Saludos queridos Lectores, espero que este año estuviera lleno de cosas maravillosas para todos y que la navidad fuera especial en la compañía de las personas que aman. Les deseo un prospero feliz año, en el que espero puedan tener nuevos inicios, oportunidades y grandes dichas.

Sin más, dejo este capitulo por aquí. Como saben, desearía conocer sus opiniones al respecto y disfrutar a mi manera de sus pensamientos.

Capítulo 70 ― Temporada Simarik I

Aquellos días de las cuatro viviendo bajo el mismo techo en el palacio de los lirios, habían sido el cielo y el infierno para Natsuki. Tenía la suerte de sentir a su familia más protegida y disfrutaba de las noches junto a Shizuru y sus bebitas, era como tener tanta felicidad que podría creer que soñaba. También estaba contenta de ver a Ceret a diario, era algo que le alegraba el alma, porque a su lado se sentía más serena, sin preocupaciones ni presiones, pues no tenía secretos que guardar con ella. Su aversión había atenuado considerablemente y ahora podía tocarla sin sentir repugnancia con aproximaciones inocentes, pero atreverse a contactos más privados era algo que le aterraba y que no consideraba correcto realizar.

La parte menos halagüeña, estaba relacionada con Derha. Había escuchado decir que los polos opuestos se atraen y los semejantes se repelen. Para su mala suerte, la deidad original, era odiosamente parecida y ¡hasta robaba sus ideas! La infame ladrona, como pensaba Kruger cuando su nombre salía a relucir, la estaba boicoteando. O eso pensaba, pues no entendía por qué razón Derha intentaba seducir a su esposa, si ya tenía a Ceret. Sabía de buena fuente que sus noches derrochaban de pasión y desenfreno, como si tuvieran alguna deuda de idilios por saldar o era la fogosidad que despiertan las hormonas en el embarazo, pero… en la mente de Natsuki eso debería ser más que suficiente para Derha.

Cuando le preguntó a la dama de la memoria sobre la conducta indebida del cristal nocturno, la simpleza de su respuesta la sorprendía, pues su suave voz decía con naturalidad: "Derha ama a Shizuru" y sin un asomo de celos o enojo sonreía. Entonces, la Kruger se partía la cabeza cuando Ceret preguntaba de vuelta, si Natsuki la amaba a ella. Ardiendo en vergüenza apenas pudo asentir con la cabeza y eso era suficiente para que la mujer que guardaba en su vientre una semilla preciosa, estuviera más que feliz. Dadas las circunstancias prefirió no volver a preguntarlo, temiendo que talvez quisiera ensayar la parte de los besos.

Muy a su pesar tuvo que tolerar a cierta pelinegra del inframundo cortejando a su amada castaña, ya fuera con innumerables atenciones, versos o cuidados, haciéndole hervir la sangre. Esa idiota, ¡incluso le tocaba el violín! Así que al llegar la noche, cuando coincidían los relatos de Shizuru sobre los acontecimientos de su día, las acciones de Derha desanimaban sus intentos románticos. Escribió una carta o tal vez más con un poema en su lugar, pero tuvo que esconderla cuando vio la hermosa sonrisa de su mujer, quien disfrutaba de una caja de chocolates y una nota con letra realmente encantadora a la vista, por no mencionar la prosa. Cohibida, murmuro que era un documento imperial cuando Shizuru preguntó por el papel en sus manos…

Esta insinuante ladrona, le coqueteaba en sus narices, la observaba como si fuera la fruta más deseable del mundo y en ese pequeño punto, no es que Natsuki estuviera menos deseosa de hacerlo… estaba sedienta, pero tan pronto la besaba con un poco más de fogosidad, tuvo serios problemas para continuar sin sentirse terriblemente enferma. Le dolía, pues sabía que Derha no tendría dificultades para saciar la necesidad ardiente de Shizuru. Si se descuidaba, talvez podría robar a su esposa. Era frustrante que la otra mitad de su ser no padeciera lo que ella. ¿No era eso injusto?

También ocurrió por aquellos días, que los dientes de sus pequeñas crecieron, así que después de dos noches en vela, calmando la fiebre y arrullando a las llorosas bebitas con el corazón en la mano, ambas pensaron lo mismo. En la mañana Derha llegó con un conejo onírico del palacio de la luna, una preciosa mascota a la que llamaba copito y que, pese a no ser recordado por Erin, hizo muy feliz a la infanta. Para Tsukira trajo un caballito de pegaso afelpado y suave diseñado para ayudarla a gatear y caminar apoyándose en él, dado que la primogénita se movía bastante y ya pronto podría arrastrarse por ahí. Mientras que Natsuki había traído un peluche de conejo para Erin y una espada de felpa para Tsukira que a su suerte, su hijita decidió llevar consigo a todos lados. Cuando dejaban a las bebitas en el corralito en el mullido suelo junto a la criatura onírica, Erin dejaba a un lado el peluche para tratar de tocar a copito y en tales casos Derha sonreía victoriosa; pero cuando era hora de dormir, el peluche de conejo era su predilecto de entre los que tenía, para ese punto era la Kruger quien se alzaba triunfante.

Irónicamente, no fue la única cosa en la que coincidieron, pues tenían ideas semejantes… con motivo del aniversario del inicio de su amistad en Tsu, Natsuki le trajo lirios violetas a Shizuru junto con algunas frutas de la región que sabía son sus favoritas y plantó su viejo roble en el invernadero del Palacio de los Lirios. Mientras que Derha le dio joyería de aspecto elegante y minimalista, que pudiera lucir como Emperatriz con sus vestidos habituales, aunque no tan ostentosos como los de las ceremonias y bailes. Para acentuar la sorpresa se aseguró de que los pendientes y collares estuvieran ocultos dentro de los pétalos de un exquisito ramo de rosas.

Ya la Imperatoria se había mordido un codo las suficientes veces a causa de las acciones del primer pilar y consideraba cambiar su agenda con esta diosa usurpadora, con la esperanza de tener mejores oportunidades. Sin embargo, notó que cuando finalmente tenía éxito en ser la primera en cortejarla, también se metía en problemas y evadir los avances de Shizuru con sus intensos ojos rojos llenos de deseo, había ocasionado muchos malos entendidos. Así que Natsuki la odiaba, realmente quería matar a Derha, pues incluso cuando quiso tener un gesto dulce con Ceret sabiendo que le gustaba el mar, le obsequió una concha de preciosa forma con incrustaciones de joyas. Resultaba que Derha trajo de la dimensión solar, unos melocotones del Árbol Ceres para una mejor nutrición durante el embarazo y un chal de seda azul auriana, aunque Ceret aclaró que había sido una genuina casualidad. Pese a las circunstancias, la preciosa pelirroja de mirada azul le dio un beso en la mejilla como muestra de agradecimiento y una sonrisa cautivadora, ciertamente Natsuki se sonrojó hasta las orejas, pero se sintió feliz de que su obsequio fuera apreciado.

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Para Shizuru la convivencia con Ceret y Derha tenía un matiz diferente. Ceret es realmente afín a las Nilas quienes la tratan con una reverencia visible. Las entendía, porque la deidad había gobernado en el inframundo durante tanto tiempo y junto al primer pilar crearon un mundo en el que ellas pudieran habitar pacíficamente. La diosa delataba su naturaleza etérea con cada mínima cosa que hacía, su presencia calmante y apacible, su amabilidad perenne, su elegante movimiento y su hermoso ser era como contemplar un cuadro precioso a diario.

Con la nueva rutina de sus vidas y la custodia de la dama pelirroja en las mañanas, el tercer pilar se vistió como un caballero femenino para hacer las veces de escolta y no llamar la atención indeseada de los mortales a su alrededor. El uniforme de caballero le sentaba maravillosamente, dado que el azul del mismo contrastaba con su cabello rojizo, contemplarla sin la corona y los adornos que como reina del inframundo ostentaba normalmente, la hizo más cercana, incluso se sorprendió de verla llevando una simple coleta y noto que se miraba un poco más jovial.

Había trabajado como Emperatriz en su compañía, la vio cargar a sus hijas y cuidar de ellas como si las niñas fueran sus sobrinas más amadas. Entre tanto, dialogaron perspectivas en torno a algunas de las decisiones importantes del imperio: los negocios, la salubridad, el desarrollo de eventos sociales, las organizaciones benéficas como orfanatos, hospitales subsidiados, escuelas y demás. En cada ocasión la postura de la deidad era amplia, visionaria y pragmática. Resultó evidente que no se trataba solo de alguien que almacena memoria, ella tenía una visión holística o específica según se necesitara, escucharla debatir sobre cualquier tema era como alimento para el alma y eso solo mejoró cuando se unieron a Mashiro en las reuniones conjuntas. Shizuru se sabía aventajada, pero cuando podía dudar de su capacidad para ciertos temas que no conocía, las voces tranquilizadoras de las otras mujeres, le recordaban que siempre podía aprender algo nuevo y que las tenía para instruirse, eso era un bálsamo para sus agobios.

Entonces Ceret con su mano puesta en su hombro le recordó que ella lo hacía increíblemente bien para no haber recibido formación aristocrática de la corte, ni la preparación de una reina… y la mirada de Mashiro se tornó sospechosa al verlas. La castaña asintió y recibió las instrucciones pertinentes, pensando en que había estado desacostumbrada a las relaciones humanas en las que los lazos fueran tan estrechos, normalmente excluida por su capacidad para ver seres sobrenaturales. Shizuru pensaba en Takumi y Mai, siendo niños ellos llenaron el lugar de los amigos que no tuvo, ellos son los seres a los que ama con su corazón de hermana. Si bien, la apariencia de Ceret la hace sentir vulnerable por su parecido con Mai, no podía considerarla una hermana.

Y no podría hacerlo en el futuro, no después de verla en el modo que lo hizo. ¡Había visto a Ceret desnuda y ahora no podía sacarse la imagen de la cabeza! Ojalá no se hubiera manchado el pecho con el exceso de su leche materna y desearía no haber querido asearse en la tina termal, antes de ir a sus aposentos privados con Natsuki y sus hijas…

Le gustaba esa tina, porque tenía agua caliente llena de maravillosas propiedades minerales que favorecían la piel, por no mencionar el bienestar muscular. Ese día había sido especialmente agotador, pues las niñas estaban irritadas, salivando demás y con principios de fiebre; se negaron a comer por una sensibilidad en las encías y a ella iban a estallarle los pechos. Según las abuelas, es que ya pronto sus dientesitos saldrían, entre tanto Natsuki les daba a libar frutas escarchadas y tocaba su violín para apaciguarlas. Con la joven ocupándose de sus hijas, ella pudo tener algo de tiempo para sí, descanso que Shizuru agradeció desde el fondo de su corazón. La joven castaña entró a la sala de vestir, se desnudó con la ayuda de las nilas y se dirigió a las termas; era un lugar tan grande como para contener una estatua en honor de Shura en posición de flor de loto, pues fue quien creo un flujo permanente de agua sagrada para alimentar aquellas fuentes en todo el castillo Sileno. La castaña deseaba un tiempo a solas, por lo que desistió de la compañía de las nilas, quienes le dieron espacio, tornándose en sus formas etéreas para custodiar fuera del gran salón termal.

La Emperatriz sintió el alivio en cuanto su cuerpo desnudo finalmente se sumergió en el agua, cuya calidez relajaba los músculos magullados y las tensiones. La realidad es que ser Emperatriz, pensar en todos los detalles, seguir una agenda estricta, ejecutar los proyectos perfectamente y cumplir las expectativas… era difícil. A diferencia de los seres sobrenaturales que la rodeaban, sus fuerzas eran finitas y no tenía sus miles de años de experiencia, pero se consolaba con el apoyo de sus amigas, la querida Mashiro y… Ceret. Sintió otra punzada de dolor, su pecho, que había aumentado un poco su tamaño con motivo de la lactancia, hacía doler su espalda más a menudo.

Natsuki quien se desvivía por hacerle la vida más llevadera, le hacía masajes casi todas las noches y habría sido un tierno detalle, un acto de amor digno de aclamaciones. De no ser, porque la volvía loca sentir que tomara asiento en sus caderas y luego deslizara sus fuertes dedos impregnados con aceites aromáticos sobre su espalda desnuda, removiendo los nudos. Ahora solo podía pensar en el contacto de la delicada entrepierna de su mujer sobre su trasero y sus formidables manos removiendo todas sus fibras. Le daba vergüenza, algo que habría visto sin malicia alguna, ahora la tenía al filo de la lujuria. El colmo de las cosas, es que Natsuki la mirara tan inocentemente al terminar con su espalda, dispuesta a mimar sus pies, que ni siquiera se daba cuenta de la dulce tortura a la que la sometía. Después el tiempo coincidía con amamantar a sus hijas, pero mientras ella las bañaba y cambiaba hasta hacerlas dormir, Shizuru pudo ser vencida por el agotamiento hasta quedar dormida y así en un ciclo perenne cada noche.

La amaba por su ternura y la detestaba por hacerla desearla tanto. Suspiró llena de frustración y miró sus pechos semicubiertos por el agua, la inflamación no parecía mejorar ni siquiera con el líquido sagrado. Suspiró con resignación, lista para salir, en el fondo estaba más preocupada por sus pequeñas y la dentición que por su propio malestar, sin importar cuan doloroso fuera. Es más, aceptaría con gusto tener la fiebre y la irritación en la boca con tal de que sus estrellas no tuvieran que padecerlos. Pero era imposible, incluso si sus bebés eran pequeñas diosas con una regeneración asombrosa, tenían que desarrollarse naturalmente y eso tendría sus incomodidades.

El ruido de voces llamó su atención, Shizuru decidió ver de quienes se trataba, pero cuando notó que era Ceret y su séquito quien se aproximaba, se escondió instintivamente tras la estatua. —Su excelencia… ¿No cree que está asumiendo demasiados riesgos?— Musitó Erisdel mirando con suma preocupación a su adorada ama desde su postura servil con la rodilla en el suelo, tenía los brazos elevados en espera de que la diosa de la memoria le entregara su lanza. Ceret se quitó el yelmo, y la castaña no sabía la razón, pero la expresión fría de la pelirroja, tan inusual en ella, la cohibió un poco.

—¿Acaso me subestimas, Erisdel?— Los ojos marinos se posaron en el rostro de su primera guardiana. —Te parezco débil, ¿Es eso?— La molestia en su voz se hizo evidente, recordando que Oren supuso que era indefensa. Quizás pensó que no podía hacer nada además de sentarse en el trono de su dimensión y eso la indignaba.

—Jamás insinuaría tal cosa, mi señora.— Erisdel se sonrojó más que avergonzada de sugerir alguna debilidad. —Solo creo que debería dejar en manos de sus sirvientes estas tareas mundanas. Sobre todo ahora que usted está encinta, nosotras estaremos más que felices de servirla con incluso más ahínco.

Ceret la miró con ternura y entonces serenó su enfado, depositó en las manos de Eris la Lanza Flameris que su madre hizo especialmente para ella, el objeto estaba lleno de sangre carbonizada y quería que la joven la limpiara a fondo. Fue entonces que Shizuru notó que no era diferente con el resto de su armadura, la cual fue desprendida por sus doncellas desvelando una seda blanca debajo, que exponía salpicaduras de sangre. Sintió alivio al comprender que nada de esa sangre le pertenecía a Ceret, pero le preocupaba que hubiera enfrentado un número demasiado grande de enemigos.

—Es por nuestra familia que me esmero tanto— Murmuró dejando que las nilas le quitaran el resto de la ropa y la limpiaran para no manchar la fuente sagrada con inmundicias, además de poner una preciosa bata sobre su desnudez. —Me aseguraré de que todos los traidores que se atrevieron a tendernos una trampa, pierdan más que solo su vida. Así jamás osarán amenazar la felicidad de mis seres más amadas.

—Usted, realmente considera a la señora Viola y a sus bebés parte de su familia— Preguntó Erisdel con tono cuidadoso, llenando su pecho de una extraña sensación que se asemejaba a la envidia.

—Absolutamente.— Ceret encontraba extraño este hilo de ideas, pensaba que sus acciones lo evidenciaban.

—¿Usted desea a la señora viola como su amante?— Y la pregunta en la voz de la guardiana de un ojo azul y otro dorado le quitó el aliento a Shizuru.

—Ella es una mujer con un espíritu magnético y una figura tentadora a la vista…— aceptó Ceret, con una expresión reflexiva. —Si ella coincidiera su interés conmigo, estaría feliz de complacerla. Siempre que eso no lastime los sentimientos de mi esposa.— Para Ceret la Ley de la primera esposa era sagrada.

—Entonces, siente afecto por esa joven mortal…— Erisdel bajó la mirada llena de tristeza, tratando de esconder sus propios anhelos. —¿Por qué ella tiene tanta suerte?— Intentó que sus ojos heterocrómicos no se llenaran de escozor, pues como una simple mujer mortal, jamás se atrevió a nada con alguien de tan alta posición como la diosa.

—Lo lamento, Eris…— Ceret sostuvo la barbilla de la chica más que consciente de que su guardiana estaba enamorada de ella, su lealtad que era incuestionable se fundaba en ese sentimiento. —Shizuru es una deidad cuyo poder duerme en su interior, así que no te compares con ella.— Con estas duras palabras la guardiana del león asintió, pero Ceret odió ver la herida que causaba en sus ojos dolidos, el azul y el dorado de su mirada con su corazón roto. —Nunca he pensado en los seres humanos como criaturas inferiores, no es esa la razón de que yo no pueda amarte del modo en el que lo quisieras.— Ceret besó su frente. —Mi afecto por ti, es de otra clase.

Entendiendo el significado de esas palabras, Erisdel aceptó este destino. —Le prometo que no insinuaré nada en el futuro, esto no volverá a pasar…— sostuvo la lanza contra su pecho e incluso si había recibido una negativa, Ceret jamás la menospreció, lo cual la hizo amarla todavía más. Sabía que no era la única de las guardianas cuyo corazón se había prendado de la diosa a la que servían, pero tenía la certeza de que era la más cercana, su favorita, así que algo más sería codiciar demasiado.

—Quisiera deleitarme en el agua a solas…— murmuró y las doncellas la dejaron a sus anchas.

Shizuru cuyo corazón latía presuroso, presionaba la tela de la bata que usaba para salir del agua, sin saber que sentir, ¿había entendido bien? ¿Ceret quería que fueran amantes? La castaña negó con la cabeza, sus palabras estaban llenas de condiciones irrealizables; quizás la había usado como una buena excusa para desairar a esta guardiana que anhelaba su pasión.

