de todos los miembros de Night Raid. Aunque Tatsumi había intentado explicarles que era una especie de "instinto", queblo alertó sobre lo que paso esa noche,en el parque. Casi nadie lo había creído del todo. Algunos le dedicaron unas miradas de dudas. Najenda, en particular, lo observaba con una mezcla de sospecha y curiosidad.
Pero, por ahora, todos habían decidido dejarlo pasar. Tatsumi había demostrado ser leal y valiente. Pero, aún así, las dudas persistían. Y hasta que las respuestas llegaran, por ahora, la confianza plena en el portador de Onyx, era en el mejor de los casos, frágil.
Mientras tanto, Tatsumi seguía cocinando, buscando en su mente una manera de explicar lo que paso anoche y como había podido ver lo que estaba ocurriendo. Necesitaba buscar una respuesta lo más antes posible. Porque sabía que, tarde o temprano, necesitarían entender y aceptar la existencia de Onyx. Y el castaño, solo esperaba, que cuando lo hicieran, no ocurriera nada malo.
Pero mientras meditaba sobre sus pensamientos y posibles decisiones, Tatsumi decidió enfocarse en una tarea que le proporcionara calma y propósito. Cuidar de sus compañeras heridas. Esta labor no solo lo mantendría ocupado, alejándolo de la angustia que lo carcomía, sino que también le daba una satisfacción genuina. Cuidar de los demás era algo que hacía con el corazón.
Con una bandeja en mano, cuidadosamente arreglada con un tazón de sopa caliente, un vaso de jugo fresco y un par de panes recién tostados, Tatsumi salió de la cocina. Su destino era la habitación de Sheele.
Base de Night Raid - 10:10 a.m.
El sonido de sus pasos resonaba suavemente en los pasillos mientras caminaba. Su mente no dejaba de repasar lo ocurrido, especialmente el estado de Sheele tras el enfrentamiento con Seryu. Aunque los demás le aseguraron que las heridas eran superficiales, la presión que había sufrido en su cuello y el impacto del disparo en su cintura eran otra historia. Las secuelas tardarían en sanar, y aunque las palabras tranquilizadoras de sus compañeros intentaban apaciguarlo, no lograban erradicar su preocupación.
La posibilidad de lo que pudo haber sucedido. ¿Qué habría pasado si no hubiera intervenido?. ¿Si hubiera dudado un segundo más?. ¿Si Seryu hubiera cumplido su cometido?. Si no hubiera intervenido, ¿Qué habría pasado?, Mine y Sheele podrían haber... muerto.
Un escalofrío le recorrió la espalda, haciendo que sus manos apretaran los bordes de la bandeja con más fuerza. La sola idea de perderlas le provocaba una opresión en el pecho, un vacío que parecía consumirlo. El peso de esa posibilidad era casi insoportable, llenándolo de una mezcla de culpa y temor.
Se detuvo un momento en el pasillo, cerrando los ojos mientras intentaba calmar su respiración.
"No puedo pensar en eso ahora". Él habló.
Tatsumi sacudió la cabeza, obligándose a cambiar su expresión. Su rostro, marcado por el dolor, se suavizó, adoptando una serenidad forzada. No podía permitirse desmoronarse, no ahora. Sheele lo necesitaba tranquilo, y más que eso, él mismo necesitaba mantener la compostura.
Con renovada determinación, dio unos pasos más hasta llegar a la puerta de la habitación de Sheele. Sostuvo la bandeja con una mano y con la otra tocó suavemente la puerta.
"Sheele, soy yo... Tatsumi. ¿Puedo pasar?". Preguntó en un tono calmado, casi susurrante.
Hubo un breve silencio al otro lado de la puerta, interrumpido por una voz tranquila pero débil. "Sí... pasa".
Tatsumi giró el picaporte con cuidado y empujó la puerta. La habitación estaba bañada por la luz tenue del sol que entraba por la ventana. Sheele estaba sentada en la cama, apoyada en un par de almohadas, con vendas visibles en su cintura y cuello. Al verlo entrar, una leve sonrisa asomó en su rostro.
"Gracias por venir". Su voz era suave, casi como un susurro, pero llena de calidez.
Tatsumi se acercó, colocando la bandeja con cuidado sobre la pequeña mesa junto a la cama. "¿Cómo te sientes?. ¿Te duele algo?".
Ella negó lentamente con la cabeza.
"No tanto como antes. Aunque… todavía estoy un poco cansada".
"Traje algo para ti". Dijo Tatsumi, sonriendo con suavidad mientras dejaba la bandeja en una pequeña mesa junto a la cama.
Sheele lo miró con una sonrisa leve, ladeando la cabeza. "Gracias... Siempre eres tan considerado".
"Es lo menos que puedo hacer". Respondió Tatsumi mientras tomaba asiento en una silla cercana. Por un momento, su mirada se perdió en el vendaje que rodeaba su cintura, recordándole el peligro que había enfrentado. Y el como el castaño había podido evitar que sea más grave.
Ella notó su expresión y la forma en como miraba su cuerpo vendado. La pelipúrpura ya tenía una idea de lo qu estaba pensando el joven. Ella alzó una mano débilmente para tocarla con la del castaño.
"No te culpes, Tatsumi. Estoy aquí gracias a ti". Sus palabras lo sacaron de su ensimismamiento, pero no lograron disipar por completo su culpa.
"Perdón, Sheele. Es solo,... no puedo dejar de pensar en lo que habría pasado si hubiera llegado un poco más tarde". Dijo el castaño con algo de culpa en su voz.
Ella le sonrió, con esa calidez. "Pero llegaste. Eso es lo único que importa".
Tatsumi bajó la mirada, luchando contra las emociones que amenazaban con desbordarse. Finalmente, asintió y respondió con voz firme. "Si, tienes razón".
Sheele lo miró con ternura, y aunque su voz era débil, sus palabras tenían fuerza. "Tatsumi, confío en ti. Eres alguien que siempre nos apoya y nos ayuda. Nunca pensaría una cosa mal sobre tí".
Por un momento, el ambiente en la habitación se sintió más ligero. Tatsumi le devolvió la sonrisa y, después de asegurarse de que comiera algo, permaneció a su lado, dispuesto a estar allí hasta que ella lo necesitara. Mientras el castaño seguía sentado. Sintió que, aunque sentía una carga emocional dentro de él, poco a poco, lo podía sentir que era cada vez más ligera. Como si todas sus preocupaciones y miedos se desvanecieran. Como si todo, de aquí en adelante, iría por bueno camino.
Palacio Imperial - 12:00 p.m. (Sala del Trono Real)
La sala del trono irradiaba una atmósfera de poder y solemnidad. En el centro de la estancia, el joven emperador estaba sentado en su imponente trono dorado, cuya majestuosidad parecía opacar incluso la fría luz que atravesaba los vitrales. A su derecha, de pie y con una sonrisa taimada, estaba el Primer Ministro Honest, su figura robusta y su opulenta vestimenta contrastando con la apariencia frágil del emperador. Sus ojos pequeños y calculadores brillaban con una mezcla de satisfacción y malicia.
Frente a ellos, en la suave alfombra escarlata que se extendía hasta el trono, una figura estaba de rodillas en un gesto de absoluta reverencia. Vestía un uniforme blanco y negro, con un estoque elegantemente asegurado a su cintura. Su cabello azul celeste, largo como un río cristalino, caía hasta su espalda, y su piel, tan pálida como la nieve, parecía resplandecer bajo la tenue luz de la sala. Esa mujer era Esdeath. La general más temida del Imperio y la usuaria del Teigu más poderosa de la capital. Detrás de ella, tres hombres también permanecían de rodillas. Vestían uniformes oscuros con cruces negras bordadas en sus mangas y collares similares colgando de sus cuellos. Eran sus Tres Bestias, los subordinados más leales, feroces y sanguinarios que ella podía tener bajo su mando.
