Bueno he aquí el fruto de los otros esfuerzos jejeje, sigamos debatiendo sobre esto, realmente se me hace muy divertido charlar con ustedes. Veamos si este cap es de su agrado.
Capítulo 66 ― Balanza III

Mazmorras de Zibel (Gusanos)

El sonido de los pasos de los guardias, los lamentos, obscenidades y quejas, era la única cosa que podía escuchar en medio de las sombras de aquel lugar, era un sitio deplorable y sobre poblado, un lugar lleno de mastines e indeseables. Cuando la batalla en el templo de Fukka concluyó aquel día y con lo que parecía la muerte segura de los miembros de la familia Kruger, tal vez pudo pensar que la peor parte ya había pasado, tal vez se confió cuando pudo volver a Tsu con su familia y al menos por un tiempo, todo fue como solía ser.

Pero la realidad era que había perdido el respeto de sus hijos, su esposa ni siquiera quería dormir en la misma habitación y su madre, ella lo miraba con lástima y decepción. Eso era tolerable, podría traerlos de vuelta con el tiempo, sin embargo… El día menos pensado, soldados de la guardia de la familia real, hicieron acto de presencia en las puertas de su mansión. Una carta plasmada por el puño y la letra de su hija, le daba a saber que sería ingresado a la mazmorra por los crímenes que había cometido. Aquello fue devastador… mientras gritaba y forcejeaba en los brazos de los caballeros, vio las caras lamentables de su familia, quienes no movieron ni un dedo para salvarlo.

La realización del abandono se asentó horas más tarde, con una tristeza inconmensurable. Sus manos atadas y puesto sobre un caballo, pasaron los días bajo las lluvias o el ardiente sol, montado sobre aquella insufrible bestia de cuatro patas, pero a los custodios aquello no les importó. Enfermó y tal vez fue la única cosa buena, porque mientras escupía los pulmones en la fría humedad de su celda, salvaba su existencia de situaciones horrorosas, que pasaban a su alrededor en las otras celdas, realmente abarrotadas.

No distinguía el día de la noche, sin siquiera una ventana con barrotes para mirar al exterior. Lo que suponía que eran las noches, porque algunos guardias dormían sentados en su silla, era incluso más terrorífica de lo que imaginó. Lo que vio a través de los barrotes de las otras celdas, jamás podría borrarse de su memoria, pues la ausencia de mujeres llevó a los mastines a realizar practicas tan infames como la sodomía, algunos incluso disfrutaban de ser observados mientras sometían a sus víctimas. Los condenados a vivir tales vejaciones, eran los hombres más débiles, cuyos cuerpos jamás fueron lo suficientemente macizos para presentar alguna resistencia, esos hombres eran como él y los vio perder su humanidad cuando las noches se hicieron meses.

También conoció el hambre, algo que en la abundancia de su morada jamás imaginó vivir. Ahora, incluso aquella repulsiva avena que le fue provista como alimento, tenía un sabor apreciable. Ya ni decir los hedores a los que su olfato finalmente se acostumbró o tal vez su mente se apiadó y perdió esa capacidad. Satoru no podía saber qué tiempo pasó realmente, porque no todos los guardias dormían y la regularidad de la comida tampoco pudo ser un factor, porque hubo ocasiones en las que le pareció que dejaron de alimentarlos.

Pero incluso en aquel infierno olvidado de la mano de los dioses, supo un poco sobre lo que pasaba en el exterior. Las voces de los guardias pudieron escucharse alguna vez hablando de la transición del reino a un imperio por la voluntad de los dioses y que la nueva imperatoria, era un ser misterioso que reconstruyó los destrozos de la capital, tan pronto y tan eficientemente que fue como si el asedio jamás hubiera ocurrido. También oyó las campanadas como un eco distante y la noticia del nacimiento de las nuevas princesas imperiales… cuando escuchó que eran dos, la sangre se heló en sus venas. ¿Sería posible que la imperatoria fuera Natsuki Kruger y su hija la emperatriz? ¿Habían nacido ya sus nietas? Se negó esa posibilidad, sería una simple casualidad porque Natsuki Kruger murió esa noche, rememoró sobre su cuerpo de piedra negra como su alma.

Los pensamientos y las dudas lo atormentaron, su angustia creció cuando las tornas volvieron a su cauce, y la nueva gobernante retomó los juicios en contra de los enemigos del estado, los guardias vinieron por los cautivos, pero jamás trajeron otro de vuelta. Las voces alabando la presteza de su majestad para culminar los procesos con celeridad, solo significaba que los cuerpos colgaban en la plaza apenas un día y al siguiente fueron arrojados en una fosa común.

Finalmente, los sonidos de las botas de los guardias se detuvieron frente a su celda, los hombres entraron y lo tomaron por los brazos quejándose de lo mal que olía. Fue llevado a un cuarto en el que le desgarraron la ropa y lo obligaron a estar desnudo. Le arrojaron un jabón y le señalaron un balde con agua. —Limpia tu inmundicia. No mancharás la nariz de su majestad con tu hedor.

—No pareces demasiado especial, por mí te habría sumergido en la celda con el coloso Sam, y habrías sabido por cuál parte de su cuerpo, es llamado "coloso"— La risa del soldado delató que los guardias sabían lo que ocurría en las noches y que ellos, incluso intercambiaban las presas para que el hombre les quitara su orgullo.

—Deberías probar por ti mismo los horrores que vivieron nuestras mujeres… por culpa del enano blanco, tu adorado amigo— Murmuró con desdén el otro hombre, que no había podido proteger a su hija de la perversión de los aliados del maldito Nagi Dai Artai, pues cuando volvió de su trabajo lo peor ya había pasado.

Humillado y apenado, Satoru no tuvo más remedio que usar el jabón y frotar su piel, hasta que la suciedad fue retirada. El custodio, cuyo rencor no disminuía, se aproximó a Satoru y pateó el balde de agua, mojándolo y golpeándolo al mismo tiempo. El Fujino respingó asustado y cayó al suelo, mirando temeroso a los dos hombres.

—¿Qué esperabas? ¿Agua tibia?— Se burló, pero de todos modos alejó a su amigo del hombre castaño. —La anterior reina lo ordenó, no podemos tocarlo, fue una consideración a la hija de este hombre, sabes que la gracia amatista salvó la vida de muchas personas tras la noche oscura. Así que si vas a golpearlo… hazlo donde los moretones no se vean.

—¿Hablas de la magnífica madre?— El hombre, pelinegro y barbado, casi no podía creer que una mujer tan impresionante hubiera nacido de la semilla del pelele que estaba a sus espaldas, recogiendo su orgullo del suelo lleno de suciedad.

—Debes llevarte el secreto a la tumba, la emperatriz, la preciosa madre del imperio… no puede ser asociada con este canalla.— Respondió el primero.

Comprendiendo la vergüenza que este debía ser para sus majestades, se apresuró a tomar otro balde con agua y vaciarlo sobre la cabeza de Satoru. —Ya pronto serás juzgado y el peso de tal vergüenza, se desvanecerá con el tiempo— Dijo solemne el pelinegro llamado Clay. —Levántate, es necesario que te vistas.— Le señaló la ropa que había sobre una mesa, eran prendas de diversos tamaños de tercera mano, pero limpias.

El castaño de Tsu se levantó con dificultad, pues su cuerpo ya no era el de un noble, más parecía un mendigo cuyos cabellos y barba alargada le hacían ver tremendamente desaliñado. Se vistió con la celeridad solicitada, le pusieron grilletes en los tobillos y lo obligaron a caminar descalzo. Volvió a ver la luz del día tras llegar a la superficie, estaba debajo de los edificios de los caballeros imperiales, entonces fue arrojado en una carreta en la que chocó contra otros de los prisioneros. Allí se sorprendió de ver a Tomoe Margueritte quien se había hecho un ovillo en una esquina y lucía incluso peor que él. Los caballos arrancaron y vieron a lo lejos el precioso Castillo Silene que parecían múltiples palacios hechos de marfil y perla, pues su estructura blanquecina recordaba la más exquisita escultura. Por más que Satoru intentó hacer hablar a la muchacha, no pudo hacerlo, pero en cuanto se aproximó y la tocó en el hombro, solo logró que la mujer enloquecida lo pateara, y además lo escupió en la cara.

Llegaron al pabellón oeste, un enorme edificio erigido con el único propósito de aplicar la justicia y que también contenía la biblioteca real, donde los estudiosos podrían consultar las normas a ejecutar. Los bajaron a patadas de la carreta y caminaron sobre el pasto, los pasillos y finalmente el palacio de justicia, frente al cual estaba erigida una estatua en honor de la diosa Terim, señora de la verdad y de la balanza.

Su distracción no cayó en gracia a los guardias que lo patearon para que volviese a la fila, pese al dolor se obligó a caminar de acuerdo a las órdenes, entraron en el palacio y fueron guiados a un cuarto contiguo al tribunal. Los ordenaron y pusieron sus nombres en un papel que fue pegado a su pecho, seguido de un grupo de números. Unas horas después y tras el juicio de Tomoe Margueritte, Clay le habló. —Satoru Fujino prepárate para ser juzgado.— Le dijo el guardia antes de separarlo del resto y hacerlo atravesar la puerta, que sus compañeros cruzaron antes que él.

La pulcritud del espacio lo sorprendió, el salón de aspecto minimalista contenía lo estrictamente necesario para llevar a cabo los procesos y archivar los juicios del mismo día, antes de ser trasladados a sus lugares de reposo permanente. Vio dos palcos de 10 plazas, uno con 8 hombres de aspecto letrado y otro con 8 mujeres, cuya apariencia exponía su alta posición, pues sus vestidos eran de las sedas más exquisitas. Aunque no podría saber quienes eran, dado que tenían puestos velos sobre sus rostros, debajo de sombreros floridos y parecía que no estaban allí solo por la misma razón que los hombres.

Fue empujado una vez más ante su lento proceder, quedando de rodillas entre los dos palcos y el trono frente a él estaba vacío, se sorprendió de ver que la silla estaba hecha completamente de cristal, salvo por la preciosa cojinería escarlata. Apenas pudo observar las pulcras botas con joyas incrustadas, hechas de un metal que no conocía, pues tenían la flexibilidad de unas botas de cuero, pero la resistencia del titanio y eran del color del bronce.

Satoru no pudo ni levantar la cabeza, pues el guardia se aseguraba de presionar con fuerza hacia el suelo. —Satoru Fujino, se le acusa de alta traición por el intento de asesinato de un miembro de la familia Real de la querida Windbloom y el homicidio del Gran Archiduque Takeru Kruger, honremos la memoria del místico lobo negro de Fukka.— Dijo con solemnidad el escriba. —Así mismo, también se le acusa de la complicidad en el intento de violación de la Duquesa Shizuru D'Kruger, hoy Emperatriz de Windbloom. También se le imputan cargos de conspiración y traición por aliarse con Nagi Dai Artai, para confabular contra la familia Kruger durante el levantamiento del poblado en Fukka, situación que dio lugar a la muerte del gran duque.— El orador dijo aquello para el registro. —¿Cómo se declara el acusado?

—¡Inocente!— Gritó Satoru, suplicando desde su posición sometida a los 16 magistrados en el palco.

—¿Hay algo que quiera decir en su defensa?— Preguntó el escriba Rivan, por el rigor de su oficio y su devoción a la deidad que representaba este sacro lugar de justicia.

—¡Es absurdo! ¿¡Qué padre participaría de un plan tan macabro en contra del bienestar de su propia hija?!— Negó la acusación con vehemencia. —Sobre los otros cargos, yo… fui chantajeado por Nagi Dai Artai.— murmuró con voz desesperanzada y afligida, como si de un damnificado se tratara. —Soy una víctima de ese monstruo. Él me obligó a usar el arma contra las bestias de Fukka, pero el objetivo de tal cosa, era domesticar a los grandes lobos— Satoru se explicó rápidamente. —Podrá decir que soy un demente, pero aquel al que llaman Lobo negro, realmente podía transformarse en ese inmenso animal. Al final ni siquiera el Conde sabía que las perlas negras eran letales para ellos cuando fundió las balas.— Jadeó sintiendo los dedos metálicos del guardia enterrarse entre su cuello y su cuero cabelludo. —¡Yo no quería matar a nadie!

—No mientas en mi cara, desgraciado.— La voz de la imperatoria se escuchó en la sala. —¡Yo soy testigo!

El guardia lo soltó y por fin pudo levantar la cabeza, contemplando la portentosa imagen del gran astro del imperio, era un hombre hermoso, de rostro apolíneo. Sus ropas eran propias de los caballeros nobles de alta alcurnia, sus insignias exponían a esta persona como la figura de más alto poder en la milicia, sean testigos la espada y el revólver cromado presentes en las amarras de su cintura. Lucía una cazadora y un pantalón de color negro, ambos estaban bordadas en hilos de oro y un fajín dorado. Satoru miró con detenimiento la corona cristalina que era un tesoro de las arcas de Tsukuyomi, también observó las facciones de este monarca, que eran tan perfectas que podría dudar de su humanidad; sin embargo, los iris esmeralda y los cabellos cobalto, helaron la sangre en sus venas, pues claro que recordaba un rostro muy similar, aunque aquel fuera ligeramente más imberbe. ¿Era este hombre algún familiar de Natsuki Kruger?

—Su excelencia, ¿cómo podría ser testigo si no estuvo presente?— Dijo con voz fatigada y temerosa el castaño.

—¿No me reconoces Satoru? Tal vez olvidaste el rostro que ocultaron las vendas, y claro… ya no tengo una máscara en mi rostro. Pero era un monstruoso adefesio, según tus propias apreciaciones… solo por ser diferente a todo lo que conocías.— Natsuki sonrió burlonamente, porque este hombre había hecho miserable su matrimonio, solo porque era una mujer y porque su aspecto no era halagüeño. Pero los papeles se habían intercambiado drásticamente. —Aún lamento que Kaede sea tu madre, pues no puedo faltarle al respeto a mi propia abuela si intentara insultarte por haber nacido.

La tensión creció en la sala ante las palabras de la imperatoria, quien mantuvo su expresión severa sobre el acusado. Los magistrados consideraban que era bastante desafortunado que este hombre fuera el padre de la emperatriz, quien se había alejado bastante de la raíz del árbol que dio su fruto.

—El acusado alega haber sido un prisionero de Nagi Dai Artai, defiende haber sido coaccionado a disparar para dar caza al lobo negro de Fukka y jamás haber participado en confabulación alguna. Niega haber participado de las acciones que resultaron en el abuso de la esposa de su majestad durante su estancia en Fukka, pues como padre, jamás haría daño alguno a su propia sangre.— Volvió a referir el escriba. —Es esta su defensa, ¿señor Fujino?

—Así es— Afirmó el castaño, aun de rodillas, pero con cierta expectativa, dado que había más testigos y por mantener su buen nombre, esa mujer tendría que proceder justamente.

Natsuki movió su mano y con este ademán, los guardias lo levantaron del suelo, pusieron una silla de madera en su espalda, obligándolo a tomar asiento y reteniendo allí preventivamente. —No eres quién para saberlo, pero alguien muy amada por mí, realmente puede enfermar de indignación ante la injusticia, por lo que respetaré el debido proceso como siempre.— Sonrió amablemente pensando en Terim. —Señor Lombart, por favor, argumente las acusaciones.