Una vez a solas, Ceret suspiró cansada, sumergiéndose en las termas, mientras se acariciaba el rostro con fatiga. Su bata se humedeció por completo, trasluciendo la tela sobre la piel nívea, dejando una vista particularmente tentadora para los ojos rubí. Apenada por sus pensamientos, Shizuru consideró que este podría ser un buen momento para marcharse y trató de dar la vuelta por la cara oculta de la estatua mientras Ceret estaba sumergida en un sopor relajante. Pero entonces un destello de luz nació de la nada y en la entrada se materializó un hombre, que no era exactamente humano. Shizuru supuso que era un sobrenatural, sin embargo, se sintió inquieta al pensar que le hubiera sido tan fácil entrar en su palacio. Cosa que no debería pasar, pues según sabía… Derha y Natsuki crearon un sello que restringía la entrada en el lugar, una tecnología que percibía la esencia única de los seres, excluyendo aquellos indeseados. Se preparó con su Kiyohime, la naginata en la mano, si acaso este intruso fuera peligroso.

El ser que caminaba tranquilamente hacia Ceret, era un Draen Oscuro… un ser que habita los mares más secos y las tierras volcánicas cerca de la superficie, en las islas saladas y llenas de ceniza. Por la misma razón es que su piel gris como la ceniza resalta con el contraste de los blancos mármoles de la tina, en su cabeza la cornamenta negra sobresale de la espesura de un cabello turquesa un tanto salvaje. El hombre de aquella raza humanoide draconiana tenía un rostro bello que se sintió ligeramente familiar para Shizuru, pero se entretuvo mirando sus orejas puntiagudas y sus radiantes ojos dorados como si ellos mismos contuvieran fuego dentro del iris.

—¿Entonces somos Draen ahora?— Ceret sonrió, mirando cada detalle en el cuerpo de su interlocutor y notando en su cuello, el símbolo de la familia real de esa raza. —Príncipe…— Había un tono interesado en su voz.

Shizuru respiró aliviada, si la dama de la memoria le daba la venia, este ser no podía ser un enemigo, por lo que Kiyohime volvió a su lugar en el brazalete. Aunque consideró que era insalvable que aquel Draen se tomara tantas libertades entrando a un baño termal ocupado.

—La nación Draen que existe en el límite exterior de la dimensión de los mares y solo por la posibilidad de la guerra entre las dimensiones, Susano-o finalmente les dio la bienvenida. Aunque no es una acogida realmente, quiere usarlos como carne de cañón.— El ser cenizo, negó con la cabeza, molesto por la forma odiosa en la que aquel dios mayor se comportaba con los pueblos que habitaban en su dimensión, tal tiranía era intolerable. —Tal cual previste, él extendió su mano sobre los más cercanos. El rey Ragan tuvo que someterse, pues amenazó con enviar maremotos catastróficos a las playas de Rakentis, donde las mujeres y niños son más vulnerables. Debido a este ardid, es que he podido traspasar las puertas selladas con la venia del Rey Draen.

—Entonces el rumor de la guerra es cierto. Preferiría no arrojar la primera flecha, pero la terquedad del tercer gobernante es absurda.— Suspiró indignada la pelirroja, aun así celebró los esfuerzos del que parecía un aliado importante. —Me alegro de que te hayas infiltrado correctamente. Tampoco puedo decir que la vista sea mala…— Ceret se aproximó al sobrenatural con un tono de voz sensual, depositando un pequeño beso en sus labios mientras sus manos acariciaban los músculos marcados. En respuesta, fue besada intensamente y abrazada por los formidables brazos de este guerrero oscuro, quien acomodó el cabello rojizo de la deidad con profunda delicadeza tras su oreja, sin dejar de mirar o escuchar con una expresión deseosa en su faz.

Shizuru quien no creía lo que pasaba, realmente palidecía de pensar que la misma mujer que había jurado no hacer daño a los sentimientos de Derha en presencia de Erisdel, ahora se hubiera arrebatado a sus pasiones con un sobrenatural de la dimensión de los mares. Su rostro ardió terriblemente y la sensación de ver o escuchar cosas que no debería se hizo incluso más fuerte.

En cuanto se separaron, el Draen extrajo dos objetos de sus atuendos. —Me dijeron que Shizuru siente dolor, porque nuestras hijas se niegan a lactar por la dentición… ¿Crees que acepte un extractor de leche materna?— Susurró con un poco de vergüenza. —Hablé con madre Satis y me dijo que son lo mejor en estos casos. Compre uno en el mercado de Kilat, pero lo mejoré un poco más, ahora es mucho más discreto. Si… si gustas puedo hacerte uno cuando la ocasión lo requiera.

—Der, cariño… estaría encantada— Ceret sonrió más que enamorada y enternecida con la expresión tímida de su esposa. —Creo que a Shizuru le será más que útil, deberías enviárselo de inmediato.— realizó un ademán con su mano llamando a una de las nilas para que tomaran la bolsa de satín y la llevaran a los aposentos privados en su lado del palacio.

Más rápido la joven de Tsu se sintió apenada por dudar, aunque la voz de Derha estuviera alterada para ocupar correctamente el papel de un Draen, se sintió culpable por pensar tan mal de Ceret, quien evidentemente solo tenía ojos para su esposa. Quería huir de allí, pero cada segundo que pasaba las cosas empeoraban, pues con más observadores sería más difícil salir de allí sin ser vista…

Una vez las damas se marcharon, continuó su conversación. —¿Cómo está Satis?

—Devastada. Mi padre… ha arrojado todas sus lealtades al viento, ahora retoza con diversas diosas según sea su antojo, es frío y no muestra gentileza alguna con ella. Aunque no le retiró el título de la primera esposa, ahora no la visita en sus aposentos privados ni siquiera para cumplir con sus deberes conyugales.— Derha decía aquello con preocupación, porque no podía ponerse de parte de nadie, pues comprendía a su padre quien fue traicionado de la peor manera, pero también sabía cuanto amaba Satis a Tsukuyomi, eso era real y no es que ella hubiera confabulado, su madre también fue engañada del mismo modo por Luzine… —Papá ha obtenido concubinas con las que divierte sus noches sin siquiera preguntarle a la primera esposa.— Una acción que era mucho más grosera que solicitar el divorcio y la humillación del hecho se divulgó en el palacio. Las mujeres que son crueles cuando ven a otra en desgracia, no hacen más que incrementar las habladurías. —Como imaginarás, madre no ha hecho otra cosa que sollozar largamente y aunque Terim habló con él, su desencanto es insondable.

—Siento tanto escuchar eso. ¿Acaso tu padre quiere obligarla a verle actuar como un canalla?— Los ojos azules mostraban pena y conmiseración. —Es una venganza dura, debería romper su vínculo en lugar de humillarla constantemente.

—Nadie ha roto un vínculo de unión en siglos y mucho menos un Gobernante. Ni siquiera Přistát se ha divorciado de Susano-o, pese al escándalo de aquel día en la torre de arbitrio. Además, dudo que padre lo haga, jamás permitiría que Terim sea considerada una niña ilegítima.— Derha suponía que él no rompería este lazo, simplemente para no perjudicar la reputación de su hermanita menor, quien había llorado un río a raíz del incidente de ese día. Por más que ambos le juraron que era su tesoro más grande, el rumor de que tal vez Terim no fuera una genuina princesa de la Luna y su nacimiento estuviese tan enturbiado como el complot de Susano-o, era una cuestión que había generado mucho revuelo en la corte de Tsukuyomi. —Pero hablaré con él, te lo prometo. Padre podría realizar un examen sacro de paternidad y resolver este rumor fácilmente.— murmuró con suavidad. —Si no quiere a nuestra madre junto a él, entonces es mejor que la deje ir sin hacerle daño.

—Creo que es lo mejor…

Entre tanto, Derha sacaba un brazalete de la segunda bolsa. Era una joya afiligranada en plata con pequeñas perlas azules que amarró delicadamente de la muñeca de Ceret mientras se sonrojaba un poco. —Vi esta pieza y pensé en ti. Espero que sea de tu agrado…— Sonrió desvelando un par de colmillos blancos que contrastaban con su piel oscura, pero entonces se preocupó de que talvez no le gustara a Ceret, porque su silencio podría ser señal de que ella no lo quería. —Si no te gusta puedo… puedo traer… otra cosa.

Era la primera vez que Derha le decía en voz alta que había pensado en ella. Debido a la limpieza de recuerdos que le practicó a Natsuki, Ceret sabía que lo hacía más a menudo de lo que pudo suponerlo. Ver el mundo a través de los ojos de su esposa le hizo entender que ella también estaba enamorada desde hace mucho tiempo y no se sentía demasiado segura de expresarlo, porque su corazón no podía soportar ser roto una vez más. Pero Ceret no lo reprochó, incluso se sintió tan feliz de notar cuánto dejó de esconder sus sentimientos, así que se abrazó a su cuello llena de alegría y riendo como una niña pequeña a quien se le ha dado un regalo ansiado. —¡Me encanta!

Derha sonrió más que feliz, porque su regalo era bueno, era especial.

Pero muy pronto Ceret eligió mostrar su lado más erótico, saltando sobre él, quien apenas pudo sostenerla para no caerse. El beso del tercer pilar fue incluso más ardiente, hasta que besó la mejilla morena y luego mordió su oreja. —Llévame al agua amor mío…

La deidad creadora obedeció a la mujer dirigiendo sus pasos hacia las termas y mientras la llevaba, su fuego azul, eliminó todo rastro del Draen en su cuerpo con excepción del collar del heredero del Rey Ragan. Aquello desveló la piel blanca, los cabellos bioluminiscentes conocidos y los iris esmeraldas, en el cuerpo de un hombre de aspecto apolíneo que era familiar para ambas mujeres. Shizuru a quien le toco convivir con una Natsuki de aspecto varonil, finalmente no le quedaron dudas de que se trataba de Derha.

El monarca cristalino entró en el agua, tomó asiento y Ceret yació a horcajadas sobre su regazo, sintiendo cuan animado se puso su amante por el roce de sus lugares más íntimos y los besos previos. —¿Puedo proceder, Ceri?— Le preguntó Derha con la cara más que roja, solo por saber si la dama pelirroja querría intimar con esta forma de su cuerpo, dado que no lo habían vuelto a intentar desde el día de la concepción de su amada Celani.

—¿Cómo puedes ser tan dulce? Pides permiso mi amor… haces que te ame más y más— Ceret sonrió, agradecida con los dioses por estos momentos tan especiales. Pero ella quería jugar, por lo que deslizó sus manos sobre los fuertes pectorales y los costados, sumergiéndolas en el agua y luego en un lugar realmente sensible.

Derha dio una vista realmente vulnerable de sí mismo, con un temblor en su cuerpo, un gemido precioso y un sonrojo tímido en sus mejillas, mientras cerraba los ojos ante las caricias que su esposa le estaba prodigando bajo el agua.

Shizuru quien no había visto tal expresión en el rostro del dios creador antes, se tapó los oídos y desvió la mirada, no quería conocer tan profundamente la relación que aquellos pilares del inframundo tenían. Porque verlos era como imaginarse a Natsuki haciéndole el amor a Ceret, o mejor dicho, al revés. Estaba claro quién tenía la batuta actualmente… Sabiendo que la pareja estaría más que ocupada, tomó la oportunidad para moverse sigilosamente por las caras ocultas de la estatua con una paciencia formidable. Cuando la castaña realmente pensó en lo cerca que estaba de la puerta, se apresuró a salir del agua, el ruido del agua escurriendo de su fina bata de seda empapada le pareció abrumador, entonces volvió la mirada por instinto.

Así la vio… Ceret estaba completamente desnuda, con una expresión de placer salvaje y cabalgando a Derha quien daba lo mejor de sí con cada embestida. Pero la peor parte fue el momento en el que sus miradas se cruzaron por un segundo, pues Ceret abrió sus ojos marinos y miró en su desafortunada dirección cuando intentaba fugarse del lugar. Shizuru cerró los ojos con fuerza y deseo con todas sus fuerzas estar en otro lugar que no fuera ese, no podría verla a los ojos nunca más. Y realmente lo deseo con tanta fuerza, mientras la vergüenza llenaba cada parte de su ser, que fue arrastrada a otro espacio, a un lugar en el que ella se sintiera segura. De este modo, sin saberlo… Shizuru viajó a través de la luz por sus propios medios.

—Shi… Shizuru.— Era un hilo de voz muy conocido.

El aire estaba bastante más frío a su alrededor, porque la bata se enfrió rápidamente y la mirada desconcertada de Natsuki se dirigió sobre ella. La pelinegra tragó saliva ante la sensual vista de su mujer, con una bata de baño medio translúcida sobre su cuerpo húmedo, no pudo evitar mirar el escote que se cerraba con la seda donde la forma turgente de sus pezones resaltaba. Pero las niñas que estaban en los brazos de su madre, comenzaron a gemir, extendiendo sus manitas regordetas en busca de su mamá y llenando sus ojitos de cristalinos mientras los pucheros nacían en sus pequeñas bocas.

El llanto llenó el lugar unos minutos más pese a las peripecias de Natsuki quien intentaba usar colores y juguetes para distraer a sus hijas, pues Shizuru corrió a ponerse presentable para poder atender los mimos que sus bebitas necesitaban. Unos momentos más tarde, estaba meciendo a sus irritadas niñas, quienes tenían los ceños fruncidos y amenazaban con llorar en cualquier instante, pero que tal vez querían dormir y batallaban por abrir los ojos por momentos.

—Viajaste a través de la luz, me impresionas… solo me viste usarlo un par de veces y ya lo hiciste por ti misma.— Susurró alegremente, con sus ojos llenos de admiración por la bella castaña que adoraba. —Felicidades.

—Gracias…— No existía en el mundo la posibilidad de que Shizuru le contara a Natsuki lo que había pasado y mucho menos lo que la impulsó a desarrollar una habilidad que en realidad no tenía idea de como funcionaba. Incluso no se sentía maravillada por lograr tal milagro, cuando su mente viajaba a la imagen grabada con fuego en su retina y la vergüenza plagaba su rostro.

—Zuru…— La Kruger la miró con preocupación. —¿Estás bien?

—Maravillosamente…— mintió, bajando la mirada sobre sus estrellas, que con su sola presencia apaciguaban su agobiado corazón.

Natsuki notó la evidente evasión, comprendió que no era el momento para presionar o preguntar nada más, por lo que entonó con su suave y melodiosa voz, la canción que a sus hijas tanto les gustaba antes de ir a dormir. Mientras tarareaba algunas partes y los ojos rojizos la evadían mirando cualquier otra cosa, no evitó pensar que un silencioso abismo las distanciaba nuevamente.

—Te amo…

La mente de la joven castaña, que viajaba a los confines de numerosos pensamientos, no le permitió oír nada, pues ella no estaba presente en ese lugar. Shizuru estaba aterrada de tener que darle explicaciones a Ceret y no es que la espiara por gusto, en realidad fue todo un accidente, ¿pero quién podría creer tal cosa? Podría ser juzgada como una fisgona… Espera, ¿Natsuki le habló? —¿Qué dijiste?

—De… decía que las amo…— Corrigió con una presión de vergüenza en el pecho.

—Lo sabemos, gracias.— Se levantó con cuidado para llevar a sus hijas a su enorme cuna. Ese día había sido sobrepasada, por lo que no tenía cabeza para nada más.

Esa noche, mientras las dos estaban en la cama dándose la espalda mutuamente, Natsuki se rebanaba los sesos pensando en que era lo que había hecho para molestar a Shizuru. ¿Fue por la forma en la que la miró? ¿Había sido tan desagradable para ella? La sed que sentía por ella estaba comenzando a desbordarse, tal vez se sintió insultada, al ser vista como una meretriz. No, su esposa no se ofendería por ello, ¿verdad? ¿Tal vez no cuidó bien de sus hijas? La fiebre era odiosa y sería bueno que fuera a ver que tuvieran la temperatura correcta. Natsuki se levantó de la cama y fue a la habitación de sus hijas, encontrando que Lurha ya usaba un termómetro en el oído de Tsukira… por el momento, parecía una situación controlada. Sin embargo, no tuvo el valor de volver a la cama, pensando que, tal vez, no era bien recibida allí.

Shizuru tampoco podía dormir, aunque estaba realmente cansada. Su mente, que no parecía entender la indirecta y apagarse de una buena vez por todas, daba vueltas una y otra vez. Desearía no haber conocido esta faceta de ella, porque ahora tenía una clase de pensamientos al respecto que se asemejaban a una tortura vergonzosa. La agobiaba la culpa que sentía por su accidental vista de una situación tan íntima, pero también estaba… excitada por lo que vio, jamás había visto a nadie haciendo el amor, solo oyó rumores de como era. Ya que lo pensaba lógicamente, Ceret ni siquiera parecía lastimada, pese a que sabía de primera mano el impresionante atributo varonil que Natsuki le mostró aquella vez, pero la deidad incluso pudo disfrutarlo intensamente. Volvió a pensar en la mujer pelirroja, en su piel cremosa, en su cuerpo que es portentoso y su rostro angelical que en ese instante era fogoso, ¿ella misma tendría tal expresión cuando hacía esto y aquello con su esposa? Negó con la cabeza más que apenada. Cualquiera fuera el caso, Ceret era sexy, salvaje y pícara… en la cama, pero es algo que le gustaría no saber.

Presionó sus sienes, gritándole a su mente ¡Deja de pensar en ello! Fue solo entonces que notó la ausencia de Natsuki en la cama cuando sus dedos buscaron el espacio vacío. Se irguió en la cama, tomando asiento en el lecho y entonces escuchó la voz de Lurha diciéndole a su esposa que todo estaba bien con las bebés, que tenían poco más de un grado de temperatura, por lo que no había fiebre. Sin embargo, no escuchó los pasos de cierta pelinegra viniendo en su dirección y pasaron los minutos hasta que sus esperanzas se agotaron. Se acostó nuevamente, ahora molesta con Natsuki…

Infiltración, ahora pensó en la apariencia de Derha, un Draen para hacer espionaje en la dimensión de los mares, como el hijo de un Rey menospreciado. ¿No es eso demasiado peligroso? ¿Cómo es que Ceret puede estar tan tranquila? Claro que su camuflaje es bueno, su aspecto es verdaderamente diferente, salvaje y con un toque demoniaco… ¿Cómo sería en su forma femenina? Ciertamente arrebatadora, tanto como su cara de éxtasis en cuanto Ceret lo tocó. ¡Dioses! Desearía que Natsuki le hiciera esa cara, que gimiera tan hermosamente… se mordió los labios, más que frustrada.