El joven emperador inclinó ligeramente su cabeza hacia Esdeath, con una sonrisa que intentaba transmitir autoridad, aunque traicionaba cierta ingenuidad. "General Esdeath, me alegra tenerte de regreso". Su voz era clara, aunque juvenil. "He leído los informes sobre tu victoria en la ciudad del Norte. Has demostrado, una vez más, ser un pilar fundamental para el Imperio. Como recompensa por tu extraordinario trabajo, te otorgaré 10,000 piezas de oro".
Las palabras resonaron en la sala, y una leve sonrisa curvó los labios de Esdeath. Aunque estaba de rodillas, su presencia era imponente. Con una mano sobre el pecho y la otra sosteniendo su gorra, inclinó aún más la cabeza en un gesto de respeto absoluto. "Gracias, mi emperador. Acepto humildemente esta generosa recompensa. Haré que sea entregada a mis tropas; su moral será elevada con esta noticia".
Mientras el joven emperador asentía, complacido con la respuesta, Honest observaba a Esdeath con ojos entrecerrados, una amplia sonrisa maliciosa deformando sus labios. Para el Primer Ministro, tener a Esdeath de vuelta era más que un alivio. Era una ventaja estratégica invaluable. "Esdeath es perfecta". Pensó Honest, mientras sus dedos regordetes tamborileaban contra el brazo de su silla. "No tiene ambiciones políticas, ni interés en cuestionar mis planes. Todo lo que desea es luchar, aplastar a sus enemigos, y saciar su sed de poder a través del caos. Conmigo controlando todo el imperio entre las sombras, podré darle la libertad de hacer lo que ella le plazca. Es mi carta de triunfo. Con ella, ningún obstáculo será insuperable".
Mientras los pensamientos oscuros de Honest se entretejían en su mente, Esdeath alzó su mirada helada hacia el emperador, con una expresión que combinaba devoción y determinación inquebrantable. Su voz cortó el silencio como un filo de acero. "Mi emperador, ahora que he regresado, haré de la erradicación de Night Raid mi prioridad absoluta. No descansaré hasta que ese grupo de traidores haya sido completamente destruido y borrado de la existencia".
El Emperador asintió, pero también miraba con preocupación a la General Esdeath. A pesar de su innegable fuerza, la seguridad de su general le preocupaba profundamente. Esdeath era la columna vertebral de su imperio, la que más se esforzaba por su protección, y merecía algo más que su simple gratitud monetaria.
"General Esdeath, sé que la tarea de erradicar a Night Raid no será fácil, incluso para alguien de su capacidad". El joven parecía sincero en su preocupación, aunque trataba de ocultarla tras un semblante solemne. "Por eso, quiero ofrecerle algo más allá de la recompensa monetaria. Usted es invaluable para el Imperio, y deseo mostrarle mi gratitud de una forma más significativa. ¿Hay algo que desee? ¿Un título?. ¿Un territorio?".
El aire en la sala pareció cambiar al escuchar la oferta. Esdeath levantó ligeramente el rostro, su sonrisa helada transformándose en algo más... humano. Por un instante, su expresión mostró un matiz de anhelo, una emoción que Honest nunca hubiera asociado con ella. "De hecho, hay algo que deseo". Su voz resonó con serenidad, pero había un matiz de emoción escondido en sus palabras.
El emperador se inclinó hacia adelante, intrigado. "Por supuesto, dígamelo. Cualquier cosa que esté en mi poder conceder".
Honest, mientras tanto, soltó una carcajada entrecortada mientras limpiaba los restos de comida de sus labios. "¿Qué podría desear alguien como usted, General?. Seguro que no es nada extravagante. Después de todo, no tiene intereses más allá del campo de batalla". Pensó en su mente.
Pero lo que escucharon a continuación dejó a ambos hombres atónitos.
"Me gustaría… enamorarme". Anunció Esdeath con una calma sorprendente.
La declaración de Esdeath fue tan inesperada que la sala quedó en silencio absoluto. Honest dejó caer el pedazo de carne de su mano, mientras el emperador abría los ojos de par en par, como si intentara procesar las palabras que acababan de salir de la boca de su general más temida.
El emperador, con esfuerzo, logró reaccionar primero. "Eso...". Parpadeó varias veces. "Bueno, eso tiene sentido. Usted está en edad de casarse, después de todo". El joven emperador intentaba mostrarse comprensivo, aunque claramente estaba fuera de su elemento. Ya que, el no sabía mucho sobre éso, por lo joven que era. "Me aseguraré de cumplir con su petición, General".
Honest, aún atrapado en el shock, apenas pudo articular unas palabras. "¿Enamorarse?". Habló, incrédulo, mientras sus ojos se clavaban en Esdeath. "En serio, ¿Eso quiero general?".
Esdeath mantuvo su postura firme, aunque una sonrisa divertida se dibujó en sus labios. "Sí, Primer Ministro. ¿Acaso eso le sorprende?".
Honest sacudió la cabeza, tratando de recomponerse. "Bueno, digamos que... no es lo que esperaba de alguien como usted". Su tono era cuidadoso, aunque su mente estaba llena de pensamientos cínicos. "¡¿Quién en su sano juicio podría querer a esta mujer?!. El pobre diablo que acepte ser pareja de éste monstruo con apariencia femenina, será condenado a una vida de sufrimiento y muerte... Claro, si es que sobrevive".
El emperador, intentando retomar el control de la conversación, habló con un entusiasmo renovado. "¡Entonces te presentaré algunos posibles candidatos! Estoy seguro de que encontraremos a alguien digno de ti". Giró hacia Honest con una sonrisa inocente. "¿Qué opinas, Primer Ministro?. ¿Tal vez tú podrías ser el primer candidato?".
Honest palideció, su rostro ahora estaba deformándose en uno de horror. "¡¿Qué?! ¡Eso es impensable, mi emperador!". Protestó con desesperación. "Yo,... tengo demasiadas responsabilidades...".
Esdeath no pudo evitar soltar una risa suave, aunque cargada de burla. "Agradezco la oferta, emperador, pero creo que declinaré. Dudo que el Primer Ministro pueda sobrevivir mucho tiempo con su estilo de vida actual".
El comentario provocó una risa ahogada del emperador, mientras Honest miraba a Esdeath con una mezcla de enojo y humillación. "Estoy en excelente forma". Respondió con una voz llena de indignación, aunque sus manos regresaron instintivamente al trozo de carne que había dejado caer. Luego, en un intento de recuperar el control de la situación, preguntó. "Entonces, ¿Qué tipo de hombre te interesaría, General?".
Esdeath, ignorando su reacción, sacó un pequeño trozo de papel cuidadosamente doblado de su uniforme. "He preparado una lista con mis criterios para el hombre ideal". Su tono era completamente serio, como si estuviera hablando de una estrategia militar. "Si encuentran a alguien que cumpla con estos estándares, háganmelo saber".
El emperador ordenó a uno de sus sirvientes para que le alcanzarán la lista y la agarró para después observarla con curiosidad. "Entendido, General. Haré que mis mejores asistentes trabajen en esto de inmediato".
"Agradezco su consideración, mi emperador". Esdeath inclinó la cabeza antes de levantarse, con una elegancia fría y calculada. "Pero por ahora, tengo otros asuntos que atender. Con su permiso, me retiro para preparar mis próximas estrategias".
Con un gesto, indicó a sus Tres Bestias que la siguieran. El sonido de sus botas resonó con fuerza en la sala mientras salía, dejando atrás una atmósfera cargada de confusión.
Cuando las puertas se cerraron, Honest se volvió hacia el emperador con una expresión de absoluta incredulidad. "Emperador, ¿Realmente vamos a buscarle un... esposo?".