El hombre alto de cabellera rojiza y ojos azules, tomó una carpeta llena de documentos. —Narraré los hechos:

1- Se ha registrado en los libros de historia, que los Kruger y sus ejércitos han protegido al mundo de la proliferación de Orphans durante 4 siglos, a costa de su propia sangre y muerte en Fukka. Tomar la forma de un lobo, fue el modo que la diosa de la tormenta, salve Ame no Mikoto… encontró para no enviar a la familia real a una muerte segura. En tal caso, las formas dadas a los miembros de la familia Kruger, no pueden ser consideradas malvadas per se, ya que eran indispensables para salvaguardar el reino.

2- El señor Fujino vio al Gran Archiduque Takeru Kruger en la forma del lobo y a la deidad en persona en las tierras de la familia real en Fukka tras un incidente con un Orphan, el temible oso pardo, conociendo así la tarea protectora de la familia en la que su hija se había desposado. Se anexan los testimonios de los soldados y de los hijos del señor Fujino, presentes en el incidente.

3- Cualquier cazador u hombre con sentido común, sabría que si se pretende obtener a un animal vivo, atacar a una extremidad es lo adecuado. Usted, señor… disparó a la altura del pecho de su majestad la imperatoria Natsuki Kruger quien vive gracias al sacrificio de su honorable padre, el Gran Archiduque. Es evidente que su intención no era cazar al lobo para la domesticación, quiso matarla desde el principio, pero fue Takeru Kruger quien murió en su lugar. Se anexan testimonios de varios serviles de Nagi y de las imperatorias.

4- Esta no fue la única ocasión en la que quiso matar a su majestad, en Tsu durante la fiesta del cumpleaños 16 de su querida hija, contrató a mercenarios para eliminar a su majestad. Fue la piedad del señor Smith la que evitó una tragedia y su aparente infortunada puntería con el puñal cuando tuvo la oportunidad de matar a Natsuki Kruger estando atada e indefensa. Se anexan los testimonios del señor Smith, la criada Margueritte, su majestad y del cochero.

—Se cierran las evidencias del intento de asesinato a su majestad y el asesinato del Gran Archiduque. ¿Señores como consideran al acusado?

¡Culpable! Dijeron a coro los 8 hombres en el palco, y una a una las mujeres del otro palco levantaron un pañuelo rojo, que simbolizaba la culpabilidad del acusado. El temblor en alguna de las manos de las damas se hizo evidente.

—Señor Lamber, prosiga con los otros cargos— Dijo Natsuki quien había puesto un sello de silencio en la boca de Satoru y disfrutaba del hecho de que, esta vez, no tuviera la oportunidad de hablar.

El magistrado asintió y continuó sus acusaciones. — En el caso de la confabulación en el incidente contra la dignidad de su majestad, la emperatriz:

1- De acuerdo al testimonio de Tomoe Margueritte, criada de confianza del señor Fujino. Se aliaron con la señora Nao Yuuki, mano derecha de Nagi Dai Artai. Se anexan los testimonios de las damas de compañía, y facturas de la casa de citas en Fukka, un establecimiento en el que se le vio compartir bastante tiempo con la señorita Yuuki.

2- En consorcio con Nao Yuuki, envenenaron sistemáticamente el té de su majestad Shizuru D'Kruger. Lo hicieron con un afrodisiaco tóxico conocido como la flor de fuego, la cual es venenosa si se consume con regularidad… Estos actos fueron realizados durante la ausencia de su esposa, en un incidente de invasión de Orphans. De acuerdo a su plan, la criada irrumpiría en el lecho de su joven ama, para que la dignidad del matrimonio fuera puesta en duda y se diera la disolución. La señorita Margueritte, confesó haber tomado a la fuerza a Shizuru Kruger hasta el momento en que Natsuki Kruger, su esposa, las encontró infraganti. Todo lo anterior con consentimiento suyo, señor Fujino.

Aunque Satoru quiso refutar todo aquello, la voz simplemente no salió y su silencio fue una clara admisión de culpa. El lloriqueo de una de las damas del velo no se hizo esperar y el sonido de tal llanto se le hizo familiar al castaño. ¿Era su Mizue quien estaba presente? Entonces… la mujer cuyos atavíos eran los más exquisitos de todas ellas, ¿era Shizuru? Miró con horror a Natsuki quien le dedicaba una mirada victoriosa desde su magnífico trono y su rostro delataba el deleite que sentía al verlo impedido para hablar. Así, Satoru recordó el día que dijo todas esas cosas sobre ella y Nao en la cama, como la vergüenza y la humillación de Kruger había sido visible. ¿Era esta su venganza sobre eso?

—Se cierran las evidencias de la confabulación que dio como resultado el abuso a su majestad la emperatriz. ¿Señores como consideran al acusado?

—Mancillaste la dignidad de los padres que fuimos bendecidos con hijas— dijo Hanzo Okuzaki con su rostro lleno de ira. —¡Culpable!— gritó, y a él le siguieron los otros hombres, que se habían levantado exaltados de su asiento, acusando a Satoru de no ser digno siquiera de ser un hombre.

Las mujeres levantaron sus pañuelos rojos y alguna incluso dejó caer el suyo sollozando. Mientras Satoru no podía creer cuan cruel estaba siendo la imperatoria. Miró en los velos, sin saber quién era quien, claramente siendo 8 damas, había espacio suficiente como para que las mujeres de su vida estuvieran allí. Mizue a quien reconoció por su sonido peculiar al llorar; detrás de ella observó a una mujer robusta y menos alta, pero digna, era Kaede; la figura doblada temblando, era Mai y aquella cuyos puños se cerraron sobre la tela de su vestido… tenía que ser Shizuru. Quiso gritar que no fue su culpa, que fue Margueritte quien se tomó más atribuciones de las debidas, pero no tenía voz.

—Finalmente, en la alianza con Nagi Dai Artai, tenemos cientos de los testimonios de los aliados del Conde, desde los sirvientes hasta los maestros Slave, algunos de los nobles coludidos y más, que confirman que el señor Fujino tomó asiento a la mesa con Nagi, siendo tratado como un gran amigo lleno de privilegios en el castillo Barbarak.— El señor Lombard dejó ver una enorme cantidad de cartas selladas de todo tipo. —Se cierran las evidencias de la alianza entre Nagi Dai Artai y Satoru Fujino. ¿Señores como consideran al acusado?

—¡Maldito traidor!— Alzó la voz uno de los señores. —¿Bebiste de las mieles del enemigo y ahora quieres fingir ser una víctima?— El viejo Sorata, padre de Kamui… realmente desearía escupir en la cara de este hombre, pero se contuvo. —¡Culpable!— y Hanzo lo acompañó sentenciando la culpa junto a los otros 6.

Por tercera y última vez, los pañuelos rojos fueron arrojados, ahora las lágrimas inevitables llenaban los rostros ocultos de las mujeres. Pero esto no mermó ni un poco las intenciones de Natsuki, quien aguardaba pacientemente este momento.

—Hombres y mujeres distinguidos de Windbloom han escuchado y han visto— Murmuró Rivan Lombard, el fiscal que Natsuki había considerado digno de la tarea. —De todos los cargos, fuiste declarado culpable. Satoru Fujino— Habiendo cumplido su encargo, el pelirrojo reverenció a su majestad, pues los crímenes de este insulso señor fueron expuestos a la vista de quienes más importan. —Escuchamos su veredicto, majestad.

La pelinegra se levantó del trono y se aproximó a Satoru. —No te librarás del castigo de tus múltiples crímenes.— Se acercó y le susurró al oído. —Por permitir la mano indigna de Margueritte sobre la piel de mi esposa, conocerás el sentimiento del abuso— La pelinegra se irguió mirando con suavidad al guardia que mantenía a Satoru pegado a la silla. Al pelinegro, cuya hija fue mancillada, Natsuki lo miró con respeto y posó la mano en su hombro compasivamente, pues había sabido de sus circunstancias por otros de los soldados. —Traeré el don del olvido para tu pequeña y lavaré su cuerpo de cualquier impureza, ven a verme junto con la jovencita alrededor de las 6pm en mi despacho— Le dijo a Clay sabiendo que Ceret vendría y este pobre padre la miró con profunda gratitud, pues sabía que su imperatoria no era una persona común. —Pero asegúrate de que esta noche, Fujino conozca al coloso

La conversación, que se mantuvo lejos de los oídos de la familia del Fujino, pero cerca del castaño, solo hizo que Satoru se removiera en la silla, temeroso de recibir los mismos cortejos que sus compañeros de celda, mientras negaba con la cabeza.

Shizuru quien sospecho del extraño comportamiento de su esposa, se apresuró a bajar del palco, pero sus pasos se detuvieron en cuanto esas palabras esperadas, pero indeseadas, nacieron en la voz de Natsuki. —La balanza sea equilibrada. Por el crimen de asesinar al gran Archiduque, Takeru Kruger… Satoru Fujino, pagarás con tu vida la vida de mi padre.— Dijo tranquilamente intentando mantener una postura serena, cuando realmente era halagador ver el terror en los ojos de ese hombre. —Por tus acciones, los libros de historia retratarán tus acciones y serás conocido como el Traidor de Sangre , aquel que permitió el abuso de su propia hija, aquel que disparó contra el hombre que le salvó la vida y pagó su deuda por 80.000 monedas de oro, sabrán que fuiste el asesino de un príncipe heredero de Windbloom. Se te recordará como el traidor que se alió con el conde Nagi Dai Artai y apoyó el golpe de Estado, cuyas abominaciones sufridas por mis súbditos y mi familia pesarán en tu consciencia; así mismo el apellido Fujino será eliminado de toda genealogía, pues mi sangre jamás será emparentada con la tuya.— Natsuki sonrió, liberándolo del yugo del sello silencioso. —Y pagarás el mismo precio que mi tormento en la morada de mi enemigo, serás torturado del mismo modo que yo lo fui, porque mientras brindabas en la mesa de Nagi yo padecía, mientras te reías a su lado de mi martirio, yo agonizaba.— Sentenció sin que un solo cabello se removiera en su cabeza. —Ejecútese de inmediato… Clay, llévalo e iniciemos con su mano derecha. Haz que sea atravesada por una flecha de ballesta mediana.— Le habló al guardia pelinegro y barbado, recordando su primera herida en manos de Nagi.

—¡Nooo!… ¡Te lo suplico!— Gritó Satoru recuperando su voz y llorando de pavor, no sólo por la flecha, sino por lo que le aguardaba esa noche. Se revolcó pese al firme agarre de los guardias que ya lo arrastraban. —¡Madre! ¡Madre!— rogó por la mujer de cabellos canos, cuyo corazón casi no podía soportar ver todo esto.

Pero Natsuki no se quedó a mirar, porque recordaba el dolor que sintió al perderlo todo por las insidias de este hombre. —Será todo por hoy, devuelve a los prisioneros restantes a sus celdas.— Le dijo a Rivan con la intención de salir de allí y así lo hizo, con conocimiento del gran problema que vendría sobre ella por estas decisiones.

—¡Natsuki!— sin duda era la voz de Shizuru, que casi corría tras ella. —¡Natsuki! ¡Detente ahora mismo!

Así que cesó su rápido andar a mitad de camino, para que la mujer a su espalda la alcanzara y consciente de la ausencia de cualquier persona en las cercanías, se volvió para mirarla. —Te escucho.

—¿Cómo pudiste hacer esto? Mi madre y mi abuela… tal vez tenga un ataque ahora mismo. ¿Fue por esto que no le permitiste venir a Takumi?

—Tu hermano querría golpearme y terminaría preso por agredir a un miembro de la familia imperial, más grave aún a mí que soy imperatoria. Genuinamente, no quiero tener que ejecutar a mi cuñado.

—¿Entonces tenías que ser tan cruel con mi padre? ¿Vas a empalar su mano? ¿No te bastaba con la horca?

—Pasó horas después de que se fueron, una flecha me atravesó la mano derecha…— murmuró, levantando la mano intacta debido a su cuerpo divino, pero muy fresca en sus recuerdos. —Dije que equilibrará la balanza. Fue gracias a los ardides de tu padre y sus amiguitos, que fuiste secuestrada, si acaso imaginas el miedo que sentí por eso… que puede no importar ahora. Pero lo que pasó después fue peor.

—Pero mi padre no tiró la flecha… él no te hizo todas esas cosas.

—Satoru nos dejó a merced del enemigo y asesinó a mi padre, es como si él hubiera apuntado la flecha, y otro la disparó.

—Natsuki, te lo pido… recita su condena, dale una muerte en la horca como a Margueritte, a ella no la torturaste.

—¿Por qué lo haría?— Se rió con desdén. —En cuanto los soldados supieron que Tomoe Margueritte intentó abusar de ti y envenenarte, ¿realmente crees que se quedaron con las manos cruzadas? Yo no necesité decir una palabra… pero la única razón por la que tu padre se encuentra indemne, fue debido a Mashiro, quien tuvo estas consideraciones por ti.

—Tú no eres así, por favor… ¿Esta es la crueldad que quieres mostrar para instruir a nuestras hijas?

—¿Realmente quieres quitarme esto?— La exasperación ya no podía ocultarse en el rostro de la pelinegra o en sus ardientes ojos esmeraldas. —Esperé el día y el lugar, conseguí todas las pruebas y respeté la Ley para hacer que él pague por lo que nos hizo. Ni siquiera usé mi voto para declararlo culpable, todas lanzaron los pañuelos rojos sin una sola coacción de mi parte. ¿Y ahora me pides que su muerte sea rápida e indolora?

—Si hubiera sabido que harías algo como esto el día que te di mi perdón a cambio de la vida de mi padre, yo no lo habría hecho… su muerte es inevitable. No te lo discuto, pero no actúes así.— Trató de tomar la mano de la pelinegra, pero ella no lo permitió.

—No me diste nada, Shizuru… solo fingiste que lo hacías.— Dijo con voz amarga la pelinegra, consciente de las palabras que Shizuru le dijo a Shura el día de la coronación, incluso si eso fue escuchado por los oídos de Derha. —Si todo lo que elegiste decir en este momento es que me perdonaste por esa razón, sabes que mientes. Querías hacerme daño donde más me doliese, porque la mujer que amo puede sentir rencor, pero yo no. Porque el pecado que es una amante puede hacer correr sangre, pero la vida de mi padre o mi martirio no significan lo suficiente.— Su decepción no pudo ser más grande. —Y en verdad no sabes nada, nada de nada… mujer.— Negó con la cabeza, tensando la barbilla, ahora realmente no confiaba ni un poco en la compasión de su esposa, que tal vez existía solo para Satoru.

—Natsuki, lo lamento… no intento decir que lo que sientes es insignificante. Pero la muerte es un castigo adecuado y suficiente.

—¡Yo quiero que sufra!— admitió con rencor en su voz, sorprendiendo a la castaña que se quedó sin argumentos ante tal cosa. —Yo quiero que ansíe la muerte del mismo modo que yo lo hice.— Estrechó con su mano la tela preciosa sobre su pecho. —Sí, Shizuru… le rogué a los dioses la clemencia de la muerte. Pero sabía que tenía que enfrentar a la criatura para que el mundo fuera seguro para ti y para mis hijas. Lo soporté todo, con tal de realizar mi empeño.— Natsuki estaba tan disgustada con Shizuru que simplemente no quería hablar más, pero se detuvo unos cuantos pasos después, cuando un pensamiento arruinó incluso más su estado de ánimo. —Pero tal es mi suerte, que me podrías echar en cara el asunto de que él morirá y yo sigo con vida. Está bien… me retracto. Vivirá la misma tortura que yo, látigo por látigo, golpe por golpe, corte por corte y si al final sobrevive por sí mismo como yo lo hice, entonces cambiaré su nombre y podrá ser un abuelo feliz junto a nuestras bebitas. ¿Contenta?