Derha es lindo, porque Natsuki era un hombre muy hermoso, incluso si no le gustan los hombres, ¿no debería mostrarse un poco menos agraciado para llamar menos la atención? Sabe que la familia de los mares es peligrosa y que son ladinos, ha visto a esos hermanos en los recuerdos de Zarabin a través del Caleidoscopio… Oren es terrible, un libertino inquietante, toma lo que quiere, incluso si otros no lo desean realmente; sabe que ha usado sus habilidades indebidamente, así que tiene miedo de que cualquiera de las fortunas quiera a un joven príncipe Draen. Pero ahora entiende que si Derha se presentara como una mujer, el riesgo para ella se multiplicaría. Entonces se preocupa más, tiene miedo de que lo descubran, teme incluso más sobre las cosas que lo obliguen a hacer y le aterra pensar que tan lejos podría llegar para hacerse pasar por el hijo del rey Ragan.

Shizuru comprendió que no podría dormir, ya fuera por algunos pensamientos ardientes o preocupaciones razonables. Así que buscó en el cajón de su mesa de noche y extrajo el caleidoscopio. Como otros días lo acomodó bajo su almohada e inyectó animus en él, sumergiendo su cuerpo en un sopor mientras su alma viajaba a la dimensión de la memoria en el palacio creado por Ceret para ella. Sabía que el artilugio mágico podría mostrarle cualquier momento en el tiempo de la vida de Zarabin y había optado por una medida conservadora, conociendo la vida de la diosa del renacimiento de principio a fin.

Vio la infancia de Zarabin, plagada de los lujos que una niña mimada tendría, siendo una diosa entre numerosos hermanos varones, que en bastantes casos la sobreprotegían. Pensó en Přistát, su papá, que siempre había querido tener hijas, le crio la mayor parte de su vida junto a Lakshmi, el chico menor. Por su parte, Susano-o tenía demasiados puntos comunes con Satoru, no era tan expresivo y solía mostrar afecto con regalos suntuosos, pero dejaba que los demás se encargaran de la crianza, mostrándose como alguien distante, alguien a quien temer. El dios de la tormenta, participaba tan solo cuando tenía que poner orden en su casa, en otras palabras… castigar a sus hijos. Shizuru consideró que si hubiera recibido al menos un castigo de aquellos siendo humana, habría muerto. Tampoco es que Zarabin fuera una niña tan problemática, al contrario, tenía modales perfectos y una danza maravillosa; fue instruida en el uso de armas, especialmente la lanza extensible; estudió una cantidad inmensa de libros y no daba lugar a quejas en ningún momento. Sabía que no era por una forma genuina de ser, aquello solo había sido aprender a comportarse como fuera debido, con la nobleza que una diosa de tercera generación debería.

Las cosas cambiaron cuando, como sus hermanos mayores, ella manifestó su divinidad a los seis años. En el caso de Zarabin, se debió a la muerte de una mascota muy querida que había sido una compañía atesorada. Como un prodigio en el control de su poder, quien fuera la única mujer entre las siete fortunas, pudo separar el espíritu de la criatura y hacerle renacer a base de deseo puro. Con su alegría inocente, la niña pensó en darle un obsequio magnífico a la criatura, tornándola en un ser sobrenatural con consciencia, que tuviera múltiples dones, para que su vida posterior fuera maravillosa. De ese modo, la muerte no fue permanente a partir de aquel día.

Con una divinidad tan valiosa, la inexorable mirada dorada del padre se posó en ella y junto a su primer vástago, su predilecto, Varún… Zarabin fue elevada a la categoría de primera princesa. El cambio más radical respecto a sus circunstancias anteriores, es que fue llevada al palacio principal y puesta en la habitación contigua a la de sus padres. Se hicieron experimentos sobre los alcances de su poder, notando que ella podía alterar profundamente el destino de una criatura renacida, dotándola de cualidades impresionantes, o al contrario, arruinar una existencia maldiciendo y limitando las virtudes. Con el tiempo, pudo incluso crear espíritus completamente nuevos y dotarlos de cuerpos a través de la encarnación.

Cuando Zarabin tenía 8 años, las intensiones del padre se hicieron evidentes; trajo a un dios menor, cuyos crímenes le habían significado una sentencia de muerte. Antes de que Přistát pudiera decir una palabra, Susano-o atravesó al hombre con su magnífica espada de la tormenta y el cuerpo inerte del hombre cayó frente a Zarabin. Le ordenó a la niña tomar su alma, moldearla y hacerlo renacer como un dios, incluso más poderoso.

La pequeña diosa, aunque estupefacta por tal acto lleno de crueldad y frialdad, se apresuró a seguir las órdenes de su padre con la esperanza de salvar al dios menor. Con manos temblorosas tomó la esencia del fallecido antes de que fuera arrastrado a las sombras, alteró las numerosas propiedades para elevar su potencial, lo cual, casi drenó todo su animus y la hizo sangrar. Los guardias retuvieron a Přistát quien le exigía a su esposo que detuviera la práctica, mientras los 7 vástagos varones miraban impávidamente la escalofriante escena, como si fuera algo de lo más común. Lakshmi lloraba y Valiant, sintiendo el enorme sufrimiento por lo que su padre la obligaba a hacer, forcejeaba para alcanzar a su hermana gemela.

Zarabin creó un portal verdoso para enviar la esencia modificada a través de él, pero por más que se esforzó, sintiendo como si su propia vida se fuera en el intento, no pudo encontrar un ser cuyo cuerpo tuviera la gestación suficiente y que además no contara ya con un alma propia. No pudo mantener el vórtice por más tiempo y sus manos fatigadas, soltaron la esencia del ser que finalmente fue arrastrado a las sombras del inframundo. La pequeña diosa se desmayó sangrando por la nariz y la boca, mientras que su papá, a quien soltaron los esbirros del monarca, corría para sostenerla. Přistát le gritaba una cierta de improperios a Susano-o y sollozaba por su pequeña, a quien le imbuyó hilos dorados de su propia sangre para devolverle la salud.

Con la niña inconsciente, el recuerdo se tornó en pura oscuridad, pues el daño en la pequeña le impidió soñar durante días. Antes de que la secuencia avanzara a un recuerdo posterior, Shizuru retornó la imagen con un movimiento de su mano, tal cual Ceret le había enseñado. Detuvo la escena como si congelara el tiempo en el momento en el que Zarabin se desmayaba, sus ojos llorosos y la sangre dorada manchando su pálida tez le hacía pensar en que tal vez es como Erin se verá dentro de pocos años.

La idea de ver a su hija sufriendo así, era aterradora, por lo que miró a aquel que era lo más cercano a una madre para Zarabin. Přistát casi podía perder la cabeza de la preocupación, pero tenía los ojos llenos de un miedo que ella conoció en la mirada de otras mujeres. En su pueblo natal, Tsu, no todas las damas tenían el beneficio de tener buenos esposos; estaban los infieles que tenían el descaro de llevar a sus amantes cerca; los que no cumplían sus obligaciones jamás y tenían esposas que nada tendrían que envidiar a los muebles de sus casas. Pero había otros, los más terribles, esos que sometían a sus mujeres e hijos con lo que la sociedad llamaría mano de hierro, solo una forma diplomática de justificar las agresiones y las palizas. Era obvio que Přistát no había conocido otra forma del matrimonio que el sometimiento.

Luego miró a los varones, centrando su atención especialmente en el hombre que sería el futuro esposo de Zarabin. Varun… era un hombre alto, de un físico envidiable, el ceño fruncido y unos ojos rojos que radiaban irá, una que lo consumía como a los demás en ese momento. El primogénito había abandonado ya la adolescencia hace cierto tiempo y radiaba electricidad en su cuerpo, por lo que sus cabellos, tan rubios como los de Přistát, se mantenían erizados. Como el primer príncipe de la dimensión de los mares, exhibía gloriosamente joyas de la realeza sobre su torso desnudo y pese a su evidente falta de temple y autocontrol, no se atrevió a contrariar a su padre.

Zek, Alden y Zarem delataban una enorme contención en sus rostros como si se obligaran a permanecer en sus lugares, aunque llenos de enojo. Oren se mordía los labios hasta hacerlos sangrar y los otros, los más pequeños, lloraban gritando el nombre de su hermana. Pero los iris rojizos de la joven de Tsu se detuvieron en el rostro de Susano-o, quien mostraba apenas un pequeño arrepentimiento y mucha decepción. En ese punto, Shizuru entendió que el dios de los mares veía a todos los seres a su alrededor como herramientas, incluso a las personas que amaba. Luego contempló a la deidad infantil del renacimiento, Zarabin quien era una niña pequeña que amaba a sus padres y se esforzaba más allá de cualquier límite por complacer las expectativas que fueron puestas sobre ella, estuvo dispuesta a arriesgar su vida con tal de merecer el amor de su familia.

Susano-o podría ser el dios de los mares, el padre de Zarabin, pero no era alguien a quien dignificaría nunca. —Solo eres un cobarde que lastima a su propia familia. Jamás pensaré en ti como un padre…

Sacudió la mano y la imagen del dios se desvaneció junto al recuerdo, volviendo a ser solamente el palacio de la memoria repleto de preciosos fractales. Shizuru estaba decepcionada de lo que veía, incluso una diosa como Zarabin creció en una familia en la que la crueldad era una circunstancia natural, las exigencias inalcanzables y la lucha por ocupar un lugar, una forma de destruir los lazos entre hermanos. Lo odiaba, debería ser algo que se diera por descontado desde el principio, porque el amor no debería ser algo de lo que un niño carezca o tenga que pelear por él. ¿Cómo pudo soportar aquello? Sin tener una respuesta a sus preguntas, la joven mortal continuó explorando la memoria de Zarabin, aprovechando las noches y el reposo de su cuerpo dormido en el lecho de la alcoba matrimonial que compartía con Natsuki.

La infancia de Zarabin fue dejada atrás y ella se convirtió en una señorita preciosa que había conocido a los príncipes de los otros gobernantes en algunos eventos sociales, ciertamente Derha dejó una impresión maravillosa, era el pulcro primer príncipe de la Luna, elegante y hermoso como un sueño, pues era el vivo retrato de su padre. Decir que Zarabin se enamoró de ella con solo verla en alguna de esas ocasiones, realmente sería una falsedad, pero Shizuru notó que la primera princesa del mar, se interesó en ella debido a la cuidadosa protección que le daba a la pequeña Terim, su hermanita menor, quien parecía ser la luz de su vida. Así, la castaña que tan solo había conocido tal proximidad con su gemelo, Valiant y un poco con Lakshmi, se extrañó al notar que esta clase de vínculos también ocurría entre hermanos de edades dispares, incluso entre las personas sin lazos de sangre…

Allí también conoció a una niña de inmensos ojos azules y cabellera rojiza como el fuego, cuya timidez era evidente, pese a ser la única hija de la gobernante del sol. La pequeña Ceret también estaba protegida por el ala de Derha, quien no se separaba de las jovencitas, fungiendo las veces de guardián, encargado del entretenimiento y acompañante. Las ocurrencias de Derha para entretener a las niñas, la hicieron reír mientras miraba y aunque su papá, Přistát pareció contento de que una posible amistad surgiera, Susano-o no se sintió tan alegre por ello, pues sus ojos estaban llenos de desprecio al mirar los tronos de la realeza de la Luna.

Cuando Zarabin tenía ya quince años, hubo una ceremonia en la que los príncipes más jóvenes fueron presentados y cada uno dio una muestra de su poder divino ante la vista de los dioses superiores de todos los reinos. Ceret, de ocho años, fue la primera en revelar como podía extraer las memorias de los seres, mostrando preciosos momentos que, sin ser extremadamente íntimos, pudieron ser expuestos, alegrando los corazones de muchos de los presentes. Los aplausos no se hicieron esperar, mientras Amaterasu y Ateşi recibían a su pequeña dama de la memoria en sus brazos, felicitándola por tal exposición de habilidad.

Después vino la muestra de Lakshmi que apenas tenía seis años, reveló su capacidad para crear mortalidad y finitud, además de preverla. El niño rubio de ojos verdes explicó que podía ver la proximidad de la muerte en aquellos cuyo destino se aproxima, pero que también podía atraerla. Entonces, forjó un sello con una fatalidad, que ante la vista de los presentes, trajo muerte a un caballo enfermo, el cual cayó en el centro del salón por una falla cardíaca. El niño, contento de haber logrado su objetivo en el primer intento, vio entre los presentes buscando objetivos, luego musitó el día exacto que algunos de los sirvientes sobrenaturales morirían. Lakshmi incluso explicó el modo en el que lo harían, aterrándolos en el proceso cuando, como el niño que era, decía aquello con su alegría infantil e inocente. Después de todo, para él la muerte era la cosa más natural del mundo y ocurriría incluso sin el uso de su divinidad.

Sin embargo, la mirada adversa que le dieron muchos de los invitados fue observada por los tres gobernantes. Los dioses menores y sobrenaturales, que sabían cuan susceptibles podrían ser a un poder nefasto como aquel, no escondieron completamente la animadversión que muchos sintieron por el riesgo que la séptima fortuna representaba para sus reinos. Lakshmi corrió a los brazos de Přistát contento, sin dejar de mirar la aprobación de Susano-o quien le sonreía, feliz de que su pequeño Lak pudiera intimidar tanto a esos bastardos. El niño estaba orgulloso de haber realizado su tarea perfectamente e ignorando la diana que muchos de los dioses menores le pusieron en la espalda, esperó ver el espectáculo de su hermana mayor.

Zarabin fue la siguiente, la idea de que su pequeño hermano asustara tanto a los seres, le resultó desagradable, porque no soportaba que lo vieran con odio. Pero como la perfecta princesa que era, mantuvo la calma y jamás permitió a sus sentimientos fluir en su sereno rostro. Si ellos se aterraban de lo que Lakshmi podía hacer, entonces temerían un poco más su poder, aunque también les daría una pizca de esperanza.

Antes de que la muerte se cerniera por completo en la criatura, la bella castaña se aproximó al ser, extrayendo de él la forma de su espíritu, el cual con el tacto de las manos de la diosa del renacimiento fue visible para los ojos de todos, incluso los que no tienen facultades superiores. Derha la contempló maravillada, encantada por el brillo del animus verdoso que la deidad desprendía y como la forma de la esencia primordial de la criatura fue evolucionada en algunas de sus características, casi podría apostar que aquel caballo escalaría en la consciencia; pero las sorpresas no se acabaron allí, la deidad creó un vórtice con aquel poder con la tonalidad del jade, por el cual envío al espíritu que había perfeccionado. No mucho después, un enorme acuario fue traído por cinco caballeros tritón que movían con ceremoniosos pasos y hasta el centro del lugar una inmensa pecera. En su interior un ser hizo visible un hipocampo abdominalis macho, de al menos dos metros de largo, con una preciosa corona rojiza que emulaba el coral rojo y cuyo marsupio ya se encontraba lleno de crías.

La castaña explicó que el espíritu del caballo se reencarnaría en los vástagos del caballo de mar rojo que deseaba obsequiarle a su majestad, la Gobernante del sol. Pues Amaterasu en persona, podrá comprobar por su propia cuenta cuando los caballitos de mar nazcan, que uno de ellos sobresaldrá, con una velocidad y resistencia inigualable, además de una belleza sin par, pues sus placas óseas recubiertas, parecerán rubíes a la vista. La sonrisa de suficiencia de Zarabin, fue encantadora para quien pudiera mirarla y ciertamente robó la mirada de un par de esmeraldas que la contemplaban con asombro. Después, Valiant mostró su capacidad para afectar las probabilidades en torno a la suerte, ganando todas las partidas de diversos juegos sin fallar. También entregó un tesoro en las manos del reino Auriano, aclarando que con el mismo encontrarían una solución a la crisis que afrontaba su pueblo actualmente.

Finalmente, Derha quien tenía doce años, tomó su lugar en el centro del salón, deseando no generar dudas sobre su divinidad, retiró la parte superior de su atuendo ante la estupefacción de todos y la curiosidad de muchos. Zarabin se preocupó, no sería una exposición nudista, ¿verdad? Incluso si ella misma quería mirar, era el tipo de mujer que preferiría hacerlo en privado. Pero por suerte, debajo del saco plateado, la deidad universal, lucía una entallada seda negra que protegía su fémino pecho, pero desnudaba por completo sus brazos, parte de su espalda y su abdomen. La joven deidad, prescindió de sus joyas de tal modo que nadie pudiera creer que fuera solo un truco.

Entonces Derha le sonrió a Zarabin mientras se aproximaba a su palco, sus ojos se llenaban de animus, sus largos cabellos brillaban como flamas de fuego argento y un precioso cristal brotaba de la nada levitando entre sus manos. Por unos instantes Susano-o se puso en alerta si es que acaso el ambiguo jovenzuelo fuera un peligro para su hija. Pero descartó la idea en cuanto notó que la maza cristalina fue moldeada rápidamente y Derha le dio la forma de un caballito de mar hecho enteramente de rubíes, aragonitas, diamantes y obsidiana, tan perfectamente mezcladas para dar las texturas y colores de una criatura que parecería viva, de no ser porque estaba hecha de piedras preciosas. Acto seguido, creó una base de cristal translúcido para que el ser pareciese existir en su hábitat natural, pues esperaba que la dama pudiera posarlo en algún lugar visible. La joven deidad, que era menor que la castaña por cuatro años, quiso evidenciar que su capacidad no se limitaba a la creación de elementos de la tierra, por lo que además creó un ramo de orquídeas violetas, conocida como flor de iris púrpura, para acompañar su regalo.

Su divinidad del renacimiento es muy hermosa… representa los nuevos comienzos, por lo cual espero que pueda recibir este pequeño presente con mi admiración, honorable primera princesa, Zarabin de Mare.— Derha la reverenció elegantemente, con una calidez que ascendía a sus ojos. —Si posa esta pieza cerca de un libro que usted encuentre grato, este artilugio tiene la capacidad de reproducir su contenido audiovisualmente para usted.

Shizuru contempló a esta versión realmente joven de Derha, comprendiendo perfectamente por qué alguien se enamoraría de ella con tan pocos instantes de conocerla. Realmente se sorprendió de pensar que esa persona pudiera crear cosas tan impresionantes, el caballito no solo era precioso, también era funcional. Pero Zarabin era un hueso duro de roer, pues no mostraba sus emociones genuinas, no demasiado…

Acepto su obsequio con humildad y espero poder devolver sus atenciones en el futuro…— Respondió cortésmente tomando entre sus manos el regalo ofrecido, aunque su alegría fuera inmensa, su rostro solo exponía su serenidad, pero al final sonrió solo un poco para contento del primer príncipe de la Luna.

La realidad es que las palabras de Derha se quedaron grabadas en la mente de Zarabin, su divinidad no era un arma, ni tampoco una herramienta para forzar la evolución de los seres. Era un nuevo comienzo, una oportunidad de oro para hacer de la muerte un ciclo natural. Entre tanto, la deidad creadora hizo gala de su poder, con un presente personalizado para cada uno de los jóvenes dioses que expusieron su talento único.