El emperador simplemente sonrió, aunque su tono llevaba una pizca de curiosidad. "Esdeath ha servido fielmente al Imperio. Si esto la hace feliz, es lo menos que podemos hacer por ella".
Honest suspiró y negó con la cabeza. "Esto será un desastre. Pero, si me permite mantenerla satisfecha y enfocada en su misión para destruir a Night Raid y la revolución, quizás no sea tan mala idea después de todo...". Pensó mientras trataba de encontrar la forma de ésto no estropeara sus planes.
Mientras tanto, Esdeath avanzaba por los pasillos del palacio con pasos firmes y resonantes, su figura imponente irradiaba una confianza absoluta que parecía envolver el entorno. Su largo cabello azul ondeaba suavemente con cada movimiento, y el eco de sus botas contra el mármol frío era un recordatorio de su poderío, una melodía de autoridad que nadie se atrevía a interrumpir.
En su mente, una tormenta de pensamientos tomaba forma, cada uno más afilado que el anterior. "Un hombre ideal... y la destrucción de Night Raid". Reflexionó, su sonrisa comenzando a extenderse lentamente, transformándose en algo feroz y temible. Era una sonrisa que no dejaba lugar a dudas sobre su determinación, un gesto que combinaba anhelo con una ferocidad casi inhumana.
Sus ojos brillaban con una intensidad helada, como si observara un tablero de ajedrez donde cada pieza ya estaba bajo su control. "Ambas cosas serán mías, tarde o temprano."
Al llegar al final de uno de los pasillos, se detuvo frente a un ventanal que ofrecía una vista majestuosa de la ciudad imperial. Su mirada se dirigió hacia el horizonte, pero en su mente ya imaginaba las ruinas de aquellos que se atrevían a desafiar al Imperio. Su sonrisa se amplió, mostrando todos sus dientes como la de un depredador ansioso por cazar. Era una expresión que destilaba poder y un placer oscuro, como si estuviera saboreando la inevitable caída de sus enemigos y la conquista de sus propios deseos.
"Todo... siempre ha sido mío. Todo lo que quiero, lo consigo. Y esta vez no será diferente". Dijo como si todo este mundo estuviera obligado a servirle y satisfacer cada deseo suyo.
Giró sobre sus talones, su abrigo militar de color blanco ondeando tras ella como un estandarte de guerra, y continuó avanzando hacia sus aposentos. Cada paso era un preludio de lo que estaba por venir, una advertencia silenciosa para quienes osaran interponerse en su camino. Esdeath nunca fallaba, y para ella, el mundo entero era simplemente un campo de batalla esperando ser conquistado. Por ella misma. Y nadie la detendría. Nadie.
Base de Night Raid - 8:45 pm
La luz de la luna se filtraba suavemente por las ventanas de la base de Night Raid, tiñendo los pasillos con un tenue resplandor plateado. Era una noche tranquila, pero Tatsumi apenas podía encontrar calma en su interior. Caminaba en silencio hacia la cocina, sus pasos resonando suavemente en el suelo mientras sus pensamientos giraban en torno a los eventos del día.
Había pasado gran parte del tiempo atendiendo a Sheele y Mine. Sheele había aceptado su compañía con su característica calidez y torpeza entrañable, pero Mine había rechazado su ayuda de manera tajante. Aunque Tatsumi respetó su decisión, no pudo evitar sentir un peso en su corazón. La desconfianza en la mirada de Mine lo hería más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Aun así, se aferraba a los momentos reconfortantes junto a Sheele, quien había demostrado ser un remanso de paz en medio de la tormenta. "Al menos con ella siento que estoy haciendo algo bien". Pensó, esbozando una leve sonrisa que desapareció tan rápido como llegó.
Pero había algo más que lo inquietaba. Onyx, su Teigu, había permanecido en un silencio absoluto desde la batalla contra Seryu. Antes, la entidad solía alentarlo con palabras de optimismo, pero ahora se había convertido en una presencia fría y distante. Tatsumi había intentado comunicarse con él varias veces, pero solo obtenía un vacío que amplificaba su frustración. Se preguntaba si había hecho algo mal, si alguna de sus decisiones había disgustado al Teigu. La duda lo carcomía, pero decidió no dejarse abatir.
"Debo ser fuerte". Se dijo, apretando los puños mientras se dirigía hacia la cocina. "Por todos ellos... y por mí".
Cuando entró al comedor, se detuvo al ver una figura conocida. Akame estaba allí, sosteniendo un plato con varios dumplings. La tranquilidad en su postura y expresión contrastaba con la tensión que Tatsumi sentía en su interior. Aunque Akame era una de las pocas personas que no lo miraban con desconfianza, él no podía evitar sentirse nervioso cerca de ella. Había algo en su calma imperturbable que lo incomodaba profundamente, especialmente tras los eventos recientes. Era como si ella estuviera acostumbrada a la pérdida, como si la vida de sus compañeros fuera… insignificante. Eso lo incomodaba profundamente.
"Hola, Akame". Dijo Tatsumi, esforzándose por sonar cordial.
"Hola, Tatsumi". Respondió ella con su característica serenidad.
El castaño notó el plato en sus manos y sonrió ligeramente. "Veo que te apetece un tentempié nocturno". Bromeó, intentando aligerar el ambiente.
Akame negó con la cabeza. "No son para mí. Son para Sheele".
"¿Para Sheele?". Preguntó Tatsumi, confundido.
"Sí. Todavía está muy débil para moverse. Pensé que algo que le gustara podría animarla un poco". La voz de Akame era tranquila, pero sus palabras reflejaban una atención genuina.
Tatsumi la observó con cierta incredulidad. Había algo en su tono y expresión que no lograba descifrar. Y eso lo hacía ponerse aún más incómodo. "Es amable de tu parte, pero... Akame, ¿De verdad te importa?".
La pelinegra frunció el ceño, visiblemente confundida. "¿Qué quieres decir?".
"Sé que para ti esto es normal". Comenzó Tatsumi, eligiendo cuidadosamente sus palabras. "Estás acostumbrada a este tipo de situaciones, a ver a tus compañeros heridos o incluso...". Dudó antes de continuar. "Incluso a perderlos. Pero yo no puedo evitar pensar que quizá solo lo haces porque sientes que es tu deber, no porque realmente te importe...".
El sonido del plato cayendo al suelo interrumpió sus palabras. Los dumplings se esparcieron por el piso, y Akame lo miró con una expresión que él nunca había visto antes. Sus ojos, normalmente fríos y calculadores, estaban llenos de una mezcla de dolor y furia contenida.
"¿Crees que esto es normal para mí?". Su voz era baja, pero cargada de emoción. "¿Que solo lo hago por obligación?".
Antes de que Tatsumi pudiera responder, Akame lo agarró de la camisa, acercándolo a ella. "¡He visto morir a más personas de las que puedo contar!. Personas que me importaban, que significaban todo para mí. ¡Y cada vez que los pierdo, como si me arrancaran un pedazo del alma!". Su voz temblaba, al igual que su cuerpo.
"Akame...". Murmuró Tatsumi, atónito.
Ella levantó la cabeza, y él vio las lágrimas que corrían por sus mejillas. "¡Esa noche casi pierdo a dos grandes amigas!. ¿Sabes lo que hubiera significado para mí?. ¡No hubiera podido soportarlo!. Pero...". Akame apartó la mirada, su voz quebrándose. "Pero no puedo permitirme sentir eso. Si dejo que me domine, podría poner en peligro a todos los demás. ¡No tengo otra opción más que fingir que estoy bien!".
El dolor en sus palabras era palpable, y Tatsumi sintió que algo dentro de él se rompía. Había malinterpretado completamente a Akame. Su calma no era indiferencia; era una coraza, una necesidad para seguir adelante.