—No es lo que intentaba decir.— Shizuru entendió que Natsuki no estaba dispuesta a escucharla y no sabía si tenía razón. La emperatriz pensó que esto solo dividiría más a su familia, por cuanto su madre no miraría con buenos ojos a su esposa, considerándola una tirana y si era honesta, realmente no quería ver a su padre padeciendo tanto.

—La verdad es que creo que no sobrevivirá a los disparos.— Fue la última cosa que dijo antes de caminar alejándose de ella con las manos llenas de flamas azules. —Pero es una injusticia, porque soy más joven y sanaría mejor… supongo.— Continuó ironizando mientras discutía y despotricaba de camino a la plaza en la que vería el disparo de la flecha, dudando que Satoru pudiera soportar la tortura de un mes entero, pero no sedería esto por nada del mundo.

.

.

.

Gloríete Remus

(Ilustración De'Zire)

—De'Zire, mi amada hija, ha elegido desposarse con el Conde, Kamui Sorata, también capitán del escuadrón Valenti de Windbloom, quien ha servido a nuestro imperio capacitando a la guardia en el control del animus, a fin de crear nuestra propia defensa contra la proliferación reciente de los Vannir— La voz de la imperatoria, Sara se expandió por todo el salón con las buenas nuevas y los aplausos no se hicieron esperar, mientras cierta diosa mantenía un rostro inexpresivo con esfuerzo, pues no quería exponer su disgusto más de lo necesario. —El nuevo compromiso que se dará, consolidará el lazo con el Imperio de Windbloom a quien los dioses han bendecido con su presencia y cuya fortuna se ha extendido sobre nosotros, con el retorno de la deidad guardiana de Remus y Remulus, su excelentísima, Elfir diosa del viento. A quien celebramos este día.

El anuncio se había hecho con motivo de la celebración del júbilo del retorno de la diosa guardiana del gran templo y ella misma no tenía palabras para hacer un discurso adecuado aquella mañana. Sin embargo, se las arregló para salir airosa de la situación y desear una vida prospera a los jóvenes. Como si no quisiera morderse un codo cuando los dos firmaron el contrato matrimonial que a ella se le negó, debido al luto… un luto que no valía nada ahora mismo. ¿Por qué hizo esto? ¿Acaso fue por las palabras que le dirigió aquel día, sobre tener a alguien solo para ella? ¿O se debía al hecho de que las intrigas políticas la forzaron a tomar la decisión más rápidamente? Cualquiera fuera el caso, esto ya no se resolvería con su confirmación verbal sobre la elección de Zire como la futura imperatoria, la cual celebraba de corazón.

Su rostro quizás no estaba mostrando la alegría que debería, por lo que los nobles la miraban con preocupación y tuvo que componer la fachada, tomó una copa de vino y calculó cuanto sería el tiempo adecuado para marcharse, sin volver a generar rumores desagradables que dañaran la reputación de la princesa en un día tan especial para ella.

Dado que la selección tuvo lugar y las familias de las líneas secundarias se sorprendieron de escuchar el nombre del capitán Kamui Sorata quien fue escogido para esposo consorte de la joven futura imperatoria De'Zire. La indignación llenó la corte, pues ellos habían postulado a numerosos hombres y mujeres de la edad adecuada y que heredarían altas posiciones en los ministerios más importantes del imperio. Pero una vez más, la joven heredera había seleccionado a un prometido extranjero, dejando clara su postura sobre lo que se esperaba de su gobierno, como una monarquía desligada de las influencias políticas de las otras ramas, y esto no sería del agrado de muchos.

Mientras la pareja ocupaba su primera danza formal, vio venir a un grupo de nobles que abrieron conversación para distraerla y así fue por un tiempo.

—¿Por qué su excelentísima se fue durante tanto tiempo?— Preguntó un hombre barbudo de ojos negros y cabellos blancos. —Algunos escépticos empezaron a manipular a las masas con la idea de la inexistencia de los dioses, formando grupos de herejes.

—Estuve en una terrible batalla para protegerlos y tuvo un alto costo…— Elfir observó más allá del anciano, con la mirada puesta en la Imperatoria y la princesa, a quien el afortunado y gallardo prometido, le acompañaba. —Los niños pequeños yerran y aprenden de ello. Nosotros estamos aquí para enseñar y protegerlos mientras adquieren su propia madurez. Nuestra presencia en el mundo tiene un propósito que no está destinado a ser entendido, ni cuestionado por la humanidad.— Miró significativamente al hombre, pues la pregunta no fue buena y el solo hecho de que intentara culparla por el surgimiento de herejes era un insulto, pues fue la elección de las personas pese a su sacrificio. —Solo deben saber, que son apreciados y juzgados por los dioses, a quienes les interesa desarrollar su mayor potencial, es decir… queremos conocer la mejor versión de ustedes mismos. Cuanto más se aproximen a ese propósito, entonces tendrán mayor prosperidad en todos los aspectos posibles, así un día… tendrán acceso a las dimensiones superiores sin necesidad de morir.

La deidad se levantó de su asiento, en cuanto vio la figura de dos dioses. Valiant, a quien estimaba considerablemente, y Lakshmi a quien se contenía de golpear, por el favor de su hermano, y estando en presencia de tantos nobles humanos.

—Elfir del viento, qué enorme alegría siento al verte.— Murmuró Valiant en tono contento, realizando una reverencia y obligando a su hermano menor a reverenciarla igualmente, con la fuerza de su mano puesta en su cabeza, pues el muy tonto se había quedado embobado mirando a la diosa por la que su afecto aún permanecía.

(Ilustración de Valiant - Es más parecido a Zarabin)

—Valiant, el dios de la prosperidad, querido amigo seas bienvenido— Tales palabras venidas de los labios de Elfir, llamaron la atención de todos los presentes. Pues la presencia de un dios del destino, aquel que determinaba el bienestar de las cosechas, la riqueza que prospera, la salud que permanece y otras tantas buenas fortunas, casi hacía brillar la codicia de quienes se reúnen en la celebración del compromiso de su princesa. —Estimado Lakshmi, dios del hilo de la vida, también celebro verte.— La evidente mentira en su voz, realmente avergonzó a último hijo varón de Susano-o, la sexta fortuna.

La castaña tardó más en decir quiénes eran, que los sirvientes en ofrendar vinos exquisitos y manjares que solo los nobles de más alto rango aprecian, mientras los demás realizaban reverencias ceremoniales adecuadas. —¿Dispones de un momento?— Preguntó Valiant con sus brillantes ojos de rubí líquido y Elfir no pudo evitar pensar en Zarabin.

Afirmó con la cabeza, para guiarlos a su templo, en el que podrían dialogar con privacidad. —¿Cómo está ella?

—Igual, no ha muerto, pero… tampoco vive. Su esencia fue destruida por la daga y la maldición de Zek. Solo la chispa en el alma de Shizuru D'Kruger, podría salvarla.

—O tal vez no…— Refutó Lakshmi con una mueca triste, ya que había sido más cercano con su hermana, quien lo entendía mejor que el resto de bárbaros que tenía por hermanos. Él no desestimaba los riesgos y estaba molesto con Derha por tardar tanto en restaurarla, ¿por qué esa humana era tan importante a fin de cuentas? —El primer pilar se ha resistido a restaurarla, tal vez sepa algo que nosotros no.

La tensión era palpable y la ira crecía dentro de Elfir, realmente no era un gran día para que Lakshmi viniera a su territorio, seguramente por eso trajo a su hermano mayor, para no ser destrozado por su mano. —Para alguien que no comprende el amor que un dios puede sentir por un ser humano, es fácil pensar que la reticencia de mi hermana Derha, se deba a una irregularidad. Shizuru tiene un alma y una vida propias, que si bien descienden de Zarabin, no son menos valiosas. Hacer lo que ustedes quieren, significaría hacerle la peor cosa posible a la mujer que ama…

—¿Que cosa? ¿Por qué dices que es atroz?— Cuestionó el rubio con curiosidad y Valiant miró reflexivamente a su amiga del viento. —Los humanos son… insignificantes. ¿Qué tan grave es?

(Ilustración de Lakshmi - Se parece a Přistát uno de sus papás)

Elfir suspiró. —Para nosotros ellos no son insignificantes y eso hace toda la diferencia.— Murmuró con un tono que buscaba tolerar la intransigencia de esta fortuna mentecata, por lo que explicó con un poco más de detalle. —Recuperar la chispa de Zarabin implica, quitarle un pedazo de su alma a Shizuru D'Kruger, esperando que su vida no se llene de vacío… si es que no muere en el proceso.— Recalcó con enfado. —Y si no cuentas la parte de llevarse a sus hijas lejos de ella a otra dimensión. ¿Crees que Zarabin perdonaría a Derha si supiera que hizo tal atrocidad a una versión de sí misma? Como si, en primer lugar, mi hermana fuera capaz de hacer algo tan terrible como eso a cualquier mujer.— Negó con la cabeza, dejando ser lo evidente. —Entonces, ¿crees que se lo haría a quien ama?— La exasperación que sentía por tener siquiera que murmurar estas palabras hizo fruncir el ceño a la diosa. —Es por esto que no puedo ni verte, Lakshmi… el menosprecio que tienes por la vida, me sorprende como no te haces una idea.

—No puedes culparme por querer a mi hermana de vuelta, la mayoría de los dioses piensa lo mismo que yo… solo que no lo dicen en voz alta— Arguyó Lakshmi con una expresión molesta mientras se cruzaba de brazos.

—Lo entiendo, pero no lo comparto…— musitó con comprensión.

Elfir, estaba consciente de que a diferencia suya, Lak solo conocía los hilos del destino, desligado de las historias y vidas de las personas, para él la humanidad son solo números que mantiene en balance como parte de su trabajo.

Antes de que la discusión ascendiera, Valiant intervino. —Significa que Derha ya ha tomado una decisión, creí que la presión de mi padre para el retorno inmediato de Zarabin… en vista de que está pendiente su matrimonio, la alentaría. Pero me alegro de saber que no ha cedido, yo entiendo completamente sus razones y apoyaré este camino, pues coincide con la voluntad de mi hermana.

—Agradezco tu comprensión, es mucho más de lo que otros pueden aspirar…— miró de soslayo a Lakshmi quién sabía que solo se alejaba más y más del agrado de Elfir.

—Lamento enormemente mis acciones pasadas, es solo que no sé qué más hacer… para que me obsequies tu atención.— Admitió Lakshmi, reverenciándola.

—¿Hablas de la parte que incluye chantajearme para ser tu consorte? ¿O la parte en la que me golpeaste cuando intentabas maldecir a la princesa de Remus?— Cerró el puño y desvió la mirada molesta. Si no había atacado a Lakshmi tan pronto como lo vio, fue tan solo por Valiant.

—Estoy celoso del afecto que has mostrado por los seres humanos, muero un poco al ver el amor que sientes por estas dos mujeres y odio, profundamente, que mi aspecto sea un impedimento para cortejarte.— Lakshmi mantuvo la mirada gacha, sin siquiera atreverse a mirarla. —Codicie tu presencia y aunque jamás te obligaría a intimar con mi cuerpo real, sabiendo lo desagradable que te resulta, tenía la esperanza de que, con otra forma, pudieses quererme.

—Lo siento, Lakshmi… pero mi corazón no es mío para dárselo a nadie.

La mirada de reproche que el castaño le dirigió a su hermano rubio, fue realmente diciente. —Hemos venido para resarcir las acciones de Lakshmi, no deseamos agraviar más, Elfir.— concilió Valiant para aplacar el justo enojo de la señora del aire.

—Tienen suerte, estaba tan aburrida en la fiesta que estoy agradecida por sacarme de allí.— Sonrió con cansancio.

—Desearía que fuera por mejores razones, pero… solo compensaremos la falta, con información preciosa para ti, Elfir.— Explicó Valiant a la par que Lakshmi, agregaba otro poco. —La princesa De'Zire por la que muestras un afecto tan fuerte, sellará el camino de su muerte dentro de una semana.

Elfir sintió un frío terrible en su espalda y una punzada de dolor en su corazón, la ira que con tanto esfuerzo había mantenido a raya fue más veloz. Ni siquiera el gran guerrero Valiant pudo evitarlo, pues su hermano salió disparado contra la montaña más cercana, producto del terrible puñetazo que la diosa del viento le propinó. Perdió de vista a la diosa un segundo y tuvo la certeza de que ya estaba en el sitio, rematando a golpes a su hermano, quien posiblemente ya estaría inconsciente. Valiant sabía lo odioso que podía ser Lakshmi y juzgaba terrible su treta para obtener a la diosa para sí, era el niño caprichoso de sus padres por ser menor y eso arruinó bastante su personalidad. Así que se tomó su tiempo en llegar, para dar tiempo a su amiga de desahogarse un poco, ya que sabía que ella no usaría toda su fuerza en el reino que protegía, aunque se sintieran un par de temblores debido al impacto inicial.

Valiant supo que habían elegido el peor momento, cuando llegó al lugar y la miró con las manos llenas de la sangre que brotó de la nariz de Lakshmi y las lágrimas llenas de frustración caían por las mejillas de Elfir, mientras respiraba agitadamente en medio de aquel cráter y sobre el cuerpo inconsciente. Ella se había detenido por cuenta propia y el rostro de su hermano tardaría bastante en volver a ser hermoso, pero no pensó tanto en ello por cuanto esperaba que esta paliza fuera suficiente para extinguir aquella obsesión caprichosa que su hermano menor sentía por ella.

—Él dijo que mi paso por esta tierra estaría llena de vicisitud. Amo a estas mujeres y ellas respiran por el favor de un fantasma… ¿A eso se refería?— Le preguntó a Valiant, mientras las tormentas asomaban en los cielos de Remus y Remulus.

—No es el caso, la vicisitud está relacionada con Ammon, el dragón que buscas en los cielos. Es uno de los primeros Orphan, uno surgido de la purificación del alma de… un dios. Esa cosa realmente podría hacerte daño si te descuidas.

—A ese lo habíamos encerrado en una de las magatamas de mis hermanos. Ahora entiendo por qué no logré encontrarlo— Murmuró reflexivamente. —Pero dime, ¿por qué dices que la princesa de Remus, morirá?

La segunda fortuna tomó entre sus brazos la figura inconsciente de su hermano menor y se alejó de un salto del lugar del incidente, siendo seguida por Elfir hasta la cima de la montaña más alta de las proximidades, en las que las personas se congelarían si intentaran subir. Cuando le pareció lo suficientemente discreto, comenzó a explicar las circunstancias a su amiga. —Elfir, ¿sabes por qué fuimos llamados las 7 fortunas?

—Según recuerdo, nacieron los siete de la carne de Susano-o y Přistát, todos con el don de la clarividencia…

—Deja que te dé un ejemplo. Zek nació con el don de la profecía… que es básicamente aquel escenario en el que los posibles destinos convergerán más allá del 99%, los que son aparentemente inevitables.— Suavizó su tono, pues la acción de este al traicionar a su hermana era algo que les dolía a todos ellos. —Las profecías se cumplen, pero no significa que sean realidades universales, ni que su predicción se dé con exactitud, están llenas de interpretaciones e incluso en ellas hay variantes. Derha se convirtió en la puerta de Belor y eso fue inevitable, pero que ella le permitiera permanecer en esta dimensión, eso es ya otra historia.— El castaño ejemplificó amablemente. —Diría, de una forma sencilla, que el destino es un juego de probabilidades y la clarividencia, la capacidad de ver esas probabilidades con asombrosa precisión… es por eso que la humanidad goza de la capacidad de elegir libremente. Nosotros, solo, prevemos los que pasará con base en nuestra capacidad para anticipar las decisiones humanas, si lo simplificó infinitamente. También podemos mover las casualidades para incentivar una decisión u otra, pero cada ser puede por voluntad ir en contra de las probabilidades.— Hecha la aclaración, Valiant continuó su explicación. —Existen momentos a los que llamamos Nodos del Destino, y son los instantes en los que las vidas de las personas se definen profundamente y marcan tendencias de su futuro.