Derha se acercó a Lakshmi, acuclillándose a su altura y pese a la timidez del niño, creó un huevo de cristal blanco en la palma de su mano, atrayendo la curiosidad del pequeño rubio que se acercó apenas un poco, sin soltar la falda de su hermana. El huevo eclosionó y de él emergió un ave de platino con incrustaciones de esmeraldas que podía volar y hablar, una criatura con inteligencia que sería un fiel compañero para un niño cuya habilidad mortal no podría matar al ave, pues no era un ser orgánico. —Él podrá estar a tu lado por siempre querido séptimo príncipe, espero sea un fiel compañero.

Puedes tomarlo, pequeño hermano.— Zarabin le habló gentilmente al pequeño Lak y eso hizo que, una vez más, los ojos esmeraldas la miraran cálidamente.

Lakshmi se apresuró a tender su mano y el cuervo acomodó sus patitas mecánicas en el dedo del niño. —No olvides ponerle un nombre…— Derha sonrió alegremente y el niño asintió, pero solo le susurró cosas al ave antes de salir corriendo a mostrarle su regalo a su papá. Přistát, quien no escondía una sonrisa por hacer felices a sus tesoros, miró con agradecimiento a la hija de Tsukuyomi y celebró el nuevo e interesante juguete de su hijo menor. A Valiant le obsequió un pequeño cofre del tesoro, que era en realidad una caja inter dimensional en la que podría guardar cualquier cosa, pues tenía cientos de hectáreas de capacidad en su interior. —Espero que lo llenes de cosas que atesores y que quieras llevar contigo siempre, estimado sexto príncipe.

Finalmente, fue el turno de los regalos de Ceret y Terim, dado que a las jóvenes les encantaban las mascotas felinas, no tuvo dudas al momento de crear. Forjó los cuerpos de dos leoncitos alados, cachorros perfectos, uno tan blanco como el algodón para Ceret y otro negro como la noche, para Terim, ambos adornados con moños y características únicas que servirían fielmente a las dos princesas. Para entonces ya Derha se miraba fatigada porque la habilidad más difícil siempre sería crear seres vivos.

¡La divinidad de la creación! Dijeron algunos…

Pese a que los primeros regalos no eran menos apreciables, en ese punto no hubo lugar a dudas sobre cuál divinidad poseía Derha Lunaris. Los murmullos no se hicieron esperar, aquel fue el poder del gran Izanagi a quien el maldito Belor había herido mortalmente, siendo el causante de su deseo posterior. Así, todos los ojos miraron con codicia a la joven porque su habilidad implicaba tener acceso a una fuente inagotable de recursos, ella era poder puro. Ante las circunstancias, Tsukuyomi llamó a su hija para que tomara asiento en su trono, donde Satis la revisó rápidamente con un poco de preocupación al verla tan pálida. Zarabin mantuvo la mirada en la joven de la dimensión Lunar, mientras veía a su madre darle de tomar un poco de ambrosía para que recuperara el color… suponía entonces que la complejidad de usar su poder era abrumadora. Fue la primera vez que se preocupó por alguien que no pertenecía a la dimensión de los mares.

Terim que tenía casi la misma edad que Ceret, no se quedó atrás, para su exposición de poder… hizo dos actuaciones, la primera detectando las mentiras de personas al azar entre los asistentes con algunos incidentes graciosos. Y el segundo, cuando un Orphan fue presentado en el salón dentro de una jaula, hubo espanto en los rostros de algunos de los presentes. Sabían que aquel ser que habita los límites del Caos en la dimensión olvidada, el inframundo, podría ser peligroso, incluso para algunos sobrenaturales y dioses menores, por no mencionar una niña, incluso si era hija de Tsukuyomi…

Era una criatura repleta de hilos purulentos que funcionaban como tentáculos, de forma humanoide, con un solo ojo, tan negro como un abismo. La niña levantó su mano y al igual que su hermana, cuando el poder fluyó, se manifestó visiblemente en su cuerpo, salvo que en ella brilló sobre su pecho una esfera de luz con la intensidad de mil estrellas. Sellos de poder se formaron alrededor de la criatura y cuando la atravesaron, la inmundicia fue destruida y el alma atrapada en el interior del monstruo recuperó su forma original. Cualquier cosa que fuera corrompida por la frontera del caos, simplemente no podría volver a ser lo que fue; sin embargo, el poder de la armonía y el equilibrio de Terim podía restaurar el balance de las cosas y repeler el caos fácilmente. Tsukuyomi sonrió orgulloso, sus dos hijas son sin duda tesoros inigualables y aunque no tuvieran ningún poder, para él lo serían igualmente.

Tras la fiesta, los gobernantes se aseguraron de verificar los eventos futuros y tal cual previeron las jóvenes fortunas de la casa de Mare, cada hecho aconteció. Si bien Zarabin y Derha pudieron encontrarse nuevamente en los eventos posteriores, conociéndose un poco más. Fue su comunicación a través de cartas la que les permitió saber mucho más de la otra, pues la escultura del caballito de mar que Derha le dio aquel día a la castaña, tenía más de un par de funciones adicionales y se convirtió en un medio para mantenerse en contacto.

Si Shizuru se atreviera a decidir cuál fue el momento en el que el amor surgió, podría decir que aquellas cartas fueron la llave del corazón frío de Zarabin quien había aprendido el arte de las máscaras, mediante el cual sus emociones jamás llegarían a su rostro sin importar las circunstancias. Pese a ello, en sus largos días de formación como princesa, guerrera y diosa, apenas se emocionaba por nada, pero en la soledad de su habitación una pequeña sonrisa anidaba en sus labios en cada ocasión que el artefacto brilló con una nueva misiva.

Lamentablemente, otras circunstancias transcurrieron al mismo tiempo, la tensión entre las dimensiones creció hasta escalar conflictos que se extendieron por todas las dimensiones y cuando la escasez del animus resultó insostenible, la guerra inició. Meses más tarde, el consejero de Susano-o se presentó con una carta en el palacio que le fue heredado a Zarabin en su cumpleaños número 17 y tan sorprendete como puede ser, la primera princesa se convirtió en la comandante de un regimiento, de acuerdo a las órdenes del Señor de los Mares. Las cartas cesaron con las dos mujeres en el frente y los acontecimientos transcurrieron de acuerdo a los relatos, las batallas por los oasis de animus se presentaron innumerables veces y ambas se encontraron al otro lado de las lanzas que intentaban conquistar las fuentes de aquel recurso tan valioso.

Shizuru observó que pese a sus habilidades inconmensurables y el poderío abrumador de ambas deidades, incluso en la batalla se preocuparon la una por la otra y aunque lucharon con dignidad, procuraron no herirse mutuamente. Aquel conflicto bélico duró un lustro hasta la ocasión en la que Susano-o intervino, extrañado por la ineficacia de su hija con esta fuente de animus en particular, puesto que Zarabin había tomado exitosamente cualquier otro territorio que su padre le impusiese y en esta ocasión se había estancado. Entonces el padre envío a todos sus hijos contra Derha, fue de este modo que las 6 fortunas distrajeron a la joven Lunaris para que Varun pudiera asestarle un golpe fatal en medio de la refriega. Sin embargo, Zarabin quien pudo conocer las intenciones de sus hermanos en el último momento y anticipándose al primogénito de su casa, se apresuró a ser quien ejecutara el ataque usando el filo muerto de su lanza. El golpe fue tan destructivo que Derha fue arrojada tan lejos de la contienda que los soldados de Mare no pudieron encontrarla, pese a la retirada de los soldados de la lúnula creciente.

Ver aquello fue horrible para Shizuru, cuyo corazón no paraba de latir angustiado pese a saber de los acontecimientos futuros. Tuvo que esperar impacientemente como Zarabin hasta el anochecer, cuando la dama se escapó de sus aposentos para buscar a Derha mientras la mayoría festejaba el éxito de su ataque. Temiendo que la treta hubiera funcionado y fuera ella quien, en lugar de su hermano, hubiera hecho daños irreparables a la deidad creadora, inició su búsqueda. La capacidad de rastreo de la joven del renacimiento impresionó a la joven Viola, pues encontró pistas que fueron descartadas por los soldados de su ejército. Se movió sigilosamente a través de las montañas, ríos y bosques, hasta el lugar en el que la sangre dorada dejó una huella visible… Zarabin aguardó de pie sobre una formación rocosa, que era una cueva enorme en la que la luz de la noche caía a través de un tragaluz en la parte superior. Vio partes de la armadura que Derha dejó atrás mientras se arrastraba hacia el agua y algo de tela atrapada entre las ramas de la vegetación que florecía. Creyendo que la joven se escondió en el agua, retiró su yelmo para saltar en el pequeño lago.

Has venido por mí, querido rubí. Nadie mencionó que la muerte fuera tan hermosa…— Le murmuró una voz profunda desde la espalda, mientras el filo de una daga amenazaba su cuello. El cebo de la armadura y la ropa había sido más que efectivo con la castaña, solamente porque ella se preocupaba más de lo que quería cazarla.

Haz lo que debas, hija de la Luna…— Dijo orgullosamente Zarabin, pero se molestó consigo misma por confiar o por hacer caso de su absurdo corazón, creyendo que le había hecho mucho daño. Sin embargo, el filo del arma no se movió contra su carne. Ante la duda, pudo más el instinto y con una llave la castaña tomó la muñeca de su atacante, arrojándole desde la espalda y por encima de su hombro.

Cuando el cuerpo de Derha golpeó la roca, un gemido realmente doloroso escapó de sus labios y la tos atacó, mientras el líquido dorado, que es vida para los dioses, brotaba de su boca. A Zarabin le golpeó el alma notar la gravedad de las heridas que ella y sus hermanos le habían causado, notó que tenía marcas de maldición de Lak, Zek y Alden. Fue entonces que Zarabin contempló la forma masculina que Derha usaba para protegerse instintivamente, era un muchacho larguirucho y delgado, con hermosos músculos delineados, tenía el cabello negro como la noche, con un brillo azul; sus ojos esmeraldas sobresalían de entre las hebras oscuras y se cerraron lentamente mientras la inconsciencia vencía sus fuerzas. ¿Por qué sus cabellos no brillaban?… tomó un mechón de su cabello entre sus dedos y pudo sentir la ausencia, comprendió así que le habían drenado el animus. La piel, que era más blanca que la misma luna, estaba llena de cortes en el torso que las manos cubrían pudorosamente. Con una mueca indefensa, Derha se abrazaba a sí mismo, con la mano izquierda cubría sus pectorales y con la mano derecha cubría el costado en el que era evidente, tenía fracturas y moretones impresionantes.

Zarabin se apresuró a tratarlo, limpiando los cortes y entablillando con una técnica de vendas que inmovilizaba, para evitar que los huesos perforaran algo más en su interior. Finalmente, le transfirió algo de su propia sangre destilando hilos dorados con aura rojiza y usó parte de su poder sanador para restaurar un poco su tez. La noche casi se extinguió mientras la joven de la dimensión del mar cuidaba y velaba por ella, sin quitarle la mirada de encima. Quiso tocar su rostro cada minuto de verle, pero se contuvo con sendos esmeros sabiendo lo inapropiado que era. Pensó en marcharse para evitar una confrontación en cuanto despertara, pero la luz en el cuerpo de Derha llamó su atención una vez más, dado que volvió a su forma femenina y la vista fue incluso más cautivadora para los ojos de Zarabin.

Derha ya no era una niña y ciertamente había bastantes cosas que la armadura escondía habitualmente. Tenía una cadera que formaba curvaturas envidiables; un vientre cuyo ombligo susurraba deseos febriles y su pecho, por los dioses, serían su perdición… si olvidar aquel rostro labrado por la luna en persona ya era imposible, sabía que se haría presente en sus sueños más dulces a partir de este día. Fue la primera vez que la deidad del renacimiento anheló tenerla con un matiz que distaba del afecto inocente que se había guardado en las cartas que tanto atesoraba. Se apartó, alejó la mirada ardiente en los ojos de rubí y con dificultad suspiró todas sus frustraciones, se sentía perdida y abrumada. ¿Es así como el amor es? No era hermoso, incluso podía doler sabiendo que jamás la tendría…

¿Por qué me salvaste?— Preguntó Derha con un tono ligeramente ronco, luego intentó aclarar su garganta pero no funcionó.

Ya estás despierta, es buena señal— Zarabin le entregó su cantimplora, para que tomara un poco de néctar y luego le dio de comer un poco de ambrosía. —Te dije que devolvería tus atenciones en el futuro.— Respondió a la pregunta inicial sin siquiera mirarla a los ojos.

Realmente no creo que el artefacto tenga tanto valor.— Derha sonrió, mientras los vendajes se reajustaban al tamaño ahora más pequeño de su cuerpo. —Pero puedo hacerle mejoras, si me lo traes la próxima vez.

¿Es así?— murmuró evasivamente, mientras maniobraba un artefacto de luz tibia discreto que no atrajo la vista de nadie, pero hizo de aquel frío lugar algo más confortable. —No creo que haya una próxima vez. Ya debo irme…— La castaña sabía que aquel cuerpo níveo sanaría y ella podría escapar por su propia cuenta, entonces no tenía nada más que hacer allí.

Zarabin…— Derha la sujetó por la muñeca antes de que se fuera, incluso si sus costillas dolieron mucho por el abrupto movimiento, no la dejaría ir sin conocer sus razones. —¿Acaso soy yo la única que te extraña?— dijo con tristeza en su faz, mirando la mano que no la apartaba. —He releído tus cartas una infinidad de veces y aun así, no… no es suficiente.

No era diferente para la joven de ojos rubí y Shizuru lo sabía, pero eso no hizo que lo admitiera tan fácilmente, Zarabin evadió la situación lo mejor que pudo pese a que no se alejó. —Derha, sé razonable… ¿Cuánto crees que durará la guerra? Ya no puedo fingir correctamente cuando nos enfrentamos. Durante la batalla pareces distraída y has dejado fisuras abiertas en tu defensa… ¿Acaso quieres que te lastimen?— Reprochó la castaña con la barbilla tensa.

La pelinegra se atrevió a posar la mano en la mejilla de Zarabin para obtener su mirada y le habló con sinceridad. —No puedo apartarte de mis pensamientos y es que creo que he perdido el juicio, porque de todo este absurdo la única cosa que me consuela, es saber que podré verte.— Admitió con un sonrojo tiñendo sus mejillas, pero sus ojos que eran transparentes la miraban con afecto. —La verdad es que verte y tener que blandir mis armas contra ti, me está destruyendo poco a poco…— Derha pozo la palma de su mano sobre su pecho. —Sé que es peligroso, porque en este mundo caótico, mi corazón se ha rendido. Así que… es obvio para mí, que me he enamorado de ti.— con sus dedos presionó las vendas para mantener a raya la incertidumbre que nació con el silencio. —Zarabin… ¿Sientes lo mismo por mí?

La divinidad castaña sabía exactamente lo que Derha sentía y aunque ella podía controlar la longitud de su filo con tal exactitud que estaba segura de cuanto daño ocasionaría, si acaso un accidente ocurriera, tener siquiera que usar su lanza para amenazarla era detestable. Sus ojos de brillo rojizo se posaron en ella considerando sus posibilidades, la idea de llevarla a su palacio y tomarla como una prisionera cruzó su pensamiento como si fuera la única forma de mantenerla a salvo. La guerra no cesará pronto, por lo que las represalias del señor de la Luna están dentro de lo permisible, incluso puede que ocurran ahora mismo si él cree que su hija ha muerto. ¿Pero cuánto tardaría en marchitarse el sentimiento si la tratara como a una ave enjaulada? La realidad es que lo que fuera que estuviera floreciendo en sus corazones, era irrealizable.

Reprimió los latidos presurosos en su pecho junto a los inmensos deseos de tomar sus labios para sí, obligando a la frialdad a sostenerse en su rostro. —Tus palabras son irreflexivas…— Negó con la cabeza. La primera princesa de la dimensión de los mares despreciaba las debilidades y Derha se había convertido en la suya, sin que pudiera evitarlo. Pero era peor lo que sus hermanos estuvieron a punto de hacerle, eso la asustaba más que cualquier otra cosa. —Abandona este sentimiento caprichoso y vuelve a la casa de tu padre para restablecerte.

Derha inclinó brevemente la cabeza y al igual que la dama castaña levantó una muralla en su rostro con tal de no mostrar la amargura que sentía. —Gracias por tu sinceridad… princesa.— La deidad creadora hizo honor a su don, pues reconstruyó sus atuendos ahora que tenía el animus suficiente y sus cabellos comenzaron a recuperar su luminosidad gracias al alimento que recibió.

Aquel porte y magnificencia solo hizo que Zarabin tuviera que tragarse un suspiro, ¿acaso era más irresistible con su cara fría y su aspecto imponente? La joven se lamentaba un poco por perder la vista de su figura deseada y de esos cabellos que son la misma noche. Se mordió los labios mientras sus muñecas se sujetaban con contención en su espalda, con tal de no abrazarla. —Así sea.— Sintió una terrible pérdida cuando la joven Lunaris hizo el ademán de marcharse.

En lugar de eso, la hija de Tsukuyomi, la miró con una expresión retadora. —Las fuentes de animus fueron creadas por Izanagi, estos oasis nacieron de su poder… yo soy la sangre que ha heredado su divinidad, entonces encontraré el modo de recrearlos.

Veremos si solo alardeas, hija de Luna.— Se mostró serena, incluso si en verdad la sorprendía.

Crearé un oasis justo en este lugar… En memoria de este momento, cuando la amatista de sangre salvó mi vida.— dijo Derha con voz firme. —Ven nuevamente en la siguiente luna llena y lo verás con tus ojos.— Su sonrisa enigmática en verdad fue inesperada. —Esta guerra no será la razón por la que me rechaces. Encuentra una mejor excusa, Zarabin.— Derha desapareció de su vista en una estela de luz, robando la oportunidad de negarse con ello.

Esa expresión confiada en sus labios la dejó sin palabras y una pequeña sonrisa volvió a surgir involuntariamente, la calidez llenó su pecho, tanto como se enraizó en su mente la idea de resolver el problema. Eliminaría las distancias y destruiría las barreras que le impiden obtener aquello que tanto anhela, ese es el impulso ardiente que Derha le transmitió. Ciertamente, no había acabado y esta pequeña esperanza fue suficiente para llenarla de una felicidad que se permitió disfrutar algunos momentos más.