"Akame, yo... Lo siento. No debería haber dicho eso". Dijo Tatsumi con voz quebrada, bajando la mirada. Las palabras que había pronunciado antes le pesaban como una losa. Se preguntaba cómo había sido capaz de dudar de Akame, quien siempre le había mostrado preocupación y confianza, incluso en los momentos más oscuros. ¿Acaso era un idiota?.
Recordó cómo ella fue la primera en creerle sobre Onyx, su Teigu. Cómo se aseguró de que estuviera sano y salvo tras su primera misión con Night Raid. La culpa lo golpeó con fuerza, y apretó los puños mientras pensaba en su aldea, su familia y sus amigos. Todos ellos sufrían bajo el yugo del Imperio, esperando que él hiciera algo para cambiar su destino.
"No puedo permitirme estas dudas". Pensó mientras formaba un puño y se golpeaba a sí mismo en el rostro con fuerza suficiente para tambalearse y caer al suelo. Akame retrocedió un paso, alarmada.
"Tatsumi, ¡¿Qué haces?!. ¿Por qué te golpeaste?". Preguntó con preocupación genuina mientras se inclinaba hacia él.
"Aunque mi gente y mi familia no hubieran estado de acuerdo con unirme a Night Raid… con… eliminar a nuestros oponentes". Pensó, buscando las palabras adecuadas para describir la naturaleza de su trabajo, suavizando la crudeza de la realidad. "Al menos, se qué así, puedo ayudarlos. No voy a permitir que nadie más sufra. Y tampoco…". Levantó la mirada, sus ojos brillando con una intensidad nueva, una determinación inquebrantable. "Tampoco voy a permitir que nadie muera aquí, en Night Raid".
Tatsumi alzó la mirada, con una expresión de determinación nunca antes vista en sus ojos. "Lo hice para despertar. Para abrir los ojos de una vez por todas". Respondió mientras se levantaba del suelo, su voz resonando con una resolución que llenó el aire. "Akame, perdóname. Fui un idiota al dudar de ti, de todos ustedes. Pero ya no más. ¡No tendré más dudas sobre nadie!".
Akame lo observó en silencio, con los labios entreabiertos, sin saber qué decir ante la intensidad de sus palabras.
"Tú me creíste sobre Onyx, cuando nadie más lo hizo. Te preocupaste por mí, me apoyaste, y yo...". Tatsumi bajó la cabeza por un momento antes de levantarla con renovada energía. "Akame". El castaño exclamó con fuerza. "Te prometo algo. Aunque no pueda matar con ustedes. Te prometo que nunca más dudaré de ustedes. No dejaré que nadie aquí sufra como Sheele y Mine sufrieron esa noche. Y mucho menos, permitiré que alguien más muera. Los protegeré a todos, con mi vida si es necesario".
Akame sintió un nudo en la garganta al escuchar la pasión en su voz. Era raro que alguien pronunciara esas palabras con tanta sinceridad. "Tatsumi...". Empezó a decir, pero él la interrumpió con una mirada intensa.
"Juntos, veremos el día en que este Imperio corrupto caiga. Y cuando eso pase, todos nosotros estaremos vivos para celebrarlo. Veremos un nuevo reino donde nadie tenga que sufrir, donde todos puedan ser felices. Te lo prometo".
Las palabras de Tatsumi resonaron en el corazón de Akame. Una ligera sonrisa se formó en sus labios mientras se limpiaba las lágrimas que habían comenzado a brotar nuevamente. "Gracias, Tatsumi", dijo suavemente, con una mezcla de gratitud y admiración.
Tatsumi sonrió también, su expresión ahora llena de una renovada confianza. "Vamos a superar esto, Akame. Todos juntos. Lo prometo".
Akame asintió, sintiendo que, aunque las sombras del pasado y el presente seguían acechando, ahora tenían una luz que los guiaría hacia adelante.
Tatsumi sonrió en respuesta. "Bueno, creo que debemos limpiar esto". Dijo mientras se inclinaba para recoger algunos fragmentos del plato roto, observando cómo los dumplings estaban desparramados en el suelo.
"Sí, la jefa se molestaría si ve esto". Comentó Akame con un leve asentimiento, su tono tranquilo pero con un matiz de urgencia.
"Voy por una escoba". Se ofreció Tatsumi, comenzando a alejarse. Sin embargo, sintió cómo una mano lo detuvo suavemente por el brazo.
"Tatsumi, espera". Dijo Akame con un tono que, aunque firme, reflejaba algo más. Duda, tal vez, incluso tristeza.
Tatsumi giró para mirarla, su curiosidad encendida por la seriedad en su rostro. "¿Pasa algo, Akame?". Preguntó, sin poder ocultar su preocupación.
La pelinegra lo miró a los ojos, su expresión calma pero con una sombra de incertidumbre. "Sí, hay algo que debo decirte". Comenzó, tomando un leve suspiro antes de continuar. "Hace unos días, fui a la base del Ejército Revolucionario".
Tatsumi levantó una ceja, sorprendido. "¿En serio?". No podía ocultar su asombro ni su curiosidad. "Bueno, eso explica por qué no te vi en estos días". Pensó en silencio. "¿Y por qué fuiste?". Preguntó en voz alta.
Akame desvió la mirada por un instante antes de responder. "Buscaba información sobre la Teigu número 49... sobre Onyx".
Los ojos de Tatsumi se abrieron de par en par. La idea de que Akame hubiera hecho ese esfuerzo por él llenó su corazón de una calidez inesperada. "¿Lo hiciste por mí?". Pensó, aunque no se atrevió a decirlo. En lugar de eso, preguntó con entusiasmo. "¿De verdad lo hiciste?".
Akame asintió con un leve movimiento de cabeza.
"¿Y qué encontraste?". Dijo Tatsumi, su voz cargada de esperanza. Quizás, y solo quizás, habría algo que pudiera ayudarlo a comprender el comportamiento distante de Onyx.
Sin embargo, esa chispa de optimismo se apagó al escuchar la siguiente palabra de Akame.
"Nada". Respondió ella, su voz cargada de pesar.
La sonrisa de Tatsumi se desvaneció. Parpadeó, como si no hubiera entendido del todo. "¿Cómo dices?".
Akame mantuvo su tono suave, pero sus palabras cayeron como un martillo. "Nada, Tatsumi. No hay registros de una Teigu número 49, ni de ninguna llamada Onyx".
El castaño quedó paralizado. La información lo golpeó más fuerte de lo que esperaba, y su expresión cambió a una mezcla de tristeza y desconcierto. Sus hombros se desplomaron, la esperanza que había florecido momentos antes marchitándose rápidamente.
"Lo siento, Tatsumi". Dijo Akame, con un tono consolador. No era frecuente que mostrara emociones tan abiertamente, pero al ver su desilusión, no pudo evitar intentar aliviar su pesar.
Tatsumi levantó la cabeza, buscando alguna señal de esperanza. "Pero..., ¿Tú todavía me crees?. ¿Crees que Onyx es real?".
Akame lo miró directamente, con una expresión serena pero decidida. "Sí."
Esas palabras fueron suficientes para encender algo dentro de Tatsumi. Con una sonrisa renovada, dio un paso hacia ella y, antes de que pudiera pensar demasiado en su acción, la abrazó con fuerza. "Para mí, eso es suficiente. Gracias, Akame. Gracias por creer en mí".
Akame, inicialmente sorprendida, terminó correspondiendo al abrazo. Sus brazos se cerraron alrededor de Tatsumi con una calidez que rara vez mostraba. "Siempre". Dijo suavemente, y aunque su tono era tranquilo, sus palabras estaban cargadas de sinceridad.
Por un momento, ambos compartieron un genuino y cálido abrazo, un breve refugio en medio de la tormenta de sus vidas. En ese instante, Tatsumi sintió que, sin importar cuán difícil fuera el camino, mientras tuviera a personas como Akame a su lado, podría enfrentarlo todo.