—Entonces, insinuás que… dentro de una semana en la vida de Zire, ¿habrá un nodo del destino?

—Exactamente— Se rascó la barbilla, mirando hacia abajo, donde la fiesta se había interrumpido por su aparición, pero para su desagrado, ello no había alterado la decisión de la princesa.

—¿Me dices esto para torturarme? Sabes perfectamente que no puedo… intervenir en su destino. Ya lo hice con Mashiro y… mira como acabó esto.— Señaló a Lakshmi, quien dormía plácidamente sobre las rocas heladas.

—Existe una forma en la que puedes sacarlas de la línea del destino. Despósalas… y eso podrá arreglarse. Serían privilegiadas y estarían fuera del alcance de cualquier fortuna. ¿Realmente me dirás que no lo pensaste antes?

No es que considerara admitir tal cosa ante la vanidad de Valiant, cuya sonrisa divertida, delataba este conocimiento. Así que frunció el ceño y fue al grano. —Dime cuál es el nodo.

—Ella surtirá su deber contractual con el señor Sorata, quedará embarazada… y eso la matará. Actualmente, tiene una afección cardiaca que ha desarrollado desde hace tiempo. El embarazo agravará enormemente su salud y pese a sus esfuerzos por mantener al bebé con vida, ninguno de los dos sobrevivirá.

—Dame una buena razón, para no matar a Lakshmi aquí mismo. Él me amenazó con esto y ahora… ¿Se está cumpliendo su palabra? ¿Cómo puedo saber que no intenta jugar conmigo ahora mismo?

—Él tomó la oportunidad que estaba servida, lo cual no hace que me sienta orgulloso.— Aclaró Valiant, antes de que su amiga retomara la paliza sobre su hermano, porque entonces no habría garantía de que no lo matara. —Pero él no provocó esto, la enfermedad deviene de la sangre del antiguo emperador, quien murió joven. Cuando Lak hizo mofa de sus genes, no mentía. Ella ha tenido esta afección desde pequeña, pero no ha impedido que su vida se desarrollara naturalmente, casi pudo pasar como una pequeña arritmia… la situación que activó su enfermedad, fue la muerte de Arika Sayers durante la noche oscura.— Informó con pesar. —Eso lo empeoró el equivalente a 5 años de estrés y el embarazo supondría un enorme esfuerzo para su corazón.

—Yo misma puedo evitar que Kamui intime con ella esta noche y en cualquier otro momento de su vida, incluso puedo castrarlo en este momento— Elfir estrechó su puño derecho con la palma de la mano izquierda e imaginó la casualidad que diera lugar a la desventurada circunstancia.

—¿Realmente crees que ella no intentará embarazarse alguna vez? ¿Al menos para traer un heredero a la familia principal? ¿La vigilarás cada día de su vida?— Cuestionó Valiant. —¿Estarías dispuesta a castrar a todas las posibilidades masculinas de la princesa? Te advierto que son muchos los que ansían tenerla.— Dijo intentando no molestarla demasiado, pero fue en vano. Se aclaró la garganta… —Querida, si manipular el destino fuera tan simple… nosotros no tendríamos propósito. El mundo mortal es el espacio de cosecha de animus, si quieres una guerra intenta hacer algo inadecuado en este lugar, para que veas las dimensiones arder.

—Sabes que para que el lazo funcione, ella debe aceptar mi regalo y ya sabes… debemos unir nuestros cuerpos— Musitó con vergüenza mientras veía las aves volar a un nivel más bajo. —Le pedí matrimonio ya en dos ocasiones, pero Zire me detesta… soy la peor opción a sus ojos.— Admitió derrotada. —Si le informo sobre el terrible riesgo que esto compromete, entonces será cuidadosa, ¿no es así? Ella puede elegir no acostarse con ningún hombre… también hay tantas opciones femeninas— dijo aquello con amargura.

—Si deseas que sea yo quien termine en el mismo lugar que Zek, puedes hacerlo…— confesó Valiant con una mirada apenada. —Tuve que implorarle a Satis para entrar por la puerta y ni siquiera puedo visitar a Shizuru para ver lo que queda de mi hermana pequeña o mis sobrinas— Suspiró con tristeza. —Tienes que hacer esto, como si hiciera parte de su destino. Debes ser tú quien… tome el lugar de Sorata. Las manipulaciones del destino, ahora son severamente castigadas después de lo de Kiyoku. Él sentó un precedente terrible y si los demás no nos cubrieran el pellejo ahora mismo, no sé qué pueda pasar. Pero si la haces tu esposa, entonces podrás usar la sanación sin restricciones.

—¿Entonces esta es la forma que encontró para resarcir su falta?— miró la cara hinchada de Lakshmi.

—Dejando sus celos de lado, creo que comprendió lo mucho que las amas y aunque no creo que su orgullo soporte perder frente a un par de mujeres mortales, tampoco disfruta de verte sufrir.

—Gracias, yo… yo haré lo que esté en mi mano.

Valiant le dio un abrazo, antes de recoger a su hermano y ponerlo en su hombro como si fuera un saco de papas. —Sé lo que piensas, que es aborrecible… pero harás esto para salvarla, incluso si después la dejarás vivir su vida.— Sonrió. —¿No es así el amor?— Elfir asintió y los vio marcharse viajando a través de la luz. Así que esta es la forma en la que la existencia la obligaría a poner sus circunstancias en orden. Tendría que ir primero a Windbloom y saber exactamente cuál sería su futuro con Mashiro, tragó saliva… realmente quería con todas sus fuerzas que su angustia solo fuera provocada por una simple paranoia.

.

.

.

Palacio de los Lirios

Las cosas habían sido sumamente tensas durante los días en los que ejecutó la sentencia del Traidor de Sangre , de acuerdo con su palabra, fue golpeado y latigado, también conoció a Sam en la noche y según le dijo Clay, el hombre gimió como una hembra en celo. Al día siguiente los horrores que vivió se reflejaron en sus ojos fue lo suficiente como para que la tristeza estuviera presente en el rostro Shizuru y eso le basto para elegir los disparos como el siguiente castigo. Aunque las balas se dieron en los mismos lugares que ella los recibió y soportó, el castaño murió desangrado, incapaz de tolerar tal nivel de daño, así que tal como lo intuyó, Satoru Fujino no duró ni 5 días.

Natsuki mantuvo en secreto las cosas que le hicieron al hombre y lógicamente no se le permitió ver a sus nietas, pues no le daría tal honor. Tampoco permitió que ninguno de sus familiares vieran los tormentos del hombre, más como una consideración a las mujeres cuyos corazones ya estaban lo suficientemente rotos. Al final mintió y les hizo saber a los miembros de la familia Viola que había reconsiderado su decisión, murmurando que se le dio una muerte rápida.

Pero la Imperatoria, estaba segura de que Shizuru, quien tenía más participación gubernamental y el afecto de muchos de sus súbditos, se percató de sus acciones. Si ella sabía de la oscuridad que reverberaba en su interior, ¿aun entonces… la amaría? Pues cada palabra, la hizo una cruda realidad. Al final quizás sabría que no era tan amable como parecía por fuera, ya que no fue piadosa… a Nagi le había hecho cosas peores que a Satoru, cortó su lengua ponzoñosa cuando quiso ponerse impertinente, con la salvedad de que no le permitiría morir tan pronto. Por violar a Mashiro, dejó que un insecto carnívoro devorara su entrepierna lenta y torturadoramente… luego lo cauterizó, para evitar que se desangrara. Al conde no lo vigilaban seres mortales, ni criaturas cuya consciencia pudiera ser persuadida, allá en el abismo en el que lo encerró… un carcelero Shungit lo torturaba como se haría con las almas de los condenados en el infierno, pero aún no era suficiente, nada parecía serlo.

Tampoco fue más amable con los criminales que tuvieron en su haber crímenes contra infantes y mujeres. Se ensañaba con los violadores y pederastas, devolviéndoles con sangre el precio de las inocencias mancilladas. Obligó a trabajar a los ladrones y corruptos hasta que pagaran los montos adeudados, algunos lo harán de por vida, pero jamás escaparían, no con los dispositivos que puso en ellos. Apaleó a los peleoneros y vengó a los padres de los hijos fallecidos, compensó las perdidas, construyó casas, orfanatos y hospitales. Rescindió las tierras de las familias coludidas que habían colaborado en el golpe de Estado y las distribuyó justamente con el consejo de Terim. Ahora nuevos campos agrícolas, ganaderos, telares y toda clase de comercios florecían en las zonas desprotegidas, pero todo aquello era agotador.

Ese día había ayudado a un sector que no conocía las prácticas agrícolas, porque eran mineros… y no tuvo inconveniente retirar las malezas, arar y cultivar junto a ellos como parte de su instrucción. Con este ejemplo había dejado saber a sus colaboradores que tanta sería su participación y a qué nivel la simplificarían para que los nuevos propietarios pudieran ser prósperos por sí mismos, incluso tenía a los amigos de Tsu para ayudar con las negociaciones de los precios en los poblados, garantizando que estas personas no fueran estafadas en sus primeras cosechas. A Tate, Masashi, Yamada, Sakomizu, Sainoji, Takato y los demás, los había favorecido con títulos nobiliarios y propiedades afines a sus fortalezas, secundando la participación de mayordomos confiables que fueron desperdiciados en las casas de otros nobles.

Así, la imperatoria estaba llena de tierra y hojas, por lo que al ingresar al palacio de los Lirios, lugar exclusivo para el uso de su pequeña familia, la emperatriz la envío a tomar una ducha con prontitud. Natsuki pensó que podría borrarlo, pero también disfrutaba de la sensación de pureza que le transmitía el agua tibia que ahora caía por su cuerpo. La humedad en cada parte de su cuerpo, la espuma en su cabello y las esencias de la tina, estaba tan concentrada en sus propias cavilaciones, que reflexionó en su conversación con Ceret. La última vez que hablaron… durante la terapia de contacto, que básicamente consistió en ser capaz de tomarse de las manos, ella le sugirió el autoconocimiento.

Ese día se había sonrojado hasta las orejas porque realmente le apenaba la idea de tocarse pensando en Shizuru. Aunque la dama de la memoria le recordó que de esta forma si tenía un ataque de pánico podría manejarlo en privado y sin hacerle daño a nadie. Incluso podría enfrentar a sus demonios para acabar con ellos uno a uno… por no mencionar que descartarían si tenía impedimentos físicos actualmente.

Respiró profundamente, cerró sus ojos y se repitió con persistencia "estoy limpia" para interiorizar la idea. Relajó los músculos de su cuerpo y pensó en su Shizuru, en su amado rostro, sus largas pestañas y cejas bellamente delineadas, su sonrisa iluminada por el sol, los radiantes iris de rubí. Las preciosas facciones y su mano acariciando su mejilla, acomodando sus cabellos tras su oreja. Pensó en sus labios carnosos que tanto quería besar, en su cuello níveo y suave bajo su boca. Natsuki sintió la tensión en su entrepierna y las puntas de sus pezones erguirse cuando imaginó las cosas que quería hacerle a la redondez de los pechos de su esposa, los besos que le daría a su clavícula.

Se mordió los labios y tomó las puntas deseosas, masajeando sus propios pechos, hasta que la acumulación de tensión la hizo desear algo más intenso. Imaginó los besos que le daría al vientre de su amada y la forma en la que la tomaría con sus dedos, por lo que bajó su mano derecha sobre su entrepierna y se sorprendió de lo hinchado que estaba su botón.

Notó lo sensible que estaba con apenas un roce, así que movió sus dedos circularmente sobre él, a la par que acariciaba su seno y cerraba los ojos, fantaseando con la desnudez de Shizuru, su cadera y sus sexos unidos. Empujó su cadera contra sus dedos y después de largos movimientos en los que imaginó su cuerpo junto al de su esposa en un vaivén interminable, pudo llegar a un tímido orgasmo. Aunque tal logro en sí mismo ya le parecía impresionante… Cave resaltar que esto, ni de cerca, se parecía a lo que sintió al hacer el amor con su esposa en el pasado, pero se alegró de qué el agua ayudaba, porque no se sentía sucia. Así tal vez podría hacerle el amor en la tina, claro… cuando se reconciliaran.

No supo por qué, el sopor vino sobre ella y cerró los ojos por un pequeño momento, deleitándose de este momento privado y relajante, junto a los aromas a flores. Solo quería tranquilidad, fortaleza en sus emociones y poder proteger a su pequeña familia. Así que no se dio cuenta de que el sueño la venció, ni del peculiar brillo que brotó en todo su cuerpo.

.

.

.

Estaba enojada con Natsuki, ¿realmente la haría pasar hambre? La cena estaba servida y enfriándose, pero ella no había hecho acto de presencia. Solo le había solicitado ducharse, dado que tenía tierra hasta las orejas y tuvo sentido cuando su secretaria le informó que su majestad había realizado trabajos agrícolas para ganar la confianza de cierto poblado minero. En realidad tenía que admitir que le resultó lindo verla con las mangas dobladas y recogidas, su camisa ligeramente desabotonada y el corbatín desanudado; la tela con manchas de tierra, su cabello con hojas y malezas, sus ceñidos pantalones de cuero con lo que parecía manchas de manos a la altura de las nalgas y las botas que realmente tenían mucho barro y moho. Casi le recordaba a sus trabajos en el viñedo de Tsu, junto a su diligencia, por no decir que había algo malditamente sexy en esta versión trabajadora de su esposa.

Pero ya había pasado demasiado tiempo en la ducha… La única razón por la que no fue a buscarla era su orgullo, pues no quería caer en los encantos de Natsuki. Pensaba mantener las distancias una semana o dos, de tal modo que su desacuerdo fuese tangible. ¿Pero y si hubiera surgido algo? La idea de que Natsuki se marchara intempestivamente sin un retorno conocido la persuadió de inmediato. Se mordió la boca y le dijo a la nana que iría a apresurar a su esposa, con la esperanza de que sus niñas no tuvieran hambre al mismo tiempo como pasaba en los recientes días. Literalmente había tenido que acostarse en la cama y acomodarlas con almohadas sobre su pecho para que pudieran amamantarse juntas, siempre con la indispensable ayuda de Lurha. Así que cada vez que sus hijas tuvieron hambre, genuinamente tuvo que interrumpir cualquier cosa que hacía para postrarse de esa manera.

Shizuru entro en la habitación que compartía con Natsuki, la cual estaba más que vacía, ¿realmente continuaba todavía en la tina? Entró en el cuarto de baño y cuando miró en dirección de la tina, le pareció que estaba vacía. ¿Realmente se había ido sin despedirse? Shizuru hizo una mueca triste mientras caminaba un poco más, vio el agua en la que ya apenas quedaba espuma y distinguió la forma de algo debajo del agua, un cuerpo. Asustada, la castaña corrió a la tina, introdujo sus manos en el agua y sacó la figura inconsciente a la superficie con suma dificultad. ¿Desde cuándo su esposa era tan pesada? ¿Se había ahogado? ¿Los dioses se ahogan?