Abrió sus ojos a un nuevo día y sintió la piel que la envolvía protectoramente, Natsuki la tenía entre sus brazos y estaba sumergida en sus propios sueños. Shizuru comprendió que Zarabin era una mujer mucho más compleja de lo que había pensado originalmente y Derha tampoco era tan simple. Aunque le helaba un poco la sangre saber que la dama del renacimiento era capaz de acciones tan cuestionables y ni siquiera juzgaba que estuvieran mal, como si la crueldad o los extremos fueran cosas sencillas. Pero en el fondo de su corazón, Shizuru sabía que la cordura no era exactamente una de sus cualidades cuando se trataba de sus seres amados, así que no se sintió tan digna de juzgar las acciones de su álterego divino.

Aquella mañana se despertaron con el sonido de los trinos de las aves y con ellas la premura de las agitaciones del día que se avecinaba dio inicio. La castaña fue la primera en levantarse de la cama, preparó todo lo relacionado con sus bebitas y cuando terminó de alimentarlas, ella se pondría presentable mientras Lurha se ocupaba de bañarlas y vestirlas. Ese día iría a ver a su hermana para ayudarla a realizar los preparativos de su boda, tal cual ella lo hizo en Fukka cuando la ocasión de su matrimonio se dio. Shizuru había decidido que incluso si era Emperatriz, no perdería su naturaleza ni los valiosos lazos de hermandad que Mai y ella forjaron en los últimos dos años, dado que las dos enfrentaron adversidades innombrables que toleraron teniéndose la una a la otra. Con ello en mente, se apresuró a entrar en el cuarto de baño para llegar a tiempo con su madre y su abuela, deseando que fuera un momento especial para recordar.

Aunque Shizuru no coincidía con la decisión de Mai, en torno a realizar un matrimonio de conveniencia con el señor Kanzaki. Pues no pensaba que aquel hombre, cuyo amor y deseo por ella era tan evidente, se contuviera de intentar seducirla y poseerla más allá de lo que su ya desgastada paciencia le permitiera. Pero como la hermana que era, la apoyaría sin lugar a dudas… Lo cierto es que cuando preguntó a su Natsuki por las circunstancias de Mikoto, se topó con una pared, que si bien comprendía la confidencia de las cosas divinas a las que no tenía acceso, no dejaba de ser un disgusto. Tan frustrante como su falta de contacto o la aparentemente prolongada falta de deseo sexual de su esposa.

Había perdido de vista a la aludida, distraída en sus ocupaciones y agitados pensamientos, de todos modos estaba tan molesta con Natsuki que no era su persona favorita en ese momento. Shizuru ya había ocupado algunas de las ideas que había escuchado de las señoras de Tsu en las tardes clandestinas del té. Inició con una velada romántica sin la presencia de sus niñas, a quienes Sanae y Kaede secuestraron una tarde, exigiendo su tiempo de calidad de abuelas. Se vistió hermosamente para agradar a su mujer, cuya mandíbula casi se desencajó al verla y ella podría haber apostado su alma a que vio el deseo ardiendo en sus ojos; de no ser porque una reunión urgente con la cámara Aura tendría lugar en su agenda y tras apurar apenas unas galletas con un sorbo de té, en vez de la comida y el vino que preparó, su esposa desapareció del lugar casi huyendo. Tampoco tuvo oportunidad al anochecer, pues la Kruger llegó bastante tarde y a ella el agotamiento del día ya la había vencido.

La siguiente vez, subió sus apuestas y se aseguró de servir abundantemente la copa de su esposa durante una celebración por un acuerdo comercial lucrativo entre Windbloom y Ealis, dando comienzo a una ruta comercial privilegiada. Tal vez no calculó correctamente la cantidad, porque cuando se presentó frente a Natsuki con una lencería tan extraordinaria como la que usó en su noche de bodas, los pequeños ronquidos de la mujer ciertamente la hicieron desear ahogarla con la almohada. Shizuru no quería ni recordar los fracasos posteriores, pues su orgullo realmente se había hundido tan profundamente, que tal vez ya habría llegado al centro de la tierra.

Su mente, que parecía abogar expertamente por su esposa, encontraba toda clase de excusas loables, pero dentro de ella, no tan en el fondo… la idea de que Natsuki se hubiera aburrido de ella en la cama, comenzaba a anidar como una maleza espinosa y llena de ponzoña. No era siquiera justo, dado que había pasado tan poco tiempo y su juventud fogosa todavía arde como un incendio descontrolado. La joven viola sabía que con el tiempo las pasiones seden, pero había oído que esto tardaba en ocurrir, pero apenas cumplirían apenas dos años de matrimonio en la siguiente nevada y siendo honesta, podía contar en los dedos de las manos las veces que habían intimado. Simplemente no lo entendía… ¡Ni siquiera tiene 20 años!

La Emperatriz observó la camisa de lino en el suelo, junto al pantalón y otros de los aditamentos que su esposa usaba frecuentemente. Fue cuando notó que no estaba sola en el cuarto de baño que se detuvo, al igual que su corazón… era un hecho que esa espalda desnuda ya parecía el recuerdo de una ensoñación. Como la mujer apasionada que era, subió la vista desde los finos pies, por las pantorrillas, disfrutó de las preciosas piernas atléticas en aquella piel de porcelana, vio la cuna de las piernas que ocultaban maravillas en las nalgas redondeadas. Tragó saliva con la vista perdida en la cadera que se cerraba con un talle hermoso, la larga melena negra de brillo cobalto enmarcado por una espalda formidable con cada músculo delineado y finalmente el rostro maravilloso de una mujer cuyos ojos estaban cerrados mientras el agua lavaba las impurezas, llevándose el jabón y las esencias consigo.

No pudo soportarlo, simplemente tiró su camisón lejos de su piel, llegó junto a ella por la espalda y bajo las gotas del agua de una ducha que moría mientras la llave se cerraba, besó su piel con deseo y amor en partes iguales. En cuanto la Kruger sintió el tacto lascivo de una boca en su hombro y las manos conocidas de su esposa deslizarse sobre sus pechos, sintió los latidos de su corazón acelerarse como los de un cervatillo en medio de una casería. Se tensó y jadeó con placer, confundiéndose por las reacciones de su cuerpo mientras apoyaba las manos en la pared. Natsuki sintió el debilitante peso del cuerpo de Shizuru en su espalda, sus pechos abundantes, la pelvis que se presionaba contra su trasero y las peligrosas manos que la recorrían por completo, desde las puntas de sus endurecidos pezones hasta la cuna de sus piernas. Shizuru que se esmeraba intentando despertar el deseo de su mujer, comenzó a sentir que algo no estaba funcionando, por no mencionar que Natsuki no estaba ni un poco húmeda, salvo por el agua que la bañó previamente y pese a las caricias de sus manos en lugares tan sensibles no hubo reacciones favorables.

La cruda realidad es que para la pelinegra estaba siendo un calvario, se obligó a mantenerse tan quieta como fuera posible, con la esperanza de que los temblores no se presentaran o que su esposa no los notara. Fue justamente cuando Shizuru le dio la vuelta para besarla en los labios, que las circunstancias se desvelaron nefastamente. Aquello casi se había sentido como abusar de alguien.

Evidentemente, la pelinegra no estaba disfrutando de la situación y su rostro más pálido de lo habitual la detuvo en el acto. Shizuru reflexionó sobre este gesto en la cara de su amante y la última vez que lo vio. Un odioso recuerdo vino a su cabeza, sintiendo una devastación en su corazón. ¿Este era el mismo rostro que le mostró el día que confesó su infidelidad con Nao? Exageraba o realmente la había perdido por completo, sin siquiera saberlo.

La castaña quiso tener un poco de esperanza sobre lo que pasaba, pero había oído rumores acerca de los amoríos de su majestad con las damas de la corte. No hizo caso de ello, sabiendo que muchas de las habladurías se inician con exageraciones y por las descripciones de las mujeres en cuestión, supuso que alguien pudo ver a Derha y a Ceret juntas. Pero la otra dama de la que se hablaba, aquella que no le parecía familiar, esa sí que podría ser real y relacionarse con Natsuki o su falta de interés por tenerla en su cama.

—Tenemos demasiadas cosas que hacer…— dijo Natsuki con voz agobiada, más asustada que excitada y tratando de encontrar una salida rápida a la situación.

—Tan ocupadas para no poder tener ni un momento a solas.— Shizuru la miró sin entender, notando que nunca parecían tener tiempo para ellas dos. Entonces una idea horrorosa cruzó su mente atando los cabos de los días previos. —¿Natsuki me has evadido a propósito todo este tiempo?

Sabiéndose descubierta, la imperatoria no supo que responder, porque su rostro era un poema que relataba sus crímenes uno por uno. —Shizuru… yo no…

Estaba tan enojada que simplemente no quería escucharla decir sus excusas, no más. Así que envolvió de frialdad su expresión para no mostrar lo herida que se sentía en ese momento por este rechazo. —¿Terminaste de usar la ducha?

—¿Sí?— dudó. —Ya me he bañado— corrigió sin entender como es que el tema estaba cambiando tan radicalmente. —Zuru, lamento lo que pasó, yo realmente quisiera…

—No estamos de humor— La joven Viola la interrumpió raudamente. —Entiendo que tenemos demasiadas ocupaciones y debemos apresurarnos— Mintió como si nada, mientras contenía todo su malestar en su pecho. —¿Entonces podrías darme espacio para que yo sea quien se lave inmediatamente? Tengo que ir con Mai lo más rápido posible…— Respondió cerrando la conversación con la apertura de la llave y el agua cayendo sobre su cuerpo. Shizuru se mordió los labios mientras el agua escondía las lágrimas que escurrían por sus ojos carmines, segura de no ser vista por ella, pues le daba la espalda.

La pelinegra asintió saliendo del cuarto de baño, antes de que arruinara las cosas, más de lo que ya lo había hecho. Por su parte, Shizuru terminó de asearse y permitió que las Nilas la vistieran con la esperanza de alejarse de la pelinegra lo más pronto posible. Para entonces su mente se había torturado con mil escenarios terribles sobre las motivaciones verdaderas que la habían distanciado de su esposa tan abismalmente. La idea de que hubiera otra mujer entre las dos se afianzó junto a la herida en su mente cada vez más desconfiada. Natsuki quien no tenía cara para mirarla, todavía temblaba mientras se ponía inútilmente el corbatín, pero tampoco acepto la ayuda de las criadas porque en ese momento tenía los nervios destrozados, así que arrojó la prenda al suelo con la frustración de su incapacidad para cumplir los deseos de su esposa.

La Kruger estaba a punto de llorar cuando la voz de su mujer llenó el silencio, con una pregunta aparentemente inocente. —¿Cariño? ¿Iras a la despedida de soltero de Kanzaki?

—Sí… supongo que sí.— Sin saber que era lo que Shizuru quería escuchar, respondió lo que creyó que estaría bien, después de todo no quería desairar al futuro esposo de su cuñada y dañar todavía más el humor de su esposa.

—Perfecto, me quedaré con las niñas y nos acostaremos temprano ese día…— La respuesta suave de Shizuru solo espantó más a Natsuki, quien creía que todo esto se desarrollaba de muy mala manera.

—¿Tu hermana no hará su propia despedida?— intentó sostener la conversación.

—No se siente tan festiva para hacerlo.— La realidad es que Mai no estaba contenta por casarse con Kanzaki y no consideraba que tuviera motivos para celebrar. La menor de las hermanas la entendía perfectamente, pues su matrimonio de papel no era motivo de alegría. Odiosamente, el suyo propio estaba cada vez más cerca de ser igual y Shizuru ya no podía tolerarlo.

Natsuki acudirá al evento y la emperatriz sabe lo que ocurre normalmente en esas fiestas. Fue informada de que el señor Lombard agasajará la noche de solteros con los servicios de una casa privada y con un tratamiento especial. ¿Tal vez, la mujer de los rumores asistirá acolitada por este fiscal de escrúpulos sospechosos? Lombard es alguien en que Natsuki confió para el juicio de su padre, así que él es alguien en quien puede guardar algún comportamiento indebido… ¿Es esta la oportunidad de saber si su esposa ha perdido el interés en ella o es una amante quien la robó de sus manos? ¿Qué otro motivo puede existir para que su mujer la desprecie de la manera en la que lo hizo? ¿Podría Natsuki haber saciado su lujuria con alguien más otra vez? ¿Cómo podría hacerle esto?

Cuando Natsuki salió de la habitación, tuvo la sensación de que algo que no entendía estaba pasando y el miedo que sintió simplemente no se iba. No sabía qué hacer… tal vez si usara alguna droga que le permitiera no pensar, podría complacer a su mujer por fin. La frustración realmente podría superarla en este momento, por lo que se puso la chaqueta tan rápido como pudo para direccionar los detalles en proceso del matrimonio de Mai y Reito. La celebración había coincidido con la vieja tradición que tenía en Fukka con la reina Chie Harada y por tal motivo decidió convertirlo en un festival intercultural que se celebraría cada año, iniciando la tradición con la boda de Mai. Por ello todos usarían atuendos propios de la nación de Argos, con la excusa del buen clima de esos días. Esperaba que si hacía todo bien, el enojo de su esposa atenuara, aunque fuera un poco.

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Palacio de las Estrellas

La presencia de dignatarios de múltiples naciones se hizo evidente con el paso de los días, pues la boda en ciernes de la hermana mayor de la Emperatriz, fue la excusa perfecta de muchos para visitar a las monarcas y a sus hijas, a fin de afianzar nuevos lazos y acuerdos para el futuro. Llegaron carruajes de todo tipo con lujos inalcanzables para los acomodados, la nobleza se exhibía como si cada uno de ellos fuera un pavo real, con la esperanza de atraer la atención de sus majestades. Como la eficiente Emperatriz que era, Shizuru dio la bienvenida a cada delegación de cada nación de acuerdo al calendario establecido y cuando varios coincidieron su llegada como ese día, su Imperatoria también se ocupó de recibirlos.

Ambas trabajaron de la mano, acogiéndolos personalmente y en este día se había programado la llegada de los participantes de Remulus y de Argos, por lo que tuvieron que dividirse. La castaña se sorprendió de saber que Natsuki quería recibir ella misma a las grandes damas de Remulus, dejando atrás a Chie, quien era como una hermana… su Sharame si no mal recordaba. Discutieron y cuando su esposa le habló en el idioma de los dioses, su disgusto pudo llegar a niveles insospechados, por lo que no admitió una negativa más y la envió con la Reina Harada, ella misma se ocuparía de las Fendrak. Estaba irritada, porque ya ni siquiera en sus espacios personales podían entenderse, como si apenas la única cosa en común que tenían, fueran sus amadas hijas.

Olvidándose de sus preocupaciones, vio llegar un carruaje que sin duda representaba la adoración de los remulianos por el oro y el barroco, adornos abundantes sobre un lienzo blanco en la madera. La opulencia era un decir, si no mencionara los preciosos sementales blancos que era la cuadrilla de 8 corceles que guiaba la caravana, tan distinguidos y engalanados con adornos. El carruaje se detuvo, el cochero abrió la puerta y la portentosa Altria Fendrak fue la primera en salir, no sin antes ofrecer su mano a su hermana para ayudarla a bajar. Sin embargo, esta caballerosidad fue olvidada en cuanto la mujer rubia de mirada azul movió su rostro en su dirección y la reconoció de inmediato.

—Querida Shizuru, ¿cuánto tiempo sin verte?— murmuró con un tono que delataba una confidencia escandalosa, acercándose a la Emperatriz que la esperaba junto a su séquito de colaboradores. ¿Dónde estaba la imperatoria? Cuanto más lejos mejor, pensó divertidamente la mujer rubia de mirada glacial.

—Al… regente Fendrak— Se corrigió antes de que las palabras salieran tan libremente de sus labios, casi olvidaba que ya no era solamente una duquesa viuda en medio del campo de batalla. —Celebramos su arribo, temí que no pudiera venir, pues las invitaciones se enviaron sobre el tiempo justo.

—Me disculpo por mi efervescencia previa, honorable Emperatriz.— Altria sabía que llamarla del modo en que lo hacía durante la batalla contra los Orphan era un atrevimiento considerable, pero perder el vínculo que se forjó en medio de las más adversas circunstancias, cuando lucharon espalda contra espalda, confiando la vida en las manos de la otra, sería abandonar la lealtad construida. También quería conocer su reacción… y casi la llamó por su nombre, la regente no pudo más que sonreír satisfecha. —Es la boda de la querida Mai. No me la perdería por nada del mundo, mucho menos sabiendo que te vería otra vez.— La gobernante de Remulus se inclinó, tomando la mano de la Emperatriz para depositar un beso en su envés con una tranquilidad y detenimiento cuidadoso.

Shizuru sintió una extraña electricidad en su mano, un cosquilleo y observó los elegantes movimientos de Altria, cuyas tupidas pestañas abanicaban con el movimiento de sus ojos celestinos. Siempre le había parecido hermosa, como un cuadro digno de mirar, pero esta vez, este día… no pudo evitar verla un poco más.

—Entonces esta es la famosa gracia amatista, la gran madre del imperio, casi ni me atrevo a decir tu nombre querida Shizuru.— La voz apacible de otra mujer se escuchó a la espalda de las otras dos, quienes se volvieron para mirarla. —Mi hermana no ha hecho más que enaltecerte, Emperatriz. No salen más que halagos de su boca cuando tu nombre se menciona en la corte de Remulus y es que, sería tan poco decir de todas las proezas que has realizado. Sin embargo, lo único que yo puedo murmurar, es que realmente te hemos extrañado bastante.

La castaña sonrió al ver reunidas a sus amigas, después de todo, sin la presencia de las hermanas Fendrak, no tenía la certeza de que hubieran tolerado el asedio de los colaboradores de Nagi hasta el momento de su arribo a la capital. Incluso habría sido posible que Mashiro hubiera sido asesinada en el primer mes después de la noche oscura, porque los asesinos no dejaron de aparecer en aquellos días nefastos. —Emperatriz Shana, es una alegría verte nuevamente.— Respondió con una tenue inclinación, reverencia que las dos se concedieron mutuamente como las emperatrices que eran. —¿Cómo se encuentra la princesa Verdín?— preguntó alegremente.

—Enferma, muy a mi pesar…— musitó y la mueca preocupada en la faz de Shizuru entibió su pecho. —No te preocupes, fue llevada al palacio de las estrellas por la nana.— añadió, recordando que su amiga no había visto a su niña en mucho tiempo, saco un retrato pequeño de entre sus ropas.

Era una imagen un tanto privada, pues la niña no estaba vistiendo sus atuendos reales y en realidad lucía un tanto desaliñada. —Fue el único modo en el que pudo tolerar la presencia del pintor, lloraba inconsolablemente cada vez que quisimos vestirla de forma adecuada.— confesó la dama de cabellos cenizos con una expresión apenada.