Base de Night Raid - 9:00 pm (Habitación de Tatsumi)
Tatsumi estaba de pie frente a la ventana de su habitación, observando la oscuridad que cubría el paisaje. Las luces lejanas del bosque parpadeaban tenuemente, como si fueran estrellas atrapadas en la tierra. Sus pensamientos giraban alrededor de la conversación que había tenido con Akame momentos antes. Las palabras de ella habían resonado profundamente en su corazón, encendiendo una chispa de renovación en él. Sentía que la promesa que le había hecho no solo le daba un nuevo propósito, sino también una fuerza que no provenía de su Teigu, sino de algo más profundo: de él mismo. Su espada, Onyx, descansaba sobre la cama, inerte pero siempre presente.
Suspiró y colocó su mano sobre el frío cristal de la ventana. Su reflejo apenas visible le devolvía la mirada. Con un susurro, expresó su resolución. "Cumpliré mi promesa, Akame". Su voz era baja, pero cargada de sinceridad.
De repente, una voz resonó a sus espaldas. "Por supuesto que lo harás, Portador".
Tatsumi reconoció de inmediato el tono profundo y solemne de Onyx. Sin embargo, no se volteó de inmediato. En lugar de eso, dejó que las palabras calaran mientras seguía mirando su reflejo.
"Hola, Onyx", dijo finalmente con tranquilidad, girándose hacia la cama.
"Hola, Portador". Respondió Onyx con un tono sorprendentemente normal, algunas palabras tranmitían emociones que impregnaban la habitación. Este detalle no pasó desapercibido para Tatsumi.
Cruzó los brazos y arqueó una ceja. "Parece que has vuelto a hablar como antes". Comentó, su voz mezclando curiosidad y una pizca de suspicacia.
Onyx guardó silencio durante un momento, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras. Finalmente, respondió. "Sí... vera, con respecto a mi comportamiento de los últimos días, quisiera ofrecer una disculpa". Su tono reflejaba una mezcla de vergüenza y arrepentimiento.
Tatsumi lo miró con escepticismo. "¿De verdad?".
"Sí. Me disculpo si mi actitud fue extraño o distante". Respondió Onyx.
"¿Extraño?. ¿Eso es todo?". Inquirió Tatsumi, su voz cargada de incredulidad. Dio un paso hacia la cama, observando fijamente la espada. "Primero, dejaste de hablar de repente, y luego, cuando lo hacías, solo eran preguntas repetitivas y vacías. Es como si quisieras evitarme".
Onyx se quedó en silencio. Cada palabra de Tatsumi golpeaba con precisión. No había manera de negar lo evidente.
Tatsumi suspiró, suavizando un poco su tono. "Onyx, sé que algo te pasa. Puedo entender que no quieras hablar de ello, pero también necesito saber qué está ocurriendo. Si somos un equipo, debemos confiar el uno en el otro".
Onyx vaciló. Sabía que mentir no era una opción, pero tampoco estaba listo para revelar todo lo que había estado reflexionando. Después de un momento, finalmente habló. "Portador, tienes razón. Le diré la verdad. La razón detrás de mi silencio, es que he estado pensando mucho en ciertos... temas importantes. Temas que me han tenido ocupado".
"¿Qué temas?". Preguntó Tatsumi, su curiosidad aumentando con cada palabra.
Onyx guardó silencio abruptamente, deteniendo las palabras que casi salían sin filtro. Había dicho demasiado ya, incluso si había decidido ser honesto sobre su reciente silencio. Había algo más profundo, algo que había descubierto mientras analizaba los datos e información de la onda expansiva que desató semanas atrás. Una verdad que pesaba en lo más profundo en su núcleo. En su ser.
Mientras estaba encima de la cama de la habitación, el Teigu observaba a Tatsumi con esos ojos etéreos que parecían traspasar la realidad. La expresión del joven era una mezcla de confusión e intriga, una mirada que Onyx conocía bien. Tatsumi quería respuestas. Las necesitaba. Pero, ¿Estaba realmente preparado para oírlas?.
"Lo que vi...". Onyx finalmente habló, pero su tono era vacilante, como si cada palabra cargara un peso inmenso. "Fueron cosas... cosas que me hicieron reflexionar. Sobre mí, sobre el Imperio y sobre el propósito que tengo en él, junto a usted".
Tatsumi frunció el ceño ligeramente. Había algo en la voz de Onyx, algo que parecía titubear entre sinceridad y ocultamiento. "¿Reflexionar?". Preguntó con cuidado, intentando no presionarlo, pero dejando claro que no estaba completamente satisfecho con esa respuesta.
La Teigu si tuviera cuerpo físico, hubiera desviado la mirada, como si intentara encontrar la forma correcta de expresar lo que sentía. "Sí, reflexionar. Sobre las consecuencias de nuestras acciones, sobre las cadenas que atan a este mundo... y sobre lo que realmente significa que yo esté aquí, en el... Imperio." Onyx hizo una pausa, notando cómo Tatsumi lo observaba con más atención. "No es que no quiera contarle todo, solo es que... no es tan simple decirlo".
Tatsumi cruzó los brazos y respiró hondo, manteniendo la calma. Por dentro, la curiosidad lo carcomía, pero entendía que presionar a Onyx no serviría de nada. "Mira, Onyx, no tienes que darme una respuesta perfecta ahora. Pero quiero que sepas algo. Confío en ti. Sea lo que sea que hayas visto o que te preocupe, estoy aquí para escucharte cuando estés listo."
Un leve estremecimiento recorrió la hoja de Onyx. No era solo la declaración de Tatsumi; era la profunda sinceridad que la acompañaba. Esa confianza genuina, tan rara en un mundo desgarrado por la guerra y la traición, era un bálsamo para el alma de la Teigu. El peso de los días de silencio se disipó, reemplazado por una nueva sensación. Alivio. Un alivio, tan puro y profundo. Que casi parecía no ser, real.
"Gracias, portador". Susurró Onyx, su voz apenas un susurro, cargado de una gratitud profunda. "Pero, aunque no pueda contarle todo lo que vi... sí puedo decirte que esa experiencia ha provocado un cambio en mí. Un cambio... profundo." Una pausa, cargada de significado, colgó en el aire entre la espada y su portador.
Tatsumi, percibiendo la reticencia de Onyx, no presionó. Entendía. Había momentos en que las palabras no eran suficientes, momentos en que la confianza se expresaba mejor a través del silencio respetuoso. Pero la curiosidad seguía picándole.
"¿Un cambio profundo?. ¿En qué sentido, Onyx?". Preguntó con suavidad, acercándose a la cama donde reposaba la espada. Sus ojos, llenos de una comprensión empática, se posaron en la hoja plateada y pulida.
Onyx permaneció en silencio por un instante, como si estuviera ordenando sus pensamientos, seleccionando cuidadosamente las palabras. "En mi creación... mi propósito... Mi razón de ser.. Yo,... fuí creada con dos objetivos claros,... y precisos. Proteger al imperio. Y proteger a mi Portador". Dijo la Teigu
Tatsumi asintió. El ya sabía éso. Onyx se lo dijo el mismo día que se conocieron. Y hasta ahora, para el castaño Onyx había cumplido con esos objetivos.
Onyx siguió hablando, su voz resonando con una resonancia que sugería la lucha interna que había experimentado. "Pero después de lo que he visto... me ha hecho cuestionar ese propósito. Me ha hecho ver,... que talvez no quiero cumplir con ése propósito. Y mucho menos, no quiero cumplirlo si éso significa, lastimar a las personas".