—¡Natsuki!— Gritó su nombre y sostuvo su barbilla, manteniendo su rostro fuera del agua.

La adormilada persona abrió los ojos desvelando las esmeraldas conocidas, como si no hubiera estado bajo el agua, quién sabe cuanto tiempo. —Shizuru. Lo siento, me… dormí— Susurró somnolienta con una voz tan profunda y grave que no fue reconocida por ninguna de las dos.

—¡Eres una idiota!— Seguramente se había enfermado, el agua ya estaba fría ¿Los dioses enferman o se ahogan? —Un día de estos vas… a darme un paro car… cardiaco.— Apenas y completó la palabra porque los iris rubí vieron más allá del rostro de su esposa, que viéndolo con detenimiento, tenía formas un poco más rudas. Notó la manzana de adán en su cuello, pectorales enormes en lugar de pechos y cuando miró bajo el agua, realmente había algo que no debía estar ahí.

—¿Shizuru? ¿Pasa algo?— Natsuki se levantó saliendo de la tina, aun restregando sus fuertes manos sobre sus parpados para espabilar mejor y trató de aclarar su voz, que aún se escuchaba demasiado ronca.

La castaña abrió los ojos espantados, porque era la primera vez que veía un hombre por completo desnudo. La forma triangular del torso era muy agradable a la vista, espalda amplia con dorsales fuertes, brazos de hierro, pectorales dionisiacos y cintura estrecha con músculos hermosamente marcados, el vientre era plano sin duda y bajó por la pelvis, en cuya cara derecha aún reposaba la marca de la unión con Ceret. Debajo de eso, un regazo lizo y un poco de vello color cobalto que daba paso a un miembro viril que colgaba con testículos incluidos. ¿Todos los hombres era así de dotados? ¿Cómo podría caber todo eso dentro de una mujer?

—¿Quién eres y que le hiciste a mi esposa?— Fue todo lo que pudo decir, mientras manifestaba su naginata en su mano derecha y apuntaba con el filo al cuello del mentecato, esforzándose por no mirar debajo de la cintura, extrañada por las peculiares diferencias entre hombres y mujeres.

—¿Shizuru?— Los ojos confundidos del pelinegro contrariaban las circunstancias. —Cariño, sé que estás enojada conmigo, pero… ¿Perdiste centímetros de altura?— Le pareció que su esposa se veía más bajita.

—No, yo… ¿Natsuki?— La emperatriz no retiró la naginata del cuello del hombre frente a ella, pero sería absurdo decir que él no se pareciera a Natsuki, casi… casi era como ver al antiguo rey… aunque más hermoso y desnudo, lo cual no era lindo. —¡Tú fuiste quien creció de la noche a la mañana!

—Me miras como si no me conocieras.

—¿No notas algo diferente?— Refutó molesta quitando la amenazante arma de la proximidad del cuello fuerte.

En cuanto Natsuki miró para abajo, vio con estupor los enormes cambios que había presentado su cuerpo y se tapó como pudo con las manos. Aterrada miró a Shizuru quien veía a otra parte con las mejillas sonrojadas y la base de su naginata apoyada en el suelo, mientras que sujetaba portentosamente la vara de la lanza extensible con su mano derecha. Ella se había empapado el vestido verde que lucía a la altura del pecho y parte de su torso, Shizuru había vuelto a usar corsé con amarras, por lo que sus senos se presiona deliciosamente en el escote. Sabiendo lo que había hecho pensando en ella, cierta Kruger sintió que una parte nueva se erguía con voluntad propia, así que miró al suelo con profunda vergüenza.

—Por los dioses, príncipe… la señora no está preparada para ver estas cosas.— Dijo Lurha que recién entraba al lugar con la preocupación por la tardanza de las señoras.

—Nana, yo… yo no sé cómo paso esto. Ayuda… por favor.— Así vio a sus hijas en los brazos de la mujer, mirándola como si no la reconocieran, con caritas confusas y se avergonzó más. —Hay… bebés no miren a mamá así…

Así a Shizuru no le cupo duda que era su Natsuki, a quien la vergüenza se la comía viva. —Son bebés, Natsuki… no te juzgarán por esto.

—Puede crear ropa, Alteza— sugirió Lurha, quien había visto esto antes. Pero por la cara de espanto de la joven deidad, eso no era una posibilidad. —Al menos algo simple como una toalla.

Eso sí que pudo hacerlo, aunque lujos como pensar… eran inalcanzables en ese momento. —Me quedé dormida en la tina y desperté así.— Explicó un momento después, sentada en el sofá con la minúscula toalla que pudo crear cubriendo sus partes nobles como si fuera una falda corta, mientras Lurha trataba de encontrar algo en la ropa del armario que le sirviera, pero las medidas eran algo pequeñas.

Shizuru miró al hombre frente a ella y se frotó el puente de la nariz, luego mordió una manzana para apaciguar el hambre, mientras otra de las nilas entretenía a las bebitas. —Entonces, eres una especie de deidad que puede tomar cualquier forma… incluso la de un hombre al parecer.

—Si señora, a este tipo de dioses se los llama universales y pueden elegir formas femeninas o masculinas a voluntad.— Dijo la nana sin dejar de rebuscar, dado que Natsuki tenía un bloqueo mental en ese momento o solo era que estaba muriendo de la vergüenza allí mismo. —Derha tenía un gran dominio de esto porque nació así, para la señorita Kruger, en cambio, esta es su primera vez.—Aclaró, encontrando algo que podría usarse y una sonrisa de eureka .

Entregó una camisa amplia de lino con cordeles en el pecho y un pantalón de cuero algo holgado. Esto le permitió a Natsuki conservar la privacidad de su cuerpo, aunque sufría pensando que esa cosa estorbaba mucho en su pantalón y si se sentaba con las piernas cerradas como acostumbraba, le dolía, así que no tuvo más remedio que cruzar una pierna sobre su rodilla para dar espacio a ese aditamento, no sin repudio, a decir verdad.

Ahora en condiciones para hablar, Shizuru miró a Natsuki. ¿Así es como ella se habría visto en Tsu de haber sido un hombre genuinamente? La vista no era mala y seguramente la habrían obligado a no usar camisa durante el traslado de piezas del barco a la bodega. Ella había visto torsos masculinos, pero saben los dioses que la perfección del torso de su esposa, estaba en otra escala… todo aquello que era sublime como doncella, siendo un hombre era fibroso, voluminoso y fuerte, sin lugar a dudas. Este ser podría haber sido considerado el semental más deseado de Tsu desde la perspectiva de las señoras que acudían a tomar el té durante las jornadas de trabajo de los hombres.

—Lurha, ¿qué posibilidad hay de que a mis hijas… les pase esto?— preguntó Natsuki con seriedad y un verdadero hilo de miedo en su pecho. Shizuru la miró igualmente preocupada, pues no pensó que eso fuera una posibilidad.

—Muy posible majestad, es un poder dominante. Su padre, el gran señor de los sueños, es igual que usted y hace milenios prefería permanecer como una dama, de hecho… siendo una doncella, ella se embarazó de su madre, la señora del sol. Lo que digo es que Tsukuyomi fue quien la dio a luz, alteza.

—Je… ni siquiera Derha sabía eso.— Era feo imaginarse los detalles técnicos detrás de su nacimiento divino, en verdad había demasiados secretos en torno a ello, ahora que incluso sabía que Amaterasu era su madre de sangre.

—Ho, usted era muy joven cuando las cosas entre sus madres se arruinaron y el señor tomó la forma masculina. Ahora sé que lo hizo para esconder su corazón roto debido a su error con la señora Satis, que resultó no ser su culpa finalmente.

Lo comprendió rápidamente, porque su padre hizo tal cosa. La ansiedad que sentía todo el tiempo había disminuido y el miedo a ser herido físicamente parecía una tontería ahora mismo, incluso su deseo era claro como el agua y si se quedaba demasiado tiempo mirando a Shizuru en algunos lugares tácticos, esa parte reaccionaba. Pero la culpa horrorosa que la agobiaba ante la idea de tocarla con sus manos manchadas, era tanto más soportable, porque sentía que esas manos no fueron las que tocaron a Nao Yuuki, ni ese cuerpo era el que fue mancillado. Sabía que sus emociones estaban ahí, pero podía separarlas y descomponerlas casi lógicamente… estaba resolviendo cosas mientras disfrutaba de algo de esta tranquilidad, era incluso más sorprendente entender que… podía no pensar en nada. Literalmente podía poner la mente en blanco.

—¿Natsuki?

—¿Sí?— Levantó la mirada con una expresión de cachorro, preocupada porque no había oído nada después de que Lurha le dijo lo de Tsukuyomi. ¿Por qué no había podido pensar y escuchar al mismo tiempo?

—¿Sabes como volver a ser tú misma?— cuestionó la castaña con un rostro esperanzado, realmente se sentía incómoda con este aspecto en su esposa.

Ignoraba si era un aspecto biológico o un mecanismo de defensa, porque incluso en las memorias de Derha, ella no hizo esto demasiadas veces. —Aún no sé cómo,— Natsuki negó con la cabeza. —Pero encontraré el modo…— ofreció tratando de acercarse a ella, acarició el envés de su mano y trató de sostenerla, pero la joven caminó hacia la mesa para poder alimentarse finalmente, incómoda con este aspecto de la pelinegra.

Shizuru se sintió un poco nerviosa sobre el hecho de tener que compartir la cama con él, ya que las últimas dos semanas habían encontrado suficientes excusas, cuando lloraba la muerte de su padre, sabiendo las cosas que la mujer que amaba le hizo. Era contrastante, cuando la veía con sus hijas en sus brazos podría derretirse de amor y había deseado retomar su vida matrimonial cada noche al verla dormir tan tranquilamente; con su pecho subiendo y bajando, con las piernas saliendo de las sábanas cuando sintió calor. Se contuvo con tal de mantener el luto al menos un mes, no es que fuera de palo y en verdad deseaba que nadie pudiera decir en ningún lugar o dimensión que no es esposa suya. Pero ahora temía que, como hombre, Natsuki se comportara como uno… e intentara persuadirla. Tenía una poco de miedo sobre lo enorme que era todo de ella actualmente.

Entonces una joven nila entró en el salón y reverenció a sus majestades. —Sus señorías, la deidad de la memoria solicita una audiencia con su majestad, Natsuki Kruger.

¿Esa mujer otra vez? Shizuru cesó el movimiento de sus cubiertos sobre la comida y miró con disgusto a la servil. Ya se había retrasado su almuerzo y tenían bastantes cosas por hacer en las siguientes horas, aunque, dudaba que Natsuki pudiera salir así.

Pese a su aspecto rudo, Natsuki dudó por un momento. —Shizuru, ¿estás de acuerdo en que vaya?— preguntó casi en un susurro, para que la nila no supiera de este intercambio.

—Realmente no me importa…— Nada más pronunciar esas palabras, Shizuru se dio cuenta de lo mal que sonaba.

—No soy la clase de persona que pasaría tiempo a solas con otra mujer teniendo esposa… pero, ya que no te importa— Se levantó de la mesa y dejó el plato a la mitad, de todos modos ya no tenía hambre. Se acercó a la cuna donde las niñas estaban y le dio un beso a cada una, sabiendo que posiblemente se ocuparía en el despacho después de aquello. —Nos veremos al anochecer cuando mis estrellas brillan más…— sonrió antes de salir de la habitación.

La hija de Mizue se mordió los labios en cuanto la amplia espalda desapareció en el pasillo de aquel palacio cristalino. Paso un largo rato en el que su mente juzgo toda clase de escenarios y sus manos simplemente no pudieron tomar otro bocado. Así que cuando decidió que solo movía los alimentos de un lado a otro, solicitó que recogieran la mesa y fue a amamantar a sus bebitas que ya comenzaban a rezongar en su cuna. La tensión y las pulsaciones aceleradas por el estrés se apaciguaron con su Erin en sus brazos y estuvo realmente agradecida por la bendición que sus niñas son, por la paz y el amor que alimentaron en su pecho que antes ardía en celos. Así que cuando sus estrellas estuvieron con sus pañales recién cambiados, y plácidas como para tomar una siesta, las dejó al cuidado de la nana Lurha.

Continuó con su labor como emperatriz, realizando la lectura y firma de algunos contratos en el despacho, trabajó durante una hora y media, por lo que decidió ver nuevamente a sus hijas para tomar el té y mecerlas un rato. Caminaba cuando el viento le trajo el aroma a jazmines, el mismo que había percibido en la tina e inconscientemente, sus pasos se adentraron en dirección de aquella deliciosa fragancia. Entró en la sala de estar y en ella vio a Ceret con la cabeza de una Natsuki sobre una almohada que reposaba en sus piernas, en el sofá más alejado, cerca de la estantería de libros, allí peinaba sus brillantes cabellos luminosos, o eso pareció en primer lugar. Al mirar con detenimiento notó los hilos que salían de la frente de la Kruger, cuya piel sudaba y sus puños se cerraban tensamente apretando la tela de sus pantalones…

—¿Podemos detenernos?— Oyó la voz grave después de unos segundos y vio los ojos esmeralda abrirse para ver a la mujer pelirroja, mientras tragaba saliva, su manzana de adán era bastante evidente.

—Claro— respondió Ceret con una expresión serena en su rostro y una mirada brillante dedicada exclusivamente sobre aquella a la que amaba. —¿Ha sido doloroso para ti?

—No.— La imperatoria se levantó y sujetó su cabeza con cansancio. —Gracias…

—Parece que tus síntomas se atenúan con esta forma, pude tratarte durante más tiempo que la última vez.— La dama de la memoria estaba realmente contenta por eso. —¿Tuviste arcadas?— extendió sus dedos para acomodar el cabello negro detrás de la oreja de Natsuki, quien se tensó ante el acto, pero no huyó como antes.

Shizuru se sorprendió de ver a este hombre fornido temblar y esconderse detrás de su cabellera, casi como un niño. Había algo que no sabía de toda esta circunstancia y se sintió mal por ver, o por ser incapaz de irse cuando era obvio, que su Natsuki no se sentía cómoda junto a la pelirroja. Había dicho una tontería por celos… pero apenas escuchó su nombre, venir de los labios de la Kruger, no pudo salir por la puerta.

—Creo que Shizuru detesta este aspecto de mí… ¿Me ayudarás a cambiar? ¿Por favor?

—¿Haces todas las cosas que la complacen?— Cuestionó Ceret aburrida. —Harás que pierda el interés si actúas como un cachorro todo el tiempo.

—No todas— Natsuki negó con la cabeza recordando la ejecución de Satoru. —Tampoco es que pueda darle todo lo que quiere— se burló de sí misma y su incapacidad con tono ácido.

—¿Puedes soportar que te toque durante 10 minutos? Si lo haces, te diré el modo— La voz anhelante de Ceret realmente le dio bastantes cosas que pensar a la castaña, porque no sonaba a algo decente, ¿verdad? ¿Tocarlo 10 minutos? ¿Acaso su esposa estaba teniendo intimidad con esta mujer y por eso no la había buscado?

—¿Tanto?— La voz grave y quejumbrosa respondió con un tono infantil. —Está bien, adelante.— Concilió un momento después. —Por favor, sé gentil, esta es la primera vez que lo hacemos.