Shizuru se rio de la circunstancia, porque en ese estado, Verdín le parecía incluso más adorable que con un trajecito de princesa y una corona en la cabeza. —En mis ojos esto es incluso mejor.— Suspiró. —Ha crecido tanto en tan poco tiempo…

—Asegúrate de retratar a tus hijas mientras aún puedas, apenas empiezan a caminar, todo se vuelve un caos.

Ambas rieron y coincidieron, si bien Tsukira y Erin estaban dando sus primeros gateos, pareciendo tan activas e intuitivas, Shizuru pensaba que serían un par de pequeños terremotos en cuanto pudieran moverse por sus propios pies. Aquella tarde, las emperatrices intercambiaron tips de maternidad y regalos; también se relataron los acontecimientos en torno a sus vidas. La curiosidad de las Fendrak se situó en el hecho de que la última vez que vieron a Shizuru, esta era una Duquesa viuda que se batía en duelo con las horrendas criaturas. Pero hoy, frente a ellas, tenían a una Emperatriz amada y admirada por el pueblo, que fue llamada la gran madre del imperio incluso antes de dar a luz.

La joven viola relató los eventos, sin mencionar los asuntos divinos que habían dado origen a las circunstancias. Inventó partes de la historia afirmando que su esposa había logrado sobrevivir con heridas tales que le impidieron reencontrarse con la prontitud que hubiera querido, pero que tan pronto pudo caminar por su propio pie, vino al castillo para buscarla. Desde entonces prestaron sus servicios a la Reina Mashiro, quien conociendo los enormes riesgos de su delicado embarazo, le cedió la corona a su esposa, alegando que Takeru, había sido originalmente el primer príncipe de la línea principal y por descontado Natsuki era la genuina heredera. El misterio en torno a su amante, no hizo más que incrementar la curiosidad de las Fendrak, dado que esta persona cuyas leyendas se engrandecían en el voz a voz de los relatos era alguien que parecía ser capaz de eludir incluso la muerte.

Shizuru cuya elocuencia era maravillosa, atraía más y más la mirada azulina de la joven regente, quien esperaba conocer mejor las circunstancias para urdir sus siguientes planes y tomar acción. Altria quería a Shizuru Viola para sí misma y no dudaría en ir con todo tras ella…

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El palacio de los Lirios.

Con Derha las cosas eran más complejas para Shizuru, ahora que había visto la vida de Zarabin hasta cierto punto y con ello conoció nuevas facetas del primer pilar, ya no podía ser tan indiferente a su presencia. Se había descubierto a sí misma viéndola y buscándola cuando ella no miraba en su dirección; era debilitante verla ser la madre de sus hijas, recibir sus cartas, sus atenciones y era odiosamente halagador que sus ojos se plagaran de deseo al mirarla bajo ciertas circunstancias. Sentirse deseada y amada con inmensurable afecto, aliviaba su magullada autoestima tras el incidente con Natsuki, pero dado que ella era la mujer que Ceret amaba, se sentía mal por alimentar su ego con todo esto.

El problema es que Derha buscaba seducirla abiertamente y no lo hacía de la misma forma que lo hizo con la deidad del renacimiento. Se había comportado más y mejor que un caballero en brillante armadura, aunque con una sensual figura de mujer. Pero eso solo la confundía más y tampoco podía quitarse la imagen de su entrega a Ceret el día de las termas. Fue una situación que odió un poco por la vergüenza que sentía y la atormentaba, pero que le pareció hermosa después de muchas reflexiones. Era tan extraño saber que aquel monarca, que siempre parecía tenerlo todo bajo control, en realidad era sensible, femenina y vulnerable frente a Ceret. Su rostro dulce y tímido, le recordaba demasiado a la Natsuki que fue cuando hacer el amor era algo natural en su matrimonio. En cambio, lo arrebatadora y apasionada que se mostró Derha la turbaba, verla besar y tomar a Ceret en medio del desenfreno, como si aquello significara vivir el último instante de su vida, le quitaba el aliento.

Envidia… qué malvado sentimiento era aquel, quería tener eso para ella, ver a su mujer que pudiendo ser una madre cálida y devota, se olvidara de todo en su lecho, haciéndole el amor hasta que sus piernas temblaran tras las intensas embestidas y clímax que se proporcionaran mutuamente como las amantes y esposas que eran. Pero eso no pasaba en su vida, gruñó con las manos temblando sobre la tela que doblaba y tragó saliva, por el efecto de tales imaginaciones lúbricas con Natsuki como protagonista de sus fantasías. ¿Realmente era codiciosa por desear tenerlo todo?

—Querida Shizuru, ¿acaso ese mameluco te ha hecho algo demasiado malo?— Dijo suavemente Derha mientras la miraba desde la puerta con los brazos cruzados sobre su pecho, con un aspecto realmente gallardo. Era la tarde, el tiempo en el que es protegida por la presencia del Monarca cristalino, así que no se sorprendió. —Pareciera que vas a destrozarlo en cualquier segundo.— La deidad se rio un poco.

Shizuru desvió la mirada apenada, aunque luego sonrió. —No demasiado. Temo que debería desecharlo…— Levantó la prenda y la miró con detenimiento. —no sé exactamente que fue lo que Erin arrojó en él, pero tiene esta mancha que no se quita. El problema es que a ella le gusta tanto que podría resentir su ausencia y sollozar, como aquella vez que tuvimos que quitarle el peluche de conejo para lavarlo.

—Ni me lo digas, no le gustaron tanto los peluches que le hice… pero ese conejo, creo que siento celos de ese conejo.— Hizo un mohín derrotado bastante evidente en su cara.

Shizuru volvió a reír, pero no la dejaría ganar tan fácil. —No quiero herir tus sentimientos, pero quizás le gusta tanto, porque se lo dio Natsuki.

La joven de cabellos luminiscentes fingió que un dardo la hería profundamente en el corazón y se posó dramáticamente sobre la cama como si hubiera recibido un ataque de muerte. Hizo un par de ademanes más antes de acomodarse cerca de Tsukira y darle un beso en la mejilla antes de cerrar los ojos y desparramarse. Entre tanto, la bebita movía sus piernitas y manitas, mientras miraba curiosa a sus mamás y gateaba hasta el estómago de Derha en el que quiso subirse. —Diste en el centro de la diana, qué puntería tienes…— Dijo la diosa, abriendo tan solo un ojo mientras figuradamente sostenía la flecha imaginaria sobre su pecho.

Un par de risitas escaparon y Shizuru se tapó la boca con las manos, pero fue imposible, soltó una carcajada limpia sin poder contenerse. —No sabía que podías ser tan dramática.— susurró todavía riéndose.

La joven de brillantes cabellos se rio de vuelta, levantándose un poco mientras alzaba a su hija en sus brazos. —Haría lo que fuera por una sonrisa tuya.— miró a la castaña con una expresión enamorada. —Siempre vienes a mi mente y me sonríes en mis pensamientos, puedo oír tu suave voz que es tan cálida como una manta que me envuelve… ahora atesoraré tu risa en mi memoria.

La castaña, aunque sorprendida por la inesperada prosa, sintió que la proximidad había sido demasiada. Así que tomó la oportunidad para agradecer la atención que Derha había tenido, pues el extractor realmente resolvió su malestar en las ocasiones que sus bebés se negaron a comer o cuando su cuerpo produjo más leche de la necesaria. —Gracias, tu regalo ha sido realmente útil, la inflamación se fue y me siento mucho mejor…

—Me alegro. Realmente quisiera que nada te lastimara, ni siquiera las cosas que son naturales.— murmuró con una voz afectuosa, pero entonces Tsukira comenzó a buscar en su pecho el alimento que no encontraría. —Mira, parece que nuestra niña tiene hambre.

La joven madre se apresuró a tomar a su hija en sus brazos antes de que se frustrara por no encontrar alimento en el pecho de su otra mamá. Derha tomó de la cama el mameluco cuya mancha incomodaba a Shizuru, eliminando con su divinidad de vacío la odiosa mancha de las fibras y reforzándolas con su poder, dejando la prenda en perfecto estado para que Erin pudiera continuar usándola. La sonrisa victoriosa de la deidad llenó de ternura el corazón de la castaña, pero sintiendo que estaba cediendo ante ella, se obligó a recordar que Derha no era su Natsuki y no debería mostrarse así frente a ella. La castaña acomodó nuevamente el cobertor de algodón, cubriendo un poco más su pecho para que la deidad no viera demasiado de su escote, mientras amamantaba a su hija primogénita.

Notando la repentina distancia entre las dos, Derha le expresó su sentir. —Shizuru, te tengo frente a mí. Pero retengo cada parte de mi alma en la distancia, solo para no importunarte… no tienes que alejarte, porque yo realmente no iré contra tu voluntad o deseo.

—Son ideas tuyas.— murmuró sintiendo su rostro arder, pues no sabía qué hacer exactamente con esos intensos ojos esmeraldas mirándola. —Creí que te quedarías en el salón vigilándolas.— Dijo casualmente para desviar el tema.

—¿Vigilándolas?— La pelinegra la miró confusamente, caminando en su dirección hasta tomar asiento a su lado. —¿Quieres que las vigile?— Preguntó sinceramente y después se rascó la mejilla apenada. —¿Odias que Ceret esté cerca de nuestra hija? Erin está realmente feliz por el conejito onírico, pero si no te sientes segura sobre ello, volveré de inmediato.

Los iris rojizos se abrieron con un sentimiento extraño, esto era demasiado confuso para su corazón. Había eludido a Ceret para no verla a la cara después del incidente y se aseguró de rodearse de otras personas, tratándola como un caballero femenino que la custodiaba. Así, sin dirigirle la palabra por la pura vergüenza que sentía, logró que el asunto de las termas no se mencionara, pero no imaginó que los demás pudieran pensar que estaba resentida con Ceret. —No lo decía por eso.— Aclaró de inmediato.

Derha asintió y buscó bajo la manta el pequeño rostro de su hija, que sin duda estaba un poco acalorada bajo la tela. —Hola mi amor, mi luna menguante…— Llamó tan naturalmente a Tsukira con el significado de su nombre mientras acomodaba sus cabellos negros, que Shizuru se estremeció. —¿Tienes calor nenita preciosa?— preguntó tiernamente, antes de crear un poco de escarcha que refrescó unos cuantos grados en el ambiente y los gorjeos de la bebita no se hicieron esperar. La deidad sonrió embelesada con los movimientos de su hijita y acarició la pequeña nariz. Derha se esmeró en ver a su bebé o a los ojos de rubí que tanto adoraba, intentando alejar la vista del seno expuesto para no incomodar a Shizuru, quien agradeció el gesto con una sonrisa divertida. —¿Ya estás mejor mi Luna?— La niña incluso rio más que satisfecha. Entonces la de iris verdes levantó la mirada con tímida curiosidad. —¿Tu mamá se siente mejor?— susurró mirando a Tsukira.

Tsukira no podría contestar esa pregunta que estaba dirigida realmente a su mamá. Shizuru se apenaba por la proximidad y la preocupación en ese rostro níveo y hermoso. Sabía que su calor no se debía exactamente al clima, aunque se sentía vulnerable en ese momento y un poco derretida por la expresión de la deidad que ahora mismo no podía diferenciar de su esposa, ¿Derha realmente había asimilado las memorias de Natsuki? Se perdió en sus ojos y sintió los latidos presurosos en su corazón. ¿Porque estaba resultando tan difícil separarlas ahora mismo?

—Estoy perfectamente…— respondió tragando saliva.

—Me alegra saberlo.— Se acercó un poco más, besando la mejilla de la castaña, quien sintió esta muestra de afecto demasiado cerca de su boca. —¿Acaso sabes lo importante que eres para mí? Yo en verdad las amo tanto que es abrumador… vivir este instante es la cosa más feliz de mi vida.

Shizuru tragó saliva, pues no desconocía sus besos, ni sus cuidados, sentía que en verdad esta persona no estaba conteniendo sus emociones. Trató de tranquilizarse con la férrea contención de su mente. Se dijo que su contacto, caricias y besos, los había tenido para sí durante su embarazo, pero ahora… las cosas eran diferentes, tenía a Natsuki, ¿verdad? —Dices cosas como esa tan libremente— conservó el porte, sosteniendo a su hija en sus brazos y levantándose de la silla.

Pero esta deidad de hechizante mirada no se alejó, continuó cerca de las dos mientras su mano cuidadosa acariciaba la espalda de la bebé, a fin de que eliminara las cosas innecesarias depositó un pañuelo en el hombro de su mamá, solo por si acaso su hija tenía algún pequeño accidente no arruinara su atuendo. Prepararon a la bebé para su siesta en silenciosa contemplación, con el pañal limpio y la nueva muda de ropa del algodón más suave del mundo. Los dedos pálidos acariciaron el pequeño pecho antes de cubrirla con una tela delgada. —Duerme, ángel mío.— Derha besó la frente de su hijita, antes de caminar tras Shizuru, quien se apresuraba a salir del lugar como si sintiera una amenaza en el hecho de permanecer a solas con esta persona.

Le sostuvo la muñeca, dudando de haberla ofendido. —¿Odias oírlo? Te hielas cada vez que lo digo para ti, como si murmurar cuanto te amo fuera una ofensa— su voz sonó como un arrullo, pero esa expresión de cachorro la derrotaba un poco. —¿Realmente lo odias tanto?— preguntó con cierto temor en su voz.

¿Odiarla? ¿Por qué la odiaría? Estaba agradecida con ella, aliviada de su presencia… feliz de tenerla. La joven castaña se asustó de ese pensamiento y entonces notó que su silencio fue lo suficientemente largo para que las esperanzas de la mujer frente a ella se tambalearan. —No podría hacerlo ni aunque lo intentara. Jamás podría odiarte…— Dijo con sinceridad, —"Al contrario… por favor no entres en mi corazón"— pensó, entendiendo que el peligro no existía en otro lugar más que en su mente, ya tentada por su afecto.

La castaña no se dio cuenta del temblor de su cuerpo que deseaba una cosa y pensaba en otra, hasta que la tibieza de un abrazo la hizo suspirar sobre el cuello de la diosa. —Te he desnudado mi alma y estoy al filo de todos mis miedos…— Le susurró al oído, todavía con sus brazos envolviendo su torso, su mano acariciando los bellos bucles castaños a su alcance. Derha se permitió sentir el delicado aroma de las esencias que la dama había ocupado en su tina esa mañana. —Estoy expuesta para que me veas como soy, sin una máscara, sin falacias en mi voz…— Deslizó sus dedos sobre sus mejillas con un ligero temblor. —Dijiste que no podía entenderlo, porque era como si solo hubiera leído un libro de la vida de alguien, siendo ajena a todo. He sentido la existencia y vivido cada uno de los momentos junto a ti, tal como me lo pediste, incluso casi me perdí… Ahora sé que eres tan preciada en mi alma, que no sabes lo que me haces cada vez que me miras con esos ojos tuyos. Tu voz es una melodía maravillosa en mi oído y tu tacto, el cual añoro cada día… es algo de lo que estoy sedienta todo el tiempo.

—Der… Derha— Debería empujarla y alejarla, decía su nombre para separarla de la mujer que amaba, el problema es que ella era una parte de su Natsuki. Y no se había sentido tan querida en mucho tiempo, ni tan deseada… la cruda verdad, es que también la había extrañado.

—Shi… zuru.— Sintió el aliento tibio en su oído, tan anhelante que era difícil pensar.

Levantó la mirada carmín sin comprender en que punto su espalda se apoyó en la pared atrapada por ese cuerpo que era una endemoniada tentación. ¿Por qué su rostro estaba tan cerca? Sus cabellos se mezclaban y su aliento se fundía con el suyo. Se mordió la boca como si un acto tan pequeño pudiera retener las desbordantes sensaciones que la abrumaban. Pero en cuanto Derha la besó, un gemido ansioso salió de su garganta. Percibió sus dedos tibios rozando sus mejillas con tanta delicadeza, que se sentía tan real como la caricia de su esposa y fue entonces cuando no pudo contenerse más. Sus labios se abrieron y el beso se profundizó con un afecto que las desbordaba, sentía su amor en cada pequeño gesto y acción, como si se hubiera guardado para ella en la caja de un tesoro.

Shizuru enredó sus manos en la melena luminosa y se abrazó al cuerpo femenino que la envolvía con una seguridad y protección indescriptible. Quería más, mucho más de ella… y recibió una mordida traviesa y una corriente ansiosa nació en la cuna de sus piernas. Gimió en cuanto la pierna de su amante rozó entre sus muslos y a cambio, Derha deslizó sus labios desde su barbilla hasta su cuello con pequeños besos, tenues mordidas y caricias. La deidad deslizó la manga del vestido desnudando el hombro de la hermosa castaña y deshizo el nudo, liberando un poco la presión en sus pechos. Con su mano sujetándose por debajo del muslo, levantó el cuerpo de Shizuru de tal modo que esta se colgó de su cadera y sus brazos se aferraron a su cuello para sostenerse, pues pensaba llevarla a un lugar mucho más privado para complacerla.

De camino allí, entre caricias candentes, Shizuru se alejó una pizca, tomó la barbilla del primer pilar y llenó de pequeños besos sus labios; esto era lo que quería, lo anhelaba tanto, amor en las esmeraldas que eran esos ojos magníficos y una pasión que lo consumiera todo. Quería ver que ardiera en deseo por poseerla, que la desnudara con la mirada, que la amara con todo el corazón y que le hiciera el amor sin descanso toda la noche. Pero las lágrimas comenzaron a fluir en sus ojos rojizos, porque quería que todo esto viniera de Natsuki. Incluso si Derha era la otra mitad de ella, tenía el corazón roto por no tenerla por completo…

—Shizuru, mi amor. ¿Qué pasa? ¿Te duele algo?— La bajó para estar de pie, la abrazó y la retuvo contra su pecho. —¿Te hice daño?— La sola idea de que hubiera cometido un error la aterrorizó.

Pero cuando la castaña quiso explicar que estaba sensible porque le gustaría que Natsuki le hiciera todas estas cosas, Derha fue arrebatada de sus brazos y recibió un puñetazo en la cara que la arrojó contra una columna, la cual se rompió. La deidades creadoras había hecho este templo con materiales celestiales, por lo que, en términos de la humanidad, el palacio de los lirios era indestructible; sin embargo, contra un cuerpo divino, se hizo un gran estropicio y el recio elemento lastimó a Derha, quien se removía dolorosamente en el suelo.

—¡¿Qué le hiciste a mi esposa?!— Gritó Natsuki fuera de sí, poniéndose frente a Shizuru quien no podía creer su nefasta suerte.

—¡Derha!— Ceret quien venía por el pasillo junto con Natsuki, llegó junto a su mujer, notando que sangraba su nariz y tenía las costillas lastimadas.