Tatsumi asintió lentamente, comprendiendo la implicación de las palabras de Onyx. El Imperio, con su fachada de orden y justicia, era en realidad un monstruo que se alimentaba de la sangre y las lágrimas de su pueblo. Él lo había visto de primera mano y los había estado enfrentando. Claro, estaban peleando y "acabando" con algunas personas de la capital. Pero, esas personas eran malvadas y corruptas. Así que, si los derrotaban y neutralizaban. Entonces, hacían un bien, a la capital. Por lo tanto, eso no estaba encontra del propósito de Onyx, ¿Verdad?.
"Entiendo". Dijo Tatsumi, su voz baja y grave. "Entonces me estas diciendo, que quieres cambiar tu propósito". El castaño se sentó en el borde de la cama, mirándo a Onyx con una mezcla de admiración y preocupación. "¿No es así?".
Onyx se calló de nuevo, como si estuviera luchando contra la propia esencia de su ser. "La verdad, sí. Portador". Admitió, su voz apenas un suspiro. "Pero aunque algo de mí, me dice que tengo que seguir ciega y obedientemente las órdenes que me fueron impuestas al momento de mi creación. Yo no quiero hacer éso. Necesitaba... reevaluar mi función. Mi propósito." Un nuevo silencio cayó entre ellos, un silencio lleno de la promesa de un cambio, un cambio que podría alterar el curso de sus vidas, y quizás, el destino del Imperio mismo. El silencio, esta vez, no era frío ni distante; era el silencio de la profunda reflexión, de la transformación. "Por éso estuve mucho tiempo callado".
Tatsumi permaneció en silencio, procesando lo que acababa de escuchar. "Así que por eso estuvo callado todo este tiempo...". Pensó mientras miraba fijamente al vacío. Las palabras de Onyx resonaban en su mente como un eco incesante. "Onyx estaba tratando de cambiar su propósito". Pero algo más le rondaba en la cabeza. Una pregunta que no podía ignorar.
"¿Qué nuevos propósitos quería alcanzar Onyx?".
Y como si siempre Onyx leyó su mente, rompió el silencio. Su voz era grave, cargada de una solemne determinación. "Mis nuevos propósitos, Portador, son dos".
Tatsumi frunció ligeramente el ceño. A pesar de haber pasado tanto tiempo juntos, esa firmeza en el tono de su Teigu le resultaba nueva, casi lo sorprendía. Pero optó por no interrumpirlo.
"El primero es el mismo que se me otorgó al ser creado. Proteger y cuidar, siempre a mi portador sin importar cualquiera que sea el riesgo".
El castaño parpadeó, sorprendido. Esa era una verdad que había asumido desde el principio, pero no entendía por qué Onyx lo mencionaba con tanta solemnidad, como si fuera una revelación. Aunque el castaño decidió guardar sus pensamientos y esperar a que continuara.
"¿Y el segundo?". Preguntó finalmente, su voz cargada de curiosidad y una pizca de inquietud.
Onyx hizo una pausa, como si estuviera eligiendo cuidadosamente las palabras. Había pasado días, incluso semanas, reflexionando sobre esta decisión. Su silencio no había sido por cobardía, sino porque estaba reuniendo el coraje para articular lo que estaba a punto de decir.
"Mi segundo propósito...". La voz de Onyx se volvió más profunda, casi melancólica. "Es cambiar al Imperio".
Tatsumi sintió como si esas palabras hubieran hecho eco en su interior. Su respiración se detuvo por un instante. "¿Cambiar al Imperio?". Repitió, su tono era una mezcla de sorpresa y confusión.
"Sí". Respondió Onyx sin titubear.
El castaño inclinó ligeramente la cabeza, tratando de comprender. "No entiendo, Onyx. ¿Qué quieres decir con eso?. ¿Cómo pretendes cambiar algo tan... grande y arraigado?".
La voz de Onyx se volvió más clara, como si estuviera explicando un plan que había estado madurando durante mucho tiempo. "Vera, desde que llegamos a esta capital, hemos sido testigos del caos, la corrupción y el sufrimiento que la envuelven. Este lugar está podrido hasta su núcleo, Portador. Lo hemos sentido, lo hemos visto. Pero lo peor de todo es que no solo afecta a nosotros, sino también a las personas inocentes que viven aquí".
Tatsumi asintió en silencio, recordando todas las escenas de crueldad y desesperación que había presenciado. Mujeres y niños indefensos, aldeanos perseguidos por la codicia de los nobles, y todo bajo la mirada indiferente del Imperio. "Tienes razón...". Murmuró, su voz cargada de tristeza.
Onyx continuó, su tono ahora impregnado de una severidad helada. "Al principio pensé que tal vez no todo estaba perdido. Creí que podría haber gente en posiciones de poder que luchara contra esta corrupción. Guardias, Políticos, Generales. Pero lo que hemos visto durante nuestras misiones...". Hizo una pausa, como si las palabras mismas le costaran salir. "Ni siquiera ellos son buenos"
Tatsumi apretó los puños al escuchar esas palabras. Imágenes de Ogro, Seryu y otros oficiales corruptos pasaron por su mente. Recordar sus rostros y sus actos solo profundizaba su desilusión.
Onyx prosiguió, esta vez con una mezcla de rabia y tristeza. "Cuando vi lo que este lugar se había convertido, me sentí,... decepcionado. Este Imperio, que alguna vez debió ser un faro de esperanza y vida, se ha transformado en un pantano de oscuridad y muerte. Honestamente, Portador, por un momento pensé en irme de aquí con usted. Abandonar todo esto".
Tatsumi levantó la mirada, sorprendido. La idea no era nueva para él. Más de una vez había considerado escapar, dejar la lucha atrás y buscar una vida tranquila lejos de la opresión que este lugar mostraba. Pero sabía que no podía. "¿Y qué te hizo cambiar de opinión?". Preguntó con seriedad.
Onyx respondió con una voz más suave, casi melancólica. "Los ideales. Verá, pensé en los ideales del Primer Emperador... y del investigador que me creó. Ellos no querían que las Teigu fueran armas de opresión. Querían que fueran herramientas para proteger, para guiar. Si abandono esta lucha, estaría traicionando esos ideales. Y más importante aún, estaría traicionando a las personas que todavía creen en un futuro mejor. Como usted, por ejemplo".
Tatsumi asintió lentamente. Las palabras de Onyx resonaban profundamente en su interior. Había algo en esa determinación que lo inspiraba. "Entonces, déjame ver si entiendo bien". Su voz era tranquila, pero firme. "Ya no quieres ser solo una herramienta para proteger al Imperio. Quieres cambiarlo".
"Exacto".
El castaño se inclinó hacia adelante, su curiosidad creciendo. "¿Y cómo planeas hacerlo?. ¿Qué clase de cambio buscas?".
La respuesta de Onyx llegó sin titubeos, cargada de una fuerza casi palpable. "Quiero, que este lugar se convierta en algo digno de su nombre. Una capital que sea un símbolo de vida, de seguridad, de paz. Un lugar donde las personas no tengan que temer al poder, sino que puedan confiar en él. Donde las Teigu no sean herramientas de destrucción, sino de protección. Un lugar donde cualquier persona que entre pueda decir, 'Aquí estoy a salvo. Aquí puedo ser feliz' ".
Tatsumi permaneció en silencio, dejando que las palabras de Onyx se asentaran en su mente. Cada frase, cada declaración, resonaba con una fuerza que parecía encender una llama dentro de él. Finalmente, una sonrisa lenta, pero decidida apareció en su rostro. "Eso... ¡es exactamente lo que yo también quiero!".
La energía en su voz era clara, vibrante, como si se liberara un peso que había cargado durante demasiado tiempo.
Onyx, quien había estado observando cuidadosamente las reacciones de su portador, habló con una mezcla de esperanza y cautela. "Entonces, Portador... ¿Usted aceptaría mis nuevos propósitos?". Por primera vez en mucho tiempo, había una ligera duda en el tono del Teigu, como si temiera el rechazo de quien lo empuñaba.