La falta de negativa hizo hervir la sangre de Shizuru quien salió por la puerta para evitar matar a alguien, pero se detuvo a 10 pasos del salón. La emperatriz se imaginó las suficientes cosas que podrían hacer en ese momento, siempre había oído que los hombres eran esclavos de sus pasiones y era seguro que Natsuki no controlaba mucho lo que había en sus pantalones y sí, Ceret era esposa de Derha, hace milenios… tenía derecho. ¡Al diablo! Derha es Derha y Natsuki es Natsuki, esto es traición y pensó lo mucho que le haría pagar, por lo que deshizo sus pasos, decidida a encarar a este par de sinvergüenzas.

Al entrar, la escena las dejó heladas a las tres…

Shizuru que estaba roja de la ira, se esmeró en no completar el ritual de su Kiyohime y por suerte nadie vio su Naginata volviendo a su lugar de origen. Pestañeó extrañada, en principio, reflexionó que no entendía lo que tocar era o tal vez lo había magnificado… porque Ceret y Natsuki estaban sentadas en el sofá, con medio metro de distancia entre sus hombros y sus manos se unían, no sus manos por completo, ¿eran sus dedos meñiques los que se enlazaban? Dioses que tonta debió verse.

Natsuki quien había contenido las arcadas lo mejor que podía durante 5 minutos, soltó a Ceret y puso toda la distancia posible. Estuvo de pie, avergonzadamente, con sus mejillas tornándose rojas en un rincón cerca del estante de libros. La mujer, de ojos marinos, vio como el rostro de Shizuru pasaba del enojo a la vergüenza y mirando sus recuerdos, se sorprendió ante las malas interpretaciones de la mujer. —Realmente tienes una imaginación muy ávida.— Bromeó consciente de las intrincadas posturas que la castaña se imaginó y que si era honesta, desearía realizar. Pero no dejaría esto pasar… —Por desconfiada y malpensada, tendrás que quedarte una semana con él así… "Conocerás los misterios de los cuerpos masculinos al amanecer"— pensó lo último, sin evitar reírse mientras viajaba a través de la luz.

.

.

.

Castillo Silene

Mashiro miró a través de la ventana mientras cerraba un contrato dentro de las labores que asumió en su nuevo cargo. El repentino distanciamiento de Elfir no daba tranquilidad a sus noches y la zozobra, sobre su posible cambio de parecer, le torturaba el pensamiento. Era una de esas cosas que temía cuando la vio alejarse en aquel maravilloso barco volador…

Si bien Silvy le había consolado en las noches recientes, jurando por su honor que una cosa como esa no ocurriría, el tiempo que su amada Elfir había permanecido en el territorio de Remus, excedía con creces la estimación inicial que la deidad le murmuró al oído antes de su partida. Respiró largamente y se obligó a mantener la calma, confiar era todo cuanto podía hacer, después de todo, sus deberes podrían ocuparla enormemente y un dragón, no parecía algo que se resolviera rápidamente.

Al otro lado de la mesa, un joven castaño firmó el documento con el que los vinos de las recepciones del castillo serían surtidas por su el viñedo de su familia. El pulso tembló en cuanto iniciaba el segundo trazo donde su apellido había cambiado, miró la pluma e hizo un esfuerzo consciente por inscribir el de origen materno, del tiempo de soltera de Mizue. Takumi Viola, reposó pulidamente sobre el documento formal que el Cisne Plateado había firmado antes que él.

—Agradezco sus consideraciones, duquesa.— Realizó una reverencia ceremoniosa, porque incluso si Mashiro ya no fuera la reina de Windbloom, tenía el señorío suficiente para llamar a la más honesta galantería y respeto. —Estoy consciente de que rivalizamos con otros competidores más experimentados y acaudalados, pero daremos nuestro mejor esfuerzo para llenar las expectativas.

—A la Imperatoria, le encanta el vino de Tsu.— Zanjó la albina con un poco de diversión.

—A la Imperatoria le encanta mi hermana, señora… ¿No es esto compra de influencias?— Sonrió tímidamente el muchacho, aunque su sonrisa no fuera ya la que era cuando su prometida vivía.

Mashiro asintió con una expresión serena. —Takumi, es potestad del fino paladar de su majestad, y si su lengua dice que su vino es el mejor… lo es.

—Sé que solo me ayuda a mí y a mi familia, una vez más en la desgracia.— Bajó la mirada. —Mi padre ha muerto y yo soy… inexperto.

—Hay mucho potencial en ti, señor Viola. Solo debes… tomar tu propio camino con paso seguro, porque incluso de tus errores, aprenderás algo.

—Pero el camino sin… ella.— Las palabras salieron de su garganta sin más, y se dio cuenta de lo inapropiado de las mismas, pues no era el único padeciendo aquel dolor. —Perdona yo… solo divago…

—Lo sé, se siente profundamente vacío.— La dama albina lo comprendía mejor que nadie y habría sido una sombra lánguida como el pobre muchacho frente a ella, si no fuera por Elfir en quien residía el alma de Arika, no sabía en qué estado estaría.

—Valoro enormemente su comprensión, su gracia— Sonrió ante el gesto compasivo de la bella mujer.

—Vamos a tomar el té, y me cuentas de las propuestas más recientes, según supe, varías de las hijas de los nobles están profundamente interesadas.— Había un tono bromista en la mención, aunque Mashiro juzgara absurdos los esfuerzos de las imperatorias por retornar la normalidad tan forzosamente, cuando ni siquiera ellas lo habían logrado por sí mismas con éxito.

Era evidente que Takumi no tenía interés en otra esposa, ni en una amante, necesitaba la justa porción de soledad para superar el duelo de las personas que perdió, ¿era tan difícil entender eso para los demás? —No estoy listo, no… no puedo solo reemplazarla con otra mujer para hacer que ellas dejen de preocuparse por mí. Mai sabe exactamente cómo me siento, pero no puedo entender a Shizuru, una lluvia de ofertas ha sobrevenido por su causa e insólitamente mi madre, festeja sus esfuerzos.

Caminaron por los pasillos en dirección del templete del jardín, era el lugar perfecto para tomar el té con la brisa fresca de la tarde. La guardia de Mashiro mantenía la prudente distancia, mientras Shinzo Himeno llevaban en su carriola a la durmiente Rena y a la brillante Silvy quien tenía la buena costumbre de dormitar junto a la mejilla de su hija. Verlas era el cuadro más enternecedor por mirar y ella esperaba el momento adecuado, pues en cuanto despertara la amamantaría una vez más, antes de continuar en sus labores como líder del ministerio exterior. El cisne, esperaba que su hija disfrutara del mundo que casi sucumbió, le daría a la niña, la libertad que a ella se le negó, recordando la jaula que cercenó sus alas y culminó con la muerte de su más grande amor. Esperaba que bajo la luz del hermoso sol o a la sombra de un árbol, Rena pudiera disfrutar las maravillas del mundo y de la vida, en memoria de la persona que dio la vida para que ella pudiera nacer.

Mashiro sonrió divertidamente. —Ella cree que si encuentras la felicidad en otro lado, dejará de ver esa tristeza agónica en tus ojos, así que… elige entre casarte con otra dama o finge un poco mejor, señor Viola.— ¿Qué otro consejo podría darle? La maternidad había camuflado el dolor de su duelo cuando desconocía sobre la existencia de Elfir y como madre era realmente feliz al ver a Rena, su hija era la razón de seguir en pie, pero Takumi no tenía un escudo como ese para disimular su pena.

Estuvo tentado a responder audazmente. —Podríamos pensar en un enlace conveniente entre nosotros, Duquesa… de ese modo nos desharemos de la presión innecesaria— Dijo con un humor lo suficientemente oscuro para hacerla reír de la ironía.

Ambos rieron de lo absurdo y cruel de la idea, sin darse cuenta de una mirada distante que los contemplaba. No era otra que Elfir, quien había decidido actuar prontamente para garantizar el bienestar de todas las personas que amaba, sin embargo, ver a Mashiro tan contenta en la compañía de un atractivo muchacho, tensó sus nervios. La prolongada lejanía y lo mucho que añoraba al Cisne de plata, así como a su amada Rena, realmente la obligó a mantener la calma y aproximarse a los custodios, para ver a la bebé primero.

Por su parte, un ignorante Takumi desvió la mirada sobre una joven pareja que caminaba en la dirección contraria por los jardines aledaños y pasando unos cuantos metros más lejos de ellos, sin siquiera notar su existencia en el mundo. El muchacho finamente ataviado, era arrastrado presurosamente por una doncella tremendamente feliz, de cabellos rubios y ojos de cerúleos, era una chica alegre y bastante bonita; sin embargo, la violácea mirada de Takumi se petrificó sobre el caballero de largos cabellos negros y de ojos amatistas, que llevaba una banda de seda vino tinto en la cabeza, y cuyos ojos jamás le dirigieron la mirada, absortos en la mujer que lo acompañaba.

—Thália no tan rápido— Se quejó el muchacho ante la efusiva mujer.

—Vamos… vamos— Fue toda la respuesta que la joven dio, halando un poco más al hermoso hombre que la acompañaba.

Quieto cuál estatua, el llanto asomó en los ojos del ahora señor de la casa Viola. —Estoy enloqueciendo— Estrechó su frente entre sus dedos y luego el puente de su nariz, cerrando los parpados con fuerza, ya incapaz de contener el temblor en sus manos o su voz.

—Entonces los dos perdimos el juicio… ese hombre, tiene un inmenso parecido con Akira.— Afirmó Mashiro sin entender por qué pasó de largo.

—¿Lo viste?— Takumi abrió los ojos sorprendidos, temiendo que fuera una alucinación de su más profundo anhelo.

—Van camino al jardín oriental— Mashiro miró el camino que tomaron al final del pasillo, disculpando la falta de modales al no saludar a alguien de más alto estatus. —Allí suele ir el viejo general Okuzaki. ¿Sería una casualidad?

—No… lo creo.— Murmuró confuso, con la esperanza naciendo en su pecho. —¿Ella tenía hermanos gemelos?

—No, todos los demás son mucho mayores, con al menos 10 años de diferencia, el marqués fue un tanto prolífico en cuanto a tener amantes, pero Akira era su única hija dentro del matrimonio y fue además la menor.

—Entonces, es ella… con su permiso— Takumi no concedió un pensamiento más, se dio la media vuelta para perseguir a quien fue el alba de sus días y la luna de sus noches.

Mashiro observó la escena con extrañeza, esperanzada en que aquel muchacho realmente fuera la siempre leal Akira Okuzaki. Por lo que el sonido de los gorjeos a su espalda

—No quería interrumpir el discurso de tu pretendiente, estimada Duquesa— La voz de Elfir aunque neutral, dejó escapar algunas notas de ironía que se fueron desvaneciendo mientras sostenía en su brazo izquierdo a Rena, quien sin duda mostraba su felicidad por el retorno de su otra mamá. —Supongo que podrías sentirte presionada a contraer nupcias nuevamente. ¿Es así?

La hermosa albina volvió la vista, encontrándose con la deidad, quien se veía exquisita ante sus ojos. Siempre era un placer contemplarla, aquel vestido que sin duda enmarcaba la feminidad de las curvas de su cuerpo, con hombros y espaldas expuestos, cada objeto dispuesto perfectamente en su ser, desde las joyas, la corona, el collar que siempre llevaba en su cuello. Pero algo no estaba bien…

—Cielo mío, ¿te hiciste daño?— La expresión preocupada en el rostro del Cisne de plata, desarmó a la castaña que realmente sentía la vicisitud de la vida en su corazón.

Elfir negó con la cabeza y su barbilla tembló junto a sus labios, como si quisiera derramar un llanto tan largo y profundo, siendo una expresión frecuente en los niños. Entonces Mashiro corrió a abrazarla, preocupándose primero de entender que cosa podría afectarla tanto. Shinzo atinó a tomar a Rena de los brazos de la deidad, para que estas dos mujeres pudieran aferrarse, con la certeza del apoyo que jamás se ausentaría, en tanto se tuvieranuna a la otra.

La deidad, quien era bastante alta, levantó a Mashiro del suelo y la puso a su altura, enterrando su rostro en su cuello por momentos que parecieron realmente largos; así cuando la paz volvió a su pecho y consideró que al menos podría hablar sin ver su voz romperse, volvió a depositarla gentilmente en el suelo. —Conozco tus abundantes ocupaciones, pero ¿podríamos hablar un momento?— Solicitó cortésmente.

—Shinzo, podrías decirle al Canciller Kröm, que preciso un poco más de tiempo, por lo que debo aplazar nuestra reunión, ¿al menos dos horas más?

—Como ordene, alteza— Musitó la dama de cabellos rosáceos, llevando consigo a la bebé, pues era evidente que se tratarían temas no actos para infantes.

Elfir agradeció a la mujer, no sin dar un beso de despedida a la pequeña, a quien le dieron un biberón para apaciguar el hambre que atacaba en ese momento. La deidad y la Duquesa se alejaron del grupo para tener la privacidad necesaria y tomaron asiento bajo la sombra de un árbol, el viento meció sus cabellos y el silencio se instaló entre las dos, mientras la castaña trataba de ordenar sus ideas.

—Nosotras te hemos extrañado, como no te haces una idea…— susurró tímidamente, en vista del prolongado silencio y que la castaña parecía no ser capaz de iniciar la conversación. —Te has tardado un poco más de lo que esperábamos.— Depositó suavemente esas palabras sin ningún reproche, solo su miedo expuesto. —Sí… soy honesta, temí que… nos olvidaras. Debido a De'Zire.

Elfir negó con la cabeza. —Eso no pasará, jamás te olvidaría por ella, ni a ti, ni a mi hija.— Tales palabras hicieron saltar de alegría el corazón de Mashiro. —Yo… yo vine a verte antes, estabas dormida y Rena estaba a tu lado, es la imagen más hermosa que han contemplado mis ojos…

—¿Por qué no me despertaste? Habría matado por verte y…

—Soñabas con otra persona, dijiste Arika… entre sueños.— reguló el tono de su voz para no mostrarse tan vulnerable. —Coincidió con un mal día, un día terrible en verdad… me dolió y me enfadé, me he negado a verte por lo enojada que estaba y me obsesioné con mi deber para sobrellevarlo.

Los ojos de Mashiro se abrieron de par en par. —Deja que te lo expliqué, yo…— La caricia en su mejilla y el dedo pulgar de la diosa sobre sus labios la silenciaron.

—No estoy enojada porque ames a otra persona.— Suspiró, sin dejar de perderse en esos ojos aguamarinas, aun rozando con sus dedos la tersa piel. —Yo misma entiendo que el corazón es tan basto y los sentimientos mucho más complejos que las formas en las que las personas intentan encajarlos. Pero para mí, tú eres a quien yo amo y fuiste la primera mujer con la que yo… he intimado.— Entonces sus mejillas ardieron mientras retiraba tímidamente su mano y Mashiro comprendió la magnitud de lo que pasó esa noche, sintiéndose tonta por dudar o temer. —Sé que es difícil de creer… pero yo, vine al mundo mortal siendo una niña y no me sentí cautivada por nadie hasta ahora.

—Si no es por eso, ¿entonces que te hizo daño mi amor?— Mashiro preguntó cuidadosamente, deslizando sus dedos sobre los de la mano izquierda de Elfir, quien los enlazó tiernamente.

—Me lastimó la idea de que al amarnos, estuvieras pensando en ella y que… yo solo sea un lánguido reemplazo, debido a nuestro enorme parecido físico.— Los iris zafiro se llenaron de cristalinos y Elfir desvió la mirada con la barbilla tensa. —¿Me amas a mí o solo a lo que ves de ella en mí?

Mashiro tragó saliva y presionó un poco más fuerte el agarre de sus manos, porque no podía mentir y lo que diría, tal vez, es algo que su amada odiaría. Así que se dio valor y reveló esa verdad. —Elfir, puede que no lo sepas ahora… pero, tú fuiste alguna vez… Arika Sayers.