Natsuki no estaba en mejores condiciones, tenía los nudillos lastimados y sangrantes, sin mencionar que aquel breve, pero contundente contacto, había absorbido parte de su energía, incluso más que la vez anterior y se sentía enferma, como drenada. Se arrodilló en el suelo, respirando con algo de dificultad. —¡La hiciste llorar! Nunca… toques a mi Shizuru.— señaló acusadoramente al primer pilar.

El malentendido no hizo más que empeorar cuando Shizuru, incapaz de aceptar que había cedido ante Derha por propia voluntad y anhelo, salió corriendo del lugar, dejando a todos confundidos. La dama de la memoria notó que Derha no se movería de allí en un tiempo y Natsuki estaba al borde del desmayo por la fatiga. Así que no se matarían entre ellas si acaso las dejaba solas un momento. —¡Lurha! Encárgate— Ceret llamó a la nana, quien apareció junto a un grupo de nilas para recoger los destrozos y a las dos mitades del primer príncipe.

La nana, literalmente, sujetó la oreja de cada mitad y las jaló, llevándolas a rastras a su habitación, así las dos gimieron simultáneamente de dolor, como bien podrían hacerlo los niños. Detrás de ellas, las cuidadoras llevaban a las niñas en brazos, mientras susurraban que por favor no aprendieran este mal comportamiento de parte de sus madres

A sus espaldas la pelirroja de ojos azules negaba con una expresión de vergüenza ajena. Un momento después, temerosa de que esté fuera otro ardid de Oren y que Shizuru estuviera expuesta sin la presencia de ningún dios que pudiera resguardarla, Ceret viajó al lugar en el que las memorias de la castaña nacían. La encontró a solas llorando en el invernadero del palacio, estaba acurrucada en las raíces del viejo árbol de Tsu. Natsuki había ido personalmente a su casa por el querido roble de su esposa para replantarlo en aquel lugar, como una muestra de su amor por la joven viola, con la esperanza de que no resintiera tanto su querida casa en aquel poblado. Sin embargo, lo que más extrañaba Shizuru era sentirse amada por completo por su esposa y en ese momento, estaba totalmente agotada, sintiendo que sin importar cuanto se esforzara nada cambiaría en el futuro. ¿Tal vez Natsuki realmente había dejado de amarla?

—Shizuru… ¿Qué tienes?— Dijo Ceret lo más tiernamente que pudo, tomando asiento a su lado. —¿Quieres decírmelo, cariño?

La joven de Tsu negó con la cabeza, no quería hablar. Haciéndose un ovillo, escondió su rostro dentro de sus brazos. Tan solo quería llorar y desahogarse en un lugar en el que se sintiera segura. Sabía que Ceret estaba allí, por miedo a que fuera atacada y no podía pedirle que se fuera pese a la vergüenza insoportable que la llenaba, desearía no mostrar un lado tan lamentable de ella misma a la mujer cuya admiración atesoraba. Pero cuando sintió su abrazo silencioso, pudo apoyar su cansado ser en ella, más que agradecida de tenerla a su lado. Sollozó y tembló, tuvo algunos espasmos, pero al final de todo aquello, se sintió más aliviada y un poco menos pesada. Le fue dado un pañuelo y una expresión comprensiva, Ceret no la soltó, seguía siendo abrazada por ella, como si supiera mejor que la propia Shizuru cuanto lo necesitaba.

Pasaron largos momentos en silencio hasta que habló en un hilo de voz. —Bese a tu esposa. ¿Estás enfadada conmigo?

—Besaste a nuestra esposa, no estoy enfadada contigo…— Aclaró Ceret, quien le recordaba ese detalle, moviendo algún mechón de cabello del rostro de Shizuru, esperando ver su cara y sus ojos. —Desearía que no sientas dolor, pero es parte de la existencia, tanto como la alegría. Es muy lindo que te preocupes por mis sentimientos, pero… ¿Eso fue lo que te hizo llorar? ¿O es algo más?

—Yo quería que Natsuki fuera quien… intentara hacerme todo lo que Derha quiere hacerme.— Confesar aquello la apenaba demasiado, pero fue liberador decírselo a alguien en quien confiaba. —Hice lo que hice y me arrepiento porque lo quiero… lo anhelo de otra persona.

—Entonces, ¿No sientes nada por Derha?— La miró sorprendida, ahora ligeramente preocupada por los sentimientos del primer pilar.

Shizuru sabía la respuesta hace tiempo, pero no quería decirlo, así que solo negó con la cabeza, no es que no sintiera nada, es que se sentía terriblemente mal, como si fuera infiel.

Ceret suspiró aliviada, pero luego acaricio la cabeza de Shizuru moviendo sus preciosos cabellos castaños, que tanto había heredado la pequeña Erin y juzgaba preciosos. —Tienes ideas arraigadas en tu mente que limitan tu actuar y algunas veces a tu corazón. Eso no está mal, eres una mujer de principios y es algo que me encanta de ti— Ceret sonrió estrechando su mano para transmitirle un poco de calma, no quería que se llenara de culpa innecesaria. —Pero, has considerado que si estos lineamientos de vida te están causando tanto dolor, ¿tal vez ya no son funcionales?… ¿No sería hora de evaluarlos para ver si realmente funcionan para ti?

—Creo entender lo que quieres decir, pero ¿cómo podría cambiar algo tan arraigado a mi ser?— Para Shizuru, parecía como quitarse una mano o un pie.

—Puedes amar con todo tu ser a una persona y ser tan leal como sea posible, ¿pero qué tan honesta estás siendo contigo misma? ¿Te niegas a escucharte porque temes oír algo que no quieres oír?— Susurró aquellas palabras, porque cuando miraba en los recuerdos de la joven con la esperanza de entenderla mejor, vio que Derha jamás la forzó, incluso actuó lentamente para que ella pudiera alejarse cuando quisiera. —La primera lealtad que le debes a alguien, es a ti misma, Shizuru.— Afirmó Ceret. —Entonces, ¿Te estás volviendo loca por su contraparte o amas todas las partes de ella?

Lo quería todo… la quería por completo. Si no se hubiera sentido tan decepcionada por saber que Natsuki no la desea, el momento en sí habría sido algo hermoso para recordar. —Ahora me cuesta diferenciar lo que siento. La realidad es que Derha es más agradecida y feliz, mientras que Natsuki es triste y melancólica, si no mencionamos sus lados pasionales, que son absolutamente opuestos.

—Ambas tienen las mismas memorias. Pero en su caso, la asimilación es diferente a cualquier caso que haya conocido.

—¿Qué?— La sorpresa inundó el rostro lloroso de Shizuru. Ceret asintió limpiando las lágrimas con una seda preciosa y liberando algo de su poder sanador para ayudarla a sentirse mejor, al menos físicamente.

Como deidad de la memoria, conocía situaciones en las que una persona desarrollaría múltiples identidades para protegerse, pero era sumamente inusual y algo que normalmente ocurre en la infancia de mortales o sobrenaturales. Sin embargo, ¿cuántos de ellos son odiados por el dios de los mares y maldecidos? Susano-o fue sin duda el artífice accidental de esta extraña circunstancia.

—Me parece que Natsuki, desde su perspectiva humana, experimentó los recuerdos de Derha creyendo que la usurpó… entonces percibe el mundo desde una perspectiva humana llena de heridas en su corazón. Aunque sepa cuan grandioso es su ser y su poder, en el fondo sigue sintiéndose como aquella a la que llamaron monstruo, siendo apenas una niña— Esclareció Ceret con voz suave. —Mientras que Derha desde su perspectiva como diosa milenaria, recordó la vida que fue siendo Natsuki Kruger, ahora hace parte de ella y en verdad parece apreciar las cosas como si pudiera notar cuan efímeras pueden ser. Pero ambas son, en esencia, la misma persona.

Shizuru comprendió entonces por qué había creído que estaba enloqueciendo con todos los detalles de cierto par de pelinegras. La evidente intención de conquista que Derha ocupaba y que Natsuki, en menor medida, intentaba combatir con paso inseguro… la confundió bastante. Suspiró, pero hasta eso le parecía lindo de ella, no es que no hubiera curioseado el dizque manuscrito imperial, buscó en su cajón en cuanto se descuidó. Allí encontró al menos tres cartas preciosas que le estaban dirigidas, pero que su esposa no se había atrevido a darle, tal vez apenada por la poesía que Derha le dedicó en recientes días. ¿Cómo pudo creer que ella le estaba siendo infiel con alguien más después de eso?

—¡Dioses!— Se exaltó, levantándose de su cómodo lugar en las raíces del roble, un árbol que amaba y que Natsuki trajo para ella, la misma Natsuki que la había visto en brazos de Derha. Se tapó la boca asustada. —Natsuki nos vio. Ella va a…

—Todo su enojo está dirigido a Derha, ni siquiera pensó mal de ti…— Aclaró Ceret tan tranquila, mientras una bandeja con té y galletas flotaba en dirección de ambas, por la gracia de las manos fantasmales de una Nila, que no deseando importunar llegaba lo más discretamente posible. —Pero con Lurha ahí, no se atreverán a pelear más.— añadió antes de que la pobre Shizuru se angustiara incluso más. —Para ser honesta, desde nuestra perspectiva se veía como si Derha te hubiera agraviado.— La pelirroja le entregó el té y algunas de sus galletas favoritas. —¿Fue así?

Shizuru negó con la cabeza, tomando un sorbo y sintiéndose mejor en el acto. Su fascinación por el té no hizo más que crecer en cuanto se hizo Emperatriz y tuvo que pausarlo un poco con la lactancia, pero realmente le aliviaba el corazón. Pasaron largos momentos de silencio cómplice y cuando la calma llegó, pudo comer las galletas en paz… incluso después de eso, sentirse acompañada por ella en su lugar favorito, la hizo apreciar un poco más a Ceret.

—¿Entonces me evadiste toda la semana por lo que pasó en las termas? No hubiera creído que la vista te disgustara tanto.

La tos no se hizo esperar, aunque por suerte no tenía nada en la boca, Shizuru se sonrojó de los pies a la cabeza y se cubrió el rostro con las manos. Pero después de un par de segundos de ardor en las orejas se permitió aclarar lo último. —No, no me disgustó…

—Me alivia saberlo.— Ceret sonrió mientras tomaba un sorbo de su taza.

—Pero eso no quita que esa ha sido la situación más vergonzosa de mi vida.— Admitió con el rostro ardiendo, porque ese recuerdo aparecía bastante seguido en su cabeza y había pasado largas horas de contemplación para finalmente conceder que aquellos eventos no eran desagradables realmente.

—Querida, yo era la que estaba en una situación bochornosa.— Puso la taza a un lado y depositó las manos sobre sus muslos. —Pero… si pudieras evitar mencionarle a Derha que nos viste en tales circunstancias, te lo agradecería.— Solo entonces, un sonrojo nació en las mejillas de Ceret, mientras evitaba mirar directamente a Shizuru.

—No se lo mencionaría nunca, en verdad…

—Si ella se entera, es seguro que no pueda verte a la cara durante bastante tiempo. Aunque puedas dudarlo, la intimidad es un punto sensible para ella.

La castaña no esperaba esas palabras. —Se nota que es alguien muy capaz, incluso si su timidez en ciertos aspectos es… encantadora.— Shizuru nunca pensó que hablaría tan abiertamente sobre ese tema con alguien, lo cierto es que todo era tan natural con Ceret que esta conversación fluyó libremente y la curiosidad fue más fuerte.—¿Pero sería demasiado osado preguntar por qué?

—Durante mucho tiempo, Derha supuso que fue dejada atrás por Zarabin, debido a su inexperiencia en las artes amatorias.— La pelirroja negó con la cabeza incapaz de ocultar su disgusto.

—Ya veo porque no te cae en gracia.— Había empatía en su voz, ahora conocía un poco más la vida de Zarabin debido al caleidoscopio, sin embargo… no conocía la historia de Ceret. —Debió ser muy difícil para ti.

Ceret asintió y notando las intenciones de su interlocutora, pensó que contarle un poco podría distraer el caos actual, además de equilibrar la balanza, si acaso ver los recuerdos de Zarabin está parcializando la información, así que decidió contarle un poco de su historia:

Derha y yo nos conocimos desde una edad muy temprana, porque ella frecuentaba el castillo del sol con regularidad, supongo que era una excusa para que nuestra madre pudiera verla sin revelar que también es hija suya.

Qué obvio parecía todo aquello ahora, Ceret sonrió por la ironía.

La amé con cada momento que compartimos, sus ocurrencias y juegos, siempre me sentí segura a su lado y adoré su imaginación que parecía no tener fin. Su calidez nada tendría que envidiarle al mismísimo sol, porque incluso en la oscuridad… ella irradiaba luz propia. Alguna vez entre juegos infantiles le dije que nos casaríamos cuando fuéramos mayores y ella aceptó con una sonrisa cautivadora. En mi inocente conciencia se guardó tal promesa como una cosa cierta que en mi corazón jamás fue un juego de niños.

El tiempo pasó y crecimos, debido a que es mayor por cuatro años de edad… su aspecto maduró un poco más rápido, llamando la atención de muchos de los jóvenes de la corte celestial y cuando las propuestas de compromiso comenzaron a arrumarse, sentí pavor. Supe entonces que Derha sería asediada por hombres y mujeres constantemente, del mismo modo que su padre, Tsukuyomi era codiciado. Aunque me aliviaba que él tenía una lealtad férrea con su esposa Satis, del mismo modo que Derha quería desposarse por amor, tal vez por la influencia de algunos libros que leía para Terim y para mí en la biblioteca.

Así que creo que fue una circunstancia desafortunada que fuera tan hermosa, incluso siendo tan joven, porque yo realmente odiaba el hecho de que todavía me veía como una niña a su lado, temiendo que sus ojos no podrían verme de otro modo en mucho tiempo. Esperaba solicitar su mano cuando tuviera la edad adecuada y que sus ojos continuaran viéndome con tanto afecto. Pero su mirada se movió en la dirección de Zarabin durante la presentación de divinidades y una extraña que no conocía, robó por completo su atención.

Ceret suspiró y movió el brazalete en su muñeca, que era su alianza de matrimonio, la cual jamás se quitaba. Tocarla o girarla en su muñeca la calmaba un poco, pues era incómodo para su orgullo decir aquello. Shizuru la comprendió completamente, ella misma no imaginaba lo que la joven pelirroja pudo sentir sabiendo que la mujer a la que amaba, se desvivía por otra en sus narices y a pesar de todo su parecido con la deidad del renacimiento, aún no se sentía aludida por el nombre.

Derha ni siquiera sospechaba que yo estaba más que enamorada de ella, por lo que a sus ojos nuestra amistad era un tesoro invaluable. Confiaba en mí como para no ser capaz de decirme una mentira, así que ella fue transparente, sin esconder una sola cosa de su amor prohibido por Zarabin. No le importaba si Susano-o rivalizaba con su padre o el hecho de que sus mundos fueran tan incompatibles, ella estaba deslumbrada y aún más emocionada cuando encontró el modo de intercambiar cartas. Su afecto no hacía más que crecer y se intensificó incluso más cuando la guerra por el animus inició, porque conoció otra faceta de Zarabin en el campo de batalla.

En ese tiempo Terim y yo teníamos 11 años de edad, entrenábamos para hacernos más diestras en el combate, pero a diferencia de Derha que fue asignada como comandante de un regimiento completo, nuestras madres pensaron que éramos demasiado jóvenes, así que Ateşi y Satis comandaron los ejércitos instruyéndonos en el proceso. Sus cartas seguían llegando a mis manos y sus relatos todavía removían mis sentimientos, ella siempre encontraba el modo de relatar los eventos con gracia. Me daba esperanzas cada vez que murmuraba sobre lo mucho que desearía mostrarme un lugar, alguna criatura exótica que sus ojos miraron o simplemente compartía sus pensamientos, me habló una idea para hacer que la crisis acabara y con ello la guerra pudiera detenerse, pero le tomaría un largo tiempo.

Cuando las misiones de nuestras fuerzas coincidieron, pude verla a lo lejos en el frente. Un par de veces las observé en medio de la refriega, ella y Zarabin eran realmente impresionantes. El simple choque de sus filos producía un sonido atronador, los destellos de su poder iluminaban los cielos y nadie que intentara acercarse saldría indemne. Verlas combatir al filo de sus vidas en cada embestida, era tanto hipnótico como aterrador. Temía que algo malo le pasara a Derha, pero mi madre me juró que nada de eso ocurriría, pues ella era la mejor combatiente del ejército lúnula creciente. Después de todo, los gobernantes son por sí mismos los seres más poderosos de las dimensiones y su progenie, no es algo que puedas subestimar.

Pero ocurrió en el quinto año de la guerra, cuando los avances de los ejércitos parecieron estancados, que Derha fue emboscada por todos los hijos de Susano-o y casi pudo costarle la vida. Su regimiento se vio forzado a realizar una retirada para no verse diezmado… supe de aquello cuando los heridos y supervivientes llegaron a nuestro asentamiento. Me enlacé con su memoria para encontrarla, vi su sangre escurriendo entre sus dedos y a ella, arrastrándose por el suelo con heridas tan graves en medio de la oscuridad de lo que parecía una caverna. Nunca en mi vida sentí que mi divinidad fuera la más absurda e inútil como en ese momento, porque pese a poder ver todo lo que sus ojos veían y lo que cualquier ser capaz de recordar pudiera ver… ella estaba perdida. Me esforcé en sentir el origen de los recuerdos y tras largas horas pude por fin usarlos para encontrar su posición; sin embargo, yo no la hallé a tiempo, Zarabin sí…

Esa noche ellas se dieron una promesa que marcó el inicio de su relación clandestina y fue el principio del camino para que la guerra terminara, pues Derha creó el primer oasis de Animus desde la época de Izanagi un mes después… Pude tolerarlo cuando su amor pareció ser correspondido por ella, porque en todo lo que podía pensar era en su felicidad. Renuncié a la idea de solicitar su mano y comencé a abandonar la esperanza el día que me informó sobre sus intenciones en una carta, en ella decía que tenía planeado proponerse para convertir a Zarabin de Mare en su prometida.

Fue doloroso entender que realmente la había perdido y pese a que viajé a su campamento con la idea de darle una sorpresa, fui incapaz de acercarme a ella esa vez. Mi amado cristal nocturno se veía deslumbrante y feliz, me bastó verla para saber que algo realmente bueno le había pasado, no fue difícil entender que las dos se habían conocido íntimamente, porque su forma de mirar era diferente. Por suerte Derha no me reconoció con la armadura puesta ni los cambios de la pubertad que finalmente me habían hecho madurar, pues ya tenía 15 años. Decidí que era momento de dejar atrás los sentimientos que había guardado como una niña, si quería preservar nuestra amistad en el futuro tenía que soltar nuestros recuerdos y construir unos nuevos, mirando en ellos con nuevos ojos.