Tatsumi lo miró hacia la ventana con un brillo en los ojos. "¡Por supuesto que sí!". Su respuesta fue inmediata, llena de firmeza y alegría. "No tienes que preguntarme algo así. Siempre estaré contigo, Onyx". Dijo el castaño, su voz resonando con la fuerza de su convicción. "Somos uno, Onyx. Tu lucha es mi lucha, tu propósito, el mío."
Las palabras del castaño disiparon cualquier inseguridad que el Teigu pudiera haber tenido. El vínculo entre ellos, ya profundo y sólido, se solidificó aún más en ese instante, un lazo forjado no solo en la batalla, sino en un ideal compartido. Tatsumi sabía que el camino por delante sería largo y peligroso, lleno de obstáculos y desafíos que pondrían a prueba su fuerza y su determinación. Pero con Onyx a su lado, con su lealtad inquebrantable y su nueva y poderosa convicción, sintió que podían superar cualquier adversidad. El Imperio no sería derrocado con una violencia ciega, sino transformado con la voluntad de proteger y la firme decisión de hacer lo correcto.
Tatsumi respiró hondo, sintiendo la energía renovada que fluía entre él y Onyx. Sabía que el camino por delante sería largo y lleno de obstáculos, pero también sabía algo con certeza. Con Onyx a su lado, había esperanza.
El castaño se levantó lentamente de la cama y caminó hacia la ventana de la base. La luz de la luna iluminaba su rostro mientras miraba el horizonte, como si ya pudiera ver el futuro que deseaban construir.
"Hagámoslo, Onyx". Dijo con determinación, apretando los puños. "Cambiemos este Imperio Juntos".
La voz de Onyx respondió inmediatamente, llena de convicción y una fuerza renovada. "Sí, Portador. Juntos lo lograremos. Pase lo que pase".
Tatsumi asintió, su mirada fija en la oscuridad de la noche. Pero esta vez, esa oscuridad no se sentía opresiva, sino como el preludio de un nuevo amanecer. Alzó la vista, como si hablara no solo con Onyx, sino consigo mismo y con el mundo entero.
"A partir de ahora, tenemos nuevas metas que cumplir. Y no importa cuáles sean los riesgos o obstáculos que se pongan en el camino, nosotros las vamos a alcanzar". Su voz era un juramento, un compromiso inquebrantable.
Onyx respondió con un entusiasmo que casi parecía humano. "¡Así es!, Unidos somos más fuertes, Portador".
Por un momento, el tiempo pareció detenerse en aquella habitación. La conexión entre Tatsumi y Onyx se había fortalecido más allá de lo físico o lo espiritual; ahora compartían no solo un propósito, sino una visión común para el futuro.
Finalmente, Tatsumi cerró los ojos y tomó un respiro profundo, dejando que la tranquilidad de la noche lo envolviera. Sabía que el camino sería difícil, lleno de sacrificios y desafíos. Pero esa noche, no sentía miedo. Sentía determinación.
"Mañana comienza una nueva etapa, Onyx". Murmuró. "Tendremos mucho trabajo por delante. Pero estoy listo".
"Y yo también, Portador". Respondió Onyx, con un tono que transmitía la seguridad de que nada podría detenerlos.
Esa noche, en la tranquilidad de la base, Tatsumi y Onyx sellaron un pacto silencioso. Juntos, no solo cambiarían el Imperio. Cambiarían el curso de la historia.
Palacio Imperial – 9:00 pm (Habitación de la General Esdeath)
La habitación de Esdeath, majestuosa y opulenta, irradiaba la grandeza propia de la general más temida del Imperio. En una de la paredes, una cama amplia con sábanas de seda blanca parecía un trono dispuesto para una reina. Las paredes, decoradas con tapices y relieves dorados, reflejaban el tenue brillo de un enorme candelabro de cristal que pendía del techo. Cada detalle del lugar parecía haber sido escogido con esmero, desde el mármol del suelo hasta las incrustaciones de piedras preciosas en los muebles. La riqueza de aquella habitación no era solo un lujo; era un símbolo del poder absoluto que Esdeath ejercía.
Descalza, con una simple camisa blanca que apenas cubría su figura esbelta y definida, Esdeath cruzó la habitación. Su andar era tan elegante como el de una depredadora acechando en la oscuridad. El eco de sus pasos resonaba suavemente, como un recordatorio de su presencia imponente. En su mano izquierda, sostenía un conjunto de papeles que había recibido de los guardias imperiales esa misma tarde.
Esdeath abrió las puertas de vidrio que llevaban al balcón. La fría brisa de la noche acarició su piel desnuda, pero no hizo que se estremeciera. Al contrario, parecía que la envolvía con la misma naturalidad con la que el hielo se forma en invierno. Desde allí, la vista de la capital se desplegaba bajo la luz de la luna, revelando una ciudad que parecía estar dormida, ajena al caos que se avecinaba.
Mientras sus ojos recorrían las palabras escritas en el informe, una expresión de interés, mezclada con un toque de intriga, se dibujó en su rostro.
"Terremotos misteriosos y poderosos se manifestaron en la capital. El fenómeno fue tan intenso que causó grietas en varios edificios y dejó profundas fisuras en el suelo, algunas tan grandes que parecen abismos. El epicentro parece haber estado en uno de los parques más concurridos de la ciudad. Aunque se desconoce la causa, se ha enviado un equipo especial para investigar. Se recomienda precaución en caso de que el fenómeno se repita. Atentamente, Capitán Shiin".
Al terminar de leer, Esdeath entrecerró los ojos, sosteniendo los papeles con un gesto pensativo. No era común que algo tan inusual sucediera en la capital sin una explicación inmediata. Y si no había una explicación, entonces seguramente había algo, o alguien, detrás.
"Interesante". Murmuró, dejando escapar una pequeña sonrisa que revelaba tanto fascinación como peligro. Se apoyó en la baranda del balcón, sus ojos recorriendo la ciudad bajo su control.
"Aniquilar a Night Raid tendrá que esperar". Se dijo a sí misma en voz baja, mientras el viento alborotaba levemente su cabello celeste. "Primero necesito descubrir qué provocó ese terremoto. Algo tan así de fuerte y poderoso,... no ocurre por casualidad".
La sonrisa en sus labios se amplió, transformándose en una expresión maliciosa. Era la sonrisa de alguien que estaba a punto de cazar.
"Algo me dice que me gustará lo que encontraré ahí". Su voz era un susurro cargado de una confianza inquebrantable y un toque de ansia, como si ya saboreara el desafío que estaba por delante.
Dejó el balcón, regresando a la habitación con pasos lentos pero decididos. La luz de las velas danzaba en las paredes mientras cruzaba el umbral, proyectando sombras que se movían como si bailaran al ritmo de su presencia.
Se detuvo en el centro de la habitación y dirigió una última mirada al informe. Luego, lo dejó sobre la mesa con un gesto elegante. Las velas, reflejándose en sus ojos azul hielo, parecían pequeñas llamas atrapadas en un glaciar.
"Esta noche tengo nuevos objetivos". Murmuró, su tono bajo pero cargado de intención. Alzó una ceja, y la sonrisa en su rostro se volvió más oscura, más peligrosa. "Que voy a Descubrir, Alcanzar, Poseer... y, sobre todo, romper".
Dio media vuelta, caminando hacia el centro de la habitación con un porte digno de una reina que acaba de trazar el próximo paso de su conquista. Sus pasos resonaron con la fuerza de una promesa inquebrantable, cada uno marcando el inicio de un juego que solo ella conocía.
Antes de apagar las luces de la habitación, Esdeath se permitió un último pensamiento, uno que quedó flotando en la penumbra.
"El Imperio está lleno de secretos, pero ninguno escapará de mí, y mi poder".