—¿Qué dices?— Elfir la soltó y se apartó con una expresión que no auguraba nada bueno. —¿Tú piensas que yo soy esa persona que murió? Tengo siglos de vida, Mashiro. Los humanos no viven tanto.

Mashiro apretó con fuerza su mano contra su pecho, temiendo que estas palabras fueran la fuente de su perdición, pero si no era fiel a lo que pensaba o sentía, entonces no sería digna del amor que entregó y recibió. —Lo creo con todo mi corazón. Ese collar que llevas en tu cuello, te lo obsequié… hace años, durante tu cumpleaños.

Ciertamente, no tenía este collar cuando la lucha con Kiyoku tuvo lugar y se sentía tan inherente a ella que ni siquiera pensaba en cambiarlo incluso si no hiciera juego con su ropa, pero… ¿Eso no sería posible, verdad? Un dolor agudo acudió a su cabeza por la ausencia de algo importante. —¿La amas a ella o a mí?— El tono de la diosa bajó un par de notas hasta ser casi ronca.

—Las amo a las dos, amaría cada versión de ti en cada mundo posible.— murmuró, consciente de que Elfir incluso siendo Arika, no era exactamente igual en términos de memoria o en la completitud de su personalidad. —Te amaría siendo mortal o inmortal, incluso si fueras un hombre o una mujer, en tanto seas tú… yo te amaré irremediablemente.

Los irascibles ánimos fueron aplacados por esas palabras, pero Elfir no comprendió con ello la fuente del sentimiento de Mashiro, aunque tampoco podía explicar el suyo con claridad, si recordaba lo mucho que la joven le interesó desde el día en que se le solicitó escoltarla. Sabía cuan real era en su corazón y se acompañaba de una ardorosa pasión que la asustaba algunas veces, pero no era solo lujuria, daría su vida por ella sin pensarlo siquiera. Así, un pensamiento cruzó su mente como un rayo, ¿acaso Arika Sayers no murió manteniendo a salvo a las personas que amaba? Era la cosa que ella haría, pero de nueva cuenta sintió el dolor en su cabeza, tendría que hablar con Ceret en otro momento. —Tal vez no entienda el amor tal cual los mortales lo entienden. Incluso he sido insultada por mis pensamientos, pero necesito conciliar esto contigo antes de dar cualquier otro paso en mi vida. ¿Puedo ser honesta contigo?

Mashiro tragó saliva, aliviada, de que Elfir no la mandara al diablo por decir su verdad. Pero al parecer ahora tendría que tolerar algo difícil de escuchar. —Por favor…

—Te amo— La miró intensamente, observando si esta sería una gran manzana de la discordia. —Pero también amo a De'Zire, creo que no te he ocultado este hecho ni un solo día desde que nos conocemos, pero la última vez que expresé mi punto de vista a otra persona… me hizo saber que era una forma incorrecta de amar tal cual los mortales piensan… y no sé si es odioso para ti, si me odiarás por eso.— Tembló en su lugar, creyendo que no podría soportar el desprecio de Mashiro también. —¿Soy una cínica ante tus ojos?

Mashiro lo supo, que este era el momento en el que tendría que decidir la cosa más difícil. Incluso si era tan sorprendente mirar la ingenuidad con la que Elfir le preguntaba si amar a otras personas era malo, como si hablaran del amor fraterno que se comparte a manos llenas y no el eros que se reserva solo a los amantes. Era una mujer habitando mundos donde las ideas no son las mismas y las relaciones tampoco. —No te considero alguien cínica, ni puedo odiarte por ser, quien eres.— Explicó con cierta dificultad. —He visto la forma en la que tus ojos la miran, la protección que le prodigas… no puedo ver más que amor genuino en su dirección. Es algo que conozco demasiado bien.— Susurró, con la memoria fresca de haber perdido a Arika en los brazos de la princesa de Remus y la realidad es que sabía que aquella niña castaña de mirada celestina, vivió en el mismo mundo con las mismas reglas que ella y eligió a la persona que fue más veloz y capaz para robar su corazón. —En mi pensamiento es difícil y doloroso, compartir tu amor con alguien más. Pero… "Ya lo hacía antes" — pensó finalmente.

—Pero… ¿Te sientes engañada?— La forma en la que la castaña se tensó, realmente le hizo pensar a la Kruger que incluso ahora ella era enternecedora.

—No he sido engañada con falsedad, como suelen hacerlo los hombres nobles para permitirse tener amantes, cuando se aburren del matrimonio.— Confesó esta frecuente y desagradable situación, pues la vio gran cantidad de veces en la corte de Windbloom, pasándole a buenos hombres y mujeres que fueron engañados por sus parejas; e incluso sabía que su prometido Ren, la engañaba con An'hel en el tiempo en el que apenas habían firmado las cartas de compromiso, pero casi le pareció natural, porque era la forma en la que las cosas son. Aun así, Elfir no era como ninguna otra persona que hubiera conocido, su visión de las cosas era realmente diferente, porque como diosa ha visto y vivido mucho más.

—No busco amantes ni concubinas, Mashiro.— Refutó Elfir, con indignación por las acciones truculentas de los nobles, quien se ha casado, no debería tener concubinas. —Detesto siquiera estar cerca de nadie más.

—Lo sé.— Mashiro sonrió recordando las veces que Elfir usó a sus hadas con tal de mantener las líneas de respeto entre las dos, suponía que en esos días la deidad juzgaba su proximidad inapropiada debido al embarazo o a su "esposo". —¿Entonces irás tras ella?— Preguntó cruzándose de brazos y con un ceño mucho menos gentil.

—Solo sí, tú estás de acuerdo— susurró suavemente, dando un paso más cerca y rozando las palmas de las manos en los brazos cruzados de Mashiro. —En el reino celestial, existe una tradición… solo la primera esposa puede consentir la existencia de una segunda esposa. Si amas realmente, respetarás la voluntad de la primera esposa.

—¿Esposa?— Mashiro miró a Elfir y sus iris temblaron, ¿acaso ella insinuaba que…?

—¿No lo sabes? Eres… mi primera vez y mi primer amor— Le dijo al oído con voz cautivadora, descruzando la mano de Mashiro, a la par que le ponía su brazalete derecho a la delgada muñeca de la albina, mientras decía. —En mis ojos y en mi alma, eres mi esposa. La primera… y yo jamás haría nada que te haga daño, incluso si me dices que no, lo respetaré.— Entonces poso su rodilla en el suelo y le preguntó. —Mashiro Kruger Blan, ¿aceptarías ser mi esposa?

—Di…. Dijiste que amarme es un lujo, pero yo realmente podría ser… ¿Tu esposa?— Dijo al borde de las lágrimas, cuando se contenía de gritar afirmando su propuesta, pues tenía miedo de que esa decisión fuera demasiado costosa para Elfir.

La castaña se levantó del suelo. —Decidí que no seré por más tiempo, tan solo una herramienta de la voluntad de los dioses. Incluso si contrariara a mis padres, no me importa. Esto es lo que quiero para mí y lo tomaré sin importar que…— Dijo con determinación, aunque luego pensó que tal vez Mashiro no quería. —Bueno, siempre que quieras casarte conmigo— Hubo cierto temor a la negativa.

Una afirmación apabullante se escuchó en los jardines cercanos, mientras Mashiro se arrojaba a los brazos de Elfir y la besaba con la necesidad que había acumulado a lo largo de aquellos días sin verse. La Kruger sintió el amor intenso que su amante le demostraba, tomando sus labios entre los suyos y sus bocas, precisando conocerse más con el roce de sus lenguas. Un ardor que era más que solo deseo se sintió en sus entrañas, formándose la marca, una hermosa enredadera de lobelias azules en sus cuerpos a la altura de sus caderas. El vínculo finalmente se había formado con el presente que Elfir entregó como promesa de su amor a Mashiro, pues la unión de sus cuerpos había acontecido aquella noche cálida en la que hicieron el amor sin contenciones ni reservas durante su vez primera.

El aroma de aquellas preciosas lobelias llenó el ambiente y pétalos azules cayeron del cielo, siendo arrojados por las hadas, cuya soberana había sido escogida finalmente. Las hermosas y sobrenaturales criaturas que veneraban a Elfir, brillaban con júbilo y revoloteaban, haciendo del momento un instante incluso más especial para las dos.

—Ya eres mi esposa…— Le dijo al oído con una enorme sonrisa en sus labios. —Celebraremos las nupcias, para dárselo a conocer a las personas.— La mano de la deidad acarició sobre el punto en el que las flores se formaron con un gesto de plena dicha. —Dioses… realmente eres mía.— Celebraba como una niña pequeña.

Pero Mashiro observó los nudillos lastimados y tomó la mano de su amada con preocupación. —¿Qué le pasó a tu mano?

—Si te dijera que golpee al dios del hilo de la vida, por ser un idiota. ¿Estarías menos disgustada?

—Supongo que él acabó mucho peor, si son tus nudillos los que se ven así…— Mashiro le dio pequeños besos, para que el dolor se fuera.

—Si fuera humano tendrían que reconstruir su cara— Elfir se picó la mejilla apenada de hacer evidente tal muestra de salvajismo.

La albina palideció. —Dioses, ¿qué pudo hacerte para que estuvieras tan enojada?

Suspiró con desgana. —Intentó chantajearme para ser su amante, de la forma más grotesca…— La repulsión subió a su rostro inmediatamente y Mashiro pensó que merecía algo más que eso, maldito, ¡infame! Pero la forma en la que esas gemas zafiro la miraron, la preocupó un poco. —Amenazó con hacerte daño a ti y a Zire… no está muerto solo porque tengo un enorme aprecio a su hermano mayor.— Tragó saliva. —Eso me hizo entender lo frágil que es la existencia humana y solo viviré en paz cuando ninguno de ellos pueda herirlas solo por verme sufrir. Ya no pueden tocarte, porque eres mi esposa y nada me hace más feliz que decía nos pertenecemos.

Mashiro comprendió que nada era tan simple y que la premura de Elfir se debía a la amenaza de otros dioses, que no estaban de acuerdo con su amor por simples seres mortales. —Entiendo, desearía que no tuvieras que sufrir por nuestra debilidad, ni que tuvieras que apresurarte por esa razón— Se abrazó y aferró al pecho de Elfir, quien la sostuvo contra sí como si fuera una pieza de porcelana muy frágil.

—He querido hacerte mi esposa desde el primer instante, pero si esto te preocupa por ser demasiado pronto, la boda que llevará a cabo cuando tú quieras. Entiende que solo quiero protegerte siempre, a ti y a nuestra hija.

La de iris aguamarina sonrió, porque cada vez que ella decía que Rena era suya también, su corazón se derretía un poco más y si esta sería la única manera en la que nadie más se atrevería a usarlas como un arma contra Elfir, entonces sabía lo que tenía que hacer. —Elfir, entiendo perfectamente tu sentir y es por eso que no me opondré a su relación, incluso si es muy difícil para mí.— Ni siquiera sabía como llevaría toda esa situación, pero fingir que Arika no amó a Zire o que Elfir no sentiría nada sobre ella, era una falacia. —¿Ya tienes su aceptación? Ustedes… ¿Se han acercado en este tiempo?— Mashiro se contuvo para no delatar demasiado lo doloroso que eso sería.

La castaña negó con la cabeza. —Yo me propuse cortésmente, pero ella me rechazó… y se enfadó un poco más en cuanto notó que estoy enamorada de ti— Informó Elfir tan quitada de la pena que Mashiro realmente pudo pensar que hubo algo en esas palabras que no coincidía con la expresión facial de su interlocutora. —Me refiero a que sé que le resulto atractiva, pero creo que ella me desprecia debido a los sentimientos que he mostrado abiertamente por ti.

El orgullo de la Kruger pudo haber sido alimentado por esas palabras, sintiéndose halagada por la honestidad de Elfir, quien no escondía su amor por ella y eso alegró a su corazón, porque tampoco quería ser un secreto para el mundo. —Creo que no lo comprendo, cariño. Le gustas, pero te rechazó… ¿Por mí?

Elfir sonrió ante tal muestra de afecto y besó la frente de Mashiro, invitándola a tomar asiento en las cercanías. —Dejemos eso en que no soy de su agrado y dado que se ha comprometido con Kamui Sorata— La sonrisa de Elfir era difícil de interpretar, había un matiz de alegría y de tristeza que simplemente parecían imposibles de conjugar en el mismo momento. Pero sus ojos, eran los más honestos de todos, ellos les deseaban felicidad a Zire. —Él es un buen hombre, realmente no he conocido a un sujeto tan recto como él y puede que quiera matarlo ahora mismo.— Bromeó un poco. —Pero… no puedo. Si lo reflexionas con detenimiento, si eso la hace feliz, entonces también cuidaré de él.

—¿Tanto la amas?— a veces se preguntaba porque se torturaba de esa forma.

—La peor cosa que podría ver es como la vida de alguien que amo se desperdicia infelizmente, si su deseo es ser amada exclusivamente por alguien a quien escoja, entonces contribuiré lo mejor que pueda a ello.— Acarició su barbilla de Mashiro y la besó suavemente. —Eso también va para ti, quiero toda la felicidad del mundo para ti, aunque estoy muy contenta de ser partícipe de tu felicidad.— Sonrió alegremente. —Soy codiciosa… ¿Lo ves?

Así no podría enojarse o sentirse inferior. Entonces preguntó algo que realmente dudaba. —¿Piensas que Zire ama a Kamui?— La albina realmente no podía pensar que eso fuera cierto e imaginaba que Elfir no sería tan crédula para pensarlo.

—No ahora, pero con el tiempo y el esmero de Sorata, lo hará.— Asintió con la cabeza, porque había visto nacer miles de afectos de esta manera, a través de la constancia. Sabía cuan imposible sería para ella vencer el orgullo De'Zire y acercarse a su corazón, creía que estaba siendo terca sobre aceptar su amor, pero también respetaba sus pensamientos y sus elecciones. —Cada decisión que tomen, por pequeña que parezca, construye los hilos de las vidas de las personas, cuando menos piense, Zire se encontrará preocupándose por él y pensando en él, hasta que un día lo extrañará cuando este ausente. De la física de su cuerpo pasarán al menos al deleite y cuando engendre a sus hijos, sentirá cosas incluso más incomprensibles. Lo amara, con un amor diferente… no será como el de su primer amor, pero será el hombre al que ame por elección.— Cerró su puño y pensó, en lo mucho que desearía ser él, en tener esa posibilidad, pero no era el caso.

—Entonces, ¿por qué me has pedido permiso? ¿Por qué harías todo esto si ella te ha rechazado?

—Porque haría cualquier cosa por salvarla.— Musitó Elfir mirándola con sinceridad. —La haré mi segunda esposa en secreto, para poder sanar su enfermedad. De ese modo podrá vivir una buena vida junto a él.— Explicó suavemente.

Mashiro no creyó que la forma de amar de Elfir fuera así de profunda, no imaginaba lo doloroso que sería para ella dejar ir a la princesa, pero eso significaba que, de una u otra forma, ella sería solo suya. Pensó que Zire era una tonta por esto, la Kruger había aprendido de una mala forma lo horrible que es vivir deseando el amor de la mujer que fue tuya y que perdiste por una idiotez. Este error no lo cometería dos veces, pues aprendió la lección, pero parecía que la remusiana estaba equivocando el camino del mismo modo que ella lo hizo en el pasado. Entonces reflexionó sobre lo que su esposa le dijo. —Espera. ¿Zire está enferma?— La contrariedad embargó las facciones de la albina, quien no podría creer lo que escuchaba, si aquella rubia remusiana le parecía la mujer más saludable que había conocido en su vida, ¡Incluso era buena con la espada!