Cuando oí que la boda de la primera princesa de la dimensión de los mares tendría lugar, me aparté de diferentes maneras. Con la esperanza de apagar el ardor de mi amor por Derha, no volví a mirar el origen de sus recuerdos para saber donde estaba o que hacía cuando la preocupación me atacaba. Nuestras cartas se tornaron más elegantes y sofisticadas, pero menos afectivas, hasta que el número de ellas se hizo tan escaso que apenas hablábamos. Perdí el hilo de su vida y ella del mío, así que no pude saber las cosas que la convirtieron en el monarca gélido hasta años más tarde.

Ceret murmuró aquello con un dejo de arrepentimiento y no es que se lamentara de cuidar su propio bienestar mental o emocional tomando la distancia que necesitaba para sí misma. Es solo que tal vez habría deseado estar ahí para ayudar a Derha cuando las cosas se vinieron abajo, porque eso es lo que un amigo hace y porque reparar lo que ya está realmente roto fue mucho más difícil. Los ojos marinos de la diosa contemplaban a Shizuru, consideraba que en las circunstancias actuales de Natsuki, los esfuerzos que la joven castaña debía ocupar en su matrimonio, no distarían demasiado de los suyos propios cuando su boda ocurrió.

Tenía 20 años cuando volvimos a vernos y ella 24, ya contaba con la edad suficiente, por lo que recibí el coqueteo de numerosos pretendientes y en la celebración de la firma de la paz, me acompañé de la presencia de dos deidades proponentes como parte del cortejo que es preludio de la selección de un consorte. Realmente es la afinidad y el estatus lo que determina si alguien será considerado para el concubinato o para la promesa de boda. La verdad es que yo no podía poner a nadie en el lugar que alguna vez destiné para Derha, pero no pudo mi orgullo admitirlo aquel día. En alguna parte de mi ego quise impresionar al primer príncipe de la Luna y mostrarle cuanto había florecido, incluso pensé en hacerla ver que una flor tardía es incluso la más hermosa y la más deseada.

Creyendo banalmente que ya nada podría hacerme sentir con su presencia, pues le había olvidado, me aventuré a saludarla. Tonta de mí… me bastó escuchar su voz para sentir que mi corazón se desmoronaba, la reverencia con perfectos modales que hizo para mí, seguida del beso que sus labios le dieron al envés de mi mano y su sonrisa, detuvieron el tiempo en la mirada de aquellas gemas verdes que eran sus ojos. Sus facciones alargadas y femeninas, su altura que la elevaba grácilmente a la vista de todos, dejaba sin aliento a todo aquel que la mirara, pero Derha me miró solo a mí y depositó en mi mano un anillo dimensional. —Querida Ceret, esta es la memoria de todos los instantes en los que tu presencia me hizo tanta falta, estas son las piezas de los lugares y las cosas que habría deseado darte si te hubiera tenido a mi lado en mis viajes.

Pensé que era cruel porque tales acciones y palabras podrían confundir a cualquier ser sobre el matiz de sus sentimientos. Fui tan feliz y lamentable al mismo tiempo, pero no pude rechazar su regalo, tampoco me negué cuando pidió una pieza de baile. Nos dirigimos al centro del salón y los seres nos abrieron paso, pues éramos esencialmente las personas con la jerarquía más alta del lugar, dado que nuestras madres solo llegarían para la firma de la alianza en el momento preciso.

Nuestros pasos que se movían levitantes con la elegancia y perfección que se logra con una instrucción estricta, adornaron el lugar. —Siempre fuiste tan preciosa, que no me di cuenta de lo hermosa que serías cuando el florecimiento te llegara. Dime Ceri, ¿hay algún ser que se atreva a pretenderte que sea desagradable? Si te fueran inconvenientes, podría eliminarlos con el chasquido de una mano.— Derha miró con desprecio a un par de personas en la multitud. Yo me había olvidado de los acompañantes que fueron conmigo como parte del cortejo y qué curiosa casualidad, aquellos en la mira de cierta Lunaris, resultaron ser mis consortes elegibles.

¿Celosa?— murmuré con voz socarrona.

Shizuru contuvo el aliento al escuchar esta parte del relato, absolutamente atrapada por las palabras de Ceret quien disfrutó del suspenso de la joven que la escuchaba.

Claro que sí— Derha admitió tan tranquilamente sin dejar de verme, que pude pensar por un momento que mentía. —Es por fin que la guerra ha acabado y no he podido recuperar ni una pequeña fracción del tiempo perdido. Si te casas de inmediato, será imposible tener tu presencia tan a menudo como me gustaría.

Vaya no recordaba que fueses tan posesiva, Der…— Dije tratando de fingir que mi corazón no había dado un salto mortal tras escuchar su afirmación. —Solo serían concubinas. No tengo planeado casarme pronto.

No sé exactamente qué pasó por su mente, pero no pareció muy feliz de escucharlo. La música cesó y con ello fuimos a nuestro palco para tomar un poco de vino, la incomodidad se hizo presente con nuestro prolongado silencio. De algún modo habíamos perdido la conexión que teníamos cuando éramos más jóvenes, había pasado una década de lejanía y eso era irreversible. Entretuvimos el tiempo mientras veíamos a los representantes de las diversas facciones atrapados en una charla vanal. Sabía que muchos de ellos se beneficiaron de los oasis que Derha creó, pero los mismos no fueron suficientes, incluso con esta magnífica creación, el animus tardó mucho tiempo en acumularse, por lo que los gobernantes implementaron un sistema basado en las almas humanas o eso era lo que había escuchado en una reunión importante que mi madre tuvo con Tsukuyomi.

No son para tanto…— la voz llegó de la nada y no entendía a que se refería.

¿Qué dices?— pregunté tomando un sorbo de mi copa.

Los concubinatos, no son lo que esperas… te decepcionarán.— su voz, que ya no era tibia ni su rostro amable, me miró con el ceño fruncido. —No hagas algo tan tonto— Noté la palidez de su tez, la gelidez de sus ojos esmeralda que simplemente habían perdido su maravilloso brillo y ahora solo emanaban melancolía.

Me reí nerviosamente, no quería creerlo, la insinuación de sus palabras. —No hables así, no puedes opinar sobre algo que no conoces…

No era una broma, su rostro no me desmintió, se tomó el contenido de su copa de un solo trago y no le hizo ni cosquillas. —Tengo una concubina, Ceri…

Una ira inconmensurable me llenó en ese instante, yo que había tenido que hacer todo lo posible por olvidarla, en el fondo de mi alma seguía guardando alguna esperanza. Pero, ¿había perdido mi tiempo esperándola? Quise golpearla, reclamarle por ser una perfecta idiota comportándose tan desagradablemente, entonces pensé que la más agraviada sería su esposa, porque se había casado con Zarabin, ¿verdad?

¿Tienes concubinas? ¿De quién hablas? ¿Qué pasó con Zarabin? Dudo que a ella le alegre esta conducta tan libertina.

Como si hubiera murmurado una maldición, el chambelán anunció el arribo del duunvirato de Mare. El nombre de Varun y Zarabin así como sus largos títulos, fueron pronunciados pacientemente ante los presentes. La expresión de Derha se ensombreció y su rostro se tornó pétreo como si cualquier alegría le hubiera sido arrebatada en la vida.

¿Duunvirato? ¿Había escuchado bien? La sangre se heló en mis venas… ese es el nombre que recibe un matrimonio cuando los dos herederos de una casa se unen en matrimonio. Es algo que garantiza que la sangre se mantendrá pura en el linaje de los dioses. El bullicio de las personas que celebraban a los héroes cuyos regimientos habitaban el inframundo y alimentaban las fuentes de animus que Derha creó, llenó el lugar mientras las copas se alzaban para celebrarlos. Incapaz de decir una palabra, mi mente trabajaba en las horribles situaciones que todo esto delataba.

Entonces escuché la voz indiferente de Derha alzarse. —Adara…— susurró un nombre, siguiendo el hilo de nuestra conversación previa. —Fue la concubina que el primer príncipe de Mare, Varun… me obsequió para entrenar esa clase de habilidades. Un presente por mis esmeros en la creación del palacio que él y su esposa habitarían felizmente.

No imaginé que cosas tan crueles pasaran… —El orgulloso príncipe te hizo un regalo tan particular. ¿Por qué lo aceptarías?

Deshonraría a Adara si la hubiera despreciado.— Explicó suavemente, aunque con sorprendente serenidad. —Ella es una esclava de las islas pomeranias, devolverla habría significado su muerte.

Casi olvidaba la barbarie de las cosas que ocurren en la dimensión de los mares, la esclavitud bajo ciertas circunstancias es absolutamente legal. Pero eso no justificaba para nada las acciones de Derha. —No tenías que comportarte como un bárbaro, no importa que costumbres absurdas tengan los Mare.

¿Crees que la tomé a la fuerza?— preguntó aunque su tono contuviera algunas notas de advertencia. —Ha sido de mutua complacencia.— Aclaró molesta.

No me refiero a eso, sé que no harías una cosa tan vil… es solo que no debiste caer en el juego de Varun.— Le murmuré, consciente de que todo aquello eran manipulaciones. Al final guardó silencio mientras asentía y su expresión amarga, estaba llena de tristeza.

Supe mucho después, que Varun insinuó que Zarabin no había conocido un mejor amante que él, a nadie que la hiciera estremecer de placer hasta perder la cordura y ella no lo negó, así que al final Derha lo creyó. Despechada y con la confianza destrozada, tomó el cuerpo de Adara para asegurarse de conocer cada fibra, cada placer y lugar secreto que pudiera estremecer el cuerpo de una mujer, esperando que nunca más pudiera ser considerada una pésima amante. Pero la realidad es que hacer lo que no quería hacer con alguien a quien no amaba, destruyó el ideal de la persona en la que Derha quiso convertirse. Por ello, aun si sus manos son espléndidas, incluso si su cuerpo se mueve de una forma deliciosa, ella todavía duda de ser lo suficientemente buena, como si creyera que puede ser reemplazada por otra persona, por alguien mejor.

Shizuru no esperaba que Ceret le dijera tal cosa, porque nunca en el mundo hubiera creído que la altiva diosa de la creación sintiera tales temores; sin embargo, la dama de ojos marinos no solo se refería a Derha. —¿No has sentido eso alguna vez? ¿Qué alguien mejor puede robarte lo que más atesoras?— Preguntó la pelirroja con un suspiro abandonando sus labios, claro que conocía el sentimiento.

Shizuru no pudo responder, porque aquella idea la había asaltado numerosas veces esa semana, tal vez hace meses. —Nadie puede robar algo que no te pertenece en primer lugar.

—Las personas no son robadas, las personas eligen.— Ceret pensó que habían avanzado lo suficiente, pero la conversación no acabó allí.

—¿Natsuki ha elegido a otra persona? — Shizuru arrojó la pregunta con la certeza de que Ceret sabría al respecto, no era en vano la diosa de la memoria y era evidente que tenía un ojo puesto en Natsuki todo el tiempo. —¿Lo sabes?

Ceret sonrió y negó con la cabeza. —Eres su mundo entero…— La pelirroja quiso mencionar que ella era otro planeta levitando a su alrededor, pero consideró que no era oportuno decirlo. —¿Te has preguntado que es aquello a lo que Natsuki más le teme?— Murmuró tentativamente, ella sabía que si la castaña no confrontaba a su esposa directamente, la verdad jamás se le revelaría, aun así, rogaba porque su fortaleza no flaqueara.

—¿Cómo podría?— respondió la castaña con voz adolorida. —Se convierte en una desconocida más y más, día con día…— Los iris marinos se abrieron y Shizuru notó que no filtró sus palabras ni un poco, quiso retractarse y decir algo diferente, pero eso era lo que realmente pensaba. Pese a que se aferra con uñas y dientes a Natsuki, cada vez sabe menos de ella. —Lo peor es que me siento atraída por otras personas, mi debilidad me abochorna y me odio por eso. Me siento tan abandonada por ella… dudo siquiera que lo note o que le importe, en primer lugar— confesó sumergida en el abrazo de Ceret, tomando la oportunidad de desahogarse por primera vez con alguien. —Quiero que me ame, que me tome en sus brazos como si no pudiera vivir un solo segundo sin amarnos. Pero me rompe, me destroza cada vez que me aleja de ella.

Las cosas estaban realmente mal, ¿acaso Shizuru estaba pensando en separarse de Natsuki? Le preocupaba que este fuera el plan de las fortunas, temía que tejieran una red a su alrededor y la llevaran a su lado, pues la afinidad que leyó el otro día con esa tal Altria, era demasiado magnética. —Desearía que no te sintieras así. Pero… ¿Has considerado que podrías hablar de esto con ella?

—Es inútil, no importa cuanto le diga que estoy dispuesta a escuchar… ella me evade— El llanto se escapó de los ojos rojizos y las gotas bajaron por sus mejillas nuevamente, pero negó con la cabeza, porque no le encontraba el sentido, conociendo los ocultismos de su esposa cada vez más frecuentes. —Ya no puedo vivir así, necesito alejarme de ella para no sentir todo este dolor…

Ceret perdió el aliento por un momento. —¿Deseas romper el matrimonio?— Bajó la mirada marina, ella no quería que eligiera eso, pero lo toleraría con tal de no verlas sufrir de la manera en la que lo estaban haciendo.

La castaña no pudo sostener la mirada, pero asintió casi imperceptiblemente.

—En ese caso, sé gentil y honesta. La verdad es mejor que la más cruda incertidumbre.— Decir aquello le costaba, pero dadas las circunstancias, no tenía otro remedio que revelar ese oscuro hecho. —Pero Shizuru… ella no puede vivir sin ti y te ama tanto que sufre un calvario día tras día… está desgarrada por dentro.— Ceret le acarició el rostro consoladoramente, asegurándose de tener toda la atención de la joven. —Nada de esto es tu culpa, te lo juro.— Se dio valor para decirlo, disculpándose internamente con Natsuki por revelar su secreto. —Es solo que Nao Yuuki, ella… violó a Natsuki. Es por eso que a ella también le aterra la intimidad.— Ceret esperó la reacción de la joven, preparándose para su posible ataque de ira.

Shizuru solo la miró con confusión e indignación. —Ella no siente nada de eso, Ceret, ¡Y no la defiendas más! No digas todo eso solo porque la amas y quieres justificarla o por tu vanidad.— Dijo con un tono de voz resentido, como si hubiera sido traicionada por su preciada amiga. Se secó el llanto con la manga de su vestido y se apresuró a ponerse de pie, enfadada. La irritada mujer se apresuró a marcharse del invernadero, dejando a la dama preocupada por lo que parecía su amistad rota…

Instantes después, como si reaccionara, la diosa se preocupó de la indiferencia de Shizuru a ante un tema tan delicado. La realidad es que la fría respuesta y la mirada desencantada de los iris de rubí, desconcertaron a la pelirroja. ¿Acaso era su culpa? ¿Se había equivocado al darle el caleidoscopio? De entre todas las circunstancias posibles, Ceret jamás pensó que la castaña no le creyera cuando mencionó la violación. Casi no podía creer que ella omitiera este hecho a conveniencia. ¿Natsuki tuvo razón todo este tiempo? Ella dijo que su esposa no le creería… Si algo le aterraba de decirle esta verdad, es que no imaginaba lo que la mujer haría en venganza y no quería que se desquiciara como Zarabin lo hizo algunas veces, porque no le cabía duda que este rasgo le fue heredado a su alma. Sintiendo que estaba perdiendo esta batalla contra las fortunas, Ceret se viajó a través de la luz en busca de su esposa.

Lejos, distante en otra dimensión de infinitos mares, en lo alto de la torre Fatum… Los ojos rojizos de una mujer contemplaban la escena en el libro del destino, aquel que había alterado con trazos de su poder divino tintando las letras de escarlata. Shizuru no podría haber escuchado las palabras de Ceret ni porque la vida se le fuera en ello, en cambio, escuchó insidias en la voz de la mujer pelirroja que solo encendieron su enojo. La distorsión que hizo de la voz de Ceret fue simple pero efectiva.

Tenía una expresión divertida, disfrutando del sufrimiento de la ingenua diosa de la memoria, quien ni siquiera podía imaginar cuan suavemente movía sus hilos. Pero ella no era lo que realmente le interesaba, arrojó el pétalo de una Lili de fuego en la fuente, la cual le mostró los eventos que se desarrollaban al interior del palacio. Derha y Natsuki se miraban con resentimiento, pero no harían nada en contra de la otra, simplemente porque la nana las sujetaría de donde más duele, así que no, gracias. Lurha usó el plan de contingencia y entregó una bebita a cada mitad del primer príncipe, ambas se olvidaron de su disputa jugando con las niñas en el acto.

La deidad no estaba contenta con el hecho de que la sangre dorada de su amante se secara en su nariz o que pareciera haber recibido una paliza, tensó la mandibula, sabía que Natsuki Kruger la detestaba debido a la información parcializada, pero que tocara a la deidad original como si pudiera considerarse algo más que un alma mortal, era un insulto insalvable. Disculparía el que Derha se aferrara a su avatar humano, pues creyó que era todo lo que le quedaba de ella, sin embargo… no sería reemplazada por una simple mortal. La mujer de castaños cabellos, se enfadó incluso más cuando Ceret llegó a su encuentro y comenzó a limpiarle la cara con un pañuelo.

Tensó la mandíbula enturbiando el agua para no ver más. La hija de la luna, las pequeñas cuya sangre corre por sus venas y la corona de dos dimensiones tan importantes, esas son sus ambiciones. —Vendrás a mi palacio y habitarás en él, permanecerás junto a mí, incluso si tengo que apresar a un ser tan hermoso.— Susurró con voz oscura. —No permitiré que mires a nadie más, querido cristal nocturno.— Destrozó las partes restantes de la flor marchitándola poco a poco entre sus dedos.

Las puertas del regio palacio fueron abiertas y los caballeros permitieron la entrada a una de las fortunas. —Abi… abi…— La voz del menor de todos sus hermanos, Lakshmi quien llegaba corriendo.

El muchacho llamó la atención de la mujer que estaba sentada en el trono de la torre, quien lo vio con una sonrisa. —Lak, querido… viniste.

—Es verdad, finalmente despertaste…— El rubio, casi podía llorar de alegría, corrió a abrazar a su hermana feliz de saber que estaba a salvo. Ella era la diosa del renacimiento, la más poderosa de los siete, había sido un tonto por pensar que una absurda daga pudiera asesinarla.

—Lamento haberte preocupado— Musitó mientras acariciaba los rubios cabellos del más joven. Estaba feliz de que sus hermanos estuvieran tan contentos por su retorno, porque eso solo significaba que tenía nuevas herramientas para usar.