Esa noche, bajo la luz de la luna y rodeada del lujo y el poder que definían su vida, Esdeath tomó una decisión. Ya no era solo una general enfrentando enemigos; ahora, era una fuerza de la naturaleza que buscaba desentrañar los misterios que está ciudad ocultaba. Y, como siempre, cualquier cosa o persona que se interpusiera en su camino no sería más que otra víctima del implacable hielo que llevaba en su corazón.
Palacio Imperial – 9:30 pm. (Sala de Enfermería)
La sala de enfermería del palacio imperial estaba sumida en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el leve chisporroteo de las antorchas en las paredes. La habitación, fría y desprovista de calidez, albergaba varias camas, todas impecablemente arregladas. Sin embargo, solo una estaba ocupada.
En esa cama yacía una joven de cabello castaño rojizo, vestida únicamente con una bata hospitalaria blanca. Su rostro, marcado por una mezcla de enojo y dolor, era un reflejo de su estado físico y mental. Aunque su cuerpo aún necesitaba descanso absoluto, su mente no encontraba paz.
La joven, Seryu Ubiquitous, levantó ligeramente la cabeza mientras apretaba los puños sobre las sábanas. En su interior, una tormenta de pensamientos giraba en torno a los eventos que la habían dejado en ese estado.
"Maldito,... ¿Cómo fue posible?". Pensaba, mientras una oleada de frustración y odio la invadía. Su mirada se nubló mientras su mente volvía a esa fatídica noche en el parque.
Ella recordó cada detalle con claridad perturbadora. Sus enemigos, Night Raid, estaban acorralados. Los había enfrentado con la fiereza de alguien que creía encarnar la justicia misma. Todo estaba a su favor. Ellos estaban heridos, desesperados, y a su merced. "Era mi victoria". Murmuró entre dientes, con una voz apenas audible. Pero entonces... él ...apareció.
Un espectro envuelto en sombras. Una figura que parecía surgir de la nada, como un demonio convocado para frustrar sus planes. "Ese maldito... ese bastardo con máscara". Pensó, y sus labios temblaron por la rabia contenida. "¿Quién demonios es?. ¿Qué clase de monstruo puede enfrentarse a mí... y ganar?".
Lentamente, bajó la mirada hacia su torso. Apartó con cuidado la bata, revelando los vendajes que rodeaban su cintura. Bajo ellos, su piel aún mostraba las marcas de la herida que ese hombre enmascarado le había infligido. El solo ver esos vendajes era suficiente para que un asco profundo y una ira abrasadora inundaran su ser.
Un leve movimiento en su cama llamó su atención. Algo pequeño y familiar subió desde sus pies hasta su pecho. Era un perro blanco con orejas, nariz y ojos negros, su fiel compañero y Teigu, Koro. Pero Koro no estaba ileso. Una de sus patas delanteras estaba cubierta con vendajes, su pata había sido amputada como consecuencia de aquel enfrentamiento.
Seryu miró a su compañero con una mezcla de tristeza y rabia. Acarició suavemente al pequeño perro mientras este inclinaba la cabeza hacia su dueña, buscando consuelo mutuo. "Koro...". Susurró, su voz quebrada por la emoción. Lentamente, ignorando el dolor que le causaba moverse, lo abrazó con fuerza.
Koro soltó un leve gemido, como si entendiera el sufrimiento que ambos compartían. La joven cerró los ojos mientras lo sostenía contra su pecho, pero por dentro, su mente era un torbellino.
"Ese maldito demonio...". Pensó, alzando lentamente la vista hacia el techo. Sus labios se curvaron en una sonrisa que comenzó siendo sutil, pero pronto se transformó en algo oscuro, retorcido. "No importa quién seas. Persona, espectro, demonio o lo que sea que se esconda bajo esa máscara... te encontraré. Y cuando lo haga, te llevaré ante la justicia. ¡Por mi honor, por Koro, y por el Imperio!".
Su resolución era inquebrantable. En su mente, el rostro de ese hombre enmascarado se grababa como un enemigo mortal, alguien que debía ser eliminado. Una risa baja y perturbadora comenzó a escapar de sus labios. Creció lentamente, hasta llenar la habitación con un eco que mezclaba dolor, obsesión y locura.
"¡La justicia prevalecerá!". Exclamó de repente, mientras su risa se volvía cada vez más maniática. Su rostro, torcido por la furia y la determinación, reflejaba la distorsión de su propia idea de justicia.
Mientras la joven y su Teigu se acurrucaban en esa cama, abrazados bajo la tenue luz de las antorchas, el destino parecía preparar un enfrentamiento inevitable.
Está noche, los engranajes del destino giraban silenciosamente en la oscuridad. Un joven lleno de ideales, una General despiadada, una Teigu con un nuevo propósito y una guardia imperial herida y desquiciada, ...todos trazaban caminos distintos, pero que estaban destinados a cruzarse.
La capital, en su frágil calma, ignoraba lo que se avecinaba. Metas, Promesas, Objetivos, Propósitos y Juramentos se entrelazaban en las sombras, preparando un choque que no solo decidiría el destino de sus protagonistas, sino también el del Imperio entero.
Hola a todos, bienvenidos a un nuevo capítulo de esta historia. En este capítulo, me tomé el tiempo para establecer con mayor claridad los objetivos y las motivaciones de cada personaje. Como pudieron leer, cada uno de ellos ha tomado decisiones clave que marcarán el rumbo de sus caminos. Sus promesas, conflictos internos y propósitos están ahora mucho más definidos, y eso sentará las bases para los enfrentamientos y los momentos críticos que vendrán.
Sé que muchos de ustedes esperan con ansias los próximos eventos, y no puedo culparlos: el próximo capítulo nos llevará al intenso enfrentamiento entre las Tres Bestias vs Bulat y Tatsumi . Y, como en el caso del combate entre Seryu vs Mine y Sheele, habrá cambios significativos. Esos cambios no solo le darán frescura a la narrativa, sino que también explorarán nuevos aspectos de los personajes que quizás no habían visto antes.
¿Quieren pistas? Solo puedo decir que las estrategias, los diálogos y el peso emocional del enfrentamiento serán diferentes a lo que recuerdan. El conflicto no será solo físico, sino también psicológico, mostrando cómo los ideales y las lealtades de los personajes chocan de maneras inesperadas. Créanme, lo que está por venir promete no solo acción, sino también tensión y momentos que los dejarán al borde de sus asientos.
Mientras tanto, no olviden que los personajes que vimos hoy también están avanzando hacia sus propios objetivos. Tatsumi y Onyx, han renovado su vínculo con la esperanza de cambiar el Imperio de una forma más justa y sin más sangre innecesaria. Por otro lado, Esdeath está empezando a dirigir su atención hacia los misteriosos eventos que sacudieron la capital, intrigada por un poder desconocido que podría despertar aún más su insaciable deseo de desafío y control. Y finalmente, Seryu, rota pero determinada, ha reafirmado su convicción distorsionada de justicia, jurando venganza contra el espectro que frustró sus planes.
Este capítulo marcó un antes y un después para nuestros protagonistas, y estoy seguro de que están tan emocionados como yo por ver cómo todas estas promesas y objetivos colisionarán en los próximos capítulos.
Antes de despedirme, me gustaría agradecerles por su apoyo constante. Si les ha gustado este capítulo, no olviden dejar su favorito, comentar qué les pareció y compartirlo con sus amigos. Sus comentarios y opiniones siempre son una inspiración y una motivación para seguir mejorando. ¡Aprecio mucho cada palabra que me dejan!
Los invito también a seguir esta historia si aún no lo han hecho para que no se pierdan nada de lo que viene. ¡Hay mucho más en camino!
Sin más por ahora, me despido. Cuídense mucho y recuerden que sus opiniones son el motor de esta historia. Nos vemos en el próximo capítulo. ¡Hasta pronto!.