—Es un secreto…— La castaña le hizo un ademán de silencio. —Las cosas de los dioses, se reservan a los dioses. Pero… es una suerte que ahora seamos esposas, porque ya puedo revelarte cosas de dioses— Sonrió ladeando su rostro encantador y Mashiro tuvo dificultades para pensar debido a ello.

Después de una prolongada contemplación de su faz. —¿No puedes sanarla ahora?

—No.— Suspiró con desencanto. —Si ella se corta un dedo o se raspa, incluso una fractura… son cosas que puedo sanar con mi poder, pero no su corazón, no una enfermedad que está destinada a quitarle la vida.— Elfir se forzó a permanecer en calma mientras decía aquello. —Derha no pudo, digo… Natsuki no pudo hacerlo cuando la vida que pendía de un hilo era la de Saeko Kuga, su madre humana. Este es el gobierno de las 7 fortunas, un lugar prohibido para los dioses, dado que el mundo mortal es preciado para todos nosotros. Creo que hasta ellos tienen prohibiciones…

—Entonces la esposa de un dios, no se rige por las mismas leyes de los mortales… aun si es humana.

—Exactamente.— Aquellos ojos zafiro la miraron con devoción. —Que seas mi esposa te hace parte de mí, así que tengo el derecho divino a cuidar de mi esposa, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia. ¿No es así incluso entre los mortales?

—Sí— La duquesa asintió, hasta un mal esposo podría remitir a los mejores médicos que pudiera pagar para mantener la salud de su mujer, incluso si no la amara. Siendo dioses, sus recursos no serían tan limitados y no evitó sentirse protegida, realmente pensó que nunca más volvería a vivir cosas tan terribles como las que vivió, nunca ningún hombre se atrevería a tocarla en contra de su voluntad.

El repentino temblor en los hombros del Cisne, atrajo la mirada de su esposa, quien volvió a abrazarla. —Siempre te cuidaré, y mi ejército de hadas te protegerá en mi ausencia… porque eres mi reina, querida Mashiro, mi amado Cisne de preciosas alas plateadas.— La envolvió por la espalda para asegurarse que nada la hiriera nunca más. La castaña sabía perfectamente lo que aterraba a Mashiro, pues sus pesadillas a veces se manifestaban durante las noches en las que yacía a su lado y entonces cantaba suavemente para hacerle saber que estaba allí para resguardarla. Aquellos sueños se apaciguaban con la consciencia de que ya no estaba sola en medio de la noche más horrible de su vida, que sería protegida y amada de la forma correcta. Un tierno pico en su cuello la hizo reír, cuando el suspiro de los labios de su esposa en su cuello, realmente la hizo desear más. —Te siento, te amo… te protejo— Volvió a decir.

Mashiro se dio la vuelta y se permitió ser besada en la nariz, luego en los labios y finalmente en la frente. —No puedo esperar a tenerte… nuevamente.— Le murmuró con un tono inesperadamente pícaro, que sin duda sorprendió a la deidad cuyas mejillas se sonrojaron violentamente.

Shinzo, quien observa aquel cuadro, se aclaró la garganta. —Alteza.— Inclinó la cabeza. —Su gracia… ya pronto debe reunirse con el canciller. ¿Desea que cancele la cita?

—No la canceles…— Intervino Elfir. —Yo no robaré más su atención…— sonrió mirando pícaramente a Mashiro. —por ahora…— prometió, guiñándole un ojo.

—Hasta pronto, su gracia— Mashiro reverenció ligeramente a Elfir y la señora del aire se mordió la boca, para no robarla allí mismo. ¿Entonces lo mantendría en secreto por el momento?

—¿Te veré mañana cerca del anochecer?— quería saber si estaría disponible, porque tenía una propuesta que hacer para que ella, Mashiro y la bebé vivan bajo el mismo techo, sin entorpecer los deberes de las dos.

—Claro que sí, cielo mío…— Mashiro lanzo un beso al aire, que la castaña tomó en su mano y posó a la altura de su corazón, a la par que caminaba de espaldas hasta llegar al carrito en el que Rena reposaba, jugando con un pequeño artilugio de cristales que tintineaban con el viento y que su tía Derha le había dado.

—Te adoro mi hermosa niña, ya pronto estaremos juntas cada dia y así no tendremos que extrañarnos demasiado— Le dio un beso a su pequeña frente. La alegría de Elfir se hizo más que evidente, mientras extraía sus preciosas alas doradas de su espalda y las habría, cada pluma hecha de hilos de oro brillante, con destellos de la luz del sol.

.

.

.

Cuando Takumi Viola logró alcanzar al par arribando al jardín, se detuvo aún a cierta distancia, como temiendo romper la burbuja de sus fantasías y que la morena se evaporara en una estela de brillos. Aun así, pudo escuchar la conversación que tenía lugar.

—Es un hermoso paraje, no parece que aquí se desarrolló una guerra— pudo oír la voz de Akira, tan inconfundible y nítida como en sus recuerdos, su corazón palpitó acelerado y sus pasos se movieron automáticamente para llevarlo con la mujer que tanto extrañaba.

—Dicen que su majestad reconstruyó este lugar en un tiempo imposible, retornó la gloria de la capital en apenas un día.— Explicó la dama, con maravilla y devoción en partes iguales.

Entonces Takumi vio su rostro preocupado, la mirada amatista sobre los arbustos y flores del suelo más cercano, entonces cada ápice de su alma quiso acudir a consolarla. Pero ya había alguien más dispuesta en la tarea, notó la extraña proximidad entre las dos mujeres, pues la rubia la confortaba con una caricia, demasiado íntima para ser solamente de amigas, o eso le hacían pensar sus celos al señor Viola.

—Thália— Los nervios le atacaban, el viejo general llegaría pronto… no podía ser un error, puesto que los soldados le reconocieron y le permitieron entrar, era evidente, si no pertenecía a la armada ¿por qué luciría aquella armadura en la batalla de Fukka en la que evidentemente participó? Y su sello, pertenecía a la familia Okuzaki, estaba inscrito en sus posesiones, el escriba no pudo equivocarse. Sin embargo, el sosiego no llegaba.

—¿Sí?— La joven rubia le devolvió la mirada mientras esperaban el arribo del condecorado militar, palmeó el asiento de madera en el jardín.

Akira suspiró y se sentó a su lado. —No estoy seguro de esto…

—¿No quieres ver a tu padre?— Cuestionó dubitativa la bella mujer, aproximándose y posando su mano en la espalda del joven.

—Sí, solo temo— Susurró como siquiera que nadie pudiera oír su miedo, así que abrazó a la rubia y apoyó su barbilla sobre su hombro. —Me aterra pensar que, si lo veo, pero no viene ningún recuerdo a mi mente, entonces yo no sabré nunca quién soy.

Thália lo entendía, pero al mismo tiempo quería borrar la tristeza o la duda de la cara de su querido Okuzaki. —Aún tendrás un padre para confortarte y a él le habrás devuelto la sonrisa, porque debe haber sufrido mucho por tu pérdida.

Eso tenía sentido, se apartó un poco para verse reflejado en los ojos cerúleos que le miraban tan intensamente. —Y yo soy afortunado de tenerte… estaría muerto sin ti.— Sujetó la barbilla de la joven y se aproximó gentilmente para prodigarle un beso.

—¡Akira!— Reprochó Takumi mostrándose al fin, incapaz de tolerar el contacto que por su queja no pudo completarse. —¿Qué demonios pasa contigo?

El pelinegro se apartó dejando el anhelo del beso para otro momento, dispuesto a encarar al entrometido. —¿Lo conozco, señor?— frunció el ceño y mantuvo la mano sobre la empuñadura de su sable a modo de disuasión.

Estaban de pie, uno frente al otro, pero esas joyas amatistas no mostraron un solo atisbo de reconocerlo. —Yo… yo solo— Las palabras no acudieron al castaño, quien se paralizó ante el hecho. Perderla de tantas formas posibles, solo hería un poco más a su corazón maltrecho. —Nos… conocemos.— Dijo al final con algo de duda en la voz.

—¿Qué le da derecho a hablarme de un modo semejante? Explíquese, o podríamos resolverlo como se debe, entre caballeros.

—¿Realmente no sabes quién soy?— Cuestionó perplejo el castaño de Tsu cuando el habla lo acompañó más conscientemente.

—No, ¿debería?— Preguntó con la barbilla recta y la tensión en la mandíbula, en realidad estaba deseando golpearlo.

—Íbamos a… casarnos.— Musitó Takumi evitando con sendos esmeros que su voz se rompiera. —¿Realmente podrías olvidarlo?

Akira, cuya memoria se había perdido de la forma más cruda, durante su caída por el abismo, incluso frunció más el ceño y miró con enojo al muchacho. —No coincido, yo estoy interesado en las formas femeninas…

—Pero tú y yo— buscando en los recuerdos sus propias palabras y promesas. —Tú eres mi todo, nos comprometimos. ¿Acaso tu palabra no significa nada? O es tu corazón el que…

—Akira es un caballero en toda la extensión de la palabra— Intervino la rubia sujetando la mano de su amante, ante los ojos cristalinos del señor viola frente a ella, que realmente era muy atractivo y le rompía un poco el corazón el verlo tan triste. —Le pido respeto, para mi prometido.

—¿Ustedes van a desposarse?— Preguntó con los ojos abiertos y el dolor destilando a través de ellos. Miró a Akira a la cara, pues era muy común que con la firma de las cartas la intimidad ocurriera. —¿Ya han surtido los deberes contractuales?

La señorita Gálad se sonrojó violentamente, porque no es algo que se pregunta de forma tan directa. —Me temo que… es algo que no le incumbe.

La reacción de la joven fue suficiente para entender que tan intimas habían sido las dos mujeres. Por lo que Takumi solo pudo apretar sus puños e intentar que la herida en su corazón no fuera visible en su rostro, aunque sin mucho éxito.

Tal cosa trajo conmiseración a los ojos de Akira. —Lamento su perdida, pero esta es la situación… yo realmente no sabría de mi apellido, de no ser por el sello que tenía conmigo esa horrible noche. Ni recordaría mi nombre salvo porque se lo dije a Thália antes del incidente en la montaña, seguramente ni siquiera es su culpa, pero estas son las circunstancias actuales— Intentó no ser tan cruel, ya que por más que lo miraba simplemente no podía recordarlo. —Lamento lo que sea que haya pasado, pero… ha sido voluntad de los dioses que nuestros caminos sean distintos.

Takumi estaba devastado, el dolor del corazón que había revivido al verla a salvo, pronto se hundió por la crueldad de los dioses de la fortuna, su amor había sido borrado junto a la memoria de la persona que atesoraba, dejándolo hueco por dentro. —Lamento haberlo incordiado, en tal caso me presento, yo soy Takumi Viola, hermano mayor de la emperatriz Shizuru Di'Kruger y es un honor estar en su presencia.

—El honor es todo mío, yo soy, el marqués Akira Okuzaki y esta joven dama, es Thália Gálad, mi prometida… espero que a pesar de las circunstancias, seamos cordiales el uno con el otro.— Hizo una sofisticada reverencia en la que la joven rubia le acompañó.

Un acto tan simple que solo hizo tragar saliva a Takumi. ¿Por qué tenía que ser tan hermoso y refinado? Ver esos ojos misteriosos y reservados, realmente le recordaba mucho al Akira de los tiempos en Tsu cuando se infiltró en la servidumbre junto a Natsuki. Pensar que alguien de tan alto rango se rebajara tanto por lealtad a su señora, la duquesa, solo le hacía admirarle más, amarla más y aquello era una tortura. —Le ruego, me permita cruzar unas palabras, ya que debe deshacerse, lo ya no será.

Akira levantó el rostro y poso la mirada en Takumi, rebanándose los sesos por saber que fue exactamente lo que pasó entre los dos; sin embargo, nada acudió al pensamiento, además de un ligero temor.

Entonces otra voz le interrumpió, una grave y más sabia. —Akira— El viejo Okuzaki que ciertamente había envejecido mucho en los meses que la más joven estuvo desaparecida y a la que dieron por muerta debido al relato de Takato. —No es una mentira… estás frente a mí.

—¿Padre?— Preguntó con duda, pero así cuando los brazos del más viejo le envolvieron, una sensación de familiaridad, sintió una calidez que le llenó por dentro; el olor que recordaba confortable, la barba rasposa en su mejilla, una cantidad desbordante de sensaciones, de imágenes del pasado distante, los años de entrenamiento, los obsequios de cumpleaños, incluso cuando el general le regaló a Gennai su querido caballo… —Papá Hanzo— Susurró cuando siendo muy pequeña decía " papá ganso " al no ser capaz de pronunciar el nombre del viejo líder de su casa.

Todo habría sido dichoso de no ser por la sangre que comenzó a brotar por la nariz de Akira quien se desvaneció inconsciente dentro del firme agarre de su padre. El hombre estupefacto no tardó en gritar. —¡Ve por el médico!— Le ordenó el viejo militar al que no quedaba ya tan claro si continuaba siendo su yerno.

Takumi corrió ante la orden como si no hubiera un mañana, consiguió la asistencia médica que buscaban y cuando quiso volver por el camino, vio que el señor Hanzo traía en brazos a su hija y junto a ellos corría la joven Thália. El grupo permaneció en un denso silencio e incluso cuando la imperatoria Natsuki apareció por la noticia de la llegada de Akira, su rostro se tornó serio y angustiado al entender que la salud de su preciada amiga estaba en riesgo. Las horas transcurrieron y se hicieron las presentaciones básicas, por mero protocolo, pero todos esperaron incluso cuando el doctor solicitó la asistencia de todo el grupo médico de la corte. Más tarde, los alimentos fueron dispuestos y todos aguardaron, algunos por completo inapetentes, hasta que el galeno salió de la habitación al anochecer.

—¿Cómo está mi hija?— Dijo en voz alta el padre nada más ver al médico.

—Majestad, señorías— El galeno saludó cortésmente, añadiendo una reverencia en presencia de las emperatrices, quien apresuró el gesto con un movimiento de mano, tan impaciente como todos los reunidos por saber del estado de Akira. El médico acomodó sus lentes y habló profesionalmente. —El joven Okuzaki ya se encuentra mejor, detuvimos el sangrado y comprobamos sus constantes, las cuales al fin se han estabilizado.

—¿Puede decirnos que tiene Akira?— Exigió saber la de ojos esmeralda, mientras Shizuru tenía una mano puesta en su hombro para darle, aunque fuera un poco de serenidad. Todo, sin perder de vista la figura sombría de su hermano, quien se miraba más amargado de lo frecuente en los últimos meses.

—Las variables son muchas y las condiciones de esta persona son sumamente particulares, por lo que….

—¡¿Qué tiene?!— Gritó Takumi ya incapaz de soportar la tensión. —No adorne las cosas, necesitamos la verdad.

—No… no lo sabemos— Confesó con profunda vergüenza el que sería el mejor médico Windbloom, según la aristocracía. —El cuadro del señor Okuzaki es el más desafiante al que me haya enfrentado a lo largo de años de trabajo en mi oficio. Por el simple hecho de que su metabolismo es diferente a lo conocido, y su cuerpo está en constante transformación, sus huesos, sus extremidades, incluso sus cabellos… es lo más raro que he visto alguna vez.